Animalistas cubanos se enfrentan a la crueldad y el crimen

En Cuba no existe una Ley Contra el Maltrato Animal, y la crueldad humana contra las criaturas de la naturaleza no solo es permitida, sino también totalmente impune. Los animalistas cubanos llevan años reclamando que el Estado apruebe el Proyecto de Ley que ellos han presentado. Fue una de las peticiones más llevadas a las asambleas consultivas previas a la redacción de nuestra nueva Costitución, pero no se nos escuchó.

Quienes crean que los perros no tienen sentimientos, que observe con atención la desolación que reflejan estas caritas tristísimas.

La recogida de perros callejeros por Zoonosis y las muertes ocurridas en días anteriores como parte de un programa de “saneamiento” de la capital por su 500 aniversario, fueron la gota que colmó la paciencia de los grupos de protectores de animales. En la foto, se encuentran ante la dependencia de Zoonosis que está en La Lisa, en actitud firme, exigiendo les fueran devueltos los perritos recogidos cruelmente por el camión de la institución. Sorprende y da esperanza el hecho de que muchos de ellos son extremadamente jóvenes.

Este cartel expresa el sentir de muchísimos cubanos (aunque no se parecie bien, el cartel de la izquierda dice: “Ni una pata menos”). Zoonosis no tiene nada con qué justificar su existencia. No mata ratas, ni caracoles, ni mosquitos, y si nos invadieran dinosaurios caníbales tampoco resolvería el caso. Su contenido de trabajo es matar perros. Quienes administran la estricnina son veterinarios, y dicen: “Es lo que hago. Es mi trabajo”. Sin comentarios…

!Hay gente tan estúpida!
La dueña de esta bellísima y dulce perrita se la dio a un joven para que la llevara en su bicicleta y la entregara en Zoonosis, porque “aquello es un hostal para perros”. ¿Habría esta muñeca peludita entregado a su dueña en Zoonosis para que la envenenaran con estricnina? La dulce perritica no lo haría jamás. Pero yo SÍ.

Esta protectora parece una nena, pero tiene un corazón del tamaño de El Morro. La perrita que sostiene en sus brazos es una de las rescatadas.

Dicen que esta fue la primera rescatada que salió de Zoonosis directo a los brazos de una protectora, y que iba miviendo su colita. Los perros tienen una confianza ciega en nosotros. Sale de una prosión mortal y va a los brazos de una desconocida con esa expresión de tiernísima inocencia.

De 17 perros que los protectores fueron a rescatar, tras un diálogo con los funcionarios de Zoonosis lograron que les entregaran 15. Dos quedaron allí. Los Zoonoseros se comprometieron a no matarlos. No sé si los mataron.

Yusaima González, Jefa de Zoonosis. Declaró sentir un profundo dolor en su corazón porque nadie agradece el trabajo que lleva a cabo cuidando la salud de los habaneros. Pobre víctima de la ingratitud humana. ¿Quiénes saben leer posturas corporales, por favor…?

Armando Vázquez, otro jefe de Zoonosis. Ojalá las conversaciones entre los animalistas habaneros y los funcionarios de Zoonosis fructifiquen en bien de los animales, pongan fin a tanta muerte cruel e inútil y abran el camino definitivo para que el Estado cubano apruebe nuestra Ley Contra el Maltrato Animal. Otra vez: ¿Quiénes saben leer posturas corporales, por favor?

 

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NOTA

Lo que sigue es un dossier que he confeccionado con algunos de los mejores artículos encontrados en la red contra el maltrato animal en Cuba y las protestas de los protectores animalistas ocurridas en estos días en La Habana. Incluyo algunas fotos que he tomado de páginas ajenas, porque yo no estuve presente, de lo que nunca terminaré de arrepentirme.

Gina Picart

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La “condena” de los animales callejeros en Cuba

Por: Ana Álvarez Guerrero, Israel Leiva, Dariel Pradas y Ernesto Eimil

En este artículo: Animales, Cuba, Fauna, gatos, La Habana, perro, protección

4 agosto 2019 | 309 |

El último en nacer abrió los ojos antes que el resto de la camada. De la mañana cuando se los llevaron, sus hermanos solo recuerdan los olores de la calle y los ladridos desesperados de su madre. Ahora, la perra adulta reposa tranquilamente junto a sus crías; la más joven se pasea por el lugar olfateando el suelo.

Se oye un chirrido metálico. Son frenos. Un automóvil. El cachorro se asoma a las rejas. En vano intenta salir. Otros perros ladran desde sus jaulas: el pastor alemán que, después de viejo, fue abandonado por sus dueños; el sato fuerte y sano que enseñó los dientes en el barrio; el sarnoso y hasta el inerte, que se creía muerto por sus compañeros. Todos parte de una jauría de aproximadamente 30 miembros. El cachorro también libera un chillido.

No es la camioneta habitual, sino un carro que tiene en su puerta la pegatina de la revista Bohemia. Acaba de parquear frente a la entrada del Centro de Observación Canina de Zoonosis en La Habana. El reloj apunta las diez antemeridiano, viernes de saneamiento.

La instalación sufre síntomas de deterioro. Algunos responsabilizan de este escenario al ciclón Irma, del año 2017. Una trabajadora de allí alega que el tornado de hace unos meses fue el verdadero culpable. Debió confundirse, pues el centro reside cerca de la Novia del Mediodía, frente a la fábrica de sueros, en el municipio de La Lisa (dirección contraria a la que tomó el fenómeno meteorológico).

En cada jornada, camionetas especializadas descargan aquí decenas de perros callejeros de la ciudad, después de un recorrido donde los llamados “capturadores” interpretan a villanos de Walt Disney. A veces hasta los gatos caen.

Durante 72 horas, los reos quedan retenidos y, si no son adoptados dentro de ese plazo, finalmente se les “sanea” con una dosis letal de estricnina. El Centro de Observación Canina es, en definitiva, una perrera como otra cualquiera. Suerte de purgatorio donde se pone a prueba si en verdad todos los perros van al cielo, como augura el filme animado. Bajo esa lógica, los martes y viernes, son los días del juicio final.

Flora, la médica veterinaria del lugar, lleva ejecutando aquella tarea desde hace 16 años. “Yo hago lo que hago. Ese es mi trabajo”, dice.

El resto del colectivo de trabajadores consiste, aparte de los dirigentes, en capturadores, choferes, cuidadores de perros, conserjes y guardias de seguridad. Muchos han escogido ese empleo por la cercanía a sus casas, otros porque son exconvictos, y la libertad condicional se pasa donde te ubiquen. Ese es el caso de Guillermo, uno de los custodios.

“Demasiado churre en las botas y sangre de perro”, se presenta Humberto, cuidador, quien habita en la casa aledaña. Él se ocupa de la nutrición de los animales y la limpieza de las jaulas. A los condenados se les suele alimentar con carne.

Al rato, el carro de la prensa se larga. Continúa la jornada laboral.

El cachorro se decide a chupar de la teta, pero abren la reja y el lazo se incrusta en el cuello de su madre. Ella ladra y ladra de nuevo. Gruñe. Aúlla. Se la llevan. La estricnina es la reina del baile de los venenos punzantes. Lentamente, se transforma el aroma de la perra y sus aullidos se desvanecen.

A los dos minutos, abren la jaula otra vez. Faltan seis cachorros. Es viernes de saneamiento.

Días de perros (I)

Nadie sabe exactamente cuántos animales callejeros hay en Cuba. En 2007, el Instituto Nacional de Medicina Veterinaria aseguraba que la masa canina controlada ascendía a casi dos millones y la de gatos a 500 mil. Hoy las cifras son vagas. Las estimaciones realizadas por la Dirección Nacional de Higiene y Epidemiología calculan un perro por cada diez personas. En La Habana solamente habría más de 200 mil.

Es conocido que los animales callejeros pueden contagiar la rabia, la leptospirosis y la toxoplasmosis a seres humanos. Estas enfermedades son transmitidas mediante la mordida del animal, por la interacción con sus fluidos o por el contacto directo o indirecto con aguas, suelos y alimentos previamente contaminados.

Según datos ofrecidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), cada año son reportados más de 20 mil lesionados por mordeduras de animales.

En Cuba, el organismo encargado de regular la situación de los animales callejeros es el departamento de Zoonosis, que tiene un programa de vigilancia, prevención y control de enfermedades zoonóticas (transmisibles al hombre) enfocado en combatir posibles focos de epidemias. Dentro de las medidas de control aplicadas por esta institución está la captura y el sacrificio de perros y gatos vagabundos.

Actualmente existen dos documentos amparados en Resoluciones Ministeriales que sirven como protocolo para la recogida y saneamiento de animales callejeros: el Programa Nacional de Prevención y Control de la Rabia y el Programa Nacional de Prevención y Control de Leptospirosis Humana, ambos de 1997.

En Cuba antes del triunfo de la Revolución, la atención a estas enfermedades era casi nula. En 1935 se realizó la primera campaña de vacunación y saneamiento canino. En 1962 se puso en práctica el Programa de Control de Rabia. Se actualizó dos veces: 1980 y 1997. Hace 22 años no se modifica.

El Anexo no. III estipula el destino final de los capturados por Zoonosis: muerte por Sulfato de Estricnina.

Esta sustancia es un alcaloide de la nuez vómica, un árbol originario del sudeste asiático que algún campesino indio con maña para los negocios introdujo en Europa durante el siglo XVI. Un polvo blanco, inodoro y amargo que se utilizaba para matar perros, gatos y aves en fechas tan tempranas como 1640. Es altamente tóxica. Muchas personas han muerto al ingerirla accidentalmente. Hasta hace pocos años, pequeñas dosis en tabletas eran recetadas a cantantes para endurecer las cuerdas vocales. Debido a su alta peligrosidad, actualmente casi ningún médico la recomienda.

Según el manual MERCK de medicina Veterinaria, los síntomas aparecen enseguida ante la sobredosis. Las articulaciones se tornan rígidas. Nerviosismo, tensión. Luego vienen las convulsiones. Sube la intensidad. La respiración puede detenerse momentáneamente. Más convulsiones. El hocico ahora es azul. Las pupilas dilatadas. Los músculos se tensan. La muerte llega en forma de agotamiento o asfixia. No han pasado tres minutos.

La Unión Europea prohibió el uso de la estricnina en septiembre de 2006. La Sociedad Mundial para la Protección de los Animales (WSPA por sus siglas en inglés) considera su uso como un método totalmente inaceptable. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE, por sus siglas en inglés), organización intergubernamental a la que Cuba pertenece, desestima completamente la aplicación de esta sustancia. La misma situación ocurre con la Organización Panamericana de la Salud —a la que se adscribe Cuba—, que bajo ninguna circunstancia recomienda el uso de este veneno para sacrificar animales.

Una de las causas para su rechazo: altamente invasiva y violenta. No es considerado un método humanitario para acabar con la vida del animal.

A pesar de que la Isla es afín con los principios de estas organizaciones y se adhiere a sus pautas y códigos, ninguno de estos reglamentos es legalmente vinculante. Esto significa que Cuba no tiene la obligación de cumplirlos. Son solo declaraciones.

Pero ¿por qué se usa entonces la estricnina?

El doctor Armando Vázquez, jefe del Programa de Zoonosis en La Habana, asegura que el principal motivo para su empleo es el costo de la sustancia, considerando los problemas económicos del país.

Vázquez afirma que el tiempo es mínimo desde que se inyecta la sustancia en el cuerpo del animal hasta que aparecen los primeros síntomas. Sin embargo, reconoce que la aplicación de la misma no entra bajo el concepto de eutanasia.

La palabra eutanasia significa, en griego, “buena muerte” o “muerte dulce”. De acuerdo con la WSPA, existen cuatro criterios para considerar un método como eutanásico: Ser indoloro; lograr una rápida pérdida del conocimiento seguida con la muerte; minimizar el miedo y el sufrimiento del animal; ser confiable e irreversible.

La aplicación de la estricnina en la gran mayoría de los casos no cumple con ninguno de estos criterios. Es un sacrificio. Es un saneamiento. Las condiciones del Centro de Observación Canina, desafortunadamente, tampoco pueden asegurar un período de paz previo a la muerte del animal.

***

En el centro hay tres jaulas enormes. La primera es para los recién llegados. A la segunda los transfieren al día siguiente, y ahí vivirán hasta que llegue la hora del saneamiento. Están hechas de una losa blanca que se mancha fácilmente de deshechos y orines. En el bloque contiguo, las jaulitas individuales donde aguardan los cachorros, los enfermos, los que han lesionado a un ser humano y las hembras gestantes.

Nora García lleva más de 30 años defendiendo los derechos de los animales. Es presidenta de Aniplant, la única sociedad protectora cubana reconocida por la Ley de Asociaciones. “El sacrificio de animales no es una solución efectiva para controlar la población. El Programa Nacional de Rabia, que es como la biblia de dirigir la muerte de animales, reconoce incluso el trabajo de nuestra sociedad y señala la esterilización como solución más eficiente”, asevera.

Cuenta que sus encuentros con las autoridades de Higiene y Epidemiología han sido constantes. A cada rato se sienta en la mesa de negociaciones a defender el bienestar animal. A cada rato se marcha abruptamente.

“Hay que censar, vacunar contra la rabia y esterilizar. Le pedí a Zoonosis que me diera un área para trabajar sin que entre el carro a capturar, y en un año veamos qué pasa. Zoonosis se negó.”

“No necesitamos una nueva moral, solo tenemos que dejar de excluir de la moral existente a animales de manera aleatoria y sin razón aparente”, filosofa Helmut F. Kaplan, defensor de los derechos de los animales.

Hoy brota una corriente en el mundo que intenta incluir a la naturaleza animal como sujeto de derechos —en la misma jerarquía que el ser humano—.

Pero hay quienes se oponen a esta vertiente, como los llamados bienestaristas. Les parece demasiado extremista. Si esa idea se convirtiera en ley —arguyen—, todas las personas tendrían que ser veganas, no habría sujetos de prueba en los laboratorios y la gente solo vestiría zapatos de cuero sintético. Además, ¿entenderían los animales las leyes humanas?

No obstante, los partidarios del concepto del “bienestar” abogan por evitar el sufrimiento innecesario.

Esto les resulta ridículo a las organizaciones promotoras de los derechos de los animales. Lo consideran un claro ejemplo de discriminación de especies.

Ambas tendencias son irreconciliables.

Cuba no contempla en la ley ni una ni otra. “No existe normativa ninguna para proteger a los animales. Puedes invocar artículos de la Ley No. 81 de Medio Ambiente… pero no existe una ley específica dedicada a los animales”, asegura el abogado Alan González Consuegra.

Cualquiera pudiera maltratar, abusar sexualmente e incluso asesinar a un animal callejero, que saldrá impune debido a la ausencia de leyes en su contra, como ha sucedido.

Hoy corren tiempos de cambios: el Ministerio de la Agricultura (MINAG) coordina la comisión nacional encargada de concebir la primera ley de bienestar animal en Cuba, en la que participan especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, de los zoológicos, de Higiene y Epidemiología, de los institutos y clínicas veterinarias, entre otras instituciones.

Según él, se han presentado cuatro anteproyectos de ley, pero ahora es que finalmente se considerará su trabajo para las nuevas reformas legislativas. Todavía el documento debe ir a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) y ser aprobado.

Bohemia no pudo acceder al contenido de este anteproyecto.

Fuera del ámbito de la comisión, muchos ciudadanos tienen sus propias concepciones sobre qué debería incluir una ley de este tipo. El abogado González, trabajador de Copextel, es el representante jurídico de una propuesta que también aspira a ser presentada ante la ANPP.

Él y un grupo de activistas abogan por, más que una ley de bienestar, una de protección animal, la cual incluye “las acciones que realiza el ser humano para garantizar el bienestar animal”, explica González.

“En el mundo hay muchas legislaciones con el nombre de bienestar animal, pero son leyes programáticas y necesitan un orden de desarrollo que nunca llega. No haces nada con declarar los principios, sin ejecutar nada en concreto”, considera el graduado de Derecho.

Los frentes a tratar son amplios. González y sus compañeros proponen regular con “buenas prácticas” el Programa de Zoonosis; también temas relacionados con la comercialización de animales de compañía (salvedad para los clubes de razas); la cuestión sucesoria de la mascota (qué sucede con esta cuando su dueño fallece); la disección, el sexo con animales, el “zoocidio”; incluso crear un registro público de animales.

Los países del continente más avanzados en leyes animalistas, según este jurista, son Costa Rica, Venezuela, Argentina, Puerto Rico y Colombia. Pero su mayor referente retorna a la vieja Europa: Holanda, donde ya no se ven animales callejeros. “El problema se resolvió con campañas de esterilización y al prohibirse su venta”.

El abogado piensa que probablemente el anteproyecto coordinado por el MINAG sea el más viable para el contexto cubano, pero que a la vez pudiera quedarse corto de miras y con un enfoque demasiado antropocéntrico.

“Está siendo redactado por personas que son juez y parte”, sentencia.

Nora García, presidenta de Aniplant, también fue invitada a participar en la comisión del MINAG. Sería la contraparte no gubernamental. “Pero ella decidió no trabajar con nosotros”, revela el doctor Armando Vázquez, también miembro de la comisión.

Días de perros (II)

usayma González entrecierra los ojos ante cada pregunta, medita, luego responde. Desde 2012 está al frente de los programas de Zoonosis a nivel nacional.

“Que quede claro que no hacemos captura y sacrificio con el objetivo de controlar la población animal, sino para reducir la incidencia en el humano de cualquier enfermedad zoonótica. A uno le duele muchísimo que no se le reconozca su trabajo, porque está tratando de proteger la salud del pueblo”, confiesa.

Sin embargo, la doctora González reconoce que la ocurrencia de las enfermedades zoonóticas en Cuba es muy baja. Debido a los esfuerzos preventivos del sistema de salud, nuestro país puede declararse libre de rabia desde hace décadas. Aun así, esto no significa que el peligro de la enfermedad no sea real.

