A la muerte de Pablo Armando Fernández

Foto tomada de CiberCuba

Se ha muerto Pablo Armando Fernández, uno de los más renombrados, publicados, premiados y reconocidos intelectuales cubanos de todos los tiempos. Encuentro en las redes muchos testimonios de dolor por su partida. Yo solía verlo en actividades de la UNEAC, pero nunca cruzamos palabra. Él nunca supo que yo fui la correctora de su novela Los niños se despiden, en la edición que se hizo en la imprenta Urselia Díaz Báez, que aunque dejó de existir hace décadas, estuvo junto al cuartel de Bomberos de la calle Zulueta.

En aquel entonces todavía nuestras imprentas estaban compuestas por linotipos, cajas, chivaletes repletos de tipos y viñetas maravillosas, y hacer un libro no era el proceso frío e impersonal en que se ha convertido gracias a la digitalización de los poligráficos. Los grabados más increíbles que he visto salían de aquellas máquinas de imprimir manejadas por operarios semidesnudos, pues el calor que sofocaba en aquellos lugares era tremendo debido a las altas temperaturas con que se derretía el plomo, que después volvería a formar los tipos o letras. Cuando llegué a mi primer día de trabajo en el Urselia creí que había entrado a una pequeña sucursal del infierno, tanto era el olor a plomo  y la amedrentadora patina negra que cubría caras y torsos de los hombres que allí trabajaban en la magia de hacer libros, sellos, modelos, revistas… Era un mundo tremendo aquel de las imprentas tradicionales.

En aquel ambiente, un día me entregaron en la oficinita donde trabajábamos los correctores algunas pruebas de galera de Los niños se despiden. Como éramos varios especialistas, las galeradas se repartían entre todos y era raro que uno solo de nosotros pudiera tener a su cuidado una obra entera o una revista. Solo dos veces yo pedí como un favor especial que me permitieran ocuparme de un material completo: Los papeles de Valencia el mudo, de Oscar Hurtado, y esa novela de Pablo Armando. No comencé por el principio, porque las galeras que me tocaron aquel día no correspondían al comienzo del texto. Sin embargo, aquella prosa me pareció tan extraña, tan hipnótica como si me estuviera moviendo en espacios de un mundo otro. La atmósfera del libro me cautivó y quise leerlo todo. Yo era entonces muy joven y estaba lejos de haber madurado como intelectual, y la novela me dejó la sensación de haberme asomado a una ventana y atisbado un fragmento de vida que no pude comprender en su plenitud. Por si fuera poco, yo acababa de graduarme de una Escuela de Literatura donde éramos muy idealistas y románticos y manteníamos como principio inquebrantable un desprecio soberano por los premios, así que el hecho de que Los niños… fuera un premio Casa de las Américas no le daba ante mis ojos ningún valor añadido.

Salvo algunos poemas sueltos de Pablo Armando que leí en revistas, no volví nunca a su obra, algo que ahora no puedo explicarme, y ante la noticia de su muerte, al buscar en mi memoria algún recuerdo suyo solo encontré un fragmento de Dulce María Loynaz, en el que cuenta cómo un joven Pablo Armando de belleza casi divina fue amigo de su hermano, el poeta Enrique Loynaz, y los dos salían algunas noches en el auto del segundo, se estacionaban junto al mar y a veces, en lugar de participar en el diálogo, Enrique se sumía en la contemplación silenciosa de Pablo.

Muchas leyendas negras tienen algunos de los nombres más sonados de la literatura cubana: unos han sido suicidas, otros han sido malvados, otros malos amigos, otros arrogantes, otros supremamente envidiosos y oportunistas, otros han amado con fervor el cotilleo malévolo, y casi todos han sido protagonistas de momentos difíciles que, en algunos casos, detuvieron sus carreras por largos años. Pero nunca he escuchado nada desagradable sobre Pablo Armando Fernández; nunca, en un ambiente tan propenso a las acusaciones de pasillo como es el literario en todas partes del mundo, oí acusación alguna contra él, murmuraciones maliciosas, sospechas, dedos señaladores… Nada.

