“HISPANIA ES TIERRA DE NUESTROS ABUELOS” ¡¡¡¿SEGURO…?!!! “¿HISPANIA ES TIERRA DE NUESTROS ABUELOS?”

 

españa visigoda

deCopy of 577px-Reino_de_los_visigodos_svg

 

Hunos y godosDesde niña comencé a interesarme por la Historia Universal. La historia de España, en particular los períodos de la Reconquista, el reinado de Isabel y la resistencia contra Napoleón Bonaparte, me gustaban especialmente. No me considero experta en la materia, sino una muy ávida lectora , y hasta una novela sobre la leyenda de Rodrigo, el último rey godo, intenté escribir cuando tenía doce años. A lo largo de mi vida he ido reuniendo archivos sobre Al-Ándalus. Donde quiera que encontré un dato en la penuria bibliográfica que me rodea, lo copié, lo recorté, lo guardé con celo, siempre con la idea de retomar aquellas cuartillas de adolescencia y escribir algún día algo más serio, cosa que ya probablemente nunca haré. Sin embargo, días atrás vi en Telesur un reportaje donde un hombre que podía ser lo mismo un árabe musulmán que un europeo islamizado —pero un musulmán fundamentalista en cualquier caso— afirmaba rotundo, mientras blandía un rifle en la mano y enfrentaba a la cámara con su mirada retadora: “¡Hispania es tierra de nuestros abuelos!”. Teniendo en cuenta el contexto en que tal frase fue pronunciada, en medio de una brutal ofensiva de una facción muy agresiva del fundamentalismo islámico que opera en estos momentos entre Siria e Irak, me sentí como el Pájaro Loco cuando alguno de sus pícaros enemigos le colocaba una cazuela en la cabeza y la golpeaba con un mazo: mi cabeza retumbó todo el día.

Yo no tengo ninguna necesidad de acudir a mis archivos para refrescar conocimientos, ni a los libros de Historia, ni a Internet ni a la prensa mundial para saber que la frase es una tergiversación muy mal intencionada de algo que ni siquiera es la realidad. Pero pienso que hay muchísimas personas que se sentirían desconcertadas si escucharan esa afirmación, y tal vez hasta confundidas. Tengo el más alto concepto de lo que fue la civilización árabe en el pasado, admiro su refinamiento, su arte, su nivel de vida, sus magníficos sabios y el extraordinario trabajo de salvamento que hicieron con todo lo que hoy constituye la base del conocimiento universal. A los árabes debemos mucho, y reconozco cuánto hay de humano y de conciencia de la igualdad entre los hombres en las enseñanzas del Corán; tengo en muy alta estima la poesía y la música árabes; los árabes y sus descendientes que se instalaron en Cuba mucho han aportado al desarrollo de nuestra nación y han sido siempre ciudadanos ejemplares de los que el país se enorgullece…, en fin… Pero un cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y aunque es muy poco lo que yo puedo hacer por la salvación de este mundo loco, siento necesidad de publicar aquí algunos materiales de mi archivo, para contribuir a dejar muy claro que si Hispania es tierra de algún abuelo, es de abuelos españoles. Ni siquiera nosotros los cubanos, a quienes en un tiempo ya muy lejano los reyes de España declararon no extranjeros en su tierra, podemos hacer ningún tipo de reclamación territorial basada en asuntos de abuelos. España es de los españoles. Andalucía es española y de nadie más, e invocar la invasión de los bereberes y su guerra contra los visigodos como una razón para que los árabes reclamen España es algo tan poco serio que no merece el más mínimo respeto. “Si estuvimos ocho siglos en España —se preguntan algunos musulmanes—, ¿Por qué no reconocer nuestra presencia… ?” Así está escrito en un artículo titulado El despertar del Islam, que aparece en el Almanaque Mundial del 2009. Pero es que, técnicamente hablando, existe una inmensa diferencia entre reconocer la multirracialidad etnocultural de una nación y pretender que esos ocho siglos de ocupación hacen de Hispania tierra musulmana con derecho a reclamacion territorial. No es posible lanzarse a la locura de las reclamaciones territoriales y las correcciones de fronteras basándose en los infinitos vaivenes gepolíticos que ha sufrido el planeta a través de los tiempos.

No debo hacer aquí un comentario periodístico sobre política internacional porque no es mi especialidad dentro del periodismo, y prefiero evitar los intrusismos profesionales. Van entonces a continuación, para quienes quieran leer y reflexionar sobre las pretensiones del fundamentalismo islámico al territorio español, algunos fragmentos de crónicas legitimadas por la Historia. Pero antes, quiero contar una de las varias versiones que conozco de la leyenda de Rodrigo y Florinda*, bella forma poética que narra cómo entraron los moros en España:

eyes visigodos. Códice.

R

 Rodrigo era un rey visigodo del territorio que entonces no se llamaba Andalucía ni Al-Ándalus, sino Bética. Algunos dicen que en su reino había una torre clausurada con varios cerrojos, y que pesaba sobre ella una maldición para quien accediera a su interior. Rodrigo, hombre fuerte y poco amigo del respeto, rompió con su espada los cerrojos y penetró hasta la estancia central de la torre, donde solo encontró una inmensa mesa de ajedrez ricamente labrada, y cubierta por un tablero y trebejos gigantescos tallados en piedras preciosas, con el juego dispuesto en posición de combate. El rey de las piezas negras señalaba con su lanza en dirección al norte de África, y sostenía una arqueta; cuando el rey la abrió, halló dentro un pergamino en el que estaba escrito que quien violara aquel recinto precipitaría al reino en una catástrofe, y sería el último de su estirpe en portar corona. En la corte vivía una doncella, Florinda, llamada también la Cava, a quien su padre, el conde Olbán, gobernador de Ceuta, había enviado  junto con las otras damas de la reina para que aprendiera modales de señorío. Viola el rey danzar y prendóse de sus encantos y de su mucha gracia, y espiándola, hallóla un día sola mientras se bañaba en una fuente. Cuenta la leyenda que el rey pelirrojo no tuvo compasión por las súplicas de la virgen y allí mismo robó su doncellez. Juró Olbán lavar con sangre la afrenta, y mandó emisarios secretos a los bereberes, a quienes ofreció abrir las puertas de España permitiendo el paso de sus ejércitos por las tierras que tenía en custodia por orden de Rodrigo. Los generales moros Musa y Tarik se armaron y cruzaron el estrecho, dieron muchas batallas contra el rey godo, quien terminó herido y pidiendo refugio a un hermitaño. El viejo eremita, para ayudarlo a purgar sus culpas, lo encerró en un saco en unión de dos animales salvajes, que devoraron su cuerpo entre atroces tormentos. Y así se cumplió la profecía. Así se perdió España.

Quiero añadir, antes de pasar a los Textos, que las poblaciones que habitaban Hispania antes de la llegada de los moros fueron las mismas poblaciones autóctonas que siempre vivieron en aquellas tierras: cántabros, astures, iberos, celtiberos, vascones y otras etnias, romanizadas por una larga ocupación del Imperio, y bajo dominio godo tras la caída de Roma. Toda una civilización, una cultura hispanorromana floreció bajo los visigodos (quienes tampoco eran autóctonos, sino tribus germanas invasoras) en la Península Ibérica. Antes de la invasión musulmana capitaneada por Musa y Tarik, no hubo jamás territorio español bajo dominio político y militar musulmán hasta que los visigodos fueron vencidos en 711 en la batalla del Guadalete por los ejércitos musulmanes, que ocuparon Hispania hasta que los Reyes Católicos, descendientes de los reyes visigodos, dieron fin a la larga Reconquista. Esta, y no otra, es la verdad histórica.

Guerrero visigodo, traje, armamento.

Guerrero visigodo, traje, armamento.

TEXTOS

 AL-ANDALUS 

Conquistas de Tárik en la Península Ibérica:  

 Marchó enseguida Tárik a la angostura de Algeciras, y después a la ciudad de Ecija: sus habitantes, acompañados de los fugitivos del ejército grande, saliéronle al encuentro, y se trabó un tenaz combate, en que los musulmanes tuvieron muchos muertos y heridos. Dios les concedió al fin su ayuda, y los politeístas fueron derrotados, sin que los musulmanes volviesen a encontrar tan fuerte resistencia. Tárik bajó a situarse junto a una fuente que se halla a cuatro millas de Ecija, a orillas de su río, y que tomó el nombre de “fuente de Tárik”. 

 Infundió Dios el terror en los corazones de los cristianos cuando vieron que Tárik se internaba en el país, habiendo creído que haría lo mismo que Tarif, y huyendo hacia Toledo, se encerraron en ls ciudades de España. Entonces Julián se acercó a Tárik y le dijo. “Ya has concluido con España: divide ahora tu ejército, al cual servirán de guías estos compañeros míos, y marcha tú hacia Toledo”. Dividió, en efecto, su ejército desde Ecija y envió a Moguits Ar-Romí, liberto (…) a Córdoba, que era entonces una de sus mayores ciudades, y es actualmente fortaleza de los muslimes, su principal residencia y capital del reino, con 700 caballeros, sin ningún peón, pues no había quedado musulmán sin caballo. Mandó otro destacamento a Rayya, otro a Granada, capital de Elvira, y se dirigió él hacia Toledo con el grueso de las tropas. 

 Moguits caminó hasta llegar a Córdoba y acampó en la alquería de Xecunda, en un bosque de alerces que había entre las alquerías de Xecunda y Tarçail. Desde aquí mandó algunos algunos de sus adalides, quienes cogieron y llevaron a su presencia un pastor que andaba apacentando su ganado en el bosque. Pidíole Moguits noticias de Córdoba, y dijo que la gente principal había marchado a Toledo, dejando en la ciudad al gobernador con 400 defensores y la gente de poca importancia. Después le preguntó por la fortaleza de sus murallas, a lo que contestó que eran bastante fuertes, pero que sobre la puerta de la Estatua, que es la del puente, había una hendidura, que les describió. Llegada la noche, se acercó Moguits y favoreciendo Dios su empresa con un fuerte aguacero, mezclado con granizo, pudo con la oscuridad aproximarse al río, cuando los centinelas habían descuidado la guardía por temor al frío y a la lluvia, y sólo se escuchaban algunas voces de alerta, dadas debilmente y a largos intervalos. Pasó la gente el río, que sólo distaba del muro 30 codos, o menos, y se esforzaron por subir a una muralla: más como no encontrasen punto de apoyo, volvieron a buscar al pastor, y habiéndole traído, les indicó la hendidura, que si bien no estaba a la haz de la tierra, tenía debajo una higuera. Entonces se esforzaron por subir a ella, y después de algunas tentativas, un musulmán logró llegar a lo alto. Moguits le arrojó la punta de su turbante, y por este medio treparon muchos al muro. Montó Moguits a caballo y se colocó delante de la puerta de la Estatua, por la parte de afuera, después de haber dado orden a los que habían entrado de que sorprendiesen la guardia de esta puerta, que es hoy la del puente: en aquel tiempo estaba destruído y no había puente ninguno en Córdoba. Los muslimes sorprendieron, en efecto, a los que guardaban la puerta de la Estatua, llamada entonces de Algeciras, mataron a unos y ahuyentaron a otros (…) Moguits se dirigió al palacio del rey, más éste al saber la entrada de los musulmanes, había salido por la puerta occidental de la ciudad, llamada puerta de Sevilla, con sus 400 o 500 soldados y algunos otros, y se habían guarecido en una iglesia dedicada a San Acisclo, que estaba situada en la parte occidental y era firme, sólida y fuerte. Ocupó Moguits el palacio de Córdoba, y al siguiente día salió y cercó al cristiano en la iglesia, escribiendo a Tárik la nueva conquista. 

 El destacamento que fue hacia Rayya la conquistó, y sus habitantes huyeron a lo más elevado de los montes; marchó enseguida a unirse con el que había ido a Elvira, sitiaron y tomaron su capital y encontraron en ella muchos judíos. Cuando tal les acontecía, en una comarca reunían todos los judíos de la capital y dejaban con ellos un destacamento de musulmanes, continuando su marcha el grueso de las tropas. Así lo hicieron en Granada, capital de Elvira, y no en Málaga, capital de Rayya, porque en ésta no encontraron judíos ni habitantes, aunque en los primeros momentos de peligro allí se habían refugiado. 

 Fueron después a Todmir, cuyo verdadero nombre era Orihuela, y se llamaba Todmir del nombre de su señor (Teodomiro), el cual salió al encuentro de los musulmanes con un ejército numeroso, que combatió flojamente, siendo derrotado en un campo raso, donde los musulmanes hicieron una matanza tal, que casi los exterminaron. Los pocos que pudieron escapar huyeron a Orihuela, donde no tenían gente de armas ni medio de defensa; más su jefe Todmir, que era hombre experto y de mucho ingenio, al ver que no era posible la resistencia con las pocas tropas que tenía, ordenó que las mujeres dejasen sueltos sus cabellos, les dió cañas y las colocó sobre la muralla de tal forma que pareciesen un ejército, hasta que él ajustase las paces. Salió en seguida a guisa de parlamentario, pidiendo la paz que le fue otorgada (…) Después de haber puesto en noticia de Tárik las conquistas alcanzadas y de haber dejado allí (con Teodomiro) algunas tropas (…) marchó el grueso del destacamento hacia Toledo para reunirse con Tárik. 

 Moguits permaneció tres meses sitiando a los cristianos en la iglesia, hasta que una mañana vineron a decirle que el cristiano (principal) había salido, huyendo a rienda suelta en dirección a la sierra de Córdoba, a fín de reunirse con sus compañeros en Toledo, y que había dejado en la iglesia a sus soldados. Moguits salió en su persecución sólo y le vió que huía en su caballo, (…) llegó a un barranco donde su caballo cayó y se desnucó. Cuando llegó Moguits (…) se entregó prisionero, siendo el único de los reyes cristianos que fue aprehendido, pues los restantes o se entregaron por capitulación o huyeron a Galicia. Después volvió Moguits a la iglesia, hizo salir a todos los cristianos y mandó que les cortasen la cabeza, tomando entonces esta iglesia el nombre de la iglesia de los prisioneros. El cristiano principal permeneció preso para ser conducido ante el emir de los creyentes. Reunió Moguits en Córdoba a los judíos, a quienes encomendó la guarda de la ciudad, distribuyó en ella a sus soldados y se aposentó en el palacio. 

 Tárik llegó a Toledo, y dejando allí algunas tropas, continuó su marcha hacia Gudalajara, después se dirigió a la montaña, pasándola por el desfiladero que tomó su nombre, y llegó a una ciudad que hay en la otra parte del monte, llamada Almeida (La Mesa), nombre debido a la circunstancia de haberse encontrado en ella la mesa de Salomón, hijo de David, cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde. Llegó después a la ciudad de Amaya, donde encontró alhajas y riquezas, y (…) volvió a Toledo en el año 93. 

AJBAR MACHMUA (Colección de tradiciones), “Crónica anónima del siglo XI”, Trad. E. Lafuente, Col. Obras arábigas de Historia y Geografía, Madrid, 1867, pp. 20-31. Recoge C. SANCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 35-37.  

Las calamidades de España ante la irrupción musulmana:  

 ¿Quién podrá pues narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá ennumerar desastres tan lamentables?. Pues aunque todos los miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera, la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos y tan grandes males como ésta soportó. Pero para contar al lector todo en breves páginas, dejandode lado los innumerables desastres que desde Adán hasta hoy causó, cruel, por innumerables regiones y ciudades, este mundo inmundo, todo cuanto según la historia soportó la conquistada Troya, lo que aguantó Jerusalen, según vaticinio de los profetas, lo que padeció Babilonia, según el testimonio de las Escrituras, y, en fín, todo cuanto Roma enriquecida por la dignidad de los Apóstoles, alcanzó por sus mártires, todo esto y más lo sintió España, tanto en su honra, como también de su deshonra, pues antes era atrayente, y ahora está hecha una desdicha. 

“Crónica mozárabe de 754″, cap. 6. Ed. J.E. LOPEZ PEREIRA  

Cristianos y musulmanes enjuician Covadonga:  

 Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva, y el ejército de Alqama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva. El predicho obispo subió a un montículo situado ante la cueva de la Señora y habló así a Pelayo: “Pelayo, Pelayo, ¿ dónde estás?”. El interpelado se asomó a la ventana y respondió “Aquí estoy”. El obispo dijo entonces: “Juzgo, hermano e hijo,  que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros paises por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas. ¿Podrás tú defenderte en la cima de este monte?. Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve de tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos”. Pelayo respondió entonces: “¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?”. El obispo contestó: “Verdaderamente, así está escrito”. Pelayo dijo: “Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, por que David ha dicho: “!Castigaré con mi vara sus iniquidades y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia!”. Así pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a Nuestro Señor Jesucristo, que puede libarnos de estos paganos”. El obispo, vuelto entonces al ejército, dijo : “Acercaos y pelead. Ya habéis oido cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención, no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada”. 

 Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias  del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. 

“Crónica de Alfonso III”. Ed. GOMEZ MORENO, B.R.A.H., C, 1932, p. 6l2  

La figura de Pelayo vista por los musulmanes:  

 Dice Isa ben Ahmand Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: “Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?”. En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fafila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado. 

“Nafh al-tib” de Al-Maqqari. Trads. LAFUENTE ALCANTARA, Col. Obr.Ar.Ac.Ha., I. p. 230 y M.ANTUÑA;C. SANCHEZ ALBORNOZ, “Fuentes de la historia hispano-musulmana”, siglo VIII, p. 232.  

El pacto de Teodomiro con Abd Al-Aziz:  

 En el nombre de Allah clemente y misericordioso. Escrito dirigido por Abd Al-Aziz ibn Musa ibn Nusayr a Tudmir ibn Abdush. 

 Este último obtiene la paz y recibe el compromiso, bajo la garantía de Allah y la de su profeta, de que no será alterada su situación ni la de los suyos; de que sus derechos de soberanía no le serán discutidos; de que sus subditos no serán asesinados, ni reducidos a cautividad, ni separados de sus mujeres e hijos, de que no serán estorbados en el ejercicio de su religión; y de que sus iglesias no serán incendiadas ni despojadas de los objetos de culto que en ellas existen; todo ello mientras cunpla las cargas que le imponemos. Le es concedida la paz mediante estas condiciones que regirán en las siete ciudades siguientes: Orihuela, Baltana, Alicante, Mula, Elche, Lorca e Iyyith. Además no deberá dar asilo a nadie que huya de nosotros, o que sea nuestro enemigo; ni hacer daño a quien goce de nuestra amnistía; ni mantener ocultas las noticias relativas a los enemigos que lleguen a su conocimiento. El y sus súbditos deberán pagar al año un tributo personal consistente en un dinar en metálico, cuatro almudes de trigo y cuatro de cebada, cuatro medidas de mosto, cuatro de vinagre, dos de miel y dos de aceite. Esta tasa quedará reducida a la unidad para los esclavos. Lo cual firmaron como testigos Uthman ben Abi Abda al-Quraixí y Habib ben Abi Ubaida al-Fihrí y Abd Allah ben Maisara al Fahtimí y Abu-l-Qasim al-Udhailí. Escrito a cuatro de rachab del año 94 de la Héjira. 

Ed. E. LEVI PROVENÇAL, “España musulmana”, Historia de España, IV, Madrid, 1950, p. 21 y C.SANCHEZ ALBORNOZ, “La España muslmana”, I. Buenos Aires, 1960, pp. 42-43.  

Ocupación de España por los musulmanes:  

 En la era del 749, mientras por dichos enviados (Tariq y otros) se devastaba España y se combatía con gran furor, no sólo contra los enemigos, sino también entre sí, Muza (…) entró hasta la ciudad real de Toledo, castigando a las ciudades vecinas con mala paz fraudulenta, y a algunos nobles, señores varones que de algún modo se habían quedado, llegando a Toledo huyendo de Opas, hijo del rey Egica, los mató con la espada en el patíbulo, y con este motivo mató a todos  con la espada. 

