Bebedores de cerveza, ¡ojo!

Cuba es un país muy chovinista, defecto que arrastramos desde los inicios de nuestra historia, pero no hay grupo humano en este planeta que no lo padezca también. Un cubano, interrogado sobre la cerveza, no tendría inconveniente en afirmar con tanto entusiasmo como convicción que nosotros somos los más cerveceros de la Tierra, pero tal vez no podría añadir más, porque la historia de la cerveza no es muy conocida en esta isla, donde tanto se gusta de ella.

Además, un cubano probablemente se moriría de risa si alguien le dijera que la cerveza, esa misma bebida que cuando usted se bebe una botella y se atreve a manejar le ponen multas, y también es responsable de los piropos más atrevidos y de esas panzotas redondas que muchos caribeños exhiben como una marca de virilidad y estatus social, fue gozosamente producida en los monasterios más antiguos, al igual que el wiski. “¡Compadre —diría el cubano—, pero quién te va a creer esa guayaba!” Y sin embargo es cierto, y no solo eso, sino que hace muchísimo tiempo era colocada como ofrenda muy sagrada en las tumbas de los muertos, debidamente taponeada, para que pudieran seguir degustándola en el Más Allá.

Pero todavía esos no fueron los comienzos de la cerveza, y para descubrirlos hay que mirar mucho más atrás en la Historia. Resulta que en el Neolítico, con el paso de las comunidades nómadas a la agricultura aparece, también, el pan, sin el cual quizá la cerveza, al menos como la conocemos hoy, nunca hubiera existido. Testimonios arqueológicos y antropológicos demuestran que la cerveza pudo aparecer entre 11 000 y 1000 a.C, pero la primera muestra documentada de su existencia es nada menos que una tablilla cuneiforme hallada en la Mesopotamia del Oriente Medio hace unos 7 000 años. Por esta tablilla, que pondera las virtudes de la bebida, no solo sabemos que los mesopotámicos fueron muy adictos a ella, sino que la consideraban un brebaje sagrado y hasta le asignaron una divinidad: la diosa Nikasi. Pudiera parecer extraño, pero ¿no hicieron lo mismo los griegos con el vino cuando le atribuyeron su invención al bello dios Dionisos, adolescente de rizos dorados cuya personalidad, dicho sea de paso, era bastante salvaje, impúdica, incontrolada y hasta un poco caníbal? Que sepamos, Nikasi era muy moderada, y su papel consistía únicamente en recibir libaciones de gratitud por parte de los bebedores. Un dato curioso es que en esa tablilla se muestra la costumbre mesopotámica de que varios consumidores de cerveza lo hicieran a la vez de un mismo recipiente de cerámica, usando alguna especie de absorbentes, presumiblemente  juncos finos de río. Quizá veían las ocasiones de beber cerveza como un momento ideal para socializar, como hacen hoy los argentinos con su mate.

Se cree que el descubrimiento de la cerveza pudo haberse producido en varias partes del Mediterráneo a la vez, y que muy probablemente se debió a un accidente o a una casualidad, como tantos otros descubrimientos relacionados con la alimentación entre los pueblos primitivos. Alguien pudo mezclar agua con cereales y… ¡a beber!, como cuenta el escritor francés Rabelais que gritó su personaje, el bebé Pantagruel, cuando llegó a este mundo. Los sumerios, herederos inmediatos y más cercanos de los mesopotámicos, humedecían el pan con agua y agregaban levadura, que fermentaba la mezcla, y esta se convertía así en bebida alcohólica. Tanta emoción parece haber suscitado la cerveza en las primeras sociedades de esa zona del Asia, que los asentamientos se creaban alrededor de los campos de cultivo de los cereales empleados en la elaboración de la bebida: malta, centeno, cebada y lúpulo. Más tarde los babilonios, pueblo que suplantó a los dos anteriores en la misma zona, consignaron, también en una tableta de arcilla que ha llegado a nosotros, la fórmula que empleaban para elaborar su cerveza.

