Grandes cámaras del cine: Pasqualino de Santis

Todos los aficionados al cine conocen el nombre de Pasqualino de Santis, uno de los grandes cámaras de la cinematografía mundial, porque aparece en los créditos de algunas de las películas más importantes que se hayan rodado jamás, y el cine italiano sería otra historia sin él.

A diferencia de los actores, a quienes el público ve en pantalla y cuyas vidas siguen los medios de prensa de un modo obsesivo, los camarógrafos y directores de fotografía a menudo pasan inadvertidos en las listas de créditos de los filmes, pero su trabajo es tan importante como el del director, quien sin ellos no podría rodar su película. Son los autores de la magia definitiva de un filme, pues la mejor actuación puede perder todo su brillo por causa de un mal encuadre, una mala toma o una mala iluminación, y para hacer este trabajo están los imprescindibles cameraman y directores de fotografía. Tras cada filme que conquista uno de los codiciados grandes premios cinmatográficos, salta a la fama o se vuelve un producto de culto, hay una mano maestra operando las cámaras.

Pasqualino de Santis nació en Italia en 1927, y ya en 1945 estudiaba en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma, más conocido como Cinecittá. En 1950 debutó como asistente de cámara en el filme No habrá paz entre los olivos, dirigida por su hermano José de Santis, y volvió a trabajar con él en Hombres y lobos (1056), El largo camino de un año (1958) y Piso de soltero (1960). En La hora de la verdad, del director italiano Francesco Rossi, Pasqualino tuvo que suplir al director de fotografía y desde entonces trabajó siempre con Rossi y editó los fotogrmas de todas sus películas, entre ellas las célebres El caso Mattei (1972), Lucky Luciano (1974), Cristo Se detuvo en Eboli (1979), Crónica de una muerte anunciada  (1987) basada en un cuento del  escritor colombiano Gabriel García Márquez, Diario napolitano (1992) y La tregua (1996).

De Santis trabajó con grandes directores del cine italiano como Luchino Visconti, Federico Fellini, Vittorio Gassman, Franco Zeffirelli, Dario Fo, Vittorio De Sica y Giuliano Montaldo, el polaco Joseph L. Mankiewicz y los ingleses  Joseph Losey y  Robert Bresson. Fotografió a estrellas de la talla de Sophia Loren, Gian Maria VolontéPlacido Domingo, John Turturro, Omar Sharif y otros. Fue director de fotografía de cuarenta y siete de los filmes más significativos de la historia del cine, entre los que sobresalen  El momento de la verdad (Francesco Rossi), Mascarada (Joseph L. Mankiewicz), Romeo y Julieta (Franco Zeffirelli), Amantes  (Vittorio De Sica), La caída de los dioses y La muerte en Venecia (Luchino Visconti), El asesinato de Trotsky (Joseph Losey), Lancelot y Ginebra (Robert Bresson). Como operador de cámara trabajó en dieciocho filmes, algunos de los cuales también se inscriben en la lista de las producciones que han pasado a la historia del cine: La noche y El eclipse, (Michelangelo Antonioni),  8 ½  y Giulietta de los espíritus (Federico Fellini), y Manos sobre la ciudad (Francesco Rossi). Obtuvo algunos de los más codiciados galardones del cine como director de fotografía: el Oscar por Romeo y Julieta, el Premio de la Academia Británica de Cine por Muerte en Venecia, el León de Oro de Venecia por Manos sobre la ciudad, dos veces el David de Donatello por Tres Hermanos y Carmen, cuatro veces el Cinta de Plata por Romeo y Julieta, Muerte en Venecia, Grupo familiar en un interior y Tres Hermanos, Globo de Oro para La Tregua y otros, además de varias nominaciones. También realizó trabajos de guión y publicó El resplandor en la penumbra, un libro donde recogió sus experiencias y testimonios fruto de de sus años de trabajo.

Pasqualino de Santis perdió la vida víctima de un ataque cardíaco en Ucrania, en 1996, durante la filmación de La tregua.

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Cristales de mar: ¿basura o joyas…?

Miraba con mi hija un capítulo de la extraordinaria serie Revenge, donde el protagonista entrega a su amada como regalo de boda un collar hecho con cristales de mar. He visto probablemente cientos de ellos a lo largo de mi vida, pero nunca les había prestado atención porque me parecían basura provocada por los desechos que el hombre arroja en las playas. Fue mi hija, observadora temible, quien se quedó prendada y me hizo mirar los cristales de mar con nuevos ojos. Y tenía razón, porque al hacer esta búsqueda en Internet he descubierto que son joyas, con lo que se reafirma  una frase dicha por alguien que ahora no logro identificar, pero es muy cierta: “Podemos vivir rodeados de tesoros sin saberlo”.

En efecto, cuando usted va a la playa está pisando en la arena una población de joyas de magnífica belleza. No se detenga a pensar, como hacía yo, que provienen de botellas rotas de cerveza o cualquier otro tipo de recipientes de vidrio y no son piedras preciosas de verdad, porque estaría en un craso error. Los cristales de mar son muy valiosos, porque los océanos demoran entre 10 y 30 años en pulir un trozo insignificante de vidrio, y cada día la industria produce más envases de plástico y menos de cristal, por  lo que los cristales de mar tienen el tiempo en su contra y podrían desaparecer de nuestras costas antes de lo que pensamos. Si no me cree, vea esta opinión de un buscador experimentado de tales objetos que vive en Hawai: “En los años 60 podía encontrar docenas de piezas en una sola mañana; en los 70 solía recoger con mi hijo al menos una pieza o dos. Hacia los 90 se hizo raro encontrarlos, ahora simplemente han desaparecido”. En muchas playas ya no volverán a encontrarse.

Mary Beth Beuke, presidenta de la North American Sea Glass Association, ha dicho que los vidrios que aún quedan en algunas costas están tan erosionados y son tan pequeños que ya no vale la pena recogerlos. Ahora dígame si su belleza, el tiempo que demora el mar en fabricarlos y el haberse convertido en una especie en extinción no  les hace merecer la categoría de joyas. Cuando se conviertan en collares, pulsos, aretes y otras piezas decorativas y los rayos del sol incendien sus más vivos colores importará poco si en su origen fueron  botellas, canicas, lámparas, vidrio común, faros de un auto o hasta unas gafas de sol rotas.

Collar y colgante en una gama bicromática de cristal de mar

Mesa de jardín con incrustaciones de cristales de mar multicolores. Uno de los tantos objetos en los que el cristal de mar puede irradiar su belleza y colorido.

Mural para decoración de pared confeccionado con cristales de mar .

Existen en el mundo muchos coleccionistas de cristales de mar, entre ellos hay verdaderos especialistas que poseen colecciones de miles de ejemplares fuertemente valuadas en el mercado de arte. Se han escrito libros sobre los cristales de mar y hay todo un ejército de buceadores que los buscan con el mismo afán que los pescadores de perlas rastrean las ostras. El mercado de cristales es tan jugoso que incluso se ha creado entre los buscadores un código ético que los obliga a devolver al mar cualquier cristal que encuentren aún con sus aristas sin pulir, porque solo tendrá valor cuando el mar haya perfeccionado su trabajo en él.

Los rusos, que no se caracterizan por ser perdedores fútiles del tiempo, poseen una paya a la que han llamado Playa de Cristal. Ubicada en la bahía de Ussuri, antaño era un vertedero de desperdicios en el que las personas arrojaban en grandes cantidades botellas de vodka y vino. Fueron tantos los cristales que se acumularon allí que con  el paso del tiempo cubrieron las arenas y transformaron la playa en un lugar de gran belleza natural. En invierno, los cristales de mar irradian sus colores intensos sobre la nieve, en un inigualable espectáculo de fulgores. Las autoridades del lugar han declarado la playa zona protegida y en la actualidad atrae a gran número de visitantes. Una playa semejante existe en la costa de California, Estados Unidos.

