Años después del Período Especial (IV)

Años después del Período Especial (IV)

En 2017, en la revista Bohemia, apareció un texto titulado Participación y consumo cultural ¿Caminos por siempre separados?, firmado por un colectivo de periodistas* y encabezado por un primer párrafo que no sorprende demasiado:

Buena parte de los cubanos no suele asociar recreación y tiempo libre con opciones artístico-literarias, a excepción de propuestas que impliquen música popular, según sondeo de Bohemia. Además, las tecnologías digitales están creando nuevos modos de disfrute: pero no todas las instituciones se encuentran preparadas para responder ante el emergente escenario. Todo indica falta de confluencia entre las investigaciones académicas y determinados programas culturales.

Continúa el artículo contando a los lectores sobre el recorrido de los periodistas por algunas provincias y pueblos del interior, donde recogieron información sobre cómo la población emplea su tiempo  de ocio. Jóvenes que van a comer pizza con sus amigos, ven deportes en la televisión y de vez en cuando asisten a un party (sazonado, por supuesto, con reguetón[i]); alquiler de películas y series a los particulares que se dedican a ese negocio, materiales que los jóvenes, y en general quienes los buscan para su entretenimiento, compran o alquilan sin una oferta-selección inteligente, sobre todo por ignorancia y falta de información adecuada (y a veces de escrúpulos por parte de los vendedores), lo que significa que los consumidores de todas las edades pueden estar viendo “pacotilla” sin ningún valor cultural, pero con un alto contenido de valores negativos como el sadismo y la violencia. Sin embargo, esos filmes y audiovisuales de acción con muchas agresiones, cacerías humanas, violaciones, canibalismo, sangre y toda la parafernalia que “vende”, no hay que buscarlos solo en esos negocios particulares, porque la propia televisión nacional se encarga de ofrecer programación con esa clase de contenidos, y quien diga lo contrario será enviado a ver las películas de las noches de sábado. Cintas con escenas pornográficas se pueden encontrar en los puntos de venta y están al alcance de todo el que pueda pagarlas. Es difícil hallar un lugar donde quienes venden o alquilan ofrezcan buenas películas, excelentes series, los premios Óscar del año, las mejores comedias y videos de contenido artístico, incluso con buena música de muchas clases, programas para aprender idiomas, etc. Yo me considero tremendamente afortunada por tener proveedores que satisfacen mis exigencias, que no son precisamente de bajo estándar, pero he llegado a pensar que ellos son una excepción a la regla.

Ciudadanos de Villa Clara, escogen pasar sus noches en centros culturales como El Mejunje, un sitio en el que todavía se reúne lo más granado de la intelectualidad villaclareña, y la música es buena.

El Mejunje
Una noche en El Mejunje. Gente de todas las edades, pero mayormente jóvenes.

Otros sitios nocturnos son caros y con una oferta pobre para quienes tienen hambre de esparcimiento inteligente, pero algunos ansiosos de diversión descomplicada prefieren pagarlos. Otros, en general los adultos, se conforman con la programación televisiva nacional, las telenovelas de mal gusto, reiterativas y plagadas de estereotipos, con los mismos actores reciclados en roles muy semejantes, los culebrones extranjeros…, en fin. Aunque en ocasiones algunas son buenas, puede uno encontrarse con sorpresas tan desagradables en las telenovelas cubanas como el caso de una cuyo título no recuerdo, en que cada familia estaba definida por una escenografía monocromática. Una de estas familias tenía una habitación con cortinados, ropa de cama, ropa de dormir, etc. de un color verdoso que no sé si se parecía más al que toman los cadáveres congelados en las morgues, o a aquellos platos de chícharos verdes domingueros que me obligaban a comer en mi casa cuando era niña, siempre a la hora de Palmas y Cañas, no sé si por algún castigo sutil ideado por mis padres o porque no se daban cuenta de que el paladar de un niño puede sufrir tanto como su sensibilidad estética. Y así, en aquella telenovela cada núcleo familiar parecía castigado por alguna enfermedad diferente, incluso con el Mal Azul de ciertas cardiopatías… No es menos cierto que en cine y televisión el color se utiliza como herramienta de caracterización, pero… para emplearlo con eficacia hay que tener conocimientos profundos no solo de psicología, sino también de simbolismo de los colores. Al parecer, los diseñadores y escenógrafos de aquella serie pensaban que habían hecho un hallazgo magnífico, o no entendían que estaban aplicando mal algún conocimiento adquirido durante su formación profesional. Criterios absolutamente contrarios al colorido rutilante y variadísimo, regalo para los ojos, que podemos encontrar en las telenovelas turcas, por solo citar un ejemplo. Lo tremendamente malo es que los errores se reciclan, y nuevas hornadas de escenógrafos y directores artísticos pueden heredar nociones completamente desafortunadas sobre un trabajo que requiere tanto destreza y conocimientos como sensibilidad. En una palabra: profesionalismo.

