Tiempo de sueños o casi tan gris como ese mar de invierno…

Tengo mucho que agradecer al Canal Educativo por su iniciativa de colocar en su programación un espacio en las noches de sábado con videos de Nocturno, sin lugar a dudas uno de los programas de mayor audiencia que ha conocido Cuba.

Me pregunto si la radio cubana hubiera podido hacer el milagro de Nocturno sin España, pues la mayoría de la música que transmitían entonces era la que hacían los grupos españoles de la época, que se formaron y vivieron una verdadera eclosión con el despegue de una España post franquista que demostraba al mundo poseer mucho más que su rica música tradicional de zarzuelas, flamenco y gitanerías. Costó sangre, sudor y lágrimas que los grupos anglosajones fueran admitidos mucho después. El peso sonoro de una década estuvo entre nosotros a cargo de la Madre Patria. Sin ella, ¿cuáles serían ahora nuestros recuerdos?

Yo era muy joven cuando comencé a oír Nocturno. Tenía exactamente 12 años, vivía en 1968 y había entrado en octavo grado de secundaria, lo que equivalía entonces a ingresar en el gremio de los primeros novios. Fue también el momento en que descubrí a Los Beatles. Todo aquel universo melódico barrió de un soplo mi infancia y mi aspecto de patito feo dientuso con espejuelos plásticos de fondo de botella, para dar paso a la adolescente esbelta de cabellos largos que se estiraba los párpados hacia las sienes para aliviar su miopía y evitar los espejuelos. Gracias a Nocturno mi vida cambió: comencé a tener un grupo muy animado de amigos, me volví absolutamente libre y todos los días me escapaba de la escuela con ellos para bañarnos en la playa o hacer maldades en el cine Mónaco sin la sempiterna escolta de mi papá.

Los baby-dolls de la primera época de Nocturno

Empecé a ir a fiestas, y como mi secundaria estaba en una zona que había sido y era, todavía, habitada por una población con poder económico, las fiestas se daban en casas maravillosas, y algunos de mis amigos estuvieron entre los primeros afortunados que pudieron conseguir discos de los Beatles, los Rolling Stones y otros grupos ingleses. Fueron los tiempos de las minifaldas baby-dolls, que muchas de nosotras nos hacíamos con las amplias faldas nesgadas de vestidos de noche usados por nuestras madres antes de 1959. En minutos modistas hábiles transformaban aquellos espléndidos trajes en la nueva moda, y las vecinas viejas desaprobaban nuestros muslos desnudos con la boca torcida. Comenzamos a teñirnos el cabello con violeta genciana y piedras de mercuro cromo que en el furor resudado de los bailes chorreaban su extraña coloración sobre los rostros, pero nadie se fijaba, porque estábamos absortos bailando rock lento o brincando frenéticos a go-go. Nuestros galanes llevaban melenas como John Lennon y Paul McCartney, camisas ajustadas al torso, jeans campana y botas de cuero de Alemania Democrática o tenis modestos de escuela al campo, en dependencia de las posibilidades de cada familia.

Por El Vedado y otros repartos de La Habana se podían ver jóvenes vestidos así

No había muchas opciones para medias, así que algunas muchachas se pintaban la costura sobre la piel, otras usaban medias tejidas por las abuelas con hilo de carretes Bebito, que se vendían por la libreta en tiendas de canastilla, o una variante que hoy sería una antigualla museable: medias de pelotero dobladas sobre los tenis para disimular la desnudez del pie. Recuerdo que hacían lucir piernas perfectas incluso a las dueñas de canillas fatales. Y también ocurrió para mí algo definitivo: entre las muchachitas de mi escuela circulaban novelitas ajadas de Corín Tellado que excitaban mucho la fantasía. Pero Corín, comparada con los Fórmula 5 o Los Beatles se me antojaba vieja, así que escribí una yo usando como modelos las historias que contaban las canciones de Nocturno. Fue mi primer paso real hacia mi futura carrera de escritora y tuve, también por primera vez, un público muy atento en la clase de Español, donde la maestra nos hacía leer nuestras composiciones. Yo usé un truco de mercado barato —aunque entonces no sabía qué era eso— para captar la atención de mis condiscípulos: ellos eran mis personajes, y todos nos embarcábamos en aventuras a lo Massiel y Julio Iglesias, en playas maravillosas, y la música de fondo era… Nocturno.

Así se vestían las muchachas más clásicas de Nocurno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y así las menos convencionales

Este era mi estilo preferido

Este podía ser un kit completo para nuestro verano, y si no se podía conseguir el vestido, nos lo hacíamos de lienzo con calados  o bordados con estambre de colores. Las sandalias se compraban en la Plaza de la Catedral o se mandaban a hacer con artesanos

…y este era más o menos un perfecto kit de invierno, sobre todo se veían en la Universidad y la Cinemateca

En cuestión de peinados, todos, con ligeras variantes, servían igual para cualquier hora y ocasión, y de la “cebolla” de los primeros tiempos de Nocturno pasamos a los cabellos largos sueltos. Creo que la “cebolla” la habíamos heredado de principos de los 60. Yo la odiaba.

…más bien para fiestas…

Este, más simle, era el que más se llevaba. Se usaba mucho en la Universidad

Lo último que quiero recordar antes de llegar al final de esta memoria es el aspecto de La Rampa y toda la calle 23 las noches de fin de semana: muy iluminada, con oleadas de juventud alegre y despreocupada vagando Rampa arriba y Rampa abajo, luciendo en los portales del cine Yara la carterita comando traída por el padre marino mercante o el jeans regalo del papá diplomático. Quienes iban para alguna fiesta atesoraban, bien escondido entre los libros de la escuela, el Album Blanco, porque aunque ahora la estatua de Lennon se haya convertido en sitio de culto y altar, entonces el portador de aquellos tesoros musicales se podía buscar un problema muy serio llevando encima cualquiera de esos acetatos o escuchándolos, aún si el grupo de fans se apretujaba, bien oculto, en el baño de alguna mansión de Víbora Park o el Casino Deportivo, con el tocadiscos embutido dentro del cesto de ropa sucia.

Mis amigas Regla, Cira, Oneida y yo nos cosíamos cosas así cuando estábamos becadas en la ENIA

Y estaban los clubes. Aunque yo recuerdo más el Sherezada y La zorra y el cuervo había muchos, todos en moneda nacional y con precios tan posibles que hasta unos estudianticos con calderilla en los bolsillos podíamos tomarnos unos mojitos en un pub y brincar sofocados al ser descubiertos por la imprudente linterna del camarero mientras estábamos “ligando” con novios y novias, arrullados por Julio Iglesias. O a lo mejor, con toda la alegría de que es capaz la juventud, estábamos divirtiéndonos en las interminables colas de Coppelia o la pizzería La Rampa, o simplemente bebiendo el aire de la costa habanera sobre los muros del Malecón. Nadie nos cerraba el paso. Cuando pienso en aquellos tiempos no puedo evitar que vuelva a mi memoria el recuerdo de mi primer novio, un muchacho de noveno grado con una fama de gandul que no agradaba a mis padres ni a la directora de nuestra secundaria, Mercedes la Bruja. Años después, cuando me bequé en la Escuela Nacional de Asesores de Arte (ENIA) y pasaba mis días en la Biblioteca Nacional entre Rimbaud, Baudelaire, Shakespeare, Durrell, Salinger, Fitzgeral y los pesados mamotretos de antropología que han sido siempre mi pasión, supe que algún amanecer lo encontró convertido en estatua de hielo sobre el banco de un parque en los Estados Unidos.

Yo me vestía así, pero no creo que entonces ya se llevaran jeans rotos en La Habana  de esos años. Preferíamos los Levi y los Lois… quien pudiera.

Ahora, en la enorme distancia del recuerdo, me parece increíble que mientras la juventud del mundo luchaba en el mayo sangriento del 68 en París, en la Plaza de Tlatelolco y en tantos otros lugares del planeta, las mayores batallas que librábamos mis amigos y yo ocurrieron en nuestras escuelas y en las calles de La Habana, y todo lo que demandábamos entonces era poder escuchar a los Beatles y que los varones fueran libres de llevar el pelo largo, que cesaran las odiosas planillas escolares con los humillantes “cuéntame tu vida”, que pudiera profesar en paz su religión quien la tuviese, y salir sin trabas al mundo ancho y ajeno…. Entonces nos parecía que se restringían nuestros derechos de manera monstruosa y nos rebelábamos con furia digna de mejores causas, y luego todo cesaba cuando llegábamos a la Universidad, cada cual entrando sin obstáculos a la carrera que deseaba, y nos graduábamos y comenzaban nuestras vidas de adultos. Hoy veo con dolorosa claridad que la mayoría de los jóvenes cubanos de los sesenta y los setenta, y aún de los ochenta, fuimos muy felices, y aquellas décadas las mejores de nuestras vidas, pero en aquel momento no éramos conscientes. Y toda, absolutamente toda la felicidad que entonces disfrutábamos sin saberla valorar tenía un alma: Nocturno, que se impregnó en una generación fuerte y de mente sana, con esperanzas, con pureza de intención y con decencia. Eso puede hacer la buena música en bien de las personas.

¿Que qué hago las noches de sábado cuando veo ese fantasma del pasado revivir frente a mis ojos en el Canal Educativo? Pues llorar, por supuesto, hacia dentro, como lloran los que saben que la mejor parte de su vida, la visceral, aquella de las promesas de futuro se ha ido para siempre, y ya solo nos queda este vacío casi tan gris/ como ese mar de invierno….

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Cuevas de sal, ¿fantasía o realidad?

 

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Malham, la cueva de sal más grande del mundo está en Israel (foto tomada de Internet)

Hace tiempo leí en un número de la revista National Geographic un artículo sobre Ucrania donde se hablaba de una cueva terapéutica de sal. También he visto unas lámparas de sal agrestes y preciosas que se vendían en una tienda de la calle Tacón perteneciente a la Oficina del Historiador, y a la que los habaneros llaman “la tienda de los muñecos” o “de los elfos”, uno de los poquísimos lugares donde se encuentra en La Habana un refugio encantador para quienes gustan de la Nueva Era o, para hablar de un modo menos superficial, del resurgimiento de la cultura celta.

 

Las lámparas son de un color que oscila entre los rosas, el ámbar y los tonos variados del naranja. Si uno se las encontrara en medio de una planicie pensaría que se trata de un huevo de dinosaurio o una crisálida alienígena. Pero cuando están encendidas parecen pequeños astros o candiles de hadas.

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¿Para qué sirven las cuevas y las lámparas de sal? Los escépticos eternos dicen que para nada, pero la verdad es que sirven para muchos fines, y todos favorecen la salud. Ambas son tan viejas como el hombre, pero las terapias de sal empezaron a mediados del siglo pasado en las minas de sal de Wieliczka, cerca de Cracovia, al sur de Polonia, y después se han extendido a otras partes de mundo. Las cuevas de sal ofrecen terapias naturales libres de medicamentos. No es que los médicos que las aplican inciten a los pacientes a no emplearlos, sino que, debido al efecto favorable que estas terapias tienen sobre la salud, los resultados se constatan pronto y el enfermo mejora de modo agradable y natural.

Las cuevas terapéuticas de sal funcionan haciendo inhalar al paciente la sal en forma de aerosoles, y también por absorción cutánea de sal. Las patologías que más se benefician de estos tratamientos son todas las respiratorias y las dermatológicas. También la sal estimula el sistema inmunológico, entre otras cosas porque disminuye el estrés.

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Así se encuenttra la sal en las cuevas (fotografía tomada de internet)

La sal de las cuevas es procesada en forma de micropartículas por una tecnología llamada de halogeneradores, que luego la dispersan en la atmósfera de forma controlada para que los pacientes puedan aspirarla en seco, por lo que la técnica se diferencia de los tradicionales aerosoles de vehículo acuoso. La sal reduce la inflamación, amplía las vías respiratorias y favorece la expulsión de mucosidades; es antibacteriana y absorbe y elimina toxinas y alérgenos, por lo que mejora el sistema inmunológico. Las partículas que se depositan en la piel ayudan a equilibrar el Ph y favorecen los procesos de reparación y regeneración cutáneos, lo que hace que se estimule el crecimiento celular y la microcirculación. No es magia. El secreto se llama generación de iones negativos.

 

 

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Así funciona la inhalaciñon de micropartículas de sal (imagen tomada de internet)

Sucede que en nuestra vida cotidiana estamos rodeados de manera constante por iones positivos, producidos fundamentalmente por las radiaciones y los efectos indeseables de los equipos electrodomésticos y digitales, aunque también pueden ser generados por causas naturales, como, por ejemplo, no beber el agua suficiente para que nuestro organismo mantenga un buen nivel de hidratación.  Los iones positivos son devoradores de la energía humana, tanto física como mental.  Cambiarlos por iones negativos nos hace ganar salud.

Las terapias de sal pueden ser efectivas en las siguientes patologías: asma bronquial, complicaciones de la piel como psoriasis, acné, bronquitis crónica, otitis, falta de aire, congestión de pecho, neumonitis, después de la fase aguda, enfermedad bronquial, ronquidos, tos del fumador (incluyendo fumador secundario); tos con expectoración viscosa difícil, tos seca, estertores secos (principalmente con tono bajo), edema de la mucosa nasal, constipación y gripe, enfermedades agudas frecuentes del tracto respiratorio, rinitis, sinusitis, inflamación de los senos nasales, faringitis, fiebre del heno, infecciones respiratorias, tos (sobre todo por la noche o después de hacer ejercicio), alergias respiratorias provocadas por contaminantes industriales y domésticos, adenoides  y amigdalitis. Los expertos recomiendan que para que los tratamientos sean completamente efectivos el paciente debe someterse a entre 15 y 20 sesiones de 50 minutos, de ser posible en días continuos, y repetir el tratamiento de 2 a 4 veces por año, según el estado del paciente. También se recomienda evitar en las terapias el uso de sales ricas en contenido de yodo y magnesio, más útiles para tratamientos de relajación, como es el caso de las sales del Mar muerto.

Las terapias de sal comenzaron cuando el médico de una mina de sal en Cracovia se dio cuenta de que los mineros que trabajaban allí no sufrían problemas pulmonares, respiratorios o de tuberculosis, como el resto de la población. Los estudios comenzaron en 1836, la mina fue cerrada durante las dos Guerras Mundiales y volvió a abrir sus puertas en 1959.

Durante décadas se desarrolló un método único para reproducir el microclima de las minas de sal, basado en la tecnología de los halogeneradores. Actualmente la haloterapia está incluida en el sistema de salud de Rusia como terapia oficial, y reconocida como terapia clínica en Inglaterra y en Italia, donde se encuentra en pleno auge. En los últimos años se han realizado una serie de estudios clínicos que avalan su eficacia y ya existen muchos de estos centros en España, Canadá y USA.

Antes de los años 80 se creía que la cueva de sal más grande del mundo se encontraba en Irán, conocida como Cueva de los tres desnudos, ubicada en la isla Qeshm y con 6.5 kilómetros de longitud, pero en 1980 los arqueólogos israelíes descubrieron otra aún mayor: la cueva de Malham, que se extiende por 10 kilómetros, ubicada en las cercanías del Mar Muerto. Es una cueva-río. El agua de la superficie fluyó bajo tierra y disolvió la sal, creando cuevas, un proceso que continúa cuando llegan fuertes lluvias al monte Sedom, alrededor de una vez al año. Sedom es una montaña de 11 kilómetros de longitud, situada a 170 metros sobre el nivel del mar, compuesta de sal y recubierta por una capa de roca que el clima desértico protege de la disolución. El conjunto subterráneo está compuesto por más de un centenar de cuevas, la más larga de ellas de cinco mil 685 metros y, según resultados arrojados por el método de datación del Carbono 14, se cree que el complejo podría haberse formado hace más de siete mil años.

Las cuevas de sal se forman en terrenos áridos cuando se producen lluvias ocasionales, que hacen que el agua se meta por las rendijas de la superficie, disolviéndose y creando canales semihorizontales. Cuando el agua desaparece, los cauces permanecen y se forman cuevas de sal.

Pero millones de habitantes del planeta no podrán viajar jamás a una cueva de sal. ¿Quiere eso decir que no podrán disfrutar de los beneficios de las terapias salinas? Pues no del todo, por supuesto, porque la posesión de lámparas de sal podría ayudar. Me niego a creer que las únicas realmente eficaces sean las fabricadas con sal del Himalaya, como asegura la gran publicidad que se hace en torno a ellas.

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Digamos, para comenzar a tratar el tema, que estas lámparas son de producción artesanal y en sus construcción se emplean diferentes clases de sal, entre las que se encuentran las sales de litio, de selenita, halita, colpa común blanca, roja y amarilla, sal gema y otras. Las rocas de sal se transforman en lámparas a través de un proceso de tallado y pulido que, se dice, comenzó como una técnica artesanal en el norte de Chile, donde para tales fines se utilizaba las piedras en su estado natural. Chile discute con Bolivia el título de productor principal y poseedor de las reservas de sal más grandes del planeta. Pero en realidad las lámparas de sal fueron usadas por el hombre desde hace milenios. Poseen gran belleza cualquiera sea su tonalidad, y difunden una suave iluminación que induce a la meditación y al sueño.

 

He aquí algunos de los muchos beneficios atribuidos a estas fuentes de luz y salud, que por supuesto, he tomado de algún sitio de internet:

(1) Limpian el aire

Esta es la característica más conocida de las lámparas de sal. Tienen un increíble poder para eliminar el polvo, el polen, el humo del tabaco y otros contaminantes del aire. Como la bombilla colocada en el interior de la lámpara la calienta, la sal desprende agua, y esa misma agua se evapora de nuevo en el aire atrapando en la sal las partículas de polvo, polen y humo.

(2) Reducen la alergia y los síntomas de asma

Como eliminan las partículas microscópicas de polvo, moho, hongos y similares en el aire circundante, la colocación de una lámpara o dos en las habitaciones donde se pasa más tiempo puede reducir los síntomas de alergia. Incluso las personas que sufren de asma pueden notar una gran diferencia después de una semana o dos.

