Aubrey Breadsley, victoriano renegado

En mi infancia fui una gran lectora de cuentos de hadas. Mi madre me regaló una colección de casi cuarenta tomos con cubierta de pasta, cada uno dedicado a un país, y con unas ilustraciones a color en blanco y negro que despertaron en mí el deseo vehemente de dibujar. Eran de tal preciosismo aquellas imágenes, tan evocadoras de un pasado glorioso y lleno de belleza y esplendor, que cuando pasaron muchos años y vi por primera vez las ilustraciones y dibujos de la artista plástica cubana Duchi Man Valderá, de ascendencia china, los recuerdos me invadieron en tropel: “Yo he visto esto antes”. Y Duchi me mostró algunos dibujos del ilustrador y cartelista inglés Auber Bearsdley. La impresión me dejó en silencio por unos instantes. Claro que las ilustraciones de mis libros infantiles no eran suyas, sino de alguien influido por su estilo, pero ¡cuánta belleza dejaron en mí para siempre!

Aubrey Beardsley es la representación humana de una paradoja repleta de burla. Nacido en Brighton, Inglaterra, en 1872, se convirtió en una de las cabezas más visibles de la notable cosecha de artistas erotómanos y pornógrafos que ha dado la sociedad más pudibunda de los tiempos modernos: el victorianismo, que lleva ese nombre porque abarca el largo período del gobierno de la reina Victoria y Alfredo, su rey consorte de origen alemán, quienes impusieron a los ingleses un modo de vida austero basado en la represión de los instintos más básicos del ser humano. Entiéndase que estamos hablando del sexo.

Pero como suele suceder con todas las imposiciones que pretenden violentar la naturaleza humana, la sociedad victoriana vio florecer en su seno el más grande número de prostitutas que Inglaterra hubiera conocido hasta el momento, la más terrible promiscuidad en los barrios bajos, la pederastía y, en el arte, al grupo más irreverente de escritores, poetas, pintores, dramaturgos y músicos que imaginarse pueda, a cuya cabeza se encontraban Oscar Wilde y Aubrey Beardsley, críticos despiadados, sarcásticos y grotescos de la falsa moralidad de su época. Es bien conocido el juicio por homosexualidad que tuvo que sufrir el elegante Wilde, dandy carismático y príncipe de salones y tertulias londinenses, y que lo envió por dos años a realizar trabajos forzados en la cárcel, de donde salió quebrado en cuerpo y alma y con su chispeante ingenio definitivamente apagado, pero la vida de Beardsley, al menos en Cuba, se conoce solo por un círculo de culto formado por sus admiradores.

Beardsley fue un genio precoz. Educado por su madre, maestra de música, a los seis años ya tocaba el piano como un intérprete adulto y bien dotado. A los doce, debido a dificultades financieras de su familia, él y su hermana Mabel fueron a vivir con una abuela a una mansión ubicada en las cercanías de una iglesia. En el templo se ofrecían veladas musicales, y el pequeño Aubrey llegó a dar conciertos junto con su hermana. Fue probablemente allí donde vio por primera vez las vidrieras pintadas por los prerrafaelitas, muchas de ellas con temas medievales, que atraían con gran fuerza a este grupo de artistas de la plástica rompedores del academicismo de la Royal Socieity que dominaba la pintura inglesa de aquel tiempo. También se dice que Alfred Gurnet, conocido de la familia y coleccionista, fue quien le descubrió el arte del Renacimiento y los dibujos prerrafaelitas. Ambas posibilidades no se excluyen.

El joven Aubrey comenzó a trabajar en una firma de arquitectos, pero a los dieciocho años conoció al pintor Edward Burne-Jones, el más espiritual y místico de los prerrafaelitas. Se dice que Aubrey abordó por sorpresa al pintor, cuya figura magra y ascética, semejante a los personajes de El Greco, era muy acorde con su temperamento solitario y ensimismado, y le mostró una carpeta con sus dibujos. Burne-Jones tuvo una reacción alejada de su habitual timidez y retraimiento, y habló con espontaneidad al adolescente: “Rara vez, más bien nunca aconsejo a nadie que se dedique al arte como profesión, pero en tu caso es lo único que puedo hacer». Aubrey, gran admirador de la obra de Burne-Jones, abandonó la arquitectura e ingresó de inmediato en la Academia Westminster de Arte.

