El regreso del Gótico

NOTA: Todas las imágenes empleadas para ilustrar este trabajo las he tomado de Internet.

Esta escultura que representa a un fantasma inglés de la época victoriana es obra del artista Michael Locascio, y apenas subida a Internet se volvió viral.

Estoy segura de que a muchos de nosotros, hastiados de tanto anime y manga del malo, reguetón y otras tendencias de las últimas décadas, les hará sentirse muy felices la noticia de que el Gótico regresa. Nunca muerto, es un estilo artístico que ha tenido sus etapas de olvido y renacimiento desde que apareció en la cultura occidental, allá en la Francia del siglo  XII. Esto es lo que reconocen los libros de historia del arte y de la arquitectura. Pero el Gótico es una actitud, una sensibilidad que siempre ha existido en el ser humano, digamos que un modo de estar en el mundo tan antiguo como la memoria que guarda nuestra especie de los dragones y otros seres “míticos”, y cuya imbatible presencia nos hace sospechar que no son meras criaturas del mundo de los terrores nocturnos y las pesadillas, sino vestigios de una ancestralidad que los primeros bípedos humanoides alcanzaron a vislumbrar.

Hay varias definiciones del Gótico, y una de ellas, como expliqué antes, es un estilo arquitectónico posterior al Románico, que floreció en Francia primero en la arquitectura religiosa y luego en los castillos y palacios. Su mejor ejemplo es la catedral de Notre Dame de París, Nuestra Señora de París, consagrada a la Virgen María, pero el país galo, tanto al norte del Loira habitado por los francos como al sur, en las tierras que antes de ser francesas fueron los estados libres del Languedoc y la Provenza, súbditos de las coronas de Cataluña y Aragón, está lleno de estas maravillosas construcciones cuyas torres, ricas en ornamentaciones, terminan no en domos, como el Románico, sino en agujas esbeltísimas que parecen querer conectar el mundo celeste, habitáculo de los seres divinos, con el mundo terrenal y pedestre de los hombres que no quieren vivir sin espiritualidad. Incluso se conoce como gótica a la tipografía empleada en el siglo XII, en la que están escritos y copiados los deslumbradores manuscritos y códices miniados.

Catedral gótica de Mallorca
Interior de una catedral gótica
Caligrafóa gótica

Pero existen otras definiciones del Gótico. Una de ellas refiere a la lengua hablada por las tribus ostrogodas y visigodas que fueron parte de la avalancha “bárbara” o germánica que tomó el control de Europa a la caída del imperio romano, y reinaron durante los llamados Siglos Oscuros que dieron nacimiento a la Edad Media, asentados fundamentalmente en España, Italia y una parte de Francia. Los godos también desarrollaron su propio arte. Habían sido paganos, como todas las tribus germanas, pero se convirtieron al cristianismo, o más bien  a una de sus variantes heréticas, el arrianismo. El arte que crearon fue esencialmente religioso, y su tema fundamental es la lucha entre la Luz y las Tinieblas o, dicho de un modo más genérico, entre el Bien y el Mal. La pintura gótica es de gran belleza, con su utilización de la lámina de oro, que la hace tan luminosa.

La Anunciación
Madonna de Cimabue
Muestra de la vitralería emplomada de Notre Dame de París

Pero es en la escultura donde más se halla caracterizado este estilo. Incluso quienes no poseen una cultura ni medianamente de plataforma han oído alguna vez hablar de las famosas gárgolas de Notre Dame de París, esos monstruos de apariencia infernal que brotan de los muros y torres de la catedral, y vigilan París avanzando en el espacio sus garras espeluznantes cual si quisieran intimidar a cualquier posible enemigo de la ciudad.

