EL MEJOR ALIADO DEL CORONAVIRUS ES LA ESTUPIDEZ HUMANA

Panadería de Luyanó viola normas epidemiológicas de protección contra la pandemia que amenaza a la humanidad

Sé que el título de este trabajo puede sonar crudo en oídos sensibles, sobre todo en los de quienes aún desean creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles, esos eternos Panglos, buenas personas políticamente correctas que no se permiten el más mínimo pensamiento que no se lleve bien con el discurso oficial. Pero como siempre he sostenido, la realidad lo derrota todo: las ilusiones, las consignas, los esquemas mentales, los dictat, los buenos deseos…, en fin, la realidad se impone siempre a lo que no es real, y valga muy justificadamente la redundancia.

Hay que decirlo de una vez: una considerable cantidad de la población habanera hace oídos sordos a todo lo que  los voceros del Ministerio de Salud Pública informan en los partes que se ofrecen a diario por la televisión y otros medios de prensa. ¿La Mesa Redonda? No la escuchan, porque para esta alarmante multitud que transita por las calles a toda hora con o sin nasobuco —depende de por qué les dé la inspiración—, que se encima a sus semejantes  sin tomar en cuenta para nada la recomendación de mantener al menos un metro de distancia entre persona y persona, que fuma, habla y estornuda sin inhibiciones sobre los demás, todas las recomendaciones y normas epidemiológicas que se imparten al pueblo para tratar de que muramos la menor cantidad posible de ciudadanos de esta isla no son más que “pesadeces” que no están obligados  a oír, y mucho menos a obedecer.

Acabo de hacer una pequeña cola en la panadería Vida Nueva, ubicada  en Concha y Luyanó, llamada “la cara” entre los habitantes de la zona porque vende bolsas de pan a veinte pesos, y en menos de los veinte minutos que estuve parada allí observé varias violaciones que podrían, cada una de ellas, contagiar a un número elevado de compradores de ese pan. Fue para mí tan indignante el espectáculo que decidí escribir un comentario en tiempo real.

Todo ocurrió a las siete y diez de la tarde. El pan recién horneado estaba siendo ensobrado para su venta. La dependienta que introducía los panes en las bolsas de nailon tenía correctamente puesto su nasobuco, pero tomaba los panes CON SUS MANOS DESNUDAS. Otra dependienta que alcanzaba desde el mostrador las bolsas llenas a los compradores usaba guantes, pero al mismo tiempo manejaba el cobro y los vueltos, o sea, el dinero, una de las principales fuentes de contaminación del Coronavirus. Y dentro del recinto, pero visibles desde la cola, otras dos mujeres sin nasobuco se dedicaban a contemplar plácidamente la operación de ensobre y venta del pan, sin hacer otra cosa que mirar. ¿Empleadas? No lo sé, pero cuando las requerí por estar cerca del pan respirando sin nasobuco, una de ellas me ripostó con violencia que “ estaba acabada de bañar y más limpia que yo”. Le pregunté si también había bañado a sus pulmones. La que ensobraba el pan sin guantes se defendió alegando que se había lavado las manos con hipoclorito. ¿Y para qué llevaba guantes la que solo entregaba las bolsas a los clientes? ¡Ah, para protegerse al tocar el dinero! ¡Cuántas violaciones en un momento, y todas cometidas por trabajadoras estatales de la gastronomía. Cada una de estas violaciones le hubiera valido a la transgresora una condena a prisión por poner la salud del pueblo en peligro en una situación de vida o muerte como es la pandemia del Covid-19. Sin embargo, la propia cola se solidarizó con las dependientas en mi contra y pude escuchar, pronunciadas sin ningún pudor, las burlas y ofensas habituales en casos así.

Yo me pregunto qué tiene alguna gente en la cabeza. ¿Cómo es posible que todavía haya quien crea, después de dos meses de repeticiones sobre el peligro epidemiológico y todos los modos de contagio, que por bañarse queda completamente desinfestado, incluso si estuviera contagiado?  ¿Cómo es que todavía tanta gente no consigue asimilar la simplísima idea de que el Coronavirus es un  pariente de las gripes que se aloja en el aparato respiratorio de la persona contagiada, primero en su nariz y garganta, luego en sus bronquios, luego pasa a los pulmones y de ahí ataca a otros sistemas y órganos vitales del cuerpo hasta conducir su víctima a una muerte por asfixia o colapso general? ¿Qué c… tendrá que ver bañarse para volverse incontagioso? ¿Y dónde está escrito que por lavarse las manos con hipoclorito un vendedor de pan tiene derecho a manipular mi comida sin guantes? Puede manipular la suya si le parece, pero la comida del pueblo tiene que ser tratada con toda la responsabilidad y cuidado que merecen las vidas ajenas. Quien viola las normas epidemiológicas orientadas para cortar la cadena de transmisión se convierte, técnicamente, en un vector de esa misma transmisión que se quiere evitar, y por tanto en asesino voluntario.