Según el Anuario Estadístico de Salud de 2018, publicado por el MINSAP, desde el año 2000 hasta la actualidad solo han sido reportados dos casos de rabia.

La doctora Gladis Corría Ochoa ejerce como veterinaria en Varadero, provincia de Matanzas. Trabajó como zoonóloga durante muchos años en la dirección de higiene provincial. Afirma que los casos de rabia eran extremadamente esporádicos.

“En todo el tiempo que estuve ahí nunca tuvimos casos de humanos. Hubo una vez una vaca en Jovellanos mordida por un hurón. Nada más”.

De acuerdo con las autoridades sanitarias cubanas, la leptospirosis es el mal transmisible de los animales que más afecta a la población. Se encuentra dentro de las primeras 35 causas de muerte en Cuba (puesto 34). En 2017 y 2018, la leptospirosis arrojó un saldo de 21 y 45 defunciones, respectivamente.

Pero… ¿cuántas de esas lesiones fueron causadas por perros o gatos? ¿Cuántos callejeros? La mayoría de los enfermos por leptospirosis viven en zonas pantanosas, donde hay abundancia de ratas. En los anuarios no se especifica el origen de la enfermedad. Higiene y Epidemiología carece de estadísticas certeras.

No hay forma de probar que los animales callejeros sean los causantes de estos casos. A los capturados no se les hacen prueba. Básicamente están condenados a una muerte preventiva.

“Hay más mito que realidad detrás de la necesidad del sacrificio”, dice Valia Rodríguez, científica del Centro de Neurociencias de Cuba, simpatizante de los derechos de los animales, que en muchas ocasiones ha denunciado casos de maltrato en las instituciones de Zoonosis.

La doctora Rodríguez se opone al sacrificio. Asevera que no se justifica la muerte de animales por estricnina y que muchos refugios del mundo solo realizan la eutanasia en caso necesario.

“A los que están sanos no hay necesidad de sacrificarlos. La OIE así lo reconoce”, asegura.

La doctora González está consciente de los inconvenientes de la sustancia de marras y admite que la sobredosis de barbitúricos sería una opción más humanitaria; pero el precio de estos y la preparación del personal para su uso son obstáculos a tener en cuenta.

Dentro de las prácticas aceptables de la WSPA se encuentra la administración en vena de anestésicos en sobredosis. De la lista ofrecida por esta organización, Cuba produce y distribuye uno: el Tiopental.

Bienvenida sea, entonces, la muerte dulce.

El Tiopental es un hipnótico de la familia de los barbitúricos, reconocido por su eficiencia para la cirugía clínica dado su rápido efecto como inductor de anestesia. Actualmente es de los más utilizados en el mundo.

La Tiopentona o Tiopental sódico, como también se le conoce, está dentro del Cuadro Básico de Medicamentos de Cuba, lo que significa que es considerado una sustancia esencial, infaltable, y que su producción y venta está subvencionada por el Estado. En nuestro país es fabricada por la empresa farmacéutica Julio Trigo, que pertenece a los Laboratorios AICA+, subordinada al Grupo BioCubaFarma.

Maydolis Álvarez, jefa de producción de la Julio Trigo, informa a Bohemia que el Tiopental no ha estado en falta durante este año y asegura que el centro donde trabaja tiene materia prima suficiente para producirlo. El Plan Anual de 2019 cuenta con 60 mil unidades, lo que supone una distribución diaria en el país de 164 bulbos de 500 miligramos cada uno, una cifra pequeña para las capacidades de producción.

La fabricación depende de la demanda, asegura, y confirma que aun cuando el principal cliente de su empresa es el MINSAP, no tienen acuerdo de venta con Higiene y Epidemiología, donde radica la dependencia de Zoonosis.

Al analizar los datos ofrecidos por el departamento de economía de la institución, el costo de producción del Tiopental es de 1.63 pesos cubanos, con un componente en CUC de 1.15, que representa la producción e importación de las materias primas necesarias. Después de venderse a la distribuidora, Emcomed, finalmente llega a los hospitales con la cifra de cuatro pesos cubanos.

La estricnina, por su parte, no es producida por ninguna institución cubana. Es traída desde el extranjero, lo que implica que su precio sea en dólares. Bajo la política actual de sustituir importaciones, la estricnina es un gasto innecesario. Se está gastando dinero en dolor.

En seres humanos, una dosis de Tiopental de tres a cinco miligramos (mg) por kilogramo sería la recomendada para inducir la inconsciencia, nos cuenta el anestesiólogo Yabdel Salcido, en una estrecha salita en el quinto piso del Hospital Ameijeiras. Por tanto, se considera como sobredosis en cantidades de 10 a 15 mg por kilogramo, prosigue.

Para anestesiar a una persona de 70 kilogramos, por ejemplo, serían necesarios 210 mg. Para realizarle la eutanasia a un bull-terrier, tomando en cuenta el peso promedio de la raza, harían falta 130 mg. Para un cachorro bastaría con menos de 10 mg.

Salcido confirma lo dicho por la doctora Jusayma González: el Tiopental requiere de cierto grado de experticia, pues hay que administrarlo vía endovenosa, aunque asegura que no son necesarios tantos conocimientos como para usarlo como anestésico. Es más difícil curar que destruir, sentencia.

Gladis Corría, la veterinaria de Varadero, atestigua que las aplicaciones intravenosas en animales casi siempre son fáciles de hacer. Técnicos graduados de Medicina Veterinaria, como los que trabajan en Zoonosis, no deberían tener mayores dificultades para pinchar una vena. La falta de preparación no es excusa.

Además, los problemas de la estricnina no acaban con la muerte del animal. Luego de ser sacrificado, restos del veneno permanecen en la carne durante días. La solución sería cremar los cadáveres, pero Zoonosis descarta esta opción por cuestiones económicas.

Hasta el momento, se tiene firmado un contrato con los Servicios Comunales para el enterramiento —martes y viernes— en una fosa común para los perros y gatos sacrificados, asegura Jusayma González.

Aunque de acuerdo con Ernesto Mendoza, especialista superior en Epizootiología del Instituto de Medicina Veterinaria, este método conlleva riesgos: Si un animal de carroña comiera o tuviera algún tipo de contacto con los cadáveres envenenados, casi seguramente moriría. Esto rompería el equilibrio medioambiental, produciendo una cadena de muertes continua. El precio de la estricnina es más que un puñado de dólares.

Una aspirina para el problema

No importa cuántos perros y gatos se sacrifiquen, o si en vez de martes y viernes, además, saneen el resto de la semana; da igual que el sacrificio imite las bases del fordismo, la producción en cadena inventada por Henry Ford: lazo de hierro al cuello, jeringa, siguiente; o que se reparen las otras tres camionetas de los capturadores (solo hay una funcionando); no importa nada de esto. Siempre habrá animales en las calles. Porque el sexo es más precoz que la muerte.

Por eso, en vez de dedicarse a la captura, muchos países han optado por la vacunación y esterilización masiva de los caninos y felinos sin dueño.

En Cuba, todas las clínicas veterinarias están facultadas para esterilizar mascotas, pero no a vagabundos de cuatro patas: no tienen los recursos para ello. A esos solo los atienden las asociaciones protectoras de animales.

El doctor Vázquez, de Zoonosis, refiere que las campañas de esterilización son inviables para el Estado cubano por su alto costo económico, sobre todo por la utilización de la anestesia, que es una sustancia de uso exclusivo de hospitales.

La otra cara de la moneda la constituyen las esterilizaciones clandestinas, hechas con desvíos de medicamentos del MINAG y organizadas por amantes de los animales. Todo es rápido y mecanizado. Los veterinarios no están orgullosos de ello. Son como el que roba pan. Cada animal se cobra a 5 CUC. En un día —un día bueno— suelen haber 30 ó 40.

“¿Qué protección le estás dando al perro que esterilizas si lo dejas en la calle sin agua, comida ni atención?”, nos pregunta, sin esperar respuesta, Manuel Peláez, jefe del Departamento de Sanidad Animal del Instituto de Medicina Veterinaria. “Las campañas serían como una aspirina para el problema. La eutanasia tampoco sería lo ideal. La solución de los animales callejeros es la concientización”.

Bajo la retórica de Peláez el problema parece simple: La cultura, como a la nación, salvará a los perros.

Los últimos hijos

Es viernes por la tarde. El Centro de Observación Canina está tranquilo. Tal vez, a esta hora, no haya lugar más tranquilo en La Habana. El saneamiento terminó hace rato.

Es viernes por la tarde. El Centro de Observación Canina está tranquilo. Tal vez, a esta hora, no haya lugar más tranquilo en La Habana. El saneamiento terminó hace rato.

Esta visita es anterior a la oficial realizada por Bohemia. Semanas antes.

Abre la puerta una mujer delgada. Lleva el pelo corto y botas de goma, nada de sangre.

Llegamos a las jaulas. Solo quedan cuatro. Hasta las jaulas y barracas del centro de observación siguen un sentido práctico, pragmático. Imitan las ideas de Le Corbusier: la máquina de vivir. A veces es gracioso.

“No, aquí no está el que buscamos”, confesamos con cara de pena.

“Seguro está detrás de una perrita”, responde y parece que trata de confortarnos.

Pedimos un teléfono de contacto. Santa señala hacia el cartelón de la entrada, despintado, apenas visible:

“Apúntalo. 72020334. Cualquier cosa, llamas y preguntas por mí. Recuerda: Santa”, y se despide con el guiño propio de una novicia en el convento de San Lázaro.

(Tomado de Bohemia)

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El mejor de los amigos abandonado

Más de 200 mil perros vagabundos viven a la intemperie en Cuba, amenazados por los automóviles y la violencia humana…

Raymon Dariel Rodríguez González

20/03/2014

Fuente:  Blog Isla al Sur

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Los perros callejeros se han convertido en un elemento distintivo y cotidiano del entorno, tal como las sábanas blancas colgadas en los balcones y los vendedores por cuenta propia, lo que no quita que sea un grave problema ambiental en el país.

El perro, desde tiempos inmemoriales, es considerado como el mejor amigo del hombre y un símbolo de lealtad; sin embargo, hoy es víctima en las calles de Cuba y se ha transformado en parte negativa de la escena urbana.

Según estadísticas del 2012 del Departamento de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, en el país hay más de 200 mil perros callejeros. Entre las urbes con mayor índice sobresalen Santiago de Cuba, Santa Clara, Camagüey y especialmente La Habana.

Se denominan perros callejeros aquellos que fueron abandonados, se han perdido, nacen en la calle o viven parte del día fuera de su casa por voluntad de los dueños. Se alimentan principalmente de sobras procedentes de restaurantes, puntos de venta particulares o basura de los ciudadanos, aunque en algunas ocasiones hay personas que les ofrecen comida.

La causa principal de la sobrepoblación de canes abandonados en la Isla es la reproducción sin control de estos animales. Cada siete meses una perra sin dueño puede concebir cinco o más cachorros que corren la misma suerte de su progenitora.

LA CALLE COMO HOGAR

Estos inquilinos de cuatro patas deambulan por aceras, plazas y comedores obreros; revuelven la basura, orinan, defecan y se aparean en cualquier lugar. Su morada, en el día, es un sitio donde encuentren alimentación y resguardo del sol y, en las noches, un espacio que les permita conservar el calor; pero no siempre encuentran un refugio y tienen que soportar los cambios de clima, el intenso calor, el frio y los aguaceros.

Nora García, presidenta de la Asociación Cubana para la Protección de Animales y Plantas (Aniplant), expresó que canes callejeros no son tantos, una gran parte tienen hogar estable, pero por culpa de sus dueños pasan casi toda la jornada fuera de casa.

“Entre las principales causas de abandono se encuentran la enfermedad, el embarazo de las hembras y la vejez; también, el cambio de domicilio, la salida del país y el divorcio de sus dueños. El medio no les ofrece posibilidades de sobrevivir, la sed y el hambre les degradan la salud rápidamente, sobreviven con huesos y agua sucia”, añadió.

Para la presidenta de Aniplant, un plan de protección para los perros puede ser costoso, por lo que no siempre se considera una prioridad en los proyectos urbanos: “El método de captura y muerte es el más empleado para solucionar la situación de los perros; aún así, la situación no se resuelve, pues los nacimientos son más que las muertes”, concluyó.

A fines de los años 80, la Aniplant presentó un proyecto de ley sobre protección y bienestar animal, pero en el 2013 todavía no ha recibido respuesta por parte de las autoridades.

Javier Núñez González, abogado del Bufete Colectivo de Pinar del Río, expresó: “Cuba no cuenta aún con amparo legal para los perros callejeros, es imprescindible una Ley de Protección de los Animales porque para poder sancionar y educar es necesario  establecer como delito el abuso animal”.

Según la Sociedad Mundial para la Protección Animal, en el planeta hay 480 millones de canes en similar situación.

ZOONOSIS, ¿LA SOLUCIÓN?

“La sobrepoblación de canes abandonados tiene un impacto negativo en el medio ambiente, ya que pueden transmitir enfermedades como la rabia, entre otras. Además de que ocasionan  accidentes automovilísticos que ponen en peligro la vida de las personas. Muchas veces capturamos perros que tienen dueño cuando realizamos campañas de recogida masiva porque se encuentran sin control ni identificación”, afirmó Raúl Cruz de la Paz, director del Programa Nacional de Zoonosis.

Expresó que a los animales encerrados se les envían al Asilo Canino o a otras dependencias de Zoonosis, donde permanecen hasta que son reclamados o adoptados, pero en su gran mayoría son sacrificados, pues las cifras de adopciones todavía son mínimas.

“En los últimos tres años, aproximadamente 30 mil personas fueron mordidas por animales, en su mayoría por perros; pero en ninguno de esos casos se transmitió rabia”, añadió Cruz de la Paz. El detalle reside en que más de la mitad de las mordidas fueron hechas por perros con dueños. El callejero, por lo regular, al recibir tanto maltrato en su vida, se asusta y pocas veces muerde o ataca.

Por su parte, Jordan López Bejerano, estudiante del Politécnico de Informática Osvaldo Herrera, comentó que para él los perros no le traen ningún buen recuerdo y muchas veces constituyen una amenaza para la población, pues fue mordido por un can abandonado en la calle, hace cuatro años, cuando iba camino a su casa.

La gran mayoría de los entrevistados coinciden en que sienten lástima y compasión al ver la deplorable situación en que se encuentran los perros callejeros en nuestro país.

“Existen personas que les tiran piedras y hasta agua caliente para alejarlos de su casa. El que ha tenido el privilegio de tener uno sabe que además de dar cariño y compañía, brindan seguridad, no piden nada, sólo un poco de cariño, un plato de comida al día y una vasija con agua”, afirmó María Elena Pimienta, ama de casa artemiseña y aficionada de las mascotas.

ESPERANZAS NO PERDIDAS

En el país existe una tradición muy arraigada de cariño hacia los animales. Resulta extraño que una familia cubana no posea al menos una mascota: perro, gato, pájaro, tortuga o hasta un hámster; no interesa si vuela o corre, lo importante es la compañía  y el afecto que puedan brindar.

José Carlos Fernández, constructor pinareño por cuenta propia, opinó: “Tuve la experiencia de recoger dos perros en la calle y desde entonces no quiero mejor compañía que la de ellos; con mucho amor y protección me acompañaron más de diez años y no me arrepiento de adoptarlos, son parte de las grandes historias que tengo en mi vida”.

La Oficina del Historiador (OH) promovió, en 2007, la desparasitación masiva de perros callejeros, y especialistas de la zona han hablado de la posibilidad de emprender un programa más amplio para el cuidado de los animales que viven en la ciudad y, además, busca financiamiento para establecer el asilo que daría tratamiento a cientos de animales y los hospedaría hasta entregarlos a personas responsables.

Instituciones como la Universidad de La Habana (UH) han rescatado del abandono algunos perros que merodeaban por los alrededores de la casa de altos estudios y hoy pertenecen al centro. Adriana Fonte Lastre, estudiante de Historia, dijo que los canes de la UH tienen identificaciones con su nombre y apellido en el cuello para evitar que sean recogidos por Zoonosis y hasta les ponen ropas en tiempo de frío para abrigarlos.

En el Centro Histórico de la Habana Vieja cada casa-museo y jardín también tomó la iniciativa de acoger a uno de los perros de la zona. Aida Fonseca Pereira, vecina del lugar, expresó: “Los amparan de cierta manera, es parte del amor a la naturaleza que debemos empezar a transmitir como un mensaje de civilidad”.

Raúl Marsan, veterinario de la Clínica José Luis Callejas, ubicada en Carlos III, dijo: “A pesar del esfuerzo que puedan realizar Salud Pública y todas las personas implicadas directamente con el control de los perros callejeros, toca un gran compromiso a la población, que muchas veces abandona a sus mascotas o permite su proliferación sin pensar en las enfermedades que pudieran transmitir. La responsabilidad, en este caso, es compartida.”

Mientras tanto, cubanos de cualquier parte no dudan al ayudar a un perro callejero en apuros, pues los consideran con derecho a la existencia ya que son seres vivos al igual que tú y yo. Desde los chóferes de ómnibus, los microbrigadistas, custodios de empresas, cuentapropistas, y hasta las integrantes del Ballet Nacional de Cuba y su más fiel exponente, Alicia Alonso, por cierto, hija de veterinario.

Como dijera el escritor cubano Leonardo Padura, autor de famosos títulos como El hombre que amaba los perros: “La educación ambiental en nuestro país no puede preocuparse más por un bosque o por un río que por un simple perro sin dueño: ambos merecen, humana y ecológicamente, la misma atención y similar conciencia de su importancia y lugar en el entramado de la vida en la Tierra”.

José Martí, Mahatma Gandhi, Barón de Von Humbolt, Benito Juárez, todos coinciden con respecto al afecto que merecen estos leales compañeros. Amar toda manifestación de vida, la propia y la ajena, la racional y la irracional, nos hace más humanos.