Grupo escultórico del interior de Notre Dame de París

Son esculturas imponentes y hermosas, que fascinan con su horror y su misterio y emparentan con los monstruos que han poblado por siempre el imaginario de la especie humana, de ahí el efecto profundamente turbador que  provocan en quien las contempla. La mejor definición de MONSTRUOS que he encontrado para ofrecer a los lectores (y también la más breve) es una de las varias que da Jean Chevalier en su obra magna, el Diccionario de los símbolos:

Según Dihel, los monstruos simbolizan una función psíquica, la imaginación exaltada y errónea, fuentes de los desórdenes y las desgracias; es una deformación enfermiza, un funcionamiento malsano de la fuerza vital; aunque los monstruos representan una amenaza exterior, revelan también un peligro interior: son como las formas asquerosas de un deseo pervertido. Proceden de una cierta angustia de la cual son imágenes. Pues la angustia es un estado convulsivo, compuesto de dos actitudes diametralmente opuestas: “la exaltación deseosa y la inhibición temerosa.” Generalmente surgen de la región subterránea, de las cavidades, de los antros sombríos… Otras tantas imágenes de lo subconsciente.

Me he detenido en los monstruos porque ellos son uno de los elementos más importantes del subgénero gótico en todas sus manifestaciones del arte y la cultura. El esquema original, llamémosle la plantilla gótica decimonónica, se compone siempre de un castillo siniestro, una doncella, un ser monstruoso que la tiene prisionera y un héroe que acude en su rescate. Como se ve, exactamente el mitema favorito de buena parte de los mitos y leyendas pertenecientes al complejo cultural céltico allí donde pudo manifestarse, incluida la Grecia antigua. No por gusto el gótico nace  a la literatura en plena época victoriana, momento de la historia de Inglaterra famoso por la férrea moral que la reina Victoria y su consorte Alberto impusieron a la sociedad inglesa, aunque también haya sido, y quizá por esa misma atmósfera represiva de la carnalidad, la época que mayor número de prostitutas aportó a Inglaterra.

Sin embargo, el velado contenido erótico que respira a través de todo el Gótico no es el único trasfondo que se puede hallar en este movimiento. Hay otro aún más profundo: el esotérico. Se dice, y a ese tema dedica largas páginas Víctor Hugo en Nuestra Señora de París, que los albañiles constructores de las catedrales góticas cifraron en su planta, ornamentación y esculturas un saber muy antiguo relacionado con la alquimia medieval.

Constructores de catedrales en la Edad Media
Cantero medieval talla una figura en un bloque de piedra

Esta tesis se debe a una de las personalidades más enigmáticas de la historia de la cultura: Fulcanelli, autor de obras tan famosas como El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales. Pero no es su identidad lo que más debe importarnos, sino sus teorías:

Fulcanelli sostenía que las catedrales góticas (como las de Notre Dame de París y Chartres) y los grandes castillos medievales habían sido construidos, desde la organización del plano y la configuración de los volúmenes y espacios hasta la elección de los materiales, siguiendo el orden secreto instituido por los grandes maestros alquimistas. Ambos libros revelaban que su autor se basaba en un gran conocimiento de la historia del arte, y, con un evidente rigor formal en la exposición, sentaban la teoría de que los monumentales templos cristianos contenían los símbolos correspondientes al código alquímico secreto, que sólo los iniciados podían descifrar.

Tomado de «Biografia de Fulcanelli», artículo de Tomás Fernández y Elena Tamaro,  La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/fulcanelli.htm

Pero no solo en las artes plásticas tiene el Gótico territorios fértiles. También su sangre corre por las venas de la literatura y el cine. El Gótico literario, estrechamente unido al movimiento romántico, nació en la Inglaterra victoriana, de pasado celta, y ha dado obras clásicas como Frankenstein, de la escritora inglesa Mary Shelley, El vampiro, del angloitaliano William Polidori, El castillo de Otranto, del inglés Horace Walpole, y la más célebre y conocida de todos, Drácula, del irlandés Bram Stoker, de la que se cuenta que le fue inspirada a su autor durante uno de sus acostumbrados paseos nocturnos por el londinense cementerio de Highgate, nido de fantasmas, vampiros y todo tipo de leyendas terroríficas, cuando vio de lejos que un encapuchado practicaba algún extraño ritual en el mausoleo de un General napoleónico sobre el cadáver del muerto. En Francia se me ocurre que el género no arraigó tanto como en Inglaterra, pero un poco más que en España, país de tradicional raigambre literaria realista. Las novelas Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, y El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux son los mejores exponentes galos de este subgénero literario. Todas estas novelas han sido adaptadas al cine en más de una versión, entre las que destacan El fantasma… de 2014, del inglés Loyd-Weber y el Drácula de 1992, del italonorteamericano Francis Ford Coppola. En los Estados Unidos el autor más significativo es, sin duda, Edgar Allan Poe, quien escribió relatos tan espectaculares como  La caída de la casa Usher, Ligeia, Morella y Berenice, de estirpe netamente gótica.

