SOBRE EL ANIMALISMO EN CUBA

He encontrado en el sitio digital de Cubarte (http://cubarte.cult.cu/revista-temas/bienestar-animal-por-el-ojo-de-la-aguja/ ) un artículo espléndido sobre el animalismo en Cuba, y antes de proseguir con mi serie de artículos quiero rebloguearlo por sus muchos méritos no solo informativos, sino de sensibilidad, objetividad, valores culturales, etc.

Bienestar animal: por el ojo de la aguja


MARCIA RODRÍGUEZ | None | 30 Jul 2021

Este artículo pertenece a la serie Con la sociedad civil y sus movimientos.

Identificar sociedad civil con las organizaciones no gubernamentales (ONG), los empresarios privados, las iglesias, habría hecho sonreír a los filósofos políticos de la modernidad y la Ilustración, que acuñaron el concepto. Reducirla a antípoda del Estado, como dos territorios en disputa perpetua, separados por una frontera real, en un juego que suma cero, donde lo que uno gana lo pierde el otro, distingue una marca de espejuelos oscuros perteneciente al sentido común conservador más primario. Asimilarla a los grupos políticos opuestos a los gobiernos socialistas, como en Europa del Este, resulta apenas una reliquia ideológica propia de la Guerra fría tardía. Caracterizarla de instrumento del enemigo imperialista, dirigido a minar el socialismo cubano, fue la reacción primaria entre ideólogos del marxismo-leninismo imperante, cuando el concepto apareció en los debates intelectuales de nuestros años 90. Legitimar su uso apenas como sinónimo de las organizaciones reconocidas en la Constitución de 1976 resulta otro reduccionismo, que confunde su significado y valor para la política del socialismo.

Ni los ideólogos de allá, ni los de acá, entendieron que la sociedad civil no es un conjunto de cosas, como tampoco lo es el Estado. Recuperada por Antonio Gramsci para el marxismo, por el pensamiento crítico posterior, y por la sociología contemporánea, la sociedad civil refiere a un espacio de interrelación, un plano de la dinámica social y una perspectiva, que privilegia la interacción entre grupos e instituciones como las escuelas, los medios de difusión, las organizaciones sociales, especialmente relevantes para aquellas agencias del poder político orientadas al intercambio con los actores sociales.

Por tanto, preguntarse si en Cuba «existe» la sociedad civil como preguntarse si «se dan las frambuesas» carece de sentido. Sin embargo, resultan relevantes otras cuestiones.

¿Existen movimientos sociales en Cuba? ¿Qué los caracteriza? ¿Cuáles son sus orígenes y antecedentes? ¿Están integrados por diversos grupos? ¿Qué factores incidieron en su surgimiento? ¿En torno a qué problemas? ¿Cómo se desarrollaban antes de que existieran las redes sociales? ¿Cuáles son sus principales temas, prioridades y actividades? ¿Hay diferencias entre sus agendas? ¿Se extienden a todo el país; o se concentran en algunas regiones? ¿Han evolucionado en los últimos años? ¿Cooperan con movimientos u organizaciones extranjeras o internacionales? ¿Tienen rasgos particulares respecto a los mismos movimientos en otros países? ¿Cuál es su capacidad de movilización? ¿Qué obstáculos han enfrentado? ¿Hasta qué punto han logrado hacerse escuchar? ¿En qué medida han podido influir en cambios de políticas? ¿Cuáles son sus problemas en la actualidad? ¿Cómo resolverlos?

Para contestar estas preguntas, y apreciar la naturaleza de las corrientes opuestas al prejuicio racial y de género, el maltrato a los animales, y otras acciones concertadas ante formas de discriminación e injusticia, no basta con impresiones sobre «lo que resulta evidente», opiniones, verdades aceptadas y repetidas sin contrastación.

Catalejo inicia una serie de entrevistas-ensayos entre investigadores y practicantes, dirigida a explorar las corrientes de pensamiento y movilización social que caracterizan la Cuba actual.


*(Cabaiguán, Sancti Spíritus, 1974). Escritora, periodista y protectora. Desde hace diez años labora para la revista Pionero. Textos suyos aparecen recogidos en diversas antologías de literatura infantil y juvenil).