Sumerios y babilonios mantuvieron muy estrechas relaciones con el antiguo Egipto. Quienes hayan leído la magnífica novela Faraón, del escritor polaco Boleslaw Prus, recordarán, sin duda, las oscuras intenciones políticas de los babilonios con respecto a Egipto, y cómo los sacerdotes babilonios se infiltraban entre las castas sacerdotales egipcias, donde eran reputados y consideradísimos como grandes magos y maestros inigualables y “acababan la hostia”, como dirían los españoles, pero por ahora lo que nos interesa son las relaciones comerciales entre ambos pueblos,  porque los egipcios, quienes gozan entre nosotros, los modernos, fama de haber sido uno de los pueblos más espirituales de la Tierra en todos los tiempos, fueron también grandes y emprendedores comerciantes. Ellos fueron los primeros en convertir la cerveza en un muy productivo rubro mercantil.

Hay que especificar que la aristocracia egipcia y los nobles de las provincias que conformaban el imperio preferían el vino. La cerveza, a la que daban el extraño nombre de  Nekhen-Hoffman, quedaba para el pueblo, de cuya dieta cotidiana llegó a formar parte indispensable, supongo que por su alto contenido proteico y calórico, pues el pueblo egipcio, mayormente integrado por esclavos y campesinos, desempeñaba trabajos muy rudos que iban desde la construcción de monumentos ciclópeos como templos, palacios y tumbas, hasta la desecación y cultivo de las tierras anegadas por las crecidas anuales del Nilo, así que necesitaban alimentos asequibles y nutritivos para soportar su enorme carga de esfuerzo físico, bajo un clima inclemente donde el sol podía hacer llagas profundas en la piel que al instante se cubrían de moscas y otros insectos. Pero… ¿quién iba a prestar demasiada atención a esos detalles cuando la cerveza alegraba tanto el corazón…? Baste decir que existen relieves numerosos donde se muestra a los campesinos en el cultivo y cosecha de los cereales empleados en la elaboración de la cerveza, y que las fábricas productoras de cerveza de los faraones llegaron a producir hasta cuatro millones de litros por año. Los graneros egipcios, en gran número, estaban destinados al almacenamiento de cebada, y por si fuera poco los granos de este cereal era usado entre el pueblo como moneda de cambio.

Pero con la picardía de los buenos comerciantes, a la hora de exportar la codiciada bebida, y como el precio de la cebada era elevado, ¿qué se les ocurrió? Pues sustituirla por otro cereal, la espelta, una variedad de trigo. Otra de las hazañas de los cerveceros egipcios fue el descubrimiento de la malta, o, por lo menos, su empleo al por mayor. Otra de sus ocurrencias fue agregar a la espelta azafrán, miel, jengibre y comino para darle sabor y color, y más tarde añadieron a la fermentación dátiles, granada y otras hierbas y frutos. Ya no nos va resultando tan difícil a los gustadores modernos de la cerveza imaginar qué sabor exótico, pero tal vez delicioso, tuvo aquella mezcla de faraones.

Las dinastías imperiales egipcias, como ya he dicho, disponían del Nilo y otros ríos importantes, además del Mediterráneo, para comerciar lo mismo hacia el interior de África que hacia el sur de Europa, y lo hicieron. Los vinos griegos y el aceite de oliva llegaron a las cortes reales egipcias, y la cerveza viajó a las bodegas de Grecia. Sin embargo, allí no gozó de tan gran aceptación. Si prestamos atención a lo que comían y bebían los personajes de La Ilíada y La Odisea veremos que… no era la cerveza, sino el vino, servido desde grandes crateras de cobre y bronce en copas de labrado suntuoso, lo que acompañaba a las carnes bien gracientas que consumían lo mismo los príncipes que las tropas de Agamenón. Eso nunca cambió para los griegos, quienes dicho sea de paso, han sido en el pasado y continúan siendo productores de los vinos más especiados y de mayor cuerpo y aroma de la industria vitícola internacional. En lo personal, nada hay para mí comparable a un vino de Chipre y, aunque no he probado las cosechas de las faldas del Vesubio, se asegura que producen un vino espectacular. El lector puede que haga cierta mueca de horror al recordar los cadáveres cristalizados por la lava encontrados entre las ruinas de Pompeya y Herculano, pero… la vida es así.

