José Antonio Aponte relectura de su epopeya

Me permito rebloquear aquí un artículo tomado de Cubadebate que me parece útil para tener una idea general de la labor conspiradora de Aponte y sus compañeros. Lamento que el autor, al hablar de los lugartenientes de Toussaint Louverture, haya mencionado solo a Desalines y Henri Christophe, olvidándose por completo de Alexandre Petio y de algunos otros detalles a los que, al parecer, no concede la menor importancia. Sin embargo, el texto ofrece información sobre algunos aspecto del tema en los que no profundicé.

 José Antonio Aponte relectura de su epopeya

Por Ernesto Limia Díaz*

En 1807 Gran Bretaña abolió el tráfico de esclavos en las Antillas, lo que libraba al Caribe de sus barcos negreros. Dos años después fuerzas británicas combatían junto al pueblo español para expulsar de Madrid a José Bonaparte, quien usurpó el trono luego de que Napoleón confinara a Fernando VII en Bayona. No había altruismo ni solidaridad en la corte de Saint James; la presencia de sus tropas en la península ibérica respondía a un cálculo político simple: o detenían el hasta entonces arrollador paso del emperador corso en Europa, o sucumbían como imperio. Pero en 1811 la situación era difícil, pues unos veinte mil efectivos bajo el mando del mariscal Victor asediaban a Cádiz, que se había convertido en el último reducto del gobierno.

La ciudad resistía gracias a su estratégica situación geográfica, sólidas fortificaciones y formidable bahía, por donde recibía de sus colonias las provisiones necesarias.

A pesar de este complejo escenario, el Consejo de Regencia, órgano instituido para gobernar a España en nombre de Fernando VII, accedió al reclamo de dotar al país de una Carta Magna. Diputados elegidos en todo el reino viajaron a Cádiz para incorporarse a las Cortes, en las que predominaron las posiciones de la pujante burguesía liberal. En este contexto, el 26 de marzo de 1811 el sacerdote mexicano José Miguel Guridi y Alcocer solicitó, sin éxito, incluir un artículo en la Constitución que aboliera la esclavitud de manera gradual. Una semana después el asturiano Agustín Argüelles se pronunció contra la trata, propuesta que sí encontró respaldo. El representante por La Habana, Andrés de Jáuregui, notorio traficante de esclavos, intentó por todos los medios frenar el avance de esta iniciativa, pero no pudo evitar siquiera que el debate sostenido sobre el tema fuese incluido en el Diario de las Cortes del 2 de abril, que circuló por toda España, y en ultramar.

De esta forma llegó a Cuba la información y en junio ya se había propagado por toda la Isla, hasta filtrarse en los barracones de las plantaciones azucareras. De hecho, el 5 de junio el cónsul de Estados Unidos en La Habana, William Shaler, oficial de inteligencia enviado para observar la situación, comunicó al Departamento de Estado que las noticias provenientes de las Cortes provocaban «el más alto grado de interés y ansiedad» entre los hacendados. Estaban furiosos -notificó- porque recibieron la promesa de un trato especial a cambio de su lealtad, y ahora las mociones abolicionistas agredían sus intereses (Foner, 1973: 137, t. I).

Mas en la práctica era tan desesperada la situación económica en España y tantas sus urgencias financieras, que al Consejo de Regencia le resultaba imposible prescindir del respaldo de la sacarocracia cubana. Necesitaban fondos para continuar la guerra en la península y, a la vez, sostener los ejércitos reales que combatían en Nueva Granada, el Río de la Plata y Nueva España contra fuerzas revolucionarias. Solo Cuba estaba en capacidad de sacar la cara por los «hermanos españoles de Europa», y esa coyuntura neutralizó el interés abolicionista en Cádiz.

Mientras tanto, en las plantaciones cubanas un régimen de servidumbre bárbaro imponía una prácticamente interminable jornada de 20 horas diarias, que exprimía a los esclavos hasta consumirlos. Y cuando no expiraban en el surco, lo hacían en el batey por el hambre, el cepo o el látigo. En las navidades de 1811 los barracones de La Habana, Remedio, Puerto Príncipe, Bayamo y Holguín constituían un hervidero, pero el malestar demandaba jefes capaces.

Entonces salió de las sombras de extramuros el habanero José Antonio Aponte y Ulabarra, negro libre que influido por la gesta independentista de Estados Unidos y, principalmente, por los ideales que defendió la Revolución de Haití, resolvió dar cuerpo a los sentimientos de irritación existentes entre libertos y esclavos, y organizó un levantamiento en la capita, con el cual se proponía derrocar al gobierno colonial.

Aponte era un hombre profundamente religioso, católico, que trabajaba como maestro carpintero ebanista. José Luciano Franco cuenta que dirigía el cabildo Shangó-Tedum, lo cual -afirmó- le confería una especial superioridad entre su gente. Según el reconocido historiador cubano, su posición le daba a esa sociedad una singular fisonomía social y política de marcado matiz revolucionario (Franco, 2006: 26-27), idea que ha sido repetida una y otra vez. En un notable y bien documentado libro publicado recientemente en nuestro país, el investigador norteamericano Matt D. Childs discrepa del cubano, señala que nadie ha proporcionado una fuente primaria que documente su afirmación, y añade que en el voluminoso expediente de instrucción conformado durante el proceso investigativo tampoco aparece ninguna referencia de la membresía del liberto cubano a este cabildo (Childs, 2011: 225-226).

Tiene razón: no hay pruebas de tal afirmación. Ni hace falta. Su superioridad  emanaba de sus ideas políticas, experiencia militar y resolución, razones que le permitieron encabezar el movimiento revolucionario capitalino.

Aponte era un hombre de cultura universal, algo inusual entre los negros cubanos durante aquella época. En su casa conservaba títulos de mucho valor: Descripción de diferentes piezas de historia natural las más del ramo marítimo, representadas en setenta y cinco láminas, con imágenes de la naturaleza mineral, vegetal y animal de la Isla reproducidas por el gabinete naturalista del militar portugués Antonio Parra; Arte de Nebrija, primer manual de gramática castellana, editado a fines del siglo xv; Historia de sucesos memorables del mundo: con reflexiones instructivas para todos, obra de un autor francés traducida al castellano; Grandezas y maravillas de la inclyta y sancta ciudad de Roma, en el que el obispo José Fernández de Buendía propuso «una cartografía urbana monumental, en forma de arqueología histórica y mitológica cristiana, apoyada en mapas y figuras»; el Catecismo de la doctrina cristiana, la Vida y fábulas del sabio Esopo, el tercer tomo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y la Guía de Forasteros de la isla de Cuba (ANC-AP, leg. 12, no. 17: C 35-C 35v; Pavez, 2006: 753-757).

Además, disponía de cuatro tomos de la Colección general de las Ordenanzas Militares, publicada por orden de Carlos III en 1765, en uno de cuyos volúmenes aparecían planos de batalla con la disposición del ejército español en los distintos teatros de operaciones; el Estado militar de España, que describía la integración de las unidades peninsulares, y la Historia de Mauricio, conde de Saxe, mariscal de los campos y ejércitos de S.M. Cristianísima, hijo ilegítimo de Augusto II de Sajonia que dirigió el ejército francés que operó en los Países Bajos durante la guerra de sucesión de Austria (1740-1748), donde se especializó en los ataques sobre emplazamientos de las unidades enemigas, algo muy útil para los fines de Aponte en Cuba.

Aponte participó en el escenario caribeño de la guerra de independencia de Estados Unidos, después de la decisiva batalla de Yorktown. Durante los interrogatorios explicó que en 1782 estuvo en la toma de Nueva Providencia bajo las órdenes del general santiaguero Juan Manuel Cagigal, como parte del Batallón de Milicias Disciplinadas de Pardos y Morenos Libres de La Habana, que integraba desde 1777. Según Franco, llegó hasta el grado de cabo primero, lo cual sostiene a partir de una anotación del funcionario judicial que lo interrogó el 26 de marzo (ANC-AP, leg. 12, no. 17: C 20). También afirma que fue forzado a retiro en 1810 por sus vínculos con la conspiración liderada por el francmasón Ramón de la Luz en El Templo de las Virtudes Teologales, aunque por falta de pruebas no pudieron formularle cargos (Franco, 2006: 25 y 85).

Después de explorar los Papeles de Cuba en el Archivo General de Indias, en Sevilla, Childs develó nuevas evidencias. De acuerdo con una orden del conde de Santa Cruz de Mompox, entonces subinspector general de las tropas de la Isla, Aponte fue forzado a retiro el 29 de diciembre de 1800, cuando tenía 23 años de servicio y se desempeñaba como capitán de la segunda compañía del Batallón de Pardos y Morenos; la razón de la exclusión es vaga: «falta de fuerza». «Casualmente», seis días antes había sido detenido por robar en el arsenal capitalino; no obstante, el informe no precisa cuáles eran sus intenciones al sustraer las armas (Childs, 2011: 135 y 151).

A partir de su interés en organizar un levantamiento armado, Aponte se rodeó de hombres con experiencia militar adquirida en las milicias negras, entre los que se destacaron: el capitán Clemente Chacón, de cuarenta y cuatro años de edad y más de veinte de servicio -cuya vivienda era taberna, bodega y casa de huéspedes, una cobertura ideal para encubrir las reuniones clandestinas-; Juan Bautista Lisundia, nacido en África e hijastro de Chacón, congo que sabía leer y escribir, y era contratado a menudo en las haciendas azucareras, lo cual le permitió actuar como enlace con las dotaciones de esclavos del distrito Este habanero, y Salvador Ternero, miliciano y capataz del cabildo de la etnia mina guagni. Al igual que Aponte, todos vivían en Guadalupe, un barrio de extramuros situado en lo que es hoy el municipio capitalino de Centro Habana.

Otro líder importante fue Juan Barbier, capaz de leer y escribir en inglés, francés y castellano, quien atravesó el Atlántico rumbo a Estados Unidos en un barco negrero y de allí pasó a Saint Domingue, donde residió antes de emigrar a Cuba. No se conoce cómo obtuvo su libertad, pero según declaró Chacón     -en cuya posada se hospedaba- en los interrogatorios, participó en la Revolución de Haití (Childs, 2011: 37-38). También contribuyeron el miliciano negro Francisco Javier Pacheco, a quien Aponte quería como a un hijo, porque desde muy niño lo recibió como aprendiz y lo formó como carpintero y soldado, y el mulato libre Estanislao Aguilar, un artesano que falsificaba los salvoconductos para garantizar el libre movimiento entre La Habana y Guanabo de los organizadores de la insurrección.

Aponte visitaba con frecuencia la casa cabildo de la sociedad mina guagni en Guadalupe, para discutir sobre sus planes políticos con Salvador Ternero y Melchor Chirino, chino libre que servía de enlace entre estos dos líderes; en paralelo se reunía en la casa de Clemente Chacón con milicianos negros, así como con esclavos y libertos. Tenía un inconveniente para adoctrinar y levantar la moral de estos hombres: la mayoría no sabía leer ni escribir.

Para saltarse este obstáculo e instruirlos sobre las tradiciones patrióticas, militares y revolucionarias que sustentaban las bases ideológicas de su movimiento, preparó un texto iconográfico de 72 láminas, al que los funcionarios judiciales denominarían «Libro de pinturas». En él representó a «más de un centenar de personajes reales y mitológicos, ciudades e inmuebles de Europa, África y La Habana, junto a mapas urbanos y paisajes; acontecimientos políticos, bíblicos y rituales oficiales, combinados con mitos grecolatinos y alusiones a pasajes legendarios africanos» (Peña, 2008). De acuerdo con el intelectual chileno Jorge Pavez, esta obra «se presenta como una galería alegórica de héroes negros, en tanto expresión del deseo de hacer una historia de la clase negra». Y añade en su valioso artículo:

A las imágenes de la monstruosidad africana y del paganismo salvaje que justificaría la esclavitud, Aponte va a oponer la imagen, rescatada en el mismo corpus europeo de la Antigüedad y retomada en las cosmografías del siglo xiv y xv, del África del legendario Preste Juan, soberano de una Etiopia mítica que se confunde con la India, y donde la cristiandad había resistido al dominio musulmán. Con el mitema del Preste Juan, Aponte podrá usar el universalismo cristiano como un soporte para la proyección universalista de la clase negra y recuperar el aura de la cristiandad etíope para incorporar la raza a la historia del sistema-mundo, estableciendo los puentes históricos con Roma y España […]. En este mismo sentido iba la obra del dominico Luis Yrreta (1610), varias veces citado por Aponte, quien se hace cargo además de los vínculos genealógicos entre el reino del Preste Juan y la figura del rey mago Melchor, ambos «ennegrecidos» en su traslado por los textos cristianos medievales desde las «Indias orientales» a la Etiopía africana (Pavez, 2006: 698-699).

Aponte también representó a los sacerdotes abisinios del cuerpo que rodeaba a San Antonio Abad, orden fundada por San Basilio en Etiopía en el siglo iv, cuyos miembros eran negros. María del Carmen Barcia apunta que «tenían como mandato expreso la fundación de conventos, razón por la cual se dispersaron por sitios tan distantes como Chipre, Florencia, y Armenia. Algunos de estos monjes se albergaban en la iglesia de San Esteban, en el Vaticano, que fue calificada por este motivo como “de los moros”» (Barcia, 2012).

Se imponen dos preguntas: ¿Cómo accedió Aponte al conocimiento sobre la historia de Abisinia? ¿Dónde adquirió las representaciones sobre el protagonismo negro en la religión católica y en el Vaticano? Había contratado el servicio del joven pintor José Trinidad Núñez, negro libre que lo auxiliaba en la reproducción de las imágenes. Para realizar su trabajo Trinidad empleaba dos libros: Vida y milagros del príncipe de los anacoretas, padre de los Cenobiarcas Nuestro Padre S. Antonio Abad el Magno…, viejo regalo que recibió de un catalán -según confesó-, y la Historia eclesiástica, política, natural y moral de los grandes y remotos reinos de la Etiopía, monarquía del emperador llamado Preste Juan de las Indias, propiedad de la morena Catalina Gavilán, que vivía en Guanabacoa. (ANC-AP, leg. 12, no. 17: C 65 y C 99).

Un lugar privilegiado lugar ocupaban en el «Libro de pinturas» las proezas del Batallón de Milicias de Pardos y Morenos, que con tanto coraje combatió a los ingleses en el verano de 1762, contexto aprovechado para exaltar la figura de su abuelo, quien ascendió de soldado a capitán de granaderos durante 43 años de servicio y condecorado gracias a su arrojo por Carlos III con la medalla de la efigie real. Desde una óptica autobiográfica, igualmente reflejó la participación de los milicianos negros en la guerra de independencia de Estados Unidos, en particular la toma de Nueva Providencia, donde 202 efectivos de ese cuerpo acompañaron a Cagigal. No podía faltar entonces la figura del general George Washington, jefe del Ejército Continental y primer presidente de la Unión.

Otro detalle importante: el cuaderno tenía un plano detallado de La Habana, que comprendía la bahía con sus muelles y almacenes; los caminos que conducían a las villas de Regla, Guanabacoa y Cojímar; los palacios, iglesias, quintas e ingenios de los alrededores de la ciudad; el arsenal, la casa de pólvora, el muelle de la marina en Casa Blanca, el torreón de La Chorrera, los castillos de Atarés y El Morro, así como las fortalezas de La Punta y La Cabaña, todos con la ubicación exacta de sus accesos y caminos estacadas.

Pero el mayor énfasis durante los encuentros sostenidos con sus compañeros lo hacía en la Revolución de Haití, donde esclavos harapientos y desnudos, armados de unos pocos revólveres y pistolas, viejas espadas llenas de herrumbre, implementos agrícolas y estacas con puntas de hierro, consiguieron su libertad. Aponte mostraba con orgullo los retratos de los cuatro líderes que simbolizaban esta hombrada. Por orden: Jean François, bien parecido, con don de mando e inteligencia excepcional, cimarrón mucho antes del levantamiento y uno de los jefes principales durante la primera etapa insurreccional; Toussaint L´Ouverture, quien nunca extravió el camino, comandó la vanguardia del ejército revolucionario y al promulgar en 1801 la Constitución que abolió la esclavitud, echó los cimientos de una nación independiente.

Luego estaban los dos lugartenientes de L´Ouverture que culminaron su obra: Jean Jacques Dessalines y Henry Christophe. El primero, bravo entre los bravos, no sabía leer ni escribir y llevaba en su cuerpo las marcas del látigo; fue convertido en general por su genio militar y liderazgo. El segundo, tampoco sabía leer ni escribir, pero impresionaba por su autoridad. Ambos encabezaron la hazaña final protagonizada por los hombres, mujeres y niños que bajo la consigna de «¡Libertad o Muerte!» pulverizaron al ejército de 60 000 hombres que intentó recuperar Saint Domingue para Napoleón. Sin independencia no habría libertad, una condición de mayor importancia para los antiguos esclavos que los principios democráticos preconizados en París. En consecuencia, en la noche del 31 de diciembre de 1803 se leyó en Gonaives la Declaración de Independencia y, para dejar clara la ruptura con Francia, se estableció la República de Haití, hasta que el 19 de marzo de 1811 Christophe convirtió al país en reino y se proclamó Enrique I, noticia que se diseminó por toda Cuba como pólvora encendida y despertó la admiración de esclavos y libertos.

De esta forma inteligente y sencilla, Aponte sembró conciencia y al mismo tiempo preparó la contienda en medio del torbellino político que embargaba el ánimo de los hacendados esclavistas y las autoridades coloniales.

Un hecho tuvo significado especial en aquella coyuntura: a fines de diciembre de 1811 arribó a La Habana, en escala de tránsito, el general negro de origen dominicano Gil Narciso, combatiente bajo el mando de Jean François en Bayajá, al que acompañaban seis de los hombres de su estado mayor con sus familias. Venían de Nicaragua, donde habían permanecido expatriados por más de diez años (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 90-95). El marqués de Someruelos observó con recelo su llegada y los alojó en el fuerte militar de Casa Blanca; no obstante, los autorizó a permanecer en Cuba mientras se preparaba su regreso a Santo Domingo y, como recompensa por los servicios prestados a la Corona, les proporcionó un estipendio para que compraran provisiones.

Narciso solicitó permiso en varias oportunidades para cruzar la bahía y recorrió los barrios negros de extramuros. Luego Salvador Ternero y Juan Barbier visitaron Casa Blanca y conversaron con sus ayudantes, y poco después también los conoció Aponte. La presencia de los hombres de Jean François levantó las expectativas; además, Aponte y Barbier aseveraban que el general había accedido a encabezar el levantamiento y desde ese instante decidieron emplear los uniformes militares de la revolución haitiana como estrategia para captar adeptos entre la población negra, base social de su movimiento político.

Pero la rebelión no comenzó en La Habana: el 15 de enero de 1812 se levantó la dotación de la hacienda Najasa, en Puerto Príncipe, en una acción que se extendió a otras cuatro plantaciones localizadas en un perímetro de 5 km en torno a la ciudad; dos días más tarde fueron derrotados por fuerzas combinadas del ejército y la milicia blanca. Las autoridades ejecutaron a 14 líderes del movimiento local y otros 170 fueron encarcelados o desterrados a La Florida. Todo apunta a que sus organizadores estaban en contacto con Bayamo, donde entre el 2 y el 4 de febrero libertos y esclavos aprovecharon las festividades religiosas para ultimar los preparativos, pero el 7 de febrero se produjo una delación y el plan resultó frustrado. Cinco encartados fueron ahorcados y sus miembros amputados colocados en caminos concurridos y lugares públicos para inspirar terror, pues temían que la insurrección se extendiera a Jiguaní, Holguín e, incluso, Santiago de Cuba. El resto sufrió azotes y fueron condenados a 6 años de prisión en La Florida.

De acuerdo con los resultados del proceso, el organizador del levantamiento en Puerto Príncipe y oriente fue el revolucionario dominicano Hilario Herrera. En consecuencia, las autoridades coloniales circularon una orden de captura, pero logró evadir el cerco y abandonar el territorio cubano con destino a su país.

Franco afirma que Herrera fue responsabilizado por Aponte con esta misión (Franco, 2006: 29-30); Childs señala que no existen evidencias sobre su presencia en La Habana, aunque no niega tal posibilidad. Reconoce que las autoridades sospechaban que pudo haber estado en la capital, pues el comerciante catalán Pablo Serra informó al marqués de Someruelos que un esclavo suyo recibió un mensaje a través de un negro que usaba pañoleta en la cabeza, rasgo que coincidía con la descripción del dominicano. A su vez, refiere que el funcionario que condujo la investigación, Juan Ignacio Rendón, enfermó en medio del proceso de instrucción judicial, «lo cual -según afirma- podría explicar por qué hizo muy pocas preguntas acerca de los acontecimientos en otras partes de la Isla» (Childs, 2011: 236).

La pañoleta en la cabeza era un uso muy común entre los negros de la época, según se puede apreciar en grabados de esos años; además, Childs no menciona la fuente de la información sobre la supuesta enfermedad que alejó de la causa a Juan Ignacio Rendón, oidor de la Audiencia de Puerto Príncipe. Mientras, el abogado y escritor habanero Ramón Francisco Valdés, redactor del Diario de Gobierno y amigo íntimo de este funcionario, afirmó que tras la detención de los encartados principales se acuarteló en La Cabaña y no salió en los dos meses iniciales del proceso de instrucción. Según relató, la esposa de Rendón tenía que llevarle los hijos hasta la fortaleza para que pudieran saludarlo (Valdés, 1839: 43).

Lo cierto es que, contrario a lo que se ha aseverado hasta el presente, no ha sido posible confirmar la conexión entre el movimiento liderado por Aponte y los levantamientos orientales, aunque las circunstancias en que se desarrollaron y su escalonamiento -primero Puerto Príncipe y Bayamo; luego Holguín y La Habana, estos dos últimos previstos para el domingo 15 de marzo- apunten en esa dirección. De todos modos, lo más importante es que durante esta etapa las clases más humildes y sufridas del país crearon una situación revolucionaria que sembró la alarma en España e hizo evidente que la burguesía criolla era depositaria de las ideas más retrógradas que existían entonces en el continente europeo respecto al régimen esclavista.

El 4 de marzo de 1812 Someruelos recibió un oficio en el que le informaron acerca del levantamiento en Puerto Príncipe y las medidas tomadas en Bayamo y Holguín. Quedó tan preocupado que indicó extremar la seguridad en toda la Isla, lo que incluía sistematizar las rondas nocturnas en las ciudades y los recorridos por las áreas rurales, actuar contra los «vagos», observar las personas sospechosas y establecer control sobre los extranjeros. Al día siguiente escribió a Ignacio de la Pezuela, ministro de Justicia español, para alertar sobre sus inquietudes respecto a la situación interna.

En correspondencia con la gravedad de los acontecimientos, procedió a investigar algunos informes recibidos que evidenciaban que en La Habana se tramaba algo. Fue entonces cuando se regó por toda la capital la voz de que la revolución había sido denunciada; sin embargo, Aponte no se amilanó y el 13 de marzo convocó una reunión en su casa con los principales líderes del movimiento para ultimar los detalles del plan de operaciones.

