ENGAÑO: el octavo pasajero (V)

Este es el quinto de una serie de artículos que intentan advertir a las personas sobre el peligro de manipulación ideológica, cultural, religiosa, política y social que representan las noticias falsas y las teorías de la conspiración, fenómenos que han tomado al mundo por asalto desde que Donald Trump obtuvo la Presidencia de los Estados Unidos en 2016. Existen empresas que obtienen los datos que usted revela en sus redes sociales y los usan para personalizar sus estrategias de manipulación. Usted puede ser confundido y su mente manejada por narrativas que, en algunos casos, van dirigidas puntualmente a grupos vulnerables a determinados asaltos psicológicos. Usted debe ser consciente de que estas manipulaciones pueden provenir de aquellos en quienes más confía, incluso de sus líderes religiosos. Todos debemos ser objetivos e informarnos sin pasión antes de dejarnos llevar por la pasión. Si lo desea tome partido pero, primero, sepa por quién y por qué.

QAnon: el octavo pasajero

Un adepto de QAnon agita el logo del grupo en medio de un meeting de Donald Trump

Para mí todo empezó hace años, cuando algunos de mis amigos, interesados en la sanación por métodos de medicina alternativa y tradicional y en ciertos aspectos de la espiritualidad New Age, comenzaron a introducir en sus conversaciones, que hasta ese momento me habían sido muy familiares, conceptos nuevos, raros y desconcertantes unidos a nombres de gurús  de ahora mismo, algo muy común en este mundo de la alteridad en que se mueven de manera habitual aquellas personas que han perdido confianza en la ciencia y se sienten inconformes con las propuestas tradicionales de la cotidianeidad. Algunos de mis amigos seguían a ciertos gurús. Otros, solo manejaban los temas de un modo vago.

Los gurús suelen dividirse en dos categorías: los canalizadores, individuos que dicen estar en comunicación con deidades, seres extraterrestre y/o Maestros desencarnados que quieren ayudar a la evolución de la Humanidad, y son, por tanto, una mezcla de intérpretes y mensajeros de tales entidades; y los Maestros, conspicuos personajes con cierto grado de conocimiento esotérico y etiqueta de “Iniciados”, quienes irrumpen en escena portando la antorcha de “nuevas teorías” olvidadas o “reveladas”, que supuestamente arrojan luz sobre aspectos de la historia humana, la evolución del planeta y las leyes del universo.  Omito nombres porque algunos de estos “Maestros” tienen prestigio internacional, imparten conferencias en centros importantes y gozan, en ocasiones, de tolerancia y hasta de cobertura oficial por parte de los gobiernos.

Algunas de las teorías más espectaculares y excitantes expuestas por tales gurús y Maestros no son nuevas, y unas cuantas fueron expuestas en decenas de cuentos y novelas de ciencia ficción a partir de los años 30, y vistas en series como Expedientes X y Black Mirror.  Todos los aficionados al género las disfrutamos allí en sus formas más exuberantes y elaboradas. Sin embargo, detecté cierto sesgo en esas conversaciones que me llamó la atención por sus planteamientos abiertamente esperpénticos. Por ejemplo, varias veces escuché repetir que en una isla cercana a Jamaica, Hillary Clinton y un grupo de destacadas personalidades de la élite del partido Demócrata norteamericano, unidos a célebres  figuras de Hollywood y de la política internacional, tienen un templo o santuario dedicado a Satanás, en el que sacrifican niños a los cuales, previamente, han sometido a violaciones, y luego de sacrificados, devoran su carne y sus cerebros en medio de rituales tan macabros que ni pueden ser imaginados.

Algún amigo mío habla también de ciertos cuatro pilares del “sistema” que están cayendo: la economía, la religión, la ciencia y la política. El Gobierno Secreto del Mundo o Estado Profundo (que algunos identifican con los Iluminati) los ha sostenido por siglos para cegar a la Humanidad y poder dirigirla a su antojo, pero ya se acerca el momento en que nuestro planeta va a dar un salto cuántico a una zona de la galaxia donde la vibración es mucho más elevada, y quienes no hayan preparado sus cuerpos y sus mentes para este gran salto tendrán que morir. Todo el proceso está dirigido por los habitantes de la constelación de Las Pléyades (los enigmáticos pleyadianos), quienes tienen a su cargo la evolución de los terrícolas para que puedan integrarse en un anillo cósmico de gran espiritualidad, y cuando demos ese gran salto, comenzará en la Tierra una nueva Edad de Oro sin guerras, sin enfermedad. La Realidad perderá todos los afeites con que la ha invisibilizado el Estado Profundo y aparecerá ante nuestros ojos en toda su prístina y avasalladora desnudez, y entonces ¡SABREMOS!… ¿Qué? Hasta ahora nadie me ha proporcionado una idea clara de lo que sabremos..

