MEMORIAS GASTROERÓTICAS

El Maestro Ciro Bianchi preguntaba recién a unos amigos cuáles habían sido sus restaurantes preferidos en las décadas de los 60, los 70 y los 80, cuáles eran los platos emblemáticos, la decoración y otros detalles. Elaboré para él una respuesta lo mejor que pude, y mientras intentaba extraer de mi memoria todos los datos solicitados, recordé algunas anécdotas entre curiosas y cómicas que me ocurrieron en restaurantes. Es verdad que recordar es volver a vivir… Y como siempre soy una cronista tan juiciosa y preocupada por La Habana Colonial y Republicana, un poco tristona, un poco nostálgica de los tiempos idos, he pensado que tal vez podría permitirme, por una vez, una compartir una sonrisa jocosa con los lectores de esta web. Aquí van, pues, tres anécdotas, simpáticas unas, otras absurdas, pero todas reales. Me sucedieron a mí. Debo confesar, también que mi lectura de El vecino de los bajos, último libro de Enrique Núñez Rodríguez, está fresquita de la semana pasada. Siento su espíritu soplando sobre mi nuca. De verdad. Cualquier semejanza que advierta el lector no es pura coincidencia.

 La pizzería fantasma

Si la memoria no me traiciona, allá por el año 1968 mis padres, entonces jóvenes y brillantes y muy amigos de pasear, decidieron llevar a su niña, por primera vez, a comer pizza. Mi papá vistió uno de sus trajes ingleses y una de sus muchas preciosas corbatas, mi mamá se puso un vestido de seda azul y unos zapatos altos de charol, y un collar de cristal de roca que mi papá le había regalado. A mí me pusieron un vestido blanco de granité, un “saco”, como se les llamaba entonces a aquellos modelos sin entallar que ocultaban la forma

Más o menos...

Más o menos…

del cuerpo. Era lindo, pero mi familia era muy convencional y a mi mamá se le ocurrió que yo debía llevar unas medias blancas con mis zapatos de corte bajo. Yo tenía entonces doce años, estaba en octavo grado y enamoradísima de un muchacho grande, fornido, de ojos verdes y rasgados y pelo “chino”, que se llamaba Orestes, y por supuesto, jamás me había puesto el ojo encima porque andaba con las grandísimas de noveno. Me negué a ponerme las medias, pero nadie le ganaba una pelea a mi mamá, y menos si mi padre la apoyaba, como siempre hacía. El restaurante se llamaba La Píccola Italia y estaba en algún lugar entre Monte y los alrededores del Capitolio. Era un local pequeño con mesitas en la planta baja y una galería elevada, también con mesitas, y allí arriba quiso comer mi mamá. Los manteles eran de cuadros rojos y blancos y las pizzas, ¡ah, las pizzas!, tenían una gruesa capa de jamón y queso en medio, además de la acostumbrada en la parte superior, exactamente como un cake, y eran altas y enormes. Jamás en toda mi vida he vuelto a ver pizzas como aquellas, ni tan exquisitas. Saboreé la mía a pesar de que estaba completamente amargada por causa de las medias blancas, pues aunque mi mamá no se hubiera dado cuenta aún, yo ya no me sentía niña para nada, y aquellas medias horrorosas me tenían más muerta que viva. Me había sentado de espaldas al salón y tenía las piernas hechas dos buñuelos debajo del mantel, pero en fin…, en aquellos tiempos una escolar de doce años era una niña y la obediencia su mejor cualidad.

Cuando salimos del restaurante caminamos un poco buscando un taxi. De repente, cuando íbamos a cruzar una avenida, aparecieron dos sombras como salidas de la nada, dos enormes fantasmones que a la luz de un farol se convirtieron nada menos que en Orestes y Villafuerte, su mejor amigo, también de mi misma secundaria. Iban muy elegantes, peinaditos y, sobre todo, vestidos como muchachos grandes. Yo me detuve y me quedé clavada en la acera. Mis papás no entendían lo que me pasaba y estaban muy sorprendidos. Me hablaban y yo no contestaba. Me parecía que La Habana entera me estaba cayendo encima. ¡Qué vergüenza! Orestes y su amigo me reconocieron y se detuvieron para saludarme. Y entonces… Orestes me miró las piernas, qué digo las piernas ¡me miró las medias! Y la noche se rompió en pedazos, la pizza se rompió en trocitos, el mundo se acabó: Orestes se sonrió con una risita perfectamente canalla. El impacto que sufrí fue tan grande que a partir de ese instante no conservo ni un solo recuerdo de aquella noche, nada sobrevivió en mi memoria. No sé cómo llegamos a mi casa, ni lo que hablamos ni qué pasó después. El bloqueo mental post traumático que sufrí fue tan abrumador que jamás he logrado recordar dónde estaba La Píccola Italia, y la pizzería se convirtió para mí en una de esas obsesiones culpables que lo persiguen a uno para siempre. Me he pasado la vida preguntando a muchísimas personas si conocieron aquel restaurante y dónde estaba situado, pero jamás he conseguido una respuesta. Nadie recuerda una pizzería con ese nombre en La Habana. Como hubiera dicho Freud: un escenario borrado.

La calavera del muerto

En 1977 mi mamá tuvo que someterse a una cirugía de tiroides en el hospital Oncológico. Durante los meses anteriores a la intervención yo mantuve una relación estrecha con sus cirujanos. El día que la operaron ella prefirió que se quedara mi abuelita a cuidarla por la noche. La primera noche es la más dura, me decía. Yo estaba muy preocupada, y a pesar de que la cirugía fue un éxito no quería irme del hospital y estaba dispuesta a dormir en un banco. Uno de los cirujanos, el doctor Cándido, alto, trigueño y bien parecido, fanático criador de perros de raza, se dedicó a disuadirme de aquel sacrificio inútil:

—Ven conmigo —me pidió—, me he pasado el día operando y estoy agotado, imagínate, el día entero operando cabezas y cuellos… Me vendría bien relajarme un poco. Te invito a la barra del Polinesio, yo voy mucho por allí y es muy bonita.

Yo no quería, porque me daba escrúpulo estar en una barra en un restaurante de lujo mientras mi mamá estaba con la garganta abierta y recién operada, pero él insistió hasta que, con tremenda conciencia culpable, lo acompañé. Cuado entramos al restaurante me deslumbró aquella decoración medio africana. Los camareros saludaron a Cándido con familiaridad, y el barman le anunció entre sonrisas:

—¡Dóctor, qué bueno verlo por aquí, hoy le tengo una sorpresita!

Nos sentamos y empezamos a conversar sobre lo que íbamos a tomar. Yo no recuerdo qué pedimos, pero todavía cierro los ojos y veo la sonrisita pícara del camarero, una de esas sonrisitas que tiene la gente cuando van a gastar una broma tremebunda. Yo tomé nota, pero pensé que el camarero estaba haciendo una de aquellas caritas cómplices entre hombres por ver al doctor acompañado de una muchacha tan jovencita. Cándido le dijo algo y el camarero se puso a preparar los tragos, agitó la coctelera con gran destreza, y de repente puso ante nosotros un par de calaveras de loza del mayor realismo, y las llenó de hielo:

—¿Qué le parece la sorpresa, dóctor? —le preguntó a Cándido como si le estuviera haciendo el mejor chiste del mundo. Cándido se quedó inmóvil, mirando aquellas calaveras con una fijeza que asustaba. De pronto comenzó a mover la cabeza muy despacio a un lado y a otro. Se veía que tenía atoradas las palabras, que no le salían, hasta que por fin, con una voz casi al borde del colapso, empezó a gimotear sin dirigirse a nadie en especial:

—¡Pero tú no me puedes hacer esto a mí…, no…, tú no me puedes hacer esto a mí!, ¿Por qué me hacen esto a mí? ¡Yo me paso el día abriendo cráneos, viendo gente morirse, me vengo a tomar un trago y me lo sirven en esto! ¡No, no no…! ¡No puede ser!

Dejamos la barra. Cándido necesitaba aire fresco. Pocas veces he visto un hombre tan perturbado. Al día siguiente me tropecé con él a la salida del hospital. Lo miré a los ojos y le sonreí. Cándido se volvió a quedar medio en coma, miró para otro lado y no me respondió el saludo. Desde entonces, cada vez que nos volvimos a encontrar nos evitamos cuidadosamente, asediados por la risa burlona de aquellas calaveras repletas de hielo y con los ojos huecos.

Aunque en esta foto no se ve la barra, fue en este restaurante donde un barman chistoso atormentó a un cirujano sirviéndole el trago en una calavera.

Aunque en esta foto no se ve la barra, fue en este restaurante donde un barman chistoso atormentó a un cirujano sirviéndole el trago en una calavera.

 

El lacón volador

Estudiaba yo en la facultad de Filología y estaba un poco acomplejada porque mi amiga Gretel Alfonso tenía muchos admiradores y nunca le faltaba con quién salir. Cuando nos juntábamos para estudiar Latín en la biblioteca de los bajos del Ministerio de Educación, ella me contaba lo movidas que era sus noches y a los lugares tan bonitos donde la llevaban sus pretendientes, pero aquello eran monólogos, porque yo nunca tenía nada que contar: estaba pasando por una mala racha seductora. Una noche se me ocurrió invitar a mi amigo Alberto, vecino de enfrente y estudiante de Ingeniería. Ninguno de los dos teníamos dinero, pero yo necesitaba salir para poder contar algo a Gretel. Era cuestión de honor, así que le dije a Alberto que yo tenía diez pesos. Él tenía un peso. Yo recordaba que el último escenario de las proezas erótico-gastronómicas de Gretel había sido La Divina Pastora:

—Vámonos a La Divina Pastora—le dije a Alberto.

—¡Pero eso es carísimo! —me contestó abriendo mucho sus lindos ojos castaños.

Sí, era carísimo, pero Alberto era un bello doncel flaquito y yo estaba sedienta de romance, y de crónica, pues estaba decidida a convertir en diálogos aquellos largos monólogos de mi amiga.

—No importa —le aseguré a Alberto, imagino que con el mismo tupé con que Colón le aseguró a Isabel que hallaría la ruta de Indias—. Nosotros somos amigos del alma, compramos una comida y la compartimos. La vamos a pasar bien, tú verás.

Nos pusimos lindísimos, con los mejores trapitos que teníamos, y aprovecho aquí para acotar que casi siempre que salía con muchachos, ellos llevaban jeans y camisa blanca de mangas largas arremangadas, el vestuario juvenil masculino estándar de aquellos años. Hicimos el viaje en guagua contentísimos. Ninguno de los dos había estado antes en aquel restaurante de lujo, pero Gretel me había dicho cómo llegar y me había contado que era precioso, y yo me atusaba mis bigotes invisibles, como el gato con botas, prometiéndome una noche inolvidable.

Llegamos. Los camareros, amabilísimos, nos condujeron a una mesita para dos, aunque disimulaban mal la pobre impresión que les causaba nuestro vestuario de estudiantes ilíquidos, porque allí los comensales estaban elegantísimos y eran, casi todos, gente mayor. Con el peso de Alberto no había que contar, porque era para pagar la guagua de ida y vuelta. Con mis diez pesos nos compramos un lacón, así, desnudo y solo en el plato. Una sola pieza con más cantidad de “gordo” de lo que habría podido esperarse en un restaurante como aquel. Alberto se moría de vergüenza. Era tímido, y las circunstancias conspiraban abiertamente contra nosotros:

—Tú no te preocupes —lo animé—, lo que tenemos que hacer es fingir que somos unos novios muy enamorados que están dándose la comidita en el piquito. Dentro de un ratico ya nadie nos va a mirar.

Pusimos en práctica mi estrategia. En la mesa de al lado una pareja de más de sesenta años nos observaba con desaprobación. La señora llevaba un vestido negro y un collar de perlas, y un peinado con rizos canosos lleno de laca. Le dije a Alberto que seguro era una peluca. Se lo dije para hacerlo reír un poco. Y entonces Alberto, ceremonioso y galante, tomó los cubiertos y se dispuso a cortar el lacón. Yo lo observaba distraída, porque estaba mirando la noche estrellada, la gente, la decoración, el mar… Pronto noté que mi amigo estaba en apuros:

—Gina, no puedo picar esto —me susurró casi sin mover la boca, y vi que estaba sudando.

—A ver —le respondí con esa especie de determinación heroica que me asalta casi siempre en situaciones límite —dame acá, que yo lo pico.

Alberto me pasó en silencio el plato con el trozo aquel de carne y grasa y pellejos, y yo, muy dispuesta, comencé a picar, pero al instante descubrí el problema: el cuchillo era un simple cuchillo de mesa, sin filo, y su borde romo resbalaba olímpicamente sobre los “gordos” de nuestro malvado lacón. Llamé al camarero y le reclamé enérgica por la mala calidad del producto que nos habían servido. El camarero se disculpó con airecito socarrón que no se molestó mucho en disimular y se alejó, dejándonos con aquel tremendo problema encima de la mesa.

Comer o no comer, he ahí la cuestión. Y nada: aquel lacón había que cortarlo como fuera. Seguí insistiendo, yo, tan flaca que mis profesores de escultura de San Alejandro ya me habían advertido que aunque tenía talento, mis muñecas delgadísimas jamás podrían arreglárselas con piedra o madera. “Dedícate a la cerámica”, me aconsejaban. Pero aquella noche nos teníamos que comer aquel trozo de carne inmundo, y yo seguí picando con todas mis fuerzas, hasta que dí un muñecazo en falso y el lacón salió despedido del plato; voló por el aire mientras Alberto y yo seguíamos su trayectoria consternados, y fue a dar justamente en la cabeza de la señora de al lado. Yo resulté aquella noche muy buena profeta, pues en realidad la señora llevaba una peluca, que nuestro lacón volador arrastró en su vuelo vil. Se me hizo evidente que Alberto iba a desmayarse. ¡Había que hacer algo! Me levanté con todo el empaque de una reina, y con la cara más dura del mundo fui hasta la mesa vecina, agarré el lacón con las dos manos (por si las moscas) mientras decía muy oronda:

—Ustedes disculpen, pero esto es mío.

Y me llevé aquel muslo de puerco momificado de vuelta a nuestra mesa, donde Alberto estaba ya a punto de expirar. Sensatamente renunciamos a comerlo, pedimos un mojito, que nos tomamos a la mitad, y también a la mitad nos fumamos el único cigarro que llevábamos, despacio, con mucho estilo. Y en cuanto vi más recuperado a mi amigo nos largamos de allí, pero caminando lento, como si fuéramos Jackeline Kennedy y Aristóteles Onassis. Al día siguiente, en el cubículo de la biblioteca, le conté a Gretel tremenda historia de amor en La Divina Pastora.

Aquí voló el lacón...

Aquí voló el lacón…

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HA MUERTO ROBIN WILLIAMS

 La muerte del actor Robin Williams ha estremecido al mundo. Muchos se refieren a él como a un genio, aunque las listas de premios que obtuvo no arrojen ninguno realmente relevante, lo que viene a ser un modo de confirmar que algún don especialísimo tuvo, porque los grandes jurados, si algo son capaces de hacer a la perfección, es no entender jamás la verdadera grandeza de un artista.

 El suicidio es siempre una manera muy trágica de morir, aunque la Muerte es invariablemente trágica y todo lo que nos inventemos para hermosearla, entelequias tales como la dignidad, el heroísmo, la ascensión espiritual y muchas otras cosas, no son más que velos de consolación que corremos discretamente sobre el acontecimiento más desgarrador de la existencia humana. Pero tener que renunciar a vivir y privarse de abrir los ojos al mundo cada mañana por la propia decisión, la mano propia… podrá ser liberador y dignificador para el que parte, pero devasta quienes se quedan y no se pueden liberar del tremendo peso que cae sobre sus conciencias, sus emociones, pues ¿cómo podemos estar seguros y tranquilos con respecto a la responsabilidad que nos cabe cuando alguien a quien amamos decide partir…?

 Robin Williams, cuyo currículum cinematográfico anda en estos momentos tan difundido en todos los medios de prensa que no es necesario reproducirlo aquí, era, sin duda, un hombre amado, y no solo por sus familiares y amigos, sino por mucha gente que jamás llegó RobinWilliamsMagnum-300x450a conocerlo más que en la pantalla. Lo querían los niños, que lo piensan tanto antes de entregar sus afectos, y los adultos porque los hacía reír, pero también porque los hacía volver a pensar en ciertas cosas que se hubieran dicho ya concluidas, pero desde aspectos que las revelaban como si sucedieran por primera vez. Probablemente uno de sus roles más recordados haya sido el que desempeñó en el filme sobre Peter Pan, o aquel donde fue doctor del niño que envejecía. Cada espectador tiene su propio Robin en el corazón. Para mí resultó inolvidable en un filme cuyo título nunca he conocido, en el que interpretó al viudo de una pintora suicida, a la que sigue, en una moderna versión de Orfeo, hasta los Infiernos. Halla la entrada a otros mundos a través de los paisajes que ella había pintado, y en su larga travesía por estas pinturas algo misteriosas encuentra a su perra dálmata, muerta mucho antes… A fin de cuenta, cada espectador es una caja de resonancias con sus propias vibraciones, y esa es la película de Robin Williams que a mí me hizo llorar y que nunca he olvidado, por ser la metáfora en movimiento de aquella frase terrible del filósofo griego Demócrito: “Todo se marcha…”, donde se resume la tremenda impermanencia que es la Muerte.

 Para decir adiós a un hombre como Robin Williams con palabras sinceras que broten de lo profundo del alma, hay que entender algo de catástrofes personales, de demoliciones del espíritu y de batallas terribles largamente sostenidas con fuerzas que se sacan de quién sabe dónde. Yo quisiera que nadie se sintiera tan al límite de su capacidad de resistencia como para optar por una salida tan tétrica de la vida. Lo natural es morir de vejez en la robin-williams-325x436cama, no en la guerra ni por mano ajena, pero mucho menos por la de uno mismo, porque ello habla de un conteo regresivo de la desesperación al que ningún ser humano debiera verse sometido. Adiós, entonces, a un hombre que durante décadas derrochó lo mejor de sí mismo para cada uno de nosotros, lo mereciéramos o no. Adiós a un hombre que tenía la mirada más tierna y bondadosa que recuerdo haber visto últimamente en un rostro humano. Cuando morimos de muerte natural, de término vital, o de una larga enfermedad, la herida que dejamos en la tela de la vida es más fina y cierra mejor, pero cuando un hombre muere antes del fin lógico de su existencia, la rasgadura queda abierta y por mucho tiempo exuda angustia. Extrañaremos a Robin Williams, y su ausencia quedará en el aire como un agujero extraño por el que se fugan la alegría, la inocencia y la ternura. Intenté no hablar del suicidio de Robin delante de mi hija, pero ella de algún modo lo supo, y se me acercó para comentarme consternada que era su actor preferido, y cuando le pregunté por qué, me dio una respuesta que aparentemente peca de simplicidad: “No sé…, porque me llegaba…”. No creo que se le pueda rendir homenaje mejor y más diáfano a un artista.

 Mientras leía sobre la escena del suicidio de Robin Williams, cómo encontraron su cuerpo y todos esos detalles macabros que nunca faltan en estos casos, ha venido a mi mente un poema de Juan de Dios Peza que le oí recitar muchas veces a mi familia cuando era niña. No me importa dirimir aquí si es un buen o un mal poema, solo me interesa la paradoja que puede ocultarse tras un rostro que nunca cesa de reír:

REÍR LLORANDO

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«Eres el más gracioso de la tierra
y el más feliz…»
                                 Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
                                              — ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
                                          —¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
                                                —¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
                                      —¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
                                          —Tengo riquezas.
—¿De lisonjas gustáis?
                                          —¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
                                              —Mis tristezas.
—¿Vais a los cementerios?
                                                —Mucho… mucho…

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
                        —Sí, a Garrik… La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
                                              —¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.

                        * * *

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

 

 

 

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El vecino de los bajos o el regreso de Enrique Núñez Rodríguez

 Cuando ya creíamos cierta para Enrique Núñez Rodríguez esa triste profecía sobre el silencioso olvido al que condenamos a los muertos, según discurre el escritor Abel Prieto,El-vecino-de-los-bajos-cubierta-web llega a nuestras ávidas manos de lectores perpetuamente insatisfechos un regalo-sorpresa que nadie se esperaba: El vecino de los bajos, un nuevo libro de textos exquisitos de uno de los más geniales, populares y queridos humoristas cubanos de todos los tiempos. Compiladas por su nieto Tupac Pinilla, editor diestro y de probado gusto, 99 crónicas de Núñez Rodríguez  rescatadas de las páginas de Juventud Rebelde, donde siempre tuvo su columna para hacer felices a los lectores, están ahora a disposición de todos los cubanos, publicadas en la colección El Bobo, de la editorial UNION, con una portada que habla con todo el poder comunicativo del que la imagen arquetípica es capaz: una caricatura de Núñez Rodríguez, firmada por Fabelo, donde aparece su inconfundible rostro sonriente sobre su cuerpo rechoncho y de menores dimensiones, sentado ante una máquina de escribir donde teclea, y de la que sale, haciendo las veces de una cuartilla, una banderita cubana.

Porque además de escritor magnífico, humorista simpatiquísimo y hombre de una sensibilidad minimalista tremendamente peculiar, Núñez fue un criollo rellollo, si es que eso constituye un mérito notable, aunque seguramente él hubiera negado tal dislate, alegando que, en su caso, la criolliedad era una condición inherente a su naturaleza humana. Jamás se le hubiera ocurrido a Núñez que se pudiera nacer en Cuba y no ser cubano. Se puede, desde luego, aunque no sea caso que abunde, pero a él…, a él nunca le hubiera pasado esa idea por la cabeza.

Desde las primeras páginas el lector siente que está de nuevo en presencia del hombre que ENRIQU~1fuera un ídolo popular. De inmediato se reconoce su estilo refinado pero llano, elegante sin excesos, natural, fluido, ligerísimo a la vez que de una profundidad psicológica capaz de poner a pensar a los más superficiales nativos de esta isla. Y esa gracia tan suya, ese ingenio desbordante que nunca repitió fórmulas y que parecía siempre dispuesto a comenzar una vez más el descubrimiento de la realidad, de modo que la más intrascendente de las vivencias cotidianas se revelaba a través de su pluma como una experiencia única, maravillosa. Si acaso habrá sido Núñez, y perdóneseme la sospecha, quien descubrió lo real maravilloso… Él tenía lo contrario de lo que Martí llamó el ojo fétido. Núñez fue agraciado por la Madre Natura con el ojo diáfano del amor por la vida, que hace que hasta en el fondo del pantano brille un punto de oro bajo el sol.

¿Cómo se las arreglaba Núñez para dialogar desde sus páginas, de espíritu tan humilde, sobre cuestiones tan peliagudas con el hombre de la calle, sin nublarle el entendimiento con disquisiciones alambicadas ni vocabulario reforzado con los metales pomposos e inextricables de la academia? Yo creo, y no soy la única en pensarlo ni me atribuyo el descubrimiento, que su secreto estaba en hablar con la lengua simple del corazón y la suavidad del cariño, aún cuando sentía que debía señalar errores en ciertas personas y procedimientos, que ciego jamás fue este hombre.

Núñez me parece una personalidad admirable, porque habiendo disfrutado de una posición que le hubiera permitido lanzar discursos aprovechados, no lo hizo jamás. Nunca utilizó su profesión ni las tribunas que el periodismo brinda para decir algo que no saliera de lo más hondo de su honestidad y de su sentimiento. Jamás traspasó la línea delicadísima que transforma una página en panfleto oportunista; jamás fue insincero, y no me parece necesario haberlo conocido para saber esto último, porque no hay en Núñez ni una sola sílaba salida de su pluma que huela a oportunismo. No tengo la más mínima duda de que todo cuanto dijo, lo dijo desde la verdad, y por eso despertaba en la gente un fervor delirante, del que a veces se quejó con esa bonhomía que lo caracterizaba, alegando que los muchos amigos desconocidos que tenía no lo dejaban caminar en la calle.

Como humorista fue finísimo, con esa habilidad natural para detectar la situación hilarante allí donde los burdos no ven nada y necesitan del chiste malévolo y grueso para que les brote la carcajada como un chorro de agua turbia. No incurrió Núñez en ese pecado al que son tan dados los ególatras que eligen el camino de la risa para resaltar entre la marea humana a la que pertenecen: la falta de escrúpulos. No cupo nunca en él la determinación de hacer reír a cualquier precio. No practicó la burla, lo grotesco, ni ese humor tan cruel y fácil que pone a trabajar los risorios ajenos a costa del baldado, el ciego, el mutilado, el viejo, el despojado de razón… Núñez nunca fue un flagelador, por el contrario, siempre fue respetuoso hasta con quienes habían escogido vivir y pensar en dirección opuesta a la suya. En ese sentido era un filósofo en toda la extensión de la palabra, y sin callar jamás sus posiciones se mantuvo fiel toda su vida a la máxima de que el respeto al derecho ajeno es la paz. Es una lección que nos dejó como legado y merece que no la barra el olvido.

Aquí me detengo, porque considero que Enrique Núñez Rodríguez no necesita una reseña extensa para ser recordado, ni para que este libro póstumo despierte el mismo entusiasmo entre los cubanos que aquellos que publicó en vida. Solo me resta decir que la cuidada edición cuenta con un muy oportuno prólogo de Abel Prieto, a quien considero una de nuestras plumas más finas y más afines con el tipo de sensibilidad que Núñez Rodríguez poseyera, o mejor, que posee, porque de él siempre será delito hablar en tiempo pasado.

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SAN GERÓNIMO v.s. SANTO DOMINGO O LA ILUSIÓN DE LA ETERNA PRESENCIA

 
AYER CONVENTO DE SANTO DOMINGO

Convento e iglesia de la Orden de Santo Domingo en La Habana, tal como pudo vérseles  hasta la primera década del siglo XX.

Convento e iglesia de la Orden de Santo Domingo en la calle del Obispo, tal como pudo vérseles hasta la primera década del siglo XX.