Durante los interrogatorios Clemente Chacón relató minuciosamente cómo se desarrolló esta reunión. Participaron, además, Juan Barbier, Salvador Ternero, Juan Bautista Lisundia, Francisco Javier Pacheco y los también milicianos negros José del Carmen Peñalver y Francisco Maroto. Convinieron en que el domingo 15 de marzo colocarían una proclama en el Palacio de los Capitanes Generales para llamar al levantamiento, pues como debían enfrentar al gobierno colonial y a los comerciantes que detentaban el poder económico, necesitaban del apoyo popular. Ese propio día por la noche Barbier y Lisundia incendiarían los ingenios Peñas Altas, Trinidad, Santa Ana y Rosario, en Guanabo; luego darían la libertad a sus esclavos. Otro grupo prendería fuego a los barrios de extramuros al anochecer del martes 17 y mataría a todos los que acudiesen a sofocar el siniestro, una acción dirigida a distraer la atención.

En paralelo, Chacón tomaría el castillo de Atarés para garantizar armamento y facilitar el paso de la nueva tropa rebelada hacia la capital. Salvador Ternero expresó que a esa propia hora estarían acuartelados en su casa de trescientos a cuatrocientos hombres armados que ya tenía convocados, con los cuales podría apoderarse del cuartel de Dragones y ocupar sus cañones. Pacheco, Peñalver y Maroto aseguraron contar con gente dispuesta en espera de la orden de levantamiento. La señal para comenzar la daría Aponte desde su casa, mediante una bandera blanca cuyo estandarte era la virgen Nuestra Señora de los Remedios (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 70-83).

José Luciano Franco hace referencia a otra acción de envergadura dentro del plan: la toma del cuartel de Artillería. Según refiere, José Sendiga, un miliciano de la compañía de Artillería del Batallón de Morenos Libres de La Habana, se ofreció para ejecutar la misión (Franco, 2006: 61); pero Franco no lo documenta, ni ninguno de los encartados principales lo menciona en sus alegatos. Matt D. Childs también lo asevera, señala que Pilar Borrego y Sendiga dirigirían la ofensiva sobre esa unidad peninsular y hace referencia al resultado de los interrogatorios para sustentarlo (Childs, 2011: 226).

Los hechos confirman lo contrario. En el interrogatorio a Pilar Borrego que Childs cita, le preguntaron por José Sendiga; dijo que lo conocía desde que era un muchacho. La segunda pregunta fue un evidente procedimiento para conducir el interrogatorio: ¿sabía que Sendiga se ofreció para tomar el cuartel de Artillería y ocupar sus cañones, armas y municiones, contando para ello con gente dispuesta? Borrego respondió que no (ANC-AP, leg. 12, no. 25, H 6-8). El otro documento utilizado por Childs como referencia es un informe que explica que Borrego había sido captado por José del Carmen Peñalver durante los preparativos del levantamiento, pero no quiso reconocerlo ni siquiera durante el careo realizado con Aponte (leg. 13, no. 1: A 222-225).

Un dato adicional: a Borrego y Sendiga los condenaron a solo 4 años de privación de libertad, lo cual deja claro que no resultaron encausados entre los autores principales de la rebelión, que fueron ejecutados.

Aponte quería sumar a blancos interesados en promover cambios en el régimen de la Isla. Creyó que podría encontrar aliados entre pequeños y medianos comerciantes partidarios de las ideas liberales, sobre todo catalanes, que tenían posiciones encontradas con la oligarquía habanera. En consecuencia, envió un importante mensaje a Pablo Serra, en el que le explicó que la acción estaba por comenzar. Serra, interrogado en La Cabaña, testificó que se trataba de una carta larga, pero de su contenido solo recordaba la señal: «En la iglesia se cantará la gloria antes del sábado santo y los nobles comerciantes deben tener una junta, porque está para caer una columna»  (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 86).

Serra se asustó. Las noticias del fracaso en Puerto Príncipe y Bayamo, el incremento de las medidas de control y el rumor de que la conspiración había sido denunciada, eran razones más que suficientes. Si lo vinculaban a una insurrección negra estaría perdido. Así que carta en mano, al día siguiente fue para el Palacio de los Capitanes Generales y se la entregó a Someruelos. Un elemento a su favor: no denunció a Aponte.

Como estaba previsto, en la madrugada del 15 de marzo Francisco Javier Pacheco clavó la proclama dictada por Aponte en una puerta del Palacio de los Capitanes Generales, ubicada en la calle O´Reilly. En la propia morada del marqués de Someruelos, los revolucionarios desafiaban al régimen colonial:

Fidelísimos habaneros y compatriotas llegó el tiempo de nuestra infeliz o feliz ventura, mis deseos son bastante de buena felicidad. Vosotros me haréis a mí feliz, para esto necesito de vuestra buena armonía, la paz entre los de la clase, la buena fe, religión y temor a dios, que así podremos alcanzar buen éxito según nuestras buenas disposiciones. […] os encargo que al sonido de una caja y trompeta os encuentre listos y sin temor para acabar este imperio de esta tiranía y así podremos vencer la soberbia de estos enemigos, y así os encargo no tener temor que yo os ofrezco que con vuestra ayuda podré lograr la felicidad. Invocar a todos, en primer lugar a María Santísima, que es el estandarte de nuestro remedio, y rogar a dios por vuestro caudillo, que él de su parte lo hará por vosotros (ANC-AP: leg. 12, no. 14, B 35).

Había comenzado la insurrección y al capitán general no le quedó ninguna duda. La nota entregada por Serra y la proclama encontrada en la residencia oficial lo confirmaban; mas no disponía de datos concluyentes y ni siquiera tenía indicios sobre quiénes estaban detrás de estos hechos.

Esa noche Barbier y Lisundia comandaron el levantamiento en Peñas Altas: le prendieron fuego y mataron a las cinco personas blancas que trabajaban en la hacienda, propiedad del teniente coronel Juan de Santa Cruz. Luego reunieron a los esclavos, proclamaron su libertad y los convocaron a sumarse; de allí partieron hacia el Trinidad, donde se repitieron los hechos. Muertos diez blancos y dos ingenios pulverizados, la alarma se disparó en toda la zona, y en las mañana del lunes 16 de marzo los rebeldes fueron rechazados cuando intentaban insurreccionar la dotación del Santa Ana.

En los interrogatorios Clemente Chacón confesó que sobre las cuatro de la tarde del día 16, su hijastro apareció con uno de los rebeldes de Guanabo. Estaban agitados y sin hablar una palabra partieron hacia la casa de Aponte, donde se encontró con ellos en la noche. Fue entonces que Lisundia le contó que habían prendido fuego a los ingenios y matado a los blancos que estaban en el lugar. Después le pidió la bendición a Aponte y partieron a esconderse. Antes de marcharse, Lisundia dijo que estaban perdidos; él los acompañó.

De acuerdo con Chacón, al retornar a la casa de Aponte lo encontró muy alegre. Manifestó que iban muy bien, pues habían logrado los propósitos que perseguían en Guanabo y continuarían con el plan. Ante la pregunta de con quién iban a combatir si no tenían gente, el líder revolucionario aseguró que sí tenían y muy buenos hombres. Chacón repuso que en el asalto a los castillos serían destruidos con dos cañonazos de metralla. Aponte respondió impasible: «No tengas cuidado, en otras partes se ha peleado con aros de barril, chufos y otras armas, y han alcanzado victorias. Lo mismo ha de esperarse de nosotros. Salvador ha ofrecido que tomado el cuartel de Dragones, echará mano de los cañones […]» (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 74).

Sin embargo, las cosas no salieron bien. Las noticias de Guanabo tenían muy irritadas a  las autoridades coloniales y había comenzado una investigación en los barrios de extramuros dirigida por Juan Ignacio Rendón.

En la tarde del martes 17 de marzo José Antonio Aponte convocó a una reunión en su casa; durante los interrogatorios Salvador Ternero relató lo ocurrido. Según confesó, asistieron él, Chacón, Melchor Chirino, Francisco Javier Pacheco, José del Carmen Peñalver y Francisco Maroto. Aponte fue directo, dijo que había resuelto apoderarse del castillo de Atarés aquella misma noche y que Ternero debía tomar el cuartel de Dragones, pero este manifestó que se hallaba sin fuerzas para emprender la acción. Añadió que tras indagar si era aquella toda la gente con que podían contar, Aponte manifestó que resultaban suficientes; él repuso que eran muy pocos. Entonces el jefe revolucionario aseveró con firmeza: «No importa, en el Guárico [Haití] los de nuestra clase hicieron la revolución y consiguieron lo que deseaban».

Ternero, de acuerdo con sus propias declaraciones, reiteró que no contaran con él y argumentó que entró al proyecto pensando que eran otros quienes lo fraguaban, y al constatar que no, optaba por separarse. Era una evidente alusión a la supuesta participación del general Gil Narciso; de hecho, Melchor Chirinos confesó en los interrogatorios que había conocido en la casa de Aponte a «los oficiales morenos franceses que están en Casa Blanca» (ANC-AP, leg. 12, no. 17: C 84).

La reunión se tornó entonces muy tensa. Chacón manifestó que él y su hijastro perderían la vida, pero Ternero se las pagaría. Aponte, molesto ante el temor del capataz del mina guagni, selló el encuentro con una frase dura: «cualquier gente de color que no nos auxilie o reniegue de nuestra compañía, le cortaremos la cabeza» (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 90-95).

Sobre las nueve de la noche de ese propio día Francisco Javier Pacheco, José del Carmen Peñalver y Francisco Maroto se aparecieron en la posada de Chacón, dispuestos a comenzar la operación; pero este los persuadió de que se retiraran: había apreciado que la casa de Aponte estaba siendo vigilada. Finalmente la señal no se produjo (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 80).

El 18 de marzo en la mañana sesionó el ayuntamiento bajo la presidencia del conde de Casa Montalvo. El síndico procurador general informó que había entregado al marqués de Someruelos «los fondos disponibles de la ciudad para la mantención de las partidas voluntarias que se dirigieron a remediar la conspiración del ingenio Peñas Altas»; se le confirió «el más amplio poder para la intervención de semejantes pagamentos necesarios e inevitables». Luego el conde de Santa María de Loreto explicó lo sucedido los días 15 y 16 en Guanabo. Advirtió que el Consejo de Regencia no había aprobado «medidas perentorias» propuestas para prevenir «los males que nos amenazaban» y sugirió insistir: «…la revolución va ganando mucho terreno, […] los sucesos de Bayamo y Puerto Príncipe y lo ocurrido a las puertas de casa el quince, deben hacernos recelar [de que es un] momento favorable para destruirnos, como lo han intentado en las islas de Barlovento». En el último punto de la reunión, se acordó enfrentar «…los males que tan inminentemente nos amenazan y que la comisión encargada sobre este particular proponga a la mayor brevedad sus reflexiones» (AOHC-AC, leg. 83: 61v-65v).

La presión de la oligarquía criolla para que las autoridades coloniales mostraran resultados era muy fuerte, y el jueves 19 de marzo Someruelos pudo descifrar lo que estaba sucediendo. El mulato Esteban Sánchez, miliciano del Batallón de Pardos y Morenos Libres de La Habana, compareció ante el capitán pedáneo del barrio de Jesús María para llamar la atención sobre encuentros clandestinos sostenidos por Aponte, Chacón y Ternero, en la casa de este último, donde pudo apreciar que habían tomado medidas de seguridad. Poco más tarde se produjo una segunda delación: Mauricio Gutiérrez, un carpintero negro libre reveló que el lunes 16 de marzo, después de difundirse la noticia del levantamiento en Guanabo, Ternero lo había mandado a buscar para proponerle que se sumara a la insurrección, pero él se negó; luego, en la tarde, vio llegar a Chacón y a Pacheco (ANC-AP, leg. 12, no. 14: B 6).

El capitán general aprobó el auto de detención contra Salvador Ternero, Clemente Chacón y José Antonio Aponte. Este último, al saberse perdido, tomó la precaución de quemar los retratos de François, L´Ouverture, Dessalines y Christophe. A las once de la noche fueron conducidos al cuartel de Dragones, para su traslado a La Cabaña en la mañana del 20 de marzo, pero la investigación se estancó en ese punto. En las primeras 72 horas ninguno de los tres confesó su responsabilidad en los hechos. Sabían que los miembros activos del Batallón de Milicias de Pardos y Morenos o los que se licenciaban con más de veinte años de servicio, disfrutaban del privilegio del fuero; por tanto, debían ser procesados por un tribunal militar.

En la mañana del lunes 23 de marzo el capitán general presidió la sesión del ayuntamiento a la que asistieron también Francisco de Arango y Parreño, en su condición de oidor honorario de la Real Audiciencia del distrito del Consejo de S. M. en el Supremo de Indias; Pedro Pablo O´Reilly y el marqués de Justiz y Santa Ana. En nombre del bien público los oligarcas habaneros exigieron un pronto castigo para los involucrados en el levantamiento de Peñas Altas. El terreno fue preparado para pasar por encima de las leyes vigentes en la Isla:

…sin ofender en nada la confianza que merece y tiene el ayuntamiento en el celo y vigilancia de nuestro Excmo. jefe, [se] le haga, aunque parezca importuna, a nombre del vecindario, la súplica más vehemente para que tomando camino y medidas extraordinarias se impida el entorpecimiento del proceso que se forma contra los sublevados y se logre su castigo tan pronto como es necesario, empleando […] todo lo que pueda permitir el estado y naturaleza del proceso, […] para que sean juzgados y castigados al instante los que pudieran serlo sin perjudicar el progreso y trámites de la causa ni los sagrados respetos que […] a la justicia se deben (AOHC-AC, leg. 83: 67v-68).

Así, con la anuencia del cabildo habanero, a partir de ese instante comenzó un intenso proceso en el que fueron instruidas de cargo más de ciento cincuenta personas, y tras largas jornadas de interrogatorios en los que las autoridades judiciales recurrieron a la tortura, varios de los encartados principales: Chacón, Ternero, Chirino, Lisundia y José del Carmen Peñalver, señalaron a Aponte como el ideólogo y organizador del levantamiento. El martes 7 de abril de 1812 fueron condenados a muerte sin juicio previo. En medio de la conmemoración por la semana santa, el marqués de Someruelos dispuso la misma medida aplicada en Puerto Príncipe y Bayamo: luego de ejecutados, sus cabezas serían exhibidas en lugares públicos. El 9 de abril los sacaron de sus celdas en La Cabaña y los condujeron hasta la explanada de La Punta, donde fueron ahorcados ante una multitud blanca que aplaudió frenética. Al día siguiente, el Diario de La Habana lo anunció con cinismo:

Ayer cerca de las ocho de la mañana fueron conducidos a sufrir la pena de horca, José Antonio Aponte, Clemente Chacón, Salvador Ternero, Juan Bautista Lisundia, Estanislao Aguilar, Juan Barbier, Esteban, Tomas y Joaquín, los seis primeros libres y los tres últimos esclavos de la dotación del ingenio […] Trinidad; todos reos convictos y confesos de haber proyectado perturbar la feliz tranquilidad que reina en esta afortunada isla, y causado los atentados desastrosos que se indican en el bando del […] capitán general […] publicado con el Diario de ante ayer. A las nueve y media ya habían recibido el condigno castigo, que exigían sus crímenes y reclamaba la vindicta pública.

Para escarmiento de los malos se colocarán las cabezas de Aponte y Chacón en los barrios extramuros donde tenían su residencia, la del primero a la entrada de la calzada de S. Luis Gonzaga [actualmente Carlos III y Belascoaín], y la del segundo en el Puente-Nuevo del Horcón [en la zona donde hoy se halla Cuatro Caminos]: las de Lisundia y Barbier en los ingenios Peñas Altas y Trinidad. La justicia se verificó con el mayor orden, dando este vecindario una nueva prueba de su ilustración y religiosidad (Pavez, 2006: 665).

Durante más de un siglo el nombre el líder de este movimiento fue estigmatizado con la frase: «¡Más malo que Aponte!», para perpetuar el desprecio hacia su figura, símbolo de los ideales que el 10 de octubre de 1868 cristalizaron en el ingenio La Demajagua. A decir de Fernando Martínez Heredia, «la solución más eficaz no era satanizar a Aponte y sus compañeros: era ocultarlos, borrarlos de la historia, someterlos al olvido», y no cabe duda de que lo consiguieron. Aunque resulte increíble, y a pesar de todo lo hecho por la Revolución desde su triunfo para honrar su memoria, que cobró especial fuerza en el contexto del bicentenario, esta epopeya todavía no sido suficientemente estudiada y divulgada entre nosotros.

Lo que es peor, todavía existen historiadores que se preguntan si se trató o no de un movimiento político que abogaba por la independencia. Algunos piden incluso evidencias, cuando los hechos expuestos hablan por sí solos. ¿Cómo podrían emanciparse sin tener primero patria? ¿No negó España la libertad a los eslavos en Santo Domingo durante la campaña de Bayajá, a pesar del apoyo de las Tropas Auxiliares de Carlos III? ¿No fueron humilladas luego en Cuba esas propias Tropas Auxiliares? ¿Cómo podrían suponer que España les permitiría gobernar después de la dramática experiencia de la Revolución de Haití a la que tanto temían la Corona y la oligarquía criolla? ¿Se puede pensar que una persona con la cultura de Aponte no era capaz de evaluar correctamente el desafío que afrontaban? ¿Acaso podía haber espacio a tamaña ingenuidad entre los revolucionarios negros después de sentir en carne propia el régimen bárbaro que vivían los esclavos en la Isla? Nadie les ha respondido con palabras más hermosas que el propio Martínez Heredia:

Todo eso sucedió porque Aponte resultaba irreductible a la manipulación burguesa. Los rebeldes de 1812 fueron los protagonistas de la actuación más radical en la Cuba de su época, de la subversión contra lo que era esencial en el régimen de dominación. Estos primeros rebeldes de Cuba, […] estos pioneros, tienen sus monumentos, aunque no los tengan de piedra ni mármol ni bronce. Esos monumentos son las revoluciones, y los revolucionarios (Martínez Heredia, 2008).

 

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José Antonio Aponte y la conspiración antiesclavista de 1812. Historia breve de una ilusión

NOTA: Este trabajo no pretende aportar ni descubrir nada nuevo en el tema infinito de los estudios apontinos, porque a estas alturas ya semejante posibilidad no parece materializable; es únicamente una reflexión personal sobre un momento de la historia de Cuba poco conocido y, me temo, peor comprendido. Como se trata de un trabajo periodístico tengo la libertad, y la uso, de no emplear el sistema de cita de fuentes propio de los trabajos de enfoque académico. En las escasas ocasiones en que describo alguna lámina del “libro de pinturas” lo hago porque llaman mi atención alguno de sus elementos o las relaciones que creo entrever en las constelaciones de símbolos que aparecen en ellas. No me interesa plagiar a nadie, me interesa pensar. Estoy a medio camino, por una parte, entre el desconcierto que me produce el empeño de algunos investigadores abocados a decodificar una carpeta de collages que nadie ha visto desde hace más de dos siglos, un conjunto de imágenes narradas por un hombre mucho más culto que sus captores y que, por tanto, les dijo lo que quiso decirles, que no forzosamente se corresponde con los verdaderos significados de las imágenes y el objetivo del libro mismo; y por otra parte, encuentro verdaderamente asombroso y más allá de la contención que demanda lo razonable, el entusiasmo con que otros investigadores se lanzan a un torbellino de inferencias que no soportan el análisis objetivo. Tomo como ejemplo, aunque hay muchos, el momento en que un investigador habla del gabinete de historia natural que el portugués Martín de la Parra tenía en La Habana en tiempos de Aponte, y tomando como base una carta que Parra envía a alguien anunciándole que ha encargado la construcción de nuevos muebles a los artesanos de mejor gusto de la ciudad, colige de inmediato que como Aponte era carpintero ebanista reputado, seguro el encargo le fue hecho a él. Los muebles, al parecer, se conservan, o al menos existen imágenes de ellos, pero no hay una firma, no hay nada que permita establecer la conexión con Aponte. Pudo ser cualquiera el mueblero, pero no, tuvo que ser Aponte porque así se puede argüir que fue Parra quien regaló a Aponte el libro de Historia Natural que las autoridades hallaron en su pequeña biblioteca personal cuando registraron su humilde vivienda. Semejante cabalgata cuasi fantástica desatada por el fervor del estudioso no se aviene con el espíritu de rigor que demanda la investigación, y resulta perjudicial en tanto se suma a un fondo bibliográfico al alcance de quien quiera usar de él, dando lugar a repeticiones que terminarán por hacer cierto lo que, aunque tal vez no sea una mentira, no está probado que sea una verdad y no es más que una suposición mientras no se demuestre lo contrario.

Me permito rebloquear aquí un artículo tomado de Cubadebate que me parece útil para tener una idea general de la labor conspiradora de Aponte y sus compañeros. Lamento que el autor, al hablar de los lugartenientes de Toussaint Louverture, haya mencionado solo a Desalines y Henri Christophe, olvidándose por completo de Alexandre Petion y de algunos otros detalles a los que, al parecer, no concede la menor importancia. Sin embargo, el texto ofrece información sobre algunos aspecto del tema en los que no profundicé.

José Antonio Aponte, negro libre, ex militar del Batallón de Pardos y Morenos de La260px-Jose_Antonio_Aponte Habana, carpintero ebanista, tallador de imágenes sacras y hombre asombrosamente culto es, sin duda, una de las figuras más atrayentes de la larga plana de personalidades sobresalientes que conforman la Historia de Cuba. Todos los cubanos sabemos que encabezó una de las más importantes conspiraciones antiesclavistas ocurridas en el suelo de la isla, que fue decapitado y su cabeza expuesta a la vista pública en una jaula de hierro, en la misma esquina de Belascoaín y Carlos III que hoy ocupa la Gran Logia Masónica de Cuba. Para el folclor, dejó tras de sí el célebre dicho “Eres más malo que Aponte”.

 Sin embargo, la vida y los hechos de Aponte continúan envueltos en el misterio y el enigma. Francisco Calcagno, en su novela Aponte (Barcelona, 1901), refleja partes de la leyenda negra con que la sacarocracia cubana rodeó a este luchador antiesclavista:

 Oscurísimo y envuelto en tinieblas aparece el origen de este: hay quien supone que era africano, quien que era hijo de La Habana, siendo esto lo más probable, pues como tal aparece en la sumaría, y no falta quien, porque fue esclavo de un Delmonte, lo crea oriundo de Santo Domingo.

 Aponte, sin embargo, nació en La Habana, donde su abuelo y su padre se habían destacado por su valor entre la alta oficialidad del Batallón de Pardos y Morenos Libres durante la toma de La Habana por los ingleses, y nunca fue esclavo. Era ya un hombre en la cincuentena cuando se involucró (o cuando tenemos noticia de que se involucró) en la oscura vida del conspiracionismo; de su existencia hasta ese momento muy poco se sabe de cierto, salvo que como militar del mencionado Batallón peleó en campañas fuera de territorio cubano. José Luciano Franco, quien rescató el legajo del proceso de instrucción llevado a cabo por las autoridades españolas a los acusados en la conspiración de 1812 y es una autoridad en los estudios apontinos, dice textualmente que Aponte

 […] tomó parte activa en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. En distintas ocasiones, y de ello no cabe duda, acompañó a la unidad de milicias de que formaba parte en los servicios de guarnición a San Agustín y otros lugares de La Florida; viajes que contribuyeron a mejorar sus conocimientos en todos sentidos.