Estos sesgos discursivos, tan parecidos a una burda emulsión de mala ciencia ficción con antiguas profecías muy distorsionadas provenientes de la Biblia, el pueblo maya y otras culturas desaparecidas, y de cierta literatura delirante cuyo género no podría precisar, pero en la que percibo ecos de un pensamiento mítico muy antiguo (la Edad de Oro es un concepto presente en los albores de civilizaciones tan antiguas y disímiles entre sí como la griega y la maya, por solo citar dos ejemplos), corren en paralelo en La Habana con un incremento de grupos religiosos de confesiones protestantes, entre los cuales no los más numerosos, pero sí los más vehementes son, sin duda, los pentecostales. Pero los protestantes y, aunque menos, también los católicos, hablan obsesivamente de Satanás, un personaje que, salvo en la teoría conspiranoica del templo pedófilo de Hillary Clinton, no aparece ostensiblemente en el imaginario de mis amigos (hasta donde sé, casi todos ateos). Creí percibir también fragmentos de narrativas de ciertas sectas foráneas, algunas ya extintas y otras no tanto, pero todo lo demás ¿de dónde está saliendo? No se trata solo de pensamiento mágico —reacción lógica en sociedades de la Posmodernidad donde han señoreado por décadas discursos muy materialistas con fuerte base tecnocientífica—. Tampoco de las típicas teorías conspiranoicas sobre naufragios extraterrestres ocultos en bases militares como Roswell, inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay algo más. ¿Cómo llega toda esa pseudoinformación a una isla rodeada de agua por todas partes, y tan tardía en su sintonía con el mundo que ya José Martí en el siglo XIX la llamó “la comarca demorada”?

Mis amigos solo tienen respuestas vagas. Es evidente que no conocen o no cuestionan las fuentes de este entramado de realidades alternativas en el que están hundidos hasta las cejas, al punto de que ya no son capaces de pensar en términos de la vida real. Solo he podido sacar en claro dos pistas: que ellos obtienen esos materiales en forma de audios, libros digitales y documentos de Word que otros serviciales (¿?) amigos y conocidos les pasan en flash y tablets, y que uno de mis amigos está convencido de que Hillary Clinton perdió las elecciones del 2016 frente a Donald Trump no por el voto de los colegios electorales, sino porque se descubrió su red internacional de pedófilos, en la que también están involucrados el Dalai Lama y… el Papa Francisco. Cuando le pregunté de dónde obtuvo esa información respondió muy sorprendido: “¡Todo el mundo lo sabe!”. Pero en 2016 la prensa oficial cubana solo se refirió a la imputación hecha a Hillary por el Senado y las más importantes agencias de Seguridad de los Estados Unidos por hacer uso de un servidor de correos privado para tratar asuntos oficiales, entre los cuales había varios temas de alta sensibilidad para la Seguridad Nacional. Ni entonces ni después nuestros medios de comunicación han mencionado la supuesta red de pedófilos satanistas.

La primera pista indica la fuente: la Internet de otros países o conexiones en Cuba de banda ancha capaz de descargar (¿gratis?) videos de larga duración. La segunda pista es más compleja y tiene que ver con una antigua frase latina de uso clave en la Abogacía: cui bono: ¿quién se beneficia? ¿Quién sacaría partido de lanzar al fuego en el mismo saco a Hillary Clinton, el partido Demócrata y la Iglesia Católica, uno de los monoteísmos más poderosos y numerosos de la Tierra? Mis pobres amigos cubanos, ingenuos en su aislamiento, sumidos de lleno en sus océanos de pensamiento mágico —proceloso para quienes carecen de la más mínima noción antropológica sobre la naturaleza del fenómeno—, no tienen idea de ser receptores involuntarios de una conspiración política de alcance internacional que, como ahora sí ya está claro para mucha gente en nuestro planeta, puede, por imposible que parezca, alterar la faz del mundo.

