Estados Unidos: Con el lente del futuro… ¿qué se ve?

Cuando escribimos sobre algo que aún no ha sucedido, ante la falta de pruebas palpables siempre tenemos que admitir que podemos estar equivocados. Dejo sentado que yo siempre lo admito.

Desde niña he estado leyendo sobre el nazismo, y estas lecturas, que comenzaron de manera fortuita con algunas revistas en las bibliotecas de mis parientes, terminaron por convertirse en estudios serios que nunca he interrumpido. He seguido paso a paso el nacimiento de las teorías y movimientos que en Austria y Alemania dieron origen y basamento teórico a la ideología nazi; el nacimiento y evolución del partido nazi; el surgimiento de Hitler como líder del mismo y su encumbramiento al poder; la mística nazi, la guerra, el final. No soy una experta, porque la experticia es un título que no puede concederse una persona a sí misma sin pecar de impudicia. Diré entonces que soy una aficionada a este tema de la Historia.

Hago estas reflexiones porque he visto en internet noticias muy alarmantes sobre la agitación que reina entre grupos supremacistas blancos en los Estados Unidos. Estos grupos existen desde hace mucho, siempre han estado ahí, como que su primera y más visible manifestación fue el Ku Klux Klan, y siempre han estado armados, pues como la Constitución de los Estados Unidos es tan antigua y ha sufrido pocas modificaciones, la autorización para que las milicias de colonos surgidas en tiempos de las guerras indias portaran armas sigue vigente, y está personificada en la Segunda Enmienda de esa Constitución.

Racismo ha existido siempre en un país donde la minoría nativa fue exterminada en su mayoría y donde por siglos existió la esclavitud de los negros. Un país de inmigrantes donde, como me dijo alguien una vez: «Todo el mundo quiere ir a vivir». Y cada cierto tiempo los supremacistas, las armas y las rebeliones de la población afroamericana convergen y provocan focos de conmoción social, algunos muy peligrosos. Cada cierto tiempo, como ahora con el muro de Trump, la xenofobia contra los hispanos alcanza cotas altas. Los judíos, sin embargo, no han sido significativamente molestados allí y son una comunidad muy poderosa… hasta ahora.

Lo que está sucediendo con los grupos que en varios Estados de Norteamérica recorren las calles por miles reclamando el cese de las medidas restrictivas contra la Covid-19 y el regreso al trabajo, es muy alarmante. He visto imágenes donde habría que ser muy ciego para no detectar que abundan entre ellos los supremacistas blancos, fáciles de reconocer porque van fuertemente armados, y son, desde luego, blancos, rubios o pelirrojos, barbados, gordos y amenazantes, un verdadero ejército paramilitar que no respeta ni a la policía, y eso que la policía norteamericana de cualquiera de los Estados del país es realmente impresionante, está perfectamente equipada y puede ser, ella también, sumamente agresiva.

Esta situación me recuerda, al menos a mí, a los seguidores de Adolph Hitler en los albores de la formación del partido nazi, desde Baviera hasta Berlín. Entonces iban contra los judíos, los gitanos, los seres deformes y anormales, los desechables de aquella sociedad tan próspera y culta en cuyo seno nacieron no pocos de los más grandes médicos, sabios, filósofos y artistas de Europa desde la Edad Media, pero madre, también, del mayor número de sectas secretas y depredadoras de la Historia humana.

Ahora los supremacistas blancos de Norteamérica enarbolan las mismas consignas de superioridad (de ellos) e inferioridad de otros grupos sociales. Sus objetivos son los negros, los judíos y los hispanos. El antisemitismo es muy antiguo, pero ellos lo heredan directamente de la Alemania nazi, solo hay que recordar que muchos supremacistas blancos tienen antepasados cercanos inmigrantes de aquel país,  entre  quienes se encuentran los abuelos paternos del actual Presidente norteamericano. Es probable que muchos de ellos no estén al tanto de que Israel es el principal aliado político, estratégico y militar de los Estados Unidos y una pieza clave en su política en el Medio Oriente. Pero bueno, qué importa, ¿no? Los judíos, aunque sean muy útiles en determinadas circunstancias, son una raza impura, ¿quién lo duda?

Estos grupos tienen, al parecer, algunos propósitos siniestros: contagiar con el Coronavirus, pandemia letal, a cuanto negro, judío o hispano les sea posible, ya sea usando contra ellos aerosoles repletos de saliva contaminada, dejando objetos contaminados en parques y otros lugares públicos, e incluso lamiendo mercancías en los mercados. Y esto es, sencillamente, delito de asesinato con premeditación y alevosía, no solo en Estados Unidos sino en cualquier parte del mundo, y conlleva la pena máxima o una reclusión interminable en prisiones estatales.

