HISTORIA DE ROSALÍA ABREU Y LA FINCA DE LOS MONOS

Una de las más mediáticas familias de fortuna que han prestigiado con su presencia la ciudad de La Habana no era habanera, sino villaclareña. Hablo de los Abreu, figuras muy relevantes en su época y en la historia nacional, en especial la patricia Marta Abreu, una de las más impresionantes personalidades femeninas de la colonia y los primeros años de la República. La otra Abreu célebre es su hermana menor, Rosalía, más conocida como la propietaria de “la “finca de los monos”, uno de los lugares más misteriosos y exóticos de San Cristóbal de La Habana. La hermana mayor, Rosa, se casó con un célebre médico francés y vivió la mayor parte de su vida en París.

Damas adineradísimas, en realidad multimillonarias, contribuyeron con sus innumerables bienes a un gran número de obras sociales en su ciudad natal y en la capital, y digo obras sociales porque tratándose de ellas no les haría justicia hablar de obras de caridad, ya que las hermanas Abreu no daban un poco de su enorme patrimonio, sino que se empeñaban de modo mucho más profundo en el compromiso de eticidad que José Martí llamó el mejoramiento humano.  

Desempeñaron, además, un papel de primera importancia en el financiamiento de las Guerras de Independencia, en especial de Antonio Maceo. En el chateau de Marta en París se reunían los principales cubanos que conspiraban por la libertad de Cuba, y allí se recaudaban grandes sumas de dinero para la causa. Según puede deducirse de la prensa de la época y de escritos de ciertos historiadores franceses, Marta y otros cubanos habrían apoyado financieramente con unos mil francos la eliminación de Antonio Cánovas del Castillo, fatídico Presidente del Consejo de Ministros de la Corona española, autor de aquella frase: “Para la guerra de Cuba, hasta el último hombre y hasta la última peseta”,  y protector de Valeriano Weyler, creador de la horrenda política de Reconcentración que diezmó la población de Cuba con hambre, hacinamiento forzoso y enfermedades. Cánovas fue ultimado en el balneario vasco de Santa Águeda por el anarquista italiano Angiolillo. Sobre la participación de Marta Abreu y Emeterio Betances, Delegado del Partido Revolucionario Cubano en París, en el ajusticiamiento de político español, no se han encontrado evidencias documentales, pero el homicidio obligó a Weyler a abandonar Cuba. El Generalísimo Máximo Gómez, en reconocimiento al apoyo de Marta a la causa de la independencia de Cuba, propuso que se le concediera el rango que solo él ostentaba, o sea, el de Generalísima. Por último, Lilita Abreu, hija de Rosalía, fue amante del poeta y diplomático francés Saint-John Perse, autor de Anabasis, uno de los poemas más impactantes de la literatura gala, de quien se dice, y existen testimonios, que la amó hasta el fin de sus días y asistió al entierro de ella, pese a que su relación había terminado años antes.

También los hombres de esta familia dieron mucho que hablar. El abogado Luis Estévez se casó con Marta Abreu casi a escondidas y contra la voluntad de los padres de la joven, a quienes ella desafió por amor. Fue el primer Vicepresidente de la República de Cuba, puesto al que renunció por no comulgar con las intenciones de reelección del Presidente Tomás Estrada Palma. El hijo de Marta y Luis, Pedrito, químico de profesión, no hubiera pasado a las páginas de la historia nacional de no haber sido uno de los protagonistas del triángulo amoroso que conformó junto con su esposa Catalina Lasa del Río, considerada una de las tres damas más bellas de la sociedad de entonces, y el hacendado matancero —y también millonario— Juan de Pedro Baró, que terminó en la anulación papal del matrimonio de Pedrito y Catalina, aún hoy confundida por muchos con el primer divorcio ocurrido en la isla.

