S.O.S: VULNERABLES

Cola de pollo hoy en la tienda La Caribeña, en Porvenir y Calzada de Luyanó.

Dos colas: una multitudinaria de personas “normales”, entre las que hay individuos de todas las edades de pie, bajo el sol, y a la que tiene que acudir la policía en dos ocasiones por indisciplinas y escándalos. Otra, mucho más corta, de discapacitados, ancianos en mala condición, embarazadas, etc., entre ellos, un señor en su sillón de ruedas con su acompañante. Todos sufrimos algún grado de vulnerabilidad.

Dos oficiales con chalecos fosforescentes advierten a la cola de los vulnerables que solo se recogerán diez carnets. El resto no puede entrar a comprar su pollo. “Váyanse”.

No estoy entre los diez afortunados, sino un poco más atrás. Avanzo hasta uno de los oficiales, le muestro el carnet de la ACLIFIM de mi hija limitada físico-motora y le suplico, por favor, que no me impida comprar su pollo. El oficial está alterado. La gente de las dos colas lo acosa, le hacen preguntas, demandan respuestas. El oficial me increpa por no haber llegado más temprano a la cola. Le explico que llevo casi un mes en cama y este es el primer día que puedo levantarme, y no tenemos más familia que nos ayude a comprar. Me dice que ese no es su problema. Es verdad, es el mío, solo que no lo puedo resolver.

Saco mi carnet de prensa y le exijo que me explique cómo el Estado cubano va a amparar a mi hija y a los que, como ella, no pueden ir por sus pies a procurarse el alimento. Muy nervioso ya y moviendo las manos con violencia, me grita que no le importa, “¡Que se mueran!”, grita. Nos amenaza con que a partir de mañana él no permitirá más cola de discapacitados, impedidos, ancianos ni nada, y todos tendrán que hacer la cola de los normales. Técnicamente esa desición no entra en sus facultades, que solo consisten en velar por el orden y la organización en el lugar, pero igual lo dice. Está muy estresado.

Una joven psicóloga que hace la cola con nosotros para ayudar a una anciana vecina esquizofrénica se adelanta, encuentra a alguien del Gobierno de Diez de Octubre, dialoga con él y, al final, se acepta recoger todos los carnets de quienes en ese momento nos encontramos en la cola de los vulnerables.

Veinte vulnerables compramos nuestros pollos (me incluyo porque tengo 65 años y pésima salud). Los que han llegado más atrás, no. “Váyanse”.

Ya se sabe que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Es de un idealismo ingenuo descansar en la creencia de que en medio de la pandemia y en urbes muy pobladas algunas almas buenas, desinteresadas y altruistas van a ocuparse de alcanzar el alimento a quienes no pueden valerse por las razones que sean. Es hora de aterrizar en el mundo de la manifestación, o sea, en este nuestro, y terminar con la absurda, imposible y  sobre todo muy cruel pretensión de que ancianos, discapacitados, impedidos físicos y otros afligidos por diversas causas puedan batirse en igualdad de condiciones con personas sanas y fuertes, en una actividad tan violenta como las colas, donde el vigor físico es imprescindible para poder permanecer desde las cinco o las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, hora en que cierran las tiendas cubanas, de pie, al sol, sin agua ni comida, entre gritos y empujones, hasta que los dioses de la compra conduzcan al ya exhausto comprador hasta el mostrador donde le espera la recompensa a su sacrificio. Eso equivale a esperar que Hefestos, el dios cojo y contrahecho, corra en las Olimpiadas y llegue a la meta junto con Mercurio el de los pies ligeros, Marte el dios de la guerra o Hércules, el hombre más fuerte del mundo.

Los ciudadanos cubanos enfermos, discapacitados, impedidos, ciegos, ancianos y embarazadas no somos residuos de desecho, somos personas desfavorecidas por la naturaleza o la edad o transitoriamente disminuidas en sus posibilidades físicas, como las embarazadas, y muchos de nosotros tenemos un historial de entrega y sacrificio en la Revolución que merece consideración y respeto. Estamos legalmente protegidos por la Constitución. En ningún caso se nos puede colocar en situaciones de competencia-resistencia en falsísima igualdad con gente sana. El Gobierno TIENE la obligación intransferible —y urge que la asuma ya—de encontrar una estructura verdaderamente capaz de proteger a esta parte tan vulnerable de la población y garantizarle el acceso a la alimentación y la adquisición de medicamentos, dos aspectos fundamentales para la sobrevivencia, a los que hoy nos resulta extremadamente difícil llegar. El Gobierno, sí, tiene sobre sus espaldas tareas muy duras, está ocupado, lo sabemos, comprendemos y apoyamos. Pero este es, también, su deber.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a S.O.S: VULNERABLES

  1. El pillo maniguero dijo:

    Estimada Gina, muy acertado su reflexión sobre » Las Colas Covid-19″ se han tomado medidas para proteger a estos ciudadanos pero en una sociedad envejecida como la nuestra es casi otra cola, esto trae consigo que algunos » organizadores » tomen medidas arbitrarias, conozco de un lugar que cada 20 normales pasan 5 vulnerables, calcule si usted hace el 20 vulnerable ¿ cuando entra? Recordando que esa persona que espera es menos pero mucho menos resistente que el resto, nada una solución del cubaneo actual, saludos

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    • Gina Picart dijo:

      Querido Pillo, los vulnerables no deben hacer colas. El solo hecho de hacerlas ya va contra natura en el caso de estos ciudadanos. La solución tiene que ser otra. Si disponemos de tantos sesudos pensando y equivocándose de soluciones, necesitamos uno, uno solito que dé en la diana con sus ideas. Sí, somos una población envejecida, pero mientras no acabemos demorirnos, necesitamos condiciones para seguir andando, no masacres.

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