UNA HISTORIA PECUALIAR

Jeannette Ryder, filántropa norteamericana que vivió y murió en la capital cubana, es parte de una leyenda de amor y cuidado hacia los canes que se remonta a principios del siglo XX. Dedicó gran parte de su existencia a proteger a los animales maltratados (caballos, toros, gatos, aves) y, en especial, a los perros callejeros que deambulaban por la entonces Habana colonial.

Aunque muchos la creían loca, fundó el primer Hospicio para Animales en la Isla. Su trabajo constante hizo que quienes la ofendían, comenzaran a respetarla, y así fue ganando la admiración y el respaldo de muchas personas junto con las que creó, en 1906, la Sociedad Protectora de Niños, Animales y Plantas, también conocida como el “Bando de Piedad”.

Tuvo un final de leyenda: cuentan que luego de ser enterrada en el Cementerio de Colón, su perro Rinti, que la acompañó toda la vida, se echó al lado de la tumba y se rehusó abandonarla, sin comer ni beber nada hasta que murió pocos días después. Hoy, ambos descansan en la llamada “Tumba de la Lealtad“, estructurada por una escultura de Jannette, junto a la de su leal compañero.

Su labor trascendió y se le recuerda el segundo domingo de cada mes de abril, fecha en que se celebra el Día del Perro Cubano y el Campeonato Internacional de Belleza Canina.

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La Joven Cuba

Joven Cuba noviembre 13, 2019 2019, Alina Bárbara López Hernández, Sociedad

Ni una pata menos

por Alina B. López Hernández

I

Las personas

Pasé buena parte del mes de octubre luchando por la vida de Pichy, mi pequeño chihuahua. No se pudo ganar esa batalla, pero en el camino, día tras día en la clínica veterinaria de Matanzas, aprendí más de la bondad humana y me convencí de que cuando se habla de la pérdida de valores no se tienen en cuenta muchas cosas importantes.

Lo primero fue percatarme de las condiciones en que laboran los veterinarios de una clínica estatal. El doctor Rasiel y su pequeño equipo son personas de gran vocación, pero limitadas por escasos recursos. No disponen de medicamentos. Ni siquiera están autorizados a emitir recetas. Apoyan sin embargo a todas las personas que protegen a los animales callejeros. Ellos mismos, allí en la propia clínica, cuidan permanentemente de un perro y dos gatas ciegas.

Lo segundo fue poder escuchar, y disfrutar, las muchas anécdotas de bondad humana y amor por los animales:

Tiene ochenta y tres años, pero se conserva fuerte. Es muy locuaz y me cuenta su historia mientras el doctor esteriliza a la perrita que trajo. Trabaja comprando pan en la madrugada para proveer a varios dueños de cafeterías que le pagan por ello. Cuida de alrededor de veinte perros que vienen a alimentarse a su patio diariamente. Los vecinos ayudan en algo. Arroz, boniato y, en ocasiones, vísceras o pescado. Dentro de la casa solo tiene cinco, no caben más. Tres eran propios y dos fueron abandonados por sus vecinos al permutar. Los perros, ya viejitos, corrieron varias cuadras tras el camión de la mudanza. Cansados, volvieron y se echaron en su portal. Les abrió la puerta. Agradece al doctor su apoyo en la esterilización de los perritos. «Bastante sufren ya mijita, hay que evitar que nazcan sin hogar», me dice. La adoré.

Es joven y dispuesta. Se ve que sabe tratar con animales. Llegó con una perra parida y su pequeño cachorro. La recogió en la terminal porque le avisaron que llevaba dos días de parto y solo había nacido vivo uno de la camada. Le ponen suero y recetan antibióticos. No es el primero que trae, cuenta la recepcionista. Ahora la tendrá en su casa hasta que se reponga e intentará buscarle un hogar. Acaricia a la perrita y le habla.

Le celebro a la perra en lo que espera su turno. Es sata, pero muy bonita y se ve cuidada. La mujer, de mediana edad, responde: «No es mía. Vive en mi centro de trabajo. Es de todos. Le traemos comida, la bañamos cuando hace falta y ahora la traje a esterilizar. Si tuviera una casa grande la llevaría conmigo. Pero allá está bien, la atendemos y ella paga con fidelidad y cuidando como una guardiana las áreas del centro».

Las personas allí tenían algo diferente en la mirada. Pregunté, pero ninguno pertenecía a grupos de protección animal.

II

Las redes

Animalistas, protectores, defensores de los animales, así les dicen… Han asumido gran relevancia en las redes sociales, pero es evidente que ya eran una red de ayuda y defensa. Comparto toda la información sobre su benéfica labor, que me llega sobre todo desde dos de sus grupos que se observan muy organizados: Cubanos en Defensa de los Animales (CEDA) y Protección Animales de la Ciudad (PAC).

Adriana Bárbara García, una protectora residente en la provincia de Ciego de Ávila, miembro de Esmeralda Grupo de ayuda y protección animal, me ha hecho descubrir otras muchas asociaciones dispersas por el país, menciono algunos de ellos sabiendo que quedaré en deuda con otros: Asociación Cubana Protectora de Animales y Plantas (ANIPLANT); Callejeros en Adopción; Bienestar Animal en Cuba (Bienac); Huellas Callejeras de Cuba, de La Habana; Callejeros Olvidados y Perros Callejeros, ambos de San Juan de los Remedios; Mejores Amigos, de Matanzas, grupo de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de Cuba; Veterinarios por la Protección Animal (VESPA), proyecto de la Facultad de Medicina veterinaria de la Universidad Agraria de La Habana; Santiagueros por el Bienestar Animal (SALBA); el refugio de Yoanne Lisbet Valdés Caballero en Sancti Spiritus o el de La Milagrosa en defensa de los animales desamparados, dirigido por Milagros Mailyn González en La Habana.

Existe un mapa, elaborado por la organización Cuban Animal Rescue, que grafica la distribución espacial de los grupos de protección animal en la Isla. Liudmila Morales Alfonso, cubana, docente e investigadora en temas de justicia social y candidata doctoral por la Universidad de Salamanca, me aclara que algunos grupos tienden a disolverse en poco tiempo y surgen nuevos, de ahí que el mapa puede estar desactualizado; sin embargo, puede ofrecer una idea de la fuerza del activismo en favor de la causa animal.

A Liudmila le solicité una breve caracterización del fenómeno, este es su punto de vista:

Los grupos de protección animal en Cuba están haciendo un trabajo bastante amplio, dada la situación de maltrato hacia estos que se vive en el país, normalizada culturalmente y propiciada por políticas de manejo de la Zoonosis que están muy lejos de la perspectiva proteccionista o de derechos. Su número ha crecido exponencialmente en los últimos años y a lo largo del país, aunque hay mucha variedad. Tenemos desde grupos formales y consolidados, con cientos de miembros que cumplen diferentes funciones, hasta pequeñas iniciativas de dos o tres personas. Sin embargo, los problemas que enfrentan tienen una base común, a partir de dos puntos. El primero es la falta de reconocimiento legal, que los limita en su interacción con instituciones del Estado, así como con individuos y otras organizaciones de la sociedad civil ante casos de maltrato, por ejemplo. El segundo son las dificultades materiales para desarrollar su labor, lo que complica tanto los rescates como la atención a los animales y la creación de refugios. Esa situación se complica dado que Cuba no cuenta con una ley de protección animal ni con instrumentos jurídicos que garanticen condiciones mínimas para el activismo por esta causa. Ante ello, los grupos ponen en práctica diferentes estrategias para el trabajo coordinado, que involucran redes familiares, geográficas y sociales. Esas redes también se han venido fortaleciendo a medida que su trabajo se extiende y se conoce mejor. El proceso involucra vínculos tanto locales y nacionales como transnacionales.

Los grupos de protección animal aúnan personas de diversas generaciones, aunque se observa en las imágenes de sus miembros un gran número de jóvenes, algo muy alentador.

Las acciones están bien coordinadas: detección de un caso de maltrato o abandono, a veces de pérdida; rescate; aviso para trasladar a un hogar de acogida o un refugio, tratamiento inmediato y gestión en procura de medicamentos; esterilización si es pertinente, y, una vez salvado, se pone en aviso de adopción. La mejor parte es cuando el animalito finalmente llega a ser adoptado. Los textos de los anuncios están bien redactados por lo general y apelan a los sentimientos más generosos del ser humano.

Esta es Esmeralda, la primera rescatada por el grupo avileño y que le dio nombre a la asociación.

Los grupos de protección animal aúnan personas de diversas generaciones, aunque se observa en las imágenes de sus miembros un gran número de jóvenes, algo muy alentador.

Las acciones están bien coordinadas: detección de un caso de maltrato o abandono, a veces de pérdida; rescate; aviso para trasladar a un hogar de acogida o un refugio, tratamiento inmediato y gestión en procura de medicamentos; esterilización si es pertinente, y, una vez salvado, se pone en aviso de adopción. La mejor parte es cuando el animalito finalmente llega a ser adoptado. Los textos de los anuncios están bien redactados por lo general y apelan a los sentimientos más generosos del ser humano.

Los resultados del trabajo de los grupos de protección son harto elocuentes. PAC nos notifica en esta imagen un resumen de sus logros en rescates y adopciones correspondientes al año 2018.

La necesidad de coordinar acciones con inmediatez, que es un requerimiento en este tipo de organización, ha provocado que las redes sociales se conviertan en una vía por excelencia para los rescatadores de animales. Estos grupos generan un voluntariado que se aprecia dedicado en cuerpo y alma a esa humanista y meritoria tarea. Sus simpatizantes y seguidores crecen cada día.

III

La Ley

No existe en Cuba una ley de protección animal. Muchos la pidieron en los debates previos a la aprobación de la nueva Constitución, pero no fue incluida. La respuesta cívica pronto llegó en forma de una marcha pacífica, organizada el 7 de abril de este año para la habitual peregrinación hasta el cementerio de Colón, donde se encuentra la tumba de una afamada protectora de animales.

Para sorpresa de muchos, se logró que fuera la primera marcha autorizada a portar carteles de una organización no legalizada en el registro de asociaciones. En las pancartas se pedía la aprobación de una Ley de protección animal.

El nombre de Beatriz Batista se dio a conocer como una de las artífices de la aprobación. Con su cara bonita y sus veintiún años, esta estudiante de Comunicación Social ha demostrado que sabe hacer bien las cosas. Ella y Odalys Jaramillo, otra protectora, lograron que el gobierno del municipio Plaza permitiera la marcha. Cientos de personas se les unieron ese día.

En La Habana radica la Asociación Cubana Protectora de animales y Plantas (ANIPLANT), presidida por Nora García. Es la única asociación con estatus de ONG, ya que la Ley de Asociaciones 54/1985 permite una sola por finalidad. ANIPLANT tiene filiales en Varadero, Cárdenas, Caibarién, Villa Clara y otros lugares, pero el proceso es engorroso y demora.

Hace más de un año se promete que el Ministerio de la Agricultura trabaja en un proyecto de Ley, pero no ha habido apremio alguno, que se conozca, por parte de la ANPP, que ocupada en la producción del voluminoso cuerpo legal derivado de la nueva Constitución, ha demorado demasiado una situación sensible y humana.

Para agravar las tensiones, en los últimos días la institución Zoonosis arreció su campaña de recogida de animales callejeros en la capital. Las imágenes tomadas eran de gran crueldad. Después se supo que en apenas unas horas los habían sacrificado. En Cuba se utiliza para ese fin la estricnina, un producto rechazado en casi todo el mundo por la agonía que provoca en los animales.

La paciencia llegó a su fin. El 11 de noviembre, en horas de la mañana, una manifestación pacífica de protectores de animales se ubicó frente a la sede de Zoonosis. No habían avisado públicamente de su propósito, pero pronto se les unieron vecinos del lugar y otros protectores que lo supieron. En los carteles se podía leer: «Abajo Zoonosis», «Hablamos por los que no tienen voz», «Ni una pata menos», «Exigimos Ley de Protección animal Ya», «Cuba contra el maltrato animal», «Estricnina NO», «Esterilizar sí, matar no».

Las autoridades del orden público resolvieron civilizadamente la tensión. La Policía se retiró y se permitió que tres rescatadores entraran para dialogar. Mucha gente estuvo a la expectativa desde diversas partes de Cuba y también de otros países.

Lo próximo que se supo era que llegaron a un acuerdo: no seguirían capturando animales callejeros por el momento, y accedieron a entregar a casi todos los perritos que debían ser sacrificados. Se propuso una reunión al día siguiente donde diez activistas serían recibidos por las autoridades del Ministerio de Salud, al cual pertenece Zoonosis.

Las puertas se abrieron y el rescate de los perritos pudo efectuarse. La mayoría enfermos, temblorosos, miraban con esperanza a los que los llevaban en brazos con ternura. Si la bondad humana tuviera rostros, este sería uno de ellos.

Como bien asevera Liudmila Morales: «La creciente atención que está recibiendo el tema puede favorecer su trabajo, pero también ocasiona ciertos conflictos relacionados con el propio activismo de la sociedad civil en un país donde su expresión organizada sigue despertando resquemores».

El día 12 ocurrió la reunión y, lo que se ha reportado de ella en las redes da fe de la inclinación de las autoridades para colaborar en proyectos comunes con los rescatadores. No al sacrificio, creación y gestión de refugios, campañas de esterilización, y, sobre todo, acciones en favor de la concientización ciudadana para el cuidado y el no maltrato de los animales.

La lucha por la Ley de Protección animal es un punto crucial en la agenda de los activistas. Más de siete mil personas han firmado en menos dos días en las redes solicitándola. Se espera una recogida masiva de firmas para el 16 de noviembre.

Este movimiento cívico, humanista, muestra que la sociedad civil cubana goza de buena salud. Expresa igualmente que el Estado puede ser parte de esa corriente autónoma, pero proclive a colaborar en todo con las autoridades por el bien de los seres que no tienen voz y que necesitan de la nuestra. Una voz hasta ahora tímida pero ya evidentemente decidida.

Mi hija llega. No sabe de lo que escribo. Me cuenta que muchos de sus amigos de la Facultad de Ciencias Médicas de Matanzas han creado un grupo en WhatsAppp para luchar por los derechos de los animales. Se llama UM No al maltrato animal.

¡Cuidado! Animalistas cubanos en las calles

12 noviembre, 2019

Por Irina Echarry

HAVANA TIMES – Animalistas cubanos se congregaron en la puerta de entrada del Centro de Observación Canina, más conocido como Zoonosis.  Esta vez, sin permisos oficiales, amparados por el deseo de una sociedad menos cruel, e indignados por el intensivo “saneamiento” de la ciudad que realiza ese Centro, y que consiste en la recogida de perros callejeros para darle muerte.

Los protectores están hartos, no solo la captura es horrible, sino que por estos días no están respetando los tiempos establecidos para su posible reclamación, los están matando rápido; algunos son animales sanos y otros tienen enfermedades perfectamente curables.

No nos vamos de aquí sin los perritos, esa era una exigencia unánime porque días anteriores lo han intentado y solo han podido salvar a unos cuantos, nadie sabe por qué los ocultan o los desaparecen.

Los rumores corren: que si los utilizan en experimentos, que si los llevan para las clases de anatomía a los estudiantes de veterinaria, que si los venden a los criadores de perros de pelea, para el entrenamiento. Rumores que se acrecientan con la falta de respuestas, que generan más rechazo a la institución y activan el instinto de salvar.

Zoonosis está ubicado en Punta Brava, en el municipio La Lisa, alejado de la parte populosa de la ciudad, para estar allí desde tan temprano, la mayoría tuvo que desembolsar bastante dinero, pero para esta gente apasionada e incansable, eso no es impedimento.

Un despliegue de carteles exigía el cese del funcionamiento de Zoonosis y sus malas prácticas, alertaba sobre el peligro de naturalizar la violencia contra seres vivos, y exigía una ley de protección animal. ¿Carteles en la calle?, ¿demandas ciudadanas en la vía pública? No, eso no es posible en Cuba; rápidamente aparecieron funcionarios, policías con uniforme y vestidos de civil, en un gran aparataje, como para intimidar a cualquiera.

Pero resulta que nadie se amilanó, porque los animalistas están convencidos de que se puede enfocar el asunto sin llegar a la barbarie que practica zoonosis. A ese convencimiento se sumó el respaldo de los vecinos: Saquen los perros y den candela a to eso; los apoyo, eso es una injusticia; deberían cerrar ese lugar, es una salvajada. Esas eran las reacciones de las personas que viven el horror a diario, también algunas protectoras de la zona se unieron con carteles y contaron sus experiencias de vida.

Otro vecino contó de primera mano lo que ocurre en zoonosis, las transformaciones que ha sufrido en todos estos años. Su abuelo y su padre trabajaron ahí, y él hasta hace una semana era custodio del lugar: tuve que dar bateo porque ya era demasiado, ahí antes había tres naves limpias y funcionaba como refugio, se daban los perros en adopción, ahora es un desastre. No les dan comida, solo agua; los encierran a todos juntos, los enfermos y los sanos, los agresivos y los mansos. En cuanto a la estricnina, ese método rechazado a nivel internacional porque ocasiona una muerte dolora y lenta, alertó que la mayoría muere bastante rápido, quizá porque son perritos muy débiles.

Junto a esa interacción con los habitantes del lugar, también hubo conversaciones con las autoridades que llegaron. En algún momento el grueso de la tropa policial se retiró y quedaron unos cuantos. Los activistas se mantuvieron firmes, enérgicos y decididos a llegar a algún acuerdo.

En medio de las “negociaciones” apareció un muchacho en bicicleta a dejar a una hermosa  perrita, la dueña se la entregó y le dijo: llévala para el hostal canino. Eso da una pista de que mucha la gente desconoce lo que se hace con los perros.

Los logros de la jornada no fueron pocos: reunión de activistas con funcionarios en el Departamento Provincial de Higiene y Epidemiología para consensuar un trabajo en conjunto centrado en el bienestar animal. Zoonosis se comprometió a frenar la captura y matanza de animales hasta que pase la reunión, y lo más emotivo: entregaron todos los perros que estaban ya condenados.