 Un año antes de que sus actividades clandestinas llegaran a su punto más eruptivo, Aponte apartó de sí a su esposa y sus seis hijos para evitar que las autoridades españolas los implicaran en su infidencia, así que de su intimidad no hay información, salvo algún que otro detalle suministrado por sus compañeros de lucha y de prisión en los interrogatorios a que fueron sometidos en La Cabaña. En el momento de ser aprehendido vivía solo en una casita con techo de guano donde también tenía su taller, ubicada en la calle Jesús Peregrino, Pueblo Nuevo, en algún punto entre Infanta y Belascoaín, cerca de la Quinta de los Molinos.

 Mucha preguntas surgen cuando se piensa en Aponte, la mayoría sin respuestas que podamos dar como seguras. Era un hombre extremadamente discreto, enemigo de llamar la atención, e incluso como tallador de figuras sacras, labor con que solía ganarse la vida, no se conserva —hasta donde yo sé— ningún trabajo que lleve su firma, ni documentos de época que lo mencionen vinculado a la vida religiosa de La Habana en calidad de artesano. Esto no resulta demasiado sorprendente, puesto que los artesanos negros no solían firmar sus obras, pero Aponte era un hombre libre, tal vez un artista, y otros de su misma condición sí dejaron sus firmas estampadas para la posteridad.

 Todas las fuentes que he consultado apelan, para interpretar la personalidad y el pensamiento de Aponte, a las respuestas que dio a sus interrogadores durante la instrucción de su proceso, y al famoso “libro de pinturas” hallado en su casa durante los registros que las autoridades practicaron en ella tras la detención de su dueño. Pero lo que ha llegado a nosotros de todo lo que Aponte habló sobre esa obra fue dicho en cautiverio, en medio de interrogatorios extenuantes a los que el reo fue sometido durante once días, y en respuesta a las interpelaciones de sus interrogadores, dirigidas a encontrar y demostrar en aquellas pinturas intenciones de sublevar a los negros y provocar una catástrofe política al estilo de las masacres de Haití. No se trata, pues, del discurso espontáneo de un hombre que explica su obra a interlocutores con entera libertad, sino de un conspirador que sabe que va a morir, pero sabe también que debe ocultar hasta donde sea posible el verdadero alcance de sus actividades y propósitos, y debe proteger a sus cómplices y asociados hasta donde la dignidad y el interés de su causa lo demanden.

 En las condiciones en que Aponte hizo sus declaraciones, nadie puede asegurar que dijo todo, ni que todo cuanto dijo fuera cierto. El más acucioso análisis hermenéutico que se haga de estas pinturas narradas por su autor —pero que desaparecieron tras su muerte y desde entonces nadie ha vuelto a ver—, no pasará de la categoría de loable esfuerzo especulativo. Ni Elías Entralgo, ni Emilio Roig, ni José Luciano Franco, ni Juan Antonio Hernández ni ninguno de los investigadores cubanos y extranjeros que se han ocupado de Aponte, como tampoco ninguno de los novelistas que han escrito sobre él —entre los cuales sin duda el mejor ha sido Ernesto Peña, con su novela Una biblia perdida— pueden cruzar más allá de las barreras de niebla que Aponte levantó alrededor de sí mismo, porque fue un hombre hermético.

Hay toda una literatura en torno a este bautizado “libro de pinturas” que tanto excita la fantasía de quienes conocen su existencia. Se trata, en realidad, de una carpeta de dibujos de gran tamaño y forrada en hule negro, que contenía unas setenta y dos láminas compuestas en su mayoría por numerosas figuras recortadas y pegadas, y algunas pintadas a mano, de acuerdo con la descripción del mismo Aponte, pues según explicó durante los interrogatorios a que fue sometido, compraba las imágenes o las recortaba de grabados, almanaques y abanicos viejos, y luego hacía con ellas composiciones donde mezclaba elementos correspondientes a varias culturas y tradiciones esotéricas. ¿Con qué propósito? ¿Era solo el entretenimiento estético de un hombre solitario con alma de artista? ¿Era en verdad un libro concebido para incitar a la sedición, como pensaban las autoridades españolas? ¿Era algo más que eso, tal vez un intento de crear un testamento político, una cosmovisión…?

Aunque la novela de Calcagno sea considerada por el Dr. Franco como “no muy buena”, algunos de sus pasajes ilustran con bastante fidelidad el estado de cosas que rodeó a Aponte, y los usaré porque me ahorrarán largas citas enjundiosas de libros de Historia e investigaciones académicas. El párrafo que voy a citar resume muy bien las intenciones que le atribuían a Aponte los hacendados blancos, el primer estamento social amenazado por las revueltas esclavas, y también por el juez Rendón, designado por las autoridades coloniales para interrogar al reo:

 …diremos que el Antonio Aponte fue un negro de alma tan negra como su rostro, y no decimos esto porque conspirara contra los blancos y pretendiera alzar el decaído espíritu de los suyos; que eso no fuera más que amor a la dignidad de su raza. Pero nada menos pretendía que fundar un imperio negro sobre las ruinas de la colonia blanca, proclamándose emperador a la manera de Dessalines, o de aquel Christophe que a la sazón era Enrique I rey de Haití, y esto se habría de conseguir asesinando a todos los blancos y quedándose con las blancas, para servicio doméstico y otros usos.

 Este párrafo revela de un modo muy ilustrativo el núcleo de los temores que la Revolución de Haití inspiraba en la población blanca de todos los territorios donde existía la esclavitud de plantación. Como todo el mundo sabe, no se trataba de fantasías, sino de terrores provocados por hechos ciertos, porque en Haití hubo masacres de ambos bandos, y muchos amos de esclavos fueron asesinados junto con sus familias, las mujeres violadas,

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los niños mutilados, las haciendas quemadas y destruidos los campos de caña. Tanto en Haití como en Santo Domingo, las tropas de los generales negros que encabezaban la revolución antiesclavista cometieron todas las atrocidades a que induce un odio virulento largamente reprimido hacia quienes les habían reducido a la condición de bestias de trabajo, pero también hicieron miles de víctimas entre la población inocente. Sin olvidar el número desconocido de víctimas de su propia raza que el rey Christophe hizo más tarde en su reino de Haití cuando quiso restaurar la economía de plantación que había hecho de Haití la colonia más rica del Caribe bajo el control de los franceses, y a esas víctimas hay que sumar a todos los ciudadanos negros que esclavizó para llevar a cabo la construcción de sus palacios y fortalezas, y también a los que inmoló en sacrificios rituales para mezclar su sangre con la argamasa de los muros de La Citadelle La Ferriere, considerada una de las obras de arquitectura militar más importantes de su tiempo, a fin de hacerla inexpugnable.

Pero no es el objetivo de este artículo analizar si todos los esclavos quecouverture1 ansiaban ser hombres libres lo hubieran sido de permanecer en su África natal, donde ya existía la esclavitud y en las guerras intertribales y los vencedores esclavizaban o vendían como esclavos a los cautivos capturados en combate; ni tampoco si las condiciones de vida de un esclavo africano en su tierra natal eran mejores o peores que las que le esperaban en una hacienda, plantación o cafetal de El Caribe o el Sur de los Estados Unidos. El hecho histórico es que los esclavos traídos al Nuevo Mundo querían dejar de serlo y tenían pleno derecho a ello. Y Aponte estaba dispuesto a conseguirlo.

Aponte y la posibilidad imposible

Existe la posibilidad de que Aponte, el misterioso conspirador, llegara a fraguar una vasta red de contactos dentro y fuera de Cuba, de cuya verdadera envergadura no existen pruebas y tal vez nunca serán halladas. Se sabe que se relacionaba con personas de ideas antiesclavistas e independentistas en Brasil, Haití, Santo Domingo y el Sur de los Estados Unidos, donde, como dije antes, había estado en incursiones militares cuando era cabo del Batallón de Pardos y Morenos Libres de La Habana. También tenía vínculos en otras zonas de América del Sur y con posibles agentes de Francia e Inglaterra, eternas enemigas de España, como tal vez lo fueron el negro Juan Barbier, quien se hacía llamar el francés, y el negro Hilario Herrera, conocido como el inglés.

Pero las circunstancias operativas que rodeaban a Aponte indican que sus puntos de referencia y más significativos contactos fueron Generales negros, quienes habían combatido en Haití bajo la bandera española, y después se vieron obligados a huir de aquella isla cuando los derrotaron las tropas francesas y sus aliados negros conducidos por Toussaint Louverture. Algunos de estos Generales buscaron asilo en Cuba, que les fue negado, pero mientras las autoridades cubanas llegaban a esa decisión final, los solicitantes, con sus familias y algunos de sus oficiales y clases fueron concentrados en Casablanca por las autoridades coloniales, quienes deseaban mantenerlos lo más lejos posible de los cabildos de nación, un polvorín dispuesto a estallar en cuanto alguien le acercara la mecha.

En la conspiración de 1812 estaban involucrados negros libres y esclavos, blancos pobres y hacendados de ideas liberales, así como catalanes y españoles. Algunos negros libres, y otros que vivían como esclavos en ingenios de La Habana y Puerto Príncipe, alertaron a sus amos o directamente a las autoridades de que se avecinaba un desembarco de tropas haitianas enviadas por el rey Christophe para desatar la rebelión en Cuba. Durante los interrogatorios a que fueron sometidos en La Cabaña Aponte y sus compañeros, mencionaron promesas de asesoría y ayuda militar, recibidas no se sabe si directamente del rey Christophe, tal vez en forma de una carta o un mensaje verbal, pero en todo caso sí directamente de los Generales negros retenidos en Casa Blanca, en especial de Gil Narciso, quien durante su segunda estancia en el puerto de La Habana se ofreció —mediante un juramento abakuá según Franco— para ponerse al frente de la futura gesta libertadora, que en ese momento era deseada con particular ardor por la población negra cubana, erróneamente convencida de que las Cortes de Madrid habían decretado ya el fin de la esclavitud, pero los hacendados cubanos no aceptaban el decreto y se negaban a hacerlo público. En aquellos días había, pues, entre los negros de Cuba, un fuerte sentimiento de reivindicación. En los círculos cerrados de los cabildos de nación se manejaba la fantasiosa cifra de cinco mil soldados haitianos que llegarían a Cuba dentro de poco tiempo para dar fin la esclavitud. Me pregunto si el rey Christophe dispondría de una flota capaz de transportar semejante ejército, aunque fuera a través de las estrechas aguas que separan Haití del extremo de la provincia cubana de Oriente.

Hasta dónde todas las promesas que le fueron hechas a Aponte por la parte haitiana fueron reales o hijas del deseo o la leyenda, es algo que no podremos conocer si no salen a la luz nuevos documentos reveladores del alcance de aquella conspiración. Pero no hay por qué dudar de la existencia de un vínculo haitiano, como demuestra el hecho de que en el “libro de pinturas” de Aponte se constate una singular coincidencia de pensamiento con el ideario político de un intelectual y hombre de Estado haitiano muy cercano al rey Christophe, el barón de Vastey, considerado por los estudiosos del Caribe el primero en reclamar para su raza un linaje de gloria y grandeza que nacía en el Egipto de los faraones nubios, pasaba por el reino de Israel (con los amores entre el rey Salomón y la reina Makeda de Saba) y se concretaba en el reino de Etiopía (fundado por el hijo de ambos, Menelik, nombrado por su padre guardián del Arca de la Alianza del dios de Israel). No sabemos si Aponte conocía algo sobre las teorías de De Vastey, pero no pudo haber leído ninguno de sus libros, porque estos no fueron publicados hasta dos años después de la muerte de Aponte, quien debió de obtener sus conocimientos sobre el tema por vía oral, lo que tentativamente apoyaría la tesis de que Aponte mantenía contactos con el reino de Christophe.

Lo que sí es absolutamente cierto es que todos los planes fraguados por los conspiradores de 1812 estuvieron basados en la promesa de Aponte de que serían asistidos con armas, jefes militares y soldados provenientes de Haití. Solo que no vino nadie, y los esclavos de Peñas Altas, ingenio de Guanabo donde se llevó a cabo una de las primeras revueltas ocurridas durante aquel año, se quedaron asustados y solos, y fue imposible repetir la hazaña en otros ingenios del país, donde los amos, prevenidos por sus propios esclavos, prepararon a tiempo la defensa de sus propiedades. Todo abortó. ¿Por qué?

 Aunque Franco dice que “Alguien, no identificado, regaló a Aponte un retrato de [la coronación de] Chistophe con su vistoso traje de ceremonia, y llegó a insinuarle la posibilidad de recibir de aquel ayuda para los rebeldes cubanos”, en lo personal creo que pudo haber existido algún tipo de promesa por parte del rey Christophe —ya fuera por escrito o a través de intermediarios— a Aponte o a algún otro de los conjurados. No creo que Aponte, cauteloso por naturaleza, hubiera dado crédito en empresa tan seria y peligrosa a una mera insinuación. ¿Qué papel desempeñó en todo ello Hilario Herrera, el Inglés, uno de los más cercanos colaboradores de Aponte y natural de la villa de Azua en Santo Domingo, y quien, según Franco, “había participado en la serie de acontecimientos que van desde los primeros conflictos a causa de la Revolución haitiana, la ocupación de Santo Domingo por las tropas de Toussaint Louverture hasta el gobierno de Juan Sánchez Ramírez”?

Por más que Gil Narciso pudiera ofrecerse con muy buena voluntad a sí mismo y a sus oficiales y clases para dirigir el levantamiento general de los esclavos en la isla de Cuba, no podía movilizar por su cuenta tropas y armamento provenientes de Haití, porque él era un exiliado. De hecho, lo que parece que Gil Narciso prometió fue que intervendría una vez que mismos cubanos hubieran asaltado fortalezas y arsenales y pudieran disponer de las armas capturadas. ¿Habrá sido Herrera —y no alguno de los generales negros de Casablanca— el alguien que trasmitió una supuesta promesa de apoyo de Christophe a Aponte? Franco afirma que Herrera esperaba el 5 de enero de 1812 la llegada de un barco procedente de Haití con trescientos fusiles para la sublevación que debía tener lugar en Camagüey como apoyo a la de La Habana. Pero esas armas jamás llegaron.

Hay un ángulo en este tema de la ayuda que resulta digno de análisis a la hora de intentar comprender si el reino de Henri Christhope estaba en condiciones de enviar ejércitos y armamento a Cuba. Por el contrario de Petion en el sur, quien eligió para su República una economía basada en la pequeña propiedad de terrenos destinados a la agricultura y trabajados por campesinos libres, Christophe implantó en su reino un régimen similar al de las plantaciones esclavistas francesas, y aunque oficialmente no esclavizó a los hombres, lo hizo en la práctica. Se trataba de un régimen semifeudal en el que cada hombre físicamente capaz estaba obligado a trabajar en las plantaciones, sin contar los veinte mil esclavos que requirió la construcción de La Citadelle, por no mencionar cifras posibles consumidas por el resto de los edificios que Henri I levantó durante su reinado. Por supuesto, cualquiera sea la cifra total de esclavos empleados en aquellos menesteres, ninguno disfrutó de larga vida, por lo que se trató de una fuerza de trabajo constante y necesariamente renovada, lo que hace de la cifra mencionada solo un supuesto que la realidad debió duplicar o acaso triplicar, teniendo en cuenta los años que duró la construcción de La Citadelle. Como resultado, durante el gobierno de Crhistophe el norte de Haití se convirtió en un reino despótico y opresivo, aunque relativamente rico, pero rápidamente empobrecido al perder gran parte de su población por las razones antes expuestas, y además por la brutal deforestación a que Christophe sometió la tierra, y aún por otras varias causas. ¿Era este el país que podía enviar a Cuba un ejército de 5 mil hombres completamente armados…? Todo parece un sueño. ¿Eran capaces los conspiradores de reparar en ello entonces?

 Amistades peligrosas

Las opiniones en torno a Henri Christophe, primer rey de Haití, están divididas por una

Henri Crhistophe

Henri Crhistophe

clara línea de demarcación. Para muchos siempre será el héroe, el caudillo de increíble fiereza y arrojo personal, compañero de lucha de Toussaint Louverture y Dessalines, profundamente comprometido con la causa de su raza; el jefe militar que siendo comandante de la ciudad de Cabo Haitiano, respondió a una intimidatoria misiva del general francés Leclerc, en la que este le exigía la rendición de la plaza: “Si usted tiene la fuerza con que me amenaza, le presentaré toda la resistencia que caracteriza a un General, y si la suerte de las armas le es favorable, usted no entrará en la ciudad de Cabo Haitiano mas que cuando ésta sea reducida a cenizas, y aún sobre esas cenizas, yo le combatiré”[1]; el gobernante que dio a su pueblo el primer Código legal; el estadista que inauguró escuelas, importó maestros de Europa y los Estados Unidos y tomó enérgicas medidas para ofrecer la mejor educación a sus conciudadanos; que construyó caminos y organizó un ejército para mantener la ley. En suma, el último representante de los grandes hombres-dioses Bouckman, Mackandal, Toussaint Louverture y Dessalines, quienes llevaron a su culminación la primera gran rebelión triunfante de esclavos en la historia de la Humanidad.

 Pero fue también el magnicida que, conjuntamente con Petion, asesinó al Presidente Dessalines. Veamos algunos detalles tomados de blogs de WordPress: 

Alexandre Petion, presidente mulato de Saint Domingue

Alexandre Petion, presidente mulato de Saint Domingue

Miembros de la administración de Dessalines, incluyendo a Alexandre Pétion y Henri Cristopher, iniciaron una conspiración para derrocar al Emperador. Dessalines. […] este fue asesinado al norte de la ciudad capital, Puerto Príncipe, en Pont Larnage, (ahora conocido como Pont-Rouge) el 17 de Octubre de 1806 cuando se dirigía a pelear contra los rebeldes. Algunos historiadores dicen que en realidad lo mataron en la casa de Pétion en Rué l’Enterrement después de una reunión para negociar sobre el poder y el futuro de la joven nación.

El 17 de octubre de 1806, más allá de Pont-Rouge, habian preparado una emboscada. Parte de las tropas estaban disimuladas a cada lado de la carretera. Llega el Emperador, rodeado de una pequeña escolta, sin temer al peligro, con proyectos de venganza en mente. Resonó de pronto una fuerte voz:…”-¡Alto! ¡Formen el cìrculo” En el mismo momento, surgen los soldados de los matorrales donde se esconden y rodean a Dessalines. Pero el respeto y el temor cobran fuerza y nadie obedece a los oficiales que gritan: “Fuego, fuego. -…”Me han traicionado dice el Emperador. Se arma de su bastòn, golpea a los que lo rodean, y de un pistoletazo, mata a un soldado. Luego, trata de retroceder. Fue entonces cuando Garat dispara,

Dessalines. autoproclamado Emperador de Haití, invasor de Santo Domingo

Dessalines. autoproclamado Emperador de Haití, invasor de Santo Domingo

tembloroso, un tiro de fusil que no alcanza mas que el caballo del emperador. Dessalines cae rodando con su montura y despliega esfuerzos desesperados por liberarse. Socorro Charlotin, este de un salto se desmonta y cuando agarraba a Dessalines, una descaga los acribillò a los dos. Hubo luego una horrible escena. El Emperador es despojado de su ropa. Le roban las armas, las pistolas, su sable. Le cortan los dedos de las manos para quitarle màs fácilmente los anillos. Yayou lo manda a poner sobre unos fusiles dispuestos a manera de camilla, y burlonamente exclama: “Quien dirìía que ese pobre infeliz, hacia temblar todo Haití hace un cuarto de hora solamente”….Mientras se encaminaban, ebrios de alegría hacia Puerto Príncipe, dejaron caer muchas veces el cadáver del Emperador y la muchedumbre, lanzándose sobre él, le apedreó y lo destrozó a sablazos. Cuando, media hora después, lo tiraron en medio de la plaza del Gobierno, ya no se le reconocía: el cráneo roto, las manos y los pies cortados. Allí permaneció largas horas frecuentemente apedreado por niños incitados por la violencia de los mayores….Por la noche una anciana de nombre Defilée, guardó en un saco los restos ensangrentados del Emperador, y más tarde, cuando se apaciguaron las pasiones políticas, hizo construir en Sainte-Anne, una modesta tumba con un epitafio elocuente en su sencillez:… “Aquí yace Dessalines, muerto a los 48 años”.[2]

 De aquel acto, que recuerda asombrosamente los suplicios a que la plebe enardecida sometió a Andrónico, emperador bizantino, inmediatamente antes de asesinarle resultó lo inevitable: la división de la isla en el reino de Christophe al norte, y Saint-Domingue, la república mulata de Petion al sur, con la consiguiente enemistad perpetua entre los dos nuevos caudillos. ¿Fue Christophe desde siempre, o comenzó a ser en algún momento de su vida un megalómano mimético y salvaje, con un ego sin límites y un pensamiento mágico absolutamente bajo la influencia del vudú, que terminó empujándolo a cometer actos demenciales; un auténtico camaleón político que se invistió con las banderas de la gloria y la libertad y engañó a todos en un proceso bastante similar al protagonizado un siglo después en la República de Cuba por el prestigioso General mambí Gerardo Machado, salvas sean las diferencias?

Han pasado a la Historia relatos horrendos de las incursiones de Christophe en Saint-Domingue, donde no solo masacró a los ciudadanos blancos, sino a los mulatos que constituían el grueso de la población del sur, donde la defensa de la banda del Cibao estuvo a cargo del mulato José Serapio Reynoso del Orbe, quien sucumbió ante las tropas de Christophe cuando estas se ocupaban de degollar a la población de Santiago. El cronista Arredondo y Pichardo, sobreviviente de aquella matanza, describió la muerte de Reynoso en los términos siguientes:

El cadáver de nuestro comandante a poco rato ya apenas se distinguía porque la sangre y la polvareda lo tenían arropado de un modo que solo por el vestido se conocía que era de un racional, en razón de que cada negro que pasaba cerca, le metía el sable o la bayoneta, como si estuviera vivo, o se temiera su resurrección, explicando con esta brutal acción, la saña y el espíritu de venganza de que venían dominados. […] Toda aquella población y los pueblos del tránsito, fueron reducidos a ceniza por la tropa negra en su retirada, destruyendo hasta los altares. Los sacerdotes que encontraron fueron presos, y después sacrificados, arrastrando al Guárico a los que dejaron vivos, sin dispensar ni aun a la gente de color, que no querían darse al sistema de la desolación, muriendo muchos de hambre y sed en los caminos por donde eran conducidos a pié para la parte francesa…

Documentos de época hablan de matanzas en toda la geografía dominicana, de las que solo se salvaron algunos lugares apartados. Las tropas de Christophe masacraron a familias dominicanas enteras, tanto blancas como de color; hombres y niños degollados, mujeres y niñas violadas y luego degolladas. Ningún argumento puede ser esgrimido para justificar semejante genocidio, pues en la parte española de la isla los esclavos eran una minoría que no pasaban del 20% de la población, lo que evidencia que la mayoría de la gente de color dominicana no era esclava, y ello, a su vez, significa que la gran mayoría de los pobladores blancos no eran esclavistas. Un elevado número de habitantes de Saint-Domingue eran simples campesinos indefensos que ganaban su pan cultivando sus tierras.