 Recién alguien mencionó durante un breve intercambio epistolar el edificio que todos conocemos como San Gerónimo, en la calle del Obispo, y lo llamó Santo Domingo. La persona en cuestión aseguró que cierta actividad cultural se desarrollaba no en San Gerónimo, como yo sostenía, sino en Santo Domingo. De momento me desconcerté al no ser capaz de ubicar el lugar al cual se hacía referencia. Pasé revista en mi mente a todos los conventos coloniales o republicanos existentes en la ciudad de La Habana y no logré recordar ninguno con ese nombre, y ni siquiera uno que se hubiera llamado así en el pasado y ahora existiera bajo otro nombre. Solo venía a mi memoria un convento de dominicos que existió hace siglos en la manzana entre Obispo, Mercaderes y O’Relly, y una pequeña iglesia en Guanabacoa. Como me precio de conocer bastante bien mi ciudad y su historia, quedé muy molesta con mi ignorancia y llamé a mi maestro Ciro Bianchi para que desfaciera el entuerto. Luego consulté La arquitectura colonial cubana, libro icónico del prestigioso arquitecto cubano Joaquín Weiss, y por si acaso a Ciro y a mí —simples cronistas e investigadores— se nos estuviera pasando algún detalle importante, apelé también al señor Arturo Alexander Pedroso Alés, historiador del Departamento de Patrimonio de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, quien me prestó una muy generosa ayuda que agradezco en lo mucho que vale.

 Ciro, siempre solidario, tuvo la paciencia suficiente para leerme por teléfono unas páginas del historiador Emilio Roy de Leuschenring que tratan el tema, mientras el señor Pedroso me envió recortes de prensa con valiosa información de carácter histórico y fotos de época, todo lo cual vino a confirmar mi idea inicial: en este momento, no existe en la capital de Cuba ningún inmueble que pueda ser considerado como el convento de la orden de Santo Domingo, salvo, como dije antes, el templo de Guanabacoa, que no es convento. ¿Qué estaba sucediendo entonces?

 El origen del convento de la Orden de Santo Domingo, que existió hace siglos en el actual terreno hoy ocupado por el edificio al que los cubanos de a pie llaman San Gerónimo, es bastante antiguo. Según Weiss:

 […] siguió muy de cerca [al] del convento de San Francisco, si bien su fábrica, en lo que al siglo XVI se refiere, parece haber sido de inferior categoría a la de aquel. Por Fray Luis de Novoa, prior de San Juan de Letrán en 1669, sabemos que los títulos originales del sitio y lugar de este convento “no se hallaron en ninguno de los oficios de escribanos públicos de esta ciudad”, pero que en el archivo del convento había hallado dicho auto, “en el que se inserta una real provisión despachada por los Sres. Presidentes y jueces de 8 de octubre de 1557, por lo que pretendo que conste que en dicho año 77 aún no estaba fundado este convento”.

 En 1578 fray Juan de Manzanilla, prior de la Orden de Santo Domingo, presentó ante el Gobernador General de la Isla una escritura que permitía a su Orden tomar posesión de “una iglesia de San Juan de Letrán que está en La Havana”. La propiedad en cuestión contenía una casa y una capilla construidas por el dominico Andrés de Anis al costo de dos mil pesos oro, quien la legó a su Orden. La pequeña iglesia se llamaba Nuestra Señora de la Consolación, “que por otro nombre se llama San Juan de Letrán”, según consta en documentos oficiales de la época.

Domingo de Guzmán nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense y desencadenó la masacre de los cátaros del Languedoc. Como su nombre indica,  domini canis se traduce del latín como Los perros del Señor.Es directamente responsable del fenómeno de fanatismo ideológico conocido como Inquisición, en realidad un genocidio.  Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221

Domingo de Guzmán nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense y desencadenó la masacre de los cátaros del Languedoc. Como su nombre indica, domini canis se traduce del latín como Los perros del Señor. Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221. Su Orden fue directamente responsable de la aparición del fenómeno conocido como Inquisición, en realidad un genocidio que durante siglos cobró la vida de millones de personas en Europa, y operó también en América Latina.  

Pero los dominicos usaron por poco tiempo estas instalaciones iniciales, pues ya la Corona había ordenado a las autoridades de Cuba que prestaran a la Orden todo su apoyo para la construcción de un convento, por lo cual el Cabildo de La Habana se apresuró a invitar a los padres a que escogieran el solar que más les placiera entre todos los que estuvieran libres en la ciudad. Los monjes seleccionaron un área que comprendía diez solares, supuestamente ubicados en la esquina de O’Relly y Mercaderes, donde estuvo situada la iglesia de Letrán. Nueve años después aún no había en el lugar más que una estructura de tablas y paja, guano o tejas. El Procurador de la Orden se quejaba en carta al Rey de que en el interior de esa edificación, donde “se administran los sacramentos a los vecinos y a los negros de la fortaleza de dicha villa y a la gente que va y viene en las flotas, y en el que se hospedan los religiosos de la dicha Orden que van por ay a otras partes de las Indias” llueve abundantemente, de modo tal que el Santísimo Sacramento “está con mucha indecencia”. El solicitante achacaba la penuria a las pocas limosnas recibidas, y solicitaba cal y madera para poder concluir debidamente la construcción de la iglesia. En 1996, año en que fue publicado el libro de Weiss, aún no se sabía con exactitud, pero se suponía que el cuerpo principal del edificio de la iglesia de San Juan de Letrán y una parte del primer claustro del convento quedaron terminados en los finales del siglo XVI.

 En 1643 el entonces prior de los Dominicos, fray Luis de San Miguel, solicitó de las autoridades autorización para emplear más terrenos en la construcción, asegurando que una vez terminada esta, quedaría “la calle igual y muy vistoso el edificio”. Pero el Cabildo no quiso fiarse únicamente del entusiasmo del sacerdote, y formó una comisión presidida por el célebre ingeniero italiano Juan Bautista Anntonelli  —quien había tenido a su cargo, entre otras obras, el Castillo de Los Tres Reyes del Morro, la fortaleza de La Punta y la Zanja Real— para que dieran su visto bueno al proyecto de los esforzados padres. A Antonelli debió parecerle todo bien, pues una semana después el Cabildo concedió su autorización y continuaron los trabajos hasta quedar terminada la iglesia con su capilla mayor, y se procedió a la construcción de los claustros dentro del recinto conventual. Templo y convento se ubicaban, según Jacobo de la Pezuela, “en el punto de mayor movimiento de la población capitalina”. Muy cerca de allí se encuentran la Plaza de Armas, el Palacio de los Capitanes Generales, el Palacio del Segundo Cabo y otros inmuebles que tuvieron en su tiempo gran relevancia arquitectónica y preponderancia social.

 Testimonios históricos aseguran que a mediados del siglo XVIII la iglesia de Santo Domingo poseía “un orden de capillas de bóveda contiguas al primer claustro, siendo la que sirve de colateral a la capilla mayor formada de cúpula o linterna”. En ese entonces el convento tenía tres claustros, “el primero labrado de columnas y arcos de piedra y los otros dos de madera, con todas las aulas correspondientes a los escolares y oficinas precisas para los religiosos”. Weis supone que la después tan famosa y celebrada torre de la iglesia, en aquel entonces “no se había elevado aún lo suficiente sobre el conjunto conventual como para llamar la atención”. Pero a principios del siglo XIX ya existen testimonios que describen la torre como una estructura “de tres cuerpos y la más elevada de la ciudad”. Weiss concluye que este campanario debió ser construido en su mayor parte en la segunda mitad del siglo XVIII.

 El edificio resultó un trasunto que bien pudo servir de inspiración a Sthepen King para su novela Red house, pues en sus terrenos las construcciones nunca cesaban. En 1777 se estaba fabricando una nueva iglesia en el convento, y tal vez de esa época, más o menos, date la portada lateral barroca construida por Ignacio Balboa y coronada por un nicho que contiene una imagen del santo Domingo de Guzmán, patrono de la Orden de Predicadores. Sobre cada columna estaban las imágenes de Santo Tomás de Aquino y San Pedro Mártir, “todas —afirma Weiss— de proporciones chaparras y de carácter arcaizante”.

 El libro de Weiss muestra una serie de fotografías donde puede apreciarse el interior de la iglesia con su coro, capilla y claustros. Una de estas imágenes es una hermosa vista del bellísimo campanario, que en su momento solo tuvo como rival al de San Francisco, y al que Weiss describe en estos términos:

 Los cuatro cuerpos de que se componía, separados por sendos entablamentos, estaban admirablemente graduados en altura y ancho decrecientes, como también estaban graduadas las aberturas semicirculares de cada piso, con un gran sentido de la relación de vanos y macizos. Por el desnudez de sus paramentos y la sencillez de sus formas ha merecido también este campanario el apelativo de herreriano, pero es difícil admitir la influencia de Herrera dos siglos después de su tiempo, por lo que habrá que buscarla en factores locales.

 Opus Habana, revista oficial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, en artículo titulado Iglesia y convento de Santo Domingo, cuenta que:

 En 1721, contando con el apoyo de los poderosos condes de Casa Bayona, lograron los dominicos la aprobación pontificia a la [su] solicitud de fundar universidad en su convento de San Juan de Letrán, mediante la bula emitida por Su Santidad el Papa Inocencio XIII. La aceptación por placet regio de Felipe V de Borbón, a través del Consejo de Indias el siguiente año, y la posterior confirmación por real cédula de 1728, permitieron que el 5 de enero de ese año naciera en el renovado convento la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo* de La Habana, con los mismos privilegios, honores y gracias que gozaba la del convento de la orden en La Española, y contando con las cátedras de Cánones, Leyes, Medicina, Matemáticas, Gramática, Teología y Filosofía.

 Así, bajo la dirección de los frailes de la Orden de Santo Domingo, surgió la primera institución de instrucción superior que existió en Cuba, por cuyas aulas pasaron muchos hombres que se destacarían después en diversos terrenos de la vida intelectual de la colonia. En su nómina de alumnos y profesores aparecen nombres tan ilustres como los de Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte, Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay, José Agustín Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José María Heredia, Rafael María de Mendive, José Antonio Saco y Cirilo Villaverde. Cuando los dominicos recibieron un nuevo edificio en El Vedado y su antiguo convento pasó a ser propiedad del Estado, la Universidad se mantuvo en el lugar, pero tuvo que compartir el inmueble con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército. De nuevo, según datos extraídos del mencionado artículo de Opus Habana:

 […] en 1863 radicó también allí […] el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, [de cuyo alumnado formó parte José Martí][1]. En 1876 ocupó una de sus celdas, por la calle San Ignacio, el Monte de Piedad, e incluso la Primera Estación de Policía encontró albergue en sus salas. Para 1887 fue señalada la “loma de la Pirotecnia Militar” para acoger, con mejores condiciones y mayor espacio, la Universidad de La Habana, pero las obras no se iniciaron hasta 1901 y el traslado se hizo efectivo en la primavera de 1902.

 Me parece interesante acotar que en la iglesia de los dominicos eran sepultados, según costumbre de la época, cuerpos de ciudadanos ilustres, y tal vez de otros no tan ilustres. Grabados en las losas que marcaban los sepulcros sobre el pavimento aparecían, entre otros (según dejó registrado Jacobo de la Pezuela), los nombres del Capitán General Don Juan Antonio Timeo[2] y Fuertes; don Martín de Aróstegui, Director y Promovedor principal de la antigua Real Compañía de Comercio de La Habana, y de doña Teresa Chacón, primera condesa de Casa Bayona, quien al morir sin descendencia hizo a la Orden un legado millonario para aquel tiempo, consistente en 800 000 pesos.

Tras el traslado de la Universidad, el viejo edificio devino casa de vecindad.

El siglo XX y los comienzos de la era republicana no fueron piadosos con el viejo convento de Santo Domingo. En 1916 el inmueble en su totalidad fue adquirido en pública subasta por los señores Zaldo y Compañía, quienes se proponían construir allí un gran edificio comercial, y tres años más tarde fueron demolidos los muros de la iglesia y del primer claustro. En el artículo citado de Opus Habana se afirma que la demolición comenzó de inmediato. En otras fuentes consultadas se dice que fue un proceso paulatino que se llevó a cabo por etapas.

Estas escasas ruinas fueron las únicas sobrevivientes de la iglesia y el convento de Santo Domingo en La Habana.

Estas escasas ruinas fueron las únicas sobrevivientes de la iglesia y el convento de Santo Domingo en La Habana.

 Pero, afirma de nuevo Opus:

[…] como el proyecto no fraguó, la edificación a medio demoler se convirtió en un muladar hasta que en la década del 50 el Banco Nacional de Cuba negoció el terreno para instalar allí sus oficinas. Tampoco esta vez se ejecutó lo proyectado, y continuó la devastación a pesar de las enconadas protestas de diferentes sectores habaneros.
“La piqueta demoledora” –como se le llamaba– arrasó aquellos restos cuando la compañía Terminal de Helicópteros S.A. decidió construir, en la fustigada manzana, un moderno edificio para oficinas con terminal de helicópteros en su azotea: la dinamita hizo volar los centenarios muros y una visión de tierra asolada fue la imagen que se ofreció a los habaneros en 1957, para luego comenzar la novedosa construcción.

La “novedosa construcción”, erigida bajo el gobierno del Presidente Fulgencio Batista, quedó inaugurada en 1958. El esperado helipuerto estaba en la azotea, mas nunca llegó a

Edificio del Ministeri de Educación sobre cuya estructura se construyó San Gerónimo.
Edificio del Ministerio de Educación sobre cuya estructura se construyó el actual San Gerónimo.

funcionar. Luego del triunfo de la revolución se instaló aquí el Ministerio de Haciendas hasta 1966, y poco después se convirtió en la sede del Ministerio de Educación, institución que ocupó el inmueble hasta finales de la década del ‘90. En la planta baja ofrecía servicios una biblioteca pública de gratísima memoria para quienes alcanzamos a estudiar en ella, pues tenía cubículos que se podían alquilar a muy bajo precio y garantizaban el aislamiento necesario para la concentración, al par que regalaban a los usuarios una interesante climatización debida al aire acondicionado. Yo visitaba esa biblioteca allá por los primeros años de la década de los ochenta, cuando era alumna de la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana, pero ni sus magníficas condiciones fueron capaces de hacer que yo aprobara los odiosos latines del profesor Chavarría.

HOY COLEGIO SAN GERÓNIMO

Moderna fachada de espejos del Colegio San Gerónimo y vista parcial de la torre del campanario reconstruida

Moderna fachada de espejos del Colegio San Gerónimo de La Habana y vista parcial de la torre del campanario reconstruida.

La siguiente cita fue tomada del sitio web de la emisora Habana Radio y pertenece a un artículo firmado por Zenaida Iglesias Sánchez:

En el año 2000 La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana decidió intervenir el inmueble que alojaba al Ministerio de Educación y ejecutar un nuevo proyecto en el histórico lugar. La obra emprendida por los especialistas de la Oficina del Historiador debía culminar en un importante inmueble, tecnológicamente preparado para responder a las exigencias del mundo empresarial moderno. Finalmente se decidió convertirlo en la sede del Colegio Universitario, formando parte de nuestra universidad y retomando en sus aulas, las carreras de letras, algunas ya en desuso. El edificio entró en ejecución en el año 2003 y desde su inauguración se encuentra en funcionamiento.

Y esta otra cita la extraje de una página de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana:

La idea inspiradora del proyecto desarrollado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, se concibió después de investigar y documentar con amplitud la espacialidad y el lenguaje arquitectónico del antiguo inmueble: proyectar el futuro desde el pasado. A partir de la idea central, se fueron identificando los códigos definitorios para ser

Puerta principal del edificio y acceso al Aula Magna del Colegio San Gerónimo. Reconstrucción reinterpretada del original.

Puerta principal del edificio y acceso al Aula Magna del Colegio San Gerónimo. Reconstrucción reinterpretada del original.

reconstruidos en su verdadero sentido de ‘construirlos nuevamente’, recreando la imagen desaparecida con lenguaje contemporáneo. Para ello la maciza estructura superior de hormigón armado fue tratada con una envoltura de vidrio que refleja el entorno, mientras se restituyó uno de los claustros, convertido en el simbólico “patio de los laureles” de aquella primera universidad cubana; se rescató el espacio de la nave de la iglesia, al que se le reasignó la función de paraninfo y en cuyo interior es reinterpretado el lenguaje de alfarjes de los antiguos techos.
Partiendo de las dimensiones y forma primitivas, sobre la calle O’Reilly se erigió, en su posición y lugar originales, la torre del convento,

Fachada original

Fachada original

importante hito visual de la zona y acceso al museo que, desplegado en dos niveles del edificio y depositario de importantes objetos y

testimonios de la historia y el arte, será homenaje permanente al desaparecido convento, a sus fundadores y a la primera universidad de Cuba.
El muro exterior sobre la calle Mercaderes, en sus dimensiones y escala, y la espléndida portada barroca, reinterpretada en hermosa piedra de canteras michoacanas, evocación de la que en un tiempo fue punto focal y acceso privilegiado, se proponen otorgar al edificio su protagonismo de otrora como significativo fragmento de una importante zona del Centro Histórico.

Hoy comparten el espejeado inmueble de estructura ultramoderna —que no guarda relación con las edificaciones mayoritariamente coloniales del entorno inmediato, pero de todos modos es hermoso— el Colegio San Gerónimo, filial de la Universidad de La Habana, “donde se imparte la novedosa carrera Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural” [3]; la Academia Cubana de la Lengua; la sede del Conjunto Ars Longa de Música Antigua y otras instalaciones de carácter cultural. 

No me parece necesario acudir a un mayor cúmulo de información para dejar convenientemente esclarecido que el edificio mencionado, si bien ha sido construido en los terrenos donde se levantaron hace siglos el convento y la iglesia de los frailes de la Orden de Santo Domingo (o Dominicana de los Predicadores, como también se la llamaba) , no conserva de aquella estructura original más que un fragmento del campanario, y entre aquella sede religiosa de gran belleza y valores arquitectónicos y el

Escudo del Colegio San Gerónimo

Escudo del Colegio San Gerónimo

inmueble que hoy la población conoce como Universidad o Colegio de San Gerónimo, o más simplificadamente, San Gerónimo, se interponen unas ruinas ilustres, un enorme basurero, un edificio de oficinas y una terminal para helicópteros, y ha corrido, en fin, mucha agua. Resulta perfectamente comprensible que en el personal de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana perdure el hábito simbólico de referirse al edificio actual como Santo Domingo. Esa es una conmovedora muestra de homenaje y de amor por la memoria histórica de la ciudad que todos llevamos en el alma. Pero técnicamente resulta absurdo corregir a las quienes llaman al edificio actual San Gerónimo, porque eso es lo que el inmueble es en el día a día de los habaneros. Pretender ubicar actividades de nuestro presente capitalino en un edificio fantasma del que no ha sobrevivido prácticamente nada, y cuyo mayor lazo con el pasado son reconstrucciones reinterpretadas de algunos de sus elementos arquitectónicos más relevantes, equivale a decir que una parte de nuestra vida cotidiana no se está desarrollando en La Habana de 2014, sino en otra dimensión espaciotemporal donde tienen su anclaje definitivo las cosas y los seres que ya no existen. Una idea bastante surrealista, ¿no…?

 

 

*En el libro Cuba en la mano el título de la Universidad aparece con J(erónimo).

[1] La acotación es mía.

[2] La ortografía de este apellido puede no ser correcta, pero aparece mutilado en el fragmento de texto escaneado.

[3] Cita tomada de http://www.ohch.cu/instituciones/colegio-san-geronimo/colegio

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RUIDO Y FURIA. Respuesta al comentario enviado por la Maestra Teresa Paz, Directora de Ars Longa

 

Yo, sir Galahad, dedico este trabajo a Cynthia, Henry y  Frank, caballeros del Grial.

 Panel

A comienzos del año 2013 subí a este blog el artículo Cuba y los hijos que nadie quiere. La música medieval en el laberinto. A la mitad del mismo año recibí el primer comentario. Un año y medio después, el 22 de julio del 2014, recibí el segundo comentario, procedente de Susana de la Cruz, flautista del ensemble Ars Longa de Música Antigua. Un día después, recibí el tercer comentario, proveniente de la señora Teresa Paz, directora del ensemble antes mencionado. Me honra que tras un silencio tan largo, hayan irrumpido casi de la mano dos miembros de esa agrupación musical tan prestigiosa en nuestro país, y se me ocurre que si el doctor Jung estuviera entre nosotros, de inmediato habría traído a colación su célebre historia del escarabajo dorado y su teoría de la simpatía universal, que la gente común llama causalidad y los sabios, en los últimos tiempos, efecto mariposa. Los tres fenómenos no guardan entre sí una exacta equivalencia, pero están relacionados y son efectos colaterales de la misma Ley. En todo caso, tienen en común la negación de la casualidad.

 Como el tema presenta cierta complejidad, voy a estructurar el material para conseguir el mayor orden posible en las ideas. Ofrezco excusas a los lectores si el resultado tendrá una estructura propia de los textos de academia, y hasta un poco de la tediosa densidad que los caracteriza. Trataré de colocar algunas bellas imágenes para amortiguar el posible aburrimiento. Es todo lo que puedo hacer, me temo.

 Comienzo antes del comienzo

 Como amante de la música antigua y como periodista, he seguido al conjunto Ars Longa prácticamente desde sus inicios. Soy medievalista, y descubrir la existencia en La Habana de aquel grupo de jóvenes que hacían música medieval y declamaban textos medievales con trajes de época, en escenarios sugestivos iluminados por cirios, que danzaban y hacían sus espectáculos montándolos sobre estructuras teatrales propias del Medioevo, fue uno de esos acontecimientos que marcan definitivamente la vida. Asistí a un concierto del Conjunto por primera vez en 1994, y desde entonces los he admirado, he disfrutado su arte, escrito sobre ellos y tenido en muy alta estima la labor musical que la señora Teresa Paz y sus músicos han llevado a cabo. En ese sentido, el mérito del ensemble y de su directora es indiscutible. Merecen todo el respeto del público, especialista o no, por su disciplina, su rigor y su sensibilidad artística, por su constancia en el trabajo investigativo, por la formación de sus integrantes, etc. No me atrae el barroco, pero lo que acabo de escribir aplica también para ese género de música que terminó por absorber toda la línea de trabajo del grupo. Una vez aclarada mi posición como profesional y como artista, paso a lo que sigue.

 Comienzo

 strudwick7When Apples were Golden and Songs were Sweet, But Summer had Passed awayCorría el año 2011 cuando llevé a mi hija, entonces estudiante de canto, a la sede de Ars Longa en el edificio de San Gerónimo, en la calle del Obispo. La señora Paz tuvo entonces la gentileza de sugerirle que aprendiera a tocar algún instrumento antiguo para que pudiera acompañarse en el canto; le mostró el instrumentarium del grupo y mi hija, sin dudar, eligió el arpa. La señora Paz tuvo también la gentileza de admitir a mi hija en los talleres de instrumentos antiguos que ofrecía el ensemble para los niños de La Habana Vieja, como parte de un proyecto cultural de la Oficina del Historiador. Mi hija no vivía en esa zona de la ciudad ni era una niña, sino una joven de 23 años desfasada en el estudio de la música, y el gesto de la señora Paz era muy de agradecer. Así fue como yo entré en contacto con los talleres de Ars Longa y con algunos de sus miembros, y aún con jóvenes que, si bien no asistían con regularidad a sus aulas, eran también amantes de la música medieval. Así conocí a Henry, quien intentaba tocar varios instrumentos, soñaba con armar un ensemble y es, además, contratenor; a Frank, más enamorado de su oboe barroco que de una muchacha; a Boris (guitarra y flauta), y conocí una nueva faceta de mi hija: borró todo lo que había sido su vida hasta aquel momento para dedicarse, únicamente, al arpa. Esos jóvenes que visitaban mi casa, me contaban sus sueños y me hablaban de sus inquietudes no provenían de los conservatorios y academias del sistema nacional de enseñanza de la música. Eran trabajadores y estudiantes desfasados en edad y por esa razón imposibilitados, según los criterios academicistas, para volverse músicos, aunque algunos ya tuvieran cierta formación musical. Su tren ya había pasado, estaban viejos. Ningún conservatorio los admitiría, ningún profesor de nuestras escuelas oficiales los tomaría en serio, ningún centro docente les facilitaría planes de estudio y ni siquiera serían admitidos en sus aulas en calidad de oyentes para tomar nociones de algunas asignaturas. Tenían que conformarse con seguir vendiendo queso por las calles, despachando croquetas en la modesta venduta familiar, o atormentándose frente a una computadora que no podía saciar sus ansias de crecimiento espiritual. No tenían derecho a nada, y menos aún a soñar. Para rematar, la escuela de superación profesional Félix Varela había sido cerrada, y mucho antes habían ido saliendo de circulación otras escuelas similares. Ars Longa era, pues, el único refugio y la última esperanza, y a ella se aferraron, algunos, en circunstancias personales y familiares extraordinariamente difíciles y haciendo esfuerzos tremendos para estudiar su música. Y todo fue bien. Hasta se les permitió participar como oyentes en un Diplomado en el mismo edificio, aunque sin derecho a recibir diploma final, porque no eran graduados universitarios. Pero era mucho más de lo que hasta entonces habían tenido. Estaban felices y comenzaron a vislumbrar algún futuro.

Boris y Henry.Amigos

 Algunos meses después llegó el fin del curso escolar y se programaron varios conciertos para los integrantes de los talleres. Fueron tardes emocionantes para nosotros los padres, pero lo fueron más para aquellos muchachos mayores, quienes vieron de pronto como si el cielo se hubiera abierto y les estuviera permitiendo pasar entre las nubes. Vinieron los meses de vacaciones, los muchachos se reunían, hacían planes, quienes pudieron se mandaron construir instrumentos. Un amigo solidario le envió a mi hija un plano de arpa y otro le recomendó un luthier especializado en guitarra y laúd, quien se mostró dispuesto a intentar construir el instrumento (el segundo que se fabricaría en Cuba con posterioridad a 1959; el primero fue construido por el luthier Raul Lage para Ars Longa). La familia entera emprendió la búsqueda de un juego de cuerdas por tres continentes, y mi esposo terminó con sus propias herramientas, en la sala de la casa, lo que faltaba al arpa recién nacida para que pudiera ser usada… Todos se preparaban —cada uno de acuerdo con sus posibilidades materiales— para el comienzo del nuevo curso y la reanudación de los talleres de Ars Longa. Pero llegó septiembre y los talleres no reabrieron sus puertas. Los muchachos no sabían a qué se debía el impace. Pasó un tiempo, la inquietud crecía y seguíamos sin noticias, hasta que se supo que los talleres reabrirían, pero con una captación hecha entre los alumnos de nivel medio del conservatorio Amadeo Roldán. Los muchachos se desesperaron, buscaron a sus antiguos profesores miembros de Ars Longa, hicieron preguntas, pidieron, suplicaron. Fue en vano: quedaron fuera. 