Y ahora, la parte más escandalosa de mi compra de pan esta tarde, y que si se tratara de un espectáculo de circo debería ser anunciada con fanfarria:  cuando elevé el tono de mi protesta, la dependienta que entregaba las bolsas de pan mostró una pinza de las que se usan para coger el producto y, para tranquilizarme, ofreció meter con ella mis panes en la bolsa. ¡¡¡HABÍA LA PINZA INDICADA PARA NO TOCAR EL PAN CON LAS MANOS Y ESTUVO AHÍ TODO EL TIEMPO, OYENDO LA DISCUSIÓN!!!  Adivina adivinador: ¿por qué no la estaban usando?

Tenemos en La Habana una mayoría poblacional con retraso mental y oligofrenia, o tenemos en La Habana un número tremendamente alarmante de gente ignorante que por algún motivo hace resistencia pasiva a todo cuanto se le orienta, incluso aunque su actitud vaya en contra de ellos mismos. Se trata de una postura mental tórpida y torpísima, pero altamente peligrosa, que deviene sabotaje a la lucha por la vida que lleva a cabo el mundo. Hay que enfrentarse a este rebaño renuente y dinamitero con toda la fuerza de la Ley, o terminará echando por tierra los ingentes esfuerzos que lleva a cabo el Estado cubano para proteger las vidas de sus ciudadanos, a pesar de la falta torturante de recursos a que nos somete el bloqueo y las muchas décadas de mala administración de los bienes del país. Esta población sin cultura de ninguna clase, violenta, egoísta, elemental e irresponsable tiene que ser reprimida, ya que por lo visto no puede ser educada convenientemente para alcanzar la categoría de ciudadano, que no es un mero vocablo vacío de significado, sino un concepto que demanda la reunión de muchos requisitos, y por encima de todos la capacidad de asumir las reglas del juego de la convivencia social, con el respeto al Otro como la primera y más importante de ellas.

No soy tan ingenua como para creer que la protesta de unos pocos individuos con conciencia social vaya a resolver la idiotez colectiva que padecen tantísimos habitantes en esta ciudad. Tampoco creo que sirva de nada reclamar la atención de los administradores y jefes de estos empleados estultos, porque en la mayoría de los casos hacen gala de un sprit de corps no menos estulto y apoyan a sus trabajadores contra quienes protestan por el mal desempeño de los mismos. No veo posible otra solución  que la intervención eficaz de la Policía como lo que es en todas partes: una fuerza represiva que ocupa la primera línea en la defensa y aplicación de las Leyes. La Policía tiene que obligar a la obediencia a quienes se niegan a mantener la distancia prescrita entre personas en las colas. La Policía tiene que obligar a los trabajadores estatales en contacto con la población a cumplir con las medidas epidemiológicas tal como han sido orientadas. La Policía tiene que castigar, multar, penitenciar a los que ponen en peligro la vida de otros. No basta con que la Policía esté parada fuera de las tiendas contando de diez en diez a los que pueden pasar a comprar. La Policía tiene que involucrarse completamente y reprimir, sin temor de ser acusada de mano dura. La Policía tiene que imponer el orden, porque educar es un proceso demasiado demorado que no podemos permitirnos en estas circunstancias, sobre todo cuando se trata de educar a quienes no quieren serlo, porque su modus de autoafirmación psicológica —que nada tiene que ver con motivos políticos, y lo aclaro— se basa, precisamente, en persistir en su incapacidad y su desafiante ignorancia. En ciertas situaciones los conglomerados humanos remisos a la obediencia tienen que probar el peso de la Ley. Nunca van a decir que eso es bueno, siempre se alzarán voces para criticar. Pero lo cierto es que una sociedad donde el orden puede ser vulnerado por cualquier imbécil que se antoje de hacerlo, tiene pocas probabilidades de, como escribió el escritor colombiano García Márquez, una segunda oportunidad sobre la Tierra. Estamos contra reloj, y las agujas que marcan la hora son las guadañas de La Parca. Espeluznante, sí, pero muy real.

 

 

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica de arte, guionista de cine, radio y televisión, pero este blog se propone combatir el maltrato animal y procurar en Cuba su castigo más severo y radical
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2 respuestas a EL MEJOR ALIADO DEL CORONAVIRUS ES LA ESTUPIDEZ HUMANA

  1. JORGE PEREZ dijo:

    AMIGA GINA,MUCHO VALORAMOS TUS ESCRITOS,EN ESTOS DIAS DE AISLAMIENTO VALEN EL TRIPLE,JAJA,CUIDATE MUCHO Y LUCHEMOS LO IMPORTANTE ES GANAR ESTA PELEA,.Y LO DE LAS COLAS Y LA INDISCIPLINA CREO QUE ES PARTE DE NUESTRA IDEOSINCRACIA,JAJA NO TIENE ARREGLO.,Y DEMASIADO CLORO ES TAMBIEN MALO,JAJA.CUIDATE MUCHO

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