El Diccionario del Diablo o el hombre que conoció al hombre y también lo encontró malo

La librería Fayad Jamís es la que más frecuento en La Habana, porque queda justamente en Obispo, la que más recorro, por no decir la única de la ciudad por la que aún siento placer en transitar, y en esos estantes encuentro en ocasiones libros realmente sorprendentes, como El Diccionario del Diablo, del escritor norteamericano Ambroce Bierce, un raro, aunque esta categoría literaria es difícil de aplicar en un país de casi 300 millones de habitantes y con una de las literaturas más ricas del planeta, en la que abundan los escritores que se desmarcan de los cánones realistas para incursionar en toda clase de territorios de la literatura, con un regusto especial por el horror, lo extraño, lo fantástico.

La primera vez que encontré este Diccionario fue en una búsqueda en los tarjeteros de la Biblioteca Nacional, y lo pedí por creer que trataba sobre lo que su título indica, el Ángel Caído, a quien yo andaba investigando por entonces, antes de cumplir, creo, 20 años de edad. En cuanto lo abrí me dejó de interesar, pues no había en él nada sobre Satán, y sí la proyección de su perversa sombra sobre la naturaleza humana, que en aquella época no me interesaba mucho como material de estudio. En otras palabras: no había en aquellas páginas nada sobre satanismo y sí un aplastante cinismo que, cuando uno es tan jovencito como yo lo era en aquel momento, no significa nada, porque en la adolescencia todavía no se tienen las vivencias que más adelante nos hacen disfrutar del cinismo y hasta adoptarlo como actitud ante la vida. Lo devolví en el mostrador con una mueca de fastidio.

Pero hace unos días, en una brevísima visita que hice a la Fayad, un señor  muy educado con quien entablé conversación y que se definió a sí mismo como “un pedagogo”, expresión ya casi imposible de escuchar en La Habana debido al tenebroso empobrecimiento lexical que venimos padeciendo desde hace décadas, me señaló el libro perdido en un anaquel, y me preguntó con expresión sibilina: “¿Y usted se va a ir sin eso…?”. Volví a retomar el libro, ahora en una edición de Argos, colección de ensayo de la editorial Arte y Literatura, y en cuanto hube leído la definición dada por Bierce al término Aborígenes: “Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces fertilizan”, me vino a la memoria aquella frase de José Martí que tanto me guió cuando me atreví con una interpretación muy personal de sus Versos Libres: “Conozco al hombre y lo he encontrado malo”. En el prólogo se afirma que este Diccionario es la obra maestra de Bierce, con lo que no estoy de acuerdo porque he leído algunos de sus cuentos (excelentes,  considero el mejor Un suceso en el puente del riachuelo del Bhúo), pero es una obra deslumbrante y muy afín con mi propia visión del género humano, así que me lo llevé en mi bolso con gran entusiasmo.

Ambrose Gwinett Bierce (Ohio, Estados Unidos, (24 de junio de 1842 – ¿1914?) fue un escritor, periodista y editorialista estadounidense. Era hijo de granjeros calvinistas, y este resulta un dato bastante curioso, al menos para mí, porque su segundo nombre es abiertamente galés, y los galeses, quienes nunca fueron cristianos demasiado convencidos, fueron menos aún convencidos calvinistas. Si Bierce tenía sangre galesa eso explicaría su desbordada imaginación orientada hacia lo fantástico y lo sobrenatural. Sin embargo, aunque sus temas se movieran mayormente en esa cuerda, su estilo narrativo es más bien directo y con una gran economía de medios, como suele ocurrir en los escritores norteamericanos, por lo general tan relacionados siempre con el periodismo. Como periodista Bierce empleaba un tono cáustico que le valió el apodo de “El Amargo”. Fue soldado y peleó en los ejércitos confederados del Sur en la Guerra de Secesión, donde alcanzó el rango de Comandante Mayor en Campaña y, más tarde, participó en incursiones militares en los territorios indios. Sufrió varias heridas de guerra y siempre estuvo atormentado por el asma. Su único matrimonio se disolvió cuando descubrió una presunta infidelidad de su esposa.

Los diccionarios no se consideran obras de carácter literario, pero El Diccionario del Diablo sí lo es, porque Bierce, en algunas de sus acepciones rebosantes de ingenio y llenas de una mezcla de rabia y dolor por lo que él consideraba todo un catálogo de miserias humanas, incluyó pequeñas viñetas a manera de anécdotas, inventó personajes apócrifos, utilizó el retruécano y perpetró otras travesuras pertenecientes al arte de la escritura. Es un volumen de solo 138 páginas, pero no hay una sola en la que el lector no resulte sorprendido, divertido o comparta la mueca de resentimiento y los sarcasmos del autor, que llegan, incluso, a trasuntarse en el dedo acusador del periodista contra el Gobierno de su propio país, al que critica con valor y sin circunloquios que atenúen la acidez de sus señalamientos. Algunas de estas acepciones provocan la más franca hilaridad, pues Bierce es un gran burlón que maneja con suma destreza el ridículo, y otras —en mi caso por identidad con mis propios sentimientos—, un rictus de frustración que cala hondo y hace que uno llegue a considerarse alma gemela del autor. Estas son algunas de sus perlas:

Administración: En política, ingeniosa abstracción destinada a recibir las bofetadas o puntapiés que merecen el primer ministro o el presidente. Hombre de paja a prueba de huevos podridos y rechiflas.

Africano: Negro que vota por nuestro partido.

Antiamericano: Perverso, intolerable, pagano.

Admonición: Reproche suave o advertencia amistosa que suele acompañarse blandiendo un hacha de carnicero.

Cobarde: Dícese del que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.

Confort: Estado de ánimo producido por la contemplación de la desgracia ajena.

Congratulaciones: Cortesía de la envidia.

Elogio: Tributo que pagamos a realizaciones que se parecen a las nuestras sin igualarlas

Convencido: Equivocado a voz en cuello.

Costumbre: Cadena de los libres.

Distancia: Único bien que los ricos permiten conservar a los pobres.

Egoísta: Persona de mal gusto que se interesa más en sí mismo que en mí. Sin consideración por el egoísmo de los demás.

Idiota: Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre dominante. La actividad del Idiota n o se limita a ningún campo especial del pensamiento o la acción, sino que “satura y regula el todo”. Siempre tiene la última palabra, su decisión es inapelable. Establece las modas de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje y fija las normas de la conducta.

Residente: El que no puede irse.

Realidad: Sueño de un filósofo loco. Lo que queda en el filtro cuando se filtra un fantasma. El núcleo de un vacío.

Referendum: Ley que se somete a voto popular para establecer el consenso de la insensatez pública.

Trabar amistad: Fabricar un ingrato.

Loco: Afectado por algún grado de independencia intelectual; disconforme con las normas convencionales que rigen el pensamiento, el lenguaje y la acción, normas éstas que los “cuerdos” o “conformes” produjeron tomándose como medida a sí mismos. Que discrepa con la mayoría; en resumen, extraordinario.

No conozco su trabajo periodístico, pero tuvo que ser un periodista estelar, ya que hizo toda su carrera en el medio trabajando para el gran magnate de la prensa norteamericana William Randolp Heart. En la antología Cuentos norteamericanos, publicada en Cuba en la década del 60, aparece el relato que he mencionado antes, donde cuenta la historia de un plantador sureño quien, engañado por un espía de la Unión, intenta dinamitar el puente del riachuelo del Búho para impedir el paso de las tropas enemigas, pero es apresado por los militares norteños y ejecutado en el mismo puente. Cuando cae al vacío la soga que ciñe su cuello se rompe y el hombre escapa a nado; logra llegar a su hacienda, donde le espera su esposa sonriente y feliz, pero al ir a tocarla todo se desvanece y el cuerpo muerto se balancea al final de la cuerda  con macabra lentitud. Bierce trató en este cuento un tema del que hoy se ocupa la medicina con sumo interés: la experiencia de vida después de la muerte, o lo que es lo mismo, la actividad del cerebro durante el breve lapso de tiempo que sobrevive a la muerte del cuerpo, y que algunos científicos han llegado a estimar en hasta 10 minutos. En este sentido fue precursor de una idea que no era propia de su época. Los críticos le atribuyen influencia de algunos grandes escritores norteamericanos como Edgar Allan Poe, Herman Melville y Nathaniel Hawthorne.  Lovecraft tomó algunos elementos de los cuentos de horror de Bierce para incorporarlos a sus inquietantes y aterrorizadores Mitos de Cthulu. Se le considera uno de los mayores representantes del cuento norteamericano.

Sin duda Bierce fue un hombre marcado por sus vivencias de la guerra y sus fracasos personales, pero tengo la convicción de que perteneció, para su desgracia, a esa tribu humana pequeña pero imponente cuya naturaleza esencial no es afín con las crudas vibraciones de este mundo. Fue un hombre lastimado, probablemente muy herido en su sensibilidad y profundamente desencantado, y al final de su vida buscó con desesperación unirse a alguna causa que le salvara de perder el alma por desertar de la esperanza. Ese afán fue, tal vez, lo que lo llevó a enrolarse con más de 60 años en una empresa tan pintoresca como peligrosa: la revolución mexicana, a la que se unió como observador en las tropas del General Pancho Villa. Antes de abandonar los Estados Unidos escribió a un pariente con su sarcástica ferocidad habitual:

Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!

¿Premonición o una deducción basada en la lógica de la guerra, que Bierce tan bien conocía?  Cualquiera sea la respuesta el escritor y periodista desapareció de forma misteriosa en territorio mexicano. Su rastro se perdió en Chihuahua, y aunque la Enciclopedia Británica aventura que pudo ser asesinado en el sitio de Ojinaga en enero de 1914, el sacerdote Jaime Lienert recogió la tradición oral de los habitantes del pueblo de Sierra Mojada, en Coahuila, según la cual el escritor fue fusilado y enterrado en el cementerio de esa villa. Su desaparición es considerada una de las más misteriosas de la historia de la literatura universal.

Un suceso en el puente del riachuelo del Búho ha sido llevada  al cine en tres versiones diferentes: la norteamericana Owl Creek: una muda de 1920, la francesa La Rivière du Hibou, de 1962, y una tercera versión en 2005. La segunda de ellas fue utilizada para un episodio de la serie de televisión Dimensión Desconocida (The Twilight Zone), y una adaptación suya se incluyó en la serie Alfred Hitchcock presenta. El escritor mexicano Carlos Fuentes escribió una novela titulada Gringo viejo, que fue llevada al cine como Old Gringo, interpretada por Gregory Peck. Bierce también aparece como personaje en la película From Dusk Till Dawn 3, y en The Hangman’s Daughter,  protosecuela de Del crepúsculo al amanecer, donde lo encarna el actor Michael Parks.

Yo diría, otra vez pensando en la posibilidad de que corriera por sus venas sangre galesa, que Bierce eligió para sí la misma suerte que los héroes de los antiguos ciclos épicos celtas: la guerra como escenario final de una vida. O quizá buscaba entregarse a algún proyecto que contuviera cierta dosis de pureza para sellar su existencia atormentada. No sé por qué lo hizo ni creo que sus razones lleguen a ser conocidas algún día, pero encuentro cierta similitud entre su gesto de lanzarse a una empresa que él sabía no podía conducirlo más que una muerte violenta, y la inmolación de José Martí en Dos Ríos, donde el Apóstol se hizo matar a sabiendas de que sería ya completamente inútil su presencia en la gesta de independencia, porque además de no ser reconocido en sus altísimos méritos, la enfermedad terminal que le aquejaba acaso  no le hubiera concedido ni otro año de vida. No debe resultarnos extraño el hecho de que los hombres dignos prefieran despedirse de la vida de una manera digna antes que morir en sus camas exhalando fluidos innobles y reducidos a meras sombras de lo que fueron.

 

 

 

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La Habana en mí o un himno a la nostalgia

Los libros de entrevistas siempre resultan muy atractivos para quienes gustan de la lectura y también para estudiosos, especialistas, historiadores, antropólogos e investigadores en general, por lo que son siempre bienvenidos en una Feria del Libro de cualquier parte del planeta. La Habana en mí (editorial Extramuros, 2019), presentado en la Feria Internacional del Libro de La Habana en su ya tradicional ámbito de La Cabaña, ha sido para mí una sorpresa al par que una confirmación de cosas que “me tengo muy sabidas”, como diría Sancho Panza. Estas entrevistas a personalidades relevantes de diferentes ámbitos de la cultura, realizadas  por los periodistas Margarita Urquiola, Norge Espinosa y Orlando Luis Pardo, con cuestionario único y publicadas en la revista Extramuros hasta 2015, fecha en que esa publicación dejó de existir, muestran un catálogo de impresiones, sensaciones, vivencias y criterios  extrañamente similares: todos los entrevistados hacen énfasis especial en los lugares de la ciudad en que han vivido y los recuerdos que guardan de sus estancias, con lo que las entrevistas están recorridas por una especie de respiración muy nostálgica de infancias, esa etapa de la vida de la que alguien dijo que es la verdadera patria del hombre. Pero no solo eso tienen en común.

También sorprende cómo en estos monólogos —porque al final eso es lo que son todas las entrevistas que en el mundo han sido—, aparecen lugares icónicos de la vida cultural de la ciudad, como el Rincón del Feeling, el cine Yara, Coppelia, el Malecón, y en especial uno de cuya existencia probablemente no tendríamos hoy conocimiento a no ser por referencias muy aisladas: la Ciudad Celeste, finca en Mantilla de la familia del prócer Juan Gualberto Gómez, periodista, amigo y colaborador de José Martí que tan importante labor desempeñó en la liberación  de Cuba y en la posterior conformación de la República. Ya había encontrado algunas anécdotas sobre el tema en un libro de Arruffat sobre Virgilio Piñera, en Yo, Publio, autobiografía del pintor Raúl Martínez, y en alguna que otra mención entresacada de aquí y de allá, y sabía que era esa la familia que Virgilio hizo suya y esa la casa donde acudía puntualmente a jugar canasta, pero no fue hasta que leí la entrevista a Yoni Ibáñez, publicada en este mismo libro, que comprendí con exactitud la significación de  la Ciudad Celeste: ella fue probablemente la tertulia de mayor importancia e influencia en la cultura de La Habana, puesto que allí se dieron cita durante años intelectuales de todas las ramas y generaciones del arte y la literatura. También el escritor Abilio Estévez se refiere en su entrevista a  aquel lugar. Abilio, quien estudió conmigo en la Escuela Nacional de Instructores de Arte, ENIA, de la que hoy ya nadie se acuerda salvo quienes tuvimos la suerte magnífica de pasar allí los mejores años de nuestra adolescencia, así que hasta mi generación llegó el influjo de la Ciudad Celeste, desaparecida en la vorágine de los decretos, parametraciones y otros fervores de nuestra entonces debutante política cultural. Es una historia bastante nebulosa para mí  y sobre la que me falta información, pero de todos modos siento que fue una pérdida  irreparable que solo daño pudo hacer a toda la cultura de nuestro país y de nuestro tiempo.

Me parece curioso cómo Laidi Fernández de Juan y yo fuimos llevadas por nuestras respectivas familias  en paseos recurrentes al pueblo de Casablanca, y jugamos en el mismo parquecito blanco, montamos los mismos columpios; cómo algunos de los entrevistados que nacieron o han vivido en Santos Suárez lo recuerdan como un lugar distinguido pero entrando cada día en una decadencia más lastimosa, la misma impresión que tengo yo luego de vivir allí los últimos  19 años; cómo quienes estuvieron becados se reunían con sus compañeros de becas en la misma heladería Coppelia donde yo quedaba con los míos de San Alejandro, a pesar de separarnos décadas en edad; cómo todo el mundo ha ido a la Cinemateca como se va a un templo o a un culto muy sagrado; cómo todos los entrevistados hablan de su nostalgia por el Malecón, que también yo he sentido cuando he estado lejos de Cuba y esa franja de mar me hala de regreso como un imán gigante.

Pero lo más interesante para mí ha sido encontrar en estas entrevistas el común sentimiento de un amor por La Habana transido de dolor, tristeza y amargura por todo lo que la ciudad ha perdido. A la pregunta final de los entrevistadores sobre qué le devolvería cada entrevistado a la capital, las respuestas han sido de lo más variadas y asombrosas: el fantasma de Virgilio Piñera, el hotel Trotcha, los cines, la música, las suculentas pizzerías, las tiendas elegantes  o, como Gerardo Alfonso, simplemente la decencia (respuesta  que merece una ovación),  y una añoranza tremenda por  los años 60, salvo alguna excepción que no los vivió o solo alcanzó a balbucear en su entrevista menciones a las muchas mudadas de casas ocurridas  en su vida. Una elegía colectiva hacia la muerte de la universalidad,  el glamour, la belleza y el relumbre perdidos por una urbe que se ha vuelto críticamente ruinosa, perversamente maloliente, plagada de inmundicias y tomada en muchas de sus áreas por la estulticia con guadaña y gente zafia, dos frases de las que lamento no poder adjudicarme la propiedad intelectual, pues la primera pertenece al actor Luis Alberto García y no aparece en este libro, sino en su post Sima funk, publicado en el blog de Silvio Rodríguez Segunda cita, y la otra a Abilio Estévez, quien la dice en este libro cuando se refiere a la calle San Rafael y a su conversión en un boulevard cuya chatura y vulgaridad lo desesperan. Ambas me recuerdan aquella definición genial de Rufo Caballero: el margen que se volvió centro.