Pero la persona de interés para mi historia es, en esta ocasión, Rosalía Abreu, una de las mujeres peor comprendidas y más vilipendiadas de nuestro pasado republicano. Las hermanas Abreu eran hijas de don Pedro Nolasco, hijo de Manuel González Abreu, Conde de los Remedios, quien llegó a tierra cubana procedente de Islas Canarias a principios del siglo XIX. Pedro Nolasco fue, entre sus muchos hermanos, quien amasó la fortuna mayor de la familia durante el siglo XIX. Eligió como esposa a la santaclareña Rosalía Justiniana Arencibia Plana, también de familia distinguida y acomodada, quien fue la madre de Rosa, Marta y Rosalía. Don Pedro era propietario de los ingenios Santa Catalina, San Francisco, Las Mercedes y el Dos Hermanas, con sus correspondientes dotaciones de esclavos; también poseía otras propiedades en inmuebles alquilados, muchas fincas y solares, haciendas ganaderas, y negocios en Cienfuegos y La Habana. Durante la Guerra de los Diez Años desempeñó una carrera política y llegó a ser Alcalde de la villa. Colaboró monetariamente con las autoridades españolas, pero también con los insurrectos, y cuando en medio de los dos bandos su situación se volvió insostenible, emigró a La Habana con su esposa e hijas.

Ya en la capital, Pedro Nolasco fijó residencia en un lujoso inmueble de Prado y Trocadero, y también, según costumbre de la alta sociedad de la época, adquirió una finca de recreo en Palatino llamada Las Delicias, y un panteón en la necrópolis de Colón. A su muerte legó 20 000 pesos para la construcción de una escuela destinada a los niños pobres. El resto de su fortuna lo dividió en dos mitades: una para su esposa, y la otra, a partes iguales, entre sus tres hijas, cada una de las cuales, de acuerdo con las disposiciones testamentarias del patriarca, heredó 1.643.895 pesos, más numerosas propiedades. Como Rosa y Marta ya estaban casadas, don Pedro nombró a un hermano suyo tutor de Rosalía, la hija menor.

ROSALÍA Y LAS DELICIAS

Como era costumbre en las familias criollas de fortuna, Rosalía fue enviada a los Estados Unidos a completar su educación. Mientras, su hermana Rosa se casaba en segundas nupcias en París con el doctor Grancher, célebre médico que había sido asistente del sabio Louis Pasteur. En 1883 Rosalía se unió a la pareja, que había fijado definitivamente su residencia en París, y allí, en el círculo de amistades de su cuñado, conoció a Domingo Sánchez Toledo, joven cubano estudiante de medicina, con quien contrajo matrimonio ese mismo año. En 1889, cuando el flamante doctor recibió su titulación, los cónyuges regresaron a La Habana.

Don Pedro, padre de las hermanas Abreu, había comprado en La Habana una propiedad de nombre Las Delicias, finca de siete hectáreas según algunos historiadores, mientras otros no definen si tenía cuatro o solo dos hectáreas. Pensaba usar el lugar como finca de recreo y veraneo para su familia, pero la muerte le impediría llevar a cabo su propósito. La propiedad estaba ubicada en la calzada de Santa Catalina y Palatino, en El Cerro, por entonces una barriada elegante que fue para la alta burguesía habanera lo que más tarde El Vedado, y donde todavía se alzan las mansiones de algunos aristócratas criollos, incluso con Grandeza de España. La heredad al parecer tocó en suerte a Rosalía, pero el lugar fue casi completamente destruido por un incendio, tras el que apenas quedaron en pie varios muros y algunas estructuras ruinosas y calcinadas.

EL CHATEAU LAS DELICIAS

Cinco años después del siniestro, Rosalía comenzó a construir sobre estos restos una mansión de estilo gótico francés tardío con un toque del neogótico, diseñada por el arquitecto francés Charles B. Le Brun. En su reconstrucción se usó por primera vez en Cuba el hormigón armado, una técnica constructiva de moda en los Estados Unidos.  El resultado fue un chateau ecléctico que recuerda un castillo medieval, con interiores de ambientación morisca y neogótica y unos vastos y hermosísimos jardines inspirados en los jardines del palacio de Versalles.