Incluso antes de que la cerveza egipcia llegara a los mercados de Grecia y Roma, ya en China y Japón se producía una bebida similar. En China se fabricaba con empleo del trigo como base, y más tarde se pasó a elaborar una cerveza llamada «kiu», utilizando cebada, trigo, espelta, mijo y arroz. En Japón el ingrediente principal era el arroz, de donde surgeel sake, considerada la cerveza más antigua utilizada en ritos sociales en honor a los dioses. Más o menos por esa misma época, quizá un poco más tarde, las civilizaciones precolombinas de América elaboraban una bebida semejante a la cerveza, en la que utilizaban maíz en lugar de cebada. 

Pero volvamos a Grecia. La cerveza, que no logró conquistar el alma ni el paladar de los griegos, tuvo allí aliados inesperados: la ocupación imperial romana de Grecia continental y sus islas, y de ese modo la bebida pasó al imperio más grande que ha conocido hasta hoy la historia de la Humanidad. Por medio de los griegos Roma probó la gran receta de los egipcios, pero tampoco pudo la cerveza competir con los vinos de Italia, y quedó, al igual que en Egipto, como bebida del populacho o populus, como denominaba la aristocracia romana a las clases bajas. La multitud que solía asistir a las gradas del Circo romano para presenciar las luchas entre gladiadores y los combates de animales llevaba consigo entre sus túnicas pequeñas cráteras con cerveza, que bebían para mitigar los rigores del sol que traspasaba los toldos, y así se emborrachaban y enardecían cada vez más, entre la sangre que corría por la arena, el calor y todo lo que ya sabemos que tenían de bárbaros y crueles aquellos espectáculos con que la clase dominante entretenía y embrutecía al pueblo. Lo mismo que en los cines de hoy, un vendedor de botellas de cerveza pasaba entre las gradas con una caja de madera colgada del cuello por una gruesa correa, y repleta de estas botellitas que ofrecía al público a precios bastante módicos.

Pero el destino de la cerveza no era quedar reducida al elemento más bajo del imperio romano, y cuando Roma conoció las primeras invasiones bárbaras de las tribus germánicas, descubrió que entre aquellos pueblos la bebida más consumida era… la despreciada cerveza. Los territorios habitados por pueblos escandinavos y germánicos eran demasiados fríos como para que en ellos se pudiera depender de una vendimia que tal vez fuera arruinada por las inclemencias del tiempo. Así que, más tarde, durante los últimos siglos del imperio, cuando ya este se encontraba en franca decadencia y sus legiones estaban integradas en su mayor parte por auxiliares germanos, estos llevaron la cerveza a los territorios conquistados: las Galias e Hispania, donde, por cierto, alguna clase de cerveza celta ya era elaborada y conocida antes de la romanización, puesto que en toda Europa las indagaciones arqueológicas han demostrado que fue allí donde se ha encontrado la prueba más antigua, en el yacimiento de la Cova de Can Sadurní, en el término municipal de Begas (Barcelona)… Donde quiera que las tropas “romanas” levantaban un fuerte o un campamento, a su alrededor se iba formando una ciudad, donde se mezclaban aquellos soldados rudos e incultos con la población nativa, y se establecía un comercio muy próspero y dinámico. Pero ¡oh sorpresa!: estas poblaciones de origen celta también conocían la cerveza mucho antes que los romanos. Los más famosos cantos heroicos irlandeses muestran a sus héroes bebiendo cerveza en copas de oro, plata y bronce de fino labrado en torno a un espetón donde asan carneros y cerdos. Recuerden a los dos célebres y muy simpáticos personajes animados franceses, Obelix y Asterix, alzando sus jarras para brindar cada vez que golpeaban duro a los romanos. ¿Quién llevó la cerveza a Irlanda? ¿Fue creada por las tribus celtas de los cinco reinos de la isla, o llegó a ella con los primeros invasores vikingos en sus drakares recubiertos de pieles? También consta, según estos cantos heroicos, que Irlanda, Escocia y Gales, comerciaban estaño con Grecia a cambio de sus vinos, entre otros productos. ¿Entonces…? Lo cierto es que cuando los temidos vikingos de Escandinavia desembarcaron en el norte de Irlanda y Escocia, llevaban su cerveza, pero ya en aquellas tierras se consumía una bebida muy semejante que los nativos llamaban beor.