Algunos entrevistados mencionan los caballitos, el Parque Lenin, la Universidad… y alguien asegura que solo en La Habana se siente en paz. A mí, que hubiera querido ser incluida en ese abanico de excelentes entrevistas porque La Habana es uno de mis grandes amores, me gustaría añadir aquí mis propios lugares especiales: EL Zoológico, del que no puedo separar la imagen de mi padre llevándome cada domingo a montar el ponny Ligero con su estrella blanca en la frente, a comer algodón de azúcar y a extasiarme frente al estanque de los patos y la jaula del águila.  Los paseos de la mano de mis padres  y mis abuelos por las grandes tiendas vestidas de Navidad, Flogar, El Encanto, con sus preciosas vidrieras iluminadas y aquella donde Santa Klaus en su trineo nevado y  tirado por renos saludaba a los niños con su mano enguantada. San Alejandro, sobre todo cuando llegaba temprano y las aulas estaban vacías, y la figura estilizada y como del Greco de mi profesor de Historia del Arte, Antonio Alejo (una entrevista a él se incluye en este libro), andaba calmosamente por los pasillos como quien va en un ensueño. La Cinemateca, por supuesto, pues yo también fui una ardorosa cinéfila peregrinante en ella.  La escalinata de la Universidad y una habitación pequeña en su Biblioteca Central, donde cada vez que me sentaba a estudiar sufría una especie de alucinación o viaje en el tiempo donde me veía transportada a la biblioteca de Marcilio Ficino o a la de Hipatia de Alejandría.  La Casa de las Infusiones del Parque Lenin, de la que guardo un recuerdo como se guarda una joya en el cofre más íntimo de la memoria. Varias iglesias: San Francisco, donde asistí  a los primeros conciertos de Ars Longa cuando el ensemble era todavía un ramillete de músicos con la frescura de la juventud y aquel estilo de teatro antiguo que supieron imprimir a sus espectáculos de música medieval en un tiempo que  ahora se me antoja mítico, en el que solo ellos exploraban ese riquísimo territorio de la cultura en nuestra ciudad hoy corroída por el reguetón;  una iglesia de La Habana Vieja en la que, al entrar, de inmediato me siento transportada a un templo de la Alejandría pagana del siglo II. La tumba de Catalina Lasa en el cementerio de Colón. La vista de una Habana atardecida  desde los muros  de La Cabaña, que compartí con mi esposo cuando aún no éramos novios pero ya teníamos la intención inconfesada. La Mesa del Silencio en el jardín de Madre Teresa de Calcuta y el interior de la Iglesia Ortodoxa griega con sus íconos, sus lampadarios majestuosos y su ebanistería de suntuosidad mediterránea. Y  en música mi obsesión patológica con Los Zafiros, a quienes considero la voz de La Habana y un trasunto de su destino. Cuando afirmo esto en público muchas personas  me rectifican y me dicen que es el Benny,  mas no, para mí Benny es la voz de Cuba, pero La Habana, el glamour de La Habana en la que yo crecí, solo lo han poseído Los Zafiros y nadie hasta hoy ha podido igualarlos. En cuanto a mi calle preferida, tengo dos: la que divide a la mitad como a una fruta mi reparto La Asunción, en cuyo final está el parque infantil donde tantos pequeños asuncionenses raspamos el metal de las canales e hicimos chirriar las cadenas de los columpios en desenfrenadas competencias de vuelo de altura. Y una calle del reparto Monterrey de mi niñez, con su belleza tranquila, arbolada y olorosa a almuerzos familiares de domingo, a niños felices en sus piscinitas inflables y a adultos elegantes tomando el fresco en portales modernos bañados por un velo rosa y naranja que arrastraba despacio entre sus pliegues el último destello de los atardeceres.

Al contrario de algunos entrevistados, el único lugar donde yo nunca he tenido paz es en La Habana. La alcancé por instantes en una casa de la avenida Mazatlán en cuya fuente, repleta de rosas,  se reflejaba la Virgen de Guadalupe en los mil colores de su vitral. En  la isla de Madeira,  en su bosque de Laurisilva por la entrada de Queimada, donde me envolvió el silencio más absoluto y total que puedo recordar, porque para mí el silencio, y solo el silencio es la auténtica  Quietud.  Y un momento  mágico en una autopista donde el horizonte parecía tan lejano que se me reveló la Inmensidad, algo imposible en una isla estrecha como la nuestra, y me invadió de pronto la euforia indescriptible de carecer de identidad. Después de hacer estas declaraciones supongo que a cualquiera le resulte comprensible por qué siempre me he sentido tan infeliz en La Habana, a la que sin embargo amo y a la que siempre regreso.  No es para mí el sitio donde tan bien se está, pero aquí he construido mi vida, esta ciudad es mi fatum, mi destino fatal, como se diría en un bolero trasegado o en un corrido de mariachis.

Me resulta difícil decidir qué le devolvería yo a La Habana, pero creo que quisiera de regreso a los habaneros tal y como yo los conocí y desde hace mucho se han tornado en ausencias y en sombras. Ellos eran la galanura de mi ciudad.

La lectura de La Habana en mí  como canto coral deja un regusto amarguísimo y un profundo dolor, porque es como si llevaras toda una vida tratando de convencerte de tu radiante hermosura, y un día tropezaras con un espejo muy poco piadoso y vieras definitivamente reflejada en él la decadencia de tu vida, te vieras viejo, repulsivo, repudiado, y descubrieras que lo único que puedes aceptar de ti mismo es tu pasado. Este libro grita, parodiando un dicho muy popular, que La Habana YA NO ES La Habana, sino una especie de Obra alquímica donde en lugar de comenzar por la nigredo  que luego pasa por las fases de rubedo y albedo y finalmente se trasmuta en oro, el Diablo obligó a un alquimista torpe a ejecutar el procedimiento al revés, y  hoy del oro inicial solo queda  en el matraz el opus nigrum, la materia en su estado final de irreversible descomposición, mientras  el alma intenta huir de la disolución bebiéndose el ayer como un fluido hermoso  y vivificante, una ambrosía que solo puede paladearse en la memoria. Si aún así La Habana puede ser vista como una Ciudad Maravilla, no será solo porque es una madre muy, pero muy amada por sus hijos a pesar de sus temibles defectos y sus virtudes perdidas, sino, y sobre todo, porque es una bruja poderosa y letal capaz de los hechizos más alucinantes.

 

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La canción de Angus el errante

Lamento no haber podido conseguir una mejor imagen de esta portada.

He encontrado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, en el stand de Ediciones ICAIC, el libro Rufo Caballero: un ídolo imposible La caricia del látigo, una compilación de textos sobre el tempranamente fallecido crítico de cine y Doctor en Ciencias del Arte Rufo Caballero, realizada por Rubens Riol y prologada por el destacado intelectual cubano Francisco López Sacha.

Rufo fue una figura familiar para todos los cinéfilos de la isla por su casi constante presencia en la televisión, y para quienes gustan de leer crítica de arte, por sus varios títulos publicados  sobre cine y artes plásticas, además de por los importantes premios internacionales que ganó. También fue mi amigo. Nos conocimos personalmente en la presentación de la novela Fake, de nuestro entonces común amigo Alberto Garrandés. Incómodamente sentados los tres en una pequeña mesita de la galería del Instituto Cubano del Libro, cuando esa institución se encontraba todavía en el Palacio del Segundo Cabo, leímos cada uno nuestro texto sobre la obra, y ese día nació una amistad que yo había deseado mucho. No recuerdo exactamente cómo comenzamos a escribirnos, pero nuestra correspondencia se hizo casi frenética cuando Rufo me envió su cuento “Los que fueron al bosque de avellanos”. El relato forma parte de su libro póstumo Seduciendo  a un extraño, primero y único de ficción que alcanzó a escribir, en el que intervenía como narrador algunos de sus filmes preferidos. “Los que fueron al bosque de avellanos” se basa en la bellísima película Los puentes de Madison (1995), basada a su vez en la novela homónima del escritor norteamericano R. J. Waller. La película ha sido muy vista y gustada por los espectadores cubanos, pocos de los cuales habrán leído el libro, que no ha sido publicado en la isla aunque fue uno de los libros más vendidos del siglo XX y tiene 60 millones de copias vendidas en el mundo. Rufo  adoraba a Merryl Streep, la protagonista de este filme dirigido y también actuado por el actor, director y productor norteamericano Clint Eastwood, su partenaire. Sin embargo, en esta ocasión Rufo casi la fulminaba al narrar con la voz del personaje interpretado por Eatswood, presentándola como una mujer cobarde que por convencionalismos y egoísmo acomodaticio había renunciado a un gran amor.

Las rebeliones impredecibles de los ordenadores no me permitieron guardar las decenas de mensajes que intercambiamos sobre este cuento, pero eran cartas ardientes, apasionadas, airadas, furiosas, en las que nos enfrentábamos desde posiciones diametralmente opuestas, pues yo tenía una visión diferente de la suya sobre los motivos de Merryl para no fugarse con Clint. Rufo me pidió que escribiera un breve ensayo sobre su cuento y terminó ofreciéndome que fuera la presentadora del libro. Empecé a trabajar, pero ocurrieron cosas terribles en mi vida personal y nunca pude terminar mi ensayo, pues en ensayo se transformó lo que comenzara como un texto de menores pretensiones, y entre tanto la muerte se llevó a Rufo. Nunca pude despedirme de él. Cuando finalmente Seduciendo a un extraño tuvo su presentación en el Centro Dulce María Loynaz, yo ocupé mi puesto en el panel junto a Sacha y leí las páginas que había escrito desde el más profundo dolor por la pérdida de este amigo al que no pude disfrutar por mucho tiempo y a quien considero el intelectual más lúcido, completo y culto de todas las generaciones de las letras posteriores a 1959.

Pero no consigo parar mi diálogo interior con Rufo, que su muerte transformó en un monólogo tristísimo. Sigo hablando con él dormida y despierta, nos encontramos a veces en mis sueños, y en la vigilia imagino que seguimos conversando, discutiendo, fajándonos como los dos intrépidos cruzados por la cultura que los dos hemos sido. Cuando encontré La caricia del látigo, que buscaba desde que tuve noticia de su presentación —en la que por desgracia no  pude estar—, volvió de nuevo la emoción intensa que siempre se me revuelve dentro cuando pienso en Rufo, y al encontrar entre esas páginas el texto que escribí para aquella presentación se me ocurrió de pronto que tal vez pocos cubanos conozcan los versos de La canción de Angus el errante, del poeta irlandés Yeats, sobre el que Francesca (Merryl) y Robert (Clint) intercambian impresiones en su primer paseo nocturno por la huerta de la granja, y que no fue colocado en la novela por gusto, sino porque encierra la clave sobre el vínculo que une a esos amantes y las razones por las que su relación se frustra. Como Rufo tomó la referencia al poema como título para su cuento, sentí que yo podía rendirle tributo otra vez a mi amigo publicando el poema íntegro para los lectores y espectadores de nuestra isla, de manera que  puedan penetrar más profundamente en la dramaturgia de los personajes. Lo hago en inglés y español para quienes manejan los dos idiomas y gusten de cotejar la traducción,  hecha por mi también amigo el argentino Sebastián  Beringueli, Lord Aelfwine, en su magnífico blog El espejo gótico:

El Canto de Aengus, el Errante

The song of wandering Aengus
William Butler Yeats (Irlanda, 1865-1939)

Fuí al bosque de avellanos,
Porque sentía un fuego en mi cabeza,
Y corté y pelé una rama de avellano,
Y enganché una baya en el hilo;
Y mientras volaban las polillas blancas,
Y estrellas como polillas titilaban,
Solté la baya en el arroyo
Y atrapé una pequeña trucha dorada.

I went out to the hazel wood,
Because a fire was in my head,
And cut and peeled a hazel wand,
And hooked a berry to the thread;
And when white moths were on the wing,
And moth-like stars were flickering out,
I dropped the berry in the stream
And caught a little silver trout.

Cuando la hube dejado en el suelo
Fui a avivar las lenguas de fuego,
Pero algo susurró en el suelo,
Y alguien me llamó por mi nombre:
Se había convertido en una joven de sutil resplandor
Con flores de manzano en su cabello
Que me llamó por mi nombre y corrió
Y se desvaneció en el claro aire.

When I had laid it on the floor
I went to blow the fire aflame,
But something rustled on the floor,
And some one called me by my name:
It had become a glimmering girl
With apple blossom in her hair
Who called me by my name and ran
And faded through the brightening air.

Aunque ya estoy viejo de vagar
Por tierras bajas y tierras montañosas,
Descubriré dónde se ha ido,
Y besaré sus labios y tomaré sus manos;
Y caminaré por la larga hierba de colores,
Y aferraré hasta el fin de los tiempos
Las plateadas manzanas de la luna,
Las doradas manzanas del sol.

Though I am old with wandering
Through hollow lands and hilly lands,
I will find out where she has gone,
And kiss her lips and take her hands;
And walk among long dappled grass,
And pluck till time and times are done
The silver apples of the moon,
The golden apples of the sun.

Yeats, uno de los miembros del grupo de artistas, escritores y poetas irlandeses que en el siglo XIX se dedicaron a rescatar la cultura celta precristiana, utilizó en su obra los mitos y leyendas de este deslumbrante y extraño complejo cultural de raíz indoeuropea, en el cual el arquetipo de la criatura femenina de naturaleza feérica, inasible, de la que se enamora perdidamente un hombre mortal, se conoce como la dama del lago o las damas del lago, seres que participan de la naturaleza de las ninfas acuáticas griegas, todas las cuales no son sino habitantes del reino de los espíritus elementales del agua, presentes en todas las culturas y civilizaciones del planeta. Las damas del lago celtas aparecen en Irlanda, Bretaña, Escocia y las islas. Viven en lagos y lagunas, como su nombre indica, son de extraordinaria belleza y suelen proveer de armas y objetos mágicos a los héroes que las encuentran, recordemos las leyendas donde entregan espadas invencibles a los guerreros destinados a la Gloria. Pero amar a una dama del lago cuando se es un mortal es una empresa sin futuro, puesto que esta pareja de amantes posee naturalezas incompatibles. Son amores trágicos que nunca terminan en la ansiada felicidad a menos que, en ciertos casos, los seres del otro mundo concedan al mortal la oportunidad de morir para renacer como uno de ellos.

Una dama del lago

La canción de Aengus el errante contiene todos los elementos del mito de las damas del lago: el personaje del amante, quien solo puede vislumbrar por breves instantes al hada que se enseñorea de su alma, afirma que dedicará el resto de su vida a buscarla, y se aferrará a la conquista y posesión de las plateadas manzanas de la luna y las doradas manzanas del sol. Esta metáfora empleada por Yeats en su poema contiene múltiples sentidos o códigos simbólicos. En la tradición judeocristiana y su libro capital, la Biblia, se trata de un fruto que otorga el Conocimiento a quien lo come, pero un conocimiento de cosas ocultas a las que Yavé no desea dar acceso a los mortales para que no le igualen en sabiduría y poder. En la civilización grecolatina existe el conocido jardín de las Hespérides, donde florece un manzano con frutos de oro. Quien come de ellos ya no padecerá hambre ni sed ni enfermedad ni dolor y alcanzará la inmortalidad, y por eso Hércules, como parte de sus Doce Trabajos, es enviado a robarlas. Con este sentido también aparecen en las leyendas célticas el manzano y sus frutos, además de involucrar a estos como dadores de magia y revelación. ¿Qué más puede desear un hombre que ser libre de padecimientos, sabio e inmortal? Pues los placeres de la carne, que también la manzana, entre otras frutas, simboliza. Y todo esto ¿no es acaso la Felicidad? La dama del lago puede otorgarla: ¿no se constituye entonces Ella en el más alto objeto del deseo para ese Aengus que ya se ha hecho viejo errando por el mundo, que lo ha visto todo y nada lo satisfizo, en otras palabras, el fotógrafo Robert Kinkaid, quien encuentra en Francesca su dama del lago personal, la que puede otorgarle lo que ansía, plenitud?

Creo que Waller, autor de la novela elegida por Eastwood para hacer su película, encontró en este poema de Yeats la inspiración y el núcleo temático para escribir Los puentes de Madison County, y si su personaje masculino resulta tan consistente es porque Waller se atrevió con un arquetipo universal, lo que en opinión de la gran escritora chilena María Luisa Bombal es una receta de triunfo y eternidad para una obra de arte. No hay que olvidar que uno de los mitos más trascendentes y universales de Occidente es la búsqueda del Grial, ese objeto misterioso de forma indefinida que concede la Gloria, la Felicidad y todas las recompensas que un caballero puede desear. ¿Y quién entrega el Grial al caballero Parcifal? Una doncella que lo custodia en el castillo del Rey Pescador, es decir, una dama del lago. Existe entonces un paralelo, una común indentidad entre las manzanas del sol y de la luna y el Grial, eje de la saga del Rey Arturo, el mito más poderoso de la cultura celta, provisto de tal inmortalidad que ha llegado a nosotros enmascarado en uno de los libros más leídos de los últimos tiempos: El Señor de los Anillos, porque tanto las manzanas de oro y plata como el Grial como el anillo son objetos sagrados de naturaleza divina, la máxima aspiración, las llaves que permiten alcanzar el deseo más ardiente de la especie humana, la Inmortalidad y todos sus dones maravillosos.