Ya me referí en posts anteriores de este seriado al fenómeno digital 4chan, el tablón de imágenes o imageboard creado en 2003 en la Internet oculta por un adolescente norteamericano que terminó convirtiéndose en gurú tecnológico de prestigio internacional. 4chan demostró ser una tierra muy fértil, una especie de Jardín del Edén donde han florecido frutos tan disímiles como el grupo Anonymous de cyberactivistas, surgido en  2008 casi junto con la plataforma Wikileaks; el rocambolesco movimiento llamado QAnon (por sus tufos sulfurosos alguien se ha referido a él como nacido en las cloacas de Internet), aparecido en 2017, y una de sus últimas plantas exóticas de cuatro hojas: los Boongaloo Boys, un grupo que defiende el derecho de portar armas en público y quiere otra Guerra de Secesión en los Estados Unidos que ponga fin al Estado Federal. Se identifican por vestir camisas hawaianas y ropa de camouflaje. No tienen estructura jerárquica ni ideología definida, hay entre ellos neonazis, supremacistas, partidarios del movimiento Black Lives Mathers, anarquistas y casi cualquier tipo de cosa. Como todo fenómeno nacido de Internet acaba por saltarse las fronteras de sus webs y salir a varias partes del planeta. Por ahora es todo lo que diré sobre él.

Pero QAnon merece más atención.

QAnon tiene su bandera, que de algún modo vago recuerda un poco a la de la Repúblilca Independiente de Texas, tal vez sean los colores…

La aparición de este grupo en 4chan recuerda a muchos analistas un juego de realidad alternativa que, como muchos saben, no es lo mismo que un juego de rol. En líneas generales, los juegos de rol tienen siempre una especie de Maestro de Ceremonias llamado Director de Juego, quien crea una trama y media entre los jugadores-personajes, los cuales, responden, en ocasiones, a estructuras arquetípicas aunque no siempre es así. Cada jugador tiene libertad para crear su personaje, lo diseña, define sus características, su personalidad, su vestuario que en algunos casos suele ser un disfraz verdadero, por ejemplo de mago, druida, guerrero o princesa en los juegos de fantasía heroica; de estadistas, reyes y héroes en los de corte histórico. Los jugadores toman apuntes, emplean dados para decidir acciones, mapas y tableros para simular situaciones, no hay un guión y todo se basa en la improvisación. Hay un consenso totalmente consciente entre los jugadores, quienes se reúnen, por lo general, en casas particulares con la única intención de pasar un rato agradable entre amigos. Todos saben que están participando en el juego de forma voluntaria, y el juego terminará en algún momento, bien porque la narrativa concluye o porque los jugadores tienen que volver a sus casas a ocuparse de sus vidas reales.

Amigos participando en un juego de rol
Dados y otros elementos empleados por los jugadores de rol. En ocasiones se usan disfraces.

Un juego de realidad alternativa es otra cosa. Aunque la imaginación humana es inagotable, este tipo de juegos suele responder casi siempre a la siguiente estructura: una persona recibe por mail, por una llamada telefónica, por una carta o por cualquier otro medio (puede ser hasta un subrayado en su periódico favorito) un mensaje anónimo que lo invita a jugar. Si acepta, recibirá otro mensaje donde se le ordena cumplir una misión. Cada mensaje contiene instrucciones para cumplir metas de la tal misión y, al mismo tiempo, instrucciones para alcanzar el próximo hito en el juego.

Jugador de realidad alternativa busca códigos encriptados y ppistas que le conduzcan a su nueva misión

Vea el lector  la definición que he tomado del sitio https://hipertextual.com/2015/06/juegos-de-realidad-alternativa:

La naturaleza de los juegos de realidad alternativa es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

La premisa más importante de los ARG ha sido acuñada en la frase “Esto no es un juego”, pues los participantes no deben ser capaces de distinguir entre el juego y la realidad. La línea que separa ambos universos debe ser muy fina, casi irreconocible. Las reglas del juego no deben ser específicas, sino que deben ser descubiertas por cada individuo. Asimismo, la historia del juego no se presenta de forma cronológica, el participante debe descubrirla juntando piezas dispersas en distintos medios, por lo que resulta imprescindible que todas las piezas tengan cierta concordancia y conexión.