Rosalía contrató al pintor Armando Menocal, el más renombrado artista de la plástica cubana del momento, para que decorara los interiores del chateau con pinturas murales, varias de ellas con temáticas de las Guerras de Independencia, como el celebérrimo mural de la muerte de Maceo, y otros con temas clásicos de la cultura grecolatina.

Inaugurado en 1906 con una fiesta fastuosa que la prensa de la época reseñó como una coral, en aquellas crónicas se hacía énfasis en el ambiente poco menos que mágico del lugar en los siguientes términos: «Un verdadero palacio de hadas, con una decoración de las Mil y una Noches. Al entrar en los dominios se abre un vasto parque señorial a la manera inglesa y cree uno entrar en el país del ensueño». Y no había exageración alguna en tal descripción.  La propiedad tiene un lago, y la noche de aquella celebración los invitados, disfrazados con los más extravagantes atuendos, pasearon en barcas que alumbraban la noche con farolitos chinos en sus proas, a la manera de las góndolas venecianas. El buffet era magnífico, costosísimo y muy afrancesado. La música, exquisita. ¿Quién no caería rendido ante tanta fascinación y maravilla?

Vista de los jardines de la mansión
Una de las esculturas que adornaban el parque del chateau y los jardines

DE LAS DELICIAS A LA FINCA DE LOS MONOS

No me ha sido posible determinar si el viaje a Francia durante el cual Rosalía adquirió un pequeño chimpancé y una macaca, primeros inquilinos del que llegó a ser el primer zoológico de Cuba, tuvo lugar antes o después de la inauguración del chateau, solo que ambos acontecimientos ocurrieron el mismo año. Domingo Sánchez poco pudo disfrutar esa joya arquitectónica creada por su esposa, porque murió en 1907. El matrimonio tuvo cuatro hijos. El más pequeño falleció por causa de un accidente ocurrido en el baño de la residencia de sus padres. Sobre los detalles de esta dolorosa muerte no he podido encontrar información. Otro hijo, Jean, alcanzó la juventud, estudió en Harvard y perdió la vida en la batalla del Marne, en Francia, durante la Primera Guerra Mundial, cuando se volcó la ambulancia en que trasladaba soldados franceses heridos a un hospital de sangre.

¿Fue la soledad de la viudez, su amor por los animales o su curiosidad científica lo que impulsó a Rosalía Abreu a enviar agentes a diferentes partes del planeta para traerle animales de las más variadas especies? ¿O, tal vez, la fusión de estas tres motivaciones?  Muy por el contrario del modelo femenino que ofrece su hermana Marta, con Rosalía estamos ante una hembra que desafiaba los patrones que regían el comportamiento propio de su época, incluso cuando muchos viajeros, historiadores y estudiosos de la sociedad cubana coinciden en afirmar que siempre en nuestra isla gozó la mujer de gran preponderancia y libertad. Pero Rosalía Abreu fue más lejos en el ejercicio de esas libertades sociales y de rol. Parece que su exquisita educación cosmopolita, que la dotó de gran refinamiento en cuanto a sus gustos y su cultura, no limitó los impulsos de su carácter intenso, apasionado y libertario. Si la famosa Macorina fue nuestra primera mujer en conducir un automóvil por el Malecón habanero, Rosalía Abreu formó parte de las tres primeras cubanas que volaron en aeroplano, junto a la escritora Laura Zayas Bazán y la propietaria del hotel Telégrafo, Pilar Samoano del Toro. La hazaña la llevaron a cabo las tres osadas en una rudimentaria aeronave guiada por Rosillo, pionero de la aviación cubana. No se sabe si en alguna ocasión Rosalía llegó a pilotar, pero sí está documentada su intención de comprar un aeroplano para tenerlo en Las Delicias, ocurrencia entusiasta que nunca completó, aunque recibió en su castillo a muchos famosos pilotos de la aviación internacional y financió con su capital proyectos de aeronáutica. Era conocida por su fortaleza de carácter, su afición a la controversia y su índole caprichosa.