El personaje de Francesca, sin embargo, no fue concebido sobre ningún arquetipo, sino sobre un modelo humano bien pedestre: la mujer ilustrada que en procura de la seguridad de un hogar se ata a un hombre bueno pero insignificante, se convierte en un ama de casa insatisfecha y vive suspirando por todas las vidas posibles que hubiera podido vivir, hasta que aparece en su camino un príncipe exótico ofreciéndole la posibilidad de materializar sus sueños más delirantes. Pero Francesca no es Elena de Troya, quien huye de su vulgar marido Menelao, rey de Esparta, para escapar con el bello y osado príncipe Paris rumbo a una Troya de ensueño, que tras diez años de guerra sangrienta acabará reducida a cenizas por culpa de esa infidelidad. Francesca, oscura maestra de Literatura de  un pueblo italiano que no ofrece margen para casi nada, ha vivido la Segunda Guerra Mundial y conoce muy bien la incertidumbre, por eso se aferró al joven soldado americano que la llevó a su gran país, la hizo su esposa y madre de sus hijos y propietaria de su próspera granja en Iowa, una vida monótona pero al abrigo de imponderables, o al menos eso parecía, y no se decide por Robert y sus promesas de pasión y aventura infinitas, aunque le ofrezca bañarse juntos en las aguas de los lagos sagrados de la India y cazar tigres en África, tener sexo en palacios hindúes de Las mil y una noches y una vida siempre renovada donde ellos serían los protagonistas de una historia de amor luminosa y eterna. Con la sabiduría práctica del eterno femenino, Francesca sabe que el aquietamiento de Aengus el errante no solo es demasiado bueno para ser verdad, sino que, en caso de que llegara a suceder, lo despojaría de inmediato de su Luz para reducirlo a las medidas sin brillo de los hombres mediocres como su propio esposo. Y además, confronta la culpa pequeñoburguesa y judeocristiana del reproche de sus hijos por haberlos abandonado. Las manzanas plateadas de la luna y las manzanas doradas del sol están muy bien en su poema preferido y como adorno para un romance, pero la vida real… es otra cosa, y demasiado alto el precio de los sueños.

Rufo no se conformaba con  el final miserable del fotógrafo en la novela, mientras su dama llegaba a vieja soñando en la cocina de su granja donde los dos habían hecho el amor la primera noche que pasaron juntos. Por eso escribió Los que fueron al bosque de avellanos, para darle una segunda oportunidad a ese hombre que supo amar con tanta intensidad, tanta sinceridad, y lo resucitó para que pudiera reivindicar sus sentimientos, pero esa es una historia que no debo contar yo, puesto que Rufo lo hizo de manera magistral y es a él a quien hay que leer. Porque hay que seguir leyendo a Rufo, todos sus libros, una y otra vez, para que no se cierre sobre él el silencio temible que aún en vida ahoga a muchos grandes creadores entre nosotros. Yo escribo sobre Rufo y continuaré haciéndolo porque no quiero que tenga esa segunda muerte, y para quienes no tengan claro que se puede morir dos veces copio esta cita que aparece en El espejo Gótico:

La segunda muerte.

Existe una segunda muerte, más silenciosa e inadvertida, que se produce tan repentinamente como la primera aunque sin dejar deudos, ni entierros, ni funerales, ni amenas conversaciones acerca de las bondades retrospectivas del difunto.

Esta segunda muerte sucede tiempo después de la desaparición física de la persona. En algunos casos ocurre casi de inmediato, en otros, se produce varios años, e incluso generaciones después; y consiste en la cesación del nombre, y acaso del espíritu del fallecido.

La segunda muerte, a la que todos estamos sujetos aún en la celebridad más dilatada, ocurre casi como una fuerza imparable. El profesor Lugano ha imaginado la siguiente secuencia para explicarla:

Alguien muere.

Las personas que lo conocieron mueren.

Las personas que conocieron a los que lo conocieron mueren.

Las personas que conocieron a los que conocieron a los que lo conocieron mueren.

¿En qué consiste la segunda muerte?

Su nombre jamás volverá a ser pronunciado.

El profesor Lugano incluso ha calculado un algoritmo para promediar la segunda muerte que nos aguarda inexorablemente, llegando a la conclusión de que todos seremos prolijamente olvidados unos cien años después de nuestra desaparición física.

Desde aquí discrepamos modestamente con el profesor, siempre empeñado en recordar sucesos miserables y omitir otros de mayor relevancia histórica.

La segunda muerte no consiste en el olvido, sino en la muerte del recuerdo.

Efectivamente, llegará el día en el que todas las personas que nos conocieron morirán, y con ellas todos los recuerdos, buenos y malos, que hayamos dejado en ellas. Pero con la desaparición de esta corte también desaparecerá algo más: nuestro nombre.

El mundo seguirá girando sin personas que nos hayan conocido. Nadie sobre el globo tendrá una anécdota sobre nosotros, sobre nuestras miserias y aciertos casuales.

Cuando la Tierra amanezca sobre un horizonte en donde nadie nos conozca moriremos por segunda vez y acaso entonces seremos libres.

Me temo que no quiero para Rufo la libertad del olvido. ¿La querrá él…?

 

 

 

 

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BRITANNIA, LA HISTORIA MARAVILLOSA EN HBO

El druida Veran

Es una pena que la serie Britannia, grabada en Praga y Gales y aún no trasmitida por la televisión cubana, tenga hasta ahora una sola temporada. Lo digo porque salvo en los dos tomos de Las colinas huecas y La cueva de cristal, de la escritora inglesa Mary Stuart  —novela publicada en Cuba en la colección Huracán cuando el hombre se hizo gigante y jamás reeditada—, nunca he visto en ningún libro, revista, filme o cualquier clase de material audiovisual mejor representada la cultura de los celtas británicos precristianos. Y gracias, pues al menos esa la conocimos los cubanos que leímos las novelas de Stuart, porque la cultura del resto de las naciones celtas nos es absolutamente desconocida*, lo que es un crimen de lesa culturidad, porque los antiguos irlandeses fueron uno de los complejos culturales más extraños, complejos y apasionantes de la historia de la humanidad, amén de uno de los más antiguos. Y porque los cubanos mismos tenemos sangre celta a través de la inmigración que recibimos de Galicia. Estamos ignorando nuestras raíces celtas en favor de nuestras raíces africanas.

Pero volviendo a Britannia, se trata de una serie de la cadena HBO, conocida por la extraordinaria calidad de sus productos. Así la presenta Wikipedia:

Es una serie de televisión británico-americana del género fantasía histórica​ escrita por Jez Butterworth. La serie de nueve partes es la primera coproducción entre Sky y Amazon Prime Video, y es protagonizada por las estrellas Kelly Reilly, David Morrissey, Zoë Wanamaker, Liana Cornell y Stanley Weber. ​ Se emitió en Sky Atlantic en el Reino Unido (los 9 episodios disponibles en Sky On Demand en el Reino Unido desde el 18 de enero de 2018) y en Amazon Prime Video en los Estados Unidos (el streaming comenzó el 26 de enero de 2018). En España, se estrenó el 19 de enero de 2018 en HBO. En Latinoamérica, el 6 de mayo de 2018 en Fox Premium Series.

Ambientada en en el año 43 A.D., la serie se desarrolla durante la conquista romana de Gran Bretaña – “una tierra misteriosa gobernada por mujeres guerreras salvajes y druidas poderosos que pueden canalizar las poderosas fuerzas del inframundo.” Las rivales celtas Kerra y Antedia deben trabajar juntas para combatir la invasión romana liderada por Aulo Plaucio.

Acabada de salir del horno, como se dice. Sin embargo,  no estoy de acuerdo en que sea una serie de fantasía histórica. Histórica sí, fantástica NO, rotundamente no. Tiene personajes de ficción y otros no lo son, y las dos tribus britanas cuya rivalidad es explotada por los romanos existieron. Si me pusiera a enumerar aquí todas las tribus que se encontraron los romanos en Britania no acabaría ni en un día escribiendo. Y es muy cierto que en aquella sociedad celta las mujeres llevaban la batuta y reinaban con frecuencia sobre sus tribus y sobre las del esposo que hubieran elegido en caso de muerte de este. También es cierto que los druidas gobernaban a reyes y reinas, pues ni el rey más poderoso se hubiera atrevido a desafiar sus sentencias ni sus órdenes. Los druidas eran un sacerdocio todopoderoso, como les tocó comprobar a los romanos, y no solo al general Aulo Plaucio.

El elenco de Britannia es bueno. Los dos grandes personajes enfrentados no son, como han creído algunos espectadores, Aulo Plaucio el romano, interpretado por el actor británico David Morrissey, y la reina Kerra de la tribu de los cantii, interpretada por Kelly Reilly, sino el General romano y el Archidruida Veran, papel a cargo del también inglés Mackenzie Crook , quien increíblemente es un actor cómico, pero aquí actúa de un modo tan magistral que deviene una interpretación memorable por su extrema —y siniestra— naturalidad.

Puedo garantizar a los espectadores cubanos  que estén interesados en la cultura celta que la reconstrucción de época lograda en esta serie , así como la puesta en escena de los festivales religiosos de los britanos, sus costumbres, su vestuario, su armamento, sus técnicas de combate y sus rituales funerarios son fieles a la historia casi en un absoluto por ciento, y cuando menciono la historia, en este caso me refiero a lo poco que se conoce de aquella cultura, que no dejó muchos testimonios de sí misma. Aunque hermosa, la civilización celta, mucho mejor conocida por los testimonios que dejó en Irlanda, fue extremadamente cruda y cruel, aún allí, donde alcanzó su mayor esplendor antes del siglo V. La serie ha sido fiel a ese espíritu y los espectadores deben estar preparados para escenas de fuerte impacto emocional.

HBO no necesita detenerse en esta primera temporada, pues la historia de la conquista romana de Britania está muy lejos de terminar en esos primeros diez capítulos, ya que la insignificante niña que aparece en esta temporada protegida por una de las reinas britanas y los druidas pudiera no ser otra que la reina Boudica o Boadicea, la mujer que logró unir a todas las tribus de Britania y levantarlas contra Roma en una hazaña guerrera que estuvo a punto de darle la victoria sobre el mayor imperio hasta entonces conocido por la Historia. Pero antes de continuar este comentario se hace necesario explicar muy por encima, pues en este espacio no puedo aspirar a más, qué era Britania  antes de Roma y las características de las gentes que la habitaban.

ANTES DE LA SERIE

Britania era, al menos en el siglo IV a.n.e. cuando la exploró el geógrafo griego Pitias, la misma isla que es ahora, pero tan separada del continente y con un clima tan frío y brumoso que parecía envuelta en un halo de inquietante misterio, algo como el Otro Mundo de los mismos celtas o esos territorios mágicos de que hablaban los marinos , al extremo de que los historiadores griegos tildaron  a Pitias de mentiroso y durante mucho tiempo su hallazgo fue tomado por una invención. El mundo celta comprendía entonces Britania, ocupada por un gran número de tribus bretonas; el país de Gales;  Escocia, habitada por los salvajes pictos; las islas, entre ellas la de Man; Irlanda; el norte y oeste de Hispania, la actual España (Asturias y la región galaico-portuguesa), y Galia, situada en territorio continental, que abarcaba más o menos el territorio actual de Francia — la Bretaña incluida (llamada entonces Armórica o Bretaña armoricana)— y una parte de Alemania.

Fue por Galia que comenzó la penetración de Roma en el mundo puramente celta, pues los celtas de Hispania eran una mezcla de tribus celtas con tribus iberas. Julio César no fue el primero en poner sobre la tierra gala su bota de legionario, pero fue el vencedor de los galos, cuyas tribus, unidas bajo el mando del príncipe Vercingetórix, se le enfrentaron en una guerra larga y cruenta. César venció a Vercingetórix y lo llevó prisionero a Roma, donde fue asesinado. César fue nombrado por el Senado romano gobernador proconsular de las provincias galas.

Mientras, Britania, envuelta en sus brumas y separada de la tierra continental por un estrecho brazo de mar que hoy se conoce como Paso de Calais, vivía su Edad del Hierro inmersa en guerras intestinas. No le faltaron al ambicioso César pretextos reales e imaginarios para solicitar del Senado romano autorización para una invasión a la isla. Al final del verano del año 55 a.C reunió una

Julio César

flota de 80 barcos, probablemente trirremes, que transportaron a las legiones VII y X, y un número desconocido de barcos de guerra. Llevaba además 18 embarcaciones para transportar la caballería, que finalmente quedó atrás. Su primer intento de desembarcar en las costas isleñas fue frenado por la acometida de los guerreros britanos, armados con largas jabalinas y posicionados en los riscos cercanos. Los britanos, además, se presentaron montando carros de combate fuertemente armados, mientras que César solo llevaba infantería ligera y catapultas montadas en los navíos de guerra, que resultaban demasiado pesados para maniobrar en aquellas aguas poco profundas. César consiguió tomar una cabeza de playa y se sucedieron varios combates en que los britanos no llevaron la parte mejor, pero una tormenta dañó severamente la flota romana y se acercaba ya el invierno. Decepcionado, además, porque en la isla no había metales preciosos, César y su ejército se volvieron atrás. Pero César necesitaba coronarse de lauros y ninguno mejor que sus victorias militares, así que en el verano del 54  regresó a Britania al frente de una asegunda expedición . Esta vez había mejorado la tecnología de sus 800 naves y traía consigo cinco legiones.

Su primer encuentro con los britanos le dio la victoria, pero una vez más una tormenta infligió a su flota daños considerables. César informó al Senado la pérdida de 40 naves. Tras un combate con el rey britano Catuvelaunos, señor de la guerra al norte del Támesis, algunas tribus britanas entre las que se contaban los trinobantes, la más poderosa, y también los icenios, se aliaron con César y le suministraron provisiones e información valiosa. César hizo muchas observaciones de gran importancia estratégica sobre el clima, el territorio, su gente y sus costumbres. Consideró bárbaros a los britanos, casi salvajes (no llegó a conocer a los pictos), y documentó cómo se dejaban los cabellos muy largos pero se afeitaban el cuerpo y se pintaban con glasto, un material que produce una pasta color verde oscuro con la que se embadurnaban todas las partes del cuerpo que no cubriera la ropa, y además llevaban tatuajes. Es fácil comprender que para los civilizados romanos el aspecto de aquellos seres debía resultar cuando menos inquietante.

También describió los carros britanos de combate y las técnicas que sus aurigas empleaban para manejarlos:

Primero avanzan por todas partes disparando dardos, y con el mismo terror que infunden a sus caballos y con el estrépito de las ruedas suelen desordenar las filas, y, una vez que se introducen entre los escuadrones de los jinetes, saltan de los carros y combaten a pie. Mientras tanto, los aurigas van retirándose poco a poco de la batalla y sitúan los carros de tal modo que, si aquellos se ven apremiados por la multitud de los enemigos, tienen libre la retirada hacia los suyos. De esta manera unen en la batalla la rapidez de los jinetes con la firmeza de los infantes, y es tal la destreza que les da el continuo ejercicio que, aún en los parajes con pendientes y escabrosos, hacen parar a los caballos lanzados al galope, los refrenan en seguida y les hacen dar la vuelta, estando ellos acostumbrados a correr por el timón, a mantenerse en pie sobre el yugo y a volver de allí rápidamente a los carros.

Carro de combate galo

Estructura básica de un carro de combate celta

También anotó sus observaciones sobre la religión de los britanos, en la cual distinguió una casta sacerdotal, los druidas, pero sus escritos solo arrojan una imagen muy superficial de ellos, tal vez porque en este segundo viaje  tampoco se quedó mucho tiempo en la isla y se mantuvo siempre cerca de las costas y las márgenes de los ríos, sin penetrar al interior. Parece que su intención era la de hacer aliados y recopilar información para una tercera invasión, que nunca se produjo porque él fue asesinado en el Senado romano.