 De este modo, no sólo la España Ulterior, sino también la Citerior, hasta Zaragoza, antiquísima y floreciente ciudad, abierta ya por manifiesto juicio de Dios, la despobló con la espada, el hambre y el cautiverio; destruyó, quemándolas con el fuego, las bellezas ciudadanas; envió a la cruz a los señores y poderosos del siglo, y descuartizó con los puñales a los jóvenes y pequeños. Y así incita a todos con semejante terror, y algunas ciudades que habían quedado, viendose forzadas, piden la paz, y persuadiendo o burlando con astucia a algunos no de modo acostumbrado, concede lo pedido. 

 Pero, los que habiendola obtenido, se niegan a obedecer, aterrados por el miedo, e intentan huir a los montes, mueren de hambre y de diversas muertes. Y en la misma desgraciada España, en Córdoba, en la antigua sede patricia, que siempre había sido la más opulenta de las ciudades vecinas y hacían las delicias del reino visigodo, colocan el inhumano reino. 

“Crónica Mozárabe del 754″. Ed MOMMSEN, Chron. minora, II, 353. Recogido en GARCIA GALLO, “Manual de Historia del Derecho Español, vol. II, Antología de fuentes del Antiguo Derecho”, pp.432-433.  

Campañas de Alfonso I, vaciamiento de la cuenca del Duero y repoblación de las montañas y costa cantábricas:  
 
 Muerto éste, fue elegido rey por todo el pueblo Alfonso, quien, con la gracia de Dios, tomó el cetro del reino y consiguió dominar siempre la fuerza de los enemigos. Con su hermano Fruela dirigiendo el ejército tomó muchas ciudades. Estas son: Lugo, Tuy Oporto, Anegiam, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora llaman Zamora, Avila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mave, Oca, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Cenicero y Alesanco, con sus castillos, villas y aldeas. Matando a todos los árabes llevó consigo a los cristianos a la patria. En ese tiempo se poblaron Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulias, que ahora llaman Castilla, y la parte marítima. Y Galicia, Alava, Vizcaya, Alaon (¿Ayala?) y Orduña siempre habían sido poseídas por sus habitantes, así como Pamplona, Deyo y Berrueza (…) 

GOMEZ MORENO, M. “Las primeras Crónicas de la Reconquista: el ciclo de Alfonso III”, B.R.A.H., T.C., 1952, pp. 615-616.  

La jornada del arrabal:  

 En 198 (31 de agosto de 813) tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal. Los hechos pasaron de la manera siguiente: el príncipe omeya reinante Al-Hakam ben Hixam casi no se ocupaba más que en jugar, cazar, beber y otros placeres semejantes y, por otra parte, la ejecución de muchos de los principales habitantes de la ciudad le hicieron odioso a la población, que era injuriada y maltratada por los mercenarios del emir.  

 El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba :”¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!”, y cuando alguno lanzaba esta injuria, los otros aplaudían. Entonces, Al-Hakam comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas: acuarteló la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumentó el número de sus mamelucos. Todas estas precauciones no hicieron más que que acrecentar el odio de la población, que estaba persuadida de que quería vengarse de todas sus afrentas. Enseguida estableció el impuesto del diezmo sobre las mercaderías, impuesto que habría de cobrarse cada año sin remisión, lo que fue mal visto por el pueblo. Al-Hakam se apoderó de diez de los príncipales exaltados y les hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio ocasión de cólera a las gentes del arrabal. Añádase a todo esto que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convenido, el mameluco tomó la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto. Ocurrió esto en Ramadan (abril-mayo del 814) del año referido. 

 Las gentes del arrabal meridional empuñaron los primeros las armas, y todos los otros arrabales les siguieron. El “chund”, los omeyas y los esclavos negros se concentraron en el palacio y Al-Hakam procedió a la repartición de los caballos y de las armas, así como a la reunión de sus compañeros. 

 Se entabló la lucha y fue favorable a las gentes del arrabal, que cercaron el palacio. Entonces Al-Hakam descendió de la terraza donde se encontraba y fue, a caballo y armado, a reanimar el valor de los suyos, que se batieron a su vista con encarnizamiento (…) 

 Al-Hakam consultó con Abd al-Qarim ben Abd al-Wahid ben Abd al-Mugayth, su último confidente, quien le aconsejó clemencia. Tal fue el partido que tomó el príncipe, a pesar del dictamen contrario emitido por otro, y perdonó a los rebeldes, pero con amenaza de muerte y crucifixión para todos los habitantes del arrabal que no hubiesen partido del arrabal en el plazo de tres días. Los sobrevivientes salieron a escondidas, expuestos a toda clase de penas y humillaciones, llevando lejos de Córdoba a sus mujeres, sus hijos, sus riquezas de más fácil transporte. Los soldados y malhechores estaban en acecho para saquearles y mataban a quienes osaban resistir. 

 Terminado el plazo de tres días, Al-Hakam dió orden de respetar a las mujeres, a las que reunió en el mismo lugar, e hizo destruir el arrabal meridional (de Secunda) (…) 

BEN AL-ATHIR, “Kamil fi-l-Tarif”, según versión francesa de Fagnan, pp. 165-177. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España. Alta Edad Media”, Historia 16, Madrid, 1980, p. 50.  
  
Mercado de libros en Córdoba:  

 Estuve, dice —el bibliófilo Al-Hadrami— una vez en Córdoba y solía ir con frecuencia al mercado de libros por ver si encontraba en venta uno que tenía vehemente deseo de adquirir. Un día, por fín, apareció un ejemplar de hermosa letra y elegante encuadernación. Tuve una gran alegría. Comencé a pujar: pero el corredor que los vendía en pública subasta todo era revolverse hacia mí indicando que otro ofrecía mayor precio. Fui pujando hasta llegar a una suma exorbitante, muy por encima del verdadero valor del libro bien pagado. Viendo que lo pujaban más, dije al corredor que me indicase la persona que lo hacía, y me señaló a un hombre de muy elegante porte, bien vestido, con aspecto de persona principal. Acerquéme a él y le dije: “Dios guarde a su merced. Si el doctor tiene decidido empeño en llevarse el libro, no porfiaré más; hemos ido ya pujando y subiendo demasiado”. A lo cual me contestó: “Usted dispense, no soy doctor. Para que usted vea, ni siquiera me he enterado de qué trata el libro. Pero como uno tiene que acomodarse a las exigencias de la buena sociedad de Córdoba, se ve precisado a formar biblioteca. En los estantes de mi librería tengo un hueco que pide exactamente el tamaño de este libro, y como he visto que tiene bonita letra y bonita encuadernación, me ha placido. Por lo demás, ni siquiera me he fijado en el precio. Gracias a Dios me sobra dinero para esas cosas”. Al oir aquello me indigné, no pude aguantarme, y le dije: “Sí, ya, personas como usted son las que tienen el dinero. Bien es verdad lo que dice el proverbio: Da Dios nueces a quien no tiene dientes. Yo sé el contenido del libro y deseo aprovecharme de él, por mi pobreza no puedo utilizarlo.” 

“Magrib” de Ben Said (Trad. de RIBERA: “Disertaciones y opúsculos”, I, p. 203. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España” 3, La Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 84. 

Abd al-Rahman III, califa de Córdoba:  
 
 El sábado día 2 de du-l-hichcha de este año (17 de enero del 929), fueron despachadas cartas suyas dirigidas a los “ummal” de sus diferentes provincias, conforme a una redacción única. He aquí la copia de una de estas cartas: 

 “En el nombre de Allah clemente y misericordioso. Bendiga Allah a nuestro honrado profeta Mahoma. Los más dignos de reivindicar enteramente su derecho y los más merecedores de completar su fortuna y de revestirse de las mercedes con que Allah altísimo los ha revestido, somos nosotros,  por cuanto Allah altísimo nos ha favorecido con ello, ha mostrado su preferencia por nosotros, ha elevado nuestra autoridad hasta ese punto, nos ha permitido obtenerlo por nuestro esfuerzo, nos ha facilitado lograrlo con nuestro gobierno, ha extendido nuestra fama por el mundo, ha ensalzado nuestra autoridad por las tierras, ha hecho que la esperanza de los mundos estuviera pendiente de nosotros, ha dispuesto que los extraviados a nosotros volvieran y que nuestros súbditos se regocijaran por verse a la sombra de nuestro gobierno (…) En consecuencia hemos decidido que se nos llame con el título de Príncipe de los Creyentes, y que en las cartas, tanto las que expidamos como las que recibamos, se nos dé dicho título, puesto que todo el que lo usa, fuera de nosotros, se lo apropia indebidamente, es un intruso en él, y se arroga una denominación que no merece. Además, hemos comprendido que seguir sin usar ese título, que se nos debe, es hacer decaer un derecho que tenemos y dejarse perder una designación firme. Ordena, por tanto, al predicador de tu jurisdicción que emplee dicho título, y úsalo tú de ahora en adelante cuando nos escribas. Si Allah quiere”. 

 En consecuencia, y conforme a estas órdenes, el predicador de Córdoba comenzó a hacer la invocación en favor de  al-nasir li-din Allah, dándole el título de Príncipe de los Creyentes, el día 1º de du-l-hichcha de este año (16 de enero del 929). 

Trad. E. LEVI-PROVENÇAL y E. GARCIA GOMEZ, “Una crónica anónima de Abd al- Rahman III al-Nasir, Madrid-Granada, 1950, pp. 152-153.  
 
Las mujeres andaluzas segun Averroes:  

 Nuestro estado social no deja ver lo que de sí pueden dar las mujeres. Parecen destinadas exclusivamente a dar a luz y amamantar a los hijos, y este estado de servidumbre ha destruido en ellas la facultad de las grandes cosas. He aquí por qué no se ve entre nosotros mujer alguna dotada de virtudes morales: su vida transcurre como la de las plantas, al ciudado de sus propios maridos. De aquí proviene la miseria que devora nuestras ciudades porque el número de mujeres es doble que el de hombres y no pueden procurarse lo necesario para vivir por medio del trabajo. 

Trad. Ribera: “Disertaciones y opúsculos”, Tomo I, p. 348. Recoge J.L. MARTIN, “Historia de España,” 3, Alta Eadad Media, Madrid, 1980, p. 78.  

Los jueces de Córdoba:  

 Yo presencié cierto día una audiencia de Amr ibn Abd Allah, en la mezquita que estaba cerca de su domicilio, y le vi sentado haciendo justicia en medio de la gente; llevaba un vestido “mashrikab”. Hallábase sentado en un ángulo de la mezquita, rodeado de los que iban a pedirle audiencia (…) En el ángulo opuesto de la mezquita se encontraba Mu’min ibn Sa’id, el cual tenía alrededor suyo un corro de jóvenes estudiantes que iban a recitar versos y a aprender literatura. Los jóvenes que asistían a la clase de Mu’min tuvieron un altercado por no sé qué motivo; uno de ellos lanzó un zapato contra su compañero y, después de pegarle a éste, vino a caer el zapato en medio del círculo donde el juez daba audiencia. Los presentes creyeron que el juez, al ver el desacato, se pondría seguramente furioso; sin embargo, no hizo otra cosa que decir: “Estos chicos nos molestan”. 
(…) 

 Jalid ibn Sa’d dice que Abd Allah ibn Qasim le refirió que su padre le había contado lo siguiente: Me encontré en cierta ocasión con el juez Muhammad ibn Sulma y me pidió que le comprara un alquicel barragán. Y añade Abd Allah: mi padre me mandó que bajara a la calle de los Pañeros, a buscar el alquicel. Bajé y le compré un alquicel por veinticuatro donares y medio; y se lo llevé a mi padre, el cual se lo trajo personalmente al juez. A éste le agradó y dijo: “¿Cuánto te ha costado?”. “A ti te cuesta —contestóle— diez dinares”. El juez, creyendo que ese era el precio que había costado, le entregó los diez dinares. Pero unos momentos depués vino a ver a mi padre Abu Yahya, el inspector de los habices, y le dijo :”El juez te saluda y te ruega que tomes el alquicel y que le devuelvas los diez dinares, porque necesita ahora ese dinero para otros gastos y no necesita el alquicel”. “Yo le daré el dinero que ahora necesita —respondió mi padre no queriendo tomar el alquicel— y que lo utilice hasta que le sea fácil devolvérmelo”. Pero el inspector de habices se negó a aceptar, porque el juez había dicho: “Yo no puedo aceptar eso”: Y al preguntarle mi padre qué es lo que le había obligado a devolver el alquicel, el juez, que ya había sabido cuál era su verdadero precio, no quiso aceptar y dijo: “Yo creía que el precio del alquicel era de diez dinares, que es la cantidad que yo dí; pero cuando he sabido que el alquicel vale más, ya no lo quiero. Me sabe mal, muy mal, que otros carguen con el gasto que sólo a mi corresponde”. 

AL-JUSHANI, “Kitab al-qudat bi-Qurtuba”, adaptación de la trad. castellana de J. RIBERA, “Historia de los jueces de Córdoba por Aljoxaní”, Madrid, 1914, pp. 148-149 y pp. 203-204.  

El comercio de esclavos en Al-Andalus:  

  Un hombre de mundo me hizo venir cierto día a su casa para que le redactara el acta de compra de una sierva muy bonita que había adquirido. Le pedí su “istibra” y ni la tenía, ni el vendedor sabía de qué se trataba. Le dije :”la sierva tendrá que permanecer en casa de una mujer digna de toda confianza, sobre la que os pongáis de acuerdo, o de un hombre de bien, religioso y creyente, que viva con su esposa, hasta que pueda certificar el efectivo cumplimiento del retiro legal”. 
(…) 

 Fraudes y engaños de estos mercaderes son el vender esclavos de determinada categoría como si fuesen de otra y los de una raza por otra. 

 Se ha hablado mucho de las razas, estampas y naturaleza de los esclavos, de lo que conviene a cada clase, haciendo toda suerte de discursos sobre el particular. Dicen que la sierva beréber (es la ideal para proporcionar) voluptuosidad, la rumiyya, para el ciudado del dinero y de la alacena,la turca para engendar hijos valerosos, la etíope para amamantar, la mequí para el canto, la medinesa por su elegancia y la iraquí por lo incitante y coqueta. 

 En cuanto a los varones, el hindú y el nubio (son apreciados) como guardianes de las personas y bienes, el etíope y el armenio para el trabajo y el servicio, produciendo beneficios (a su dueño), el turco y el eslavo para la guerra y cuanto requiere valor. 

 Las bereberes son de natural obediente, las más diligentes (se destinan) al trabajo, las más sanas para la procreación y el placer y las más bonitas para engendrar; les siguen las yemeníes a quienes se parecen las árabes. Los nubios suelen ser de natural obedientes a sus amos, como si hubieran sido creados para la esclavitud, pero son ladrones y poco de fiar. Las hindúes no soportan la humillación, cometen los mayores crímenes 
y se mueren con facilidad. Las etíopes tienen la naturaleza más dura que Allah haya creado y son las más sufridas para las fatigas, pero les hieden las axilas, lo cual generalmente impide que se las tome. Las armenias son bellas, avaras y poco dóciles al hombre. 
(…) 

 Uno de los fraudes más famosos y tretas conocidas (de los vendedores de esclavas) estriba en que tienen unas mujeres arteras, de belleza sin par y admirable hermosura que dominan la lengua romance y parecen rumíes. Cuando comparece alguien que no es del lugar y les pide una hermosa esclava recién importada de los paises cristianos, (el comerciante) se compromete a encontrársela pronto (…) Mientras tanto, el comerciante se ha preparado un cómplice (que responda) de la identidad de la esclava, asegurando que es su dueño, quien tiene que recibir su importe y demuestra con documentos que la ha comprado en la Marca Superior. El cliente paga a gusto un elevadísimo precio porque es recién importada y quiere llevarsela (inmediatamente). En cuanto se ha cerrado el trato ambos (cómplices) se reparten el importe con la esclava. 

AL-SAQATI, “Kitab fi adab al-hisba”, Adaptación de la trad. castellana de P. CHALMETA en “Al-Andalus”, 1968, XXXIII, fasc. 2, pp. 370-371, 374-375 y 383-384.  

Ordoño IV ante Al- Hakam II:  

 Introdujo a Ordoño en el salón Muhammad ben Al Qarim ben Tumlus. Vestía una túnica de brocado blanco, de manufactura cristiana, y una capa de la misma calidad y color y se cubría con una gorra adornada con costosas joyas. Ordoño se trasladó desde su residencia de Córdoba a Medina al- Zahra acompañado de los principales cristianos de Al-Andalus: Walid ben Jaizuran, juez de los mismos, y Ubaid Allah ben Qasim, metropolitano de Toledo. Próximos ya al palacio, Ordoño hubo de seguir un camino a cuyos lados estaba formada la infantería, colocada en orden tan admirable que los ojos se quedaban asombrados por su uniformidad, y en tan apretadas filas que la mente se sorprendía de su número. Tal era la brillantez de sus corazas y armas, que los cristianos estaban estupefactos de lo que veían. Con la cabeza baja, los párpados entornados (por el asombro) y los ojos semicerrados (por lo mismo), llegaron hasta la puerta exterior de Medina al-Zahra, llamada bab al-Akuba (Puerta de las Cúpulas), donde desmontaron los que habían ido a esperar a Ordoño (…) 

 Cuando se halló ante el trono, se echó al suelo y permaneció algunos instantes en tal humilde posición; se levantó, avanzó unos pasos, se postró de nuevo y repitió tal ceremonia varias veces, hasta que llegó a poca distancia del califa. Le tomó y besó la mano, marchó luego hacia atrás sin volver la cara, hasta llegar a un asiento cubierto con una tela de oro, que había sido preparado para él a unos diez cúbitos de distancia del trono real, siempre asombrado por lo imponente de la escena. Los condes de su séquito, a los que se había permitido la entrada a la presencia real, avanzaron, postrándose repetidas veces, hasta el trono del califa; les dió éste a besar su mano y retrocedieron en seguida para colocarse al lado de su rey. Entre ellos estaba Walid ben Jayzuran, que era, como queda dicho, cadí o juez de los cristianos de Córdoba y que actuó de intérprete. 

“Nafh al-tib” de AL-MAQQARI (Según versiones: inglesa de Gayangos, “The mohammedam dynasties in Spain”, II, p. 160; y francesa de Dozy, “Histoire des musulmans d’Espagne”, II, p. 177). Recoge. J.L. MARTIN, “Historia de España”, 3, Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 96. 

Las mujeres, según Ibn Hazm:  

 Yo he tratado a las mujeres en su intimidad y por eso estoy tan enterado de sus misterios, que de ellos se lo que quizá no sepa ningún otro hombre, porque yo me crié dentro de sus habitaciones privadas y me eduqué con ellas, sin conocer más personas que mujeres, sin tratar con hombres hasta que llegué a la edad de la juventud. Ellas venían continuamente a besarme la cara, me enseñaban a leer el Alcorán, me recitaban muchos versos, me adiestraban en la escritura. De aquí que yo, desde que empecé a tener uso de razón, en los primeros años de mi infancia, no pusiese otro empeño ni trabajase con mi espíritu en otra cosa que en conocer bien las cualidades de las mujeres y en enterarme de cuanto les oía referir de sí mismas. Y como ya luego no he olvidado nada de lo que de niño ví que ellas hacían, acabé por concebir contra ellas una intensa antipatía instintiva y pésima opinión. 

 El espíritu de las mujeres está vacío de toda idea que no sea la de la unión sexual y de sus motivos determinantes, la de la galantería erótica y sus causas, la del amor en sus varias formas. De ninguna otra cosa se preocupan, ni para otra cosa han sido creadas. 

 En esta materia (del amor sexual) jamás pensé bien de nadie. Por natural temperamento he sido siempre muy celoso (…) Además nunca he cesado de escudriñar noticias femeninas y de procurar descubrir los secretos de las mujeres. Como ellas, por otra parte, tuvieron conmigo siempre gran familiaridad, confiábanme sus más íntimos secretos de modo que, si no fuera porque se trata de cosas feas que Dios prohibe poner al descubierto, referir podría, en verdad, tales maravillas de la sagacidad y artes aviesas que para el mal poseen las mujeres, que dejarían atónito al más avisado. Pero, aunque yo estuve siempre tan enterado de todo esto, bien sabe Dios —y con que El lo sepa me basta— que estoy por fuera y por dentro absolutamente limpio y puro de toda mácula en tal materia; tanto, que puedo jurar en Dios solemnemente que jamás desaté mi manto para un placer ilícito, ni mi Señor me habrá de tomar cuenta de pecado alguno grave de adulterio, desde que tuve uso de razón hasta el día de hoy. 

