Publica el ICAIC un libro inusual y muy necesario

Ediciones ICAIC, que va perfilándose como una de las casas editoriales más inteligentes y selectivas que hoy publican en Cuba, ha dado ya a la imprenta varios títulos del antropólogo argentino Adolfo Colombres. El último de ellos, Poética de lo sagrado, una introducción a la antropología simbólica, (publicación conjunta con el Instituto Superior de Arte, ISA) es un tesoro que me he llevado de la librería Fayad Jamís como quien encuentra un diamante que es, además, raro. La Antropología resulta una ciencia por desgracia muy poco conocida entre los cubanos y ni siquiera existe como carrera en nuestras universidades, pero la antropología simbólica…, me atrevo a compararla con esas damas veladas del pasado conocidas como las tapadas, de las que nunca nadie vio el rostro en esta Isla, donde los símbolos fueron desterrados desde hace mucho en favor de una ideología encapsulada bajo la adelgazada forma de consignas.

Aquellos que por senderos oblicuos del conocimiento nos hemos iniciado en esta disciplina, que se mueve en la frontera entre los pensamientos científico y mágico, hemos pasado décadas persiguiendo títulos de especialistas franceses, ingleses, italianos, norteamericanos, perdidos en los libreros de viejo, robados a un amigo o a una biblioteca olvidada, o comprados al precio de grandes sacrificios en las ferias del libro de La Habana. Jung, Mircea Elíade, Gastón Bachelard, Gilbert Durand, Umberto Eco, Juan Eduardo Cirlot y tantos otros… ¿Qué no habremos hecho por comprender un poco la majestuosa, oscura y sinuosa belleza de los símbolos, ese universo que pertenece al mundo de las imágenes y habla el idioma sibilino del hemisferio derecho del cerebro, donde convive con las emociones, el sentimiento de la música, la poesía, el lado en sombras de la psiquis y la búsqueda de lo sagrado, que contrariamente a lo que piensan quienes piensan poco y mal, no es necesariamente una búsqueda de Dios.

Por eso, para quienes amamos la antropología simbólica los libros de Colombres, publicados en Cuba, son como una ventana que se abre en una habitación oscura y sofocante hacia una visión del Afuera. Sus textos son parte de un todo que no hemos podido asir, y los leemos como con una vieja sed, pues el tormento del conocimiento insatisfecho debería contar en el extenso catálogo de agonías que Dante ideó para su Inferno. Todo tarda tanto en llegar a nosotros que ya Martí llamó a La Habana la comarca demorada.

Resulta muy interesante, y altamente reivindicador, leer en el prólogo del autor a este libro que él mismo está consciente de lo que digo. Él mismo se muestra sorprendido de que esta obra se haya publicado en Cuba, temeroso de que no fuera apropiada para una isla asediada donde las expansiones de conciencia y los placeres del espíritu se han debido replegar para dejar espacio a otras urgentes batallas de las ideas. Pero asume que  “[…] el mundo ha cambiado y la Revolución cubana ya superó esa etapa en la que debió abocarse a lo más necesario, aspirando hoy a ser un puntal de todo pensamiento que destaque los valores de la especie humana creados en su ya largo proceso evolutivo […]”.

En el siguiente párrafo de su prólogo Colombres se refiere a la necesidad de ganarle la batalla “al vertiginoso ascenso de la insignificancia”,  fenómeno que él identifica con el vacío y que caracteriza como una mutación antropológica, que me hace recordar, en alguna de sus manifestaciones, esa extraordinaria metáfora empleada por el actor Luis Alberto García en un escrito reciente: la estulticia con guadaña, frase que es toda ella un producto del más puro imaginario simbólico, pues reúne en una imagen la personificación del grado extremo de la estupidez con el principal atributo de La Parca: la hoz segadora de vidas. Pero el arma más eficaz para combatir esa insignificancia, esa intrascendencia, ese limbo de tontería consumista y percepción superficial en que se sume una gran parte de los pueblos, producto, tal vez, de la cultura globalizada, resulta que no son las ideologías políticas ni los credos religiosos, fracasados en tal empeño, sino el arte, la cultura, el conocimiento universal bajo todos los ropajes del espíritu. Colombres llega a hablar de “una verdadera guerra de imaginarios”, y está muy en lo cierto, solo que, si como él mismo reconoce, “Cuba es el país que levanta más alto el estandarte del proyecto humano”, entonces me pregunto: ¿Por qué se ha reducido el imaginario del cubano al tamaño de un grano de maíz? No acepto que se deba a la interminable precariedad de la subsistencia cotidiana, aunque la falta de recursos materiales y las leyes draconianas de derechos de autor han empobrecido considerablemente las posibilidades de expansión del mundo editorial de la isla; pero cuando uno recuerda que el pueblo ruso acudía a las funciones del ballet Bolshoi bajo los bombardeos, y que en París ocupada por los nazis se celebraban funciones teatrales en las mismas laberínticas catacumbas de la ciudad donde conspiraba la Resistencia perseguida por la GESTAPO, hay que concluir forzosamente que la tremenda —y no sé si reversible— mutilación del imaginario simbólico del cubano, relegado prácticamente al aspecto más utilitario de las religiones sincréticas, ha de deberse a otras razones cuyo análisis desborda el marco de esta reseña ni sería yo la persona más indicada para intentar esclarecerlas, aunque haya dedicado mucho tiempo de mi vida a pensar en ello.

Dice Colombres en su prólogo:

En el primer cuarto del siglo XX, Ernst Cassirer definió al hombre como un animal simbólico, pero aún cuesta aceptar en Nuestra América la plena autonomía de esta forma visceral y comprometida de conocimiento por imágenes, muy distinta de la analítica o racional, basada en la frialdad de los conceptos. O sea, no se termina de comprender que ambas no se oponen ni superponen, pues las lecturas que cada una hace de la realidad son igualmente válidas y necesarias, por lo que, de hecho, se complementan. […] Su maniqueísmo contribuyó así a desencantar el mundo, combatiendo o negando de plano todas las manifestaciones de la magia (incluidas las generadas por el arte), a las que consideraba intrascendentes juegos de los débiles, que no pueden aceptar “la realidad”, e incluso como a deleznables supersticiones propias de gente primitiva. […] Cuba, en momentos no lejanos de su historia, se dejó arrastrar (tal vez para no volver a las opresiones de su pasado) por los fetiches de este dogmatismo […]. Lo maravilloso se oculta en los claroscuros de la vida, y es tarea de quienes cultivan la sensibilidad por intermedio del arte detectar sus refugios, para enriquecerse con su miel y ayudar a otros a conocerlos. Se estará socializando así la belleza del mundo, esos bienes que ningún mercado puede ofrecernos. Y no se trata de un tema menor, pues la salvación del planeta depende hoy de ello, por el simple hecho de que nadie defiende con uñas y dientes lo que no valora y ni siquiera conoce.

Cuando yo escribí mi monografía de hermenéutica simbólica La poética del signo como voluntad y representación, sobre la noveleta Isabeau, del escritor habanero Alberto Garrandés,  a quien la crítica ubica entre los escritores raros cubanos porque sus obras se desmarcan del canon literario nacional (léase temas locales manidos y remanidos), tuve que auxiliarme de extranjeros solidarios, quienes me hicieron llegar artículos y libros de los más importantes autores de antropología simbólica, de hermenéutica, de semiótica, y algunos textos breves tuve que conseguirlos en revistas o en internet y traducirlos con mis magros conocimientos de las lenguas romance. Nada encontré en las librerías cubanas que me ayudara para semejante estudio. La crítica literaria que se hace en la isla en estas zonas tan específicas de la literatura se lleva a cabo en la más absoluta indigencia bibliográfica. El mismo panorama desértico tuve que enfrentar cuando escribí algunos de mis cuentos y mis novelas Malevolgia y La casa del alibi, ancladas en imaginarios eminentemente simbólicos, y que terminaron convertidas en libros de culto, de cenáculos de iniciados, porque los referentes culturales que harían posible su comprensión son totalmente desconocidos para el lector cubano e, incluso, para algunos de nuestros más destacados teóricos y críticos literarios que se desorientan con facilidad desconcertante, aunque, como en el caso de Malevolgia, el escenario en que transcurre la trama sea algo tan común, tan simple como una feria de atracciones, y La casa del alibi trate sobre la emigración de dos intelectuales cubanas a Miami. No es justo. Duele y hunde al escritor, aunque no quiera admitirlo, en una miserable soledad. Sobre todo después que se murió el entrañable e irrepetible Rufo Caballero.

Y como es tan injusto y tan duro para quienes intentamos asomarnos a ámbitos del ser y del conocimiento que están por encima de lo inmediato —aunque lo inmediato más llano pueda ser en ciertos momentos lo más necesario por asequible a las mayorías—, yo celebro como una fiesta del intelecto que los libros de Adolfo Colombres estén siendo editados en Cuba y podamos comprarlos en nuestras librerías en la humilde moneda nacional, para que nos ayuden a nosotros, los que tuvimos la suerte de llegar primero a estas disciplinas científicas que parecen mal avenidas con la concepción materialista del mundo —pero en realidad la complementan y a infinitan—, podamos trabajar con aún mayor rigor y compartir el fruto de nuestro trabajo con todos y para el bien de todos, como quiso Martí, cuyo pensamiento siempre se movió entre los astros y las estrellas, como decían los romanos antiguos, y por eso aún ejerce su magisterio sobre los hombres. Gracias, también, a la editorial del ICAIC por hacer honor a su tradicional posición en la vanguardia del pensamiento intelectual cubano dándonos estos libros que, esperamos, sean la avanzada de un nuevo amanecer para nuestra cultura.

Y ansío además, con toda la sinceridad de que soy capaz, que esta iniciativa del ICAIC marque pauta para que al fin sea comprendida la necesidad de crear facultades de Antropología en nuestras universidades, y se abran espacios para disciplinas como la semiótica, la semiología, la hermenéutica y todas aquellas relacionadas con el imaginario de la especie humana; que sean impartidas en nuestra enseñanza superior con textos actualizados que permitan la formación de especialistas altamente calificados, entre los que yo hubiera dado cualquier cosa por estar cuando era una estudiante de  Filología. Deseo profundamente que quienes piensan y sienten como yo no vean truncados sus sueños de acceder al universo de la cultura a través del umbral de la dimensión ensoñada. La riqueza cultural y espiritual de la Humanidad es tan valiosa como las riquezas materiales que, paradójicamente, pueden secar el alma de una nación. Pueden faltar los bienes para la complacencia de la materia, pero si nos siguen faltando los bienes del espíritu, nos quedaremos para siempre en los zapatos del aldeano vanidoso que ha confundido con su aldea el mundo.

 

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Un tema singular entre los diccionarios cubanos

Un Diccionario de frases populares en la literatura cubana no puede resultar menos que una obra singular, sorprendente y curiosísima, pero a esta clase de libros ya nos tienen acostumbrados los autores Moralinda del Valle (Cienfuegos, 1948) y Fernando Carr (La Habana, 1942-2018), pareja en la vida y en el dificilísimo y sumamente especializado trabajo de la edición  de textos, quienes ya tienen publicados, entre otros títulos, el Diccionario de términos de escritura dudosa, el Diccionario de cualidades, defectos y otros males del cubano y el Diccionario de la fauna hispanoamericana en frases y refranes.

En esta ocasión se trata de un extenso catálogo de frases del habla popular cubana que han sido reflejadas en la literatura de la isla. Pero este libro es más que un diccionario. Es un compendio extraordinario de arqueología lingüística que puede servir como libro de consulta para especialistas de múltiples disciplinas que van desde el idioma mismo hasta la sociología, la antropología, la historia y la psicología.

Para el lector común este diccionario tiene su encanto propio, pues no dejará de reconocer en cada frase consignada algo ya escuchado en conversaciones propias o ajenas o dicho por él mismo, y podrá atesorar, también, frases que aunque ya no formen parte del habla de ahora mismo, están cargadas de reminiscencias del pasado y nos permiten formarnos una idea de cómo fuimos en otros tiempos, cómo pensábamos y a través de qué valores sociales y morales nos comunicábamos.

El habla popular es, por definición, vulgar y en ocasiones arcaica, así que el lector no debe sentir demasiado pudor al emprender esta lectura, ya que encontrará en sus páginas, junto a frases en extremo ingeniosas y simpáticas, otras bastante crudas, pero no se trata aquí de aplicar moralinas a la hora de enjuiciar una labor como la realizada por Del Valle y Carr. La abundante y enjundiosa bibliografía consultada por los autores denota que nos encontramos ante un texto altamente profesional que merece todo el respeto y gratitud de quien posea este libro.

Cada pueblo tiene su propio perfil psicológico, y el habla popular es un espejo más que fiel de eso. Curiosamente, la psicología del cubano hasta hoy puede conocerse mejor en abundantes obras sobre su cocina criolla que sobre su lenguaje, aunque existen obras magistrales como el Catauro de cubanismos de don Fernando Ortíz. Hay que agradecer a la editorial Letras Cubanas esta nueva oferta que amplía las posibilidades de conocimiento de la nacionalidad que hemos construido.

Fernando Carr, Licenciado en Ciencia Políticas, se desempeñó como editor durante casi medio siglo. Entre sus obras publicadas se encuentran Disquisiciones sobre temas editoriales y del idioma, Cosas jocosas en poesía y prosa de la vida de José Zacarías Tallet (de quien Carr fuera discípulo y asistente personal), los cuatro Libros de Gazapos y otras. Fue coordinador de la Colección Premio Nacional de Ciencia Sociales y entre otros reconocimientos recibió el Premio Nacional de Edición 2009.

No quiero terminar esta reseña sin apuntar que en nuestros días, en que la labor editorial anda tan escasa de buenos profesionales y con demasiada frecuencia caen en nuestras manos libros horrorosamente editados, Del Valle y Carr son un ejemplo de expertos altamente capacitados, rigurosos e inteligentes, justamente el tipo de editor que estamos necesitando con tanta urgencia, si queremos impedir que continúen saliendo de nuestras editoriales textos con errores garrafales que van desde la simple pifia gramatical hasta los disparates conceptuales más increíbles y las barbaridades históricas más espeluznantes. El libro cubano siempre estuvo a la altura  del mejor trabajo editorial de Occidente, incluso nuestra literatura infantojuvenil ha tenido editores tan exquisitos como Esteban Llorach, por solo citar un ejemplo. Necesitamos volver a ganar esa calidad, y no carecemos de ejemplos inspiradores. Necesitamos editores cultos, conocedores profundos del idioma, entrenados en disciplinas como la historia y la antropología, y con ganas de trabajar mucho y bien. Editores modélicos como los autores de este diccionario. Ojalá seamos capaces de volver a formar personal tan calificado dentro de las nuevas generaciones de trabajadores del libro.

 

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¿Desde cuándo existe el divorcio en Cuba?

He escuchado y leído, repetido hasta la saciedad, el soberano disparate de que el primer divorcio que tuvo lugar en Cuba fue protagonizado por la dama de la alta burguesía criolla Catalina Lasa del Río, célebre en la época por su belleza, y su primer esposo Pedrito Estévez Abreu, hijo de Marta Abreu, la gran patricia villaclareña, y de Luis Estévez Romero, quien fuera Vicepresidente durante el gobierno de Estrada Palma.