Christophe fue “[…] el peculiar arquetipo del dictador que lució una corona y que se corresponde con la historia de una América aún virgen, y encarna a su manera el resentimiento y la voluntad de poder en el sentido nietzscheano; el encumbramiento de los sometidos […]”. Durante su reinado se hizo erigir seis castillos y ocho palacios, (incluyendo el palacio real de Sans-Souci y la fortaleza de La Citadelle La fèrriere, cuya construcción ordenó en 1805, cuando era solo Gobernador de la parte norte de la isla. En Sans Souci,

sansouci

considerado como una de las maravillas arquitectónicas de su tiempo, con jardines decorados con fuentes y estatuas grecorromanas al estilo de Versalles, tenía Christophe una gran biblioteca que usaba a manera de escenografía para reunirse con figuras europeas, cuando él mismo era analfabeto. Creó una nobleza que, sin proponérselo, resultó caricatura de las aristocracias europeas, y la disfrazó con elegantes entorchados y galones dorados, copia viva del vestuario de los nobles franceses. Nombró reina a su esposa y princesas a sus hijas Athenais y Amatista[3], y montó alrededor de su “sagrada Majestad” toda una maquinaria estatal y privada donde mimetizaba los mismos modelos de vida que había combatido a sangre y fuego y de los que se había declarado enemigo irreconciliable.

Christophe proclamó el catolicismo como religión oficial de su reino, pero estaba rodeado de hounganes o sacerdotes del vudú, y muchos de los esclavos que participaron en la construcción de La Citadelle morían de insolación y deshidratación, eran arrojados a las canteras y sus cuerpos mezclados con la argamasa que se emplearía en los muros, previamente impregnada con sangre de toros, también inmolados en sacrificio ritual con el propósito mágico de hacer aquellos bastiones inexpugnables, puesto que La Citadelle fue concebida para ser el último refugio del rey en caso de que la isla fuera tomada por los franceses u otros invasores. Christophe fue el precursor moral de la odiosa dinastía Duvalier y su nefasta creación, la secta paramilitar de los macoutes.

La Citadelle La Ferriere, considerada una de las maravillas arquitectónicas de su tiempo. Fue construida con el trabajo de más de veinte mil esclavos

La Citadelle La Ferriere, considerada una de las maravillas arquitectónicas de su tiempo. Fue construida con el trabajo de más de veinte mil esclavos. La sangre de los que morían al pie de la obraera mezclada con la argamasa de sus muros junto con sangre de toros sacrificados en rituales de vudú, para hacer de la fortaleza un lugar inexpugnable. En su interior se mató de un pistoletazo el propio Christophe, y su cuerpo corrió la misma suerte.

Tal era el hombre que condenó a muerte a la revolución haitiana, la más intensa del Nuevo Mundo y una de las más legítimas empresas de conquista de la libertad que ennoblecen la historia del género humano. Tal era el hombre en quien confiaba y a quien admiraba José Antonio Aponte, y cuyo ejemplo quería seguir, aunque sería difícil encontrar dos almas menos parecidas. Posiblemente Christophe desistió de su intención de involucrarse en el alzamiento de los negros cubanos por no encontrarle utilidad para sus propios fines o parecerle una empresa destinada al fracaso. Y digo posiblemente porque no podemos prescindir de la suposición de Juan Antonio Hernández sobre la probabilidad de que nunca hubiera existido una promesa haitiana, sino solo rumores propagados por la ansiedad febricitante de algunos sectores de la población cubana, y que Aponte habría aprovechado para acreditar su propia gestión conspirativa.

Por otra parte, afirmar que en la Cuba de 1812 estaban creadas las condiciones para que triunfara una sublevación de esclavos a lo largo de todo el territorio nacional es, cuando menos, un acto de osadía. Muchos especialistas en Historia, investigadores, sociólogos coinciden en que de acuerdo con la estructura del Gobierno colonial de la isla de Cuba, la extensión de su territorio y otras características económicas y culturales que marcaban notables diferencias con Haití, ni siquiera con ayuda exterior la sublevación habría tenido éxito. Entre las necesarias condiciones subjetivas que se hallaban ausentes está el hecho de que si bien los esclavos ansiaban la libertad, carecían en ese momento de una maduración de la conciencia política, como lo prueba, por ejemplo, el hecho de que en Puerto Príncipe el motivo de las delaciones de los negros esclavos fueran los celos y las rivalidades personales.

Desde el punto de vista factual, sería interesante reflexionar sobre si Aponte solo se proponía acabar con la esclavitud o su proyecto contemplaba una segunda parte, es decir, una revolución destinada a cambiar el estatus colonial por una forma diferente de gobierno. ¿Era Aponte partidario de instaurar una monarquía negra en Cuba? Uno de los complotados en la conspiración de 1812 reveló durante los interrogatorios que Aponte le comentó en una ocasión cómo cuando se hubieran consumado los acontecimientos en Cuba, lo encontrarían a él “hecho rey”. En ese caso —y moviéndonos siempre en el terreno de la más pura especulación—, surgen varias preguntas: ¿Estaba en los planes de Aponte crear un imperio negro internacional, dado que al parecer había incitado a la rebelión a los esclavos del Brasil y del Sur de los Estados Unidos? De haber podido llevar a cabo sus supuestos planes de reproducir fielmente en suelo cubano la Revolución de Haití y sus resultados, y exportarla a otras regiones del continente, ¿cómo habría influido todo ello en el curso de la Historia? ¿Qué lugar ocupaba en sus proyectos el “libro de pinturas”? ¿Se trataba de una especie de manual en el que recogía su pensamiento político, o era la cartilla de una incipiente ideología…?

El hombre infinito

El carpintero, mueblero y tallador de imágenes sacras José Antonio Aponte era un negro lucumí (yoruba), un ogboni, un oni-Shangó, y su casa era la sede del cabildo Shangó Tedum. Era, además, un oficial retirado del Batallón de Pardos y Morenos Libres de La Habana, donde se había cubierto de honores en más de una batalla, y descendía de otros oficiales pertenecientes al mismo Cuerpo, quienes se habían destacado por sus servicios a la Corona durante la toma de la capital por los ingleses, de quienes él se enorgullecía.. Cuando fracasó la conspiración masónica de 1810, en que Aponte tomó parte como hombre de confianza de don Luis Francisco Bassave, uno de los líderes blancos, logró pasar inadvertido mientras eran arrestados los cabecillas y varios de sus cómplices, y en la conspiración que supuestamente él mismo encabezó en 1812, no fue un blanco inicial para las autoridades de la Corona hasta que un esclavo del ingenio Peñas Altas, de Guanabo, donde había tenido lugar una de las revueltas de esclavos de aquel año, denunció a Salvador Ternero, un conspirador del grupo más cercano a Aponte, como uno de los instigadores de la rebelión. Ternero fue aprehendido y poco después el maestro Aponte, pero solo por estar acusado de participar en las reuniones que tenían lugar en la casa de Ternero.

Estamos, pues, en presencia de un Aponte desconfiado que sabía compartimentar la información y no era inexperto en el arte de la conspiración, cuya autoridad era respetada no solo entre los negros, sino también por los conspiradores blancos, quienes no lo delataron nunca; un hombre cuya valía militar era reconocida por las autoridades coloniales y gozaba entre los suyos de un rango a medias entre la realeza y el sacerdocio, pues los ogboni eran los miembros de la secta secreta más importante de Nigeria, con poderes semejantes a los de los propios reyes africanos, y los oni-Shangó, por considerarse descendientes del Alafín de Oyo, rango que Shangó desempeñó alguna vez, consustancialmente llevan en ellos una marca más o menos como la que distingue a Jesucristo: una doble naturaleza, a medias entre hombre y dios, y como tal, tenía una muy importante posición dentro de su cabildo.

Era sibilino, escurridizo y de inteligencia poco común. Tenía sensibilidad artística, aunque no poseemos ninguna obra suya que permita determinar si realmente era un artista o solo un artesano inspirado y capaz, dotado de gran cultura libresca. Al parecer era un cristiano devoto —si nos guiamos por su propio testimonio dado en prisión ante las autoridades que instruyeron su proceso—, pero ¿hasta qué punto podría ser cierta la filiación católica de un hombre en el que se reunían dos de las más altas dignidades de la religión yoruba…? ¿Debería bastarnos que hubiera esculpido a la puerta de su casa la imagen de un Jesús Peregrino para creerle entregado en cuerpo y alma a la religión de los blancos esclavistas a quienes combatía? Este hombre lleno de enigmas, con una eficaz capacidad para hacerse invisible, creó una obra que hoy, a la luz de todos los estudios afrocaribeños existentes, debe ser considerada como el primer manifiesto del panafricanismo y del etiopianismo caribeños, y hace de él un precursor, por delante, incluso, del barón de Vastey, ministro y consejero del rey Henri I de Haití, a quien hasta ahora se le ha atribuido el mérito de haber sido el primer apologista de la negritud.

No sé si podría afirmarse, además, la prioridad caribeña de Aponte en el empleo de estrategias de manipulación de la opinión pública, pues ya habían sido usadas en Haití por los revolucionarios negros, pero tal vez haya sido el pionero en su empleo dentro de Cuba. Su primer paso en este sentido fue propalar entre la población negra de la isla el rumor de que las Cortes de Cádiz habían concedido la libertad a los esclavos, cuando en aquel momento solo se trataba de un proyecto en discusión presentado por un diputado mexicano. Esta falsa creencia en un hecho que aún no había sucedido, sumada a un segundo rumor consistente en culpar a los hacendados blancos de silenciar la supuesta concesión de libertad para mantener la economía esclavista, enardeció a los negros de Cuba. El segundo paso fue difundir otro rumor en torno a la ayuda ofrecida por el reino de Haití para respaldar una insurrección en Cuba con un ejército de miles de hombres y armamento. Las opiniones de los estudiosos del tema apontino están divididas entre quienes creen que tal promesa existió en realidad y provino del propio Henri Christophe, o del General dominicano Gil Narciso durante su segunda estancia en Cuba, y quienes sospechan que solo se trató de otra ocurrencia de Aponte para servirse de ella en sus propósitos. El tercer paso consistió en una estratagema mucho más osada: Aponte hizo pasar —o permitió que el francés se hiciera pasar ante otros conjurados— por el General haitiano Jean Francoise, para que los negros cubanos creyeran que una gran figura de la Revolución haitiana estaba en La Habana preparando la insurrección de los esclavos. Pienso que al “libro de pinturas” encontrado en su casa por las autoridades coloniales tras el arresto de su autor, le había sido asignado un papel protagónico en esta estrategia digna de Maquiavelo: era una obra destinada a concentrar y fortalecer todas las otras condiciones subjetivas que debían favorecer el levantamiento concebido no solo para Cuba, sino para otras áreas continentales, pero su verdadera importancia llegaría después, cuando pudiera ser usado como una auténtica Biblia negra, como pilar teórico de una teología política encargada de acreditar a África no solo como el lugar de origen de la Humanidad, sino a Etiopía como un centro de poder no solo igual, sino incluso superior a todas las monarquías europeas.

El “libro de pinturas” de Aponte, que ha sido calificado por algunos estudiosos de códice afrocubano, fue comenzado por su autor en 1806. Aponte sostuvo en sus declaraciones que la obra era de su única autoría, y solo en una ocasión admitió haberse auxiliado de las habilidades de un joven artesano negro, Trinidad Núñez, quien ejercía el oficio de pintor en una tienda. Según el propio Aponte, Trinidad realizó para el “libro de pinturas” “las figuras sobre puestas que no son grabadas”, y además, reprodujo imágenes de santos.

La variedad y riqueza de las imágenes del libro y el carácter de sus composiciones es casi infinita, por lo que, para abreviar este artículo periodístico, he preparado una especie de pastiche de diferentes descripciones de esa obra, algunas provenientes del legajo de instrucción del proceso rescatado por José Luciano Franco, del cual se ha publicado una selección de documentos; otros fragmentos pertenecen al prólogo del investigador venezolano Juan Antonio Hernández al libro titulado Las conspiraciones de 1810 y 1812, de Franco, además de breves descripciones de otros especialistas, de modo que el lector pueda hacerse una idea rápida y general de lo que tratamos:

 […] el libro [era] como una carpeta grande que contenía una “obra pictoglífica saturada de personajes, iconos, alegorías, hieroglifos, versos, mapas, paisajes, ciudades, símbolos, colores y textos repartidos en setenta y dos láminas de gran formato. […] Cada lámina estaba compuesta con figuras independientes, por un procedimiento semejante al del moderno collage. En ellas se representaba la historia del Génesis tal como la cuenta la Biblia; ejércitos negros y blancos trabados en combate, donde los segundos eran siempre derrotados; reproducciones de La Habana rodeada de sus murallas, los castillos de El Morro, Atarés, la Punta, La Cabaña, así como los caminos que conducían a Regla y a Guanabacoa, palacios, iglesias, quintas e ingenios en los alrededores de la ciudad, los muelles y almacenes del puerto, cuarteles y demás instalaciones militares; dioses de los panteones grecolatinos, divinidades del santoral cristiano, el Preste Juan de Etiopía, la reina de Saba, Salomón y el hijo de ambos, Menelik, el Arca de la Alianza, embarcaciones en el mar, imágenes de jefes a caballo, religiosos negros de diferentes Órdenes y grados, los portugueses, el sol, las plantas, los símbolos del zodíaco, las estrellas, la hagiografía cristiana, la mitografía antigua (griega, romana y cristiana), documentos militares y administrativos oficiales (mapas de batalla, cédulas reales), […] “la imaginería y emblemata aristocrática del barroco, las pinturas murales de las calles habaneras, las biografías de soberanos, militares, religiosos y santos (europeos, orientales, americanos y africanos), los almanaques, los catecismos, los libros de historia de Etiopía, del cristianismo y de sus congregaciones religiosas, y también la historia de su propia vida [la de Aponte] y la de su genealogía familiar”. […] “Un huracán de imágenes […] cruzado por un rumor de multitudes, concatenando imágenes del Génesis, la Ilíada y la Odisea, Egipto, Babilonia y Etiopía, mapas de fortalezas y haciendas en Cuba, alegorías barrocas, dioses greco-romanos, soldados, cardenales y reyes africanos, retratos de los jacobins noirs y de George Washington, el Preste Juan y los Caballeros de San Antonio en Abisinia, el Faro de Alejandría y la biblioteca del Papa en Roma”. […] Hay también un mapamundi donde aparecen Europa, África y Asia, y en medio un grupo de imágenes que representan a España, entre ellas la ciudad de Cádiz y el palacio de El Escorial. […] “el Coloso de Rodas […]; Venus, Cupido, Apolo y Neptuno; la ciudad de Babilonia (Semiramis, Daniel y los leones, Nabucodonosor, etc.). De toda esta secuencia, la pintura cuarenta y uno, sin duda, contuvo una cantidad realmente abrumadora de elementos visuales: el “Templo de Diana en Efeso”, el Emperador Tiberio, la Medusa, Perseo, la ciudad de Efeso, Diana, Marte, Palas Atenea, alegorías de la carpintería y la primavera, la Hidra, el Palacio de Neptuno, entre otras imágenes. En la número cuarenta y dos, Aponte describe las pirámides de Egipto”.

Todos los autores consultados sobre el tema intentan ofrecer encarnizadamente sus hermenéuticas personales de esa hipertrofiada constelación de símbolos y simbolismos que recuerda al San Berenito todo mezclado de Nicolás Guillén. A su vez, los lectores interesados en ahondar sobre las descripciones de las láminas y sus posibles significados, pueden consultar esos mismos autores y otros a los que no he tenido acceso. A mí me resultan más interesantes otras cuestiones, en las que no pretendo pasar de la más pura especulación, pues muy poco puede darse por cierto y definitivo cuando se analiza un libro que pocas personas vieron antes que desapareciera para siempre, y cuyo contenido solo se conoce a través de lo que ha confesado su autor en prisión y sometido a interminables interrogatorios, en los cuales debió comprometer todas sus mañas y habilidades para protegerse y proteger a otros, y quién sabe si hasta tuvo aunque fuera una mínima esperanza de salvar su vida.

¿Cuáles fueron las fuentes de la colosal mezcla de imaginarios que usó en la composición de sus láminas? ¿Cómo accedió a ellas? ¿Era ciertamente un masón? ¿Es en realidad el “libro de pinturas” el soporte de una teología política? ¿Qué lugar destinaba para sí mismo en el estado de cosas que debía sustituir en Cuba al orden colonial que él se proponía destruir? ¿Sería cierto que, tal como declaró Clemente Chacón, uno de sus más cercanos cómplices, Aponte se veía a sí mismo como el futuro rey de Cuba? ¿Qué habría ocurrido en la isla si la conspiración de Aponte hubiera tenido éxito y culminado en la caída del régimen colonial de la isla?

En todo lo concerniente a la religión católica y la cultura grecolatina con su panteón de divinidades, mitos, leyendas, anécdotas y personajes, es claro que Aponte se apropió de imaginarios provenientes del acervo cultural europeo perteneciente a la clase blanca dominante en Cuba. Durante los interrogatorios dijo haber obtenido muchas de sus imágenes de abanicos viejos y almanaques, y haber comprado otras ya impresas, y sabemos que la editorial Boloña, de La Habana, imprimía y vendía muchas imágenes de variado uso. Otras, en especial las concernientes a la Revolución de Haití, llegaban a la isla en los barcos, en los bolsillos de los marineros, los soldados, los comerciantes, los viajeros y los agentes secretos europeos y norteamericanos, pero también haitianos que pululaban por la isla de Cuba.

Sabemos por afirmación de Franco que el juez Rendón, elegido por el Capitán General marqués de Someruelos para instruir la causa contra los conspiradores e interrogar a Aponte y sus cómplices, se había formado como abogado en Santo Domingo y había llegado a Cuba huyendo de la Revolución de Haití. A esas experiencias debió su designación al frente del proceso. Pero no sabemos si Rendón era masón. Si no lo era, es posible que haya pasado por alto la presencia en las láminas apontinas de algunos símbolos masónicos, probablemente encriptados dentro de las propias láminas, o el uso de letras del alfabeto hebreo, u otros símbolos y signos propios de las escuelas europeas medievales de alta magia, y en consecuencia, nosotros nunca podremos saber si Aponte hizo uso de algo semejante en su “libro de pinturas”, lo que, desde luego, cambiaría el sentido de muchas de las setenta y dos láminas que lo componían.

En cuanto a una posible relación de Aponte con la masonería, se ha demostrado con total certeza que Román de la Luz y el capitán don Luis Francisco Bassave y Cárdenas, oficial blanco del Batallón de Pardos y Morenos Libres, hombre de elevado origen, superior de Aponte y uno de los cabecillas de la conspiración de 1810, pertenecía a una logia clandestina que operaba en La Habana, El Templo de las Virtudes Teologales. Esa conspiración pasó a la Historia con el nombre de Conspiración Masónica de 1810. Bassave reclutó a Aponte para sus actividades conspirativas y lo convirtió en su hombre de confianza. Cuando la conspiración fracasó por delaciones y Bassave fue destituido de su cargo y desterrado, a muchos de sus oficiales negros a los que no se les pudo probar cargos de infidencia, y entre los cuales se encontraba Aponte, se les licenció del Batallón pretextando retiro por problemas de salud. Ahora toca repasar cuál era exactamente la situación de la masonería en Cuba en aquellos años. ¿Eran admitidos los negros y mulatos en las logias masónicas? Sabemos que los íderes negros del Partido de los Independientes de Color que en 1912 se alzaron contra el gobierno del presidente José Miguel Gómez eran masones, como Gómez mismo. Pero ¿cuál era la situación de los negros y la masonería exactamente un siglo antes?

El historiador, investigador y profesor Eduardo Torres Cuevas afirma en su compilación de ensayos Historia de la masonería en Cuba que la primera noticia de existencia de la masonería en nuestro país data de los años 1751-1754, en que la masonería de Inglaterra designó ocho grandes maestros provinciales, uno de ellos destinado a Cuba. Como la ocupación de La Habana por los ingleses tuvo lugar en 1762, resulta casi inevitable considerar este gesto de la masonería inglesa como una estrategia de penetración.

Como una de las tantas consecuencias del levantamiento de esclavos en Saint-Domingue, muchos franceses residentes en la isla se trasladaron a Cuba, y Torres Cuevas afirma que “con ellos llegaron las primeras logias masónicas que funcionaron en la mayor de las Antillas”. En La Habana fundaron las logias La Amistad y La Benéfica Concordia: “ […] algunos criollos y españoles se incorporaron a ellas y el efecto de su presencia en Cuba fue profundo y duradero”. Estas logias, que trabajaban con el rito escocés, estaban bajo la influencia del Gran Oriente de Francia, y fueron una puerta de entrada en Cuba a la ideología de la Revolución Francesa. En 1804 se funda la primera logia creada expresamente para Cuba, El Templo de las Virtudes Teologales, bajo influencia de la Gran Logia de Pensilvania, Estados Unidos, con mayoría de criollos cubanos dentro de sus iniciados. La pertenencia a logias masónicas y participación en sus actividades estaba prohibida por las autoridades coloniales, e incluso existen testimonios en la prensa de la época sobre una denuncia hecha por vecinos acerca de una casa extramuros, en cuyas paredes exteriores había pinturas que mostraban a blancos y esclavos abogando juntos por la igualdad y la libertad de prensa y pensamiento, y fueron interpretadas por las autoridades como obra de masones conspiradores.

En cuanto a si los negros y mulatos podían pertenecer a las logias masónicas en Cuba, Torres Cuevas afirma que Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, le mostró en el convento de San Francisco de La Habana, cuya construcción data del siglo XVIII, piedras de cantería donde pueden verse signos masónicos “de carácter operativo”, que se corresponden con los hallados en Europa en igual fecha. Los operarios que intervenían en estas construcciones arquitectónicas solía ser esclavos, así que puede inferirse con un grado atendible de certeza que tales marcas guardan relación con ellos. En vista de todo lo anteriormente expuesto, es tentativamente posible que el artesano negro José Antonio Aponte fuera un masón y que algunos elementos del imaginario masónico estuvieran presentes en su “libro de pinturas”, aunque quizá encriptados, a la manera de los grabados en los grimorios medievales y renacentistas. También es posible que no fuera miembro de una logia de blancos, pero existían entonces en La Habana otras sociedades secretas que imitaban la estructura de las logias masónicas, y tenían un carácter mucho más político. Aponte pudo haber pertenecido a alguna de ellas. Nunca lo sabremos. Lo que sí parece es que fue abakuá.

Queda aún por explorar la posible influencia en Aponte del Kebra Nagast, también conocido como la Biblia negra, y hoy como la Biblia rastafari, una fuente singularísima para el imaginario etíope que aparece en “el libro de pinturas”.