(3) Protegen nuestros pulmones

Como hemos visto antes, cuando la lámpara se caliente y comienza su ciclo higroscópico de partículas en el aire, también cambia la carga de las moléculas que se liberan, es decir, absorbe iones positivos y expulsan iones negativos (los que encontramos en la naturaleza pura).

¿Por qué son perjudiciales los iones positivos?

Al respirar de forma continuada una gran cantidad de iones positivos en el aire, los cilios (pelos microscópicos) que bordean nuestra tráquea se vuelven lentos y les cuesta más mantener las partículas contaminantes fuera de nuestros pulmones. Y los iones negativos precisamente tienen el efecto de aumentar la actividad ciliar, ayudando a mantener nuestros pulmones despejados y protegidos. Es decir que las lámparas de sal ayudan a nuestro cuerpo a filtrar el aire de manera más eficiente.

(4) Aumentan la energía

Dar un paseo por el campo, o por la playa, acampar en la montaña, o tomar una ducha tranquila de buena mañana son pequeñas cosas que nos pueden revitalizar. No es casual que todas estas actividades nos expongan a un aumento de las concentraciones de iones negativos (como los que generan las lámparas de sal). Los iones negativos aumentan el flujo de oxígeno al cerebro, con el resultado de tener un mayor estado de alerta, disminución de la somnolencia y más energía mental”. Por el contrario, los iones positivos descargan nuestro cuerpo de energía.

 (5) Ayudan a contrarrestar las vibraciones electrónicas

Hoy en día la mayoría de nosotros vivimos en una especie de océano de radiaciones electromagnéticas (EM) que surge de todos los aparatos electrónicos que nos rodean (televisión, ordenador, teléfono móvil, tablet, aparatos de música…) Aunque puede parecer que no nos afectan, los efectos a largo plazo de este tipo de radiación pueden llegar a ser muy graves. Hay estudios que demuestran que la constante exposición a la radiación EM aumenta los niveles de estrés, causa fatiga crónica y reduce la respuesta inmunológica del cuerpo, entre otras cosas. Por eso es conveniente tener una lámpara de sal cerca de la televisión, el ordenador y otros dispositivos eléctricos que utilices con frecuencia.

(6) Ayudan a dormir mejor

Otro efecto secundario de la sobreexposición a los iones positivos en el aire es que afecta a la calidad de nuestro sueño. Esto sucede porque las partículas cargas positivamente pueden reducir el suministro de sangre y de oxígeno que llega al cerebro, lo que se puede traducir en patrones de sueño irregulares.

 (7) Mejoran el estado de ánimo y la concentración

El efecto de los iones negativos en el cuerpo mejora el suministro de sangre y oxígeno en el cerebro y otros órganos, y también proporciona un aumento en la liberación de serotonina, el neurotransmisor que nos hace sentir (literalmente) felices. Todo esto afecta de forma natural a nuestro estado de ánimo; puede ayudarnos a relajarnos y a descansar, pero también mejora nuestra concentración. Por eso una lámpara de sal es muy adecuada en cualquier espacio donde se realicen trabajos que requieran concentración (en oficinas, despachos, estudios, etc.).

(8) Reducen la electricidad estática en el aire

Las lámparas de sal neutralizan también las partículas ionizadas del aire que causan la electricidad estática. Algo que no es que sea perjudicial para la salud, pero sin duda muy molesto, cuando se te pegan las pelusas a la camisa, o peinarse se convierte en una odisea.

(9) Son una fuente de luz respetuosa con el medio ambiente

Son lámparas completamente naturales, utilizan bombillas de pocos watios queindex4 consumen poca energía, y si no queremos que sean eléctricos podemos utilizar los portavelas que tienen el mismo efecto en el ambiente.

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No soy experta en lámparas de sal, desgraciadamente no poseo ninguna, así que no puedo dar testimonio personal de sus muchos dones aunque creo que son reales, pero una cosa sí sé: no se asuste si su lámpara de sal hace aguas sobre el suelo. Es normal, pero para conservarla por más tiempo debe evitar colocarla en lugares húmedos. Si consigue una, póngala primero en su dormitorio, y luego me cuenta la experiencia de pasar una noche en su luz.

 

 

 

 

 

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Breve historia de los Gobelinos franceses

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Cuando era niña, recuerdo haber visto en algunas casas coloniales y en mansiones construidas durante la primera etapa de la República unos tapices, casi todos enormes, que cubrían paredes estratégicas desde las cuales podían ser vistos por los visitantes. Eran ásperos o suaves al tacto, algunos tenían bordes con largos flecos y una paleta que oscilaba entre todas las gamas de tierra y otros colores que, tal vez por el paso del tiempo y el polvo, ya no brillaban y habían girado hacia el neutro. Ahora no puedo recordar ni una sola imagen, pero sí, con nitidez, los tonos rosa, que me atraían de un modo hipnótico. Probablemente no todos aquellos tapices fueran Gobelinos, sino imitaciones españolas de los célebres Gobelinos franceses, ya no puedo saberlo, pero en La Habana había Gobelinos legítimos y estoy segura de que algunos de los que vi, lo eran.
Tener un Gobelino auténtico significa poseer un objeto de gran valor artístico. No debe confundirse con otras clases de tapices y alfombras, aunque sean muy valiosos, como es el caso de las alfombras persas. Si el Gobelino es una pieza auténtica, tiene que haber sido hecho en la Manufacture Royale des Gobelins de Paris (debe ostentar en alguno de sus extremos o en el dorso una P o una flor de lis), una industria con una azarosa historia a través del tiempo desde que fue fundada a mediados del siglo XV por Jehan Gobelins, un maestro teñidor de lana que se hizo famoso en la capital gala por los bellos matices escarlata que conseguía con sus tinturas. Su taller estaba junto al río Bievre, en París. En 1602 el rey Enrique IV, el mismo que había sido jefe de los protestantes franceses y se convirtió al catolicismo para obtener la corona con la célebre frase “París bien vale una misa”, alquiló en ese barrio unos edificios donde instaló a sus tapiceros flamencos, artesanos de gran fama, y en 1662 Luis XIV, el Rey Sol, mandó agrupar en uno solo todos los talleres reales y fundó la Manufactura Real de Tapiceros y Muebleros de la Corona, que pronto fue conocida como la Manufactura Real de Gobelinos.
 El establecimiento conoció varios cierres y hasta saqueos y destrucciones, que en el primer caso dependían de los altibajos de la fortuna real, y en el segundo de los vaivenes de la política. Los procesos revolucionarios que hicieron de la monarquía una república se sucedían con cierta frecuencia en París, y causaron casi siempre daños de envergadura a los talleres, incluso en 1871 la Comuna llegó a incendiarlos, pero siempre fueron restaurados. Hoy la fábrica funciona como institución estatal, y se compone de un conjunto de cuatro edificios irregulares que datan del siglo XVII, además de la construcción en la avenida des Gobelins, reconstruida en 1912 en estilo Napoleón III después del incendio de 1871.

En el arte de los Gobelinos estuvieron involucrados maestros de renombre como el pintor real Charles Le Brun, Antoine Caron, Ambroise Dubois, Toussaint Dubreuil y Martin Freminet, el gran Simón Vouet y sus discípulos  Eustache Le Sueur, Charles Le Brun y Charles Poerson, quienes tras la muerte de su mentor continuaron trabajando a las órdenes de Nicolás Poussin. Por lo general los Gobelinos se producían en series temáticas: Fontainebleau, Embajador de Polonia, Viajes, Salida del embajador turco de los jardines de las Tullerías, La historia de Constantino, Las Musas, La historia de Alejandro, La vida de Moisés, escenas de la India, Turquía y China, y una serie sobre Don Quijote, por solo citar algunos ejemplos. Los expertos consideran la serie Artemisa, nombre de la diosa griega de la caza y hermana de Apolo, el más bello tapiz tejido en Francia en la primera mitad del siglo XVII, la realización más perfecta de uno de los artistas más importantes del Renacimiento francés, el pintor Antoine Caron, elaborado con el tejido más rico que existe. Consta de quince paneles y fue encargado en 1607 por el rey Enrique IV para su esposa María de Medicis.

Varias generaciones de pintores y dibujantes trabajaron por siglos en la industria del Gobelino parisiense, que produjo obras en al menos seis estilos, como fueron el manierismo, con sus figuras de cuerpos alargados y rostros finos y delgados; el barroco, con imágenes de mayor plasticidad y expresividad y menos riqueza arquitectónica; el estilo regencia, que puso de moda las escenas de ambientes exóticos y durante el cual la moda de las paredes recubiertas de paneles de madera fue en detrimento de la preponderancia de la tapicería en general, y por supuesto, del Gobelino; el rococó, que al poner de moda las paredes forradas de espejos redujo los Gobelinos a meros medallones con retratos, y el neoclasicismo, etapa en la que los Gobelinos tuvieron un pequeño renacimiento. La siempre oscilante vida de estos tapices tuvo períodos en que las series temáticas casi cesaron de existir para dejar un exiguo lugar en las paredes a los retratos, pero siempre resurgían, cada vez más hermosos, gracias, en parte, a la retroalimentación que permeó a sus creadores en la convivencia con otras manifestaciones de la industria del ornamento, pues ya en 1662 en la Manufactura Real de Muebles de la Corona, además de tapices se elaboraban muebles y todo tipo de objetos de artes decorativas, incluyendo las estatuas de bronce que adornaban los jardines de Versalles. En estos talleres mixtos trabajaban doscientos cincuenta artesanos, entre ebanistas, pintores, broncistas, orfebres, plateros, lapidarios y operarios de otros oficios, y  se creó, además, una escuela de artes decorativas. De esta época se conservan, además de tapices y muebles, algunos jarrones, paneles de pietre dure y alfombras. Luego vendrían intervalos de esplendor y decadencia ligados siempre a la economía de los reyes o a las oscilaciones políticas, aunque también a la entronización de modas nuevas en el decorado de interiores que dejaban poca relevancia a los tapices.

El oscuro teniente de artillería Napoleón Bonaparte, con su ego desmesurado y su siempre creciente necesidad de acreditar su conversión en emperador de los franceses, prefería decorar sus palacios con gran boato y pompa. Bajo su reinado la industria del Gobelino cobró nueva fuerza y el emperador supo aprovecharla para el culto de su persona. En los talleres surgieron nuevas series de hermosos tapices que ensalzaban hazañas del advenedizo corso: Peste en Jaffa, Bonaparte cruzando el San Bernardo, La visita del Papa a Napoleón y, desde luego, retratos del emperador y su familia.

Los Gobelinos franceses han demostrado una gran capacidad no solo de supervivencia, sino de adaptación a los muchos cambios que han visto en su larga existencia, como lo demuestra el hecho de que en el período que va de 1870 a 1940 se reinventaron al abandonar los interiores suntuosos para ocupar un lugar en espacios como la ópera de París, la sala de Las Musas en el Elíseo, la Biblioteca Nacional y otros edificios de uso público, y asimilaron estéticas que en aquel mismo momento eran polémicas dentro del mundo de las artes plásticas, como el impresionismo. Así, aparecieron cartones diseñados por Gustave Moreau, Odilon Redon, Paul Cézanne, Jean Arp, Fernand Léger, Sonia Delaunay, Joan Miró, Klára Lenz y otros importantes artistas de esa corriente  que revolucionó la pintura contemporánea.

Las técnicas de elaboración de Gobelinos no son excepcionalmente complejas y, con más o menos diferencias en dependencia de las épocas, pueden resumirse en pocos pasos. Primero el artista traza su boceto sobre cartón o una tabla de madera. Luego se comienza el entrelazado o tejido de los hilos en el telar, llamado también ligamento. El ligamento se compone de la urdimbre y la trama. La urdimbre es el soporte de la trama y la forman un conjunto de hilos paralelos dispuestos en sentido longitudinal en el telar. Sobre ella se van efectuando las “pasadas de trama” con los hilos de colores que van reproduciendo la decoración del cartón. La trama la forman los hilos horizontales que van cubriendo las urdimbres pares a la ida e impares a la vuelta, (una ida y una vuelta corresponde a una pasada de “trama “). La trama se empieza a tejer desde la parte inferior del tapiz. Se utiliza cualquier fibra que el artesano decida: lanas, sedas, oros, plata…

Los Gobelinos franceses tienen su sede en la llamada “aldea de los Gobelinos”, edificio del siglo XVIII en perfecto estado de conservación y clasificado como monumento histórico, muy cerca de donde estuvieron los primitivos talleres de monsieur Gobelin, el mago de los comienzos. Este sitio alberga hoy las tres manufacturas nacionales dedicadas al tejido desde hace más de tres siglos: los Gobelinos, Beauvais y la Savonneirie. La galería de los Gobelinos fue construida entre 1906 y 1914 por Jean-Camille Formigé, arquitecto jefe de monumentos históricos y arquitecto del metro aéreo de París.

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Desde los tiempos del pintor Charles le Brun, primer pintor de Luis XIV y primer director de los Gobelinos, laboran en la aldea no solo pintores y tapiceros, sino también orfebres, ebanistas, fundidores y grabadores, y otras especialidades que hoy forman parte de los siete talleres de restauración y de mantenimiento del Patrimonio nacional. Allí se realizan labores de ebanistería, restauración de alfombras, tapices, lustros y bronces, tapicería de muebles y tapicería de decoración. Como en los primeros tiempos, todo el trabajo se sigue realizando a mano.

 

 

Gobelinos y tapices han demostrado ser un arte que no pasa de moda, y en nuestros tiempos, ufanos de estar en el último grito de lo fashionable, siguen tan vigentes que en muchos lugares se imparten cursos para enseñar a tejerlos, y quienes asisten pueden hacer sus propios tapices para decorar sus viviendas, sus oficinas, hacer cojines, alfombras, pantallas para lámparas, bolsos o, simplemente, obsequiárselos a sus amigos. No es posible hacer lo mismo con una estatua de bronce, un reloj de porcelana, una vajilla de marfil, pero ¿con un Gobelino? De imitación, por supuesto, y sin mayores pretensiones, pero que puede, también, ser hermoso.

 

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Los poderes oscuros de la ciencia ficción (II)

Howard Philip Lovecraft

No existe en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.

    1. P. Lovecraft, La llamada de Cthulhu (1928)

 Howard Philip Lovecraft no es hoy un escritor muy conocido en Cuba por el público lector, solo he visto publicado aquí su libro de cuentos Ratas en las paredes y, en una antología de Cuentos norteamericanos aparecida en nuestras librerías en la década de los sesenta o los setenta, una noveleta extraordinaria, El color que cayó del cielo, en la que una familia de granjeros de Nueva Inglaterra es acosada por una entidad perversa venida de las estrellas, que envenena sus cultivos y extermina hasta el último de sus miembros. Pero no existe un escritor cubano de ciencia ficción que no conozca casi toda la obra de Lovecraft y le rinda culto como a uno de los dioses del panteón sagrado del género. En esos círculos siempre se ha debatido sobre si fue un autor de ciencia ficción o de horror sobrenatural. Hoy existe la clasificación de horror cósmico, del que se le considera máximo exponente.

Tampoco es muy sabido que Lovecraft se ha convertido en el santo patrono de una nueva religión que adora a los monstruos creados por su pluma. Como en el caso del Vril  del inglés Bulwer-Lytton en su novela La raza futura, muchos fans de Lovecraft siempre han estado convencidos de que todas sus criaturas tienen existencia real y conviven con el hombre en nuestro planeta sin que este sea consciente de ello. Los adoradores de los Grandes Antiguos —nacidos,  según algunos, de los terrores oníricos de Lovecraft y, según otros, de sus muy lúcidas y conscientes creaciones culturales—, se agrupan en una de las más nuevas corrientes esotéricas de la Nueva Era, la Magia del Caos, y militan en una especie de secta  secreta conocida como la Sociedad Tifonia. No todos los escritores consiguen crear imaginarios tan espesos y vitales que se independicen de su creador  y comiencen una andadura propia. Creo que el primer sorprendido ante el destino de sus criaturas monstruosas habría sido el propio Lovecraft, ateo confeso, enemigo jurado del espiritismo tan de moda en su época, inclinado a las ciencias, asiduo lector de los trabajos de Albert Einstein, Max Planck y Werner Heisenberg y autor de artículos de Matemáticas, Física, Química y otras especialidades que publicó en revistas científicas. Sus textos de ficción, donde el tema recurrente es el horror a las razas no terrestres, son un ejemplo impresionante de que la literatura tiene vida propia.

Resulta un fenómeno curioso el que escritores que en su niñez tuvieron una imaginación y una sensibilidad mórbidas que les llevaron a creer en hadas y monstruos y a buscar conexiones con los mundos fehéricos y teratogénicos que pueblan parajes solitarios y boscosos, páramos ululantes, costas abruptas donde impera el rugido del mar, cavernas profundas y viejas mansiones abandonadas, cuando maduran como individuos y como artistas mantienen esos imaginarios como pecios creativos, pero derivan hacia un racionalismo radical. Lovecraft fue un ejemplo de ello. Nació en Rhode Island, el estado más pequeño de los Estados Unidos y el primero en permitir la total libertad religiosa. Antes de la llegada de los primeros europeos había sido tierra india habitada por los Narragansett y otras tribus. Fue “descubierta” en 1614 por, el explorador holandés Adriaen Block, quien estableció allí una colonia. Los recién llegados  levantaron casas de piedra de dos plantas con entramado de madera, grandes chimeneas que ocupaban toda una pared, ventanas pequeñísimas como ojos que escrutan en la noche y escaleras estrechas donde los cuerpos se apretaban dolorosamente contra las rugosidades de la piedra. Este estilo, conocido como Piedra Ender, tiene una belleza siniestra, y es fácil suponer el aura inquietante que confería al paisaje rural cuando ninguna otra arquitectura existía en el lugar. Nueva Inglaterra es la cuna de los primeros pobladores de los Estados Unidos y, como tal, emporio de antiguas costumbres, leyendas y tradiciones. La unión del elemento celta proveniente de Inglaterra con la sangre holandesa dio un fruto supersticioso, aquejado de terrores primordiales y angustiado ante la potencia destructora de la Naturaleza.