NO ES VERDAD. Esta pareja NO se divorció. Catalina y su amante, el rico hacendado Juan de Pedro Baró, fueron al Vaticano y solicitaron del Papa la anulación del matrimonio de ella, lo que les fue concedido, y después se casaron en París, donde tenían su residencia oficial antes de que él comenzara a construir en 1924  la bellísima mansión de estilo ecléctico ubicada en 17 y Paseo, hoy Casa de la Amistad. En 1918, cuando el entonces Presidente de Cuba Mario García Menocal, amigo y condiscípulo de Baró, legalizó el divorcio Catalina y Baró regresaron a la isla, amparados ya por el manto de la legalidad y con derecho a ser reconocidos por la alta sociedad habanera como un matrimonio repetable y libre de todo cuestionamiento. Baró se había divorciado de su primera esposa Rosa Varona, con quien tuvo dos hijos, mucho antes de conocer a Catalina. Este divorcio lo solicitó y obtuvo doña Rosa en los Estados Unidos por la causal de Infidelidades reiteradas. El acta consta en el Archivo Nacional y yo reproduje fragmentos de la misma en mi artículo Historia de un gran amor, una mansión y una tumba, publicado en este blog.

¿Quiénes fueron entonces los protagonistas  del primer divorcio en Cuba?

Hace muchos años me encontraba revisando uno de los tarjeteros de la sala de referencias de la Biblioteca Nacional José Martí, cuando encontré una tarjeta que me remitió a algún texto donde quedaba definitivamente aclarado que los primeros divorciados cubanos fueron… y aquí conspiran contra mí los más de 30 años transcurridos desde aquella tarde. Ya no conservo el dato, y tampoco puedo recordar con exactitud si el demandante de aquel divorcio era de profesión dentista o veterinario. Es una investigación que deberé retomar algún día a fin de ofrecer esa información a los lectores. Pero al menos quienes estén interesados en el tema y puedan visitar la Biblioteca ya saben que pueden encontrar esos datos allí.

Sin embargo, es probable que tampoco esta pareja cuyos nombres he olvidado hayan sido los primeros en beneficiarse de la aprobación de la ley de divorcio en nuestro país, por una razón muy simple: la ley emitida por el presidente Menocal tampoco fue la primera que tuvo la Perla de las Antillas. Según afirma el historiador cubano Rolando Rodríguez en el primer tomo de su libro Cuba: las máscaras y las sombras, la primera ocupación:

[…] en medio de la Guerra de Independencia el Consejo de Gobierno cubano, como demostración de la profunda ruptura con aquellas leyes de una España oficial con olor a sacristía de la cual provenían, estatuyó como válido el divorcio, y llegó a autorizar el concertado por mutuo disenso. También autorizó el matrimonio civil, y un hecho curioso, dados los cánones morales de la época y resultado de la corta expectativa de vida, fue que el matrimonio se autorizara para los varones mayores de 14 años y las hembras de 12. También se establecía que los adúlteros no podían volver a contraer nupcias.

Si se piensa que durante nuestras Guerras de Independencia hubo dos Cubas, la que siguió su vida urbana y la que pasó a llevar una existencia de guerra en la manigua, teniendo solo a mano una hamaca para dormir, las armas y algunos enseres muy rudimentarios para elaborar los alimentos, no es de extrañar que no se hayan conservado registros que permitan conocer si esta precoz ley de divorcio mambisa se aplicó y quiénes se beneficiaron de ella, ni quiénes fueron los jóvenes contrayentes que a edades totalmente núbiles formaron sus parejas en los campos de la isla.

Creo que además de la corta expectativa de vida, propia por demás de aquellos tiempos en que no existían los antibióticos, las mujeres morían como moscas de fiebre puerperal y la tisis barría con tan gran número de seres humanos, los mambises tuvieron otra razón no menos poderosa para emitir una ley que autorizaba los matrimonios de niños: las guerras contra España arrebataron a Cuba el veinte por ciento de su población, y en la manigua se moría con suma facilidad de heridas de combate, de fiebre amarilla, paludismo, disentería, hambre… La preocupación por la reproducción de la población resultaba una  lógica por parte de los legisladores del Ejército Libertador.

Y debió existir aún otra razón, esta vez de orden puramente moral: en la vida de un pueblo en guerra los valores sociales sufren gran deterioro y muchas barreras psicológicas desaparecen. Tantos hombres y mujeres conviviendo juntos en los campos donde se combatía eran proclives a tener relaciones sexuales libres. Los mambises, aunque odiaran el clericalismo español eran, en su inmensa mayoría, católicos, como lo demuestra su gran veneración por la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, a la que llamaban  la Virgen Mambisa, y eran también hombres del siglo XIX, por lo que no habrían deseado la promiscuidad sexual dentro de la manigua. No hay que olvidar que los propietarios de esclavos siempre se preocuparon de que en sus dotaciones se formaran matrimonios donde oficiaban , por lo común, sacerdotes itinerantes una o dos veces al año. Si el dueño de esclavos era suficientemente poderoso y rica su hacienda, contaba entonces con un capellán permanente que celebraba las bodas con regularidad en la capilla de la hacienda o el cafetal.

¿Se podrá algún día hacer una investigación sobre los amores en las filas del Ejército Libertador y sus seguidores? Por el momento se puede afirmar que la mentalidad legal de aquellos redentores de Cuba era muy avanzada para su época. Excepto para los pobres adúlteros. Sin duda el amor y la fidelidad eran prendas muy valoradas entre los libertadores cubanos, aunque muchos de ellos mantuvieran una pobre observancia de estas convicciones, como es el caso, por solo citar un ejemplo, de Carlos Manuel de Céspedes, que ya casado con Ana de Quesada, quien se encontraba en el exilio con los hijos de ambos, tuvo amores con la jovencísima campesina Cambula, probablemente la última mujer de su vida, pues ocurrió en San Lorenzo, donde los españoles lo asesinaron.

 

 

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Perfumistas y perfumes

Un libro precioso, una rara avis es este Premio de la Crítica Perfumistas y perfumes, del especialista cubano Leonel Amador, de suntuosa trayectoria en el ramo de la industria ligera y la perfumería.

Aunque publicado en 2014, he visto este libro aparecer y desaparecer en las librerías habaneras como un cometa de paso caprichoso, y a pesar de  haberle seguido el rastro como un can de presa, solo ahora logré comprarlo en ese raro emporio de sorpresas que es la librería Fayad Jamís, del  Instituto Cubano del Libro, y que no sé si será por estar ubicada en esa calle de leyendas y tradiciones que es la de El Obispo, o por su decoración interior de gusto refinado que evoca las librerías del pasado colonial y republicano, deviene una especie de círculo mágico donde todavía, de vez en cuando, los milagros literarios pueden materializarse.

Un libro como este, una enjundiosa historia del perfume, es algo  muy sui generis en la producción editorial cubana, para decirlo con franqueza y suavidad; un auténtico regalo para aquellas personas que todavía rehúsan reducirse a sí mismas a las mínimas proporciones del aldeano vanidoso del que hablara Martí, aquel que cree que el mundo entero es su aldea. Debo decir que amo los perfumes desde siempre, porque viajan en el tiempo y en la historia y nos traen reminiscencias de otros lugares, otros acontecimientos, casi que de otros mundos paralelos por lo lejanos en la distancia geográfica y temporal. Uno de los capítulos que más disfruté escribir en mi libro recientemente presentado Habana como gemir de violines fue, precisamente, La perfumería en La Habana colonial. Dio tanto placer a mis sentidos que cada día lo recuerdo y es como si todavía no hubiera yo logrado salirme de aquel mundo de vitrinas, anaqueles de maderas preciosas, frascos que ellos mismos eran joyas de inestimable valor, y ese universo de fragancias, infinito, tremendo, que hace volar la imaginación más allá de todo horizonte…

Fácil será comprender que me sienta constelada al tener entre mis manos esta impresionante investigación de Leonel Amador, que inicia su andadura con la historia de los perfumes en las más antiguas culturas de la humanidad, como Egipto y Babilonia. Era tal el valor que los productos empleados en la producción de perfumes tenían ante los ojos de los antiguos, que los reyes se regalaban sándalo entre sí como el obsequio más sofisticado, y nada de más trascendencia mística se podía ofrecer a una deidad que el humo del sándalo quemado en  sus altares y llenando sus templos. Estoy segura de que mi hija no recibió en su décimoquinto cumpleaños mejor regalo que un frasco antiguo repleto de sándalo que le obsequió una amiga alquimista, Yanelda, la perfumista del establecimiento Habana 1791 y creadora de una línea de colonias del mismo nombre con todo el repertorio de fragancias que se llevaban en muestra Habana colonial.

Pero este libro extenso no es solo una historia de los olores, sino una investigación y exposición llevadas a cabo por un experto en la materia, el señor Leonel Amador (La Habana, 1942). Graduado de Ingeniería Química en la Universidad de La Habana y fundador de la industria cubana de perfumería,  ha instruido a varias generaciones de perfumistas cubanos y extranjeros. Ha sido Viceministro de la Industria ligera y recibido múltiples condecoraciones como reconocimiento a su quehacer, pero es sobre todo su trabajo durante tantos años y su consagración al tema lo que lo convierte en una autoridad.

La cubierta del libro,  un acierto  pese a su pobre resolución, reproduce un fragmento de la obra Náyades, del joyero y vidriero francés René Lalique, quien junto con Emile Gallé conforma el dúo mágico de los más grandes diseñadores y artesanos de la Francia de todos los tiempos. Lalique tuvo como mecenas nada menos que al celebérrimo matrimonio  cubano de Catalina Lasa del Río y Juan de Pedro Baró, los icónicos amantes de El Vedado, propietarios de la mansión renacentista de 17 y Paseo e inspiradora ella de la fantástica y bellísima rosa Catalina Lasa, que durante décadas fue la flor por excelencia que conformaba el ramo de nuestras novias cubanas, y no sé por qué hoy  ya no se le puede ver más que en París. Lalique fue también quien diseñó el mausoleo donde yacen los amantes en el cementerio de Colón, con sus dos querubines orantes arrodillados custodiando la puerta negra, conjunto en el que fue empleado el misterioso cristal conocido como Claro de Luna, una creación de Lalique cuya fórmula, hasta donde sé, el artista murió sin revelar. El edificio forma parte de la más valiosa arquitectura de Colón.

Puerta del mausoleo de Catalina Lasa del Río en la necrópolis de Colón, La Habana

Con respecto a la relación de Lalique, genio del art nouveau, con el matrimonio Baró Lasa debo confesar que un detalle de este libro me ha llamado la atención: en una primera, impaciente y golosa hojeada que hice en la misma librería, y que curiosamente me llevó a abrirlo justo en la página donde se menciona a la dama habanera, eché de menos la mención al perfume Habanita, fragancia que le fue inspirada al perfumista parisino Molinard una noche a la salida del teatro de La Ópera (¿o fue quizá en una presentación de los ballets rusos de Serguei Diaguilev que hacían furor en la capital francesa de aquellos años…?), ante la rutilante

Catalina Lasa

visión de la belleza de Catalina, que personajes de la época describen como impresionante, una diosa de perfil  griego, cabellos rubios y ojos verdes que de criolla solo tenía las curvas rebosantes. Las fotografías no le hacen toda la justicia que su esplendor mereció, porque estaba nimbado con un velo de gracia y refinada sensualidad que era lo que más impresionaba la vista y los sentidos de quienes tuvieron la dicha de verla en persona, pues la belleza siempre es eso: Eros, gozo, dicha, pero este halo es casi inatrapable en las fotografías. La página info@maisonparfum.com describe así este perfume inspirado por la bellísima cubana  (y que no fue nunca barato, pues incluso hoy su valor en el mercado es de aproximadamente 100 euros〉:

Habanita es un perfume femenino de Molinard, que revolucionó la industria de la perfumería en el año 1921, tanto en diseño del frasco, realizado por René Lalique, como su perfume, al convertirse en la primera fragancia oriental de la historia, donde el vetiver, hasta la fecha reservado para las fragancias masculinas, seduce a las mujeres. Un perfume mítico, donde su rastro olfativo nos deja una estela floral, amaderada, y empolvada, e infinitamente sensual de una riqueza sin igual.

Perfume Floral, Oriental, Amaderado y Empolvado

Notas de Salida: geranio, lentisco, petitgrain, ylang-ylang.
Notas de Corazón: vetiver, cedro, heliotropo, jazmín, rosa centifolia de Provenza, mimosa, ylang-ylang.
Notas de Fondo: ámbar, vainilla, pachulí Penang, sándalo Mysore, musgo de roble.

Parece que Molinard encargó a Lalique, tal vez conociendo su relación con Catalina, el diseño del frasco para su nueva creación. No puedo asegurar que el frasco con que Habanita se comercializa en la actualidad sea el diseño original de Lalique, pero yo lo tuve, y el envase que conservo ya vacío, es este:

Hay que tener en cuenta que las décadas primeras del pasado siglo, en plena vigencia del Art Noveau y los albores del Art Deco, fueron de gran glamour en la capital gala, donde abundaban las grandes fortunas nacionales y extranjeras, el arte brillaba en toda su maravillosa grandeza y la moda se nutría de los exotismos más lejanos en el mapamundi. No es raro que Catalina Lasa haya tenido en París el justo marco adecuado a su hermosura y su majestuosa elegancia, y dejara memoria de ella en hombres famosos que reinaron en el arte de la gran ciudad, del que la moda ha sido siempre una parte muy importante, aunque muchos la den por baratija pasajera y superficial.

Tampoco puedo dar fe de que sea cierto el rumor según el cual Catalina Lasa posó, o su figura fue tomada de memoria como modelo por Lalique para una de las dos pequeñas esculturas que componen su obra Susanne et Thais. Por pura y muy especulativa apreciación, yo diría, a juzgar por la densidad de líneas y volúmenes, que si la historia fuera cierta, entonces la figurita relacionada con Catalina sería la menos grácil, pues ella siempre tuvo tendencia a engordar y hacía curas de adelgazamiento en balnearios europeos, ya que al parecer tenía dificultad para aceptar la abundosidad de sus carnes criollas, influida como debió estarlo por el patrón de belleza parisiense, más estilizado.

Pero la ausencia de Habanita en relación con Catalina Lasa, aunque el perfume sí aparece mencionado en otro momento del libro, no resta nada, en mi opinión, a Perfumistas y perfumes, texto rico en informaciones y sobre todo valiosísimo por la escasa o casi nula presencia de obras de este tipo en las librerías nacionales.

Debo confesar, y lo hago con la esperanza de que Amador lea esto algún día, que muero de envidia, porque hace años comencé una investigación sobre la historia del perfume para escribir una novela sobre Hipatia de Alejandría, la única mujer que dirigió la célebre Biblioteca —o para ser más exacta, los restos de esa venerable institución reunidos en el edificio llamado El Museión, pues la original había perecido en un incendio de causas nunca bien aclaradas por la historia—. Esa investigación me llevó por las mismas rutas que a Amador la suya, y de no haber sido por un infausto golpe de mala, tremendísima mala suerte, yo habría sido la autora de este libro. Pero bueno, Amador, me despojo ante usted de mi sombrero de bruja: me ha ganado con creces. Y lo agradezco, porque este es un libro que no debe faltar en la biblioteca de ningún ser humano capaz de disfrutar el arte. Si usted no lo hubiera escrito, habría un vacío tristísimo en mis libreros. Me ha salvado.

 

 

 

 

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Familia Sanguily (III) El hijo pródigo

Ya dijo Martí que nacen entre espinas flores, y Julio Sanguily Echarte, quien merecía haber sido engendrado por su tío sabio y no por su padre traidor, fue, sin embargo, hijo del segundo de los hermanos de esta familia. Debería ser más recordado por esta patria nuestra, en ocasiones demasiado corta de memoria para con hombres que le entregaron su corazón, porque en el momento histórico que le tocó vivir al joven Sanguily tuvo el valor  de enfrentarse, en más de una ocasión, a uno de los hombres más poderosos y sanguinarios que ha conocido esta isla: Gerardo Machado, el asno con garras, como lo apodara tan certeramente el poeta Rubén Martínez Villena.