Los druidas eran un colegio sacerdotal de origen indoeuropeo, con una rigurosa estructura jerárquica a la manera de los sacerdocios de Amón en Egipto y los mismos colegios sacerdotales de Roma. Todos los aspirantes eran admitidos a la enseñanza, incluidas las mujeres, aunque para alcanzar los grados superiores de un estudio que se prolongaba 12 años tenían prioridad los hijos de los nobles y de los propios druidas. El aprendizaje se dividía en bloques. Quienes vencieran el primer bloque se convertían en filid o poetas (llamados bardos en Gales), y debían ser capaces de recitar de memoria más de 300 poemas y cantos rituales y guerreros. El siguiente bloque graduaba médicos. El próximo bloque graduaba legisladores, y el último graduaba magos capaces de dominar el agua, el fuego, la lluvia y el viento, de provocar nevadas, ventiscas, granizo, inundaciones y toda clase de fenómenos naturales. También dominaban la hipnosis, en la que basaban muchas de sus manipulaciones, eran expertos herbolarios, maestros  en toxicología y hechiceros muy eficaces. En la serie hay varios ejemplos de eso, pero me gustaría mencionar uno solo: la escena en que se cruzan en un camino las carretas en que viajan, en una Aulo y Lucio, su segundo al mando, y en otra el druida Veran, y este lanza con disimulo a tierra una especie de muñeco de paja que Lucio recoge y examina con curiosidad, se lo guarda y esa misma noche enloquece e intenta asesinar a Plaucio. Para quienes no conozcan la cultura celta ni a los druidas, aclaro que el muñequito de paja no es un juguete inofensivo, sino un hechizo que los druidas llamaban “el mechón del loco”, y al ser arrojado por ellos provocabaen la víctima un estado psicótico que duraría el tiempo que el druida le hubiera programado al sortilegio, a veces para siempre, como narra el canto  llamado La locura del rey Suibne Geilt. También podían provocar enfermedades y hasta la muerte con canciones que componían en forma de maldiciones. Un inventario de todos sus poderes, habilidades y conocimientos me resulta aquí imposible de consignar. Tenían a su cargo la instrucción de la juventud. San Patricio, introductor del cristianismo en Irlanda, y más tarde San Columba, que lo hizo en Escocia y de quien se dice fue un druida renegado, se encargaron de hacer copiar a sus monjes las leyendas, himnos, poemas, mitos y todo el material oral que produjo esta extraordinaria cultura que no era ágrafa, como generalmente se da por sentado, pues disponía de un alfabeto que manejaban las castas superiores de su organización social, conocido como Beth-Luis-Nion, los nombres de sus tres más importantes árboles. Gracias a esta minuciosa labor de conservación ha podido salvarse un tesoro de inestimable valor, del que ha partido lo que hoy conocemos como revival celta, Enya y River Dance incluidos.

EN LA SERIE

Aulo Plaucio, el General romano que protagoniza esta primera temporada de Britannia, fue un personaje real, un político y militar romano de ascendencia etrusca que hizo su carrera entre los reinados de los emperadores Tiberio y Claudio. Tiberio, como César y Augusto, los dos primeros Césares o emperadores de Roma, había sido un gran guerrero que amplió las fronteras del imperio y a nadie le importaba la vida licenciosa y estrafalariamente homosexual que llevaba en la isla de Capri, donde había fijado su residencia. Claudio era todo lo contrario: tullido de nacimiento, muy feo, objeto de burla y desprecio en la Corte, estudioso de la Historia y los filósofos, no estaba en la línea de sucesión, sino su hermano Germánico, otro gran jefe militar asesinado en plena juventud por Calígula, quien lo suplantó en el afecto de Tiberio para heredar el imperio. El reinado de Calígula fue caótico, sangriento y empobreció a Roma, por lo que Claudio, último de su estirpe, debió compensar su debilidad física con campañas militares victoriosas, y decidió retomar lo que él llamaba “el asunto de Britania”. El mando de esta segunda expedición le fue encomendado a Aulo Plaucio, quien se hizo a la mar en el año 43 a.C con cuatro legiones y 20 000 auxiliares extranjeros. Su misión era apoyar a los jefes britanos aliados de Roma contra los jefes rebeldes de la isla que no habían querido plegarse al poder imperial.

Lo que se cuenta en la serie sobre el cuasi motín a que llegaron las aterrorizadas legiones  de Plaucio antes de zarpar de las Galias rumbo a Britania es históricamente cierto. Era verdad admitida entre los legionarios romanos que la isla estaba poblada por demonios y seres aterradores, y muchos desertaban para no tener que viajar hacia allí. El ejército de Plaucio se moría de miedo.

Antes de continuar hay que destacar un hecho genuinamente histórico: aunque en Irlanda habían reinos y reyes poderosos como Conchobar Mac Ness, rey de reyes en el Ulster, los celtas no conocían el concepto de nación, para ellos la patria era el territorio donde moraba la tribu y estaban las tumbas de sus ancestros. Eran una sociedad tribal y cada tribu tenía su propio rey. La desunión reinaba entre ellas y las disputas tenían como causa por lo general pugnas territoriales, robos de ganado, saqueos, venganzas, etc. Las tribus britanas eran tantas que difícilmente alguien pueda recitar de memoria sus nombres sin saltarse algunas.

Estas no son todas las tribus que Cesar encontró a su llegada a Britania

Y no había en Britania nada parecido a un rey de reyes.. Había, sí, tribus más poderosas y como es natural tenían más aliados, pero no había unidad, y a la menor diferencia se iban a la guerra unas tribus contra otras, y así vivían en constantes luchas internas. Plaucio, militar y hombre astuto, puso en práctica el gran principio de la estrategia romana: “Divide y vencerás”. Enfrentó a una tribus contra otras, entabló falsas alianzas, mintió, engañó y finalmente logró apoderarse de algunas fortalezas reales y poner bajo su dominio una parte de la isla, pero no pudo ir más lejos porque los druidas jamás se plegaron a Roma. Plaucio fue gobernador de la provincia de Britania hasta el año 47. Su primer año en Britania es el período que abarca la historia narrada en la serie. En esta primera temporada se presenta a la pequeña niña hija de un padre ciego, protegida por la reina Kerra de los cantii y por el druida Divis, y si mi suposición es cierta estaríamos viendo la infancia de la reina Boudica, icono de la libertad y la independencia aún entre los ingleses de hoy.

Nikolaj Lie Kaas como Divis, el druida paria

Quisiera decir algunas palabras sobre este personaje tan interesante, el druida Divis. En la serie se dice que es un paria expulsado de la comunidad de los druidas por alguna transgresión relacionada con las drogas y su vínculo con un cierto demonio, Pwyka, que en ocasiones lo poseía, y se le muestra haciendo cosas raras todo el tiempo lo mismo a los romanos que a los britanos. Los druidas empleaban plantas alucinógenas en sus prácticas y rituales, como todos los sacerdocios de la antigüedad. Tenían gran conocimiento de la flora y la fauna, pero no se drogaban porque fueran unos viciosos: las plantas alucinógenas eran para ellos uno de los modos de comunicase con sus dioses y explorar las dimensiones del tiempo. En la cultura de los pueblos celtas existía la expulsión, la separación de la tribu, el ostracismo, y se aplicaba a quienes violaban las reglas establecidas por los druidas para la vida en comunidad, como por ejemplo al matar y no pagar el valor del muerto a la familia de este, pero las causas de expulsión eran muchas. Entre los druidas, hechiceros temibles, había, sin embargo, límites para la magia, y quien  los transgredía era expulsado de la comunidad druídica. Pero no me pareció que ese fuera el caso de Divis. No todos los organismos tienen la misma resistencia ante las drogas, y lo mismo  hay a quienes una Benadrilina solo les provoca una ligera somnolencia y a quienes los pone a dormir un día entero. Divis pudo pasarse en el consumo de alguna planta alucinógena de las usadas por los druidas, pero lo habría hecho buscando comunicación con sus dioses, sabiduría, conocimiento, expansión de conciencia, un viaje al inframundo, nunca por vicio. No podemos mirar el mundo celta con nuestros ojos modernos. Las secuencias de visión desenfocada o doble visión que en la serie intentan dar una idea de los estados alterados de conciencia que experimenta Divis no deben hacernos creer que estamos en presencia de un drogadicto de nuestros días, aunque ambos experimenten similares efectos, porque en el personaje hay una búsqueda espiritual  que no tiene paralelo en nuestro tiempo. Divis está poseído por  energías oscuras que le confieren poderes físicos paranormales. Para los celtas de la época, que no conocían los alcaloides, esas energías eran el espíritu mismo de la planta. La interpretación del fenómeno  cambia con la época. Y hay también otro aspecto de ciertas drogas: mucho tiempo después de haber sido ingeridas, incluso de haber renunciado la persona a su consumo, puede seguir experimentando sus efectos en forma de ramalazos de visiones o trances que duran segundos, como bien pueden atestiguar quienes hayan comido el hongo philocybes. A pesar de todo esto, el demonio Pwyka me sale sobrando. En mis estudios sobre los celtas precristianos de Irlanda no he podido constatar que creyeran en demonios.Sus ideas sobre los seres no humanos eran mucho más complejas.

El antagonista de Aulo Plaucio en la serie es el druida Veran, jefe supremo de todos los colegios druídicos de Britania. No tengo conocimiento de si Veran fue un personaje  real, pero eso no es importante, porque un archidruida hubiera sido exactamente como aparece concebido en la serie. La interpretación del actor es sencillamente magistral, uno de esos papeles que uno se pregunta cómo no han ido a parar a las nominaciones al Oscar. Los druidas eran todopoderosos y nadie podía oponerse a sus designios. Por eso Veran puede decidir que sea el anciano rey de los cantii y no su hija, la princesa Kerra, quien debe morir. Para un britano de aquella época y para cualquier celta hubiera sido perfectamente normal que los druidas conocieran que la niña a la que cuida Divis estaba designada para ser la salvadora de los britanos contra Roma. Lo anormal sería que los druidas no lo hubieran sabido, puesto que dominaban el arte de la profesía. Aquella era una sociedad regida por el pensamiento mágico, y enfrentarse a la serie con el pensamiento racional de un espectador del siglo XXI es incorrecto.

La estructura que en la serie recibe el nombre de Palacio de Ámbar y, supuestamente, funcionaba como cementerio de los cantii, es la reconstrucción exacta de un templo circular inspirada en el famosísimo Stonehenge, observatorio astronómico a la vez que lugar de enterramiento de reyes y centro de culto. Se encuentran en todas las tierras celtas  muchos de estos círculos de piedra compuestos por una sucesión circular de dólmenes, y un dato curioso es que, aunque hasta en fecha reciente se pensaba que fueron construidos por los druidas, hoy se sabe con certeza que fueron levantados milenios antes, aunque la identidad de sus constructores continúa siendo un misterio. No es cierto que los druidas no los utilizara, como he leído por ahí en algunas críticas sobre Britannia muy desconocedoras del mundo celta. Todo lo contrario, celebraban allí muchos de sus rituales, y los usaban también como observatorios celestes y como lugares sagrados de enterramiento.

Para mí —y ojalá que para HBO— esta primera temporada de Britannia sea la antesala de lo que podría resultar la parte más jugosa de la historia: la saga de la reina Boudica, la Victoriosa.

DESPUÉS DE LA SERIE

Según algunos estudiosos Boudica fue la reina de los icenios, y su esposo Prasutago el rey de los trinobantes, y según otros, ambos pertenecieron a la nobleza icenia, una de las primeras en aliarse a Roma durante la segunda expedición de Julio César. En las tierras celtas las mujeres, tanto del pueblo como de la aristocracia, gozaban de igualdad de derechos con  los hombres: podían reinar, heredar, divorciarse, ir a la guerra, tener varios maridos y eran las dueñas absolutas de sus hijos, aún cuando no supieran a ciencia cierta quién los había engendrado. Pero en las leyes romanas la cuestión de los derechos de la mujer prácticamente no existía, las romanas pertenecían a su gens o familia y luego a la de sus esposos, y nada más. Las matronas romanas se las arreglaban para tener amantes, viajar sin sus esposos y poco más, pero quedaban muy por debajo de las mujeres celtas en cuanto a libertades. Prasutago murió dejando a Boudica viuda con dos pequeñas hijas, y para desgracia de aquella familia, como había vivido pidiendo dinero a los romanos falleció muy endeudado. Los romanos se presentaron a cobrar, y como no reconocieron los derechos al trono de Boudica ni los de sus hijas consideraron que Prasutago no tenía línea de sucesión, por lo que, siguiendo una costumbre romana de aquellos tiempos, nombraron al emperador Claudio coheredero de los bienes de Prasutago y de inmediato comenzaron a repartírselos, esclavizando a los nobles, robando el ganado y ocupando el fuerte real. Boudica protestó o intentó hacerlo, pero los romanos le propinaron una golpiza y, para quebrarla, violaron ante sus ojos a sus dos hijas.

Representación ideal de Boudica con motivos celtas

Cuenta la leyenda que Boudica poseía un físico imponente, en mi opinión más vikingo que celta: era de muy elevada estatura, cuerpo estatuario, piel muy blanca, una larga y rebelde cabellera roja, ojos azules, voz áspera y un temperamento fogoso y violento. Vestía una túnica de colores arrollada al cuerpo y se adornaba con un torques de oro, entre los celtas símbolo de nobleza. Además, había sido adiestrada en el manejo de las armas, conducía con singular destreza un carro de combate y solía llevar una lanza. Su odio hacia Roma debió darle una fuerza casi sobrehumana. Así que la noche en que se presentó ante los enviados de las tribus britanas seguramente apareció ante ellos investida de una aureola semidivina, porque logró lo que hasta entonces nadie había podido hacer: las unió, y todos la aclamaron como a su líder.

Mientras esta asamblea tenía lugar, el general romano Cayo Suetonius Paulinus, andaba muy ocupado invadiendo la isla de Anglesey, también llamada Mona, santuario principal de los druidas de todas la tierras celtas, y a donde acudían de todas partes  los aspirantes a ese sacerdocio. Hay una narración terrible, no recuerdo ahora si debida a  Tácito o a Dión Casio, sobre la noche en que las tropas de Suetonius cruzaron el brazo el mar que separa Anglesey de Britania y cayeron por sorpresa sobre los druidas y sus discípulos, quienes vivían allí con sus familias. No tengo ante mí el texto, así que la reconstruiré de memoria. Los legionarios cruzaron el mar en barcazas de fondo plano, pues el lecho marino no era profundo. Los druidas no los esperaban pero tenían algún sistema de vigilancia, porque los vieron llegar y dieron el aviso haciendo sonar los carnix, instrumentos semejantes a las largas trompetas usadas por los sacerdotes hebreos, cuyo sonido se ha dicho que puede paralizar de terror a un hombre, hacerle estallar sus tímpanos y quebrar muros de piedra. Los romanos comenzaron a desembarcar, pero ya los druidas bajaban corriendo por las laderas portando antorchas encendidas, gritando conjuros y haciendo un ruido infernal, mas no fueron ellos, sino las druidesas quienes asustaron de muerte a los romanos: vestidas de negro, las caras pintadas de un blanco espectral y chillando de un modo sobrenatural, les recordaban a las diosas de la muerte. La noche con su tenebrosa oscuridad, el humo de las hogueras alimentadas por los druidas con plantas alucinógenas, los gritos, alaridos y conjuros, las llamas que subían al cielo iluminando perfiles y siluetas irreconocibles, aterraron de tal modo a los legionarios que estos quedaron paralizados y no podían mover las piernas, enterradas en el lodo de la orilla. Suetonio tuvo que azotar a los más cercanos para sacarlos de aquel estado. La batalla fue campal. Los druidas, muy inferiores en número a sus atacantes, combatían armados, pues su sacerdocio les permitía llevar y usar armas, pero no poseían la disciplina ni el armamento de los romanos y además, tenían detrás a sus familias y a los discípulos más jóvenes, niños de 12 años aún no aptos para la guerra. La legión romana era en aquella época el ejército mejor armado, mejor organizado y con más modernas tácticas de combate. Fue una masacre y los druidas no tuvieron oportunidad. Tras el impacto del primer momento perdieron toda ventaja sobre los invasores  y probablemente ninguno sobrevivió. Como dije antes, lo que se sabe de aquella noche fue contado por historiadores romanos.

Boudica aprovechó la lejanía de Suetonius y el grueso de su ejército,  y se lanzó al frente de 10 000 guerreros feroces contra las principales ciudades britanas, convertidas ahora en guarniciones militares de las legiones romanas. Camulodunum, Londinium y Verulamiun quedaron reducidas a cenizas, el templo que los romanos habían levantado a Claudio fue destruido y decapitada la estatua del emperador —los arqueólogos han encontrado vestigios de estos incendios, pero antes de quemarlas Boudica pasó a cuchillo a los  ocupantes romanos y sus aliados britanos  Ni mujeres ni niños fueron perdonados. A las damas romanas las hizo desnudar, las entregó a sus guerreros para que fueran violadas y luego las crucificó cabeza abajo y les cortó los senos; a los hombres los empaló; a los niños los destripó delante de sus madres, y a los funcionarios los torturó y finalmente los crucificó. Se calcula que en las tres ciudades fueron asesinadas 70 000 personas.

Representación ideal de Boudica donde pueden apreciarse motivos celtas pintados con glasto sobre la piel

Fueron acciones suicidas, pues Boudicca sabía que no podría contrarrestar la venganza de los romanos. Antes de poder alcanzar la próxima guarnición romana en su agenda de destrucción se enfrentó con las legiones de Suetonio, venidas a la carrera de Anglesey, en una llanura ondulada llamada  Watling Street. El ejército de Boudica superaba a los romanos en proporción de 5 a 1, pero estaba formado por guerreros cuyas edades iban desde la ancianidad a la más tierna infancia, su armamento era muy heterogéneo y carecían de una táctica de combate que pudiera resistir a las bien organizadas legiones de sus enemigos; además, tenían detrás toda la impedimenta formada por sus carros se combate y sus familias. Nadie sabe con certeza las cifras de las bajas celtas, pero se dice que aquella noche murieron 8 000 britanos en el combate y 40 000 aplastados en la huída. Los romanos masacraron al resto, incluidas mujeres encintas y niños pequeños, y solo tuvieron 400 bajas.

