¿Alegría por el 8 de marzo?

Triangle Shirtwaist

Desde que tengo memoria recuerdo que el 8 de Marzo se celebra en el mundo el Día Internacional de la Mujer. Recibí mi primera felicitación a muy temprana edad, cuando un día mi padre me cargó y me dio su felicitación envuelta en una ancha sonrisa. Las tarjetas con flores van y vienen, las mujeres se felicitan entre ellas y los amigos varones nos mandan mensajes preciosos que  faltan todo el resto de año. Sin embargo,  lo que pocos saben es que el 8 de marzo es una fecha ambigua, un es-no es que se debate entre la sangre y el triunfo.

La lucha de las mujeres por conquistar la igualdad de derechos con los hombres, referidas en sus comienzos solo a la esfera laboral y enfocadas en los salarios y los horarios de trabajo, tiene una larga trayectoria en la Historia, que no puedo contar aquí por no disponer del espacio suficiente ni ser ese mi objetivo. Pero ha sido una lucha constante, violenta, brutal y, en muchas ocasiones, fatídica, que terminó en la muerte de mujeres inocentes que solo reclamaban condiciones menos inhumanas para sus vidas y las de sus hijos.

Son de sobra conocidos los relatos de las condiciones de vida de los inmigrantes en las potencias coloniales durante la Revolución Industrial. Todos hemos oído hablar de cómo los patronos encadenaban a niños de cinco años a las maquinarias para que no pudieran escapar, y morían deshidratados o por agotamiento extremo, y muchas otras miserias humanas. Uno de los testimoniantes más importantes de esos crímenes fue Federico Engels. Es fácil comprender de dónde sacaban las mujeres el coraje y la tenacidad para su lucha.

Hay dos fechas especialmente sangrientas en este catálogo de reclamos y humillaciones que ha durado siglos y aún no está cerrado totalmente. Una es el 8 de marzo de 1857, y los sucesos transcurrieron en la ciudad de Nueva York, que tenía una floreciente industria textil donde, en su mayoría, operaban obreras inmigrantes judías, irlandesas e italianas, llamadas en inglés garment workers. Aquel 8 de marzo las obreras textiles iniciaron una huelga. La policía intervino. Las mujeres no retrocedieron. Los agentes las sometieron a toda clase de violencia y 120 de ellas fueron asesinadas. Hoy es un día  para recordar un suceso similar ocurrido durante una huelga de mujeres en Londres, cuando los guardianes del orden utilizaron sus caballos para lanzarlos sobre las mujeres, y muchas de ellas resultaron pisoteadas y severamente heridas.

Dos años después de aquella huelga newyorkina las mujeres crearon su primer sindicato para luchar por sus derechos, y 51 años más tarde, otra vez un 8 de marzo, pero ahora de 1908, 15 mil mujeres volvieron a tomar las calles de Nueva York para exigir sus derechos laborales.

Pero sería el 25 de marzo de 1911 cuando más de 100 mujeres inmigrantes en su mayoría de Europa del Este e Italia fueron quemadas vivas por el propietario de la fábrica Triangle Shirtwaist, donde estaban empleadas. El edificio de 10 plantas se encontraba en Nueva York. Las obreras fabricaban camisas en el piso noveno, y las condiciones en las que trabajaban eran de verdadera esclavitud: habitualmente el piso estaba cerrado para evitar robos, por lo que durante la larga jornada laboral ninguna de las operarias podía salir de él. Ellas iniciaron una huelga dentro de aquel espacio cerrado para exigir mejores salarios y otras reformas, pero el patrón se negó a escuchar sus demandas, y su respuesta fue prender fuego al lugar. Se desató un gran incendio en el que 146 trabajadoras y 23 hombres perdieron sus vidas en condiciones de atroz agonía bajo los derrumbes, quemaduras y asfixia por humo. Existen testimonios fotográficos  publicados por The New York Times de la época que muestran cómo algunas de aquellas mujeres, atrapadas entre las llamas, se suicidaron lanzándose por las ventanas de aquel piso noveno, tan distante de la calle y tan cerca del Más Allá. Entre las fallecidas la víctima de más edad contaba 43 años y la más joven, 14. ​Cuenta la leyenda que el color morado que se atribuye como emblema de esta fecha  tiene su origen en el color de las telas sobre las que trabajaban las mujeres, o que fue el color del humo que escapó por las chimeneas del edificio alertando a la ciudad de la horrible masacre.

Hubo una investigación y un juicio donde los patronos de la fábrica fueron llevados ante los Tribunales, pero como era de esperar, fueron absueltos “por falta de pruebas”, y la causa de la tragedia se achacó a las malas condiciones de seguridad contra incendios que, en general, existían entonces en la ciudad.

La lucha de las mujeres continuó en el mundo entero. Incluso bajo las duras condiciones de la Rusia zarista las mujeres rusas marcharon  reclamando un reconocimiento a su igualdad con los hombres y el otorgamiento de todos sus derechos. En 1977 la Organización de Naciones Unidas proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, en memoria de las masacres perpetradas contra las mujeres de Nueva York en su larga lucha por la igualdad.

Sin embargo, las mujeres, aunque han conquistado mucho terreno en sus afanes, no pueden todavía decir que han llegado a la victoria total. Lo conseguido es motivo para alegrarse por las victorias, pero no es todavía el fin del camino. La esclavitud sexual y laboral de las mujeres continúa existiendo y se exacerba en el mundo que habitamos, la desigualdad laboral continúa, la violencia de género crece y las leyes no la pueden contener. Ante este panorama, que si bien no es del todo desalentador indica que aún tendremos que recorrer un camino tremendamente duro y largo, más el recuerdo de tantas mujeres que perdieron sus vidas durante esta batalla secular y sangrienta, me hace pensar que este no es un día para sentir alegría, aunque lo sea para celebrar conquistas. El color morado de la escarapela que corresponde al Día Internacional de la Mujer es un color triste y sombrío, aunque lo llevemos con orgullo.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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