Este ilustre y casi desconocido hijo de Cuba nació en La Habana en 1879. Con solo 16 años combatió en las filas del Ejército Libertador en la última de nuestras Guerras de Independencia, en la que alcanzó los grados de Coronel. Durante la primera ocupación norteamericana de la isla fue detenido junto con otros jóvenes y llevado a los tribunales por haber izado dos banderas españolas 〈1〉 en las azoteas del Centro de Dependientes del Comercio y el Centro Asturiano , negándose a pagar la fianza de cuatrocientos pesos que les fue impuesta a él y a sus amigos, por lo que guardó prisión  durante breve tiempo. En aquellos momentos en que los estadounidenses mantenían un ejército de ocupación en Cuba y se negaban a reconocer la soberanía de la isla y la capacidad de los cubanos para autogobernarse, la acción de aquellos jóvenes resultó francamente provocadora y contestataria.

Bajo la presidencia del general Mario García Menocal (1913-1921), el joven Sanguily fue nombrado su ayudante de campo, y en 1917 fue designado jefe de la Policía. En 1923 entró a formar parte del Movimiento Nacional de Veteranos y Patriotas, uno de cuyos fines era presionar al gobierno del entonces presidente de Cuba Alfredo Zayas, para que llevara a cabo un programa de enmiendas y reajustes destinados a imponer orden en la vida legal del país.

1933 fue un año terrible para los cubanos bajo la sangrienta dictadura del otrora General del Ejército Libertador Gerardo Machado. Tras la crisis económica de 1929 la situación resultaba insostenible para el pueblo empobrecido. Había huelgas y manifestaciones de obreros y estudiantes en todo el país. El presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, habiendo comprendido ya que la torpe crueldad de Machado, lejos de garantizar la sujeción de la isla al coloso norteño la había sumido en la rebelión y el caos, ordenó a su enviado especial en La Habana, el embajador Summer Wells, contactar a los jefes militares identificados con la oposición, para convencerlos de que se sumaran a la mediación que el gobierno estadounidense llevaba a cabo en la isla con el objetivo de destituir sin revuelta social a Machado, quien se negaba a renunciar. Julio Sanguily Echarte era, en ese momento, jefe del Cuerpo de Aviación del Ejército. Hace tiempo que conspiraba contra Machado.  Wells se entrevistó con los militares disidentes y otras importantes personalidades cubanas, a quienes instó a rebelarse contra el Presidente non grato. El argumento esgrimido por el señor embajador fue asegurar a estos cubanos que solo ellos podían salvar a Cuba de una tercera Intervención. Las dos primeras intervenciones de los Estados Unidos en la isla habían dejado un sabor tan amargo y habían comprometido tan gravemente la soberanía nacional, que por evitar la Tercera el presidente José Miguel Gómez masacró en 1912 a los rebeldes alzados del Partido de los Independientes de Color. En esta ocasión, el linajudo bostoniano Wells agitó ante los patriotas opositores el fantasma que más asustaba al patriotismo de los cubanos: otra Intervención.

El 12 de agosto de ese año estalló la huelga general y el ejército se sublevó. Se exigía la renuncia de Machado. Inició la sublevación el médico  Horacio Ferrer, coronel retirado, antiguo jefe de Sanidad del Ejército y Coronel del Ejército. El Batallón Número Uno de Artillería tomó militarmente el Estado Mayor del Ejército, y  pronto se le unieron  diversos Distritos Militares y la fortaleza de La Cabaña.

Julio Sanguily dio por la radio del Cuerpo de Aviación la noticia de la sublevación militar, y a partir de ese momento se le consideró el líder del movimiento. El pueblo, enardecido, se lanzó a las calles y comenzó a ajusticiar a los machadistas más connotados. Por toda la isla se desataron asesinatos, linchamientos, saqueos de viviendas e incendios de las organizaciones y periódicos que apoyaban a Machado. Cuba vivía momentos parecidos a los de la toma de la Bastilla, que dio inicio a la Revolución francesa. Machado, en su desesperación, pidió apoyo a la fuerza aérea cubana, pero el sustituto de Sanguily como jefe de la aviación le exigió su renuncia y lo amenazó con bombardear el Palacio Presidencial. Machado, intimidado, nombró su sucesor al jefe del Ejército Alberto Herrera Franchi y abandonó el país.

A esta componenda se opusieron decididamente Sanguily y otros militares y patriotas, quienes se enfrentaron a Wells y le anunciaron que Cuba quería un Presidente honrado y no comprometido con los intereses de los Estados Unidos en la isla. Sanguily, incluso, llegó a oponerse a la fuga de Machado, pero sus órdenes fueron violadas en el aeropuerto militar y el tirano escapó.

Sin embargo, el levantamiento había sorprendido a Summer Welles, quien esperaba que el próximo Presidente fuera el hombre dúctil designado por Machado.  El candidato de los cubanos era Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, primer Presidente de la República en Armas durante la Guerra de los Diez Años. Carlos Manuel destituyó de sus cargos a los oficiales machadistas y nombró a Sanguily Mayor General y Jefe del Ejército, cargo en el que este apenas permaneció cuarenta y ocho horas,  pues tuvo que ser hospitalizado e intervenido de urgencia por la perforación de una úlcera que sufría desde tiempo atrás.

Los acontecimientos políticos se aceleraban en Cuba. El 4 de septiembre de ese mismo año se produjo un Golpe de Estado dirigido por el sargento Fulgencio Batista, que llevó al poder a la tristemente célebre Pentarquía encabezada por el médico Ramón Grau San Martín, cuyo primer acto fue destituir al presidente Céspedes y  nombrar a Batista General y Jefe de las Fuerzas Armadas de la República. De inmediato se procedió a la expulsión del ejército de todos los militares que habían participado en la revolución del 33, entre ellos Julio Sanguily Echarte, quien se encontraba aún convaleciete de su operación. Notificado por la Dirección del hospital Calixto García de que debía buscar otro lugar donde hospedarse hasta su recuperación, Sanguily eligió el Hotel Nacional porque allí trabajaba su hijo, el Doctor Julio Sanguily. Pero hubo en su elección un motivo principal de mucho peso: Wells, opuesto a la asonada golpista de Batista, también se encontraba alojado en aquel lugar, por lo que su presencia, al tratarse del embajador de los Estados Unidos, brindaba cierta cobertura de protección contra las posibles represiones del nuevo gobierno.

Los militares despojados de sus cargos no reconocieron a Batista y solo aceptaban como jefe a Sanguily. Convirtieron el hotel en el centro de la resistencia contra Batista y se atrincheraron en él erizando el edificio de ametralladoras. Sanguily, casi imposibilitado de movimiento, no pudo tomar parte en la sedición. Transcurrieron varios días de conversaciones entre los bandos enfrentados, hasta que al fin, bajo la amenaza de la intervención norteamericana, Batista y Grau decidieron proceder a asaltar el hotel.

El 2 de octubre comenzó el ataque, que se prolongó durante diez horas. Abrumados por la superioridad numérica de los sitiadores, los sitiados decidieron rendirse y pidieron a Sanguily que mostrara una bandera blanca, pero él se negó resueltamente. Los vencedores ocuparon el recinto en medio del desorden y la violencia. Sanguily permaneció de pie, sereno, en medio del lobby, y su actitud  hizo que nadie se atreviera a tocarlo. Fue sacado del edificio junto con sus  dos hijos y otros militares y civiles por el teniente Belisario Hernández, antiguo subalterno suyo, quien se impuso a la turba amotinada que pedía en la calle sus cabezas, y  eligió personalmente a los soldados que debían conducir a los detenidos a La Cabaña, donde guardaron prisión por su participación en el levantamiento. Posiblemente aquella valiente actitud de Hernández salvó la vida de Sanguily, porque  otros oficiales fueron ejecutados de inmediato tras la rendición.

Sanguily era lo suficientemente buen militar y lúcido hombre público como para comprender  que con Fulgencio Batista se instalaba en Cuba una tiranía mucho más fuerte y sólida que la de Gerardo Machado, y que el apoyo de los norteamericanos  garantizaba a este una larga permanencia en el poder. El sargento golpista era un hombre al que le había llegado su hora, y se abatía sobre Cuba un largo período de dolor. Tras el fracaso del Hotel Nacional, Sanguily se retiró de la vida pública. Murió en La Habana en 1935.

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〈1〉 Rolando Rodríguez, Cuba: las máscaras y las sombras La primera ocupación, Tomo I. Ed. Ciencias Sociales, 2007

 

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LA FAMILIA SANGUILY EN LA HISTORIA DE CUBA (II) EL SABIO

Manuel Sanguily es una de las figuras más interesantes, por brillante y enigmática, de lapolítica y la intelectualidad cubanas decimonónicas, y pienso que no ha sido suficientemente estudiada en Cuba. Nació en La Habana el 26 de marzo de 1848 y fue el menor de tres hermanos. Dio su primera muestra de rebeldía cuando, recién graduado de bachiller, se negó a la intención de su tutor, quien pretendía hacerlo estudiar la carrera militar en España. Cuando se encontraba cursando el cuarto año de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, él y su hermano mayor, Julio, decidieron incorporarse a las tropas del Ejército Libertador. En 1869 pasó a formar parte de la legendaria caballería camagüeyana. En 1874 fue elegido representante a la Cámara del gobierno independentista, cargo que ocupó hasta enero de 1875, y al que renunció de forma voluntaria para unirse a las tropas del Mayor General Máximo Gómez, que marchaban en la invasión a Las Villas. En ese mismo año fue designado para entrevistarse con el Mayor General Vicente García, con quien debía discutir las demandas de los sediciosos de Lagunas de Varona. En 1876 fue ascendido a Coronel. En 1877 pasó a ser ayudante de su hermano mayor, el General Julio Sanguily. No participó en la Guerra del 95, pues durante esos años tan significativos para la historia de Cuba él permaneció en los Estados Unidos gestionando con las autoridades norteamericanas la liberación de su hermano Julio, encarcelado por los españoles desde el comienzo de la contienda.

Volvió a Cuba a finales de 1898, ya concluida la guerra hispano-cubano-americana. Participó en la Asamblea de Santa Cruz del Sur como representante del Tercer Cuerpo de Ejército de Camagüey. También fue miembro de la comisión encabezada por el Generalísimo Máximo Gómez, que viajó ese mismo año al país del norte para gestionar el licenciamiento del Ejército Libertador. Aunque parezca un hecho producto de la fantasía, Manuel Sanguily, quien no alcanzó tantos lauros en la Guerra de los Diez Años como su hermano traidor, fue quien propuso en la Asamblea del Cerro la eliminación del cargo de General en Jefe del Ejército Libertador, lo que constituía de forma automática la destitución del Mayor General Máximo Gómez, con quien llegó a estar en una posición  casi de enfrentamiento, pues desaprobaba el entendimiento del viejo dominicano con el presidente norteamericano y la intervención de su gobierno en la isla.

Más que por su trayectoria militar, Manuel Sanguily ocupa un lugar cimero en la historia de Cuba por su quehacer político e intelectual. Se le considera un continuador del pensamiento humanista cubano decimonónico. Estudió en el colegio El Salvador, marcado por la influencia progresista del padre Félix Varela. Fue discípulo de José de la Luz y Caballero y también su amanuense, de Enrique Piñeyro y un gran admirador  de Enrique José Varona. Su estancia en esa institución y su estrecho contacto con algunos de los pensadores más sólidos de su época en Cuba dieron a su pensamiento una orientación filosófica y antropológica. Profesor él mismo y director del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y la Universidad de La Habana, fue también ensayista, conferencista y crítico literario. El destacado intelectual Max Enríquez Ureña dijo de él que como crítico le interesaba sobre todo la actitud de los autores ante los muy trascendentes temas de la naturaleza y el destino, lo que no deja de resultar curioso, pues en el terreno del pensamiento Manuel Sanguily se adscribió al positivismo[1] y se le considera un teórico de esta corriente filosófica. Pero naturaleza y destino son dos categorías que se oponen por su propia esencia, lo que constituye, de hecho, una contradicción insalvable cuando se manifiestan como señeras en el pensamiento de un mismo individuo. La naturaleza es un fenómeno de orden material y objetivo, mientras que el destino es una concepción de orden espiritual y subjetivo. Semejante contradicción puede conciliarse en el alma y la sensibilidad de un poeta, como ocurrió con Martí, pero es difícil imaginar cómo podría lograrse en un pensador científico como Manuel Sanguily. Los estudiosos de su obra afirman que su pensamiento transitó por etapas evolutivas y terminó distanciándose de sus primeras ideas filosóficas, tal vez impulsado por una crisis existencial o una cierta angustia, como creo percibir en el siguiente fragmento de una carta suya a Enrique Piñeyro en 1876, escrita desde la manigua:

¿Para qué sirve en el mundo el que como yo quede con ansias, con hambre de saber… en el ocaso de la juventud… en la edad en que se van las ilusiones y se infiltran en el alma… el escepticismo y el cálculo?

En esa fecha habían transcurrido ya ocho años desde el alzamiento de La Demajagua que dio comienzo a la Guerra de los Diez Años, en la que tantas divisiones, desacuerdos, traiciones y vilezas ocurrieron en el Ejército Libertador. Manuel había visto suficientes jugadas de cálculo efectuadas por algunas de las grandes figuras de nuestra independencia. Es una carta en la que no se aprecia ya ningún rastro del idealismo juvenil, sino que cada línea rezuma decepción, la misma decepción de la condición humana que respira en los Versos Libres de Martí.

Manuel Sanguily parece haber sido un hombre de oscilaciones ideológicas, con momentos en que llega a dudar de la victoria de la ciencia sobre el pensamiento mágico, como puede apreciarse en el siguiente fragmento:

Quizás los que esperan de la ciencia la última palabra sean víctimas de una ilusión generosa: Isis[2], señores, está siem­pre presente, y el hombre no puede descorrer nunca por completo el velo de las cosas; así mientras haya un mis­terio en cualquier rincón de lo infinito inexplorable, ha­brá siempre también poesía y religión. (Discursos y conferencias).

Fue también un agnóstico convencido, como expone Pablo Guadarrama González en “Manuel Sanguily y Garrite ante la condición humana” (en La Condición humana en el pensamiento cubano del siglo XX. La Habana: Ed.Ciencias Sociales):

Para Sanguily existía  siempre un insondable reino de lo desconocido. “Hoy mismo, por lo que vemos, —afirmaba— puede afirmarse que la ciencia hu­mana jamás penetra tan adentro de las cosas que no deje de ellas algún lado oscuro e inaveriguado”. […] Según él, este lado desconocido era absolutamente inalcanzable y a lo más que pueden llegar las ciencias es a describir el cómo y no el por qué, pero en ningún caso a encontrar las verdaderas causas de los fenómenos, por eso llegaba a la siguiente conclusión: “Frente al universo que le envuelve y domina, el hombre -solo y desamparado- niega o afirma, bien que al ne­gar sea también afirmar, al menos afirmar lo contrario o lo diverso. Ante la inmensidad y sus misterios se deja el hombre, como dijo Claude Bernard, ‘mecer por el viento de lo desconocido, en las sublimidades de la ignorancia’; Hamlet le advertía a Horacio que en el cielo y en la tierra hay más cosas de las que sueña la filosofía; y un gran filósofo moderno, el insigne Herbert Spencer piensa que ‘el sabio sincero siente con más fuerza que cualquiera otra incomprensibilidad completa del hecho más sencillo considerado en sí mismo: sólo él ve que un conocimiento absoluto es verdaderamente imposible, y sólo él sabe que en el fondo de todas las cosas hay un impenetrable mis­terio […]”. Este misterio era para Sanguily, a diferencia de Spencer, no sólo el punto de partida de la religión sino también de la metafísica y de la poesía. Pensaba que la filosofía, entendida como metafísica, no había muerto ni sería destruida por la ciencia como afirmaba el positivismo, sino que “los grandes problemas de la metafísica siempre serán una realidad […]”. Aunque otor­gó validez a la metafísica lo hizo sólo admitiendo su valor en su terreno propio, sin que por ello pudieran incluirse sus resultados dentro de las posibilidades de la ciencia. La importancia que le atribuía a la filosofía del mismo modo que a la literatura y el arte en la conformación de la espiritualidad se correspondía con su postura humanista.