La investigación realizada por el equipo de Bohemia detectó que entre los ciudadanos de todas las edades y niveles culturales encuestados, menos de una quinta parte asistía a teatros, casas de cultura, actividades infantiles o en el barrio, “y no llegan a diez por ciento quienes disfrutan de conciertos de trova y música clásica, exposiciones de artes visuales, espectáculos de danza, actividades literarias o visitan museos, van al cine, leen o escogen presentaciones de libros u otras propuestas literarias”. Esta cita es textual, extraída del artículo de Bohemia.

Los periodistas quisieron saber cómo se enteraban los ciudadanos de las ofertas recreativas, y las respuestas más comunes fueron: por los amigos, la familia, la televisión, la radio y las redes sociales.

También los periodistas interrogaron a los encuestados acerca de qué actividades les gustaría realizar como opciones recreativas. Las respuestas fueron reveladoras: viajar a otros países, acudir a playas, piscinas y campismos, recorrer Cuba, ir a centros nocturnos o simplemente pasear. Aparte del afán de conocer el mundo, nada que se relacionara con la cultura propiamente. Mucho menos con la alta cultura. Diversión pura y dura, adrenalina y lo demás bien, gracias.

Un grupo de futuras madres encuestadas en un hogar materno-infantil de Artemisa se quejó a los periodistas de que la zona era “un cementerio” y “había que recogerse más temprano que las gallinas”, mientras alguna más reflexiva se cuestionaba “por qué si este lugar es un importante polo industrial hay tanto atraso en las ofertas culturales”.

La indagación entre jóvenes de la enseñanza universitaria arrojó fuera de la capital resultados desalentadores, no muy diferentes de los de otros sectores de la población no relacionados con la Enseñanza Superior, y terminan los periodistas a cargo de la encuesta: “Se torna preocupante la indiferencia, el desinterés o apatía por lo relativo a puestas en salas teatrales, muestras cinematográficas, visitas a museos, exposiciones de pintura y todo tipo de eventos en el plano artístico cultural”. Las principales dificultades que arguyeron estos jóvenes fueron de transporte y falta de información y divulgación, además de que, según afirmaron, las propuestas de las instituciones no respondían a las necesidades de un público joven.

En la ciudad de Camagüey, una provincia que desde los tiempos coloniales ya destacaba por su interés en el arte y la literatura y por su refinamiento cultural, y a partir de 1959 ha creado algunas de las instituciones más representativas de la cultura cubana, algunos adultos mayores se quejaron a la prensa de que “hasta en la Casa de la Trova ponen reguetón”. Sé que a los camagueyanos no les gusta escuchar críticas sobre su ciudad, pero ver el artículo La trova sin trova se traba, publicado por Lisandra Gómez Guerra el 20 de abril de 2019 en http://www.escambray.cu/2019/la-trova-sin-trova-se-traba/. Su foro es aplastante.