Casa antigua típica de Rhode Islan construida en el estilo de piedra Ender. Así debió ser la granja  siniestra de El color que cayó del cielo

Lovecraft era hijo del representante de ventas de una empresa dedicada al comercio de la plata, metales preciosos y joyería—, y su madre descendía en línea directa de los pionners del Mayflower. Tenía, por tanto, una especie de linaje de fundadores y una familia adinerada. Cuando contaba cuatro años su padre murió  y el niño quedó bajo la tutela de su madre y sus tías. Retraído, imaginativo, de salud débil, le gustaba aislarse y recorrer parajes solitarios, y pasaba muchas horas en la magnífica biblioteca de su abuelo materno, donde probablemente leyó por primera vez a Edgar Allan Poe y lord Dunsany, quienes influirían en su futura vocación de escritor de horrores. Su madre le protegió al extremo de prohibirle jugar con niños de condición social inferior a la suya. Solía decirle que era feo y por su falta de belleza no tendría una vida exitosa. Nunca pudo asistir sistemáticamente a la escuela debido a su organismo endeble, pero se convirtió en un autodidacta. Cuando su madre murió él contaba treinta y un años, y la estrecha relación que siempre habían mantenido convirtió esa muerte en una conmoción para el escritor, ya entonces un hombre angustiado, sin facilidad para socializar y con una ética de presupuestos arcaicos que le tendió dos trampas: le impidió ganar dinero con su literatura, porque le parecía una conducta impropia de caballeros, y lo convirtió en un inadaptado con inclinaciones racistas, rasgos de su personalidad que definieron facetas de su escritura. No es cierto que viviera asustado de sus propias imaginaciones, oculto en un sótano donde únicamente una ventanilla le permitía atisbar el mundo que le rodeaba, como he leído en alguna parte, aunque es verdad que luego de vivir un tiempo en Nueva York, se declaró no apto para la vida urbana y regresó a la casa de sus tías en Providence, capital de Rhode Island, donde vivió hasta su muerte más o menos retirado del mundo.

Lovecraft era un hombre desconfiado que en varios momentos de su nutridísima correspondencia (más de diez mil  cartas) confesó que no creía en el amor ni en ningún tipo de sentimiento positivo vinculante. No parece haber tenido una vida sexual

Sonia y Lovecraft. Luego de dos años de vida en común se separaron amigablemente. Él jamás firmó el divorcio y cuando tras su m uerte Sonia quizo volver a casarse fue declarada bígama

satisfactoria y ni siquiera amistad con mujeres, pero contrajo matrimonio con Sonia Greene, descendiente de hebreos y su única esposa, mayor que él, escritora y dueña de una sombrerería. Como también le ocurrió a Bulwer-Lytton, la unión, mal vista por su familia, duró poco, pero tuvo una repercusión muy importante en su vida: Sonia conocía a un personaje trascendente en la historia del ocultismo occidental, el mago negro Aleister Crowley, de quien sus discípulos y compañeros de las varias sociedades secretas a las que perteneció aseguraron que tenía contacto con entidades no solo de otros planos de existencia, sino de otros mundos, vale decir, extraterrestres, y había logrado abrir umbrales para comunicarse con ellos. Según algunos estudiosos de la vida de Lovecraft, él y Sonia se conocieron en una especie de seminario que Crowley dictaba en Nueva York (según otros, y con mayor probabilidad, en un encuentro de periodismo amateur), aunque no hay pruebas concluyentes de que ambos hombres llegaran a relacionarse, y ni siquiera a conocerse. En ese terreno hay que cuidarse del entusiasmo de los fanáticos y seguidores de estos genios que tenían bastante en común en cuanto a potencial intelectual y fuerza imaginativa, aunque no se parecían en ningún otro aspecto de la vida.

Tampoco hay que aceptar la insistencia con que se asegura que Crowley influyó en la obra de Lovecraft, porque una parte importante de esta ya había sido escrita antes de la fecha en que sus vidas podrían haberse cruzado si es que sucedió alguna vez. Además, las novelas y relatos de Lovecraft permiten afirmar que se inspiraba no solo en su Rhode Island natal, sino en todo el acerbo cultural que Nueva Inglaterra podía aportar a un artista. No hay que olvidar que el Salem de los famosos procesos por brujería que aún conmueven al mundo estaba cerca de Providence, y la isla natal del escritor tenía un largo historial de vampirismo, que él reflejó en su creación de una raza de vampiros estelares. La familia del granjero Nahum Gardner, protagonista de su noveleta El color que cayó del cielo, tiene puntos de contacto con la historia verídica de una familia de granjeros de Rhode Island, los Brown, cuya hija, Mercy, falleció de pulmonía a la temprana edad de 17 años. Al poco tiempo comenzaron a morir uno por uno todos los parientes, y cuando ya al viudo le quedaba un solo hijo, las sospechas de vampirismo que agitaban a sus vecinos le obligaron a exhumar los cadáveres de su esposa e hijos, y se halló que solo el de Mercy estaba incorrupto, con el cabello y las uñas más crecidos. Le arrancaron el corazón, que encontraron henchido de sangre, y lo quemaron, pero Edwin, el último niño Brown, ya muy debilitado murió poco después. Esta es solo una de las muchas historias de vampiros que han sobrevivido al tiempo en Rhode Island. Creo que el niño Edwin Brown fue replicado por Lovecraft en el personaje de Merwin Gardner, el hijo del granjero Nahum, en el pozo de cuya granja cae el meteorito que comienza el principio del fin en aquella comarca maldita que luego sería sepultada bajo las aguas de una represa. Bran Stocker, autor de Drácula, se interesó vivamente por el caso de Mercy Brown y se inspiró en su historia para escribir la exhumación de uno de los personajes femeninos de su novela.

Lápida de Mercy Brown

Cripta familiar donde fue colocado su cadáver antes de la exhumación

Otro argumento en favor de una retroalimentación de Lovecraft con su entorno se encuentra en las descripciones de paisajes y  de las viejas mansiones donde ambienta sus historias. La granja de Nahum Gadner tiene la misma chimenea que caracteriza la arquitectura tradicional de la isla, y la escalera que conduce de la planta baja al altillo donde el granjero tiene encerrados a su esposa y a su hijo mayor ya poseídos, es estrecha y oscura como las de las casas de piedra Ender.Pero aún hay más: el deslumbrante imaginario desplegado por Lovecraft en sus historias de horror se asienta en una geografía inventada por él: el condado de Arkham y su valle, los pueblos de Dunwich e Innsmouth, el río Miscatonic, la Universidad del mismo nombre con su portentosa biblioteca y otros lugares que aparecen en muchas de sus obras nunca existieron, pero están basados en puntos muy concretos de la geografía de Rhode Island fácilmente identificables aún hoy. Lovecraft estaba interesado en alcanzar la más alta cota de verosimilitud en sus historias, y llegó al extremo de inventar un cuerpo de profesores para su apócrifa Universidad de Miscatonic, cuya nómina databa desde la fundación del alto centro de estudios hasta los días del escritor.

Plano de Arkham trazado por Lovecraft

Aunque algunos críticos opinan que su estilo literario es mediocre, lo cierto es que tuvo preocupaciones estéticas muy marcadas, las cuales lo llevaron a expresarse en un inglés de sabor arcaico que imitaba giros antiguos, a la manera de esas técnicas empleadas para envejecer pergaminos y dotarlos de una apariencia remota. En mi opinión, es un muy buen escritor en el plano estilístico, pero aún si no lo fuera su estatura como creador no se reduciría ni un palmo, pues seguiría siendo grande por todos sus aportes al género. Lovecraft apareció en un momento en que una materia que ya existía y había comenzado a bullir magistralmente a través de otros escritores que le precedieron estaba a punto de cristalizar, y él fue el alquimista que la convirtió en piedra filosofal. Mis  relecturas de sus

Algernon Backwood, autos de Los sauses y El wendigo

Arthur Machen, autor de El gran dios Pan y El pueblo blanco

obras me dejan la certeza de que su logro mayor está en el manejo del suspenso más que en sus códigos del horror, ya que, por ejemplo, en El color que cayó del cielo nunca llegamos a conocer la naturaleza de lo que acecha dentro del pozo de los Gardner, y es el ritmo siempre in crescendo de la narración lo que nos lleva a la cumbre del espanto. En cuanto a la cosmovisión que creó, conocida como Los mitos de Cthulu, no apunta a ser deudora de Aleister Crowley, sino de otros dos clásicos tal vez más cercanos a la perfección estética, pero que no pasaron de ser, en su momento y aún hoy, escritores de culto: los ingleses Arthur Machen y Algernon Blackwood, considerados los más grandes maestros de la literatura de horror sobrenatural. Como dato más que interesante apunto que ambos estuvieron afiliados a la Orden Hermética de la Aurora Dorada, por lo que probablemente tuvieron contacto con Crowley, quien se yergue como una sombra omnipresente detrás de tantos aspectos trascendentales de la historia del siglo XX.

Aleister Crowley con sus vestiduras de Iniciado de la Orden Hermética de la Aurora Dorada (Golden Dawn)

Antes de desplegar ante los ojos del lector el catálogo alucinante de los seres creados por Lovecraft, se impone hablar de la que es, tal vez, su concepción apócrifa máxima, el archifamoso Necronomicón, grimorio de magia negra ritual y saberes arcanos cuya lectura “provoca la locura y la muerte”, y que tantísima gente ha buscado y sigue buscando todavía convencida de su existencia real. Lovecraft escuchó esa palabra en uno de sus sueñosdonde le fue revelado que su traducción sería Libro de las Leyes de los Muertos. Inventó un autor, “el árabe loco” Abdul Alhazred, un poeta yemenita devorado a plena luz del día por una bestia invisible ante numerosos testigos o, como el bíblico Enoch, arrebatado por un remolino hacia la cúpula celeste.

Ejemplar de utilería que imita la apariencia exterior del Necronomicon swegún la describe Lovecraft

El libro es una especie de manual de fórmulas invocatorias para comunicarse con entidades sobrenaturales que en tiempos remotos dominaron nuestro planeta. En su intento por hacer totalmente creíble su ficción, Lovecraft asegura que entre sus compiladores se encontraba un erudito iraní que existió en la vida real, y afirma que el Necronomicón está inscrito en el Index o  Libro Negro, catálogo de libros prohibidos por la Iglesia católica. De sus supuestas traducciones a diversos idiomas quedarían solo cuatro copias: una en la Universidad de Harvard, otra en la Biblioteca Nacional de París, otra en la Universidad de Buenos Aires y  ¡no faltaba más!, otra en la portentosa biblioteca de la Universidad de Miscatonic, portentoso repositorio de valiosos y raros manuscritos antiguos. Lovecraft acumuló tantas y tan convincentes evidencias que hoy, para muchos, el Necronomicón es tan real como la Biblia o Las mil y una noches, y resulta imposible convencer a los convencidos de que no existe, aún cuando el mismo Lovecraft escribió:

 Ahora bien, sobre «los libros terribles y prohibidos», me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el Necronomicón, porque inventé estos nombres yo mismo. Luwdig Prinn fue ideado por Robert Bloch y su De Vermis Mysteriis, mientras que el Libro de Eibon es una invención de Clark Ashton Smith. Robert E. Howard debe responder de Friedrich von Junzt y su Unaussprechlichen Kulten…. En cuanto a libros escritos en serio sobre temas oscuros, ocultos, y sobrenaturales, en realidad no son muchos. Esto se debe a que es más divertido inventar trabajos míticos como el Necronomicón y el Libro de Eibon.

Algunos escritores, miembros del grupo conocido como Círculo de Lovecraft, amigos y colegas con quien este compartía generosamente sus ideas, creaciones, personajes e historias, cuentan que en algunas universidades ciertos estudiantes bromistas incluyeron la ficha del Necronomicón  en los catálogos de las bibliotecas, por lo que muchas personas lo solicitaban, incluidos profesores, algo que también hizo Jorge Luis Borges en la Universidad de Buenos Aires, donde era profesor, pues la simpática superchería estaba muy en la cuerda de su intelectualísimo sentido del humor. De todas las invenciones de Lovecraft el Necronomicón es lo más parecido a un objeto real, según se desprende de la siguiente cita que copié en alguna parte:

El extraordinario dibujante H. R. Giger publicó una recopilación de sus dibujos bajo el título Giger’s Necronomicon, en dos volúmenes, en una edición muy cuidada pensada para coleccionistas (encuadernados en piel negra, 666 ejemplares, con un holograma escondido). La editorial española La factoría de ideas ha publicado también con este título un libro de relatos escritos por seguidores de Lovecraft. Cabe destacar el Necronomicón de Donald Tyson, publicado en 2004 por Edaf, escrito como la biografía en primera persona de Abdul Alhazred, siguiendo el estilo literario de los escritores árabes, y que recoge y explica todos los mitos y ciudades que aparecen en los relatos de Lovecraft, incluyendo la explicación del origen del mundo con el estilo trágico de Lovecraft.

Quien tenga la curiosidad de buscar en internet puede, incluso, descargar varias versiones de este apócrifo genial que ha pasado de la dimensión de lo inmanifestado a la muy real del aquí y el ahora. Yo he contado hasta treinta versiones en un solo sitio promocional. Por supuesto, los adoradores de los engendros lovecraftianos tienen el Necronomicón como una especie de Biblia, y de alguna manera se las ingenian para utilizarlo en sus conjuros e invocaciones de tales entidades.

 

Y ahora sí ha llegado el momento de hacer un brevísimo catálogo de los Grandes Antiguos, los Primigenios y toda la lista de seres que poblaban las pesadillas de Lovecraft  o fueron saliendo uno por uno de su pluma, racionalmente imaginados, estructurados a partir de una concepción del Caos que tiene mucho en común con las más avanzadas disciplinas científicas de la actualidad. Visto de un modo general, el esquema arquetípico empleado por el escritor es el de una raza de señores venida de las estrellas que, una vez en la Tierra, creó una raza esclava y otras especies menores. Los esclavos se rebelaron y destronaron a los señores para ocupar su lugar. En líneas generales se trata del mismo conflicto que tenían los habitantes de la Tierra hueca de Bulwer-Lytton, aquellos señores del Vril obligados a vivir en alerta constante contra las rebeliones de pueblos inferiores que pretendían arrebatarles su poder. El siguiente es un breve resumen de estos seres monstruosos constructores de ciudades ciclópeas, quienes enterraban a sus muertos en túmulos con forma estrellada. No los describo en detalle por falta de espacio, pero oscilaban entre formas vegetales y animales y algunos eran solo burbujas o gases:

-El Gran Cthulhu: es uno de los más poderosos Primigenios, se lo describe como un monstruo de figura vagamente antropomórfica, con una cabeza pulposa cuyo rostro es una masa de tentáculos, un cuerpo escamoso y de aspecto elástico, prodigiosas garras, tanto en las extremidades superiores como inferiores, y unas alas largas y estrechas a la espalda. Su cuerpo de gelatinosa inmensidad verde, tiene “kilómetros” de altura y posee tal plasticidad capaz de reconstruir su forma. Descansa en la sumergida ciudad de R´lyeh junto a otros engendros menores de su estirpe. Posee la habilidad de comunicarse telepáticamente con los humanos, se les presenta a través de los sueños, muchos de ellos perdieron la cordura al sufrir horribles pesadillas con visiones macabras mientras que otros formaron cultos, y en lugares secretos y solitarios estos seguidores matan en torno a monolitos esperando su regreso.

-Dagon: Esta deidad es un préstamo cultural que Lovecraft tomó de la mitología asiria, en la que Dagon era el Dios Pez de asirios y filisteos, símbolo  civilizador y de fecundidad. Es mencionado en la Biblia en varias ocasiones. En los Mitos…, Dagon es considerado el dios de los Profundos, y le rinden culto los híbridos miembros de la “Secta Esotérica de Dagón”, en la ciudad de Innsmouth.

– Yog-Sothoth: Ser de sugestiva malignidad que es uno con todo tiempo y espacio, suele aparecer como una agrupación de flotantes e iridiscentes esferas. Adorado en cultos secretos  como El Del Mas Allá. “Yog-Sothoth conoce la puerta. Yog-Sothoth es la puerta. Yog-Sothoth es la llave y el guardián de la puerta. Pasado, presente y futuro, todos son uno en Yog-Sothoth. Él sabe por dónde irrumpieron los Antiguos en otros tiempos, y por donde volverán a irrumpir. Sabe donde han pisado los Antiguos los campos de la Tierra, y donde continúan pisándolos, y por qué nadie puede verlos mientras los pisan”.

– Nyarlathotep: También conocido como el “Caos Reptante”, “El Oscuro Desconocido” o el “Morador de las Tinieblas”. Es el alma y mensajero sin rostro de los Primigenios y puede tomar miles de formas. Fue adorado en cultos de brujería bajo el nombre de Satanás o El Hombre Negro. Suele apoderarse de los cuerpos de las personas, posee una gran sabiduría sobre todas las ciencias, y también de técnicas y objetos desconocidos aún por la humanidad. Apareció en el Antiguo Egipto, como el faraón olvidado Nefrén-Ka (o “el faraón negro”), cuyo nombre fue maldito por los sacerdotes y borrado de las crónicas dinásticas. Se lo vincula con cierto Trapozoedro Resplandeciente, mediante el cual se lo podría invocar.

– Azathoth: El “Caos nuclear”, amorfa monstruosidad de una inmensidad sin límites, que burbujea y blasfema en el centro del universo, dominando todo tiempo y espacio. Es nombrado en el Necronomicón como una entidad ciega, sin mente, ni voz, que “carcome hambriento en oscuras cámaras más allá del tiempo” y constituye el primer motor de la oscuridad, el Demoledor del Pensamiento y de la Forma, la Antitesis de la Creación. Solo despierta de su letargo en ciclos, y cuando lo hace estalla en un caos nuclear. No tiene forma y es incognoscible para toda razón humana. Es el líder de los dioses Primigenios rebeldes.