Manuel también estaba convencido de la existencia de una interconexión entre todos los fenómenos del universo, y que tal conexión jamás es casual, sino causal. Sin embargo, creía que  los movimientos de la Historia no están predeterminados ni son invariables, y su desenvolvimiento depende en mucho de la acción humana y de “factores aleatorios imposibles de predecir de manera lineal y unilateral”, aunque no negaba la existencia y el  obrar de leyes sociales. ¿No nos recuerda a Lenin con aquella famosa reflexión suya expresada en su discurso Qué hacer, sobre que de la mezcla de muchos intereses resulta algo que nadie había querido? Y aún añadía: “La historia toda no es más  que un panorama de variaciones, mudanzas y sorpresas”. No fue probablemente el único pensador latinoamericano de su época en adelantarse casi siglo y medio a la Teoría del Caos, al Efecto Mariposa y a uno de los puntos clave del pensamiento de la Nueva Era: la concepción de un mundo causal, pero sí lo fue en Cuba. Salvo Martí, no andábamos entonces abundantes en humanistas, que es lo que, en definitiva, fue realmente Manuel Sanguily. Me parece un poco arbitrario el intento de juzgar el pensamiento de Sanguily de manera de acercarlo a ciertos postulados y categorías del marxismo. Aunque gran conocedor de la filosofía clásica alemana, a la que se atrevió, incluso, a analizar y criticar, si acaso sus ideas se acercaron en algún punto a las de Marx fue más por intuición y convergencia que por un posicionamiento definido y manifiesto; tan es así que llegó a expresar sus dudas sobre la influencia determinante del medio en los individuos, y tuvo la suficiente lucidez como para darse cuenta de que el medio no crea conjuntos de personalidades homogéneas, sino individualidades. No es casual que se definiera a sí mismo en los siguientes términos:

No soy, pues, más que un observador que contempla a un pueblo en un momento dado, que no tiene otro deseo que ver con claridad; que sin odio ni interés mezquino, examina hechos sociales para comprenderlos y prever en lo posible sus consecuencias, por la investigación de sus orígenes o sus condiciones. (Discursos y conferencias, Tomo I)

En cuanto a su actitud frente a los movimientos históricos de liberación de los pueblos, estaba estrechamente impregnada por la ética, y atribuía especial importancia a la imprescindible presencia de un ideal como motor impulsor y columna vertebral de los acontecimientos. A su juicio:

Entre el privilegio que es la desigualdad, la tiranía que es un crimen, la esclavitud que es una infamia, el despojo que es una crueldad, el vasallaje oprobioso del débil por el fuerte que es un sacrilegio, y el derecho y la libertad y la igualdad que son la vida, la verdad y la ley, la lucha es larga, ha sido terrible y sin descanso, pero el resultado no puede ser dudoso. El pueblo que quiere triunfar de sus tiranos al fin conquista su libertad y su honor. Para eso no es necesario que todos los oprimidos, numéricamente todos, se levanten y protesten. Para  conmover todos la sociedad —ha dicho un ilustre e inconsecuente estadista español— no se necesita más que un punto de apoyo, que es una idea, y una palanca, que es la voluntad enérgica de algunos hombres.

Sobre este concepto de la idea-palanca, analizando el papel que las ideas de Félix Varela, Luz y Caballero y otras destacadas figuras de la intelectualidad nacional de la época tuvieron sobre la conciencia de los cubanos y el estallido de nuestras Guerras de Independencia, escribió:

[..] la verdad es que si no siempre una doctrina es­grime el acero, casi siempre una espada ensangrentada hasta el puño no es otra cosa en la historia humana que el buril inconsciente y tremendo que esculpe en la carne del mundo un ideal distinto concebido en la serenidad apa­cible del pensamiento.

[…] Todo hecho, todo suceso, revelan un estado de espíritu, un estado de la opinión, es decir, de la conciencia, y todo estado de la opinión y de la conciencia dependen de las condiciones sociales, y las condiciones sociales son siempre y en todas partes un resultado, obedecen a causas que las determinan y que son mediatas o próximas; pero que una vez originadas actúan en el sentido de su dirección y de su fuerza.

Estas reflexiones me hacen recordar una cita de Víctor Hugo que durante años tuve colgada frente a mi cama: “No hay fuerza más poderosa que una idea a la que le ha llegado su momento”.

Tienta preguntarse si como hombre decimonónico, criollo en una colonia del catolicismo hispano y hombre de formación científica, profesó Manuel Sanguily alguna creencia religiosa. No puedo responder a la pregunta puntual de si tuvo una fe militante, pero al menos reconocía la existencia y obrar de alguna fuerza superior a la voluntad humana y capaz de disponer los acontecimientos en órdenes inescrutables e inaccesibles al conocimiento humano, como deja en claro al escribir en plena Guerra de los Diez Años:

Los su­cesos que realizan los hombres también se desenvuelven conforme a una pauta; porque la Providencia lo ha some­tido todo a sus sabios decretos, desde el invisible grano de arena hasta la apartada nebulosa” (Frente a la dominación española, Tomo II, 1949)

El autor del ensayo que he tomado como referencia principal para escribir este artículo, distingue  etapas en el pensamiento del humanista cubano:

Para él, en una primera etapa de su evolución intelectual, Dios era el principio motriz general, la voluntad suprema ordenadora de todo lo existente y, por lo tanto, tam­bién del orden social; pero en 1893, cuando era ya inminente el advenimiento de una nueva guerra por la independencia, —vía que siempre consideró necesaria para la liberación nacio­nal—, se percató de que sus anteriores criterios eran un arma de doble filo y podían servir a los españoles para justificar su dominio sobre la colonia como un designio divino. Por eso, tal vez rectificando su criterio anterior,  precisó: “Ni Dios, ni nadie, ángel o demonio, interviene, ni ha intervenido nunca en las luchas de los pueblos, ni en el curso de la evolución de cada uno de ellos” (Discursos y conferencias). Mantuvo su fe religiosa, pero prefería eliminar este campo de acción a la voluntad divina y dejar que la sociedad se moviese por sus propios mecanismos, como era normalmente considerado por el deísmo, concepción que finalmente prevaleció en él. […] Reconsidera su concepción sobre el desarrollo social y lo concibe entonces  movido por sus propios resortes sin necesidad de la interven­ción divina, ampliando el margen de la actividad humana al darles mayor oportunidad a los hombres de decidir su propio destino. De ahí que afirmase: “toda sociedad cambia, lo mismo de ideas y sentimientos que de aspecto y organización a virtud de leyes que determina sus variaciones y destino en cada época de su vida.

Pero que la conciliación de sus contradicciones no fue para Sanguily un trabajo ni fácil ni completamente logrado se muestra bajo una claridad diurna en este otro fragmento de un texto suyo:

Yo creo en las fatalidades de la historia, en el determi­nismo de los sucesos, como creo en su desviación y encauzamiento en sentido diferente al que resultaría del azar o de abandonarse a las combinaciones naturales; pero vencer el determinismo, torcer, desviar el curso de los sucesos, abrir un cauce para que las aguas que vienen despeñadas desde el diluvio tomen una dirección prevista y calculada, es todo el contenido de la historia humana, el móvil, la causa de la lucha de clases, las razas, los partidos, del diario afán de los propagandistas y políticos, del martirio de las minorías mesiánicas, reformadoras y revoluciona­rias (Frente a la dominación española).

Sin embargo, apunta Guadarrama González:

 En ocasiones [Manuel] consideraba que el movimiento social se hacía incomprensible, indescifrable y por tanto es inútil su interpretación científica. Por esa vía le abría las puertas a la religión, como se aprecia en 1894: “Blancos y negros estamos, hemos estado y estaremos per­petuamente sometidos a fuerzas superiores, misteriosas e incontrastables quizás y hemos andado desde las pro­fundidades de los tiempos y andaremos en lo venidero empujados o arrastrados hacia fines desconocidos. No sa­bemos de dónde venimos; no sabemos tampoco a donde vamos” (Op. Cit).

En un análisis absolutamente personal creo que Manuel Sanguily, independientemente de que haya tenido un pensamiento que transitó por varias etapas de evolución, nunca pudo llegar a una conciliación entre las dos ideas que se lo disputaron a lo largo de su vida como si su mente fuera un campo de batalla: la idea de una ciencia que con su claridad y exactitud  meridianas puede, en virtud de su método investigativo, descubrir los mecanismos de los fenómenos y ofrecer al investigador panoramas minuciosamente medidos y pesados , y la idea de que por encima de la voluntad de los hombres y de las leyes que rigen el universo existe una fuerza mayor, a la que llamó providencia y conciencia divina intrínsecamente sabia, que dispone el orden de los sucesos de un modo inaccesible para la mente humana, por lo que habrá siempre una zona de sombra que será, en definitiva, donde opera el motor que mueve todo, un concepto casi aristotélico, cuya naturaleza es irremediablemente inalcanzable, incomprensible e inmodificable para el hombre, quien será su eterno juguete. Como a tantos otros científicos y filósofos religiosos —de cuyas historias está llena la Historia de la ciencia— este dualismo de concepciones debió provocar al gran cubano una profunda angustia existencial.

Además de su brillante inteligencia, su cultura humanística y una capacidad realmente superior para la comprensión del mundo, otra gran virtud que se debe señalar en Manuel Sanguily es que, al parecer, no estaba impregnado por los criterios racistas que marcaban a muchos de los hacendados cubanos que se lanzaron a la manigua en nuestras guerras de independencia —entre los cuales, según afirma Carlos Manuel de Céspedes en su Diario Perdido, se encontraba el propio Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía y su presunto asesino indirecto— y, en general, a toda nuestra sociedad colonial. En la Asamblea de Guáimaro, cuando aún nadie había hecho en público justicia y honor a la participación de los negros en las gestas redentoras, Manuel se subió a una silla e improvisó un discurso de reconocimiento que, según ha trascendido, arrancó lágrimas a muchos de los curtidos veteranos que se encontraban presentes.

Manuel Sanguily era un pacifista, pero sobre las guerras y la necesidad de ellas coincidía con el pensamiento martiano. Como escribe Guadarrama González:

Respecto a las guerras mantuvo el criterio que debían evitarse pues prefería ante todo  la paz, pero cuando era necesaria una guerra justa, la propiciaba. En 1895 planteaba: “Yo he sido siempre un soñador de la paz…..”. Sin embargo, consecuentemente había combatido en los campos de batalla durante casi una década y contribuyó a promover la nueva guerra por la independencia con la justificación siguiente: “Estamos destruyendo para edificar; combatimos por la vida, no por la muerte”. (Discursos  y conferencias).

¿Y qué quería Sanguily para Cuba, cómo concebía la patria poscolonial?  De nuevo según Guadarrama:

El ideal sociopolítico de Sanguily se articulaba con el liberalismo decimonónico que tomaba distancia crítica tanto del socialismo y el anarquismo como del conservadurismo que trataba de mantener anquilosado el desarrollo socioeconómico y especialmente ideológico de los países latinoamericanos. Su máxima aspiración era lograr para Cuba un desarrollo capitalista industrial y agrario, en el que pequeños y medianos empresarios impulsaran la economía sobre la base de un presunto “mercado libre”, de manera que cualquier tipo de monopolio o latifundio lo consideraba un poderoso obstáculo para la realización de su proyecto de desarrollo. Eso explica su radical postura tanto anticolonial como antiimperialista.

[…] Abogó,  en correspondencia con su libera­lismo, por formas de gobierno democráticas y  por  la separación de la Iglesia y el Estado, a pesar de que era creyente, defendió la libertad de enseñanza y el sufragio universal, medidas todas ellas indiscutiblemente muy progresistas para Cuba en aquellos momentos en que iniciaba su vida republicana. Su aspiración era que el Es­tado contribuyera a viabilizar las aspiraciones de los indivi­duos y no que se convirtiera en su obstáculo.

[…] Sanguily aspiró a una Cuba independiente y próspera en la que prevalecieran “esos principios fecundos de orden y pro­greso” tan propugnados por el positivismo y que le auguraban las con­diciones indispensables para que el capitalismo en su anhelada perspectiva premonopolista  se desarrollaran plenamente, luego de haberse li­quidado el dominio español.

[…] Siempre aspiró a que Cuba  se integrase plenamente como país independiente al concierto de los países americanos. “Definió el americanismo, no como una tendencia racial, sino como un ideal de vida y de gobierno, cuyo término es la federación, cuya base es la autonomía, cuya forma es la república y cuya esencia es la democracia.

A diferencia de su hermano Julio, quien fue seducido por el modelo de vida norteamericano, Manuel mantuvo siempre una postura antiimperialista sin fisuras, porque, al igual que Martí, comprendió enseguida, con esa lucidez suya que ya no debe sorprendernos, la voracidad de los gobiernos y empresarios norteamericanos, y adivinó el megaproyecto del pulpo norteño de convertir a la América Latina y el Caribe en su traspatio político, económico y social. Según el historiador Jorge Ibarra, esta postura hace clasificar a Manuel Sanguily como uno de los precursores del pensamiento antiimperialista en América. Vivió en Estados Unidos, donde colaboró activamente con la labor independentista junto a   José Martí, recaudando fondos en varios países. Martí supo oportunamente aquilatar sus méritos y  en varias ocasiones se refirió a él muy elogiosamente al considerarle “un cubano de admirable mente”, “siempre de cara al enemigo y al debate, y con la palabra, como la cabellera, de oro”. Renée Méndez Capote, quien le conoció en su infancia cuando era visita común en la casa de su padre, lo recuerda como un hombre bello y de gallarda presencia, y también hace referencia a sus cabellos rubios, que aureolaban su rostro como el aura dorada de un santo.

Representó al país en el plano político e intelectual  en múltiples congresos internacionales. Por sus méritos profesionales fue elegido  miembro del Tribunal Permanente Internacional de Arbitraje de La Haya, de la Academia de la Historia  de Cuba y  Decano honorario de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de La Habana. Fue profesor de Retórica y Poética del Instituto de La Habana y director de las Escuelas Militares, así como inspector y Brigadier General de las Fuerza Armadas.

Sus reflexiones acerca de que el medio social no determina la homogeneidad de intereses y actitudes entre los hombres nunca fueron mejor ilustradas que por la inmensa diferencia de estatura moral entre él y su hermano Julio, quien fue hombre de acción, traidor gárrulo, bribón y absolutamente inmoral, mientras Manuel, hombre de pensamiento, mantuvo siempre una virtud acrisolada que le valió el afecto sincero de José Martí.

Sanguily fue también un orador consumado y elegante y un periodista lúcido y hábil pluma brillante. Fundó en 1892 y de acuerdo con Martí, la revista Hojas Literarias, también Patria y Libertad, La Discusión. Fue colaborador de El Triunfo, Heraldo de Cuba, Las Habana Literaria, El País, Revista de Cuba y Revista Cubana. Desde las páginas del periódico La Discusión abogó fervientemente por la retirada de las tropas militares estadounidenses, la formación de un gobierno cubano y la independencia total del país. Combatió a los autonomistas y los anexionistas y hasta el final de su vida fue un independentista convencido que nunca reclamó para sí ni honores ni beneficios. Fue un soldado de conciencia.