Tras una primera etapa de desesperación y mucha angustia, vino una etapa de resignación. Comprendieron que debían continuar solos, y los de mayor fortaleza de carácter decidieron continuar hacia adelante sin profesores, sin libros, sin instrumentos antiguos, sin partituras, sin discografía, pues nada de eso se puede encontrar en las tiendas cubanas, lo cual no es un secreto para nadie. Y sin Internet, pues salvo uno de estos muchachos, el resto no tiene acceso a ese servicio ni lo tendrá quién sabe por cuánto tiempo. La historia de Henry y su ensemble Lauda, que he narrado en mi artículo, es solo una de las historias que conozco, pero podría contar otras, porque los muchachos me pidieron ayuda y llegamos a tener relaciones estrechas, llegué a saber muchas cosas, a manejar bastante información y a buscar, por mi cuenta, algún modo de ayudarlos. Algunos, la mayoría, no tenían dinero y sabían que cuando se les rompiera el instrumento ya no podrían sustituirlo. No a todos los apoyaban sus familias. Algunos apenas si tenían familia. Llamaban a mi casa y lloraban, estaban deprimidos, no veían salida. Cuando Frank me llamaba de madrugada para tocarme por teléfono alguna melodía que había estado estudiando en su oboe, cuando Boris me llamaba para anunciarme que iba a vender sus flautas porque no podía más, cuando Henry me llamaba para decirme que iba a renunciar a armar su ensemble porque no quería seguir sufriendo, me tocaba decirles que la derrota no está en el diccionario de un artista, que la música vale cualquier sacrificio, y todas esas frases que no tienen ningún poder real, pero pueden alentar a un amigo en situaciones límite.

Luego llegó otra etapa donde algunos perdieron las fuerzas y se sintieron derrotados. Unos, como mi hija, enfermaron; otros atravesaron depresiones severas para terminar renunciando a tocar. Otros buscaron consuelo en alguna religión o derivaron hacia la música popular. Eran una caravana de vencidos traumados. Solo dos, hasta donde yo sé, superaron la crisis y continúan contra viento y marea. Henry es uno de ellos. Su extraordinaria perseverancia ha ganado mi respeto.

Todo el mundo los ignoró, y en ciertos casos el desdén fue olímpico. Un académico a quien recurrimos y casi le suplicamos unas clases, llegó a decir a mi hija que su arpa cubana era de juguete y que a lo único que podía aspirar era “a ser la arpista del hogar”. Ni siquiera aceptó oírla tocar. Acudimos a un conservatorio donde explicamos la situación y preguntamos si podíamos ver los planes de estudio para que mi hija pudiera guiarse por ellos en sus estudios solitarios. Nos dijeron que no podían mostrarnos nada. Como un Top secret. En el espacio de dos, tres meses, vimos varios profesores particulares, pero o tenían honorarios que entonces no podíamos pagar o estaban poco capacitados. Nunca fue fácil encontrar maestros. Cualquiera puede decir que estas son historias sentimentaloides, y está en su derecho. Sin embargo, en ellas no hay ficción.

 Cartas cruzadas

Para ser un analista de información se requieren dotes naturales o entrenamiento, o las dos cosas. No todos los analistas de información son periodistas, pero por lo general, todos los periodistas son analistas de información en algún grado, y ya se sabe que la práctica continuada de un oficio crea, inevitablemente, vicios profesionales. Por eso, en cuanto tuve en mi poder los mensajes de Susana y Teresa, mi primer acto instintivo fue cruzarlos. Para mi sorpresa, descubrí que los dos tenían puntos en común, pero eran más evidentes las diferencias. Los lectores podrán comprobar lo que digo si leen con atención ambos mensajes, publicados íntegros en mi artículo Cuba y los hijos que nadie quiere…, en este mismo blog. Probablemente quedarán confundidos, como me ha pasado a mí, que si ya lo estaba antes, ahora lo estoy más, porque:

UNO—Mientras Susana escribe en su comentario:

[…] La agrupación imparte talleres todo el año, para músicos, y no músicos […] los talleres, y los locales de la propia agrupación, se encuentran en el Edificio Santo Domingo […] Si alguno de estos muchachos desea acercarse al trabajo del Conjunto puede hacerlo e incorporarse a sus talleres, !nadie es rechazado por no haber estudiado música!. Yo misma, imparto durante todo el año el taller de flauta dulce, sin costo alguno por supuesto, para todos los interesados, eso sí, se exige disciplina, estudio y constancia!

La señora Paz escribe en el suyo:

Esto [que los talleres se hagan][1] constantemente depende de la disponibilidad de los integrantes del Conjunto, que no son seres traídos de esos preciosos cuadros que aparecen aquí, son cubanos como todos nosotros y dentro de su contenido de trabajo está mantener una programación especializada en los Repertorios Antiguos en la Iglesia de San Francisco de Paula, preparar, bianual, el Festival de Música Antigua Esteban Salas, impartir, como trabajo sociocultural, talleres todos los sábados para los niños del centro histórico (que han abierto sus puertas a todos los niños que se han acercado al proyecto). En estos momento nos encontramos enfrascados en un programa académico con las escuelas de música, y se ha creado la Orquesta Barroca de la Escuela Nacional de Música […] pero sobre nuestra responsabilidad no puede caer cubrir las espectativas académicas de cada cubano que se interese o apasione por los repertorios medievales o renacentistas […].

En vista de que estos discursos difieren entre sí, uno se pregunta: Los talleres de Ars Longa ¿se imparten o no todo el año? ¿Acogen a cualquier persona interesada en la música antigua, aunque no tenga una formación musical previa o una formación musical académica previa, o están limitados a personal menor de edad residente en La Habana Vieja o en el Casco Histórico…? ¿Y la captación de alumnos de Amadeo Roldán que llegaro a formar la agrupación Convivium musicum por la que, supuestamente, cerraron los talleres donde estudiaban los jóvenes de mi artículo?…Es más, ¿llegaron a cerrar alguna vez aquellos talleres, como me fue informado? Para ganar en claridad, cuando aún no había yo recibido el correo de la señora Paz, envié a Susana un correo personal en respuesta a su primer mensaje, donde incluí un pequeño grupo de preguntas sencillas sobre el tema. Pero no hubo un segundo mensaje, porque Susana, hasta hoy, no me ha respondido. Todavía puede hacerlo, claro, porque mientras hay vida, hay esperanza. No estoy esperándola.

Respondiendo a la señora Paz (su texto aparece en cursivas)

1-Soy la direcora del Conjunto de Música Antigua Ars Longa y la responsable de que se hagan talleres o no.

 Sí, señora Paz. Si de algo estoy convencida es de que usted es la única responsable de todo. Jamás se me ocurriría cuestionar esa afirmación. Usted ha sido desde el comienzo el rostro visible de Ars Longa, su bandera, su insignia, su estandarte, su lábaro, su mascarón de proa (en el sentido que daban los marinos medievales a los mascarones de sus naves: un sentido mágico y tutelar, de protección y guía).

 2-Esto constantemente depende de la disponibilidad de los integrantes del Conjunto, que no son seres traídos de esos preciosos cuadros que aparecen aquí, son cubanos como todos nosotros […]

 Yo no pienso que los integrantes de Ars Longa hayan saltado hacia la parte de afuera de los bellos cuadros que inserté en mi artículo. Puedo pensar de ellos cualquier otra cosa, pero eso no. Jamás, por ejemplo, he visto entre ellos un ángel como el que encabeza mi trabajo. Por cierto, elegí imágenes espléndidas y me estimula que usted también las valore así.

 3- […] y dentro de su contenido de trabajo está mantener una programación especializada en los Repertorios Antiguos en la Iglesia de San Francisco de Paula, preparar, bianual, el Festival de Música Antigua Esteban Salas, impartir, como trabajo sociocultural, talleres todos los sábados para los niños del centro histórico (que han abierto sus puertas a todos los niños que se han acercado al proyecto). En estos momento nos encontramos enfrascados en un programa académico con las escuelas de música, y se ha creado la Orquesta Barroca de la Escuela Nacional de Música, donde los integrantes de Ars Longa ponen a disposición de los alumnos sus instrumentos con los cuales reaizan sus propios conciertos, y otros que se han construido dentro de los talleres de luthería ofrecidos en el Festival de Música Antigua con el objetivo de la enseñanza. Estamos creando la base para sustentar las espectivas de la enseñanza de la música antigua y de un movimiento de su tipo en Cuba […]

 Estoy  feliz de que usted comparta esta información conmigo y con mis lectores. Hasta puedo hacerme un poco la ilusión de que por fin me está concediendo aquella entrevista que no me dio cuando yo intentaba completar mi reportaje sobre el taller de luthiería, uno de los mejores proyectos culturales de la Oficina del Historiador. Cuba tiene derecho a contar con estructuras que permitan la enseñanza de toda la música a quienes quieran aprenderla, sean o no estudiantes o egresados de instituciones académicas oficiales de la enseñanza de la música en la isla. En un país como el nuestro, donde han nacido músicos geniales que dirigieron orquestas estrellas e influyeron con su trabajo en la música internacional, sin que jamás hayan sido capaces de leer una partitura, me parece un crimen que se siga restringiendo la oportunidad de aprender música en centros docentes estatales, dotados con todo el instrumental y la bibliografía requeridos y con el profesorado debidamente capacitado para impartir esta enseñanza. Siempre he estado en contra de los cenáculos y los círculos de acceso limitado. Si regresaran las escuelas nocturnas de música, si se contratara a profesores remunerados en moneda nacional y se aprovechara el material de estudio destinado a los alumnos de los cursos diurnos; incluso si se pidiera como requisito que los asistentes a esos cursos nocturnos llevaran su propio instrumento en los casos en que ello fuera posible, el costo no sería tan elevado, y un país cuya población es naturalmente dotada para la música saldría ganando gracias a una mayor probabilidad de descubrir talentos. Sin contar con que abrir los centros de aprendizaje del arte a toda la población —y no solo a una pequeña parte— sería un recurso invaluable para elevar la cultura de los cubanos y propiciar el crecimiento de la sensibilidad y el espíritu en once millones de almas tan aplanadas por la chabacanería, el mal gusto, la pésima educación y la preocupante pérdida de valores que padece la sociedad cubana actual. Martí lo habría comprendido y aprobado, no tengo la menor duda, como no puede tenerla quien conozca la clarividencia y elevación moral de su pensamiento. Hace tiempo le conté a su esposo Aland en un pasillo de San Gerónimo que yo soñaba con ver una orquesta de arpas bajo la luna en la Plaza Vieja, y tuve la satisfacción de que me respondiera que él compartía ese sueño. Con esto que usted me ha escrito, siento que ahora estamos más cerca que en 2011 de que ese sueño llegue a hacerse realidad. Es verdad que los instrumentos de música antigua son caros, pero ya tenemos luthiers especializándose en su construcción; y aún en el caso de las arpas, que están entre los instrumentos de precio más elevado, siempre hay hermanos en la cultura dispuestos a colaborar aún desde la distancia. Yo he conocido algunos. En otros países, en otras islas como la nuestra, existen proyectos culturales donde se enseña a tocar arpa a niños y adultos con arpas de cartón. Muchas cosas son posibles cuando se tiene voluntad de hacerlas posibles.

 4- […] pero sobre nuestra responsabilidad no puede caer cubrir las espectativas académicas de cada cubano que se interese o apasione por los repertorios medievales o renacentistas  […]

 ¿Y sobre quién debería caer, entonces, si hasta ahora su ensemble es el más preparado para asumir esa tarea? ¿No es Ars Longa nuestro ensemble líder en la música antigua; la agrupación inscrita en La Ruta del Barroco; que ha tocado en festivales y escenarios de prestigio internacional; que posee miembros doctorados en música antigua en universidades extranjeras; que cuenta con el apoyo incondicional de la Oficina del Historiador y es uno de sus grandes orgullos? No se me ocurre quién podría cubrir mejor las expectativas de los cubanos que se interesen por la música antigua. No puedo inventarme estadísticas que no poseo, mas por su propia naturaleza la música antigua jamás tendría un número de seguidores tan peligrosamente masivo como el reguetón, por ejemplo. Pero soy muy comedida en mis aspiraciones y me conformaría con que los talleres que cerraron (¿cerraron?), reabrieran sus puertas a quienes ya estaban en ellos, sin exclusiones por motivos de edad, por carencia de una formación musical académica, por antipatías personales, malos entendidos y en fin, por todas las innumerables razones que suelen enrarecer la belleza y la plenitud de la vida. Dedicar una hora quincenal a continuar la formación de quienes ya estaban asistiendo a esos talleres ¿sería en verdad un esfuerzo capaz de interrumpir el maravilloso trabajo que está llevando a cabo Ars Longa bajo la dirección de usted? ¿Será que compartir el conocimiento cuando somos los únicos en poseerlo no constituye una obligación moral? ¿Será que ayudar a quien clama por ayuda no constituye una obligación humana? Una de las citas de la Biblia que más rebeldía ha causado siempre en mí es esta: “A aquel que tiene, le será dado más, y al que posee menos, aún lo que tiene le será quitado”. Ofrezco excusas si la cita no es textual, pero estoy citando de memoria. Creo firmemente que todos los ciudadanos de la República tienen los mismos deberes y derechos que la ciudadanía concede por sí misma. El derecho a estudiar es de todos y nadie puede ser excluido de él. Las escuelas de capacitación profesional para músicos como la Félix Varela nunca debieron ser cerradas. Ningún argumento justifica semejante medida, no importa quién la haya tomado, porque es Cuba quien pierde con ella, y como periodista que soy, yo me hago absolutamente responsable por cada una de mis palabras al respecto. Por cada sílaba. Si aún funcionaran esas escuelas sería posible, tal vez, abrir en algunas de ellas departamentos de música antigua, como me ofreció en una ocasión un señor muy respetable que decía mentiras; y ya no tendría por qué recaer únicamente sobre Ars Longa la cobertura de expectativas de los cubanos interesados en ese género musical. Tampoco sería mala idea autorizar la apertura de conservatorios particulares como los que existieron siempre en nuestro país, y entre los que se encontraban algunos sumamente prestigiosos donde se formaron grandes músicos que dieron gloria a Cuba.

 5-  […] cada agrupación debe abrir su propio camino, buscar sus intereses y prepararse para encontrar un camino, como lo han hecho otros.

 Sí, yo estoy completamente de acuerdo con usted. Pero seguramente usted estará de acuerdo conmigo en que el arte es largo y la vida es breve (Ars longa, vita brevis…), y caminar debidamente apoyado acorta el camino. Usted y su ensemble son una muestra absolutamente ilustrativa de ello. No es necesario que traiga a colación aquí la negación de la aporía de Aquiles y la tortuga, ¿verdad? Además, el camino de la música antigua en nuestro país está sembrado de obstáculos casi insalvables: sin instrumentos ni accesorios para instrumentos, sin bibliografía actualizada (y prácticamente de ninguna clase), sin discografía, sin partituras, sin Internet. Y SIN PROFESORES. Y ni hablar de la posibilidad de darse un saltico a los centros de altos estudios de música antigua enclavados en otras tierras. El señor Vicente Isla, mi profesor de Literatura en la ENIA (Escuela Nacional de Instructores de Arte), solía describir este tipo de situaciones como un cuchillo sin hoja al que le quitan el mango. Hay que ser un titán para llegar siquiera a la mitad del camino en la maraña de una selva tan intrincada y oscura. A Dante le hubiera parecido una empresa imposible. Susana escribió en su mensaje: “Hoy se hace necesaria una academia de música antigua para todos, labor en la que el propio Conjunto está trabajando como una de sus prioridades”. Let it be, señora Paz. Let it be. Ruego a Dios que me permita vivir para ver esa academia, y en su interior a todos los estudiantes que deseen estar allí.

 6- […] Me asombra “bastante” el Instrumentarium con que cuenta esta agrupación que se presenta aquí […]

 Usted ha entrecomillado la palabra bastante porque está reproduciendo en modo irónico una expresión que usé en mi respuesta al mensaje de Susana. No sé bien a qué atribuir ese destello sulfúrico, porque yo supongo que usted sentirá alegría de que, al menos en terreno tan difícil como es el del instrumentarium para un grupo de música medieval, Henry y sus amigos hayan tenido algunos modestos logros (pronto se sumará un salterio, si no lo ha hecho ya). ¿Usted tiene idea de todos los sacrificios, las noches de insomnio, la desesperación, el dolor, el miedo, la frustración, la enfermedad, las humillaciones y la rabia que se esconden detrás de cada una de esas fotos de instrumentos que acompañan mi artículo?  ¿Usted pensó en eso alguna vez…? Yo sí la tengo, porque compartí con los muchachos mucho de todo eso, y en el caso de las arpas de mi hija, sus tres arpas, lo viví en mi propia carne y aún lo vivo cada día. Usted, que los admitió en sus talleres —de los cuales y de todo cuanto sucede en ellos es la única responsable—, compartirá seguramente la satisfacción de los muchachos y la mía, porque usted también es madre de músicos, y porque aunque no sea la responsable de que esos instrumentos estén ahora en Cuba, sin duda usted forma parte del conjunto de circunstancias que ha hecho posible ese instrumentarium. El ejemplo de Ars Longa inspiró a estos jóvenes desde niños, y usted los ayudó a dar el primer paso en ese largo y tortuoso camino en el que se han quedado solos. Regocijémonos por ese instrumentarium, porque ya sus propietarios no serán unos músicos que dependan de los instrumentos de otros músicos. El bebé ya da pasitos sobre sus propios pies. La invito a sentirse orgullosa, señora Paz, porque la semilla que usted sembró en estos muchachos no ha sido estéril.

 7- Ars Longa, ni por asomo, y en muchos años logró tener algo parecido. Nosotros en el año 94 teníamos solo unas flautas plásticas de esas que cuestan 2 o 3 euros, y no había Internet, solo teníamos los deseos y el entusiasmo de seguir adelante, estábamos constantemente a la caza de cualquier información […]

En 1994 mi hija tenía nueve años. La llevamos por vez primera a un concierto de Ars Longa. La deslumbraron las danzas, las canciones, los vestidos, el pandero, las flautas, el tambor, una guitarra —o un laúd—, que tocaba entonces un joven delgado de rostro puro y cabellos rubios cortados a lo paje medieval, y hoy mismo mi hija me decía que aún recuerda un instrumento parecido a una cajita que se accionaba con una manivela, tal vez alguna especie de organillo. Jamás ha olvidado a Josué, el juglar, quien al terminar el concierto caminó hacia ella, como acostumbraban mezclarse entre el público los miembros de Ars

La artista de la plástica Duchi Man Valderá. realizadora de los primeros carteles publicitarios de Ars Longa

La artista de la plástica Duchi Man Valderá. realizadora de los primeros carteles publicitarios de Ars Longa

Longa, y le obsequió un saquito de terciopelo que contenía pétalos de flores y una viñeta, y que mi hija conserva hasta hoy entre sus tesoros más preciados. También tenían ya ustedes los magníficos, bellos, espectaculares carteles que les diseñaba la entonces jovencísima artista de la plástica Duchi Man Valderá, y que, en mi opinión (y en la suya), nunca recibieron todo el reconocimiento que merecían. Esos carteles ejercieron una gran influencia visual sobre muchas personas y las incitaron a asistir a los conciertos, fueron un reclamo de inestimable valor publicitario —es una pena que hayan sido los belgas quienes hayan sabido apreciar el talento de Duchi, y que haya sido en Argel y no en La Habana donde su trabajo obtuviera premios. Qué pena que Duchi sea ahora la propietaria de un castillo medieval bretón y siga pintando lejos de su país. Qué bueno que existe mi amigo, el pintor Orlando Barroso, un gran artista. Usted, señora Paz, siempre ha tenido mucha suerte, y excelentes colaboradores.

 8- […] no tuvimos maestros, no había un grupo anterior, no había un festival, en pleno período especial […]

 No me parece haber visto jamás ejecutantes bizarros entre los músicos de Ars Longa. Pero desde luego que el Conjunto siempre ha trabajado con gran rigor y le cabe por ello todo el mérito. Nadie hizo antes en Cuba lo que ustedes hicieron, ni en la forma en que lo hicieron. No veo ningún provecho en discutir si fue o no la primera agrupación cubana en hacer música históricamente informada. Ars Longa, en su primera etapa, fue un fenómeno inigualable e insuperable.

 10- […] pero no nos quejamos, seguimos adelante, sin mirar si merecíamos o no ser atendidos […]

 Todos los seres humanos merecen ser atendidos, hasta los criminales. No sé si usted y sus músicos se habrán quejado alguna vez, pero… mirar, sí que miraron, y la mirada fue de águila. Con esta metáfora solo quiero expresar que la mirada fue certera. Las lámparas de Versalles derramaron todo su esplendor para iluminar el camino de Ars Longa hacia la Oficina del Historiador, donde fueron felizmente atendidos, y resultó un camino triunfal que aún hoy continúa abierto. Yo confío absolutamente en usted y en Aland, y estoy convencida de que aún sin ese apoyo Ars Longa habría llegado a ser lo que es hoy, pero ¿cuánto les habría costado: diez, veinte años más…?

 11-  […] animo a todos los que quieran seguir este camino, a que continuen con la constancia y la búsqueda sin descanso del conocieminto y la superacion […]

 Yo diría que al menos dos de los muchachos están muy animados. Henry mantiene su determinación de formar un ensemble, a pesar de que lo han saboteado en más de una ocasión algunas almas mafiosas y omnipotentes que nunca duermen cuando se trata de mover el piso bajo pies ajenos, a veces por puro placer. Mi hija volverá a sus estudios de canto, pues los médicos ya no detectan en sus cuerdas vocales el nódulo que le salió gracias al alma mariposeril de un profesor abusador, despótico y tal vez poco profesional, quien después de arruinarle la voz la echó de su aula con la mayor brutalidad en un amago de espectáculo circense por el que aún espero poder ajustarle cuentas yo misma algún día. Hoy, además de sus tres arpas, Cynthia tiene también el piano por el que esperó diez largos años, y continúa sus estudios. Como no poseo bienes materiales para dejarle, he decidido legarle una herencia moral, y le repito cada día, demostrándoselo con el ejemplo, que la derrota no existe mientras no es aceptada. Otros muchachos desistieron, y entre ellos se perdió un muy prometedor oboísta…Yo lo vi rendirse, y eso me duele. Siempre lamentaré profundamente no haber encontrado una forma mejor de ayudarlo. Soy, y siempre seré, enemiga jurada de la insolidaridad humana.

 gINA Y fRANK

12-  […] pues este mundo de la música antigua es mu complejo y va más allá de esos bellos peinados que lucen ilustres damas en los cuadros medievales y renacentistas, se necesita una gran prepación musical, para poder abordarlo. Conozco muchos profesores que dan clases de armonia, solfeo,canto, es importante prepararse muy bien, porque con esas herramientas fue que pudimos nosotros abordar las técnicas de interpretación y los nuevos instrumentos que fueron proporcionados[…]

Ya ve cómo usted misma reconoce la importancia en la música antigua de profesores capaces de brindar una adecuada preparación, aunque unos párrafos arriba casi llegó a afirmar que se puede prescindir de ellos, y tampoco dice que los profesores particulares tienen muy a menudo honorarios que pocos estudiantes pueden pagar. Sin embargo, yo estoy de acuerdo con que se puede hacer en soledad. La historia de la Música está llena de músicos magníficos que jamás pisaron una academia y Los Beatles son un ejemplo bastante cercano. Los académicos tienen a veces ideas extrañas, como por ejemplo, sostener con obstinación que no se puede ser arpista si no se tienen vencidos los estudios de piano, cuando el arpa es tan vieja como la humanidad, y el piano, en la forma en que hoy lo conocemos, data apenas del siglo XVIII. No creo para nada que la edad pueda impedir a alguien aprender a tocar un instrumento, aunque tal vez sea un obstáculo para convertirse en concertista, y sin embargo, no existen verdades absolutas. ¿Y dónde está escrito que el concertismo es la meta de todos los que aman la música y sienten la necesidad de expresarse a través de su lenguaje? Si lo está en algún sitio, por favor, quiero verlo.

Nota:

Teresa Paz es graduada en Dirección Coral en el Instituto Superior de Arte de La Teresa Paz 2Habana desde 1991. Funda y dirige desde 1994, junto a Aland López, el Conjunto de Música Antigua Ars Longa, primer grupo cubano especializado en la interpretación de música antigua con instrumentos históricos. Ha recibido cursos especializados en interpretación de repertorios antiguos de los maestros Werner Pfaf, Josep Luis Valdecabres, Anna Dujka Smoje, Josep Cabré, Gabriel Garrido, Claudio Abbado y Claudio Dall’Albero. Además de sus funciones como directora del grupo, se dedica al bel canto como soprano. Al respecto, ha realizado estudios especializados con prestigiosos maestros entre los que destacan las profesoras Linda Perillo, Jette Rosendal y Evelyn Tubb. Como directora e intérprete de Ars Longa su discografía la integran ocho discos, los cuales han merecido importantes premios de la crítica musical especializada de Cuba, Francia, Italia, España e Inglaterra. Es profesora de Dirección Coral y Canto y directora del Festival Internacional de Música Antigua Esteban Salas que cada año se celebra en La Habana Vieja. (Tomado de http://www.e-imusica.com/artista/Teresa_Paz)

 Últimas palabras al lector

Ruido y furia es el título de una novela de William Faulkner. El único motivo por el cual lo he usado aquí es porque la novela me gusta mucho. Y también porque Faulkner tomó ese título de un monólogo del Macbeth de Shakespeare, y gracias a la Doctora Beatriz Maggie, mi profesora de Literatura Universal en la carrera de Filología, soy una shakesperiana militante. La novela y la pieza teatral están vinculadas por el mismo tema: el deterioro de la condición humana.