Del “Tauq o Libro del amor” y del “Ajla o Libro de los carácteres y la conducta que trata de la medicina del alma” de Ibn Hazm, según versión de Asín (Abenhazam de Córdoba,p. 39, 40, 222 y 223. Recoge J.L.Martin, “Historia de España”, 3, Alta Edad Media, Historia 16, Madrid, 1980, p. 72. 
 
Una partida de ajedrez en la corte de Sevilla:  

 Una vez, entre otras, fue a invadir, al frente de un numeroso ejército, el territorio sevillano. Inexpicable consternación reinaba entre los musulmanes, demasiado débiles para poder defenderse. Sólo Ben-Amar, el primer ministro, no desesperaba. No contaba con el ejército sevillano; intentar vencer con él a las tropas cristianas era una quimera; pero conocía a Alfonso, porque había estado muchas veces en su corte; sabía que era ambicioso, pero también que estaba casi arabizado, es decir, que era fácil ganar su voluntad, siempre que se conocieran sus gustos y caprichos. Con esto era con lo que contaba, y sin preder tiempo en organizar una resistencia armada, mandó hacer un juego de ajedrez tan magnífico, que ningún otro rey tenía otro igual. Las piezas eran de ébano y de sándalo incrustados en oro. provisto de este ajedrez, presentóse con cualquier pretexto en el campamento de Alfonso, el cual le recibió honoríficamente, porque Ben-Amar era de los pocos musulmanes a quien estimaba. 

 Un día, Ben-Amar enseñó el ajedrez a un noble castellano que gozaba de gran favor de Alfonso. Dicho noble habló de él al rey, el cual dijo a Ben-Amar: 

– ¿Que tal juegas al ajedrez? 
– Mis amigos opinan que juego bastante bien- respondió Ben-Amar. 
– Me han dicho que tienes un juego magnífico. 
– Cierto, señor. 
– ¿Podría  verlo? 
– Sin duda; pero con una condición: jugaremos juntos; si pierdo, el ajedrez será para tí; pero si gano, podré exigirte lo que quiera. 
– Acepto. 

 Trajeron el ajedrez, y Alfonso, estupefacto de la belleza y primor del trabajo, exclamó santigÜandose: 

– ¡Gran Dios, nunca hubiera creído que pudiera hacerse un ajedrez con tal arte!. 
 Y después de admirarlo detenidamente, exclamó: 

– ¿Qué decías antes? ¿Cuáles son las condiciones? 

 Habiéndoselas repetido Ben-Amar, prosiguió: 

– ¡No, por Dios! Yo no juego cuando la apuesta me es desconocida, pues podrías pedirme una cosa que no pudiera darte. 

– Como quieras, señor, respondió fríamente Ben-Amar. 

 Y ordenó a sus servidores que llevasen el ajedrez a su tienda. 

 Se separaron, pero Ben-Amar no era hombre que se desanimase tan facilmente. Bajo palabra de guardar el secreto, confío a algunos nobles castellanos lo que hubiese exigido a Alfonso en caso de haberle ganado la partida, prometiéndoles considerables sumas si querían ayudarle. Seducidos con el cebo del oro, y bastante tranquilos respecto a las intenciones del árabe, aquellos nobles se comprometieron a servirle; y cuando Alfonso, que ardía en deseos de poseer el magnífico ajedrez, les consultó qué haría, le dijeron: “Señor, si ganaís, tendréis un ajedrez  que os envidiarán los reyes; y si perdeis, ¡qué podrá pediros ese árabe! Si formula una petición indiscreta, ¿no estamos aquí nosotros para hacerle entrar en razón?”. Tan bien hablaron que Alfonso se dejó persuadir. Mandó decir a Ben-Amar que le esperara con su ajedrez, y cuando llegó el visir: 

– Acepto tus condiciones —le dijo— ¡juguemos! 
– Con gran placer —respondió Ben-Amar— pero hagamos las cosas en regla; permite que varios nobles castellanos nos sirvan de testigos. 

 El rey accedió, y cuando hubieron llegado los nobles designados por Ben-Amar, comenzó el juego. 

 Alfonso perdió la partida. 

– ¿Puedo pedir ahora lo que quiera, según lo convenido? —preguntó Ben-Amar. 
– Sin duda —repuso el rey—. Veamos, ¿qué es lo que exiges? 
– Que vuelvs a tus estados con tu ejército. 

 Alfonso palideció. Presa de agitación febril, recorría la sala a grandes pasos, se sentaba y volvía de nuevo a pasear. 

– Estoy cogido —dijo, al fín, a los nobles— y vosotros tenéis la culpa. Temía una petición de esa naturaleza por parte de este hombre, pero vosotros me tranquilizasteis y ahora recojo el fruto de vuestros detestables consejos. Después de algunos instantes de silencio, exclamó: 

– ¿Qué me importa su condición después de todo? Prescindiré de ella por completo y seguiré mi camino. 
– Señor, —dijeron entonces los castellanos— eso sería delinquir contra el honor, sería faltar a la palabra, y vos, el más grande de los reyes de la cristiandad, sois incapaz de semejante cosa. 

Al fín, cuando Alfonso se calmó un tanto, añadió: 

– ¡Pues bien! Cumpliré mi palabra, pero a cambio de esa frustada expedición, necesito, al menos, doble tributo este año. 
– Lo tendrás, señor —exclamó Ben-Amar—. 

  Y se apresuró a hacer remitir a Alfonso el dinero que pedía. Por aquella vez el reino de Sevilla, amenazado de una invasión terrible, se libró del susto gracias a la habilidad del primer ministro. 

DOZY, “Crónicas árabes y cristianas reunidas por…(Ley de 1848-51). Recogido por C.Sanchez Albornoz y A., Viñas, “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 65-66.  

Enfrentamiento entre la armada castellana de Sancho IV y arabes africanos:  

 En el mes de abril en que comenzó el noveno año del reinado deste rey don Sancho, que fue en la era de mill é trecientos é treinta años, andaba el año de la nascencia de Jesu Christo en mill é docientos é noventa é dos años (…) llególe mandado (al rey Sancho) en commo el rey Aben Yacob era en Tanger, é que tenía y doce mill caballeros para pasar aquende, é que tenía veinte é siete galeas muy bien armadas, é ellos que querían pasar, é que llegó Micer Benito Zacarías, el ginoves, con doce galeras muy bien armadas, é estando el rey Aben Yacob con toda su hueste en la ribera de allen mar, lidió este Micer Benito Zacarías con aquellas veinte e siete galeas de los moros , é venciólos, é prisió dellas las trece, é fugieron las otras, veyendolo el rey Aben Yacob e toda su hueste que estavan delante; é albergó y esa noche Micer Benito Zacarías, é estudo y otro día trayendo aquellas trece galeas, jorrándolas con sogas ante el rey Aben Yacob é ante toda su hueste. E cuando el rey Aben Yacob vió esto, tovose por muy quebrantado é muy deshonrado, él luego movió con toda su hueste e se tornó para Fez. E cuando estas nuevas ovo el rey don Sancho, plúgole ende mucho, é mandó mover toda su hueste para Sevilla (…) 

“Crónica del rey don Sancho, el Bravo”, en  Cronicas de los Reyes de Castilla, Tomo I, B.A.E., Ed.. C. Rosell, Madrid, 1953, cap. IX, p. 86.  

Obligaciones contraídas por Abu Nasr Sa’d (1455-1464) con Enrique IV de Castilla:  

 (…) Que el rey de Granada fuese vasallo del rey de Castilla, ansí como el rey don Mahomad lo había sido del rey don Pedro y fuese de su consejo, y tener dezmero a la puerta d’Elvira que cogiese el diezmo y medio para el rey de Castilla, y que diese en el año primero de la paz, mill captivos y que entre los tres años siguientes, cada un, trescientos y treinta y tres captivos, que avian de ser todos dos mill. E cada vez que el rey don Enrique le llamase, en toda el Andaluzía fasta el reino de Toledo, fuese obligado de le servir con dos mill de cavallo un mes a su costa y si del más se quisiese servir que le pagase el sueldo hasta ser vuelto a su reino, al fuero y costumbre de Castilla. Y le volviese todas las villas y fortalezas que en tiempos del rey don Juan su padre se habían perdido, y con estas condiciones se le daría la paz por diez años y que en este tienpo se metiese al reino de Granada todas las cosas que en aquél tienpo solían meter. 

J. TORRES FONTES, “Estudio sobre la“Crónica de Enrique IV” del doctor Galíndez de Carvajal”, Murcia, 1946, p. 114.  

Problemas para gobernar al comienzo del reinado de Abu l-Hasan Alí (1464-1482):  

 (…) Sucesos e incidentes que son muy largos de contar. Y es que, viendose él como secuestrado por sus cadíes hasta el punto de no tener de rey más que el nombre, quiso obrar por sí mismo y deshacerse de la tutela mencionada. Empezó, en efecto, a obrar por su cuenta, prescindiendo de los cadíes; parte de estos, a su vez, se decidieron a obrar por la suya, prescindiendo de él, lo cual dió lugar a que entre unos y otros ocurriesen numerosas cuestiones. Los cadíes, al verse deshauciados por el sultán, tomaron a su hermano Mohamed, que era de menos edad que él y lo proclamaron rey, lo cual hizo que prendiese el fuego de la guerra civil. 

“Fragmento de la época sobre noticias de los reyes nazaritas o capitulaciones de Granada y emigración de los andaluces a Marruecos”, Ed. y trad. A. BUSTANI y C. QUIROS, Larache, 1940, p.3. 

Problemas económicos del rey de Granada:  

 (…) El rey de Granada Muley Abulhacen estaba cargado de deudas después que aniquiló o sometió a los enemigos de su reino; y como se propusiera disminuir el poderío de los nobles más opulentos, quiso descargar este peso sobre los más ricos y adinerados mediante el decreto de que las posesiones y heredades que algunos tenían antes de que el reinara fueran devueltas en virtud del derecho real —según el veía— que, afirmaba, otros reyes habían sino conservar, o habían obrado con negligencia en el uso de sus derechos de preferencia en cuestiones hereditarias, o habían abusado con prodigalidad de la parte hereditaria que por ley correspondía a la majestad real. Entre los granadinos agarenos se tiene al rey por heredero de cualquier difunto si éste carece de hijos. Si, por el contrario, le quedan hijos, el rey es copartícipe en igual cantidad que la que percibió cualquiera de ellos. Esta, en algunas ocasiones, los reyes la destinaron a hombres beneméritos o la distribuyen generosamente entre sus favoritos. Pero ahora, el mismo Abulhacen, yendo de lugar en lugar con su poderoso ejército se adjudicó las posesiones y fincas de esta naturaleza; removió a los gobernantes de la mayoría de ellas, y no se comportó con la misma generosidad que los demás reyes con los vecinos de aquellos lugares ni con los moros forasteros que los granadinos llamaban “gomeres”, sino que a muchos de ellos los sacó de sus confortables castillos para enviarlos a otras moradas menos espaciosas. 

“Cuarta década de Alonso de Palencia”. Estudio, texto y traducción de J. LOPEZ DE TORO, Madrid, 1970-74, II, p. 181.  

Causas de la caída de Granada según los musulmanes: *

 Es sabido que los cristianos no hubiesen tomado revancha sobre los musulmanes, ni lavado de sí mismos mancha alguna, ni destruido vivienda ni casa de al-Andalus, ni les hubiesen arrebatado todas sus ciudades y comarcas a no facilitarles todo esto las causas de la discordia interior, su empeño en suscitar entre los muslimes la lucha y divisiones internas, en producir entre sus reyes el dolo y la traición, y mantener entre sus defensores la perfidia y la doblez en medio de la guerra civil destructora. 

M.GASPAR Y REMIRO, “Presentimiento y juicio de los moros españoles sobre la caída inminente de Granada y su reino en poder de los cristianos”, Revista de Estudios Históricos de Granada y su Reino, I-1 (1911), p. 151.

 

Corona de los reyes visigodos, muy semejante en su diseño a la de los emperadores bizantinos.

Corona de los reyes visigodos, muy semejante en su diseño a la de los emperadores bizantinos.

   
  
  F. Javier Villalba Ruiz de Toledo 

*Existe una serie de tres gruesos volúmenes dedicados al estudio de esta leyenda. Creo recordar que su autor es Ramón Menéndez Pidal.

*He copiado en rojo este fragmento para esclarecimiento y mejor comprensión de las causas que determinaron la caída del reino moro de Granada y el fin de la ocupación musulmana en territorio español. 

 

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

INFORMACIÓN SOBRE UNICORNIOS

NOTA: He encontrado este material sobre la Tapicería del Unicornio, que contiene revlaciones sorprendentes sobre la historia de esos tapices, y la reproduzco aquí. El blog original, http://unicorniodelana.blogspot.com/2014/05/un-maravilloso-tapiz-la-fuente-de-la.html, contiene numerosas ilustraciones sobre el tema, que son de gran belleza. Sugiero que consultar ese sitio es mucho mejor que leer lo que sigue, pero no me puedo resistir a rebloguearlo. Espero que el señor Espinosa tome mi atrevimiento como una muestra de fervorosa admiración por su trabajo.

Un Maravilloso Tapiz: La Fuente de la Gracia o el Unicornio de Durango Por Alberto Espinosa (Tercera Parte)

VI.- La Transformación del Conjunto Cultural Durango El Conjunto Cultural Durango, sede del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED), albergó por 12 años (1998-2010) en la Pinacoteca Virreinal del Estado un misterioso tapiz, conocido como “La Fuente de la Gracia”. Cuando se remodelaron las instalaciones para dar lugar al Centro de Convenciones Bicentenario, inaugurado en 2010, se desmontaron una serie de museos y galerías de arte que ahí se albergaban, durante la gestión de Luis Ángel Martínez Diez como director del ICED. La infraestructura cultural de Durango sufrió así una afectación considerable, pues e perdieró el foro de conferencias “María Elvira Bermúdez” y dos galerías de arte, quedando sin paradero las colecciones de objetos de los Museos del Cine y de la Fotografía, también desaparecidos, y los Archivos Históricos de Durango, a cargo de Gavino Martínez, así como la colección de objetos del Museo de la Revolución “Domingo Arrieta”, el cual también se extinguió. Al poco tiempo, en el año de 2012, siendo el director del ICED la ingeniero Corín Martínez y habiéndose trasladado su sede del Conjunto Cultural Durango a una casona moderna en la Cerro de la Cruz #122, en el fraccionamiento Lomas del Guadiana, la colección de objetos de la Pinacoteca Virreinal, dentro de la cual se encontraba el maravilloso tapiz, fue llevada al Mueso Gurza, bajo la dirección de Liliana Salomón, permaneciendo ahí, en una sala muy angosta, durante aproximadamente ocho meses. Salvo “La Puerta de los Evangelistas”, exhibida durante un tiempo en la Ex Hacienda de Ferrería y que hoy en día al parecer se encuentra en las oficinas del Centro de Convenciones Bicentenario, las restantes piezas de la colección no se han vuelto a ver, desconociéndose hasta la fecha su paradero.

[1]

<!–[endif]–>

Sin embargo, gracias a información de último momento, sabemos que El Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, a través de su Directora la Maestra Carmen Pérez García informó el día 29 de mayo de 2014, en la conferencia “Nuevos paradigmas: a 50 años de la Carta de Venecia”, celebrada en el castillo de Chapultepec, México, qué el Tapiz qué fuera atribuido da un origen flamenco del Siglo XVI, conocido como “La Fuente de la Gracia”, fue llevado desde Durango México, a sus instalaciones, para un proceso de conservación y restauración, el cual está totalmente concluido y en breve será devuelto. La Maestra Carmen Pérez García menciono en la misma conferencia que se trata de una copia, muy bien realizada, del Siglo XIX, y que no es del Siglo XV o XVI como se había supuesto, pero que fue realizado con gran técnica de manufactura. La Pinacoteca Virreinal se inauguró el 17 de agosto el 1998, siendo el tapiz “La Fuente de la Gracia” la pieza reina de la colección, cuando iniciaba sus funciones como director del ICED en Maestro Don Héctor Palencia Alonso –quien un año antes, en 1997, había logrado que el tapiz se incluyera en dicha colección, cuando desempeñaba el cargo de Director de Asuntos Culturales de Durango (dependencia de la SEP). Durante algún tiempo no se supo a ciencia cierta la fecha de aquella obra de arte, atribuyéndola Clara Bergelini a una reproducción del Siglo XVIII o XIX. No fue sino hasta el año de 1999 que el Arquitecto Jaime Ortiz Lajus comunicó por medio de la prensa que se trataba de un tapiz del siglo XVI, una joya medieval, relacionado con la famosa serie de 6 tapices del Museo de Cluny, de París, conocidos como “La Dama del Unicornio” –siendo el tapiz de Durango el más grande de toda la colección. El gran tapiz había formado parte de una serie de objetos que ornamentaban la Ex Hacienda de Ferrería, la cual fue expropiada por decreto en 1989, por el gobierno de Durango, durante la administración del gobernador José Ramírez Gamero (1986 a 1992), debido a que su dueño, de origen alemán, Gerhard Mertins, un ex policía nazi, había resultado involucrado en un oscuro negocio de tráfico de armas a Centroamérica, siendo señalado además como asesino intelectual de un reconocido periodista. Se ha conjeturado que el tapiz formaba parte de un botín de guerra alemán. Lo que sabemos es que el tapiz llegó a Durango a mediados de los años 70´s, enrollado como un fardo, en un vuelo aéreo, no se sabe con exactitud si procedente de Nueva York, Chicago o Tlaquepaque. El guitarrista Rosalío Salas Ceniceros afirma que fue comprado entre los años de 1974 o 1975 en “La Casa Antigua de México, en Tlaquepaque, Jalisco, por él y John Miegs, por la cantidad de 5 o 10 mil pesos, cuando la Hacienda de Ferrería pertenecía al millonario industrial Roberto O. Anderson. A los dos o tres años la Hacienda de Ferrería de las Flores fue vendida por Anderson a Gerhard George Mertins, estando el tapiz en su propiedad durante aproximadamente 12 años, hasta que ésta fue expropiada. VII.- Historia de un Traficante de Armas Así, lo único que sabemos con certeza es que el tapiz “La Fuente de la Gracia” llegó a la Ex Hacienda de Ferrería de Durango a mediados de los años 70´s, tiempo en el cual la Ex Hacienda perteneció a Roberto Anderson y luego a Gerhard Mertins, hasta que 1989 fue expropiada por el gobierno del pueblo de Durango junto con todos los objetos decorativos que contenía, entre los cuales figuraba el tapiz. Por su parte, Gerhard George Mertins (Berlín, 30 de diciembre de 1919-Florida, 19 de marzo de 1993), murió en Florida, en los Estados Unidos, a los 75 años de edad. Creció en Berlín, y durante la 2ª Guerra Mundial fue miembro de la Wafen SS armadas, el cuerpo d élite de las “Escuadras de Protección” (Schultzstaffel), dirigidas por Heinrrich Himmler (Reichsfuherer SS) –algunos de cuyos líderes fueron juzgados en Núremberg por crímenes y atrocidades de guerra y por delitos contra la humanidad, declarando a las Waffen SS parte de una organización criminal e inmediatamente abolidas. Mertins sirvió bajo la órdenes de Otto Skarzeny (Viena, 12 de junio de 1908-Madrid, 7 de julio de 1975), el famoso líder de la SS quien, junto con dos oficiales más, lograron la liberación de Benito Mussolini de su prisión, en el castillo de Gran Sasso, Italia, el 12 de septiembre de de 1943.

[2]

<!–[endif]–>

Mertins fue comandante del 4º Batallón de Paracaidistas y recibió los reconocimientos de la Cruz Alemana de Oro en 1943 y la insignia de los Caballeros de la Cruz (Cruz de Hierro) en 1944.