EDAD MEDIA

Y es en esta época de la Historia, también denominada erróneamente Siglos Oscuros, donde aparece la divertida circunstancia de que fue en los primeros monasterios fundados por la Iglesia católica en Irlanda donde aparecieron las bebidas alcohólicas hoy más solicitadas en todo el planeta, pues mientras los vinos siguen siendo consumidos por paladares refinados o acompañando cenas de negocios y otras celebraciones conmemorativas como las Navidades, el wiski y la cerveza son muy populares en todo el planeta y se beben en cualquier ocasión.

Mientras en Europa fue la cebada el cereal privilegiado para la confección de la cerveza, en el siglo X los monasterios irlandeses iniciaron su producción a gran escala, pero con un pequeño cambio. La mayoría de estas casas religiosas se autoabastecían de productos agrícolas gracias a que los propios monjes sembraban sus huertos. Estos, a quienes San Patricio, introductor del cristianismo en aquella isla, había ordenado preservar los libros y escrituras paganos, obtuvieron las antiguas recetas egipcias de elaboración de cerveza en los oscuros y helados scriptoria, grandes salones donde copiaban e iluminaban pergaminos antiguos con las más remotas versiones de los Evangelios, que provenían, precisamente, del cristianismo egipcio, hoy conocido como copto. Los buenos monjes, en sus bodegas, comenzaron a experimentar nuevas fórmulas empleando el lúpulo, que consigue un sabor amargo, transparencia y espuma, con lo que las cervezas que producían ya no eran turbias y dulces, sino claras y amargas. La idea de que la alimentación de los piadosos hombres de Dios era muy magra, fue cierta en los comienzos del cristianismo, y sobre todo en los desiertos de Egipto, a donde se iban los monjes a hacer vida de ermitaños, pero eso no tardó en cambiar y, muy pronto, los santos hombres rezadores comenzaron a beber alegremente cerveza y vino, y un ejemplo de ello es el renegado fraile Tuck, de la conocida saga inglesa de Robin Hood, quien pasaba más tiempo bajo los vapores de la bebida que lúcido, lo que nunca le impidió secundar muy bien a los Hermanos del Bosque de Sherwood. Recordar, también, la abadía de Casale, en El nombre de la rosa, novela del escritor y semiólogo italiano Umberto Eco, donde desde el Abad hasta los monjesicos novicios toman vino sin prejuicio y sin limitaciones. Muchas y muy divertidas anécdotas se pueden disfrutar en El Decamerón, del italiano Bocaccio, sobre la afición de los monjes (y las monjas) a las bebidas espirituosas.

