CHAPINES, COTURNOS Y PLATAFORMAS: ZAPATICOS CON LINAJE*

Si ahora mismo se hiciera un concurso para que los lectores pudieran opinar sobre el origen del calzado de plataforma y cuándo comenzó a usarse en Cuba, seguramente habría muchas respuestas, pero me temo que pocas acertarían, porque no es una moda, sino el retorno de una moda antiquísima que comenzó por ser una herramienta de trabajo.

Resulta que cuando se investiga este tema, se tropieza de inmediato con una cuestión: el origen del calzado de plataforma ¿está en la Grecia que vio nacer el teatro o en la España del siglo XV? Porque si fue en Grecia, entonces conoceremos la actual plataforma con el nombre de coturno. Pero si fue en España, entonces estaríamos hablando del chapín. Se trata de dos calzados tan semejantes que prácticamente nada los diferencia. Esto podría significar que es un tipo de calzado que cada cierto tiempo regresa, como dicen que hace el tiempo pasado.

El chapín, tal como se le conoce y como lo llevaron las mujeres en la Cuba colonial, según autorizan a creer muchas fuentes, entre ellas la mención a su uso en la icónica novela Cecilia Valdés, es un “calzado con suela gruesa de corcho o madera, sin talón y con el empeine de piel fina, terciopelo o tela bordados, en el que se introduce el pie calzado para protegerlo del barro o la suciedad de la calle”. Como revela a las claras esta descripción, era un calzado preferido por las damas para cuidar su apariencia y preservarla de la mugre que reinaba en las calles de entonces. El entonces a que se refiere esta cita nos remite a la España de los siglos XV y XVI, cuando las mujeres de la nobleza, y también los hombres, adoptaron el chapín como calzado ideal. El vocablo es una voz onomatopéyica, es decir, reproduce fielmente un sonido, el chap chap que hacían al caminar quienes llevaban este calzado. También hubo chapines con la parte superior de cuero, y resulta muy interesante el dato de que el emporio de artesanos fabricantes de chapines en la Península se hallaba en Jerez de la Frontera y Valencia. Como es de suponer, fue España quien trajo al Nuevo Mundo el uso del chapín. En estas tierras el vocablo fue de inmediato empleado para referirse a los españoles adinerados, a quienes los criollos llamaban gachupines, pero terminó por identificar a los habitantes de Guatemala. ¿Por qué? Pues porque en tiempos de la Colonia los comerciantes españoles de Guatemala controlaban la entrada de mercancías españolas al continente, y por sus puertos entraba la producción de chapines importada por los ricos gachupines españoles. Un trabalenguas, sí, pero un dato histórico que casi nadie maneja hoy día.

La moda de los chapines, como todas las modas, tuvo sus excesos, y cuenta el gran dramaturgo español Lope de Vega una anécdota simpatiquísima en su obra La prudente venganza: “Casose un hidalgo amigo mío, de buen gusto, y la noche primera se debía celebrar el himeneo, vio a su mujer apearse de tan altos chapines y quedar tan baja que le pareció que le habían engañado en la mitad del precio justo”. ¿Qué tan alto podía ser un chapín? Pues cronistas de Indias hablan de hasta 22 centímetros, y dicen que las indias y las españolas eran más o menos de la misma estatura, pero por ir las ibéricas calzadas con chapín las indias parecían enanas a su lado.

Pero los chapines no son un invento de los españoles. Para nada. Hay quien los sitúa en el Antiguo Egipto, donde los habrían llevado las damas de altísima alcurnia, quizá hasta la bella Nefertiti, esposa del gran faraón monoteísta Amenofis IV, pero yo prefiero ceñirme al origen comprobado en Grecia, donde este calzado se llamó coturno, y era parte del vestuario de los actores que representaban tragedias en los anfiteatros al aire libre, donde nació el arte dramático griego. Los actores usaban el coturno para aumentar su estatura en escena y ganar visibilidad. Un actor griego de entonces, montado sobre coturnos, envuelto en pesado manto y cubierto el rostro con las impresionantes máscaras de la tragedia, parecía enorme a los ojos del público y era un espectáculo majestuoso. Se cree que el inventor de los coturnos fue el gran trágico Esquilo. Curiosamente, la característica más enigmática del coturno era que no existía diferencia entre pie izquierdo y pie derecho, los dos pies eran exactamente iguales. Melpómene, la musa del teatro, era representada sobre coturnos altísimos.