Hace un par de años sorprendí a un grupo de muchachos que jugaban a lanzarse una bola peluda. Ninguno superaba los diez años de edad. Los maullidos de terror del gato, —sacudido de un lado a otro, aventado y en ocasiones dejado caer por la impericia de esas manos infantiles—, me llevaron hasta donde los niños se ¿divertían? Regañé a los inconscientes y traje a la víctima para mi casa. Era un gatico de apenas dos meses quien, producto de los golpes, no sobrevivió a la noche.

¿Niños endemoniados, asesinos, crueles? No, por supuesto que no. Si se revisa el libro El mundo en que vivimos, del programa de estudios de tercer grado, nos encontramos lo siguiente: «Muchos animales nos proporcionan alimento, de otros empleamos su piel para hacer maletas, zapatos y, algunos, los utilizamos como medio de transporte (…). Es deber de todos proteger los animales por la gran utilidad que nos brindan»[1].

Durante décadas los planes de estudios —sobre todo los de primaria—, han cosificado a los animales sin ir más allá de la visión utilitaria. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE por sus siglas en inglés) —de la que Cuba es miembro desde 1972—, establece que «el bienestar animal designa el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere». Para ello promueve cinco libertades fundamentales: «estar libres de hambre, sed y desnutrición; libres de temor y de angustias; libres de molestias físicas y térmicas; libres de dolor, de lesión y de enfermedad; libres de manifestar su comportamiento natural»[2].

Asimismo, la OIE, a partir del año 2000, reconoce el concepto de «una sola salud» donde establece que la salud humana y la sanidad animal son interdependientes y están vinculadas a los ecosistemas en los cuales coexisten. «En la actualidad se estima que el 60% de las enfermedades humanas infecciosas son zoonóticas, un 75% de los agentes patógenos de las enfermedades infecciosas emergentes del ser humano (incluido el Ébola, el VIH o la Influenza) son de origen animal, el 80% de los agentes patógenos que pueden utilizarse con fines de bioterrorismo son zoonóticos y al menos cinco nuevas enfermedades aparecen cada año, tres de las cuales son de origen animal»[3].

Animalismo. Movimiento animalista en Cuba. Características.

La Real Academia de la Lengua Española define el animalismo como el “movimiento que propugna la defensa de los derechos de los animales”, y al animalista, como la persona “que defiende los derechos de los animales”.

En el artículo «En torno al animalismo» de la investigadora y escritora Zoila Portuondo Guerra —publicado por la revista digital El refugio—, la autora establece que «dentro de la gama animalista hay muchos y diversos matices. En ella encontramos al protector, al proteccionista, al bienestarista, al biocentrista, al animalista propiamente dicho (veganista), etc. El protector es, como lo vemos constantemente en Cuba, ese afanoso activista que protege (o intenta proteger) a todos los animales que encuentra en situación de necesidad o de maltrato. Y que, a veces, hasta se enfrenta valientemente a los maltratadores. Lo vemos en las calles alimentando animales sin hogar o administrando un refugio casero donde da cobijo a los desprotegidos (en ocasiones, con la ayuda de otras personas). Aunque también puede considerarse “protector” aquel que al no tener condiciones para llevar adelante tales faenas realiza donaciones de su tiempo, de su dinero, de recursos útiles para la protección de los animales como medicamentos, mantas, guacales, etc. Los protectores son activistas muy apasionados, comprometidos y constantes porque los mueven una gran empatía y un intenso amor.

Los proteccionistas, por su parte, son aquellas personas que se oponen y luchan contra la extinción de las especies. Consideran a los animales como bienes que merecen conservación y los perciben como recursos que la humanidad debe explotar con ‘sostenibilidad’.

Los bienestaristas son aquellos que se oponen al maltrato animal pero siguen considerando a los animales como recursos que la humanidad puede explotar ‘humanitariamente’, o sea, evitándoles sufrimientos innecesarios. El bienestarista se preocupa por el sufrimiento de los animales cuando ese sufrimiento no implica un beneficio para las personas. Por eso se opone a la caza, a las corridas de toros, a las peleas y competencias entre animales y otros espectáculos semejantes. Pero, como el protector y el proteccionista, suele ser antropocéntrico y especista; no es vegano ni vegetariano y no le preocupa usar productos fabricados con partes de animales o ensayados en animales, como los cosméticos.