Cristales de mar brillando sobre la nieve. Playa de Cristal, Rusia.

Cristales de mar en una playa de California

Pero si la belleza y escasez de los cristales de mar aún no son argumentos suficientes para convencer sobre su valor, hay que conceder importancia al hecho de que algunos de estos cristales fueron parte de recipientes que llevan siglos en el mar, lo que les otorga como valor añadido su potencial histórico, incluso arqueológico.

Ahora ya usted lo sabe: si desea hacer un obsequio que impresione a la persona que ama o a un amigo, puede crear usted mismo un precioso collar, una pulsera o una lámpara fabulosa que al ser encendida en una habitación cree un concierto de luces tan magnífico como los lampadarios de piedras preciosas que adornaban  los palacios bizantinos.

 

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Hollywood y el sistema de estrellas

Siempre se ha dicho y escrito mucho sobre el llamado sistema de estrellas de Hollywood, la meca del cine estadounidense y más o menos también mundial.  Las autobiografías y biografías de actores nunca dejan de mencionar todos los abusos y maltratos a que fueron sometidos aún siendo estrellas consagradas de la pantalla. Los contratos que debían firmar, vistos hoy a la luz de nuestra época resultan no solo violadores de la dignidad humana y  los derechos más elementales de los actores, sino ridículos, por contener cláusulas donde se hace patente la tremenda hipocresía social no solo de esos estudios fílmicos, sino de toda la moral social norteamericana de la época.

Es posible que la Warner Bross haya sido la productora más pantagruélica en esta tarea de masticar y tragar actores. Sus contratos de trabajo para las estrellas  incluían el derecho de esos estudios a alquilar a sus actores más solicitados a otros estudios interesados en utilizarlos, les gustara a los actores  o no, y estos estaban obligados a aceptar los papeles que les fueran impuestos aún cuando se tratara de malos roles y películas sin calidad, y aunque ello dañara su imagen pública, que no estaba cimentada en el talento el actor, don que los estudios no reconocían y en el que no estaban interesados, sino en la publicidad, que implicaba, desde luego, aparecer en el mayor número posible de filmes proyectados al público. Lo más increíble es que los alquilados no percibían ni un céntimo por esos alquileres y todo el fruto se lo embolsaban los estudios.

Los actores estaban igualmente obligados a asistir a todos los eventos promocionales que los estudios consideraran relevantes y  convenientes para obtener una jugosa promoción de sus estrellas, a la hora que fuera y donde quiera que se celebrasen, aún si ello implicaba viajar a otros países.

Había, igualmente, cláusulas que comprometían al actor a no hacer nada que pudiera considerarse atentatorio contra la moral al uso, y ello incluía prohibiciones tan risibles como la de no dejarse fotografiar con un cigarro en la mano en un club nocturno. Cuando la prensa obtenía fotos que podían “comprometer” al actor pero que resultaban  buenas para publicidad, los estudios hacían que sus técnicos borraran de las fotografías aquellos elementos que resultaran inconvenientes, como por ejemplo los cigarros. Uno se pregunta qué sentido tenía esa prohibición cuando en pantalla los actores debían fumar aunque les desagradara si el guión así lo demandaba.

Este estilo de trabajo que exigía mantener al actor  constantemente en la maquinaria publicitaria obligaba a los actores a excesos de trabajo que muchos pagaron con mermas de su salud, y para mantenerse en capacidad de trabajar muchos actores y también personal de los equipos de filmación fueron obligados a consumir estimulantes entre los que se encontraban las adictivas anfetaminas. El caso de Marilyn Monroe es emblemático en este sentido.

Otro de los conflictos a que el sistema de estrellas sometía a los actores era el de la etiquetación en determinado papel. Muchos actores nunca pudieron salirse de las etiquetas de personaje que los estudios les endilgaron, como es el caso de Bette Davis, la malvada por excelencia del cine norteamericano, quien al mismo tiempo resultó ser una actriz de grandes dotes.

Los contratos de la Warner tenían como mínimo una duración de 7 años, durante los cuales el actor no tenía derecho a filmar con otra productora aunque ello significara una oferta tentadora y aunque en ese momento la Warner no lo tuviera comprometido con ninguna filmación ni proyecto de trabajo. Fue la Davis, mujer de carácter muy fuerte, quien rompió con esta situación y se fue a filmar a Londres a escondidas de sus productores. A ser descubierta os estudios la llevaron a los tribunales. Ella se defendió con bravura  denunciando todos los abusos a que el gremio era constantemente sometido, pero la Warner Bross era una empresa multimillonaria y no podía permitir que semejante juicio fuera ganado por una actriz, pues ello hubiera traído por consecuencia la rebelión de todos los actores contratados y la presentación de incalculables demandas contra contratos, o sea, un posible caos para los estudios, así que Davies perdió frente a los feroces abogados de los estudios.

Sin embargo, a partir de ese momento la situación comenzó a experimentar cambios y las condiciones de trabajo de los actores fueron hacia un mejoramiento paulatino, pues las productoras hollywoodenses se dieron cuenta de que ya no podrían mantener las mismas reglas del juego.  Hoy el sistema de estrellas continúa existiendo  y las etiquetas de personaje siguen siendo muy férreas, al extremo de que un actor como Brad Pitt no ha podido escapar a su etiqueta de sex symbol a pesar de haber demostrado en repetidas ocasiones que puede hacer papeles mucho más profundos y fuertes, pero los grandes actores norteamericanos ya no son marionetas, sino en muchos casos millonarios como Robert Redford, ex sex symbol,  que pueden imponer ciertas condiciones de trabajo a los estudios, y también escribir, actuar y dirigir sus propias películas o trabajar como productores independientes, como lo hizo Redford con la fundación de Sundance Institute. Sin embargo, no parece que el sistema de estrellas vaya a desaparecer, o en todo caso no lo hará mientras Hollywood se mantenga como meca del cine y principal mercado cinematográfico del planeta Tierra.

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X files: Gobierno niega conocimiento pero la verdad está allá afuera

X files ha pasado a la historia como una de las series de televisión más exitosas de todos los tiempos, pese a que su pareja protagónica, los actores Gillian Anderson y David Duchovny, no se cuentan entre las grandes estrellas de Hollywood y tras el fin de la serie sus carreras no los han conducido a una posición más ventajosa en el mundo del cine.