Dicen las leyendas urbanas que se han tejido en torno a la infidelidad de Catalina Lasa a su esposo Pedrito Estévez Abreu, que fue Rosalía quien contrató a un detective o agencia de detectives para que descubrieran el lugar en que Catalina y su amante Baró se encontraban a escondidas, que resultó ser una discreta suite del hotel  Inglaterra, historia que terminó con Catalina huyendo en un coche cerrado envuelta solo en una sábana. Cuentan también las leyendas que fue idea de Rosalía hacer una subasta pública con las prendas íntimas de Catalina, para exponer a la adúltera a la vergüenza social después de haber hecho pública su traición, y que ella fue, también, quien concibió la idea de denunciar a la Interpool la fuga de los amantes, que trajo como consecuencia su persecución por varios países de Europa.

Era muy extravagante Rosalía para los parámetros epocales, y cuando comenzó a adquirir animales, la alta sociedad a la que pertenecía acordó definitivamente que aquella mujer, una de las propietarias más acaudaladas de Cuba, era una excéntrica ridícula, y una loca tal vez. Los burgueses y aristócratas que no desdeñaban ser invitados a sus salones y disfrutaban hasta la saciedad sus fastuosos saraos y garden-partys, sus amigas más íntimas, los cronistas sociales y hasta el pueblo que atisbaba en las afueras de la mansión, se burlaban de ella sin pudor, hacían corrillos en los que intercambiaban bromas zahirientes y las más perversas suposiciones, como que Rosalía mantenía relaciones sexuales con sus monos, y ni siquiera se cuidaban de no ser escuchados cuando la anfitriona pasaba junto a ellos. Rosalía oía y callaba, pero tramaba en secreto su venganza. Encargó a su amigo, el pintor Menocal  un mural que ella tituló Mes amis (en francés Mis amigos). Menocal pintó el mural en el salón principal de Las Delicias, en horas en que la sociedad no tenía acceso a la propiedad. La noche en que Rosalía decidió hacer público su acto de desagravio, preparó una de las fiestas más lujosas que recuerda La Habana, y cuando los invitados comenzaron a llegar encontraron en el salón principal un gran lienzo de pared cubierto con un paño. Cundió la intriga: ¿Qué habría hecho la loca esta vez? se preguntaban.

Cuando Rosalía estimó llegado el momento anunció a la concurrencia que les había preparado una sorpresa, y de un tirón retiró la tela que cubría la pintura. Todos los presentes pudieron verse retratados a sí mismos bailando una danza humillante en torno a la figura de un célebre cronista social de la época que se había atrevido a publicar los infundios más soeces sobre la dama. La nota picante no eran solo los retratos tan verídicos de los “amigos” de Rosalía (Menocal era un retratista magistral), sino que el gacetillero mismo resultaba perfectamente reconocible, aunque… Menocal, por indicación de Rosalía, lo había caracterizado como a Satanás, cuernos incluidos. Hubo uno de esos momentos de silencio que se producen en una multitud paralizada, pero Rosalía, haciendo gala de gran aplomo, dirigió a sus invitados un breve discurso en el que les dejó muy claro que estaba al tanto de sus bajezas, y les anunció que jamás volverían a entrar en su casa. Tuvieron que retirarse de inmediato y fue aquella la última fiesta que disfrutaron en el chateau.