En la última década se ha estado gestando un movimiento desprendido del bienestarismo: se trata del “neobienestarismo”. Su objetivo es eliminar el sufrimiento en el mundo. Por eso los neobienestaristas no están de acuerdo con la explotación animal. Su limitación radica en que sienten que hay que proteger a los animales pero manejándolos desde el punto de vista humano sin tomar en cuenta su integridad y libertad.

El veganismo, como movimiento animalista, considera que los animales son individuos y que cada vida cuenta. Toma como base teórica y de acción los derechos de los animales, y rechaza toda forma de explotación a partir del principio de la igualdad. Las organizaciones que representan este movimiento son casi desconocidas. Entre ellas se cuentan las llamadas Defensa Animal y DefensAnimal.org. Dentro del veganismo se aprecian también muchos matices: hay quienes no valoran igual a los animales vertebrados que a los invertebrados; los insectos, por ejemplo.

Finalmente, el biocentrismo, término aparecido en la década de los 70 del siglo pasado, es una teoría moral que afirma que todo ser vivo merece respeto moral. El biocentrismo privilegia, por sobre todas las cosas, la vida. Desde este punto de vista, no es especista ni antropocentrista. Y aunque las personas identificadas con esta corriente pueden consumir animales, lo hacen con la actitud de los pueblos originarios: obedeciendo a una necesidad, con respeto y sin explotarlos, a diferencia de las sociedades industriales. El biocentrista siente que pertenece a la naturaleza; no se siente separado de ella como el hombre común; de ahí su trato armónico y respetuoso hacia toda forma de vida»[4].

Hace más de treinta años nuestra sociedad comenzó a tomar consciencia del estado de abandono en el cual se encontraban —y aún se encuentran— nuestros animales, sobre todo los deambulantes, callejeros y ferales. Emergieron grupos protectores como la Asociación Cubana para la Protección de Animales y Plantas (Aniplant), fundada el 4 de marzo de 1987 al amparo legal de la ley 54 que permitía la creación de asociaciones y única reconocida oficialmente en Cuba.

Posteriormente se fueron sumando otros grupos —ONG’s— como: Cubanos en Defensa de los Animales (Ceda), Protección Animal S.O.S (Pasos), GAMPA de Artemisa, SALBA en Santiago de Cuba, BAC de Santa Clara —con una distribución de activistas a nivel nacional—, y otros que han visibilizado el tema del bienestar y la protección animal con el auge de las tecnologías de la información y la eclosión de las redes sociales.

Estos grupos de ayuda, rescate y atención animal han suplido durante décadas las carencias que en este sentido ha tenido, y tiene, el Estado cubano. Han logrado realizar campañas de vacunación antirrábica, desparasitación y esterilizaciones masivas, han organizado ferias de adopciones y eventos para la divulgación del bienestar animal. Asimismo se han creado nexos con asociaciones extranjeras como Spanky  Proyect, de Canadá, quienes desde el 2003 coordinan y son partícipes —junto a la Oficina del Historiador de La Habana y la escuela veterinaria— de campañas de desparasitación y esterilización.

Sin embargo, es escasa la documentación acerca de la existencia o no de un movimiento social en torno a la protección y bienestar animal en nuestro país, aunque son muchos los que sí lo reconocen y se sienten partícipes del mismo.

Valia Rodríguez, neurocientífica, animalista y fundadora de Ceda así lo considera: «Yo creo que sí existe un movimiento social en torno a la protección y el bienestar de los animales —más que de los derechos de los animales—, que ha ido creciendo espontánea y paulatinamente a lo largo de los últimos diez años. Le falta aún mucho por madurar para que se empiece a preocupar por derechos de los animales.