Camaguey

El artículo de Bohemia no refiere mucho más de lo que aquí he resumido, pero quienes vivimos en La Habana sabemos que los adolescentes y jóvenes habaneros, en su inmensa mayoría no se diferencian mucho en sus preferencias del resto de la juventud de provincias, sobre todo en ciertas zonas de la ciudad que tienen fama de ser marginales, salvo por el hecho de que en la capital las instituciones culturales son mucho más numerosas y variadas, mejor la posibilidad de transportación y el acceso a la conexión digital más asequible que en el resto del país, por lo que es mayor la posibilidad de mantenerse informado. Pero aun así, el público que asiste a las funciones de ballet, conciertos, salas de conferencia, muestras plásticas y cinematográficas, presentaciones de libros, lecturas públicas, etc. sigue siendo minoritario, salvo durante la celebración de eventos masivos como La Bienal de La Habana, La Feria del Libro, etc.

Siempre he aplaudido que la Feria Internacional del Libro de La Habana no sea solo una maratón de presentaciones, exhibición  y venta de libros y ofrezca, además, artesanías hermosas y necesarias, venta de efectos de escritorio, comida y bebida a placer y otros atractivos, pero me temo que, aunque la Feria siempre es un evento realmente masivo, un estudio atento de los motivos que llevan a buena parte de los asistentes a La Cabaña, su sede principal, arrojaría una imagen desalentadora: demasiada gente asiste solo interesada en la artesanía y otros artículos en venta; otros quieren conseguir literatura para niños, son padres preocupados que, aunque a veces no son ellos mismos personas cultas, entienden la importancia de la lectura; otros se interesan en las actividades musicales (agrupaciones, cantautores, actores, humoristas, payasos…); otros pasan su tiempo echados sobre la hierba tomando el sol mientras disfrutan de la oferta gastronómica, y eso estaría muy bien si además compraran libros, pero no entran en las bóvedas de presentaciones o en las librerías. Muchos van a los pabellones extranjeros buscando revistas de modas, decoración, historietas, muñes, tejido a crochet, recetas de cocina, pero no les interesa la literatura.

Un stand en la Feria del Libro.

Quienes hemos asistido a las Ferias del Libro desde que comenzaron a celebrarse en la ciudad, hemos visto, si somos observadores, cómo los públicos que en los primeros años salían de la Feria lo hacían cargados de libros, con mochilas repletas y hasta maletas y maletines que, de tan pesados, debían ser cargados entre dos. Hoy ya eso no suele ocurrir, debido, tal vez, a que la oferta internacional ha disminuido en calidad y los precios de los libros en moneda nacional han aumentado significativamente. Pero tampoco se ven, como años atrás, personas leyendo en parques, paradas de ómnibus, salas de espera de hospitales y otros lugares públicos, y hasta en el interior de los mismos ómnibus. El interés por la lectura ha decaído ostensiblemente entre nuestra población, a menos que se ponga en venta algún best seller, que entonces sí habrá colas desbordadas ante unos anaqueles que durante el resto del año son poco frecuentados.

Tampoco las librerías habaneras ofrecen propuestas intelectuales seductoras. Cuando, hace ya muchos años, la librería Grijalbo-Mondadori (de venta en CUC) abrió sus puertas en los bajos del palacio del Segundo Cabo, donde entonces tenía su sede el Instituto Cubano del Libro, era bastante tormentoso entrar a comprar libros, porque había títulos deslumbradores y la bolsa del comprador casi siempre era exigua. Recuerdo haber adquirido allí los libros de arte de Gombrich, varios títulos de la editorial Siruela con sus publicaciones raras de exquisita factura, y en ganga inimaginable, por un CUC cada ejemplar, una magnífica historia de los Ballets Rusos y un libro raro y portentoso, Los jardines del sueño, una descripción detallada de los más célebres jardines del mundo desde la Antigüedad hasta el siglo VII o VIII, donde los arquitectos, decoradores y grandes señores cifraron códigos ocultos de sabiduría y belleza. Había literatura para todos los gustos, pero, sobre todo, había una oferta cultural verdaderamente elevada, una oferta importante. Y bastante parecida era la de la librería La Moderna Poesía. Nada de eso existe ya.