 Donde nacen las fuentes del Nilo

 Entre todos los imaginarios que utilizó José Antonio Aponte para confeccionar las setenta y dos láminas de su “libro de pinturas”, hay uno realmente exótico y mal conocido en Occidente: se trata del imperio del Preste Juan, del que incluso Marco Polo dejó alguna referencia en crónica de viajes El millón. Es el imaginario de mayor peso ideológico en la obra apontina. El imperio del Preste Juan, para muchos una fábula, no era otro que Abisinia, lo que nosotros conocemos como Etiopía. Sobre la geografía de este reino remoto y antiguo envuelto en la niebla de la leyenda no hay informaciones precisas. Ni siquiera los egipcios conocieron en detalle su extensión, aunque fueron el imperio más poderoso de su tiempo y una potencia militar expansionista.

Pero de la historia de la antigua Abisinia sí se conoce, por ejemplo, la famosa leyenda del encuentro en Jerusalén entre el rey hebreo Salomón, padre del futuro rey David, y la reina de Saba, cuyo nombre real era Makeda, mujer de exótica belleza que vino de muy lejos

La reina Makeda de Shewa o Saba

La reina Makeda de Shewa o Saba

trayendo consigo regalos deslumbrantes para rendir honor a la grandeza de Salomón. La Biblia cuenta cómo Makeda de Saba, cuyo nombre se identificaba con Shewa, su lugar de procedencia, situado en una zona central de Etiopía cuya capital ya entonces era Addis Ababa, regresó a su país embarazada de Salomón, y dio a luz un hijo a quien puso por nombre Menelik. Por alguna razón Menelik terminó convirtiéndose en el guardián del Arca de la Alianza, el objeto más valioso del gigantesco Templo que Salomón hizo erigir para Yavé, su Dios, en Jerusalén, capital de su reino, y en cuyo interior se supone que moraba el espíritu del propio Yavé. Esta Arca, según los historiadores romanos y hebreos, desapareció cuando las legiones romanas saquearon e incendiaron el Templo, y como era de oro macizo debió ser tomada como botín de guerra, con destino desconocido. Sin

Modelo del Arca de la Alianza elaborado a partir de la descripción que aparece en la Biblia, y de relieves egipcios.

Modelo del Arca de la Alianza elaborado a partir de la descripción que aparece en la Biblia, y de relieves egipcios.

embargo, los rumores de que se encuentra desde entonces en Etiopía se han mantenido con la suficiente fuerza como para que la historia aparezca narrada en los relieves medievales de los muros interiores de la catedral de Notre Dame de París. Tengo en mi biblioteca personal un grueso libro publicado por un arqueólogo francés que partió a Etiopía en busca del Arca, y aunque llegó al santuario donde él cree que se la mantiene oculta de ojos profanos, no pudo verla, pero acumuló varias pistas que lo devolvieron a su país más convencido que nunca de que El Arca de la Alianza del Templo de Jerusalén está realmente en Etiopía, y ello es historia y no fábula, y de que existe, además, un sacerdocio que desciende de Menelik y cuya misión consiste en custodiar este objeto sagrado que posee un raro poder destructor relacionado con la emisión de algún tipo de radiación.

En cuanto al Preste Juan, cuya existencia no ha sido hasta hoy históricamente comprobada, aparece por primera vez bajo la forma de una carta con su firma dirigida al todopoderoso emperador bizantino Manuel Comneno, quien a la sazón luchaba contra tribus procedentes de Anatolia, ofreciéndole una alianza para ayudarlo con sus poderosísimos ejércitos si, a su vez, Manuel le ayudaba a derrotar a los moros, que querían entrar en Abisinia. El Preste Juan, que se adornaba con trenzas hazídicas y calzaba botas terminadas en garras de león, se describía a sí mismo como un rey sacerdote que gobernaba un reino inmenso de flora y fauna fabulosas y repleto de incalculables riquezas. También hay noticias de que el Preste envió una embajada a sus muy Católicas Majestades Fernando e Isabel de Castilla y Aragón, quienes por entonces acababan de expulsar a los moros de Granada, ofreciéndoles la misma alianza que antes habían propuesto a Bizancio. Los embajadores del Preste hicieron un largo viaje que los condujo a Avignon, donde se encontraba entonces la sede del Papado, luego a Roma y de ahí a Génova, donde fueron entrevistados por el geógrafo italiano Giovanni di Carignano, quien, con todo el material que ellos le facilitaron, escribió el primer libro sobre Abisinia nacido de la pluma de un occidental. Si los embajadores del Preste llegaron a España no es algo que esté confirmado.

Hay muchas cosas curiosas en esta historia de Abisinia, pero la que más llama la atenciónKEBRA NAGAST es que este país de habitantes de piel negra tenía una casa real que se consideraba descendiente directa del linaje de Salomón y de la tribu israelita de Judá, siendo, of course, cristianos devotos. El emperador Haile Selassie I usaba entre otros títulos el de Rey de Reyes, Señor de Señores y León Conquistador de la Tribu de Judá. Este mismo león aparece en la bandera de Etiopía. Los abisinios veneraban como texto sagrado el Antiguo Testamento, pero escribieron su propia historia en otro libro, el Kebra Nagast.

Por otra parte, las crónicas detalladas que dejaron las diferentes dinastías faraónicas de Egipto hablan de una decadencia del país del Nilo, de un tiempo en que cayó bajo el dominio de faraones negros procedentes del país de Kush, también llamado Nubia, quienes fueron grandes arquitectos, aunque en un estilo ciertamente diferente del habitual en los faraones semitas. Existe hoy entre los especialistas un gran cuestionamiento, pues mientras muchos sostienen que Nubia/Kush correspondería a lo que hoy es territorio del Sudán, otros piensan que solo una parte de Abisinia correspondía al país de Kush. Si hoy existen litigios de fronteras, cómo serían las cosas en una antigüedad que desconocía la vastedad de la Tierra.

Al final, en cualquiera de las dos tradiciones el linaje de los etíopes o abisinios es tan antiguo y glorioso como los más antiguos de la Tierra, pues no es poca cosa haber gobernado el Egipto faraónico, y/o descender de la antigua, prestigiosísima y hasta divina estirpe de la casa real del reino hebreo de Judá. Henry Louis Gates, citado por Hernández, afirma que Etiopía era el nombre dado por los antiguos a la totalidad de África. Incluso Homero era consciente de la grandeza e importancia de los etíopes, a quienes da un lugar destacado en La Ilíada y La Odisea, cuando dice que a Troya no fue a pelear un hombre de linaje más noble que Memnon, a quien llama “rey de los etíopes”.

Pero la historia de Etiopía está narrada en el Kebra Nagast, y aún para aquellos de nosotros que todavía no hemos tenido la posibilidad de consultar toda la bibliografía existente al respecto, la única conclusión razonable a la que podemos llegar acerca de las fuentes que usó Aponte para construir su imaginario abisinio, es que había leído o conocía por transmisión oral el Kebra Nagast. No tengo acceso a las obras del barón de Vastey, pero supongo que también conocía ese libro y que lo inspiró y le sirvió de punto de partida para elaborar sus teorías afrocentristas, que fueron la base de su pensamiento panafricanista. A lo que sí hay que renunciar, me parece, y por motivos de aritmética pura y dura, es a la sospecha de que Aponte haya estado influido por el pensamiento de De Vastey, pues el barón publicó sus primeras obras dos años después de la decapitación de Aponte y sus compañeros. Que hayan tenido puntos de contacto ideológico sí es posible, pero de un modo aleatorio. Lo más probable es que Aponte deba poco al ideólogo de la Revolución de Haití.

El Kebra Nagast o Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, crónica pretendidamente histórica de los reyes de ese país, es considerado por los cristianos etíopes y por el movimiento rastafari la verdadera historia del origen de la dinastía salomónica, así como de la conversión de Etiopía al cristianismo. La mayoría de los estudiosos opina que se trata de una recopilación de tradiciones muy anteriores a 1300. A partir de las primeras expediciones portuguesas a Etiopía (siglos XV y XVI), el libro fue conocido en Europa, y se realizaron traducciones a las principales lenguas europeas. Por cierto, el barón de Vastey, hijo de un noble bretón y de una rica heredera mulata a cuya familia perteneció también el escritor francés Alejandro Dumas, recibió una excelente educación y hablaba varias lenguas, entre ellas el francés.

Si Aponte tuvo acceso al Kebra Nagast o a fragmentos del texto, ¿cómo lo consiguió, si desde 1790 existía una Real Orden que impedía la introducción en la isla de propaganda impresa y agentes revolucionarios; si no se permitía la entrada de franceses ni de otros extranjeros y, además, se incautaban y archivaban todos los documentos de esa índole que se detectaban en los puntos de acceso a Cuba? Pero La Habana de la época era una ciudad portuaria intensa y bullidora, y en la zona del puerto pululaba una heterogénea humanidad que traía consigo objetos y documentos de todas partes en un flujo constante que nada ni nadie podía controlar.

La inclusión en el “libro de pinturas” de una imagen del niloscopio, ingenio destinado a medir el nivel de las aguas durante las crecidas del Nilo, pudiera señalar como posible fuente apontina al explorador inglés James Bruce, uno de los tantos buscadores de las fuentes del Nilo, quien publicó mucha información sobre su aventura africana y sobre el Kebra Nagast a finales del siglo XVIII. Probablemente Aponte conocía su obra. ¿Conseguiría una copia con algún marinero portugués de los que pisaban tierra en el puerto de La Habana; o a través de dos de sus asociados en la conspiración, los misteriosos negros Juan Barbier e Hilario Herrera, presumibles agentes de Henri Crhistophe…? ¿Se lo daría, acaso, el propio Bassave…? ¿O tal vez Aponte encontró una traducción durante alguna de sus estancias como militar en tierras de las Trece Colonias? Aún queda una última y muy interesante especulación. Vivía por entonces en La Habana un naturalista portugués de nombre Antonio Parra, quien tenía un gabinete de Historia Natural. Algún estudioso interesado en Aponte ha conjeturado, con más entusiasmo que pruebas, que Aponte recibió de Parra el encargo de fabricar varios muebles para guardar sus piezas de investigación, y de este vínculo inicial nació dio una relación más cercana entre los dos hombres. Sin embargo, pienso que la manera en que Aponte accedió a los conocimientos contenidos en el Kebra Nagast es otro de los enigmas de su vida que nunca serán develados.

Pero si todo esto suena extraño, lo es aún más el hecho de que en el “libro de pinturas” Aponte da continuidad al imaginario etíope nada menos que con un imaginario concentrado en las hazañas militares del Batallón de Pardos y Morenos Libres de La Habana. En las láminas dedicadas al tema aparecen los antepasados de Aponte, y el batallón mismo en combate contra los ingleses, y se sugiere la dependencia de España de esos batallones para mantener la hegemonía sobre Cuba. Hay, además, un retrato del mismo Aponte con su nombre al pie, aunque quienes tuvieron ocasión de verlo opinaron que no guardaba semejanza alguna con el retratado. Chacón declaró durante los interrogatorios que habiendo preguntado a Aponte por qué incluía su propio retrato en el libro junto a los de Henri Crhistophe, Dessalines y Washington, Aponte le respondió que lo hacía para mostrar que él era persona grande, pues cuando todo se hubiera consumado en la isla, “lo encontrarían a él hecho rey”.

Aunque Aponte declaró en prisión que su intención al confeccionar el “libro de pinturas” había sido obsequiarlo a Su Majestad el rey de España, el significado de algunas láminas sugiere propósitos diferentes. Por ejemplo, aquella donde se recrea la célebre anécdota del encuentro entre el filósofo griego Diógenes el Cínico —el mismo que cubría su desnudez con un tonel y buscaba con la débil llama de un candil un hombre honrado—, y Alejandro Magno, quien preguntó al filósofo cuál era su mayor deseo, y aquel le respondió: “Apártate, que me ocultas el sol”. Pero Aponte, aunque mantuvo a Diógenes en la lámina, cambió a Alejandro nada menos que por Rodrigo, el último rey visigodo de España, el mismo que perdió Al-Andalus ante las tropas de los generales moros Musa y Tarik, y por cuya debilidad como rey y guerrero España sufrió ocho siglos de dominación musulmana. En la lámina Diógenes toma en sus manos dos puñados de tierra y ante la mirada de Rodrigo modela con ellos el cetro y la corona de España, mientras sobre su cabeza aparece la imagen de la diosa Isis. Cuando los interrogadores preguntaron a Aponte cómo pudo Diógenes hacer tal milagro, Aponte les respondió —en mi opinión con mucho tupé— que “con la ayuda de Isis”. Al parecer, nadie reparó en el escarnio feroz que se ocultaba tras el hecho de que un filósofo cínico, quien despreciaba todo bien material, amasara los símbolos del poderío real de España nada menos que con un vil montón de arcilla; nadie pareció recordar en aquella celda de La Cabaña (y tampoco después) el versículo bíblico Pulvi eris et in pulvi reverteris (Polvo eres y al polvo volverás). Para Aponte debió resultar muy gratificante vaticinar con relativa impunidad la reducción a polvillo de la monarquía española.

El espacio disponible para este artículo me impide describir aquí en detalle muchas otras láminas del libro, las cuales me ayudarían a sustentar mi impresión de que Aponte era consciente de que su condición de negro en una sociedad dominada por blancos, de pobre en una sociedad dominada por ricos, y de conspirador contra un régimen poderoso altamente represor lo colocaban en una posición sumamente vulnerable, y hacían de él un coloso con pies de barro que podía perder la base en un instante y desmoronarse con estrépito, como finalmente sucedió. Los seis años dedicados a la confección de su “libro de pinturas” indican que le concedía gran valor, y por tanto debía proteger su obra de imprevistos fatales, incluso tal vez más que a sí mismo. Creo que el recurso que eligió para este doble propósito fue la polisemia. Creo que compuso cada lámina de modo tal que ofreciera más de una posibilidad de interpretación (una falsa e inocente, otra real y “culpable”), y utilizó esta superposición de planos semióticos a manera de un sistema de encriptación. Creo más: es posible que creara láminas que además de tener más de un significado en sí mismas, contaminaran y volvieran ambiguos los significados de otras láminas del conjunto. Releyendo La estructura ausente, de Humberto Eco, reparé en ciertas afirmaciones que apoyarían mi suposición:

Queda por definir la posibilidad de mensajes que, emitidos en parte siguiendo las reglas del código, de hecho las violan y se estructuran como mensajes ambiguos. Mensajes que, con todo, actuando dentro de una cultura, contribuyen a modificar radicalmente los códigos; no a reestructurarlos a otro nivel y siguiendo sus reglas, sino a cambiar radicalmente las reglas. Este es el problema de los códigos que desde su interior pueden generar una posición dialéctica que los niega. […] Un mensaje totalmente ambiguo resulta extremadamente informativo,  pero […] puede quedar reducido un puro desorden […] porque predispone para un número elevado de selecciones interpretativas. Cada significante se carga de nuevos significados, más o menos precisos, no a la vista del código de base, que en realidad es infringido, sino a la luz del idiolecto que organiza el contexto, y a la luz de nuevos significantes que reaccionan uno con otro, como para buscar el apoyo que el código violado ya no ofrece. De esta manera la obra transforma continuamente sus propias denotaciones en connotaciones, y sus propios significados en significantes de otros significados.

Según Eco, la creación de un nuevo código, en especial si ocurre con referencia a una obra de intención estética —como sin duda era el “libro de pinturas”— equivale a la creación de un idiolecto o código privado e individual del parlante. Si mi hipótesis sobre la obra de Aponte fuera en algún grado cierta, ello, unido al hecho de que Aponte se apropió de complejos culturales que le eran ajenos tanto por su clase social, su raza, su verdadera religión y por el hecho de haberlos aprendido prácticamente en solitario, no poseía un dominio total de códigos tan variados y diversos, porque no era un humanista, no era un erudito, y en su intento de resemantizar tantos imaginarios no pudo sustraerse a algún grado de confusión o falta de control ya fuera de la materia como de las ideas que deseaba comunicar a través de sus láminas. No puedo aceptar la certeza de que cada imagen, cada composición, cada lámina y todas las casi infinitas relaciones que podrían establecerse entre los múltiples elementos que usó en su libro hayan sido diseñadas siguiendo un férreo orden de asignaciones completamente libre de errores.

Aún si lo que digo fuera cierto, convengo en que la expresión “teología política” con que algunos estudiosos han intentado caracterizar el “libro de pinturas”, conviene a las intenciones de Aponte, quien intentó reescribir la Historia devolviendo a su raza y a sus orígenes el lugar que él estaba convencido que merecían. Si hubiera resistido a la seducción del poder absoluto, o si, en cambio, su proyecto fue desde el principio cambiar el estatus colonial de Cuba por el de una monarquía negra con la corona sobre su propia cabeza, estaría pensando como un hombre de su época y condición —¿o acaso no acabó en trono sangriento la Revolución vecina que nació República?—, pues el incipiente modelo democrático de las Trece Colonias, cuya revolución independentista precedió a la de Haití, era aún demasiado nuevo como para desplazar en el imaginario social del Nuevo Mundo al modelo monárquico. Si soñaba con masacres de blancos, como ocurrió en Haití y Santo Domingo, o realmente pensó crear en Cuba una sociedad mejor basada en la igualdad y el respeto a la vida y a la dignidad humanas, ya jamás lo sabremos. Pero sospecho que su libro no estaba destinado únicamente a adoctrinar a los esclavos, a los analfabetos, a los ignorantes y aún a aquellos que sin serlo carecían de conciencia política, a quienes hubiera tenido que comenzar por enseñarles el significado aislado de cada una de las figuras usadas para componer las imágenes, lo que habría sido el equivalente de trasmitir a cada uno de los destinatarios  su propia cultura personal, que era vastísima. Yo siento que su propósito último, el más entrañable, estuvo dirigido a perpetuar para la posteridad una vindicación de África; pienso, como otros estudiosos del tema apontino, que con su obra quiso colocar la monarquía abisinia o etíope en pie de igualdad con las monarquías europeas, y también quiso encumbrar a Cuba como nación multirracial. Su “libro de pinturas” no fue una obra didáctica para un tiempo finito, sino un continuum para los siglos venideros. Quién sabe si un hombre tan extraordinario como José Antonio Aponte hubiera sido capaz, si no lo hubieran traicionado en tantas formas, de llevar hasta el final la causa de liberté, igualité, fraternité que cambió la historia del mundo. O tal vez no. Estamos moviéndonos en territorios de la teoría de lo indemostrable.

 El “libro de pinturas” desapareció tras la muerte de su creador. ¿Cuál fue su destino? Otra respuesta que jamás obtendremos. Pero como la mente humana se resiste ante la incompletud, yo prefiero guardar en mi memoria la última escena de la magnífica novela Una Biblia perdida, del escritor villaclareño Ernesto Peña, donde tras la muerte de Aponte, una chalupa zarpa del puerto de La Habana en la oscuridad, para llegar hasta una silenciosa embarcación que espera mar afuera, y unos hombres embozados se empinan para entregar a la tripulación un envoltorio. Así, la literatura abre la puerta una vez más a la esperanza: que el “libro de pinturas” del negro cubano José Antonio Aponte, primer ideólogo del panafricanismo en El Caribe, no se disuelva en la categoría de trabajos de amor perdidos, y algún día, por quién sabe qué mágica o misteriosa vía regrese a la luz, para terminar la obra de su creador y ayudar al justo equilibrio de una Humanidad que aún lo necesita.

COMPOSICIÓN[1] Después del desembarco de los soldados franceses, Christophe ordenó a los habitantes de la ciudad que la incendiaran, incluyendo todos los edificios públicos. Cumplió con su promesa; pero al final de abril de 1802 dio un giro inesperado al aceptar someterse a las órdenes del capitán general Leclerc, y además liberó a más de 2,000 rehenes blancos (antiguos colonos) a cambio de que Francia le permitiera mantener su grado de General.[1]

 [2] El título del blog al que pertenece la segunda parte de la cita es Remembranzas, y cita como fuentes documentales las siguientes obras: “Estudio y Soluciòn Nueva de la cuestión Haitiana, de R.Lepelletier de Saint-Remy; Frank Moya Pons, “Manual de Historia Dominicana”; J.C. Dorsainvil, ¨Historia de Haiti”; “Invasiones Dominicanas”, Emilio Rodriguez Demorizi; La Viña de Naboth, Tomo I, Sumner Welles.

 [3] Tras la muerte de Christophe, su viuda y las “princesas” se exiliaron en Italia, donde vivieron con cierto boato y sumidas constantemente en el temor de que los italianos las confundieran con mujeres africanas.

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Humanidad de marfil: las maravillosas crisoelefantinas

 

Personaje de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, que revolucionaron el arte en Europa.

Personaje de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, que revolucionaron el arte en Europa.

 Cuando yo era una joven estudiante de literatura, mis condiscípulos de la Escuela Nacional de Instructores de Arte descubrimos en una callejuela deCentro Habana la vivienda de un misterioso anticuario llamado Fortún, quien vendía a precios asequibles los libros de viejo que jamás habríamos encontrado en otra parte. Su casa era un pequeño universo poblado con objetos sorprendentes y variados, desde una Historia de la prostitución en dos tomos —que Fortún mantenía oculta bajo un librero para alguno de sus clientes “especiales”—, hasta un diminuto samovar de plata labrada. Sí, la guarida de Fortún era un lugar mágico, y fue allí donde yo vi por primera vez una crisoelefantina.

Más o menos una imagen como esta fue la que decubrí en la vivienda del anticuario.

Más o menos una imagen como esta fue la que decubrí en la vivienda del anticuario.

Tras este raro nombre, que proviene de las santo_7105palabras griegas chrysos (oro) y elephantinus (marfil), se agrupa un número desconocido de enigmáticas figuras, y digo enigmáticas porque casi todos hemos visto al menos una, aunque sea en una revista, pero muchas personas no tienen idea de lo que son. Al final, las crisoelefantinas no son otra cosa que esas figulinas bellísimas con cuerpo de metal u otros materiales y carnes de marfil. La que poseía Fortún era un san Francisco de Asís de un metro de alto, con sotana de bronce y manos y cabeza de un blanco cerúleo que daban al santo un aura espectral.

Las crisoelefantinas tienen un origen remotísimo, pues ya existían en Mesopotamia y el Egipto faraónico. La colosal estatua de Palas Atenea, de doce metros de altura, esculpida por Fidias para la Acrópolis de Atenas, era una crisoelefantina con cuerpo de oro puro, incluidos la lanza, el escudo, la pequeña niké , el casco y las sandalias, mientras el rostro, brazos, manos y pies eran de marfil, al igual que la estatua de catorce metros de Júpiter Olímpico, hecha por el mismo artista para el templo de Olimpia. Ambas se cuentan en la nómina de las siete maravillas del mundo antiguo. Podemos suponer que las mansiones de los nobles atenienses lucirían esta clase de adornos como mismo hoy nosotros decoramos nuestras viviendas con cerámicas vistosas.

Reproducción del original a partir de modelos a pequeña escala encontrados en el taller de Fidias

Reproducción del original a partir de modelos a pequeña escala encontrados en el taller de Fidias

 Las crisoelefantinas eran construidas sobre una base de madera, en la cual se iban colocando los bloques tallados de marfil y metal. Algunas tenían ojos y joyas tallados en piedras preciosas o semipreciosas. Para el uso ritual de estas figuras en los templos se sustituía modestamente el oro por madera. Un dato curioso: las grandes estatuas con cuerpos de oro servían como reserva de este preciado metal en tiempos difíciles para Atenas y otras ciudades griegas; los bloques áureos podían ser retiradas para fundirlas como lingotes o monedas, operación que, cuando volvían los tiempos de bonanza, se llevaba a cabo a la inversa. Con ese fin la niké portada por la Atenea de Fidias en su brazo derecho fue fundida en oro macizo.