Ahora me entero de que fue un gran amante de la naturaleza, que en su obra el paisaje cubano es tremendamente importante, que fue gran conocedor de nuestra flora nacional, que escribió mucha poesía elegíaca… Es en verdad un hecho que invita a reflexionar cómo escritores que conviven en una misma capital y confluyen a menudo en eventos literarios y culturales, nunca llegan a encontrarse en el sentido más raigal de esta palabra. Pablo Armando siempre fue para mí como una de esas nubes gigantes, radiantes y blancas que flotan apacibles en el cielo azul: un fenómeno lejano y ajeno, pero esta mañana, al saber que ha muerto, me ha invadido una pena que me sorprende.

Reproduzco aquí fragmentos de uno de sus poemas más conocidos:

Suite para Maruja

I

La primavera, dices, y escojo madreselvas,
geranios y begonias.
A casa vuelves con los pies mojados,
la falda llena de guisazos ásperos.
Begonias sin olor en los cabellos
y entre las manos, romerillo y malvas.

Dices, el aire, y cierro las ventanas,
busco el sillón más próximo a la esquina
donde libros y lámpara me esperan.
Y el aire es la mañana del sol, blanca,
la loca expedición de las hormigas,
pájaros y caguayos de astuta, fina lengua.
Tu canto por el patio saliendo del brocal,
los baldes y las piedras.

El sol, dices tranquila, y presuroso escalo
los templos más antiguos. Arenales recorro.
Duermo a la sombra ámbar de un dátil.
Y el sol es la ventana limpia donde te acodas,
sueltos, la blusa y el cabello,
y es el camino al mar los viernes de la Pascua;
recoger gajos santos que ahuyentan los ciclones;
café que huele a cuaba ardiendo y sabe a madrugar
de plátanos, anones y ciruelas.
Son mis brazos, ciñendo tu cintura
sin que lo sepa yo.

Y cuando dices, es la noche, sueño
con países que anduve,
a los que vuelven mis pisadas
lentas y oscuras, para recobrarte.
Pero la noche no es lo que me pone
el corazón a repartirse en tiempos
que fueron míos. Pues la noche es tu voz
conversadora, tu voz que quiere ser
una palabra sola.

VII

En voz baja decir, amor, tu nombre,
junto a ti, a tus oídos, a tu boca.
Y ser ese animal
feliz que junta sus mitades.
En voz baja o sin ella, muda
la boca revertida a su unidad:
silencio inaugural que a verbo y carne
otorga nueva vida.
Los ojos ciegos, de regreso al todo:
luz revelando mundos
como fueron o son, como serán.
vueltos a ser alegría del otro,
uno consigo mismo en compañía.
Una vida otra: la tuya; tan amada.
Volver a ser origen sin tristeza
o, dolor, sin miedo sin nostalgia o con ellos:
tú y yo, nuestros recuerdos y cenizas.

Creo que no puedo dejar de añadir a estas breves líneas una semblanza de su vasta obra, porque era uno de los sobrevivientes de la generación anterior a 1959, que tantos grandes nombres ha dado a la cultura cubana, porque es un Premio Nacional de Literatura y una de las personalidades más destacadas de nuestro panorama intelectual. He tomado fragmentos de Granma y Cubadebate para ofrecerlos aquí a los lectores como compensación por lo poco que yo misma puedo decir en un momento como este.

El autor de tan importantes obras como Los niños se despiden, Premio Casa de las Américas 1968; Golpe de dados, o la primogénita Salterio y lamentaciones, entre muchas de gran vuelo literario y acogida del lector, nació en el Central Delicias, en la antigua provincia de Oriente, el 2 de marzo de 1930. Cursó la primera enseñanza en su pueblo natal y luego se trasladó a Estados Unidos. Estudió en la Washington Irving High School de Nueva York hasta 1947. También matriculó algunos cursos en la Columbia University de Nueva York.