– Shub-Niggurath: Es la deidad representante del principio de la fertilidad, es la madre de todos los seres vivos. Nombrada frecuentemente en rituales, pero raramente vista. La Madre de todos los seres vivos y esposa de El Que No Debe Ser Nombrado. “¡La cabra negra de los bosques con un millar de retoños! “

– Profundos: Habitantes del fondo marino, tienen el aspecto de un cruce entre humanos, peces y ranas. En tierra firme brincan torpemente, erguidos o a veces a cuatro patas, y su voz es una especie de aullido o graznido que constituye su lenguaje. No mueren nunca excepto si se los mata de forma violenta. Los Profundos a veces se relacionan con los humanos, llegando a procrear criaturas híbridas que en un principio parecen humanas, pero lentamente van adquiriendo ese horrible aspecto anfibio, y finalmente se sumergen al mar para unirse por siempre con sus hermanos. Además de adorar a Dagon, también son servidores de Cthulhu. Los Profundos viven en ciudades submarinas ubicadas en algunos rincones del planeta, como la ciclópea ciudad de Y´ha-nthlei, cerca de la costa de Massachusetts, y debajo de ciertos islotes de la Polinesia. Su intención es extenderse por toda la superficie del planeta.

Las citadas no son las únicas criaturas concebidas por la imaginación tenebrosa de Lovecraft, pero bastan estas breves descripciones tomadas de sus textos para dar una idea de cuáles son las deidades adoradas hoy por la Sociedad Tifonia, ese constructo New Age que ha decidido armarse una religión con elementos de las obras del artista, lo mismo que un hechicero medieval tomaba partes de cadáveres para armar un golem al que después insuflaba vida. Tal vez sin el acucioso trabajo de los escritores que mantuvieron amistad con Lovecraft durante años, a veces solo por correspondencia, y han pasado a la historia de la literatura con el nombre de Círculo de Lovecraft, esto no habría ocurrido, pero ellos, Robert Bloch (autor de Psicosis, la novela que inspiró a Alfred Hitchcock su filme homónimo), Robert E. Howard (creador de Conan el Bárbaro), Clark Ashton Smith y, sobre todo, August Derleth, no solo usaron durante años en sus propias historias las ideas que generosamente Lovecraft les compartía en un raro ejercicio de comunidad intelectual, sino que tras la muerte del maestro continuaron desarrollando sus creaciones: personajes y lugares que intercambiaban entre sí y enriquecían con sus propias fantasías, y la teogonía de Los Mitos…, alimentando su leyenda, y así, desde la tumba, Lovecraft siguió viviendo en la escritura de sus discípulos y colaboradores, y sus imaginarios hipertélicos se mantienen hasta hoy en expansión, pues del Círculo nació una escuela y un estilo de ciencia ficción con muchos cultivadores y seguidores, la ficción weird.

La Orden Tifonia o Tifoniana fue creada por Kenneth Grant, ocultista británico fanático de los mitos de Lovecraft. Se le considera el principal responsable de la textura de realidad de que gozan hoy las criaturas monstruosas forjadas por la  imaginación del escritor. Y de nuevo tropezamos aquí con La Gran Sombra que se proyecta sobre todo: Aleister Crowley, de quien  Grant fue asistente personal. Cuando Crowley murió, Grant se convirtió en Gran Sacerdote de la última secta creada por el mago, Ordo Templi Orientis, pero no tardó en fundar su propio grupo religioso, al que nombró Orden Tifonia. Escribió varios libros en

Kenneth Grant, fundador de la Orden Tifonia, secta New Age de adoradores de los mitos de Cthulhu

los que desarrolló la teoría de que Lovecraft se había comunicado con “habitantes de la brecha sin dimensiones entre universos”, y equiparó este supuesto logro del maestro con el de ciertos trabajos hechos por Crowley en 1918, a los que, siempre según Grant, el mago llamó Trabajos de Amalantrah, cuyo resultado habría sido la apertura de una puerta o umbral que lo puso en contacto con seres de otras dimensiones. Por supuesto Grant, en su calidad de Sumo Sacerdote heredero de Crowley, se consideraba, también, heredero de esta magia ritual de nuevo cuño, y se apoyó en las similitudes halladas por él entre las ficciones de Lovecraft, incluido el Necronomicon, y los presuntos hallazgos de Crowley para sustentar su afirmación de que tal coincidencia demostraba la verdadera existencia de los Antiguos y los Primigenios. También se dedicó a encontrar coincidencias entre la obra de los dos hombres, como por ejemplo la mención de ambos al sueño de los Antiguos. Consciente o no de su propia labor de ilusionismo, Grant se convirtió en un invocador de Cthulhu y los otros seres monstruosos que acompañan a este en Los mitos… Su argumento de mayor peso para sostener la realidad de esas criaturas era que los puntos coincidentes en el trabajo de Lovecraft y Crowley no estaban condicionados por una mutua influencia, porque Crowley no había conocido a Lovecraft ni leído su obra. Se trataba, pues, de que esos dioses habían usado a dos grandes hombres por separado para hacerles revelaciones trascendentes, o sea, de un vínculo espiritual, o telepático tal vez, entre Elegidos.

Al final, no me parece tan importante dilucidar si las creaciones de Lovecraft son resultado de sus visiones de alucinado, o si canalizó mensajes provenientes de otras dimensiones, o escribía para hacer catarsis de la angustia que le provocaban sus terribles pesadillas y las sombras que se agitan, según Jung, en el inconsciente de cada ser humano, o si fue el ateo que siempre dijo ser y sus engendros son construcciones culturales nacidas de su intelecto potente e inspirado. Tampoco tendría gran importancia conocer sus posiciones políticas, que dejó bien definidas en una de sus cartas: “Social y políticamente hablando soy tory, zarista, patricio, fascista, nacionalista, militarista y partidario de la oligarquía”, a lo que habría que añadir que fue un anglófilo furibundo que rastreó los orígenes de su apellido paterno hasta el siglo XV. No son detalles que importen más que a quienes se dedican a escrutar la psiquis y la personalidad de los escritores analizando sus textos. Y digo que nada de esto es importante porque ninguna conclusión al respecto mermaría ni un ápice el fervor que el autor de La sombra sobre Innsmouth y En las montañas de la locura despierta en las generaciones de escritores de ciencia ficción que le han sucedido a partir de los años sesenta y en sus lectores fervorosos de entonces y ahora. Tampoco nada alteraría la influencia que ha ejercido su literatura sobre otros grandes del género, en bandas de rock, en el cine, en el mundo de los comics y los videojuegos. Y los Shogots seguirán siendo adorados por los miembros de la Orden Tifonia, porque a fin de cuentas la Magia del Caos es expresión del mundo en que vivimos, al que llaman con ingenio Kaosffera, y los miedos de Lovecraft, los mismos de Bulwer-Lytton y de todos los escritores de ciencia ficción y horror cósmico anteriores y posteriores a ellos, continúan ciñéndose a un único núcleo de horror arquetípico: la tecnología puede volverse contra la especie humana y al Final, como ya ocurrió en el Principio, una raza venida de las estrellas nos exterminará y suplantará sobre la Tierra.

 

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LOS PODERES OSCUROS DE LA CIENCIA FICCIÓN (I)

Muchas personas tienen arraigada la idea de que la ciencia ficción no es literatura seria. Quienes gustan de ella, en especial científicos y tecnólogos que pueden comprender sus postulados más ambiciosos, la consideran un ejercicio de anticipación, del que es ejemplo clásico la novela 20 000 leguas de viaje submarino, del francés Julio Verne, donde aparece la concepción del submarino mucho antes de que la primera de estas naves fuera un hecho real. Pero son pocas las personas que se han detenido a reflexionar en alguna ocasión sobre que la ciencia ficción tiene, además, poderes oscuros capaces de llegar a lo siniestro, y de hecho ya ha ocurrido así en la historia de la Humanidad. El género ha creado ciertos universos ficcionales que continúan vivos, y no sería sensato restarles importancia suponiendo que están olvidados o se encuentran en estado latente, porque respiran peligrosamente cerca de nosotros aunque no lo percibamos. Pienso en dos autores: el inglés Edward George Earle Bulwer-Lytton, primer barón de Lytton (1803-1873), y el norteamericano Howard Philip Lovecraft (1890-1937). Las obras de ambos contienen elementos que han desatado religiones nuevas y, en el caso del primero, ayudaron a provocar la entrada de la Humanidad en uno de sus períodos más oscuros.

Bulwer-Lytton nació en el seno de la más rancia aristocracia londinense. Recibió la excelente educación de su clase y tuvo acceso a la alta cultura. Fue poeta, dramaturgo y novelista, y desarrolló una brillante carrera en la política y el periodismo. Sus biógrafos lo describen como un niño delicado y neurótico precozmente talentoso, que pasó su infancia recorriendo internados sin lograr adaptarse. Estudió en el Trinity College de Cambridge, se licenció en Artes y obtuvo importantes premios de poesía. Tras una breve estancia en el Ejército de su Majestad hizo un matrimonio desafortunado con una mujer a quien su familia no aprobaba y a la que él tuvo que mantener por sus propios medios mientras duró la corta unión. Fue elegido miembro al Parlamento inglés y más tarde nombrado Secretario de Estado para las Colonias. En 1862 le fue ofrecida la corona de Grecia, que rechazó. Su hijo llegó a ser virrey de la India. Como escritor incursionó en la ficción histórica, el misterio, la novela romántica, el ocultismo y la ciencia-ficción. Su novela más importante, La raza futura, también traducida como La raza que vendrá, desde que dejó la imprenta comenzó una misteriosa andadura como éxito de ventas y obra de gran influencia sobe rosacruces, místicos, teósofos y, medio siglo después, sobre los nazis.

La raza futura cuenta cómo un ingeniero de minas  norteamericano, mientras dirige unas excavaciones en algún lugar no indentificado, se pierde en un túnel y descubre una civilización tecnológicamente muy avanzada que vive oculta bajo tierra. Sus habitantes, llamados Vril-ya, tienen la capacidad de volar, construyen aeronaves y robots para realizar las tareas domésticas, no conocen el delito y viven en paz entre ellos. Las mujeres están emancipadas y se las considera superiores a los hombres. Esta raza, que supera a la humana, domina una energía llamada Vril, presente en todo en el universo y en la que se conjugan la gravedad, la electricidad, el magnetismo y otras fuerzas naturales. Esta idea de Bulwer-Lytton recuerda el chi  de los chinos, y el prana de los hindúes, pero la potencia destructora del Vril es tan inmensa que parece un calco de la misteriosa energía descrita en los textos védicos del Mahabarata, capaz de incinerar ejércitos, desintegrar montañas y brillar de un modo tan esplendente que allí se la describe como “la fuerza de diez mil soles”.  Se la maneja a través de una varita de metal, y entre los Vril-ya son los niños quienes pueden manipularla con mayor eficacia, al extremo de que están encargados de destruir cualquier peligro que amenace su mundo, ya sean animales subterráneos gigantescos u otros pueblos  rebeldes. Un niño con su varita puede arrasar una ciudad en un instante. Destruir algo con la energía Vril es, de hecho, parte de la iniciación de los adolescentes en el mundo adulto. El ingeniero recela de esta raza que al principio le pareció perfecta, y se pregunta qué ocurriría si alguna vez esta especie que propugna el exterminio de quienes considera inferiores decidiera conquistar la superficie del planeta.

De la novela, publicada en 1871, que de inmediato se convirtió en un éxito de ventas, alguien ha dicho:

La raza futura debería figurar en los anaqueles de libros prohibidos […] de publicaciones malditas cuya lectura e interpretación han influido en movimientos literarios, ocultistas e ideológicos extremistas, capaces de manipular a una sociedad en un momento dado de la historia. […] Esta obra […]  ha sido el libro de cabecera de rosacruces, teósofos, exploradores obsesionados con la teoría de la tierra hueca, místicos nazis defensores de la superioridad racial, e incluso, más recientemente, de algún que otro friki de Star Wars que vio en el todopoderoso “Vril” un remedo de la “Fuerza” de los caballeros Jedi. […] La raza futura es una de las primeras obras de ciencia-ficción de la literatura inglesa; una historia que, bajo una artesonada cubierta utópica, esconde en sus páginas el terror de una distopía en la que rezuman, como un ominoso vaticinio, Darwin y sus teorías de la selección natural por el dominio de los más fuertes.[…] También es una novela de anticipación que […] adelantó temas tan sensibles como la emancipación de la mujer, el temible poder de la energía atómica y el genocidio racista. Sin embargo, ni Adolf Hitler ni la teósofa Madame Blavatsky, dos de los más conocidos admiradores y manipuladores del contenido de La raza futura, supieron ver el profundo trasfondo sociológico y filosófico que contiene esta obra, relegada al olvido durante décadas por el carácter maldito que le deparó ese excesivo aprecio que concedieron a este libro los brujos nazis.

Aleister Crowley

No solo por esta novela tan polémica y, si se quiere, nefasta, sino por los muchos elementos de platonismo, neoplatonismo, pitagorismo, cábala, el mundo astral, las sociedades secretas, la fisionomía oculta, el mesmerismo, las enseñanzas de Cagliostro y referencias a diversos sistemas de iniciación espiritual que se encuentran en toda la obra de Bulwer-Lytton —influido a su vez por el renacimiento ocultista que estaba teniendo lugar en Francia en la segunda mitad del siglo XIX—, tanto sus contemporáneos como sus exégetas actuales le han declarado el ocultista más importante del siglo XIX. Los rosacruces británicos le otorgaron el título de Gran Maestro de su Orden, que Lytton no aceptó, pues al parecer no estaba interesado en adquirir notoriedad como brujo. Ello deja en un modesto segundo lugar a sus compatriotas  fundadores de la Orden Hermética de la Aurora Dorada (Golden Dawn), la sociedad esotérica más famosa de su tiempo, y al gran mago Aleister Crowley 〈1〉, una especie de vedette de la farándula ocultista de entonces y figura clave en el desarrollo posterior del esoterismo europeo y norteamericano. Bulwer-Lytton, como tantas figuras prominentes del arte y la política victorianos, frecuentó sociedades secretas muy importantes y fue iniciado en algunas de ellas (era un alto jerarca de la Aurora Dorada), pero nunca fue un fanático, y siempre comentó o escribió no creer en la presencia de demonios y otras entidades astrales en los rituales  en los que participaba. Su acercamiento al esoterismo pudo estar dictado por un afán de conocimiento de índole puramente intelectual, lo que no le impedía aceptar la existencia de ciertas fuerzas capaces de actuar sobre la voluntad humana, pero no las consideraba de naturaleza mágica y pensaba que algún día serían explicadas por la ciencia.

La raza futura fue recibida como una historia real e impresionó profundamente a sus lectores, entre quienes se encontraban el filósofo Fiedrisch Nietzshe y el compositor Richard Wagner, ambos alemanes, cuyas respectivas obras sirvieron de base conceptual al

Elena Blavatsky

Rudolf Sebbotendorff

nazismo; la célebre aristócrata y teósofa rusa madame Blavatski, cuya Doctrina Secreta y su concepción de la sexta raza raíz deben mucho a Lytton, y a personajes aún más oscuros como Rudolf Sebbottendoff, masón, alquimista, fundador en 1918 de la sociedad secreta Thule, grupo ocultista de Munich dedicado al rescate de los valores de la antigua raza aria (estudiosos del nazismo y especialistas del esoterismo creen que la secta es mucho más antigua y ha sobrevivido a través de la Historia bajo diferentes nombres). Sebbotendorff decidió fundar una nueva Sociedad a la que dio por nombre Vril, para lo cual se rodeó de varios alemanes y austríacos con inclinaciones al esoterismo semejantes a las suyas, a la magia y a la mística de la superioridad aria. Hay que entender que a finales de la Primera Guerra Mundial reinaba en Alemania un malestar general por la derrota militar sufrida y un ansia muy fuerte de vindicación nacional, clima

Dietrich Eckart

propicio al florecimiento de muchas sectas y sociedades secretas, aunque probablemente ninguna sobrevivió más allá de sus primeros años. Sebbotendorff se unió a un personaje aún más siniestro que él mismo: Dietrich Eckardt, morfinómano y furibundo antisemita; obsesionado con la idea del poder, se creía un profeta y hasta su muerte fue paciente de diversas instituciones mentales.  Era amigo de Adolph Hitler y le consideraba el Salvador destinado a devolver a Alemania su perdida grandeza.

La Sociedad del Vril comenzó a funcionar como el núcleo más íntimo y secreto del grupo Thule. Su objetivo era crear un sistema de entrenamiento que permitiera a sus miembros manejar la energía Vril para conquistar el mundo. Entre los métodos que empleaban estaban la meditación y la magia sexual. Por influencia de Eckardt la Sociedad del Vril y el grupo Thule apadrinaron a Hitler y le ayudaron en su ascenso al poder. Fue de la novela de Lytton de donde los ideólogos nazis extrajeron su obsesión por hallar en la Antártida una entrada a la tierra hueca que los conduciría a Agharti, la tierra subterránea de los Vril-ya, y su idea de la solución final o exterminio total de las razas inferiores para establecer el imperio único del superhombre ario sobre la Tierra. Unieron las ideas presentes en la novela con  la antigua mitología germana y nórdica y crearon un imaginario en el que creían y terminó por poseer sus mentes de una manera totalmente mórbida. No todos los miembros del alto mando del partido nazi y más tarde del Tercer Reich pertenecieron al grupo Thule ni a la Sociedad del Vril, pero formaron parte de ambas miembros tan destacados de la cúpula gobernante como German Göering, Heinrich Himmler, Rudolph Hess, Alfred Rosemberg, el Dr. Theodor Morell, médico personal de Hitler, Martin Borman, quien había declarado abiertamente su veneración a Satán y era un ferviente promotor del exterminio de judíos y cristianos (huyó a América del Sur tras la muerte de Hitler), y el propio Hitler. También fueron miembros académicos y profesionales relevantes que a sus grados científicos unían altos grados de Iniciados en la masonería, la alquimia, la astrología y otras ramas del esoterismo. Algunos estudiosos del nazismo aventuran la posibilidad de que Hitler no creyera en las ideas de Sebbotendorff  y sus secuaces, y se limitara a aprovecharse del apoyo que le prestaban para su ascenso en el camino del poder. La siguiente cita, tomada del libro de Hitler, Mein Kampf, considerado la Biblia del nazismo, parece apoyar esta opinión:

Estas personas que sueñan con el heroísmo de los antiguos germanos, con sus armas primitivas, como hachas de piedra, lanzas y escudos -escribió Hitler- son en realidad los más cobardes. Conocí demasiado bien a esa gente para no sentir el mayor asco por estos comediantes… Especialmente cuando se trata de reformadores religiosos a base de germanismo antiguo, tengo siempre la impresión de que han sido enviados por aquellas instituciones que no quieren el renacimiento de nuestro pueblo.