[3]

<!–[endif]–>

Después de la guerra y junto con su otrora jefe Otto Skorzeny, Mertins fundó en 1963 la empresa Marez, A.G., en Vevey, Suiza, para la exportación de armas alemanas (de la República Federal Alemana) al extranjero. El coronel Manuel Contreras, de la policía secreta (DINA) de Augusto Pinochet, tuvo como socio a Mertins en su expedición a Irán, relacionándoselo también con la tercera fase de Operación Cóndor en 1976. El ex oficial alemán Gerhard Mertins fue uno de los más importantes traficantes de armas a nivel mundial, y el principal aliado internacional de Paul Schafler (Trisdarft, 4 de diciembre de 1921-Santiago de Chile, 24 de abril de 2010), ex oficial nazi líder de la Colonia Dignidad, en Chile –secta neonazi que trabajó en la Villa Bebiera de 17 mil hectáreas desde los años 60’s, siendo desmantelada en los 90´s por abusos sexuales y por secuestrar y torturar a opositores de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), cargos a los que se añadieron los de trata de blancas y esclavitud. Gerhard Mertins fue efectivamente traficante de armas, realizando negocios ilegales de armamento muy sofisticado en todo el mundo, especialmente a Centroamérica y medio oriente, desde 1950 hasta su muerte. En 1989 tuvo que huir de México, al ser relacionado con el asesinato del periodista Manuel Buendía en 1984 y con el tráfico de armas, quedando Carlos Subel Honzik a cargo de sus negocios en México.

[4]

<!–[endif]–>

VIII.- El Descubrimiento de los Tapices de Paris Los más célebres tapices del mundo fueron manufacturados en Flandes. Las dos series más famosas versan sobre el unicornio, estando la primera serie, “La Dama del Unicornio”, resguardada en una galería especial en el Museo de Moyen Age Thermes de Cluny, en París; la segunda serie “La Caza del Unicornio”, está depositada en los Cloisters del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El Tapiz “La Fuente de la Gracia” expropiado a Mertins en 1989 pertenece a la primera serie “La Dama del Unicornio”, siendo el séptimo y el más grande de todos ellos. La serie “La Dama del Unicornio” de Cluny fue realizada en Flandes, entre 1480 y 1490, encargada por la familia La Rochefoucauld para las bodas de Jeanne de la Roche Ayman, la heredera de Jean IV le Viste, y Francois de Rilhac, yendo a parar los tejidos al castillo de Boussac, propiedad de Jean le Viste. Fueron descubiertos en el año de 1841 por Prosper Merimée. La escritora Lucila Aurora Dupin, mejor conocida como Georges Sand, la amante feminista de genial pianista polaco Federico Chopín, fue la primera intelectual que se ocupó de ellos, señalando la existencia de ocho tapices con el tema del unicornio y escribiendo una novela teniéndolos como tema: Jeanne. En el año de 1844, a partir del estudio del peinado de la dama y del exotismo del león y del unicornio, dedujo que se trataba de una historia romántica imbuida de renuncia y espiritualidad. Posteriormente, Edmond Du Sommerard, conservador del Museo de Cluny, los reclamó, señalando la existencia en el castillo de sólo seis tapices, urdidos con lana y seda, los cuales fueron trasladados al Museo de París en el año de 1882, iniciando una serie de estudios y declarándolos monumentos históricos de Francia. Por su parte, la otra serie de seis tapices, conocida como “La Caza del Unicornio”, hoy en día en el Museo de los Claustros de Nueva York fue realizada en Flandes, entre 1495 y 1505, y perteneció a la familia La Rochefoulcauld. Recién fallecido Francois IV de la Rochefoulcauld en 1680 se inventaría entre los bienes la colección, trasladándola entonces al castillo de Verteuil. Entre 1793 y 1794 la serie se salvó milagrosamente del Comité Superior de Seguridad Pública de la Comuna, el cual, al calor de la nueva fe y en el terror de la Revolución Francesa, tenía la consigna de destruir las obras de arte que fuesen o portasen signos de aristocracia y monarquía, escapándose la obra del nuevo fervor por considerar que sólo “contenían historias”. El castillo, ocupado por los mandos medios jacobinos, pronto cayó en la ruina y a principios del siglo XIX fue saqueado por los campesinos de la región, quienes tomaron los tapices para cubrir los hatos de papas de las heladas, con cuyo abuso el tapiz “La Misteriosa Casa del Unicornio” quedó dañado al punto de sólo poder recuperarse dos fragmentos de la pieza. En 1856 Hippolyte de la Rochefoulcauld reconstruyó el castillo de Verteuil, restaurando también los 6 tapices preservados y los fragmentos del restante. Para 1922 Aimery de la Rochefoulcauld vende los seis tapices completos a John Rokefeller Jr., quien los instala en una sala especial de su residencia en la 5ª Avenida de Nueva York, hasta que finalmente fueron trasladados en 1937 al Museo de los Cloisters, al norte de Manhatan. Dos fragmentos más del séptimo tapiz, asegurados por Gabriel de la Rochefoulcauld, fueron finalmente adquiridos en 1936 por William H. Forsyth, curador del Departamento de Arte Medieval del Metropolitan Museum of Art y añadidos al conjunto original en año de 1938 en los Cloisters.

[5]

<!–[endif]–>

Hay que agregar que existe otro tapiz más sobre el unicornio en los Estados Unidos, en el Museo de Paul Getty de California, llamado “El Asesinato del Unicornio”. IX.- Los Tapices de Flandes La edad dorada de la tapicería flamenca se desarrolló en los siglos XV y XVI, época en que los talleres de Arras, Tournai y Brucelas mantuvieron un alto nivel de ejecución y producción. Los paños de gran tamaño fueron absorbidos ávidamente en todas las casas reales de Europa, especialmente por la Corana, la Iglesia y la Nobleza, debido a su altísima calidad técnica y artística. Muchos de esos tapices tuvieron a España como destino, pues hay que recordar que por el tratado de Arras en 1482 pasó Flandes a ser dominio de la corona de Maximiliano I, heredando el reino posteriormente los Asturias españoles. Es sabido que la reina Isabel la Católica llegó a poseer una colección de más de 350 de esos paños y que su hija Juana y Felipe el Hermoso, así como posteriormente su hijo Carlos V, tuvieron a su servicio al más famoso tapicero de la época, al bruceles Jean Van Aelst. Los tapices además de ser objetos ornamentales y motivo decorativo eran signo externo de status social y de buen gusto, cumplían además con una función utilitaria, pues eran usados para paliar el frío despedido por los muros de los castillos y palacios de roca de la época. Lo habitual era encargar para su elaboración series de tapices sobre un tema unitario, ya fuese bíblico o religioso, histórico, alegórico o literario, siendo más bien raros los encargos de tapices únicos, de tal manera que cuando aparece un tapiz aislado frecuentemente se debe a su desprendimiento del resto de la serie. Son famosos, por caso, los cuatro paños sobre la “Guerra y Destrucción de Troya”, donados en 1608 por el Conde de Alba a la Catedral de Zamora. Los magníficos tapices flamencos eran encargados para premiar servicios especiales, hacer donaciones pías a catedrales y monasterios o como suntuosos regalos de bodas. La célebre factura de tapices llamados “gobelinos” fue fundada por el tintorero Gil Gobelin, quien a partir de 1535 hace célebre su taller en el Barrio de San Marcos de París adoptando los tapices esta denominación por haber logrado fijar en ellos el rojo escarlata, cuya tintura roja los vuelve inconfundibles. A finales del siglo XVI empiezan a denominarse “gobelinos” todos los tapices tejidos en el barrio, nombre que de París no tarda en universalizarse hasta volverse sinónimo de cualquier tapiz francés, al grado que son adquiridos los talleres por Luís XIV y la Corona francesa en el año de 1662. También fueron fabricados en el norte de Francia, en Flandes, en Touraine, Brucelas y en Brujas. En la actualidad casas de reconocido prestigio se dedican a la manufactura de gobelinos en España, siguiendo en todo la tradición de los telares de los siglos XII a XVIII, cuya técnica consiste en realizar piezas en telares no mayores de un metro cuadrado, tejiendo la composición por zonas y respetando el contorno de la figura para no interrumpir en la costura la unidad de las tareas, respetando el sistema seguido por siglos. Los más célebres tapices del mundo fueron manufacturados en Flandes y son las dos famosas series sobre el unicornio. Se trata de la serie “La Dama del Unicornio” resguardada en una galería especial en el Muse de Moyen Age Thermes de Cluny, en París. La segunda serie, “La Caza del Unicornio”, está depositada en los Cloisters del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. X.- La Serie del Cluny El solitario tapiz “La fuente de la Gracia” o “El Unicornio de Durango”, es el de mayores dimensiones de todos los que integran la serie del Cluny, procede de Flandes, hoy territorio de Bélgica. En un principio se pensó que se trataba de una magnifica reproducción del siglo XIX, a juicio de Clara Bergellini y Elisa Vargas Lugo. Pero luego la perito Pilar Muñoz acreditó que era una pieza original del siglo XV, juicio confirmado por el crítico de arte medieval Jaime Ortiz Lajous, autoridad en el tema, quien fue el primero en observar que el tapiz de Durango es de la misma factura que los de Cluny. Por su parte los especialistas del Centro Nacional de Conservación y Obras de Arte del INBA establecieron mediante peritaje técnico que es un tapiz original y que data de finales del siglo XV o principios del siglo XVI –estando el color “rojo indio” de la base notablemente alterado por el paso del tiempo, siendo probablemente su original color natural el buscado tinte rojo escarlata. La pieza reina de todas las colecciones es el tapiz que se encontraba en Durango, en la Pinacoteca Virreinal del ICED, porque todos los otros gobelinos sólo alcanzan la tercera parte de su tamaño. La serie de tapices del Cluny, cuya confección responde al estilo “mil flores”, son una alegoría de los cinco sentidos. Sin embargo, esa interpretación no deja de ser problemática, porque hay un sexto tapiz, el cual se referiría un sexto, sentido, misterioso, cordial, que sería el deseo. El último tapiz de la colección del Cluny ostenta además una leyenda en la parte superior de la tienda de campaña: “A Mon Seul Desir” (“A mi único deseo” o “A la única que amo”). El séptimo tapiz de la serie, exhibido en la Pinacoteca Virreinal de Durango durante 12 años (de 1998 a 2010), ostenta en su parte superior o cresta otra leyenda, que reza: “Hinc Mihi Salu.” (cuyo significado no sería “Aquí te saludo”, como se pensó por algún tiempo, sino más bien “De ahí mi salvación”), pues es bien sabido que el unicornio es un poderoso símbolo del cristianismo –pero también de la filosofía alquímica.

[6]

<!–[endif]–>

En la serie de tapices del Cluny hay ciertas variantes significativas. La más notable, que la figura de la dama cambia de tapiz a tapiz. Por otra parte, aparece el escudo de armas de las tres medias lunas en oro en varios de los tapices: una vez en “La Vista”, dos veces en “El Oído”, tres veces en “El Tacto”, cuatro veces en “El Gusto” y cinco en “El Olfato”. En el sexto tapiz conocido como “A mon seul decir” aparece tres veces. El mismo escudo de armas de las tres medias lunas, perteneciente a la familia Le Visté, aparece una vez más en el tapiz “La Fuente del Unicornio de Durango”, el séptimo tapiz de la colección, el cual devela otros enigmas: en primer lugar, el escudo de armas del contrayente, que parece por única vez bajo la insignia de las tres cruces doradas .siendo la única obra en que aparece tal escudo heráldico. XI.- La Descripción y Simbolismo de La Fuente de la Gracia El gran tapiz de “La Fuente del Unicornio de Durango” exhibe siete figuras animadas principales: en el primer plano, luego del río por donde pasean dos cisnes blancos, destacan las figuras de dos mujeres tocando una, a la derecha del lienzo, el violochembalo, la otra, situada a mano izquierda, la vihuela, expresando con ello el refinamiento de la cultura y la nobleza de su condición social, siendo el primer simbolismo de la tela la altura espiritual y estatura de las costumbres. Frente a las dos damas se encuentra un perro y, detrás ellas, sobresalen las figuras de un león y de un unicornio, que sostienen con sus patas sendos escudos de armas. Un poco más atrás la fuente que da nombre al gobelino y en el último plano un exuberante jardín que se ahonda al fondo de la obra exhibiendo, con sus mil flores y los secretos animales que aparecen misteriosamente entre la flora, Y la corona de la obra en la cresta con la misterios leyenda “Hinc Mihi Salu.”. Todo en la indica que se trata de un trabajo cifrado en calve secreta y cuyo simbolismo mana de las fuentes del más alto esoterismo hermético: alquímico y gnóstico, pero también cristiano El tapiz “La Fuente del Unicornio de Durango” agrega una característica notable, pues el fabuloso equino, lejos de ser una forma independiente, como es el caso del león que sostiene el estandarte con el escudo de las tres lunas crecientes, es una forma derivada pues el cuaco misterioso literalmente emerge de la Dama, asomando así sólo su cuarto delantero y sosteniendo el estandarte de su casa real con el emblema de las tres cruces áureas. La imagen por sí misma remite así la pareja madre-hijo, específicamente a la relación de amor maternal y filial de María y Cristo. Así, la Virgen Madre, invocada como “figlia del tuo Figlio” por Dante Alighieri en la oración de San Bernardo, resulta a la vez “elegida” y “creada” por el Supremo Artífice: “Virgen Madre, hija de tu Hijo, la más humilde y alta de todas las criaturas, término fijo de la voluntad eterna, que has ennoblecido la humana naturaleza al grado que su Hacedor no desdeñó ser su obra.” (Canto XXXIII de la Divina Comedia) La imagen del unicornio herido que descansa en el regazo de la Virgen se ha interpretado bajo la especie del simbolismo de la comunión y de la herida en el costado de Cristo yacente en el regazo de la Pietá.

[7]

<!–[endif]–>

El símbolo del unicornio nos habla así de del alma humana hundida en la carne y el mundo, pero que es puesta, en in potentia, en relación con Dios. en el momento en que se sumerge en María como hijo; es decir en la virgo terra, que es la representante de la “materia” en su forma más sublime –siendo completamente liberada en el momento en que por medio del sacrificio el Hijo de Dios vuelve al Padre de nuevo. El reputado alquimista Ripey dice: “Pero en el regazo de ella estaba echado el león verde, de cuyo costado corría sangre”. Imagen que se refiere a la Pietá, pero también al unicornio herido por el cazador que es capturado en el regazo de la doncella o, según la interpretación de Nicolás de Cusa (De Simbólica Aegiptorum Sapientia), la manifestación de Dios encolerizado y vengativo que se ha apaciguado en el regazo de la doncella apresado por el amor. El león y el unicornio se hayan relacionados en la tradición medieval por ser el unicornio tan fuerte, feroz y cruel como el león. Por ello en Francia e Italia el unicornio fue llamado “licornu”, derivando este nombre de león (Castelano, Hermoso y Nuevo Discurso Histórico de la Naturaleza, Virtudes, Propiedades y Uso del Unicornio). El mito de la doncella y el unicornio ha sido trasmitido por Isidoro de Sevilla en su Liber Etimologiarum: “He aquí como se le caza: le ponen delante una doncella santa, y él salta al regazo de la doncella y la doncella calienta con amor al animal y le lleva hasta el palacio del rey”. El unicornio es comparado con un ciervo en su condición de cervus fugitivus, símbolo del spiritus vitae que da origen a la resurrección y está subordinado al oro, conjuntamente con el león, el águila y el dragón. Para Picinelo en su Mundus Symbolicus se trata de una imagen de Dios: “Dios terrible sobre toda ponderación, que se ha mostrado pacífico y manso después de haber entrado en el seno de la más bienaventurada de todas las vírgenes”. Si la doncella representa la parte femenina de Mercurio, el león y el unicornio, en cambio, la parte salvaje e indomable, la fuerza penetrante varonil del spiritus mercurialis (fuerza penetrante, varonil e indómita). El unicornio es un animal salvaje que tiene que ser amansado, pero al ser considerado un monstruo (en este sentido también un dragón) tiene una clave más elevada y más espiritual que la del león.

[8]

<!–[endif]–>

El unicornio tiene una viva análoga con el dragón, pues como animal del reino subterráneo permanece en gargantas y cavernas, refugiado en el desierto o en montañas elevadas o escondido en profundos cuchitriles tenebrosos entre sapos y otros animales repugnantes. Lo cual no es óbice para que, al igual que el Asno de oro de Bundahis, el unicornio represente el poder espiritual de Dios (Yahvé), manifestado bajo la forma de la feroz animalidad de la naturaleza, tanto dentro como fuera del ser humano y el cual, en una fase del proceso alquímico, ha sido llamado también el león verde (Lexicon o Leo viridis).

[9]

<!–[endif]–>

La fuente indicaría un espacio sagrado, un lugar donde se realiza el encuentro del ser humano con lo divino o donde lo sagrado se manifiesta en sus potencias sobrenaturales (kratofanía) o fuerzas sagradas (hierofanía). Sabemos por medio de la más acreditada tradición que en medio del paraíso terrenal se encontraba el árbol de la vida y de la inmortalidad escondido o “disimulado” entre los árboles. Con el árbol de la vida se ha identificado la fuente de la eterna juventud -afanosamente buscada durante la Colonia por el conquistador Juan Ponce de León en Florida. Se relaciona también con el penoso camino que va en dirección del “centro”, del “paraíso” o de la “fuente de inmortalidad”, que no sólo está sembrado de obstáculos, sino que también se encuentra custodiado por un guardia. El león se presenta entonces como el guardián del Castillo Misterioso, o un umbral de difícil acceso. El león, al igual que el dragón, es considerado tradicionalmente como un animal peligroso en extremo, simbolizando con ello en el tapiz su calidad de guardia, pero también el rejuvenecimiento del vigor, de las energías cósmicas y biológicas, presentándose entonces como símbolo de resurrección. La sonrisa del imponente felino, pero también su quietud y serenidad, nos hablan entonces de la nobleza y la alegría del saber divino.

________________________________________

<!–[endif]–>

 

[1]

<!–[endif]–>

La Pinacoteca Virreinal de Durango, de modestas dimensiones,, contenía una serie obras del periodo colonial mexicano de las cuales es posible mencionar las siguientes: 1.- Un par de casullas religiosas bordadas en oro y plata; 2.- La puerta de los Evangelistas, una talla en cedro, mexicana, del Siglo XIX, y las pinturas; 3.- Jesús en la Cárcel; 4.- San Juan Nepomuceno ; 5.- La Visitación de María Virgen; 6.- La Virgen del Carmen; 7.- Ánimas del Purgatorio, del Siglo XVII; 8.- El Ánima más Sola; 9.- San Felipe Neri, y; la Virgen del Refugio.

[2]

<!–[endif]–>

Otto Skarzeny debía su fama por el rescate de Mussolini, prisionero en el Hotel Campo Imperiale, en el pico más alto de los Apeninos, en la operación Greif o Roble de 25 de julio de 1943, cuando formaba parte de las Guardias del Lobo de Hitler en Prusia Oriental, siendo liberado el 12 de diciembre de ese año tras el aterrizaje de un grupo paracaídas, siendo condecorado por Hitler con la cruz de Caballero por tal hazaña. Era ingeniero, coronel austriaco de las Waffen SS, experto en operaciones especiales y acciones de espionaje y sabotaje a quien llamaban los nacionalsocialistas alemanes “Caracortada”, por una gran cicatriz que surcaba sus mejillas. Fue considerado el hombre más peligroso de Europa y como el principal operador de ODESSA en España, para ayudar a escapar a los líderes nazis a Francia, España e Italia, Argentina, Chile, Brasil, México y Paraguay. Fue piloto de la Luftwaffe y recibió la Cruz de Hierro por la campaña en Rusia en 1941. Perteneció a los Servicios de Inteligencia en la oficina central de operaciones del Reich, en Berlín y jefe de comandos en operaciones de guerra de guerrillas, sabotajes y secuestros. Fue juzgado en Núremberg resultando inocente; escapó a Madrid el 27 de julio de 1948, protegido del general Franco. Viajó a Bolibia y Argentina para organizar fuerzas de seguridad, relacionándose con Adolf Hechann y Josef Mengele, siendo posteriormente consejero de la junta de Juan Domingo Perón. Su autobiografía Luchamos y perdimos: Vivir peligrosamente fue un best seller, leído por soldados de Estados Unidos e Israel. Vivió por un tiempo en Mallorca y murió a los 67 años de edad en Madrid.