Las crisoelefantinas nunca dejaron de ser esculpidas, pero sufrieron el destino que acosa siempre al oro, y la inmensa mayoría fue destruida durante las guerras y saqueos que asolaron la Antigüedad y la Edad Media, como parecen atestiguar los escasos hallazgos arqueológicos de restos quemados de estas figuras. Otro número de ellas debió perecer a manos de las sectas religiosas que estigmatizaban las imágenes en el mundo cristiano. No sería disparatado especular que en Bizancio, corazón del imperio griego medieval, debió sobrevivir la tradición de esculpir crisoelefantinas, pero pocas habrían sobrevivido a la batalla contra las imágenes que durante siglos se libró en aquella ciudad.

Leopoldo II de Bélgica, el genocida del Congo

Leopoldo II de Bélgica, el genocida del Congo

Un acontecimiento tan ajeno a la cultura como las guerras imperialistas europeas en África fue decisivo para recolocar las crisoelefantinas en el punto de mira de los creadores y los mercados de arte. Ya en 1855 fueron mostradas en la Exposición de París pequeñas reproducciones de las obras de Fidias, halladas por los arqueólogos entre las ruinas de uno de sus talleres. El interés del público fue notable. Unos años más tarde se apropió del Congo uno de los más siniestros genocidas que ha conocido el mundo: el rey Leopoldo II de Bélgica, quien inmoló más de trece millones de vidas de nativos congoleses esclavizándolos en la extracción de caucho.

Estas empresas de conquista a gran escala no se limitaron a la explotación de la goma, y tuvieron, entre otras consecuencias, la aparición en Europa de una venta floreciente de colmillos de elefante. Pero los comerciantes de marfil no tardaron en comprender que su mercancía no despertaba el ansiado interés entre los compradores. Hoy tal vez ya no sea posible saber quién tuvo la brillante idea de rescatar del pasado la creación de crisoelefantinas para estimular el consumo de marfil, pero lo cierto es que dio resultado.

A finales del siglo XIX el Art Nouveau, con su gusto por la línea curva y las circunvoluciones de estática milagrosa, fue el marco ideal para la producción de crisoelefantinas de gran belleza rodeadas de motivos vegetales: hojas de vid, flores y frutos de todas clases, lianas silvestres, y hasta laureles que sostenían el huidizo cuerpo de ninfas asustadas, pues los temas mitológicos y legendarios abundaron en ese estilo como fuente de inspiración. Las criselefantinas Art Nouveau suelen representar personajes mitológicos, estereotipos orientales o figuras femeninas tratadas de manera simbolista a medio camino entre el mundo real y el mundo de la fantasía. Artistas como Théodore Rivière (1857-1912), Ernest Barrias (1841-1905) o Jean-Léon Gérome (1824-1904), animados por las posibilidades de este material, comenzaron a investigar con él en sus creaciones. Estos primeros acercamientos a la escultura criselefantina realizados por los artistas consagrados del momento fueron alabados por la crítica. 

La gran actriz trágica Sarah Bernhardt.  Jean Leon Gerome. Ejemplo de crisoelefantina Art Nouveau

La gran actriz trágica Sarah Bernhardt. Jean Leon Gerome. Ejemplo de crisoelefantina Art Nouveau

Pieza de estilo Art Nouveau. Jean Leon  Gerome

Pieza de estilo Art Nouveau. Jean Leon Gerome

 El oro, metal original de las primeras crisoelefantinas, fue sustituido en buena parte por el bronce, la plata y la porcelana. Sin embargo, el verdadero auge de las crisoelefantinas llegó con el art deco en las primeras décadas del siglo XX, marcadas por la inminencia de la Primera Guerra Mundial, que pareció acicatear el placer de vivir y el ansia de voluptuosidad y belleza de millones de seres humanos, y con el influjo de

Serge Diaghilev, aristócrata ruso fundador de la compañía de los Ballets Rusos

Serge Diaghilev, aristócrata ruso fundador de la compañía de los Ballets Rusos

uno de los acontecimientos culturales más significativos de los tiempos modernos: la presentación en París, en 1909, de la compañía de los Ballets Rusos del empresario y coreógrafo Serge Diaghilev, con sus danzas nativas rusas o “polovtsianas”, su repertorio basado en temas eslavos provenientes de un folclore de inaudita riqueza desconocido para la Europa occidental, un vestuario exótico y colorido de inspiración oriental, a cargo de diseñadores como Chanel, Picasso y Matisse, todo ello acompañado por partituras de

Erik Satié, compositor de origen bretón que hizo la música del ballet Parade para la compañía de los Ballets Rusos

Erik Satié, compositor de origen bretón que hizo la música del ballet Parade para la compañía de los Ballets Rusos

grandes músicos rusos como Piotr Tchaivovsky, Rimsky-Korsacof, Prokofiev y otros, y de maestros de la época como Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Claude Debussy, Francis Poulenc y Erik Satié, e interpretado por bailarines rusos de extraordinaria calidad, estrellas como Nijinsky, cuyas proezas danzarias nadie ha podido igualar, deslumbraron al gran público europeo, y muy pronto pintores y escultores de varios países se lanzaron a atrapar en sus creaciones momentos gloriosos de aquellos rutilantes espectáculos.

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La celebración en París en 1925 de La Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales, marcó un hito en la historia de las crisoelefantinas, al dar a conocer internacionalmente la obra del escultor rumano Demetre Chiparus, inspirada en los Ballets Rusos. Sus piezas reproducían a los bailarines de Diaghilev en posturas culminantes de las coreografías de la compañía.

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Criselefantinas de Chiparus

Criselefantinas de Chiparus

Las criselefantinas francesas por lo general muestran un gran gusto por el detalle. El bronce está trabajado con técnicas de joyería y sus acabados imitan a la perfección texturas y relieves. Buen ejemplo de ello son las veinte criselefantinas de Demetre Chiparus,  danzarinas misteriosas, criaturas cristalizadas en toda su teatralidad gestual. Los cuerpos presentan posturas que parecen dispuestas  a desasirse de la tierra  y emprender un vuelo infinito en absoluto desafío a los dictados del equilibrio. Ellas visten fastuosos trajes de bronce primorosamente trabajados que imitan las texturas de los tejidos y los relieves de los bordados y accesorios; ofrecen a la vista el regalo de unos cuerpos primorosamente modelados, envueltos en corpiños pegados y faldas sabiamente plisadas o pantalones ajustados o anchísimos, capas y turbantes de bronce coloridos con gran maestría, mediante el empleo de esmaltes y óxidos para obtener colores difuminados. Figuras exquisitas, dechados de gracia y naturalidad, llenas de verdadera vida, de gentileza y armonía.

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Otro de los grandes creadores de criselefantinas es Colinet, con figuras que enervan por las extraordinarias torsiones de los cuerpos y la osadía sin límites en la expresividad del movimiento.

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Las criselefantinas alemanas y austriacas permitían, en cambio, un proceso más industrial. Los acabados del bronce eran sencillos, con superficies lisas que reservan las aplicaciones a algunos detalles. Estas obras destacan por la vivacidad de sus esmaltes y por su moderno diseño. Destacados creadores alemanes fueron Ferdinand Preiss y Arthur Kessler, con sus esculturas realizadas en bronce pintado y marfil coloreado.

Danzarina del fuego, Ferdinand Preiss

Danzarina del fuego, Ferdinand Preiss

Crisoelefantina del alemán Ferdinan Preiss

 Ferdinand Preiss

Otros destacados escultores de crisoelefantinas fueron Wolfgang Boehm, que trabajó en Londres; el ruso Samuel Grün, quien produjo su obra en París y Londres; Maurice Guiraud-Rivière, que también trabajó en París; el alemán Ernst Gustav Jaege, quien realizó lo mejor de su producción en el Berlín de 1930; el vienés Roland Paris, uno de los fundadores de la escuela arquitectónica Bauhaus, el español Juan Clará; los franceses Gerdago, Bouraine y otros muchos nombres.

Bouraine. Pierrot con lámparas. Las crisoelefantinas comienzan a compartir su condición de adornos con la de objetos utilitarios

Bouraine. Pierrot con lámparas. Las crisoelefantinas comienzan a compartir su condición de adornos con la de objetos utilitarios

 En las crisoelefantinas Art Deco sus creadores mantuvieron para las pieles el uso del marfil, en el que aprovechaban o coloreaban las vetas naturales del colmillo con fines de diseño, pero para las ropas, adornos y otros accesorios emplearon materiales que abarataron costos y permitieron su enorme comercialización: ónix para las bases de forma cuadrada, rectangular, escalonada y hasta esférica, en las que solían aprovechar las variadas tonalidades de esta piedra que iban, en diferentes gradaciones, desde el marrón, el verde y el amarillo hasta los ámbares y naranjas; usaron, además, bronce, plata, mármol, laca, resinas, carey, piedras preciosas y semipreciosas, nácar, esmalte, pizarra y otros materiales, y procedimientos como el patinado de bronce que aumentaban el impacto visual de las figuras. La viva expresión del movimiento caracteriza a las crisoelefantinas Art Deco, y yo señalaría, además, la gracia infinita de los gestos, basados en el más absoluto naturalismo.

Diseño de vestuario para bailarina del ballet El pájaro de fuego, de León Bakst

Diseño de vestuario para bailarina del ballet El pájaro de fuego, de León Bakst

Aparte de la inspirada en los Ballets Rusos, hubo otra línea de creación que representaba mujeres de la época en poses altivas y arrogantes, emblemáticas de la feminidad Art Deco, librepensadora, independiente y rupturista de convencionalismos, con un estilo de adorno y vestuario más sencillo y funcional que el de la mujer art nouveau. Ellas llevan el cabello corto y liso, según la moda art deco, mientras las crisoelefantinas Art Nouveau tienen cabelleras largas y onduladas.

Este conjunto de "Tres Gracias" Art Deco destaca por la  extraordinaria levedad, la gracia y el ritmo del movimiento, en una composición realmente exquisita

Este conjunto de “Tres Gracias” Art Deco destaca por la extraordinaria levedad, la gracia y el ritmo del movimiento, en una composición realmente exquisita

Otra línea estuvo dedicada a figuras mitológicas y legendarias, y aún otra, con una menor producción, consagrada a figuras religiosas de diversas culturas.

Pareja de amantes medievales. Ernst Seger

Pareja de amantes medievales. Ernst Seger

Representación de una princesa rusa paseando a sus galgos

Representación de una princesa rusa paseando a sus galgos. Le Faguays

Entre los bailarines más representados estuvieron las norteamericanas Josephine Baker —la sensual Platanitos—, la estatuaria y majestuosa Isadora Duncan y el ruso Nijinsky.

La genial, inmensa, insuperable Isadora Duncan

La genial, inmensa, insuperable Isadora Duncan (fotografía)

Vaclav  Nijinsky, el bailarín más grande de tods los tiempos

Vaclav Nijinsky, el bailarín más grande de tods los tiempos

La estrella norteamericana del music-hall Josephine Baker, la sensual "Platanito!, en una audaz y precursora estilización que ya casi nopuede llamarse crisoelefantina

La estrella norteamericana del music-hall Josephine Baker, la sensual “Platanito!, en una audaz y precursora estilización que ya casi nopuede llamarse crisoelefantina

Asombran las posturas de suspensión provenientes de las más osadas coreografías, como la de aquella célebre figura de Chiparus que se sostiene sobre los dedos en punta de un pie apoyados en la superficie de una esfera; los brazos se extienden en líneas aerodinámicas y los cuerpos muestran torsiones de inaudita tensión.

Aunque el motivo resulte algo kitch, esta obra deslumbra

Aunque el motivo resulte algo kitch, esta obra deslumbra

Esta es una de las crisoelefantinas más impactantes. No sé si es de oro, ¡pero como si lo fuera!

Esta es una de las crisoelefantinas más impactantes. No sé si es de oro, ¡pero como si lo fuera!

 Entre las crisoelefantinas Art Deco hay pocas piezas únicas, pues ante la alta demanda de un público elegante y rico, los artistas aprovecharon el molde de cada pieza para hacer entre tres y diez reproducciones de cada diseño. Las piezas de marfil de las copias se tallaban a mano, aunque siguiendo fielmente el modelo original. También fueron creadas crisoelefantinas como complemento decorativo de lámparas, relojes y otros objetos de valor utilitario. Las crisoelefantinas auténticas o firmadas por creadores afamados nunca fueron baratas, pero en la actualidad alcanzan precios delirantes en subastas y tiendas de antigüedades. Sin mencionar el conjunto de regulaciones legales que en algunos países se relaciona con ellas, como, por ejemplo, en España, donde es preciso certificar que la obra lleva más de 23 años en el país para poder sacarla de sus fronteras. Estas son, pues, las crisoelefantinas, prodigios del arte de Occidente que, una vez vistas, jamás podrán ser olvidadas.

 

 

 

 

 

 

 

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Rarezas de la arquitectura republicana habanera

 

Esta casa está envuelta en un aura muy misteriosa

Esta casa está envuelta en un aura muy misteriosa

Santos Suárez es una barriada tan interesante como El Vedado en lo que a arquitectura, historias y secretos se refiere. Durante muchas tardes me dediqué a recorrer esas viejas calles en las que a menudo se revela al ojo atento el espectáculo de ciertos rincones deliciosos donde quedó atrapado el tiempo inexorablemente. Encontré muchas extrañas edificaciones como salidas de un grabado misterioso o de un raro ensueño; muchos jardines recoletos, rendidos para siempre a la penumbra de una dulce agonía: acá un azulejo que de milagro sobrevive bajo una pátina deslavada, allá fragmentos de una glorieta entreverada de lianas, y esos restos de estatuas y capiteles cubiertos por la huella del tiempo… Tomé fotos con una cámara digital no profesional entre las cinco y las siete de la tarde de un día otoñal habanero. La hora de la sadia, momento en que el alma se aquieta y comulga mejor con la poesía de la naturaleza. La luz era sencillamente indescriptible. No hay palabras.

     Fue en un jardín yermo de Santos Suárez donde único he visto esta imagen surrealista y llena de encantadora magia: una cabeza de mármol, que alguna vez perteneció al cuerpo lleno de gracia de una koré, yacía semihundida en la tierra, dando al caminante la impresión muy viva de asistir al enterramiento suplicial de una doncella. Una escena antigua, quien lo duda, pero repentinamente animada para el espectador que la descubre de golpe, untada del frescor de la sorpresa, llena de poesía. Benítez Rojo no inventó las estatuas sepultadas. Tan solo fue su bardo enamorado.

     Como casi toda la arquitectura cubana, la de Santos Suárez estuvo marcada desde sus inicios por el eclecticismo. De las construcciones originales levantadas en las primeras parcelas quedan ya muy pocas muestras. Pudo haber entre ellas algún que otro palacete de piedra, pero casi todas fueron casas de madera, y sus primeros propietarios comenzaron a construirlas en los albores de la República.

      La ciudad crece y va poblándose a un ritmo vertiginoso. Las mansiones de los años veinte y treinta se caracterizan por presentar una fantasiosa composición de sus fachadas, en las que se combinan elementos moriscos, medievales, góticos y hasta una rara mezcla de motivos grecoetruscos bastante desconcertante, pero también muy sugerente. El estilo neoclásico tiene hermosos exponentes no solo en mansiones adornadas por los tres órdenes de columnas, sino también en jardines donde aún brillan bajo el sol las ruinas de pérgolas heridas y figuras de mármol erosionadas por el viento y la lluvia.

     Las décadas del cuarenta y el cincuenta traen consigo los confortables chalets de influencia norteamericana, sin que por ello se renuncie a continuar líneas y estilos que ya caracterizaban anteriormente la urbanización de la zona. Junto a viejas casonas coloniales surgen edificios de estilo Art Deco, y a la vera de sombrías moradas enclavadas sobre montículos nacen a la luz viviendas ultramodernas. Junto a la ventana pequeña de mediopunto europeo, se abren a la brisa el gran ventanal encristalado y la ventana Miami; junto al portón de roble con remotos llamadores de bronce patinado, las nuevas puertas funcionales de reluciente barniz; junto al porche umbroso custodiado por antiguos flamboyanes, donde se aprecia aún la sombra del coche ausente, la mirada encuentra el garaje moderno ocupado por el Volvo o una Zuzuki olorosa a pintura fresca. Todo mezclado, como le gusta a San Berenito, ese inquieto compactador de diabluras.

Esta casa, que aún es impresionantemente hermosa, funciona hoy como un solar. Observen qué bellos juegos de luz adornan el piso bajo. Todas estas fotos fueron tomadas entre las cinco y las siete de la tarde de un día de otoño habanero.

Esta casa, que aún es impresionantemente hermosa, funciona hoy como un solar. Observen qué bellos juegos de luz adornan el piso bajo. Todas estas fotos fueron tomadas entre las cinco y las siete de la tarde de un día de otoño habanero.

     Son muchas las construcciones que han despertado mi admiración en Santos Suárez, y no quisiera dejar sin mencionar entre ellas una inexplicable torre redonda cuya función nunca he logrado esclarecer, o el bellísimo y romántico castillo almenado y manchado por nubes de moho que hoy alberga al museo municipal. Pero en particular, dos casas me han sumergido en contemplación casi extática.

   La primera de ellas es el número 158 de la calle Estrada Palma, originalmente conocida como Avenida Estrada Palma, entre Alcalde O’Farrill y Heredia. Se trata de un vetusto bungalow de tablas con interesantísimo trabajo ornamental en su techumbre a dos aguas, formado por una como a manera de manta con varias capas de conchas superpuestas. Residentes muy antiguos del lugar aseguran que esta vivienda fue construida en 1909, cuando aún no había otras en los alrededores, por entonces meras parcelas boscosas que recién comenzaban a ser adquiridas por sus primitivos propietarios.

Esta es, probablemente, una de las primeras viviendas construidas en la urbanización de Santos Suárez

Esta es, probablemente, una de las primeras viviendas construidas en la urbanización de Santos Suárez

     Esta casa me interesó mucho desde que la vi por primera vez, no solo por sus raros elementos decorativos, sino por sus ventanas de listones quebrados que contemplan el entorno como pupilas tristísimos; y por las dos figuras que custodian el acceso al portal, un par de estatuillas gemelas de las llamadas guardieras, colocadas al pie de las delgadas columnas que sostienen la arquitectura del techo. Esculpidas en piedra, desde hace mucho perdieron cabeza y rostro, pero sus cuerpos antropomorfos, modelados con dulces y regordetas formas infantiles, presentan una pose acuclillada y están envueltas por enormes alas membranosas. En un primer momento las tomé por restos de angelones, pero luego descubrí sus pies, que en lugar de graciosos deditos de niño presentan unas monstruosas patas de tres dedos terminadas en diabólicas zarpas que me recordaron de inmediato las gárgolas y endríagos de las catedrales medievales. Sentí una viva repulsión ante su aspecto, pero no dejé de apreciar su gran belleza, y con mucho gusto me las hubiera llevado para integrarlas a mi colección de tesoros personales si su tremendo peso no me hubiera impedido robarlas. Buscando referencias a estas extrañas esculturas, las hallé descritas como motivos propios del modernismo catalán que tanta influencia tuvo en cierta arquitectura de La Habana.

     Mi insaciable curiosidad periodística me llevó hasta unas encantadoras ancianitas vecinas del bungalow, quienes además de mostrarme gentilmente un interesantísimo álbum con fotos de época donde aparecía la casa en cuestión recién fabricada, me revelaron el nombre de sus primeros propietarios: familia Centenat, apellido incuestionablemente catalán. Me contaron que el señor Centenat, último sobreviviente de su estirpe, era un hombre solitario y huraño que rehuía el contacto con cualquier ser humano. Este detalle, junto con la imagen de la casa, se me quedaron tan hondamente grabados en la memoria que al escribir mi novela El viaje del pez oscuro introduje el bungalow y su misterioso dueño catalán en medio de un episodio que me costó trabajo terminar, pues se reproducía a sí mismo una y otra vez, desatándose en una incesante producción de fabular literario que a duras penas conseguí dominar.

     Después del mítico Centenat, otras familias habitaron el inmueble hasta que sus últimos ocupantes lo abandonaron hace aproximadamente unos quince años. Ahora tiene su parte trasera caprichosamente cercenada del cuerpo principal y convertida en una vivienda cuyo interior es la viva imagen de la desesperanza. Todo el resto de la casa ha sido transformado por manos anónimas e insensibles en almacén de botellas vacías y refugio de asquerosas alimañas. En derredor del edificio la calle sin asfaltar está sembrada de cascotes y residuos de albañilerías ajenas. Siento pena profunda al ver cómo la naturaleza, con sus fuerzas inclementes, se ocupa de ir borrando lentamente del paisaje lo que aún sobrevive de esta antiquísima, hermosa y única pieza arquitectónica de su estilo en la localidad.

     Con mejor suerte, el número 109 de la calle Heredia entre Estrada Palma y Luis Estévez, que durante décadas perteneció al crítico e investigador literario José Prats Sariol, ha sido declarada desde hace varios años patrimonio arquitectónico municipal. Esta casa de apariencia insólita, con su techo a dos aguas, su vitral frontal y su torreta de aguja angular, parece arrancada de una tarjeta de viajes y colocada arbitrariamente en medio de ese jardincito escuálido. También data de 1909. Según cuentan sus propietarios fue construida por una familia de origen judío de apellido Samuel, cuyo hijo, enviado a estudiar Ingeniería en Rótterdam, Holanda, regresó de aquel país muy influido por su arquitectura típica.

Casa de estilo Art and Craft. Aú era espléndida en los últimos años de la década de los 80

Casa de estilo Art and Craft. Aú era espléndida en los últimos años de la década de los 80

     Sin embargo, en el número 22 de 1996 de la revista especializada Journal of Decorative and Propaganda Art. Cuba Theme Issue, publicada por la Wolsson Fundation e impresa en Japón, esta misma casa aparece descrita y clasificada como perteneciente al estilo arquitectónico de la escuela Art and Craft. Y aquí sería donde estribaría el inmenso valor arquitectónico del inmueble, no solo por tratarse de una de las pocas, o quizás la única pieza de dicho estilo existente en Cuba, sino porque este estilo en sí mismo, por sus características tan peculiares, tiene muy pocos exponentes en el mundo entero.

     La historia de lo que se conoce en diseño como la escuela Art and Craft es de singular interés y belleza. Sus orígenes se encuentran en los años finales del siglo XIX, cuando tres jóvenes pintores poseídos por ideales tan románticos como los que suelen caracterizar a las edades más tempranas de la vida, se rebelaron contra el predominio de la pintura academicista en la plástica de su país.

     Imbuídos por la mentalidad nacionalista del movimiento estético conocido como Romanticismo, proclamaban que los pueblos europeos debían recuperar sus verdaderas raíces culturales, las cuales, en el caso de Inglaterra, eran celtas.

