CUIDADO CON LA PUREZA, TAMBIÉN PUEDE SER OSCURA. QUIEN TENGA OJOS, QUE VEA, QUIEN TENGA OÍDOS, QUE OIGA

Se habla mucho de pureza de intención en estos tiempos, y en La Habana el tema se discute en ciertos círculos. Vale la pena reflexionar sobre la pureza y sus símbolos más emblemáticos: entre las flores la rosa blanca, y entre los humanos, los niños. Sin embargo, nuestro mundo es dual, es binario, y la especie humana también lo es, en nuestra estructura básica tenemos dos caras, y aquellos de nosotros que resultan productos más elaborados de la evolución tenemos varias.

Una cara de la rosa blanca sería la luminosa que inspiró a José Martí y como símbolo de altísima espiritualidad lo guió siempre en su vida. La rosa blanca es también el símbolo floral de la Virgen María, precisamente porque representa la pureza de intención y, sobre todo, el amor santo, desinteresado, abnegado y hecho al sacrificio. Pero como las rosas son parte del mundo, las blancas también florecen en la más ominosa oscuridad.

Los niños también son puros, limpios, y su amor es suave y sincero, nunca lo dan tras una máscara, como hacemos de forma compulsiva los adultos, que no somos otra cosa que esos mismos niños que han crecido. La pureza de intención y sus símbolos emblemáticos son, pues, de lo más ambiguos y, como todos los símbolos que se ha inventado la Humanidad, se convierten en instrumento de quien los manipula de acuerdo con la naturaleza de su intención, sea cual sea.

He estado pensando en esto desde que descubrí un grupo de pintores e ilustradores, estos últimos de libros para niños como Alicia en el País de las Maravillas, título también emblemático y uno de los libros más ambiguos que he leído, con muchos niveles de lectura, de los cuales solo el primero y más elemental está dirigido a los niños. Un libro con muchísimas máscaras. Lo que ofrezco a continuación es una breve selección de imágenes, que no necesitan de comentario para ser comprendidas en su significado más profundo por quienes quieran ejercer el criterio y analizar en profundidad lo engañoso que resulta el mundo en que nos movemos ahora mismo.

Nicoletta Ceccoli nació en la República de San Marino, uno de los países más pequeños del mundo, fronterizo con Italia, y se formó en el Instituto de Arte de su país natal. Es ilustradora de libros infantiles y ha recibido numerosos premios y reconocimientos internacionales en Europa y Estados Unidos. Ha declarado que desde niña tiene una fuerte obsesión con las muñecas, que ella califica de amor-obsesión, y su arte se mueve en imaginarios surrealistas que aparentemente son el mundo de la infancia.

Esta imagen está inspirada en la leyenda medieval de La dama y el Unicornio. Tanto el unicornio blanco como la doncella son emblemas medievales de pureza. Cuenta la leyenda que unos cazadores quisieron cazar al mágico animal, quien no se acercaba jamás a los humanos, y para seducirlo le llevaron a una doncella virgen. El unicornio, rendido ante el perfume de pureza de la virginidad, se acercó a la doncella y se adormeció, confiado, en su regazo. Los cazadores le lanzaron una red y lo atraparon .En esta imagen el unicornio (ahora se ha convertido en un toro) sale de la entrepierna de la niña y ya no es blanco, ya no es puro. La doncella lo oculta bajo su falda o el animal es parte de su cuerpo. De cazado el unicornio se transforma en cazador, y la doncella, de ser utilizada por los cazadores se transforma en un ser que emplea al unicornio para destruir a quienes la han manipulado.

Marion Pecks, nacida en Filipinas y residente en California, es una artista de la plástica. Su obra ha sido descrita como “perturbadora, macabra o simplemente dulce”, lo que dependerá de quien la mire, digo yo.  La música de Brian Enno y de la religiosa Hildegard von Bingen y (otra vez) Alicia en el País de las Maravillas, son algunas de sus fuentes de inspiración.