En Estados Unidos residió entre 1943 y 1959. Con el triunfo de la Revolución regresó a Cuba y desarrolló una intensa vida cultural que lo llevó, entre otras entregas, a ser director de la revista Unión y del Fondo Editorial Casa de las Américas.

Representó a Cuba en numerosos eventos internacionales, entre ellos: bienales de poesía en Bélgica (1963-1965); Encuentro de Poetas de Spoletto (Italia, 1965); Congreso de poetas de Edimburgo (1964 – 1965) …

Ejerció como jurado de importantes premios literarios como el Casa de las Américas de Poesía (1966) y Literatura Caribeña en Lengua Inglesa (1982). En 1992 integró el jurado del prestigioso Premio Cervantes.

Su entrega literaria, que incluye numerosos libros de poesía (20 en total), tres novelas, un volumen de relatos y uno de ensayos, ha sido traducida a diferentes idiomas. En 1996 el Ministerio de Cultura de Cuba le otorgó, por la importancia de su obra, el Premio Nacional de Literatura. (Granma)

Con el triunfo de la Revolución, regresó a Cuba. Fue subdirector de Lunes de Revolución (1959-1961), secretario de redacción de la revista Casa de las Américas (1961-1962), consejero cultural de la embajada de Cuba en Gran Bretaña (1962-1965), jefe de publicaciones de la Comisión Nacional de Cuba en la Uneco (1966-1971), miembro del Consejo Editorial de la Academia de Ciencias de Cuba (1971-1987), secretario del centro cubano del PEN Club Internacional, director de la Revista Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1987-1994) y director del Fondo Editorial de Casa de las Américas (2001-2005).

Impartió conferencias en reconocidas universidades de Europa, Norteamérica y Latinoamérica y el Caribe. Participó en eventos como el Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba en La Habana (1961), Primer Congreso Internacional de Escritores en Lahti, Finlandia (1963), Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española en Medellín, Colombia (2007), Bienal de poesía en Bélgica (1963), Encuentro latinoamericano de escritores Buenos Aires, Argentina (1990), Miembro del Jurado del premio Cervantes, Madrid, España (1992), II Encuentro de poetas latinoamericanos en Bogotá, Colombia (1993), Encuentro de escritores en Estocolmo, Suecia (1994), Festival Internacional de Poetas, Jerusalén, Israel (2004) y Conmemoración del Centenario de Pablo Neruda, Quito, Ambato, Cuenca, Guayaquil, Ecuador (2004).

Fue jurado del Premio Casa de las Américas en el género de poesía (1966) y (1990), en la categoría de literatura anglófona del Caribe (1982), de literatura escrita por escritores latinoamericanos (1997). También, jurado del Festival de Cine Latinoamericano (1987) y del Premio Miguel de Cervantes, Madrid, (1992).

Distinciones

Nacionales:

Distinción por la Cultura Nacional, Medalla Raúl Gómez García, Medalla Alejo Carpentier, Orden Félix Varela, Medalla Nicolás Guillén, Medalla Ernest Hemingway, Diploma de Miembro de Honor de la Fundación Nicolás Guillén, Placa hijo distinguido de la ciudad de Matanzas, Distinción de la ciudad de Santa Clara, Distinción Hijo Ilustre de la ciudad de Puerto Padre , Distinción Hijo Ilustre de la ciudad de Las Tunas, Diploma de fundador de la Uneac, Réplica del Escudo de Camagüey, Diploma de Honor de la Asociación Canaria de Cuba, Diploma del Teatro Nacional de Cuba por la obra de toda la vida, Certificado de la Fundación Antonio Núñez Jiménez, Certificado de la Fundación Fernando Ortiz, Diploma de Miembro fundador de la Casa de Las Américas, Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, Medalla José María Heredia, Hacha de la ciudad de Holguín, Réplica del Machete del Mayor General Serafín Sánchez , Sancti Spíritus, Medalla de la Jornada Cucalambeana y Paco Cabrera, ciudad de Las Tunas.