Nacido en Nueva York de la rara conjunción entre un padre judío ucraniano y una madre escocesa, Duchovny realizó estudios en centros universitarios tan afamados como Princetown y Yale, donde hizo un master de Literatura Inglesa. Ya había realizado algunos trabajos para el teatro, el cine y la televisión cuando en 1993 le ofrecieron el protagónico en X files como el agente Mulder del FBI, quien a partir de la abducción extraterrestre de su hermana, ocurrida cuando ambos eran niños, no ha cesado de buscarla y de procurar respuestas a enigmas que se encuentran más allá del alcance de la inteligencia humana. Además de actuar, David escribió y dirigió varios episodios de The X Files. Desde mediados de la serie y después de dejarla, David protagonizó películas como Evolution, Trust the Man con Julianne Moore, Return to Me, The Secret, Things We Lost in the Fire con Benicio del Toro y Halle Berry, y su ópera prima como director, House of D, junto a Robin Williams y su esposa Téa Leoni. También ha protagonizado papeles secundarios en películas como Connie y Carla, Full Frontal con Julia Roberts, Zoolander, entre otras. Se lo pudo ver al final de la serie Sex and the City, donde interpretó a Jeremy, un antiguo novio de Carrie, en el capítulo “Boy Interrupted”. También puso la voz a su personaje Fox Mulder en un episodio de Los Simpson y en varios videojuegos como Área 51. Ha sido entrevistado en innumerables ocasiones y ha conducido programas de televisión. Ha obtenido cuatro nominaciones a los premios Emy y ha sido nueve veces nominado y ganador de los Globos de Oro. Él ha opinado sobre su personaje: Lo más interesante de Mulder es que su obligación es hacer cumplir la ley, pero jamás resolvió un caso en nueve años. Así que debe ser el peor agente del FBI de todos los tiempos”. Es cantante de un grupo de rock y tiene grabado  su álbum Hell or Highwater. Connotado deportista durante sus años universitarios, ha escrito una novela en el que su protagonista, una vaca de granja que ve por una ventana un programa de televisión donde se representa un matadero de reses, y decide emigrar a la India para llevar una existencia respetada y feliz. La acompañan en la aventura un cerdo que quiere llegar a Israel, donde es manjar prohibido, y un pavo convencido de que debe llegar a Turquía para evitar la muerte, puesto que en inglés el nombre de esta nación (Turkey) significa precisamente pavo. Es conocido por su sentido del humor.

Gillian Anderson, más conocida por su papel de Dana Scully en X files, nació en Chicago en 1968 de padre inglés y madre de ascendencia irlandesa y alemana. En Michigan asistió a una escuela de alto rendimiento para estudiantes dotados, con un programa de estudios con fuerte énfasis en Humanidades, donde se graduó en 1986. Renunció a una prometedora carrera como bióloga marina para dedicarse a la actuación. Debutó en el teatro antes de ser llamada para el casting de X files. Los productores no la hallaban apta para interpretar a Scully, pero el productor ejecutivo Chris Carter la eligió desde que la vio en la primera audición. Anderson ganó varios premios por su interpretación de la agente especial Dana Scully, incluyendo un premio Emmy, un Globo de Oro y dos Screen Actors Guild en dos años seguidos como Mejor Actriz en una serie dramática. En 1996, la revista FHM eligió a Gillian Anderson como la “mujer más sexy del mundo”. En 1997 fue elegida como una de las “50 personas más bellas del mundo” por la revista People. En 2008, FHM volvió a nombrarla como una de las “100 mujeres más sexys del año”. Su filmografía cuenta con unos 23 títulos entre filmes y series de televisión. Ella escribió y dirigió el episodio de The X-Files titulado All Things. Ha ganado seis premios Emy y cinco Globos de Oro y otras muchas nominaciones.

Gillian y David en sus respectivos papeles de Dana Scully y Fox Mulder en X files fueron un auténtico fenómeno de masas, un icono pop de los 90 a los que incluso el grupo Catatonia dedicó una canción.

Aunque los Estados Unidos poseen una larga y nutrida trayectoria en obras de ciencia ficción de diferentes géneros, nunca antes las teorías conspiracionistas habían alcanzado en cine y televisión un despliegue tan intenso y directo como en esta serie de nueve temporadas donde el tema queda expuesto a la manera posmoderna, libre de restricciones y tabúes en lo que se refiere a la posible implicación del Gobierno, la CIA, EL Pentágono y el Ejército de los Estados Unidos en planes extraterrestres decolonizar la Tierra y, eventualmente, eliminar la raza humana. Hay, al menos, un antecedente: la serie Roswell, dirigida por Jason Katims, se comenzó a filmar en 1989 y está basada en un incidente real ocurrido en Nuevo México en 1947, cuando testigos presenciales afirmaron haber hallado restos de una nave extraterrestre y cadáveres de alienígenas que luego desaparecieron. Se dijo que habían sido conducidos en secreto a la base militar de Roswell con el fin de realizar experimentos destinados a incrementar el poder del complejo militar-industrial, lo que hasta hoy es negado por el Gobierno de ese país. Este suceso se considera como el nacimiento de la ufología moderna y ha dado lugar a numerosos debates, teorías y especulaciones sobre la existencia de vida extraterrestre. El fenómeno ha tenido un gran peso en la cultura popular y se menciona en numerosas obras de ficción, así como en numerosos documentales y sitios de internet. Aún hoy la zona demarcada como línea 51 es objeto de atención por cazadores de OVNI y gente interesada en la existncia de vida extraterrestre y sus vínculos coel Gobierno mundial.

La teoría de la conspiración tiene antecedentes literarios. Hay que recordar que los títulos más significativos en el mercado del conspiracionismo han sido El enigma sagrado, escrito por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln y publicado por primera vez en 1983, diez años antes que el rodaje de X files, y  trata de la posible existencia de una estirpe secreta derivada del matrimonio entre Jesucristo y María Magdalena que se relaciona con la existencia del Santo Grial; El péndulo de Foucault, del semiólogo italiano Umberto Eco, novela publicada en 1988, que retoma la vieja trama de la conspiración contra los Templarios, surgida en el mismo momento en que el rey de Francia comenzó su persecución contra esa Orden monástico-militar; y El Código Da Vinci, de Dan Brown, cuya primera edición data de 2003 y gira también en torno a la descendencia de Jesús y María Magdalena.  Era inevitable que la ufología o ciencia de los OVNI, con sus historias de avistamientos de naves espaciales, abducciones y extraños sucesos como el del célebre Chupacabras, que hasta hoy permanecen sin explicación, se fusionara con las teorías conspiracionistas del gobierno secreto del mundo para dar lugar a un fenómeno de masas como X files. Como dato curioso, acoto que mientras los europeos admiten la existencia de un gobierno secreto del mundo pero no lo ubican en un lugar definido, los norteamericanos no sienten escrúpulos en extender un dedo acusatorio hacia su propio Gobierno y las principales instituciones de seguridad de su país. Como dice esa socorrida frase anónima, si X files no hubiera existido, habría habido que inventarla.

Especialistas del cine, fanáticos y no fanáticos de la serie han aventurado varias razones para su éxito arrasador. Unos creen que se debe a la gran química existente entre esta pareja de agentes del FBI, el alto y deportivo Mulder y la pequeña y delicada Scully, cuya fragilidad es solo aparencial, pues se trata en realidad de una mujer de carácter muy firme y gran coraje personal, que salva a su compañero con más frecuencia de lo que él la salva a ella; se ha llegado a decir que forman la pareja mejor emulsionada de la historia del cine y la televisión (y vale hablar aquí de cine aunque estemos tratando sobre una serie de televisión, pues X files dio lugar a tres películas con ellos mismos como protagonistas), y a que su relación, siempre oscilante entre la amistad respetuosa y la intimidad erótica de una fuerte atracción, mantienen a los seguidores de la serie en un nivel de expectativa deseosa que actúa como un gancho muy eficaz. Mulder y Scully fueron el origen de lo que hoy conocemos como “shipping”, término que refiere al deseo de los fans de una serie de que dos personajes se impliquen románticamente. La fórmula ha sido repetida en otras series, pero con efectos mucho menos logrados.

Otros piensan que el éxito se debe a Chris Carter, productor ejecutivo y guionista de X Files, lo que desde luego es una verdad como un templo en favor de la serie. Carter es un guionista osado y creativo que no se permite concesiones ni abaratamientos, rompe con todas las fórmulas anecdóticas empleadas antes de él y se apunta a finales a menudo abiertos y hasta incomprensibles, amén de que su trabajo lleva el sello de un ritmo ininterrumpido y un suspense maestro. Es uno de los guionistas de series de televisión más elegantes y refinados  que hayamos visto en Cuba.

