¿Culpable de canibalismo?

¿Usted ha pensado alguna vez en la posibilidad, muy extraña y macabra, pero no imposible, de que en algún momento de su vida haya realizado un criminal acto de antropofagia? Sin darse cuenta, pero es antropofagia al fin y al cabo. ¿No? ¿Seguro…? ¡Pues sí!: usted, y no una, sino miles de veces, se ha comido a una cantante.

Pero bueno, no se asuste, porque el hecho no es tan crudamente real. Ciertas cosas tienen un nombre de origen insospechado, incluso para nada relacionado con el país en el cual son conocidas por todos. Resulta curioso que una panetela cubana muy consumida y gustada entre nosotros —a pesar de que desde hace décadas casi nunca tiene la calidad requerida para ser calificada como alimento—, debe su nombre a una cantante lírica italiana del siglo XIX que visitó Cuba en varias ocasiones. Ella fue una diva muy aplaudida y de bien timbrada voz, nacida en Voghera, Milán, en 1824 y fallecida en la misma ciudad, en enero de 1884, Se trata de soprano Marietta Gazzaniga, quien estudió el bel canto en su ciudad natal y debutó cuando solo tenía dieciséis años. Por aquellos tiempos hizo sus apariciones en el teatro de San Carlos, en Nápoles, cuna del género operático, en Trieste y en el escenario de La Scala, en Milán, templo internacional de esta forma musical, ya famoso desde la séptima década del siglo XVIII por sus fastuosas y excelentes funciones de ópera.

Marietta Gazzaniga fue una notable intérprete de las óperas de insignes compositores italianos como Bellini y Verdi. En una gira por Nueva York, la crítica elogió su voz y dijo

que poseía una gran pureza. En el invierno de 1857 la cantante decidió cruzar el Atlántico para actuar en países de América y tomó un barco junto a su esposo, quien falleció de viruela durante la travesía, antes de llegar a La Habana. La diva italiana no abandonó su proyecto y en la capital cubana cantó durante tres temporadas de mucho realce en el Gran Teatro Tacón, llamado entonces Catedral de la Ópera en América. La soprano cautivó a una buena parte del público, y en 1858 un panadero habanero, rendido admirador suyo, le llevó en persona una panetela que bautizó como De Gazzaniga, que luego comenzó a vender en su comercio. Con el tiempo y el uso, el nombre del panqué pasó a ser gaceñiga.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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3 respuestas a ¿Culpable de canibalismo?

  1. Zulema dijo:

    Que curioso!

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  2. Rubén Reyes dijo:

    Que bien , no sabía del origen de ese producto que como dice usted a perdido mucha calidad,ya debí a llamarse Casiñiga jajaja

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