Cuenta la leyenda que Boudica escapó del campo de batalla en su carro de combate, en el que iban también sus dos hijas, y sabiendo cuál sería su final si caían en manos de Suetonius, prefirió, como Cleopatra ante Augusto, darse muerte por su propia mano, y las tres bebieron un veneno letal. Sus cuerpos jamás fueron hallados.

Tras esta detallada narración que he hecho para que los lectores puedan conocer lo sucedido antes del comienzo de los acontecimientos narrados en Britannia, y lo que nos perderíamos si la serie se queda en esta primera temporada, solo me faltaría repetir que la historia de la conquista romana de Britania regala a HBO la posibilidad de dos o tres temporadas más, y si la productora logra mantener los estándares de calidad que ha demostrado en esta, podríamos tener una serie de la misma suprema factura estética que Juego de Tronos aunque, desde luego, salvando las distancias, pues Britannia está concebida como un espectáculo anecdótico, mientras que Juego de tronos es un producto altamente conceptual y con un diseño de personajes muchísimo más profundo.


*La cultura gallega que conocemos los cubanos, la música del grupo Milladoiro, los bailes de nuestras sociedades, etc., no es la cultura celta que existía en las tierras celtíberas antes de la llegada de los romanos.  De aquellos tiempos se conoce lo que narraron los historiadores romanos y los testimonios arqueológicos que han llegado a nuestros días, pero no puede decirse que sea mucho. Probablemente conocemos mejor a los egipcios. Eso no quita ningún valor al hecho de que la muy numerosa inmigración gallega que recibió Cuba desde los tiempos de la Colonia hasta 1959 supera en número a la inmigración forzosa que provocó la esclavitud.  Las cifras de población que existen hoy en Cuba nunca fueron, en lo que a número se refiere, lo que son hoy, porque las autoridades coloniales y más tarde republicanas siempre procuraron mantener la superioridad del lado de la población blanca. Los cubanos tenemos muy fuertes genes celtas, y es algo que no deberíamos olvidar con tanta ligereza como solemos hacer.

 

 

 

 

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EL FÓSFORO Y EL ¿MITO? DE LOS SUPERCEREBROS

Hace muchos años, cuando yo era una adolescente que exploraba con frecuencia la célebre y hoy un poco olvidada librería Canelo, en la calzada de Reina, encontré un pequeño libro cuyo tema no logro recordar, pero nunca he olvidado que entre sus páginas hallé una fórmula para suministrar fósforo al cerebro, con  la muy incitante explicación de que era usada por los antiguos faraones egipcios para potenciar los poderes cognitivos de la mente. No logré conservarla en la memoria.

Siendo ya una joven madre un día alguien me obsequió un pescado, una albacora enorme. Corté la rueda del medio para probarla antes de cocinarla para mi niña, y me fijé que en la parte superior, correspondiente a la espalda del pez, la carne era oscura y muy aceitosa. Comí aquella rueda y aproximadamente un cuarto de hora después sufrí un golpe de calor. Corrí a mirarme al espejo y descubrí que mi rostro se había vuelto de un tono rojizo con un leve tinte morado que me asustó, pero enseguida sufrí lo que yo llamo una expansión de conciencia: vinieron a mí en tropel recuerdos muy lejanos de mi vida, recordé lecturas que había  hecho, música que había escuchado, lugares que había visitado, fragmentos de conversaciones olvidadas, y entré en un estado alterado de conciencia en el que de repente me pareció que entendía muchas cosas, algunas de una profundidad que se hubiera requerido gran sabiduría de años de estudio para llegar a comprender. Tal vez aquel estado fuera semejante o el mismo que los practicantes de disciplinas orientales como el yoga o el budismo llaman Iluminación, pero solo me duró unos 45 minutos, y después se fue disipando hasta que volví a ser la misma persona medianamente inteligente que siempre había sido. Para mí en aquel mismo momento el suceso estuvo muy claro: yo había tenido una fosforación, es decir, un golpe de fósforo. El mineral sencillamente estaba contenido en el aceite de la carne negruzca de la albacora. No por gusto nuestras abuelas nos insistían tanto en que comiéramos sopa de cabeza de cherna y otros pescados. Ellas sabían que en las cabezas de los peces se concentra una buena cantidad de fósforo. No hubo nada místico en mi “iluminación”, como probablemente tampoco les ocurrió a los faraones.

¿Cuál es la verdad en este mito del poder del fósforo para crear supercerebros? ¿Basta con comer fósforo para ser como Leonardo Da Vinci?

Algunos científicos no creen que haya relación entre la ingesta de fósforo y la buena memoria, pero admiten que el fósforo, entre otros numerosos nutrientes, es muy importante para la formación del cerebro del feto durante el embarazo, y que mientras más observe la futura madre una dieta adecuada durante su gestación, más probabilidades Habrá de que su hijo nazca con buenas capacidades cognitivas. Si el niño las desarrolla o no durante su vida, eso dependerá de muchos factores tanto sociales como ambientales y, en última instancia, hay personas muy inteligentes que deciden no emplear su inteligencia en nada útil para ellos mismos ni para la sociedad y llevan vidas insignificantes. Es una elección.

Los peces son una fuente nutritiva muy rica en ácidos grasos, fundamentales para el desarrollo de la parte funcional de las neuronas: su membrana. También son ricos en yodo, otro mineral esencial para el buen desarrollo del sistema nervioso del bebé. El cerebro del feto tiene ya a los seis meses la mitad de su tamaño definitivo. Como los nenes se alimentan de leche materna, es fundamental que también durante la lactancia la madre consuma pescado como una parte muy importante de su dieta.

Pero no solo el fósforo y el yodo son importantes para tener bebés inteligentes. También el ácido fólico y el pantoténico y las vitaminas del complejo B juegan un papel decisivo, junto con el calcio, el cobre, el manganeso, el potasio, el hierro, el zinc y otros. Una embarazada debe consumirlas todas no solo a través de la alimentación, sino empleando, si fuera necesario, suplementos vitamínicos.

Pero ¿y después que ya hemos crecido y lo que coman nuestras madres no tendrá nada que ver con nuestras notas escolares ni con las manifestaciones de cualquier tipo de inteligencia que queramos poseer, aplicar y disfrutar…? Pues nuestro cerebro sigue necesitando lo mismo: una buena nutrición capaz de suministrarle todos los elementos que le permitan un funcionamiento óptimo dentro de la capacidad de cada individuo.

El cerebro necesita para funcionar bien ciertas grasas que ayudan a una buena circulación de la sangre, que conduce oxigeno a nuestras neuronas, energía en forma de glucosa, antioxidantes, fibra, y la sinapsis de las neuronas se lleva a cabo a través de proteínas de calidad.

Reproduzco a continuación una lista de alimentos  que ayudan a mantener el buen funcionamiento del cerebro y un alto rendimiento de nuestras capacidades cognitivas:

Nutrientes que ayudan al cerebro

Manzana

Especialmente por su riqueza en pectina, que es un tipo de fibra soluble, que tiene la virtud de proteger al cerebro del exceso de colesterol y de metales neurotóxicos como el mercurio, el plomo o el cadmio. Esta misma fibra favorece el equilibrio de la flora intestinal, el lugar donde se gesta la salud general de todo nuestro organismo, incluido nuestro órgano pensante.

Quinoa
Por su riqueza en ciertos ácidos grasos, pero sobre todo por su alto contenido en aminoácidos esenciales, que son vitales para la producción de los neurotransmisores. Este alimento también contiene minerales que son importantes para el cerebro como el hierro, el magnesio o el fósforo. Por otra parte, la quinoa tiene un bajo índice glucémico, lo que significa que aporta glucosa de manera lenta y progresiva, una virtud positiva de cara a un buen rendimiento mental.

Sésamo

Este alimento es interesante para el cerebro por su contenido en ácidos grasos, que se encuentran en una relación que facilita el control del colesterol y los triglicéridos. También es una de las mejores fuentes de lecitina que mejora la circulación sanguínea y forma parte de la estructura neuronal del cerebro. Además, estas semillas son una auténtica mina de minerales, especialmente de magnesio y fósforo, pero también de selenio, que protege a las células nerviosas de los daños oxidativas provocados por los radicales libres. Aporta vitamina E en cantidades importantes.

Granada

La granada es un gran neuroprotector, pues se trata de uno de los alimentos con mayor poder antioxidante que se conocen. Su gran riqueza en pigmentos naturales es una de las razones de esta propiedad, pero también por su contenido en otros polifenoles, que además, fortalecen los pequeños capilares que riegan el cerebro. También contiene pectina y vitamina C en cantidades importantes.

Nueces

Es interesante por sus ácidos grasos esenciales, como el omega, que entre otras muchas propiedades, contribuyen a asegurar un buen flujo sanguíneo en el cerebro. Las nueces estimulan la producción de neurotransmisores, y aportan lecitina y micronutrientes importantes para las  funciones cognitivas como el fósforo, el hierro, el magnesio.

Huevo

El huevo es una fuente de proteínas de primerísima calidad, y esto es bueno para facilitar la sinapsis de nuestras neuronas cerebrales. Es rico en lecitina y aporta vitamina B12, una vitamina muy escasa en el reino vegetal, pero necesaria para el buen mantenimiento del sistema nervioso y la formación de los glóbulos rojos, necesarios para la oxigenación del cerebro.

Té verde

El té verde es interesante en una dieta neuroprotectora por su contenido en polifenoles, pero sobre todo gracias a un flavonoide (galato de epigalocatequina). El té verde nos puede ayudar a dejar el café, una bebida que en exceso puede llegar a ser neurotóxica, porque es un estimulante intelectual que nos mantiene alerta, pero no excita. Parece ser que bajo sus efectos nos concentramos mejor y es más fácil recordar datos. Ayuda a evitar los picos de glucemia.

Aguacate

Este alimento es muy rico en grasas insaturadas, sobre todo del omega 9 que es necesario para el crecimiento y la buena comunicación entre las neuronas. La función que cumple este ácido graso es especialmente importante durante el periodo en el que hay un mayor desarrollo del cerebro, en la fase prenatal, por lo que es importante que las mujeres embarazadas incluyan el aguacate en su dieta. También es rico en vitaminas A y C.

Algas

Las algas en general son alimentos extraordinarios porque concentran muchos nutrientes, como proteínas de alto valor biológico, y todos los minerales que necesitamos en unas proporciones óptimas para ser asimilados. Algunas algas aportan mucho hierro, que facilita la oxigenación del cerebro, junto con la vitamina C, que ayuda a integrarlo en el cuerpo. El ácido algínico de algunas algas es muy eficaz para eliminar sustancias potencialmente peligrosas para nuestro cerebro.

Pescado

El pescado, además de ser una buena fuente de proteínas y aminoácidos de calidad, aporta hierro del tipo hemo que es muy asimilable. Pero sobre todo, porque nos suministran ácidos grasos de la serie omega 3, ya transformados en sus formas más activas (EPA y DHA), que cumplen funciones muy importantes para el corazón, pero también para el cerebro, como regular la tensión arterial, mejorar la circulación y producir vasodilatación.

Debo hacer un comentarios sobre la Vitamina C. Hace años una amiga bioquímica me dijo que el gran científico y Premio Nóbel de Química y de la Paz Linus Pauling tomaba diariamente cuatro gramos de esa vitamina, porque afirmaba que unida al neurotrasmisor  noradrenalina era la madre de las ideas geniales. No sé si la anécdota es verídica. Ojalá.

A esta lista yo podría añadir la mía propia, pues también son buenas fuentes de ingesta de fósforo al organismo el azúcar moreno, que en Cuba llamamos prieta, el hígado de cerdo y en general las vísceras, el pavo, el pollo, los huevos, la carne de res, los pescados azules, calamares, merluza, sardinas, yogurt, zumo de limón, té y leche de vaca; en los cereales, los albaricoques, las almendras, las aceitunas, el apio, las castañas, las coles, las espinacas, las peras, los plátanos y las uvas.

Se dice que la dieta mediterránea, basada fundamentalmente en mariscos, aceitunas, quesos y aceite de oliva, sin olvidar los ajos y las cebollas (¡y los vinos!), es la más beneficiosa y completa para el organismo y ayuda, incluso a prevenir y hasta curar enfermedades. No soy especialista en nutrición, sé que es una dieta muy sana pero seguramente no es la única que puede satisfacer las altas expectativas que todo ser humano tiene con respecto a su salud.

Debo advertir que aunque el fósforo  no sea la panacea mental que creían los faraones, interviene en funciones orgánicas tales como el metabolismo de los espermatozoides, el mecanismo de contracción-relajación de los músculos, la salud del sistema nervioso central, tiene un papel muy importante en la formación de los huesos y la dentadura, en el funcionamiento de los riñones, la estabilidad del pulso cardíaco, etc.

El fósforo se encuentra en la corteza terrestre, almacenado en rocas fosfatadas que, al sufrir los efectos de la erosión natural, libera compuestos fosfatados hacia el suelo y las aguas; estos son absorbidos por las plantas y los animales, y una vez que estos mueren se libera el fósforo contenido en su materia orgánica. Si el lector desea comprobar esto solo tiene que visitar de noche un cementerio, y pronto divisará las famosas candelitas  azules que bailan en la oscuridad, más conocidas como fuegos fatuos, que antaño se creía eran las almas de los difuntos. El fenómeno se debe a que el fósforo es muy reactivo y se oxida espontáneamente al contacto con el oxígeno, y entonces emite luz.

Fuegos fatuos en la noche sobre las aguas de un pantano

El fósforo en su estado natural es sólido, de color blanco, despide un olor desagradable característico de él, y emite luz por fosforescencia, como ya dije antes. Ya procesado de forma industrial hay dos variedades: el fósforo rojo y el blanco, que es extremadamente tóxico, y muy inflamable, por lo que se debe almacenar sumergido en aceite o agua para evitar su contacto con el oxígeno, ya que haría una combustión inmediata y violenta que provoca quemaduras en la piel. La exposición continua al fósforo causa necrosis o muerte de los tejidos mandibulares.

Las carencias de fósforo en el organismo pueden tener graves consecuencias para la salud, como afectación de la función renal, trastornos hormonales como el hiperparatiroidismo, síndrome de mala absorción de los alimentos, diabetes con cetoasidosis, alcalosis respiratoria y otras.

¿Y cómo sabría usted si está sufriendo una carencia de fósforo? Los siguientes síntomas le advertirían que se encuentra en esa condición:

Debilidad muscular

Alteraciones hematológicas con anemia hemolítica

Alteración de la función trombocítica y leucocitaria

Entumecimiento de las extremidades

Incoordinación al hablar, tartamudeo

Piorrea dentaria

Mala memoria y falta de concentración para los estudios

Atrofia en el crecimiento por alteración del metabolismo del calcio

Respiración irregular

Irritabilidad, neurastenia

Pero aún existe otra forma de ingerir fósforo para beneficiar la salud: la homeopatía, que cuenta con preparados que contienen fósforo, pero aconsejo con mucha seriedad que quien tenga a su alcance esta posibilidad se asegure antes de ponerse en manos de un homeópata profesional que pueda acreditarse como tal, pues si se diera el caso de que llegáramos a ingerir una cantidad de fósforo mayor de la que realmente necesitamos, las consecuencias podrían ser fatales.

Y en fin, recuerde que no todos podemos ser geniales, ni siquiera sobrepasar el cociente de inteligencia normal: 33  1/3. No todos los faraones fueron Tutmosis IV ni Ramsés III. La mayoría fueron hombres normales y hasta algo carentes de inteligencia, elevados por obra y gracia de un nacimiento que, si bien no siempre pudieron honrar con sus propios méritos, los mantuvo todo el tiempo fuera del alcance de las miradas del pueblo, y por tanto de cualquier juicio sensato y realista sobre sus capacidades intelectuales. Además, muy pocos de ellos murieron en sus camas, porque los faraones de Egipto se encuentran entre las personas más asesinadas de la Historia. No es una suerte envidiable. Confórmese con ser usted mismo y estar sano, que esos son los dos pilares esenciales para sostener la felicidad.

 

 

 

 

 

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Orígenes del arte de la perfumería en Occidente

Dedico este post al perfumista cubano Leonel Amador, a quien infortunadamente (para mí) no conozco

 Todos nos perfumamos en nuestra vida cotidiana y en ocasiones especiales, y casi todo el mundo tiene predilección por algún perfume, aunque no conozca de marcas. Sin embargo, pocos de nosotros tenemos algún conocimiento sobre la historia del perfume, ese producto tan codiciado y tan efímero que ha acompañado a la especie humana desde el comienzo de su andadura sobre la Tierra.

El perfume llegó a Grecia a través de los perfumistas y comerciantes cretenses, quienes a su vez importaban perfumes de Egipto y otras zonas del norte de África, y del cercano Oriente. En la Ilíada, cuando Homero describe una danza creada por el fabuloso arquitecto Dédalo, constructor del legendario Laberinto, para la princesa Ariadna, hija del rey Minos y hermana del Minotauro, desccribe cómo los jóvenes danzantes iban coronados de flores y ungidos con aceites fragantes. En la ciudad fortificada de Micenas, donde gobernó Agamenón, rey de reyes y jefe máximo de los ejércitos confederados griegos en la guerra contra Troya, existía ya en 1350 a.n.e. la costumbre de perfumar los vestidos, y también el mobiliario de las casas, para atenuar el olor de  los animales que convivían con los hombres, entre ellos las muy poco fragantes cabras.