Hubo lágrimas, sonrisas, tensiones con las autoridades y los trabajadores del lugar, maldiciones y hasta provocaciones; pero más de una decena de animales salvaron sus vidas, incluyendo la que llegó en bicicleta.  Fueron trasladados a hogares de tránsito hasta que se recuperen y estén listos para la adopción; algunos se irán para Santa Clara.

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Miles de animales son sacrificados por falta de medidas preventivas

Eliminar animales callejeros es admitido en las prescripciones sanitarias cubanas solo como método alternativo, mas la cifra de estos sacrificios es alarmante

Publicado: Domingo 06 mayo 2007 | 12:00:00 am.Publicado por: Juventud Rebelde

Salvar a un animal es también una forma

de mejorar nuestro mundo interior.

Foto: Franklin Reyes Fotos: Roberto Suárez

Rinti nunca supo qué le pasó. Lo acorralaron de repente en plena calle. Lo alzaron por una pata y lo tiraron dentro del carro, donde se golpeó con fuerza al caer. Dos cuadras más adelante ya estaba muerto. Lo lanzaron en un contenedor de basura. Allá fue a recogerlo su dueño.La historia es real. Cada día, según la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología, se capturan en Ciudad de La Habana entre 10 y 15 animales que están sueltos en la calle, en su mayoría perros, y casi todos terminan sacrificados. Y esto es solo en una provincia. La cifra de los que mueren anualmente por esta causa en todo el país, tras un simple cálculo matemático, es alarmante.El problema no es exclusivo de la capital, aunque sea ella, por la aglomeración urbana, uno de los lugares donde se manifiesta con más fuerza. Los perros y gatos pululan por pueblos y ciudades, en centros de trabajo, escuelas, hospitales, y no son solo los «callejeros», sino que, ante la desidia de muchos dueños existe una gran cantidad que andan «callejeando», ensuciando las calles, provocando accidentes, siendo vectores de enfermedades y contribuyendo a difundir epidemias.

El Instituto Nacional de Medicina Veterinaria asegura que la masa de perros controlados en Cuba se estima en más de 1 958 000, y otro medio millón de gatos, mientras que Salud Pública en Ciudad de La Habana afirma que existe un perro por cada diez personas en la capital, lo cual significa que habría más de 200 000. El 20 por ciento de ellos, según la terminología médica, «deben sanearse». En otras palabras: ser sacrificados.Sin embargo, ninguno de estos animales que a diario mueren por una inyección letal de estricnina, sufrir algún accidente o padecer enfermedad sin el debido cuidado, son responsables de esta situación. Los perros sueltos, y los callejeros, son víctimas de quienes los abandonan a su suerte, o los dejan nacer sin control. Son víctimas de la desorganización y la indolencia.

EMBARAZOS SIN CONTROL

En Cuba se estima en más de 1 958 000, y otro medio millón de gatos.Desde tiempos inmemoriales el método de captura-muerte ha primado para solucionar la situación de los perros y gatos callejeros, que al rebasar los límites permisibles se convierten en un serio problema de sanidad. No obstante, nunca se ha resuelto el problema. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla. Cada perro muerto es sustituido inmediatamente por otro, pues la reproducción sin control de estos animales provoca que su crecimiento sea geométrico en vez de aritmético. Así, por ejemplo, una perra puede engendrar cada siete meses una camada de seis o siete cachorros, y estos a su vez seis o siete más, y así infinitamente, en un parir y parir sin medida alguna que termina llenando las calles de nuevo por mucha limpieza que se haga.Estudios realizados en Ciudad de La Habana, por citar un caso, han demostrado que en una de cada 2,5 viviendas hay algún animal afectivo, en su gran mayoría sin esterilizar; y cuando paren, los dueños casi siempre se deshacen de los cachorros. Si a esto añadimos que no existen programas de control, y que tanto perros como gatos se aparean libremente, es fácil entender cómo cada pareja reproduciéndose sin control, en cinco años puede llegar a una población de miles de animales.«Con la recogida y muerte de los perros no se soluciona el problema por una sencilla razón: los nacimientos son más rápidos que la muerte. El fracaso mundial con la recogida, sacrificio y asilos llevó a que multitud de países hayan optado por el método ético y humanitario, y además más económico, de la esterilización», afirma Nora García, presidenta de la Asociación de Protección Animal (ANIPLANT).«El problema es que muchos dueños no cumplen las regulaciones necesarias para la tenencia de animales, lo cual genera que crezca su número en las calles. Me parece que tocar este tema es muy oportuno, máxime porque se trata de prevenir enfermedades», explicó a JR la doctora Patricia Varona, directora nacional del Departamento de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública.

Según lo dispuesto en los Decretos Ley 137 y 181 los perros deben estar en la calle amarrados y con bozal. A su vez, el doctor Oscar Ricardo, subdirector del Instituto de Medicina Veterinaria, adscrito al Ministerio de la Agricultura, reconoce que este problema es muy serio, no ya tan solo por el tema de los que andan sueltos, sino porque la gente incumple lo que está dispuesto en los Decreto Ley 137 y 181 sobre la tenencia de animales, las condiciones para su cría, e incluso normas tan elementales como salir con los perros a la calle amarrados y con bozal.De que es un peligro para la salud humana dan fe las personas mordidas por animales, que solo en Ciudad de La Habana suman al año entre 1 500 y 1 800, de acuerdo con las cifras aportadas por el doctor Manuel Cairo, zoonólogo de la Dirección Provincial de Salud en la capital. De estos, un 80 por ciento son atacados por perros, aunque el especialista reconoce que no puede precisar cuántos son callejeros.Cabría entonces preguntarse por qué no se ha solucionado esta situación, si todos admiten que los animales en la calle son un problema. Si se sabe que la caza y sacrificio no resuelve el dilema, entonces por qué se eliminan innecesariamente al año miles de perros o gatos, muchas veces después de haber sufrido la crueldad de la captura y la reclusión en lugares abarrotados.

EL ESLABÓN MÁS DÉBIL

«El carro de Zoonosis no puede continuar saliendo a la calle, eso es irracional. Esta es una cadena que se rompe por el eslabón más débil, y ese es el perro, al que le botan sus cachorros o lo lanzan a la calle, cuando sus dueños se separan, cuando nace un niño. No es más que la expresión de la inhumanidad que impera hoy en alguna gente», afirma María Eugenia, que como su esposo, el pintor Arturo Montoto, se han opuesto decididamente a esta práctica.

Igual piensa la múltiple campeona mundial de inmersión Deborah Andollo, quien en un correo electrónico aseguraba que «no hago más que pensar en esos infelices, sueño hasta con estos horrores»; además de explicar que por su propia cuenta se ha convertido en la «esterilizadora de todas las féminas caninas del barrio».

También Guille Vilar, escritor y realizador de radio y televisión, reflexiona que «oponerse a esta práctica no es solo salvar o ayudar a vivir a los perros callejeros, sino también una forma de mejoramiento de nuestro mundo interior».

El matrimonio de Margarita González (psicóloga social) y Leonardo Acosta (Premio Nacional de Literatura) también remitió una carta recientemente a JR alertando sobre este «saneamiento» de forma indiscriminada, del cual se confiesan testigos. Además expresó su preocupación por «todo el maltrato que reciben los más cercanos amigos del hombre por parte de las personas encargadas, que incluye recogerlos con jamos como si fueran peces y literalmente tirarlos uno sobre otro, lo mismo en un camión que en un carrito-jaula, sin importar el sufrimiento que esto les ocasiona.

«Creemos —afirman— que ante todo es imprescindible una campaña educativa como tantas otras que se hacen por los medios de comunicación, en relación con el cuidado de estos maravillosos compañeros, en primer lugar para los niños, que a través de su compañía aprenden a proteger, querer y expresar sus emociones hacia los demás, personas y animales».

SANEAMIENTO CANINO

Muchísima gente tanto dentro como fuera de Cuba se preocupan por esta matanza sin razón, que afea la imagen del país y contradice elementales valores humanos, y que algunos justifican con motivos sanitarios, como enfatizó el doctor Luis Gómez, director provincial de Higiene y Epidemiología en Ciudad de La Habana.«Nosotros no estamos haciendo nada nuevo, sino el saneamiento canino de siempre. Hace poco salió una información en un periódico que algunos interpretaron de forma errónea como que se haría una gran campaña de higienización. Esto es cierto, pues lo estamos haciendo para prevenir vectores como los mosquitos, cucarachas y roedores, pero no específicamente contra los perros, con los cuales seguimos el procedimiento de costumbre de recoger los que estén sueltos en la calle».El funcionario reconoce que los métodos de captura son mejorables, así como las condiciones de estos animalitos una vez recogidos, ya que por ley deben permanecer encerrados 72 horas antes de ser sacrificados.

También enfatiza en la necesidad de educar más a la población, para que se haga responsable de las mascotas bajo su custodia, que no las boten a la calle o las dejen sueltas en la vía pública. «Los perros son transmisores de diferentes enfermedades zoonóticas, no solo la rabia, sino la leptospirosis, toxoplasmosis y diversos parásitos. Por eso son necesarias las campañas de saneamiento. No quisiéramos matarlos. También nosotros tenemos animales afectivos, sentimientos humanos, pero no queda más remedio que hacerlo para evitar epidemias», justificó. Interrogado sobre cómo evitar estas muertes innecesarias, e el doctor Luis Gómez se mostró de acuerdo en que lo mejor sería prevenir el fenómeno: «Pero no tenemos condiciones para asumir una campaña masiva de esterilización, o para controlar la tenencia de animales, aunque sí fomentamos la vacunación de estos para prevenir enfermedades como la rabia».

Por su parte, el Instituto de Medicina Veterinaria, a pesar de contar con una red de clínicas, consultorios y técnicos, incluso a nivel de Consejo Popular, tampoco se puede ocupar del tema, asegura su subdirector, el doctor Oscar Ricardo.  Ellos, si bien realizan esterilizaciones en las clínicas a un costo relativamente barato —unos 20 pesos — no pueden asumir una campaña masiva, pues el especialista sostiene que estas son caras, con productos subvencionados por el Estado, ya que muchos son adquiridos en el extranjero.

¿CUÁNTO CUESTA MATAR?

Tanto el Instituto de Medicina Veterinaria como Salud Pública aseguran que no pueden asumir los costos de una campaña masiva de esterilización, pues son excesivamente elevados. Sin embargo, los cálculos de no mirar al futuro son mucho más altos.

Los datos aportados por la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología, por ejemplo, atestiguan que Zoonosis en Ciudad de La Habana cuenta con dos autos especializados en capturas, y cada uno sale a diario consumiendo entre 10 y 20 litros de gasolina para capturar apenas 15 o 20 perros.A este gasto habría que agregar lo erogado en salarios de los capturadores, mantener el Asilo Canino funcionando, comprar los insumos necesarios para la captura y sacrificio, las dosis de estricnina, el combustible para trasladar los cadáveres al basurero…

Súmese a esto lo que significa para Salud Pública atender a las miles de personas mordidas por los animales que están libres en las calles, a los que enferman con parásitos o lectospirosis, la suciedad que se genera por las heces fecales y orines en las calles…  la postre, todo indica que es más costoso matar un perro que controlar su reproducción, pues sacrificarlo significa millones de pesos tirados al matadero… para no resolver el problema. A los pocos meses la situación se repite, porque solo el control y la esterilización pueden resolverlo.Sin embargo, el mayor costo de estas muertes insensatas no es económico, sino humano. Eliminar o abandonar a un animal, maltratarlo, verlo enfermo en la calle o sin amparo, es un nefasto ejemplo para la sociedad. Nadie asegura que la visión cotidiana del abandono y la agresividad, no genere al final estas mismas acciones entre las personas.

VÍCTIMAS AL NACER

«ANIPLANT ha hecho innumerables campañas masivas de esterilización de perros y gatos, donde operamos por un módico precio para pagarle al veterinario sus servicios, e incluso lo hacemos gratis cuando no tienen recursos», dice Nora García. «Muchas veces, cuando alguien puede hacerse cargo de la recuperación luego de la cirugía de algún perrito o gato que vive en un centro de trabajo, edificio multifamiliar y hasta en la calle, también lo operamos para tratar de contribuir a eliminar el fenómeno. Pero nos faltan muchas cosas, casi no tenemos respaldo, y la anestesia u otros insumos los obtenemos por donaciones».

Esta organización, que abarca todo el país, también ha hecho múltiples campañas de prevención y educación sobre el amor a los animales, principalmente entre los niños y jóvenes, tratando de crear conciencia sobre un problema que es de todos. «Sabemos que por desgracia hay ocasiones en que es más humano sacrificar a un animal que está sufriendo sin cura posible, pero duele que se tenga que hacer, ya que en la mayoría de los casos ese estado es consecuencia de los maltratos, de dueños indolentes o de vivir en las calles sin amparo alguno. «El fenómeno de los animales libres en la calle es imparable si no se establecen adecuados mecanismos de control, si no se castra al macho y se esteriliza la hembra en los primeros meses de nacidos, antes del celo y de la madurez. «La adopción no resuelve el problema, pues el mito que existe de “el veterinario me dijo que había que dejarla parir una vez” tiene las calles y las viviendas llenas de animales no deseados, que nunca debían haber nacido, y que vienen al mundo a ser víctimas».

SOLUCIÓN A LARGO PLAZO

Resulta increíble que tanto ANIPLANT como Medicina Veterinaria y hasta Salud Pública coincidan en que la solución del problema es controlar la tenencia y la reproducción, y sin embargo no se haya hecho casi nada por implementar medidas efectivas en ese sentido. Ya desde 1998 el Programa Nacional de Prevención y Control de la Rabia, aprobado por el Ministerio de Salud Pública y de obligatorio cumplimiento en todos los niveles de este sistema, dejó claro en el acápite 4.1.3 que «la eliminación sistemática de los animales callejeros o silvestres no es un método efectivo…».Igualmente consignaba que «la causa fundamental de las superpoblaciones de animales callejeros está dada por la falta de control de la tasa de natalidad, lo cual provoca con mucha frecuencia que las crías no planificadas o no deseadas o por cualquier otro motivo son arrojadas a la calle por sus dueños». Así, Salud Pública reconoció que solo la planificación de la gestación, la regulación del celo y la esterilización deben ser las vías que en un futuro permitirán tener un impacto en la reducción de la población de perros y gatos; mientras enfatizó que «el saneamiento quedará como un método alternativo de control». A pesar de que todas las autoridades consultadas estuvieron de acuerdo en que solo el trabajo conjunto de Salud, Veterinaria, ANIPLANT o factores como Educación, los medios de comunicación y hasta los inspectores u otros mecanismos del orden interior puede frenar este fenómeno, falta la concreción de un plan efectivo para prevenirlo. Si no existe un control real, y no en papeles, sobre los animales que posee la población, si no hay nada que obligue al dueño a responsabilizarse con su mascota, no se multa a quien deje un can o un gato suelto en la vía o ande con este sin bozal, a pesar de que en las leyes están recogidas las multas que deben aplicarse en cada caso, nunca podrá haber una solución a largo plazo al tema de los animales callejeros. De seguir así, las matanzas injustificadas continuarán siendo una triste realidad, y otros Rinti morirán sin saber nunca qué les pasó.

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-05-06/miles-de-animales-son-sacrificados por-falta-de-medidas-preventivas.

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El ómnibus hizo parada. Todas las miradas, hacia el fondo de la guagua. Una adolescente lloraba y entre sollozos amenazaba a su madre con bajarse. Por el cristal podía verse a su perro, corriendo para alcanzarla. «No seas dramática. Dentro de poco él encontrará un nuevo dueño y ni se acordará de ti», comentó la mamá para consolarla. Momentos antes lo habían abandonado en un potrero baldío al lado de la carretera. El vehículo continuó su ruta, y un tramo largo recorrido velozmente terminó venciendo al pobre can.

Después del suceso narrado, el tema del maltrato animal no se me va de la mente. Y por si fuera poco, un lector de Vanguardia nos escribió para manifestar su rechazo a las horribles peleas de perros que se realizan en las zonas rurales… Que los verdugos engordan los bolsillos a costa del maltrato y la violencia… Que las autoridades «desconocen»… Que los pobladores aprueban o se hacen de la vista gorda.

Pero hay más. Hace algún tiempo percibí cómo en plena ciudad sacrificaban un puerco para la venta. En el concurrido ruedo había un niño que, entre risas, invitaba a otro de la «tropa» a disfrutar del «asesinato». Ante la negativa del «cobarde» amiguito, le gritaba enojado oprobiosas palabras. Los padres acompañaban la matanza del cochino con una botella, algunos saladitos y un estruendoso reguetón.

Otra historia turbulenta es la de los famélicos caballos que, azotados por sus amos, cargan o halan más de lo que pueden soportar. El sol tropical les curte la piel, la sed los amedrenta. Son enormes las distancias e ínfimo el descanso. La gente los contempla, nadie dice ni hace algo. La compasión hace rato se ha transformado en diabólica indiferencia. Muestra de ello a continuación.

Una vecina mía se vanagloriaba de sus métodos para exterminar un gato sin dueño. Había uno que de vez en cuando le robaba la carne que dejaba al descubierto en la cocina. Días antes le dio una paliza, pero el felino, al que le quedaba otra de sus vidas, salió ileso.

Así, cargados de vicios, fraude, lucro, violencia, se configura el infierno de los inocentes animales que poco significan ante la endeble justicia que los (des)protege. Lamentablemente, la caótica situación de los animales domésticos comienza por la irresponsabilidad e insensibilidad humanas.

El encargarse de una mascota va más allá de la convivencia con el animal en cuestión, pues implica alimentación, salud y buen trato, tal como si de otro miembro de la familia se tratase. Compete estrictamente a los dueños lograr una reproducción regulada, o por el contrario, someter al animal a la esterilización. Simples acciones pudieran ser un bálsamo para aliviar los altos índices de animales domésticos abandonados en las calles.