Pero mucha gente está convencida de que el verdadero secreto de por qué X files ha sido vista durante tantos años por millones de espectadores en todo el mundo y no parece envejecer como producto artístico (y aún volverá próximamente con una oncena temporada) se  debe a la esencia de su trama, la misma que ha alimentado y sigue nutriendo a la teoría universal de la conspiración: la sospecha de que más allá de gobiernos y presidentes, reyes y monarquías, primeros ministros y transnacionales omnipotentes existe un grupo secreto de individuos con altísimos poderes que controlan el mundo desde la sombra. Cuando comenzaron a pasar por las pantallas las primeras temporadas de X files el fenómeno de los Iluminati prácticamente solo era conocido entre los aficionados al esoterismo y los lectores de Umberto Eco, y muy pocas personas habían oído hablar del grupo Bilderberg y de su reunión anual a la que asisten aproximadamente las 130 personas más influyentes del mundo, mediante muy exclusiva invitación. Simplemente la gente común no estaba sintonizada con la idea de un gobierno secreto mundial y el tema de un nuevo orden mundial se relacionaba  de un modo bastante vago con contenidos políticos sin nombres ni  apellidos. Hoy la situación ha cambiado y el grupo Bilderberg[1] —supuestamente fundado por el millonario norteamericano Rockefeller, conocido por su membresía en la siniestra fraternidad universitaria de los Scull & Bones y probable miembro de la secta Iluminati— son objeto del atento seguimiento de la prensa internacional y públicos muy diversos, y a pesar del alto nivel de inaccesibilidad que han demostrado sus actividades las filtraciones son esperadas con interés por millones de personas que antes de X files no tenían ni idea de su existencia. Cuando Spielberg rodó la miniserie Taken (Abducidos) (2002), el camino ya estaba abierto y el fenómeno de las teorías conspiracionistas y sus adeptos, jocosamente bautizados como conspiranoicos, estaba en pleno auge.

Es importante que los espectadores cubanos, quienes tienen el privilegio de volver a presenciar ahora todas las temporadas de X files, tomen conciencia de estar presenciando un producto que no es una mera serie de entretenimiento: posee también muy fuertes connotaciones políticas implícitas, y por ello marcó una época y ha influido sobre otras series posteriores, aunque no creo que haya vuelto a conseguirse un producto tan integral y de tan alta calidad estética y conceptual que, sin embargo, ha logrado captar durante años la atención de públicos mayoritarios y muy diversos, lo que no siempre puede decirse de todas las producciones audiovisuales. No hay que dejarse confundir por las muchas tramas paranormales e incluso abiertamente fantásticas del guión: X files es la primera serie que denuncia de manera  pormenorizada y frontal la participación del Gobierno norteamericano en experimentos tenebrosos con víctimas militares y civiles, y el papel  de la CIA y el Pentágono en sucesos relacionados con la vida extraterrestre que jamás han sido completamente aclarados y han dado lugar a una sospecha masiva de fraude y ocultamiento por parte de esas instituciones.

X Files tiene mucha tela por donde cortar. Solo con entrar a analizar en detalle todos los enunciados y teorías científicos que aparecen en cada capítulo tendríamos para escribir un libro. No importa si, como repite el agente Mulder, queremos creer o no: la verdad está ahí afuera.

 

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[1] Surgido en 1954, el club Bilderberg envuelve un aura de misterio que se magnifica con el paso del tiempo. Y es que las deliberaciones, al más alto nivel, se hacen a puerta cerrada, sin comunicado oficial y sin resoluciones. Todo secreto, nada público. Una característica que choca con su objetivo, que es impulsar el diálogo entre Europa y Norteamérica. Está integrado por banqueros, políticos, miembros de la realeza, financieros internacionales o dueños de los principales medios de comunicación. Entre ellos están el español Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del grupo Prisa, el estadounidense Donald Rumsfeld, antiguo secretario de defensa de su país, el irlandés Peter Sutherland, entre otros cargos presidente de Goldman Sachs y British Petroleum, el estadounidense Paul Wolfowitz, antiguo presidente del Banco Mundial, David Rockefeller, los Ford o el belga Étienne Davignon, antiguo vicepresidente de la Comisión Europea y expresidente del grupo. “Se trata de una lista exclusiva de figuras de influencia global que ha captado el interés de una red internacional de conspiracionistas, quienes durante décadas han visto al grupo Bilderberg como un esquema globalista-corporativo y están convencidos de que una élite poderosa está moviendo al planeta hacia un nuevo orden mundial oligárquico”. (Kenneth P. Vogel, periodista)

 

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FRASES CÉLEBRES EN LA HISTORIA DEL CINE

Pensar el cine es una tarea difícil, sobre todo porque encierra dilemas que nunca serán definitivamente desentrañados, como, por ejemplo, si el actor debe o no ser inteligente, si debe recrear su propio papel o ser marioneta del director, y el peor dilema de todos: ¿es arte el cine o mera industria mercantil? Quienes trabajan dentro del cine y para el cine no son los únicos en hacerse estas preguntas. El público, en su papel de espectador, también es víctima de estos cuestionamientos, una víctima torturada, además, puesto que es el destinatario natural  de la producción cinematográfica, pero siempre una víctima secundaria. Los más castigados en primer lugar son quienes hacen cine, actores, directores, guionistas equipos de realización, porque la cuota de esfuerzo y de talento que inviertan en su trabajo, ya sea poca o mucha, no les garantiza nunca que las víctimas secundarias les den su aprobación, y es aquí donde el cine muestra su peor lado mercantil: si no gusta, el filme no se vende y aunque sea muy bueno se le considera un fracaso. Algunas de las mentes más brillantes de la industria cinematográfica han dejado para la historia frases memorables al respecto, fruto de profundas reflexiones sobre su trabajo. Estas son algunas de ellas:

“Escribir un guión no tiene nada que ver con ser un buen escritor. El mejor guionista del mundo sería, idealmente, un editor de cine con dotes novelísticas.” (Norman Mailer, novelista. USA)

“Cuanto más logrado sea el personaje del malo, más logrado será el filme. (Alfred Hitchcock, director.” USA).

“Hollywood es un lugar donde te pagan 50 000 dólares por un beso y 50 centavos por tu alma.” (Marilyn Monroe, actriz, USA)

“Algunas estrellas no son buenos intérpretes, pero muchísimos buenos intérpretes no son estrellas.” (John Huston, director. USA)

“Un éxito de varias décadas no es cuestión de suerte, sino cuestión de agallas.” (María Félix, actriz. México)

“El impacto del cine verdaderamente bueno está en hacer hablar a las imágenes. Lo que importa es lo que se ve.” (Klim Eatswood, actor y director. USA)

“Yo no soy el que la gente cree que soy. Tampoco soy, en modo alguno, el que creo ser. Cuando alguien cree saber quién es, se sabe muy bien que, en realidad, no lo sabe.” (Igmar Bergman, director. Suecia)

“El que un director posea un pensamiento profundo o no es algo que se muestra en el motivo por el que hace una película. El cómo, el método, carece de importancia.” (Andrei Tarkovski, director. URSS)

“En realidad, el cine opera en un nivel mucho más cercano a la música y a la pintura que en el de la palabra impresa.” (Stanley Kubrick, director. USA).