Se opuso a la Enmienda Platt aunque con posterioridad la aprobó, y al Tratado de Reciprocidad Comercial impuesto a Cuba por los vencedores. Fue electo senador por Matanzas y en 1902 fue elegido como primer Presidente del Senado.Junto con el Mayor General del Ejército Libertador Mario García Menocal, Manuel Sanguily fue mediador entre los partidos Moderado y Liberal durante la Guerrita de Agosto de 1906, en la que los liberales se alzaron contra la reelección del Presidente Estrada Palma, y que tuvo por consecuencia la Segunda Intervención norteamericana en la isla. En 1910 fue nombrado Secretario de Estado y en 1912 estuvo entre las figuras políticas cubanas que se opusieron a una Tercera Intervención, con la que los Estados Unidos amenazaban al entonces presidente de Cuba José Miguel Gómez si no ponía fin al levantamiento de los miembros del Partido de los Independientes de Color. En 1913 fue designado por el presidente Menocal para ocupar la Secretaría de Gobernación, pero renunció en 1917 cuando este quiso reelegirse. Murió en La Habana en 1925.

Hasta donde sé, una sola cosa le reprocharía yo a Manuel Sanguily Garrite, y es una historia muy fea en verdad. Cuando ya depuesto de su cargo de Presidente de la República en Armas y acorralado por la tropa española que rodeaba el miserable rancho donde tenía su último refugio, Carlos Manuel de Céspedes se quitó la vida de un pistoletazo para no sufrir la afrenta de caer vivo en manos del enemigo, sus captores encontraron entre sus pertenencias lo que hoy se conoce como el Diario Perdido, en cuya primera página había dejado Céspedes escrita su última voluntad: que el tomito le fuera entregado a su esposa Ana de Quesada, quien se encontraba entonces en el exilio. La viuda supo que el Diario se encontraba en manos de Manuel Sanguily y le escribió reclamándoselo. Lo que sigue es una cita de mi artículo La historia de Cuba habrá que rescribirla algún día[3]:

[…] En una respuesta que revela soberbia y desdén y es totalmente indigna de un caballero y de un patriota, Sanguily replicó a la viuda que el cuadernillo constituía legítimo botín de guerra de los españoles que habían capturado a Céspedes y tomado su cadáver, y que le fue comprado a ellos por su hermano Julio Sanguily por una fuerte suma de dinero, en vista de lo cual él no tenía ninguna obligación de entregárselo a ella.

Los cubanos debemos a un extraño azar que el Diario Perdido haya llegado a las manos de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, quien lo publicó, devolviendo así a la Historia de Cuba un documento fundamental que le pertenece. A Manuel Sanguily no se lo debemos. Los grandes hombres no están a salvo de la mezquindad de espíritu.

 

 

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1  Corriente filosófica del siglo XIX que postula que el conocimiento auténtico es el conocimiento científico y tal conocimiento solo puede surgir de la afirmación de las hipótesis a través del método científico o inductivo-deductivo, basado en la experimentación y la comprobación de los fenómenos. Según esta corriente filosófica el mismo método es aplicable para todas las ciencias, en especial las físico-naturales.
2  Isis, una de las diosas principales del panteón religioso egipcio prehistórico y faraónico. Esposa de Osiris, cuando su esposo fue descuartizado por su hermano Seth, ella reunió los fragmentos de su cuerpo y sobre el cadáver redivivo engendró a Horus. Los tres conforman la Trinidad sagrada en el país del Nilo. Estudiosos de las religiones y antropólogos consideran que Isis es la matriz de las vírgenes posteriores, y también de la Virgen María. En varias catedrales europeas, como en la francesa de Chartres, hay vírgenes negras cargando un bebé. El dúo es identificado con Isis y Horus. Aunque hubo muchas diosas que la precedieron en otras culturas como la caldea y la asiria, ella es la diosa femenina arquetípica.
3Publicado en mi blog Hija del Aire https://www.ginapicart.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La familia Sanguily en Cuba (I) El traidor

La familia Sanguily ocupa un lugar singular en la historia de Cuba: fueron miembros suyos un alcalde en Australia, dos de los más destacados oficiales del Ejército Libertador, el peor traidor que ha tenido la historia de la nación y el líder militar de la resistencia contra el presidente Gerardo Machado.

Hijos de un matrimonio de origen francés, el mayor de los tres hermanos, Guillermo, abandonó la isla antes del comienzo de la Guerra de los Diez Años. No tengo más datos sobre su andadura en este mundo hasta que ocupó el cargo de alcalde de la importante ciudad australiana de Sidney. En su tiempo ese destino fue, sin duda, uno de los más rocambolescos que haya tenido un nativo de esta isla.

Julio fue el segundo hijo de la familia. Nació en La Habana el 9 de noviembre de 1845. La historiografía cubana siempre había destacado sus valores incuestionables como militar, pero en la actualidad se le considera una de las personalidades más polémicas y negativas de la historia nacional, y el historiador Rolando Rodríguez no vacila en calificarlo como el mayor traidor de nuestras gestas libertadoras.

En 1868, Julio, con 23 años de edad, y Manuel con 20, viajaron desde Cuba a Jamaica y de ahí a Cuba en la segunda expedición del Galvanic. Desembarcaron  en Camagüey, donde se unieron a los insurgentes cubanos contra el poder de España. Julio inició su carrera militar bajo el mando del general Manuel de Quesada. Más tarde, cuando este ya era General en Jefe del Ejército Libertador, fue jefe de su escolta y su ayudante personal. Escaló velozmente los peldaños militares: el 20 de julio de 1869,  ostentando los grados de Comandante, Julio participó en el ataque a Puerto Príncipe bajo las órdenes del Mayor General Ignacio Agramonte. En 1870 fue ascendido a Coronel; en 1872 a Mayor General  y en el 1873 a segundo jefe de la División de Camagüey. Ese mismo año, tras la caída de Agramonte, quedó al frente de la División hasta que entregó la jefatura a Gómez. También fue  nombrado segundo jefe del Tercer Cuerpo de Las Villas y, al mismo tiempo, segundo jefe del Departamento Occidental. Cuando se firmó el Pacto del Zanjón viajó a España.

A Julio Sanguily se le considera protagonista de uno de los episodios más hermosos de nuestras guerras de independencia, conocido como El Rescate de Sanguily, y así, al menos, aparece en todos los libros de historia, aunque en justicia el verdadero protagonista fue el Mayor General Ignacio Agramonte, quien con una vertiginosa carga al machete lo rescató de la tropa española que lo había apresado, apenas un día después de su captura.

Julio mostró siempre enorme valor y resistencia físicos. Sufrió varias heridas de guerra, entre ellas un disparo de fusil en un pie (algunas fuentes afirman que fue un machetazo) que lo dejó lisiado, y a partir de aquel día sus ayudantes tuvieron que izarlo a su caballo y desmontarlo, lo que no le impidió seguir luchando. En 1876 fue enviado junto a su hermano Manuel a los Estados Unidos, donde debía recuperarse de otras heridas y conseguir pertrechos y armas para enviar a los mambises en la isla. Adquirió, como otros cubanos exiliados, la ciudadanía norteamericana, a la vez que mantenía vínculos con los clubes independentistas y participaba en las conspiraciones que los emigrados llevaban a cabo en ese país, entre las que se cuenta la fallida Paz de Manganeso, que tuvo lugar en 1890. Se le acusa de haber sido un agente doble de España y los Estados Unidos. Se cree que fue responsable por la muerte en combate de Manuel García, quien se hiciera famoso por practicar el bandolerismo en los campos de Cuba, pero terminó apoyando  la causa de la libertad y ofreciendo a Martí una fuerte suma de dinero para la compra de armas y la preparación de expediciones, contribución que el Maestro le rechazó, invitándole en cambio a unirse a los combates que estaban teniendo lugar en la isla, donde apenas llegar Manuel García perdió la vida en una emboscada. También se considera a Julio Sanguily culpable directo por la captura de la expedición de Fernandina preparada por Martí, y por el fracaso del levantamiento en el occidente de la isla. Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que la negativa de Martí de entregar dinero a Maceo para el financiamiento de su expedición de Costa Rica fue causada por intrigas y actos deshonestos de Julio Sanguily. El Apóstol llegó a sentir tal desconfianza de este hombre que le ocultó los últimos preparativos de la guerra y la llegada a Cuba de los principales jefes de la contienda.

En febrero de 1895 Julio fue hecho prisionero por los voluntarios españoles, quienes le pedían pena de muerte, pero con la intervención del gobierno de los Estados Unidos, país del que era ciudadano, y otras gestiones para liberarlo entre las que no fueron las menos intensas las llevadas a cabo por su hermano Manuel, consiguió ser indultado. Dos días después regresó a Nueva York, donde se presentó ante la delegación cubana para ser alistado. El delegado Tomás Estrada Palma, después de consultar con el Consejo de Gobierno de Cuba, le denegó tal petición. Cuando Julio Sanguily aún reclamaba su envío a Cuba, Estados Unidos declaró la guerra a España (20 de febrero de 1898). Sanguily se enroló en la expedición del vapor Florida, que bajo el mando del General de División José Lacret Morlot desembarcó por Banes el 26 de mayo de 1898. Le fue reconocido el grado de Mayor General y terminó la guerra con categoría de jefe excedente. En la etapa republicana se retiró de la política y no ocupó cargos públicos. Murió en La Habana en 1906. 

Esta figura de Julio Sanguily resulta bastante incomprensible en cuanto a su verdadera condición humana. Queda fuera de todo cuestionamiento que era un hombre de extraordinario valor personal y un militar muy eficiente, ambas virtudes bien demostradas por su extensa  hoja de servicios en el Ejército Libertador. Recientes y muy rigurosas investigaciones llevadas a cabo sobre su persona por prestigiosos historiadores cubanos revelan que también fue un espía doble pagado por los gobiernos de España y Estados Unidos. Martí, quien en mi opinión tanto se equivocó con la índole real de Estrada Palma, supo ver dentro de Julio Sanguily, quien encaja perfectamente en aquella desgarradora reflexión ecuménica del Apóstol: “Conozco al hombre y lo he encontrado malo”. ¿Era un patriota falso? ¿Fue traidor desde el principio a la causa de nuestra independencia? ¿Era un anexionista enmascarado? ¿Tuvo alguna motivación ideológica o simplemente fue un inmoral? ¿Qué razones pudieron hacer de este hombre con tanto potencial para trabajar por la libertad de Cuba un vil sujeto envuelto en tanta miseria humana?

El historiador Rolando Rodríguez, en el primer tomo de su libro Cuba, la primera ocupación las máscaras y las sombras (ed. Ciencias Sociales, 2007) coloca a Sanguily en una especie de podio de ganadores, entre Estrada Palma y Gonzalo de Quesada, a quienes otorga los tres primeros lugares entre los villanos de la historia de Cuba. Sin embargo, su juicio permite adivinar el largo proceso de degradación de un hombre que alguna vez fue virtuoso:

Otro asunto que debe quedar claro […] es el carácter “traidor” de Julio Sanguily, cuya fea hoja de servicios comenzó a empañarse, según Vicente García[1], cuando en la manigua comenzó a traficar con productos para su uso con los enclaves del enemigo. Más tarde, ya en la paz, le aceptó una “botella” al general García de Polavieja en los ferrocarriles. Para entonces, como aseguró el general español, Julio Sanguily protegía bandidos y les aceptaba dinero resultado de los delitos cometidos. Fue acusado indirectamente por Martí de haberle estafado dinero a los tabaqueros con la historia de un alzamiento que llevaría adelante en Cuba, y al respecto Martí pidió que no lo dejaran ir de nuevo a Cayo Hueso porque demeritaba la idea independentista. Sanguily casi seguramente fue el delator del 24 de febrero de 1895 ante el mando español. La verdad es que para esa fecha había sido designado jefe militar mambí de Occidente, y en la mañana de aquel día glorioso no estaba en el campo de batalla, sino en su mansión de El Cerro, donde fue arrestado por los españoles casi con seguridad para prestarle una coartada. Algunos de los que le acompañaron en la aventura sabían desde antes que no tomaría las armas pues tenía empeñados el revólver y el machete. Luego, cuando estaba en Estados Unidos, le estafó a Estrada Palma varias mesadas con la historia de su sostenimiento, y en 1897, al mismo tiempo, entró en contacto con Dupuy de Lôme, el ministro español en Washington, y le propuso por unos 300 pesos mensuales venir a Cuba para convencer a Máximo Gómez de que aceptara la autonomía. El presidente del Consejo de Ministros de España. Antonio Cánovas del Castillo, aceptó se le pagara ese salario, pero no que viniera a la isla. Por último, ya en Cuba, a donde viajó con las tropas estadounidenses, se puso durante la ocupación al servicio del gobernador Leonard Wood en labores “especiales”, es decir, de espionaje, por unos cuantos cientos de pesos al mes. Falta añadir por qué hizo todo aquello. La razón estriba en que Julio Sanguily se había aficionado al alcohol, las francachelas con mujeres y, sobre todo, a la baraja. Se sabía que no salía de las mesas de juego. Para estas afirmaciones se cuenta con el diario de Vicente García, cartas de García de Polavieja, de Dupuy de Lôme, y vouchers de pago firmados por Wood y Sanguily. Sobre su estafa a los tabaqueros de Cayo Hueso hay cartas sobradas de Martí en sus Obras completas, y en cuanto al 24 de febrero hay testimonios de su postura ante el alzamiento y documentos que muestran le habían llegado confidencias en ese sentido al capitán Emilio Calleja. Dada su postura, habían sido proporcionadas por este sujeto. Sin duda, Julio Sanguily fue el gran traidor de la independencia cubana. [2]

 


[1] Vicente García, Mayor General del Ejército Libertador. Fue de los primeros en incorporarse a la lucha armada por la independencia de Cuba. Por la bravura demostrada en los más de cien combates en que participó, los españoles lo apodaron el León de las Tunas. Organizó un efectivo servicio de inteligencia y creó los códigos y claves para las comunicaciones en su región. Fue jefe del Departamento Oriental con mando en Camagüey. Llegó a ser Presidente de la República en Armas. En 1886, cuando tenía 53 años, el espía español Ramón Dávila lo envenenó en Venezuela poniéndole vidrio molido en un plato de quimbombó.
2 Aunque la condición de traidor de Julio Sanguily ha sido estudiada por otros historiadores, cito a Rodríguez porque de todos los textos a los que he tenido acceso sobre este tema, me parece el suyo el que mejor lo resume,  por lo que sirve en forma adecuada a mi objetivo periodístico.  

 

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Voynich, el manuscrito más enigmático de la Tierra

Puede que usted haya escuchado alguna vez una conversación sobre manuscritos misteriosos. Algunos son textos apócrifos, o al menos acusados de serlo, como los célebres Evangelios Apócrifos que fueron eliminados de la versión oficial de la Biblia por ser imposible acreditar sus fuentes. Sin embargo, es posible que nunca haya escuchado mencionar el manuscrito Voynich, hasta hoy considerado como el más misterioso de todos los textos conocidos por la humanidad. No es un caso como los textos escritos en el aún no descifrado alfabeto cretense Lineal-B, pues el misterio de lo que sea que digan esos textos radica hasta la fecha en la imposibilidad de leerlos porque no se comprende su escritura. Cuando por fin sea descifrada, a lo mejor resulta que los textos cretenses dicen cosas de lo más corrientes, como las tablillas babilónicas que resultaron ser registros de almacenes de provisiones de un palacio real.

Pero el Voynich es otra cosa. Fue escrito hace ya más de 700 años en un idioma desconocido al que los especialistas en criptología han llamado voynichés.