Desde el principio Ars Longa fue para mí —como diría Enrique Iglesias—una experiencia religiosa. Pero las convicciones tienen siempre en la vida su momento de prueba, y en 2011, época en que me mi familia atravesaba momentos especialmente difíciles y yo me sentía muy mal, aquella experiencia mía atesorada por largos años con tanto fervor no sobrevivió al áspero contacto con la realidad. Ya me había sucedido antes, cuando después de leerme toda la obra de Thomas Mann la emprendí con su Diario. Lo leí con tremenda expectativa, pero no encontré en sus páginas siquiera una mínima sombra del coloso que había escrito La montaña Mágica y la sublime Muerte en Venecia; en su lugar solo hallé un burgués adocenado y sin savia vital, un hombrecillo mezquino y gris con una mínima vida rutinaria que me hizo sentir vergüenza ajena… Yo me había inventado un Mann particular a partir de sus novelas, y cuando aquella imagen ciclópea se me hizo arena entre los dedos sufrí un impacto terrible, porque yo era una escritora y Mann era mi ídolo. Todavía me sigue constelando Muerte en Venecia, pero aprendí una lección dura (¡que malhaya después olvidé!): Aunque no ocurre siempre, ocurre casi siempre que entre la obra y el artista que la realiza hay un abismo insalvable, como si el artista diera lo mejor de sí para nutrir su creación y guardara lo peor para su vida. Ya no voy a conciertos de música antigua: prefiero escucharla en discos. Y si sucede que paso por algún lugar donde haya uno y la tentación enciende por un instante en mi interior la vieja llama, de inmediato experimento la misma fuerza oscura que late en unos versos de La bailarina española: “Porque si está la bandera no sé, / Yo no puedo entrar.” Y paso de largo, porque como decía una señora muy sabia que yo conocí, “la vida no se termina hasta que se termina”.

Mi madre

 

 

[1] Esta acotación es mía y la he interpolado para una mejor comprensión de la cita.

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LA SEXUALIDAD DE JULIÁN DEL CASAL PENSADA HOY A TRAVÉS DE SUS VERSOS

Esfinje. Óleo de Ferdinand Knopff para el que sirvió como modelo la hermana del pintor.

Esfinje. Óleo de Ferdinand Knopff para el que sirvió como modelo la hermana del pintor.

Mucho antes de morir ya el poeta Julián del Casal se había convertido en un mito, y hoy continúa siendo sujeto de interés para académicos, especialistas, estudiosos e investigadores, a quienes sigue alcanzando el aura de su leyenda. A pesar de su profesión periodística, que le hizo llevar una rutina cotidiana de alta participación social, y de su vocación por la amistad, que le deparó numerosos (y leales) amigos; a pesar de ser uno de los iniciadores del modernismo en Latinoamérica, lo que le convirtió en incuestionable figura pública, aún hay muchas zonas de sombra en su historia personal, muchas preguntas sin respuesta, y aunque existe bastante información acerca de su infancia desgraciada, su labor como cronista, su amistad con los Borrero, sus lealtades políticas y otros aspectos de su vida, lo cierto es que de su intimidad se conoce muy poco cierto, aparte de los comentarios siempre repetidos sobre su supuesta homosexualidad, que incluyen una también supuesta súbita pasión por Antonio Maceo, entre otros episodios que no escapan a la sospecha actual de una mala lectura pasada, continuamente reproducida por partenogénesis.

Tras la lectura de Un loto blanco de pistilos de oro, selección de poesía casaliana realizada y prologada por Salvador Arias y publicada por la editorial Letras Cubanas, acuden a mi mente preguntas turbadoras, y al intentar responderlas se convierten en una galería de espejos que me remiten a otros cuestionamientos más extraños y escabrosos, relacionados con las confesiones del poeta sobre su sensualidad, las cuales me parecen difícilmente conciliables con su condición de joven tísico, endeble y poco apto para episodios galantes como los sugeridos a menudo en sus versos. Sobre esas confesiones, donde alternan matices sutiles y procaces, percibo yo una veladura de ambigüedad capaz de provocar en el lector intranquilidad y desasosiego.

¡Qué ser tan enigmático fue Julián del Casal! ¡Qué indefinible atracción, imantadora yCopy of Juliá del Casal oscura, debió brotar de él cuando después de más de un siglo sigue estando presente de manera entrañable en el imaginario de los cubanos, y aún nos resulta tan difícil lidiar con la mezcla de piedad por su sufrimiento físico y de admiración fervorosa ante el fulgor de su personalidad y su talento. Hay misterio profundo al par que belleza extraordinaria en esos ojos de un verde de hondonada. Con su andar cansino y encorvado y su mirar ausente, Casal emana la atracción de los abismos, mala, fuerte, doliente y fatal.

Cuando el lector se enfrenta al pacto insobornable de Casal con la Belleza, pero muy en especial con su inclinación morbosa por la trasgresión de ciertos límites, y encuentra al mismo tiempo en su poesía tantas expresiones de asco y desprecio por su cuerpo y su carne mortal, surge de inmediato esta pregunta: ¿Cómo, si verdaderamente era homosexual —de lo que tanto se le ha acusado—, dio a la mujer un lugar tan importante en su obra? Y si al hacerlo fue sincero, ¿cómo las deseaba: corrompidas o puras? ¿Qué arquetipo femenino prefería, en realidad, el poeta? ¿Oscilaba su elección en torno a las pulsiones bipolares de su conflicto nunca resuelto entre la elevación de su alma y la “miseria” de su materia carnal? ¿Cuál era el secreto terrible que más de una vez dijo guardar?

Si se analizan los tipos femeninos que Casal ensalza en su poesía, destaca en primer lugar el perfil de la “pecadora”: Aspasias, como llamaba a las prostitutas refinadas en homenaje a aquella culta y bellísima cortesana ateniense que fuera amante del tirano Pericles; Salomés lujuriosas y crueles; féminas dueñas de gabinetes íntimos repletos de sedas y adornos que despiertan el deseo sucio e incitan a perversiones inconfesables, expertas en el arte de amar, envilecidas. En fin, el estereotipo de la mujer fatal que veneraban los decadentes franceses: la hermana incestuosa del pintor belga Ferdinand Knopf, mil veces retratada por su hermano y amante como alegoría de la hembra devoradora, o las mujeres terribles del francés Gustave Moreau, envueltas siempre en historias de aberraciones y crímenes. En la

Salomé. Detalle del óleo La aparición, del pintor decadentista francés Gustave Moreau, en el que se inspiró Casal para componer su soneto homónimo.

Salomé. Detalle del óleo La aparición, del pintor decadentista francés Gustave Moreau, en el que se inspiró Casal para componer su soneto homónimo.

poesía casaliana hay muchas referencias a la poderosa atracción que esta clase de mujeres ejercía sobre la libido (o la fantasía) del poeta. En los casos —menos numerosos— en que la mujer-objeto erótico aparece bajo una apariencia virginal, Casal no poetiza su pureza ni su inocencia más que en el instante mismo en que esos dones se pierden. Los estudiosos de su obra demuestran que tuvo gran influencia del romanticismo, pero las vírgenes idealizadas de los románticos no son las jovencitas que en los poemas casalianos dejan su doncellez sobre malvados lechos de seda y pedrería, sino esas mismas vírgenes cuando ya han comenzado a convertirse en las otras.

En la época que le tocó vivir a Julián del Casal hubiera sido imposible escribir abiertamente sobre homoerotismo. ¿Escribió sobre mujeres porque no le estaba permitido hacerlo sobre hombres…? Sin embargo, cuando habla de mujeres el deseo que trasmite su expresión poética es tan sincero que provoca una fuerte impresión. Casal se expresa como un hombre que sabe muy bien lo que es estar en la intimidad con una mujer sin ataduras sexuales, por decirlo, siquiera, con tan pálido eufemismo. Sus manifestaciones al respecto son rotundas y muy claras. ¿Es posible que al crear esas atmósferas eróticas estuviera intentando compensar una insuficiente masculinidad? ¿Es el suyo uno de esos casos en que el sujeto se atribuye hazañas viriles nunca ejecutadas solo porque forman parte de su patrón modélico, representado quizá en Casal por un macho arquetípico como Maceo? Un hombre tan vertical como demostró ser Julián del Casal  en todos los momentos de su vida, ¿habría acudido a semejante recurso para desviar de su homosexualidad la atención de sus contemporáneos?

Algunos de quienes le juzgaron entonces fueron lo suficientemente superficiales como para ver en el uso de un kimono por Casal un mero acto de travestismo, olvidando que cuando un ser humano entra en el traje de otra cultura —acto que nosotros llamamos disfrazarse—, se inviste, asume con el traje todo un complejo cultural que permea su psiquismo, y quienes se hayan disfrazado y contemplado ante el espejo bajo su nueva apariencia, entenderán lo que digo. En tal mutación reside, además, el fundamento de la técnica para impersonar que constituye una de las claves más importantes del trabajo del actor. La atracción de Casal por las máscaras tampoco fue aleatoria, ni debería tomarse sin análisis como una conducta esnobista o afeminada. Las máscaras simbolizan el misterio de la identidad, que sin duda ejerció una potente sugestión sobre un hombre de sensibilidad tan mórbida como la suya, y tan profundamente disgustado con su cuerpo. ¡Es tan irresistible la tentación de abandonar la propia piel para tornarse en Otro! Es el misterio ontológico del Cambio de Forma o Trasmutación, presente en el complejo arquetípico de todas las religiones. En cualquier caso, las estéticas se ponen de moda, y lo que en su tiempo fue juzgado por el rudo machismo criollo —que tanto debe a la testosterona española y a los prejuicios de la moral eclesiástica—, como un refinamiento poco viril, fue después una influencia cultural que llevó a Occidente a la más ferviente admiración por la pintura japonesa, la caligrafía, el diseño de casas y muebles, y el código samurai, como décadas más tarde volvería a ocurrir con el arte africano puesto de moda por Picasso y Brake.

¿No sería sensato revisitar los juicios sobre la sexualidad de Julián del Casal basados en patrones culturales del siglo XIX? En La Habana de ahora mismo el gusto de Casal por los kimonos, las máscaras y otros refinamientos peculiares jamás habría llamado la atención de nadie. Además, en la cultura japonesa el kimono es vestuario unisex, como decimos hoy, aunque probablemente los cubanos del tiempo de Casal desconocían este detalle; y la máscara japonesa que guardaba el poeta entre sus tesoros personales representaba, según cuenta Lezama (que llegó a verla), un guerrero, no una geisha, y este es un detalle en el que nadie ha reparado todavía con la debida atención. Casal, como Martí, era  débil de cuerpo y de salud. Quién sabe si hubiera querido ser un héroe robusto y aguerrido, un samurai tal vez… Quién sabrá ya nunca en qué se transformaba el joven tuberculoso para vivir a plenitud en el mundo secreto de sus fantasías.

Mientras analizaba el poema “Cuerpo y Alma”, de su poemario Rimas, donde también se encuentra “Virgen triste”, que dedicara a Juana Borrero, llamaron mi atención las crudas expresiones de asco y desprecio con que Casal fustiga su propio cuerpo, no solo por causa de la tisis, considerada en sí misma una enfermedad inmunda, sino por sus bajos instintos y desaforadas apetencias, que él consideraba irreconciliables con la moral y con la religión de sus mayores, a la que, según declaró, se mantuvo siempre fiel. A su cuerpo, que no a su alma, culpaba Casal por esas ansias impuras, como de cerdo, que lo dominaban. ¿Era a ellas a lo que se refiere en “Rondeles” cuando asegura a la destinataria de ese poema, supuesta amada innominada:

De mi vida misteriosa
Tétrica y desencantada
Oirás contar una cosa
Que te deje el alma helada.

Tu faz de color de rosa
Se quedará demacrada,
Al oír la extraña cosa
Que te deje el alma helada
……………………………
Quizás sepas algún día
El secreto de mis males,
De mi honda melancolía
Y de mis tedios mortales

¿Sería ese secreto helador de almas inmaculadas la homosexualidad que tanto se le ha imputado a Casal, a pesar de que se le conoce más de un enamoramiento ideal, como los

Flagelación de Cristo.  Óleo de Caravaggio

Flagelación de Cristo. Óleo de Caravaggio

que sintió por la actriz francesa Jeanne de Samary o por la cubana María Cay, a quien dedicó su poema Kakemono…? Yo pienso en otra dirección: en aquel relato suyo titulado El amante de las torturas, cuyo protagonista, un joven rico que habita en una sombría mansión acompañado únicamente de sus esclavos, se hace clavar, como Cristo, en una cruz y flagelar por uno de sus negros en una cruda modalidad de masoquismo erótico. En la época en que Casal vivió, quien tuviera tales apetencias sexuales solo podía pedir satisfacción a esclavos o prostitutas, e incluso no todas las prostitutas le hubieran complacido, pues las españolas, por ejemplo, a pesar del oficio que ejercían eran puritanas y bastante moralistas, razón por la cual a sus colegas francesas les fue tan fácil robarles lo más jugoso del negocio.

Especulaciones, aventurerismos de la imaginación y propuestas osadas…, solo eso es posible aún hoy cuando se reflexiona sobre la intimidad de Julián del Casal. Pero quizá ya sea hora de recordar a quienes tomaron —y aún toman— como muestra de afeminamiento sus preferencias estéticas, que el propio Casal dejó muy en claro el origen de estas en una de sus Prosas, textos donde se pone de manifiesto la agudeza y lucidez del extraordinario periodista que fue:

En ningún final de siglo más que en el nuestro se han visto tantas cosas contradictorias e inesperadas. De ahí ha nacido en los espíritus una incertidumbre que cada día reviste caracteres más alarmantes. El análisis nos ha hecho comprender que después de tantos siglos, no es posible determinar a punto fijo el progreso de la humanidad. Más bien se puede afirmar que ha retrocedido, porque ha amado muchas cosas que hoy solo puede odiar. Tanto desespera ese estado de ánimo que muchos de los seres que lo experimentan se despeñan pro los riscos de la extravagancia, no por el afán de llamar la atención, sino por olvidarse de que no pueden creer en nada, pues la verdad de hoy es la mentira de mañana, y porque sienten al mismo tiempo la necesidad imperiosa de albergar en su alma alguna creencia.

Y aún debemos reparar con especial cuidado en cierta estrofa donde Casal convierte la diferencia en bandera de protesta y dignidad:

Libre de abrumadoras ambiciones,
Soporto de la vida el duro fardo,
Porque me alienta el formidable orgullo
De vivir, ni envidioso ni envidiado,
Persiguiendo fantásticas visiones,
Mientras se arrastran otros por el fango
Para extraer un átomo de oro
Del fondo pestilente de un pantano.

He encontrado en la poesía cubana que conozco pocos casos de una sinceridad tan desgarradora y honda como la de Julián del Casal. Acaso fue José Martí, otro poeta de muy semejante sensibilidad (aunque ambos difirieran en su actitud ante la vida), quien mejor comprendió la tragedia existencial de Casal, su tedio perpetuo y su desdén hostil hacia una chatura moral y una indigencia espiritual que lo asfixiaban más que sus dolientes pulmones de tísico. En dos breves páginas que le dedicó al conocer la noticia de su muerte, Martí escribió:

Aquel fino espíritu, aquel cariño medroso y tierno, aquella ideal peregrinación, aquel melancólico amor a la hermosura ausente de su tierra nativa […] De la beldad vivía prendida su alma; del cristal tallado y de la levedad japonesa; del color del ajenjo y de las rosas del jardín; de mujeres de perla, con ornamentos de plata labrada […] Murió de su cuerpo endeble, o del pesar de vivir, con la fantasía elegante y enamorada, en un pueblo servil y deforme.

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“HISPANIA ES TIERRA DE NUESTROS ABUELOS” ¡¡¡¿SEGURO…?!!! “¿HISPANIA ES TIERRA DE NUESTROS ABUELOS?”

 

españa visigoda

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Hunos y godosDesde niña comencé a interesarme por la Historia Universal. La historia de España, en particular los períodos de la Reconquista, el reinado de Isabel y la resistencia contra Napoleón Bonaparte, me gustaban especialmente. No me considero experta en la materia, sino una muy ávida lectora , y hasta una novela sobre la leyenda de Rodrigo, el último rey godo, intenté escribir cuando tenía doce años. A lo largo de mi vida he ido reuniendo archivos sobre Al-Ándalus. Donde quiera que encontré un dato en la penuria bibliográfica que me rodea, lo copié, lo recorté, lo guardé con celo, siempre con la idea de retomar aquellas cuartillas de adolescencia y escribir algún día algo más serio, cosa que ya probablemente nunca haré. Sin embargo, días atrás vi en Telesur un reportaje donde un hombre que podía ser lo mismo un árabe musulmán que un europeo islamizado —pero un musulmán fundamentalista en cualquier caso— afirmaba rotundo, mientras blandía un rifle en la mano y enfrentaba a la cámara con su mirada retadora: “¡Hispania es tierra de nuestros abuelos!”. Teniendo en cuenta el contexto en que tal frase fue pronunciada, en medio de una brutal ofensiva de una facción muy agresiva del fundamentalismo islámico que opera en estos momentos entre Siria e Irak, me sentí como el Pájaro Loco cuando alguno de sus pícaros enemigos le colocaba una cazuela en la cabeza y la golpeaba con un mazo: mi cabeza retumbó todo el día.

Yo no tengo ninguna necesidad de acudir a mis archivos para refrescar conocimientos, ni a los libros de Historia, ni a Internet ni a la prensa mundial para saber que la frase es una tergiversación muy mal intencionada de algo que ni siquiera es la realidad. Pero pienso que hay muchísimas personas que se sentirían desconcertadas si escucharan esa afirmación, y tal vez hasta confundidas. Tengo el más alto concepto de lo que fue la civilización árabe en el pasado, admiro su refinamiento, su arte, su nivel de vida, sus magníficos sabios y el extraordinario trabajo de salvamento que hicieron con todo lo que hoy constituye la base del conocimiento universal. A los árabes debemos mucho, y reconozco cuánto hay de humano y de conciencia de la igualdad entre los hombres en las enseñanzas del Corán; tengo en muy alta estima la poesía y la música árabes; los árabes y sus descendientes que se instalaron en Cuba mucho han aportado al desarrollo de nuestra nación y han sido siempre ciudadanos ejemplares de los que el país se enorgullece…, en fin… Pero un cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y aunque es muy poco lo que yo puedo hacer por la salvación de este mundo loco, siento necesidad de publicar aquí algunos materiales de mi archivo, para contribuir a dejar muy claro que si Hispania es tierra de algún abuelo, es de abuelos españoles. Ni siquiera nosotros los cubanos, a quienes en un tiempo ya muy lejano los reyes de España declararon no extranjeros en su tierra, podemos hacer ningún tipo de reclamación territorial basada en asuntos de abuelos. España es de los españoles. Andalucía es española y de nadie más, e invocar la invasión de los bereberes y su guerra contra los visigodos como una razón para que los árabes reclamen España es algo tan poco serio que no merece el más mínimo respeto. “Si estuvimos ocho siglos en España —se preguntan algunos musulmanes—, ¿Por qué no reconocer nuestra presencia… ?” Así está escrito en un artículo titulado El despertar del Islam, que aparece en el Almanaque Mundial del 2009. Pero es que, técnicamente hablando, existe una inmensa diferencia entre reconocer la multirracialidad etnocultural de una nación y pretender que esos ocho siglos de ocupación hacen de Hispania tierra musulmana con derecho a reclamacion territorial. No es posible lanzarse a la locura de las reclamaciones territoriales y las correcciones de fronteras basándose en los infinitos vaivenes gepolíticos que ha sufrido el planeta a través de los tiempos.

No debo hacer aquí un comentario periodístico sobre política internacional porque no es mi especialidad dentro del periodismo, y prefiero evitar los intrusismos profesionales. Van entonces a continuación, para quienes quieran leer y reflexionar sobre las pretensiones del fundamentalismo islámico al territorio español, algunos fragmentos de crónicas legitimadas por la Historia. Pero antes, quiero contar una de las varias versiones que conozco de la leyenda de Rodrigo y Florinda*, bella forma poética que narra cómo entraron los moros en España:

eyes visigodos. Códice.

R

 Rodrigo era un rey visigodo del territorio que entonces no se llamaba Andalucía ni Al-Ándalus, sino Bética. Algunos dicen que en su reino había una torre clausurada con varios cerrojos, y que pesaba sobre ella una maldición para quien accediera a su interior. Rodrigo, hombre fuerte y poco amigo del respeto, rompió con su espada los cerrojos y penetró hasta la estancia central de la torre, donde solo encontró una inmensa mesa de ajedrez ricamente labrada, y cubierta por un tablero y trebejos gigantescos tallados en piedras preciosas, con el juego dispuesto en posición de combate. El rey de las piezas negras señalaba con su lanza en dirección al norte de África, y sostenía una arqueta; cuando el rey la abrió, halló dentro un pergamino en el que estaba escrito que quien violara aquel recinto precipitaría al reino en una catástrofe, y sería el último de su estirpe en portar corona. En la corte vivía una doncella, Florinda, llamada también la Cava, a quien su padre, el conde Olbán, gobernador de Ceuta, había enviado  junto con las otras damas de la reina para que aprendiera modales de señorío. Viola el rey danzar y prendóse de sus encantos y de su mucha gracia, y espiándola, hallóla un día sola mientras se bañaba en una fuente. Cuenta la leyenda que el rey pelirrojo no tuvo compasión por las súplicas de la virgen y allí mismo robó su doncellez. Juró Olbán lavar con sangre la afrenta, y mandó emisarios secretos a los bereberes, a quienes ofreció abrir las puertas de España permitiendo el paso de sus ejércitos por las tierras que tenía en custodia por orden de Rodrigo. Los generales moros Musa y Tarik se armaron y cruzaron el estrecho, dieron muchas batallas contra el rey godo, quien terminó herido y pidiendo refugio a un hermitaño. El viejo eremita, para ayudarlo a purgar sus culpas, lo encerró en un saco en unión de dos animales salvajes, que devoraron su cuerpo entre atroces tormentos. Y así se cumplió la profecía. Así se perdió España.

Quiero añadir, antes de pasar a los Textos, que las poblaciones que habitaban Hispania antes de la llegada de los moros fueron las mismas poblaciones autóctonas que siempre vivieron en aquellas tierras: cántabros, astures, iberos, celtiberos, vascones y otras etnias, romanizadas por una larga ocupación del Imperio, y bajo dominio godo tras la caída de Roma. Toda una civilización, una cultura hispanorromana floreció bajo los visigodos (quienes tampoco eran autóctonos, sino tribus germanas invasoras) en la Península Ibérica. Antes de la invasión musulmana capitaneada por Musa y Tarik, no hubo jamás territorio español bajo dominio político y militar musulmán hasta que los visigodos fueron vencidos en 711 en la batalla del Guadalete por los ejércitos musulmanes, que ocuparon Hispania hasta que los Reyes Católicos, descendientes de los reyes visigodos, dieron fin a la larga Reconquista. Esta, y no otra, es la verdad histórica.

Guerrero visigodo, traje, armamento.

Guerrero visigodo, traje, armamento.

TEXTOS

 AL-ANDALUS 

Conquistas de Tárik en la Península Ibérica:  

 Marchó enseguida Tárik a la angostura de Algeciras, y después a la ciudad de Ecija: sus habitantes, acompañados de los fugitivos del ejército grande, saliéronle al encuentro, y se trabó un tenaz combate, en que los musulmanes tuvieron muchos muertos y heridos. Dios les concedió al fin su ayuda, y los politeístas fueron derrotados, sin que los musulmanes volviesen a encontrar tan fuerte resistencia. Tárik bajó a situarse junto a una fuente que se halla a cuatro millas de Ecija, a orillas de su río, y que tomó el nombre de “fuente de Tárik”. 

 Infundió Dios el terror en los corazones de los cristianos cuando vieron que Tárik se internaba en el país, habiendo creído que haría lo mismo que Tarif, y huyendo hacia Toledo, se encerraron en ls ciudades de España. Entonces Julián se acercó a Tárik y le dijo. “Ya has concluido con España: divide ahora tu ejército, al cual servirán de guías estos compañeros míos, y marcha tú hacia Toledo”. Dividió, en efecto, su ejército desde Ecija y envió a Moguits Ar-Romí, liberto (…) a Córdoba, que era entonces una de sus mayores ciudades, y es actualmente fortaleza de los muslimes, su principal residencia y capital del reino, con 700 caballeros, sin ningún peón, pues no había quedado musulmán sin caballo. Mandó otro destacamento a Rayya, otro a Granada, capital de Elvira, y se dirigió él hacia Toledo con el grueso de las tropas. 