Acosado por la tuberculosis desde la edad de siete años, Beardsley tuvo siempre una salud muy endeble y un físico en correspondencia. Como su amigo Oscar Wilde, era de muy elevada estatura, con una delgadez extrema delgado. Wilde dijo de él que tenía una cara como un hacha de plata y pelo de color verde hierba. Sus manos, de dedos largos y ahusados, se movían con elegancia y eran veloces como alas. Muy en el estilo de los artistas victorianos en rebeldía, era un dandy que vestía de manera impecable. Aunque le atraían mucho las mujeres, sus biógrafos hoy creen que se trataba, más bien, de una inclinación estética y espiritual más que carnal. Lo mismo dicen los historiadores y biógrafos cubanos de nuestro poeta modernista Julián del Casal, un alma también extrema e hipersensible. Beardsley fue una personalidad a contracorriente que no tuvo paz con la época que le tocó vivir, con su hipocresía y su falsedad social. Declaraba: “Lo peor es la dolorosa ortodoxia de aquellos individuos que reclaman a Shakespearecomo su poeta favorito, a Beethoven como su compositor favorito y a Rafael como su pintor favorito […] Yo, si no soy grotesco, no soy nada”.

Inglaterra, sin dejar de reconocer a Beardsley como a uno de sus más importantes artistas de la plástica, nunca le ha tributado homenajes abiertos, tal vez por el rechazo que genera en la flema inglesa y su sentido de la corrección social la tendencia del artista hacia la sexualidad grosera, la impudicia, la pornografía que reina en buena parte de su obra, en la que abundan escenas eróticas, de lesbianismo y homosexualidad y situaciones descarnadas relacionadas con el sexo, pero que siempre denuncian alguna farsa social. No obstante, si Beardsley fue uno de esos artistas que se crearon una imagen pública escandalosa y vivieron de acuerdo con su propia creación, exagerando siempre y haciendo lo que fuera necesario para atraer la atención y desafiar al mundo, fue muy sincero en su arte. En una ocasión confesó las motivaciones internas que lo impulsaban a dibujar de aquella manera en apariencia tan impúdica y descarnada: “Yo pinto a los demás tal y como los veo. Cuando voy al teatro, por ejemplo, las cosas se moldean ante mis ojos y las retrato así: la gente en el escenario, las luces, las caras extrañas y el atuendo de la audiencia. Todos me parecen raros. Las cosas siempre me han impresionado así”. Sin duda se trataba, en su caso, de una predisposición natural, más bien biológica, tal vez relacionada con alguna alteración neurológica muy solapada.

Sin embargo, lo que lanzó a Beardsley a la fama fue su primer trabajo: la encomienda que recibió en 1893 de ilustrar una edición de lujo de la obra de sir Thomas Mallory La muerte de Arturo, basada en un episodio de la saga del rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, epítomes del folklore mítico de la nación inglesa. Beardsley realizó en dos años unas 360 ilustraciones, con influencia visible de Burne-Jones y del estilo Art And Carft, el emporio de artes aplicadas creado por el prerrafaelita William Morris, de quien ya he hablado en este blog. He visto imágenes de algunas partes de esta edición, y en verdad es un trabajo que no puede ser ponderado más que diciendo que parece la obra de un espíritu medieval. Extraordinariamente bello libro, por el cual le pagaron doscientas cincuenta libras, suma que le permitió desde entonces vivir únicamente de su arte.

Ese mismo año Beardsley trabajó en las ilustraciones de la obra Salomé, de su amigo Oscar Wilde En abril de ese año, Joseph Pennell, famoso grabador estadounidense, introdujo al nuevo ilustrador en el primer número de la revista The Studio. Beardsley también   comenzó a colaborar en Yellow Book, una revista de arte y ensayo, con ilustraciones a menudo eróticas cuyo tema principal era la vida mundana. Wilde fué detenido en abril de 1895 acusado de sodomía por su relación con lord Alfred Douglas, y condenado a dos años de trabajos forzados. En el momento de su detención se le ocupó un ejemplar de la revista. Aunque Beardsley no tenía nada que ver en la precaria situación de Wilde, como era el director artístico de la puesta en escena de Salomé, fue despedido de su puesto en Yellow Book. A partir de ese momento comenzó a desarrollar un estilo muy elaborado, con una mejor percepción del espacio y menos bicromía, en el que destacaba la utilización del puntillismo. Con estas nuevas ilustraciones, Beardlsey se distanció del Art Nouveau.

En 1896 Beardsley ilustró de modo magistral Lysistrata, una comedia erótica del dramaturgo griego Aristofánes (447–385). A partir de esa fecha comenzó a dibujar carteles, aunque su entrega artística mayor fue siempre para la ilustración. Sus carteles poseen un estilo muy personal y reconocible, basado en los efectos de luz, la desnudez de las figuras, anacronismos notorios y risibles, y personajes raros y graciosos.