En medio de este impace caído sobre algunos sectores de la cultura cubana en las últimas décadas, a pesar de triunfos y logros aislados, hay una excepción bastante singular, diría yo. Se trata de las tribus urbanas, ese fenómeno que existe en todas partes pero que, entre nosotros durante mucho tiempo ha sido visto con recelo por la ideología oficial. Sería complejo y extenso dar aquí una definición teórica, antropológica, sociológica de lo que son las tribus urbanas, por qué y dónde surgieron, pero hay consensos todavía útiles, porque la naturaleza del fenómeno sigue vigente:

Las Tribus Urbanas son comunidades o grupos sociales que se diferencian de la cultura dominante de la que forman parte debido a tener un gusto, ideología o creencia diferente de forma intencional o inconsciente.  Estas agrupaciones de personas comparten preferencias similares que se convierten en referentes del estereotipo de dicha tribu.

Las tribus urbanas cubanas, diseminadas a lo largo de la isla, han usado atuendos mucho más modestos que los llevados en países de más recursos materiales, pero la esencia de su naturaleza es similar. Las fotos que publico a continuación las he tomado de Internet y solo una o dos pertenecen a nuestro país, donde la primera tribu urbana fue constituida por los roqueros en los finales de los 60 y comienzos de los 70, y adquirió carta de ciudadanía cuando la promotora María Gattorno los recibió en 1987 en un centro cultural conocido como el Patio de María, que desde entonces fue su sede principal, cerrado en 2000.Quienes alguna vez hemos pasado de noche por los parques de El Vedado seguramente las hemos visto, pues esos fueron los puntos que escogieron para reunirse, y como su aspecto exterior ha sido siempre llamativo, es difícil que no hayamos reparado en ellas. Son grupos de jóvenes que se nuclean en torno a ciertas manifestaciones culturales como pueden ser el rock, el gótico (enamorado de las artes oscuras y los vampiros), los emo, pálidos y vestidos de negro y con ese corte de pelo llamado bistéc, que suele ocultar la mitad de sus rostros, y su culto por la depresión y la muerte, los frikis, los metaleros vestidos como Conan el Bárbaro. Muñequeras, chalecos tachuelados, accesorios de metal, piercings, botas de rangers, pañuelos anudados en estilos salvajes, maquillajes negros y palideces que recuerdan cadáveres y brujas, y sobre todo un espíritu de grupo definido y muy cerrado. No se debe olvidar a los reparteros, raperos y rastafaris, oriundos de barrios humildes y marginales, con una estética semejante a las de las cárceles en algunos países y, en el caso de los rastafaris, fuertemente influidos por la historia, la religión y el pensamiento de ciertas regiones de África como Etiopía.  Se mantienen apartados por tribus, aunque a veces una tribu admite la presencia de miembros de otra. En algunas se toca guitarra, se canta, en otras se baila… También algunos jóvenes hacen otras actividades menos inocentes, pero por lo general, no representan un peligro para nadie.

Rockeros cubanos
Estilos de las tribus Ghost y Dark,los «oscuros»
Un emo
¿Frikis?
Reparteros o repas, como también se hacen llamar.

La mayoría de estos jóvenes que se sintieron atraídos por contraculturas y exotismos eran, sin embargo, buenos lectores (en calidad, tal vez no en cantidad), con sólidos conocimientos de música, se interesaban por terrenos del conocimiento que jamás encontraríamos en una discoteca, estaban a la caza de la última muestra cinematográfica y no eran ajenos a los acontecimientos internacionales, y muchos de ellos podían hablar con gran soltura sobre los últimos avances de la ciencia y la técnica, por ejemplo sobre cibernética, robótica… Pero… ¿son las tribus urbanas un producto de la cultura oficial, aprendieron todos sus saberes, modos de pensar y actitudes ante la vida en las aulas de nuestros centros docentes, fueron orientados por la política cultural del país o por nuestros medios de prensa nacionales?