El movimiento es no homogéneo, horizontal y desarticulado. Es no homogéneo porque es diverso, reúne personas de todo el espectro que existe en la Cuba de hoy, de todos los colores ideológicos, de todas las tendencias, también de otros movimientos sociales que existen en el país. Es horizontal porque aunque hay activistas, unos más conocidos que otros, no hay un líder único. Y por último es desarticulado porque hay diferentes tipos de grupos, con diferentes estilos de trabajo, y aunque colaboran, no están conectados; existen además protectores que no pertenecen a grupo alguno».

Por su parte, la joven Gabriela Díaz, psicóloga y cofundadora de GAMPA, opina: «Yo pienso que sí, somos cada vez más los que trabajamos todos los días para crear conciencia desde los distintos puntos del país. No solo se encuentran los grupos animalistas que comparten una forma de trabajo muy similar sino también los protectores independientes. Y creo que todos apuntamos hacia el mismo lugar, tenemos el mismo objetivo que es lograr sensibilizar a la población y que se conciban a los animales como seres con la capacidad de establecer vínculos afectivos, de aprender, de crear un rudimento de algo que podríamos llamar cultura».

Asimismo, Javier Larrea, estudiante de Derecho y director de BAC estima: «Sí, yo creo que existe un movimiento animalista heterogéneo con diversas posturas. Y aunque algunos sean veganos, otros vegetarianos; bienestaristas o con una visión más antropocéntrica; aunque algunos sean más incisivos en sus reclamos o suelan ser un poco más conservadores, al final lo que buscan todos es el bienestar de los animales».

Nora García, directora de Aniplant, asegura: «Yo diría que hay un gran movimiento para la protección y el bienestar de los animales, especialmente los de compañía. Si nos remontamos treinta años atrás nos damos cuenta de que el cambio es evidente, porque ahora hay una cantera de jóvenes activos, entusiastas, que crecieron oyendo y aprendiendo acerca del amor y el respeto hacia toda forma de vida».

Orígenes y antecedentes de los grupos protectores en Cuba. Factores que incidieron en su surgimiento. Objetivos y prioridades.

«Protectores ha habido siempre. Personas con alta sensibilidad que han compartido lo poco que tienen con los animales de la calle y que, por medios propios, han esterilizado a los perros y gatos callejeros para que no continúen reproduciéndose.

Sin embargo, un antecedente importantísimo lo tenemos en la filántropa norteamericana radicada en Cuba a principios del siglo XX, la señora Jeannette Ryder, quien fundó la Sociedad Protectora de Niños, Animales y Plantas, conocido como Bando de Piedad, en 1906. El Bando de Piedad existió hasta un poco después del triunfo de la Revolución en 1959. Esa institución hizo mucho por los animales, sobre todo por su oposición a establecer en Cuba corridas de toros, lucha a la que se unió también el Club Rotario de la Habana.

Luego surgiría Aniplant en 1987, que contó con el apoyo de intelectuales y artistas. Después, alrededor del 2010, un grupo de protectores comenzamos a reunirnos en La Habana, convocados por Monique Peinchau, una francesa residente en Cuba —profesora en aquel entonces de la Alianza Francesa—, para discutir cómo ayudar a los animales callejeros. Así surgió PAC, Protección Animales de la Ciudad. Un tiempo después, en el 2016, un grupo de protectores nos separamos de PAC y creamos Ceda, Cubanos en Defensa de los Animales, y así comenzaron a crecer y aparecer otros grupo espontáneamente en La Habana, luego en el resto de las provincias.

Indudablemente fueron los animales callejeros los que motivaron que estos grupos proliferaran. La existencia de perros y gatos deambulando por las calles, pasando hambre, enfermos de sarna o con garrapatas y siendo maltratados por muchas personas.

Otra cosa que influyó fue el mal manejo de los callejeros por el Departamento de Enfermedades Zoonóticas y Trasmisibles del MINSAP, que los recoge y los sacrifica dentro de su Plan de Prevención de la Rabia Humana —recogidas y sacrificios que son muy repudiados por la población—.

Entonces el rescate de animales en peligro o enfermos, y la esterilización fueron dos de los objetivos fundamentales en el surgimiento de los grupos de protección»[5].

