CHOCOLAT: CUBANO NEGRO Y ESCLAVO CONQUISTÓ PARÍS

Rafael Padilla, el payaso Chocolat

Podría ser una magnífica adivinanza o una excelente apuesta a ganar jugárselo todo a que muy pocas personas en esta isla sabrían a quién me refiero. Pues sí, se trata de un caso tan insólito que casi parece un cuento fantástico, una hermosa mentira literaria, cualquier cosa menos algo real.

Y sin embargo, Rafael Padilla no es un mito ni una leyenda ni la invención de un escritor. Es un hombre real que nació esclavo en la Capitanía General de La Isla de Cuba, en fecha incierta que ni él mismo conocía, aunque es probable que viniera a este mundo antes del 17 de septiembre de 1868, porque en 1870 el gobierno español emancipó a todos los esclavos nacidos de aquella fecha en adelante. Su nacimiento nunca fue registrado. Quedó huérfano o fue vendido, como era común en aquellos tiempos. Vivió su infancia durante la Guerra de los Diez Años, criado en La Habana por una mujer negra y pobre. Se cree que entre los once y doce años de edad fue vendido ¿por ella? a un empresario español, de nombre Patricio Castaño, por el precio de 18 onzas de oro. Castaño era un campesino pobre que había emigrado a Cuba a mediados del siglo XIX, en busca de una fortuna que encontró en Cienfuegos, al sur de la isla.

Familia Castaño

El indiano Castaño, oriundo del País Vasco, regresó a su pueblo de Sopuerta, en el norte de España, a donde llevó a Rafael en condición de criado, pues Cuba había prohibido el comercio de esclavos desde 1862, pero ello no pasó de ser un mero tecnicismo para Castaño, quien era anti-abolicionista, como casi todos los españoles de la colonia y trató a su pequeño “sirviente” sin miramientos y de un modo bastante poco humano, además de que desde el momento de su llegada Rafael fue objeto de practicas torturantes por parte de los sopuertinos, quienes, al no haber visto jamás un ser de piel negra, creyeron que el niño estaba sucio y trataron de blanquearlo cepillándolo hasta hacerlo sangrar. Su amo lo hacía dormir en los establos y nunca le proporcionó ninguna educación formal.

A los 14 o 15 años Rafael ya no pudo seguir soportando su estado y escapó de Sopuerta y de la horrible familia Castaño. Se sabe que trabajó un tiempo en las canteras del País Vasco y luego pasó a Bilbao, donde desempeñó distintos trabajos, hasta que conoció en esa ciudad a un payaso inglés, de nombre Tony Grice, quien le contrató como asistente y criado doméstico. Aunque Grice en distintas ocasiones dio pequeños papeles a Rafael en sus ac- tuaciones, el adolescente no era feliz con su nuevo señor, a quien abandonó más de una vez, viéndose, sin embargo, siempre forzado a volver a su vera por no poder hallar mejor destino.

En una de esas escapadas, en 1886 Rafael llegó a París, y aunque no hay información sobre cómo fueron sus inicios en el mundo del espectáculo, dos años después de residir en la Ciudad Luz consiguió el papel protagónico  en la obra La boda de Chocolat. Se dice que en poco tiempo y gracias a sus habilidades como mimo, se convirtió en una de las grandes estrellas del Nouveau Cirque parisino, una de las salas más célebres y prestigiosas de la capital, propiedad del español Josep Oller (me suena a que era un empresario catalán). Así empezó a conocerlo el gran público francés como Monsieur Chocolat.

Monsieur Chocolat

Dicho así, el ascenso vertiginoso del joven cubano se parece a las carreras de muchos actores y actrices famosos de la historia del cine, la television, el teatro… Pero no hay que confundirse:  para un joven negro, nacido y hasta poco antes esclavo en la Antilla Mayor, huérfano y sin escolarización, apoderarse del estrellato en el Nouveau Cirque parisino era el equivalente de un salto mortal exitoso, pues este no era un circo más, ni un buen circo, sino una institución heredera de tradiciones culturales antiquísimas y muy complejas, un verdadero linaje que arrancaba en comediantes griegos y romanos como Menandro, Aristófanes, Plauto y Terencio, cuyas obras, representadas en todo el territorio de la Roma imperial, habían llegado a las Galias con los campamentos de las legiones romanas que más tarde se convertirían en ciudades de gran importancia y totalmente romanizadas, y pasaba, además, por el legado de mimos, trovadores y juglares medievales y de la espléndida Comedia del Arte renacentista.