Mes amis fue pintado por Armando Menocal, no por Raimundo

LOS MONOS

Con el tiempo Rosalía Abreu llegó a reunir en su propiedad la más grande colección de simios cautivos de que se tenía noticia en la época, unos doscientos que provenían de todas partes del planeta, entre los que había varias especies, algunas representadas por ejemplares muy pequeños, aunque no quedó evidencia de algún ejemplar del tamaño de una rana, lo cual puede ser otro de los muchos elementos fantasiosos que conforman la leyenda negra de Rosalía Abreu. Pero en Las Delicias no solo reunió la dama simios. También tenía un oso pardo, un tigre y varios ejemplares de ciervos, caballos, conejos, perros, pavos reales, guacamayos, papagayos, gatos, gallos japoneses y hasta un pequeño elefante, a quien llamó Yumbito, del que se dice que inspiró a Walt Disney el tiernísimo y conmovedor personaje de Dumbo, el fantito volador. Los animales más peligrosos por su fiereza potencial o manifiesta vivían en jaulas metálicas reforzadas pero provistas de todas las comodidades. Había también un cocodrilo, que habitaba en el lago de la propiedad.

La atenta observación de sus simios llevó a Rosalía a la conclusión de que poseían una inteligencia casi humana. Convencida de ello, dio comienzo a uno de los experimentos más osados que conoció la ciencia de su época. Eligió a los primates que daban muestras de una cognición mayor y fue adiestrándolos en tareas domésticas simples como lavar y planchar ropa, llevar vestimentas humanas, beber en vasos y comer en plato y con cubiertos, montar bicicleta dentro de la propiedad, fumar en pipa, y cuentan quienes dicen haberlo presenciado que algunos llegaron a tocar guitarra y también el piano. Si se portaban “mal” o hacían diabluras incómodas, Rosalía los castigaba, pero por el contrario, si sabían agradar a su dueña ella los entraba a las habitaciones, donde encontraban colchones de plumas y juguetes que les encantaban. Rosalía crio en Las Delicias tres generaciones de simios, entre los cuales hubo algunos con personalidades que merecen ser destacadas, en especial tres de ellos. Se trata, en primer lugar, del chimpancé Jimmy, la mascota preferida de Rosalía. Jimmy, decorosamente vestido, la acompañaba en sus visitas, y cuando ella salía de compras, se dice que Jimmy viajaba cómodamente instalado en el asiento delantero del vehículo de su dueña, junto al chofer. Cuando ella terminaba de comprar, Jimmy se encargaba de cargar los paquetes y conducirlos hasta el auto y abrir la portezuela para que Rosalía se sentara. La prensa de la época contaba que durante las recepciones celebradas en Las Delicias, Jimmy recibía a los invitados elegantemente vestido, los saludaba con reverencias graciosas y les guardaba los bastones y sombreros. Cuando los invitados se iban retirando, Jimmy devolvía a cada uno sus pertenencias del guardarropa sin equivocarse jamás de propietario.

Jimmy era, al parecer, también un romántico, pues se enamoró perdidamente  de una orangutana llamada Cucusa, y de la unión de la pareja nació el 27 de abril de 1915 el primer chimpancé procreado en cautiverio de que tiene noticia la ciencia. Rosalía lo nombró Anumá. Al nacer, Anumá medía 53 centímetros de talla y 35 de circunferencia craneana, con un perímetro toráxico de 37 centímetros.

Anumá en brazos de su madre Cucusa

A los diez años era corpulento, y tenía más o menos la estatura de un adolescente. Mimado y consentido por Rosalía y por los sirvientes de la mansión, creció libre y caprichoso, dando muestras de un carácter muy fuerte y travieso. Lanzaba frutas podridas y hacía toda clase de diabluras, y aunque Rosalía lo castigaba, Anumá parecía no tomárselo en serio y nunca cambió. Un día uno de sus guardianes, llamado Juan Lezcano, lo regañó. Anumá reaccionó con violencia, porque no estaba acostumbrado a ser tratado con severidad, y de un mordisco le arrancó al hombre dos dedos de su mano izquierda. Los guardianes de Las Delicias iban armados, por lo que Juan Lezcano sacó su pistola y disparó al aire para pedir auxilio, pero Anumá lo atacó de nuevo. Probablemente muy a su pesar, Lezcano se vio obligado a dispararle en defensa propia. El proyectil no interceptó los órganos vitales de Anumá y los médicos, previendo complicaciones, decidieron no extraerlo del cuerpo del primate, pero años después la bala se fue desplazando en dirección al corazón y una segunda cirugía se hizo inevitable. Por desgracia, Anumá no resistió la anestesia y falleció en el quirófano.