“No entiendo por qué el público espera que el arte tenga sentido cuando la vida no lo tiene.” (David Lynch, director. USA)

“Siempre prefiero las actrices rubias. Primero porque su aspecto agradece mejor que las morenas la iluminación y, luego, porque son los mejores cadáveres: una rubia muerta es algo así como una huella de pasos sobre la nieve inmaculada.” (Alfred Hitchcock, director. USA)

2Si sabemos que una película es como un sueño, que puede llevar al espectador a un estado de ilusión, debemos darle un hilo que lo traiga de vuelta a la realidad.” (Tomás Gutiérrez Alea, director. CUBA)

“Hay tres tipos de crítico: a( el analfabeto. B) el que escribe excelentemente pero no capta lo que ve y lo disfraza hábilmente; y c) el que analiza tu trabajo, valora bien fallas y aciertos y sabe exponer adecuadamente el resultado del análisis realizado.” (Bob Hoskins. USA)

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La misteriosa criatura llamada estrella de mar

Cuando era niña tuve la oportunidad de presenciar en el Acuarium de La Habana un combate entre un erizo y una estrella de mar. Yo sabía que el erizo es un animal marino. Nos conocimos en circunstancias algo dramáticas, cuando los pequeños erizos agazapados en el dienteperro de la playa Arroyo Bermejo me pincharon los pies mientras yo intentaba recoger conchitas y caracoles en los acantilados, pero hasta ese día había creído que la estrella de mar era un muñequito inventado por Walt Disney. Los niños, ya se sabe, tienen una percepción del mundo completamente diferente de los adultos.

Pero aquel día perdí mi inocencia sobre el tema. Al comienzo del enfrentamiento yo estaba segura de que las enormes púas del erizo ensartarían a la “indefensa” estrellita de mar, y durante unos veinte minutos permanecí fascinada ante la pantalla de vidrio que me convertía en espectadora, aguardando el gran final. Sin duda esa era la actitud de los espectadores del circo romano, y como ellos, yo también di mi voto, al erizo por supuesto. Pero perdí la apuesta con mi papá, que desde el principio se declaró fan de la estrella, porque cuando todo parecía eternamente detenido, la estrella hizo un movimiento contráctil que le permitió agazaparse sobre e erizo y lo encerró en un abrazo mortal. Su abdomen, que las púas enemigas nunca lograron hincar, expelió una masa gelatinosa sobre su oponente, y pocos minutos más tarde el cuerpo del vencido se quebró dejando al descubierto bajo la dura corteza pinchuda una carne blanda que la estrella, simplemente, devoró. La impresión fue tan fuerte que jamás he olvidado aquello, y desde entonces siento un enorme respeto por las estrellas de mar y me asusto cuando veo en las playas a un niño o una muchacha sonrientes que sostienen en la mano una estrellita depositada por la marea sobre la arena, como si fuera un juguete o un adorno vistoso.

Y no los culpo, porque realmente las estrellas de mar están entre los animales más bellos que habitan bajo el mar. Hasta su especie tiene un nombre maravilloso con ecos de ciencia ficción: Asteroidea. Clasifican en el género invertebrados y existen entre 1500 y 2000 variedades en todo el planeta. No tienen  solo 5 brazos, como las estrellas que todos tenemos en mente, sino que pueden tener hasta 40, lo que las hace semejantes a los pulpos. Su piel está calcificada para protegerlas de ls depredadores que podrían devorarlas, pero esa no es su única defensa, también sus vivos colores, que pueden ir desde el rojo encendido hasta el naranja y el amarillo, tienen la función de asustar a otros animales que se les acerquen con malas intenciones. También pueden ser grises o de un oscuro tono marrón, pero por lo general esos tintes van perdiendo intensidad cuando el animal muere o es sacado de las aguas. Aunque no llegan a tener púas como el erizo, su pie puede ser granulada o forrada con un manto de pequeñas espinas.

Aunque no tienen cerebro ni sangre,  poseen las estrellas un esqueleto formado por placas articuladas. Las estrellas más pequeñas miden unos dos centímetros, pero pueden llegar a crecer hasta más de un metro. Pueden vivir entre 10 y 34 años, algunas incluso más, y alcanzan su madurez reproductiva entre los dos y los cinco años de edad. Pueden vivir en aguas frías o tropicales siempre que sean oceánicas, nunca en aguas dulces, y se las encuentra hasta los 6 000 metros de profundidad. Su movimiento es mayor de noche y se desplazan mediante un sistema de ventosas que hacen las veces de pies diminutos. A pesar del grosor y dureza de su piel, la estrella de mar tiene células sensoriales que le permiten percibir la luz, el flujo de las corrientes marinas y hasta detectar productos químicos.

Las estrellas de mar no comen solo erizos.  En general consumen presas que se mueven con lentitud como moluscos, percebes, caracoles, gasterópodos y otros invertebrados de la fauna marina. Vuelcan hacia afuera el contenido de su estómago. Sus jugos digestivos contienen unas enzimas muy potentes que disuelven los tejidos de sus víctimas, que luego ella succiona con la boca que tiene en el centro inferior de su abdomen. También pueden comer placton, pero digamos que no es su menú favorito.

Las estrellas de mar se reproducen a través de huevos, que algunas esconden entre las rocosidades del fondo marino o entre las plantas subacuáticas y otras mantienen pegados a sus cuerpos hasta el momento del nacimiento. Pero poseen también la capacidad de regenerarse. Y no hablo de que pueden volver a hacer crecer un brazo que les haya sido amputado, sino de que a partir de un brazo amputado la estrella puede volver a crearse enteramente a sí misma, debido a que este animal tiene sus principales órganos vitales precisamente en la punta de sus extremidades.

Aunque sean tan hermosas las estrellas de mar tienen muchos enemigos. Entre los más peligrosos están los tritones, los lobos de mar, los feos cangrejos y las gráciles gaviotas, los albatros y… los erizos. También el hombre es su enemigo, pues se siente atraído por sus vistosos colores y por su forma, que le recuerda a las estrellas del cielo, con las que siempre ha soñado y que han estimulado tanto la fantasía de la raza humana, en especial de los niños, que las incluyen en casi todos sus dibujos. Si nos fijamos bien, nos daremos cuenta de que las habitaciones de los niños, su ropa, sus juguetes y la decoración de las guarderías y de cualquier espacio que les esté destinado a los pequeños  tienen siempre estrellas de mar dibujadas, coloreadas, impresas, bordadas, en papier maché, en plástico y goma, en fin, en cualquier forma posible las estrellas de mar siempre acompañan a los niños. Lo que muchísimas personas desconocen es que cuando descubren en la playa una estrella de mar y se inclinan sobre ella entusiasmados para cogerla están acercándose a un animal venenoso que puede causarles problemas serios. La potencia de su veneno es muy temida, por ejemplo, por los corales.  Estos les temen tanto que cuando las estrellas se acercan los corales se estresan y eso hace que pierdan sus colores y se tornen pálidos.

 

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Cinefilia, cosas sobre cine que siempre quiso saber y nunca pudo averiguar

Con el muy sugestivo título Cinefilia, cosas que siempre quiso saber sobre el cine y nunca pudo averiguar, la casa editorial Arte y Literatura, del Instituto Cubano del Libro, nos entrega una obra tan interesante y sorprendente que una vez comenzada su lectura es imposible abandonarla.