Sin embargo, se sabe que era aficionado a lecturas sobre el pasado histórico y mítico de los germanos, al hinduismo, al yoga, la astrología y la mística medieval, y es conocida su larga relación con médiums y astrólogos, uno de los cuales llegó a sugerirle la posible fecha de un desembarco de los aliados en Normandía, algo que Hitler desoyó y, sin embargo, ocurrió. En diferentes momentos de su  ascenso y permanencia como Fürer de Alemania, se pronunció tanto a favor del cristianismo públicamente como en su contra en privado, lo que permite suponer que en realidad era un ateo pragmático y anticlerical con creencias personales ajenas a toda iglesia establecida. En el libro Conversaciones de Hitler con Rauschning, Hermann Rauschning, político y escritor alemán involucrado por breve lapso con el nacionalsocialismo, declara haber sostenido conversaciones íntimas con Hitler en las que este mencionó a unos seres que lo visitaban en secreto y a quienes temía supremamente, a los cuales llamaba “los Superiores Desconocidos”. Esta obra ha sido motivo de ardientes polémicas que la consideran un apócrifo y un conglomerado de mentiras. Sin embargo, cuando  Eckart estaba muriendo, testigos presentes afirmaron que sus últimas palabras fueron: “Seguid a Hitler. Él bailará, pero yo he compuesto la música. Le hemos dado los medios de comunicarse con ellos… No me lloréis: yo habré influido en la Historia más que ningún otro alemán”. Vale también recordar que la frase final de Mein Kampf (leí el libro, pero hace ya más de 40 años) dice: “Quiero citar también al hombre que, como uno de los mejores, consagró su vida a la poesía, a la idea y por último a la acción, al resurgimiento del pueblo suyo y nuestro: Dietrich Eckart”.

Sería extraordinariamente complejo y extenso intentar explicar aquí las ideas en apariencia delirantes que el nazismo trató de materializar a través de la ciencia y la tecnología de su época. Se ha escrito mucho y pormenorizadamente sobre ello y han quedado algunas imágenes emblemáticas que siempre son repetidas por los autores cuando se trata el tema, por ejemplo los intentos de Hitler por construir armas secretas, platillos volantes, cohetes, el famoso espejo gigante que, instalado en la isla Rütgen, permitiría divisar a los artilleros alemanes la flota inglesa anclada en la isla escocesa de Scapa Flow y destruirla de un solo disparo, y absolutamente todos los experimentos e investigaciones desarrollados por esa absurda y tenebrosa  institución llamada Anhenerbe.

Plano de la máquina que los nazis llamaron Vril-8 Odín

Los proyectos de construcción de armas secretas en los que se enfrascó el Tercer Reich estuvieron inspirados en la energía Vril inventada por Bulwer-Lytton, y las expediciones nazis a la Antártida en busca de la tierra hueca también tuvieron su idea-raíz en el mundo subterráneo de los Vril-ya descrito en La raza futura con tanta prolijidad. Especialistas en el estudio de las tecnologías militares desarrolladas por los nazis aseguran que estos intentaban construir máquinas capaces de hacer viajes interdimensionales a través de un espacio atemporal o hiperespacio, tal y como eran capaces de desplazarse los Vril-ya de Bulwer-Lytton.

Una de las expediciones enviadas por Hitler a la Antártida en busca de una entrada a la Tierra hueca

Otra muestra del extraordinario peso de esa obra de ciencia ficción no solo en Alemania, sino en la cultura de Occidente, puede verse en la obra de Nietszche, en su concepción

El gran filósofo alemán Friedrich Nietzche

El compositos alemán Richard Wagner

de Zaratustra, el superhombre, que tan gran influencia ha tenido en toda la filosofía de nuestro hemisferio, y en las composiciones musicales de Richard Wagner, en sus monumentales óperas basadas en antiguos mitos y leyendas germanos y nórdicos (El anillo de los nibelungos, La Walkiria, Tristán e Isolda, Parsifal, Tannhäusser, Sigfrido, El oro del Rin, El ocaso de los dioses, etc.) que alcanzaron la cumbre del romanticismo alemán  y cambiaron las pautas de la composición musical en Occidente,influyendo, además, en todos los grandes músicos de Europa tanto en su época como hasta hoy. Niestzche yWagner fueron adoptados por los nazis como pilares conceptuales de la ideología nacionalsocialista.

El anillo de los nibelungos

Imagen tomada en 1986 durante la representación de la La valkiria, de Richard Wagner. MUSEO WAGNER * Esta imagen peertenece al artículo aparecidoen la edición impresa del Domingo, 22 de julio de 2007

Tristan e Isolda representados por el pintor Herbert Draper

Al término de la Segunda Guerra Mundial, tras la derrota de Alemania soldados norteamericanos hallaron entre los muchos documentos que los nazis no tuvieron tiempo de incinerar antes de huir, planos de máquinas extrañas que fueron llevados a los Estados Unidos junto con científicos nazis capturados que pasaron a trabajar en laboratorios estadounidenses de alta tecnología militar. Entre ellos se encontraba Werner von Braun, desarrollador del cohete V-2 que devastó Inglaterra durante la contienda, quien se convirtió más tarde en director del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA y en arquitecto jefe del vehículo de lanzamiento Saturn V, que propulsó a dos docenas de astronautas estadounidenses a la Luna. Con estos hombres la búsqueda del Vril emigró a Norteamérica en lo que ha pasado a la Historia como Operación Paperclip.

Científicos nazis llevados a los Estados Unidos

Aún sin la posibilidad de mencionar en este artículo todos los aspectos del nacionalsocialismo sobre los que tuvo influencia vital La raza futura, resulta evidente que aunque Bulwer -Lytton seguramente no se propuso nada semejante ni pudo imaginar el alcance de su distopía (¿o sí…?), puede ser considerado como uno de los escritores que más ha pesado sobre el destino de la Humanidad. El hecho de que las palabras finales de La raza futura adviertan sobre el peligro de que una raza que se crea superior al resto de la especie decida destruir a las demás para conquistar el mundo  —advertencia a todas luces contraria a la teoría nazi del superhombre ario coagulada en el exterminio genocida de la solución final—, demuestra que la literatura tiene vida propia y no obedece a ningún amo, ni siquiera a quien la crea, y las obras literarias se independizan de su creador para emprender su propio camino, luminoso o siniestro, pero siempre incontrolable, y en ciertos casos lejos de apagarse con el tiempo, crecen. Para bien o para mal. (Continuará…)

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〈1〉 Aleister Crowley, autoapodado The Great Beast 666 (La Gran Bestia descrita en el Libro del Apocalipsis de Juan), fue un influyente ocultista, místico, alquimista, escritor, poeta, pintor, alpinista y mago ceremonial inglés, que fundó la filosofía religiosa de Thelema. Fue miembro de la organización esotérica Orden Hermética de la Aurora Dorada. También fundó la Astrum Argentum y la Ordo Templi  Orientis. Escribió 80 libros, la mayoría sobre temsa esotérico. Es considerado uno de los brujos más importantes  de los siglos XIX y XX.

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BREVE HISTORIA DEL FRACASO DE LA EXPEDICIÓN DE FERNANDINA

El fracaso de la expedición de Fernandina es uno de los episodios más tristes y a la vez más vergonzosos de la historia de Cuba, y es también uno de los hechos que puso de manifiesto con una luz más clara el temple extraordinario de José Martí y sus dotes como estratega y organizador. Sin embargo, nuestros planes de enseñanza mencionan este episodio de manera muy superficial, por lo que es bastante desconocido para la mayoría de la población.

El 8 de diciembre de 1894 fue firmado en Filadelfia por Martí, Delegado del Partido Revolucionario cubano, y otras importantes figuras políticas cubanas, un Plan de Alzamiento que fijaba para finales de ese mismo mes el estallido de una insurrección que abarcaría toda la isla. Era un proyecto complejo, pues una parte consistía en conducir tres expediciones por mar desde el pequeño puerto de Fernandina, situado en la isla Amelia, al norte de La Florida, hasta diferentes puntos estratégicos de las costas cubanas. Tres naves, el Amadis, el Lagonda y el Baracoa, zarparían con el mayor sigilo trasladando a la isla material de guerra y mil efectivos, todo financiado con los fondos aportados por los tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y otras ciudades de la Florida. La otra parte del plan estaría a cargo de los jefes militares que operaban en Cuba, quienes debían contactar con los expedicionarios a  su llegada. Este alzamiento sincronizado, cuya trama solo conocía por entero José Martí, dado que la había armado él mismo, tomaría a los españoles por sorpresa y les dejaría muy poco margen para reaccionar ante una embestida mambisa de tal envergadura. Martí pasó largos meses planeando la operación, que mantuvo en secreto absoluto para asegurar su éxito.  ¿Por qué, entonces, fracasó una acción tan minuciosamente concebida y organizada?

Después de releer ciertas páginas del historiador Rolando  Rodríguez y del investigador Oscar Ferrer Carbonell, biznieto y biógrafo de Néstor Leonelo Carbonell, uno de los más cercanos y fieles colaboradores de Martí en Tampa, así como artículos de diferentes autores cubanos, hay que llegar a la conclusión de que no hubo una sola causa para tan grande y gravísimo descalabro. Siempre se habla de un delator, pero en realidad fueron dos, y además intervinieron factores humanos que tuvieron gran peso en el desastre, algunos atribuibles al propio Martí.

El traidor más conocido  y mencionado por los historiadores es Fernando López de Queralta, ingeniero nacido en Santiago de Cuba, quien alcanzó el grado de Coronel en la Guerra de los Diez Años, durante la cual cumplió varias misiones como organizador de expediciones a la isla, que sin embargo no siempre desarrolló a cabalidad, pues Maceo mismo dudaba de él por lo mal que había conducido en 1886 ciertas compras de armas para los insurrectos de Oriente.

Martí se encontró con Queralta en Nueva York, pero se sabe que su relación databa de antes, pues Martí le había dedicado a aquel hombre un ejemplar de sus Versos sencillos. Queralta se le presentó a Martí como enviado del patriota y jefe militar cubano Serafín Sánchez, y era cierto. Serafín Sánchez gozaba de toda la confianza de Martí, quien le tenía en muy alta estima, lo cual sirvió de acreditación a Queralta. Hasta qué punto Martí le reveló a este hombre los detalles del plan de Fernandina es algo que probablemente no sabremos jamás, aunque es de suponer que no se lo dijo todo. Pero tomando en cuenta su pasada experiencia en la organización y conducción de expediciones a Cuba, Martí le confió esa parte del plan y le ofreció conducir una de las naves expedicionarias, a lo que Queralta se negó, dicen que en un momento de cobardía, alegando que no quería volver a Cuba (en realidad estaba en desacuerdo con la orden dada por Martí de obligar a las tripulaciones de los barcos a dirigirse a Cuba si ello fuere necesario), pero aseguró tener buenas relaciones con un capitán de barco que merecía su confianza y podía ayudar en el asunto de los fletes. Dijo también que al tal capitán se le podía comentar el objetivo del Plan, lo que ya no parece haber gustado demasiado a Martí, pero ante la insistencia de Queralta y las muchas garantías que ofreció al Apóstol, este cedió y lo acompañó a las oficinas de la consignataria de buques, acto que solo puedo explicarme si pienso que Martí, a esas alturas ya sin tenerlas todas consigo respecto de tal procedimiento, quiso supervisarlo por sí mismo, lo que fue un error, pues como parte del camuflaje del Plan de Fernandina  el Apóstol tenía decidido firmar los documentos de contratación de las naves con una identidad falsa, la de Mr. D.E. Mantell, propietario de minas y exportaciones agrícolas, mientras las armas pasaban por maquinaria para unas minas de manganeso en Cuba, falsificación necesaria, porque su actividad política era bien conocida del Gobierno de los Estados Unidos y estaba siendo vigilado por detectives de la agencia Pinkerton, y por una legión de espías al servicio de España. Martí lo sabía y de ahí su enorme cautela, que se justifica si sabemos que la agencia privada Pinkerton, fundada en Chicago en 1850 por el escocés Alan Pinkerton, fue la más antigua agencia de detectives del mundo, tal vez solo emulada por la red de espionaje que estructuró y desplegó por toda Europa monsieur Fouché, Ministro del Interior de Napoleón Bonaparte. Pinkerton, quien se inició en el mundo del espionaje como Jefe de Contraespionaje del Ejército de la Unión, había desarrollado varias técnicas de investigación innovadoras que aún se emplean en la actualidad, como el seguimiento o rastreo de sospechosos y la suplantación o creación de personajes para misiones de infiltración; creó, además, una base de datos para identificación de criminales, tan abarcadora y eficaz que hoy es administrada por el FBI[1]. Martí tenía tras sus huellas a los peores sabuesos del planeta, capaces de operar con eficacia suma en los cinco continentes (Pinkerton llegó a tener más agentes que soldados el Ejército de los Estados Unidos). Hacer acto de presencia en la oficina de flete de barcos fue un error craso, en mi humilde opinión.

Pero las cosas fueron a peores, pues Queralta, espía o imbécil, tal vez ambas cosas, pareció no gustar del “señor Mantell” y reveló a los consignatarios de la oficina de fletes la verdadera identidad del Apóstol y el destino de las tres naves. De inmediato salió a relucir el hecho de que Manuel Mantilla, otro de los conspiradores a las órdenes de Martí involucrados en el Plan, había firmado los documentos de contratación del Lagondas también como Mr. Mantell. Es fácil imaginar la que se armó en el lugar al quedar al descubierto la flagrante violación de varias leyes estadounidenses por un grupo de conspiradores cubanos. Martí increpó con rudeza a Queralta por su indiscreción, pero ya el mal estaba hecho y el secreto que hasta ese día había protegido al Plan de Fernandina se deshizo como humo. Por si fuera poco, Queralta ya había enviado por ferrocarril hacia el puerto de Fernandina una parte del cargamento de armas y pertrechos bajo el rótulo de “artículos militares”, y para colmo de colmos, con las cajas de las cápsulas mal cerradas, por lo que algunas se abrieron dejando a la vista su contenido. En carta a José Dolores Poyo, Martí, con su generosidad natural, califica a Queralta de “hombre inepto”, pero todo apunta a que era un agente doble. Si no lo fue, entonces era un perfecto cretino, pero tal extremo no parece creíble, aunque sin duda la estupidez incurable existe y es un club con millones de miembros en el planeta.

De inmediato las autoridades norteamericanas procedieron a la confiscación de los barcos, que habiendo debido llevar a Maceo y sus hombres desde Costa Rica hasta las costas de Oriente, a Martí y Mayía Rodríguez a Santo Domingo para recoger a Gómez y dirigirse al Camagüey,  y a Serafín Sánchez y Carlos Roloff rumbo a Las Villas, nunca zarparon. Solo una parte del contenido pudo ser salvada por un abogado amigo de Martí. Según Yoel Cordoví Núñez, investigador del Instituto de Historia de Cuba, “el 10 de enero de 1895 llegaba una carta al Departamento de Hacienda de Estados Unidos en la que se denunciaba la presencia de dos barcos anclados en Nueva York, destinados a labores conspirativas contra el colonialismo español en Cuba”. Este investigador atribuye a Queralta la autoría de dicha misiva, y añade: “Dos días después fueron embargados por la Aduana alrededor de 130 empaques que contenían 300 fusiles Winchester, otros tantos Remington, 100 revólveres Colt, parque, cientos de machetes Colling, cantinas, cinturones y mochilas, entre otro material bélico”.

La historia del fracaso del Plan de Fernandina aún en nuestros días continúa siendo confusa, pero a pesar de las diferencias que de historiador a historiador se constatan en el modo de referir los acontecimientos, todos los dedos coinciden en señalar a Queralta como culpable de la catástrofe. Enrique Collazo y Enrique Loynaz del Castillo, quienes estaban presentes en el momento en que Martí recibió la noticia en su habitación del hotel Travelers, en Jacksonville, cuentan que “…revolvíase como un loco en el pequeño espacio que le permitía la estrecha habitación…”. El general Collazo describe así aquella reunión, en la que también se encontraba Mayía Rodríguez: “Martí hablaba colérico y desalentado; caminaba de un extremo al otro del cuarto, exclamando: “¡La culpa no es mía!”. Los Generales le ratificaron su firme lealtad, tratando de calmarle; pero su ira y desesperación no cedían”.