     Como el movimiento romántico tenía un profundo interés por todo lo que proviniera de la Edad Media, la Hermandad Prerrafaelita (porque su pintura seguía los postulados de la pintura anterior a Rafael), fundada en sus inicios por Dante Gabriel Rosetti, William Holmann Hunt y Jhon Everet Millais, comenzó a producir un arte de inspiración celta y medieval que creó obras de intensa y singular belleza. Muy pronto otros jóvenes artistas se sumaron a esta impresionante aventura del intelecto y el espíritu, entre ellos el arquitecto y por entonces también pintor William Morris.

     La naturaleza revolucionaria e inconforme de Morris lo llevó a rebelarse contra la homogeneidad de los diseños industriales que se habían apoderado de los mercados de la época. Convencido de que la industrialización solo era capaz de producir artículos de un dudoso arte en serie sin ninguna creatividad ni valor estético real, se erigió en defensor acérrimo de la recuperación del sistema medieval de gremios o corporaciones de artesanos, alegando que solo la artesanía era capaz de elevar la simple decoración al rango de verdadero arte.

     En 1859, habiendo contraído matrimonio con una de las mujeres más bellas de Inglaterra y más cotizada modelo dentro del grupo de los pintores prerrafaelitas, Morris diseñó para ella una hermosísima mansión a la que dio el nombre de La Casa Roja. Construida por el arquitecto Philipp Webb en Bexley, condado de Kent, resultó una estructura de ladrillos rojos con altas agujas, ventanales y puertas enmarcados en arcos góticos, ventanas de ojo de buey, tejados de caída abrupta y un jardín de planta cuadrada cercado con muros de piedra, en cuyo interior florecían los setos de buganvilias. Esta residencia de líneas casi monásticas, concebida en el estilo del gótico campestre, marcó un hito en la arquitectura decimonónica al crear un estilo que unía a la belleza, la funcionalidad y la originalidad, lo mejor de las tradiciones celtomedievales de Inglaterra.

Vista panorámica de la Casa Roja de Williams Morris

Vista panorámica de la Casa Roja de Williams Morris

 

Un ángulo del jardín

Un ángulo del jardín

 

Pozo cubierto

Pozo cubierto

        Para amueblar el bello paraíso destinado a su joven esposa, Morris desechó los muebles victorianos entonces de moda, y junto con otros arquitectos y pintores de su círculo de amigos, diseñó todo el mobiliario y hasta las vajillas de su nueva morada, y para fabricarlos por métodos estrictamente artesanales montaron un primer taller que se constituyó en el núcleo inicial de lo que en 1861 se dio a conocer en el mundo del arte como la firma Art and Craft, de William Morris.

Este armario fue pintado por Elizabeth Siddal, esposa y musa de DanteGabriel Rossetti, para formar parte de la decoración interior de La Casa Roja.

Este armario fue pintado por Elizabeth Siddal, esposa y musa de Dante Gabriel Rossetti, para formar parte de la decoración interior de La Casa Roja.

     Durante años La firma de Morris diseñó todo tipo de objetos para interiores y uso cotidiano, incluso papel pintado para tapicería de paredes, ilustraciones para portadas de libros, cerámica, piezas de vidrio coloreado de exquisita belleza, alfombras, tejidos, joyería y muebles. A su inquieto talento creador se debe que su incursión en la industria gráfica haya dejado grabados únicos que constituyen hoy valiosas muestras del arte gráfico romántico.

     Los diseños de Morris se basaban en lujuriantes conjuntos de planos poblados por flores y pájaros, entrelazados en un armonioso y curvilíneo trazado inspirado en los antiguos relieves del arte celta del labrado de joyas y armas, así como también en las preciosas filigranas de los manuscritos medievales. Fue Morris quien puso de moda los motivos de la margarita, la madreselva, la tulipa y la violeta, que engarzados en una línea eternamente rizomática y grácil, presagiaban el Art Nouveau que le siguió. Su inagotable fantasía creó figuras inverosímiles donde animales reales fundían sus cuerpos con seres míticos, como aquel pavorreal en cuyo cuerpo se insertan miembros de dragón, volviendo así al arquetipo de la bestia multiforme que fascinaba ya a los hombres desde los tiempos de la Esfinge y la Quimera.

     Desgraciadamente los objetos preciosos y exclusivos facturados por Art and Craft resultaron demasiado caros para ser adquiridos por un público vasto, como era el deseo de Morris, impulsado por sus reconocidas tendencias socialistas, y solo los clientes ricos podían tener acceso a tales precios. Esto hizo abortar el deseo de Morris de que todas las personas pudieran vivir rodeadas de objetos estéticamente bellos, pero su esfuerzo no fue totalmente en vano, pues su empresa creó los cimientos del modelo artístico diseñado para la producción en serie. Sus aportes al diseño y edición de libros sentaron pauta internacional, y también en arquitectura quedó para siempre la impronta del estilo Art and Craft, que aunque tuvo breve tiempo de existencia y desapareció fusionado en el Art Nouveau, dejó obras de imperecedera belleza y altos valores conceptuales.

     A pesar de que el número 109 de la calle Heredia tiene tantos valores, pude percatarme de que un silencioso, pero indetenible deterioro va apoderándose de sus macizas paredes, de su techumbre y de sus estructuras interiores de maderas preciosas, de sus ventanales y vitrales y de sus suelos de madera pulimentada. Largas grietas corren por todas partes y la argamasa se desprende dejando heridas que duelen a quienes amamos las cosas hermosas. Nunca puedo evitar, al contemplar la agonía mortal de estas casas, un impulso interior de protesta que difícilmente consigo acallar, y me alejo discretamente con mi tristeza, mientras me digo que el Fin no es solo un atributo de la existencia humana, sino también el de todas las cosas, especialmente cuando ninguna sensibilidad alivia a tiempo los destrozos.

 

 

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Historia de Gordito

Este hermoso bebé perrito fue víctima de sadismo humano por parte de su dueña Eneida Duménigo

Este hermoso bebé perrito fue víctima de sadismo humano por parte de su dueña Eneida Duménigo

Quizá ya sea hora de contar aquí la historia del infeliz Gordito. Sus padres, Angie y Poblet, son una bellísima pareja de perros que se aman. Son mis perros. Hace once meses Angie dio a luz su primera camada de seis preciosos cachorros. Yo hice su parto, y mientras los bebés iban llegando, del otro lado de la reja, en el patio, Poblet esperaba como un padre humano, agitado, saltando, desesperado por reunirse con su compañera. Negrita fue la primera en nacer, y Gordito el último. Era una dulce bolita blanca, tibia. Cuando el amnios se rompió apareció un perrito que parecía ya criado, enorme, todo blanco y sonrosado, como un cerdito.

Miren, Gordito es el blanco de las orejitas sonrosadas.

Miren, Gordito es el blanco de las orejitas sonrosadas.

¡¡¡Era tan hermoso Gordito!!! Enseguida fue nuestro preferido. Pronto dio muestras de un gran instinto de independencia: se apartaba de la camada para dormir lejos, debajo de algún mueble. Nosotras comenzamos a acostarlo en el cuarto de mi hija, lo mimábamos más que a los otros, y yo soñaba con poder quedármelos a todos, pero sobre todo a Gordito, Negrita y Carmelín, las únicas dos hembritas de ese grupo. Nosotras decíamos: “Gordito quiere conocer el mundo”.

 

En la casa de Zapotes, donde nacieron, Gordito era el bebé más glotón.

En la casa de Zapotes, donde nacieron, Gordito era el bebé más glotón.

Pero mi esposo no lo permitió, y en mi presencia, contra mi voluntad, entregó a Gordito a una vecina, la vieja Eneida Duménigo, un ser malvado, tramposo y cruel. Ella había venido por Gordito ya tres veces, y yo siempre encontraba la manera de negárselo, pero ese día, por fin, se lo llevó. Le dije antes de que se fuera que yo no confiaba en ella porque sabía que había botado a su perrita anterior, la preciosa Malú, y que en cuanto se aburriera de Gordito nos lo devolviera. Fue una conversación desagradable, en la que fui directa. Eneida dijo que se quedaría con Gordito y le daría una vida buena. Jamás le creí.

Esta es Eneida Duménigo, la mujer que se llevó a Gordito y luego ... yo creo que lo mató.

Esta es Eneida Duménigo, la mujer que se llevó a Gordito y luego … yo creo que lo mató.

Dos meses después, cuando regresé a la casa de mi esposo tras una larga ausencia, él me dijo que Eneida había entregado a Gordito a una parienta adinerada de Matanzas. No lo creí, fui a la casa de Envida Duménigo y tuvimos una pelea muy fuerte donde trató de engañarme todo el tiempo. Ya ni recuerdo cómo logré averiguar que había abandonado a mi perrito en la iglesia La Milagrosa. El padre Luzarreta había visto a Gordito y se lo había pedido a Eneida Duménigo, pero ella lo abandonó de noche, en el patio del templo. El custodio se conmovió y recogió al bebé de solo dos meses, pero no pudo quedarse con él y lo entregó a un amigo suyo, alcohólico, que tiene una pequeña finquita en el parque de Las Pipas, en Santos Suárez. Cuando supe todo esto corrimos a buscar a Gordito, pero el señor nos dijo que había huido el día anterior, y nos contó que Gordito estaba tan aterrado que no quiso comerse la comida que él le puso. Lo buscamos por todas partes, pero jamás apareció.

Miren qué perrito tan crecido y hermoso, con solo dos meses...

Miren qué perrito tan crecido y hermoso, con solo dos meses…

Alguien me sugirió que Eneida Duménigo, quien solo hubiera tenido que caminar unos cincuenta metros de su vivienda a la mía para devolverme a Gordito, lo sacrificó en un ritual para salvar a su pareja enferma de cáncer. Durante un tiempo estuve pensando cómo matar a Eneida Duménigo. Hoy todavía tengo fantasías donde la quemo, la descuartizo, le arranco las vísceras y se las amarro a una piedra…, en fin… Eneida Duménigo es una de las tres personas que a lo largo de mi vida han tenido el poder de despertar al asesino que llevo dentro. Todos los días pienso en mi Gordito y me pregunto qué habrá sido de él, tan bebecito, tan indefenso y tan hermoso. Era un perrito muy fuerte, de pelo suave y blanco como un coquito, con una rayita negra, como un trazado de maquillaje, en el ojito izquierdo. Suplico públicamente por primera vez, a quien quiera que lo haya encontrado, si es que alguien lo encontró, que me lo deje saber. Yo prometo no reclamar a Gordito, solo quisiera saber si está vivo. Y exhorto a todas las personas nobles a despreciar a Eneida Duménigo, persona de mala entraña, sin sentimientos, tramposa, farsante, mentirosa y artera, que vive en la calle Zapotes, en la cuadra que sale a la avenida Serrano. Espero que Dios algún día le cobre la triste suerte que dio a Gordito, angelito sin culpa. Y que Dios me perdone a mí por este odio que siento hacia esa mujer y que no puedo arrancar de mi alma. Ojalá algún día Cuba termine de hacer una ley de protección animal y Eneida Duménigo pueda ser castigada por tanta maldad.

Copy of Esta es Eneida Duménigo, y este es el desgraciado perrito que ella mató.

 

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HISTORIA DE MIS PERROS

Mi hija trajo a Angie a nuestra casa cuando habían pasado pocos meses de la muerte de nuestros perritos Brandy y Mulder. Yo no quería tener mascotas nunca más, pero… Angie llegó con 45 días de nacida, me miró, me sacó la lengua y… se quedó.

LenguosaEra tan bella que las personas me paraban en la calle para admirarla. La llamaban La Piratica, por el parche negro sobre su ojo. Era adorable.

Angie

Pero venía sin destetar, y cuando lo hicimos, se acostó sobre un cesto de ropa y comenzó a ponerse pálida. Creímos que moriría, pero logramos salvarla. Es elegante, preciosa, lánguida, apacible (en apariencia), muy dulce, y cuando alguno de nosotros se enferma ella se acuesta a su lado, lo cubre de besos y da la impresión de que nos cuida como una mamita. Mi esposo tiene por ella verdadera pasión.

Angie, la Bella de Jardín y de Zapotes

Angie, la Bella de Jardín y de Zapotes

 Seis meses después regresábamos a la casa de mi esposo tras una estancia en la mía. Llegamos con Angie en un taxi, entramos y ella desapareció. La encontramos en el fondo del patio jugando, ¡horror!, con un ratón. Corrimos a separarlos, pero cuando los vimos de cerca el ratón resultó ser un perrito diminuto, casi recién nacido y muy feo. Ella, sentada entre las hierbas, trataba de tocarlo con su patica, y él le respondía con la suya, mínima. Allí mismo, no sé por qué, dije que el aparecido se llamaba Poblet. Tenía una enorme pancita y cuando estaba sentado no podía mantener el equilibrio, porque el peso de la barriga lo tiraba hacia los lados. Nos negamos a ponerlo en el parque, como quería mi esposo, porque era demasiado pequeño y desvalido. Mi hija pidió un día de gracia para alimentarlo y fortalecerlo. Aún hoy no sé quién nos lo echó en nuestro patio, pero nunca me he arrepentido de haberlo sujetado entre mis manos aquel día. Todos adoramos a Poblet, tan gallardo, musculoso, varonil, y al mismo tiempo juguetón y manso. Su ocupación preferida es adorar a Angie y limpiarle las orejitas con su lengua. También limpia a Carmelín. Es un guardiánn excelente y cuando lo cree necesario se vuelve feroz como un verdadero lobo. Le encantaba jugar llevando y trayendo un pato de goma de colores. Alguien nos robó el pato. Hemos notado que en ocasiones Poblet se pone filosófico y se sienta sobre sus patas traseras a mirar el atardecer, la lluvia, la luna…

Poblet jugando con su platico

Poblet jugando con su platico

 Angie crió a Poblet y hay que decir que fue una madre rigurosa. Luego, cuando Poblet se convirtió en un apuestísimo galán, se enamoraron. Él con más devoción, mientras ella se deja adorar, como por supuesto debe ser. Y cuando Poblet fue adulto se convirtió en un intelectual de relieve en el mundo cultural cubano.

Poblet, ya un bello doncel. toma posesión como Miembro de Honor de la AcademiaCubana de Artes y Letras (sentado en un sillón de aquella venerable institución)

Poblet, ya un bello doncel. toma posesión como Miembro de Honor de la AcademiaCubana de Artes y Letras (sentado en un sillón de aquella venerable institución)

Luego se casaron y…

Los esposos. Angie embarazada de tres meses

Los esposos. Angie embarazada de tres meses

 
 

… nació una camada maravillosa de seis bebés perritos, seis niños que mi hija y yo ayudamos a venir al mundo en lo que ha sido hasta ahora la experiencia más maravillosa de nuestra vida juntas. Angie demostró ser una  muy intuitiva y maravillosa madre, y cuidó a sus hijitos con esmero y una gran sabiduría.

La camada completa recién nacida

Nuestro plan era quedarnos con todos…  

Collarín

Collarín

 Collarín era el más parecido a Poblet, pero iba a ser más alto. Tenía ojos verdes. Era aguerrido, muy serio, y enseñaba a sus hermanitas a roer el lomo de los libros en los libreros. Cuatro veces mi esposo lo dio a diferentes familias. En una de las casas por poco se electrocuta lamiendo cables de televisión, pues era muy investigador. Siempre lo devolvían. Al final se lo llevó una familia con niños. Nunca más hemos sabido de él.

Mi bella Negrita.

Mi bella Negrita.

 Esta Negrita era tan linda que parecía de juguete. Ella tenía una patica de tres colores y era tan viva como una llama, apasionada, me quería… Murió de ocho meses. Nunca hemos sabido qué le pasó.  Murió el mismo día que mi hija regresaba de un largo ingreso hospitalario. Algún día contaré su historia, pero todavía no puedo. Me duele demasiado. La enterramos en el fondo del patio. Le ponemos flores… A veces creo ver su sombra, curiosamente blanca en vez de negra, jugueteando en mi cuarto, al pie de mi cama. Puede ser una fantasmagoría, pero prefiero pensar que no se ha ido todavía.

Cucú nunca tenía prisa...

Cucú nunca tenía prisa…

 Cucú diamantes era el más pequeño, con el parche del ojo en negro y sepia y un único lunar negro en la base de la cola, de ahí su nombre. Era de mal genio y terco, pero con los ojos más extraordinarios del mundo. Mi esposo me dijo que se lo dio a un anciano que lo quería para su nietecita. Nunca hemos vuelto a saber de él.

faantasmita!!

Fantasmita era el más parecido a su mamá, coposo, peludo, suave, con un parche pirata en cada ojo. Amaba comer y dormir. Mi esposo nunca me ha dicho a quién se lo dio. Mi hija cree haberlo visto ayer jugando en el parque y le pareció bien cuidado. Estaba rodeado de niños y parecía feliz.

gordito 1

Gordito, el más querido, el que siempre se iba a explorar el mundo y se apartaba de la camada. Era el más grande y robusto. Su historia sí puedo contarla ya. No porque no me duela, sino porque lo he llorado ya tanto…

Escena de amor entre Cucú Diamantes y laBella Negrita

Escena de amor entre Cucú Diamantes y la Bella Negrita

Collarín, Gordito y Cucú Diamantes jugando en el comedor

Collarín, Gordito y Cucú Diamantes jugando en el comedor

Destete

Destete

…pero pasaron cosas que nunca hubiéramos sido capaces de imaginar. En estos casos se dice que el destino se interpuso, y solo pude retener a las dos hembras, Negrita Nenarca, la estrella de la camada, chillona, demandante, que solía echar tremendas arengas a todos sus hermanitos, y Carmelín, tan debilucha que los demás nunca la dejaban comer, y yo vaticiné que moriría enseguida. Era, también, la patita fea del equipo. No tenía ninguna marca que la distinguiera y parecía que tampoco tenía inteligencia.

La única sobreviviente, Carmelín Bebé de Arriba, alias Tutti

La única sobreviviente, Carmelín Bebé de Arriba, alias Tutti

 Las dos bebitas pasaron un mes mes en mi apartamento, y cuando mi esposo se llevó a Negrita yo reaccioné muy mal y rechacé a Carmelín. Ella iba detrás de mí por toda la casa como una sombra, y trataba de llamar mi atención mordiéndome constantemente los talones. Pero yo sufría por Negrita, tan franca, alegre y sincera. Carmelín era lobuna y me espiaba por debajo de los muebles.

Por siempre adorada Negrita

Por siempre adorada Negrita

Hasta que un día Carmelín se subió sobre mí, que estaba acostada en el sofá, y se quedó muy quieta mirando el cielo con una extraña expresión de plenitud. En aquel momento empecé a amarla. Ahora, sin Negrita ni los otros, Carmelín es la reina de la casa. Hemos decubierto que ella y su padre son mestizos enanos de pastor belga malinés. Carmelín es muy inteligente, cuando detecta algo que no comprende o le parece inconveniente me busca y me lleva al lugar tirando de mi ropa. Es dulce, tiernísima y muy, muy simpática. No ha perdido el hábito de morderme como si yo fuera una vaca a la que qiere devolver al rebaño. Yo digo que me pastorea. No concibo la vida sin ella, sin sus ojos errantes y tristes, casi líquidos.

En el tiempo del horror tuve que refugiarme en mi pequeño apartamento con Angie, Poblet y sus seis cachorros metidos en cubos, sin agua, sin luz, con siete maletas y diez cajas de libros. Tenía que protegerlos. Hoy solo me acompañan los padres y mi bella Carmelín. Seguimos juntos, a pesar de todo. Yo siempre pienso en los que se fueron. Mis perros me han amado más que cualquier persona que me haya amado, exceptuando a mis abuelos. Yo soy para ellos lo más importante. Mis perros son la luz de mi vida y la única alegría de nuestra casa. Agradezco a Dios por haberlos puesto en mi camino. Cada día.

 

 

 

 

 

 

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Perrita abandonada en el parque de Santos Suárez necesita ayuda

Vean su expresión de desconcierto. Qué tristeza.

Vean su expresión de desconcierto. Qué tristeza.

Esta linda perrilla apareció hace unos días en el parque de Santos Suárez, entre Zapotes y Santa Emilia. Es pequeña, de un año más o menos, y como se puede apreciar, tiene la colita cortada, como gustan mutilar a sus mascotas algunos imbéciles seres humanos. Estaba limpia cuando la encontramos, se iba detrás de todo el mundo, oliscando respetuosa, como si buscara a alguien. Pensamos que la echaron o se perdió. Al principio era alegre y juguetona, y hacía tai chi junto con el reducido grupo de practicantes que se reúne en el parque tres veces por semana. Algunas personas, entre ellas mi hija, le llevan comida, y sabemos que busca cobijo en el círculo infantil del parque para pasar las noches, pero no sabemos si logra protegerse de la lluvia. Ha enflaquecido y ya no está tan alegre como al principio, sino mustia, triste y siempre echada, encogida. No sabemos si alguien le ha hecho daño. A ese parque asisten muchos niños, pero los niños son crueles, y pocos han sido educados para percibir el dolor de los animales. HE VISTO EN ESE PARQUE NIÑOS PELEARSE POR UN CACHORRO DE GATITO Y PARTIRLO EN DOS, VIVO, Y LUEGO ARROJAR LA MITAD CON RABIA A LA CARA DEL CONTRINCANTE. Es también un parque donde se dan cita bastantes alcohólicos, y ha habido asesinatos allí. La perrita está a merced de cualquier demente sádico, de cualquier edad. Nosotras tenemos tres perros y mi esposo no nos permite llevar otro. Hemos insistido, pero no hemos logrado obtener su permiso. Estamos muy preocupadas por la suerte de esta linda animalita, y rogamos a Dios que aparezca alguien que pueda salvarla haciéndose cargo de ella y dándole un buen hogar. En Cuba hay muchísimas personas que aman con pasión a los perros, pero nos superan en número las personas que maltratan a los animales, y en la isla no contamos con leyes de protección animal. Aunque se dice que se trabaja en eso jamás se llega a algo a lo que se le pueda catalogar así. Por favor, acojan a la perrilla del parque de Santos Suárez antes de que se la lleve el camión de Zoonosis o algún loco la mate. 

Para que se pueda calcular más o menos e tamaño de esta perrita, véase en el extremo infewrior derecho de la foto la parte delantera de un sueco rosado. Es l pie de mi hija, que calza un 39, y un frasco mediano de Instacafé.

Para que se pueda calcular más o menos el tamaño de esta perrita, véase en el extremo inferior derecho de la foto la parte delantera de un sueco rosado. Es el pie de mi hija, que calza un 39, y un frasco mediano de Instacafé.

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Cachita, patrona de los cubanos

caridad del cobre 

 Cuando una Virgen es la Patrona de una nación multirracial y multicultural, su imagen se fragmenta como si estuviera reflejada en una galería de espejos. Por eso, para presentar a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, a quien los cubanos llaman familiarmente Cachita, hay que ser diestro como un prestidigitador, y extender frente a los espectadores la mano abierta, en cuya palma bailan varias mujeres de razas diversas que portan diferentes atributos; unas llevan un niño en el regazo mientras otras, morenas y voluptuosas, solo exhiben un cuerpo salvaje casi en plena desnudez.