[3]

<!–[endif]–>

Después de la Guerra Mundial, Gerhard Mertins fue asesor de la Volks Wawen en Munich y cónsul militar en Egipto para el rey Saudy de Arabia. También fue asesor de la Mercedes Bens en Suiza, Londres y Wasinthon y promotor de las Organizaciones Juveniles de los Internados Estudiantiles hasta 1984. Tuvo muchas posesiones en Durango, entre otras fue accionista de Minera Rozard de Basis.

[4]

<!–[endif]–>

Manuel Buendía Téllez Girón murió asesinado el 30 de mayo de 1984 cuando un sicario le disparó cinco tiros por la espalda, huyendo en motocicleta sin ser molestado, en la esquina de Hamburgo e Insurgentes cuando el periodista se dirigía a su oficina en Paseo de la Reforma –mientras José Antonio Zorrila Pérez ordena vaciar las oficinas del Buendía, siendo titula de la Dirección Federal de Seguridad, quien es luego acusado del delito y pasa 19 años en prisión. Buendía denunciaba en sus columnas la injerencia de la CIA en México, al alemán ex nazi Gerhard Georg Mertins por tráfico de armas.

[5]

<!–[endif]–>

En el año 1925, John Rockefeller Jr. donó a la ciudad varias hectáreas de tierra. a orillas del Hudson, para la construcción de un museo que albergara la colección de arte medieval del escultor y coleccionista americano George Barnard, y algunas piezas de la colección personal del propio Rockefelle En 1930, Rockefeller le encargó al arquitecto Charles Collens la construcción del monasterio que alberga al museo actual, usando partes originales de distintas edificaciones medievales francesas, como el Monasterio de San Miguel de Cuixá o la comuna deSaint-Guilhem-le-Désert, entre otras. Estas partes fueron desmontadas ladrillo por ladrillo y llevadas en barco a Nueva York con el objetivo de ser usadas para la construcción de los Cloisters, ubicados en Tyron Park, New York. En los Cloisters se exhiben alrededor de 1.200 objetos y obras de arte pertenecientes a la Edad Media (siglos XII al XV). Una de las obras más destacadas de la colección es la serie de tapices de la Caza del Unicornio (The Unicorn’s Hunt). Se trata de una secuencia de tapices de origen holandés fechados entre 1495 y 1505, que muestran con exquisito detalle la historia mítica de un grupo de cazadores que persiguen a un unicornio para cazarlo.

[6]

<!–[endif]–>

Los tapices pueden interpretarse como una serie de alegorías del proceso alquímico, para la obtención del oro non vulgui, relacionándose con las fases del proceso alquímico, específicamente con la restitutio de los sentidos en la etapa del nigredo, pero también con “año filosófico” y las seis orejas llenas de agua de vida y a los siete cuernos del León Verde. La Dama sería un símbolo de la Virgen en su faceta de Madre Tierra en todo su esplendor, pureza y fertilidad, al estar rodeada por los elementos de la Naturaleza. refiriéndose el conjunto entero a la “mística de la luz”. Para el simbolismo alquímico el Unicornio sería una alegoría, más que de Cristo, del Antrophos gnóstico, siendo su cuerno un arma de defensa de los más puros valores de la caballería, tales como la castidad, pero también de la dignidad y de la nobleza, de la amabilidad y de la belleza, con los que protege a otros animales contra la furia de sus enemigos, representando el cuerno una especie de verga frontal, símbolo de “fecundación espiritual”. Representación críptica, pues, en la que el León representa el azufre y el Unicornio el mercurio alquímico, teniendo como función complementaria la defensa de la Dama.

[7]

<!–[endif]–>

La escultura de Pietá del Vaticano, conservada en la Basílica de San Pedro, labrada por Miguel Ángel Buonarroti, florentino, entre 1497 y 1499, representa a la Madre de Cristo de edad juvenil y a Jesús como un adulto resaltando con ello su humanidad sujeta a los efectos de la mortalidad.

[8]

<!–[endif]–>

En lo que se refiere a la figura del dragón, en tanto el símbolo gráfico más antiguo de la alquimia, aparece como ouróboros: como la serpiente que se muerde la cola o espíritu creador del mundo escindido o preso en la materia, expresado por la “obra” o el “círculo” (la “rueda de mercurio”), que procede de una cosa y vuelve al uno, como el dragón que se devora la cola.

[9]

<!–[endif]–>

El unicornio y el león aparecen juntos en el escudo real de armas de Inglaterra –pero también en las Bodas Químicas de Rosencreutz, en donde aparece un unicornio blanco como la nieve haciendo la reverencia a un león. Para la alquimia, en efecto, ambos son símbolos de Mercurio, al igual que el águila y el dragón; en la simbología cristiana alegorías de Cristo o del Espíritu Santo. En efecto, el unicornio y el león señalan las tensiones opuestas al interior del Mercurio, que es a la vez materia y sin embargo espíritu, frío y sin embargo ígneo, veneno y sin embargo bebida de salvación: un alexipharmacon (medicina) y un veneno (ios o tintura roja). Símbolo unificador de los contrastes, pues, que de ser hermafrodita inicialmente se separa en los elementos para formar la pareja hermano-hermana, unirse en la coniunctio o bodas químicas y reaparecer finalmente resplandeciente en la figura de la lumen novum o lapis.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

“ME VENGARÉ LLORANDO”

Esta frase es de José Martí. Desde que la descubrí no he dejado de pensar en ella y en el hombre que la escribió cuado aún era muy joven. Tengo mis propias ideas sobre los verdaderos sentimientos de Martí acerca de ciertas cosas. La verdad es que yo también siento  un  rechazo no mensurable hacia las deformidades morales de la especie a la cual pertenezco, y tengo también la incurable sensación de que, lejos de mejorar como seres humanos, cada día seremos peores, porque cuesta abajo la carrera es imparable. Pienso que hay esfuerzos hermosos y dignos, pero aislados y con un poder diminuto para impedir la catástrofe o revertir sus efectos. Estoy en contra de muchas, muchas cosas que hacen que el hecho de despertar cada día sea para mí un suplicio. Estoy en contra de la guerra, no me importa quién la haga ni por qué. Estoy en contra del abuso del más fuerte y de la vulnerabilidad de quienes no se pueden defender, aunque no sean precisamente débiles. Estoy en contra del  acoso moral. Estoy en contra de la depredación a que estamos sometiendo el planeta. Estoy en contra de las ideologías que conducen al fanatismo, pero sobre todo estoy en contra del fundamentalismo islámico, porque creo que es el peor peligro que afronta el mundo en este momento. Estoy en contra de la inferioridad forzosa que padece la mujer en la sociedad, incluso en la sociedad occidental. Estoy en contra de todas las formas de prostitución del cuerpo y del espíritu. Estoy en contra de todas las influencias manipuladoras, vengan de donde vengan, porque son un atentado a la libertad individual y la libertad de pensamiento. Estoy en contra de los médicos que cosifican a sus pacientes y de los que niegan a los dementes la condición humana. Estoy en contra de los oportunistas que acaparan espacios y secuestran el oxígeno para asfixiar a cualquiera que pueda hacerles sombra, conducta criminal que desgraciadamente siempre queda impune, aunque deje a su paso un reguero de víctimas. Estoy en contra de la impureza de intención. En fin, la lista de cosas que me hacen casi insoportable vivir es un poco larga y no voy a continuarla aquí. Soy impotente para cambiar ni una sola de las circunstancias que me atormentan y convierten este mundo en un estercolero. Como no tengo a dónde huir, me voy al pasado, porque el futuro será para el alma una cárcel mucho peor que el presente. Me largo a llorar al pasado y a los mundos exóticos, como hizo Julián del Casal, porque mi mundo es un asco y otra clase de venganza no me está permitida, y además, yo no creo en el mejoramiento humano, uno de los pocos puntos en que disiento de Martí. Y como soy una escritora, lo que llore siempre se convertirá en palabras. Por eso publico aquí los dos artículos que escribí para la revista mexicana Variopinto. No faltarán “los sospechosos de siempre” que los califiquen de pataletas. Como de costumbre, no me importa. Creo con la mayor sinceridad que el choteo es la maldición de Cuba y su mal incurable, y que nos aniquilará como nación un día.

 

LA DIMENSIÓN ENSOÑADA

Para mi hija Cynthia.

Para los unicornios acorralados.

 

En 1977 mi profesor de Literatura auguró que el espíritu del  Romanticismo regresaría en

Unicornio cautivo. Tapiz

Unicornio cautivo. Tapiz

tres décadas, como reacción a una modernidad cuyos íconos son la Guerra de las Galaxias, el consumismo digitalizado, las drogas y el dominio malvado de la genética. Mis condiscípulos, fanáticos de Sartre y de Camus, sonrieron escépticos. Hoy, una mirada superficial sobre Occidente nos haría creer que no hubo cambios, pero si atendiéramos mejor ciertas señales que asoman por doquier, descubriríamos que junto a la despersonalización materialista del hombre actual, crece en él un espacio secreto donde germina el ansia de lo sagrado y del retorno de un código ético que ennoblezca las relaciones humanas; de la sed de Belleza en su expresión más elevada, y de una música y una poesía que dejen de atronar los oídos y despierten a los dioses dormidos. El mutilado hombre moderno recién comienza a comprender que el amordazamiento de su espíritu le ha condenado a una fatal incompletud.

La rebelión comenzó con los románticos alemanes, pero cristalizó en el Londres decimonónico, cuando tres estudiantes de Arte reaccionaron contra la enseñanza de una pintura academicista y oscura, reflejo del rígido código moral victoriano. Para ellos el arte verdadero, con su pureza de formas y sentimientos, había que buscarlo antes de Rafael, en la ética caballeresca del Medioevo, sin hipocresías ni falsos postulados moralizantes, en su epicidad y en su grandeza. Creían firmemente que la tecnología aniquila los paraísos interiores del Hombre, y procuraban una vuelta a la religiosidad y la simplicidad de otros tiempos. En 1848 Dante Gabriel Rossetti, John Everet Millais y William Holmant Hunt fundaron sobre esos principios la Hermandad Prerrafaelita, sin sospechar que ese gesto inauguraba un renacimiento en la historia espiritual de la humanidad.

     Influidos por Dante, Shakespeare, Keats, Tennyson y Coleridge, pero muy en especial por William Blake, los prerrafaelitas no rechazaron las fuentes grecolatinas, pero bebieron sobre todo del riquísimo acervo cultural del mundo celta pagano y celtocristiano o tardomedieval, que los fascinó con su inmensa carga simbólica, fantástica y lírica. Uno de los primeros cuadros de la Hermandad que atrajo la atención de la crítica fue La muerte de Ofelia, de Millais, basado en uno de los más célebres personajes trágicos del teatro isabelino. El hiperrealismo de la obra sedujo a los críticos, pero lo que en verdad nació con aquel óleo fue un concepto de la feminidad que se convirtió en uno de los estandartes del prerrafaelismo. Elizabeth Siddal, humilde sombrerera que sirvió de modelo para Ofelia, se convirtió en la musa inspiradora de la Hermandad. Ella fue la esposa de Rossetti, y su rostro aparece en sus mejores obras, como Beata Beatrix, donde la pintó después de muerta. Haciendo honor a su credo de amor cortés, Rossetti enterró con ella su libro de sonetos, que recuperó años después en una aventura macabra, para ofrecerlo a Jane Morris, otra de las musas prerrafaelitas, con quien, se dice, sostuvo una relación culpable, pues era la esposa de su amigo William Morris, pintor, diseñador e ilustrador, fundador de la famosa escuela Art and Craft, un taller donde se negaba el concepto de producción en serie para fabricar, por métodos artesanales, objetos únicos inspirados en modelos medievales. Por ese rupturismo, los prerrafaelitas se convirtieron en los primeros vanguardistas, y precursores de algunos de los más importantes movimientos de la historia del arte: el Art Nouveau, el simbolismo, el decadentismo y el modernismo.

Hazañas heroicas, amor cortés, pureza de intención. La Edad Media idealizada (Holy_Grail_Tapestry_-The Arming and Departure of the Kniights, óleo de la escuela prerrafaelita)

Hazañas heroicas, amor cortés, pureza de intención. La Edad Media idealizada (Holy_Grail_Tapestry_-The Arming and Departure of the Kniights, óleo de la escuela prerrafaelita)

     El imaginario medieval idealizado del prerrafaelismo influyó poderosamente en la gestación de dos de los fenómenos característicos del clima cultural de finales del siglo XX y comienzos del XXI: los revivales celta y gótico que, combinados con otras corrientes de pensamiento, dieron lugar a lo que hoy conocemos como New Age. Los bailes de Riverdance, la música de Enya y Loreena Mckennit, y las sagas literarias de Tolkien resucitaron el aura de una cultura espléndida, donde la mujer fue figura principal en el grupo social y objeto supremo de adoración de reyes, guerreros, sacerdotes y bardos, un arquetipo en el que encarnan la Maternidad, la Poesía, la Belleza y la magia de lo feérico. Mujeres de elevada estatura y esbeltez inmaterial, cabello abundante de un rubio broncíneo o un rojo de fuego, bello rostro de ojos inmensos y en ocasiones sombríos, cuello de cisne, boca pequeña y sensual perfilada en rictus inocente o perverso, y manos delicadas, pero capaces de erotismo y de muerte. Ora lánguidas y sensuales, ora indefensas y frágiles, pero siempre divinas criaturas acomodadas en un imaginario de mármoles suntuosos, estancias de castillos, ricas pieles, túnicas develadoras del cuerpo íntimo adornado con joyas fulgurantes, sofisticados instrumentos de música, manuscritos exóticos y una naturaleza lujuriante que toma la forma del jardín cerrado, el hortus conclusus devenido símbolo de la esencia femenina.

     Rompiendo barreras epocales y culturales, este imaginario conjunto de lo femenino y lo caballeresco celtomedieval se filtra en las obras de Tolkien, muy en especial en la polémica saga El señor de los anillos, señalada por encuestas como el mejor libro del siglo XX, y cuya cifra de ventas puede estar acercándose hoy a los cien millones de copias; en la música de la soprano catalana Montserrat Figueras, figura cimera en la resurrección de la música antigua históricamente informada y una de sus más destacadas intérpretes, cuyo disco Lux feminae ella dedicó a la exaltación de la mujer medieval; en el retorno del instrumentarium antiguo, donde destacan el arpa gótica y el cláirseach o arpa tradicional irlandesa, estudiados hoy con renovado fervor y ya con una discografía impresionante; y en una vasta y significativa filmografía que incluye títulos como Excalibur; El señor de los anillos, Leyenda, Crónicas de Narnia, Picnic at Hanging Rock, Tess, Drácula, El perfume, Las alas de la paloma, y otras obras donde resulta evidente la deuda estética en el tratamiento de escenografías y personajes —sobre todo femeninos—, con las obras de los prerrafaelitas Millais, Waterhouse y Burne-Jones. En Las alas de la paloma, en medio de una escenografía netamente Art Nouveau, destaca el tratamiento del personaje protagónico, Millie Theale, cuyo vestuario y espiritualizada gestualidad denotan su íntima filiación con las creaciones femeninas del prerrafaelita Alma Tadema y sus discípulos Sandys y Godward. En la versión de 2004 de El fantasma de la Ópera, impera en los decorados una atmósfera celtomedieval que lleva el sello inconfundible del compositor Andrew Lloyd Weber, uno de los principales coleccionistas mundiales de arte prerrafaelita.

Festivales medievales, pueblos donde se vive como en los tiempos del rey Arturo… ¡Sí! Nostalgia confesa por un pasado de gloria, encantamiento y poesía, sed de nobles ideales y comunión con Lo Divino, paraíso perdido del homo actualis; rechazo al frío arquetipo del hombre y la mujer modernos vs. anhelo de la hechicera Hécate y la virgen Liadami, del caballero fiel y el bardo apasionado. Época de gigantes. Así lo sintió el cineasta italiano Luchino Visconti, conde de Lonate Pozzolo y heredero de un antiguo linaje del siglo XIII, cuando sentenció antes de morir en 1976: “El mundo presente es tan feo y gris, y el mundo venidero, tan horrible e innoble…”.

 

LA CAZA DEL UNICORNIO

Para Benigno Delgado Hernández, el hombre de los claustros

 

Regla número uno para atrapar un unicornio: que la víctima confíe. Tapiz medieval

Regla número uno para atrapar un unicornio: que la víctima confíe. Tapiz medieval

La pérdida de valores éticos y el deterioro acelerado de la condición humana son temas recurrentes en nuestros días. Se enciende la televisión, se lee un diario, se va a una conferencia o a un corro de pasillo y ahí están las voces apocalípticas anunciando el fin de la civilización porque el hombre se ha vuelto una criatura demasiado perversa. Como si de repente, igual que se le desprende un velo a una bailarina y queda desnuda en el escenario, a la humanidad se le hubiera rasgado alguna especie de crisálida que cubría sutilmente su enorme cuerpo llagado. Pero lo más interesante es que mientras crecen las estadísticas del señor que le niega el asiento en el bus a una embarazada, del joven que empuja en la fila al anciano con muletas, del maestro que oculta información al discípulo ansioso de conocimiento, del músico que trueca el arte en monedas, del médico que cosifica a su paciente; mientras, en fin, tantos planean aprovecharse (o deshacerse) del prójimo en un abanico de modalidades infinitas, crece en progresión geométrica el interés apasionado por la Edad Media, por su música, sus costumbres, el amor cortés, el fenómeno de los bardos, las hazañas de los héroes; los grandes mitos medievales como el del Rey Arturo y el Santo Grial se adueñan del imaginario colectivo, y hasta se construyen pueblos donde la gente quiere vivir como si la Historia se hubiera detenido en los Siglos Oscuros.

Algo semejante ocurrió en el Londres decimonónico, cuando la Hermandad de los Pintores Prerrafaelitas declaró que la fuente de la auténtica inspiración y los grandes motivos del arte había que buscarlos en los siglos anteriores al Renacimiento. Artistas como Dante Gabriel Rossetti, John Everet Millais y William Morris adoptaron posturas estéticas medievalistas, hasta desembocar en el famoso movimiento Art & Craft, con sus célebres talleres donde se fabricaban pinturas, muebles y artesanías medievales en modelos únicos, y se ilustraban manuscritos con las mismas técnicas utilizadas por los monjes iluminadores en los scriptorium de las abadías medievales. La salvación de la humanidad estaba, según ellos, en huir de la reproducción utilitaria y masiva del arte para regresar a la comunión personal entre naturaleza y espíritu, entre el hombre y el objeto dotados de alma.

 Pero nunca había tenido lugar en los tiempos modernos un fenómeno comparable al fervor que hoy desatan los mundos creados por Tolkien. Nunca, desde hace siglos, habían sentido los hombres y mujeres de Occidente una necesidad tan fuerte de las hadas, los elfos, los duendes y… los caballeros. ¿Por qué experimentamos esta sed de caballería, cual réplicas malas de don Quijote, siendo, como somos, tan imperfectos, crueles, vanidosos superficiales, ambiciosos y egoístas? ¿Por qué el ideal espiritual de la Nueva Era oscila entre la pureza de sir Galahad, el valor de sir Lancelot, la majestad de Arturo y la magia de Merlín? Una mezcla de héroe, poeta y santo, como escribió Ramón Sender en su bellísima novela Crónica del alba. He ahí todo lo que no somos, pero constituye el émbolo de nuestra dimensión ensoñada.