En 1891 Aubrey visitó junto a su hermana Mabel la famosa galería de arte Peacock Room, en la mansión londinense del millonario Frederick Leyland, un templo personal erigido a la obsesión por Japón que se había apoderado de los europeos en la época, y de la que también fue víctima y cultor nuestro Casal. La mansión, abierta al público, exhibía muchos dibujos japoneses que fascinaron a Beardsley. «Me encontré con un método de dibujo y composición completamente nuevo, algo sugerente y cercano a Japón … Los sujetos son bastante locos y un poco indecentes», le escribió a un amigo.

Las características más importantes del estilo de Breadsley como ilustrador son sus dibujos en tinta, que abarcan una amplia zona temática que va desde el erotismo y la historia hasta los clásicos de la literatura universal. Estas imágenes tienen amplias zonas negras en contraste con otras blancas igualmente extensas, y zonas de detalle fino con otras totalmente planas y vacías; sus figuras se tuercen en incurvaciones de gran sensualidad que, si bien son propias del arte japonés, también encontramos en los cuadros de Burne-jones, influido por el arte pictórico de los renacentistas italianos Sandro Boticcelli y Andrea Mantegna, en cuya admiración inició a Breadsley. Se trata de esa torsión manierista tan propia de ciertos artistas religiosos posteriores al Renacimiento, que adquiere en el arte japonés otras connotaciones. Pero si bien a Beardsley lo ganó el estilo nipón, no pudo traicionar su propio espíritu provocador y perverso y siguió haciendo de las suyas. Un ejemplo de ello es su ilustración conocida como El examen de The Herald, en la que puede verse a un juez que analiza muy de cerca los descomunales genitales erectos de un joven ateniense. En verdad, no podía renunciar a la obscenidad como arma de combate. Era un rebelde irredento con un fondo temible de amargura y pesimismo. Su atracción por lo macabro está presente en las ilustraciones que realizó para las obras de Edgar Allan Poe.

Un crítico de arte describió así su trabajo:

Beardsley está influido por el simbolismo y el esteticismo, la contrapartida británica al decadentismo y el simbolismo. Su estilo de gran sensibilidad imaginativa y hedonismo así como su temática, en ocasiones macabra, le sitúan dentro del movimiento artístico europeo del fin-de-siècle. Sus obras tienen cierta atmósfera «fatalista».

“Culto, divertido, famoso, ingenioso, snob”, su personalidad desafiante, pero en extremo carismática, le permitió frecuentar y contar en su círculo íntimo a grandes personalidades del Londres cultural de la época y de otros países, a quienes tuvo por amigos, como el retratista William Rothenstein, el ensayista y caricaturista Max Beerbohm, el crítico de arte y dealer Robert Ross y el amigo y ex amante de este último, Oscar Wilde. En sus últimos tiempos se hizo también íntimo del poeta W.B. Yeats, el pintor Charles Conder y el escritor franco ruso Marc-André Raffalovich.

Durante el renacimiento del Art Nouveau, estilo artístico del cual Breadsley fue una de sus figuras más representativas -junto con el cartelista Mucha-, su trabajo fue revalorizado y sirvió de inspiración para importantes artistas como Kandinsky y Picasso. Sus obras han servido como referencia para proyectos como los dibujos animados de Heinz Edelmann que formaban parte de la película Yellow Submarine de The Beatles. Fue un adelantado a su época en cuestión de juicios estéticos, y uno de los primeros artistas en comprender el valor de la publicidad. Reconoció la importancia del cartel y fue el primero en decir de los posters: “El arte ha llegado a las ciudades”. También se le considera un pionero de la estética queer.

Siempre tuvo el presentimiento de que su existencia no sería larga. “Viviré tan poco como  (el poeta) Keats”, solía asegurar. Durante los dos últimos años de su vida, que pasó en Menton, su salud estaba tan debilitada que se encontraba prácticamente inválido, pero nunca dejó de trabajar. Su estilo se volvió aún más recargado y amanerado, casi rococó. Se convirtió al catolicismo y renegó de su obra anterior, rogando que fuera destruida. Tal como había profetizado, murió a los veinticinco años, la misma edad de Keats, en La Riviera francesa. Como lord Byron, fue el augur de su propia muerte.

Recomiendo a quienes se sientan motivados por este artículo, que busquen la edición cubana de la novela Genji Monogatari, de la escritora japonesa Murasaki Chikibu (siglo XII), ilustrada por la artista cubana Duchi Man Valderá, para que puedan reconocer en esas ilustraciones -y en otras que prestigian ediciones de la casa editorial Gente Nueva-, para que puedan reconocer en el amor por el detalle y la delectación en la decoración la influencia de Beardsley. Es algo hermoso de ver cómo la huella de los grandes creadores atraviesa el tiempo y el espacio y germina en jóvenes artistas de latitudes y culturas lejanas.

'Isolde' de Beardsley
Lysistrata Haranguing.

Salomé.

  •      

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s