La necrópolis de Colón,  tercera en importancia del planeta y gran aporte habanero a la cultura universal*

Puerta principal del cementerio de Colón, llamada la puerta de Calixto de Loira

Es difícil asegurar cuáles son los cementerios más bellos o más importantes del mundo, porque son dos conceptos o categorías bien diferentes. Por ejemplo, la Ciudad de los Muertos en Egipto está entre los más importantes, pero no entre los más bellos. Si nos atenemos a valores arquitectónicos y artísticos, puede que la necrópolis habanera de Colón se cuente de pleno derecho entre los tres primeros del planeta, donde estaría precedido por el cementerio de Highgate, en Londres, con su  oscura población de fantasmas y vampiros, el Pere Lachaise en París con su interminable catálogo de muertos ilustres, y  el cementerio monumental de Staglieno, Italia, y puede que comparta ese tercer lugar con el cementerio argentino de La Recoleta. Y aunque leyendas y misterios tienen todas las ciudades de los muertos, sin duda es Highgate quien se lleva el primer lugar en este terreno. Sin embargo, el cementerio habanero también tiene un repertprio interesantísimo, pues hasta en la muerte se distinguen los seres humanos, ya sea por lo singulares que algunos fueron en vida, por el poderío y riqueza de otros, por sus altos valores morales o por una tremenda historia de amor.

Pero si se observa con mucho cuidado la riqueza artística de Colón, se puede constatar que el nivel de belleza, majestuosidad y detalle de sus esculturas posiblemente sea mayor que el de cualquier otra necrópolis del planeta. Además, este patrimonio es de una riquísima variedad. En las cincuenta y siete hectáreas que ocupa todo ha sido perfecto, llevado a un nivel de realismo que no deja a nadie indiferente. Hay allí dos necrópolis: la de los muertos y la de las obras de arte, ejecutadas en materiales preciosos como el mármol de Carrara, el granito negro y gris, el bronce y también la humilde pizarra. Es, además, un muestrario de estilos arquitectónicos y estatuarios, pues muestra un repertorio tan ecléctico como el que caracteriza al resto de la isla, donde se mezclan el gótico, el neorrománico, el neoclásico, las formas clásicas de los templos griegos y romanos, la arquitectura bizantina y las formas severas y herméticas de los castillos medievales.

Entre sus tumbas más célebres se encuentran el Monumento a Los Bomberos, la  capilla de Catalina Lasa, la pirámide de la familia Falla-Bonet y otras no menos fabulosas por sus valores arquitectónicos y su belleza, como salidas de un sueño, pero en algunas su valor radica más en su esencia simbólica, como la llamada Tumba del Perro, que guarda el cuerpo de la benefactora de animales estadounidense Jeannet Ridder y su mascota Rinti, quien murió de tristeza luego de un tiempo en que a diario visitaba la sepultura de su dueña, sobre la que el fiel can expiró. La tumba del Dominó deslumbra por su historia esperpéntica, pues yace en su interior una cubana obsesionada con el juego del dominó, como tantísimos de nuestros compatriotas suelen serlo, al extremo de que una tarde en que jugaba una partida con sus amigos, partida que ya estaba finalizando, Juana, ese era su nombre, comprendió que ya no tendría oportunidad alguna para colocar la ficha de doble tres que aún le quedaba en su mano, y mostrando toda la vehemencia del temperamento criollo sufrió un infarto que la hizo caer de bruces sobre el tablero del juego, ante la consternación de sus compañeros; pero lo más sorprendente de aquella muerte es que al llegar el cuerpo a la morgue los patólogos descubrieron que la finada aún apretaba en su mano la ficha fatal que la había traicionado.