«Los grupos animalistas surgen básicamente por la ausencia de una ley que respalde, proteja y ampare a los animales. Nos hemos dado cuenta de que solos nos es muy difícil emprender esta tarea —para nadie es un secreto que es extenuante, no tiene vacaciones, no sabe lo que es un fin de semana, y que cada día es más intensa— y hemos decidido unirnos, agruparnos siguiendo criterios de localización, de objetivos principales, incluso, hasta de afinidad.

Problemas por el camino hemos encontrado muchísimos —y aquí hablo desde mi experiencia—, mientras más alejado está un pueblo de la capital menos concientizados se encuentran sus habitantes y esto no solo pasa con el tema animalista, también se extiende a la posición de la mujer en la sociedad o la implementación de métodos de crianza potenciadores del desarrollo y el bienestar psicológico del niño»[6].

«En la medida que vamos madurando en esta hermosa actividad, podemos y debemos variar a formas que puedan ser mejores o más efectivas. Por ejemplo, la palabra asilo, al fundar Aniplant, la veíamos más como una salvación, ahora sabemos que los asilos no son una solución feliz para el bienestar de los animales, y trabajamos más para impedir nacimientos no planificados, que para acumular animales, buscamos en las adopciones responsables una mejor calidad de vida para los animales de compañía»[7].

«Nuestras prioridades son ayudar a los callejeros, disminuir las poblaciones a través de la esterilización, promover la adopción, educar contra el maltrato. También lograr tener una Ley de Protección Animal ha sido un prioridad para todos, tener un marco legal que nos permita luchar contra la crueldad.

Las actividades que desarrollamos son muchas y van desde los avisos de animales en peligro o en condiciones de maltrato a conseguir hogares transitorios para esos animales, la gestión de comida y apoyo económico, la esterilización y actividades educativas»[8].

Desarrollo del movimiento antes y después de las redes sociales. Recursos e interacción con movimientos u organizaciones extranjeras. Rasgos particulares de los animalistas cubanos respecto a los de otros países.

«En realidad el fenómeno del crecimiento del movimiento y la conectividad a internet llegaron juntos. Antes de eso, muchos nos enterábamos de las campañas de esterilización de Aniplant por amigos, otros protectores, a través del teléfono o de boca a boca.

Pero ya a partir del 2010 empezamos a usar mucho el correo electrónico, teníamos listas de correos de personas que conocíamos en la calle o en actividades y por ahí les informábamos de las campañas que haríamos. Luego llegó Facebook y más tarde Whatsapp y Telegram,  y eso fue el boom, porque le dio mucha visibilidad no solo a los grupos, sino también al maltrato y a la situación de los animales en general dentro de Cuba, lo cual ha influido en que el movimiento crezca, pero también en que la población en general se entere de lo que pasa, y de llegar a las instituciones del gobierno.

Gracias a internet la capacidad de movilización es grande, sobre todo porque cuando se trata de denunciar maltrato o exigir una ley que proteja a los animales la gente se suma. Son temas sensibles, que por no tener color político une a muchas personas, y eso ha hecho, precisamente, que el Estado haya empezado a escucharnos. No ha sido fácil que nos vean, y en eso internet otra vez ha sido un medio muy eficaz para pasar nuestros mensajes»[9].

«Con la eclosión de las plataformas digitales y un mayor acceso a las redes sociales muchos protectores independientes se asociaron, crearon grupos y, —aunque desde hace años ya se venía abogando por una ley de bienestar animal en Cuba— no cabe duda de que la informatización de la sociedad nos abrió un horizonte infinito.

El flujo de la información, poder explorar lo que otros países implementan para el bienestar de los animales, pero sobre todo ver, ser testigos de hechos denigrantes hacia ellos ha hecho saltar resortes y tocado la sensibilidad de las personas»[10].

«Pienso que las redes han sido un punto crucial porque nos han servido para comunicarnos, organizarnos, visibilizar nuestro trabajo, captar nuevos voluntarios y crear conciencia. Este último punto para nosotros es imprescindible y se encuentra entre nuestros principales objetivos. Si al menos una persona, luego de ver nuestras publicaciones, comienza a ganar conciencia en lo referente a la tenencia responsable de animales de compañía ya nos damos por servidos, ya estamos salvando vidas.

