¿A qué olía la Cuba que descubrió Colón?

Hace al menos dos años encontré Perfumistas y perfumes, un magnifico libro sobre la historia de la perfumería, escrito por el perfumista e investigador cubano Leonel Amador. Es uno de los libros más bellos y preciados que poseo. Como vivo en un reparto bendecido por los exquisitos y delicados olores que flotan en el aire a toda hora, pero en especial al amanecer y al atardecer, ahora mismo, mientras veo salir un sol tímido y temblón que se oculta tras un velo de llovizna y apenas laquea con su brillo los tejados de La Asunción, me he preguntado de repente a qué olería esta isla cuando Colón le arrebató su virginidad penetrándola con sus tres carabelas repletas de españoles sucios, crueles y ávidos de oro, la hez de los presidios de Sevilla. Y el libro de Amador, una vez más, tiene una respuesta para mí. Así se describe en su capítulo 14, titulado “La perfumería en Cuba”, el mundo de aromas que recibió a los conquistadores, regalo que poco merecían, en mi opinion:

En la detallada narración de su travesía, el almirante advirtió reiteradamente sobre la flagrante floresta que iba descubriendo: “Todos los árboles huelen -escribió- que es maravilla”. Su ávido olfato seguro recibió la impresion de las plantas autóctonas del habitat costero. Probablemente encontraron el anamú, de flores blancas dispuestas en espigas y de intenso olor a ajo; a la salvia de playa, de presencia común en las costas y lugares cercanos al mar, sus flores con cabezuelas purpurescentes son llamativas y poseen un tenue y dulce olor; el lirio sanjuanero, de flores con pétalos alargados, su olor es parecido al de la vainilla; los pinos costeros, como el pinus cubensis, muy oloroso debido a su elevado contenido de resina; al rastrero tebenque, de pequeñas florecitas amarillas que llaman la atención en la arena de las playas cubanas, tiene hojas alargadas, de un verde intensa que huelen muy parecido al anís; el incienso de costa, con sus hojas muy aromáticas que recuerdan el olor de la madera de sándalo, y por ultimo a las bellas e impresionantes Plumieiras, en sus distintas variedades, luciendo vistosos ramilletes de flores delicadamente fragantes. Formando parte de este verde y oloroso paisaje un habitual árbol crecía, la bija, cuyas bellas flores exhalan un suave perfume.

Y se extiende Amador sobre el aroma del tabaco, tan empleado por los aborígenes en sus rituales religiosos matizándolo con el olor que exhalaban las teas de maderas resinosas con gratísima fragancia a resinas, casi siempre se usaba la Amyris balsamifera o sándalo de las Indias Occidentales…

En cuanto a las frutas, imagino que los conquistadores habrán llegado a sentirse mareados con el penetrante aroma de la guayaba, la fruta más codiciada por nuestros aborígenes, al punto de que el paraíso que llegaron a imaginar era un lugar donde se descansaba en hamacas comiendo guayabas.

Pocos cubanos saben que también existe una variedad de canela en Cuba, de color blanco y muy aromática, y que la flor de la humilde bija se emplea en perfumería

La madera de cedro también tiene su perfume característico y muy agradable, pero atestiguo, sobre todo, en favor de los pinos. Mi reparto duerme al pie de la célebre Loma del Burro, en la que puede que todavía queden algunos sobrevivientes de sus magníficos pinares, y cuando las cortezas se queman, un olor a resinas arrebatador y que hace soñar inunda cada rincon de las casas, los jardines, las calles anchas…

Siempre es un placer leer a Amador, cuya escritura tiene tanto de cinematográfica y nos permite sentirnos como dentro de un filme del que somos protagonistas o, cuando menos, observadores en el terreno. Sin embargo, a mí siempre me ha torturado esta pregunta: ¿por qué las variedades de rosas cubanas no huelen? Y por qué si una señora palestina me aseguró que en su tierra, si alguien adereza una ensalada con cebollas el olor es tan fuerte que todas las vecinas de su calle pueden sentirlo, las cebollas cubanas solo exhalan un debilísimo olor aunque hagan llorar a la cocinera? Qué misterios…

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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