Dos de las tumbas que ostentan historias más dolorosas son el mausoleo de los Bomberos, treinta héroes del cuerpo habanero de luchadores contra el fuego que murieron atrapados en una ferretería, cuyo dueño ocultaba allí materiales muy inflamables que vendía de contrabando. Dos cosas hacen particularmente terrible la historia de aquellas muertes. La primera es que el incendio fue provocado por la codicia del dueño para cobrar el seguro, y la segunda es que no advirtió a los bomberos sobre esos productos, de manera que la ferretería se convirtió en una tenebrosa trampa ígnea donde perdieron sus vidas aquellos hombres valerosos y esforzados, para salvar la propiedad de un cobarde que no lo merecía y para colmo fue absuelto por la justicia.

Grupo escultórico que corona el Monumento a los Bomberos, en la necrópolis de Cristóbal Colón. El ángel justiciero, ojos vendados, sostiene el cuerpo de un bombero muerto. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Otra de las historias más tristes es la de La Milagrosa, una elegía al amor truncado por la muerte. Modesto y Margarita se casaron tras muchas dificultades, y ella murió de parto al alumbrar una niña también sin vida. Modesto enterró a su amada con la criatura entre las piernas, según era costumbre en la época, pero al proceder a la exhumación se descubrió que Margarita sostenía entre sus brazos el cuerpo sin vida de su hija, lo que se consideró un milagro, mucho más la comprobarse que el cadáver de Margarita no tenía señales de lucha ni de muerte por asfixia, como suele ocurrir a quienes son enterrados vivos. Modesto encargó la escultura que adorna la tumba y representa a Margarita con su niña en un brazo, mientras con el otro sostiene una  enorme cruz, y tras hacer grabar al pie de sus retratos unas sentidas palabras dirigidas a quienes visitaran el lugar, acudía cada viernes a tocar su violín junto a la mujer que tan poco tiempo pudo amar. Al retirarse lo hacía de espaldas, muy despacio y tocando una por una las anillas de bronce de la tapa. Así quedó establecido un ritual que al paso de los años ha convertido la tumba de Margarita en un centro de peregrinación al que acuden personas de todas partes para solicitarle a La Milagrosa peticiones de toda clase, y bien puesto debe estar el nombre, pues la tumba siempre está llena de ofrendas que van desde ramos  de flores hasta tarjas de mármol donde quedó grabada la gratitud  de quienes vieron cumplidos sus deseos, escuchadas sus súplicas, aliviados sus dolores. Todo tipo de ofrendas se encuentran allí.

Pero hay muchos detalles valiosísimos  o muy curiosos en el cementerio de Colón que son menos conocidos. Por ejemplo. Pocos admiradores de la necrópolis saben que algunos de los mausoleos y capillas más significativos son réplicas en miniatura de las viviendas de sus poderosos dueños, y que estas construcciones incluso estaban dotadas de agua, teléfono y electricidad, para que los parientes del finado pudieran pasar tiempo en su compañía sin carecer de las mínimas comodidades requeridas en esta clase de visitas.

Entre las esculturas del cementerio, una se distingue de modo particular. Se trata del Monumento al Hombre Común, erigido en las fosas corrientes donde reposan aquellos que no tienen una tumba o una escultura propia que los inmortalice. Paradójicamente, Alberto Yarini, uno de los más célebres habaneros de su tiempo (y parece que de todos los tiempos de la ciudad), joven de la alta burguesía habanera, de familia rica y poderosa y proxeneta que casi fue dueño del barrio de Colón, epicentro de la prostitución en La Habana -que como puerto de mar siempre se destacó en esas lides-, por poco se queda perdido en los dominios de la muerte, pues la memoria de su sepultura, en la que yace gran parte de su familia de abolengo, se borró con el paso del tiempo. Cuentan que un día una joven desconocida se propuso encontrarla y tras intensa búsqueda logró localizarla. Así narra Cubadebate el suceso:

Hace ya algunos años, en ocasión del estreno de la cinta cubana Los dioses rotos, una joven desconocida se dio a la tarea de localizar la tumba de Alberto Yarini. La encontró y se horrorizó ante lo desolado del lugar.