Juglar medieval. Tras él un bufón
Personajes de La Comedia del Arte italiana

En estos dos fenómenos de la herencia cultural europea había nacido y se había desarrollado la figura del bufón, de donde nace la de los diferentes tipos de payasos que hoy conocemos. Aunque fundamentalmente eran escuelas que prestigiaban la improvisación, esta improvisación estaba basada en un muy sólido y bien estructurado conjunto de técnicas transmitidas durante siglos a través de generaciones de artistas. Chocolat no pertenecía a la cultura europea, sino que venía de una isla descubierta apenas tres siglos atrás, por lo que haberse apoderado en tan poco tiempo de todo este acervo de conocimientos y haberlo convertido en su pedestal del éxito dice, bien a las claras, que el cubano poseía un talento inmenso y una inteligencia natural muy ponderosa.

El enorme éxito de La boda de Chocolat hizo que en 1888 Henry Agoust, quien había comprado el Nouveau Cirque, contratara a Chocolat como la estrella de una pantomima náutica que se mantuvo en escena durante los próximos cinco años, y a la que se incorporaron otros payasos como Pierantoni, Kestern y Geronimo Medrano.

Esta fue una época singularmente buena para Chocolat tanto en su vida laboral como en la personal. Era amigo de todas las grandes figuras de la bohemia parisina, en especial del pintor francés Toulouse Lautrec, de origen noble. Ambos eran compañeros de bohemia nocturna, visitaban las boites y y los cabarets más célebres y corrían aventuras de copas. Toulouse se sintió inspirado en más de una ocasion por la personalidad y talentos de Chocolat y le hizo varios dibujos -uno de los cuales se conserva en el museo del mismo nombre en la ciudad de Albi-, y muestra a Chocolat en medio de un elegante paso de danza ofrecido a varios caballeros en un bar. A juzgar por este dibujo, Chocolat era alto y con un cuerpo musculoso y bien formado, y muy garboso. He leído en otros autores que se refieren a este dibujo como a una caricatura. Es un error de apreciación que pone de manifiesto cuán poco conocen el estilo pictórico de Lautrec.

Pensando en esta entrañable amistad, he vuelto a ver el remake del filme Molino rojo (la deslumbrante Nicole Kidman como Santine ¿recuerdan?) para precisar si entre la troupe de amigos estrafalarios que acompañan a la pareja protagónica se encuentra Chocolat, pero  el personaje del mestizo, gigantesco y musculoso argentino que canta con voz estentórea aquel tango genial (“¡¡¡Roxaaaaaaaaaaanaaaaaaaaa!!!”, ¿se acuerdan?) es lo que más se le acerca. Sin embargo, Chocolat sí aparece en  la version original de Moulin Rouge, protagonizada por José Ferrer y Zsa Zsa Gabor.

No está de más recordar aquí que Chocolat tuvo el honor de figurar en la primera película filmada por los hermanos Lumiere. Él y Foottit quedan así como íconos del nacimiento del cinematógrafo, pero los Lumiere también filmaron con ellos muchas otras películas, entre las que se cuentan Guillermo Tell y La muerte de Chocolat. Ello significa que un cubano estuvo en los primeros momentos del parto del cine. ¿Poco mérito? A los Lumiere no les pareció.

También fue aquella para Chocolat una dulce época en su vida privada, aspectada por el dios del Amor, pues conoció a una hermosa y muy blanca mujer de Bretaña, Marie Hecquet, de quien se enamoró. Marie estaba casada, pero correspondió con igual intensidad al requerimiento de Rafael y se divorció de su marido llevándose a sus dos hijos. Rafael y ella contrajeron matrimonio y el cubano de inmediato adoptó a los niños, Eugene y Suzanne, como propios. Que lo aceptaron como padre queda demostrado cuando vemos las trayectorias posteriores de estas jóvenes vidas: los dos hermanos fueron también artistas de circo.

En 1895 el Nouveau Cirque tenía otro director, Raoul Donval, quien decidió integrar a Chocolat en un nuevo dúo, esta vez con el payaso británico George Foottit. El dúo estaba basado en el esquema del payaso blanco inteligente (Foottit) y el payaso tonto (Chocolat), dos tipos de payasos clásicos en la historia del circo. Foottit hacía a menudo el personaje de un serio conferenciante, cuyo discurso interrumpía constantemente Chocolat para ofrecer su graciosísimamente torpe versión de los hechos. Este dúo se mantuvo por más de veinte años y popularizó la comedia de payasos, en especial con un sketch burlesco sobre Guillermo Tell. En esta comedia, según imperativos del género, abundaban las «bofetadas cómicas» y otros estereotipos que, inevitablemente conferían al personaje interpretado por Chocolat una tonalidad muy acorde con los prejuicios raciales de la época: el negro tonto, infantil y amistoso. Chocolat, aun así, luchó contra el estereotipo diversificando constantemente sus habilidades. Él popularizó diálogos en sus shows como la frase «¡Je suis Chocolat!», («me engañó»), que sutilmente culpaba a las picardías de Foottit y las trampas en que lo envolvía, de los desaciertos del “ingenuo” y tontito Chocolat. También cantaba y bailaba, y no olvidemos que era un mimo importante. Era un artista muy completo.