Otra parte fundamental de los ARG es que se desenvuelven en múltiples espacios. Mientras que cuando juegas un videojuego estás limitado a un mundo imaginario en la consola, o bien la experiencia de un juego de rol se limita a un tablero o a un lugar y tiempo reducido en el caso del LARP; las piezas de los ARG se esconden dentro de la red, en los espacios públicos, en otros individuos; puede cobrar forma en un pasaje de la literatura universal, en las palabras de un extraño, en una llamada telefónica misteriosa y mucho más.

En los ARG, la vida real es un medio; no es necesario crear un alter ego, un avatar. Quienes participan deben ser ellos mismos dentro del juego, unas personas normales que se encuentran con un reto a superar y se verán obligados a buscar pistas en su cotidianidad. Es por esta característica que se convierten en experiencias comunitarias. A pesar de que los ARG son poco difundidos en un principio, la naturaleza del juego es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

No solo las personas mentalmente inestables, sensibles a la sugestión, solitarias o con personalidades mal estructuradas pueden llegar a confundir el juego con la realidad. Puede ocurrirle a cualquiera, porque estos juegos demandan de sus jugadores un muy elevado sentido del compromiso, de modo que si usted acepta jugar, juega y muy en serio, aunque jamás llegue a saber quién lo está dirigiendo, porque eso es parte (y muy excitante) de esta clase de juego. A mí se me parece al funcionamiento de la mente ezquizofrénica, en la que el enfermo recibe órdenes cuya fuente no siempre puede identificar, pero se siente obligado a cumplir inexorablemente. Puede darse el caso de que un jugador, sentado frente a su tele, crea descubrir un mensaje encriptado en las palabras del conductor de su programa favorito, que le envía a visitar de madrugada un cementerio, robar una tienda o caminar desnudo por su centro de trabajo. Es un encadenado de retos. La situación es tan fascinante como plástica y ha inspirado novelas, filmes, obras de teatro… Las redes sociales son mecanismos ideales para poner en marcha juegos de realidad alternativa, sobre todo si la red en cuestión es un sitio de la internet oculta que se caracteriza por tener el anonimato como su regla fundamental y una libertad de expresión casi total. Literalmente, un paraíso para troles.

En octubre de 2017, apenas un año después de que Donald Trump resultara electo Presidente, apareció en 4chan una cuenta a nombre de “Q Clearance Patriot” (Q patriota con permiso de seguridad). La letra Q, en el puesto 17 del alfabeto occidental, es la clave del más alto nivel de acceso de seguridad en el Departamento de Energía de la Casa Blanca vinculado con programas nucleares. Anon es el diminutivo de Anónimo, la firma que distinguió a 4chan y a otros muchos sitios de la internet sumergida. Q se convirtió en QAnon. ¿Quién era?  Un individuo o varios, un trol, un loco, pronto dejó de importar: en 4chan había desembarcado el Octavo Pasajero, que llegaba al mundo respondiendo algún comentario referente al Pizzagate —tan convenientemente estallado un mes antes de las elecciones presidenciales donde Hillary perdió la Presidencia—, y anunciaba:

La extradición de HRC [Hillary Rodham Clinton] ya está en marcha efectiva ayer con varios países en caso de huida por frontera. Pasaporte aprobado para ser señalado el 30/10 a las 12.01am. Esperar que ocurran disturbios masivos como respuesta y otros huyendo de EE UU. Marines dirigirán la operación mientas Guardia Nacional activada.

El tono del mensaje, calificado por el periodista Jordi Pérez Colomé de conciso, peliculero y críptico, se repitió en el segundo mensaje de QAnon:

¿Dónde está Huma [Abedin, asesora de Clinton]? Seguid a Huma. Esto no tiene nada que ver con Rusia (aún). ¿Por qué Trump se rodea de generales? ¿Qué es la inteligencia militar?.

Todo era un pastiche de gran incoherencia, pero… ¿quién dijo que el pensamiento racional suele imponerse en los asuntos humanos?