Una persona que no tiene acceso a internet, es alguien para la que no existimos porque los medios que más se consumen —que son radio y televisión— no tienen un espacio para visibilizar el trabajo de los grupos del interior de la Isla. Y esas personas quizás sienten empatía por los animales, quizás quieren colaborar, es un potencial que estamos desperdiciando y todo por no estar creadas las vías para hacernos ver.

Y el otro problema fundamental es el de los recursos, todo lo que implica trabajar con un animal lleva mucho dinero, los guacales, los bozales, las pinzas, los guantes, los medicamentos de uso veterinario… son cosas muy caras y que no aparecen con facilidad. Los veterinarios muchas veces no tienen con qué trabajar y eso también es un freno para nuestra labor[11]«.

«Actualmente no contamos con los recursos suficientes para ampliar los campos de asistencia rápida y auxiliar a ancianos solos con muchos animales a su cuidados, impedidos y —valga la redundancia— impedidos de  llevar una mejor calidad de vida. Tampoco podemos llegar a todos los animales deambulantes, ni a aquellos que son explotados y abusados por sus propios dueños»[12].

«No tenemos mucho contacto con organizaciones o movimientos internacionales. Puntualmente nos han visitado organizaciones de otros países, pero a modo de curiosidad. Con el grupo que más establemente casi todos tenemos relación es con Spanky Proyect, de Canadá —quien viene a Cuba anualmente a realizar esterilizaciones y desparasitaciones—. Estas acciones, que al principio fueron en la capital, se habían extendido a Trinidad antes de la pandemia.

La principal diferencia entre el movimiento animalista cubano y los foráneos es que en Cuba estamos empezando ahora. Fuera de nuestro país llevan más años organizados y por tanto hay mayor conocimiento y cultura en torno a los diferentes aspectos de la protección y existe más activismo. El movimiento cubano es todavía muy joven»[13].

«Intentamos colaborar con Spanky Project y ellos se mostraron muy interesados, pero nos dijeron que siempre que existiera una colaboración nosotros tendríamos que estar reconocidos por el gobierno, así que esto limitó nuestra posible cooperación.

Creo que si hubiera un rasgo que distinguiera a los animalistas cubanos de los del resto del mundo sería la capacidad de reinventarnos, de hacer un guacal con un pomo plástico de llevar un perro de 50 libras en una bicicleta porque no se puede costear un carro, de curar una dermatitis con escoba amarga, sábila y manzanilla o una escabiosis con cepa de plátano, creo que esa capacidad de sobreponernos ante la adversidad y la escasez es algo que no solo caracteriza a los animalistas cubanos sino a los cubanos de manera general»[14].

Obstáculos a enfrentar e influencia de los grupos animalistas en pro de la actual política de bienestar animal. Organización de un grupo, problemas a resolver y soluciones.

«El principal obstáculo ha sido la desconfianza. No hay cultura de movimientos sociales espontáneos en Cuba, y con la historia de agresiones que el país ha enfrentado a lo largo de tantos años, pues se desconfía de todo lo que no está vinculado a una institución del estado.

Otro obstáculo ha sido hacer comprender a las personas —que no les interesan mucho los animales o que están fuera del movimiento— que esta problemática es de todos, aunque Cuba tenga otras, de vida o muerte, que resolver»[15].

«Por supuesto, la capacidad de convocatoria que tiene la causa animalista es inmensa, pues ha logrado aunar no solo a los que predican y cumplen los requerimientos del animalismo sino a todas las personas que aman y defienden a los animales más allá de ideologías o diferencias conceptuales, filosóficas, religiosas e incluso políticas.

La aprobación del decreto ha sido la respuesta del estado cubano ante ese reclamo de la ciudadanía, del movimiento animalista, de todos los grupos de protección animal que se han hecho escuchar a través de los diversos formatos audiovisuales digitales —única vía que tenemos, hasta este momento, para hacer las denuncias de maltrato animal y llegar a que el estado nos escuche, así como para que se visibilice nuestro trabajo y objetivo común—»[16].