El sistema no creó a los reguetoneros, y tampoco a las tribus. Ni unos ni otros forman parte de la política cultural oficial cubana. Ambos son parte de un fenómeno internacional. No creo que tampoco haya creado “escritores” sin lecturas y sin formación cultural y más cazadores de oportunidades que creadores; ni a músicos que no saben qué es la música pero saben muy bien cómo amasar billetes; ni a tantos improvisadores, farsantes osados que están pescando en la marea cultural de la isla y cuyo braceo solo produce salpicaduras, no peces; ni asesinos de animales indefensos, ni… Pero la lista de males no cabe en este espacio. La pregunta sería: ¿Qué nos ha pasado, por qué han arraigado tantas “sorpresas”, en una nación que quiso promover modelos culturales de vanguardia, pero preñados de humanidad, respeto y reconocimiento a los más altos valores del arte y la sociedad? Son preguntas demasiado complejas y no se hallarán respuestas simples, y a estas alturas puede que ya ni tenga mucho sentido preguntarse cómo empezó todo. De lo que tenemos que estar plenamente conscientes es de que cuando la cultura falla en una sociedad, la decadencia moral (y espiritual, y otras sombras que acechan al doblar de la esquina) se filtra por las grietas y termina ocupando los espacios que aquella cedió o se dejó arrebatar.

Salón Rosado de La Tropical

Algo o alguien no ha hecho bien sus tareas. ¿Y ahora qué…?

¿Pero hasta qué punto la situación actual de la cultura cubana, entendida como clima, como ambiente, repito, no como logros aislados, es un mal que pueda fecharse en la segunda mitad del siglo XX cubano? ¿Por qué si hemos sido un pueblo con grandes figuras intelectuales, artísticas, literarias y del pensamiento durante toda nuestra historia, incluyendo la Colonia;  por qué si tuvimos una pléyade de intelectuales brillantes encabezados por un genio de la talla de José Martí; por qué si nació en Cuba el movimiento modernista latinoamericano con poetas del calibre de Martí y Casal; por qué si escribieron en Cuba Lezama, Carpentier, Dulce María Loynaz, y hemos dado tres premios Cervantes a la literatura hispanoamericana; por qué si produjimos durante medio siglo una música que dominaba los mercados del mundo; por qué si fuimos creadores de un fenómeno tan de vanguardia como el ICAIC y promotores del Nuevo Cine Latinoamericano; por qué si tenemos una de las artes visuales más descollantes del Nuevo Mundo; por qué si tenemos uno de los mejores ballets del planeta: por qué si llevamos a cabo una Campaña de Alfabetización en los comienzos de la Revolución naciente y creamos un sistema educacional gratuito con miles de centros docentes entre los que se cuentan escuelas de arte de todos los niveles y muchas Universidades… por qué no somos un pueblo realmente culto? ¿Por qué esta involución? ¿Acaso pagamos el precio de males endémicos de la cultura cubana? (Continuará).

  • Roxana Rodríguez, Sahily Tabares, Tania Chappi, Raúl Medina, con la colaboración del Departamento de Información Nacional

[i] Como no puedo extenderme aquí sobre el reguetón en Cuba, que es tema extenso, sugiero la lectura del artículo titulado ¿Reguetón: gusto o intereses?, publicado por Javier Gómez Sánchez en http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/03/09/regueton-gusto-o-intereses/comentarios/pagina-3/. Si indico este artículo no es porque no se hayan escrito muchos más en la prensa cubana ni porque aparezca en un sitio oficial, sino porque hace un análisis rápido y fácil (aunque incompleto) de las razones por las cuales este género “musical” ha colonizado el panorama sonoro cubano. Solo difiero del autor en su afirmación de que “el reguetón no nos representa”. No representa a las políticas culturales del Estado cubano, pero sí a una gran parte de la población cubana, en su mayoría jóvenes, desgraciadamente, porque se han identificado con los valores que exalta el regueton y con sus modelos conductuales, su ideología, si es que puede llamarse así a un escaso conjunto de ideas tan básicas que resultan difíciles de clasificar en la escala de la estupidez humana. ¿Manipulados? No lo niego, pero no obligados. Ojo con la diferencia..

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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