Pero eso sería en condiciones normales, no ahora, porque estos grupos son un arma importantísima para las ambiciones de reelección del Presidente Trump, quien tiene en hombres como ellos su mayor base electoral. Discrepo de un artículo del periodista Jesús Arboleya, quien opina que la base electoral de Trump sabe que miente pero lo sigue por conveniencia. La inmensa mayoría de estos individuos tiene un escaso nivel educacional y una mentalidad bastante limitada, además de personalidades violentas e inmaduras. Siguen a Trump como a su lider, al hombre que representa sus intereses, como los alemanes siguieron a Hitler porque les dijo que Alemania había sido humillada en la Primera Guerra Mundial y había que hacerla grande otra vez. ¿Esta frase suena familiar? Sí, por supuesto: es el slogan presidencial (facilitado por Cambridge Analytica para la campaña electoral del Presidente Trump): “Hacer grande a América de nuevo” y “América primero”, que ya había servido excelentemente para llevar a la Presidencia a Harry Truman. Sus seguidores no creen que Trump miente, y serían capaces de destrozarle la boca de un culatazo a quien dijera eso en su presencia. Estos hombres forman precisamente esa masa, presente en todas partes y épocas, a la que los líderes seducen y encantan con consignas, gritos, afirmaciones de superioridad y promesas de gloria. Es un elemento humano maleable, extraordinariamente manipulable, sin el que el nazismo no hubiera sido posible en sus comienzos y,  por terrible que sea, podría llevar a Trump a un segundo período presidencial. No importa que en repetidas ocasiones Trump se haya manifestado públicamente contra el supremacismo y el odio: ellos son sus votantes, y si quiere ser reelegido tiene que conservar sus simpatías.

Solo que si su reelección se convierte en realidad, ¿cómo se las arreglará Trump para tener controlo sobre esa masa vociferante y violenta  que ya ha probado su poder contra la policía, las instituciones y el otro único partido existente en el país, con muchos miembros y cargos en la Casa Blanca, el Senado, el Congreso y los gobiernos de los estados de la Unión? ¿Qué aires tocará Hamelin en su flauta para hipnotizarlos de nuevo y volverlos a guardar en el armario…? ¿Parece eso posible en una sociedad donde se celebran apoteósicas ferias —públicas y clandestinas— de venta de todo tipo de armamento, lo mismo histórico que moderno que acabado de inventar y aún a medias top secret? ¿Con un acceso a internet y a redes sociales que permite que la gente se organice en minutos, y confiere a los grupos un poder de convocatoria sin obstáculos a través de todo el país? ¿Se irá esta gente levantisca y peligrosa de regreso a sus casas, a sus granjas con un mágico “¡Ciérrate, Sésamo!”, enterrarán sus armas y cesarán en sus propósitos de escupir y contagiar a los “humanos inferiores” con esta nueva arma biológica que otorga a quien la emplee un poder exterminador nunca antes experimentado por la Humanidad? Si Trump es el Presidente de este rebaño humano incapaz de pensar por sí mismo y solo permeable a los aires de su flauta, ¿quién es el Presidente del resto del país…? ¿Y qué pasará con el mundo si en la Primera Potencia se llegara a instaurar un Gobierno que sería una versión nuclear y mucho más poderosa de la Alemania nazi, con un jefe a la cabeza que viene siendo una caricatura populista de Hitler sin poseer su inteligencia? Pues aunque Hitler fue un ser nefasto para el mundo, sostuvo hasta el final su ideología de modo coherente y supo manejar con sagacidad algunos aspectos del nazismo, como por ejemplo su política exterior de alianzas, mientras que Trump, con sus decisiones espásticas y a menudo absurdas y agresivas, ha dejado a su país aislado en la arena política internacional.

El panorama es muy desalentador para las personas que conservan su sensatez en estos tiempos. Sobre todo porque ninguna de las preguntas que he formulado tienen respuestas que favorezcan la especie humana. Hay que esperar para ver qué muestra el lente del futuro, pero de momento, la visión semeja mucho cualquier pasaje del Apocalipsis.

 

 

 

 

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica de arte, guionista de cine, radio y televisión, pero este blog se propone combatir el maltrato animal y procurar en Cuba su castigo más severo y radical
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