Internacionales:

Distinción de la Diputación de Albacete, España, Medalla V Centenario de la incorporación de Málaga a la corona de Castilla, España, Diploma Universidad Complutense Almería, España, Diploma Universidad de Castilla La Mancha en Ciudad Real, España, Placa de reconocimiento Universidad de Extremadura, Badajoz, España, Diploma de participación del Centro de Estudios Cubanos de Nueva York, USA, Reconocimiento de la ciudad de Venecia, Italia, Medalla de la Comune di S. Giuliano Terme , Pisa, Italia, Reproducción de la llave de la ciudad natal de Cristóbal Colón, Génova, Italia, Placa de reconocimiento de la Universidad de Granada, Medalla Caballero de las Hespérides, Reconocimiento de la Secretaría de Cultura de República Dominicana, Reconocimiento del Estado de Michoacán, México, Diploma de Huésped de Honor del municipio de Antioquia, Medellín, Colombia, Premio de Yanus Emre y Certificación de Miembro de Honor del PEN Club de Estambul, Turquía, Diploma de Reconocimiento Universidad de Florencia, Italia, Diploma de Reconocimiento del Gobierno del Estado de Guanajuato y la Fundación Cervantina, México, Orden al Mérito de la República de Italia con el grado de “Caballero, Certificado por su aporte a la poesía y la novela latinoamericana en San Felipe, Puerto Plata, República Dominicana.

En 1996 obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia de la Lengua.

Publicaciones:

Poesía:

Salterio y Lamentación (La Habana, 1953); Nuevos Poemas (Nueva York, 1956); Toda la poesía (La Habana, 1961); Toda la poesía (segunda edición, La Habana, 1962); Himnos ( La Habana, 1962); Libro de los Héroes (La Habana, 1964); Un sitio permanente (Madrid,1970); Suite para Maruja (La Habana, 1978); Aprendiendo a morir (Barcelona, 1983); Campo de Amor y de Batalla (La Habana, 1984); El sueño, la razón (La Habana, 1988); Ronda de encantamiento (Roma, Venecia, 1990); Nocturno en San Cugat (Nueva Delhi, India, 1995); Learning to die (La Habana, 1995); Libro de la vida (Sevilla, 1997); Acque errante (Cerdeña, Italia, 1998); De piedras y palabras (La Habana, 1999); El pequeño cuaderno de Manila Hartman (Santiago de Cuba, 2000); Hoy la hoguera (Las Tunas, 2001); Reinos de la aurora (Valladolid, 2001); Parábolas / Parables (Ontario, Canadá, 2001); Escalas de ascenso (La Habana, 2002); Lo sé de cierto porque lo tengo visto (Puerto Rico, 2002); Ser polvo enamorado (República Dominicana, 2002); En tiempos de siega (República Dominicana, 2002); Con címbalos de júbilo (Medellín, Colombia, 2003); De planeta ardiente (Matanzas, 2003); Libro de los héroes y Las Armas son de hierro (Madrid, 2003); Salterio y Lamentación ( edición conmemorativa del cincuentenario de su publicación, República Dominicana, 2003); Esta llama de amor viva (Las Tunas, 2005); Tras la tierra sin mal (La Habana, 2006); Esencias en espiral (Madrid, 2006);

Novelas:

Los niños se despiden (La Habana, (1968); El vientre del pez (La Habana, 1989), Otro golpe de dados (La Habana, 1993)

Cuentos:

El talismán y otras evocaciones (La Habana, 1994)

Ensayos:

De memorias y anhelos (La Habana, 1998)

En 1958 estrenó en Nueva York, en la Sala del Movimiento 26 de Julio, su poema dramático Las armas son de hierro.
En los concursos Casa de las Américas ganó mención de poesía por el Libro de los héroes (1963) y premio de novela por Los niños se despiden (1968).
En 1969 obtuvo el accésit al premio Adonais con su libro Un sitio permanente. Premio de la Crítica con Campo de amor y de batalla (1985) y El talismán y otras evocaciones (1995). (Cubadebate)

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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