El mundo es una biblioteca

PRESENTAN EN LA FERIA DEL LIBRO DE LA HABANA SELECCIÓN DE CUENTOS SOBRE BIBLIOTECAS

Tarea bien difícil es para el periodista reseñar un libro del que no ha tiene en sus manos ningún ejemplar, pero El dragón invisible, colección de relatos sobre bibliotecas, es tan fascinante que no renuncio al empeño de hacerlo.

Publicado en Cuba por la editorial habanera Abril y presentado en esta edición 30 de la Feria Internacional del Libro de La Habana, este volumen es una joya valiosa para quienes hemos pasado por la vida amando las bibliotecas, viéndolas como templos sagrados del Saber, pero también como lugares capaces de excitar la imaginación creadora con su aura misteriosa. No sé si será el silencio, el aroma de los libros antiguos, la brisa que se cuela entre las estanterías…, pero hasta nuestra moderna Biblioteca Nacional,  de líneas simples en su arquitectura y decoración interiores, tiene ese ambiente que provoca un extraño estado del espíritu cuando llevamos un rato sentados en sus salas. Ni qué decir tiene que guardo un recuerdo  que venero de cierto rincón en la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana, una salita pequeña en la que el visitante se siente como si hubiera entrado en el gabinete de un antiguo palacio medieval. Hasta la luz dorada que entraba por su ventanal  dejaba una pátina mágica sobre el granito de sus muros…

Por estas y otras razones estoy muy agradecida a los compiladores de esta colección, presentada en las bóvedas de La Cabaña por el crítico, ensayista, investigador y  Doctor en Ciencias del Arte Enmanuel Tornés. El título fue inspirado por una frase del escritor, poeta y ensayista cubano José Lezama Lima: “Así toda la biblioteca es la morada del dragón invisible…”, que recuerda aquella otra de Borges: «El mundo es una biblioteca». Como es de suponer, el libro incluye en su índice a Jorge Luis Borges, bibliotecario él mismo, y creador de varios textos sobre bibliotecas que hoy son clásicos de la literatura universal. En Borges se inspiró el novelista y semiólogo italiano Umberto Eco cuando, al concebir su gran novela El nombre de la rosa, creó el personaje inolvidable de Jorge de Burgos, el anciano blbliotecario ciego de la abadía de Casale, quien no duda en cometer los más atroces crímenes para ocultar el tratado de Aristóteles sobre la risa, para preservar lo que él, en su creencia, considera pilar fundamental de la Sabiduría: la seriedad.

Aún sin haber podido hojear el libro, estoy segura de que sus compiladores, Roberto Ginebra, merecedor del premio al concurso Vicentina Antuña en 2003, y la investigadora Deborah Gil, ambos vinculados profesionalmente al quehacer científico de la Biblioteca Nacional de Cuba, han hecho una selección de textos exquisita, en la que además de prestigiosos nombres de la literatura mundial, hay una numerosa muestra de autores cubanos, entre ellos Premios de Cuento Alejo Carpentier. Creo que será una opción de lectura muy disfrutable y que contribuirá a aumentar los conocimientos sobre el tema y el buen gusto de sus lectores. La editorial Abril se honra con esta publicación.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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