Ninguna persona en su sano juicio hubiera podido imaginar lo que sucedería a continuación. QAnon siguió comunicándose con sus cada vez más respetuosos y atentos seguidores, que se multiplicaron como amebas. A través de mensajes como los anteriores —que sus admiradores comenzaron a llamar “gotas” o “migas” que ellos debían amasar pacientemente hasta obtener un mensaje—, fue construyendo lo que podríamos llamar la trama maestra de este movimiento entonces naciente: un Gobierno Secreto o Estado Profundo, formado por una camarilla internacional poseedora de enormes riquezas, satanista, pedófila y caníbal gobierna el planeta. Los altos militares del Pentágono reclutaron a Donald Trump para enfrentarse a este grupo siniestro y maléfico y liberar al mundo de su tiranía, algo que, por supuesto, Trump no puede hacer público aún, pues en él se concilian las inconciliables condiciones de ser el Presidente de la primera potencia mundial y al mismo tiempo un luchador encubierto del Bien. Su misión es desbaratar y exponer toda esta red de miserables seres humanos y darles su justo castigo, además de “hacer grande a América otra vez” (slogan puntero de su campaña presidencial), salvando el Sueño Americano amenazado por la mezcla de razas, eliminando a los indeseables inmigrantes mediante la construcción de un muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera con México, y restaurando la economía hasta que de las cloacas americanas broten torrenteras de oro.

Pero QAnon fue más lejos: en 2016, la investigación sobre la posible interferencia de Rusia en las elecciones en favor de Trump, conocida como “la trama rusa” [1], llevada a cabo por Robert Muller, Fiscal Especial del Departamento de Justicia, era una tapadera, pues Muller, en realidad, trabajaba encubierto junto con Trump en esta Cruzada justiciera, y los dos contaban con el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El momento inmediato a la culminación de su misión, que QAnon llama El Gran Despertar, llegará cuando el mundo descubra la maldad del Estado Profundo, y la gran batalla que Trump desencadenará entonces para llevar a los culpables a su destino final en la base de Guantánamo, es llamada por los adeptos de QAnon La Tormenta. “Somos la Tormenta”, dicen, y “A donde va uno, vamos todos”. Son sus consignas insignia. Lo de tormenta proviene de un filme de Ridley Scott, Tormenta blanca, tal vez recordado por Trump en una ocasión en que se reunió con militares en la Casa Blanca y comentó a la prensa presente: “¿Saben a qué se parece esto? A la calma antes de la tormenta”, y cuando un periodista le preguntó qué significaban sus extrañas palabras, respondió sibilino: “Ya lo veréis”. Algunos jocosos, a su modo también teóricos de la conspiración, han querido ver en El Gran Despertar un recordatorio de la famosa píldora roja que, tomada por los protagonistas La Matrix, los ayuda a despertar del sueño-vida virtual en que vivían sumidos. La apoteosis de La Bella Durmiente.

Al decir de un analista de QAnon, su semejanza con un juego de realidad alternativa está dada porque sus narrativas “combinan diferentes elementos que dan a la gente sentido y placer: es en parte análisis, en parte juego, en parte fe. Los miembros descifran pistas, se conectan unos con otros y se inspiran para ver una versión de la verdad que es épica, religiosa y sensacionalista. Se sienten atraídos por tener estas revelaciones y por entrar en la lucha por la verdad”.

Para colmo de increíbles, Trump ha dado su aval públicamente a esta teoría de la conspiración llamada QAnon, en cuyo vientre se agitan mil y una pequeñas subtramas tan conspiranoicas como la trama madre. En medio de la pandemia causada por la Covid-19 y las protestas desatadas por el asesinado del afroestadounidense George Floyd, fue interrogado por la prensa sobre QAnon, algunos de cuyos miembros ya comenzaban a aparecer en sus mítines portando distintivos con la letra Q sobre pancartas y ropas. Estas fueron las respuestas presidenciales a la entrevistadora de Democracy Now:

D.T.: Bueno, no sé mucho sobre el movimiento, aparte de que, según entiendo, soy muy de su agrado, lo cual agradezco. Estas son personas que no les gusta ver lo que está pasando en lugares como Portland y lugares como Chicago y Nueva York y otras ciudades y estados. Y he escuchado que estas son personas que aman a nuestra patria y simplemente no les gusta ver lo que está pasando. Entonces, no sé realmente nada al respecto, aparte de que, supuestamente, soy de su agrado.