El coturno también se llevó en la Roma imperial. Lo usaron las elegantes damas de la nobleza, tan en extremo preocupadas por su apariencia exterior, pero también las prostitutas de toda laya. Un dato interesantísimo: Las vendedoras de placer hacían grabar en la suela de sus coturnos la palabra “Sígueme”, una invitación para identificarse y atraer a sus clientes hacia sus casas o prostíbulos. Al caminar sobre la arena del circo o sobre cualquier calle enarenada o lodosa, la palabra quedaba impresa en el suelo con cada paso que daban, dejando tras la dama una estela que facilitaba su seguimiento a quien estuviera interesado en sus servicios. Otras damas no tan baratas ni impúdicas grababan estrellas en las suelas de sus coturnos, también para dejar su huella impresa, como un astro que recorriera los cielos.

En la Edad Media las princesas y damas de muy elevada alcurnia usaban coturnos para evitar embarrarse con el fango de las calles, en el que flotaban frutas podridas, vísceras de animales y desechos de toda clase. Numerosas pinturas de aquellos tiempos dan fe del uso de este calzado en los personajes de corte.

Pero fue en el Renacimiento italiano, concretamente en la república de Venecia, donde las célebres señoras de placer -quienes fueron el rostro más conocido de esa ciudad-, descubrieron el valor erótico del coturno como fetiche. Ellas también lo usaron, y los artesanos venecianos aprendieron a embellecer un calzado hasta entonces rústico recamándolo de perlas, piedras preciosas, esmaltes, encajes y todo lo que pudiera resultar del agrado de aquellas mujeres extremadamente bellas, elegantes y refinadas que cobraban, por una sola noche en su compañía, fortunas y hasta reinos, vivían en palacios lujosos a orillas del Adriático y dominaban la política de la República a través de sus amantes. Eran tan peligrosas estas mujeres montadas sobre sus preciosos coturnos, que Savonarola, el clérigo con miles de seguidores que amenazaba a Venecia y a Florencia con el fuego de Dios por ser las “madres del pecado”, llegó a incitar a la plebe para que saqueara sus moradas y las azotara en la vía pública.

Así, más o menos, eran los delicados coturnos de las venecianas
¿Plataforma o coturno de hoy?

Entonces, las mujeres de hoy que calzan orgullosas sus plataformas, algunos de cuyos modelos son auténticos coturnos por su altura, pueden estar seguras de jugarse una carta de éxito acreditada por milenios en el mundo de la moda. Claro que no todos los tobillos pueden permitirse “jugar en esa novena”, como diríamos utilizando un término del argot pelotero, pues hay una característica fisonómica muy común a hombres, mujeres y niños, pero mayoritaria en el género femenino, llamada hiperlaxitud articular, que consiste en una debilidad natural de las articulaciones provocada por la falta de colágeno, y que nos permite hacer esos juegos tan aplaudidos en la escuela como doblarnos los dedos hacia atrás hasta tocarnos con ellos las muñecas o virarnos al revés los párpados y, en algunas muchachas, da esos brazos largos que se arquean contra natura en bellos movimientos como volutas y las hacen parecer cisnes. Quienes padezcan esta condición deberían evitar las plataformas demasiado elevadas, pues… aunque sean zapaticos con linaje los tobillos no siempre las resistirán.

Cuando los lectores de este artículo visiten el Museo de Arte Cubano, sugiero que se fijen con detenimiento en los cuadros de nuestra época colonial, y verán muchos pies de damas, tanto españolas como criollas, calzados con chapines. Sí, el pasado siempre está volviendo. Hasta en los zapatos.

*Todas las imágenes han sido tomadas de Internet

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s