Resulta alarmante el comportamiento de algunos ciudadanos que, antes de adoptar a un perro «chulo» sin hogar, prefieren comprar los de raza a precios exorbitantes. En ocasiones no se trata de extrema afición por los caninos, sino de una manera de legitimar su estatus social y modo de vida. «Conozco quien tiene dos perros: el chulo para la azotea y el de raza para los paseos», comenta el villaclareño Ramón Rodríguez Limonte, defensor de los derechos de los animales, también artista de la plástica.

Es cierto que la Constitución de la República de Cuba estipula la protección de la vida natural. Sin embargo, solo se concreta en regulaciones sanitarias, normas epidemiológicas y medidas proteccionistas en el ámbito económico. Pero los interesados en que se apruebe una ley de protección en favor de los animales piden más. Piden abrigo, defensa y amparo.

Y hasta que llegue la ley, los animales continúan sufriendo los desafueros humanos. Esa es la dura realidad, que nos compete y nos desacredita. Si se aprobase una ley justa, ciudadanos y autoridades se verían obligados a cumplir las normas de civilidad para con ellos.

Mientras tanto, existen otros caminos viables que se construyen desde la sociedad civil. Son  grandes o pequeños grupos, vecinos amantes de los animales que se organizan, sin ánimo de lucro, autofinanciados. Mas, necesitan respaldo gubernamental para articular acciones en conjunto.

Son muchas las interrogantes que nos obligan a pensar una y otra vez en el tema: ¿Cuáles son las estadísticas del maltrato animal en nuestro país?¿Destina el Estado cubano un presupuesto para la esterilización de los perros y gatos abandonados? ¿Las clínicas veterinarias estatales poseen las condiciones óptimas para atender a los animales? ¿Es suficiente el tratamiento que dan los medios de prensa a esta problemática?

Al menos, en el programa radial Aquí se habla de todo, de la CMHW, Rodríguez Limonte despliega una labor educativa constante e induce a los ciudadanos a la práctica del amor hacia los animales. Es que el cuidado de estos en nuestro país se ha convertido en iniciativa de unos tantos —y no en deber y obligación ciudadanos.

Se conoce que en La Habana, sobre todo en el casco histórico, algunas instituciones trabajan en pos de la protección animal. Sin embargo, ni la capital cubana ha logrado erradicar de raíz el problema. Y mientras muchos países de América Latina ratifican la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, Cuba sigue en silencio. Ojalá este año traiga las buenas nuevas.

Decía el gran Gandhi que las civilizaciones y los pueblos se juzgan teniendo en cuenta la forma en que tratan a sus animales. Entonces… sobran las palabras.

eliani

Miércoles, 17 Enero 2018 12:52

Estoy totalmente de acuerdo CUANDO el gobierno pondra fin a este sufrimiento que los que adoramos a los animales tenemos que sufrir en silencio porque no hay nada que nos respalde ni una ley NADA, estamos hartos, POR QUE NO TODOS LOS ANIMALES TIENEN EL MISMO DERECHO DE VIVIR Y DE RECIBIR JUSTICIA POR SER MALTRATADOS POR HORRIBLES PERSONAS DE CORAZON, QUE MUCHAS SE LUCRAN A PARTIR DE SU SUFRIMIENTO, Y YO DIGO BASTA YA.

  • · jorge

Miércoles, 17 Enero 2018 16:23

este tema se ha hecho publico hasta por radio y tv y no pasa nada, el maltrato evidente y visto por todos en de los caballo, y ya ahora hasta estan montandoles 10 personas y hasta 11, le dan golpes, a veces uno se cansa de denunciar estos hecho porque nadie hace nada, es un abuso y seguirá asi, a nadie le importa, a sabiendas que estos animales son los que le dan la comida, no es facil

  • · jorge

Miércoles, 17 Enero 2018 16:26

no solo en este tema sino en muchos de la vida cotidiana sino se toman medidas bien fuertes, no una multica de 300 cup, sino bien duras todo lo malo que esta pasando seguira igual.
golpeaste un caballo te lo quito, veras como eso se riega entre ellos mismo y van a dejar de hacerlo, robaste !! 20 años sin opcion de un tercio de la sancion, 20 por la cabeza,

  • · Neris Ramis

Domingo, 21 Enero 2018 09:00

Gracias por el articulo soy amante de Los animales siento una profunda tristeza por la situacion en Mi pais

  • · Dra Vet:Gladis

Lunes, 22 Enero 2018 01:00

Hay que seguir luchando y no claudicar jamas ,por el bien de los que no tienen voz,estamos nosotros para ayudarlos,el grupo crece cada vez mas .Muchas gracias .

  • · Maryurit

Lunes, 22 Enero 2018 07:51

Es increible lo que sucede en nuestro pais con el maltrato animal. Cómo es posible que una nació n que habla de principios morales y ataca la perdida de ellos en otras naciones no tenga en cuenta que el cuidado de los animales es parte de la sencibilidad humana, es un principio moral que en Cuba ha desaparecido. El país debe prestar atención a está situación que a los ojos del mundo es deplorable.

  • · Eddy

Lunes, 22 Enero 2018 13:56

Gracias por abordar este sencible tema. Lamentablemente no se aprecia un pronunciamiento institucional en favor de los animáles en Cuba. Las autoridades que pueden y deben tomar cartas en el asunto permanecen indiferentes ante las demandadas normas civiles en pos de la protección y amparo para los animales, cuando en otros rincones del planeta es priotitaria la esa atención.

  • · Sara

Lunes, 22 Enero 2018 14:34

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dice el artículo, es casi increíble que en Cuba no exista una ley de protección a los animales, y muchas de las crueldades que se hacen también son delitos, como las peleas de perros o de gallos, o escándalo público como matar cerdos en plena calle o golpear caballos hasta la muerte delante de todo el mundo, y las autoridades no intervienen. Piensen en lo que están viendo y aprendiendo los niños cubanos como algo “normal” la crueldad, nada de humanidad, nada de compasión, es horrible.
Si nos juzgan según la frase de Gandhi nuestra sociedad será condenada por inhumana.

  • · ALEXIS

Lunes, 22 Enero 2018 16:04

Estimados,

Tenemos dos graves problemas: La primera el bajo nivel cultural y social que poseen la gran mayoría de los carretoneros (a veces pienso que los animales saben más que ellos) y por otra parte la desidia e inopia de nuestras autoridades por resolver este problema que se ve a diario.

  • · Wendy

Martes, 23 Enero 2018 16:35

La falta de una Ley de Protección Animal solo nos afecta como sociedad, exibe la violencia en Peleas de Perros, Maltrato de Animales Domésticos, Muerte de Animales para Consumo, Golpizas de Animales de Tracción, Medidas de Control de Animales Abanadonados (zoonosis)… y podría seguir, exibe la violencia en cada uno de estos actos como algo permitido.

No es delito y por lo tanto da marco a la violencia generalizada, porque la violencia es solo una y el mismo abusador que maltrata un animal, posteriormente maltrata a una mujer, a un niño…

Países con mucho menos desarrollo social que Cuba cuentan con una Ley que proteja y que penalice la violencia para con los animales, entonces, por qué aún seguimos sin siquiera plantear esto en la Asamblea Nacional?

Por una mejor sociedad para las futuras generaciones, por un país con menos violencia y mayor desarrollo social. Debería debatirse ya la promulgación de una #LeydeProteccionAnimalenCuba

  • · Ly

Viernes, 26 Enero 2018 09:46

Todo es escalofriante. Tenemos un gobierno…. que gobierne ya!

  • · Ken Manuel Valdivia Martínez

Viernes, 26 Enero 2018 13:08

Completamente de acuerdo con todo lo expuesto, tengo la desgracia de haber presenciado hechos de maltrato con tra animales que dejan mucho que desear de la raza humana, en mi opinion el estado debe poner su mano en este asunto ya que en la mayoria de los paises se vela por el bienestar de los animales, lo que no podemos es seguir dandole la espalda a este asunto. Muy bien por Yinet, a la cual invito a que realice un articulo sobre los perros abandonados que van a parar a la UCLV, pues estuve en dicha institución en el período 2012-2017 y realmente la situacion con este asunto es muy grave.

  • · Yinet

Viernes, 26 Enero 2018 15:17

Muchas gracias a todos por apoyar este comentario que, a fin de cuentas, es el sentir de la mayoría de los cubanos. Es cierto que si nuestra ciudadanía tuviera conciencia no hubiera estos actos violentos y reprobables, así como si nuestra ciudadanía fuese consciente no existieran robos, ni violaciones ni asesinatos. Entonces, la solución es la ley, la ley que obligue al respeto. Esperamos por ella.

  • ·

Juan Manuel Meza

Domingo, 06 Mayo 2018 20:36

Ojalá fuera el sentimiento de la mayoría de los Cubanos. Desgraciadamente, todavía no es así pero si que hay una pequeña parte que luchan por los sin voz, que dedican su tiempo y sus pocos medios a ayudarles. Estas personas son un ejemplo a seguir. Son héroes anónimos y creo que cada vez hay más. Mi admiración por ellos

  • margarita fresco

Sábado, 27 Enero 2018 12:18

Es deprimente y produce vergüenza ajena de como son tratados los animales en Cuba, el desamparo y el maltrato es algo cotidiano que duele y la indiferencia de las persona ante ello…la peleas de perros, las peleas de gallos, los chivitos con los carretones paseando a los niños del barrio, los caballos bajo ese sol de castigo flacos al extremo para pasear turistas o sustituyendo al transporte público, el carro de zoonosis en la persecución de los pobres perros callejeros para su exterminio, es una vergüenza nacional y además los turistas lo comentan y se pasa por alto que dijo Gandhi que un pueblo que se respete, vela por el tratamiento que reciben los animales, solo así se considerará una nación civilizada en Cuba se ha perdido mucho con relación a ello…saludos cordiales

  • · Leydi Rodriguez

Miércoles, 31 Enero 2018 10:23

Buenas estube leyendo la narracion y los comentarios y yo soy una persona q ama a los animales q por sierto ya me gradue de tm veterinaria y boy por la licensiatura y soy una persona q si yo pudiera cada vez q beo un cochero maltratando al pobre caballo o a los mismos caballos q seben asi q no pueden ni con su vida q cuando los miras a los ojos se le be una tristeza grande eso me palte el alma al igual esos perros q estan diambulando en las calles en busca de comida de ayuda q uno se pone a pensar cuando hay frio , el frio q pasan ,ellos son seres vivos q sienen y padesen ,por eso hay beses q yo ando por una calle y se presenta algun maltrato de cualquier tipo y me beo en la nesecidad de ni mirar o innorar lo q esta pasando por q me duele bueno espero q hojala se le de solucion poq sinceramente a las personas q deberdad aman alos animales y andan por la calle y presencian esos maltratos sufren .

  • · ken

Miércoles, 31 Enero 2018 14:26

Leidy Rodriguez:
Por dios, la verdad no me gusta criticar este tipo de cosas en los comentarios pero tómalo como algo constructivo. Lo que escribes tiene una gran carga emocional, y dice mucho de la gran persona que debes ser, pero la ortografía es a veces una herramienta más que tenemos a nuestro favor para que el mensaje no se pierda, si nos descuidamos en tal grado de ella podemos escribir las mejores ideas del mundo que no tendrán el mismo efecto que si están bien escritas. Espero mejores. Saludos

  • · Aram Joao Mestre León

Jueves, 01 Febrero 2018 08:19

Ken, yo también me fijé en ese comentario profundo y hermoso de Leydi mancillado por esos errores ortográficos, creo que en estos casos el moderador debería ayudar a esa persona y corregir las faltas, pues era un mensaje positivo. En cuanto al tema, no me gusta el maltrato animal y menos el que infligen algunos cocheros a sus caballos, algo absurdo debido a que estos animales son los que transportan a los pasajeros, deben cuidarlos para que vivan más y mejor.

  • · Fernando

Jueves, 01 Febrero 2018 13:59

Ken no creo que estos espacios sean para criticar la ortografia de nadie ,el objetivo era comentar sobre los animales ,ella pudo haber tenido faltas ortograficas pero usted tuvo falta de interpretacion ya que no dio su criterio con respecto al tema central ,y si supo hacerselo a ella que de corazon demostro su amor e interes por los animales ,hay veces que estos comentarios como los de ella aunque tengan faltas superan a los suyos .

  • · ken

Lunes, 05 Febrero 2018 10:02

Fernando: Creo que todo espacio es adecuado a la hora de realizar una crítica constructiva como la que realicé anteriormente, sin grado alguno de malicia, además, creo que muchos coinciden conmigo en mi planteamiento, en ningún momento pasé por alto el grado de profundidad y sentimientos en el comentario de Leydi, y estoy prácticamente seguro de que si ella leyó mi comentario no veremos el mismo problema en los demás que publique, asi que creo que fue de ayuda para ella, piense en eso antes de ver el lado menos positivo. Con respecto a su comentario no es mi intención ni en este espacio ni en ninguno la crítica ortográfica, y si se fija detalladamente, mi primer comentario fue acerca del artículo, asi que su afimación carece de fundamento.
Saludos.

  • · Guillermo

Martes, 06 Febrero 2018 17:03

Me alegra sobremanera ver este tema tratado, realmente es difícil entender como entre personas consideradas humanas, afectuosas y solidarias como los cubanos el trato a los animales es tan inhumano, agresivo y poco solidario, los animales; mascotas o no, son parte de nuestro entorno natural y como todo lo que nos rodea necesitan respeto, ¿cuántas veces vemos a un cochero agarrarla a palos con el noble caballo que lo alimenta?, sin embargo la gran mayoría sólo “vira la cara” y “sigue en lo suyo” y eso que ocurre cotidianamente e incluso frente a autoridades, ahí no sé si el animal es el caballo o el cochero, comparto lo que dice de las mascotas caras y la necesidad alarmante de reforzar el status social, ¿ha visto como hacen el saneamiento canino los compañeros de Hiigiene y Epidemiología?, horrible, persiguen al perro. lo agarran de la cola, le dan varias vueltas y lo lanzan dentro de la “trampa” que tiene el carro, ¿cómo reaccionaría este funcionario si alguien lo agarrara de …, bueno de alguna parte y lo lanzase dentro de algo?, el maltrato animal es una realidad y mucho hay y podemos hacer, ponerlo como usted en “blanco y negro” es una de ellas, gracias.

  • · Yusy

Miércoles, 21 Febrero 2018 14:35

Es una lástima que haya estado ausente por varios días, es que tenía problemas con el acceso al periodico digital, pero hoy me pongo a revisar y sorpresa me encuentro con este buen tema de protección a los animales, es muy bueno y humano, estamos todos de acuerdo con esto, es verdad que no hay una ley de protección a los animales, pero escuche esta historia que quiero compartir con todos ustedes incluyendo a la periodista.
En mi casa a consecuencia del ciclón Irma que paso por Cuba el pasado septiembre del 2017 me trajo unos inquilinos nada agradables, pues bien se me mudo para el techo de mi casa una colonia de murcielagos y han hecho suyo todo mi tejado (Teja francesa) sus desechos caen a momtones en una esquina de mi sala, como todos conocen estos animalitos si estan protegidos pero además trasmiten una larga cadena de enfermedades y muchas de ellas con seria secuelas de por vida, pues bien llame a salud pública y caso omiso, asi lo hice con espedeologos, gobierno, CITMA, y con cuanto telefono me dieron porque como buen cubano se formo el peloteo y al final me dijeron que si la casa era mia el problema era mio, que desmontara el techo los botara y lo volviera a poner como si eso fuera como tomarse un vaso de agua, porque eso cuesta dinerito, pues bien señores ahi tengo a mis inquilinos y nadie hace nada, estan protegidos porque son una especie en estinción pues vengan con un saco y llevenselos para donde tienen que estar que es una cueva, pero no, pero en mi barrio no soy yo sola hay varias casas que tienen estos animalitos colados porque nadie los invito a quedarse, ponemos leyes que despues no cumplimos, porque ellos estan protegidos y quien me protege a mi que tambien soy una especie y quizas una de las más importante, si que las leyes no son lo más importante para proteger o no a un animal y como dice Taladri “….Saque usted sus propias concluciones……” Gracias

  • · jul

Jueves, 22 Febrero 2018 13:54

saludos, este es un tema en que se pueden abarcar unas series de cosas, entre ellos es el maltrato que tienen los chocheros con sus propios caballos, no les intersa que hayan personas delante, pero creo que hacia falta que aprobaran una ley de conjunto con el ministerio de veterinaria sobre la protección hacia los animales y aqui cuando digo animales me refiero tanto a los caballos como a los perros que ensucian nuestra ciudad una cuidad que era tan limpia ……

  • · odalys

Viernes, 02 Marzo 2018 10:51

CRUELDAD ANIMAL se encuentra en la rutina diaria de miles de ciudadanos en nuestro pais. Actos ejecutados generalmente por jovenes y adolescentes sin principios, sentimientos ni humanidad. Es una EPIDEMIA extendida en toda la isla y como tal hay que actuar sin demora y eficacia para implantar la LEY DE PROTECCION ANIMAL. Es una EMERGENCIA en la que se obvie todos los canales burocraticos para su aprobacion y en la que castigue con severidad los que la infrijan. Es nuestro deber proteger a los que no tienen voz.