Halló por pura casualidad un pequeño pedazo de madera. Extrajo entonces de su bolso un frasquito de pintura de uñas y con el diminuto pincel escribió sobre la tabla, con letras rojas irregulares, una sola palabra: Yarini. Acomodó sobre la losa lo que pretendió ser una tarja y puso una flor a su lado.

La flor, por supuesto, hace rato que desapareció para siempre, pero apareció otra. Bastó la intención para salvar otra vez a Yarini del olvido. A partir de ahí la tumba fue restaurada, por idea y esfuerzo de algunos, y decenas de personas la visitan a diario para dar muestra de su devoción por un ser que empieza a verse como milagroso y recabar su ayuda.

Créalo o no lo crea, lector, pero esta historia muestra una faceta de la idiosincrasia del cubano: el culto vehemente a la virilidad sexual, a la falocracia.

Tumba de Alberto Yarini

También el aura mítica tiene sus representantes en la necrópolis habanera. Se dice, aunque aún no exista una prueba definitiva, que yace allí la mujer más famosa de Cuba, Cecilia Valdés, la bellísima mulata que inspiró su novela homónima a Cirilo Villaverde, y  como si el personaje y su autor hubieran sido una pareja real, a pocos metros duerme el escritor en la eternidad que su gran obra le ha ganado.

Se dice que después de la Milagrosa, la tumba más visitada del cementerio es la de Locadia y el Hermano José, sobre quienes se ha logrado saber muy poco y hoy solo los conocemos por la leyenda que quedó de ellos. Espiritista y médium muy reconocida y respetada en su época, Leocadia, al parecer, no era practicante de cultos afrocubanos, sino que se entendía con el mundo de los espíritus a través de un negro esclavo, muerto en tiempos de la colonia, llamado José.

Leocadia

Leocadia nació en Güines en 1893, pero desarrolló la mayor parte de su vida en Arroyo Naranjo, donde tenía su templo a una cuadra del célebre Café Colón, en los alrededores de La Víbora. Según cuenta su leyenda, su clientela era muy desigual, pues atendía a gente pobre junto con importantes personalidades de la ciudad, entre quienes se menciona a poderosos senadores, al gran músico cubano Ignacio Jacinto Villa Fernández (Bola de Nieve), y hasta el propio presidente Fulgencio Batista. Dice también la leyenda de Leocadia que sus poderes espirituales y de videncia (¿o los del Hermano José?), eran tan grandes que, aunque desde el amanecer los devotos formaban largas filas ante su casa para ser recibidos por ella, la médium salía a su puerta y solo llamaba a determinadas personas de toda condición social, pues el hermano José le indicaba quiénes realmente necesitaban su ayuda y quiénes no, y a estos Leocadia los despedía amablemente con alguna palabra tranquilizadora. Se dice que uno de los milagros del Hermano José fue aparecerse a un pintor ciego para que pintara su retrato. Leocadia fue sepultada con la imagen y, cuenta la leyenda popular que a medida que el ataúd iba descendiendo la imagen de José se iba difuminando, hasta que desapareció con la última paletada de tierra arrojada sobre la sepultura. Cada 19 de marzo sus fieles devotos les ofrecen un toque de violín.como muestra de respeto y veneración.

Tumba de Leocadia y el Hermano José

El cementerio contiene una catacumba conocida con el nombre de Galería de Tobías, una de sus construcciones más antiguas y en la que, por ironía del destino, fue enterrado Calixto de Loira, el primer arquitecto del cementerio y constructor de su famosa arcada. Él construyó la galería y él la estrenó. Tiene 95 metros de largo con 526 nichos distribuidos en tres hileras. Es de mampostería, construida con ladrillos y su cubierta en un arco con seis pozos de ventilación y luz. Es el único ejemplo existente en el sitio. También posee numerosas bóvedas, de las cuales la más antigua data de 1879.