Por si fuera poco, existe un testimonio no tan literario, sino absolutamente histórico al respecto: En España la cerveza fue popularizada en el siglo XVI por Carlos I de España y V de Alemania (hijo y heredero de la desgraciada reina Juana la Loca), tras su retirada al Monasterio de Yuste, donde los monjes fabricaban ya una cerveza de excelente calidad. El emperador instaló una pequeña fábrica de esta bebida en el monasterio, y a partir de aquel momento se hizo acompañar por un monje que era, al mismo tiempo, maestro cervecero. Incluso hoy parece ser que la cerveza de mejor calidad que se bebe en el mundo es producida por los monjes trapenses, y se elabora en las mismas instalaciones de ese convento. Los monjes trapenses son más conocidos como la Orden Cisterciense, y sus estrictas normas de fabricación de cerveza son las que han hecho de su producto un icono de fama mundial. A la abadesa alemana fundadora del monasterio de Rupertsberg, Hildegarda de Bingen (1098-1179), compositora, escritora, filósofa, científica, naturalista, médica, mística, líder monacal y profetisa, se le reconoce la primicia de añadir lúpulo al mosto de la cerveza antes de fermentar. No está claro si se debe a ella o a otro oscuro personaje de nombre Gambrinus, la ocurrencia de saborizar y aromatizar la cerveza con flores de milenrama, artemisa, mirto del pantano o dulce viento, romero, nuez, enebro, salvia, regaliz, jengibre o canela. Una verdadera alquimia con o sin atanor, pero demuestra que la clase sacerdotal representante de la Iglesia Católica ha sido, desde su aparición y consolidación, protectora de la cerveza, el wiski y otras bebidas deliciosas que, sin embargo, tienen fama —entre ciertos estratos de la población y ramas del cristianismo consideradas “heréticas” como los evangélicos— de corruptoras de la moral.

De todos modos es bueno saber que fue Otón II el Rojo, rey de Alemania e Italia y emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, quien goza de eterna veneración por haber sido quien otorgó la primera licencia que se conoce para fabricación de cerveza, que fue a para a la ciudad de Lieja, hoy Bélgica, país productor de algunas de las marcas actuales más prestigiosas del preciado líquido.

Hay cervezas célebres, como un tipo de negra seca, elaborada por primera vez en Dublin en 1759 por el cervecero Arthur Guinness, en la empresa cervecera denominada St. James’s Gate Brewery. Los famosos pubs de Irlanda, de los que muchos hemos oído hablar y seguramente recuerdan quienes hayan visto la serie inglesa Picky Blinders, llegaron a Inglaterra en oleadas masivas de inmigrantes, las mayores de las cuales se produjeron a principios y mediados del siglo XIX. Estos inmigrantes introdujeron, en especial en los barrios obreros de los bajos fondos londinenses, donde formaban la mayoría del proletariado más miserable, los célebres pubs, locales pequeños con mesas flanqueadas por especies de sofás enfrentados donde se reunían a beber cerveza cuando terminaban su jornada laboral.

Pub irlandés moderno en Dublín

He escuchado sobre un certamen que se celebra, creo, en la República Checa, donde la competencia consiste en verter sobre el asiento de una silla de madera un chorro de cerveza producida en el país. Los concursantes, quienes llevan pantalones de cuero crudo, deben sentarse y esperar unos minutos. Luego intentan levantarse, pero la cerveza tiene tanto cuerpo que pocos pueden desprenderse del asiento. Esta anécdota me la contó un profesor de Literatura Universal que había estudiado en ese país. Fue hace más de treinta años, así que pido perdón por cualquier imprecisión al transmitir la anécdota. Los alemanes crearon otro tipo de cerveza mediante su almacenamiento en cuevas de hielo, a la que llamaron lager, y es hoy muy conocida a nivel internacional. Pero en lo que a Alemania se refiere, país productor de algunas de las más prestigiadas marcas cerveceras del mundo, cuenta la historia que dos de ellas se deben a una auténtica pelea profesional: Pilsen contra Lager, producida en sus comienzos por los monjes cerveceros de los monasterios de Baviera, una historia que puede ser contada en otro momento.  