  • · Adriana Bárbara García Ranero

Domingo, 06 Mayo 2018 17:03

Magnífico artículo el de Yinet, que toca una por una todas las aristas de un problema creciente en nuestra sociedad y que tiene muchas implicaciones negativas por los daños que genera la tolerancia de la violencia hacia los animales y la falta de una legislación protectora que contribuya a frenarla.
Semanas atrás un cochero apaleó a un caballo en la esquina de las calles Abraham Delgado y Margarita (Ciego de Ávila), llamé la policía, que por supuesto nunca vino, y al final, más agotado y dolorido de los golpes que de tirar del coche todo el día, el pobre animal echó a caminar. Días después una amiga llamó a la policía preguntando por mi notificación y el porqué no acudieron… la respuesta fue de lo más estúpido e inhumano que pueda oírse: ¡porque cuando el que golpea al animal es su dueño, ellos no pueden intervenir! Pero es que tampoco intervienen contra los criminales que pelean perros y los entrenan tirando de bicicletas en plena vía pública a la vista de todos, y así un largo etcétera de hechos delictivos violentos contra seres indefensos para los que no hay nada que hacer desde el punto de vista de las autoridades facultadas porque “legalmente” no hay sustento.
El programa “Al Derecho” el pasado jueves tocó el tema del maltrato animal, y ante la pregunta de su conductora acerca de la necesidad de aprobar una ley de protección animal en Cuba, Nora García, la presidenta de la ANIPLANT dijo que “el país no está preparado para ello”. Aunque desde determinado punto de vista se pueda decir que “el país no está preparado”, quizá porque no hay cultura de tenencia responsable, porque no hay condiciones materiales para transformar los centros de zoonosis en refugios donde se promueva la adopción, y un largo etcétera de “motivos” que se puedan esgrimir por parte de quienes deben legislar y luego implementar y ejecutar lo legislado, eso no es un impedimento para promulgar una ley de protección animal. Todo lo contrario, es un motivo de peso para hacerlo, pero de la mano de una labor educativa intensiva y extensiva, en la que se deberá involucrar y participar activamente toda la sociedad.
Son muchas las cosas positivas que traería una ley de protección animal para nuestro país y no podemos escudarnos en que “no estamos preparados”. El momento es ahora, y los muchos cambios que están ocurriendo actualmente en nuestra Cuba son el resultado de decisiones valientes y bien pensadas que involucran a toda la sociedad. Entonces, sí por la ley de protección animal en Cuba, ¡ahora, ya!

  • · Carolina

Domingo, 06 Mayo 2018 22:16

Igual sucede en el parque Vidal de la ciudad de Santa Clara, donde chivos halan de carretillas cargadas de niños y están horas tras horas cargando y caminando sólo para llenar los bolsillos de alguien que aparentemente lo hace para entretener a pequeños.

  • · Elsie Carbó

Miércoles, 09 Mayo 2018 14:38

Muy buen comentario, te felicito Yinet, ahora que está sobre el tapete la discusión de una Ley por los derechos de los animales en Cuba. Artículos como este no cambiaran el mundo pero si hacen la diferencia.

  • · Mario

Jueves, 17 Mayo 2018 13:15

Excelente articulo!! te apoyo 100%

  • · juan ferrer

Sábado, 19 Mayo 2018 09:58

Los invito a visitar el poblado de vueltas donde ya hay mas carretones que autos y donde la caca de caballo se riega por todas las calles del pueblo,creo es el lugar donde mas inspectores frecuentan y al final del dia se les ve con sus bolsos llenos y no debe ser de papeles y todo sigue igual,calles como la de la clinica estomatologica y la del policlinico son un verdadero asco,y cuando se seca la caca se dispersa en polvo a todas partes.ahora cambiaron el punto de espera de los coches para la esquina del parque infantil y la orina y demas estan apululu, si no hay mas enfermos es porque ya de espanto estamos curados…

  • · massiel

Jueves, 17 Enero 2019 14:18

En verdad el malotrato animal es algo que me hace sentir triste cada dia, y ver que los de zoonosis los recogen, los maltratan y luego los matan con estricnina y nada, abogamos por que se incluyera una ley para proteger a los animales en Cuba y nadie nos hizo caso a los que ayudamos a los animales, es bien triste la realidad en cuba ante los abusos contra los animales.

 

 

 

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Ley cubana Contra el Maltrato Animal: ¿El anillo pa cuándo…?

Anoche escribí de madrugada bajo los efectos de la conmoción emocional que me ha provocado la matanza de los perros y gatos sin hogar; escribí como amante y defensora de los animales que he sido desde siempre. Hoy empiezo a pensar como periodista, de un modo más frío y objetivo, y me pregunto de quién habrá sido la idea de sacar a las calles los muy odiados carros de Zoonosis para hacer una masacre de perros callejeros en medio de las celebraciones por el 500 aniversario de La Habana, y precisamente invocando la visita de los Reyes de España, que constituye un incuestionable apoyo a Cuba en los momentos más crudos del bloqueo a que el presidente Donald Trump somete a nuestro pueblo.

No hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta de que esta masacre de perros y gatos sin hogar resulta una medida inoperante, pues si la intención era embellecer el rostro de La Habana, para nada se ha logrado, pues todo aquello que realmente afea a nuestra capital sigue estando exactamente donde estaba antes que el avión de Sus Majestades pisara tierra cubana, y ofreciendo los mismos peligros para la salud y la vida de la ciudadanía que ya existían. Nada se ha ganado matando perros y gatos.

Y tal vez mucho se ha perdido, porque la idea de esta masacre —tan semejante a las limpiezas étnicas— ha venido en momentos en que está muy reciente en el recuerdo de la ciudadanía el hecho de que en las asambleas populares previas a la redacción de nuestra actual Constitución, un número de ciudadanos a tener en cuenta, al menos en La Habana, que es donde vivo y conozco, pidieron al Gobierno con mucha insistencia y mucha pasión la aprobación del proyecto de Ley Contra el Maltrato Animal, que los grupos de protección a los animales han elevado desde hace tiempo a las más altas instancias sin obtener respuesta.

Ha sido pésima idea, repito, sacar a la calle los carros de Zoonosis, probablemente la institución más odiada y repudiada de Cuba, en medio de los festejos por el 500 Aniversario de la capital, tan hermosa y tan amada dentro y fuera de sus fronteras. Zoonosis, además de tener un modus operandi extremadamente cruel que la ciudadanía aborrece y execra, es una entidad inoperante. No puede eliminar vectores que mucho abundan en la ciudad, no puede erradicar el caracol gigante africano, y en la realidad pura y dura solo sirve para exterminar inofensivos perros y gatos, a los que NO habrá recursos para ayudar, pero SÍ hay estricnina para asesinar.

Además, Zoonosis, que parece ser muy susceptible, tiene otra peregrina (y persistente) mala ocurrencia: demandar de los ciudadanos “que se informen antes de hablar mal de ella”. Pero ver sus abominables carros cazando perros en las calles con sus métodos infames ante la vista de la ciudadanía, incluso de niños pequeños que jamás podrán olvidar espectáculo semejante, es más que suficiente carta de presentación para juzgar el siniestro quehacer de esta entidad.  No hay nada de qué informarse: todo está a la vista pública.

Como periodista he trabajado todos los géneros de mi profesión, entre ellos y quizá los que más, la investigación y la crónica. Soy especialista en La Habana colonial y republicana, cada día de mi vida estudio el pasado, consulto textos de historia, memorias, mapas, epistolarios, Actas de cabildos y toda clase de documentos oficiales y particulares. Yo sé muy bien que ningún hecho del pasado se borra, nada se olvida. La memoria de la res pública es un inmenso océano de lacre en el que hasta el hecho más nimio queda grabado en profundidad por los siglos de los siglos. Marcar el 500 Aniversario de esta ciudad con una masacre de perros que ha removido los ánimos de los habaneros de forma muy negativa, más que un acto de responsabilidad cívica parece un sabotaje, y es un hecho que perseguirá para siempre el recuerdo de estas fechas. Es, como dijera Lady Macbeth, una sangre que no puede lavarse.

¿Y por qué una operación de tal envergadura se lleva a cabo justo en la cara de los Reyes de España? ¿Acaso ofendería a Sus Majestades la vista de un perro vagabundo más que la imagen de los horripilantes basureros que están por todas partes en La Habana?  Además, las visitas oficiales (y no oficiales) de altas personalidades extranjeras siguen rutas prestablecidas que permiten apreciar los mejores logros obtenidos, y no suelen desviarse hacia la profundidad de los barrios. Los perros y los gatos sin hogar no eran una amenaza para Sus Majestades ni lo son para nadie ¿No debería entonces investigarse esta masacre innoble y antinatural que agita los ánimos ciudadanos de manera tan negativa en momentos tan cruciales para nuestro país? ¿Qué se perseguía realmente con ella?

Quizá sea ya hora de cerrar una entidad tan obsoleta e inoperante como Zoonosis y sustituirla por alguna estructura que realmente trabaje por el bien de todos con métodos modernos, incruentos y benéficos. La ciudadanía odia a Zoonosis, y el odio es sensible a cualquier combustible. Que la cierren, antes que sus carros, guiados por operarios de mentalidad deformada por su constante familiaridad con la crueldad, salgan a las calles a cazar a los ciudadanos que odiamos a Zoonosis.

Y por favor, autoridades máximas del Gobierno de Cuba: acaben de aprobar la Ley Contra el Maltrato Animal que tanto hemos pedido durante años. Es una Ley totalmente civilizada que nos hará parecer más hermosos ante el mundo. Convenzámonos de ello y no permitamos que el placer de unos pocos y la ignorancia de muchos hagan parecer al pueblo de Cuba como  cruel. Tiendan ante nosotros la alfombra roja de la civilidad.

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CONTRA MASACRE DE PERROS EN LA HABANA

No se me permite ser parte de la red social Facebook por ser una periodista cubana que trabaja para el Partido Comunista. Facebook me acusa de robar tarjetas de crédito y de no sé cuántos otros crímenes digitales que se ha inventado en mi contra. Por eso hoy no puedo publicar allí lo que pienso sobre la matanza de perros que se ha estado llevando a cabo en estos días previos a la visita de los Reyes de España. Pero tengo este blog, y como jamás lo he usado para atacar a mi Gobierno en ninguna forma, ahora me siento en libertad de decirle a la cara lo que pienso de la miserable gestión que ha desatado la masacre de perros callejeros por parte de Zoonosis, y que, como todos sabemos, ha partido de una ordenanza superior, lo que no quiere decir que a los trabajadores de Zoonosis les falten arrestos ni  entusiasta (y patológica) disposición para salir a matar ellos solos a todos los animales de Cuba, menos al caracol gigante africano, que tiene una caracola ¡tan bonita!

Quisiera que alguien me diera una explicación racional de por qué los perros callejeros de La Habana son más portadores de mala imagen ante los visitantes reales, quienes tienen todo mi respeto, que los innumerables, imbatibles basureros, escombreros y fosas de aguas albañales que tachonan nuestra capital como un decorado macabro.

Quisiera que alguien me demostrara que los perros callejeros son más peligrosos para la salud de los habaneros que toda la basura, las aguas negras, los hierbazales que comprometen de forma tan tremenda la higiene de la ciudad, incluso en épocas en que las epidemias de dengue, zika, chicungunya y otras enfermedades —que tan graciosamente hemos autoimportado de otros lugares del planeta— alcanzan sus mayores picos de morbimortalidad.

¿Por qué nos avergonzamos de nuestros infelices perros callejeros y no escondemos la podredumbre en que vivimos día a día?

Nuestro Gobierno es, en mi opinión, el mejor que hemos tenido en los últimos sesenta años, en el sentido de que GOBIERNA. Pero yo me siento decepcionada, indignada y desesperada porque desoyó el clamor de tantas voces que se alzaron en las asambleas previas a la aprobación de la nueva Constitución, donde tantísimos ciudadanos cubanos pedimos que se incluyera en nuestra Carta Magna una Ley Contra el Maltrato Animal. ¿Por qué el Gobierno evade promulgar esta Ley y en cambio prefiere mandar a masacrar perros indefensos para que las visitas oficiales no se sientan ofendidas por la presencia de estos desgraciados animales, a quienes nadie protege y tanta mala gente maltrata y abusa y asesina sin la menor piedad?

¿Quiénes son las bestias feroces en este juego de animales? Quiénes matan? Los perros no nos matan, al contrario, nos lamen, nos acarician, nos cuidan, nos aman incondicionalmente muchísimo más de lo que nosotros somos capaces de amarnos entre  nosotros mismos, porque los cubanos, emocionalmente estamos en un rango muy inferior a esos perros que matamos. Los perros están llenos de amor, mientras nosotros estamos llenos de MIERDA, y tengo que usar esta palabra porque no encuentro otra que describa mejor la mala pasta de nuestra condición emocional, nuestra insensibilidad, nuestra crueldad, la misma con que cada día agredimos a nuestro prójimo, le  hacemos la vida difícil, lo laceramos.

¿Qué hacen policías en un escenario donde se está condenando a quienes asesinan animales, si no están allí para defender a las víctimas? ¿No debe la policía en todas partes del mundo proteger y servir? Nuestros policías protegen a Zoonosis, los asesinos de animales.

Yo no estuve en la marcha pacífica que me dijeron habría hoy, y me siento fatal por haber faltado. Pero yo no fui no por miedo de la policía, ni de los empleados asesinos y cínicos, y muchísimo menos de los perros, que siempre han sido mis mejores amigos y me han dado el amor más puro que conozco. Yo no fui por miedo de mí misma, porque a mis sesenta y tres años de edad una de las pocas cosas que todavía me hacen perder el control es ver el maltrato a los animales. No fui porque soy capaz de agredir a un zoonosero o a un policía desalmado, y puedo ahogarme en mi propio coraje.

Pero escribir sí puedo, y no tengo miedo de hacerlo. ¿Cómo somos capaces de quitarles la vida con tanta sevicia a los seres que más puramente nos aman? ¿Quién ordenó esto? Alguien dijo que el mundo del perro es su dueño. ¿Cómo podemos causar tanto sufrimiento a aquellos pobres seres para quienes somos dioses?

Zoonosis debe ser cerrada. No tiene ningún sentido que exista si no puede librar a la ciudad de las especies animales que realmente la amenazan, como ratas, ratones, mosquitos, clarias omnívoras y caracoles a los que nadie invitó a la fiesta de nuestra mísera existencia.

Me avergüenza la inacción de mi Gobierno que permite galleras pertenecientes a altos funcionarios; que permite cotos de caza privados; que no acaba con las peleas de perros ni castiga a quienes lucran con el dolor y el sufrimiento de estos animales; que no encarcela y ni siquiera multa a ciudadanos asquerosos que van por ahí cogiendo perritos pequeños para usarlos como sparrings de sus perros de pelea; que deja impùne a quien patea a un perro, crucifica a un gato, los quema, los tortura, los desmembra, los entierra vivos.

Yo no pido a mi Gobierno que provea recursos para ayudar a los animales y estaría loca si lo hiciera en estos momentos en que mi país está bajo asedio por el Presidente loco que se sienta en la Casa Blanca. La ayuda podemos obtenerla en otras partes. La podemos sacar de nuestras casas, de donaciones, de convenios, de ONG. YO LE EXIJO A MI GOBIERNO LO QUE SÍ PUEDE HACER SIN PERDER NADA: UNA LEY CONTRA EL MALTRATO ANIMAL Y EL CIERRE INMEDIATO DE ZOONOSIS, ANTRO DE TORTURA Y CRIMEN.

No hay que mezclar la política, la ideología ni la policía con la salvación de los perros, caballos y gatos de Cuba. Como dice el refrán: “Si no puedes ayudar, no estorbes”. Le recuerdo a mi Gobierno, al Ministerio de Salud Pública y a la Dirección Nacional de Higiene y Epidemiología, que en décadas las esterilizaciones y vacunaciones masivas de perros y gatos las han llevado a cabo los grupos de protección animal. Le recuerdo a mi Gobierno que los perros en especial, prestan una inmensa ayuda en la custodia de los bienes  y recursos materiales del país, trabajando como guardianes en empresas, almacenes, aparcamientos, escuelas… La lista de sus aportes es muy extensa.

Y para aquellos que me cuestionen porque no abogo por los disidentes, presos políticos, damas de blanco, etc., solo diré que mientras los seres humanos tenemos elección porque somos propietarios de nosotros mismos, los animales no tienen ninguna y dependen de nuestras elecciones para sobrevivir. No hay que matarlos, hay que ayudarlos. Yo hablo por los que no tienen voz. Por mis tres perros, por Tobi y por todos los animales vivos o muertos, abusados, sacrificados por cientos cada día en esta isla que está hundida en un baño de sangre animal.

Queremos la Ley, y yo exijo que cuando esa Ley sea algo más que un deseo en nuestros corazones, esos mismos policías que vigilan  hoy a los activistas que están en sus puestos defendiendo a los animales, hagan cumplir  lo que la Ley estipule.

¿Por qué odiamos tanto a los animales? Si se trata de odiar, entonces odiémonos mucho a nosotros mismos, porque somos  ¡tan malvados..!

 

 

 

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POR FAVOR, NO QUIERO SUFRIR MÁS POR LOS ANIMALES

Alguien me ha escrito en inglés un post sobre perros. Le agradezco a esa persona que me escriba, pero yo ya no hablo sobre ese tema, aunque no he podido dejar de pensar en ello. Me llena de indignación y de verguenza que mi Gobierno haya obviado aprobar en la nueva Constitución la Ley Contra el Maltrato Animal, de Protección Animal o como se le quiera llamar, que tantísimos ciudadanos pedimos con voces bien altas y claras. Siempre supe que nunca sería aprobado el Proyecto presentado por los grupos de protección animal de Cuba, les advertí que eran demasiado ambiciosos porque estamos llenos de galleras más o menos clandestinas cuyos dueños son intocables, y porque los cultos sincréticos son sacrificadores incontrolables de animalitos indefensos. Pero no aprobar siquiera una Ley que ampare a gatos, perros y caballos de la barbarie humana…, eso no tiene excusa. ¡Ni condescender siquiera a eliminar las peleas de perros..! No, mi Gobierno no tiene ninguna justificación para no acceder aunque  sea a cuidar de perros, gatos y caballos. Ni todos los Períodos Especiales, sanciones del Emperador Naranja, cambio climático, ¡nada! impide aprobar esa Ley. Y como yo no tengo ningún poder sobre mi Gobierno y no puedo hacer nada por los animales más allá de adorar a los míos y de ayudar a los que pasan por mi calle, no quiero seguir hablando de eso porque un día se me suelta la lengua, y además de que tal cosa no va  ayudar a ningún animal —que yo me ponga a dar un escándalo público o le tire un ladrillo a algún maltratador, o algo peor—, me voy a buscar un problema gordo, y nunca he sido partidaria de los sacrificios inútiles, que no mejoran nada, que no cambian nada sino para peor. El día en que realmente se pueda hacer algo por los animales, los interesados saben dónde pueden encontrarme, pero no me busquen para pataleo de ahorcados. Ya no puedo más con eso, yo sufro.