Un caballero salva a su dama. Óleo de la escuela prerrafaelita

Un caballero salva a su dama. Óleo de la escuela prerrafaelita

 Para comprender un poco esta contradicción, deberíamos comenzar por definir qué es un caballero o, como dirían psicólogos y antropólogos, qué arquetipo encarna. Un caballero es, ante todo, un individuo que se sujeta por decisión propia a un código ético específico. Es un hombre libre en tanto elije su destino, pero deja de serlo en cuanto ha hecho esa elección, porque ser caballero implica la imposibilidad de vivir de otro modo que aquel que impone el código. Ser caballero es un compromiso que se asume hasta la muerte. Quien abandona el código se convierte en objeto de censura. Se convierte en réprobo. Se convierte, por citar un ejemplo extremo, en Gilles de Rais, el general francés que fuera compañero de Juana de Arco y modelo de virtudes caballerescas, pero quien, tras la muerte de La Doncella, abandonó la fe cristiana, se refugió en su castillo feudal y se dedicó a prácticas satánicas y a la violación y sacrificio ritual de centenares de niños.

 El código al que jura fidelidad el caballero —y cuya observancia estricta le confiere la cuota más alta de honra a que un mortal puede aspirar—, se basa en tres pilares fundamentales contenidos en el concepto de virtud: valor, defensa de los débiles y pureza de intención, que en la Edad Media se manifestaba a través de la castidad del cuerpo. El valor es consustancial a la función guerrera en cualquier tiempo y lugar, es la característica que define en principio al héroe solar, y constituye la esencia misma del arquetipo. La pureza y la defensa de los débiles, que se traduce en el lenguaje crístico como piedad, son dos rasgos que no formaban parte de la ética de las castas guerreras de la antigüedad, pero aparecen con el advenimiento del cristianismo. Otras virtudes como la fidelidad (al señor que le supera en jerarquía, a la dama objeto de su amor, a una causa que puede ser política, religiosa o de cualquier otra índole), son también propias de la condición de caballero, que no basta elegir como destino manifiesto, sino que es preciso merecer para poder proclamarse como tal. El caballero ha de ser, también, el mejor combatiente y diestro en todas las artes: la perfección es su meta. Sobre esta arquitectura del código de caballería se fundaron Órdenes monástico-militares en la Edad Media, cuya misión inicial fue defender de los infieles a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa. Y esta es la clave principal de la condición caballeresca: todas las cualidades anteriormente expuestas se enfocan a hacer del caballero un salvador, y en ese punto dicho arquetipo se solapa con el del redentor.

 ¿Cuántas personas ha encontrado usted, lector, que se asemejen siquiera un poco a los caballeros medievales o a su revival de hoy, los héroes de Tolkien? ¿Escuchó alguna vez a sus padres y abuelos hablar de alguien parecido a quien hubieran conocido…? No me refiero a héroes de libros de historia, héroes de letra impresa, celuloide y monumentos, sino a personas vivas de quienes se pueda exclamar: “¡He ahí uno que es así!”.

 Hace poco un amigo visitó Los Claustros, extraño museo de arte medieval en el interior de un monasterio del siglo XII, trasladado piedra a piedra desde Europa a una colina al norte de Manhattan. Allí se encuentra la famosa tapicería del Unicornio, un conjunto de enormes tapices urdidos con hilos de plata, donde se cuenta la saga legendaria de la caza y muerte de ese animal mitológico. Mi amigo me envió una foto del tapiz de la cacería, con el siguiente comentario: “Las imágenes golpean la imaginación y el corazón”. En un claro de bosque un grupo de pajes y nobles cazadores, con calzas rojas, altas botas de cuero y ricos joyeles en el tocado, acosan con sus lanzas al unicornio inmaculado. Lebreles y galgos feroces apoyan a sus amos acorralando al noble animal, que logra herir en el costado con su cuerno a uno de los perros. Esta es la única sangre que aparece en la escena, y posee un extraño realismo que irrumpe en la atmósfera mágica del tapiz con estruendo terrible. Sin embargo, las poses agresivas de los cazadores, las duras expresiones de sus semblantes, la bravura desesperada del unicornio y el sombrío balance de claroscuros impregnan el conjunto de una suprema violencia.

Pieza de la colección medieval conocida como tapicería del Unicornio. La caza.

Pieza de la colección medieval conocida como tapicería del Unicornio. La caza. Para mí, representa la verdadera naturaleza del Hombre.

 El unicornio es, por excelencia, el símbolo medieval de la castidad y la pureza, y en la iconografía cristiana representa a Jesucristo. Cuenta la leyenda que estos animales son esquivos y no se dejan ver de los humanos con facilidad; para cazarlos es preciso llevar a al bosque a una virgen. Al olor de su doncellez acude el unicornio y se duerme confiado en su regazo, donde los cazadores le lanzan una red. Y aquí el mito se bifurca en una forma curiosísima: los cazadores matan al unicornio para arrancarle el cuerno, que pulverizado se suponía remedio infalible contra todo mal. Mataban a la Pureza para beneficiarse de su parte menor. Menudo acertijo.

 Época compleja el Medioevo, que creó el símbolo de la transparencia arquetípica desdoblado en el caballero y el unicornio, y produjo también a Gilles de Rais y a los cazadores. Igual de complejo es el hombre que pega a su mujer cuando pierde en el futbol su equipo favorito, y luego mira en su video una y otra vez El señor de los anillos, se duerme y sueña que es Aragon, Legolas, Frodo, un héroe redentor, y se arrodilla devotísimo ante Galadriel suspirando por una mirada de sus ojos azules. Sí, el hombre es una criatura engendrada en la Sombra y condenada a la añoranza de la Luz. ¿Acaso puede hablarse de una naturaleza maldita, de un pecado original? Dejemos a los teólogos las discusiones estériles. ¿No sería más sensato preguntarnos por qué no intentamos acercarnos al ideal que veneramos? ¿Por qué cada uno de nosotros no trabaja un poco en sí mismo para recuperar esa mitad diáfana y hermosa que perdimos? O que tal vez nunca existió, pero aún si así fuera, ¿no tienen los sueños el poder de mostrar las tierras de promisión? ¿Por qué debemos entonces padecer el angustioso ensueño de la perfección? ¿Y si proporcionara algún alivio tratar de hacerlo realidad? La salvación moral y material de la humanidad no exige de nosotros hazañas de titanes. Tan solo deberíamos ser capaces de comprender que el código más digno que podemos adoptar consiste en ser hoy más respetuosos, solidarios y generosos de lo que fuimos ayer, y en renovar esa intención cada día del resto de nuestras vidas. ¿Que parece una solución demasiado simplista para la pérdida de valores que padecemos? De acuerdo, pero ¡ah!, si lo intentáramos…

 

 

 

 

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 4 comentarios

¡BASTA DE IMPUNIDAD! CUBA NECESITA CON URGENCIA LEY CONTRA EL MALTRATO ANIMAL

Italiana 1~1

Estas imágenes de perros de pelea maltratados fueron tomadas por la turista italiana que denunció los hechos. Hay otras más precisas que aportan datos concretos.

Siempre he amado a los animales, en especial perros y caballos. No creo que el resto de la Humanidad esté obligado a compartir mis gustos ni en este terreno ni en ningún otro. Pero sí tengo la firme convicción de que todos los seres humanos tienen la obligación, si no de proteger, por lo menos de respetar la biodiversidad, de respetar todo lo que pertenezca a cualquiera de los tres reinos de la naturaleza. Ya lo dijo Gandi, uno de los hombres más sabios de todos los tiempos: un país se mide por la forma en que trata a sus animales. Aunque la frase no es textual, mi versión es muy similar al original, y si los cubanos nos la aplicáramos a nosotros mismos, los resultados serían catastróficos.

 Tengo dos historias sobre maltrato animal que prefiero reproducir textualmente. No menciono datos que permitan identificar a quienes enviaron estos mensajes ni a quienes los han circulado, ni estoy obligada a hacerlo, y tampoco puedo dar fe de la verosimilitud de los hechos narrados, pues yo no fui testigo presencial; sin embargo, no dudo de la seriedad y buena intención de mis fuentes, y en lo personal, yo creo que todo eso sucedió. Lo único que se necesita saber es que el mal está muy avanzado entre nosotros y hay que cortarlo de raíz.

 Historia UNO:

 ALERTA A TOD@S Y POR FAVOR QUIEN PUEDA CORRER LA VOZ Y HACERLA LLEGAR MÁS LEJOS, QUE LO HAGA PARA ASÍ FRENAR DE UNA VEZ TANTA CRUELDAD.
Este correo me llegó junto a unas fotos impresionantes que prueban
cuanto se expone en el mensaje.
Por favor hagan caso omiso a los errores de conjugación que pueda
tener. Ha sido enviado por una turista italiana que tuvo que cargar en
su memoria recuerdos como este que marcan por siempre, o al menos a mí
me ocurre.
Ahí les va!
Hola, mi nombre es […] y yo acabamos de regresar de un viaje a
Cuba Viaje maravilloso, excepto que por desgracia ocurrió en una casa
particular donde 2 perros seguir luchando. Uno de ellos, en los días
en que estuve allí, era volver después de una pelea y se mantiene
unido con una cadena muy corta a una barandilla en una terraza soleada, herido. El Grim, un Rottweiler siempre se mantiene debajo de una escalera, una jaula de concreto con una puerta cerrada. Por
supuesto, todo está ahí, comiendo y todo lo demás… También hay que
tener un halcón atado cerca de la perrera donde se celebró el primer
perro, con una corta cadena alrededor de su cuello.
He hecho un poco de preguntar por allí y todo parece normal, las
peleas están en la agenda, gallos, perros, caballos de carreras de
calle…. Tuve la sensación de que la policía estaba al tanto de,
pero[…]  Por eso esperé volver a Italia para denunciar esta cosa, así que
espero que usted puede hacer
qualcos. A continuación voy a escribir
todos los detalles para los Vignales / restaurante en particular.
*
[…]Los perros son entre el restaurante y las habitaciones.

 Historia DOS:

 Hola amigos, esta perra la recogimos el domingo pasado en la ocho vía cerca de

Ésta perrita de apenas un año de edad es la víctima del rastrero cruel. ¿POR QUÉ? ¿Y POR QUÉ TANTA IMPUNIDAD?

Ésta perrita de apenas un año de edad es la víctima del rastrero cruel. ¿POR QUÉ? ¿Y POR QUÉ TANTA IMPUNIDAD?

Jagüey. Nos montamos en una rastra y el rastrero, que venía desde Cienfuegos, traía al animalito amarrado de espalda en el fondo de la rastra, sin agua ni nada, a las 12 del día con tremendo sol!! Cuando subió a cobrar a todos los que montaron la desamarró y la cogió por las dos orejas y la tiró para la calle como si fuera un saco de basura. Y el pobre animalito se quedó todo torcido en la cuneta con una cara. Yo le grité que no hiciera eso y fui corriendo y le dije que me la diera que yo me quedaba con ella. El muy inhumano la volvió a agarrar, esta vez por una sola oreja, y la tiró de vuelta a la rastra luego de darle una vuelta en el aire. La perrita estuvo muy traumatizada el primer día pero poco a poco con mucha paciencia y cariño se ha relajado y ahora ha mostrado que es muy alegre y cariñosa. Debe tener máximo un año y no ha parido nunca. Se ve muy saludable, sin contar el ganglio que tiene inflamado en la oreja por el maltrato del domingo y uno que otro golpe que se le ve en la piel. Es una perra grande y serviría muy bien para cuidar una casa que tenga patio o sea grande […].

 Tengo muchas más historias que pudiera contar, si dispusiera de espacio en este trabajo, pero las anteriores son un buen botón de muestra de los niveles que ha alcanzado el maltrato animal en nuestro país. Tenemos religiones que sacrifican animales, entre ellos perros y gatos, mascotas domésticas incapaces de impedir que los humanos les arranquen la vida. Tenemos entusiastas de la crueldad deportiva que paladean con fruición salvaje las lidias de gallos, los combates de perros, como mismo paladearían las luchas de gladiadores si estuvieran en Roma en el siglo III. Tenemos vecinos incómodos que envenenan perros y gatos ajenos, aún cuando se trate de animalitos enfermos o abandonados que algún ser piadoso ha recogido con la noble intención de aliviar sus males. Tenemos hombres enormes, fornidos, que propinan cada día terribles golpizas a sus perros, con ensañamiento, con alevosía, y amenazan con idéntica ferocidad a quienes pasan y les suplican que no peguen al animal, a la mascota de compañía, al ser que ha acompañado al humano desde que todavía no se erguía bien sobre dos pies y era casi un animal más, y el perro lo defendía para que otros animales más grandes no lo devoraran, para que no le comieran sus sembrados, para que no le invadieran la cueva donde cobijaba a su familia.

 El hombre siempre ha pagado muy mal a los animales a cambio del amor incondicional y la fidelidad a toda prueba que ellos saben darnos. Sin embargo, en muchos países de Occidente existen mecanismos creados para proteger a los animales, nuestros compañeros en la naturaleza, de nuestros propios instintos bestiales, por lo que se ve, muy pronunciados en nuestra isla, para dolor y desesperación de muchos cubanos que conservan intactos sus buenos sentimientos y su decoro. Hemos sido capaces de crear organizaciones para cuidar de los animales, tenemos al menos dos de ellas bien organizadas, y muchas personas dispuestas a ayudar, muchas personas indignadas que hacen cualquier cosa por ayudar a los seres que irresponsablemente calificamos de irracionales, pues ya la ciencia ha demostrado que poseen conciencia, sentimientos, sueños y deseos. Pero todavía, aunque resulte inconcebible, no tenemos en Cuba leyes de protección animal.

 ¿No es hora ya de que comencemos una batalla muy seria por conseguirlas? ¿No es hora ya de que atiendan nuestra solicitud las instituciones que tengan potestad para hacerlo? ¿Debemos seguir tolerando una crueldad que no solo daña a víctimas inocentes , sino que erosiona profundamente la moral y la condición humana de quienes practican esta clase de abusos y de crímenes? Pues crimen es, y no otra cosa, ejercer tortura, provocar dolor y matar o hacer morir a otros seres vivientes sin más fin que la satisfacción de los más groseros y bajos instintos de la naturaleza humana. Quien se dedica a estos extraños pasatiempos, estos entretenimientos sangrientos, tiene el alma muy enferma. Es verdad que se gana mucho dinero echando a pelear perros entrenados para ello, sobre todo si se tiene en cuenta que ese negocio tan lucrativo exime a ciertos ciudadanos de su obligación de trabajar honradamente para ganar su pan. Y ni qué decir de las célebres y tan gustadas vallas de gallos. ¿Qué clase de sociedad estamos creando si seguimos permitiendo que estas atrocidades continúen? ¿Qué ejemplo damos a nuestros niños, a nuestros jóvenes, que ya están tan carentes de valores morales y cívicos, como repetimos todos los días en la prensa, en las escuelas, en los centros de trabajo…?

 La sociedad cubana tiene que hacer algo para terminar con la depredación del animal humano sobre otras especies animales. Y ese algo necesita contar lo mas pronto posible con apoyo oficial, con leyes que respalden a quienes estamos dispuestos a librar esta lucha, que no va a ser fácil, porque va a atentar contra intereses económicos fuertes, contra muchos cerebros perturbados, y no tendría otra retribución que la satisfacción de sanear nuestra conciencia moral como individuos y como pueblo. Los ciudadanos amantes de los animales necesitamos apoyo oficial, y lo exigimos de inmediato. Es nuestro modo de contribuir al mejoramiento humano en el que creía Martí. Mientras tanto, sepan los maltratadores que los defensores estamos aquí y seguiremos luchando.

 

 

* La turista que envió esta información también escribió la dirección del lugar donde presenció los hechos de maltrato animal. Esa dirección estaría a disposición de las autoridades competentes en caso de que la solicitaran para tomar alguna medida.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | 6 comentarios

DECÁLOGO DEL CRÍTICO PERFECTO o la responsabilidad sociocultural del ejercicio de la crítica

INSTANTÁNEA DE UN ALMA DURANTE EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA

INSTANTÁNEA DE UN ALMA DURANTE EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA

Después del malestar con que fue recibido en algunos círculos mi Decálogo del jurado perfecto, pensé que sería prudente no volver a armar decálogos. También pensé, y sigo creyéndolo, que es enorme el número —siempre creciente— de individuos merecedores de vivir en el error, porque ese es su elemento, y si la naturaleza en su infinita sabiduría lo ha dispuesto así, yo no soy quién para enmendar ese plan. Sin embargo, alguna circunstancia reciente que no amerita mención apuntala mi certeza de que este segundo decálogo, además de bien intencionado, va siendo necesario.

 Estoy convencida de que para ejercer la profesión de crítico de arte (y la literatura es un arte) se necesita, en primer lugar, estar tan dotado como para el ejercicio de cualquier otra profesión. Me parece, además, imposible abarcar en un análisis breve el infinito mundo de posibilidades, técnicas y horizontes propio de la crítica literaria. Es más factible enumerar algunos señalamientos sobre lo que alguien que pretenda ejercer la crítica literaria NUNCA debería hacer. Mi intención es contribuir a formar una especie de corpus, un manual para principiantes tal vez, que oriente a quienes se inician en el ejercicio del criterio. Si tal intento pudiera servir para ayudar a evaluadores, editores, periodistas especializados o que pretendan serlo, etc., sería una satisfacción para mí y beneficiaría a quienes acuden a los críticos en busca de orientación para sus lecturas.

avatblogUNO: Para ejercer la crítica es imprescindible poseer una cultura que debe estar unos peldaños por encima de la mera cultura de plataforma. Un crítico que se respete necesita tener, además de la capacidad para pensar con independencia, conocimientos sólidos de filosofía, sociología, antropología, historia, historia del arte, teoría, estética, lingüística, hermenéutica, semiótica y otras disciplinas estrechamente relacionadas con el juicio artístico, y no solo con el literario. Un crítico debe poseer, además, amplios conocimientos de artes plásticas, cine, música y teatro, porque son las manifestaciones artísticas que más estrechamente se relacionan con la literatura, y establecen con ellas vasos comunicantes y mecanismos de retroalimentación que la influyen. La formación profesional de un crítico es ardua, es larga y es multifactorial, y no hay senderitos alternativos ni ningún otro truco que permita acortar distancias hacia la meta de hacer una buena crítica sin estar debidamente preparado para ello.

images 2DOS: No emita juicios de valor sobre una obra si no tiene la certeza de que la ha comprendido, al menos, en su primer nivel de lectura. Los anales de la mala crítica literaria están repletos de nombres de críticos que se metieron en algún momento con obras que escaparon a su comprensión y, por tanto, emitieron opiniones tan desacertadas que hasta parecen versar sobre otras obras y no sobre aquellas que comentaron. Cuando hablo de comprender la obra, no me refiero a descubrir el sentido que tuvo para su creador (aunque lograrlo sería maravilloso), sino de ser capaces de articular un sistema coherente de ideas sobre la obra analizada, aunque sean nuestras ideas y difieran de aquellas que el autor se propuso plasmar. Un crítico serio y con sentido de la responsabilidad debe huir siempre de las babosadas.