Del sitio https://www.cultura.gob.ar/cronologia-de-la-cerveza_7973/ he tomado esta descripción de tipos de cervezas:

  1. Lager y Pilsen: Elaboradas con malta pálida, de aspecto rubia y de baja fermentación y baja graduación alcohólica.
  1. Abadía: Elaborada con cebada, de fermentación y graduación elevada. De fabricación artesanal en abadías o pequeñas cervecerías.
  2. Gueuze-Lambic: Mezcla de trigo y cebada, de fermentación natural sin necesidad de levadura.
  3. Blanca: Contiene únicamente trigo, es muy pálida, más clara que la pilsen. Posee fermentación alta y bajo contenido alcohólico, tiene un con un sabor ligero a la par que marcado.
  4. Ale: Fermentación rápida a altas temperaturas generan sabor afrutado, fermentado con varias levaduras. Tanto el color como la fuerza son variables. Hay diferentes tipos: See Bitter, Brown Ale, Cream Ale, Indian Pale, Mild, Pale-Ale, Scotch Ale.
  5. Stout: Elaborada con malta tostada con proceso de alta fermentación. Suele ser dulce y su graduación alcohólica es baja.
  6. Aspecto: Muchas cervezas reciben el distintivo de su color: cerveza ámbar, roja, rubia, negra. Otras vienen definidas por su transparencia: cervezas turbias o translúcidas. Normalmente, la translucidez de una cerveza puede ser debida a las proteínas en suspensión, procedentes del grano (menos de cebada), o bien puede ser debida al hecho de ser poco o no haber sido filtrada y llevar levadura en suspensión. Las cervezas negras son llamadas así por el uso que se hace en la receta de maltas tostadas o quemadas. Algunas cervezas negras especialmente robustas son nombradas normalmente stout («robusto» en inglés).

Las primeras décadas del siglo XX asisten al resurgimiento de las pequeñas industrias de cerveza casera. Se piensa que la nostalgia de las colonias de alemanes emigrados lejos de su tierra natal haya sido el motor impulsor de este fenómeno llamado “de las microcervecerías”, que cobra un auge especial a mediados de la década del 70 en los Estados Unidos, donde este movimiento empieza a ser conocido como ‘homebrewing’, y en los años 90 ya es una nueva manera de comercializar cervezas con estilos, sabores y aromas muy diferentes entre sí, lo que puede hacer las delicias de los aficionados a la cerveza.

Y para amenizar, unos cuantos datos interesantes, curiosidades pudiéramos decir, sobre la cerveza en el mundo:

-Fue el gran científico francés Luis Pasteur, creador del método de la pasteurización quien estudió la levadura Lager y descubrió el hongo que participa en la proceso de fermentación de la cerveza. Este descubrimiento no solo precipitó la evolución del azúcar en alcohol y abrió el camino para una fermentación más precisa, sino que facilitó a los maestros cerveceros la creación de cervezas más diferentes y de más calidad.

-La cerveza escocesa no contiene lúpulo, porque el clima en extremo riguroso de aquella tierra no permite el crecimiento de esta planta.

– Las botellas industriales hechas en serie aparecen en el siglo XIX. Antes se fabricaban a soplete. La cerveza enlatada comienza en 1933

-El 2 de agosto de 2007, un pequeño grupo de amigos reunidos en un pub de California decidió que ese día sería la fecha en que el mundo debía celebrar el Día Internacional de la Cerveza. Se les unieron los restantes clientes presentes en el local y se formó una pequeña celebración. La idea tomó cuerpo, y desde entonces en esa fecha se lleva a cabo una celebración masiva en el planeta, en la que toman parte doscientas siete ciudades, cincuenta países y seis continentes.

Hoy existen cervezas a las que, en una operación anterior a la fermentación, se les añade fruta, zumo de fruta o jarabe, procediendo así a una adición de azúcares que provocan una segunda fermentación. Los tipos históricos son la cerveza de cereza y la de frambuesa. Existen otras de creación mucho más recientes, de kiwi, de albaricoque o de plátano, por ejemplo. Estas especialidades son típicas y casi exclusivas del valle del Senne en Bélgica.