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La pesadilla del “sueño habanero”

La Habana, con sus 500 gloriosos años de fundada y su condición de Ciudad Maravilla, guarda muchos tesoros de todo tipo: históricos, culturales, arquitectónicos, sociales, pero para nadie es un secreto que también contiene muchos basureros, muchos escombros, muchos hierbazales, aguas pútridas corren por sus calles y, en general, su situación epidemiológica se encuentra desde hace décadas muy comprometida. La remodelación del Casco Histórico, los nuevos esplendores del Capitolio, la magnificencia de sus hoteles y la belleza de algunas partes de El Vedado, Miramar, Siboney, Kholy y otros residenciales no alcanzan para velar la cara fea de la urbe.

Nunca estuvo la villa de San Cristóbal concebida para albergar dos millones de habitantes y una población flotante que resulta cada vez más difícil precisar. Ni sus vías fluviales, ni sus redes viales, ni sus hospitales, ni su fondo habitacional ni sus servicios ni nada en ella está en condiciones de hacer frente a una inmigración de provincias que no cesa de crecer, atraída por lo que podríamos llamar “el sueño habanero”, idea arraigada de que en la capital se hace dinero fácil y se consiguen casas para quedarse definitivamente. El terruño se piensa con nostalgia, pero para vivir, ¡ah!, para vivir… La Habana.

Esta aglomeración crece sin cesar y pone en peligro la salud de quienes viven hoy en la capital de Cuba. A la isla, como a otras partes del mundo, la azotan epidemias cíclicas de dengue, zika, chikingunya, y nuevos virus impulsados o creados por el cambio climático y transmitidos por vectores cuya proliferación se beneficia de la falta de higiene. También cambia nuestra fauna con la introducción ilegal de especies foráneas como el caracol gigante, con su amenaza de complicaciones letales para quienes entren en contacto con estos especímenes de procedencia africana, por cuya aparición en nuestro país aún no responde nadie, hasta donde tenemos noticia. Hasta una epidemia de gripe se propaga con mayor rapidez y peores consecuencias en una urbe superpoblada en comparación con sus posibilidades reales.

Esta situación de inmundicia reinante se agrava no solo por la falta de recursos estatales para recoger basura, eliminar vertederos, solucionar salideros, chapear hierbazales que, como en el reparto La Asunción, un residencial limítrofe entre Luyanó y Lawton, están sepultando el parque que antaño hacía las delicias de los niños del barrio y hoy alberga una wifi bastante concurrida. Quien camine por las calles y aceras de este bonito y relativamente apacible lugar, verá a la luz del sol los senderos brillantes que los caracoles trazan sobre el asfalto. Por el ancho de la huella podría muy bien tratarse de caracoles africanos. ¿Qué otro factor está incidiendo en el deterioro veloz de las condiciones epidemiológicas del reparto La Asunción, solo un ejemplo citado y que no se cuenta entre los peores lugares de la ciudad? La desidia social.

Fotos del parque infantil del residencial La Asunción, municipio 10 de Octubre, con yerbazales sin chapear

No se trata de quitar responsabilidad al Estado, ni al Gobierno Municipal de Diez de Octubre, ni a su departamento de Comunales. Solo el Estado puede proveer camiones recolectores de basura, contenedores, personal para recoger desperdicios, cortar las hierbas y otros menesteres. Pero gran parte de la responsabilidad por el pésimo estado de la higiene habanera corresponde a sus habitantes. ¿Están los pobladores del reparto La Asunción, tomado como muestra para este análisis, dispuestos a cortar ellos mismos las hierbas del parque y dar a este el mantenimiento necesario? Son sus propios hijos quienes juegan todavía con los escasos y destrozados aparatos que existen allí, pero si los vecinos lo hicieran, sería un movimiento espontáneo de conciencia comunitaria y nunca una obligación, puesto que no existe ninguna ley que los obligue a ello. Tampoco se obtiene la respuesta necesaria convocando al vecindario a trabajos voluntarios a los que solo asisten unos pocos sin capacidad para eliminar los problemas. Pero los vecinos y visitantes podrían no arrojar desperdicios sobre el césped, no destruir los bancos y farolas, no lanzar en el área del parque restos de animales sacrificados con fines religiosos, que a día de hoy se ven en todas las esquinas, parterres y calles de La Asunción ensangrentados y cubiertos de moscas. Claro que los vecinos podrían hacer todas estas buenas obras de conciencia social, pero… optan por todo lo contrario y no pasa nada. Son completamente impunes.

La misma desidia se aprecia en muchas zonas de nuestra Ciudad Maravilla, y también la misma indiferencia y la misma impunidad. Urge encontrar soluciones antes que la inmundicia y sus temibles consecuencias terminen por ahogar La Habana. Est{a demostrado que los espots de radio y televisión y los programas dirigidos a crear conciencia social no funcionan con la velocidad y eficacia que demanda la capital. ¿Podría estar la solución en el sector cuentapropista? ¿Podría ponerse en manos de cooperativas de saneamiento una parte de la limpieza necesaria? Si el Estado no dispone de suficientes recursos materiales y a tantos pobladores de la urbe no les preocupa la situación, alguien tiene que hacerse cargo.

La gran pregunta sería quién pagaría a esas cooperativas. La respuesta es: pago de servicios o impuesto. Si pagamos la electricidad, el gas, el teléfono, Internet, también podemos, y seguramente querremos pagar por el saneamiento de nuestro entorno. Cuesta menos al Estado crear una oficina con este fin en cada municipio que sufragar campañas anti vectores o cubrir el coste hospitalario de epidemias masivas de dengue o de zika.

También resulta impostergable una legislación que obligue a las personas a obedecer normas comunitarias de preservación de la higiene medioambiental, o dicho de un modo más explícito: a convivir civilizadamente. Moscas y mosquitos, pestilencia, cadáveres descompuestos, contenedores volcados, vertederos inmensos, escombreros que obstruyen aceras y calles, ríos de sangre y aguas negras, hierbazales que ocultan sorpresas desagradables, y prácticas religiosas sin regulación nos afectan a todos, amenazan nuestra salud y nuestra vida, y convierten “el sueño habanero” en pesadilla.

 

 

 

 

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Negligencia y responsabilidad en la propagación del caracol gigante africano en Cuba

Puntos rojos que alarman…

Acabo de visitar el foro de CUBADEBATE sobre el caracol gigante africano. Este foro corresponde a un artículo sobre el tema publicado en ese sitio digital con posterioridad al programa emitido por el Canal Habana para instruir a la población sobre los daños y las medidas de captura de esta especie clasificada entre las cien más tóxicas del planeta. Es muy alarmante lo que el caracol gigante africano puede hacer a la salud de personas y animales y a la sobrevivencia de más de 250 cultivos agrícolas en nuestro país, entre los cuales ya ha sido detectada su presencia en 17 de ellos.

También es alarmante el hecho, comentado en el foro pero del cual no tengo pruebas personales que ofrecer, de que algunas personas aseguran que lo dan de comer a sus cerdos. Un acto notorio de estupidez, condición humana que, como es muy sabido, no tiene límites.

Hay, sin embargo, dos puntos sobre los cuales los foristas de CUBADEBATE regresan con vehemencia una y otra vez y resultan sumamente interesantes. Son ellos la inacción de las autoridades sanitarias de provincias y municipios ante la aparición de esta plaga en la isla, detectada desde el 2014 pero que, como apuntan algunos de ellos, pudo estar presente también desde antes y pasar inadvertida por su semejanza con una especie de caracoles existente en nuestro territorio nacional.  Son tantas las quejas de los foristas, entre quienes se incluye hasta una Delegada de Circunscripción, que aseguran haber avisado a sus policlínicos, a instancias municipales, al CITMA y a otras instituciones encargadas de velar por la protección fitosanitaria cubana, que tengo que sumarme a la pregunta que brota de todas las bocas: ¿por qué no se hizo nada durante cinco años?  Si bien hubo casos de lugares donde aparecieron brigadas de control y se llevaron a cabo algunas acciones de recolección y exterminio de esta plaga foránea, no es menos cierto que en un gran número de dichos casos estas labores de inspección y exterminio solo se realizaron una vez y el personal a cargo nunca regresó.

El otro punto sobre el que insisten con vehemencia muchos foristas es el de la determinación de la responsabilidad por la introducción en nuestro país de esta especie animal que se desarrolla muy favorablemente en climas húmedos, devora desde animales hasta cultivos, papel y cartón y es portadora de una bacteria letal que habita en los pulmones de las ratas y causa a los humanos un tipo de meningoencefalitis potencialmente mortal, además de los daños que puede infligir a nuestro ecosistema, y todo ello en muy poco tiempo, pues ya se ha difundido por doce provincias y puede poner al año miles de huevos. ¿No es verdad que parece un “bichito” diseñado por Natura a la medida para florecer en esta isla y causarnos muchos, pero muchos problemas y muy serios? Y debe de ser el caracol más veloz del mundo, porque viaja por las provincias con una rapidez que todas las babosas del planeta seguramente le envidian. Sí, en verdad el caracol gigante africano, que además parece un excelente nadador ya que más de un océano nos separa de África, es un fenómeno interesantísimo merecedor de algunas reflexiones al margen del foro y aún de otras que no haré públicas.

Como ciudadana cubana, como residente en La Habana, provincia más afectada del país, y como periodista me pregunto qué va a suceder con todos los funcionarios que desde el comienzo fueron avisados por la ciudadanía de la presencia del caracol y durante cinco años no accionaron o no lo hicieron con el rigor que demanda la situación. Todos los foristas señalan como principales culpables a las autoridades del reparto Poey, puesto que allí fueron hechos los primeros avistamientos del caracol. Ninguno de esos funcionarios que tanto daño han causado y causarán todavía a Cuba con su desidia debería quedar impune. Tampoco los cuadros de ninguna institución nacional. No me refiero solo a las autoridades sanitarias del reparto Poey. Hablo de todos en toda la isla. Tienen responsabilidad penal. En realidad han cometido un crimen muy grave, por omisión, pero crimen al fin.

También vi en el foro muchas acusaciones contra la Aduana y sus controles fitosanitarios. Recuerdo que cuando volví de Madrid en 2004, los funcionarios de la institución que me había invitado como escritora me avisaron que me enviarían a La Habana por avión un paquete con libros y otras cosas, y yo les pedí que incluyeran un poco de tierra de una pequeña iglesia cercana a mi hotel y que yo había visitado. Me complacieron, pero cuando recibí el paquete venía adjunto un documento donde se me notificaba que los controles fitosanitarios de la Aduana habían detectado la tierra y la habían quemado por ser posible portadora de bacterias o microorganismos peligrosos para la sanidad nacional. Más o menos en esos términos estaba redactado el informe. Yo me niego a creer que los aduaneros no hayan detectado la presencia del caracol gigante africano en el momento en que pasó por sus controles. Me parece más lógico pensar que entró a Cuba por otras vías, posiblemente por valija diplomática. Otras teorías, como su entrada en forma de huevos, también son admisibles aunque ostensiblemente más fabulosas.

Pero si es cierto que fueron religiosos practicantes de cultos afrocubanos —o de un culto “puramente africano que está llegando a Cuba”, como asegura uno de los foristas en un intento por exonerar de responsabilidad a los babalawos nacionales—, entonces se impone una investigación para encontrar al culpable o culpables. Me niego a creer que la identidad de esta persona o personas no pueda ser investigada y descubierta por nuestras autoridades competentes. Y quien quiera que haya sido debe responder por su delito de forma pública, pues introducir en Cuba especies animales peligrosas está penado por nuestras Leyes desde los tiempos de la Colonia. La libertad de cultos religiosos reconocida por la Constitución no debe servir de manto protector para cometer delitos contra el bienestar de la población ni contra los recursos naturales de nuestra isla. En especial cuando las prácticas propias de los cultos afrocubanos son responsables en cierta medida del insoportable nivel de contaminación ambiental y putrefacción que reina en los basureros y hasta en las calles de La Habana, debido a la acumulación de frutas y otras ofrendas (manjares para el caracol gigante) que se pudren en los vertederos, al pie de los árboles, en las esquinas, y a la alarmante proliferación de sacrificios animales, que en el caso de la carne de carnero, tan necesaria para ayudar en el alivio o curación de diversas enfermedades en especial de niños, ancianos y pacientes oncológicos que reciben quimio y radioterapia, amenaza con afectar el suministro a la población de este alimento tan necesario.

No es de mi interés, ni creo deba serlo de nadie sensato, privilegiar o satanizar cualquier religión por sobre otras que existen en el mundo y en nuestro país. Debemos ser respetuosos de la libertad de cultos, como debe serlo todo ciudadano en una sociedad civilizada. Pero eso no significa que ningún religioso  del credo que sea goce de impunidad total y una ausencia de límites que llegue a afectar la convivencia comunitaria, la salud y la higiene medioambiental. No significa que puedan hacer uso y abuso de los espacios públicos y/o colectivos para arrojar animales sacrificados, sus vísceras, su sangre donde les acomode mejor, en especial en basureros y “maniguas” que el vertimiento de otras clases de desechos ya convirtió desde hace mucho en focos altamente sépticos que comprometen el estado epidemiológico de la isla y sobre todo de La Habana, su capital. No significa que puedan introducir el caracol africano que, dicho sea de paso, no solo pudiera servir como ofrenda a las deidades correspondientes, sino como un arma biológica usada con fines intimidatorios o que incluso pudieran ir más allá del mero intento de asustar a alguien.  Ya que a estas alturas y para vergüenza nuestra la nación cubana no ha sido capaz de crear una Ley de Protección Animal, legislemos, al menos, regulaciones que limiten el sacrificio de animales y aseguren el saneamiento de la ciudad. Los religiosos afrocubanos también son ciudadanos y no están, en ningún caso, por encima de la Ley. Ya es hora, y no se trata solo de mi posición personal, sino de la de un gran número de ciudadanos, incluidos practicantes de estos mismos cultos. Religión no es mercado, no es negocio, es por encima de todo espiritualidad, y ¿qué espiritualidad daña consciente y constantemente a multitudes a las que ni siquiera conoce? ¿Qué espiritualidad convierte una ciudad en muladar?

Para terminar estas reflexiones quisiera desmontar una idea que considero errada por parte no solo de algunos funcionarios, sino también de otras personas que han escrito en sus publicaciones confundiendo y derivando la responsabilidad humana en la introducción del caracol africano en Cuba, que nadie pone en discusión, con la obligación individual de tomar a cargo el exterminio de esta plaga:

Puesto que se ha comprobado que el accionar humano ha sido la principal causa de expansión de esta especie en nuestro país, el actuar ciudadano es fundamental en la lucha en contra de su invasión.

Omito deliberadamente consignar aquí la fuente de esta cita para no herir sensibilidades o que alguien en particular se sienta aludido. No podemos decirle a un ciudadano que porque se le haya inundado el jardín de caracoles él tiene la culpa o lo ha propiciado de algún modo. Eso es completamente absurdo. El hecho de que al caracol le resulten más atractivas las áreas urbanas como hábitat de su especie no significa en modo alguno que la población sea culpable de ello y tenga que tomar sobre sus hombros la responsabilidad de librarse del azote. Está muy bien pensado que dada la envergadura y extensión del peligro colaboremos en su eliminación,  pero, como apuntan varios foristas de CUBADEBATE, la sal está racionada y la cal “¿dónde la conseguimos?”. Ni todos los puntos de venta de la capital pueden suministrar la cal suficiente para matar los más de 70 000 caracoles encontrados en un terreno.

Es estrictamente necesario que funcionen los grupos de trabajo creados al amparo de la Resolución 5 de 2018, integrados por los ministerios de Salud Pública, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Educación y Sanidad Vegetal. Que funcionen “la prioridad y la responsabilidad de los Organismos de la Administración Central del Estado para la reducción del riesgo de desastre sanitario”. Y si el necesario y eficaz desempeño de estos grupos se viera obstaculizado por alguna gestión personal deficiente que no esté a la altura de las circunstancias, que sean aplicadas medidas legales de acuerdo con el error cometido, la inacción, la negligencia, la desidia. El pueblo lo necesita, y aunque puede hacer una gran parte del trabajo, por sí mismo no puede hacerlo todo.

 

 

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El acto de creación en Dulce María Loynaz y su novela Jardín

He dicho en las primeras entrevistas que como escritora concedí a la prensa, que Alejo Carpentier era mi modelo de narrador y el depositario de mi mayor admiración dada a un escritor cubano. No deja de ser cierto, pero luego comencé a decir que me obsesionaba Dulce María Loynaz. También es cierto. Veneré tanto a Carpentier que llegué al increíble y censurable atrevimiento de intentar imitar su prosa y fundirla con la mía sin que quedaran fisuras que permitieran identificar los estilos. Un acto de soberbia muy grande, quien lo duda, pero también de reconocimiento, de respeto, de homenaje. Y escribí mi noveleta Serata di gala, que siempre me hace recordar la observación apuntada por un sabio —a quien conocí desdichadamente muy poco—, sobre cómo todo el espíritu de la soberbia luciferina viene simbolizado en la polisemia de un mismo verbo: Yo creo y creo, consecuencia de idéntica conjugación en las primeras personas del singular de los verbos Creer y Crear.