Pero si Martí pecó por creer en Queralta, un hombre  sin muchas luces y poco fiable, tuvo aún una segunda equivocación posiblemente más grave: le confió al coronel mambí Julio Sanguily el mando de la insurrección en Occidente, que no debía ocurrir hasta que se tuvieran noticias de los levantamientos en Las Villas y el oriente del país. Julio Sanguily, famoso durante la Guerra de los Diez Años por su extraordinario valor personal y por haber dado lugar a uno de los episodios más célebres de nuestras gestas de independencia, conocido como El rescate de Sanguily, en el cual Ignacio Agramonte, El Mayor, con solo 15 hombres ordenó un toque a degüello sobre la tropa española que había capturado a Sanguily, ha resultado con un lado oscurísimo que han sacado a la luz las lámparas incansables de la Historia. El historiador Rolando Rodríguez, en el primer tomo de su libro Cuba, la primera ocupación las máscaras y las sombras (ed. Ciencias Sociales, 2007) lo coloca en una especie de podio de ganadores, entre Estrada Palma y Gonzalo de Quesada, y les otorga los tres primeros lugares entre los grandes villanos de la historia de Cuba:

Otro asunto que debe quedar claro […] es el carácter “traidor” de Julio Sanguily, cuya fea hoja de servicios comenzó a empañarse, según Vicente García[2], cuando en la manigua comenzó a traficar con productos para su uso con los enclaves del enemigo. Más tarde, ya en la paz, le aceptó una “botella” al general García de Polavieja en los ferrocarriles. Para entonces, como aseguró el general español, Julio Sanguily protegía bandidos y les aceptaba dinero resultado de los delitos cometidos. Fue acusado indirectamente por Martí de haberle estafado dinero a los tabaqueros con la historia de un alzamiento que llevaría adelante en Cuba, y al respecto Martí pidió que no lo dejaran ir de nuevo a Cayo Hueso porque demeritaba la idea independentista. Sanguily casi seguramente fue el delator del 24 de febrero de 1895 ante el mando español. La verdad es que para esa fecha había sido designado jefe militar mambí de Occidente, y en la mañana de aquel día glorioso no estaba en el campo de batalla, sino en su mansión de El Cerro, donde fue arrestado por los españoles casi con seguridad para prestarle una coartada. Algunos de los que le acompañaron en la aventura sabían desde antes que no tomaría las armas pues tenía empeñados el revólver y el machete. Luego, cuando estaba en Estados Unidos, le estafó a Estrada Palma varias mesadas con la historia de su sostenimiento, y en 1897, al mismo tiempo, entró en contacto con Dupuy de Lôme, el ministro español en Washington, y le propuso por unos 300 pesos mensuales venir a Cuba para convencer a Máximo Gómez de que aceptara la autonomía. El presidente del Consejo de Ministros de España. Antonio Cánovas del Castillo, aceptó se le pagara ese salario, pero no que viniera a la isla. Por último, ya en Cuba, a donde viajó con las tropas estadounidenses, se puso durante la ocupación al servicio del gobernador Leonard Wood en labores “especiales”, es decir, de espionaje, por unos cuantos cientos de pesos al mes. Falta añadir por qué hizo todo aquello. La razón estriba en que Julio Sanguily se había aficionado al alcohol, las francachelas con mujeres y, sobre todo, a la baraja. Se sabía que no salía de las mesas de juego. Para estas afirmaciones se cuenta con el diario de Vicente García, cartas de García de Polavieja, de Dupuy de Lôme, y vouchers de pago firmados por Wood y Sanguily. Sobre su estafa a los tabaqueros de Cayo Hueso hay cartas sobradas de Martí en sus Obras completas, y en cuanto al 24 de febrero hay testimonios de su postura ante el alzamiento y documentos que muestran le habían llegado confidencias en ese sentido al capitán Emilio Calleja. Dada su postura, habían sido proporcionadas por este sujeto. Sin duda, Julio Sanguily fue el gran traidor de la independencia cubana.

Que Julio Sanguily se había corrompido mucho antes de que Martí le encomendara liderar el levantamiento en Occidente como parte del Plan de Fernandina lo prueba el hecho, comentado por Rodríguez en la cita anterior (y señalado por mí en cursivas), de que el Apóstol lo acusó de haberles estafado dinero a los tabaqueros usando el pretexto de aquella acción de armas, pero lo prueba aún más el que la mañana del 24 de febrero, día señalado por Martí para llevar a cabo la acción militar en las provincias del Occidente de Cuba, el supuesto jefe de la misma no se encontraba en el campo de batalla, sino en su mansión de El Cerro, donde, ¡oh casualidad!, fue apresado por los españoles. Sanguily hubiera debido participar en el alzamiento junto con un pequeño grupo de patriotas integrado por Juan Gualberto Gómez, Antonio López Coloma y otros. También, ¡por pura casualidad! Juan Gualberto Gómez fue detenido poco después y enviado a una prisión española. Peor suerte corrió el joven López Coloma, quien fue preso fusilado en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

Al comienzo de este artículo dije que el fracaso del Plan de Fernandina es uno de los acontecimientos más tristes y vergonzosos de nuestra historia nacional, porque involucra a tres actores fundamentales, José Martí, el cubano más honorable y puro de todos los tiempos, y a dos gandules que se aprovecharon de esa pureza incuestionable del Apóstol. Pero es también uno de los momentos más grandes de nuestras guerras de Independencia, porque Martí no se dejó romper por tanta miseria humana. Afirmó con entereza: “Yo no miro lo que se ha deshecho, sino lo que hay que hacer”, y escribió: “Conozco con qué bravura y resurrección responde al quebranto pasajero el invencible corazón cubano”. Volvió a empezar de cero y la Revolución fue hecha, la independencia ganada.

NOTAS

[1] Pinkerton alcanzó la fama dentro de los Estados Unidos cuando desmanteló un complot contra el Presidente Lincoln, aunque más tarde este fue asesinado. La Agencia que fundó este escocés existe todavía y su página puede encontrarse en Inernet.

[2] Gran General de la Guerra de los Diez Años, también conocido como el León de Las Tunas. Murió en Caracas en 1886, así que cuanto dijo sobre Julio Sanguily fue dicho mucho antes de que comenzara la Guerra del 95, por lo que resulta raro que Martí no conociera su pésima opinión sobre el traidor y las muchas acusaciones que le habían sido hechas.

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MADURADOS CON CARBURO: ¿LA MUERTE ENTRE LAS CÁSCARAS…?

Lo que voy a contar parecerá a algunos una exageración, pero como advierten en los créditos de las películas, esta historia está basada en hechos reales. Ocurrió días atrás cuando fui de compras a un agro del municipio habanero Diez de Octubre conocido como Los Benavides, ubicado cerca de la Calzada de Luyanó. Es el lugar más cercano a mi casa donde venden dientes pelados de ajo en paqueticos de nailon sellados. Son muy útiles, no solo para la cocina de los vagos a quienes, como a mí, no les gusta pelar ajos, sino como remedio casero inmejorable para aliviar varias dolencias.

Imaginará el lector mi disgusto cuando vi que todos los paquetes contenían varios dientes de ajo recubiertos de moho negro. Se me escapó una exclamación y dije en voz alta: “Ay, moho negro!”. El dependiente de la tarima en cuestión se apresuró a explicarme que aquellas manchas puntosas y oscuras no eran el tal moho, sino humedad que se formaba sobre los ajos porque quienes los sumergían en agua para aflojarles las cáscaras no los ponían después a secar frente a un ventilador. Le expliqué al dependiente que precisamente el moho es un resultado de la humedad, y hay variedades en, al menos, tres colores: blanco, verde y negro. Le expliqué que este último es muy peligroso, pues cuando penetra en el organismo humano, en dependencia del órgano donde haga colonias puede causar enfermedades letales, como cierta clase de meningitis. Para mi sorpresa, el hombre se negó a creerme.

Mientras, otros clientes se habían acercado a comprar y ya no estábamos solos. No sé si alguien mencionó el carburo que se está empleando en los agromercados habaneros para acelerar la maduración de algunas frutas, o si fui yo quien lo puse como ejemplo de sustancias que pueden volver peligrosos algunos alimentos. Dije que las frutas maduradas con carburo no se deben comer, porque es una sustancia cancerígena. El dependiente me gritó que aquello era mentira, que siempre los campesinos habían usado en Cuba el carburo para madurar las frutas. No me valió de nada llamar en mi auxilio a las personas más viejas que se encontraban en el lugar ni que todas coincidieran en afirmar que en Cuba nunca se había usado el carburo en el campo para otra cosa que no fuera encender lámparas. El dependiente siguió gritando cada vez más alterado: “¡Mentiraa, Mentiraaaa!”. Su argumento era que si no se maduran las frutas con carburo no se puede satisfacer la demanda de la población. Se le sumaron los vendedores de cárnicos del lugar y pronto un enorme coro de cuentapropistas gritaba colérico: “¡Mentiraaaaaaaaaaaaaaaaaa!”. Según ellos, siempre en Cuba los campesinos usaron ese procedimiento. Como provengo de una familia que tuvo finca y comercializaba sus productos, y además participé en 16 Escuelas al Campo sé que no es verdad. Se me ocurrió preguntarle a mi exaltado dependiente su edad. Cuarenta y un años. Le pregunté cómo podía hacer afirmaciones tan categóricas sobre una época anterior a su nacimiento. Le pregunté si sabía qué hubo antes de 1959 en las Cuatro Esquinas de Luyanó. Respondió que esa zona siempre había sido “bajo mundo”, lo que, por supuesto, no es verdad. Cuento todo esto para mostrar cómo una persona es capaz de pronunciarse de la manera más irreflexiva y arbitraria, y sin el menor escrúpulo, sobre algo que no conoció, actitud de porfía que puede estar motivada desde por una mala intención oportunista hasta por estupidez incurable, como creo es el caso de aquel individuo.

La cuestión  queda en pie: ¿Desde cuándo se comenzó a usar en Cuba el carburo para acelerar la maduración de las frutas? ¿El carburo es inocuo o no lo es? La primera respuesta no la daré hasta haber hecho una investigación exhaustiva, aunque sí estoy segura de que escuché por primera vez sobre este procedimiento durante el período especial. Hasta ese momento no recuerdo haber comprado nunca una fruta bomba o un plátano recubiertos del fino polvo blanco que muestra la presencia de esa sustancia, ni con tantas manchas oscuras, sin olor ni sabor.

La segunda respuesta es más compleja. En muchos países del primer mundo está prohibido acelerar los procesos de maduración mediante agentes químicos. En otros, se permiten algunas sustancias consideradas de baja toxicidad y no peligrosas para la salud humana. El carburo está prohibido.

El carburo de calcio es una sustancia combustible de consistencia sólida y coloración grisácea que al entrar en contacto con el agua da como residuo hidróxido de calcio —también conocido como cal apagada— y acetileno. Pero esta reacción genera impurezas, entre las cuales se encuentran ácido sulfídrico, amoniaco, fósforo, ferrosilicio, nitruro de magnesio y carburo de silicio. El acetileno se desprende de la reacción en forma de un gas altamente inflamable, que produce una llama de hasta 3.000º C, una de las mayores temperaturas  por combustión hasta ahora conocidas, lo que explica su empleo como combustible para lámparas.

El problema es que otro de los residuos generados por la reacción es el arsénico, potentísimo veneno que administrado en altas dosis mata instantáneamente, pero en dosis mínimas lo hace a largo plazo luego de provocar muchos desórdenes en el organismo, como la caída del cabello, y diversos malestares gastrointestinales. La lista es larga y va a peores, como puede apreciarse por la siguiente cita:

Comerciantes aceleran la maduración de las frutas utilizando carburo de calcio, según comprobó personal de la Alcaldía. Este procedimiento podría derivar en intoxicaciones agudas y crónicas para los consumidores de las frutas, pero también en cáncer de pulmón entre comerciantes y productores que se exponen permanentemente a estos químicos tóxicos, según la explicación de expertos.
Vecinos de la zona norte de la ciudad denunciaron ante la comisaría del mercado de mayoristas, que desde hace algún tiempo la fruta comprada de ese lugar les provocaba dolor de estómago.

Tras recibir el reclamo una funcionaria evidenció que comerciantes utilizaban carburo para acelerar el proceso de maduración del plátano a un día, cuando es de una semana. “El plátano llegaba completamente verde el jueves en la noche. Lo sometían a ese procedimiento el viernes y el sábado ya estaba a la venta amarillito”, explicó la trabajadora, que prefiere mantener en reserva su identidad.

Pese a la resistencia de los vendedores logró decomisar una bolsa con esas bananas. El proceso consiste en amontonar las cabezas de plátano y en medio de ellas poner un tacho con agua al que se le agrega los trozos de la sustancia química.

Al respecto, el toxicólogo del hospital Viedma, Ramiro Cadima explicó que este procedimiento es muy habitual en la fruticultura centroamericana y también la boliviana. […] Sin embargo, su uso frecuente puede provocar serios daños a la salud  […] al liberarse el acetileno también sale el arsénico, que puede ser “muy tóxico” y causaría intoxicaciones agudas y crónicas. En el primer caso, ocasionando náuseas, mareos y vómitos; y en el segundo provocaría, incluso, cáncer en el pulmón.
Advirtió que no existen estudios que permitan precisar qué niveles de exposición a este producto derivan en efectos nocivos para la salud.

Recomendó […] lavar y pelar los alimentos antes de consumirlos y mantener limpias las manos siempre que hayan estado en contacto con frutas. Lamentó que productores y comerciantes realicen estas prácticas de manera cotidiana sin ninguna supervisión o asesoramiento. “Ellos están más expuestos porque están inhalando permanentemente este químico tóxico”, dijo. (Tomado de http://eju.tv/2014/06/comerciantes-maduran-pltanos-y-otras-frutas-con-carburo-de-calcio/)

¿Cuál es la posición oficial de Cuba con respecto al empleo de agentes químicos para obtener una maduración acelerada de productos del agro destinados a la venta pública? Las citas a continuación fueron tomadas del artículo ¿Maduros o madurados?, publicado en Granma digital:

[…] existen tres productos que se utilizan en la agricultura cubana para lograr, mediante su aplicación en el campo, una mejor maduración fisiológica de los cultivos, un crecimiento parejo, un rendimiento superior y el control de malezas como la Oro­ban­che ramosa en el tabaco, entre otros.

Dichos productos —Cletodim, Fluazifop-p-butilo y Etefón, conocido comúnmente co­mo Flordimex— se incluyen en el listado oficial de plaguicidas autorizados por el Registro Central de Plaguicidas de la Re­pública de Cuba.

[…] previo a su im­portación, esas sustancias han pasado por un proceso de registro en el país, realizado por una comisión científica integrada por especialistas de […]organismos como el Cen­tro Nacional de Sanidad Vegetal (CNSV), el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

[…] las referidas sustancias no presentan propiedades acu­mulativas, ni efectos tóxicos como cáncer, trastornos nerviosos, trastornos teratogénicos (malformaciones en la descendencia), entre otros, siempre que se empleen en la dosis indicada y para lo que está indicado.

Según las regulaciones, en Cuba no está autorizado que ninguno de los tres se utilice como madurador en la etapa de poscosecha.

En el caso del Cletodim y el Fluazifop, […] el efecto que tienen es de desverdización, es decir, el fruto está verde y se pone amarillo, pero no ocurren las transformaciones fisiológicas propias del proceso de maduración, entonces no tiene todo el sabor. En cambio, el Etefón es un producto capaz de madurar adecuadamente.

[…] De esta forma, y aun cuando, contrario a lo establecido, el Cletodim, el Fluazifop y el Etefón se empleen como maduradores después de cosechado el cultivo, […] ninguno de los tres tiene efecto acumulativo ni resulta perjudicial al organismo, pues presentan muy bajos niveles de toxicidad según la escala de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, en la calidad de las frutas y la cantidad de vitaminas y minerales que aportan, sí repercuten desfavorablemente las altas dosis que aplican algunas personas para apresurar la maduración de los frutos, especialmente cuando son cosechados sin tener condiciones óptimas para ello.

 […]  el uso en dosis elevadas de esta sustancia provoca la fitotoxicidad del fruto (cambios de coloración) o deshidratación por excesiva maduración, lo que conlleva a la pérdida de sus propiedades. Los niveles de sólidos solubles y azúcares totales disminuyen, así como los de vitamina C y carotenoides. (Tomado de http://www.granma.cu/cuba/2015-04-30/maduros-o-madurados).

¿Y cuál es la posición de las leyes cubanas sobre el uso o abuso de los maduradores en el mercado nacional?:

La Resolución no. 23 del 2000, del Ministerio de la Agricultura (MINAG), establece en su artículo primero que los plaguicidas son planificados, balanceados y controlados centralmente por el Departamento de Plaguicidas del CNSV, que debe velar porque dichos productos sean distribuidos a los organismos que tienen auto­rizado su uso y porque se empleen de forma adecuada.

La Fiscalía General de la República informó que aquellos involucrados en el desvío, apropiación y utilización ilícita de este tipo de productos pueden incurrir en delitos de hur­to, u otras conductas delictivas.

De acuerdo con el artículo 198 del Código Penal, referido a los delitos contra la salud pú­blica, “todo el que se apodere, trafique, almacene, facilite, procese, reciba, emplee, transporte o exporte sustancias u objetos contaminados o contaminadores, o destinados a ser inutilizados o desinfectados, o los retenga in­debidamente en su poder, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años, o multa de 200 a 500 cuotas, o ambas”.

En un recorrido realizado por periodistas de este diario al Mercado de Abasto Mayorista El Trigal, algunos vendedores confesaron haber usado un madurador en los alimentos que ofertaban.

“El producto lo compramos por la calle”, manifestó a Granma uno de los comerciantes, señalando hacia un camión de fruta bombas, todas maduradas artificialmente, utilizando —según él— muy bajas dosis.

“Echamos una tapita de Flordimex (Etefón) dentro de 20 litros de agua, mojamos la fruta bomba y le damos un tiempo de cinco días para que madure”, explicó el vendedor.

Ante este panorama, es evidente que algunos mecanismos de control no funcionan, pues la trazabilidad de los productos escapa de las manos de los inspectores, sobre todo durante el proceso de comercialización. (Tomado de http://www.granma.cu/cuba/2015-04-30/maduros-o-madurados).

Es necesario aclarar aquí que el Etefón (C2H6ClO3P) NO es el carburo de calcio (CaC2) que muchos comerciantes emplean en Cuba para madurar sus productos. El Etefón es etileno, un gas que, según especialistas, “se encuentra libre en la naturaleza”. Pese a las afirmaciones sobre su inocuidad, Wikipedia recomienda: “seguir con precaución los protocolos de aplicación para evitar efectos indeseables, ya que se trata de un producto corrosivo de categoría I, altamente corrosivo incluso en el caso de exposiciones breves. A diferencia de otros compuestos organofosforados puede no llegar a inhibir la acetilcolinesterasa, pero en el caso de exposiciones crónicas (es decir, de largo término) podría comportarse como inhibidor de la colinesterasa, es decir, como una neurotoxina que puede causar problemas cardíacos.