 Moguits caminó hasta llegar a Córdoba y acampó en la alquería de Xecunda, en un bosque de alerces que había entre las alquerías de Xecunda y Tarçail. Desde aquí mandó algunos algunos de sus adalides, quienes cogieron y llevaron a su presencia un pastor que andaba apacentando su ganado en el bosque. Pidíole Moguits noticias de Córdoba, y dijo que la gente principal había marchado a Toledo, dejando en la ciudad al gobernador con 400 defensores y la gente de poca importancia. Después le preguntó por la fortaleza de sus murallas, a lo que contestó que eran bastante fuertes, pero que sobre la puerta de la Estatua, que es la del puente, había una hendidura, que les describió. Llegada la noche, se acercó Moguits y favoreciendo Dios su empresa con un fuerte aguacero, mezclado con granizo, pudo con la oscuridad aproximarse al río, cuando los centinelas habían descuidado la guardía por temor al frío y a la lluvia, y sólo se escuchaban algunas voces de alerta, dadas debilmente y a largos intervalos. Pasó la gente el río, que sólo distaba del muro 30 codos, o menos, y se esforzaron por subir a una muralla: más como no encontrasen punto de apoyo, volvieron a buscar al pastor, y habiéndole traído, les indicó la hendidura, que si bien no estaba a la haz de la tierra, tenía debajo una higuera. Entonces se esforzaron por subir a ella, y después de algunas tentativas, un musulmán logró llegar a lo alto. Moguits le arrojó la punta de su turbante, y por este medio treparon muchos al muro. Montó Moguits a caballo y se colocó delante de la puerta de la Estatua, por la parte de afuera, después de haber dado orden a los que habían entrado de que sorprendiesen la guardia de esta puerta, que es hoy la del puente: en aquel tiempo estaba destruído y no había puente ninguno en Córdoba. Los muslimes sorprendieron, en efecto, a los que guardaban la puerta de la Estatua, llamada entonces de Algeciras, mataron a unos y ahuyentaron a otros (…) Moguits se dirigió al palacio del rey, más éste al saber la entrada de los musulmanes, había salido por la puerta occidental de la ciudad, llamada puerta de Sevilla, con sus 400 o 500 soldados y algunos otros, y se habían guarecido en una iglesia dedicada a San Acisclo, que estaba situada en la parte occidental y era firme, sólida y fuerte. Ocupó Moguits el palacio de Córdoba, y al siguiente día salió y cercó al cristiano en la iglesia, escribiendo a Tárik la nueva conquista. 

 El destacamento que fue hacia Rayya la conquistó, y sus habitantes huyeron a lo más elevado de los montes; marchó enseguida a unirse con el que había ido a Elvira, sitiaron y tomaron su capital y encontraron en ella muchos judíos. Cuando tal les acontecía, en una comarca reunían todos los judíos de la capital y dejaban con ellos un destacamento de musulmanes, continuando su marcha el grueso de las tropas. Así lo hicieron en Granada, capital de Elvira, y no en Málaga, capital de Rayya, porque en ésta no encontraron judíos ni habitantes, aunque en los primeros momentos de peligro allí se habían refugiado. 

 Fueron después a Todmir, cuyo verdadero nombre era Orihuela, y se llamaba Todmir del nombre de su señor (Teodomiro), el cual salió al encuentro de los musulmanes con un ejército numeroso, que combatió flojamente, siendo derrotado en un campo raso, donde los musulmanes hicieron una matanza tal, que casi los exterminaron. Los pocos que pudieron escapar huyeron a Orihuela, donde no tenían gente de armas ni medio de defensa; más su jefe Todmir, que era hombre experto y de mucho ingenio, al ver que no era posible la resistencia con las pocas tropas que tenía, ordenó que las mujeres dejasen sueltos sus cabellos, les dió cañas y las colocó sobre la muralla de tal forma que pareciesen un ejército, hasta que él ajustase las paces. Salió en seguida a guisa de parlamentario, pidiendo la paz que le fue otorgada (…) Después de haber puesto en noticia de Tárik las conquistas alcanzadas y de haber dejado allí (con Teodomiro) algunas tropas (…) marchó el grueso del destacamento hacia Toledo para reunirse con Tárik. 

 Moguits permaneció tres meses sitiando a los cristianos en la iglesia, hasta que una mañana vineron a decirle que el cristiano (principal) había salido, huyendo a rienda suelta en dirección a la sierra de Córdoba, a fín de reunirse con sus compañeros en Toledo, y que había dejado en la iglesia a sus soldados. Moguits salió en su persecución sólo y le vió que huía en su caballo, (…) llegó a un barranco donde su caballo cayó y se desnucó. Cuando llegó Moguits (…) se entregó prisionero, siendo el único de los reyes cristianos que fue aprehendido, pues los restantes o se entregaron por capitulación o huyeron a Galicia. Después volvió Moguits a la iglesia, hizo salir a todos los cristianos y mandó que les cortasen la cabeza, tomando entonces esta iglesia el nombre de la iglesia de los prisioneros. El cristiano principal permeneció preso para ser conducido ante el emir de los creyentes. Reunió Moguits en Córdoba a los judíos, a quienes encomendó la guarda de la ciudad, distribuyó en ella a sus soldados y se aposentó en el palacio. 

 Tárik llegó a Toledo, y dejando allí algunas tropas, continuó su marcha hacia Gudalajara, después se dirigió a la montaña, pasándola por el desfiladero que tomó su nombre, y llegó a una ciudad que hay en la otra parte del monte, llamada Almeida (La Mesa), nombre debido a la circunstancia de haberse encontrado en ella la mesa de Salomón, hijo de David, cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde. Llegó después a la ciudad de Amaya, donde encontró alhajas y riquezas, y (…) volvió a Toledo en el año 93. 

AJBAR MACHMUA (Colección de tradiciones), “Crónica anónima del siglo XI”, Trad. E. Lafuente, Col. Obras arábigas de Historia y Geografía, Madrid, 1867, pp. 20-31. Recoge C. SANCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 35-37.  

Las calamidades de España ante la irrupción musulmana:  

 ¿Quién podrá pues narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá ennumerar desastres tan lamentables?. Pues aunque todos los miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera, la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos y tan grandes males como ésta soportó. Pero para contar al lector todo en breves páginas, dejandode lado los innumerables desastres que desde Adán hasta hoy causó, cruel, por innumerables regiones y ciudades, este mundo inmundo, todo cuanto según la historia soportó la conquistada Troya, lo que aguantó Jerusalen, según vaticinio de los profetas, lo que padeció Babilonia, según el testimonio de las Escrituras, y, en fín, todo cuanto Roma enriquecida por la dignidad de los Apóstoles, alcanzó por sus mártires, todo esto y más lo sintió España, tanto en su honra, como también de su deshonra, pues antes era atrayente, y ahora está hecha una desdicha. 

“Crónica mozárabe de 754″, cap. 6. Ed. J.E. LOPEZ PEREIRA  

Cristianos y musulmanes enjuician Covadonga:  

 Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva, y el ejército de Alqama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva. El predicho obispo subió a un montículo situado ante la cueva de la Señora y habló así a Pelayo: “Pelayo, Pelayo, ¿ dónde estás?”. El interpelado se asomó a la ventana y respondió “Aquí estoy”. El obispo dijo entonces: “Juzgo, hermano e hijo,  que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros paises por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas. ¿Podrás tú defenderte en la cima de este monte?. Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve de tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos”. Pelayo respondió entonces: “¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?”. El obispo contestó: “Verdaderamente, así está escrito”. Pelayo dijo: “Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, por que David ha dicho: “!Castigaré con mi vara sus iniquidades y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia!”. Así pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede libarnos de estos paganos”. El obispo, vuelto entonces al ejército, dijo : “Acercaos y pelead. Ya habéis oido cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención, no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada”. 

 Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias  del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. 

“Crónica de Alfonso III”. Ed. GOMEZ MORENO, B.R.A.H., C, 1932, p. 6l2  

La figura de Pelayo vista por los musulmanes:  

 Dice Isa ben Ahmand Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: “Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?”. En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fafila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado. 

“Nafh al-tib” de Al-Maqqari. Trads. LAFUENTE ALCANTARA, Col. Obr.Ar.Ac.Ha., I. p. 230 y M.ANTUÑA;C. SANCHEZ ALBORNOZ, “Fuentes de la historia hispano-musulmana”, siglo VIII, p. 232.  

El pacto de Teodomiro con Abd Al-Aziz:  

 En el nombre de Allah clemente y misericordioso. Escrito dirigido por Abd Al-Aziz ibn Musa ibn Nusayr a Tudmir ibn Abdush. 

 Este último obtiene la paz y recibe el compromiso, bajo la garantía de Allah y la de su profeta, de que no será alterada su situación ni la de los suyos; de que sus derechos de soberanía no le serán discutidos; de que sus subditos no serán asesinados, ni reducidos a cautividad, ni separados de sus mujeres e hijos, de que no serán estorbados en el ejercicio de su religión; y de que sus iglesias no serán incendiadas ni despojadas de los objetos de culto que en ellas existen; todo ello mientras cunpla las cargas que le imponemos. Le es concedida la paz mediante estas condiciones que regirán en las siete ciudades siguientes: Orihuela, Baltana, Alicante, Mula, Elche, Lorca e Iyyith. Además no deberá dar asilo a nadie que huya de nosotros, o que sea nuestro enemigo; ni hacer daño a quien goce de nuestra amnistía; ni mantener ocultas las noticias relativas a los enemigos que lleguen a su conocimiento. El y sus súbditos deberán pagar al año un tributo personal consistente en un dinar en metálico, cuatro almudes de trigo y cuatro de cebada, cuatro medidas de mosto, cuatro de vinagre, dos de miel y dos de aceite. Esta tasa quedará reducida a la unidad para los esclavos. Lo cual firmaron como testigos Uthman ben Abi Abda al-Quraixí y Habib ben Abi Ubaida al-Fihrí y Abd Allah ben Maisara al Fahtimí y Abu-l-Qasim al-Udhailí. Escrito a cuatro de rachab del año 94 de la Héjira. 

Ed. E. LEVI PROVENÇAL, “España musulmana”, Historia de España, IV, Madrid, 1950, p. 21 y C.SANCHEZ ALBORNOZ, “La España muslmana”, I. Buenos Aires, 1960, pp. 42-43.  

Ocupación de España por los musulmanes:  

 En la era del 749, mientras por dichos enviados (Tariq y otros) se devastaba España y se combatía con gran furor, no sólo contra los enemigos, sino también entre sí, Muza (…) entró hasta la ciudad real de Toledo, castigando a las ciudades vecinas con mala paz fraudulenta, y a algunos nobles, señores varones que de algún modo se habían quedado, llegando a Toledo huyendo de Opas, hijo del rey Egica, los mató con la espada en el patíbulo, y con este motivo mató a todos  con la espada. 

 De este modo, no sólo la España Ulterior, sino también la Citerior, hasta Zaragoza, antiquísima y floreciente ciudad, abierta ya por manifiesto juicio de Dios, la despobló con la espada, el hambre y el cautiverio; destruyó, quemándolas con el fuego, las bellezas ciudadanas; envió a la cruz a los señores y poderosos del siglo, y descuartizó con los puñales a los jóvenes y pequeños. Y así incita a todos con semejante terror, y algunas ciudades que habían quedado, viendose forzadas, piden la paz, y persuadiendo o burlando con astucia a algunos no de modo acostumbrado, concede lo pedido. 

 Pero, los que habiendola obtenido, se niegan a obedecer, aterrados por el miedo, e intentan huir a los montes, mueren de hambre y de diversas muertes. Y en la misma desgraciada España, en Córdoba, en la antigua sede patricia, que siempre había sido la más opulenta de las ciudades vecinas y hacían las delicias del reino visigodo, colocan el inhumano reino. 

“Crónica Mozárabe del 754″. Ed MOMMSEN, Chron. minora, II, 353. Recogido en GARCIA GALLO, “Manual de Historia del Derecho Español, vol. II, Antología de fuentes del Antiguo Derecho”, pp.432-433.  

Campañas de Alfonso I, vaciamiento de la cuenca del Duero y repoblación de las montañas y costa cantábricas:  
 
 Muerto éste, fue elegido rey por todo el pueblo Alfonso, quien, con la gracia de Dios, tomó el cetro del reino y consiguió dominar siempre la fuerza de los enemigos. Con su hermano Fruela dirigiendo el ejército tomó muchas ciudades. Estas son: Lugo, Tuy Oporto, Anegiam, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora llaman Zamora, Avila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mave, Oca, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Cenicero y Alesanco, con sus castillos, villas y aldeas. Matando a todos los árabes llevó consigo a los cristianos a la patria. En ese tiempo se poblaron Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulias, que ahora llaman Castilla, y la parte marítima. Y Galicia, Alava, Vizcaya, Alaon (¿Ayala?) y Orduña siempre habían sido poseídas por sus habitantes, así como Pamplona, Deyo y Berrueza (…) 

GOMEZ MORENO, M. “Las primeras Crónicas de la Reconquista: el ciclo de Alfonso III”, B.R.A.H., T.C., 1952, pp. 615-616.  

La jornada del arrabal:  

 En 198 (31 de agosto de 813) tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal. Los hechos pasaron de la manera siguiente: el príncipe omeya reinante Al-Hakam ben Hixam casi no se ocupaba más que en jugar, cazar, beber y otros placeres semejantes y, por otra parte, la ejecución de muchos de los principales habitantes de la ciudad le hicieron odioso a la población, que era injuriada y maltratada por los mercenarios del emir.  

 El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba :”¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!”, y cuando alguno lanzaba esta injuria, los otros aplaudían. Entonces, Al-Hakam comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas: acuarteló la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumentó el número de sus mamelucos. Todas estas precauciones no hicieron más que que acrecentar el odio de la población, que estaba persuadida de que quería vengarse de todas sus afrentas. Enseguida estableció el impuesto del diezmo sobre las mercaderías, impuesto que habría de cobrarse cada año sin remisión, lo que fue mal visto por el pueblo. Al-Hakam se apoderó de diez de los príncipales exaltados y les hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio ocasión de cólera a las gentes del arrabal. Añádase a todo esto que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convenido, el mameluco tomó la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto. Ocurrió esto en Ramadan (abril-mayo del 814) del año referido. 

 Las gentes del arrabal meridional empuñaron los primeros las armas, y todos los otros arrabales les siguieron. El “chund”, los omeyas y los esclavos negros se concentraron en el palacio y Al-Hakam procedió a la repartición de los caballos y de las armas, así como a la reunión de sus compañeros. 

 Se entabló la lucha y fue favorable a las gentes del arrabal, que cercaron el palacio. Entonces Al-Hakam descendió de la terraza donde se encontraba y fue, a caballo y armado, a reanimar el valor de los suyos, que se batieron a su vista con encarnizamiento (…) 

 Al-Hakam consultó con Abd al-Qarim ben Abd al-Wahid ben Abd al-Mugayth, su último confidente, quien le aconsejó clemencia. Tal fue el partido que tomó el príncipe, a pesar del dictamen contrario emitido por otro, y perdonó a los rebeldes, pero con amenaza de muerte y crucifixión para todos los habitantes del arrabal que no hubiesen partido del arrabal en el plazo de tres días. Los sobrevivientes salieron a escondidas, expuestos a toda clase de penas y humillaciones, llevando lejos de Córdoba a sus mujeres, sus hijos, sus riquezas de más fácil transporte. Los soldados y malhechores estaban en acecho para saquearles y mataban a quienes osaban resistir. 

 Terminado el plazo de tres días, Al-Hakam dió orden de respetar a las mujeres, a las que reunió en el mismo lugar, e hizo destruir el arrabal meridional (de Secunda) (…) 

BEN AL-ATHIR, “Kamil fi-l-Tarif”, según versión francesa de Fagnan, pp. 165-177. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España. Alta Edad Media”, Historia 16, Madrid, 1980, p. 50.  
  
Mercado de libros en Córdoba:  

 Estuve, dice —el bibliófilo Al-Hadrami— una vez en Córdoba y solía ir con frecuencia al mercado de libros por ver si encontraba en venta uno que tenía vehemente deseo de adquirir. Un día, por fín, apareció un ejemplar de hermosa letra y elegante encuadernación. Tuve una gran alegría. Comencé a pujar: pero el corredor que los vendía en pública subasta todo era revolverse hacia mí indicando que otro ofrecía mayor precio. Fui pujando hasta llegar a una suma exorbitante, muy por encima del verdadero valor del libro bien pagado. Viendo que lo pujaban más, dije al corredor que me indicase la persona que lo hacía, y me señaló a un hombre de muy elegante porte, bien vestido, con aspecto de persona principal. Acerquéme a él y le dije: “Dios guarde a su merced. Si el doctor tiene decidido empeño en llevarse el libro, no porfiaré más; hemos ido ya pujando y subiendo demasiado”. A lo cual me contestó: “Usted dispense, no soy doctor. Para que usted vea, ni siquiera me he enterado de qué trata el libro. Pero como uno tiene que acomodarse a las exigencias de la buena sociedad de Córdoba, se ve precisado a formar biblioteca. En los estantes de mi librería tengo un hueco que pide exactamente el tamaño de este libro, y como he visto que tiene bonita letra y bonita encuadernación, me ha placido. Por lo demás, ni siquiera me he fijado en el precio. Gracias a Dios me sobra dinero para esas cosas”. Al oir aquello me indigné, no pude aguantarme, y le dije: “Sí, ya, personas como usted son las que tienen el dinero. Bien es verdad lo que dice el proverbio: Da Dios nueces a quien no tiene dientes. Yo sé el contenido del libro y deseo aprovecharme de él, por mi pobreza no puedo utilizarlo.” 

“Magrib” de Ben Said (Trad. de RIBERA: “Disertaciones y opúsculos”, I, p. 203. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España” 3, La Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 84. 

Abd al-Rahman III, califa de Córdoba:  
 
 El sábado día 2 de du-l-hichcha de este año (17 de enero del 929), fueron despachadas cartas suyas dirigidas a los “ummal” de sus diferentes provincias, conforme a una redacción única. He aquí la copia de una de estas cartas: 

 “En el nombre de Allah clemente y misericordioso. Bendiga Allah a nuestro honrado profeta Mahoma. Los más dignos de reivindicar enteramente su derecho y los más merecedores de completar su fortuna y de revestirse de las mercedes con que Allah altísimo los ha revestido, somos nosotros,  por cuanto Allah altísimo nos ha favorecido con ello, ha mostrado su preferencia por nosotros, ha elevado nuestra autoridad hasta ese punto, nos ha permitido obtenerlo por nuestro esfuerzo, nos ha facilitado lograrlo con nuestro gobierno, ha extendido nuestra fama por el mundo, ha ensalzado nuestra autoridad por las tierras, ha hecho que la esperanza de los mundos estuviera pendiente de nosotros, ha dispuesto que los extraviados a nosotros volvieran y que nuestros súbditos se regocijaran por verse a la sombra de nuestro gobierno (…) En consecuencia hemos decidido que se nos llame con el título de Príncipe de los Creyentes, y que en las cartas, tanto las que expidamos como las que recibamos, se nos dé dicho título, puesto que todo el que lo usa, fuera de nosotros, se lo apropia indebidamente, es un intruso en él, y se arroga una denominación que no merece. Además, hemos comprendido que seguir sin usar ese título, que se nos debe, es hacer decaer un derecho que tenemos y dejarse perder una designación firme. Ordena, por tanto, al predicador de tu jurisdicción que emplee dicho título, y úsalo tú de ahora en adelante cuando nos escribas. Si Allah quiere”. 

 En consecuencia, y conforme a estas órdenes, el predicador de Córdoba comenzó a hacer la invocación en favor de  al-nasir li-din Allah, dándole el título de Príncipe de los Creyentes, el día 1º de du-l-hichcha de este año (16 de enero del 929). 

Trad. E. LEVI-PROVENÇAL y E. GARCIA GOMEZ, “Una crónica anónima de Abd al- Rahman III al-Nasir, Madrid-Granada, 1950, pp. 152-153.  
 
Las mujeres andaluzas segun Averroes:  

 Nuestro estado social no deja ver lo que de sí pueden dar las mujeres. Parecen destinadas exclusivamente a dar a luz y amamantar a los hijos, y este estado de servidumbre ha destruido en ellas la facultad de las grandes cosas. He aquí por qué no se ve entre nosotros mujer alguna dotada de virtudes morales: su vida transcurre como la de las plantas, al ciudado de sus propios maridos. De aquí proviene la miseria que devora nuestras ciudades porque el número de mujeres es doble que el de hombres y no pueden procurarse lo necesario para vivir por medio del trabajo. 

Trad. Ribera: “Disertaciones y opúsculos”, Tomo I, p. 348. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España,” 3, Alta Eadad Media, Madrid, 1980, p. 78.  

Los jueces de Córdoba:  

 Yo presencié cierto día una audiencia de Amr ibn Abd Allah, en la mezquita que estaba cerca de su domicilio, y le vi sentado haciendo justicia en medio de la gente; llevaba un vestido “mashrikab”. Hallábase sentado en un ángulo de la mezquita, rodeado de los que iban a pedirle audiencia (…) En el ángulo opuesto de la mezquita se encontraba Mu’min ibn Sa’id, el cual tenía alrededor suyo un corro de jóvenes estudiantes que iban a recitar versos y a aprender literatura. Los jóvenes que asistían a la clase de Mu’min tuvieron un altercado por no sé qué motivo; uno de ellos lanzó un zapato contra su compañero y, después de pegarle a éste, vino a caer el zapato en medio del círculo donde el juez daba audiencia. Los presentes creyeron que el juez, al ver el desacato, se pondría seguramente furioso; sin embargo, no hizo otra cosa que decir: “Estos chicos nos molestan”. 
(…) 

 Jalid ibn Sa’d dice que Abd Allah ibn Qasim le refirió que su padre le había contado lo siguiente: Me encontré en cierta ocasión con el juez Muhammad ibn Sulma y me pidió que le comprara un alquicel barragán. Y añade Abd Allah: mi padre me mandó que bajara a la calle de los Pañeros, a buscar el alquicel. Bajé y le compré un alquicel por veinticuatro donares y medio; y se lo llevé a mi padre, el cual se lo trajo personalmente al juez. A éste le agradó y dijo: “¿Cuánto te ha costado?”. “A ti te cuesta —contestóle— diez dinares”. El juez, creyendo que ese era el precio que había costado, le entregó los diez dinares. Pero unos momentos depués vino a ver a mi padre Abu Yahya, el inspector de los habices, y le dijo :”El juez te saluda y te ruega que tomes el alquicel y que le devuelvas los diez dinares, porque necesita ahora ese dinero para otros gastos y no necesita el alquicel”. “Yo le daré el dinero que ahora necesita —respondió mi padre no queriendo tomar el alquicel— y que lo utilice hasta que le sea fácil devolvérmelo”. Pero el inspector de habices se negó a aceptar, porque el juez había dicho: “Yo no puedo aceptar eso”: Y al preguntarle mi padre qué es lo que le había obligado a devolver el alquicel, el juez, que ya había sabido cuál era su verdadero precio, no quiso aceptar y dijo: “Yo creía que el precio del alquicel era de diez dinares, que es la cantidad que yo dí; pero cuando he sabido que el alquicel vale más, ya no lo quiero. Me sabe mal, muy mal, que otros carguen con el gasto que sólo a mi corresponde”. 

AL-JUSHANI, “Kitab al-qudat bi-Qurtuba”, adaptación de la trad. castellana de J. RIBERA, “Historia de los jueces de Córdoba por Aljoxaní”, Madrid, 1914, pp. 148-149 y pp. 203-204.  

El comercio de esclavos en Al-Andalus:  

  Un hombre de mundo me hizo venir cierto día a su casa para que le redactara el acta de compra de una sierva muy bonita que había adquirido. Le pedí su “istibra” y ni la tenía, ni el vendedor sabía de qué se trataba. Le dije :”la sierva tendrá que permanecer en casa de una mujer digna de toda confianza, sobre la que os pongáis de acuerdo, o de un hombre de bien, religioso y creyente, que viva con su esposa, hasta que pueda certificar el efectivo cumplimiento del retiro legal”. 
(…) 

 Fraudes y engaños de estos mercaderes son el vender esclavos de determinada categoría como si fuesen de otra y los de una raza por otra. 

 Se ha hablado mucho de las razas, estampas y naturaleza de los esclavos, de lo que conviene a cada clase, haciendo toda suerte de discursos sobre el particular. Dicen que la sierva beréber (es la ideal para proporcionar) voluptuosidad, la rumiyya, para el ciudado del dinero y de la alacena,la turca para engendar hijos valerosos, la etíope para amamantar, la mequí para el canto, la medinesa por su elegancia y la iraquí por lo incitante y coqueta. 

 En cuanto a los varones, el hindú y el nubio (son apreciados) como guardianes de las personas y bienes, el etíope y el armenio para el trabajo y el servicio, produciendo beneficios (a su dueño), el turco y el eslavo para la guerra y cuanto requiere valor. 

 Las bereberes son de natural obediente, las más diligentes (se destinan) al trabajo, las más sanas para la procreación y el placer y las más bonitas para engendrar; les siguen las yemeníes a quienes se parecen las árabes. Los nubios suelen ser de natural obedientes a sus amos, como si hubieran sido creados para la esclavitud, pero son ladrones y poco de fiar. Las hindúes no soportan la humillación, cometen los mayores crímenes 
y se mueren con facilidad. Las etíopes tienen la naturaleza más dura que Allah haya creado y son las más sufridas para las fatigas, pero les hieden las axilas, lo cual generalmente impide que se las tome. Las armenias son bellas, avaras y poco dóciles al hombre. 
(…) 

 Uno de los fraudes más famosos y tretas conocidas (de los vendedores de esclavas) estriba en que tienen unas mujeres arteras, de belleza sin par y admirable hermosura que dominan la lengua romance y parecen rumíes. Cuando comparece alguien que no es del lugar y les pide una hermosa esclava recién importada de los paises cristianos, (el comerciante) se compromete a encontrársela pronto (…) Mientras tanto, el comerciante se ha preparado un cómplice (que responda) de la identidad de la esclava, asegurando que es su dueño, quien tiene que recibir su importe y demuestra con documentos que la ha comprado en la Marca Superior. El cliente paga a gusto un elevadísimo precio porque es recién importada y quiere llevarsela (inmediatamente). En cuanto se ha cerrado el trato ambos (cómplices) se reparten el importe con la esclava. 

AL-SAQATI, “Kitab fi adab al-hisba”, Adaptación de la trad. castellana de P. CHALMETA en “Al-Andalus”, 1968, XXXIII, fasc. 2, pp. 370-371, 374-375 y 383-384.  

