Alfonso Camín, el poeta español que celebró en versos a la Macorina cubana

El personaje de La Macorina, es muy conocido en La Habana, aunque no sea más que por el nombre y pocas personas recuerden hoy quién fue n realidad esta mujer a quien uno de los más importantes escritores del período republicano, Miguel de Carrión, inmortalizó en su novela Las Honradas como La Aviadora.

La Macorina era de origen campesino, vino a La Habana a los 15 años con su novio  de entonces, un joven albañil, y tras instalarse con él en una accesoria de Centro Habana o La Habana Vieja comenzó a prostituirse. Era muy bella y no tardó en convertirse en una prostituta de lujo, una demi-mondaine, como se las llamaba en el París de la época. Se hizo célebre porque fue la primera mujer que manejó un automóvil en Cuba. Reunió una gran fortuna que malgastó, y murió en la pobreza. Un músico cubano le compuso un danzón cuyo estribillo rezaba: “Pónme la mano aquí, Macorina, pon, pon pon”, y era una pieza bastante chabacana en letra e intención.

Pero quien verdaderamente inmortalizó a La Macorina fue Alfonso Camín, un poeta y periodista español nacido en Asturias en 1890, quien emigró a Cuba a la temprana edad de 15 años, como la misma Macorina. En La Habana se inició en el periodismo. Llegó a ser redactor de El Diario de La Marina y dirigió varias revistas en Cuba y EspañaLa importante publicación lo envió como corresponsal a Madrid para cubrir la Primera Guerra Mundial. Cuando años después estalló la Guerra Civil española Camín regresó a Cuba y luego se trasladó a México, para volver finalmente a su tierra natal, donde falleció en 1967 en la mayor miseria.

Camín fue un autor y periodista sumamente prolífico (escribió  53 poemarios, a los que hay que sumar sus producciones periodísticas, novelas y ensayos), pero lo que le otorga un puesto especialísimo en las letras hispanopamericanas es que fue el precursor de la poesía afroantillana. Influyó decisivamente en poetas de la relevancia de Nicolás Guillén y otros no menos significativos. En una entrevista exclusiva que realicé a Luis Carbonell, el Acuarelista de la Poesía Antillana como se denominó al genial declamador cubano, este me confesó que sentía una admiración inmensa por Camín y había incluido varios poemas suyos en su repertorio.

Fue un hombre de vida bohemia y temperamento inquieto. Carbonell me dijo que sentía una fuerte atracción por las mujeres negras, lo que no es extraño en los varones hispánicos. Hoy se considera que produjo una obra desigual  de evidente influencia modernista, con algunas piezas de gran valor entre las que se encuentra la que dedicó a nuestra Macorina:

Tus pies dejaban la estera

Y se escapaba tu saya

Buscando la guardarraya

Que al ver tu talle tan fino

Las cañas azucareras  

Se echaban por el camino

Para que tú las molieras

Como si fueras molino.  

Pónme la mano aquí, Macorina

Que me muero, Macorina,  

Pónme la mano aquí, Macorina,  

Que me duele, Macorina.

Tus senos, carne de anón,

Tu boca una bendición

De guanábana madura,

Y era tu fina cintura

La misma de aquel danzón

Caliente de aquel danzón.

Pónme la mano aquí, Macorina,

 Que me muero, Macorina,

Pónme la mano aquí, Macorina,

 Que me duele, Macorina.

 Después el amanecer

Que de mis brazos te lleva,

Y yo sin saber qué hacer

De aquel olor a mujer,

 A mango y a caña nueva

Con que me llenaste el son

Caliente de aquel danzón.

 Si lo que se cuenta en este poema es verdad, Camín la conoció íntimamente y vivió con ella una pasión volcánica, aunque breve, pues Macorina se dedicaba a amantes poderosos entre los que se contaban hasta Presidentes de la República. Camín habrá sido para ella una aventura pintoresca y espúrea.

Alfonso Camín falleció a los 90 años, tras una vida intensa de correrías bohemias pero, sobre todo, dedicada a la poesía.

 

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