¿Y qué se dice en algunos países de Europa sobre el Etefón?:

La Junta de Andalucía abre un expediente sancionador a la explotación que cultivó tomates utilizando este producto

El Etefón es uno de los productos fitosanitarios más utilizado que regula el crecimiento vegetal y acelera la maduración. En España no se usa desde hace tres años. Sin embargo, Holanda ha decretado una alerta sanitaria al detectar este producto químico en una partida de tomates procedente de Almería.

Tras comunicarlo a las autoridades españolas, la Junta de Andalucía ha abierto una investigación que ha confirmado la existencia de este producto Por ello, la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural abrirá mañana un expediente sancionador a la explotación de la provincia de Almería desde la que se exportaron dos partidas de tomate a Holanda, cultivadas con Etefón. Esta decisión se ha adoptado después de que los análisis realizados por el Laboratorio de Producción y Sanidad Vegetal de Almería confirmaran el uso de este producto fitosanitario en el cultivo de tomate, prohibido por la reglamentación española.

Además de imponer la sanción, la Junta ha intervenido las plantas que quedaban en la explotación y trasladará las actuaciones realizadas al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

La consejera andaluza de Agricultura, Carmen Ortiz, destacó ayer la «celeridad con la que han actuado los servicios de la Consejería para detectar la producción de tomate afectada”. (Tomado de https://www.abc.es/sociedad/abci-Etefón-201605012147_noticia.html. Publicado en 2016)

 Suiza prohíbe productos tratados con Etefón

Miércoles 6 de Agosto de 2014

La Oficina Federal de Agricultura prohibió el uso del acelerador de maduración Etefón en los alimentos que se comercializan en el país.

La Oficina Federal de Agricultura de Suiza prohibió el uso del acelerador de maduración Etefón, ya que en el 2013 se encontraron tomates con rastros de este químico. Esta fue una medida que se tomó tras consultar con la industria suiza. Marc Wermelinger director de la Asociación de Comercializadores de Fruta en Suiza expresó que si no se puede garantizar el cumplimiento de los límites en la presencia de este producto, es mejor no tenerlos.

La recomendación del Gobierno suizo para la industria local es la utilización de otro tipo de aceleradores que no presenten ningún tipo de cuestionamiento.

Implicaciones para Costa Rica, extrapolables a los demás países de Centroamérica:

A junio del presente año las exportaciones nacionales hacia Suiza alcanzaron los 2,2 millones de USD, entre los principales productos exportados se encuentran el café, la piña, banano y el palmito.

Es importante que las empresas exportadoras a este mercado consideren todas las regulaciones que deben cumplir para que sus respectivos productos ingresen sin problema a este país y puedan ser comercializados con éxito. (Tomado de https://www.centralamericadata.com/es/article/home/Suiza_prohbe_productos_tratados_con_etefn).

 Alemania notifica a la UE la detección de la materia activa prohibida Etefón en un lote de pimientos de Almería

ALMERÍA, 20 Ene. (EUROPA PRESS) –

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha recibido una notificación por parte de Alemania en la que denuncia la entrada en sus mercados de un lote de pimiento rojo, verde y amarillo procedente de Almería en el que se ha detectado la presencia de la materia activa Etefón, cuya aplicación para acelerar la maduración está prohibida desde junio de 2010 en este producto aunque se caracteriza “por una baja toxicidad”.

Se trata del primer incidente de este tipo que trasciende desde que en el año 2007 se desatase lo que se denominó la ‘crisis del pimiento’, que derivó en el precinto de diversas explotaciones bajo plástico donde se detectó el uso del fitosanitario ilegal Isofenfus Metilo, la emisión de alertas por parte de países receptores de las exportaciones almerienses y un cambio en la filosofía productiva del sector.

Ante la notificación, las consejerías andaluzas de Agricultura y Pesca, y Salud han iniciado acciones de forma coordinada para controlar el uso de Etefón, una materia activa que acelera la maduración, en pimiento en la provincia de Almería en aras de garantizar el cumplimiento de la normativa fitosanitaria europea y detectar a tiempo el uso ilegal de esa sustancia. (Tomado de https://www.europapress.es/andalucia/almeria-00350/noticia-alemania-notifica-ue-deteccion-materia-activa-prohibida-Etefón-lote-pimientos-almeria-20110120191952.html)

Y por último, cito fragmentos del artículo Por una inocuidad alimentaria responsable, publicado el 15 de julio de 2019 en la revista digital cubana Salud y vida, ubicada en Infomed, un servidor del Ministerio de Salud Pública:

Inocuidad, según la Real Academia de la Lengua Española, significa algo libre de peligro, seguro, digno de confianza. En el tema de los alimentos, la inocuidad cobra dimensiones relevantes. Por definición se trata de la garantía que deben tener los alimentos para no ocasionar daños en la persona que los consuma, lo que se traduce en no provocar efectos adversos para su salud.

La calidad de los alimentos depende de cuatro grupos de características: sus propiedades nutricionales, organolépticas, comerciales y también su inocuidad.

Un alimento será inocuo cuando esté libre o en niveles aceptables de agentes físicos, químicos o biológicos. Dentro de los físicos vale mencionar la presencia de huesos, piedras, fragmentos de metal u otra materia extraña; los químicos pueden ser plaguicidas, medicamentos como los antibióticos usados en la veterinaria, toxinas de microorganismos y agentes de limpieza o desinfección. Por su parte, los biológicos incluyen microorganismos,  indicadores sanitarios y los patógenos.

La inocuidad de los alimentos es un aspecto de alta prioridad dentro de la salud pública. Es por ello que los controles a los que han de someterse deben ser muy rigurosos y bien establecidos a lo largo de la cadena alimentaria. En el caso de los productos agrícolas, la garantía deberá iniciarse en el surco y culminar en la mesa de quien lo consuma.

[…] en los últimos tiempos, prácticas riesgosas han emergido para madurar productos agrícolas, con el costo de atentar contra su inocuidad alimentaria, sus propiedades nutricionales, organolépticas y su durabilidad.

Plaguicidas como el Etefón […] además del carburo —está prohibido totalmente el empleo de este último—, se usan de forma indiscriminada para la aceleración del proceso de maduración en frutas y vegetales por parte de personas encargadas de intermediar la comercialización o las que tienen a su cargo la venta ambulante de productos agrícolas.

[…] en Cuba no hay ningún producto recogido en el Registro Nacional de Plaguicidas con la finalidad de una maduración posterior a la cosecha.

[…] El Etefón es un plaguicida autorizado a emplear en el periodo precosecha en cultivos como la caña de azúcar, plátano, piña, cítricos, tomate y café; y como regulador del crecimiento de hijos en el arroz, en dosis bien puntualizadas para cada cultivo, pero nunca en la postcosecha.

Al final de la jornada, todos los habaneros (¿y el resto de la isla?) que compramos en los agros de cuentapropistas —y hasta en algunos estatales— fruta artificialmente madurada, pero sobre todo aquellos a quienes, tal vez por enfermedad o para prevenirla, se les ha indicado seguir una dieta rica en frutas y vegetales, ¿qué nos estamos comiendo: alimentos sanos que realmente nos ayuden a recuperar o mantener la salud, o todo lo contrario? Los consumidores corremos el riesgo de caer en manos de comerciantes y vendedores irresponsables a quienes únicamente les interesa hacer dinero, y nos cosifican, viendo en cada ingenuo comprador solo una billetera que se abrirá para enriquecerlos a ellos, los dioses del carburo, los entusiastas del moho negro y de cualquier cantidad de tóxicos peligrosos para la salud humana. ¿Y cómo puede saberse si una fruta ha sido madurada con químicos? No siempre usted logrará darse cuenta hasta que le dé la primera mordida y compruebe que está dura, no sabe a nada o tiene tres colores en su interior, pero aquí van algunas indicaciones:

Si un plátano fruta, de color amarillo pollito con abundancia de manchas negras o con partes maduras y otras verdes, ha sido tratado con un acelerador de la madurez, tendrá una corta durabilidad y no exhibirá su sabor característico. Otras señales son la presencia de manchas verdes en el centro de su cáscara y demasiada madurez en los extremos. Se madura en horas, y luego se pudre. Así puede ocurrir también con la fruta bomba y el mango, en este último aparecen abundantes manchas negras y no posee su fragancia característica, a lo que se añade que al degustarlo predominará la acidez. En los aguacates se mostrarán zonas de un verde pálido con partes verdes y otras maduras. (Tomado de la revista digital cubana Salud y vida).

Y ahora, lector, ya usted sabe que si le pregunta a un vendedor  (irresponsable o estulto, en este caso la diferencia no hace la diferencia) si sus frutas están maduradas con carburo y reacciona gritando desaforado: “¡¡¡Mentiraaaaa!!!”, usted puede reciprocarle cantándole a su vez Yo sé que es mentiraaaaaaaaaaa / yo sé que es mentiraaaaaaaaaaaa…

 

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EL HOMBRE CONTRA LOS ANIMALES O LA BARBARIE DEL BÍPEDO QUE CONQUISTÓ EL PLANETA

Mucho se habló durante meses en las asambleas populares para proponer reformas a la nueva Constitución que el país ha aprobado. Una de las peticiones que se escucharon con mayor insistencia fue la aprobación de la Ley Contra el Maltrato Animal que, desde hace años, los grupos de protección a animales de la ciudad han venido llevando y trayendo sin éxito por los escritorios de muchos funcionarios y los salones de importantes instituciones capitalinas. La comunidad gay navegó con mejor suerte que los animales de Cuba, pues han obtenido algunas de sus aspiraciones, mientras que las muchísimas personas que tuvimos alguna esperanza de aliviar la terrible suerte de la fauna cubana no obtuvimos nada. Nuestros infelices animales, entre los más mansos y menos peligrosos del planeta, siguen condenados a su implacable, estéril y crudelísimo exterminio en manos de una nutrida parte de la población.

Trato de ponerme en el lugar del Gobierno de Cuba y de los funcionarios a cuyo cargo estaría la aprobación de una Ley como esa, y porque lo hago es que, cuando formé parte de estos grupos de defensa de los animales, sugerí que el proyecto de Ley que entonces estaba siendo redactado se limitara, para comenzar, a perros, gatos y caballos. Cuba es un país con tradiciones muy arraigadas, pero cuando se habla de que los cubanos debemos defender nuestras tradiciones a costa de lo que sea, nunca se piensa que hay tradiciones buenas y tradiciones malas. Si las tradiciones debieran por fuerza ser perpetuadas como símbolos de nacionalidad, aún tendríamos circo romano, peleas de gladiadores y plazas de toros, por no hablar de  la quema de herejes, el descuartizamiento y mutilaciones de miembros a que eran sometidos en el pasado los delincuentes de toda laya,  además de la lapidación de las mujeres adúlteras y los cinturones de castidad para vírgenes, viudas y esposas de los hombres que van a la guerra. Son tradiciones.

Cuba es un país con una fuerte tradición de peleas de gallos y, desde hace algunos años, también de perros y otros animales. Para nadie es un secreto que desde los más humildes campesinos en sus poblados hasta altas personalidades poseen galleras. ¿Para qué sirve un buen gallo si no es para deleitar a los espectadores muriendo en combate singular, y para llenar de dinero los bolsillos de los galleros? ¿Y qué puede ser tan excitante como ver dos buenos perros de razas fieras triturarse entre sí mientras el público humano ruge, babea, arenga desde las gradas…?

En Cuba, aunque no haya sido nunca un país con fuerte tradición de caza, como Inglaterra, España y los Estados Unidos, por solo citar tres ejemplos, hay cotos de caza, y eso tampoco es un secreto a estas alturas donde Internet no deja un velo sin alzar. ¿Quién puede poseer un coto de caza privado? ¿Cómo se manejarían estas personas frente a una Ley Contra el Maltrato Animal? Galleros y cazadores caerían en el mismo jamo que el dueño de un carricoche que revienta a latigazos a dos pencos flacos para sacarles unos pesos, o esos miserables seres humanos que atan perros a los árboles bajo el sol y ni siquiera les ponen un recipiente de agua.

Por otra parte, Cuba es un país donde las religiones provenientes de África han encontrado un suelo fertilísimo. Los practicantes de estos cultos y sus sacerdotes sacrifican animales: aves de corral, perros, gatos, carneros, chivos y hasta las delicadas palomas, adoptadas por el mundo como símbolo de la Paz, son mutilados a toda hora en los altares de los religiosos afrocubanos, y sus despojos arrojados sin el menor escrúpulo en espacios públicos donde se pudren cubiertos de moscas, constituyéndose en focos de peligrosa propagación de roedores y otros vectores letales para la comunidad humana. Estas religiones o cultos sincréticos, como se prefiera llamarlos, tienen la profunda convicción de que los animales vinieron a la Tierra para sacrificarse por los hombres. Me han dicho algunos amigos africanos que en su tierra natal, cuando se le quiere ofrendar un animal a un orisha, se le coloca vivo sobre su altar. Si la divinidad acepta la ofrenda, el animal ya no se levanta más y muere sin intervención del sacrificador. No sé si esto es verdad, pero sí sé que en Cuba las creencias traídas de África por los esclavos han sufrido tantos cambios que ya no se parecen a sus orígenes. Cuando en 1954 Lydia Cabrera escribió El monte, ya hacía tiempo que sus informantes, viejos negros y negras de nación, acusaban con resentimiento a los “criollitos” de haberlo cambiado todo, y a los habaneros de haber defenestrado las reglas de Matanzas, tenidas por las más fieles a la tradición religiosa africana.

No veo cómo podría el Gobierno de la República de Cuba controlar las masivas masacres religiosas de animales que están ocurriendo a diario en el país. Y no lo veo porque me pongo en el lugar del Gobierno enfrentándose a una población que mayoritariamente practica hoy los cultos sincréticos afrocubanos.

Pero algo sí puede hacerse en favor de los infelices animales, y me refiero al trato tan cruel que reciben todos los animales cubanos en general, y en especial los destinados a ser sacrificados a las divinidades afrocubanas. En una shoping del municipio Diez de Octubre cuyo nombre no mencionaré, todos los trabajadores comentaban impresionados cómo habían visto pasar a un hombre en motocicleta llevando un carnero atado por sus cuatro patas. El animal colgaba de la moto cabeza abajo y su morro iba destrozándose al sufrir la fricción con el asfalto de la avenida hirviente, dejando a su paso un rastro sangriento. El animal, dijeron, lloraba de un modo tan lastimero que los hizo estremecer. Una de las empleadas, pálida por la emoción, decía con ademanes apasionados: “¡Mira, que lo mate, pero que no lo torture así. Así no puede ser!”. Otro empleado se llevaba las manos a la cabeza: “¡Y como lloran los carneros cuando los están matando, mi madre, como lloran, los chivos no, pero los carneros como lloran!”. Yo misma recuerdo hace pocos días haber visto trotar despreocupada y alegremente delante de mí a un graciosísimo bebé chivito que recorría un tramo de la calle Juan Alonso en el reparto La Asunción, donde vivo. Recuerdo que verlo así, pequeño y bonito, con aquel trotecito que era la inocencia misma, me alegró el alma y me hizo sentir ternura por el animalito, y agradecí a la Naturaleza el regalo de aquella imagen tan pura. De repente apareció un joven armado con un palo que corría para alcanzar al animalito. Le supliqué que no fuera a golpearlo: “¡Mira que es un bebé!—, le rogué. “Sí  —me contestó con frialdad—, pero vale 7 000 pesos”. En otra ocasión vi pasar a una de las nuevas vecinas adineradas del reparto llevando en un cajón de palo con dos ruedas a un pobre bebé chivito colocado en una posición retorcida y con las patas fuertemente amarradas. El animalito balaba con desesperación, pero su verduga no le dirigió ni una sola mirada de piedad. Otro de mis vecinos, ¡¡¡practicante de una rama budista!!!, mantiene desde hace años a su perrita famélica y sucia atada a una carretilla en su portal, todo el día, lo mismo en verano que en invierno. Y no hablemos de quienes patean a sus perros por cualquier cosa, no los alimentan o los torturan y matan por puro sadismo.

He escuchado a mucha gente mofarse de nosotros, los defensores de los animales, nos llaman ñoños, viejos chochos, mujeres “falta de macho” y un interminable catálogo de burlas e insultos soeces. Los ofensores más sofisticados dicen que somos anormales porque amamos a los animales más que a nuestros semejantes, o porque depositamos en los animales el amor que nos falta en nuestras vidas. Pero yo digo y afirmo que las continuas matanzas de animales que están ocurriendo en Cuba y el trato despiadado que se les da, denotan una inmensa falta de sensibilidad en una abrumadora mayoría de nuestra población. La insensibilidad es como un cáncer que va apoderándose de la estructura de la personalidad humana. Cuando ocurre de manera aislada, en un individuo, hablamos de psicopatía y lo mandamos al psiquiatra. Cuando se comporta como un fenómeno masivo es una vuelta a estadios anteriores a la labor de la civilización, que pule y reprime las partes peores de la condición humana. Para decirlo por lo claro: es una vuelta a la barbarie. La crueldad contra los animales es una de las manifestaciones de esta barbarización que está sufriendo una parte importante de la población de Cuba, y si alguien quiere desmentirme le recordaré de inmediato que solo estoy sumándome a la sentencia de Mahatma Gandhi, el gran político y pacifista hindú que acabó con la colonización inglesa en la India empleando su filosofía de la No Violencia, y liberó a su pueblo de una esclavitud humillante para convertirlo en un pueblo libre. La India es, posiblemente, el primer pueblo líder en la defensa y buen trato de los animales, y lo fue siempre por tradición desde tiempos remotos. Dijo El Mahatma: “El grado de civilización de un pueblo se mide por la forma en que trata a sus animales”.