El título no miente. Este libro está repleto de sorpresas. No solo trata aspectos de Hollywood —la meca del cine como todos conocen a estos gigantescos estudios situados en California, USA—, tales como escándalos, secretos no divulgados de las estrellas, abusos cometidos por los productores contra los actores y el personal de trabajo, sino que incorpora, además, documentos que son verdaderas perlas, como la carta enviada por Marlon Brando con una india norteamericana a la entrega de los Premios Oscar, a la que él decidió no asistir en protesta por los crímenes y atropellos cometidos por el Gobierno contra los nativos; el texto del contrato con todas sus cláusulas que debían firmar los actores y comprendía restricciones en terrenos tan personales como la moral, la sexualidad y la religión; muchas páginas dedicadas a curiosidades del cine norteamericano; ensayos breves sobre figuras relevantes del sistema de estrellas y un muy interesante trabajo sobre el macartismo, que nos enfrentará al hecho de que sabemos poco o nada sobre uno de los fenómenos más escandalosos y virulentos de la historia del cine.

Esta obra del periodista e investigador Rodolfo Alpízar (La Habana 1929) tiene, en mi opinión, un gran valor que sobresale por encima de sus otros aciertos, y es mostrar de un modo muy completo y coherente la maquinaria demoledora de almas que es el llamado sistema de estrellas del cine norteamericano, del que han sido víctimas actores con talento y personalidades frágiles como Marilyn Monroe, por solo mencionar un nombre, y también directores, guionistas y escritores. El lector podrá tomar conciencia de un modo ameno e interesante de un fenómeno terrible que queda oculto tras la pantalla donde se proyectan las películas, y podrá percibir de un modo a veces doloroso cómo la penumbra de una sala de cine está entretejida con sufrimientos, sacrificios y fracasos aniquiladores que sin una voz que los denuncie, quedarían ocultos para siempre del conocimiento del espectador tras la magia de las imágenes en movimiento, la música y esos rostros que todos conocemos y esperamos, las estrellas modélicas que a pesar de no haber sido jamás dueñas de sus vidas en no pocos casos han señoreado y guiado las nuestras por caminos falsamente edulcorados.

Santovenia se ha dedicado a la crítica de cine. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y de la Asociación de Prensa Cinematográfica (ACPC). Es autor del Diccionario de Cine. Términos artísticos y técnicos, con dos ediciones a cargo también de la editorial Arte y Literatura. Ha publicado con varias revistas y periódicos de Cuba.

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Romeo y Julieta en las tinieblas

Hay grandes temas dentro de la literatura universal que tienen la fuerza arrasadora del eterno retorno, y la historia de Romeo y Julieta es uno de ellos. Hace décadas la televisión cubana trasmitió una telenovela con el título de este post basada en la obra  del genial dramaturgo inglés William Shakespeare, protagonizada por los actores cubanos Miriam Mier y Ramoncito Veloz. Nadie que haya leído esta celebérrima tragedia isabelina de amores imposibles y de muerte puede olvidar a Shakespeare aunque sea  ese  el único texto que conozca del gran dramaturgo inglés. Muchos espectadores cubanos tampoco han olvidado la versión nacional, donde la historia se trasladaba a la Alemania nazi —fue en esa telenovela donde yo escuché hablar por primera vez del gueto de Varsovia y donde vi, también por primera vez, la estrella de seis puntas, emblema del pueblo hebreo, en forma de escarapela bordada que los nazis obligaban a llevar a los judíos sobre sus ropas para identificarlos—. Y hay películas que tampoco se olvidan jamás. En las listas de mejores filmes que tanto gustan publicar las revistas especializadas casi siempre encontraremos una y otra vez la versión de Romeo y Julieta del director italiano Franco Zeffirelli.  Si uno observa con atención los títulos que suelen repetirse en las listas individuales de favoritos, podrá apreciar que la gran mayoría de las obras mencionadas tienen una banda sonora también inolvidable. Suscribo en todas sus implicaciones la opinión del director cinematográfico Stanley Kubrik, quien dijo: “En realidad, el cine opera en un nivel mucho más cercano a la música y a la pintura que en el de la palabra impresa”. Quienes no conocen la tragedia shakesperiana no recuerdan seguramente nada de los diálogos del filme, aunque fue una adaptación literal de la pieza de teatro, pero todos recuerdan la música.

Las melodías para la banda sonora de esta película fueron encargadas por su director al compositor italiano Nino Rota. El tema central, la canción Amor (aunque también se la conoce por otros títulos) se convirtió en un éxito sensacional y ha sido interpretada por cantantes famosos de todo el mundo, entre ellos Luciano Pavarotti. Rota nació en Milán en 1911 y fue un niño prodigio que empezó a componer a los 5 años y a los catorce ya había escrito una ópera. Estudió en Nueva York composición, dirección e historia de la música. Su maestro de música general fue el célebre italiano Arturo Toscanini, y Aaron Copland lo instruyó en la asignatura de música para cine. A los 22 años creó su primera composición musical destinada a la gran pantalla.

Los más grandes directores del cine italiano tuvieron a Nino Rota en tan gran estima que le encargaron la música para varias de sus películas. La primera fue El jeque blanco, rodada por Federico Fellini en 1952. Rota fue también el autor de las bandas sonoras de La dolce vita, Ocho y medio, Amarcord y Casanova, también de Fellini;  Rocco y sus hermanos y El Gatopardo, de Luchino Visconti y la ya legendaria saga El Padrino, del norteamericano Francis Ford Coppola, cuyo vals que da inicio a la primera escena de la primera parte ha resultado una melodía tan inolvidable y emblemática como Amor. Además de toda la música que escribió para el cine fue autor de una importante obra de concierto. Compuso sinfonías, conciertos para piano y cuerda, piezas de cámara y oratorios. Se le ha definido como una de las más brillantes carreras musicales en la historia del cine. Murió en 1979.

Otro de los grandes aciertos de Romeo y Julieta fue la estrella de su casting. Zeffirelli se propuso desde el principio no solo respetar la literalidad de los diálogos shakespearianos, sino la edad de los personajes, por lo que decidió trabajar con actores entre los 15 y los 18 años en los papeles principales. Para elegir a la actriz que interpretaría el rol de la adolescente y apasionada Julieta hizo más de mil audiciones, y aunque inicialmente descartó a Olivia Hussey por parecerle que la jovencita tenía exceso de peso, terminó por elegir a aquella chica inglesa nacida en Argentina (hija de un morocho cantante de tangos y una británica) quien tenía 16 años en el momento inicial del rodaje. Para evitar que la muchacha continuara engordando durante la filmación Zeffirelli prohibió que fueran servidas pastas en el set de rodaje. Aunque los vestuarios medievales hubieran podido disimular algunas libras de más en la actriz debutante, el problema es que en el filme hay una escena de desnudo y Zeffirelli quería que la imagen resultara impecablemente bella. Como Olivia era menor de edad el director tuvo que obtener un permiso especial para mostrarla sin ropa junto a un Romeo en el mismo estado.

Hay que reconocer a Zeffirelli un instinto certerísimo por esta elección de su actriz principal, porque el rostro de Olivia se grabó para siempre en la memoria de todos los que vieron la película y sigue haciéndolo en los espectadores de hoy, porque es el rostro arquetípico de una virgen, en el que se emulsionan la belleza, la candidez, la sensualidad y una muy acentuada nota trágica. Quien entre en los foros de webs y blogs dedicados a esta película encontrará las más rendidas declaraciones de amor platónico a este arquetipo de inocencia y deslumbrante juventud.

No ocurre lo mismo con el actor que interpretó a Romeo, aunque el director puso igual cuidado en la elección del actor de 17 años Leonard Whiting, escogido entre otros 300 jóvenes. Zeffirelli dijo de él: “Tiene una cara magnífica, la melancolía suave y dulce, el tipo de hombre idealista que Romeo debe ser”, pero lo cierto es que nadie lo recuerda. El tiempo ha demostrado que la perfección de un semblante no siempre basta en el cine para ganar la permanencia en la memoria de los espectadores. El rostro de Leonard es bello, pero carece de la extraña vida interior que asoma a los rasgos de Olivia. Él solo pudo actuar en algunas películas tras el gran éxito del filme de Zeffirelli (Casanova, de Fellini, y Frankenstein). Seis años después de su Romeo su carrera se estancó para siempre y hoy lleva una existencia anónima.