Al simpático y muy educado Jimmy y al violento Anumá se suma un tercer personaje muy interesante. Se trata de Cholo. Esta historia fue contada en 1931, un año después de la muerte de Rosalía, en la revista madrileña Estampa. Cholo, estaba entre los orangutanes más inteligentes de Las Delicias y había sido entrenado por su dueña para desempeñar funciones casi de paje en el chateau. Rosalía le profesaba un cariño especial, y Cholo, haciendo honor a su condición casi humana, se enamoró de ella con una pasión fervorosa que, si en algún momento pudo resultar cómica para algunos, no tardó en degenerar en tragedia, pues el enamorado concibió unos celos terribles del administrador de la propiedad, con quien Rosalía se reunía a diario para darle instrucciones sobre su trabajo. Un día Cholo entró en el despacho de Rosalía y tal vez vio, o le pareció ver, que el hombre se encontraba demasiado cerca de la amada, por lo que no lo pensó dos veces y saltándole encima, lo estranguló. Tal vez el crimen no ocurrió dentro de la casa ni frente a Rosalía, pero ocurrió. Rosalía alegó que se trataba de un crimen pasional y se negó a sacrificar a Cholo. A lo más que accedió fue a donarlo al Campo de Marte como castigo.

Robert M. Yerkes

La comunidad científica internacional no pasó por alto el trabajo pionero de Rosalía Abreu. Ella recibió telegramas de felicitación del doctor Elie Metchnikoff, premio Nobel en Medicina; de William T. Harnaday, director del zoológico de Nueva York, y de otros reconocidos expertos pertenecientes a varios centros científicos. En 1920 la Universidad de Yale y el Carnegie Institution de Washington envíaron a Las Delicias a Robert M. Yerkes con el propósito de estudiar el hábitat creado por la acaudalada criolla para sus animales y copiar su modelo para fabricar instalaciones similares en los Estados Unidos. Yerkes, psicólogo, etólogo y primatólogo era pionero en el estudio del comportamiento social de los primates, y había creado en Yale un laboratorio de Biología de Primates, y también el Centro de Cría y Experimentación de Antropoides, en Florida. Por el contrario de la sociedad habanera que había cubierto de burla a Rosalía, y de la prensa cubana de la época, que llenó sus páginas con caricaturas de ella como aviadora y rodeada de monos, Yerkes, tras una larga estancia en Las Delicias que se extendió hasta 1924, comprendió la enorme importancia del experimento emprendido por la dama, y lo calificó como el estudio antropológico más importante realizado hasta entonces. Regresó de ese viaje decidido a observar a los primates en su hábitat natural. Comenzó adquiriendo a un zoológico dos ejemplares, Chim y Panzee. Los llevó a su casa, donde dormían en un dormitorio y comían con cubiertos en una pequeña mesa. Chim resultó especialmente maravilloso para Yerkes, y un verano que el mono y Yerkes pasaron juntos fue inmortalizado en su libro titulado Casi humano, que el científico dedicó a la cubana Rosalía Abreu.