Pero no resultaría adecuado concluir este trabajo sin responder la pregunta que muchos millones de personas, entre ellas yo misma, se han hecho alguna vez en sus vidas. ¿Es saludable beber cerveza? He aquí posibles respuestas:

La cerveza contiene sobre todo agua (92%) lo que, unido a su baja graduación alcohólica y al hecho de que se beba fría (en España la temperatura de consumo oscila habitualmente entre los 8º y los 10º C), la convierten en un producto muy demandado para calmar la sed y el calor que, además, resulta hidratante gracias a las maltodextrinas que contiene y que favorecen la absorción de líquido en el organismo. El alcohol presente en la cerveza no obstaculiza su efecto hidratante, siempre y cuando se consuma de forma moderada o, si se quiere ingerir mayor cantidad, se opte por la cerveza sin alcohol, que tiene las mismas propiedades.

La cerveza es un producto con interés nutritivo porque aporta vitaminas, minerales y otras sustancias con propiedades funcionales como polifenoles y fitoestrógenos naturales. Los componentes más importantes de la cerveza y que reportan beneficios a nuestra salud son:

Vitaminas

Sobre todo del grupo B. Y especialmente ácido fólico, cuya presencia en la cerveza (entre 5 y 10 microgramos por cada 100 ml) hacen que esta bebida sea una de las principales fuentes de folatos que se pueden incorporar a la dieta diaria. Otras vitaminas presentes en la cerveza, son la riboflavina (B2), que facilita la digestión, y la piridoxina (B6), niacina y tiamina (B1), implicadas en el metabolismo de los glúcidos.

Fibra soluble

Es la bebida con un mayor aporte de fibra soluble a nuestra dieta (17%), por lo que un consumo moderado evita el estreñimiento y también se asocia a una disminución del colesterol malo.

Minerales

Contiene numerosos minerales, entre los que destaca el silicio biodisponible, que está implicado en la formación y reparación de los huesos, y contribuye a aumentar la densidad ósea y a frenar la pérdida de hueso.

Alcohol etílico

La cantidad de alcohol presente en la cerveza es pequeña, aunque se recomienda un consumo responsable y moderado y, en aquellos casos en que no se pueda tomar alcohol (embarazadas, menores, personas con tratamientos farmacológicos…), se puede elegir la variedad sin alcohol, cuyo consumo se extiende cada vez más.

Sin embargo, a pesar de las devastadoras consecuencias que el abuso del alcohol puede ocasionar, existen estudios científicos documentados sobre los beneficios de un consumo moderado de alcohol sobre la salud, en caso de adultos sanos y que no estén siguiendo ningún tratamiento con fármacos con los que esta sustancia pudiera interferir. Por ejemplo, el riesgo de sufrir un infarto es hasta un 60% menor entre bebedores moderados en comparación con los grandes bebedores o los abstemios. Además, el consumo moderado de alcohol eleva los niveles de colesterol bueno, lo que reduce los riesgos de desarrollar patologías cardiovasculares.

Se ha relacionado también el consumo moderado de alcohol con un retraso en la aparición de la menopausia y, en el caso de la cerveza, hay que destacar que en esto podrían influir los fitoestrógenos que contiene, cuya estructura química es similar a la de los estrógenos naturales, y que serían responsables, según algunos especialistas, de un retraso de unos dos años en la llegada de la menopausia de aquellas mujeres que consumen cerveza con moderación.

Polifenoles

Estas sustancias, con propiedades antioxidantes, y que forman parte de la composición de frutas y verduras, el aceite de oliva y el té, también están presentes en bebidas fermentadas, como el vino y la cerveza. Entre sus propiedades, destaca la capacidad de los polifenoles para retrasar el envejecimiento celular y reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.[i]


[i] (Tomado de “La cerveza, ¿es saludable?”, por Eva Salabert https://www.webconsultas.com/dieta-y-nutricion/alimentos-saludables/componentes-de-la-cerveza).

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica de arte, guionista de cine, radio y televisión, pero este blog se propone combatir el maltrato animal y procurar en Cuba su castigo más severo y radical
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