Esto no es raro, pues los sabios de épocas pretéritas en ocasiones creaban sus propios alfabetos personales para cifrar conocimientos que consideraban peligrosos si caían en manos equivocadas, o descubrimientos que no deseaban compartir. El ejemplo más conocido es el del  genio italiano del Renacimiento Leonardo da Vinci, quien escribía al revés y era necesario emplear un espejo para poder leer sus anotaciones, llevadas con obsesiva constancia y prolijidad. El manuscrito parece ser una especie de compendio de sapiencia, pues abarca disciplinas tales como la astrología, la botánica, la farmacopea, la cosmología, la biología…

Tratados con esas características se escribieron muchos desde la Antigüedad, baste recordar los de los romanos Plinio el Viejo y Plinio el Joven. Se copiaban tratados más antiguos en los monasterios, o los hacían monjes cronistas que pretendían recopilar y preservar informaciones provenientes de culturas precristianas, como hicieron los monjes en Irlanda con los libros celtas anteriores a la llegada de San Patricio. ¿Qué hace entonces tan especial al manuscrito Voynich? Pues que habla de flora y fauna que no pertenece a este planeta, y contiene ilustraciones de instrumentos que nunca pudieron haber existido en el siglo XIII. Algunos de ellos pudieran ser microscopios y lentes de aumento rudimentarios, acompañados por ilustraciones que recuerdan estructuras de células y bacterias. Es muy cierto que Leonardo da Vinci se anticipó a muchos inventos, entre ellos al de las aeronaves, pero su idea de volar, dibujada en detalle en bocetos que aún hoy se conservan, era la de unas alas que podían ajustarse al cuerpo humano, algo que por fantasioso que nos pueda parecer hoy (y no lo es en absoluto pues existe un deporte realizable en idéntica forma), estaba dentro de un orden de ideas que pertenecía por entero a este mundo; no se conserva entre sus dibujos y anotaciones ni un solo ejemplo de un boceto de nave espacial, seguramente porque en su época la concepción de viajar  por un cosmos cuya estructura no se concebía más que como cielo alojador de deidades, hacía imposible concebir una nave capaz de tales travesías. Las máquinas voladoras que construyó tenían como fin viajar sobre la geografía terrestre y nada más. Leonardo operó con los conocimientos de su tiempo y trató de desarrollar las tecnologías que ya eran conocidas. No podía ir más allá. Pero hablar de células y bacterias en el siglo XIII es toda una anticipación del intelecto difícilmente explicable, porque el microscopio, instrumento que permitió el descubrimiento de ambas, no fue inventado hasta 1590 por el holandés Zacharias Hanssen. Se trata nada menos que de una anticipación de tres siglos. El microscopio fue el primer instrumento que permitió la observación de estructuras invisibles al ojo humano.

Debido a que ninguno de los muchos expertos en criptografía que se han ocupado del manuscrito Voynich ha podido descifrarlo, se le llama el Santo Grial de la criptografía. Si uno recuerda que los Manuscritos del Mar Muerto ya han sido descifrados, y que los más sofisticados códigos empleados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial fueron descifrados por los Aliados merced a la creación de máquinas que rompieron todos los estándares de aquellos años, uno se pregunta qué pasa con el Voynich. La teoría de que se trata de una falsificación realizada en la Edad Media sin más propósito que el de engañar a algún mecenas financiador de alquimistas calenturientos siempre dispuestos a prometer la conversión del plomo en grandes montones de oro, carece de sentido no porque ello no haya sucedido más de una vez, sino por las anticipaciones que contiene el Voynich. En ningún laboratorio de alquimistas medievales, ni en el mejor surtido, existían instrumentos capaces de permitir ver una célula.

Hay una circunstancia que pudiera conducir a alguna pista sobre el origen del extraño texto: en muchas de sus páginas se repiten los mismos signos, por lo que todo el manuscrito cumple la constante conocida como Ley de Zipf, según la cual en todas las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional a su frecuencia de aparición. La explicación de esta ley se basa en la economía lingüística: las palabras más breves de un idioma son las más utilizadas por sus hablantes porque requieren menos energía, por ello es el uso de una lengua el que acaba por imponer esta ley. Es prácticamente imposible que el autor del manuscrito Voynich conociera la ley de Zipf, enunciada muchos siglos después, y por tanto que la aplicase a una lengua inventada por él. Esto hace pensar que el Voynich está redactado en un lenguaje real, ya que en lenguajes artificiales creados a propósito, como los élficos de Tolkien o el Klingon de Star Trek la Ley de Zipf no se cumple.

Sobre los orígenes y el nombre con que se conoce a este extraño manuscrito, reproduzco un fragmento del blog de Word Press Tejiendo el mundo:

El manuscrito debe su nombre a Wilfrid M. Voynich, quien encontró el libro en 1912 en una biblioteca jesuita del colegio de Mondragón, cerca de Roma, donde parece ser había sido donado por Athanasius Kircher (criptólogo alemán) a finales del siglo XVII, quien a su vez lo habría conseguido de Johannes Marcus Marci, rector de la universidad de Praga en aquella época y que a su vez lo habría conseguido de Georgius Barchius, alquimista que trabajó en la corte de Rodolfo II, el que ha su vez lo habría conseguido de Jacobus Horcicky de Tepenecz, también alquimista, quien se habría apoderado del manuscrito tras la muerte de Rodolfo II, a quien pertenecía el libro hasta el 1622. Es posible que el libro llegara hasta la biblioteca del Sacro Emperador Romano de manos de Johannes Kepler, quien entre los años 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo. Kepler, gran aficionado a la alquimia, matemáticas, astrología y astronomía, era un gran admirador del trabajo de Roger Bacon y atesoraba muchos de sus manuscritos originales. Es por este motivo que el manuscrito Voynich se atribuye por muchos al tal Roger Bacon, quien supuestamente lo habría escrito casi cuatro siglos antes. Roger Bacon fue un monje franciscano y alquimista del que se dice habría creado un código para camuflar sus investigaciones sobre la piedra filosofal y el elixir de la vida.

Otra teoría pone en el tablero a dos nuevos personajes que también residieron en la corte de Rodolfo II (personalmente es la que más me convence). Estos personajes son Francis Bacon, escritor y aficionado a todos los temas ocultos y su buen amigo, Cornelius Drebbel, quien fuera jefe alquimista en la corte de Rodolfo II en la época en la que supuestamente aparece por allí el manuscrito. Curiosamente, Drebbel era un gran aficionado a los microscopios y telescopios y él mismo los fabricaba y vendía. Francis Bacon escribió un libro titulado “La nueva Atlántida” en 1626, donde los paisajes, lugares y costumbres descritas coinciden más que sorprendentemente con las ilustraciones del Voynich. Es más que probable que el manuscrito fuese escrito por Drebbel a modo de apoyo para el libro de Francis Bacon. Como una biblia de la nueva Atlántida que envolvería la obra de Bacon como algo real, no ficticio, y que impulsaría su éxito.

La costumbre de dotar a los textos apócrifos de unos linajes originales tan ilustres y enrevesados ha existido siempre, favorecida por el colapso que sobrevino cuando el imperio romano cayó en manos de los bárbaros y todo el acervo cultural grecolatino se hundió en una noche oscura para volver a la luz siglos después, mutiladísimo, gracias a los monasterios, devenidos reservorios de los saberes antiguos. El hecho de que el manuscrito Voynich ostente esa genealogía conspira contra su credibilidad y habla en favor de la teoría de una falsificación semejante a la de los poemas de Ossian, escritos en 1791 por el escocés James Macpherson, y presentados al mundo literario como una antigualla  traducida del celtogaélico antiguo, pero no eran más que un refrito de algunos poemas antiguos a los que había mezclado algo de su imaginación, lo que no impide que sean bellos.

Volviendo al manuscrito Voynich, tiene alrededor de 240 páginas de pergamino. La escritura fue elaborada con pluma de ave, de acuerdo con la época. En las imágenes se emplearon tintas de colores. Los expertos aseguran que el texto es posterior a las imágenes, cuyos bordes toca en numerosas ocasiones, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas posteriormente. Se cree que el texto no está completo y le faltan unas 28 páginas.

Hay una serie de ilustraciones donde aparecen mujeres desnudas sumergidas en alguna especie de baño colectivo, que llama poderosamente mi atención. Aunque se ha sugerido que pudiera tratarse del ritual cátaro de suicidio colectivo llamado Endura, hay una de estas imágenes que me causa un efecto aterrador, porque el líquido que pasa a través de los vasos comunicantes que nutren de agua la tina donde se encuentran las mujeres, a mí me hacee el efecto no de que baja hacia la tina, sino que sube de ella. Teniendo en cuenta que el líquido es de color rojo, parece como si a las mujeres las hubieran introducido en esa tina para extraerles la sangre de sus cuerpos. Sin querer me ha venido a la mente el serial Los 100, las escenas de Mount Weather (perdón por mi mal inglés) donde se aplicaba el procedimiento denominado cosecha, consistente en hacer prisioneros a los que luego se les extraía la sangre para  renovar el fluido vital de los habitantes de la base militar, trasfundiéndoles con genes adecuados para soportar la radiación del exterior. Esto no es más que una especulación personal, y quienes observen la ilustración podrán sacar sus propias conclusiones. Hay otras que también ofrezco a continuación:

En la actualidad el manuscrito Voynich se encuentra en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, Estados Unidos, donde solo en muy contadas ocasiones puede ser consultado por estudiosos debidamente acreditados, que continúan desconcertándose ante sus páginas y preguntándose si están ante un milagro del futuro o una broma colosal.

NOTA

Me permito rebloguear un extraordinario artículo, muy completo, sobre este tema que he encontrado en un sitio muy interesante:http://www.elorigendelhombre.com/manuscrito%20voynich.html. Todas las ilustraciones que usé en mi popio artículo provienen de este que voy a reproducir, y las que lo ilustran también. Yo podría limitarme a sugerir a los lectores abrir el link, pero copiarlo todo aquí es como si yo tuviera un poco del manuscrito Voynich, lo que me hace mucha ilusión porque es algo de una belleza tal que ¿quién no querría poseerlo? Pasen y lean.

¿Es un código? ¿Es un sistema de cifrado? ¿ Una tomadura de pelo? ¿Un engaño? ¿Por qué se escribió sino iba a ser leído jamás por nadie? ¿ Qué secretos encierra este enigmático códice? ¿ Tiene un significado real?

El manuscrito de Voynich  es una de las reliquias medievales más misteriosas que existen. Es un libro ilustrado de hace unos 600 años y  su originalidad radica en que  no se puede leer. Es el único libro en el mundo, que a pesar de nuestra moderna tecnología, no podemos descifrarlo: un arcano de la edad media.

Es el jeroglífico más estudiado del siglo XX y XXI. En la actualidad el libro tiene unas 246 páginas de pergamino manuscritas de 15 x 27 centímetros, y 5 cm de grosor. Fue escrito con pluma de ave para escribirlo  y tinta de colores para las ilustraciones.

Si se observa el texto al microscopio, se ve que esta enorme cantidad de páginas , se ejecutó sin ninguna corrección, sin el mínimo error; al tirón. La ejecución del manuscrito es una hazaña casi inhumana.

Las palabras, rozan  con frecuencia  las figuras, lo que nos indica que posiblemente el texto es posterior  a las ilustraciones. El texto   fue  escrito de izquierda a derecha, dejando  un margen desigual en el lado derecho.

Tiene un total de 37.919 palabras, contiene 8114 palabras diferentes y alrededor de 170.000 letras o glifos . Todo el manuscrito está escrito con tan sólo unas 25 letras diferentes. Las numerosas   ilustraciones   permiten adivinar su posible organización en diversas secciones: farmacia, botánica,  biología, astrología, cosmología y texto.

Todavía hoy , nadie ha logrado determinar  lo qué es, algunos sospechan que puede ser   un texto cifrado por algún científico del siglo XV, y otros advierten que puede ser  un conjunto de textos y dibujos sin sentido alguno. Hasta hay personas que especulan con la posibilidad de que se trate de un trabajo extraterrestre de los annunakis. Por supuesto, nada de esto ha podido ser demostrado aún.

En definitiva, el manuscrito está  causando gran frustración en el campo científico,   no se ha logrado una traducción de lo podría ser   una enciclopedia científica muy avanzada.

¿Quién era Wylfrid Voynich?

Wilfrid M. Voynich , fue un coleccionista de manuscritos medievales, en 1912 encontró un insólito libro en el Colegio Jesuita de Mondragone, cerca de Roma

Por su apellido debió de ser polaco o de origen polaco. Nació el 31 de octubre de 1865 en Kaunas, Lituania. Hijo de un militar polaco. Realizó sus estudios en las universidades de Varsovia y San Petersburgo y se licenció como químico en la Universidad de Moscú y ejerció como farmacéutico.

En 1887 fue desterrado a la gélida Siberia. En 1890 Voynich consiguió escapar de Rusia y después de un largo recorrido a pie, carro y bicicleta, llegó a Hamburgo. Con el poco dinero que disponía, compró un pasaje en un viejo barco de transporte y se presentó en Londres.

¿Siguiendo la pista del Manuscrito Voynich ?

El primer propietario del manuscrito fue un nieto del emperador Carlos I, Rodolfo II de Bohemia (1552-1612)  que lo compró por 600 ducados de oro.

Tras la muerte de Rodolfo II, el alquimista oficial de la corte de Rodolfo, Jacobus Horcicky de Tepenecz  se apoderó del manuscrito y más tarde se lo pasó a un alquimista de Praga, Georgius Barschius (1622-1665).

Tras la muerte Georgius Barschius , en  1665 el manuscrito pasó a Johannes Marcus Marci   rector de la Universidad Carolina de Praga

Marcus Marci se lo entregó a su amigo jesuita Athanasius Kircher, uno de los eruditos más famosos del siglo XVII, para que lo tradujera. Marcus fue un médico y profesor de la Universidad de Praga, viajó a Roma donde conoció a Kircher, un jesuita de reconocido prestigio científico en aquella  época.  La fama de  Kircher venía por su diccionario copto y descifrado los jeroglíficos egipcios .

En 1650, Athanasius Kircher,  sin lograr la traducción depositó el manuscrito en la casa de los jesuitas de Mondragone, cerca de Roma

En 1651, el libro es expuesto en el Museo Kircherianum

En 1680, muere Kircher y en los sucesivos catálogos del museo no aparece el manuscrito

En 1773, la Compañía de Jesús es suprimida, por primera vez, y muchos de sus bienes confiscados

El padre Pignatelli, logra custodiar y salvar muchos de los fondos de la Sociedad y los protege durante la invasión napoleónica

En 1814, con el fin de la ocupación napoleónica, se restaura la Orden y en 1824 se recuperan sus bienes.

En 1870 las tropas de Víctor Manuel II de Italia conquistaron Roma , anexionando los Estados Pontificios a Italia. El nuevo estado confiscó la mayoría   de las propiedades de la Iglesia, incluida la biblioteca del Collegio donde estaba el manuscrito. Después de este hecho histórico,   muchos de los libros de la biblioteca de la universidad pasaron a las bibliotecas personales  de las diversas órdenes, donde quedaron  a salvo de la confiscación.

En 1912,   Wilfred Voynich compró 30  manuscritos a los jesuitas de Mondragone  que  tuvieron que venderlos  para conseguir recursos económicos y paliar su precaria situación . Entre los manuscritos adquiridos por Voynich se encontraba el que nos ocupa. Voynich intentó descifrar el manuscrito durante el resto de su vida, pero murió sin aproximarse ligeramente a la solución.

Voynich creyó que el manuscrito fue escrito por Roger Bacon ( monje franciscano) , que lo escribió de forma cifrada para que proteger sus descubrimientos científicos del siglo XIII. Ante la imposibilidad de traducirlo, Voynich,  hizo copias     fotográficas  y las distribuyó entre especialistas de Roger Bacon.

En 1919,  una copia llega a manos de William Romaine Newbold, profesor de la universidad de Pennsylvania, especialista en lingüística y códigos cifrados.   Newbold  cree reconocer células y galaxias  en las ilustraciones  . En 1921 comienza a dar conferencias, asegurando  que Bacon fue el descubridor del microscopio y del telescopio; y que  Bacon descubrió que la nebulosa   Andrómeda es una galaxia como  la Vía Láctea, que conocía las leyes de la formación de embriones y la estructura celular completa. Newbold manifiesta  haber encontrado un texto oculto taquigráfico que cree entender gracias a una clave de 16 letras  . Su obsesión por el manuscrito te trastorna tanto que le lleva a la demencia y muere completamente loco en 1926.