Galería de Tobías

Otro tipo de sepultura son las capillas funerarias, espacios construidos sobre el nivel del terreno y delimitados por paredes. Poseen altar y su peculiaridad la impone la verticalidad de la arquitectura sobre el terreno. En su interior pueden encontrarse bóvedas y osarios. Hay construcciones mixtas de capilla y bóveda. La primera fecha referente a esta tipología es de 1882, la cual pertenece a la familia Baldonado.

Capilla de la familia Franchi-Alfaro, inspirada en el Mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo

También existen criptas, esos impresionantes espacios subterráneos bajo una construcción, creados con el fin tanto de inhumar como de colocar los restos óseo y cenizas, ya sean nichos, bóvedas u osarios. Su interior casi siempre presenta paredes revestidas con algún tipo de roca, en ocasiones decoradas y donde puedan insertarse o no los sitios mortuorios. Casi siempre en el exterior se puede encontrar un conjunto escultórico encima de un basamento sobre el nivel del suelo, y un acceso al interior con una escalera. Existe el conjunto mixto de cripta con panteón.

Seguramente la sepultura en tierra fue la primera forma de entierro en el cementerio. Son sepulcros simples, algunos con un muro perimetral y reja alrededor, de hierro. Algunas también tienen una escultura en su centro.

Los monumentos son otras de las más importantes y valiosas construcciones de Colón. Se trata de  mausoleos con la representación de una simbología, dedicados a la muerte de una o más personas unidas por un acontecimiento relevante y no por el vínculo familiar. Uno de sus ejemplos más hermosos es el monumento conmemorativo a Los Estudiantes de Medicina, fusilados el 27 de noviembre de 1871, erigido en 1889. Otro de los grandes monumentos es “A los Emigrados” del año 1915, y la llamada Tumba de los Bomberos, ya mencionada en este trabajo. Los monumentos suelen estar construidos en su totalidad de un mismo material, generalmente mármol, pero pueden adornarse también con esculturas o conjuntos escultóricos de bronce.

Los nichos son edificaciones con espacios adecuados para dar cabida a la sepultura de un cadáver. Miden aproximadamente 0.70 metros de alto, por 0.70 metros de ancho y 2.50 metros de profundidad, y presentan una lápida de granito grabada con la leyenda correspondiente. Los nichos están construidos en hormigón y sellados herméticamente. No son tan hermosos como los de La Recoleta, pero son majestuosos como cualquier morada funeraria.

Hay tumbas en forma de pirámides egipcias, casi siempre edificadas por familias poderosas de la sociedad habanera, que pueden ser truncas, del tipo mastaba como la de la familia Falla-Bonet, que soporta una  magnífica escultura en su cima, y otras de estructura completa. Casi todas las que pueden verse datan de una época en que la civilización egipcia salta a la celebridad mundial tras el descubrimiento de la tumba del Faraón Tut Ank Amón en el Valle de los Muertos.

Por supuesto, no faltan los mausoleos de estilo art deco, entre los cuales el más célebre e importante por su enorme valor artístico es el de Catalina Lasa del Río, en cuya ejecución tuvo un papel principal el gran vidriero y joyero francés René Lalique, de quien el matrimonio Baró-Lasa fuera mecenas. Los querubines que lucen las grandes puertas de la tumba fueron hechos por Lalique con una fórmula secreta que él llamó cristal Claro de Luna. El interior de esta sepultura, varias veces saqueada, es de lo más misterioso. La pareja había visitado Egipto poco después del gran descubrimiento del arqueólogo Howard Carter, y Catalina se había entusiasmado mucho con lo que vio allí del tesoro del faraón y de la tumba misma. Cuando ella murió fue embalsamada en París por orden de su esposo. En un costado del interior de la tumba hay una especie de estantería muy deteriorada donde seguramente hubo frascos de algún tipo. Yo he fantaseado a veces con la posibilidad de que fueran ushabtis, pequeñas figuras que se depositaban en las sepulturas egipcias, y los llamados vasos canopos, en que los sacerdotes momificadores guardaban las entrañas de los faraones muertos. ¿Estuvieron en la tumba alguna vez las entrañas de Catalina Lasa?