REPORTERA: En el centro de la teoría radica esta creencia de que usted está secretamente salvando al mundo de un culto satánico de pedófilos y caníbales. ¿Le parece que usted puede respaldar algo así?

D. T.: Bueno, no he escuchado eso, pero, ¿se supone que es algo malo o bueno? Me refiero a que, si puedo contribuir a salvar al mundo de sus problemas, estoy dispuesto a hacerlo.

Los anónimos seguidores de Q ya no tienen que conformarse con envidiar a sus tradicionales héroes modélicos Tarzán, Superman, Dick Tracy, James Bond o Batman: ahora ellos mismos son los héroes y esas conspiraciones falsas se han convertido en los ejes de sus vidas. Sienten que dejaron de formar parte del sumiso y oprimido cuerpo de baile de la sociedad: se han convertido en primas ballerinas.

Las hipótesis sobre la verdadera identidad de QAnon siguen en el candelero y no falta quienes estén convencidos de que se trata del propio Donald Trump. El dedo identificador también señala a un tal Timothy Charles Holmseth, supuestamente periodista laureado, colaborador encubierto del FBI y autoproclamado “cabeza de la Fuerza de Tareas del Pentágono Contra la Pedofilia”, quien ha revolucionado las redes sociales y algunos sitios productores de fake news con una sensacional noticia:  la operación llevada a cabo en Nueva York por las autoridades navales del Gobierno para liberar a miles de niños a quienes la red de pedófilos demócratas mantenía cautivos en unos túneles siniestros que conectan con la residencia de Hillary Clinton. Se me ocurre que el apellido Holmseth podría ser un constructo entre el del celebérrimo detective de ficción Sherlock Holmes y el nombre Seth, dios egipcio serpentiforme de remota antigüedad a quien hoy se le tributa un culto satánico en los Estados Unidos. He buscado en vano en Internet referencias a la carrera periodística de Holmseth, su  órgano de prensa, sus lauros y, por supuesto, sus datos biográficos, pero hasta ahora no he encontrado más que unas páginas donde aparece la foto de un hombre de aspecto desagradable, desaseado y torvo, una cara que uno nunca le pondría a un periodista en un juego de rol. Ni siquiera la prensa seria que cita su información sobre el rescate de los niños ofrece detalles específicos sobre él. Hay afirmaciones de check points acerca de que La Fuerza de Tareas del Pentágono contra la Pedofilia no existe. Siento que, de existir, dicho grupo tendría poco que ver con el Pentágono. Tendría más sentido encontrarla como un Departamento del FBI o la NSA. Y si este tal Holmseth realmente trabaja encubierto en una investigación del FBI sobre pedofilia, ¿cómo es posible que haya publicado información sobre el caso con fotos incluidas, explicando el papel que juega él mismo en esa investigación? ¿Por qué casi nadie se dedica a desmontar informaciones o, cuando menos, a cuestionarlas? Hasta este momento, Holmseth tiene toda la pinta de ser un bulo, y uno burdísimo, además. Sin embargo, su “noticia” del rescate de los niños cautivos ha sido replicada en mucha prensa seria más allá de las fronteras estadounidenses.  De cualquier modo los seguidores de QAnon no quieren saber mucho sobre Holmseth, porque prefieren seguir alimentando la esperanza de que su guía misterioso tenga un único nombre: Donald Trump, el redentor.

Pero el problema no radica exactamente en la identidad de QAnon, sino en el movimiento creado a partir de su aparición en 4chan.


[1] A pesar de que Trump se ha declarado públicamente “exonerado” de la acusación de estar coludido con Rusia en este caso, Las conclusiones del Fiscal Muller nunca lo declararon inocente. Por el contrario, la investigación concluyó haber hallado evidencia de interferencia rusa en esas elecciones, aunque no pruebas de que Trump estuviera coludido con el Gobierno ruso. Trump criticó duramente la investigación de Muller y conmutó la pena impuesta a su colaborador Robert Stone, acusado de entablar algún tipo de negociación con funcionarios rusos y condenado por manipulación de testigos, obstrucción de la justicia y mentir al Congreso. Después, Trump intentó destituir a Muller. (Continuará…)

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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