En 1931 , John Manly afirma que la versión de Newbold es absurda y no tiene sentido.

En 1931 muere Voynich y el manuscrito pasa a su viuda Ethel Boole Voynich

En 1944,   el gobierno de USA encarga la traducción a los más famosos criptógrafos militares de la segunda guerra mundial. Friedman, que había descifrado el código púrpura de la Marina Imperial Japonesa no consigue resultados y dice que está escrito en un lenguaje lógico y sintético, nada más pudo decir este afamado criptógrafo del enigmático manuscrito.

En 1961, la viuda de Voynich lo vendió por 24.500 $ a un anticuario neoyorquino, Hans Peter Kraus.

En 1969, sin lograr venderlo por 160.000 $, Kraus lo donó a la Universidad de Yale, donde permanece hasta hoy, depositado con el Nº MS 408.

Alrededor de 1990 , se inicia el Proyecto E.V.M.T. (European Voynich Manuscript Transcription) liderado por  Gabriel Landini René Zandbergen, su objetivo es conseguir la transcripción de las letras o glifos del manuscrito a signos latinos.

¿Dónde se encuentra en la actualidad el Manuscrito Voynich?

Se encuentra en un lugar seguro de la Beinecke Rare Book and Manuscript Library”; es decir en la biblioteca Beinecke de Libros Raros de la Universidad de Yale , en New Haven, pequeña ciudad portuaria del estado de Connecticut en USA. Esta biblioteca alberga un valiosa colección de joyas bibliográficas, pero ninguna tan famosa como el Manuscrito Voynich.

¿Quién escribió el Manuscrito Voynich?

Aunque el  autor del libro es anónimo ,  son  numerosas las propuestas; algunos sostienen que lo escribió    el  monje franciscano, alquimista,    Roger Bacon “doctor milagro” (1214-1294),  en el siglo XIII.  Bacon, experto en reflexión y refracción de la luz, trabajó con lentes de aumentos y muchas figuras recuerdan cosas y objetos que sólo pueden verse bajo la lente de un microscopio. Son estas las imágenes de un mundo oculto en el siglo XIII. El problema es que el manuscrito está datado en 1420.

Edith Sherwood,  académica experta en   Leonardo da Vinci,  propone que el trabajo tiene como base  el italiano medieval o  toscano  y que las palabras son anagramas. Ella postula que el  contenido del manuscrito es un atlas de biología escrito por Leonardo da Vinci.

El botánico Arthur Tucker, publicó 2014 un artículo, sosteniendo que el manuscrito fue escrito en  mesoamericano. Las razones para esta conclusión están basadas   en la similitud de la  plantas que aparecen en las ilustraciones   con las  americanas y porque   el estilo de dichas ilustraciones coinciden  con el estilo de las  ilustraciones mexicanas  del siglo XVI.

Algunos investigadores  atribuyen la autoría a John Dee, el matemático, astrólogo y mago personal de la reina Isabel I de Inglaterra.

Voynich descubrió de manera accidental, oculto en la primera página del libro, el nombre de Jacobo de Tepenezche ( Jacobus Horcicky Tepenezche , alias Sinapius) de Los expertos opinan que posiblemente el libro estuvo en sus manos, pero seguramente no fue el autor.

Se ha sospechado muchas veces que el autor podría ser el propio Voynich . Pero  , el reciente descubrimiento de la carta de   Barschius a Kircher ha terminado  completamente con esta posibilidad.

Por la fecha de datación del manuscrito, 1404 a 1438, se pueden descartar como posibles autores del manuscrito a Jacobo Tepenezche y a Roger Bacon. Leonardo da Vinci , nación 50 años después. Eduard Kelly vivió 150 años después

¿Fue su autor un genio de la medicina que intentó ocultar sus descubrimientos a sus competidores o la inquisición?

¿Dónde se escribió el Manuscrito Voynich?

Ho hay pistas fiable sobre el lugar donde se escribió el manuscrito . Si nos basamos en lagunas a ilustraciones, en las que aparece una ciudad amurallada rematadas con almenas de cola de golodrina. En esa época, principios del siglo XV, solamente en el norte de Italia, había ciudades amuralladas con almedas en cola de golondrina. Debemos pensar en una ciudad del Renacimiento, posiblemente de la región del norte de Italia, como Milán o Venecia.

Arthur Tucker de la Universidad Estatal de Delaware, publicó en 2014 que el origen puede ser mesoamericano. Se basa en la similitud de algunas plantas de las ilustraciones con plantas americanas del siglo XV. También afirma que el estilo de los dibujos , es el típico de las ilustraciones botánicas del siglo XVI en México.

¿ Cuándo se escribió el Manuscrito Voynich?

Es lo único que podemos decir del manuscrito; hace poco investigadores de la Universidad de Arizona determinaron que fue escrito en el siglo XV . Mediante la prueba de datación del carbono 14, un equipo dirigido por Greg Hodgins, en el departamento de Física de la Universidad de Arizona , ha determinado que el papel del manuscrito es del siglo XV, alrededor de 1420. Según Hodgins, podemos decir con un 95 % de seguridad, que el manuscrito fue creado entre 1404 y 1438.

Todavía no ha sido posible datar la tinta utilizada. La técnica del carbono 14 es de difícil aplicación en este caso. Las tintas solían ser derivados de minerales del suelo, de base inorgánica sin contenido en carbono útil para la datación. Los  colores utilizados en los grabados se hicieron con  la paleta típica de  la época del Renacimiento, es decir, materiales disponibles  en aquel periodo.

Las últimas investigaciones han identificado que las tintas tienen diversas procedencias y los componentes varían de una muestra a otra. Algunas , la verde, es de origen ferrogálica. El azul es azurita molida; los rojos y marrones son minerales de hierro . El ocre rojo está hecho con hematita . La conclusión es clara, los materiales utilizados en el manuscrito, son completamente adecuados para los siglos XV . Nada indica que sea una manipulación de los siglos XIX y XX . Analizando las tintas y el papel, se concluye que el Manuscrito Voynich es auténtico.

¿ La traducción del manuscrito del Manuscrito Voynich ?

Este manuscrito nunca ha podido ser descifrado o traducido. Ha pasado por las manos de los más famosos criptógrafos aliados , incluyendo los más importantes especialistas  useños y británicos en descifrados de mensajes encriptados durante la Segunda Guerra Mundial . Los mismos expertos que descifraron en el Cuartel General del Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos el Código Purpura Japones . El código Voynich, fue la única clave que no pudieron descifrar.

Hay muchas gente trabajando en el tema. En la actualidad , un grupo de la Universidad de Arizona, lo está analizando con ayuda de avanzados métodos de interpretación lingüística en potentes supercomputadores, sin resultado .

Algunos datos

Según dicen los criptógrafos, algunas frases tienen estructuras semejantes a las utilizadas en latín, pero otras no tienen nada en común con  ningún idioma conocido. El texto se compone de  palabras y  frases, singulares  sin semejanzas  con  cualquier otro escrito hecho   por los seres humanos. Entre las características más extrañas del texto  que imposibilitan su traducción es   el uso reiterado de una misma palabra y el intercambio de letras en una secuencia.

La sucesión de fracasos ha convertido el manuscrito de Voynich  en el mito  de la criptografía histórica. Pero también , ante la desesperación alcanzada, algunos sostienen  que el libro  es simplemente una secuencia de símbolos al azar sin sentido alguno; es decir un engaño.

Sin embargo, un grupo numerosos de científicos aseguran que el texto está redactado en un lenguaje concreto.   Está   escrito según un patrón o  estructura   típica de los lenguajes naturales.  Efectivamente, el texto cumple   con  la ley de Zip y con la ley de la relación inversa entre la frecuencia y la longitud de la palabra.

La ley de Zip establece que en todas las lenguas humanas la palabra más frecuente   aparece  en el texto el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera más frecuente, el cuádruple que la cuarta, etc. Los lenguajes artificiales no cumplen esta regla.

Lo más sorprendente es que  el autor del manuscrito Voynich pudiera conocer la  ley Zipf, descubierta varios siglos después. No sería aplicable a una lengua inventada por un autor del siglo XV.  Al cumplir con la ley de Zipf, podemos pensar en un  texto  redactado en un lenguaje concreto, basado  en alguna lengua natural.

Hay palabras que aparecen igualmente distribuidas en todo el texto, mientras que otras sólo están en algunas secciones o páginas

En 1950 un equipo de criptógrafos de la  Agencia de Seguridad Nacional de USA  dirigido por William F. Friedman,   descartaron los cifrados de sustitución simple y sospecharon de un cifrados polialfabéticos . Podría ser un  cifrado de Vigenère,   reforzado mediante  símbolos y  reordenación de letras y falsas de palabras, etc.

Algunos autores piensan  que se eliminaron las vocales antes del cifrado

En  2003, el polaco Zbigniew Banasik sostuvo   que el manuscrito está escrito en manchú, y tradujo de manera  incompleta   la primera página del manuscrito Voynich

Últimas Noticias

Recientemente se ha publicado que un profesor de la Universidad de Bedfordshire, en Gran Bretaña,   ha descifrado 10 palabras del manuscrito  Voynich. Entre los términos recogidos se encuentran “cilantro” y “Taurus”. El profesor Stephen Bax  , especialista en manuscritos medievales,  afirma  haber comenzado a desvelar  el misterio.

Entre las palabras identificadas  está el término para “taurus”, junto a un dibujo de siete estrellas que pueden  ser las Pléyades; la palabra “kantairon”, junto a una imagen de una conocida hierba medieval ,”centáurea”. También ha identificado  las palabras  “cilantro”, “eléboro” y “enebro”, también con sus dibujos correspondientes. Probablemente, es un tratado sobre la naturaleza, escrito en un  lenguaje asiático o de Oriente Próximo.

Alfabeto Frogguy y el Alfabeto Europeo de Voynich (EVA)

El Alfabeto europeo de Voynich ( EVA) fue creado en 1998   por René Zandbergen y Gabriel Landini  ,   para facilitar la interpretación lingüística del manuscrito Voynich.  Los autores diferencian entre  dos versiones : EVA básico , con las letras más comunes en el texto. En este caso, los signo aparecen al menos 10 veces en el texto; EVA extendido , para signos puntuales  y poco comunes y signos semejantes a numerales.

Jacques Guy desarrolló en 1991 un alfabeto, denominado Frogguy, para la transcripción del Manuscrito Voynich.

Herbario: Posiblemente la mayor parte del texto trata de botánica y plantas medicinales. En los dibujos se ven las plantas con sus hojas, flores y raices. Las páginas tiene  una o dos plantas y  párrafos de texto. Las   plantas están dibujadas como partes de varias especies, combinando raices,  hojas y  flores  de especies diferentes.

Es la  primera sección del libro, pero no se ha  tenido mucho éxito en el proceso de identificación de las plantas  . Sólo se han podido   encontrar ligera analogía con un par de plantas, el pensamiento silvestre y el helecho culantrillo . Es evidente que las plantas dibujadas no representan claramente plantas naturales. Los detalles de las plantas son enormes y desproporcionados; algo misterioso quiso el autor transmitir a los lectores . Bien parece un tratado de ciencia de biología o botánica de otro planeta. En general, no podemos afirmar categóricamente que las plantas, planetas y animales que aparecen en el manuscrito son conocidos por nosotros, que no existen o que todavía no los hemos descubierto.

 Biológica: en esta sección aparecen  figuras  de mujeres, algunas coronadas,  desnudas bañándose en lugares   públicos o diversas bañeras   conectadas en forma de   red de tuberías. Los dibujos de mujeres denudas, algunas obviamente embarazadas, retozando en balsas de aguas cristalinas, son especialmente enigmáticas.

Cosmológica: tiene  diagramas circulares dibujados en páginas sencillas y   desplegables. Un diagrama llegar a tener hasta seis páginas de largo, representando seis islas con castillos, caminos incluso un volcán.

Astronómica: una parte muy importante del libro son las cartas astrales. Aparecen estrella, soles y  lunas y estrellas . En 12 diagramas se representan los  símbolos   zodiacales: el arquero de  Sagitario , los  peces de  Piscis, el  toro de Tauro. Las páginas de Acuario y Capricornio han desaparecido. En todos los casos los símbolos aparecen rodeados de imágenes de mujeres, muchas de ellas desnudas y sosteniendo una estrella. Algunas de los diagramas aparecen en páginas desplegables. Los dibujos presentan paralelismos asombrosos con las formas naturales.

Se representa   un objeto circular   con ocho brazos curvados con  estrellas amarillas y azules en su interior. Parecería  el dibujo de una galaxia, pero   sólo se podría  observar con un telescopio ; sin embargo  sólo con los mayores telescopios actuales  se apreciaría una galaxia con este  aspecto. Incluso la Galaxia de Andrómeda no se puede ver de frente como  así se aprecia en el manuscrito.

Otros  han interpretado estos  dibujos como células vistas a través del microscopio; pero esto    implicaría un origen moderno del manuscrito y no  medieval.

Farmacéutica: con ilustraciones de  plantas  con raíces y hojas . Las ilustraciones inducen a pensar que se trata de una farmacopea de la medicina medieval  de carácter secreto, describiendo procesos de síntesis de venenos y otras aplicaciones alquimistas.

Recetas: en esta sección, se presentan párrafos cortos, comienzan todos con el dibujo de una estrella en el margen izquierdo. Es la última sección del manuscrito y parecen ser recetas con referencias al apartado de farmacopea

La Extraña página 166v del manuscrito Voynich

Esta página desconcierta todavía más a los científicos que tratan de encontrar la traducción del manuscrito. Excepto la línea 3, el texto está escrito en un “idioma peculiar”; intermedio entre el   idioma típico del manuscrito y otro de origen latino. La escritura es irregular y difícil de leer.

¿Qué significa el Manuscrito Voynich?

Ritual Cátaro.

Levitov asoció las ilustraciones de mujeres en tuberías al rito cátaro del suicidio asistido. El rito de Endura, asociado con la fe cátara, explicaría que las plantas no representan ninguna especie botánica; realmente son símbolos secretos de la fe. Las mujeres en las tinajas y en la red de tuberías representan el suicidio ritual. La sangre que sale de las venas se derrama en un bañera con agua caliente. Pero si esto fuera cierto, este libro se situaría en los siglos XII o XIII, es decir mucho más antiguo que la datación real, del siglo XV .

Esteganografía

El manuscrito Voynich contendría información oculta y detalles discretos. Es decir la información se transmitiría , por ejemplo, mediante el número de letras o palabras de cada línea, por la tercera letra de cada palabra, etc.. Según esta técnica de esteganografía, el texto se podría leer mediante una rejilla .

Engaño.

Muchos han llegado a sospechar que el manuscrito es en realidad un engaño. Son las extrañas características de sus ilustraciones ( sin analogía con la realidad conocida) y las duplicaciones frecuentes de palabras, lo que hace de su un contenido algo sospechoso de fraude y engaño.

Alineanígenas Ancestrales

Los partidarios de los alienígenas ancestrales, sostienen que los criptógrafos aliados especializados en descifrados de claves alemanas y japonesas en la Segunda Guerra Mundial , fueron obligados a decir que no sabían qué idioma era. El Manuscrito Voynich estaría escrito en una lengua extraterrestre por los annunaki y este, es uno de los tomos de una enciclopedia sobre plantas , animales y escenas completamente desconocidas en la Tierra. Sería un manual de botánica y ciencia de un planeta desconocido.

Qué podemos creer sobre el Manuscrito Voynich

¿Cuándo se escribió?