Querubines de la entrada

Se pueden apreciar estilos mucho más modernos, de líneas muy simples y en ocasiones de un marcado vanguardismo influido por el estilo Bauhaus.

La herrería es siempre de bronce o hierro fundido, pero con la misma belleza y detallismo que la herrería que caracteriza a La Habana colonial, y en muchas ocasiones aún más preciosista. Los motivos vegetales están presentes en todos los elementos de la composición, sea en rejas, cornisas, columnas, frisos, dinteles, guirnaldas, pilastras, vitrales y arcos de todos los estilos y formas. Hay rosetones románicos y góticos de espectacular belleza. Las puertas de entrada a muchos mausoleos y monumentos están adornadas con una estatuaria en relieve de gran belleza y estilización que representa, en su mayoría, ángeles y vírgenes. También hay copas y ánforas, algunas cubiertas por mantos o tenues velos, símbolos pertenecientes a la iconografía religiosa cristiana.

Una muestra de herrería

La población de ángeles y vírgenes une a su delicada belleza una enorme fuerza expresiva, que sumerge al visitante en una contemplación reverenciosa y profunda.

Pero si bien el simbolismo de estas formas escultóricas es claro y se ubica dentro de la iconografía cristiana, hay una excepción que es, a su vez, uno de los más inexplicables misterios de Colón. Se trata de la escultura de un ángel andrógino que, además de la presencia de signos sexuados en su anatomía, cosa impensable en la estatuaria cristiana, sostiene en sus manos símbolos ajenos al catolicismo y que sugieren su pertenencia a algún terreno de lo oculto y lo esotérico. Nunca pude identificar al habitante de esa sepultura, no sé a quién pertenece, y la historiadora que me reveló la existencia de la estatua no tenía detalles sobre quién o quiénes pudieron haberla encargado, ejecutado y colocado en su ubicación actual. Pero la posibilidad de que en la católica, apostólica y romana capital de Cuba hayan existido extraños cultos casi o totalmente desconocidos para la historia, ya asomó cuando los arqueólogos de la Oficina del Historiador hallaron  hace décadas, en una mansión colonial que remodelaban en La Habana vieja, un friso muy extraño, en el que junto a figuras negras, aparentemente de esclavos, participaban en una extraña danza figuras de mujeres blancas. En mi humilde opinión, nuestro ángel andrógino tiene cierta semejanza, o para ser exacta, bastante en común con la imagen de Baphomet, representación del Conocimiento secreto del universo encerrado en la manzana del Árbol de la Vida, la misma que Dios no quería que comieran Adán y Eva para que no perdieran su inocencia.

Sin duda que la necrópolis de Colón, con su arquitectura magnífica y casi infinita y su estatuaria ejecutada por artistas de fama internacional, y también cubanos, es un pozo de conocimientos, de valores supremos del arte, un verdadero templo a la Belleza y testimonio de la pasión del temperamento cubano, que a pesar de caracterizarse por su eterna risa, también, y sobre todo, se pone de manifiesto en el dolor de la ausencia. Declarada Patrimonio Nacional en 1987, nuestra ciudad de los muertos es uno de los grandes aportes de la isla de Cuba a la cultura mundial.

* Muchos datos y todas las imágenes empleadas por mí en este post fueron tomados de fuentes diversas de Internet, entre las cuales se cuentan “El cementerio de Colón, un museo a cielo abierto, (tomado de http://blog.caribbeannewsdigital.com/2017/08/30/cementerio-colon-museo-cielo-abierto/ ), Onlinetours, Cubadebate, el trabajo de diploma de la Universidad Central de Las Villas Evolución de la arquitectura funeraria en el cementerio Cristóbal Colón de la Ciudad de La Habana desde su fundación hasta la década de 1950, de la arquitecta Isabel Pérez Morales, y otros sitios web.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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3 respuestas a La necrópolis de Colón,  tercera en importancia del planeta y gran aporte habanero a la cultura universal*

  1. Claudio Remírez de Estenoz dijo:

    Interesantísima historia, relatada con la elegancia que siempre caracteriza su estilo como autora. Leí su artículo con la preocupación de múltiples comentarios que uno escucha sobre el deterioro de esos monumentos, además de despilfarros y robos de los mismos. Esos casos son corrobortados por turistas que han visitado el Cemeneterio de Colón. ¿Podría aclararnos la realidad de esos informes, si son prevalentes, incidentes, o si afecten el futuro de esa necrópolis como patrimonio del país y del mundo?