«Creo que la presión constante que se ha hecho desde el movimiento ha sido fundamental. No ha quedado otra opción que escuchar y actuar. Por ejemplo, desde el movimiento se lanzó la convocatoria y se hizo campaña para que la gente pidiera en las reuniones de análisis del anteproyecto de Constitución la inclusión de un acápite especifico sobre la protección animal. Y la gente se unió a esta petición, eso también influyó mucho en la elaboración y aprobación del decreto-ley de bienestar animal»[17].

«Los grupos animalistas en Cuba tienen características muy particulares que los diferencian de los extranjeros en términos de organización, formas de actuación, libertades, financiamientos, recursos, etc.

La labor de GAMPA se organiza a través de las redes fundamentalmente, muchos ni siquiera nos conocemos cara a cara, puesto que es un grupo que se creó en tiempos de COVID y la movilidad ha estado muy limitada.

Tenemos un equipo gestor que se compone de siete grupos de trabajo: Recepción de voluntarios, Rescate y temporal, Adopción y seguimiento, Actividades veterinarias y medicamentos, Actividades, Redes, Donaciones, fondos y colaboraciones.

Los voluntarios, tras ser recibidos y entrevistados, pasan a los grupos de Whatsapp de acuerdo a la labor que deseen realizar. Este grupo de voluntarios —donde estamos todos los miembros sin distinción del tipo de ayuda que podamos ofrecer— organiza las labores de rescate tránsito y temporal que constituyen el grueso de nuestra labor. Además, se publican las informaciones importantes y los cierres semanales de las tareas del grupo.

También tenemos dos subgrupos: uno de redes y otro de entrevista y seguimiento. En el subgrupo de Redes están los voluntarios que colaboran creando contenido para la página (carteles, textos, etc.) y en el de Entrevista y seguimiento se adiestran a los voluntarios que se encargan de entrevistar a los futuros adoptantes y evaluar si se encuentran aptos para asumir el cuidado de los animales. Asimismo son los responsables de informar mensualmente el estado de los animales que han sido adoptados.

Cuando efectuamos una adopción siempre es antecedida por una entrevista al futuro adoptante, se llena un certificado de adopción responsable donde quedan plasmados los datos del adoptante, del rescatista y del animal adoptado. Todos nuestros animalitos son entregados con compromiso de esterilización obligatoria.

Somos un grupo autofinanciado, entre nosotros aportamos una módica cantidad al mes que va a un fondo común del cual disponemos a la hora de brindar atención veterinaria, transportar y/o alimentar a nuestros rescatados

Creo que algo que caracteriza a los grupos animalistas cubanos es su organización y eso va de la mano con nuestra capacidad de movilización. Allí donde hay un reporte, hay una persona acudiendo y socorriendo. Este es un trabajo en el que entran en juego los sentimientos y decir no a un reporte es para nosotros una noche sin dormir porque la conciencia no nos deja, entonces movemos cielo y tierra siempre que podemos y creo que esto es algo que caracteriza a casi todos los grupos animalistas de Cuba

Para nadie es un secreto que la presión social que han ejercido los grupos animalistas en Cuba ha sido constante y a través de métodos muy pacíficos. En aras de ser optimista considero que se han logrado cambios en lo que respecta a la población, pero no tanto en la política de protección a los animales. Creo que, en muchos años, lo más palpable que se ha tenido es el decreto-ley de bienestar animal. Y aunque para el pueblo sea una gran avance yo, que soy una inconforme por naturaleza, siento que en comparación a lo que se ha logrado en otros países tercermundistas, es poco. Pienso que el trabajo que los animalistas han venido desarrollando hasta el momento merece mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora»[18].

«En estos meses reanudamos la creación de órganos de base, o sea, hemos incluidos a grupos de protectores de varias provincias dentro de nuestra organización con el objetivo de brindarles apoyo, orientaciones precisas para el desempeño de sus labores y facilitarles la adquisición de productos, medicamentos, así como  las relaciones de trabajos con los distintos dirigentes y funcionarios de su municipio o provincia.