Muchas personas, incluida yo misma, nos hemos preguntado qué fue de la bella Julieta de Zeffirelli. La fugaz belleza de Olivia obtuvo una carrera cinematográfica más duradera, con más de 40 títulos pero sembrada de papeles secundarios. Sus roles más importantes fueron el de María de Nazareth, madre de Jesucristo, y el de la célebre religiosa Madre Teresa de Calcuta —coincidentemente también aureolados de santidad—. Obtuvo los premios de actuación Globo de Oro y David de Donatello, el primero por su desempeño como Julieta, pero ninguno de sus logros ha estado jamás a la altura de la promesa que fue en este magnífico filme que hizo época en la cinematografía europea y está considerado como la obra cumbre de Franco Zeffirelli. Miriam Mier y Ramoncito Veloz tuvieron carreras actorales mucho más ricas en esta pequeña isla caribeña.

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Con los pobres de la Tierra: adictos, vulnerables y angustiados

La adicción, a menudo vista por la sociedad como vicio inconveniente ya se trate de drogas, alcohol o sexo —aunque hay muchas más, como por ejemplo al trabajo, al poder, al dolor—, es tratada en tres filmes con tanta sensibilidad y comprensión hacia lo que más que vicio es tragedia, que nos obliga a replantearnos ciertos conceptos e ideas preconcebidas sobre los adictos. Me refiero a Gía, Leaving Las Vegas y Cosas que perdimos en el fuego.

Gía (USA, 1998), dirigida por Michael Cristofer, nos muestra una desconocida Angelina Jolie interpretando un personaje de la vida real, la juvenil y exitosa supermodelo Gía Marie Carangi, bisexual, con traumas de desamor materno, quien se adentra en el mundo de la droga impulsada por sus profundas crisis existenciales y muere de SIDA por usar jeringuillas contaminadas.

Leaving Las Vegas, (USA, 1995) dirigida por Mike Figgis  y protagonizada por Nicholas Cage y Elizabeth Shué, es la historia de un ejecutivo que sucumbe a su adicción por el alcohol y pierde su matrimonio y su trabajo. Profundamente deprimido se traslada a Las Vegas, donde su vida se desbarranca por completo en medio de un suicidio lento en el que va inundando su cuerpo de alcohol. En esta aventura final conoce a una prostituta y se entabla entre los dos una relación de amor, solidaridad y apoyo incondicional por parte de ella, mientras que los sentimientos del alcohólico parecen resumirse a un único estado de ánimo: tristeza irreversible, decisión inquebrantable de morir.

Cosas que perdimos en el fuego (USA, 2007), primer trabajo de dirección realizado en Estados Unidos por la directora sueca Susanne Bier, tiene en los papeles protagónicos a Benicio del Toro,  Halle Berry y David Duchovny (el agente Mulder de X-Files), y narra  la historia de dos amigos, uno exitoso agente inmobiliario (Duchovny) felizmente casado y padre de dos niños, y el otro (Benicio del Toro), abogado cuya vida se ha hundido bajo el peso de la adicción a la heroína. El primero muere intentando salvar de un asalto a una desconocida, y el segundo es invitado por la viuda a instalarse en su casa en medio de la familia mutilada. Inevitablemente la cercanía de este dúo se va transformando en atracción sexual, y mientras el hombre encuentra en este ambiente una motivación para abandonar la droga y reinsertarse en la sociedad, la viuda, desestabilizada por un duelo que la rebasa, termina por echarlo de nuevo a la calle, lo que provoca en el adicto una recaída demoledora de la que nunca sabremos si consigue recuperarse.

Mientras asistimos a la aniquilación espantosa de Gía y a la última escena del filme donde la piel de su espalda se le desprende en tiras sobre la cama ensangrentada del hospital, y a la destrucción física y espiritual del personaje alcohólico de Cage, al extremo de que su estómago calcinado por el alcohol ya ni siquiera puede tolerar alimentos, el drogadicto de Del Toro plantea un final igualmente desgarrador, aunque en el orden psicológico: durante una terapia grupal en una clínica de desintoxicación cuenta un sueño que ha tenido esa madrugada, en el que recorre desesperado la ciudad sin encontrar a ninguno de sus habituales suministradores; entra en pánico y vuelve a su casa, donde rebusca algo de droga que cree haber ocultado allí, hasta que la encuentra y entonces siente que lo invade una inmensa paz. Su repetición final ante la cámara de la frase-mantra de estas terapias grupales, “Solo por hoy” es uno de los testimonios más agónicos que puedan concebirse para mostrar la vulnerabilidad, la soledad y la angustia de los seres humanos dominados por adicciones que destruyen sus vidas y las acaban del modo más traumático.

Los trabajos actorales de Jolie, Cage y Del Toro son impecables, respaldados por guiones perfectos en los casos de Gía y Leaving Las Vegas y sólido en Cosas que perdimos en el fuego. Estos filmes muestran una comprensión real de la catástrofe física, social y emocional que implica toda adicción, y  develan cómo detrás de cada adicto hay casi siempre una historia dolorosa de carencias y pérdidas que asfixia a personalidades frágiles y en extremo sensibles. Estas películas conmueven al espectador por la sinceridad de su propuesta enriquecida por trabajos magistrales de dirección de actores, aunque la calidad de intérpretes de la talla de Del Toro y Cage es un puntal básico en el éxito de estas ofertas cinematográficas. En el caso de Jolie, no creo que haya vuelto a estar en ningún otro filme a la altura de su Gía.

Hace mucho tiempo que no reponen en la televisión cubana Gía ni Leaving Las Vegas, pero quien las haya visto y luego se enfrente a Cosas que perdimos en el fuego —recientemente proyectada en Arte 7— identificará de inmediato emociones comunes trasmitidas por estas obras. Conforman una trilogía impactante que se convierte en recordatorio de hasta qué punto puede resultar necesaria la comprensión y la solidaridad para los seres humanos que tienen la desgracia de caer en los múltiples abismos de la adicción, y cómo los dañan el rechazo y la indiferencia de sus semejantes.

 

 

 

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Transnacionales contra la vida: Bayer, Monsanto y las abejas robóticas

monsantoskull_deesCuenta la leyenda que Ptolomeo, el general de Alejandro Magno que a su muerte se apoderó de Egipto, conservó el cadáver del joven rey en una urna de cuarzo repleta de miel de abejas para que el cuerpo se conservara incorrupto, y lo expuso a la vista pública para acreditar su propio derecho, como poseedor del ilustre muerto, a la corona de los Faraones. Los antiguos no tenían conocimiento alguno sobre bacterias ni sobre las propiedades bactericidas de la miel, pero sabían que puede preservar la materia viva durante un tiempo casi tan largo como la Eternidad.

Sin embargo, la miel de las abejas, uno de los productos que la naturaleza ofrece al hombre desde tiempos remotos, con tantos usos benéficos para la salud, la belleza, la nutrición, la cocina, podría estar en peligro de extinción. Y la miel no es el único legado de las abejas: ellas polinizan casi tres cuartas partes de los cultivos clave del planeta. Pero las abejas están en peligro de extinción: su población no sólo ha disminuido, también se han extinto siete subespecies que habitaban en Europa, Norte América y China. ¿Culpables de este desastre ecológico? “Los sospechosos de siempre”, como dice esa frase tan célebre del guión del filme Casablanca, y en este caso viene como anillo al dedo a los residuos de un pesticida fabricado por Bayer, concretamente al Imidacloprid. Los expertos afirman que esta sustancia está vinculada a la desaparición de colonias de abejas y la pérdida generalizada de poblaciones de insectos, lo que pone en peligro el mundo natural y nuestra cadena alimentaria.