Por entonces ocurrió en Francia un suceso que ha pasado a formar parte de la historia oscura de esa nación: un alto oficial del Ejército de su Majestad, de origen judío, fue acusado de alta traición. Comenzó el trágico proceso Dreyfus. El país se dividió en dos bandos que contendían ferozmente: quienes apoyaban la culpabilidad del “miserable traidor” y quienes mantenían su inocencia, capitaneados estos últimos por el gran escritor Emile Zola. El juicio desencadenó en el pueblo francés odios antiguos, y terribles prejuicios raciales volvieron a la luz e infestaron como ponzoña a toda la sociedad gala. En 1905 la Dirección del Nouveau Cirque, presionada por el clima político, rescindió el contrato del célebre dúo blanquinegro.

Chocolat y Foottit pasaron a trabajar en el Folies Bergère, pero un año después el Folies contrató a una pareja de bailarines norteamericanos, con lo que Chocolat dejó de ser una exclusividad en el mundo del espectáculo francés. En 1909 el dúo regresó al Nouveau Cirque con el show Chocolat, aviateur d’Henry Moreau, y fueron bien recibidos por el público, pero en 19101 el teatro Odeón contrató a Foottit para hacer el personaje del bufón en la tragedia shakespeariana Romeo y Julieta, y el dúo terminó así su brillante existencia.

Chocolat trató de conseguir papeles en el teatro, pero además de que no dominaba el francés con la pedante perfección que exigen los franceses, su condición de negro hizo que, si bien fue aceptado por el público galo como payaso tonto, ese mismo público no lo asumiera como un verdadero artista del teatro. Eventualmente consiguió seguir trabajando en escenas cómicas, e incluso logró una en la que hacía una parodia de La Bella Otero,  bailarina y cantante española quien, por aquel entonces considerada una de las mujeres más bellas del mundo, capitalizaba el universo del espectáculo galo, además de ser una de las principales demi-mondaines o prostitutas de lujo de París, amantes de reyes y emperadores y con fortunas propias que igualaban las de las más rancias familias de la aristocracia europea de aquel tiempo.

En 1912 Chocolat formó dúo con su hijo adoptivo Eugène en la obra Tablette et Chocolat. También se dedicó a entretener a niños hospitalizados y, probablemente, fue uno de los primeros artistas que llevó a cabo semejante obra de humanidad.

La breve vida de Chocolat tuvo un final muy triste. Cuando contaba 19 años su hija Suzanne murió de tuberculosis, lo que, unido a la falta de trabajo, sumió a Chocolat en la depresión y el alcoholismo. Cuando trabajaba en una pequeña compañía circense murió solo y en forma repentina en un oscuro hotel de Burdeos. Es posible que la tuberculosis también segara su existencia. Fue enterrado en el cementerio de aquella ciudad en una tumba modestísima, a flor de tierra y en el área destinada a indigentes. Como las leyes funerarias francesas disponen que este tipo de enterramiento solo tenga vigencia por 15 años, los restos de Chocolat deben considerarse hoy perdidos. Muerte por tisis en paralelismo macabro con las de otros dos insignes cubanos: el gran violinista Brindis de Salas y el sublime poeta Julián del Casal. Solo los restos de Brindis se salvaron del anonimato y descansan hoy en una urna en la iglesia de Paula, convertida en su honor en sala de conciertos. Del payaso y del poeta solo nos queda su memoria para rendirles homenaje.

En 2016 la vida de Chocolat fue llevada al cine, dirigida por Roschdy Zem con Omar Sy, James Thiérrée y Clotilde Hesme, y el biógrafo francés Noirel inmortalizó su historia en un hermoso libro. Pero salvo algunos escritos, publicados en forma muy espaciada en nuestros órganos de prensa, fue a través de esta película, ofrecida por Marta Araújo a los habaneros en su espacio Arte 7, que este cubano sensacional fue conocido por aquellos conciudadanos a los que les interesa el buen cine.

Los actores rinden homenaje a Chocolat en la ceremonia de inauguración

Para el resto de la nación, Chocolat continua en el limbo donde vegeta, oscura y olvidada, una inmensa parte de nuestra historia nacional. ¿Tendrá algún día su estatua en una calle de La Habana Vieja este primer artista negro de la historia del circo, o se opondrán a ello las sesudas vestales de siempre esgrimiendo el ridículo y mezquino argumento de que se fue de Cuba a los doce años y nunca regresó…?

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s