Pero mi primera lectura de Jardín, la novela de Dulce María Loynaz, fue un parteaguas para mi trabajo como escritora. Me cambió toda mi perspectiva sobre el camino (que era el mío) para expresar mi yo interior, mi espiritualidad, mi sensibilidad. Me di cuenta de que para escribir como Carpentier hay que poseer o desarrollar una mente apolínea, que opera en línea recta como el hemisferio izquierdo del cerebro, donde está su asiento, una mente secuencial donde todo es causa y consecuencia, derivación, una mente absolutamente necesaria para construir dramaturgias sólidas dentro de la narrativa. Pero sucesivas lecturas de Jardín me hicieron sentir que esa novela no estaba escrita de ese modo, y ahora, leyendo el pequeño volumen Confesiones de Dulce María Loynaz, de Aldo Martínez Malo, descubrí la respuesta de Dulce a la pregunta de su entrevistador sobre cómo había escrito Jardín:

 Los libros no se escriben empezando por la primera página y acabando en la última. Un libro se hace como se hacen las cintas cinematográficas, tomando escenas sueltas, quiero decir, sin un ordenamiento premeditado, y uniéndolas luego, sin prejuicio o desechar las que una vez armada la narración, nos parece que sobran o que dentro salieron mal. […]  Cuando empecé a escribir Jardín comencé por la descripción de Bárbara en el baño.  […]   En esto no hay regla fija, solo digo que si hubiera tenido que escribir a la medida de las agujas del reloj, no hubiera escrito nunca.Para colmo de mi desesperación y mi desconcierto, Dulce asegura en ese mismo libro que demoró cinco años en terminar Jardín porque dejaba pasar tiempo entre capítulo y capítulo para que ninguno se pareciera a otro. ¿Escribir capítulos separados en el tiempo!

¡Cómo puede un escritor venerar a otro al punto de considerarlo modélico y al mismo tiempo estar poseído por otro escritor cuyos métodos de trabajo son radicalmente diferentes del primero? Porque yo me confieso poseída por Jardín como no lo he estado jamás por otra novela, y ni hablar de las semejanzas que me descubro con Dulce María, como, por poner un solo ejemplo, mi manía obsesiva de confinamiento y reclusión. Si Dulce dijo que en Jardín quemó su alma,  la mía se quemó dos veces: primero mientras leía las cartas y los tres capítulos de la novela dedicados al pabellón semi oculto entre el follaje del jardín, y después cuando en mi propia novela La casa del alibi, una fuerza venida de algún estado del espíritu que no soy capaz de identificar, me hizo colocar en medio de mis cuatrocientas páginas el mismo pabellón, y dentro de él a uno de mis personajes principales, que a diferencia de la novela de Dulce no ha entrado allí por un descubrimiento, sino que asiste cada noche a celebrar un rito erótico con un amante que no está  vivo ni muerto. Fue, en verdad, lo más cercano a una posesión que he experimentado, o lo que yo imagino que sea un estado de posesión, que creo se caracterice por una anulación total de la voluntad de quien lo experimenta para que otra voluntad ajena obre en lugar de la suya. Mi capítulo del pabellón se escribió solo, literalmente algo tecleaba a través de mis dedos y reescribía esas escenas de Jardín…

Y sin embargo, yo escribí mi novela con el método más opuesto al de Dulce, del modo más apolíneo que existe, una escena derivada estrictamente de otra, como la socorrida imagen del rezo de un rosario, y la escribí en solo tres meses, de una sentada, pues solo me detenía para dormir y no me levantaba más que para lo más esencial de la naturaleza. Creo sinceramente que si me hubieran propuesto parar para conseguir un distanciamiento temporal entre un capítulo y otro, habría echado de mi casa al proponente con furia y sin remordimientos.

Reflexionar en todo esto me hace recordar una conversación que tuve con un amigo hoy demasiado lejano como para considerarlo así. Esta persona escribió una novela que considero muy lograda, muy interesante tanto en el plano narrativo como en las técnicas que empleó para construirla. Me dijo que había escrito las escenas separadas entre si aunque respetando un orden cronológico, pero después se había sentado en el suelo, había extendido cada capítulo frente a sus ojos como un abanico, y había experimentado cambiándolos de ubicación una y otra vez hasta conseguir la composición que le pareció mejor.

Supongo que intentar proclamar un método de creación válido por encima de otros métodos es un ejercicio absolutamente estéril que se convertiría en algo así como el cuento de la buena pipa, y a nadie recomiendo que lo haga. No obstante, es imposible alejar pensamientos y reflexiones que vuelven una y otra vez como las pleamares, y para un escritor se convierten en interrogantes inevitables.

Lo que resulta realmente importante es que, empleando el método de creación que desee, por más disparatado que pueda parecer, o exótico o caprichoso, el escritor sea capaz de dar al canon literario de su país obras que expandan siempre el horizonte de las posibilidades creativas, y todo será tan válido como un diamante si también consigue crear una obra que enriquezca la cultura dentro y fuera de las fronteras de su tierra. Recordemos que creadores tan disímiles como Alejo Carpentier, Dulce María Loynaz y Guillermo Cabrera Infante han dado a Cuba tres Premios Cervantes de Literatura. Vale todo.

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Viajes de novela: la mariposa Monarca

Las migraciones animales son conocidas por el hombre desde el principio de los tiempos, y se basaba en ellas por igual para ayudarse en la caza de manadas migrantes y para funciones chamánicas tales como la predicción. Un ejemplo de esto último es el vuelo de los pájaros, solos o en bandadas migrantes, observado atentamente por los druidas celtas y los augures etruscos para predecir sucesos o cambios importantes de toda índole. Pero dentro del reino animal uno de los más deslumbrantes records de viajes migratorios lo ostenta una hermosa y pequeña voladora: la mariposa Monarca norteamericana, capaz de volar más de cinco mil kilómetros para trasladarse hasta México y California. Cada año, cuando llega el otoño, las mariposas Monarcas se apresuran a emprender su largo viaje para evitar que el invierno las sorprenda en su tierra nativa, ya que el frío de esas latitudes puede exterminarlas por millones.

Uno podría pensar que en peregrinajes tan demorados muchos depredadores se interpondrán en su camino, pero las Monarcas tienen en su favor un arma infalible: sus colores negro, naranja y blanco son una señal inconfundible para sus posibles devoradores de que ellas tienen muy mal sabor y, por encima de todo, son venenosas, ya que sus larvas se alimentan de la savia de la planta llamada algodoncillo. Este semáforo tricolor detiene a sus enemigos y les permite alcanzar su destino en paz.

La mariposa monarca es un lepidóptero de la familia Nymphalidae, su tamaño puede alcanzar hasta diez centímetros y su peso no excede el medio gramo. Los machos son más grandes que las hembras y con una mancha en las alas que ellas no poseen. Las marcas negras son más pronunciadas en las hembras. Su especie habita en gran parte de Norteamérica, pero únicamente los grupos que viven al este de las Montañas Rocosas realizan la migración a los bosques de México. Las colonias de la costa del Pacífico residen en el mismo lugar todo el año o emigran al sur de California en invierno.

No solo en su potencia de vuelo se destaca la mariposa Monarca dentro del reino animal. También sus hábitos sexuales la hacen diferente de otras especies, pues puede mantener su apareamiento entre veinte minutos y varias horas. Cada hembra pondrá después un promedio de cuatrocientos huevos, de los que solo sobrevivirá un pequeño por ciento, pues las arañas, las hormigas, las avispas y algunas especies de aves devorarán la mayor parte. Cuando ya ha depositado los huevos la madre Monarca muere, y una semana más tarde nacerán las orugas. Su fase de crisálida puede extenderse hasta dos semanas, durante las cuales permanece colgando de la rama de un árbol o arbusto. Como la membrana de la crisálida es completamente transparente puede verse con nitidez la mariposa en su interior, y sus brillantes colores recuerdan una bola de navidad. Si la nueva Monarca pertenece a la parte de su especie que no migra, podrá vivir de tres a seis semanas, pero si es de las osadas viajeras, logrará alcanzar hasta los nueve meses de vida, por lo que se les ha dado el nombre de variedad Matusalén. El éxito, al igual que entre otras especies del mundo animal, es de los valientes.

En los bosques de oyameles del centro de México, a más de tres mil metros de altura, las monarcas se concentran por millones y

Tronco de un oyamel del sur de México cubierto de mariposas monarca en hibrnación

comienzan su etapa de hibernación. Pueden soportar temperaturas de hasta menos de catorce grados centígrados sin congelarse y siempre que no se mojen, pero para ello deben agruparse en apretados racimos que las ayudan a mantener el calor, y también deben acudir a la estrategia de sobrevivencia clave en los procesos de hibernación: reducir al máximo su actividad vital. Los racimos pueden contar de hasta mil ejemplares cada uno. Cuelgan de los oyameles cubriendo troncos y ramas. El bosque puede protegerlas de nevadas, heladas y tormentas, pero una helada particularmente fuerte, la lluvia o el viento puede deshacer los racimos, y como las mariposas que están en estado de hibernación son incapaces de moverse y no pueden levantar vuelo se mojan y mueren. Los inviernos crudos las matan por millones. Durante un invierno especialmente cruel murieron cuarenta millones de monarcas que hibernaban en México, un record de mortalidad por catástrofe natural jamás registrado en ninguna especie animal.

El peligro termina para las mariposas con la llegada de febrero, cuando un sol débil pero seguro anuncia la llegada de la estación primaveral. Bajo sus tibios rayos las monarcas van restableciendo sus funciones vitales, despiertan y salen en busca del desayuno: agua y néctares florales. Entrado el mes, cuando ya brilla el sol, los bosques de oyameles se llenan de nubes anaranjadas de mariposas que revolotean alegres por haber logrado sobrevivir. Cuando llegue marzo partirán de regreso a su lejana tierra nativa, donde se aparearán. Tras el coito el macho muere, pero la hembra llegará a su destino dispuesta a desovar, tras lo cual también sucumbirá. Un nuevo ciclo de vida ha comenzado.

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Breve historia del Alma Mater de la Universidad de La Habana

Desde mi niñez estuve rodeada en mi familia del culto a la Universidad de La Habana, donde mi madre había estudiado Derecho Diplomático, y crecí con la ambición de cursar estudios en ese para mí sacrosanto recinto del Saber que se me había enseñado a venerar. Siempre que pasaba frente a la Universidad y veía la imponente estatua del Alma Mater, me renovaba el juramento hecho a mí misma de poner algún día mi propio título en su regazo. Yo no tenía idea de qué representaba el Alma Mater, aunque sabía que era una figura de inspiración latina y su nombre significa Alma Madre o Nutricia, y así llamaban los poetas latinos a la Patria.

Pasaron muchos años y luego de un largo peregrinaje por escuelas de arte lo que deposité en el regazo de la estatua fue mi título de periodista, y le recité una oración compuesta por mí en los malos latines aprendidos en la facultad de Filología. Fueron momentos de sentimientos intensos, como suelen serlo cuando se está cumpliendo un ansiado sueño. Pero todavía no sabía con exactitud qué es el Alma Mater.

No fue hasta que el investigador Gerardo Chávez Spínola me dedicó su grueso Catauro de seres míticos y mitológicos de Cuba, un tesoro de su autoría con Manuel Rivero Glean, que tuve una idea completa de la significación de esa escultura que guió mi vida como la quilla de un drakar conquistador de mundos. Para quienes hoy son, como yo fuí en mi juventud, estudiantes que veneran el Alma Mater pero con solo una vaga idea de su simbolismo, reproduzco aquí la entrada correspondiente a esa escultura en el Catauro:

Para todos aquellos que están a punto de culminar la cima de la anchurosa escalinata que da entrada, desde la calle San Lázaro, a la bicentenaria Universidad de La Habana constituye momento de emoción la regia estatua, que, con gesto maternal, con las manos abiertas y extendidas, invita a traspasar el umbral del recinto universitario. El perfil, de evidente estirpe helénica, y las mórbidas formas de la matrona, sugieren ciertas combinaciones de la creatividad del artista. Las antiguas universidades europeas, surgidas en plena Edad Media, buscaban afanosas lo que hoy llamaríamos una imagen corporativa moderna. Instintivamente rehuían la dominadora mitología de la Cristiandad, decidieron buscar un símbolo apropiado para la sabiduría que se enseñaba. Así, adoptaron a Palas Atenea, deidad griega que había ayudado a los helenos y sus aliados en la guerra de Troya para Diosa Protectora de la Cultura y las Universidades. Se acuñó en la jerga latinista la expresión universal, genérica y a la vez específica, de Alma Mater, para designar a las universidades, refugios del saber. Así tenemos, por ejemplo: Alma Mater Bolonensis[i], y en el caso cubano: Alma Mater Havanensis. La Universidad encargó al escultor checoslovaco Mario Korbel el modelado de este símbolo habanero. La leyenda recrea que como modelo fue empleada una mujer criolla. Al parecer, para la cabeza y el rostro de la futura estatua, el artista adoptó como modelo a Feliciana Villalón y Wilson, hija del profesor de Análisis Matemático de la Escuela de Ciencias del alto centro docente capitalino, a la sazón también secretario de Obras Públicas, ingeniero José Ramón Villalón y Sánchez. La joven tenía dieciséis años. Para la figura del cuerpo seleccionó una mujer criolla, mestiza, de más edad. Otra versión asegura que la mencionada mestiza fue empleada para modelo de toda la estatua, pero que los prejuicios raciales determinaron que se escogiera la cabeza de la señorita Villalón. La obra culminó en 1919. Un año después fue fundida en bronce por la Compañía Roman Bronze Works, Inc. De New York, y colocada en el primer semestre de 1920, frente al Rectorado universitario, que prestaba su frontispicio grecolatino como marco histórico de referencia. Aún no se había construido la escalinata universitaria, pues esto se hizo en 1927.

En cuanto a por qué el nombre genérico de esta clase de estatuas está en latín y no en los idiomas vernáculos de cada Universidad, debemos recordar que el latín, idioma del Imperio romano, fue la lengua adoptada por la Iglesia Católica desde que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio, y fueron los monjes cristianos los profesores de las primeras universidades, surgidas de los scriptorium de los monasterios, donde se copiaban y traducían manuscritos provenientes de todas partes del planeta. Fueron los monjes quienes recopilaron, conservaron y custodiaron la Sabiduría o, al menos, lo que quedaba del conocimiento antiguo. En consecuencia, la enseñanza impartida por ellos en las universidades era en latín, y así se mantuvo durante la Edad Media y el Renacimiento.

Pensar en el Alma Mater trae a mi memoria a Hipatia de Alejandría, quien vivió en el siglo IV y fue la primera mujer y el último director de la celebérrima Biblioteca de Alejandría[ii], donde se atesoraba todo el conocimiento de la Antigüedad. Hipatia fue una mujer hermosa y mayestática hija de un noble griego profesor de la Biblioteca, quien la educó según los preceptos de los filósofos griegos más renombrados. Ella ocupó ese alto cargo y fue matemática, astrónoma, física, geógrafa y filósofa, y siguiendo la tradición grecolatina enseñaba a sus alumnos impartiendo conferencias en las aulas o en los jardines de su propia mansión de muros de mármol. Sus discípulos eran jóvenes aristócratas de todas las religiones. Murió de modo brutal y trágico asesinada por los monjes del desierto de Nitria, llamados por el Obispo cristiano de Alejandría para combatir a los judíos, los romanos y los paganos egipcios y griegos en una guerra que asolaba desde hacía dos siglos la segunda ciudad más próspera el mundo antiguo después de Roma. Fue sacada por aquellos fanáticos del carro en que se dirigía a sus clases, sus ropas salvajemente arrancadas, golpeada con furor y arrastrada por las calles sin piedad hasta un edificio llamado Caesarium, donde los monjes la tendieron sobre un altar de piedra y comenzaron a descarnar su cuerpo todavía vivo valiéndose de conchas y, según otra versión, de escombros filosos provenientes de un derrumbe. Luego llevaron sus restos sangrantes y aún palpitantes hasta un vertedero donde se quemaban desperdicios y los arrojaron al fuego. Hipatia fue una mujer que vivió para el conocimiento, para el estudio, y para hacer crecer las mentes de los hombres. Se mantuvo virgen para que nada la distrajera de sus altos estudios, y murió por ser guardiana del espíritu pagano, que reverenciaba la sabiduría por encima del Dios cristiano.

Si algún día se hiciera de verdad justicia a los grandes muertos de la historia que dieron su vida por las causas más puras, quizá las Universidades del futuro tendrían a Hipatia como modelo de sus Almas Mater, aunque al reflexionar una vez más sobre esto, me doy cuenta de que como no se conservan retratos ni bustos de Hipatia, los escultores tendrían que volver a inspirarse en figuras nativas. Señoritas de sociedad, reinas, ministras, presidentas, mujeres del pueblo, prostitutas, virtuosas, rubias, morenas, negras, asiáticas, indias mestizas[iii],… qué más da. La Sabiduría no tiene un rostro específico, es patrimonio de la Humanidad

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[i] Bolonensis, de Bolonia, primera Universidad surgida en el mundo Occidental, en la ciudad de Bolonia, Italia. Esta Universidad se especializaba en Derecho y lo hace todavía.

[ii] En realidad la Biblioteca de Alejandría, recopilada por la dinastía griego-macedonia de los Ptolomeos, cuya última descendiente fue la famosa reina Cleopatra, sufrió su primer desastre cuando las llamas de una batalla naval que libraba Julio César en el puerto mayor de la ciudad alcanzaron el recinto y destruyeron miles de rollos y manuscritos. A partir de entonces siguió siendo víctima de las constantes pugnas entre griegos, egipcios y judíos, los tres grandes grupos que se disputaban el control del comercio alejandrino, y más tarde fue objeto de constantes y villanos asaltos por parte de los cristianos. Los sabios que trabajaban en ella y los gobernantes romanos de la ciudad tuvieron que trasladarla varias veces a edificios más pequeños. Hipatia no enseñó propiamente en la Biblioteca original, sino en el Museión, un pequeño templo dedicado a las Musas. Ha llegado a nosotros la leyenda de que los últimos profesores lograron ocultar en cuevas algunos manuscritos para salvarlos de la depredación.

[iii] Han corrido rumores sobre la identidad de esta supuesta mestiza desconocida, según los cuales pudo haber sido la Longina de la célebre canción de la trova cubana o la famosa Macorina de los automóviles, pero hasta hoy nada se sabe de cierto.

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