El Imidacloprid es un tipo de insecticida neuroactivo diseñado a partir de la nicotina. Se trata de una sustancia con actividad insecticida por vía sistémica, por lo que puede ser aplicado a través del agua de riego. Tiene efecto residual prolongado en el suelo. Está etiquetado como utilizable para el control de plagas, tratamiento de semillas, insecticida, para el control de termitas y pulgas y como un insecticida sistémico para cucarachas y hormigas. Imidacloprid está catalogado actualmente como “moderadamente tóxico” por la Organización Mundial de la Salud y la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (clase II o III, por lo que requiere una etiqueta de “Peligro” o “Precaución”), y es contaminante potencial de aguas subterráneas. Está catalogado como “probable” carcinógeno. No está prohibido ni restringido ni es ilegal su importación en ningún país. Sin embargo ha sido prohibido su uso como pesticida en Francia desde 1999.

El uso más extendido del Imidacloprid es el control de plagas en estructuras, césped, viña, lechuga, arroz, cereales incluidos el maíz, patata, hortalizas, remolacha azucarera, frutales, algodón y lúpulo. Los objetivo de este insecticida incluyen a los insectos chupadores como pulgones, moscas blancas, chinches, cochinillas, hemípteros y otros insectos. Imidacloprid es absorbido por las raíces de las plantas; sus propiedades sistémicas hacen que los insectos que coman o absorban algo de la planta resulten intoxicados y mueran, por ejemplo, absorbiendo su savia. En Francia, su uso es polémico por su posible relación con el colapso de colonias que se ha estado produciendo en las colmenas. Alemania también prohibió el tratamiento de semillas con neonicotinoides, debido al efecto negativo sobre las poblaciones de abejas. En marzo de 2012 la prestigiosa revista científica Science publicó un trabajo en el que se relacionaba la disminución del tamaño de las colonias y la producción de reinas en colonias del abejorro Bombus terrestris alimentadas con néctar y polen de flores con trazas de Imidacloprid.

Las grades transnacionales como Bayer tienden a fusionarse con pulpos semejantes, y en este caso la fusión con Monsanto convierte la amenaza en una realidad muy tangible. Monsanto Company es una multinacional estadounidense productora de agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura. La sede de la corporación se encuentra en Missouri, USA. Es líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la producción de herbicidas, y desde los comienzos de su historia tiene un curriculum bien nutrido de conflictos legales por soborno y otras acusaciones.

En septiembre de 2016, Monsanto anunció la aceptación de la oferta de compra de Bayer, valorada en 66.000 millones de dólares, lo que supondrá la formación de un gigante agroquímico. Entre las tristemente célebres producciones de Monsanto se encuentra el Agente Naranja, un potente químico que durante la guerra de Viet Nam causó entre la población vietnamita unos 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones, además de las bajas en el propio ejército estadounidense y la destrucción de la selva y numerosas tierras de cultivo en el país agredido. Monsanto estuvo involucrada en la creación de la primera bomba nuclear en la Segunda Guerra Mundial y operó una planta nuclear en la década de los ochenta para el gobierno estadounidense. En 1944 Monsanto creó el DDT, un pesticida que después se prohibió en Hungría en 1968, en Noruega y Suecia en 1970, y en el propio Estados Unidos en 1972. Durante la Convención de Estocolmo en el 2004 se prohibió su uso general, ya que se acumula en tejidos grasos y en la leche y causa daños irreparables en riñones e hígado. Monsanto creó y produjo el edulcorante conocido como aspartame, que causa dolores de cabeza, diarrea, cambios de humor, vomito y tumores cerebrales y también ha sido relacionado con el cáncer y la diabetes.

Monsanto ha sido también pionera en la creación de los polémicos cultivos transgénicos de productos agrícolas. Ha llegado incluso a patentar sus semillas manipuladas, lo que ha generado muchos conflictos con los agricultores de todas partes, debido no solo al aumento de precios que ello supone, sino a que semejante conducta es considerada una amenaza a la biodiversidad y un acto de biopiratería.

La solución de Monsanto a la muerte de las abejas no fue analizar y renovar sus tóxicos métodos de cultivo. Estos son demasiado nocivos para la fauna que poliniza las plantas por lo que han afectado ecosistemas enteros. En vez de eso se han enfocado en un proyecto completamente anti-natural: la creación de abejas biónicas, un sistema de abejas robóticas para polinizar sus campos, un proyecto en el cual ha invertido desde hace ya varios años.

Uno de los posibles diseños de las futuras abejas biónicas del gigante Monsanto-Bayer

Uno de los posibles diseños de las futuras abejas biónicas del gigante Monsanto-Bayer

En la versión robotizada de Monsanto, esta fauna especialmente necesaria en el desarrollo de una planta será sustituida por pequeños vehículos de titanio y plástico, capaces de volar entre flor y flor y distribuir el polen de estas. Asimismo, en una versión todavía más sofisticada, existirán colmenas enteras cuidadosamente programadas para, a través del algoritmo correcto, polinizar campos específicos. Y como Monsanto siempre ha tenido vínculos con el Gobierno oculto de los Estados Unidos —léase complejo militar-industrial y otras hierbas aromáticas—, se dice que estas robo-abejas también podrían ser utilizadas con fines militares y de vigilancia y aun con fines bélicos, como posibles esparcidores de neurotoxinas.

Pero Monsanto no se detiene ni ante las fantasías más fantásticas: busca crear una flor que no se marchite y una manzana que no se pudra., modificando la función de ciertos genes vinculados al envejecimiento de las plantas. El fotógrafo Mathieu Asselin, autor del proyecto Monsanto: A PhotographicInvestigation, ha escrito:

La parte más escalofriante es que, aún en la actualidad, no tenemos todavía una idea clara acerca de cómo los problemas de salud de la población van a evolucionar, y mucho menos se conocen los efectos que tendrán en las generaciones del futuro. Las consecuencias en humanos se han mostrado en lugares como Argentina, donde gran parte de la población que vive cerca de estos cultivos rociados con estos herbicidas han desarrollado diferentes tipos de problemas de salud, entre ellos malformaciones de los recién nacidos similares a los niños en Vietnam contaminados con Dioxin (el químico más poderoso que ha sido creado por el hombre, y el componente principal del Agent Orange).

Para colmo de males, estudios recientes establecen un vínculo entre las macrocefalias consideradas efectos del zika en mujeres embarazadas con el uso de un larvicida, el Pyriproxifeno, muy empleado en Brasil para eliminar mosquitos en aguas no potables, y producido por una empresa subsidiada por Monsanto. Los investigadores que realizaron el estudio descubrieron que las malformaciones ocurrieron en zonas de ese país donde se vertió el producto en aguas puras.

Para que se tenga una idea del peligro que asecha a las abejas, sépase que Monsanto es llamado el Mordor de la agricultura mundial. Para quienes conozcan la saga de El Señor de los Anillos, el símil resulta espeluznante. Si a esto se añade que la transnacional Bayer es tan poderosa como para comprar Monsanto por 62 mil millones de dólares, entonces podemos pensar, sin que se nos acuse de especulativos, que la miel y las abejas, esos milagros de la naturaleza, están realmente en peligro de extinción.

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