imagesTRES: Para conseguir lo anterior solo hay un modo: usted tiene que leer la obra con suma atención, y antes de escribir la primera línea de su crítica, tiene  que reflexionar sobre lo que ha leído y definir tres grupos fundamentales de aspectos que de ninguna manera pueden estar ausentes de una acción crítica, ni siquiera de una simple reseña: los generales, los logros y los desaciertos. Los aspectos generales no son solo el título, nombre del autor, fecha de publicación, casa editorial, número de páginas, capítulos, bibliografía, índice de materias, sección de fotografías y todas esas partes materiales que componen un libro, porque usted no es un funcionario de la Cámara del Libro que está elaborando un informe de costos, sino alguien que debe decir al lector quién es ese autor, darle alguna información general sobre toda su obra, indicarle (pero nunca contarle en detalle) de qué trata el libro en cuestión y en qué contexto histórico y estético se inscribe. Y algo sumamente importante: indique el género. Usted debe apuntar si se trata de una novela policíaca, de amor, fantástica, de misterio o de lo que sea, porque usted tiene que ubicar esa obra en un contexto histórico-estético-social específico. En teoría esa información le toca a la nota de contracubierta, pero ¿ya se ha fijado en lo poco eficaces que suelen ser esas notas? Por ejemplo, si usted va a comentar, criticar o reseñar un libro de Charles Baudelaire, no puede dejar al pobre Charles flotando en medio de una nada irreferenciada, u omitir información sobre el hecho de que lord Byron fue un aristócrata revolucionario consecuente con sus ideas, y que su filiación romántica tuvo una relación visceral con su pensamiento político y las circunstancias de su muerte en Misolonghi. En cuanto a los logros, hay que saber discriminar entre los verdaderamente relevantes y los que lo son menos o no lo son. Por ejemplo, que Rimbaud y Radiguet hayan escrito en su adolescencia las grandes obras que los convirtieron en clásicos universales, constituye motivo de admiración, sin duda alguna; pero piensen en cuántos miles de escritores de talla universal escribieron lo mejor de su producción literaria después de los cuarenta años, y en cuán pocos fueron tan precoces como Rimbaud y Radiguet. La precocidad pues, no es la norma, por lo tanto no se puede convertir en un parámetro evaluativo. Lo que quiero decir es que la juventud de un autor no es un mérito literario, sino, más bien, social o biológico. Social, porque mientras más pronto tenga acceso un intelectual al mundo de la cultura, mientras más pronto comience su formación, es probable (ojo: no obligatorio) que comience antes, también, a producir obras consistentes. Pertenecer a una clase social con acceso a las fuentes del conocimiento es un hecho de carácter social, no un mérito personal. Vivir dentro de un sistema político que favorece la formación temprana de un escritor, aunque sea a través de talleres literarios y con muy pobre acceso a la bibliografía, también influye en la precocidad, y ese, igualmente, es un hecho de carácter social. Los genes que hacen de un hombre un talento precoz, como en el caso de Champollion, son una cuestión biológica. Dicho sea de paso, en la precocidad de Champollion se unieron hechos sociales y biológicos. El momento y el grado en que un escritor alcanza su madurez es una cuestión misteriosa que, al final, casi ningún argumento puede explicar de un modo definitivo. Pero la edad nunca será sinónimo de calidad. No se es buen escritor por ser jovencito ni malo por ser viejito (¿cómo se determinan en el mundo del arte los límites de la juventud y los comienzos de la vejez?); antes bien, en el arte, salvo excepciones, joven es sinónimo de aprendiz. Sobre los desaciertos, solo diré que es aún más necesario aquí el discernimiento, porque un desacierto dado por tal y que no lo sea, a lo mejor es un logro, y si el crítico se equivoca aquí, nada lo salvará de pasar por cretino. Este tema es demasiado complejo para insistir en él ahora.

imagesCAJ03CYHCUATRO: El crítico necesita conocer muy bien qué procedimiento emplear para hablar sobre un escritor ya consagrado y cuál para hablar de un autor joven que comienza su carrera y no es aún muy conocido. Confundir ambos procedimientos podría llevar al crítico a caer en el terreno de los panegíricos, la profecía entusiasta, los vaticinios fogosos o las afirmaciones que no se sustentan más que en un principio de voluntariedad del crítico. De igual modo, usted nunca debe perder de vista qué clase de forma de la crítica quiere emplear, pues no es lo mismo una reseña que una reseña comentada, un comentario que un artículo o un ensayo. Cada una de estas formas tiene sus requerimientos y es preciso tenerlos claros, porque, aunque cuando el crítico tiene pericia puede permitirse cualquier mezcla, en los casos de críticos inexpertos las mezclas convierten el resultado del trabajo en puré.

imagesCAX225MKCINCO: La estética a la que se afilie un escritor jamás debe constituir para el crítico un parámetro que condicione su juicio de valor. Un autor puede escribir un cuento o una novela dentro de la estética posmoderna o la del realismo sucio, o cualquier estética que esté de moda, pero ello, per se, no es valor añadido. Todas las corrientes de la literatura, todos los movimientos, en todas las épocas de la historia, exhiben obras valiosas y bodrios de todos los tamaños. Recordar la Ley de Murphy que afirma que el ochenta por ciento de todo lo que se escribe es basura. La calidad literaria de una obra se determina por parámetros más complejos que su filiación estética. De igual modo, el currículo de un autor tampoco garantiza la calidad de su producción futura. Usted puede haber ganado un Nóbel, y lo siguiente que escriba ser una repetición de l que ya hizo o una simple cosa inoperante. Cada obra es un universo en sí misma y tiene sus propias cualidades y yerros.

otro titivillusSEIS: El crítico, sea cual sea la forma crítica que decida emplear para analizar una obra literaria, debe tener sumo cuidado con el empleo de preguntas retóricas, porque son peligrosísimas, ya que, aún las que a primera vista parezcan el colmo de la agudeza, podrían no soportar un análisis serio, podrían ser grandes boutades o, sencillamente, estúpidas. Por ejemplo, nunca se pregunte en un texto destinado para publicación cómo es posible que el autor Mengano o el antologador Zutano sean tan inteligentes y estén tan bien informados, porque el deber de todo creador es estar bien informado sobre lo que hace cuando se trata de su trabajo; así usted, con semejante pregunta puede convertirse automáticamente en el hazmerreír de los críticos verdaderos, quienes suelen tener una índole perversa. Todo crítico, aún el más cercano a la perfección espiritual, lleva dentro un fray Candil. Sin embargo, esta clase de preguntas puede resultar interesante cuando conduce a una especulación que enriquece el análisis, aporta elementos relevantes o nos acerca a conclusiones reveladoras, como, por ejemplo, explicar que Alexandra David-Neal, para poder escribir sus libros sobre el Tibet no solo convivió con los tibetanos casi toda su vida, sino que se inició en el lamaísmo, lo que hace que toda su obra esté permeada por la filosofía budista. Esta sería una respuesta interesante a la pregunta de cómo pudo esta escritora inglesa reunir tanta información sobre la vida en las lamaserías tibetanas, porque pone de manifiesto que se trataba de una mujer que se consagró en cuerpo y espíritu al ejercicio de su arte, y fue un ejemplo de entrega a la literatura, de disciplina y de rigor investigativos. Las preguntas son útiles para estructurar un trabajo de crítica literaria, pero mi consejo es que el crítico se las haga a sí mismo en el silencio de su corazón, y solo escriba las respuestas. Si una pregunta no conduce a algo importante, es mejor para el principiante no hacerla. Si usted no es un crítico inteligente, trate, al menos, de parecerlo.

thumbSIETE: Un crítico responsable debe practicar, fundamentalmente, dos principios: la humildad y la honestidad. Usted puede ser un sabio del calibre de Leonardo de Vinci, pero no necesita humillar al género humano restregándole en el rostro con el mayor desparpajo su aplastante superioridad intelectual. Si escribe para un público académico sí le recomiendo que no deje de hacerlo, o corre el riesgo de que el susodicho le niegue el respeto que usted probablemente merece. Sin embargo, recuerde que si va a humillar, debe procurar que su inteligencia alcance la misma estatura que su soberbia. De lo contrario está frito. En cuanto a la honestidad, no juegue al gato y el ratón con sus lectores, ni al chucho escondido ni a las adivinanzas. Diga lo que piensa sin subterfugios. ¿Como puede pretender erigirse en guía de la opinión pública si va a  extraviar a sus seguidores en senderos del laberinto que no conducen a la salida? Además, todos esos rejuegos petulantes que tanto gustan a cierta clase de críticos no son, ciertamente, más que ademanes expresionistas de pasarela, o para decirlo en buen español, payasadas. Recuerde: la principal finalidad del lenguaje es la comunicación, no la incomunicación.

Titivillus culpaOCHO: Evite las frases cursis, chabacanas, de mal gusto. Ellas no acercarán suu estilo al público, solo mostrarán que tiene usted, como crítico, una naturaleza sin refinar. Trate de no ser burdo. El mundo se lo agradecerá. Y evite las etiquetas y los eslóganes, que no resuelven nada en la labor de un crítico y lo rebajan al nivel de un mercachifle. Tenga siempre muy, pero muy presente que ciertos lenguajes definitivamente no pertenecen  los territorios de la crítica literaria.

imagesCAJ8JUO3NUEVE: Huya del estilo callejero y encomiástico de los pregoneros y vendedores de feria, de los animadores de cabaret y de programas televisuales de concursos. Jamás se permita a sí mismo escribir en esa cuerda, porque las frases inteligentes que salgan de su ordenador podrán ser olvidadas, pero las idioteces, ¡nunca! Esas lo van a perseguir toda la vida. Cuando no tenga nada que decir, o no sepa exactamente qué decir, guarde silencio, y siempre quedará mejor que si no lo hace. Es más decoroso publicar al año dos críticas sagaces y bien escritas que diez mensuales que sean material desechable. Es verdad que el material desechable también se paga y hasta se puede imponer como canon, pero si usted está leyendo este Decálogo, es porque se supone que tiene el deseo sincero de ser buen crítico, por lo cual está obligado a empezar por respetarse y ser muy responsable con su trabajo. Un crítico necesita una imagen pública que lo respalde, aureole y represente. Lo de las manchas está bien para el sol, no para un crítico. Trate de lucir la menor cantidad posible de manchas.

pliDIEZ: La crítica literaria decente jamás debe priorizar las ternezas de la amistad o las conveniencias individuales. Si el libro de un amigo o el de un funcionario que podría resolverle a usted un problema son malos, dígalo si en usted pesa más el sentido de la verdad que otras consideraciones. Si no es así, guarde silencio. Recuerde que no tiene ningún derecho a confundir a miles de personas que confían en sus criterios. Sea ético, no utilice la crítica literaria para cultivar la mentira. Olvídese de que los amigos no tienen críticos. Recuerde, en cambio, aquella otra máxima mucho más digna: Los críticos no tienen amigos. Pero solo por seguirla no vaya a despojar a un amigo de sus merecimientos, si de verdad los tiene. Tampoco hay que exagerar.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

“AQUÍ ESTAMOS… AQUÍ ESTAMOS…” o cuando los muertos se niegan a partir

 Quinta-de-los-Molinos-en-La-Habana-1024x679La Quinta de los Molinos es un lugar muy hermoso. Generaciones de habaneros han ido más de una vez a recrearse en sus bellas arboledas, a disfrutar el claro rumor de sus fuentes, la quietud casi idílica del estanque de los lotos… Escolares, familias, parejas de enamorados y compradores que visitaban la buena feria artesanal que alguna vez hubo en sus jardines, todos recuerdan con placer sus visitas a este inmenso pulmón verde que adorna como una joya la avenida Carlos III, una de la más bellas de nuestra Habana. Sin embargo, muy pocos tienen conocimiento de que, a lo mejor, en alguna de esas visitas se han dado un romántico beso, o han comido un sabroso picnic sobre lo que aparentemente era un área verde pero es, en realidad, un cementerio.

 En 1833 azotó a Cuba una epidemia de cólera morbo. Las autoridades españolas no reconocieron enseguida la presencia del mal en la isla, lo que demoró una toma de conciencia por parte de la población, que tardó demasiado en aplicar medidas para protegerse de la plaga, y ello aumentó el número de muertes.

 A pesar de que la ciencia de aquella época era muy atrasada, y más aún la medicina española, las medidas que al final fueron aplicadas eran sensatas y prácticas:

 1-  Limpiar las calles y cubrir con cascajo los baches para evitar la humedad, usando como mano de obra esclavos y presidiarios.

2-  Tomar todos los carros de tráfico de la ciudad, incluso los de limpieza, para asegurar la limpieza de las calles.

3-  Proceder a la limpieza de la Cárcel.

4-     Limpiar la ciudad a fondo cada día, incluso los festivos, mientras subsistiera la amenaza de que pudiera atacarnos el cólera morbo.

5-  Prohibición absoluta de que médicos y farmacéuticos aumentaran el precio de las drogas utilizadas para tratar el mal, debiendo mantenerse el coste de las mismas en las cifras habituales. Y en el caso de personas que por su pobreza no pudieran pagar la medicina en el momento de comprarlas, se ordenó que los despachantes anotaran sus nombres en un registro por si algún día podían pagarlas, pero se prohibió bajo pena de castigo que dejaran de ser entregadas a los necesitados.

6-  Se prohibió aumentar el precio de los alimentos, y se ordenó disponer de personal que pudiera fiscalizar que los alimentos de venta callejera fueran producidos bajo estricta observancia de todas las reglas destinadas a su preparación con la mayor calidad.

7-  Los Regidores debían disponer juntas de barrio para explicar a la población cómo aplicar las medidas necesarias, los síntomas y riesgos de la plaga.

 También comenzaron a venderse en La Habana impresos al precio de un real con instrucciones sobre cómo prevenir el cólera morbo. Hubo otras medidas, pero estas son, en esencia, las más importantes, y las que más se asemejan a las que tomamos hoy ante cualquier alerta epidemiológica.

Pero la enfermedad abarcaba cada día un territorio mayor de la ciudad y nada podía detenerla. La plaga apareció el 15 de marzo en la Quinta de los Molinos, donde estaba establecida la Institución Agrónoma. Descrita como “un ataque de vómitos y evacuaciones albinas, biliosas, verdes y amarillas y algunas veces prietas, con violentos dolores, pulso pequeño y contraído, extremidades frías y más o menos fiebre”, el mal se inició en un esclavo robusto que murió poca horas más tarde, pese a los cuidados del entonces famoso galeno Ramón de la Sagra.

 Ante el veloz avance del mal las autoridades dieron orden de sepultar los cadáveres provenientes de fincas cercanas a iglesias en el piso de aquellos templos, cavando fosas profundas y que, una vez colocado el cuerpo en su interior, debían ser recubiertas con cal viva.

 El cementerio general, creado en 1806, muy pronto no dio abasto para acoger a las víctimas del morbo que aumentaban en alarmante proyección. A partir del 27 de marzo se comenzó también a enterrar en la Quinta de los Molinos, “en un gran paño de tierra cedido por la Institución Agrónoma para este fin. Afirma el investigador Luis Abréu en su libro Historia de la Quinta de los Molinos, que desde el mencionado día hasta el 11 de abril fueron inhumados allí 1 451 cadáveres, correspondientes a 483 individuos blancos y 968 “de color”. La cifra más elevada de sepultados en un solo día alcanzó los 206 cuerpos. Algunos de los altos militares que dirigieron las obras de enterramiento sucumbieron pocas horas después, víctimas del mal.

 Este cementerio improvisado desató una polémica entre las autoridades españolas, que ordenaron distribuir a los cadáveres ciertas papeletas que les darían o no el derecho a yacer en la Quinta de los Molinos. Se alegaba que la inhumación de cadáveres contaminados por el cólera implicaba un riesgo demasiado grande para la población de las cercanías de la Quinta. Miembros del Protomedicato y la Junta General de Socorros se trasladaron al lugar y, tras examinarlo, lo declararon inadecuado para hacer la función de camposanto. Como era de esperarse, la picardía criolla no perdonó esta magnífica oportunidad para lucrar, y personas inescrupulosas comenzaron a cobrar hasta cuatro pesos a los familiares de los fallecidos para concederles las papeletas que aseguraban a su ser querido yacer bajo los árboles del magnífico retiro campestre.

 Según las estadísticas del doctor Ramón de la Sagra, murieron de cólera en La Habana 8 253 personas, un 8 por ciento de la entonces población de la capital. El mayor número de víctimas tuvo lugar entre los negros de nación libres, y el menor, entre las hembras de raza blanca.

 ¿Y dónde estuvo o está emplazado aquel cementerio emergente en la Quinta de los Molinos? Pues en un espacio limitado por el Paseo de Carlos III y la vereda que conduce a la proyectada ermita de Monserrate, y al paraje conocido por La Requena. Sin embargo, la ubicación exacta de camposanto no se conoce, aunque se sabe que estaba en terreno bajo irrigado por numerosas corrientes de agua subterránea. Nunca se dio orden de desenterrar los cadáveres y trasladarlos a otro sitio, dado el riesgo que ello implicaba. Aún así, algunos esqueletos han salido a la luz en sorprendente estado de conservación cuando se ha excavado en la zona con el fin de realizar nuevas obras.

 Fue un esclavo negro, quien conducía un carretón repleto de cadáveres hacia la Quinta de los Molinos, quien dio lugar a esa anécdota inefable que se ha conservado, cuando uno de los cuerpos sin vida que llevaba en su carreta intentó levantarse, pues se trataba de un borracho recogido por error y mezclado con los fallecidos. El esclavo lo sujetó mientras intentaba convencerlo con este singular razonamiento para que no interrumpiera el viaje: “Tú no puedes bajarte, porque estás muerto, lo dice aquí en tu papeleta, y papelito jabla lengua”.

 Al pasar por la Quinta de los Molinos siempre he percibido una extraña quietud que no basta a explicarse por el hecho de ser un área boscosa y un lugar de retiro. Espero que quienes, como yo, hayan tenido sensaciones semejantes al transitar o hacer estancia en aquel lugar, sepan ahora a qué se debe ese silencio denso, esa peculiar ligereza del viento, esos juegos singulares de la luz y la sombra entre los árboles y las piedras de los senderos, y la ilusión de voces que nos susurran al oído: “Aquí estamos… aquí estamos…”.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | 2 comentarios

ELEGÍA A LA MUERTE DE GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

 García MárquezHa muerto García Márquez, autor de aquella gruesa novela, Cien años de soledad, que, tras su publicación en Cuba por la Casa de las Américas, llevaban bajo el brazo a toda hora por las calles de La Habana miles de habaneros de los setenta, miembros de aquella generación “esponja” que lo leía todo. Yo era entonces una estudiante de Literatura en una maravillosa escuela de arte, donde los muchachos de mi especialidad absorbían textos, comían textos, soñaban textos, y descubríamos a los escritores del boom latinoamericano con una mezcla de constelamiento y fascinación que muchos de nosotros todavía sentimos cuando volvemos a leerlos.

Para aquellos jóvenes estudiantes de Literatura que fueron mis compañeros y amigos entrañables, García Márquez, Borges, Cortázar, Sábato eran como seres divinos, semidioses modélicos, y había que ser capaz de escribir como ellos o morir en el empeño. Nos atrevimos, pasando por encima de nuestra buena educación, a robar de las bibliotecas aquellos libros que no podíamos comprar por ser simples becados. Hoy ya no nos pasará nada por confesar que nos introducíamos en las bibliotecas con aquellas caritas de ángeles estudiosos, con aquellos abrigos de la marina soviética, enormes, envolviendo nuestros cuerpos flaquitos de adolescentes mal nutridos, pero con unos bolsillos profundísimos en los que cabía el mundo. Y cuando las bibliotecarias iban al baño o conversaban distraídas, sacábamos nuestras zarpitas rapaces y los libros volaban del anaquel a los abrigos. Nos quedábamos un rato leyendo cualquier cosa para despistar, y luego partíamos apaciblemente, saludando con la mano a las bibliotecarias, que nunca sospechaban. Así pasaron a mi maletín de becada, que era como mi casa, Sobre héroes y tumbas, Rayuela, El jardín de los senderos que se bifurcan, La ciudad y los perros, Pedro Páramo y tantas otras cosas que aún conservo como reliquias de unos años felices, los mejores de mi vida, en que la amistad y la cultura eran nuestro pan de cada día, y no necesitábamos dinero para disfrutar una juventud alegre y diáfana, lo más hermoso que tuvimos nosotros, los de entonces, que hoy, definitivamente, ya no somos los mismos o nos mataron esos golpes de la vida tan fuertes, golpes como del odio de Dios…

 Nadie podrá quitarme la certeza de que fuimos los que fuimos, y somos —algunos de nosotros— lo que hoy somos porque fueron aquellas nuestras lecturas, junto con el nouveau roman francés, la generación beat y todo aquel caudal de sensibilidades y técnicas narrativas, pictóricas, cinematográficas que había llegado a las playas de la Humanidad con la marea de los años sesenta, la década prodigiosa. Y fue tanta la fuerza de aquel legado, que irradiaba aún en los ochenta con la potencia de diez mil soles. Todavía nosotros recordamos a Remedios la Bella, al Aleph con el que se podía ver todo al mismo tiempo, a Comala, aquel pueblo de muertos que me impresionó de tal manera que muchos años después, en mi última novela, di ese nombre a uno de mis mejores personajes femeninos. Qué hubiera sido de nuestro arte, de nuestra creatividad, qué caminos habría seguido si no hubiéramos rendido culto a los latinoamericanos del boom, que cambiaron no solo la forma de escribir del hemisferio Occidental, sino, como en el caso de Cortázar, abrieron toda una dimensión del espíritu que hasta entonces nadie había transitado o, como García Márquez, nos enfrentaron a la dimensión épico lírica de nuestro mundo americano desde un alarde de fantasía inagotable que era como el ballet de un carrillón, y nunca se paraba.

