Mi sueño roto de la Venus de Willendorf

Cuando comencé en séptimo grado la enseñanza secundaria, descubrí con enorme alegría que podía entrar en mi escuela a un círculo de interés sobre Artes Plásticas. Era la época en que yo soñaba con ser una gran pintora como Artemisia Gentileschi, era mi obsesión. Con gran ilusión compré en La Moderna Poesía mis primeros pinceles y puntos metálicos, crayolas y carboncillos. El primer día de clases la profesora preparó el proyector y sobre la sábana blanca que nos hacía las veces de pantalla apareció no la imagen de una exquisita obra de arte, sino una figura de piedra toscamente labrada que representaba una mujer enormemente gorda, sin rostro y con senos descomunales y un vientre en el que podría caber un huevo  de ñandú. De inmediato se me cayeron las alas del corazón. No sabía que estaba mirando a la Venus de Willendorf, la primera representación femenina hecha en el Paleolítico, y el ideal de belleza fértil de nuestros primeros antepasados humanos.

¿Qué me iba a imaginar yo entonces que esa gorda pétrea y feísima iba a ser el comienzo de la carrera de escultora que yo emprendería años después en San Alejandro, donde reproducciones de la imagen estaban por todas partes y aparecían una y otra vez en las clases de Historia del Arte del inolvidable profesor Alejo?

La más antigua de estas Venus data de hace 38 mil años, según pruebas de Carbono 14, y se supone que los hombres de entonces preferían mujeres con ese biotipo porque garantizaba la reproducción de la especie, y sus pechos anunciaban una tremenda capacidad nutricia. La arqueóloga Marija Jimbutas, a quien tanto deben los estudios arqueológicos y antropológicos sobre la mujer y el matriarcado, aseguró en sus libros que la Venus de Willendorf era la forma en que los paleolíticos representaban  y reverenciaban a la Gran Diosa, cuando los pocos habitantes del planeta eran regidos por mujeres, no había guerras sangrientas y el mundo era tranquilo y apacible. Todavía no habían llegado los dioses machos, guerreros a caballo armados con hierro que trastocarían el orden milenario del matriarcado.

Sin embargo, estudios más recientes han llegado a la conclusión de que la mayor parte de esas figuras fueron esculpidas durante la última Gran Glaciación, cuando el planeta quedó cubierto de hielo y conseguir alimento era poco menos que imposible. Han llegado, también, a la conclusión de que la obesidad que tanto interesaba a los paleolíticos no fue un ideal de belleza exactamente, sino más bien de sobrevivencia, porque ese engrosamiento de los cuerpos pudo ser una respuesta a la hambruna que imperó entonces sobre La Tierra. Algo que parece apoyar esta reciente hipótesis es el hecho de que las figurillas fueron perdiendo adiposidades en la misma medida que los glaciares retrocedían y el clima del planeta volvía a calentarse.

Qué decepción: no fuimos adoradas por nuestros antepasados machos porque fuéramos hembras fértiles y nutricias y nos encontraran hermosas, sino porque hallamos un modo de resistir el frio ártico que desnudó el planeta de plantas y animales. La mujer no fue adorada por dar la vida, sino por ingeniárselas para no perderla.

No sabía yo nada de esto cuando elegí la imagen de las Venus para la portada de mi libro de cuentos El reino de la noche, pero de haberlo sabido no hubiera cambiado de idea por nada del mundo, porque tanto en la plenitud de la vida como en los tiempos más oscuros la mujer es la fuente de la que ha provenido siempre lo mejor de todo: los hijos, el alimento, la seguridad y la paz, mientras que de los hombres han venido las guerras, la crueldad y la muerte.

Aún después de haber encontrado esta reciente investigación que derrumba el sueño del ideal de belleza de los primeros hombres, seguiré amando a la gorda de piedra que hizo las veces de pórtico para mi entrada en el mundo del arte. Guiar a una niña por el camino hermoso de la vida es también una tarea de las diosas.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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