Por definición clínica un psicópata presenta entre sus principales rasgos patológicos  la propensión a cosificar a sus víctimas, y no muestra empatía hacia los sufrimientos que les causa. Podemos abrir un poco más el concepto: los torturadores, los verdugos, los asesinos cosifican a sus víctimas. Quien arrebata vida una y otra vez sin estremecerse —y los animales son seres vivos—, cosifica a su víctima y no siente culpa ni dolor por lo que hace. ¿Estamos en presencia de una psicopatía colectiva? ¿Nos estamos convirtiendo en un pueblo psicópata que no siente el menor respeto por la vida, por los hijos de la Madre Tierra, que no somos únicamente la especie humana? Tenemos mucho que aprender de los habitantes originarios de América, de pueblos como el boliviano, que celebra festivales en honor de la Pacha Mama, que respeta la Naturaleza y le rinde homenaje en cada una de sus criaturas. Y no solo de ellos.

Si no podemos tener una Ley que prohíba el maltrato animal y los sacrificios de animales, hagamos una Ley que prohíba sus sufrimientos, su martirio. Hagamos una Ley que prohíba de una vez y para siempre las bestiales galleras, como ya hizo el presidente José Miguel Gómez en los comienzos de la República. Una ley que penalice a todo aquel que trate con crueldad a un animal, aunque tengamos que aceptar el eufemismo de una muerte rápida y sin dolor con fines religiosos. Pero sobre todo no sigamos callando y contentándonos con murmullos sofocados, hablemos alto y claro, porque el silencio es el peor cómplice de la deshumanización.

 

 

 

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La única e inigualable calle de madera de Cuba

Hay un lugar en el Casco Histórico de La Habana Vieja que es emblemático para escritores y artistas de la capital: la célebre calle de madera, ubicada a un costado de la Plaza de Armas y frente al Palacio de los Capitanes Generales. Desde hace décadas los sábados en la mañana se realizan allí presentaciones de libros y toca retretas la Banda Municipal. Esto último es una tradición que heredamos de los tiempos coloniales, pues esa plaza fue escenario de paseos de los habaneros tanto en coche como a pie, de bailes y retretas a las que acudía población de todos los estratos sociales.  Durante toda la semana en esta calle única de nuestra capital se asientan los libreros de viejo, y es el equivalente de la Calle de los Libreros cercana al Paseo de El Prado en Madrid. También ha sido escenario y parada itinerante de grupos danzarios y de la famosa troupe de los Zancudos, quienes la invaden de vez en cuando con su fanfarria estridente y su cohorte de admiradores entusiastas.

La calle de madera nació a principios del siglo XIX y no existe otra igual en toda la isla. En realidad no se llama calle de madera, como la han bautizado los habaneros, sino calle Tacón, en honor al tristemente célebre Miguel Tacón, Capitán General de la isla, de penosa memoria para los cubanos, a quienes no amaba y oprimió cuanto pudo mientras desempeñó su puesto, aunque también hizo obras que hay que evaluar como positivas, dicho sea, porque es verdad.

Las calles de La Habana colonial siempre estuvieron pavimentadas con chinas pelonas, una piedra redonda y lisa que bajo la lluvia tropical se convertía en un trampolín de la muerte donde resbalaban peatones, coches y caballos, y muchos iban a dar con sus fundos en el barro. Las damas, con sus chapines, tenían que tomar tremendas precauciones para mantener el equilibrio, y ni el más lujoso vestido se salvaba de convertirse en un trapo ajado y cubierto de manchas, los encajes de los ruedos se arruinaban, en fin, que caminar o desplazarse por la ciudad era una auténtica tragedia, sin contar que el lodo incrustado entre las famosas chinas se convertía en fecundo criadero de gérmenes y de insectos tan pesados como las moscas y los mosquitos, por lo que aquellas piedras eran cómplices de las enfermedades endémicas y epidemias que azotaron la urbe durante siglos. Y estaba, además, el constante rechinar de las ruedas de los carruajes y los cascos de los caballos sobre la lisa superficie de las piedras mojadas o recalentadas por el sol. No hay duda de que las chinas pelonas eran odiadas por los habaneros, como da fe el siguiente documento emitido en 1821 por el Ayuntamiento de la ciudad: “… las chinas pelonas desacreditan la cultura de esta hermosa capital, la hacen estrepitosa e insufrible el uso del inmenso número de carruajes, nadie goza del sosiego en las calles y casas, y forma una atmósfera ardiente e insalubre”.

El ingeniero Evaristo carrillo concibió la sabia idea de sustituir las aborrecidas chinas por adoquines de jiquí negro, una madera más dura que el hierro y más resistente que muchos otros materiales a la humedad y la mordedura del salitre marino. Logró construir el primer tramo, y aunque demostró que su proyecto era brillante y sumamente eficaz, cinco meses después de este primer paso el Ayuntamiento le retiró su apoyo por considerar que el enmaderamiento era demasiado costoso y con toda seguridad duraría menos que las piedras. Y así abortó al nacer una de las mejores iniciativas que tuvo La Habana colonial.

Con la llegada de la modernidad las chinas, y con ellas los adoquines de jiquí, desaparecieron bajo las capas de asfalto de las nuevas y pujantes calles citadinas donde florecían los comercios más variados y ricos. Cuenta la leyenda urbana, y no sabemos si es cierto, que la calle de madera estuvo casi a punto de desaparecer en las primeras décadas posteriores a 1959, pero fue salvada por un hombre entonces muy joven y de poca estatura que se tendió con los brazos en cruz bajo las ruedas de las bulldozers. El imaginario popular ha conservado su nombre: Eusebio Lea Spengler, discípulo y heredero del historiador Emilio Roig de Leuschenring, y él mismo Historiador de la Ciudad de La Habana. Como dice el refrán italiano, si non e vero, e bien trovato, si no es verdad está bien contado. Yo era entonces todavía muy joven y no estaba tan involucrada en la historia de mi ciudad como ahora, así que no puedo dar fe de lo que estoy contando, pero me parece perfectamente verosímil. Cualquiera que conozca solo un poco a Leal sabe que es capaz de eso y mucho más.

Hoy la calle de madera continúa en su puesto, para felicidad de quienes amamos nuestro pasado, como un testigo mudo, una presencia imborrable de aquella Habana colonial tan majestuosa, colorida, espléndida y llena de vida, una de las capitales más descritas y comentadas de América Latina en todos los tiempos. Demos gracia por ello, y que esos cien metros de historia continúen ahí para siempre, custodiando el ayer de la ciudad.

 

 

 

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El bosque de Teotoburgo, donde dos imperios intentaron apoderarse del mundo

El bosque de Teotoburgo es una de las regiones naturales más famosas de Alemania. Los árboles juegan un papel esencial en su celebridad, no solo porque es un bosque magnífico, sino por lo que significó para la religión de los antiguos sajones, quienes rendían culto a un árbol gigante que representaba el eje conector del cielo con la tierra. En la mitología escandinava hay un árbol semejante llamado Ygdrassil. Los sajones llamaban al suyo Irminsul*, y con él se relacionan muchos mitos y leyendas. Creían que estaba en Teotoburgo.

Los celtas y los germanos no edificaban templos. Usaban los construidos por pueblos neolíticos anteriores, como el celebérrimo círculo de piedras Stonehenge en Inglaterra, pero preferían adorar a sus dioses en medio de la naturaleza, por lo que los bosques eran siempre considerados lugares sagrados y morada de deidades. Es posible que el árbol divino  prestara su ayuda a los sajones, pues fue en una batalla que tuvo lugar allí en el año 9 d.C donde estos infligieron a las legiones romanas la peor derrota sufrida por el Imperio más poderoso conocido en el mundo antiguo. El suceso lleva el nombre de Batalla de Teotoburgo. Yo no puedo narrar lo ocurrido mejor que los creadores de la estupenda revista digital española Los ojos de Hipatia[1]:

Roma quería extender su frontera en el norte del río Rin al Elba, su relación con las tribus que vivían allí era pacífica en su mayor parte y poco a poco los germanos iban aceptando el modo de vida romano, en muchas ocasiones casi sin darse cuenta. Sin embargo el nuevo gobernador de la región, Publio Quintilio Varo, un hombre conocido por su gusto por la vida acomodada y su simpleza, amenazaba con romper el equilibrio. Varo alteró el proceso de romanización con elevados impuestos y comportamientos abusivos, lo que creó un ambiente de resentimiento hacia Roma. Arminio, un líder de la tribu de los queruscos y aliado de Roma, organizó a escondidas de Varo una revuelta en contra del dominio romano con varios jefes tribales germanos. Arminio había servido durante al ejército romano como oficial de las tropas auxiliares y conocía a la perfección el funcionamiento de las legiones. Sabía que los romanos eran prácticamente invencibles en campo abierto, de modo que pensó otra estratagema para asestarles un duro golpe. Arminio, aprovechando su amistad con Varo, informó al gobernador de una revuelta en la región y le convenció para entrar en el espeso bosque de Teutoburgo. El romano, pensando que no sería nada grave, marchó hacia allí, con sus tres legiones y acompañado de los carros de la impedimenta y de cientos de civiles que asistirían al ejército. Actuaba como si no estuviera en guerra.

La batalla

El ejército romano se adentró en tierras desconocidas. El terreno por el que avanzaban era penoso. Un lodazal repleto de colinas, barrancos y pantanos y los senderos eran tan estrechos que no permitía avanzar más que en filas de dos. La columna medía casi dos kilómetros de largo y la mayoría de los legionarios no llevaban puestas ni sus armaduras ni cascos pues allí pesaban demasiado para moverse con soltura. La fuerza romana estaba compuesta por las legiones XVII, XVIII y XIX, más las tropas auxiliares y la caballería, en total, algo más de veinte mil soldados entre la infantería pesada, ligera y los jinetes. A eso había que sumar docenas de carros con la impedimenta necesaria, las piezas de artillería y el personal civil.

Los germanos apostados en los márgenes del bosque sumaban unos veinte mil guerreros dispuestos a lanzarse a la emboscada sobre la vanguardia romana que se acercaba a ellos. Los bárbaros dejaron caer troncos de árboles sobre los romanos y después atacaron con una lluvia de lanzas y flechas que diezmaron a la primera de las legiones que abrían la marcha. Los proyectiles germanos causaron una gran cantidad de bajas pues muchos legionarios carecían de armadura. Para cuando el resto de fuerzas quisieron reaccionar los germanos habían entablado un combate cuerpo a cuerpo al que los romanos no podían hacer frente pues en ese terreno no existía forma de desplegar sus formaciones de combate. Numonio Vala, el jefe de la caballería romana, aprovechó la confusión para huir con sus hombres, pero la caballería pesada germana le persiguió y le aniquiló. El destino de esas tres legiones quedó sellado en Teutoburgo. Varo, viéndose rodeado, se suicidó dejándose caer sobre su espada. Los bárbaros le decapitaron y enviaron su cabeza al emperador Augusto.

Los días siguientes transcurrieron con combates en las inmediaciones del campo de batalla, en los que los germanos terminaron de exterminar a los pocos soldados romanos que lograron escapar de la masacre de Teutoburgo.

Según Wikipedia:

 A los funcionarios capturados les sacaron los ojos, cortaron manos y lengua y cosieron la boca. Los bárbaros se burlaban diciéndoles: «por fin, víbora, has dejado de silbar». Los tribunos y centuriones fueron sacrificados en altares construidos en el bosque. En base a los hallazgos arqueológicos en el sitio hasta 2003 se habían desenterrado 17 000 esqueletos, de los que unos 16 000 fueron legionarios o auxiliares según el equipamiento que llevaban puesto.

Batalla de Teotoburdo, del artista checo Paja Jovanovic

Cuenta Suetonio, historiador romano, en su libro Los doce Césares que cuando el emperador Augusto recibió la noticia de la masacre estuvo varios días con sus noches sin comer ni dormir, vagando por su palacio medio desnudo y clamando a voz en cuello como un demente: “¡Varo, Varo, devuélveme mis legiones!”, y tan profunda desesperación dejó para siempre una huella indeleble en su semblante. Hoy puede verse en una parte del bosque un monumento dedicado a la memoria de Arminio, con una hermosa estatua del jefe querusco en cuya espada aparece grabada la siguiente inscripción: “La unidad alemana, mi fuerza – mi fuerza, el poder de Alemania”.

Nadie devolvió a Augusto sus legiones fantasmas, pero otras legiones llegaron a Teotoburgo siglos después. En 1936, cuando el nacionalsocialismo llegó al poder en Alemania, la cúpula del Partido Nazi no era solo un grupo de políticos y militares, sino una secta conocida como La Orden Negra, cuyo brazo armado fueron las SS [2] de siniestra memoria. Su cuerpo élite fue creado por Himmler, uno de los más cercanos colaboradores de Hitler. La Orden Negra había nacido del grupo Thule, un núcleo místico fundado mucho antes por hombres de alta cultura, pero con ideales políticos fuertemente impregnados de un misticismo proveniente de las antiguas creencias tribales germánicas. Querían devolver a Alemania el poderío de la antigua Prusia y soñaban con crear una nueva raza, el hombre ario superior que exterminaría a las razas inferiores y dominaría el mundo. Sus principales fuentes de inspiración fueron las obras del filósofo Nietzshe y las grandes óperas de tema mitológico del compositor Richard Wagner, ambos alemanes, basadas en la mitología nórdica y en la leyenda del Grial. La ideología nazi consideraba a Alemania heredera del imperio romano, de ahí el águila imperial que tomaron como emblema para sus lábaros y estandartes, y su convicción de que la raza aria estaba llamada a dominar el planeta. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y los juicios de Nüremberg, se han escrito numerosos libros sobre esta faceta oscura y desconocida del nazismo. En la actualidad hay mucha información al respecto, y explicar con detalles en este artículo un fenómeno tan complejo y que aún hoy continúa siendo investigado resulta imposible por razones de espacio. Teotoburgo fue uno de los principales lugares de culto del nacionalsocialismo.

El bosque es una gran masa arbórea situada entre la Baja Sajonia y Renania del Norte-Westfalia, en la zona norte de Alemania. En su parte oriental se levantan unas formaciones de roca arenisca que evocan la forma de torreones antiguos. Se extienden más o menos un kilómetro y algunos macizos alcanzan los treinta y seis metros de altura. Ese complejo megalítico natural recibe el nombre de Externsteine y se cree que se formó unos ciento veinte millones de años atrás. No se han realizado allí hasta hoy hallazgos arqueológicos significativos que indiquen que fue un lugar de culto ya en tiempos remotos, pero tampoco tal suposición ha sido definitivamente invalidada. Obsesionados con el renacimiento de la mitología nórdica, los nazis ignoraron el hecho, registrado por antiguos cronistas, de que en 772 el emperador de los francos, Carlomagno, había demolido  Irminsul en su ferviente batalla contra los paganos sajones, a quienes quería convertir a la fuerza al cristianismo. Para los nazis resultaba más atractiva una idea esbozada en 1564 por el teólogo alemán Hermann Hamelmann, quien estaba convencido de que el sagrado Irminsul tenía su hogar en el bosque de Teotoburgo. No les importaba demasiado que sobre las grandes masas de piedra saltaran a la vista numerosas figuras cristianas talladas en la arenisca, la mayoría obra de los monjes del monasterio de Abdinghof, quienes se establecieron en la zona en el siglo XI. Más bien esas imágenes les reforzaban la historia del bosque como foco de la resistencia ario-germánica a la imposición de dominaciones y culturas foráneas.

Soldados de la Wehrmacht en Teotoburgo

Imágenes religiosas talladas en las formaciones rocosas de Teotoburgo. Obsérvese que la base de la cruz cristiana es el tronco de un árbol.

La idea resultó tan inspiradora para la alta cúpula nazi que Hitler dio orden a la Anhenerbe[3], instituto concebido por él para investigar, entre otras cosas, la mística aria, una investigación exhaustiva sobre el tema. Como dato añadido , en la Anhenerbe realizó sus siniestros experimentos el tristemente célebre doctor Mengele y se trabajó afanosamente en la búsqueda de objetos que los nazis creían investidos de poder, tales como el Santo Grial.

Por suerte para la Humanidad la Segunda Guerra Mundial ya es historia, aunque su huella sangrienta perdure aún en la memoria del mundo. Hoy el bosque de Teotoburgo, dividido en dos parques naturales, es un punto de obligatoria visita para las nuevas legiones: el turismo en Renania. Tiene numerosos lagos que fungen como balnearios y cientos de kilómetros de senderos habilitados para los llamados deportes de naturaleza, como el senderismo, el ciclismo y la observación de la flora y la fauna, entre otros. Algunas de sus imponentes formaciones rocosas tienen en su parte superior plataformas a las que se accede por escaleras de piedra. A la plataforma más alta se llega por un puente metálico. Todo el complejo rocoso está horadado con cuevas, cámaras y pasadizos, algunos de los cuales tienen una antigüedad de casi mil años. Teotoburgo parece un misterio que está lejos de agotarse en el imaginario de los hombres, y aunque ya no moren en él divinidades, el aura de sacralidad que siempre lo ha envuelto sigue fecundando a soñadores, poetas, arqueólogos, antropólogos y artistas, y la derrota de Varo ha inspirado al menos tres filmes. Quién sabe qué sorpresas encierra todavía este majestuoso regalo de la naturaleza.

 

 

 

 

*Irminsul no habría sido propiamente un árbol como Ygdrassil, sino un tronco colocado verticalmente, de gran tamaño, un pilar que, metafóricamente, conectaría el cielo y la tierra, sosteniendo todo el Universo.

[1] Ver el post Teotoburgo, el bosque maldito de los romanos en https://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/teutoburgo-el-bosque-maldito-de-los-romanos/

[2] El emblema de las SS, que sus miembros lucían en brazaletes, era un caracter del antiguo alfabeto rúnico, la doble runa Sowilo, que significa Sol y representa toda la fuerza, la gloria y el bienestar asociados a ese astro; la satisfacción por el deber cumplido; el poder; el fuego dinamizador que derrite la materia inanimada para crear el agua y la vida en el planeta. Dos Sowilo entrelazadas forman una swástica, uno de los principales símbolos solares de los antiguos Vedas.

[3] Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana. Fue una entidad pseudocientífica alemana constituida formalmente en 1935 por dirigentes e ideólogos del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán para realizar y divulgar investigaciones con fines educativos en apoyo de la ideología nazi y, en particular, de sus teorías relacionadas con la raza aria en paralelo con sus investigaciones de la raza germana. Fue fundada por Heinrich Himmler.

 

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