CARLOS DE LA TORRE, EJEMPLO CUBANO DE ENTREGA TOTAL AL CONOCIMIENTO

Uno de los científicos cubanos más prominentes e influyentes del siglo XIX y la primera mitad del XX fue el naturalista Carlos de la Torre y la Huerta. Nació en Matanzas, el 15 de mayo de 1858. Cursó sus primeras letras en el colegio La Empresa, de Matanzas, clausurado por las autoridades españolas, y sustituido más tarde por el colegio Los Normales, fundado por su padre, don Bernabé de la Torre. A los diez años ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, pero este plantel también fue clausurado debido al estallido de la Guerra de los Diez Años, por lo que debió que continuar sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, donde en 1874 obtuvo el título de bachiller en Artes. En ese mismo año ingresó en el curso preparatorio de Medicina de la Real y Literaria Universidad de La Habana, concluido con notas de sobresaliente.

En 1880 obtuvo la plaza de ayudante preparador de Física y Química y conservador del Museo de Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, y matriculó en la Universidad de La Habana, donde en 1881 recibió el título de Licenciado en Ciencias y el premio extraordinario con matrícula de honor para realizar el doctorado en la Universidad Central de Madrid, donde recibió el título de doctor en Ciencias Naturales, en 1883. Ese mismo año obtuvo la plaza de profesor de Historia Natural, Fisiología e Higiene, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Puerto Rico. Dos años después fue nombrado profesor de Anatomía Comparada en la Universidad de La Habana.

En 1890 la Sociedad Económica de Amigos del País le encargó la realización de una expedición a Puerto Rico, Santo Domingo y la región oriental de Cuba. Como resultado de esta en 1891 ofreció una conferencia magistral en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana sobre “Cráneos deformados y objetos arqueológicos descubiertos en las cavernas de Maisí”. En esta última zona estudió, además, la enfermedad de los cocoteros que asolaba el territorio, y descubrió sus causas.

Durante 1892 recorrió la parte central de la Isla. Sus observaciones le permitieron efectuar importantes consideraciones para determinar la edad geológica de Cuba. La Paleontología le debe hallazgos de gran valor, como el de los restos fósiles de un perezoso gigante, el Megalocnus rodens, descubiertos en los baños de Ciego Montero, provincia de Cienfuegos. Este descubrimiento del gran científico permitió demostrar la naturaleza continental de la Isla en el período Pleistoceno. Su descubrimiento de la presencia del molusco prehistórico Ammonites en los baños de la Bija, en Cruces, Cienfuegos, demostró la existencia en Cuba del período Jurásico, de más de 150 millones de años . Su amistad con el sabio cubano don Felipe Poey lo inclinó a la malacología, ciencia que constituyó desde entonces el eje de sus trabajos investigativos.

Alcanzó los grados de doctor en Farmacia (1921) y de doctor en Medicina (1922). Publicó numerosos libros de texto y se ha considerado entre los fundadores de la ciencia pedagógica cubana. Fue un eminente investigador y profesor universitario. Su extensa obra comprende trabajos de geología, paleontología, arqueología e historia. Sus investigaciones en el campo de la malacología lo llevaron a descubrir el fabuloso mundo de las Polymitas, de las que describió una gran variedad de subespecies. Este descubrimiento de una especie endémica de Cuba lo lanzó al escenario internacional y lo convirtió en un referente obligado para los especialistas. Como resultado de su trabajo reunió la más completa colección de moluscos terrestres del mundo, que se dividió a partes iguales entre las universidades de Harvard y La Habana, por petición del propio De la Torre.

Muchos naturalistas del prestigioso Instituto Smithsonian fueron invitados por Carlos de la Torre a visitar y estudiar en Cuba y en las islas cercanas del Caribe, y los naturalistas extranjeros que visitaban Cuba tenían como punto de partida en su itinerario la casa de Carlos de la Huerta. Cuando la expedición Tomás Barrera llegó a Cuba, De la Torre tomó parte del grupo de naturalistas americanos que navegaron las aguas alrededor de la isla para coleccionar especímenes. De la Torre fue un líder de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana. Aún a pesar de su avanzada edad continuó sus exploraciones y sus trabajos de investigación, y trabajó en su obra sobre Polidontes cubanos y sobre los Helix, publicó monografías acerca de los moluscos, y trabajó con empeño en la preparación de sus archivos y la organización de sus colecciones de polymitas, una de las cuales dedicó al Museo de Washington.

Carlos de la Torre no fue solo un estudioso de torre de marfil. Colaboró con Fermín Valdéz Domínguez en la organización de la Guerra del 95, y en medio de ella cumplió una delicada misión: aprovechó la cobertura de uno de sus viajes de estudio a los Estados Unidos para entregar a Tomás Estrada Palma en el exilio un mensaje secreto de la ilustre patricia villaclareña Marta Abreu. Regresó a Cuba durante la Primera ocupación militar de Estados Unidos y resultó electo concejal, teniente alcalde y alcalde de La Habana, en cuya función tuvo a su cargo los actos por la proclamación de la República, el 20 de mayo de 1902. Participó junto al general Máximo Gómez en la fundación del Partido Nacional Cubano y se desempeñó como representante a la Cámara y presidente de ese cuerpo, en 1904. Con posterioridad, su enfrentamiento con el dictador Gerardo Machado lo condujo a exiliarse en los Estados Unidos. Tras la caída de la tiranía regresó a Cuba y en 1934 ocupó el cargo de Presidente del Consejo de Estado, al que renunció poco después para reincorporarse su cátedra universitaria.

Fue un experto en arqueología indocubana y profesor de Geología, Paleontología y Antropología en la Universidad de La Habana (1900), decano de la Facultad de Letras y Ciencias (1920) y rector del alto centro docente (1921). Fue miembro técnico del Instituto Finlay y director del Departamento de Biología (1935). En 1936 fue curador de moluscos del Museo Nacional de Estados Unidos. Durante su larga carrera donó un gran número de especímenes al Museo Nacional de los Estados Unidos. Sustituyó a don Felipe Poey como Rector de la Universidad de La Habana. Fue el formador de una escuela cubana de naturalistas, y sus discípulos marcaron impronta en el quehacer científico nacional. Se destacó por la utilización de medios de enseñanza como imágenes proyectadas, láminas, dibujos y ejemplares naturales. La importancia de su labor pedagógica fue y sigue siendo reconocida a nivel internacional. Fue un convencido defensor del darwinismo hasta el final de su vida

Carlos de la Torre fue miembro de prestigiosas instituciones científicas nacionales como la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey y la Sociedad Geográfica de Cuba.  También participó en las labores de importantes sociedades científicas extranjeras, como la Sociedad Zoológica de Francia, la Academia de Ciencias de Filadelfia, la Sociedad Española de Historia Natural, el Museo de Historia Americana de Nueva York, la Sociedad Malacológica de Londres, la Academia Leopoldina de Naturalistas de Halle, Alemania, la Academia Chilena de Ciencias Naturales, la Sociedad de Historia Natural de México y la Unión Malacológica Americana. Sus trabajos, de gran prestigio internacional, le valieron numerosas distinciones y condecoraciones en todo el mundo. Se le considera el padre de la malacología cubana.

Realizó su último viaje de estudios con 91 años de edad y ya enfermo de muerte. Falleció en La Habana en 1950.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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