Mary Shelley

El género ha tenido sus cultivadores en Latinoamérica, entre quienes se pueden contar algunas piezas de Borges, poco de Cortázar, mucho de Sábato (El túnel y Sobre héroes y tumbas), algo de las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, y la gran escritora chilena María Luisa Bombal.

María Luisa Bombal

Pero el peso del género lo han llevado siempre los ingleses, y no es cierto, como se ha afirmado en ocasiones, que solo dentro del complejo cultural de las naciones celtas puede ser comprendida esta literatura, como lo demuestra el hecho irrefutable de que todos los títulos mencionados, y muchos más son, todavía en el siglo 21, clásicos de la literatura universal. Hoy los mayores exponentes del género  son, quizá, la inglesa Anne Radclife, con sus novelas sobre vampiros, y Tolkien, a quien se clasifica como el clásico de la fantasía heroica, pero cuyas novelas, en especial El señor de los anillos, manejan elementos del gótico provenientes del complejo cultural celta precristiano.. En el siglo XX, en la misteriosa ciudad norteamericana de Providence, Rhode Island, verdadero semillero de leyendas terroríficas, escribió el extraordinario Howard Phillip Lovecraft (1890-1937), y aunque sus obras clasifican dentro de otro subgéro, el horror sobrenatural, sus monstruos pertenecen por completo al imaginario gótico, como muchos de los tópicos literarios que maneja.

H.P. Lovecraft

En Cuba, hasta donde conozco, hay dos autores que se han movido en algún momento de su trayectoria dentro del Gótico, uno es Alberto Garrandés, con su noveleta Isabeau, y el otro soy yo misma con mi novela Malevolgia y  algunos relatos. Dos jóvenes artistas de la plástica, Duchi Man Valderá y Yailín Pérez Zamora, desarrollaron todo un imaginario que me dejó constelada cuando me lo mostraron, en el que destacaba la figura del aristocrático vampiro Monsieur, creado por Duchi, y los gemelos vampiros de Yailín. Ambas llegaron a escribir relatos cortos sobre sus personajes, pero Duchi emigró sin haber publicado en Cuba nada al respecto, y no tengo noticias de Yailín, pero no conozco que haya publicado algo de sus creaciones en la isla. Debo destacar que los autores góticos, incluidos los cubanos, tienen en común la singularidad de poseer culturas humanísticas o, como la de Borges, portentosa, descomunal. Por cierto, acoto que su abuela era inglesa y Borges se manejaba en este idioma tan bien como en su español nativo.

Tanto ingleses como irlandeses, escoceses y norteamericanos pertenecen, por entero los primeros y segundos, y bastante los últimos por su numerosa inmigración irlandesa y escocesa, a la cultura celta, y Garrandés es un autor que cuenta en sus lecturas mayormente escritores de lengua inglesa, en la que él mismo se mueve con fluidez, y cuyas influencias nunca ha negado, por lo que me permito llegar a la conclusión, rebatible, por supuesto, de que el sustrato folklórico del Gótico literario debe buscarse, y será encontrado, en el imaginario celta anterior y posterior al cristianismo y hasta el siglo XV aproximadamente.

No voy a extenderme aquí en la influencia que el arte y la literatura góticos han ejercido en la sociedad de los dos últimos siglos, influencia que no solo se limita al arte, sino que tiene ecos sociológicos, como son la aparición, entre las tribus urbanas, de los góticos, dark y hemo, con su música tenebrosa, sus vestiduras y maquillajes negros y su culto por todo lo celta, el vampirismo, el suicidio y la muerte.