Ordoño IV ante Al- Hakam II:  

 Introdujo a Ordoño en el salón Muhammad ben Al Qarim ben Tumlus. Vestía una túnica de brocado blanco, de manufactura cristiana, y una capa de la misma calidad y color y se cubría con una gorra adornada con costosas joyas. Ordoño se trasladó desde su residencia de Córdoba a Medina al- Zahra acompañado de los principales cristianos de Al-Andalus: Walid ben Jaizuran, juez de los mismos, y Ubaid Allah ben Qasim, metropolitano de Toledo. Próximos ya al palacio, Ordoño hubo de seguir un camino a cuyos lados estaba formada la infantería, colocada en orden tan admirable que los ojos se quedaban asombrados por su uniformidad, y en tan apretadas filas que la mente se sorprendía de su número. Tal era la brillantez de sus corazas y armas, que los cristianos estaban estupefactos de lo que veían. Con la cabeza baja, los párpados entornados (por el asombro) y los ojos semicerrados (por lo mismo), llegaron hasta la puerta exterior de Medina al-Zahra, llamada bab al-Akuba (Puerta de las Cúpulas), donde desmontaron los que habían ido a esperar a Ordoño (…) 

 Cuando se halló ante el trono, se echó al suelo y permaneció algunos instantes en tal humilde posición; se levantó, avanzó unos pasos, se postró de nuevo y repitió tal ceremonia varias veces, hasta que llegó a poca distancia del califa. Le tomó y besó la mano, marchó luego hacia atrás sin volver la cara, hasta llegar a un asiento cubierto con una tela de oro, que había sido preparado para él a unos diez cúbitos de distancia del trono real, siempre asombrado por lo imponente de la escena. Los condes de su séquito, a los que se había permitido la entrada a la presencia real, avanzaron, postrándose repetidas veces, hasta el trono del califa; les dió éste a besar su mano y retrocedieron en seguida para colocarse al lado de su rey. Entre ellos estaba Walid ben Jayzuran, que era, como queda dicho, cadí o juez de los cristianos de Córdoba y que actuó de intérprete. 

“Nafh al-tib” de AL-MAQQARI (Según versiones: inglesa de Gayangos, “The mohammedam dynasties in Spain”, II, p. 160; y francesa de Dozy, “Histoire des musulmans d’Espagne”, II, p. 177). Recoge. J.L. MARTIN, “Historia de España”, 3, Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 96. 

Las mujeres, según Ibn Hazm:  

 Yo he tratado a las mujeres en su intimidad y por eso estoy tan enterado de sus misterios, que de ellos se lo que quizá no sepa ningún otro hombre, porque yo me crié dentro de sus habitaciones privadas y me eduqué con ellas, sin conocer más personas que mujeres, sin tratar con hombres hasta que llegué a la edad de la juventud. Ellas venían continuamente a besarme la cara, me enseñaban a leer el Alcorán, me recitaban muchos versos, me adiestraban en la escritura. De aquí que yo, desde que empecé a tener uso de razón, en los primeros años de mi infancia, no pusiese otro empeño ni trabajase con mi espíritu en otra cosa que en conocer bien las cualidades de las mujeres y en enterarme de cuanto les oía referir de sí mismas. Y como ya luego no he olvidado nada de lo que de niño ví que ellas hacían, acabé por concebir contra ellas una intensa antipatía instintiva y pésima opinión. 

 El espíritu de las mujeres está vacío de toda idea que no sea la de la unión sexual y de sus motivos determinantes, la de la galantería erótica y sus causas, la del amor en sus varias formas. De ninguna otra cosa se preocupan, ni para otra cosa han sido creadas. 

 En esta materia (del amor sexual) jamás pensé bien de nadie. Por natural temperamento he sido siempre muy celoso (…) Además nunca he cesado de escudriñar noticias femeninas y de procurar descubrir los secretos de las mujeres. Como ellas, por otra parte, tuvieron conmigo siempre gran familiaridad, confiábanme sus más íntimos secretos de modo que, si no fuera porque se trata de cosas feas que Dios prohibe poner al descubierto, referir podría, en verdad, tales maravillas de la sagacidad y artes aviesas que para el mal poseen las mujeres, que dejarían atónito al más avisado. Pero, aunque yo estuve siempre tan enterado de todo esto, bien sabe Dios —y con que El lo sepa me basta— que estoy por fuera y por dentro absolutamente limpio y puro de toda mácula en tal materia; tanto, que puedo jurar en Dios solemnemente que jamás desaté mi manto para un placer ilícito, ni mi Señor me habrá de tomar cuenta de pecado alguno grave de adulterio, desde que tuve uso de razón hasta el día de hoy. 

Del “Tauq o Libro del amor” y del “Ajla o Libro de los carácteres y la conducta que trata de la medicina del alma” de Ibn Hazm, según versión de Asín (Abenhazam de Córdoba,p. 39, 40, 222 y 223. Recoge J.L.Martin, “Historia de España”, 3, Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 72. 
 
Una partida de ajedrez en la corte de Sevilla:  

 Una vez, entre otras, fue a invadir, al frente de un numeroso ejército, el territorio sevillano. Inexpicable consternación reinaba entre los musulmanes, demasiado débiles para poder defenderse. Sólo Ben-Amar, el primer ministro, no desesperaba. No contaba con el ejército sevillano; intentar vencer con él a las tropas cristianas era una quimera; pero conocía a Alfonso, porque había estado muchas veces en su corte; sabía que era ambicioso, pero también que estaba casi arabizado, es decir, que era fácil ganar su voluntad, siempre que se conocieran sus gustos y caprichos. Con esto era con lo que contaba, y sin preder tiempo en organizar una resistencia armada, mandó hacer un juego de ajedrez tan magnífico, que ningún otro rey tenía otro igual. Las piezas eran de ébano y de sándalo incrustados en oro. provisto de este ajedrez, presentóse con cualquier pretexto en el campamento de Alfonso, el cual le recibió honoríficamente, porque Ben-Amar era de los pocos musulmanes a quien estimaba. 

 Un día, Ben-Amar enseñó el ajedrez a un noble castellano que gozaba de gran favor de Alfonso. Dicho noble habló de él al rey, el cual dijo a Ben-Amar: 

– ¿Que tal juegas al ajedrez? 
– Mis amigos opinan que juego bastante bien- respondió Ben-Amar. 
– Me han dicho que tienes un juego magnífico. 
– Cierto, señor. 
– ¿Podría  verlo? 
– Sin duda; pero con una condición: jugaremos juntos; si pierdo, el ajedrez será para tí; pero si gano, podré exigirte lo que quiera. 
– Acepto. 

 Trajeron el ajedrez, y Alfonso, estupefacto de la belleza y primor del trabajo, exclamó santigÜandose: 

– ¡Gran Dios, nunca hubiera creído que pudiera hacerse un ajedrez con tal arte!. 
 Y después de admirarlo detenidamente, exclamó: 

– ¿Qué decías antes? ¿Cuáles son las condiciones? 

 Habiéndoselas repetido Ben-Amar, prosiguió: 

– ¡No, por Dios! Yo no juego cuando la apuesta me es desconocida, pues podrías pedirme una cosa que no pudiera darte. 

– Como quieras, señor, respondió fríamente Ben-Amar. 

 Y ordenó a sus servidores que llevasen el ajedrez a su tienda. 

 Se separaron, pero Ben-Amar no era hombre que se desanimase tan facilmente. Bajo palabra de guardar el secreto, confío a algunos nobles castellanos lo que hubiese exigido a Alfonso en caso de haberle ganado la partida, prometiéndoles considerables sumas si querían ayudarle. Seducidos con el cebo del oro, y bastante tranquilos respecto a las intenciones del árabe, aquellos nobles se comprometieron a servirle; y cuando Alfonso, que ardía en deseos de poseer el magnífico ajedrez, les consultó qué haría, le dijeron: “Señor, si ganaís, tendréis un ajedrez  que os envidiarán los reyes; y si perdeis, ¡qué podrá pediros ese árabe! Si formula una petición indiscreta, ¿no estamos aquí nosotros para hacerle entrar en razón?”. Tan bien hablaron que Alfonso se dejó persuadir. Mandó decir a Ben-Amar que le esperara con su ajedrez, y cuando llegó el visir: 

– Acepto tus condiciones —le dijo— ¡juguemos! 
– Con gran placer —respondió Ben-Amar— pero hagamos las cosas en regla; permite que varios nobles castellanos nos sirvan de testigos. 

 El rey accedió, y cuando hubieron llegado los nobles designados por Ben-Amar, comenzó el juego. 

 Alfonso perdió la partida. 

– ¿Puedo pedir ahora lo que quiera, según lo convenido? —preguntó Ben-Amar. 
– Sin duda —repuso el rey—. Veamos, ¿qué es lo que exiges? 
– Que vuelvs a tus estados con tu ejército. 

 Alfonso palideció. Presa de agitación febril, recorría la sala a grandes pasos, se sentaba y volvía de nuevo a pasear. 

– Estoy cogido —dijo, al fín, a los nobles— y vosotros tenéis la culpa. Temía una petición de esa naturaleza por parte de este hombre, pero vosotros me tranquilizasteis y ahora recojo el fruto de vuestros detestables consejos. Después de algunos instantes de silencio, exclamó: 

– ¿Qué me importa su condición después de todo? Prescindiré de ella por completo y seguiré mi camino. 
– Señor, —dijeron entonces los castellanos— eso sería delinquir contra el honor, sería faltar a la palabra, y vos, el más grande de los reyes de la cristiandad, sois incapaz de semejante cosa. 

Al fín, cuando Alfonso se calmó un tanto, añadió: 

– ¡Pues bien! Cumpliré mi palabra, pero a cambio de esa frustada expedición, necesito, al menos, doble tributo este año. 
– Lo tendrás, señor —exclamó Ben-Amar—. 

  Y se apresuró a hacer remitir a Alfonso el dinero que pedía. Por aquella vez el reino de Sevilla, amenazado de una invasión terrible, se libró del susto gracias a la habilidad del primer ministro. 

DOZY, “Crónicas árabes y cristianas reunidas por…(Ley de 1848-51). Recogido por C.Sanchez Albornoz y A., Viñas, “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 65-66.  

Enfrentamiento entre la armada castellana de Sancho IV y arabes africanos:  

 En el mes de abril en que comenzó el noveno año del reinado deste rey don Sancho, que fue en la era de mill é trecientos é treinta años, andaba el año de la nascencia de Jesu Christo en mill é docientos é noventa é dos años (…) llególe mandado (al rey Sancho) en commo el rey Aben Yacob era en Tanger, é que tenía y doce mill caballeros para pasar aquende, é que tenía veinte é siete galeas muy bien armadas, é ellos que querían pasar, é que llegó Micer Benito Zacarías, el ginoves, con doce galeras muy bien armadas, é estando el rey Aben Yacob con toda su hueste en la ribera de allen mar, lidió este Micer Benito Zacarías con aquellas veinte e siete galeas de los moros , é venciólos, é prisió dellas las trece, é fugieron las otras, veyendolo el rey Aben Yacob e toda su hueste que estavan delante; é albergó y esa noche Micer Benito Zacarías, é estudo y otro día trayendo aquellas trece galeas, jorrándolas con sogas ante el rey Aben Yacob é ante toda su hueste. E cuando el rey Aben Yacob vió esto, tovose por muy quebrantado é muy deshonrado, él luego movió con toda su hueste e se tornó para Fez. E cuando estas nuevas ovo el rey don Sancho, plúgole ende mucho, é mandó mover toda su hueste para Sevilla (…) 

“Crónica del rey don Sancho, el Bravo”, en  Cronicas de los Reyes de Castilla, Tomo I, B.A.E., Ed.. C. Rosell, Madrid, 1953, cap. IX, p. 86.  

Obligaciones contraídas por Abu Nasr Sa’d (1455-1464) con Enrique IV de Castilla:  

 (…) Que el rey de Granada fuese vasallo del rey de Castilla, ansí como el rey don Mahomad lo había sido del rey don Pedro y fuese de su consejo, y tener dezmero a la puerta d’Elvira que cogiese el diezmo y medio para el rey de Castilla, y que diese en el año primero de la paz, mill captivos y que entre los tres años siguientes, cada un, trescientos y treinta y tres captivos, que avian de ser todos dos mill. E cada vez que el rey don Enrique le llamase, en toda el Andaluzía fasta el reino de Toledo, fuese obligado de le servir con dos mill de cavallo un mes a su costa y si del más se quisiese servir que le pagase el sueldo hasta ser vuelto a su reino, al fuero y costumbre de Castilla. Y le volviese todas las villas y fortalezas que en tiempos del rey don Juan su padre se habían perdido, y con estas condiciones se le daría la paz por diez años y que en este tienpo se metiese al reino de Granada todas las cosas que en aquél tienpo solían meter. 

J. TORRES FONTES, “Estudio sobre la“Crónica de Enrique IV” del doctor Galíndez de Carvajal”, Murcia, 1946, p. 114.  

Problemas para gobernar al comienzo del reinado de Abu l-Hasan Alí (1464-1482):  

 (…) Sucesos e incidentes que son muy largos de contar. Y es que, viendose él como secuestrado por sus cadíes hasta el punto de no tener de rey más que el nombre, quiso obrar por sí mismo y deshacerse de la tutela mencionada. Empezó, en efecto, a obrar por su cuenta, prescindiendo de los cadíes; parte de estos, a su vez, se decidieron a obrar por la suya, prescindiendo de él, lo cual dió lugar a que entre unos y otros ocurriesen numerosas cuestiones. Los cadíes, al verse deshauciados por el sultán, tomaron a su hermano Mohamed, que era de menos edad que él y lo proclamaron rey, lo cual hizo que prendiese el fuego de la guerra civil. 

“Fragmento de la época sobre noticias de los reyes nazaritas o capitulaciones de Granada y emigración de los andaluces a Marruecos”, Ed. y trad. A. BUSTANI y C. QUIROS, Larache, 1940, p.3. 

Problemas económicos del rey de Granada:  

 (…) El rey de Granada Muley Abulhacen estaba cargado de deudas después que aniquiló o sometió a los enemigos de su reino; y como se propusiera disminuir el poderío de los nobles más opulentos, quiso descargar este peso sobre los más ricos y adinerados mediante el decreto de que las posesiones y heredades que algunos tenían antes de que el reinara fueran devueltas en virtud del derecho real —según el veía— que, afirmaba, otros reyes habían sino conservar, o habían obrado con negligencia en el uso de sus derechos de preferencia en cuestiones hereditarias, o habían abusado con prodigalidad de la parte hereditaria que por ley correspondía a la majestad real. Entre los granadinos agarenos se tiene al rey por heredero de cualquier difunto si éste carece de hijos. Si, por el contrario, le quedan hijos, el rey es copartícipe en igual cantidad que la que percibió cualquiera de ellos. Esta, en algunas ocasiones, los reyes la destinaron a hombres beneméritos o la distribuyen generosamente entre sus favoritos. Pero ahora, el mismo Abulhacen, yendo de lugar en lugar con su poderoso ejército se adjudicó las posesiones y fincas de esta naturaleza; removió a los gobernantes de la mayoría de ellas, y no se comportó con la misma generosidad que los demás reyes con los vecinos de aquellos lugares ni con los moros forasteros que los granadinos llamaban “gomeres”, sino que a muchos de ellos los sacó de sus confortables castillos para enviarlos a otras moradas menos espaciosas. 

“Cuarta década de Alonso de Palencia”. Estudio, texto y traducción de J. LOPEZ DE TORO, Madrid, 1970-74, II, p. 181.  

Causas de la caída de Granada según los musulmanes: *

 Es sabido que los cristianos no hubiesen tomado revancha sobre los musulmanes, ni lavado de sí mismos mancha alguna, ni destruido vivienda ni casa de al-Andalus, ni les hubiesen arrebatado todas sus ciudades y comarcas a no facilitarles todo esto las causas de la discordia interior, su empeño en suscitar entre los muslimes la lucha y divisiones internas, en producir entre sus reyes el dolo y la traición, y mantener entre sus defensores la perfidia y la doblez en medio de la guerra civil destructora. 

M.GASPAR Y REMIRO, “Presentimiento y juicio de los moros españoles sobre la caída inminente de Granada y su reino en poder de los cristianos”, Revista de Estudios Históricos de Granada y su Reino, I-1 (1911), p. 151.

 

Corona de los reyes visigodos, muy semejante en su diseño a la de los emperadores bizantinos.

Corona de los reyes visigodos, muy semejante en su diseño a la de los emperadores bizantinos.

   
  
  F. Javier Villalba Ruiz de Toledo 

*Existe una serie de tres gruesos volúmenes dedicados al estudio de esta leyenda. Creo recordar que su autor es Ramón Menéndez Pidal.

*He copiado en rojo este fragmento para esclarecimiento y mejor comprensión de las causas que determinaron la caída del reino moro de Granada y el fin de la ocupación musulmana en territorio español. 

 

 

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INFORMACIÓN SOBRE UNICORNIOS

NOTA: He encontrado este material sobre la Tapicería del Unicornio, que contiene revlaciones sorprendentes sobre la historia de esos tapices, y la reproduzco aquí. El blog original, http://unicorniodelana.blogspot.com/2014/05/un-maravilloso-tapiz-la-fuente-de-la.html, contiene numerosas ilustraciones sobre el tema, que son de gran belleza. Sugiero que consultar ese sitio es mucho mejor que leer lo que sigue, pero no me puedo resistir a rebloguearlo. Espero que el señor Espinosa tome mi atrevimiento como una muestra de fervorosa admiración por su trabajo.

Un Maravilloso Tapiz: La Fuente de la Gracia o el Unicornio de Durango Por Alberto Espinosa (Tercera Parte)

VI.- La Transformación del Conjunto Cultural Durango El Conjunto Cultural Durango, sede del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED), albergó por 12 años (1998-2010) en la Pinacoteca Virreinal del Estado un misterioso tapiz, conocido como “La Fuente de la Gracia”. Cuando se remodelaron las instalaciones para dar lugar al Centro de Convenciones Bicentenario, inaugurado en 2010, se desmontaron una serie de museos y galerías de arte que ahí se albergaban, durante la gestión de Luis Ángel Martínez Diez como director del ICED. La infraestructura cultural de Durango sufrió así una afectación considerable, pues e perdieró el foro de conferencias “María Elvira Bermúdez” y dos galerías de arte, quedando sin paradero las colecciones de objetos de los Museos del Cine y de la Fotografía, también desaparecidos, y los Archivos Históricos de Durango, a cargo de Gavino Martínez, así como la colección de objetos del Museo de la Revolución “Domingo Arrieta”, el cual también se extinguió. Al poco tiempo, en el año de 2012, siendo el director del ICED la ingeniero Corín Martínez y habiéndose trasladado su sede del Conjunto Cultural Durango a una casona moderna en la Cerro de la Cruz #122, en el fraccionamiento Lomas del Guadiana, la colección de objetos de la Pinacoteca Virreinal, dentro de la cual se encontraba el maravilloso tapiz, fue llevada al Mueso Gurza, bajo la dirección de Liliana Salomón, permaneciendo ahí, en una sala muy angosta, durante aproximadamente ocho meses. Salvo “La Puerta de los Evangelistas”, exhibida durante un tiempo en la Ex Hacienda de Ferrería y que hoy en día al parecer se encuentra en las oficinas del Centro de Convenciones Bicentenario, las restantes piezas de la colección no se han vuelto a ver, desconociéndose hasta la fecha su paradero.

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Sin embargo, gracias a información de último momento, sabemos que El Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, a través de su Directora la Maestra Carmen Pérez García informó el día 29 de mayo de 2014, en la conferencia “Nuevos paradigmas: a 50 años de la Carta de Venecia”, celebrada en el castillo de Chapultepec, México, qué el Tapiz qué fuera atribuido da un origen flamenco del Siglo XVI, conocido como “La Fuente de la Gracia”, fue llevado desde Durango México, a sus instalaciones, para un proceso de conservación y restauración, el cual está totalmente concluido y en breve será devuelto. La Maestra Carmen Pérez García menciono en la misma conferencia que se trata de una copia, muy bien realizada, del Siglo XIX, y que no es del Siglo XV o XVI como se había supuesto, pero que fue realizado con gran técnica de manufactura. La Pinacoteca Virreinal se inauguró el 17 de agosto el 1998, siendo el tapiz “La Fuente de la Gracia” la pieza reina de la colección, cuando iniciaba sus funciones como director del ICED en Maestro Don Héctor Palencia Alonso –quien un año antes, en 1997, había logrado que el tapiz se incluyera en dicha colección, cuando desempeñaba el cargo de Director de Asuntos Culturales de Durango (dependencia de la SEP). Durante algún tiempo no se supo a ciencia cierta la fecha de aquella obra de arte, atribuyéndola Clara Bergelini a una reproducción del Siglo XVIII o XIX. No fue sino hasta el año de 1999 que el Arquitecto Jaime Ortiz Lajus comunicó por medio de la prensa que se trataba de un tapiz del siglo XVI, una joya medieval, relacionado con la famosa serie de 6 tapices del Museo de Cluny, de París, conocidos como “La Dama del Unicornio” –siendo el tapiz de Durango el más grande de toda la colección. El gran tapiz había formado parte de una serie de objetos que ornamentaban la Ex Hacienda de Ferrería, la cual fue expropiada por decreto en 1989, por el gobierno de Durango, durante la administración del gobernador José Ramírez Gamero (1986 a 1992), debido a que su dueño, de origen alemán, Gerhard Mertins, un ex policía nazi, había resultado involucrado en un oscuro negocio de tráfico de armas a Centroamérica, siendo señalado además como asesino intelectual de un reconocido periodista. Se ha conjeturado que el tapiz formaba parte de un botín de guerra alemán. Lo que sabemos es que el tapiz llegó a Durango a mediados de los años 70´s, enrollado como un fardo, en un vuelo aéreo, no se sabe con exactitud si procedente de Nueva York, Chicago o Tlaquepaque. El guitarrista Rosalío Salas Ceniceros afirma que fue comprado entre los años de 1974 o 1975 en “La Casa Antigua de México, en Tlaquepaque, Jalisco, por él y John Miegs, por la cantidad de 5 o 10 mil pesos, cuando la Hacienda de Ferrería pertenecía al millonario industrial Roberto O. Anderson. A los dos o tres años la Hacienda de Ferrería de las Flores fue vendida por Anderson a Gerhard George Mertins, estando el tapiz en su propiedad durante aproximadamente 12 años, hasta que ésta fue expropiada. VII.- Historia de un Traficante de Armas Así, lo único que sabemos con certeza es que el tapiz “La Fuente de la Gracia” llegó a la Ex Hacienda de Ferrería de Durango a mediados de los años 70´s, tiempo en el cual la Ex Hacienda perteneció a Roberto Anderson y luego a Gerhard Mertins, hasta que 1989 fue expropiada por el gobierno del pueblo de Durango junto con todos los objetos decorativos que contenía, entre los cuales figuraba el tapiz. Por su parte, Gerhard George Mertins (Berlín, 30 de diciembre de 1919-Florida, 19 de marzo de 1993), murió en Florida, en los Estados Unidos, a los 75 años de edad. Creció en Berlín, y durante la 2ª Guerra Mundial fue miembro de la Wafen SS armadas, el cuerpo d élite de las “Escuadras de Protección” (Schultzstaffel), dirigidas por Heinrrich Himmler (Reichsfuherer SS) –algunos de cuyos líderes fueron juzgados en Núremberg por crímenes y atrocidades de guerra y por delitos contra la humanidad, declarando a las Waffen SS parte de una organización criminal e inmediatamente abolidas. Mertins sirvió bajo la órdenes de Otto Skarzeny (Viena, 12 de junio de 1908-Madrid, 7 de julio de 1975), el famoso líder de la SS quien, junto con dos oficiales más, lograron la liberación de Benito Mussolini de su prisión, en el castillo de Gran Sasso, Italia, el 12 de septiembre de de 1943.

[2]

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Mertins fue comandante del 4º Batallón de Paracaidistas y recibió los reconocimientos de la Cruz Alemana de Oro en 1943 y la insignia de los Caballeros de la Cruz (Cruz de Hierro) en 1944.

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Después de la guerra y junto con su otrora jefe Otto Skorzeny, Mertins fundó en 1963 la empresa Marez, A.G., en Vevey, Suiza, para la exportación de armas alemanas (de la República Federal Alemana) al extranjero. El coronel Manuel Contreras, de la policía secreta (DINA) de Augusto Pinochet, tuvo como socio a Mertins en su expedición a Irán, relacionándoselo también con la tercera fase de Operación Cóndor en 1976. El ex oficial alemán Gerhard Mertins fue uno de los más importantes traficantes de armas a nivel mundial, y el principal aliado internacional de Paul Schafler (Trisdarft, 4 de diciembre de 1921-Santiago de Chile, 24 de abril de 2010), ex oficial nazi líder de la Colonia Dignidad, en Chile –secta neonazi que trabajó en la Villa Bebiera de 17 mil hectáreas desde los años 60’s, siendo desmantelada en los 90´s por abusos sexuales y por secuestrar y torturar a opositores de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), cargos a los que se añadieron los de trata de blancas y esclavitud. Gerhard Mertins fue efectivamente traficante de armas, realizando negocios ilegales de armamento muy sofisticado en todo el mundo, especialmente a Centroamérica y medio oriente, desde 1950 hasta su muerte. En 1989 tuvo que huir de México, al ser relacionado con el asesinato del periodista Manuel Buendía en 1984 y con el tráfico de armas, quedando Carlos Subel Honzik a cargo de sus negocios en México.