No hay duda que fue escrito en el siglo XV; y las pruebas del carbono 14, indican que muy probablemente fue alrededor de 1420.

¿Dónde se escribió?

Muy probablemente se escribió en el norte de Italia o Alemania

¿Quién lo escribió?

Muy probablemente el manuscrito es creación de un sólo autor intelectual. Algunos especialistas sostienen que pudo haberse escrito por dos manos diferentes a partir de un borrador único.

¿ Por qué fue escrito?

Posiblemente el autor de manuscrito, pretendió realizar un libro para demostrar un profundo conocimiento en plantas y medicamentos naturales. Posiblemente, una forma de presentación comercial de capacidades técnicas ante posibles clientes. Es un documento con información avanzada y encriptada para evitar su divulgación, fuera del ámbito de las sociedades secretas de aquel tiempo

Todas los análisis lingüísticos aplicados al texto indican con seguridad que tiene un significado con sentido real.

 

 

 

 

 

 

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Catalina Lasa, el presidente Menocal y los diamantes de la Primera Dama

La Historia es una, por supuesto, y registra los grande eventos de la Humanidad, pero en el gran río de la Historia hay pequeñas corrientes que pertenecen a motivos desdeñados por los historiadores de lo grande, motivos mínimos, intrascendentes si se quiere, pero que interesan a mucha gente en todas partes. Tengo un ejemplo de ello en este mismo blog, donde uno de los posts estrella es la investigación de 30 cuartillas que dediqué hace años a Catalina Lasa del Río, titulada Historia de un gran amor, una mansión y una tumba. Junto con la historia de los amores de José Martí y Carmen Zayas Bazán, los vitrales coloniales, la historia de la cocina cubana y la danza del vientre son los temas que más lectores atraen a mi humilde casita de Word Press.

Me tocó en suerte que durante uno de sus viajes fuera de Cuba mi esposo, el historiador Oscar Ferrer Carbonell, último descendiente de la familia Carbonell en Cuba, pudiera conocer en persona a una descendiente de Catalina Lasa, quien tuvo la extraordinaria gentileza de revelarle muchos detalles interesantes, entre ellos la verdadera historia de la creación de la rosa Catalina Lasa, que se parece poco, lamentablemente, a su leyenda, y que en su momento publiqué en este blog.

Acabo de recibir en esta ocasión un comentario de la señora Georgina Menocal, biznieta de Mariana Seva y el General Menocal, tercer Presidente de Cuba (sucedió a José Miguel Gómezen el cargo). Georgina encontró en mi artículo sobre los Baró-Lasa un punto que ella me asegura no se ajusta a la verdad. En atención a su solicitud me apresuro a publicar aquí su mensaje aunque no le he pedido autorización para ello, pero infiero que es su deseo:

Estimada Sra. Picart, soy bisnieta de Mariana Seva y el General Menocal. Me acaba de caer entre manos su publicación sobre Catalina Lasa. Al visitar Cuba me enteré por primera vez de la anécdota de que Catalina Lasa y Juan de Pedro y Baró le regalaron unos aretes de brillantes a mi bisabuela en agradecimiento por su actuación durante “el escándalo”. Lo consulté con mi padre, Mario García Menocal y de Almagro y con mi tío Pedro. Esta anécdota es totalmente falsa. Mi Padre, primer nieto del General, me aclaró que si hubo tratamiento favoreciendo a Catalina fue porque Chema Lasa, hermano de Catalina, era íntimo amigo del General y que casi todos los días Chema visitaba a mi bisabuelo en su finca El Chico, cerca de Guajay. Ojalá que usted pueda ser la primera en desmentir esto.
Por cierto, estamos emparentados con Juan de Pedro por el lado Abreu.
Creo que con tanta cercanía, se explica el tratamiento de mis bisabuelos a Catalina y Juan.

Nunca he pretendido pasar por historiadora. Soy una periodista que investiga, con cierto grado de especialización en La Habana colonial y republicana, aunque no son esos los únicos temas en que me ocupo, y me interesa muchísimo la Historia, la de Cuba también, por supuesto. Investigar en Cuba es difícil, porque nuestra población, como no es un secreto para nadie, se ha estado exiliando fuera de la isla por más de medio siglo, y ya queda muy poca memoria histórica que vaya más lejos, incluso, del período especial. El cubano tiene una curiosa capacidad para el olvido, lo hace rápido y bien. No hay ancianos venerables a quienes recurrir en busca de información, en muchos casos no hay documentos, y el acceso a colecciones privadas es casi imposible. El mismo Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, ha contado las vicisitudes que hubo de pasar para obtener el Diario de Céspedes, que estaba en manos privadas.

La familia Lasa del Río era numerosa. Catalina tuvo hermanas y hermanos. Como en todas partes la aristocracia y la alta burguesía se casan dentro de su propio círculo, siguiendo las prácticas antropológicas de los antiguos clanes endogámicos. Prácticamente todas las familias de esas clases sociales estaban emparentadas en Cuba. Estoy segura de que Georgina Menocal está en lo cierto sobre la relación entre Menocal y Chema Lasa. También estoy casi segura de que es muy poco probable que Juan Pedro Baró y Menocal, quienes estudiaron en los Estados Unidos y me parece recordar que en el mismo centro docente (este dato tendría que repasarlo), no hayan tenido una relación personal, ya sea de amistad o de negocios.

El apoyo del matrimonio presidencial Menocal-Seva fue decisivo para la reinserción de los Baró-Lasa en la alta sociedad cubana, que los había repudiado por la anulación (que no divorcio) del matrimonio de Catalina con Pedrito Estévez Abreu, hijo de la poderosa patricia villaclareña Marta Abreu y de Luis Estévez, vicepresidente de la República bajo el mandato de Estrada Palma. Lo que se ha dado en llamar “el escándalo” no se debió a que Catalina se casara después con Baró, sino a que su relación amorosa con él había comenzado antes de que terminara su matrimonio con Pedrito, padre de sus tres hijos, por lo que se trató de un adulterio, hecho público en venganza por la familia Abreu y severamente anatematizado por las costumbres de la época. Así que Menocal y su esposa, Mariana Seva, al cambiar las leyes sobre el divorcio en Cuba e invitar a los Baró-Lasa a un almuerzo en el Palacio Presidencial, dieron a esta pareja un espaldarazo que ni cien pendientes de diamantes hubieran podido compensar, pues ese apoyo fue lo que permitió a los Baró-Lasa regresar a Cuba y volver a ocupar su puesto en la clase social a la que pertenecían, lo que, por supuesto, favorecía los negocios de Baró y la vida social de los esposos. ¿Quién iba a negarse a socializar con una pareja que almuerza en privado con el Presidente de la República? María Luisa, condesa de Revilla de Camargo y algunos pocos, pero el resto de la alta sociedad entendió el mensaje.

Hay muchas versiones de qué regalaban los Baró-Lasa y no solo a Mariana Seva. En la famosa —y suntuosa— fiesta que ofreció Baró para inaugurar el palacete que había hecho construir para Catalina en la calle Paseo, si dice que para atraer a los invitados colocó en los asientos de la mesa del banquete:

1-pinturas de Menocal
2-joyas de Lalique
3-otros presentes

El detalle no está claro para los historiadores. ¿Existieron esos presentes? Yo no lo sé, aunque supongo que sí. ¿Existieron los pendientes obsequiados por Baró a Mariana Seva? Yo no lo sé, aunque no es una práctica rara en sociedad obsequiar algo valioso (casi siempre joyas) a la esposa de un amigo que ha prestado una ayuda inestimable a la mujer que un hombre ama. No hay que olvidar que en una sociedad machista, colonial, caribeña y tercermundista como la cubana, los dardos de la censura social se hincaban más en la adúltera que en su amante varón, quienes quiera que ellos fuesen.

El apoyo incondicional ofrecido por Menocal a los Baró-Lasa ¿se debió a la amistad de Menocal con Chema Lasa o a la que tenía —o no tenía— con Baró? ¿O a ambas relaciones? Como yo no tengo hasta hoy manera de saberlo, le doy el crédito a la señora Georgina Menocal, mucho mejor informada, y le agradezco la gentileza que ha tenido al proporcionarme datos de familia. Me siento honrada de complacer su solicitud.

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Los más gloriosos inventos de la humanidad: el perro y la pomada china

Cuando uno envejece y ya no puede andar paseando mucho por  ahí, a veces se adquiere la costumbre de reunirse con otras personas a quienes también la edad ha restringido su esfera de movimientos, y así, día a día, se va creando un pequeño círculo de intercambio, como una especie de miniclub de ancianos que se juntan por las tardes para  conversar sobre los temas más disímiles y, en ocasiones, hasta asombrosos.

Esta tarde en mi miniclub se discutió con fervor sobre cuáles han sido los inventos más importantes de la humanidad, y por mayoría se llegó a la conclusión que ya está dicha en el título de este comentario: la domesticación del perro y la invención de la pomada china, esa de la cajita rojita de metal por la que suspiramos con desesperación cuando tenemos catarro, nos ha picado algún infame bicho o simplemente nos duele la cabeza.

Cuántas personas en todo el mundo la usan, y cuán pocas conocen la historia de este medicamento y sus muchas virtudes. Es, prácticamente, una panacea universal, si es que existe alguna, y la mejor prueba de ello es que desde que apareció en el mundo es usada por gente de todos los países y todas las culturas. Hasta un musulmán se avendrá a aplicársela sobre su piel en caso de necesidad sin miedo alguno de arder “en el mármol del infierno”. Es, quizá, más universal que la aspirina.

El verdadero nombre de la pomada china es Bálsamo de Tigre, y se debe a que cuando su fórmula fue creada en 1870 por su inventor, Au Chu Kin, herbolario de la corte imperial china, la base oleaginosa que utilizó fue la grasa de tigre. Curiosamente, el bálsamo no fue creado en China, sino en Rangoon, Birmania, país al que Au había emigrado. Allí abrió una pequeña herboristería y comenzó a comercializar su producto, que de inmediato inició una vertiginosa carrera ascendente en la farmacopea de la medicina tradicional asiática. Cuando murió, el negocio pasó a manos de sus hijos, quienes comenzaron a producir el bálsamo de manera industrial.

Existen distintas variedades de la pomada, pero las más conocidas son la roja y la blanca. Mientras que el Bálsamo de Tigre Rojo produce un efecto de calentamiento, el Blanco es refrigerante. Hay una versión en cuya tapa aparecen las figuras del consabido tigre y la de un dragón alado. Es preciso explicar que en el pensamiento chino tradicional —y en su medicina— los animales se agrupan en las dos grandes polaridades que conforman el universo y todas sus formas de manifestación: el yin y el yang. El tigre rojo es yang, por eso es caliente. Mientras que la pomada blanca es yin y por eso es refrigerante. Un especialista en medicina tradicional china me explicó que la unión del tigre y el dragón indica un equilibrio entre las dos polaridades, lo que significa que el bálsamo que lleva ese símbolo trabaja restableciendo el equilibrio de las energías en la zona dañada. Este mismo especialista la empleaba aplicándola únicamente en los puntos de acupuntura relacionados con la dolencia que se proponía aliviar o curar. Doy fe de que su método es muy efectivo, porque a mí, hace ya casi treinta años, me alivió de ese modo una contractura muscular severa del cuello y el hombro con un tratamiento que solo duró diez minutos, masajeando los puntos mencionados.

También existe un envase en cuya tapa aparece la figura de un dragón solitario. De lo que me fue explicado anteriormente se deduce que esta variane es yin y, por tanto, saca calor y calma dolores e inflamaciones.Parece ser que la fórmula original del bálsamo fue esta:

Mentol 10% 8%
Alcanfor 11% 24.9%
Aceite esencial de menta 6% 16%
Aceite esencial de cajeput 7% 13%
Aceite esencial de clavo 5% 1.5%
Aceite esencial de canela de China 5%

Y digo “parece” porque existen otras fórmulas ligeramente diferentes, como, por ejemplo, una que incorpora el aceite esencial de melaleuca. Es sabiduría popular que la pomada china  o bálsamo de tigre —aunque también hay una que trae en su tapa la imagen de una pagoda y se llama Templo del Cielo— es muy eficaz para el alivio de muchas clases de dolores: de cabeza, jaquecas migrañosas, articulaciones, músculos contracturados, inflamaciones y picadas de insectos. También es una bendición en los estados catarrales, ya sea aplicándola en el pecho y los pulmones o en las aletas de la nariz. Descongestiona, mueve las secreciones, alivia el dolor de una garganta inflamada, calma la tos…, en fin, pobre de los acatarrados que no la tengan en su mesita de noche, su mesa de trabajo o su bolso de viaje. Otra de sus potencialidades es la de actuar como repelente de insectos, ya que su fuerte olor les desagrada y los aleja. Ayuda en las malas digestiones, espasmos y otras dolencias digestivas, aplicándolo dentro y alrededor del ombligo. También se dice que tiene un uso erótico, pues aplicada durante el coito sobre el miembro viril puede evitar la eyaculación precoz y demorar el orgasmo masculino, lo que favorece a la pareja en muchos casos.

Se recomienda que el bálsamo, rojo, blanco o en cualquiera de sus otras variedades, nunca se aplique directamente sobre las mucosas, es decir, su uso es solo tópico. Sin embargo, durante mis interminables noches de trabajo en la redacción del periódico Granma vi a muchos periodistas, abatidos por gripes tremebundas, intentar llegar al final de la jornada laboral pidiendo al cocinero que les preparara un té de hierbas y disolviéndole dentro un poquito de pomada que sacaban de la caja con la uña del dedo meñique. Es verdad que algunos de los aceites esenciales que integran la fórmula pueden ser tóxicos, pero nunca vi morir a nadie en el empeño.

Muchas personas de buen corazón prefieren creer que en la elaboración de la pomada original jamás se usó la grasa del tigre y que el creador la bautizó con el nombre de este animal en honor a uno de sus hijos, cuyo nombre significaba “tigre noble”. Puede ser cierto o solo leyenda dulcificadora de la realidad. Lamento decepcionar diciendo que en la farmacopea tradicional china no solo se usaba del tigre la grasa. También se aprovechaban casi todas las partes del animal. Sus colmillos se molían o se llevaban como amuletos, sus testículos eran convertidos en píldoras contra la impotencia, y así una larga lista de aplicaciones que no considero necesario desplegar aquí para no herir la sensibilidad de los ecologistas. No hay que extrañarse de lo que la imaginación humana puede inventar: ¿no se llegó a creer a finales del siglo XIX que las momias egipcias molidas eran una medicina contra todas las enfermedades? ¿Cuántos cientos de momias fueron molidas y cocinadas para obtener el célebre polvo de momia, también conocido como mumia, que los médicos árabes usaban para curar la peste? Aunque en realidad la palabra árabe mumia se refiere al bitumen amalgamado por los óleos, aceites y bálsamos empleados en el proceso de momificación y en la preservación de los vendajes con que se amortajaban los cuerpos. De nada hay que asombrarse ni dudar.

El desarrollo de la industria también ha alcanzado a la humilde cajita de la pomada china tal como la conocimos los de mi generación, y hoy existe también en forma de lociones, bandas adhesivas y otros formatos, y en varios tamaños. Se ha especializado en su uso para las diferentes dolencias y partes del cuerpo. He probado la lumbar y es bastante efectiva. Puede adquirirse en casi todos los barrios chinos del mundo, o sorprendernos donde menos la lógica podría indicar que fuera hallada. De donde nunca desaparece es de nuestros recuerdos: noches infantiles con fiebre y toses que alguna abuelita calmaba con frotaciones suaves, el cuarto de los abuelos artríticos, el rincón de la sala donde la abuela sufría sus jaquecas cotidianas, el botiquín del hogar.

¡Ah, la pomada china!: ¿cómo concebir la vida sin ella? Del perro hablaremos en otra ocasión.

 

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