Pero si he escrito este largo preámbulo ha sido con el fin de mencionar a dos artistas de depuradísima técnica escultórica, ambos residentes en los Estados Unidos, cuyas obras me han causado una impresión profunda y me han hecho volver una vez más sobre la idea de que el Gótico nunca muere, sino que reaparece una y otra vez, y me pregunto si existe un algoritmo que muestre algún mecanismo, algo así como un fatum, en estas reapariciones.

El primero es Michael Locascio, un artista con sede en Nueva Jersey que estudió escultura clásica en la Catedral de St. John the Divine y en la Fundación Newington Cropsey. Posee su propia tienda de arte, en la que vende sus creaciones inspiradas en imaginarios de lo macabro, lo místico y lo inusual.  Para definirse a sí mismo declaró para su biografía:

Trabajando con modelos vivos, esqueletos y disecciones anuales de cadáveres, me formé en anatomía y el proceso de monumentos de bronce allí mientras estudiaba en la Universidad de Nueva York. Desde entonces, he trabajado como artista plástico además de construir una carrera prolífica esculpiendo figuras de acción, juguetes y estatuas coleccionables”.

Resulta muy significativo que algunas de sus creaciones reproduzcan el ambiente de la Inglaterra victoriana con sus castillos repletos de fantasmas, y que también se haya inspirado en Cthulu y sus huestes, esos aterradores seres de otros mundos que nacieron de la imaginación de Lovecraft y mantuvieron al escritor toda su vida sumergido en un estado de terror que le hizo vivir encerrado en un sótano hasta su muerte, en la creencia de que tales seres habían colonizado la Tierra antes que caminara sobre ella el primer hombre, y dormían en las profundidades de abismos y océanos, pero volverían algún día no lejano a reclamar lo que era suyo. Debo, en justicia, decir que descubrí a Locascio por una información con imagen que envió a Facebook Duchi Man, siempre a la caza de artistas fascinados con lo macabro y la muerte.

Tengo menos información de Simon Lee, apodado o también llamado Spiderazo, a quien  descubrí en internet mientras buscaba imágenes de las obras de Locascio. Aunque de ascendencia asiática, supongo que china por su apellido, vive y trabaja en Los Ángeles, California. Me doy cuenta de que está influido por Lovecraft, o al menos eso me parece, pero también por cierto manga de monstruos.  Pero con alguna sorpresa también veo entre sus esculturas guerreros vikingos, legionarios romanos, reinterpretaciones de leyendas cristianas con sustrato del paganismo céltico, como la batalla de San Jorge contra el dragón, estructura arquetípica que constituye uno de los pilares fundamentales del gótico, incluido el gótico moderno, donde castillos y abadías y otros detalles decimonónicos no solo escenográficos, sino también estructurales, han sido sustituidos por otros característicos la modernidad.

Como la frustrada estudiante de escultura que soy, y también dedicada estudiante del esoterismo occidental, declaro que la visión de las creaciones de estos escultores me han proporcionado un gran goce estético e intelectual, además de que me han provocado un raptus de sana envidia, porque ellos trabajan la misma línea que yo hubiera querido seguir si me hubiera dedicado al arte de la estatuaria.

Quiero terminar este artículo recomendando a mis lectores, si son amantes del Gótico para que disfruten, y si no lo son para que lo conozcan en sus versiones victoriana y actual, que vean dos series magníficas desde todo punto de vista: reconstrucción de época, atmósferas, actuaciones, manejo del horror, en fin, de tan indiscutible calidad que al menos yo las tengo incluidas a ambas dentro de mi lista de mejores series. Son ellas Penny dreadful season  (Historias de un penique)y American horror stories (Historias de horror americanas).

Penny Dreadful

La primera es una muestra clásica del Gótico victoriano, y la segunda lo es del Gótico moderno. Al mismo tiempo son dos excelentes, magistrales historias de terror de impecable factura, y si ustedes no gritan ni una vez cuando las estén viendo, entonces… yo no sé de qué hablo.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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