También la isla de Chipre, cuna de Afrodita, diosa de la belleza, la voluptuosidad y el amor y de muchas especies de plantas fragantes entre las que se encuentran el mirto y las rosas, exportó su arte y sus materias a Grecia:

En Phyrgo, Chipre, se descubrió la fábrica de perfumes más antigua de todo el Mediterráneo,  que data de 2000 años antes de Cristo. Por lo que se deduce de los restos hallados en esta excavación, abandonada súbitamente tras un fuerte terremoto, se pueden derivar tres métodos de extracción de las esencias aromáticas: 1- Por cocción de la corteza que después se sometía a torsión dentro de un paño merced al uso de dos palos que giraban en sentidos opuestos; 2- Por destilación, y tal hallazgo ha sido una auténtica novedad, porque se pensaba que su origen era más reciente. Se utilizaban dos recipientes: en uno se efectuaba la ebullición, y el vapor resultante pasaba a otro que se encontraba frío, y allí  se condensaba ya purificado; 3- La maceración en agua y aceite, uno de los métodos más antiguos, que ya se conocía en Egipto: se llenaba un recipiente con agua y aceite de oliva o almendras a partes iguales, y en esa colación se sumergían las plantas cuyo aceite se pretendía obtener, y el contenido se sometía a un suave proceso de calentamiento hasta que el agua se evaporaba, quedando solo el aceite impregnado de la maceración de las plantas en el agua evaporada. […] Según Plinio, la calidad del perfume así obtenido dependía del aceite de oliva que se utilizara. El mejor era el  producido por  un tipo de aceitunas recogidas durante los meses de agosto y septiembre.

 Los perfumistas empleaban esclavos en sus talleres, a los que sometían a un proceso de adiestramiento elemental. Se sabe que en Delos el costo de un esclavo especializado en la elaboración de perfumes ascendía a 4.000 dracmas, una cifra astronómica para la época, lo que permite calcular que el negocio de la perfumería era muy lucrativo.

Los griegos creían que los mejores perfumes tenían su origen en tierras cálidas, pues sabían que la humedad favorece la putrefacción mientras lo seco preserva las materias. El botánico griego Teofastro, de quien se cree fue el primero en escribir un Tratado sobre los olores, consideraba que en tierras de clima intensamente cálido se producían las mejores esencias, y que estas eran el resultado de una cocción.  Creía que solo en un clima tan ardiente como el de Arabia podían ser producidas esencias como el incienso y el cinamomo, y que allí y en Siria la tierra despedía un agradable olor. Sin embargo, dejó testimonio en esa misma obra de que los perfumistas griegos,  para instalar sus talleres, elegían locales altos y muy sombreados donde nunca diera el sol, porque pensaban que el calor y la luz del astro privaban a los perfumes de su aroma. Por su parte Herodoto afirmaba que Arabia era el país del incienso, aunque probablemente fueron los fenicios quienes introdujeron en Grecia el incienso y la mirra.

En sus largas guerras contra los persas, sus tradicionales enemigos en aquellos tiempos, los griegos viajaron al cercano Oriente y trajeron de allí muchas recetas de perfumes. Los perfumistas trabajaron sobre ellas y lograron ser, más que meros copistas, creadores imaginativos  e innovadores. Del nombre de Afrodita y del poder que los griegos atribuían a los perfumes como incentivadores de la pasión y el placer carnal se deriva un término que conocemos bien: afrodisíaco. En Chipre y el Oriente nacieron  dos de las más interesantes familias de la perfumería moderna: la familia Chipre y la especiada o ambarada oriental, esta última con creaciones hoy tan codiciadas como Opium, de Ives Saint Laurent y Shalimar, de Guerlain.

Cretenses y chipriotas, mercaderes avispados, establecieron sus negocios en plazas y foros en las ciudades principales de la Grecia continental. Este comercio creció, como es lógico, con el engrandecimiento y poderío de la más importante de las ciudades griegas, la cultísima y poderosa Atenas. Los griegos llegaron a desarrollar un gusto tan arrollador por los perfumes que en algunos momentos de su historia sus gobernantes prohibieron su uso, porque les preocupaba que cuando un hombre libre y un esclavo se perfumaban pudieran ser confundidos entre sí, pero sobre todo les alarmaba el enriquecimiento de los perfumistas, tan solicitados en aquella pujante sociedad que amaba la belleza en todas sus formas. La siguiente cita muestra la inextricable relación de los perfumes con todos los momentos de la vida cotidiana en Grecia:

Los atenienses se bañaban antes de comer y también se perfumaban antes de sentarse a la mesa. Así lo hacía con frecuencia Afrodita, quien poseía un perfume maravilloso llamado “Aroma de Afrodita”, cuya composición guardaba en el mayor secreto utilizándolo solo en momentos muy precisos. […] El uso del perfume se hizo habitual en los enlaces nupciales tanto para la novia como para el novio. El cortejo nupcial  llevaba, entre otros objetos,  el vaso de los perfumes, llamado alabastrón. Los aromas se convierten en un artilugio erótico, imprescindible si se desea atraer al marido. El colorete, las camisas transparentes y el perfume aparecen en Lisístrata, comedia de Aristófanes, como los aliados esenciales de las mujeres en la guerra sexual que establecieron contra sus maridos para conseguir la paz. Pero si empleaban un aroma para atraer, también usaban otro para repeler, pues era costumbre que las mujeres de Atenas colocaran en las habitaciones hojas de una planta llamada sauzgatillo para apagar el deseo sexual de los hombres. […] En Grecia  existían perfumes para cada una de las partes del cuerpo: ungüentos egipcios para los pies y las piernas, espliego para el pelo y las cejas; las rodillas y el cuello se masajeaban con tomillo, el mentón y el pecho con aceite de palma y los brazos con menta.

Dentro de la casa de familia griega el gineceo era el espacio que los hombres reservaban a las mujeres. Estaba formado por una gran sala común rodeada por los aposentos para dormir, las cocinas y otras dependencias. Gruesos muros aislaban estos recintos del exterior. A diferencia de Esparta, donde las mujeres tenían los mismos derechos y deberes que los hombres y ante los cuales se mostraban prácticamente desnudas sin rubor alguno, en Atenas las mujeres tenían restringida su vida pública, no podían asistir a los juegos ni a las representaciones teatrales, y para presentarse en las calles se les exigía una vestimenta decorosa bajo pena de multa. Sin embargo, los gineceos acabaron por señalar  un ámbito de libertad casi absoluta para las mujeres: comidas suntuosas,  sedas transparentes,  colgantes de oro, sandalias finísimas. Se perfumaban manos y pies con esencias de Egipto, los ojos y los senos con aromas de Fenicia y sus muslos con el agua de rosas tan cara a Afrodita. También se maquillaban, empleando una pintura negra para los ojos y otra roja para las mejillas y los labios, ambas aromatizadas. Vale decir que los gineceos no eran ni mucho menos castos refugios para matronas ocupadas en parir o cuidar niños, pues este confinamiento social creaba una complicidad femenina de todo tipo, incluidos los encuentros furtivos con sirvientes desleales. […] En las celebraciones públicas los griegos lanzaban al vuelo palomas cuyo plumaje había sido impregnado con los más apreciados perfumes, de forma tal que los invitados eran  rociados con las fragancias mientras las aves aleteaban por el recinto. […] El perfume se utilizaba incluso en el vino, al parecer con el fin de evitar resacas. Los perfumes tenían la virtud de permitir grandes ingestas de alcohol sin ocasionar las molestas consecuencias de su abuso.

Lluvia de rosas en el jardín.  (Alma Tadema, Oil on canvas)

En los gimnacios, centros muy concurridos por la población masculina de las ciudades griegas,  también se hacía abundante uso de los perfumes en su forma de esencias, ungüentos y pomadas:

En el alipterion (dependencias anexas a los gimnasios) los aliptes solían preparar ungüentos perfumados, entre los que destacaba el rhypos, una pomada cuya base la constituía el sudor de los atletas, como hemos referido. Lo cual, por cierto, tiene una lectura bastante contemporánea, pues es probable que el rhypos poseyera propiedades anabólicas que se manifiestan, por ejemplo, en el crecimiento de la masa muscular, y ello debido a la presencia de androsterona, una hormona masculina. El rhypos  era un preparado de uso tópico, se mezclaba con diversos ingredientes entre ellos el aceite de oliva, y de lo dicho podemos inferir que constituyó un precedente de las sustancias esteroideas.

Un gimnasio de la antigua Grecia con sus atletas. La foto, como se puede apreciar, es de Alamy

También dieron a los perfumes usos medicinales, por ejemplo se embadurnaban de aceites aromáticos para proteger la piel del sol y los insectos. Los primeros perfumes preferidos en Grecia fueron los extractos de rosas, nardos, mejorana y el de las flores de vid, que llegó a aquellas tierras en las astutas bolsas de los comerciantes chipriotas.

La perfumería griega también conoció muy bien la importancia de los aceites :

Mirto

Si hay algún producto que transmita la esencia del Mediterráneo este es sin duda el aceite. El óleo será el gran vehículo para el perfume.  Dioscórides; médico, botánico y farmacéutico, en su obra De Materia Médica ya afirma que el aceite constituye casi el 50% de la materia prima de un perfume, aunque no se trata del mismo óleo dedicado a usos alimentarios como pudiera pensarse, sino una sustancia más liquida y lo menos grasa posible: omphacinon, se denomina este tipo de aceite, obtenido de aceitunas salvajes. […] Además del aceite de oliva, que en sí mismo era considerado un aroma, usaron otros aceites perfumados; el de Ben,  de almendra, sésamo y resinas de terebinto que utilizaban como fijadores para el perfume. Con el mismo propósito

Narcisos

utilizaron semillas de coriandro. Otros  aceites  empleados como esencia eran los obtenidos del laurel, el mirto, la rosa, el narciso, membrillo y lentisco.  Para las resinas aromáticas utilizaban hierbas, arbustos, semillas, flores, cáscaras de granada y almendras, higos, frutos de roble y semillas de cártamo. Más adelante,  las conquistas de Alejandro Magno ofrecieron a Grecia la posibilidad de gozar con los olores del sándalo, el nardo, la nuez moscada, la canela. […] El acerbo de olivas verdes era considerado el mejor excipiente.  El uso del aceite con intenciones

Sándalo

cosméticas o terapéuticas eran muy habitual, de hecho los productos eran perfectamente versátiles.  Se acudía a los baños públicos provistos de su recipiente particular de aceite que se utilizaba tras el baño para hidratar el cuerpo. El aceite, mezclado con polvo y el sudor del atleta, se retiraba con el uso del estrígilo aprovechándose después para usos médicos y constituyendo una buena base que servía también como combustible de lámparas.

Posiblemente nació en Grecia la costumbre de poner nombres a los perfumes. Hoy se conocen algunos que en ciertos casos tienen un parecido fantasmal con los nombres de perfumes de los siglos XIX, XX y estas primeras décadas del XXI, por ejemplo Iris de Ellis, que recuerda el nombre de uno de los primeros perfumes de la casa perfumista francesa Guerlain, pero también hubo otros perfumes con nombres  griegos como Pságdes, Baccaris, Bretion —un perfume de reyes usado por los monarcas partos—, y el Thymiaterion, un tipo de incienso originario de Creta, vocablos que a quienes no conozcan el idioma griego no dicen nada hoy, pero en aquella época debieron ser parte del atractivo de los perfumes, y un fuerte reclamo sobre todo para las mujeres. También fueron los griegos los primeros en dar a algunos perfumes el nombre de su creador, como es el caso del Megalion, de Megallos, y el Plangonion, compuesto por la perfumista Plangon, según refiere la poetisa Safo.

En Egipto se conservaban los perfumes en vasos de alabastro. Los griegos aprovecharon las propiedades de este hermoso material de aspecto marmóreo, traslúcido y de brillo ceroso para conservar en su interior los aceites y perfumes sin que perdieran sus cualidades. Pero los perfumistas griegos no tardaron en aportar su ingenio y pragmatismo comercial al negocio de los envases, y fueron los primeros en  diseñar frascos especialmente concebidos para la perfumería. Desarrollaron siete tipos de frascos de cerámica llamados lekytos, con formas naturales, geométricas y de animales fantásticos, y decoraciones que reproducían escenas mitológicas en las que únicamente aplicaban los colores rojo y negro, como fue característica de la cerámica griega en cierto período de su historia, algunos de cuyos ejemplares pueden ser apreciados entre las colecciones donadas por el marqués de Lagunillas a nuestro museo habanero de arte internacional.

La cultura occidental es de raíz grecolatina, pero como los griegos antecedieron a los romanos en el tiempo, influyeron primero que la todopoderosa Roma en la formación de la mentalidad de Occidente, y todo lo que nos aportaron continúa de algún modo muy vigente, como lo demuestra el hecho de que, si en uno de nuestros paseos nos encontráramos de pronto frente a una casa de perfumes en cuyas vidrieras se ofrecieran a la vista los preciosos lekytos, y el perfumista nos diera a elegir entre varias de sus fragancias en venta, podríamos confundirnos y pensar que estamos ante alguna marca moderna de perfumería que ha decidido lanzar al mercado sus productos con diseños de exótica apariencia antigua.

Invictus, una creación de Paco Rabanne inspirada en una antigua fórmula de la perfumería griega. El frasco también se inspira en el diseño de los lekytos

(La mayor parte de la información utilizada en este artículo fue tomada del libro Perfumistas y perfumes, del experto cubano Leonel Amador, editorial Científico-Técnica, 2016, y las citas pertenecen al sitio web http://www.lacasamundo.com/2013/02/perfumes-en-grecia-entre-el-mito-y-la.html, aunque fueron reconstruidas por mí con el propósito de mejorarles la redacción).
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Los papeles de Valencia el Mudo, posible identificación de una obra literaria inspirada en la historia del cafetal Angerona

Es bien conocido ese acerto de que la literatura engendra literatura, pero la historia también ha fecundado a la literatura con una incontable cantidad de novelas y cuentos, y aunque lo que escribiré a continuación es pura especulación personal no deja de resultar tremendamente incitante para los lectores cubanos, en especial para aquellos que aman y conocen nuestra ciencia ficción. Hoy se acepta en los estudios de literatura cubana que la primera escuela de ciencia ficción de la isla fue fundada por el escritor Oscar Hurtado, a quien se unieron enseguida los también escritores Miguel Collazo y Ángel Arango. Los tres tienen una obra muy interesante, pero los dos primeros unen a su calidad como creadores sus extrañas personalidades, que aún hoy, muchos años después del fallecimiento de ambos, siguen siendo tema de reflexión no solo para quienes los conocieron, sino para generaciones posteriores que convirtieron sus libros en textos de culto. Siempre he defendido mi criterio de que la noveleta Onoloria, de Collazo, para algunos en realidad un relato largo, es una de las joyas de la literatura nacional, que no ha sido debidamente valorada por la manía absurda que tienen muchos críticos en el mundo, no solo en Cuba, de pensar que la ciencia ficción (Collazo escribió ciencia ficción pero Onoloria no lo es) no es literatura y no pueden encontrarse en ella obras maestras de la escritura.

Pero la rareza de Collazo consistía en una personalidad introvertida, marcada por su infancia transcurrida en el barrio de Belén, la judería habanera si es que algo semejante existió en Cuba, por su origen judío, por el suicidio de su madre y por un alcoholismo que nunca le impidió su desempeño creador. Era, me contó su esposa Xiomara Palacios, un alma atormentada, con varios intentos de suicidios en su haber. Otros escritores que lo frecuentaron también me han contado que podía ser muy huraño incluso con colegas a los que admitía en su círculo íntimo, al extremo de permanecer en silencio durante las visitas a su domicilio con las que él mismo había estado de acuerdo, y pronunciar apenas unos breves monosílabos por toda conversación, por lo que algunos de estos escritores se vieron obligados a sostener con él verdaderos torneos de mudez. Yo pienso que Collazo fue uno de esos seres que no están hechos para la felicidad ni la paz interior, que vivió exiliado dentro de sí mismo y agitado por una sensibilidad muy mórbida y un sentido trágico de la existencia, y buscaba la muerte como una liberación, pero hasta donde sé un hubo en él nada especialmente misterioso. Era un hombre muy bien parecido que atraía a las mujeres, aunque tengo entendido que solo pudo mantener una relación estable con su esposa. Diseñaba, dibujaba, pintaba, pero no sé si era culto, aunque presumo que sí, porque Onoloria no pudo haber sido escrita por alguien que desconociera la Edad Media y el Renacimiento, y seguramente tenía conocimientos esotéricos,  de cábala  debió saber bastante, estoy segura, aunque sobre eso no puedo afirmar nada salvo señalar las claves que encuentro en Onoloria.