 La muerte de García Márquez trae de nuevo a nuestra memoria los fantasmas de Remedios la Bella, Aureliano Buendía, Fernanda, Úrsula Iguarán y tantos personajes inolvidables; de aquella arquitectura indescifrable de círculos concéntricos que aún hoy no tenemos claro cómo fue construida, y que nos mostraba una primera escena de un niño ante un bloque de hielo, y luego se iba enroscando una y otra vez sobre sí, Ouroboros inasible, desafiando la agudeza de los críticos y la curiosidad de los aspirantes a escritores, quienes, en aquel tiempo lejano y hoy casi mítico, todavía no osábamos agruparnos bajo el rótulo pretencioso de escritores noveles…, y todo eso nos emociona de un modo tristísimo al recordarnos que, a pesar de la existencia de una generación que quiso ser como los del boom o no ser, los quiebres tremebundos de la Historia han dejado en su lugar otra que recomienda La carretera entre los diez mejores libros de nuestro tiempo. Lo mismo que si un tsunami trajera a nuestras playas los tesoros de todos los buques de la Flota de Indias hundidos en la bahía de La Habana, y al retirarse dejara, en lugar del brillo del oro y las piedras preciosas, una costra de basura reciclable.

 Por fortuna, siempre habrá una especie de fuerza de lectores renovable, que denomino así por puro sarcasmo, puesto que se trata de una terminología impuesta en medio de tantas otras imposiciones de estos tiempos modernos de ejecutivos, de celulares y cigarrillos de marca; y entre esos nuevos aventureros del espíritu, siempre habrá exploradores atraídos por los viejos parajes de la literatura, y se pondrán sus cascos, y saldrán en busca de senderos olvidados, persiguiendo cultura de la buena, de la de verdad, y su búsqueda los conducirá otra vez a Comala, donde verán a Remedios la Bella subir al cielo en una nube de sábanas, y accederán a los amplios salones de la Biblioteca infinita, perdidos en mil senderos que se bifurcan, y podrán escuchar el lenguaje sin vocablos de La Maga, y la verán danzar bajo la noche estrellada de París, loca, libre, poseída por la fiebre pulsátil de los astros, mientras Alejandra recuenta en la sangre marcada de sus venas los genes federales y unitarios, y un ciego se arrastra por los túneles prohibidos al vidente, llevándose consigo los mapas secretos del rumbo humano.

 Despidamos a uno de los últimos dioses de la Literatura latinoamericana, ese espacio del Nuevo Mundo donde todo ocurría a escala de titanes, con una oración en la que vamos a pedirle que no nos deje nunca solos, librados a nosotros mismos y nuestros apelmazados sentidos, sino que vuelva, que vuele con todos los demás por los cielos de la creación que, sin sus sombras, serán copados por un ejército menguado de calcos y criaturas deformadas por el mercado y la codicia, de videojuegos, falsificaciones y escritores mediocres. Roguemos a los espectros del boom que se mantengan con nosotros el tiempo necesario para que recuperemos la cordura, y aún después, y siempre, para que no podamos volver a perderla.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Acumulación vs. enjundia o la necesidad de humanistas en una cultura sana

 Hace un momento, mientras buscaba en Internet materiales que me ayudaran a apoyar mi defensa del derecho de la Dra. Beatriz Maggi al Premio Nacional de Literatura, me ha ocurrido algo que no solo me ha conmocionado, sino que me ha dejado en uno de esos estados que apenas si pueden explicarse, por lo que entrañan de dolor y hasta de obsesión para algunas sensibilidades. Se trata de un artículo del tristemente desaparecido intelectual Rufo Caballero, titulado Beatriz, publicado hace años en el diario Juventud Rebelde con el fin de reseñar la primera selección en que la editorial Letras Cubanas recogió algunos de los magistrales ensayos de Maggi. Rufo termina su texto con estas palabras premonitorias, que aún no se justifican, pero que, por ley natural, algún día se harán realidad:

 Leamos Antología de ensayos con la fruición a que invita, pero leámoslo también con la responsabilidad que supone esta colección sabia. Recorrámosla convencidos de que el día en que Beatriz Maggi no esté, una quebradura indescifrable se habrá abierto para siempre en los surcos de la Isla y su cultura.

 Cuando conocimos en mi casa la prematura muerte de Rufo, mi hija, apenas unas horas más tarde, dijo: “Desde que Rufo no está, parece como si faltara un pedazo grande en el aura de La Habana”. Con esa misma frase, que tomé de ella, cerré la presentación que hice en el Centro Loynaz del libro póstumo de Rufo Seduciendo a un extraño. Yo todavía no me he recobrado del vacío que dejó la muerte del Dr. Mario Rodríguez Alemán en su programa de cine Tanda del Domingo, y conmigo, muchísimos cubanos de mi generación siguen sintiendo su ausencia. Nadie ha vuelto a comentar un filme con la ternura, delicadeza y sensibilidad extremas con que él solía hacerlo.

 Ahora, al comparar estas dos expresiones, la de Rufo sobre Beatriz y la de mi hija sobre el propio Rufo, y percibir la identidad de significado que entrañan, ha vuelto a mi mente, una vez más, la certeza de que hay personas que no solo son imprescindibles, sino insustituibles, porque llevan en sí el espíritu de una época. Y cuando mueren, este espíritu no las sobrevive, sino que se evapora como un perfume al que el viento dispersa lenta, pero implacablemente.

 Cuando hablo del espíritu de una época, no me estoy refiriendo a modas, ni a ideologías, y ni siquiera a acontecimientos memorables, sino a algo mucho más complejo que no estoy segura de ser capaz de conceptualizar: estoy hablando de la potencia de visión holística que tienen algunas personas —tan pocas que pudiéramos emplear el término elegidos— para abarcar el tiempo que les tocó vivir, y para resumir en sí mismas, ya sea en una filosofía personal, en un código ético, un credo religioso o en una actitud ante la cultura, un universo que tiene marca delimitada en tiempo y espacio, y que acaba en ellos, un poco antes o un poco después del comienzo de su ausencia, por alguna oscura ley que los hombres todavía no comprendemos, pero vemos actuar. En estas personas se resume un legado que puede ser de diversa índole, y por lo general, sus vidas, de una forma u otra, han estado dedicadas a trasmitir ese legado. El misterio consiste, precisamente, en que, aún cuando tengan muchos oyentes, muchos seguidores, discípulos, fieles, etc, que parecen asegurar la cadena de transmisión, el código muere con los legatarios o, en el mejor de los casos, pasa la antorcha a otras manos con una mengua en la intensidad de su luz, con menos brillo, alumbra menos y quienes la siguen solo alcanzan a distinguir un breve fragmento en la ruta, que es casi igual a no ver nada. Rufo apenas murió y ya no hay nadie visible con su vigor y plenitud intelectual para producir ideas. Beatriz apenas lleva una década retirada de las aulas y ya no sale de la Facultad de Filología aquel alumno modélico que ella formaba. Ya nadie esculpe sensibilidades ni despliega tan suntuosamente el esplendor humanista de la cultura ante los ojos de un alumnado que lee como poseso, pero piensa trabajosamente sin apoyaturas, y más en términos académicos que propiamente cultos.

 Cada vez la cultura cubana produce más “teóricos” impostados y menos sensibilidades genuinas, más coleccionistas de información y menos pensadores, como tan claramente supo ver Rufo cuando escribió en ese mismo artículo:

 He hablado aquí de cultura; nunca de erudición. La erudición es acumulación, pero la cultura es enjundia. La cultura sabe qué hacer con el conocimiento, en lo que la erudición se entretiene con él.

 Se trata de la capacidad de situar las cosas en su justa perspectiva y envergadura. Ello me hace recordar el cuento de José Martí sobre los ciegos y el elefante, cómo ellos no podían imaginar al paquidermo en su forma absoluta y total porque solo se guiaban por la información que les trasmitía la parte del cuerpo del animal que podían tocar con sus manos. Esa ceguera metafórica se llama percepción fragmentaria, y es lo único que logran quienes no consiguen una integración verdaderamente orgánica del conocimiento hasta lograr una autotelia del pensamiento; aquellos que nunca llegan a dar el salto que separa a la erudición de la cultura, a la acumulación de la enjundia.

 Es por eso que para que una cultura no sufra procesos severos de empobrecimiento, para que nunca se pierda la memoria que permite a los hombres comprender el mundo hasta sus últimas consecuencias, necesita humanistas. Y esta necesidad es tan real, tan visceral, que puede llegar a sentirse bajo la forma casi táctil de un vacío que causa desconcierto, dolor y una alarmante sensación de confusión. Cuando una cultura pierde a sus humanistas proliferan en ella formas falsarias del arte, del conocimiento y del talento. Y cuando estas formas crecen y comienzan su brutal, pero robusta expansión, cuando se imponen y se tornan modélicas, esa cultura está enferma, en fase terminal, o si se prefiere, en crisis total.

 La falta de humanistas en un panorama cultural debería ser una señal de alarma suprema para quienes realmente se interesan por la salud de una cultura. El maltrato, la incomprensión y el aislamiento de los humanistas (en la forma universal del olvido o en su variante cubiche, el ninguneo) es un pecado de lesa cultura, y como la cultura es consustancial con la existencia de la sociedad, que es la forma más elevada de organización conocida por la Humanidad, entonces, cuando permitimos que una cultura pierda sus humanistas y no damos la menos importancia a la falta de ellos ni potenciamos su formación con las debidas herramientas, estamos ante un crimen de lesa humanidad.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , | 1 comentario

Un ensayo de Rufo Caballero

NOTA: He encontrado en internet este ensayo de Rufo Caballero, a quien una  vez llamé el intelectual más importante de su generación, sobre el derecho de la Dra. Beatriz Maggi al Premio Nacional de Literatura. En realidad es una reseña a una antología de sus ensayos. Contiene, además, interesantes reflexiones de Rufo, muy lúcidas, en torno a la naturaleza del ensayo como género, donde se suele encontrar gran confusión entre la intelectualidad cubana, en especial la de nuevo cuño.

Beatriz

JR invita a la lectura de Antología de ensayos, sabia colección de la ensayista Beatriz Maggi, publicada por la editorial Letras Cubanas

Rufo Caballero
digital@juventudrebelde.cu
22 de Marzo del 2009 1:55:47 CDT

En Cuba existe una lamentable confusión alrededor del ensayo. Véanse las nóminas de los libros premiados en la categoría de ensayo y se observará enseguida que en el lugar del género se premian investigaciones culturales, por lo general excelentes, vislumbradoras, pero que no son ensayos en absoluto.

Allí donde la investigación cultural se comporta como verificación sobre un fondo de teoría y de comprobación histórica, el ensayo es fluencia de ideas, río de la subjetividad. Para la investigación cultural, el imperio de la subjetividad es un peligro; para el ensayo es un lujo. El gran ensayista tiene como campo de verificación su misma y frondosa subjetividad. El buen ensayista funda su propia teoría; el buen ensayista es su propio referente.

Si lo sabrá Beatriz Maggi, reina del ensayo en Cuba por varias décadas. Cuando la Maggi cita a alguien, lo hace como una gracia, como un guiño, como un antojo del estilo, porque no lo necesita para nada. La Maggi es su propia filosofía; cuando escribe, confiesa (he dicho confiesa y no define) toda una filosofía sobre el mundo, sobre la escritura, sobre la lectura, sobre la vida. Véase, en dicho sentido, La espiritualidad del cuerpo, sentida desde las letras, texto magistral que despide Antología de ensayos (Letras Cubanas, 2008). En esa sabrosa disquisición sobre el maridaje entre cuerpo y alma, entre cultura y naturaleza —maridaje, palabra nunca mejor pronunciada—, la ensayista levanta una recia filosofía de vida que no requiere muletas, aditamentos teóricos, alardes idiomáticos ni otras hierbas. La cultura esencial de la Maggi se basta para parir mundos, para generar nociones y conceptos que emanan casi de su propio cuerpo con la gracia con que la naturaleza se da.

Allí donde otros prefieren lecciones de moral y cívica, la Maggi adopta el pensamiento complejo. En las páginas dedicadas a la película Suite Habana, de Fernando Pérez, leeremos, paladearemos lo siguiente:

«Ese hombre joven que a diario se enfrenta a las sábanas sanguinolentas y purulentas de un hospital, es también hombre cabal cuando a la noche desmiente su sexo y se solaza haciendo su acto de transformismo. Lo ayuda con primor la amantísima mujer enamorada, que lo envuelve en su mirada generosa: amarlo significa también amarle su disfrute de cosméticos y tablado, del oropel de las lentejuelas. Tal es la intensidad con que la Verdad juega a la Mentira; lo Normal a lo Anormal, que aquello que parece veleidad abominable, deja de parecerlo; más bastaría una mirada de “un solo ojo” para que reapareciera la mancilla». (p. 415)

Donde otros verían el placer de lo blasfemo, advierte Beatriz el corrientazo de la Verdad, y esa verdad se relaciona con una máxima martiana: no solo el amor lo puede todo, lo argumenta y lo justifica todo, sino que el amor lo entiende todo, lo comprende todo; lo abraza todo. Esa sabiduría de siglos aparece en la escritura de la Maggi con la transparencia procelosa de un río calmo y siempre abierto, expuesto. La poeta Lina de Feria ha dicho que la escritura de la Maggie atenaza al lector, sometiéndolo, poseyéndolo. La De Feria es aquí exacta como en sus versos siempre: el gozo de la sabiduría ensayística de la Maggi es un gozo sexual. La Maggi, recatada y retirada hace años —a saber— de toda práctica mundana, entabla un diálogo sexual con su lector, en la medida en que produce deseo, genera una necesidad enfermiza, desata una sed que no se sacia fácil. La De Feria lo ha dicho: la Maggi, como Balzac, como Kafka, posee a su lector, y lo peor: ya para siempre.

Lo consigue desde la otra y la primera cualidad que distingue a un gran ensayista: el linaje de la prosa, la identidad inocultable de todo cuanto escribe. La prosa de la Maggi es sinuosa, personalísima; lo precisé arriba: sabrosa. La prosa de la Maggi tiene tanta cultura como mendó. En ese otro ensayo iluminado, El lector confinado, empieza su teoría del engarce lector-escritor por medio de la siguiente construcción: «… Balzac y Kafka… dicen su canción al que con ellos va» (298). Cuando uno lee tanto, vago y vano moral como uno es, se sorprende cerrando de momento el libro y pidiéndole a Dios: «Yo quisiera escribir un día como Beatriz Maggi». Noten la rara música, la cadencia interior de la construcción: «Balzac y Kafka dicen su canción al que con ellos va». Esta mujer está endemoniada, poseída ella misma, y por eso nos somete inclemente, presurosa: porque no le queda otro deber.

Confieso yo también que me gustan mucho los arrebatos con que irrumpen los ensayos de la Maggi. Escuchemos ahora la forma como se presenta el último texto del libro; leamos:

«¿Qué es la naturaleza? Crines sueltas de caballos en estampida; la cúspide, la sima, el plácido valle, la simiente que germina, el manantial que brota, la vaca que muge, la ubre ordeñada que rezuma leche espumosa, la ráfaga de viento que de un latigazo golpea la mejilla, el shuash-shuash salado que lame la orilla, la pampa somnolienta, la cresta que se enfurece y se encrespa para despeñarse sobre la concavidad agazapada que la espera, a la vez ansiosa y temerosa; el suave relente de la madrugada que se asienta sobre el pétalo de una rosa. Y también es naturaleza la muchedumbre que vitorea, el gendarme con el sable en ristre, el rostro que es zajado por una navaja, la cadera que se menea al son caliente, la abeja meliflua, el huracán violento, los hielos árticos, la bola ardiente del sol que nos da luz, calor y vida; los Vesubios, las catástrofes, los ríos embravecidos, el taconeo de la manola en la Península. Amalgama deliberada esta que hago para designar un concepto y una emoción: ¡Majestad!». (451)

A estas alturas de la vida, cuando tanta tinta ha corrido sobre la cultura misma, hay que tener coraje para preguntarse, como cándidamente, y bien, ¿qué es por fin la naturaleza? La Maggi lo tiene. Cualquier muchachito de esos que buscan afanosamente definiciones científicas diría que bah, a qué tanto barullo con todo esto que no es más que novelería. Novelería, sí, de la buena; se dirían entretanto, en medio de un guiño de ojos, Sancho y el Don. En tiempos en que cualquier laboreo con la emoción o el sentimiento está asediado por la sospecha del kitsch y el camp, la Maggi tiene la bravura de puntualizar, literaria y emocionalmente (acaso, por lo mismo, científicamente), qué diablos, es la naturaleza. Yo me pregunto, mientras: ¿Qué diablos, es la poesía si no estas líneas de la Maggi?

He hablado aquí de cultura; nunca de erudición. La erudición es acumulación, pero la cultura es enjundia. La cultura sabe qué hacer con el conocimiento, en lo que la erudición se entretiene con él. Beatriz Maggi es, sobre todo, una mujer culta. Seamos capaces de admitir, con la entereza que la Maggi vale, que esta ensayista, esta pedagoga, esta mujer que ha amamantado a cientos si no a miles de cubanos, merece hace años el Premio Nacional de Literatura. Una vez se lo escuché al maestro Humberto Arenal y desde entonces suscribo perfectamente esa apetencia. Lo dice alguien que no cree en los premios, pero que en este caso me parece justo.

Leamos Antología de ensayos con la fruición a que invita, pero leámoslo también con la responsabilidad que supone esta colección sabia. Recorrámosla convencidos de que el día en que Beatriz Maggi no esté, una quebradura indescifrable se habrá abierto para siempre en los surcos de la Isla y su cultura.

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Fernando Pérez sobre Beatriz Maggi

NOTA:

Reproduzco un fragmento de una entrevista que le fue realizada al cineasta cubano Fernando Pérez (Suite Habana, El ojo del canario, Madagascar, La vida es silbar…), en la que hace referencia a su relación con Beatriz Maggi y ofrece su opinión sobre ella:

(Entrevistador): Algo que caracteriza a su cinematografía  —y pienso mucho en Suite Habana— es su polisemia. ¿Busca premeditadamente  lo «ambiguo» o «inconcluso» como un recurso artístico?

(Fernando Pérez): Yo diría que más que ambiguo o inconcluso, de trata de un recurso artístico que busca lo «ambivalente». Es un término que me descubrió la Dra. Beatriz Maggi (mi profesora de literatura en mis años universitarios y a quien le debo no sólo enseñanzas literarias, sino también de espíritu y pensamiento, que han sido fundamentales en mi vida). Yo no era consciente de ese concepto hasta que ella, después de ver Suite Habana, me llamó para decirme que la diversidad de reacciones que la película provoca se debía a su lenguaje ambivalente (que no es lo mismo que ambiguo u oblicuo). La ambivalencia conserva y expresa valores contrarios y contrapuestos en un mismo personaje o situación dramática. Como la vida. Y reducirla a un solo valor es negar su complejidad, su multiplicidad de sentidos.

La Dra. Maggi es especialista en la literatura de Shakespeare y me ha dado a leer varios textos sobre la ambivalencia en la obra shakespereana, que me han servido para convertir en  reflexión consciente lo que en mí era intuición. Es por eso que preguntarme siempre: «¿Qué pensaría la doctora si….?», cada vez que enfrento una duda, ha sido y será para mi una disciplina, una brújula para mi nebulosa creativa.

La Dra. Beatriz Maggi no tiene títulos honorarios. No es ni Profesora Emérita de la Universidad, ni Premio Nacional de Literatura, ni miembro de la Academia Cubana de la Lengua,  pero para mí los merece todos y muchos más. Por eso le dediqué la película: Martí: el ojo del canario también es obra suya

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | Deja un comentario