Copal, esa planta mágica

Tengo dos anécdotas sobre la planta llamada copal que, en apariencia, no parecen estar conectadas, pero lo están. En una estoy de visita en la casa de unos amigos que practican la religión afrocubana y me quejo de que en el local donde trabajo se discute sin cesar y los compañeros se llevan muy mal, la atmósfera es hostil y permanecer ocho horas respirando ese ambiente enrarecido me deprime. “¡Copal!”, grita mi anfitriona con una sonrisa que le llega de oreja a oreja: “Vete para el parque más cercano, que segurito allí hay una mata de copal. Le coges unas ramas que tengan bastantes hojas, haces un ramo, lo llevas para tu trabajo y lo enganchas en cualquier lugar, y si te llaman la atención les dices que es un adorno, y tú verás que se acaban las peleas y todo el mundo se pone mansito”.

Nunca lo hice. Apliqué una solución mejor: me fui a trabajar a la UNEAC. Pero el consejo lo he recordado siempre y no puedo negar que en alguna ocasión, en circunstancias menos comprometedoras, lo he aplicado. Si he tenido éxito o no, lo dejo a la imaginación del lector.

La segunda anécdota tiene lugar en la plaza El Zócalo, en el centro del Distrito Federal de México, una mañana radiante de invierno a cinco mil metros sobre el nivel del mar. Mi guía está empeñado en mostrarme todo el oro que usaron los españoles en la construcción de la Catedral del mismo nombre, que es magnífica y en verdad casi totalmente áurea, pero a mí el oro nunca me ha interesado mucho, y se me van los ojos para las mesas de los artesanos indígenas, que en México hacen primores, porque los mexicanos tienen un don innato para el diseño. México es, entre muchas otras cosas maravillosas (y otras espeluznantes), el reino de los aretes. Y estos artesanos que está sentados silenciosos frente a mí tienen un surtido espectacular, pero hay unos pendientes que me cautivan al instante: son dos gotas de color ámbar y cada una tiene dentro un insecto bastante raro.

Los quiero, pero como no puedo pagarlos me pongo a preguntar. Y sí, me informa el indio vendedor, son de ámbar, pero de un ámbar tan antiguo que el insecto que quedó atrapado en la resina ya no existe, es por eso que el precio es tan elevado. Me voy muy triste, andando de espaldas para no dejar de mirar esas bellezas, y envuelta entre las humaredas de copal con que los chamanes mexicanos, no sé si verdaderos o falsos, sahúman a los turistas entre saltos vertiginosos… frente a la Catedral vacía. Qué paradoja

Chamanes mexicanos sahumando con incienso de copal a los turistas y visitantes de la plaza El Zócalo

El caso es que el ramo pacificador, los aretes de ámbar y el cocimiento anticatarral que los cubanos no conocemos mucho pero es muy usado en otras partes de América… son todos lo mismo: copal, y su nombre no significa otra cosa que resina o incienso en lengua náhuatl. Esa resina tan aromática es una etapa intermedia de endurecimiento entre la resina y el ámbar tal como lo conocemos.

En la Mesoamérica prehispánica el humo de copal era una ofrenda a ciertas deidades. La resina blanca era quemada y emanaba esas nubes olorosas que agradaban a los dioses y los predisponían en favor de las empresas de los aztecas, nunca muy pacíficas y bastante sangrientas, como se sabe, pero la mayor función que los seres humanos dieron a los dioses cuando los inventaron fue justificar las malas acciones de nuestra especie. Como los aztecas relacionaban el copal con los simbolismos de la fertilidad, el agua y la lluvia, lo vinculaban con el dios Tláloc, el mismo de aquella bellísima novela húngara El dios de la lluvia llora sobre México, que publicara en Cuba hace mil años la colección Huracán. Tlaloc, en todas sus representaciones, sostiene en su mano una bolsa de copal.