Si pudiéramos lograr programas de control, aplicables por zonas, programas educativos para elevar la conciencia de la población —no solo para animales de compañía, sino para todo ser vivo que vuele, que se arrastre,  que respire y sienta— y este gran movimiento fuera, repitiendo las palabras del Maestro: «con todos y para el bien de todos». Todos unidos con una sola voz, y con el decreto-ley, que tenemos como arma, lograríamos mucho más»[19].

«Aún tenemos mucho trabajo por delante, dentro y fuera del movimiento. Desde ser aceptados por el Estado como grupos de la sociedad civil, pasando por resolver cómo esterilizar masivamente, y a bajo costo, a los callejeros, lograr tener refugios estatales dentro de los cuales trabajen protectores o animalistas, definir cómo gestionar los refugios existentes, educar al movimiento y a la sociedad en todas las vertientes del maltrato animal y el respeto hacia ellos, hasta lograr que el decreto-ley se aplique. ¿Problemas?, sí, muchos. ¿Cómo resolverlos? Paso a paso; solo estamos empezando»[20].

«Muchas demandas se irán puliendo con el tiempo, ahora mismo constituye una victoria todo lo que se ha logrado, pero no debemos detenernos. Debemos ir por más respeto y amor hacia los animales. Yo no creo que el decreto vaya a cumplir con todas las expectativas que tenemos como movimiento, como activistas, como animalistas, pero va a ser un primer paso. Va a existir un antes y un después de la aprobación del decreto-ley.

Pero hay que hacer labor educativa con la población. La educación en valores animalistas para mí tiene una importancia fundamental porque es lo que va a permitir que el decreto-ley no sea letra muerta. Ahora, si no tiene un respaldo social de una mayoría que esté dispuesta a cumplir lo que estipule, no habremos llegado a ninguna parte. Por ende, conseguir que los niños, adolescentes y jóvenes cambien ese enfoque utilitarista —que por años se ha enseñado en los centros estudiantiles a propósito de los animales—, es vital para que las personas, desde pequeños, adquieran una cultura de amor y respeto hacia estos. Si logramos ese paso habremos ganado el noventa por ciento de la batalla»[21].

El movimiento animalista cubano va ganando adeptos, sin embargo, aún quedan desafíos difíciles de vencer y agravados por la actual situación económica.

Ser reconocidos como movimiento dentro de la sociedad civil cubana; enriquecer la implementación de nuevos parámetros educativos en cuanto al bienestar y protección animal desde las escuelas y hasta los barrios; lograr una comunicación efectiva entre protectores independientes y grupos; acordar contratos con proveedores de alimentos para los refugios; coordinar acciones profilácticas con clínicas veterinarias; activar una red de tránsitos, temporales y adopciones para evitar la sobrepoblación de los refugios… son algunas acciones urgentes que no van a la par de las necesidades actuales.

Mientras tanto, continuarán los abandonos, los animales deambulantes, las peleas de perros y gallos, violaciones, mutilaciones, crías sin protección y… esos niños.

NOTAS


[1]El mundo en que vivimos, tercer grado; Editorial Pueblo y Educación, décima reimpresión, 2013, páginas 66-67.

[2] https://www.oie.es.

[3] Ibídem.

[4] https://elrefugiocuba.org/2021/03/13/en-torno-al-animalismo/

 [5] Entrevista para este artículo a Valia Rodríguez.

[6] Entrevista para este artículo a Gabriela Díaz

[7] Entrevista para este artículo a Nora García

[8] Valia Rodríguez

[9] Ibídem

[10] Entrevista, para este artículo, a Javier Larrea

[11] Gabriela Díaz

[12] Nora García

[13] Valia Rodríguez

[14] Gabriela Díaz

[15] Valia Rodríguez

[16] Javier Larrea

[17] Valia Rodríguez

[18] Gabriela Díaz

[19] Nora García

[20] Valia Rodríguez

[21] Javier Larrea

Catalejo. El blog de Temas | POLÍTICA Y SOCIEDAD

Etiquetas: Cuba, LGBTQI+, bienestar animal, movimientos animalistas, movimientos sociales, sociedad civil,

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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