Perros cubanos opinan sobre la pandemia (Fábula)

Foto de los entrevistados

ETREVISTADOR: Por favor, digan sus nombres, edad, domicilio, provincia y país y cómo conocieron a sus dueños…

PASTELITO:  Yo era Pipo antes de ser Pequeño Pastel de Miel. Luego fui Pastelito y ahora, por decisión mía, soy Pipo Pastelito, aunque Mamita insiste en llamarme Ñoñito. Creo que tengo menos de un año de edad, pero no me acuerdo. Vivo en casa de mis dueñas, en La Habana. Antes yo vivía en la ACLIFIM del reparto La Asunción, pero Abuela me robó de allí. (DISGUSTADO) Este apartamento no sirve: no tiene patio.

CARMELÍN: Yo, cuando nací, fui Tuti, pero enseguida me convertí en Carmelín Bebé de Arriba, Carmelina, Carmelia, Carmelión, Carmelita y todo lo que se le ocurra a Abuela, que es muy creativa. A mí, la verdad, me da igual mientras ella me deje dormir en su cama. Yo nací en una casona de la calle Zapotes y tengo seis años. Lo primero que vi no fue a mi mamá Angie, sino a Abuela. Ella nos nació a mí y a mis cinco hermanos. Nunca nos hemos separado. Vivimos todos en el mismo apartamento.

E: ¿Quieren especificar algo sobre ustedes?

P: Yo estoy loco y dice mi dueña que soy la fuente de la gracia. Soy muy manso, pero cuido la casa muy bien.

C: Yo siempre he sido muy formal, nunca rompí ni una chancleta, ni una media, nada. Solo juego con los rollitos de cartón del papel higiénico, si Abuela me los regala. Mi misión en la vida es cuidar a mi dueña y a su hija. Soy un perro policía.

E: ¿Cómo están ustedes viviendo la pandemia?

C Y P: (A CORO) ¡Tenemos mucha hambre!

C: Desde que nací mi dueña me alimentaba tres veces al día, con desayunos de leche y mucho pollo y carnero en almuerzos y comidas. Pero primero vino este (SEÑALA A PASTELITO), y mi ración se redujo a dos comidas por día, y ahora, con la pandemia, solo como una vez. Ya no estoy hermosa y acuerpada como antes.

P: Yo vivía con gatos. Comer era un problema. Cuando mi dueña me robó me daba dos comidas diarias, pero ahora solo me da una. Para ser justo, ellas tampoco comen como antes.

C Y P (LASTIMEROS): ¡Tenemos mucha hambre!

E: ¿Les preocupa perder sus trabajos?

P: Que yo sepa, mi trabajo es ladrar para cuidar la casa y hacer muchas gracias para que me den todo lo que quiero.

C: La misión del perro jamás termina: cuidar al amo siempre. Eso nunca cambiará. Pero sospecho que lo que mis dueñas quieren de mí es amor incondicional. Creo que amarlas es mi verdadero trabajo. Lamerles mucho los pies.

E; ¿Están ustedes casados?

P: (SUSPIRA) Carmelín es mi pasión, pero es una creída. Tengo que morderla todo el tiempo para que nunca olvide que soy el jefe de la manada.

C: (DESDEÑOSA) Yo no estoy casada con este. Es muy joven para mí y no tiene formalidad. Además, ladra como un bebé y yo tengo una talla de ladrido tres veces mi tamaño. Y se orina fuera de los periódicos.

E: ¿Cómo sienten que ha afectado la pandemia a los humanos, y a sus dueñas en particular?

P: Yo no conocí a los humanos antes de la pandemia, no puedo opinar. (PAUSA REFLEXIVA) Mis dueñas… Abuela trabaja mucho y no puede dormir. Mamita tampoco duerme mucho que digamos y nunca está alegre como yo.

C: Antes la casa estaba siempre llena de risas. Ahora hay mucho silencio. A veces discuten entre ellas y siento miedo.