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VIII.- El Descubrimiento de los Tapices de Paris Los más célebres tapices del mundo fueron manufacturados en Flandes. Las dos series más famosas versan sobre el unicornio, estando la primera serie, “La Dama del Unicornio”, resguardada en una galería especial en el Museo de Moyen Age Thermes de Cluny, en París; la segunda serie “La Caza del Unicornio”, está depositada en los Cloisters del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El Tapiz “La Fuente de la Gracia” expropiado a Mertins en 1989 pertenece a la primera serie “La Dama del Unicornio”, siendo el séptimo y el más grande de todos ellos. La serie “La Dama del Unicornio” de Cluny fue realizada en Flandes, entre 1480 y 1490, encargada por la familia La Rochefoucauld para las bodas de Jeanne de la Roche Ayman, la heredera de Jean IV le Viste, y Francois de Rilhac, yendo a parar los tejidos al castillo de Boussac, propiedad de Jean le Viste. Fueron descubiertos en el año de 1841 por Prosper Merimée. La escritora Lucila Aurora Dupin, mejor conocida como Georges Sand, la amante feminista de genial pianista polaco Federico Chopín, fue la primera intelectual que se ocupó de ellos, señalando la existencia de ocho tapices con el tema del unicornio y escribiendo una novela teniéndolos como tema: Jeanne. En el año de 1844, a partir del estudio del peinado de la dama y del exotismo del león y del unicornio, dedujo que se trataba de una historia romántica imbuida de renuncia y espiritualidad. Posteriormente, Edmond Du Sommerard, conservador del Museo de Cluny, los reclamó, señalando la existencia en el castillo de sólo seis tapices, urdidos con lana y seda, los cuales fueron trasladados al Museo de París en el año de 1882, iniciando una serie de estudios y declarándolos monumentos históricos de Francia. Por su parte, la otra serie de seis tapices, conocida como “La Caza del Unicornio”, hoy en día en el Museo de los Claustros de Nueva York fue realizada en Flandes, entre 1495 y 1505, y perteneció a la familia La Rochefoulcauld. Recién fallecido Francois IV de la Rochefoulcauld en 1680 se inventaría entre los bienes la colección, trasladándola entonces al castillo de Verteuil. Entre 1793 y 1794 la serie se salvó milagrosamente del Comité Superior de Seguridad Pública de la Comuna, el cual, al calor de la nueva fe y en el terror de la Revolución Francesa, tenía la consigna de destruir las obras de arte que fuesen o portasen signos de aristocracia y monarquía, escapándose la obra del nuevo fervor por considerar que sólo “contenían historias”. El castillo, ocupado por los mandos medios jacobinos, pronto cayó en la ruina y a principios del siglo XIX fue saqueado por los campesinos de la región, quienes tomaron los tapices para cubrir los hatos de papas de las heladas, con cuyo abuso el tapiz “La Misteriosa Casa del Unicornio” quedó dañado al punto de sólo poder recuperarse dos fragmentos de la pieza. En 1856 Hippolyte de la Rochefoulcauld reconstruyó el castillo de Verteuil, restaurando también los 6 tapices preservados y los fragmentos del restante. Para 1922 Aimery de la Rochefoulcauld vende los seis tapices completos a John Rokefeller Jr., quien los instala en una sala especial de su residencia en la 5ª Avenida de Nueva York, hasta que finalmente fueron trasladados en 1937 al Museo de los Cloisters, al norte de Manhatan. Dos fragmentos más del séptimo tapiz, asegurados por Gabriel de la Rochefoulcauld, fueron finalmente adquiridos en 1936 por William H. Forsyth, curador del Departamento de Arte Medieval del Metropolitan Museum of Art y añadidos al conjunto original en año de 1938 en los Cloisters.

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Hay que agregar que existe otro tapiz más sobre el unicornio en los Estados Unidos, en el Museo de Paul Getty de California, llamado “El Asesinato del Unicornio”. IX.- Los Tapices de Flandes La edad dorada de la tapicería flamenca se desarrolló en los siglos XV y XVI, época en que los talleres de Arras, Tournai y Brucelas mantuvieron un alto nivel de ejecución y producción. Los paños de gran tamaño fueron absorbidos ávidamente en todas las casas reales de Europa, especialmente por la Corana, la Iglesia y la Nobleza, debido a su altísima calidad técnica y artística. Muchos de esos tapices tuvieron a España como destino, pues hay que recordar que por el tratado de Arras en 1482 pasó Flandes a ser dominio de la corona de Maximiliano I, heredando el reino posteriormente los Asturias españoles. Es sabido que la reina Isabel la Católica llegó a poseer una colección de más de 350 de esos paños y que su hija Juana y Felipe el Hermoso, así como posteriormente su hijo Carlos V, tuvieron a su servicio al más famoso tapicero de la época, al bruceles Jean Van Aelst. Los tapices además de ser objetos ornamentales y motivo decorativo eran signo externo de status social y de buen gusto, cumplían además con una función utilitaria, pues eran usados para paliar el frío despedido por los muros de los castillos y palacios de roca de la época. Lo habitual era encargar para su elaboración series de tapices sobre un tema unitario, ya fuese bíblico o religioso, histórico, alegórico o literario, siendo más bien raros los encargos de tapices únicos, de tal manera que cuando aparece un tapiz aislado frecuentemente se debe a su desprendimiento del resto de la serie. Son famosos, por caso, los cuatro paños sobre la “Guerra y Destrucción de Troya”, donados en 1608 por el Conde de Alba a la Catedral de Zamora. Los magníficos tapices flamencos eran encargados para premiar servicios especiales, hacer donaciones pías a catedrales y monasterios o como suntuosos regalos de bodas. La célebre factura de tapices llamados “gobelinos” fue fundada por el tintorero Gil Gobelin, quien a partir de 1535 hace célebre su taller en el Barrio de San Marcos de París adoptando los tapices esta denominación por haber logrado fijar en ellos el rojo escarlata, cuya tintura roja los vuelve inconfundibles. A finales del siglo XVI empiezan a denominarse “gobelinos” todos los tapices tejidos en el barrio, nombre que de París no tarda en universalizarse hasta volverse sinónimo de cualquier tapiz francés, al grado que son adquiridos los talleres por Luís XIV y la Corona francesa en el año de 1662. También fueron fabricados en el norte de Francia, en Flandes, en Touraine, Brucelas y en Brujas. En la actualidad casas de reconocido prestigio se dedican a la manufactura de gobelinos en España, siguiendo en todo la tradición de los telares de los siglos XII a XVIII, cuya técnica consiste en realizar piezas en telares no mayores de un metro cuadrado, tejiendo la composición por zonas y respetando el contorno de la figura para no interrumpir en la costura la unidad de las tareas, respetando el sistema seguido por siglos. Los más célebres tapices del mundo fueron manufacturados en Flandes y son las dos famosas series sobre el unicornio. Se trata de la serie “La Dama del Unicornio” resguardada en una galería especial en el Muse de Moyen Age Thermes de Cluny, en París. La segunda serie, “La Caza del Unicornio”, está depositada en los Cloisters del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. X.- La Serie del Cluny El solitario tapiz “La fuente de la Gracia” o “El Unicornio de Durango”, es el de mayores dimensiones de todos los que integran la serie del Cluny, procede de Flandes, hoy territorio de Bélgica. En un principio se pensó que se trataba de una magnifica reproducción del siglo XIX, a juicio de Clara Bergellini y Elisa Vargas Lugo. Pero luego la perito Pilar Muñoz acreditó que era una pieza original del siglo XV, juicio confirmado por el crítico de arte medieval Jaime Ortiz Lajous, autoridad en el tema, quien fue el primero en observar que el tapiz de Durango es de la misma factura que los de Cluny. Por su parte los especialistas del Centro Nacional de Conservación y Obras de Arte del INBA establecieron mediante peritaje técnico que es un tapiz original y que data de finales del siglo XV o principios del siglo XVI –estando el color “rojo indio” de la base notablemente alterado por el paso del tiempo, siendo probablemente su original color natural el buscado tinte rojo escarlata. La pieza reina de todas las colecciones es el tapiz que se encontraba en Durango, en la Pinacoteca Virreinal del ICED, porque todos los otros gobelinos sólo alcanzan la tercera parte de su tamaño. La serie de tapices del Cluny, cuya confección responde al estilo “mil flores”, son una alegoría de los cinco sentidos. Sin embargo, esa interpretación no deja de ser problemática, porque hay un sexto tapiz, el cual se referiría un sexto, sentido, misterioso, cordial, que sería el deseo. El último tapiz de la colección del Cluny ostenta además una leyenda en la parte superior de la tienda de campaña: “A Mon Seul Desir” (“A mi único deseo” o “A la única que amo”). El séptimo tapiz de la serie, exhibido en la Pinacoteca Virreinal de Durango durante 12 años (de 1998 a 2010), ostenta en su parte superior o cresta otra leyenda, que reza: “Hinc Mihi Salu.” (cuyo significado no sería “Aquí te saludo”, como se pensó por algún tiempo, sino más bien “De ahí mi salvación”), pues es bien sabido que el unicornio es un poderoso símbolo del cristianismo –pero también de la filosofía alquímica.

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En la serie de tapices del Cluny hay ciertas variantes significativas. La más notable, que la figura de la dama cambia de tapiz a tapiz. Por otra parte, aparece el escudo de armas de las tres medias lunas en oro en varios de los tapices: una vez en “La Vista”, dos veces en “El Oído”, tres veces en “El Tacto”, cuatro veces en “El Gusto” y cinco en “El Olfato”. En el sexto tapiz conocido como “A mon seul decir” aparece tres veces. El mismo escudo de armas de las tres medias lunas, perteneciente a la familia Le Visté, aparece una vez más en el tapiz “La Fuente del Unicornio de Durango”, el séptimo tapiz de la colección, el cual devela otros enigmas: en primer lugar, el escudo de armas del contrayente, que parece por única vez bajo la insignia de las tres cruces doradas .siendo la única obra en que aparece tal escudo heráldico. XI.- La Descripción y Simbolismo de La Fuente de la Gracia El gran tapiz de “La Fuente del Unicornio de Durango” exhibe siete figuras animadas principales: en el primer plano, luego del río por donde pasean dos cisnes blancos, destacan las figuras de dos mujeres tocando una, a la derecha del lienzo, el violochembalo, la otra, situada a mano izquierda, la vihuela, expresando con ello el refinamiento de la cultura y la nobleza de su condición social, siendo el primer simbolismo de la tela la altura espiritual y estatura de las costumbres. Frente a las dos damas se encuentra un perro y, detrás ellas, sobresalen las figuras de un león y de un unicornio, que sostienen con sus patas sendos escudos de armas. Un poco más atrás la fuente que da nombre al gobelino y en el último plano un exuberante jardín que se ahonda al fondo de la obra exhibiendo, con sus mil flores y los secretos animales que aparecen misteriosamente entre la flora, Y la corona de la obra en la cresta con la misterios leyenda “Hinc Mihi Salu.”. Todo en la indica que se trata de un trabajo cifrado en calve secreta y cuyo simbolismo mana de las fuentes del más alto esoterismo hermético: alquímico y gnóstico, pero también cristiano El tapiz “La Fuente del Unicornio de Durango” agrega una característica notable, pues el fabuloso equino, lejos de ser una forma independiente, como es el caso del león que sostiene el estandarte con el escudo de las tres lunas crecientes, es una forma derivada pues el cuaco misterioso literalmente emerge de la Dama, asomando así sólo su cuarto delantero y sosteniendo el estandarte de su casa real con el emblema de las tres cruces áureas. La imagen por sí misma remite así la pareja madre-hijo, específicamente a la relación de amor maternal y filial de María y Cristo. Así, la Virgen Madre, invocada como “figlia del tuo Figlio” por Dante Alighieri en la oración de San Bernardo, resulta a la vez “elegida” y “creada” por el Supremo Artífice: “Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y alta de todas las criaturas, término fijo de la voluntad eterna, que has ennoblecido la humana naturaleza al grado que su Hacedor no desdeñó ser su obra.” (Canto XXXIII de la Divina Comedia) La imagen del unicornio herido que descansa en el regazo de la Virgen se ha interpretado bajo la especie del simbolismo de la comunión y de la herida en el costado de Cristo yacente en el regazo de la Pietá.

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El símbolo del unicornio nos habla así de del alma humana hundida en la carne y el mundo, pero que es puesta, en in potentia, en relación con Dios. en el momento en que se sumerge en María como hijo; es decir en la virgo terra, que es la representante de la “materia” en su forma más sublime –siendo completamente liberada en el momento en que por medio del sacrificio el Hijo de Dios vuelve al Padre de nuevo. El reputado alquimista Ripey dice: “Pero en el regazo de ella estaba echado el león verde, de cuyo costado corría sangre”. Imagen que se refiere a la Pietá, pero también al unicornio herido por el cazador que es capturado en el regazo de la doncella o, según la interpretación de Nicolás de Cusa (De Simbólica Aegiptorum Sapientia), la manifestación de Dios encolerizado y vengativo que se ha apaciguado en el regazo de la doncella apresado por el amor. El león y el unicornio se hayan relacionados en la tradición medieval por ser el unicornio tan fuerte, feroz y cruel como el león. Por ello en Francia e Italia el unicornio fue llamado “licornu”, derivando este nombre de león (Castelano, Hermoso y Nuevo Discurso Histórico de la Naturaleza, Virtudes, Propiedades y Uso del Unicornio). El mito de la doncella y el unicornio ha sido trasmitido por Isidoro de Sevilla en su Liber Etimologiarum: “He aquí como se le caza: le ponen delante una doncella santa, y él salta al regazo de la doncella y la doncella calienta con amor al animal y le lleva hasta el palacio del rey”. El unicornio es comparado con un ciervo en su condición de cervus fugitivus, símbolo del spiritus vitae que da origen a la resurrección y está subordinado al oro, conjuntamente con el león, el águila y el dragón. Para Picinelo en su Mundus Symbolicus se trata de una imagen de Dios: “Dios terrible sobre toda ponderación, que se ha mostrado pacífico y manso después de haber entrado en el seno de la más bienaventurada de todas las vírgenes”. Si la doncella representa la parte femenina de Mercurio, el león y el unicornio, en cambio, la parte salvaje e indomable, la fuerza penetrante varonil del spiritus mercurialis (fuerza penetrante, varonil e indómita). El unicornio es un animal salvaje que tiene que ser amansado, pero al ser considerado un monstruo (en este sentido también un dragón) tiene una clave más elevada y más espiritual que la del león.

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El unicornio tiene una viva análoga con el dragón, pues como animal del reino subterráneo permanece en gargantas y cavernas, refugiado en el desierto o en montañas elevadas o escondido en profundos cuchitriles tenebrosos entre sapos y otros animales repugnantes. Lo cual no es óbice para que, al igual que el Asno de oro de Bundahis, el unicornio represente el poder espiritual de Dios (Yahvé), manifestado bajo la forma de la feroz animalidad de la naturaleza, tanto dentro como fuera del ser humano y el cual, en una fase del proceso alquímico, ha sido llamado también el león verde (Lexicon o Leo viridis).

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La fuente indicaría un espacio sagrado, un lugar donde se realiza el encuentro del ser humano con lo divino o donde lo sagrado se manifiesta en sus potencias sobrenaturales (kratofanía) o fuerzas sagradas (hierofanía). Sabemos por medio de la más acreditada tradición que en medio del paraíso terrenal se encontraba el árbol de la vida y de la inmortalidad escondido o “disimulado” entre los árboles. Con el árbol de la vida se ha identificado la fuente de la eterna juventud -afanosamente buscada durante la Colonia por el conquistador Juan Ponce de León en Florida. Se relaciona también con el penoso camino que va en dirección del “centro”, del “paraíso” o de la “fuente de inmortalidad”, que no sólo está sembrado de obstáculos, sino que también se encuentra custodiado por un guardia. El león se presenta entonces como el guardián del Castillo Misterioso, o un umbral de difícil acceso. El león, al igual que el dragón, es considerado tradicionalmente como un animal peligroso en extremo, simbolizando con ello en el tapiz su calidad de guardia, pero también el rejuvenecimiento del vigor, de las energías cósmicas y biológicas, presentándose entonces como símbolo de resurrección. La sonrisa del imponente felino, pero también su quietud y serenidad, nos hablan entonces de la nobleza y la alegría del saber divino.

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La Pinacoteca Virreinal de Durango, de modestas dimensiones,, contenía una serie obras del periodo colonial mexicano de las cuales es posible mencionar las siguientes: 1.- Un par de casullas religiosas bordadas en oro y plata; 2.- La puerta de los Evangelistas, una talla en cedro, mexicana, del Siglo XIX, y las pinturas; 3.- Jesús en la Cárcel; 4.- San Juan Nepomuceno ; 5.- La Visitación de María Virgen; 6.- La Virgen del Carmen; 7.- Ánimas del Purgatorio, del Siglo XVII; 8.- El Ánima más Sola; 9.- San Felipe Neri, y; la Virgen del Refugio.

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Otto Skarzeny debía su fama por el rescate de Mussolini, prisionero en el Hotel Campo Imperiale, en el pico más alto de los Apeninos, en la operación Greif o Roble de 25 de julio de 1943, cuando formaba parte de las Guardias del Lobo de Hitler en Prusia Oriental, siendo liberado el 12 de diciembre de ese año tras el aterrizaje de un grupo paracaídas, siendo condecorado por Hitler con la cruz de Caballero por tal hazaña. Era ingeniero, coronel austriaco de las Waffen SS, experto en operaciones especiales y acciones de espionaje y sabotaje a quien llamaban los nacionalsocialistas alemanes “Caracortada”, por una gran cicatriz que surcaba sus mejillas. Fue considerado el hombre más peligroso de Europa y como el principal operador de ODESSA en España, para ayudar a escapar a los líderes nazis a Francia, España e Italia, Argentina, Chile, Brasil, México y Paraguay. Fue piloto de la Luftwaffe y recibió la Cruz de Hierro por la campaña en Rusia en 1941. Perteneció a los Servicios de Inteligencia en la oficina central de operaciones del Reich, en Berlín y jefe de comandos en operaciones de guerra de guerrillas, sabotajes y secuestros. Fue juzgado en Núremberg resultando inocente; escapó a Madrid el 27 de julio de 1948, protegido del general Franco. Viajó a Bolibia y Argentina para organizar fuerzas de seguridad, relacionándose con Adolf Hechann y Josef Mengele, siendo posteriormente consejero de la junta de Juan Domingo Perón. Su autobiografía Luchamos y perdimos: Vivir peligrosamente fue un best seller, leído por soldados de Estados Unidos e Israel. Vivió por un tiempo en Mallorca y murió a los 67 años de edad en Madrid.

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Después de la Guerra Mundial, Gerhard Mertins fue asesor de la Volks Wawen en Munich y cónsul militar en Egipto para el rey Saudy de Arabia. También fue asesor de la Mercedes Bens en Suiza, Londres y Wasinthon y promotor de las Organizaciones Juveniles de los Internados Estudiantiles hasta 1984. Tuvo muchas posesiones en Durango, entre otras fue accionista de Minera Rozard de Basis.

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Manuel Buendía Téllez Girón murió asesinado el 30 de mayo de 1984 cuando un sicario le disparó cinco tiros por la espalda, huyendo en motocicleta sin ser molestado, en la esquina de Hamburgo e Insurgentes cuando el periodista se dirigía a su oficina en Paseo de la Reforma –mientras José Antonio Zorrila Pérez ordena vaciar las oficinas del Buendía, siendo titula de la Dirección Federal de Seguridad, quien es luego acusado del delito y pasa 19 años en prisión. Buendía denunciaba en sus columnas la injerencia de la CIA en México, al alemán ex nazi Gerhard Georg Mertins por tráfico de armas.

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En el año 1925, John Rockefeller Jr. donó a la ciudad varias hectáreas de tierra. a orillas del Hudson, para la construcción de un museo que albergara la colección de arte medieval del escultor y coleccionista americano George Barnard, y algunas piezas de la colección personal del propio Rockefelle En 1930, Rockefeller le encargó al arquitecto Charles Collens la construcción del monasterio que alberga al museo actual, usando partes originales de distintas edificaciones medievales francesas, como el Monasterio de San Miguel de Cuixá o la comuna deSaint-Guilhem-le-Désert, entre otras. Estas partes fueron desmontadas ladrillo por ladrillo y llevadas en barco a Nueva York con el objetivo de ser usadas para la construcción de los Cloisters, ubicados en Tyron Park, New York. En los Cloisters se exhiben alrededor de 1.200 objetos y obras de arte pertenecientes a la Edad Media (siglos XII al XV). Una de las obras más destacadas de la colección es la serie de tapices de la Caza del Unicornio (The Unicorn’s Hunt). Se trata de una secuencia de tapices de origen holandés fechados entre 1495 y 1505, que muestran con exquisito detalle la historia mítica de un grupo de cazadores que persiguen a un unicornio para cazarlo.

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Los tapices pueden interpretarse como una serie de alegorías del proceso alquímico, para la obtención del oro non vulgui, relacionándose con las fases del proceso alquímico, específicamente con la restitutio de los sentidos en la etapa del nigredo, pero también con “año filosófico” y las seis orejas llenas de agua de vida y a los siete cuernos del León Verde. La Dama sería un símbolo de la Virgen en su faceta de Madre Tierra en todo su esplendor, pureza y fertilidad, al estar rodeada por los elementos de la Naturaleza. refiriéndose el conjunto entero a la “mística de la luz”. Para el simbolismo alquímico el Unicornio sería una alegoría, más que de Cristo, del Antrophos gnóstico, siendo su cuerno un arma de defensa de los más puros valores de la caballería, tales como la castidad, pero también de la dignidad y de la nobleza, de la amabilidad y de la belleza, con los que protege a otros animales contra la furia de sus enemigos, representando el cuerno una especie de verga frontal, símbolo de “fecundación espiritual”. Representación críptica, pues, en la que el León representa el azufre y el Unicornio el mercurio alquímico, teniendo como función complementaria la defensa de la Dama.

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La escultura de Pietá del Vaticano, conservada en la Basílica de San Pedro, labrada por Miguel Ángel Buonarroti, florentino, entre 1497 y 1499, representa a la Madre de Cristo de edad juvenil y a Jesús como un adulto resaltando con ello su humanidad sujeta a los efectos de la mortalidad.

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En lo que se refiere a la figura del dragón, en tanto el símbolo gráfico más antiguo de la alquimia, aparece como ouróboros: como la serpiente que se muerde la cola o espíritu creador del mundo escindido o preso en la materia, expresado por la “obra” o el “círculo” (la “rueda de mercurio”), que procede de una cosa y vuelve al uno, como el dragón que se devora la cola.

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El unicornio y el león aparecen juntos en el escudo real de armas de Inglaterra –pero también en las Bodas Químicas de Rosencreutz, en donde aparece un unicornio blanco como la nieve haciendo la reverencia a un león. Para la alquimia, en efecto, ambos son símbolos de Mercurio, al igual que el águila y el dragón; en la simbología cristiana alegorías de Cristo o del Espíritu Santo. En efecto, el unicornio y el león señalan las tensiones opuestas al interior del Mercurio, que es a la vez materia y sin embargo espíritu, frío y sin embargo ígneo, veneno y sin embargo bebida de salvación: un alexipharmacon (medicina) y un veneno (ios o tintura roja). Símbolo unificador de los contrastes, pues, que de ser hermafrodita inicialmente se separa en los elementos para formar la pareja hermano-hermana, unirse en la coniunctio o bodas químicas y reaparecer finalmente resplandeciente en la figura de la lumen novum o lapis.

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“ME VENGARÉ LLORANDO”

Esta frase es de José Martí. Desde que la descubrí no he dejado de pensar en ella y en el hombre que la escribió cuado aún era muy joven. Tengo mis propias ideas sobre los verdaderos sentimientos de Martí acerca de ciertas cosas. La verdad es que yo también siento  un  rechazo no mensurable hacia las deformidades morales de la especie a la cual pertenezco, y tengo también la incurable sensación de que, lejos de mejorar como seres humanos, cada día seremos peores, porque cuesta abajo la carrera es imparable. Pienso que hay esfuerzos hermosos y dignos, pero aislados y con un poder diminuto para impedir la catástrofe o revertir sus efectos. Estoy en contra de muchas, muchas cosas que hacen que el hecho de despertar cada día sea para mí un suplicio. Estoy en contra de la guerra, no me importa quién la haga ni por qué. Estoy en contra del abuso del más fuerte y de la vulnerabilidad de quienes no se pueden defender, aunque no sean precisamente débiles. Estoy en contra del  acoso moral. Estoy en contra de la depredación a que estamos sometiendo el planeta. Estoy en contra de las ideologías que conducen al fanatismo, pero sobre todo estoy en contra del fundamentalismo islámico, porque creo que es el peor peligro que afronta el mundo en este momento. Estoy en contra de la inferioridad forzosa que padece la mujer en la sociedad, incluso en la sociedad occidental. Estoy en contra de todas las formas de prostitución del cuerpo y del espíritu. Estoy en contra de todas las influencias manipuladoras, vengan de donde vengan, porque son un atentado a la libertad individual y la libertad de pensamiento. Estoy en contra de los médicos que cosifican a sus pacientes y de los que niegan a los dementes la condición humana. Estoy en contra de los oportunistas que acaparan espacios y secuestran el oxígeno para asfixiar a cualquiera que pueda hacerles sombra, conducta criminal que desgraciadamente siempre queda impune, aunque deje a su paso un reguero de víctimas. Estoy en contra de la impureza de intención. En fin, la lista de cosas que me hacen casi insoportable vivir es un poco larga y no voy a continuarla aquí. Soy impotente para cambiar ni una sola de las circunstancias que me atormentan y convierten este mundo en un estercolero. Como no tengo a dónde huir, me voy al pasado, porque el futuro será para el alma una cárcel mucho peor que el presente. Me largo a llorar al pasado y a los mundos exóticos, como hizo Julián del Casal, porque mi mundo es un asco y otra clase de venganza no me está permitida, y además, yo no creo en el mejoramiento humano, uno de los pocos puntos en que disiento de Martí. Y como soy una escritora, lo que llore siempre se convertirá en palabras. Por eso publico aquí los dos artículos que escribí para la revista mexicana Variopinto. No faltarán “los sospechosos de siempre” que los califiquen de pataletas. Como de costumbre, no me importa. Creo con la mayor sinceridad que el choteo es la maldición de Cuba y su mal incurable, y que nos aniquilará como nación un día.

 

LA DIMENSIÓN ENSOÑADA

Para mi hija Cynthia.

Para los unicornios acorralados.

 

En 1977 mi profesor de Literatura auguró que el espíritu del  Romanticismo regresaría en

Unicornio cautivo. Tapiz

Unicornio cautivo. Tapiz

tres décadas, como reacción a una modernidad cuyos íconos son la Guerra de las Galaxias, el consumismo digitalizado, las drogas y el dominio malvado de la genética. Mis condiscípulos, fanáticos de Sartre y de Camus, sonrieron escépticos. Hoy, una mirada superficial sobre Occidente nos haría creer que no hubo cambios, pero si atendiéramos mejor ciertas señales que asoman por doquier, descubriríamos que junto a la despersonalización materialista del hombre actual, crece en él un espacio secreto donde germina el ansia de lo sagrado y del retorno de un código ético que ennoblezca las relaciones humanas; de la sed de Belleza en su expresión más elevada, y de una música y una poesía que dejen de atronar los oídos y despierten a los dioses dormidos. El mutilado hombre moderno recién comienza a comprender que el amordazamiento de su espíritu le ha condenado a una fatal incompletud.