Para la quema ceremonial del copal los aztecas empleaban unos grandes vasos o copas sahumadoras a las que llamaban “manos de fuego”. Pero los mexicas no eran los únicos en sacralizar el copal. También los mayas lo emplearon con los mismos fines. En esta cultura se esculpían figuras de la resina ya en su forma de ámbar, algunas de las cuales han sido halladas en los trabajos arqueológicos realizados en el cenote sagrado de Chichén Itzá, donde también eran arrojadas doncellas vírgenes para agradar a los dioses. En el hallazgo arqueológico de la tumba de la Reina Roja de la ciudad de Palenque, se descubrió que la inquilina del sepulcro había sido cubierta con una mezcla de resina de copal y cinabrio, cuyo resultado es una pasta de un rojo atierrado que se empleaba en los cadáveres con intenciones rituales. En el libro sagrado de los mayas, el  Chilam Balam de Chumayel, el copal es llamado “sesos del cielo“.

En Cuba, donde la medicina tradicional cobró nuevo auge tras el Período Especial, el copal es empleado como cocimiento anticatarral. Parece que las zonas donde más se le encuentra son Baracoa, Banes y Mayarí, mientras es raro en la provincia de Pinar del Río y en Isla de la Juventud. No lo he visto comercializado como jarabe, pero sé que su uso doméstico también existe en esa forma. Ya lo empleaban como medicina los indios americanos mucho antes de la llegada de los españoles.  Los cronistas hispanos reportan que el copal era empleado para alivio del dolor de cabeza “y para todas las enfermedades que nacen de causa fría y húmeda”. Hay que entender que el cronista que esto escribe, Francisco Hernández, emplea los términos der la medicina de Galeno y Avicena, quienes habían desarrollado la teoría de los humores, que dominaba la medicina de la Edad Media y buena parte del Renacimiento. Hoy, muchas comunidades indígenas emplean el copal para el alivio de males digestivos, el temible dolor de muelas (considerado uno de los cinco dolores más fuertes del cuerpo), sanación de quemaduras, broncodilatador y regulador uterino posparto. En los campos cubanos se le emplea en forma de cataplasma para alivio del dolor reumático. Como broncodilatador y anticatarral se le puede combinar con las hojas del orégano y la naranja.

Incluyo, como dato curioso, que entre los pueblos indígenas de América el copal, en sahumerio o en su forma natural de ramas y hojas, también es empleado en la medicina chamánica para anular los malos efectos de la brujería. Como purificador, se quema en la estancia del enfermo o se le pasa por el cuerpo a la manera que nosotros los cubanos llamamos despojo. Hasta en la medicina de la New Age se usa la planta porque se le supone el poder de purificar las energías de un lugar.

No debo terminar este trabajo sin aclarar que no existe una sola forma de copal, sino varias (solo en México existen unas cien especies de esa familia), y que no todas se extraen empleando la misma técnica. Desconozco, por no tener a mano en este momento ningún tratado sobre plantas medicinales cubanas, cuántas variedades de copal existen en nuestra isla.

A continuación, copio (de internet, por supuesto) un resumen de consejos para usar el copal y recibir los beneficios de esta planta:

  1. Otorga calor: el copal es una madera caliente, la cual puede ambientar tu casa y hacerla más cálida durante esta época de frío. Y no sólo eso: también evita la humedad y su molesto aroma. 
  2. Evita el dolor de cabeza: su aroma, a pesar de ser penetrante, es un excelente relajante para aliviar el dolor de cabeza, además, ayuda a regular la presión arterial y a calmar los nervios.
  3. Induce al sueño: si no puedes dormir, encender y oler un poco de copal te ayudará a pasar una mejor noche sin insomnio.
  4. Aumenta la concentración: si te sientes disperso, un poco de copal en la habitación te motivará y ayudará a que te concentres. Es por eso que las personas que practican yoga u otro ejercicio de meditación lo utilizan mucho. 
  5. Como expectorante: al ser un aroma fuerte, ayuda a liberar las vías respiratorias de mucosidad y flemas. 
  6. Antiguamente se creía que podía invocar almas de otros mundos. Hasta la fecha, se sigue utilizando en rituales de herencia prehispánica.

Si usted siente que está empezando a acatarrarse, pruebe con el copal. La medicina verde nunca debe usarse en exceso. Tome unas hojitas y prepárelas como infusión o decocción, según prefiera. Si decide beber puede endulzar con miel. Pero también puede aspirar el humo como inhalación. Un consejo: ya no se recomienda cerrar ventanas y cubrirse la cabeza con una toalla, como cuando éramos pequeños. Los médicos de hoy desestiman algunos detallitos de la antigua farmacia de la Abuela.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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