Hurtado, en cambio, fue de esos hombres que viven envueltos en su propia leyenda, que sigue agigantándose tras su desaparición física. Yo no lo conocí, pero he oído hablar mucho de él. Sé que frecuentaba asiduamente la UNEAC, donde participaba en torneos de ajedrez con otros escritores y artistas, y era un jugador temible. Muy extrovertido, era un conversador apasionado, y encuentro esta característica suya muy coherente con su signo en el horóscopo chino: Dragón. Esto me lo dijo su esposa, la escritora Évora Tamayo, durante una entrevista que le hice, hace ya décadas, en su hermoso apartamento de El Vedado con una vista al mar que quitaba el aliento. Nació el 8 de agosto de 1919 y falleció el 23 de enero de 1977, el mismo año que mi abuelo paterno don José Manuel, con quien tenía, por cierto, un parecido fantasmal, cosa que cuando descubrí me asustó bastante por las implicaciones que eso tenía y aún tiene para mí.

No era un hombre hermoso como Miguel Collazo, aunque poseía una apariencia imponente. Hace años lo describí así en este mismo blog:

Cuando digo que Hurtado fue una figura bien visible en los jardines de la UNEAC, las salas de ajedrez, los cines, teatros y otros lugares recoletos de la cultura de nuestro país, no me refiero solo a su tremenda corpulencia física, que rebasaba los 6,3 metros de estatura montados sobre unas tal vez 200 y más libras de peso corporal, sino a su físico que podría calificarse de raro (él se decía vampiro extraterrestre), a su enorme cultura y a su capacidad sobrehumana para hablar durante tantas horas sin parar que quién sabe si habría ganado un record Guinnes, pero sobre todo, a un extraño magnetismo que emanaba de su peculiar manera de ser y ejercía una fuerte atracción sobre quienes le trataban.

Oscar, hijo de un humildísimo vendedor de pescado,  tenía, sin duda  más dotes que la mayoría de las personas corrientes: fue tenor y fervoroso amante de la ópera, actuó en el filme Una pelea cubana contra los demonios, donde hizo el papel del sacerdote, y durante su breve estancia en los Estados Unidos, a dónde viajó en busca de oportunidades como muchos cubanos de su época, aprendió rápidamente el inglés, y al parecer lo aprendió tan bien que se enfrascó en una nueva traducción de Romeo y Julieta, la conocida obra de Shakespeare, porque no le satisfacían las traducciones que había leído. Era muy conocedor del teatro, al que asistía con frecuencia, y es probable que haya participado en alguna que otra obra como asesor, no lo sé a ciencia cierta. Vivió una intensa pasión, no sé si correspondida, con una actriz a la que escribió un poema singular. Le interesaba todo lo humano y lo divino y tenía una cultura enciclopédica, nacida de una de esas hambres voraces de conocimiento que le roban la paz al estudioso y lo arrastran por todas las civilizaciones del planeta y por todas las épocas. Yo conozco muy bien esa hambre.

Lo más curioso de Hurtado era, tal vez, que él mismo tenía algunas ideas raras sobre su persona. Decía que su origen era extraterrestre, estaba fascinado por los mundos lejanos y el tema de los vampiros era en él como una especie de pivote de su pensamiento. No he podido conocer toda su obra, pero cuando trabajé como correctora  de las galeras de la antología Los papeles de Valencia el Mudo, hecha por la escritora Daína Chaviano, de inmediato me fascinaron las dos partes de Los papeles… y Rocío del dragón. Los papeles… es la historia de su supuesto abuelo Valencia el Mudo, un ser mítico procedente de un linaje aristocrático, propietario de una plantación azucarera colonial y casado con la mulata Eva Marie Duvalier, venida de Haití, bruja vudú, vampiro y hacedora de zombies, que vampirizó a Valencia y a muchos esclavos de la hacienda. La historia está narrada por el nieto de Valencia, un niño, un alter ego del propio Hurtado. Tomo, también de este mismo blog, la siguiente cita:

[Valencia] desde su juventud era aficionado a las ciencias ocultas y oscuras y había perdido la lengua durante un ritual de misa negra. Hurtado cuenta que él pasó gran parte de su infancia en la plantación de su abuelo y fue criado por la mulata Eva Marie, a quien amaba en secreto con amor de niño. En Los papeles… Hurtado hace referencia a que su abuelo poseía en una torre de aquella propiedad un observatorio desde donde él y su esposa estudiaban atentamente el curso de los astros. Hurtado asegura haberse colado a escondidas en la torre y haber divisado desde su telescopio a dos de los personajes fantásticos más interesantes y terroríficos del folklore campesino cubano y de la literatura fantástica de nuestro país: la cucaracha gigante y la bola de candela.

Antes de continuar debo decir que Los papeles de Valencia el Mudo desmienten la afirmación de quienes pretenden que Hurtado no era un buen escritor. Esto es sencillamente absurdo. No tenía el estilo inimitable de Collazo en Onoloria, pero escribía impecablemente, cosa rara de encontrar en los escritores de ciencia ficción, y le impregnó a su prosa unas atmósferas mágicas que no he encontrado nunca más en la literatura nuestra, salvo en Onoloria, y me parece un tremendo logro haber conseguido esto con una materia literaria tan poco promisoria en ese sentido como una plantación de azúcar, pues la escritura de Hurtado no solo sabe a  cubanía, sino que tiene un aroma universal de antigüedad  siniestra. Era un escritor de cepa, porque nadie que no lo sea puede conseguir esos efectos que él logró. De Rocío del dragón y otros de sus textos y poemas no voy a hablar aquí, porque lo que me interesa ahora mismo es algo muy puntual, un descubrimiento que creo haber hecho mientras investigaba para escribir dos de mis más recientes posts, que tratan sobre el cafetal Angerona, uno de los primeros que existieron en el occidente de la isla y el más importante y rico, al menos, del área del Caribe, pero ha pasado a la historia nacional por ser el nido de una de las leyendas de amor más hermosas de Cuba: la del  comerciante y plantador alemán Cornelius Souchay y la mulata haitiana Úrsula Lambert.

Angerona fue un lugar lleno de misterios, en cuya entrada se erguía una estatua de la diosa Angerona, deidad del silencio y el secreto, y creo que Hurtado se inspiró en la plantación y en aquellos amores para crear la pareja de Valencia y Eva Marie.  Las historias, la real y la de ficción, son prácticamente idénticas: dos plantadores se unen a mulatas haitianas de belleza perturbadora. Las dos tienen apellidos franceses, Lambert y Duvalier. Pero hay dos detalles que me han impresionado de un modo muy particular: creo que Valencia es un personaje  basado en Souchay, y la condición vampírica de Valencia podría, también, estar inspirada en ciertos detalles de la personalidad del  alemán. Esto se me ocurrió cuando descubrí una cita debida a las investigaciones del profesor Du Bouchet, que forma parte de unos trabajos suyos publicados en los boletines del Archivo Nacional. La cita es debida a la pluma del Reverendo Abiel Abbot, un viajero que recorrió Cuba y tomó muchos apuntes que luego publicó en forma de libro. Abbot visitó Angerona y pasó allí algunos días en compañía de Cornelius, aunque no menciona a Úrsula. Reproduzco  a continuación la cita que me interesa destacar:

El señor Souchay tiene preparada su última morada, o tumba, en la entrada norte de su hacienda, y me dijo que dentro de poco será construido el ataúd, de madera incorruptible. Tiene pensado contratar un músico para que se ocupe de seleccionar y enseñar una banda de cuarenta de sus negros para que lo distraigan en el ocaso de su vida y le acompañen hasta su sepultura con fúnebres melodías.

Independientemente de las reflexiones que me provocó esta cita y de cuestionarme si el enamorado alemán y pragmático comerciante era, en realidad, un neurótico o padecía alguna enfermedad del espíritu, —porque solo así me puedo explicar el planeamiento de una tumba por un hombre que demoró varios años en morir—, la frase ataúd de madera incorruptible saltó del párrafo ante mis ojos como si la hubiera iluminado una luz de fuego: ¿Para qué querría Cornelius Sochay un ataúd de madera incorruptible, esos que  describen las leyendas como los preferidos por los vampiros para conservar sus cuerpos con la frescura de la vida? Que se hiciera enterrar en el cementerio de Angerona no me llama especialmente la atención, porque si no llegó a ser una costumbre entre los hacendados de la isla, solía hacerse. También Valencia y Eva Marie fueron sepultados juntos en el cementerio de su plantación. Pero… ¿un ataúd incorruptible?  Este elemento no debió pasar inadvertido a Hurtado, especialista en vampiros.

Pero hay aún otro detalle significativo. En Los papeles… Hurtado  menciona la existencia de una torre en la hacienda de su abuelo donde este tenía un observatorio. No quiero parecer tendenciosa, pero cualquiera que examine las fotos y grabados de época de Angerona podrá ver de .inmediato que en el edificio también existía una torre desde donde era posible vigilar a los esclavos, o sea, un observatorio.

En el extremo inferior derecho de este collage de imágenes puede verse la torre observatorio del cafetal Angerona

Como investigadora no puedo demostrar que Hurtado se inspirara en los dueños de Angerona para escribir Los papeles de Valencia el Mudo, pero como escritora me asiste el derecho a especular con una idea tan tremendamente excitante, que si fuera cierta respaldaría la poderosa fuerza de la imaginación de Hurtado, y al mismo tiempo su sagacidad como observador de la historia. No conozco ninguna obra de escritores cubanos que hayan usado un hecho de la historia colonial para crear un texto de ficción tan hermoso y tan logrado, escrito en una aparente clave de realismo, como Los papeles… Hasta donde sé, solo dos veces se ha tocado el tema de Angerona en el arte cubano: en el texto de Hurtado y en el filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, muy posterior. A nadie más se le ha ocurrido sacar partido artístico de semejante materia. Aunque los hechos que confronto no me permiten demostrar mi teoría, ¿no es verdad que como aventura especulativa resulta muy atractiva y digna de una ionvestigación más profunda?  Pero ya no deben quedar muchas personas que hayan conocido a Hurtado, así que probablemente nunca lo sabremos.

 

 

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El perfume, un clásico que regresa

Es evidente que lo que nos quiere transmitir el autor de El Perfume es algo que sólo está al alcance de muy pocos. Para la mayoría es un libro aburrido y totalmente fuera de sí. Solo llegas a percibir su verdadera esencia cuando realmente comprendes que todo, absolutamente todo, lo que podamos sentir en nuestra vida entra por la nariz. Crear el perfume perfecto, la fórmula común para que toda la humanidad caiga rendida a tus pies. Una verdadera obra maestra de la literatura.

Anónimo.

(Los subrayados son míos)

Elegí esta cita que encontré en un foro sin importancia porque, curiosamente y debido a cierto desorden en su redacción, contiene los dos juicios diametralmente opuestos que ha merecido la novela El perfume, del escritor alemán Patrick Süskind, desde que apareció en librerías en 1985. Hace muchos años, cuando yo comenzaba mi carrera en el periodismo como una simple colaboradora de la página cultural de Granma, publiqué una reseña de esta novela, que acababa de leerme y me había impresionado con mucha fuerza, y de inmediato un célebre periodista de otro órgano de prensa respondió con un comentario mordaz donde calificaba la obra de Süskind de “catedral del aburrimiento”. La Subdirección del periódico me impuso silencio, pero yo nunca he olvidado aquel acto de voluntariosa y arbitraria pedantería, porque resultaba, además, un juicio crítico absolutamente estulto.

Han pasado ya treinta y tres años de aquel incidente y sigo pensando que el libro es una obra maestra del arte no solo literario, sino también de lo que los griegos clásicos llamaron ekphrasis, el arte de pintar con la palabra, y a quienes no estén familiarizados con el término les recuerdo que es la técnica más utilizada por Homero en La Ilíada (en especial en la descripción del escudo de Aquiles), obra que sí se conoce y se estudia en nuestros programas de enseñanza media y superior. Y el tiempo me ha dado la razón: no solo El perfume está considerada como una de las veinte mejores novelas del siglo XX —traducida a más de 40 idiomas, incluido el latín (¡!), con 20 millones de ejemplares vendidos, y además figura en esa lista junto a El guardián en el centeno, de Salinger, y Pedro Páramo, de Juan Rulfo—, sino que ha comenzado a cumplirse para ella el destino reservado a los clásicos de la literatura:  fecundar otros territorios del arte, en este caso el cine y la televisión.

Nunca he estado de acuerdo con ciertas teorías según las cuales el lector debe enfrentarse a la obra de arte como un producto absolutamente independiente de su creador, y cuyas claves hay que buscar en sí misma y no en la personalidad  del artista, sus traumas, sus neurosis, etc., pero en el caso de Süskind —como en el del norteamericano Salinger y el mexicano Rulfo—, los buscadores de claves no cuentan con la complicidad del escritor, porque no es un autor  mediático que disfruta del marketing ni de la civilización del espectáculo, como está hoy tan de moda, sino un creador solitario de esos que eligen el exilio interior como fuente de la gracia para nutrir su arte. Süskind casi no ha dado entrevistas, no se deja fotografiar, no asistió al estreno mundial del filme y se sabe muy poco sobre su vida privada. Dicen que vive como un clandestino. Nació en Baviera en marzo de 1949, hijo de un escritor y una ceramista. Según la Wikipedia realizó estudios de Historia Medieval y Moderna en la Universidad de Múnich y en Aix-en-Provence, Francia, entre 19681974 (¡ah, pero qué sorpresa: un medievalista!), y en la década de 1980 trabajó como un guionista televisivo para Kir Royal y Monaco Franze, entre otros. Era, pues, antes de publicar su opera prima, un hombre familiarizado con el lenguaje cinematográfico.

Yo creo que quien leyó El perfume jamás puede olvidarla, pero para quienes no recuerdan o no la han leído conviene comentar su argumento: Una joven pescadera da a luz en un mercado de pescado del París medieval a un bebé que arroja entre la basura, los excrementos y las aguas fétidas de aquel muladar que Süskind describe con mano maestra. Vale decir que París era, con toda probabilidad, la ciudad más sucia de Europa en aquella época. El bebé Jean Baptiste Grenouille (su apellido es en realidad un mote de burla a su escualidez y significa Ranita) defrauda las expectativas de su madre y no muere, sino que rompe a llorar con tanta fuerza en sus flacos pulmones que atrae la atención de la gente alrededor de la parturienta, y esta es encarcelada y luego decapitada por infanticidio. El primer contacto de Grenouille con el mundo es a través de los hedores de la putrefacción, y su primera experiencia el rechazo materno, el abandono y el frío de la intemperie. Criado como huérfano por manos a veces piadosas y a veces traficantes, Grenouille aprende una triste verdad sobre sí mismo: ha nacido con el inestimable don de una nariz capaz de olfatear  cualquier olor a las mayores distancias, y con memoria propia para registrar cada olor y jamás olvidarlo, pero… él mismo carece de olores corporales: no huele a NADA. Este descubrimiento viene acompañado por la observación del efecto que hacen los perfumes sobre la psiquis de los seres vivos, atrayendo sobre estos el amor, el odio, el deseo y toda clase de reacciones instintivas y sentimientos, pero él no podrá beneficiarse jamás de esa cualidad de los olores, no será amado ni odiado, solo una especie de fantasma que vivirá entre la gente sin que nadie note su presencia. Desde el momento en que descubre que su falta de olores hará del un paria social, concibe el deseo único, telúrico, de crear un perfume que lo haga visible ante los ojos de sus semejantes y le permita manipular sus emociones. Finalmente llega al taller de un perfumista donde comienza a aprender el oficio, y allí lleva a cabo sus primeros experimentos para encontrar esa fragancia con la que sueña, hasta que arriba a la conclusión de que no hay para él otro modo de entrar en la existencia de los humanos que arrebatarles sus propios olores y hacerlos suyos. Su primera víctima es una joven ciega que transita por una estrecha callejuela del París medieval llevando un cesto de ciruelas maduras y fragantes. Grenouille la asesina y mutila ciertas partes de su cuerpo que se lleva consigo para sus experimentos, y este será el primero de una serie de crímenes que cometerá en busca del perfume perfecto. Aprehendido en una ocasión por el asesinato de la hija de un noble, una joven virgen que cumple con todos los requisitos para que el ya experimentado perfumista pueda, por fin, conseguir su fórmula ideal, es llevado al patíbulo, donde, a punto de ser decapitado, se unta unas gotas de la fragancia obtenida de su última víctima y consigue someter no solo a sus verdugos, sino a la nutrida multitud que se ha reunido en la plaza para presenciar su ejecución, que al olfatear en el aire el olor de la doncella cae en éxtasis orgiástico mientras lo adora como a un dios. Grenouille escapa, pero su breve vida acabará en un cementerio donde la fragancia de la joven atrae sobre él a esa horda de mendigos, locos, leprosos y hez social que habitaba en los rincones de París y a la que Víctor Hugo llamó Corte de los Milagros. Es tal el efecto que el aroma virginal ejerce sobre ellos (es el tema de la leyenda de la dama y el unicornio) que son poseídos por un delirio colectivo de adoración y terminan devorando al perfumista en una especie de eucaristía, como si comieran del cuerpo y la sangre de Cristo para purificarse de toda su fealdad y su miseria. En esa apoteosis de amor caníbal termina sus días el que nació en la inmundicia.