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    • Gina Picart dijo:

      Claudio, qué alegría tener correo suyo!!! Sí, hay tres clases de deterioro en la necrópolis de Colón que no deben ser confundidas. El orden en que yo las enumere no significa que las considere más o menos importantes. Muchas familias han emigrado y sus panteones están abandonados, mientras que otras se han extinguido en la isla y no quedó nadie para atender las tumbas, y por último, hay familias que no se ocupan de sus difuntos. Hay vandalismo, por supuesto. Mi esposo descubrió que el panteón de su madre Ana María Carbonell, hija de esa familia tan importante en la historia y la cultura cubanas, había sido despojado de algunas de sus planchas laterales de mármol y otras estaban rotas, por lo que procedió de inmediato a reparación, en la que el cementerio le ayudó, justo es decirlo. Y ese robo ocurrió menos de dos años después de fallecida mi suegra. La gente tiene también la fea costumbre de robar las jardineras de otras tumbas para ponérselas a sus muertos, y también se roban las flores pese a que en la calle que conduce al cementerio hay florerías siempre servidas. La tumba de Catalina Lasa, por ejemplo, desde hace décadas está siendo sometida a constantes saqueos. Yo misma la visité hace mucho tiempo y aún conservaba intactos los dados de cuarzo en que René Lalique creó esas maravillosas rosas que al ser traspasadas por el sol se proyectaban sobre la sepultura como hologramas, pero luego he visto fotos en otras páginas de visitantes y me he quedado espantada. Mi pregunta es: ¿Se puede proceder a reconstruir esta tumba sin el permiso de la familia de Catalina o la de Baró? No lo sé. Creo que los ladrones buscan desenterrar los supuestos cinco millones en joyas que se dice adornaban el peto con que la enterró su esposo, todo de piedras preciosas, y que jamás he podido encontrar retratado en parte alguna ni tampoco pruebas de su existencia, pero al final se han llevado los dados y todo lo que había dentro del panteón; de milagro no han arrancado todavía los querubines de cristal claro de luna de las dos hojas de la entrada, seguro no saben que son valiosísimos. Ese caso es solo un ejemplo, pero hay muchos panteones en ruinas, capillas, mausoleos, mientras que otros se conservan muy bien, y eso a veces depende también de los materiales, desde luego la piedra dura mucho. Se dice, yo no lo he presenciado y no lo puedo demostrar, que hay un gran negocio entre algunos sepultureros y ciertos religiosos que practican cultos y todo tipo de hechicería: se compran-venden calaveras y otras partes de esqueletos y cadáveres, no solo huesos. Dicen que las tibias son muy solicitadas por quienes encargan trabajos para salir del país. Yo hablo de eso en una novela que tengo inédita, pero hace un tiempo se ha tomado la medida de que ningún vhículo sale del cementerio sin que sea revisado, para evitar estos robos. Y la última causa es, claro, falta de presupuesto para contrarrestar el deterioro, hay que tener en cuenta que para reparar, por ejemplo, la galería de Tobías, los gastos serían considerables. Sin embargo la capilla central es con frecuencia atendida, según tengo entendido. Espero haber satisfecho su curiosidad.

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    • Gina Picart dijo:

      Claudio, olvidé decirle que mi esposo me cuenta ahora mismo que, en la calle central, el Estado ha reparado panteones y mausoleos muy importantes por su gran valor arquitectónico y artístico, pero aún queda mucho por hacer.

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