La rebelión comenzó con los románticos alemanes, pero cristalizó en el Londres decimonónico, cuando tres estudiantes de Arte reaccionaron contra la enseñanza de una pintura academicista y oscura, reflejo del rígido código moral victoriano. Para ellos el arte verdadero, con su pureza de formas y sentimientos, había que buscarlo antes de Rafael, en la ética caballeresca del Medioevo, sin hipocresías ni falsos postulados moralizantes, en su epicidad y en su grandeza. Creían firmemente que la tecnología aniquila los paraísos interiores del Hombre, y procuraban una vuelta a la religiosidad y la simplicidad de otros tiempos. En 1848 Dante Gabriel Rossetti, John Everet Millais y William Holmant Hunt fundaron sobre esos principios la Hermandad Prerrafaelita, sin sospechar que ese gesto inauguraba un renacimiento en la historia espiritual de la humanidad.

     Influidos por Dante, Shakespeare, Keats, Tennyson y Coleridge, pero muy en especial por William Blake, los prerrafaelitas no rechazaron las fuentes grecolatinas, pero bebieron sobre todo del riquísimo acervo cultural del mundo celta pagano y celtocristiano o tardomedieval, que los fascinó con su inmensa carga simbólica, fantástica y lírica. Uno de los primeros cuadros de la Hermandad que atrajo la atención de la crítica fue La muerte de Ofelia, de Millais, basado en uno de los más célebres personajes trágicos del teatro isabelino. El hiperrealismo de la obra sedujo a los críticos, pero lo que en verdad nació con aquel óleo fue un concepto de la feminidad que se convirtió en uno de los estandartes del prerrafaelismo. Elizabeth Siddal, humilde sombrerera que sirvió de modelo para Ofelia, se convirtió en la musa inspiradora de la Hermandad. Ella fue la esposa de Rossetti, y su rostro aparece en sus mejores obras, como Beata Beatrix, donde la pintó después de muerta. Haciendo honor a su credo de amor cortés, Rossetti enterró con ella su libro de sonetos, que recuperó años después en una aventura macabra, para ofrecerlo a Jane Morris, otra de las musas prerrafaelitas, con quien, se dice, sostuvo una relación culpable, pues era la esposa de su amigo William Morris, pintor, diseñador e ilustrador, fundador de la famosa escuela Art and Craft, un taller donde se negaba el concepto de producción en serie para fabricar, por métodos artesanales, objetos únicos inspirados en modelos medievales. Por ese rupturismo, los prerrafaelitas se convirtieron en los primeros vanguardistas, y precursores de algunos de los más importantes movimientos de la historia del arte: el Art Nouveau, el simbolismo, el decadentismo y el modernismo.

Hazañas heroicas, amor cortés, pureza de intención. La Edad Media idealizada (Holy_Grail_Tapestry_-The Arming and Departure of the Kniights, óleo de la escuela prerrafaelita)

Hazañas heroicas, amor cortés, pureza de intención. La Edad Media idealizada (Holy_Grail_Tapestry_-The Arming and Departure of the Kniights, óleo de la escuela prerrafaelita)

     El imaginario medieval idealizado del prerrafaelismo influyó poderosamente en la gestación de dos de los fenómenos característicos del clima cultural de finales del siglo XX y comienzos del XXI: los revivales celta y gótico que, combinados con otras corrientes de pensamiento, dieron lugar a lo que hoy conocemos como New Age. Los bailes de Riverdance, la música de Enya y Loreena Mckennit, y las sagas literarias de Tolkien resucitaron el aura de una cultura espléndida, donde la mujer fue figura principal en el grupo social y objeto supremo de adoración de reyes, guerreros, sacerdotes y bardos, un arquetipo en el que encarnan la Maternidad, la Poesía, la Belleza y la magia de lo feérico. Mujeres de elevada estatura y esbeltez inmaterial, cabello abundante de un rubio broncíneo o un rojo de fuego, bello rostro de ojos inmensos y en ocasiones sombríos, cuello de cisne, boca pequeña y sensual perfilada en rictus inocente o perverso, y manos delicadas, pero capaces de erotismo y de muerte. Ora lánguidas y sensuales, ora indefensas y frágiles, pero siempre divinas criaturas acomodadas en un imaginario de mármoles suntuosos, estancias de castillos, ricas pieles, túnicas develadoras del cuerpo íntimo adornado con joyas fulgurantes, sofisticados instrumentos de música, manuscritos exóticos y una naturaleza lujuriante que toma la forma del jardín cerrado, el hortus conclusus devenido símbolo de la esencia femenina.

     Rompiendo barreras epocales y culturales, este imaginario conjunto de lo femenino y lo caballeresco celtomedieval se filtra en las obras de Tolkien, muy en especial en la polémica saga El señor de los anillos, señalada por encuestas como el mejor libro del siglo XX, y cuya cifra de ventas puede estar acercándose hoy a los cien millones de copias; en la música de la soprano catalana Montserrat Figueras, figura cimera en la resurrección de la música antigua históricamente informada y una de sus más destacadas intérpretes, cuyo disco Lux feminae ella dedicó a la exaltación de la mujer medieval; en el retorno del instrumentarium antiguo, donde destacan el arpa gótica y el cláirseach o arpa tradicional irlandesa, estudiados hoy con renovado fervor y ya con una discografía impresionante; y en una vasta y significativa filmografía que incluye títulos como Excalibur; El señor de los anillos, Leyenda, Crónicas de Narnia, Picnic at Hanging Rock, Tess, Drácula, El perfume, Las alas de la paloma, y otras obras donde resulta evidente la deuda estética en el tratamiento de escenografías y personajes —sobre todo femeninos—, con las obras de los prerrafaelitas Millais, Waterhouse y Burne-Jones. En Las alas de la paloma, en medio de una escenografía netamente Art Nouveau, destaca el tratamiento del personaje protagónico, Millie Theale, cuyo vestuario y espiritualizada gestualidad denotan su íntima filiación con las creaciones femeninas del prerrafaelita Alma Tadema y sus discípulos Sandys y Godward. En la versión de 2004 de El fantasma de la Ópera, impera en los decorados una atmósfera celtomedieval que lleva el sello inconfundible del compositor Andrew Lloyd Weber, uno de los principales coleccionistas mundiales de arte prerrafaelita.

Festivales medievales, pueblos donde se vive como en los tiempos del rey Arturo… ¡Sí! Nostalgia confesa por un pasado de gloria, encantamiento y poesía, sed de nobles ideales y comunión con Lo Divino, paraíso perdido del homo actualis; rechazo al frío arquetipo del hombre y la mujer modernos vs. anhelo de la hechicera Hécate y la virgen Liadami, del caballero fiel y el bardo apasionado. Época de gigantes. Así lo sintió el cineasta italiano Luchino Visconti, conde de Lonate Pozzolo y heredero de un antiguo linaje del siglo XIII, cuando sentenció antes de morir en 1976: “El mundo presente es tan feo y gris, y el mundo venidero, tan horrible e innoble…”.

 

LA CAZA DEL UNICORNIO

Para Benigno Delgado Hernández, el hombre de los claustros

 

Regla número uno para atrapar un unicornio: que la víctima confíe. Tapiz medieval

Regla número uno para atrapar un unicornio: que la víctima confíe. Tapiz medieval

La pérdida de valores éticos y el deterioro acelerado de la condición humana son temas recurrentes en nuestros días. Se enciende la televisión, se lee un diario, se va a una conferencia o a un corro de pasillo y ahí están las voces apocalípticas anunciando el fin de la civilización porque el hombre se ha vuelto una criatura demasiado perversa. Como si de repente, igual que se le desprende un velo a una bailarina y queda desnuda en el escenario, a la humanidad se le hubiera rasgado alguna especie de crisálida que cubría sutilmente su enorme cuerpo llagado. Pero lo más interesante es que mientras crecen las estadísticas del señor que le niega el asiento en el bus a una embarazada, del joven que empuja en la fila al anciano con muletas, del maestro que oculta información al discípulo ansioso de conocimiento, del músico que trueca el arte en monedas, del médico que cosifica a su paciente; mientras, en fin, tantos planean aprovecharse (o deshacerse) del prójimo en un abanico de modalidades infinitas, crece en progresión geométrica el interés apasionado por la Edad Media, por su música, sus costumbres, el amor cortés, el fenómeno de los bardos, las hazañas de los héroes; los grandes mitos medievales como el del Rey Arturo y el Santo Grial se adueñan del imaginario colectivo, y hasta se construyen pueblos donde la gente quiere vivir como si la Historia se hubiera detenido en los Siglos Oscuros.

Algo semejante ocurrió en el Londres decimonónico, cuando la Hermandad de los Pintores Prerrafaelitas declaró que la fuente de la auténtica inspiración y los grandes motivos del arte había que buscarlos en los siglos anteriores al Renacimiento. Artistas como Dante Gabriel Rossetti, John Everet Millais y William Morris adoptaron posturas estéticas medievalistas, hasta desembocar en el famoso movimiento Art & Craft, con sus célebres talleres donde se fabricaban pinturas, muebles y artesanías medievales en modelos únicos, y se ilustraban manuscritos con las mismas técnicas utilizadas por los monjes iluminadores en los scriptorium de las abadías medievales. La salvación de la humanidad estaba, según ellos, en huir de la reproducción utilitaria y masiva del arte para regresar a la comunión personal entre naturaleza y espíritu, entre el hombre y el objeto dotados de alma.

 Pero nunca había tenido lugar en los tiempos modernos un fenómeno comparable al fervor que hoy desatan los mundos creados por Tolkien. Nunca, desde hace siglos, habían sentido los hombres y mujeres de Occidente una necesidad tan fuerte de las hadas, los elfos, los duendes y… los caballeros. ¿Por qué experimentamos esta sed de caballería, cual réplicas malas de don Quijote, siendo, como somos, tan imperfectos, crueles, vanidosos superficiales, ambiciosos y egoístas? ¿Por qué el ideal espiritual de la Nueva Era oscila entre la pureza de sir Galahad, el valor de sir Lancelot, la majestad de Arturo y la magia de Merlín? Una mezcla de héroe, poeta y santo, como escribió Ramón Sender en su bellísima novela Crónica del alba. He ahí todo lo que no somos, pero constituye el émbolo de nuestra dimensión ensoñada.

Un caballero salva a su dama. Óleo de la escuela prerrafaelita

Un caballero salva a su dama. Óleo de la escuela prerrafaelita

 Para comprender un poco esta contradicción, deberíamos comenzar por definir qué es un caballero o, como dirían psicólogos y antropólogos, qué arquetipo encarna. Un caballero es, ante todo, un individuo que se sujeta por decisión propia a un código ético específico. Es un hombre libre en tanto elije su destino, pero deja de serlo en cuanto ha hecho esa elección, porque ser caballero implica la imposibilidad de vivir de otro modo que aquel que impone el código. Ser caballero es un compromiso que se asume hasta la muerte. Quien abandona el código se convierte en objeto de censura. Se convierte en réprobo. Se convierte, por citar un ejemplo extremo, en Gilles de Rais, el general francés que fuera compañero de Juana de Arco y modelo de virtudes caballerescas, pero quien, tras la muerte de La Doncella, abandonó la fe cristiana, se refugió en su castillo feudal y se dedicó a prácticas satánicas y a la violación y sacrificio ritual de centenares de niños.

 El código al que jura fidelidad el caballero —y cuya observancia estricta le confiere la cuota más alta de honra a que un mortal puede aspirar—, se basa en tres pilares fundamentales contenidos en el concepto de virtud: valor, defensa de los débiles y pureza de intención, que en la Edad Media se manifestaba a través de la castidad del cuerpo. El valor es consustancial a la función guerrera en cualquier tiempo y lugar, es la característica que define en principio al héroe solar, y constituye la esencia misma del arquetipo. La pureza y la defensa de los débiles, que se traduce en el lenguaje crístico como piedad, son dos rasgos que no formaban parte de la ética de las castas guerreras de la antigüedad, pero aparecen con el advenimiento del cristianismo. Otras virtudes como la fidelidad (al señor que le supera en jerarquía, a la dama objeto de su amor, a una causa que puede ser política, religiosa o de cualquier otra índole), son también propias de la condición de caballero, que no basta elegir como destino manifiesto, sino que es preciso merecer para poder proclamarse como tal. El caballero ha de ser, también, el mejor combatiente y diestro en todas las artes: la perfección es su meta. Sobre esta arquitectura del código de caballería se fundaron Órdenes monástico-militares en la Edad Media, cuya misión inicial fue defender de los infieles a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa. Y esta es la clave principal de la condición caballeresca: todas las cualidades anteriormente expuestas se enfocan a hacer del caballero un salvador, y en ese punto dicho arquetipo se solapa con el del redentor.

 ¿Cuántas personas ha encontrado usted, lector, que se asemejen siquiera un poco a los caballeros medievales o a su revival de hoy, los héroes de Tolkien? ¿Escuchó alguna vez a sus padres y abuelos hablar de alguien parecido a quien hubieran conocido…? No me refiero a héroes de libros de historia, héroes de letra impresa, celuloide y monumentos, sino a personas vivas de quienes se pueda exclamar: “¡He ahí uno que es así!”.

 Hace poco un amigo visitó Los Claustros, extraño museo de arte medieval en el interior de un monasterio del siglo XII, trasladado piedra a piedra desde Europa a una colina al norte de Manhattan. Allí se encuentra la famosa tapicería del Unicornio, un conjunto de enormes tapices urdidos con hilos de plata, donde se cuenta la saga legendaria de la caza y muerte de ese animal mitológico. Mi amigo me envió una foto del tapiz de la cacería, con el siguiente comentario: “Las imágenes golpean la imaginación y el corazón”. En un claro de bosque un grupo de pajes y nobles cazadores, con calzas rojas, altas botas de cuero y ricos joyeles en el tocado, acosan con sus lanzas al unicornio inmaculado. Lebreles y galgos feroces apoyan a sus amos acorralando al noble animal, que logra herir en el costado con su cuerno a uno de los perros. Esta es la única sangre que aparece en la escena, y posee un extraño realismo que irrumpe en la atmósfera mágica del tapiz con estruendo terrible. Sin embargo, las poses agresivas de los cazadores, las duras expresiones de sus semblantes, la bravura desesperada del unicornio y el sombrío balance de claroscuros impregnan el conjunto de una suprema violencia.

Pieza de la colección medieval conocida como tapicería del Unicornio. La caza.

Pieza de la colección medieval conocida como tapicería del Unicornio. La caza. Para mí, representa la verdadera naturaleza del Hombre.

 El unicornio es, por excelencia, el símbolo medieval de la castidad y la pureza, y en la iconografía cristiana representa a Jesucristo. Cuenta la leyenda que estos animales son esquivos y no se dejan ver de los humanos con facilidad; para cazarlos es preciso llevar a al bosque a una virgen. Al olor de su doncellez acude el unicornio y se duerme confiado en su regazo, donde los cazadores le lanzan una red. Y aquí el mito se bifurca en una forma curiosísima: los cazadores matan al unicornio para arrancarle el cuerno, que pulverizado se suponía remedio infalible contra todo mal. Mataban a la Pureza para beneficiarse de su parte menor. Menudo acertijo.

 Época compleja el Medioevo, que creó el símbolo de la transparencia arquetípica desdoblado en el caballero y el unicornio, y produjo también a Gilles de Rais y a los cazadores. Igual de complejo es el hombre que pega a su mujer cuando pierde en el futbol su equipo favorito, y luego mira en su video una y otra vez El señor de los anillos, se duerme y sueña que es Aragon, Legolas, Frodo, un héroe redentor, y se arrodilla devotísimo ante Galadriel suspirando por una mirada de sus ojos azules. Sí, el hombre es una criatura engendrada en la Sombra y condenada a la añoranza de la Luz. ¿Acaso puede hablarse de una naturaleza maldita, de un pecado original? Dejemos a los teólogos las discusiones estériles. ¿No sería más sensato preguntarnos por qué no intentamos acercarnos al ideal que veneramos? ¿Por qué cada uno de nosotros no trabaja un poco en sí mismo para recuperar esa mitad diáfana y hermosa que perdimos? O que tal vez nunca existió, pero aún si así fuera, ¿no tienen los sueños el poder de mostrar las tierras de promisión? ¿Por qué debemos entonces padecer el angustioso ensueño de la perfección? ¿Y si proporcionara algún alivio tratar de hacerlo realidad? La salvación moral y material de la humanidad no exige de nosotros hazañas de titanes. Tan solo deberíamos ser capaces de comprender que el código más digno que podemos adoptar consiste en ser hoy más respetuosos, solidarios y generosos de lo que fuimos ayer, y en renovar esa intención cada día del resto de nuestras vidas. ¿Que parece una solución demasiado simplista para la pérdida de valores que padecemos? De acuerdo, pero ¡ah!, si lo intentáramos…

 

 

 

 

 

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¡BASTA DE IMPUNIDAD! CUBA NECESITA CON URGENCIA LEY CONTRA EL MALTRATO ANIMAL

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Estas imágenes de perros de pelea maltratados fueron tomadas por la turista italiana que denunció los hechos. Hay otras más precisas que aportan datos concretos.

Siempre he amado a los animales, en especial perros y caballos. No creo que el resto de la Humanidad esté obligado a compartir mis gustos ni en este terreno ni en ningún otro. Pero sí tengo la firme convicción de que todos los seres humanos tienen la obligación, si no de proteger, por lo menos de respetar la biodiversidad, de respetar todo lo que pertenezca a cualquiera de los tres reinos de la naturaleza. Ya lo dijo Gandi, uno de los hombres más sabios de todos los tiempos: un país se mide por la forma en que trata a sus animales. Aunque la frase no es textual, mi versión es muy similar al original, y si los cubanos nos la aplicáramos a nosotros mismos, los resultados serían catastróficos.

 Tengo dos historias sobre maltrato animal que prefiero reproducir textualmente. No menciono datos que permitan identificar a quienes enviaron estos mensajes ni a quienes los han circulado, ni estoy obligada a hacerlo, y tampoco puedo dar fe de la verosimilitud de los hechos narrados, pues yo no fui testigo presencial; sin embargo, no dudo de la seriedad y buena intención de mis fuentes, y en lo personal, yo creo que todo eso sucedió. Lo único que se necesita saber es que el mal está muy avanzado entre nosotros y hay que cortarlo de raíz.

 Historia UNO:

 ALERTA A TOD@S Y POR FAVOR QUIEN PUEDA CORRER LA VOZ Y HACERLA LLEGAR MÁS LEJOS, QUE LO HAGA PARA ASÍ FRENAR DE UNA VEZ TANTA CRUELDAD.
Este correo me llegó junto a unas fotos impresionantes que prueban
cuanto se expone en el mensaje.
Por favor hagan caso omiso a los errores de conjugación que pueda
tener. Ha sido enviado por una turista italiana que tuvo que cargar en
su memoria recuerdos como este que marcan por siempre, o al menos a mí
me ocurre.
Ahí les va!
Hola, mi nombre es […] y yo acabamos de regresar de un viaje a
Cuba Viaje maravilloso, excepto que por desgracia ocurrió en una casa
particular donde 2 perros seguir luchando. Uno de ellos, en los días
en que estuve allí, era volver después de una pelea y se mantiene
unido con una cadena muy corta a una barandilla en una terraza soleada, herido. El Grim, un Rottweiler siempre se mantiene debajo de una escalera, una jaula de concreto con una puerta cerrada. Por
supuesto, todo está ahí, comiendo y todo lo demás… También hay que
tener un halcón atado cerca de la perrera donde se celebró el primer
perro, con una corta cadena alrededor de su cuello.
He hecho un poco de preguntar por allí y todo parece normal, las
peleas están en la agenda, gallos, perros, caballos de carreras de
calle…. Tuve la sensación de que la policía estaba al tanto de,
pero[…]  Por eso esperé volver a Italia para denunciar esta cosa, así que
espero que usted puede hacer
qualcos. A continuación voy a escribir
todos los detalles para los Vignales / restaurante en particular.
*
[…]Los perros son entre el restaurante y las habitaciones.

 Historia DOS:

 Hola amigos, esta perra la recogimos el domingo pasado en la ocho vía cerca de

Ésta perrita de apenas un año de edad es la víctima del rastrero cruel. ¿POR QUÉ? ¿Y POR QUÉ TANTA IMPUNIDAD?

Ésta perrita de apenas un año de edad es la víctima del rastrero cruel. ¿POR QUÉ? ¿Y POR QUÉ TANTA IMPUNIDAD?

Jagüey. Nos montamos en una rastra y el rastrero, que venía desde Cienfuegos, traía al animalito amarrado de espalda en el fondo de la rastra, sin agua ni nada, a las 12 del día con tremendo sol!! Cuando subió a cobrar a todos los que montaron la desamarró y la cogió por las dos orejas y la tiró para la calle como si fuera un saco de basura. Y el pobre animalito se quedó todo torcido en la cuneta con una cara. Yo le grité que no hiciera eso y fui corriendo y le dije que me la diera que yo me quedaba con ella. El muy inhumano la volvió a agarrar, esta vez por una sola oreja, y la tiró de vuelta a la rastra luego de darle una vuelta en el aire. La perrita estuvo muy traumatizada el primer día pero poco a poco con mucha paciencia y cariño se ha relajado y ahora ha mostrado que es muy alegre y cariñosa. Debe tener máximo un año y no ha parido nunca. Se ve muy saludable, sin contar el ganglio que tiene inflamado en la oreja por el maltrato del domingo y uno que otro golpe que se le ve en la piel. Es una perra grande y serviría muy bien para cuidar una casa que tenga patio o sea grande […].

 Tengo muchas más historias que pudiera contar, si dispusiera de espacio en este trabajo, pero las anteriores son un buen botón de muestra de los niveles que ha alcanzado el maltrato animal en nuestro país. Tenemos religiones que sacrifican animales, entre ellos perros y gatos, mascotas domésticas incapaces de impedir que los humanos les arranquen la vida. Tenemos entusiastas de la crueldad deportiva que paladean con fruición salvaje las lidias de gallos, los combates de perros, como mismo paladearían las luchas de gladiadores si estuvieran en Roma en el siglo III. Tenemos vecinos incómodos que envenenan perros y gatos ajenos, aún cuando se trate de animalitos enfermos o abandonados que algún ser piadoso ha recogido con la noble intención de aliviar sus males. Tenemos hombres enormes, fornidos, que propinan cada día terribles golpizas a sus perros, con ensañamiento, con alevosía, y amenazan con idéntica ferocidad a quienes pasan y les suplican que no peguen al animal, a la mascota de compañía, al ser que ha acompañado al humano desde que todavía no se erguía bien sobre dos pies y era casi un animal más, y el perro lo defendía para que otros animales más grandes no lo devoraran, para que no le comieran sus sembrados, para que no le invadieran la cueva donde cobijaba a su familia.

 El hombre siempre ha pagado muy mal a los animales a cambio del amor incondicional y la fidelidad a toda prueba que ellos saben darnos. Sin embargo, en muchos países de Occidente existen mecanismos creados para proteger a los animales, nuestros compañeros en la naturaleza, de nuestros propios instintos bestiales, por lo que se ve, muy pronunciados en nuestra isla, para dolor y desesperación de muchos cubanos que conservan intactos sus buenos sentimientos y su decoro. Hemos sido capaces de crear organizaciones para cuidar de los animales, tenemos al menos dos de ellas bien organizadas, y muchas personas dispuestas a ayudar, muchas personas indignadas que hacen cualquier cosa por ayudar a los seres que irresponsablemente calificamos de irracionales, pues ya la ciencia ha demostrado que poseen conciencia, sentimientos, sueños y deseos. Pero todavía, aunque resulte inconcebible, no tenemos en Cuba leyes de protección animal.

 ¿No es hora ya de que comencemos una batalla muy seria por conseguirlas? ¿No es hora ya de que atiendan nuestra solicitud las instituciones que tengan potestad para hacerlo? ¿Debemos seguir tolerando una crueldad que no solo daña a víctimas inocentes , sino que erosiona profundamente la moral y la condición humana de quienes practican esta clase de abusos y de crímenes? Pues crimen es, y no otra cosa, ejercer tortura, provocar dolor y matar o hacer morir a otros seres vivientes sin más fin que la satisfacción de los más groseros y bajos instintos de la naturaleza humana. Quien se dedica a estos extraños pasatiempos, estos entretenimientos sangrientos, tiene el alma muy enferma. Es verdad que se gana mucho dinero echando a pelear perros entrenados para ello, sobre todo si se tiene en cuenta que ese negocio tan lucrativo exime a ciertos ciudadanos de su obligación de trabajar honradamente para ganar su pan. Y ni qué decir de las célebres y tan gustadas vallas de gallos. ¿Qué clase de sociedad estamos creando si seguimos permitiendo que estas atrocidades continúen? ¿Qué ejemplo damos a nuestros niños, a nuestros jóvenes, que ya están tan carentes de valores morales y cívicos, como repetimos todos los días en la prensa, en las escuelas, en los centros de trabajo…?

 La sociedad cubana tiene que hacer algo para terminar con la depredación del animal humano sobre otras especies animales. Y ese algo necesita contar lo mas pronto posible con apoyo oficial, con leyes que respalden a quienes estamos dispuestos a librar esta lucha, que no va a ser fácil, porque va a atentar contra intereses económicos fuertes, contra muchos cerebros perturbados, y no tendría otra retribución que la satisfacción de sanear nuestra conciencia moral como individuos y como pueblo. Los ciudadanos amantes de los animales necesitamos apoyo oficial, y lo exigimos de inmediato. Es nuestro modo de contribuir al mejoramiento humano en el que creía Martí. Mientras tanto, sepan los maltratadores que los defensores estamos aquí y seguiremos luchando.

 

 

* La turista que envió esta información también escribió la dirección del lugar donde presenció los hechos de maltrato animal. Esa dirección estaría a disposición de las autoridades competentes en caso de que la solicitaran para tomar alguna medida.

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