Ah, los inocentes payasos. ¿No recuerda esta imagen al serial Taken (Abducidos) y a aquel camión con su musiquita de heladería…?
El inocente e inofensivo conejito deberá elegir entre devorar la bellota o la pequeña babosa. La torva expresión de sus ojos y sus dientes manchados dejan adivinar cuál será finalmente su alimento.
Quienes fuimos de niños buenos lectores sabemos que este pajarito muerto ilustra un célebre cuento infantil, que inspiró a Disney uno de sus más tristes y lacrimosos cartoons o Muñes, como se les conoce entre nosotros.Ya hemos crecido, y aunque nos sigue conmoviendo el pajarito muerto con sus patitas desoladamente rígidas, ahora nos espanta la presencia del ciempiés en la escena.
Ilustración de Stephen Mackey. La inocente y pura niña victoriana baila la suiza… con alas de vampiro, de pie sobre un círculo mágico que tiene dibujado el pentagrama de la magia negra, y en compañía de un gato negro, el eterno espíritu familiar de las brujas. ¿Qué querrá decir el pintor colocando un corazón rojo, semejante al que aparece en las representaciones baratas de Jesucristo, sobre el pecho de esta criatura tan híbrida de la Pureza y el Mal?
Daiyou Uonome parece reflexionar sobre la impotencia de la imaginación más pura ante la crueldad de lo Real.
¡Es una criatura! ¿O no…?
No pude identificar al autor de esta máscara, pero en cuanto la vi recordé todo el espanto que me embargó mientras leía por primera vez la escena final de la novela Jardín, de la cubana Dulce María Loynaz, cuando la niña que ha guiado a Bárbara a través del jardín -tan cambiado que es ya irreconocible- levanta su lámpara y deja que la luz bañe su rostro que se derrite como la cera. La inocencia, que se asocia a la infancia y a la pureza de intención, no puede, cuando es falsa, mantener su máscara por demasiado tiempo, y cuando esta se deshace, ¿qué descubrirás debajo?

Tanto Specks como Ceccoli, el inglés Stephen Mackey, el japonés Daiyou Uonome y la ucraniana Elena Sai pertenecen a una nueva generación de artistas nacidos en la década del 70 o un poco antes, quienes, en mi opinión, tienen influencia, son herederos o pertenecen al linaje de dos de las más importantes pintoras del movimiento surrealista, la española Remedios Varo y la inglesa Leonora Carrington, aunque la influencia de la estética posmoderna resulte en estos artistas de hoy en representaciones muy permeadas por la cultura dark, el manga, el mundo digital, los comics underground y la industria de los juguetes, pero la potencia expresiva y mágica de los imaginarios es muy fuerte y conserva toda su mística terrible, ya que, apenas enmascarados como universos de infancia, ocultan (proponen) tras sus pretensiones de tierna inocencia puertas secretas a lo más remoto y oscuro del inconsciente, donde yacen negados, retenidos o simplemente agazapados, los más filosos fermentos de la maldad y el animus depredador de nuestra especie.

Me parece muy interesante señalar cuán significativa deviene la coincidencia de que todos estos artistas tengan como referente inspirador un mismo libro, Alicia en el País de las Maravillas, que todos los padres y madres bien intencionados del mundo  procuran poner con urgencia amorosa en el librero de sus hijos, porque quieren promover en estas tiernas criaturas la imaginación, la poesía de los símbolos, la belleza y, en fin, la pureza de intención que creen que este libro encierra, bien porque lo leyeron ellos mismos en su infancia y recuerdan con nostalgia al Señor Conejo, al simpático Huevo, etc. o porque lo dicen las editoriales dedicadas a la literatura infantil, las revistas para padres y la historia de la cultura. Y también me parece muy interesante, en el caso de Specks, que la música sacra de Hildegard von Bingen, monja benedictina nacida en los inicios del siglo XI, en plena Edad Media cristiana y quien llegó a ser Superiora de su Orden aureolada de una santidad exenta de cuestionamientos, le sugiera a esta artista emociones para sus imaginarios que no calificaré, porque dejo esa tarea para quienes lean este post. Solo me limito a insistir en la tesis del mundo dual y la naturaleza dual que existe en cada uno de nosotros. El ser humano es como un matraz alquímico donde se cuece una materia  informe, que puede transformarse en oro o en algo muchísimo menos noble. Ya lo dice la sabiduría árabe: Todos llevamos dentro el cielo y el infierno, somos ángel o demonio en dependencia de nuestras circunstancias, y mudamos de personaje según convenga para nuestra sobrevivencia, afán también conocido como instinto de conservación, que nos lleva a elegir, salvo en casos específicos, aquello que más conviene a nuestro bienestar personal.

En otras palabras, y para ofrecer un ejemplo desagradable pero muy ilustrativo de la dualidad humana: el libro para niños más célebre y sublime del planeta  fue escrito por un pedófilo, o al menos, hasta hoy se sigue acusando de pedofilia a Lewis Carroll, y de haberse inspirado en su insana pasión por la niña Alicia Liddell, a quien tomó como protagonista de su obra y a quien la dedicó, además de fotografiarla obsesivamente en una serie de imágenes inquietantes que hoy le hubieran valido la cárcel.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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