¿CRISIS DE LA CULTURA? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO CUANDO NO ESTÁ PASANDO NADA? (II)

La Rampa de noche

¿Qué está pasando cuando no está pasando nada? Encontré esta pregunta ya no recuerdo dónde, pero estaba incluida en una lista de preguntas singulares que se han hecho personalidades internacionales representativas del arte y la cultura.

Sí, qué está pasando en la cultura cuando en apariencia parece que no estuviera ocurriendo nada relevante. Por lo general, en todas partes esto sucede en situaciones o períodos en que la cultura, o algunos sectores de ella, entra en una fase de meseta. Y en la cultura, cuando no aparece nada verdaderamente relevante lo que está pasando es que hay una crisis, un tiempo inerte donde, o nada se mueve, o lo que se mueve en realidad no es más que un reciclaje de lo que se ha estado haciendo y nada más. Hay  un estancamiento que puede obedecer, y de hecho casi siempre obedece a múltiples causas que pueden ser sociológicas, religiosas, económicas, ideológicas e incluso externas al país en cuestión. Pero en estos períodos también pueden ocurrir acontecimientos nefastos  -como el terrible episodio de maltrato animal ocurrido recientemente en el Rodeo de La Habana, porque el respeto o irrespeto hacia la naturaleza y sus criaturas también es un indicador del estado (o el mal estado) de una cultura- que indican deterioro, empobrecimiento y hasta pérdida de un clima, de un ambiente, de un espíritu cultural, ya sea en una o varias zonas del arte o la literatura o en otros terrenos de la vida: en una región, en un país, en un continente, en el planeta. En un pueblo, en una sociedad.

Quienes fuimos adolescentes en los años 60  recordamos con emoción la extraordinaria animación que existía entonces en la vida cultural de La Habana. Todos corríamos al cine a los estrenos de las películas del ICAIC, fueron los tiempos maravillosos de Memorias del subdesarrollo, La muerte de un burócrata, Las doce sillas, Aventuras de Juan Quinquín… El florecimiento del cartel tuvo entonces su momento de gloria, y pararse a contemplar las últimas creaciones que exhibían las vidrieras del cine Yara ya era todo un regalo para la vista: Harakiri, Besos robados, Cecilia, todos querían poseer un cartel en su casa, como si fuera un cuadro valioso de la pintura universal.

Fueron los años de los grandes ciclos de cine en la Cinemateca de Cuba: Antonioni, Fellini, Viosconti, Wadja, Bergman, la Nueva Ola francesa, ¡A pleno sol! Y tantos directores y filmes de la segunda mitad del siglo XX, que fue la época de oro del cine internacional. Las colas en la Cinemateca  eran inmensas y en sus portales se encontraban amigos y conocidos que hacía tiempo no se veían o que se habían reunido la tarde anterior, y se formaban tertulias interesantísimas mientras se esperaba que la sala abriera sus puertas para la siguiente función.

Memorias del Subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea (Titón)

Las revistas culturales eran magníficas, publicaban los mejores textos de escritores, poetas y ensayistas cubanos y extranjeros y se prestigiaban con las obras de los mejores ilustradores.  Era un verdadero dilema decidir cada noche a qué teatro o salita-teatro se iría, a qué concierto, a qué presentación de libros, a qué museo, a qué galería, a qué evento cultural del mundo de la plástica, de las letras, a un estreno del Ballet… Las tertulias de músicos, escritores, dramaturgos, cineastas poetas y actores en El Gato Tuerto eran célebres y reunían a lo mejor del mundo cultural de la ciudad. Allí había nacido el filin, y todavía el Beny vivía y era un ídolo seguido por multitudes ¡y Los Zafiros!

Las librerías abrían sus puertas por toda la capital. Yo recuerdo la que ofrecía, en los bajos del hotel Habana Libre, lo mejor de la literatura cubana e internacional. Allí descubrí a mis escasos catorce años un libro del poeta Eliseo Diego, Noticias de la quimera…

En los 70 llegó el Quinquenio Gris. A quienes estábamos entonces en escuelas de arte como San Alejandro, la ENA o la ENIA nos llegaban ecos del caso Padilla y otros sucesos ocurridos entonces en el mundo cultural del país, pero no los vivimos de cerca, porque en nuestras escuelas habíamos creado micromundos de cultura que nos envolvían como el capullo a las crisálidas: leíamos los últimos libros publicados en Europa, Latinoamérica, Estados Unidos, teníamos los maravillosos libros de arte y los discos de la mejor música clásica que nos llegaban de la Unión Soviética y el campo socialista, pintábamos, escribíamos poemas, pasábamos días enteros en las bibliotecas y noches en vela discutiendo con pasión sobre las últimas teorías del arte, la antropología, la sociología.

Escuela Nacional de Arte Cubanacán

Sufríamos por las restricciones musicales que nos impedían escuchar con tranquilidad a los Beatles y lo mejor de la producción musical anglosajona, pero no dejábamos de hacerlo de todos modos, nos las ingeniábamos, y todavía recuerdo aquellos acetatos con El álbum blanco que hoy me parecen piezas de museo, pero aquellos años coincidieron con el Destape que ocurría en España tras la muerte de Franco, y la música y el cine de la Madre Patria llenaban un vacío que de otro modo hubiera resultado ominoso. Nos indignábamos porque los varones no podían llevar el pelo largo que se había puesto de moda luego del Festival de Woodstock, pero éramos deliciosamente jóvenes y estábamos repletos de cultura en todos los sentidos, sentíamos hambre de ella, pero estábamos saciados. Veíamos que muchos nombres de escritores habían desaparecido como por arte de magia de las librerías y del mundo informativo, pero todavía éramos demasiado jóvenes como para comprender en profundidad lo que eso significaba en la historia de la cultura nacional. Curiosamente, en las redes sociales los nostálgicos hoy envejecidos se refieren a aquellos años como “el tiempo en que éramos felices y no lo sabíamos”. Pero aquellos tiempos eran los mismos en que todos teníamos muy poca ropa, nos hacíamos vestidos con las faldas anchas de los años 50 de nuestras madres, nos teñíamos el cabello con piedras de mercuro cromo y nos pintábamos en las piernas con carbón unas costuras de medias largas inexistentes o las tejíamos con aquel hilo Osito que se vendía para festonear pañales de canastilla. ¿Por qué sería que nos sentíamos tan felices…?

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a ¿CRISIS DE LA CULTURA? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO CUANDO NO ESTÁ PASANDO NADA? (II)

  1. Jorge dijo:

    Es el reggeton..esta acabando con todo…jaja…ni como se escribe se. acabo con la cultura

    Me gusta

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