E: ¿Sus dueñas les pegan?

C: ¡Jamás! Yo soy muy respetada. Tengo una butaca para mí sola y de vez en cuando camas.

P: A mí, a veces me pegan con un periódico cuando mordisqueo dedos y destripo zapatos. Me encantan las chancletas de goma de colores. Pero si me pegan, enseguida se mueren de remordimiento y me piden perdón. Mi belleza las abruma, tengo superpoderes. (PAUSA) No entiendo a los humanos: a veces nos suben a sus camas y nos acarician y duermen con nosotros, y otras veces nos botan para el piso. (PAUSA) Pero yo tengo permiso para mecerme en todos los sillones.

E: Pastelito, hábleme de sus superpoderes.

¡Paticas, paticas!

P: Además de mi pelaje rojizo, espumoso y suave tengo otro, que ellas llaman Paticas. Cada vez que me piden Paticas, me echo en el suelo sobre mis costillas flacas y muevo mis paticas delanteras juntas, como si corriera. Hay que ver cómo se derriten…

C: (LO INTERRUMPE VANIDOSA) Mi superpoder está en la mirada. Los pastores somos los perros más inteligentes y nos humanizamos desde cachorros. Yo tengo muchas expresiones, y cuando miro a mis dueñas les quito la voluntad. Yo soy una perrota empoderada.

E: Además del hambre, ¿la pandemia los ha afectado en otras cosas?

C: No extraño la calle, porque desde que nací mi dueña nunca me ha dejado ni asomarme a la puerta. Pero salir es muy peligroso para un perro, y más ahora. Ellas hacen lo correcto. Fíjese, nosotros no tenemos garrapatas y ellas no tienen Covid.  (PAUSA) Si no las contagian los vecinos, claro… Sobre todo ese que siempre, cuando baja la escalera, se para frente a nuestra ventana y estornuda hasta que se desinfla. Qué peligro, porque si ellas se enfermaran ¿qué sería de nosotros…?

P: Yo sí extraño la calle, el jardín de la ACLIFIM, mis garrapatas grandes, al sereno y a mis amigos gatos, pero la prudencia es el estilo de Abuela, y además, salir es riesgoso en estos tiempos, así que no me quejo. Corro dentro del apartamento para no perder la forma, y porque tengo un poco de ansiedad. Por cierto, desde que vivo aquí, solo Abuela sale a la calle a buscar comida. No deja salir a Mamita para que no se enferme.

E: ¿Se sienten orgullosos de cuidar las propiedades de sus dueñas?

C: (ORGULLOSA) Para eso somos perros. Y lo que es de ellas, es nuestra responsabilidad.

P: Discrepo. En mi opinión, las propiedades de mis dueñas no valen nada. Lo más interesante es la caja blanca de hielo, donde guardan la comida. Y claro, las camas. Las otras pocas cosas son buenas para orinarlas.

E: ¿Cómo creen que será el mundo después de la pandemia?

C: Los perros seguiremos estando aquí. Lo que no sé es si habrá dueños. Le temo a la soledad.

P: Me preocupa que queden algunos dueños y ya no tengan que usar nasobuco, porque entonces volverán a ladrar. Ahora los humanos están más o menos callados y eso es magnífico.

E: E: ¿Quieren enviar un mensaje a sus dueñas?

C y P: (A CORO) ¡Nuestra casa es la Casa del Perro Feliz!

E: (ENTERNECIDO) Muchas gracias, ustedes son unos perritos encantadores.

C: (CAUTELOSA) Sí, pero no nos acaricie. Por favor, GUARDE EL DISTANCIAMIENTO SOCIAL

 

 

 

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a Perros cubanos opinan sobre la pandemia (Fábula)

  1. Elpidio Maniguero dijo:

    Maravilloso el mundo de esos animalitos, los conozco personalmente y me consta que son muy, pero muy queridos, Felicidades Gina y compañía

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