Para comprender la relación entre una mulata de formas arrolladoras y sensuales, que embadurna sus carnes con miel y baila envuelta en una ligerísima túnica amarilla contorsionándose cual pantera en la selva, y la casta María de Nazareth, madre de Cristo, siempre púdicamente cubierta con manto, corona y velo, hay que haber nacido en Cuba. El choque brutal entre Europa y África en el Nuevo Mundo creó un panteón divino donde las cosas andan algo confusas.

Hay dos versiones históricas sobre la llegada de la primera estatua de la Virgen a tierras cubanas, pero ambas coinciden en que la trajo consigo desde Toledo un militar español en los primeros tiempos de la Conquista. Sin embargo, la fuerza de la leyenda ha opacado a la realidad, porque habla de un impactante milagro: la aparición de la imagen en 1612 a tres esclavos, dos hermanos aborígenes y un niño negro, quienes habían salido en un bote a la bahía de Nipe en busca de sal. Un mal tiempo los habría sorprendido en la faena, y en respuesta a sus ruegos los Tres Juanes, nombre con el que han pasado a la imaginería popular, vieron la estatua de la santa flotar sobre las aguas, con un cintillo en su base que rezaba: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Los Tres Juanes escaparon ilesos de la tormenta y llevaron a tierra la imagen, que tuvo varios emplazamientos antes de ocupar el santuario actual, todos en la cercanía de unas minas de cobre. Cuenta la leyenda que el pequeño esclavo negro fue su primer capellán, y el primero a quien la Virgen hizo el milagro de mantener siempre encendida la lámpara votiva de cobre que alumbraba su rústica ermita, de donde solía desaparecer de vez en cuando misteriosamente, para asombro y espanto de sus fieles.

El segundo milagro que se le atribuye es su aparición a una niña campesina, de nombre Apolonia, mientras esta cazaba mariposas en las serranías. Ello hizo pensar a sus devotos que la Virgen quería vivir en las montañas, por lo que la llevaron a la colina llamada Santiago del Prado, donde se le erigió su primer templo, que tiempo después se derrumbó a causa de una explosión en las minas. Desde entonces, los milagros de Cachita, Madre de los Cubanos, jamás se han detenido.

Durante los tiempos difíciles de las Guerras de Independencia libradas por los criollos contra España, los insurrectos se encomendaban a la santa con fervor y le rogaban por la salvación de sus familias y el logro de la libertad que tanto ansiaban, y la llamaban Virgen Mambisa. En 1915, trece años después de la fundación de la República, veteranos del Ejército Libertador enviaron una misiva al Papa Benedicto XV pidiéndole que proclamara a la Caridad de El Cobre Patrona de Cuba, deseo que cumplió Su Santidad Juan Pablo II en 1998, quien, además, depositó entre las manos de la estatua un rosario de cuentas de oro.

El santuario actual de Cachita, recientemente remozado y restaurado con esmero para la celebración del Año Jubilar, se nombra oficialmente Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Se encuentra en La Maboa, a unos veinte kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba, y está rodeado del hermosísimo paisaje montañoso de la zona, donde el aire es fresco y perfumado, muy salutífero, y el cielo exhibe un azul limpio y radiante. El edificio posee tres naves; la central concluye en una cúpula decorada con vitrales, y las laterales tienen torres rematadas por campanarios. La imagen sagrada, colocada en un altar labrado en plata maciza y adornado con objetos de notable valor, reposa en la estancia llamada Camarín de la Virgen, bajo la cual se encuentra otra de menor tamaño conocida como Capilla de los Milagros, local pequeño donde los más de 500 devotos que acuden cada día depositan en calidad de ofrendas joyas de oro y plata, piedras preciosas, cartas, dinero, prótesis, muletas y toda clase de exvotos, algunos de gran riqueza. El santuario abre sus puertas cada día para ofrecer diversos servicios religiosos, y cuenta con una muy confortable hostelería de arquitectura antigua para acoger a los visitantes.

Como la historia de Cachita se relaciona desde sus comienzos con el cobre, los fieles que visitan el santuario procuran llevarse piedras incrustadas con fragmentos de ese metal, que luego colocan en sus altares privados o llevan en sus bolsos y entre sus vestiduras, con la certeza de que los protegerán contra maleficios, enfermedades y tragedias de toda clase. Tales piedras también decoran la madera y el cristal de las cúpulas de variado tamaño que los artesanos venden en toda la isla como receptáculo de la santa venerada. Estas piezas son tan solicitadas y se les atribuye tanto poder, que ya es famosa la canción donde alguien pide a un amigo: “Y si vas al Cobre/ quiero que me traigas/ una virgencita de la Caridad” y, por supuesto, también una piedrita, si es posible bendecida.

Tan venerada es nuestra Virgen de El Cobre, que hasta un yankee “aplatanado” como el famoso escritor Ernest Hemingway, le entregó en agosto de 1956 la medalla del Premio Nobel de Literatura que le fuera conferido en Estocolmo, como reconocimiento al pueblo cubano por haberle inspirado su célebre novela El viejo y el mar. Se cree que el sincretismo de la Virgen de la Caridad con la orisha yoruba Oshún, se debe a que el día conmemorativo de ambas deidades es el 8 de septiembre. Los esclavos de Cuba se habrían aprovechado de esta coincidencia para celebrar el culto a su divinidad sin interferencia de las autoridades de la Corona.

La madre cubana de Dios integra con la ardiente mulata Oshún, dueña de filtros embrujadores y calabazas de amor, un dúo del que nuestros artistas han hecho infinitamente más representaciones que de la fogosa mestiza Cecilia Valdés, icono supremo de belleza femenina en la Antilla mayor. Desde imágenes rústicas hasta elaborados óleos; de conceptos vanguardistas a texturas obtenidas sobre el lienzo con humildísimos polvos de café, integran una colección muy variada que cuenta con piezas de alta calidad artística.

No importa si se la adora en las iglesias como a una austera dama blanca, envuelta en el aroma de nardos y azucenas e iluminada por la mística luz de los cirios; o en un frenético “toque de santo” en las estancias de solares y cuarterías, entre velas caseras y el penetrante olor del sudor y el ron barato. Si existe un símbolo capaz de unir a todos los nativos de esta isla más allá de diferencias raciales, credos políticos, ideologías, edades y sexos, ese símbolo es Ella, la alegre, bailadora, sensual bruja dueña de los ríos, señora de la tiñosa, mujer de Oggún y Changó, la hija de Oloddumare que parió entre sus muslos a este caimán cubano, navegante a su sombra en el mar del Caribe hasta el fin de los tiempos.

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LA PAREJA IDEAL DE LA HOJA MÁS CODICIADA DEL MUNDO

 

negra tabacosa casco historicoCuando pronunciamos la palabra maridaje, siempre se piensa en una pareja de marido y mujer, en un dúo de cómplices, o en términos generales, en dos elementos unidos por un vínculo fuerte. Se puede pensar en muchas cosas, pero son pocas las personas que asociarán el término con… el tabaco.

 MANO CON HABANOFumar daña la salud, es malísimo, provoca numerosos tipos de cánceres… Nadie debería fumar. Yo lo dejé de un golpe en 1993 y jamás he vuelto a tener un cigarro en los labios, y pienso que todos los fumadores deberían imitarme. Pero el caso es que cuando los españoles descubrieron Cuba se encontraron con que todos los aborígenes: hombres, mujeres, ancianos y behíques, ¡todos! fumaban la cohiba, y tardaron menos en enviciar a los conquistadores que en ser exterminados por ellos. El mal vicio es persistente, y con gran probabilidad el vicio de fumar sea más difícil de combatir que ningún otro, como parecen demostrar estadísticas recientes, según las cuales el 25 por ciento de los cubanos mayores de 15 años fuma activamente. El gran deseo de cualquier persona sensata y amante de la vida sería que un día ningún cubano fumara, pero mientras ese día llega, los adultos que decidan continuar practicando ese deporte letal, no perderán nada con saber que fumar ha creado toda una cultura en la que conocer los maridajes del tabaco es de especialísima importancia.

 Dicen los fumadores de habanos que cuando se combina la hoja enrollada del tabaco con ciertos productos, el placer se incrementa y se vuelve más refinado, porque entonces el acto de fumar se complementa con la degustación y provoca sensaciones nuevas o enriquece el diapasón de otras ya conocidas. El tabaco puede matrimoniarse con tres compañeros inefables: las bebidas alcohólicas, las comidas y el café.

Los rones, brandys y otras bebidas, los chocolates y los turrones son  compañeros ideales del habano

Los rones, brandys y otras bebidas, los chocolates y los turrones son compañeros ideales del habano

 Tal vez el primer paso para lograr un maridaje satisfactorio entre su habano y algún otro producto comience por la elección del habano mismo. Me encantaría decir que nosotros los cubanos hemos sido los creadores el arte de elegir un buen habano, pero no es cierto, sin embargo, por haber sido uno de los primeros productores de tabaco en el mundo y seguir siendo uno de los más importantes en este momento, cabe pensar que hemos dictado pauta en el modo de escoger el puro de mejores condiciones. ¿Cómo se hace?

 He aquí el ritual del experto fumador: el buen habano debe ser prieto (compacto) al tacto y bien elaborado; firme, pero no duro, hay que palparlo ligeramente, y el tamaño debe elegirse de acuerdo con el tiempo de que se disponga para poder fumarlo. El segundo paso palpando el habanoconsiste en oler el puro, porque, por ejemplo, los habanos cubanos tienen una amplia gama de aromas únicos: pueden oler a chocolate, a setas, a vainilla, a nueces. Sigue en orden cortar la punta del habano, para lo que debe utilizarse una guillotina pequeña (¿quién le hubiera dicho a monsieur Guillotín que un día su sangriento y revolucionario invento en vez de cortar cabezas serviría para dar placer…?). Ahora viene el momento en que el fumador retiraa la anilla. Luego se procede a encenderlo dándole vueltas en la candela, para que se queme bien parejo. Debe tenerse en cuenta que el sabor de un habano no alcanza toda su intensidad hasta que no se ha fumado más o menos hasta la mitad. El humo debe mantenerse un momento en la boca, para mejor paladear su sabor, y dicen los que saben de habanos, que una vez encendido, el puro no debe apagarse, hay que dejarlo que se consuma. Así se fuma el habano en Cuba desde los tiempos de la Colonia. Así fumaban los aristócratas después de las comidas, en salones sin damas; así fumaban los obreros en las fábricas, el campesino en el surco, el mambí en la manigua, el senador en El Capitolio, en fin…

 Existen más de tres decenas de marcas prestigiosas de habanos y más de setecientas vitolas, y dentro de cada vitola pueden encontrarse puros de sabor fuerte, medio y suave, lo que hace que las combinaciones para maridar puedan ser infinitas, aunque según afirman los expertos y gourmets del mundo entero, en esto de las combinaciones existe también la probabilidad de hallar el alma gemela. Pero no hay reglas establecidas ni fórmulas garantizadas para dar con la gemelidad, todo depende de la sensibilidad de cada cual y sus propios gustos. Y por supuesto, de la cultura a la cual pertenezca el fumador. Aunque, desde luego, no es lo mismo fumar en un círculo masculino que cuando se está en compañía femenina, por ejemplo. Y también han de tenerse en cuenta la hora, la actividad y el lugar en que se llevará a cabo la fuma del habano. Dicen los expertos que los habanos más fuertes combinan mejor con la comida tradicional cubana, y los moderados y suaves van de maravillas con las creaciones de nuestra cocina moderna, mucho más ligera y con menor aporte de calorías y carbohidratos. Pequeños detalles.

 Y ahora, hablemos de las parejas posibles del habano. Por ejemplo, los habanos pueden combinarse con bebidas como los rones; con determinados vinos, de preferencia Oportos; con güisquis, brandy, licores, tequila y, curiosamente, otras bebidas tradicionales de los pueblos andinos, como el pisco peruano. Si los habanos van a ser combinados con bebidas calientes, que sea con cafés como el expresso, el capuchino, el café turco, que es fortísimo, o el café irlandés, más conocido como Irish Cofee en las cartas de restaurantes y bares. También algunos dulces como los chocolates finos y turrones de Alicante y Jijona potencian los placeres de un maridaje sabiamente tramado. En esto, como en todas las cosas buenas y malas de la vida, la creatividad decide.

 081-GENTETABACO11-333x360Cuba tiene la ventaja de ser a la vez productora de los mejores rones ligeros del mundo y los mejores habanos. Siempre que participo en uno de nuestros Festivales del Habano, recuerdo haber visto en mi infancia, cuando mis padres me llevaban a visitar a nuestros parientes del campo, cómo los hombres remojaban en aguardiente la punta de sus tabacos, de modo que en una fiesta campesina, o simplemente en un día de labor en un central, el olor característico del guajiro cubano siempre fue una mezcla de tabaco y ron.

 Elegir un buen maridaje es un arte tan complejo que únicamente lo dominan a la perfección los habanosommeliers. Estos profesionales dominan los secretos del arte de fumar con refinamiento y placer profundos, pues son a la vez expertos en habanos y en gastronomía. Se supone que posean ciertos dones naturales para desempeñarse en esta función del maridaje, pero sobre todo requieren un entrenamiento y una formación muy acuciosos y que no se consiguen en un día o dos.

 Ya usted sabe que no debe fumar si desea tener una vida larga y plena. Pero si es usted uno de esos seres que disfrutan absorbiendo y expeliendo el humo de la cohíba, y no piensa cambiar de hábito por respeto a La Parca, entonces… proceda a echar una mirada al mundo de este curioso maridaje donde, al mismo tiempo, usted se casa con su destino.

 COHIBA

 

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La cocina cubana se abre al mundo

AJÍES RELLENOS La cocina tradicional cubana, sabrosísima, rica en grasas y carnes rojas, no es la única opción que puede ofrecer la gastronomía de la isla. Nuestra cocina ha crecido, se ha ampliado y enriquecido con la creatividad de profesionales del ramo con larga experiencia, y también con los aportes de los más jóvenes graduados de los centros culinarios del país.

Sin renunciar a la esencia del recetario tradicional ni a su gran variedad de posibilidades,nuevos aires soplan sobre el recetario habitual de la cocina nacional. Muchas han sido sometidas a un proceso de estilización mediante la combinación con técnicas e ingredientes procedentes de la alta cocina internacional. Así, Cuba se ha abierto a la cocina fusión, la minimalista y la tecnológica, sin olvidar la cocina macrobiótica, cada vez más popular entre los cubanos, y la cocina molecular. Los beneficios resultantes de esta puesta al día son, en lo económico, una reducción de costos, y con respecto a la salud, es indudable que las nuevas creaciones abren la oferta de proteínas y disminuyen el aporte de grasas al organismo de los consumidores, además de ofrecerles alimentos más orgánicos y una gama mucho más amplia de sabores, que se traduce en una mejor propuesta para halagar el paladar y la salud.

Un plato más orgánico. Carne, arroz y vegetales

Un plato más orgánico. Carne, arroz y vegetales

 Una cocina importantísima en cualquier país del mundo es la llamada cocina de autor, que, como en el cine, lleva el sello indeleble de la creatividad y la fantasía personales de un chef. Sobre esta cocina atractivísima, en especial para el gourmet, y tan infinita en posibilidades que reta con éxito cualquier expectativa, ha escrito la periodista Claudia Álvarez Delgado:

 Las más recientes generaciones de chefs, formados por las escuelas de hotelería y las asociaciones culinarias del patio, apuestan por la cocina de autor. Así, en combinaciones atrevidas que desafían su creatividad y habilidades, los jóvenes chefs cubanos han logrado nuevos sabores y experiencias que agradan tanto al paladar como a los sentidos del comensal. Bajo originales decoraciones aparecen texturas inusuales logradas mediante la cocina a vacío y otras técnicas de vanguardia como encapsulados, liofilizaciones y caramelizaciones de aceite. Talento, conocimientos, competencia e iniciativa se dan la mano en estos artistas del fogón que matrimonian ingredientes para presentar en la mesa espumas, crujientes, tempuras…

 La moderna cocina cubana da mucha importancia a los productos del mar, en especial a los mariscos, por encima de las tradicionales carnes rojas, sobre todo la de cerdo, típica de la culinaria del país.

Proteínas del mar. Cangrejos y camarones

Proteínas del mar. Cangrejos y camarones

En este menú completo para cena o alnuerzo que sigue a continuación, el lector podrá encontrar una mezcla de platos tradicionales de la cocina cubana y otros que presentan innovaciones sobre productos típicos de nuestro recetario tradicional:

 Ensalada de pollo (entrante)

 1 pollo asado en cazuela

1 libra de papas hervidas

1 taza de mayonesa

1/3 taza de mayonesa cruda picadita

1/3 taza de ají o cebollinos picaditos

1/3 taza de petit pois o habichuelas

1/3 taza de apio picadito

1 huevo duro picadito

   sal y pimienta a gusto

 Desmenuze el pollo y mézclelo con los demás ingredientes picaditos. Enfríela bien antes de servirla. Adórnela con huevo duro, rueditas de zanahoria, tiritas de ají o pimientos verdes y rojos. Da para 6 raciones.

 Salsa mayonesa

 1 yema de huevo

2 cucharaditas de vinagre o zumo de limón

½ cucharadita de sal

½ cucharadita de azúcar blanca

1/8 cucharadita de pimienta molida, mostaza, pimentón, etc

¾ taza de aceite

 Bata la yema con azúcar sal, pimienta y vinagre. El aceite debe añadirse poco a poco en pequeñísimas porciones y batiendo constantemente, hasta que la salsa espese. Déjela enfriar. Da aproximadamente una taza.

 Adobo crudo para carnes

 75 gramos de zanahoria

75 gramos de cebolla

2 dientes de ajo

3 ramas de perejil

5 gramos de pimienta en grano

1 clavo de especias

tomillo

laurel

1 / de vino blanco

½ / de vinagre

¼ / de aceite

Sal

 Sazone la carne con sal y pimienta. Ponga en una vasija la mitad del preparado (bien picadito y mezclado), coloque encima la carne y coloque sobre ella la otra mitad del preparado. Manténgase en un lugar fresco teniendo en cuenta darle vueltas a la carne de vez en cuando, sin tocarla con la mano (utilice una cuchara o espumadera) para evitar que el calor de la mano la estropee.

 Frituras de harina de maíz

 1 taza de harina de maíz cruda

2 huevos

1 cucharadita de sal

6 cucharadas de azúcar

4 cucharadas de harina de trigo

½ cucharadita de bicarbonato

4 cucharadas de yogurt o jugo de fruta ácida como naranja, toronja, etc.

1 cucharadita de vainilla

 Mezcle todos los ingredientes y fría la masa en porciones pequeñas —por cucharaditas— y en grasa no muy caliente hasta que estén doraditas. Esta misma receta puede servir para hacer frituras saladas.

 Guiso de berenjena con papa

 1 berenjena grande o dos medianas

1 ½ libra de papas

¼ taza de agua

3 cucharadas de cebolla o ajo puerro picadito

3 cucharadas de ají picadito

1 cucharada de grasa, manteca o aceite

½ taza puré de tomate

4 cucharaditas de sal

1 cucharadita de pimentón

¼ de cucharadita de pimienta molida

¼ de cucharadita de comino molido

¼ de cucharadita de orégano

1 hoja de laurel

1 cucharada de vinagre

1 ½ tazas de agua

 Pele la berenjena y las papas. Córtelas en trozos de 4 a 5 centímetros aproximadamente. Haga un sofrito con ¼ taza de cebolla, ají y puré de tomate. Añádale la grasa, sal y especias. Eche la berenjena y las papas. Agregue el vinagre y una taza de agua. Déjelo cocinar tapado y a fuego mediano alrededor de 30 minutos, o hasta que las papas estén blandas. Cocínelo sin revolver para que no se desbarate la berenjena. Da para seis raciones. Si lo desea, puede añadir morcilla, jamonada, spam o embutido cortado en pedacitos.

 Frijoles enchilados

 ½ libra de frijoles colorados o bayos

2 litros de agua

2 cucharadas de grasa (aceite o manteca)

1 cebolla o 2 cucharadas de cebollinos picaditos

3 dientes de ajo

1 ají grande

½ taza de carne o embutido

½ taza de puré de tomate

4 cucharaditas de sal

1 libra de boniatos o dos plátanos pintones

1 cucharada de azúcar

1 hoja de laurel o cilantro

¼ de cucharadita de comino molido

½ cucharadita de pimienta molida

2 cucharaditas de salsa china

1 cucharada de vinagre

 Limpie bien los frijoles y póngalos a cocinar la noche anterior. Cuando estén blandos bájelos de la candela (en olla de presión lleva menos agua). Al día siguiente haga un sofrito con la grasa, cebolla, cebollinos, ají y ajos. Échele la carne, tomate, sal, azúcar y demás especias. Cocínelos de 2 a 3 minutos. Mezcle los frijoles y el caldo de los mismos con todo el sofrito y la carne preparada y déjelos cocinar a fuego lento 30 minutos. Añada las viandas cortadas y peladas en pedazos medianos. Cocínelo bien tapado 30 minutos más, a fuego lento. Añada las viandas cortadas y peladas en pedazos medianos. Cocínelo bien tapado durante 30 minutos más, a fuego lento. Cuando se ablanden las viandas cocínelo de 2 a 3 minutos destapados para que cuajen. Pocos minutos antes de servirlos écheles la salsa china y el vinagre. Da para 6 raciones.

 Bul (refresco)

 2 cucharadas de azúcar

2 limones

1 botella de cerveza

1 botella de gaseosa de limón

 Eche en dos vasos largos el azúcar y jugo de limón a gusto, o compartido a partes iguales. Revuelva hasta que el azúcar se disuelva. Ponga de 2 a 3 cuadritos de hielo en cada vaso. Llene los vasos con cerveza y gaseosa a partes iguales o en la proporción preferida. Da para 2 vasos.

 Pensamiento habanero (postre antiguo)

 1 libra de azúcar

1 coco rallado

1/2 libra de almendras peladas y molidas

1 jarro de nata

12 yemas de huevo

8 bizcochos

mantequilla derretida

grajeas

 Se hace un almíbar con el azúcar y 1 y ½ tazas de agua. Se quita del fuego. Se le echan el coco, las almendras y la nata. Se pone de nuevo al fuego y se deja hervir unos minutos. Se retira del fuego y se deja enfriar. Se baten las yemas con ¼ libra de azúcar. Se mezclan con el coco. Se cocina la mezcla a fuego lento revolviendo seguido hasta que se espese. Se vierte en una fuente. Se polvorea con los bizcochos triturados y se salpica con mantequilla derretida. Se adorna con grajeas.

 También se innova en la forma de decorar los tragos, a los que se añaden ahora nuevos elementos vegetales y del mar, para ofrecer a la vista un conjunto de más colorido, que incite el placer de degustar licores y rones nacionales e internacionales.

COTELERÍA TRADICIONAL 2

 Por supuesto, por muy novedosos que sean los nuevos procedimientos de la cocina cubana, ahora de cara al mundo, siempre que usted termine su estancia en un restaurante cubano de cualquier zona de la isla, y sea cual sea la carta que caracterice al establecimiento y el pedido que usted haya hecho, el final será el mismo: una taza de riquísimo café criollo. Modernidad aparte, usted sigue estando en la Antilla Mayor.

 

 

 

 

 

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