ISADORA DUNCAN EN LA FINCA DE LOS MONOS

Muchas fueron las personalidades científicas del mundo internacional que visitaron la que el pueblo había dado en llamar burlonamente “finca de los monos”. También recibió Rosalía en su chateau a altísimas personalidades de la aristocracia europea y la alta burguesía estadounidense, y del mundo del arte y la cultura. Pero el testimonio más interesante se debe a la pluma de la gran creadora de la danza moderna, la bailarina norteamericana de origen escocés Isadora Duncan, mujer de sensibilidad profunda y exquisita que realizó una visita a Cuba. En su libro de memorias titulado Mi vida, Isadora escribió:

Visitamos una casa, que estaba habitada por una representante de las más rancias familias cubanas, que tenía la manía de los monos y los gorilas. El patio de la casona estaba lleno de enrejados, donde guardaba a sus bestias favoritas. Era este uno de los sitios curiosos para visitantes. La dueña dispensaba a estos una pródiga hospitalidad.  Los recibía con un mono sobre el hombro y con un gorila que llevaba de la mano: los seres más domesticados de su colección, en la que había algunos que no eran tan dóciles y que, cuando las visitas pasaban por delante, se agarraban a los barrotes, lanzaban chillidos y hacían toda clase de muecas. Le pregunté si eran peligrosos, pero me dijo, con desenfado, que, aparte de escapadas ocasionales y algún guardián muerto, eran inofensivos. La noticia me intranquilizó y apresuré mi marcha.

Lo notable de esta señora es que era muy hermosa, con grandes ojos expresivos, culta e inteligente. En su casa se reunían las lumbreras literarias y artísticas. ¿Cómo, pues, explicarse su fantástico afecto hacia los monos y gorilas? Me dijo que en su testamento dejaba todo al Instituto Pasteur, para los experimentos relacionados con el cáncer y la tuberculosis. Me pareció una forma muy singular de demostrar a aquellos rudos su cariño póstumo.

Isadora Duncan
Mi vida

CONCIERTO PARA PIANO Y FINAL

Rosalía murió el 3 de noviembre de 1939, a los sesenta y ocho años, y en coincidencia impactante con la partida de este mundo de Catalina Lasa, de quien había sido enemiga irreconciliable. Se dice que en su testamento, al cual no he tenido acceso ni encontrado fuente alguna que lo muestre, legó a sus monos una gran parte de su fortuna. También se dice que donó su colección de animales al Carnegie Institute, una organización sin ánimo de lucro creada en 1902 en los Estados Unidos. Lo cierto es que sus dos hijos no mostraron interés alguno en el legado de su madre. Muchos de los monos amados de Rosalía terminaron sus días en zoológicos y circos de aquel país.

Hay constancia de que el presidente cubano Gerardo Machado quiso construir un zoo con los animales de Rosalía Abreu, pero el proyecto se deshizo ante la falta de recursos. Años más tarde, el científico  cubano Moreno Bonilla descubrió en el zoológico de Filadelfia algunos ejemplares de aquella colección, y también comprobó que los orangutanes de Rosalía seguían reproduciéndose en cautiverio. Compró una pareja de ellos para el Jardín Zoológico de La Habana, y para perpetuar el nombre de sus progenitores, los llamó Guas II y Guarina II.

Es muy de lamentar que la sociedad cubana, una parte de la cual se había educado en Europa y los Estados Unidos y por tradición heredada de la colonia era muy afrancesada, no fuera capaz de comprender a una mujer de la talla intelectual de Rosalía Abreu, y haya sido la comunidad científica extranjera quien prestigiara su trabajo y la colocara en el sitial de honor que ella merece como iniciadora de estudios pioneros en su tiempo. Siempre recuerdo que en alguna ocasión Martí se refirió a la isla como “la comarca demorada”, en alusión a lo mucho que tardaban en llegar al archipiélago cubano los avances, descubrimientos y creaciones mejores del resto del planeta. Pero la justicia ha sido hecha, porque aunque tarde, llega.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica de arte, guionista de cine, radio y televisión, pero este blog se propone combatir el maltrato animal y procurar en Cuba su castigo más severo y radical
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