Hay un aspecto de la novela que mencionaré muy brevemente. Se trata del retiro en una cueva que lleva a cabo Grenouille para ocultarse de sus perseguidores, y se convierte para él en una experiencia trascendente, algo así como la iluminación que creían recibir algunos monjes cuando se retiraban en largos ayunos al desierto. Creo que la crítica hecha hasta hoy en torno a El perfume no ha concedido a esta parte de la historia la atención que merece, y han pasado por alto que si algo en esta novela contradice la clasificación de thriller psicológico que se le ha dado es, precisamente, este retiro que en aquella reseña que escribí para Granma comparé con el retiro de Cristo en el desierto. Quienes estén familiarizados con la historias bíblicas sobre Jesús se darán cuenta del paralelismo existente entre los dos hechos: tanto Cristo como Grenouille son visitados por el Diablo, pero a Grenouille no se le presenta como un ser, una sombra o una voz, sino como el descubrimiento de que su verdadero destino es odiar y ser odiado, y la aceptación de ese destino. Cuando leía la novela me impactó profundamente la maldad que encierra tal similitud y y me pareció una idea realmente sacrílega, perversa,  muy inquietante y perturbadora, y sobre esto volveré más adelante.

EL PERFUME, HISTORIA DE UN ASESINO. El filme.

En 2006 la casa productora alemana Constantin Film decidió adaptar la novela para el cine bajo el título  El Perfume: historia de un asesino. Antes ya Süskind había recibido varias propuestas de Hollywood atraído por el extraordinario éxito de la obra literaria, pero las rechazó por el temor de que la industria cinematográfica norteamericana distorsionara y empobreciera la recreación de la Edad Media que él había hecho en su escritura. En realidad no estaba opuesto a llevar su novela al cine, pero tenía en mente a directores de primera línea como Stanley Kubrick y Milos Forman. También estuvieron involucrados en el proyecto Ridley Scott, Tim Burton y Julian Schnabel, pero declinaron porque el material literario les parecía imposible de adaptar al cine, pues en la novela Grenouille no tiene un solo parlamento y técnicamente no existe lo que se llama una historia. Al fin decidió confiar en Tom Tykwer, un joven director alemán casi desconocido. La cinta, coproducida entre Alemania, España y Francia, fue protagonizada por el inglés Ben Whishaw y Dustin Hoffman. Fue difícil encontrar al actor que impersonara a Grenouille y la búsqueda duró casi un año. Tykwer lo vio actuar en el teatro en el papel de Hamlet y de inmediato sintió que había encontrado lo que buscaba, porque Whishaw podía encarnar al mismo tiempo “el ángel inocente y el asesino”.

Más tarde confesó que quería un actor sin renombre, un “nadie”, porque esa era la esencia de Grenouille. Dustin Hoffman fue elegido desde el principio y nunca se pensó en otro candidato para su personaje. La selección del casting fue excelente, pero a Whishaw, quien ya tenía en su haber unos pocos títulos de filmes sin importancia, le ocurrió como al adolescente que protagonizó al joven Tadzio en el filme de Fellini Muerte en Venecia : fulguró como un cometa y no volvió a brillar en el mundo del cine, al menos hasta hoy.

La película tuvo un presupuesto de producción de 63 millones de dólares (50 millones de euros) y se considera una de las producciones fílmicas más caras del cine alemán. Se utilizaron un total de 5.200 extras para la película, y en ocasiones hasta un millar a la vez. Para la escena de la orgía colectiva en la plaza donde sería supliciado Grenouille se emplearon 750 extras al mismo tiempo. Para lograr el realismo necesario se utilizaron 50 actores claves, entre los que estuvieron el grupo de danza y teatro catalán La Fura dels Baus y 100 relativamente experimentados talentos que formaron el núcleo de la multitud. Es uno de los filmes históricos que ofrece una más fiel recreación del París medieval y una de las películas más exquisitas que yo he visto. Sobre la fotografía, la ambientación y el diseño de vestuario menciono algunos datos sumamente interesantes tomados de Wikipedia:

El fotógrafo Frank Griebe dijo que de todas las películas que vieron y que habían recibido alguna filmación en el lugar, ninguna de ellas realmente tenía la tierra y la arena de la ciudad que deseaban para Perfume. “Necesitábamos una ciudad sucia para conseguir la sensación real de los olores de la misma”, dijo Griebe. Tykwer quiso recrear el París del siglo XVIII, visto a través de los ojos de la clase baja como Grenouille y dijo que quiso rodar la película “como si fuésemos arrojados a una máquina del tiempo con una cámara”.

Tykwer describe la película como que tiene “claramente una oscura estética”, debido tanto a la falta de iluminación adecuada en el período de tiempo de la película y a la naturaleza de su historia. El cineasta se inspiró en los pintores que se especializaron en la oscuridad con pocas fuentes de luz como Caravaggio, Joseph Wright de Derby y Rembrandt. La película comienza con una paleta monocromática de colores fríos, y a medida como Grenouille descubre más olores, la paleta se calienta y se abrirá. En las escenas donde Grenouille se va de París por primera vez, los realizadores sutilmente agregaron más colores de gran alcance en los decorados, vestuario, utilería y la iluminación para representar la experiencia de Grenouille de los nuevos olores.

Uno de los principales retos de hacer la película era transmitir los olores y el mundo de los aromas con las experiencias de Grenouille. […] Los realizadores se esforzaron para transmitir el olor visualmente sin el uso de colores o efectos especiales. Griebe dice: “La gente ve el mercado de pescado al máximo, con sangre de pescado crudo, y ellos saben que apesta, ven un campo de lavanda y saben que huele cerca de maravilla. Mostramos a Grenouille teniendo olores de catación con la nariz, y lo hacemos con fotos de su nariz, y eso es todo! “.

Pierre-Yves Gayraud, la diseñadora de vestuario de la película, pasó 15 semanas investigando la moda del siglo XVIII. La producción de más de 1.400 trajes, además de la preparación de los zapatos, sombreros y otros accesorios se terminó en tres meses de talleres en los alrededores de Bucarest. El departamento de vestuario tuvo que hacer la ropa desgastada y sucia. Además, los actores estaban obligados a llevar el vestuario y más o menos vivir con él antes de filmar, con la finalidad de que se viera usada. Al personaje de Grenouille no se le dio ninguna ropa blanca y llevaba en exceso prendas de vestir azuladas en la mayor parte de la película, porque los cineastas querían representarlo como una sombra y un camaleón.​ En lugar de vestir el personaje de Laura con el colorido vestido regional que era la tradición de la época, estaba vestida con tonos menos vivos que los de una doncella de París para resaltar sus aspiraciones sociales, así como su pelo rojo.

He incluido en este trabajo todos estos datos para apoyar mi afirmación de que El perfume historia de un asesino tiene una de las facturas mejor cuidadas en la historia del cine de época de todos los tiempos, y es una película impecable. Preferiría no ser acusada de fundamentalista.

Casi toda la filmación de exteriores se llevó a cabo en España, fundamentalmente en Barcelona, Gerona y Figueras. Para las callejuelas de París se usaron las calles de Barcelona, cuyo Barrio Gótico en el Distrito de Ciutat Vella, centro histórico de la ciudad, se convirtió en el mercado de pescado de París. El Pueblo Español, un museo al aire libre en esa ciudad catalana, fue el set donde se rodó la escena clímax de la orgía multitudinaria. Para crear un ambiente de auténtica suciedad, la nómina de producción incluyó una “unidad de la suciedad” de alrededor de 60 personas, cuyo trabajo consistía en distribuir diariamente la basura de la ciudad en los lugares donde se filmaba. Dos toneladas y media de peces y toneladas de carne fueron dispersados en El Barrio Gótico.

La película fue todo un éxito financiero y recuperó con creces la inversión, especialmente en Europa, habiendo ganado135.039.943 dólares en todo el mundo. ​ Se estrenó en Alemania el 14 de septiembre de 2006 y fue número uno en la taquilla en sus tres primeras semanas. Hizo  9,700,000 dólares en su primer fin de semana y se estima que 1.040.000 personas vieron la película en sus primeros cuatro días de exhibición en Alemania. La película terminó vendiendo más de cinco millones de entradas tickets y recaudó 53.125.663 dólares, la más alta recaudación bruta para una película dramática alemana (Idem)

La adaptación de la novela al cine es totalmente fiel y solo algunos detalles sin importancia fueron cambiados u omitidos para enriquecer la dramaturgia. Los parlamentos creados para que el personaje de Grenouille pudiera expresarse en el filme no alteran la fidelidad del guión a la obra literaria. Quisiera agregar que, en mi opinión, las mejores actuaciones son las masculinas, tanto las de los actores que encarnan a los personajes adolescentes como a los ya adultos.

La crítica cinematográfica no fue generosa con el filme, aunque le reconoció sus valores más evidentes, pero en los materiales que he revisado puedo constatar una especie de malestar que indujo a los críticos, tan gustosos de asignar estrellas doradas a las películas para graficar su nivel de aceptación, a negarle siempre la quinta estrella, e incluso alguno llegó a expresarse en muy malos términos calificándola como “…muy floja, austera y repelente”, y otro fue aún más lejos al hablar de la “historia esquizofrénica” que cuenta, y esto resulta sumamente interesante, como veremos enseguida cuando analice la serie televisiva. Yo no pienso como los críticos. En mi humilde opinión El perfume historia de un asesino es uno de esos fenómenos de inquietante  impecabilidad que aparecen de vez en cuando en la historia del cine.

En Europa la película fue nominada a cinco Premios Saturn en los Saturn Awards como Mejor Acción / Aventura / Thriller Film, Mejor director (Tom Tykwer), Mejor Guion (Andrew Birkin, Bernd Eichinger, Tom Tykwer), Mejor Actriz de Reparto (Rachel Hurd-Wood) y Mejor Música (Tom Tykwer, Johnny Klimek, Reinhold Heil). En los European Film Awards 2007 , Frank Griebe ganó el premio a la mejor fotografía y Uli Hanisch ganó el Premio de Academia de Cine Europeo de Excelencia por su trabajo de diseño de producción. La película también recibió nominaciones en los People´s Choice Awards, en las categorías como Mejor Actor (Ben Whishaw) y Mejor Compositor (Tykwer, Klimek, Heil). En los Premios del Cine de Alemania de 2007 ganó el premio de Plata a la Mejor Película de Cine y los premios a la Mejor Fotografía, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Montaje, Mejor Diseño de Producción y Mejor Sonido. ​ También recibió nominaciones a la Mejor Dirección y Mejor Música de Cine. En el 2007 en los Premios del Cine de Baviera , Tykwer y Hanisch ganaron galardones en las categorías por Mejor Director y Mejor Diseño de Producción.[

PARFUM. La serie.

Cuando vi en los anaqueles de los vendedores de discos uno en cuya carátula se leía El perfume, lo compré sin pensarlo dos veces. Que llevara el sello Netflix no fue lo más importante para mí, sino la posibilidad de encontrarme otra vez frente a frente con la obra maestra de Patrick Süskind. No me detuvo la advertencia de que no se trata de la historia original, sino de una versión actual, y menos aún su clasificación de thriller policiaco. Si yo hubiera sido la directora de esta serie jamás se me habría ocurrido intentar siquiera acercarme a la novela o a la película. Un remake no tendría ningún sentido, puesto que tanto la obra como el filme aplican para la categoría de hortus conclusus, frase latina que significa huerto o jardín cerrado, empleada para referirse a una obra de arte autotélica, suficiente en sí misma y que, por tanto, siempre funcionará, imposible de otro modo, como un hipertexto.

No tengo información —ni imagino— cómo habrán convencido a Suskind para que aceptara esta vez, pues es conocida la aversión de los grandes escritores a permitir que sus obras sean llevadas a la televisión, y teniendo en cuenta el refrán de que a la tercera va la vencida, la serie no parecía tener muchas posibilidades.

Anunciada como “una de las series alemanas más esperadas y macabras”, se trata, en realidad, de una miniserie de seis capítulos. La historia comienza cuando una joven cantante de moralidad cuestionable aparece asesinada en su lujosa residencia, con un modus operandi que recuerda a las víctimas de Grenouille. A pesar de tener muchos amantes, se movía en un círculo muy cerrado de amistades íntimas que conservaba desde sus tiempos de estudiante. La inspectora a cargo del crimen sospecha de estos ex alumnos de internado y empieza a introducirse en sus vidas actuales, en las que va encontrando pistas que, manejadas con técnicas de flashback, van retrotrayendo la historia  a la adolescencia de los personajes, donde encuentra crímenes antiguos que la policía nunca pudo solucionar. También descubre un dato realmente macabro: la novela El perfume era el libro de culto de esta especie de fraternidad secreta de estudiantes, quienes en sus días de internado formaron lo que hoy llamaríamos en Cuba un círculo de interés muy misterioso, en el que se aplicaban a adiestrarse en los olores, influidos tremendamente por esa obra. Además, casi todos sus miembros tenían en común historias de abandono, maltrato infantil y abuso sexual.

Parfum, y este dato es significativo, también ha sido producida por Constantin film y  trasmitida por la cadena alemana ZDF NEO en noviembre de 2018. Dirigida por Philipp Kadelbach, ha tenido la misma aceptación que la novela y la película, y desde su estreno se convirtió en un éxito. Debe entenderse que la historia, que comienza in media res, sigue los patrones clásicos del policiaco, por lo que en el principio, a diferencia de sus fuentes, solo hay sospechosos, más víctimas seriales y una larga, profunda y muy dolorosa indagación que debe conducir al asesino, con resultados absolutamente sorprendentes y desconcertantes.

Nunca me han gustado las etiquetas al uso, pues como repositoras de conceptos suelen fracasar por exceso o por defecto. Drama policial es una clasificación que se me queda escasa para Parfum, cine más que televisión, y muy buen cine psicológico. Es una serie de impecable factura que no hace concesiones ni a la mediocridad, ni al facilismo ni a los clichés del género. Elaborada con gran refinamiento y con un guión muy inteligente, se mantiene todo el tiempo en una atmósfera que dialoga con referentes de la cultura alemana. Por ejemplo, ya en el primer capítulo aparece en una pared de la casa de la víctima un cuadro de gran tamaño, una pietá, como se llama en artes plásticas a las pinturas que representan a la Virgen con el Niño Jesús en brazos o con el cadáver adulto de Jesús, y por extensión, a todos los conjuntos de una madre que sostiene a un hijo en posición yacente. Este cuadro, en particular, recuerda de lejos a las pietás de la pintura medieval alemana. El cuadro, que el espectador nunca logra ver en detalle, aparece varias veces a lo largo de la serie, insistencia que hace sospechar una intención subliminal asociada a alguna clave importante de la historia relacionada con la maternidad. La imagen connota un sustrato temático tan compacto que ha sido usada en carteles promocionales de la serie.

El paisaje está tratado en muchos momentos como en los óleos, incluso ese tinte verdoso que muestran algunas de las escenas del tiempo presente de la historia son propias de ciertos pintores alemanes anteriores al siglo XIX. La trama está llena de códigos: la adolescencia de los protagonistas transcurre en escenarios bucólicos entre arquitectura y ruinas medievales, en diálogo con la historia original de la novela de Süskind. Este tiempo pasado tiene colores vivos, frescos, mientras que la mayoría de las escenas del presente transcurren en interiores de inmuebles modernísimos, costosos, elegantes, pero la luz y la paleta de color es más oscura y los personajes visten de negro. La piscina de una de las mansiones está decorada con estatuas y bustos clásicos y recuerda levemente un baño romano del pintor Alma Tadema o, para ser más exacta, la versión alemana moderna de un antiguo baño romano, y no hay que olvidar que desde Carlomagno los alemanes se han considerado el Sacro Imperio Romano Germánico, es decir, los herederos del espíritu y el poder de la Roma imperial. El corte de pelo del actor August Diehl, quien encarna al elegante perfumista Moritz de Vries, es el mismo que llevaban los nobles en la Roma imperial. Diehl, que ha protagonizado en varios filmes papeles de oficial nazi, en esta serie, además de recordar a un germano romanizado tiene un sorprendente parecido con los actores que han encarnado a Frankenstein en el cine, y este parecido fantasmal que lo envuelve como una aura, unido a su vestimenta negra y elegante y a su palidez extrema refuerzan la entraña siniestra de su personaje. En ese sentido la visualidad de la serie está llena de claves que constituyen un muy sólido entramado de fondo.

El lait motiv de la historia viene dado por la influencia que la novela de Süskind ejerce sobre este grupo de adolescentes, perturbados en las raíces de sus personalidades por profundos conflictos familiares. Uno de ellos era obligado por su madre desde muy temprana edad a realizarle cunnilingus, otro se crió en casas de acogida, la chica del grupo convivía con un padre con el que no podía comunicarse y ante cuya vista casi muere desangrada tras practicarse un aborto a sí misma, por lo que las autoridades la llevaron a una casa de acogida; otro vivía un terrible complejo por sufrir deformidades físicas que lo inhibían psicológicamente para el ejercicio de su sexualidad. Eran un caldo de cultivo abonado para la crueldad y la violencia, tanto física como psicológica, que terminan ejerciendo entre ellos y contra ellos mismos. Hay violaciones, abusos de género que destruyen autoestimas, humillaciones y una promiscuidad sexual por momentos rayana en la perversidad, pues todos estaban enamorados de la víctima, la diosa sexual del grupo, una conquistadora, como la definen los policías a cargo del caso, y poseedora, por supuesto, de un olor corporal que ejercía un poder absoluto sobre los demás. Con los años los traumas se hacen más intensos y el grupo desarrolla formas de interrelación muy perturbadoras. La chica a la que todos violaban se casa con uno de los violadores y conforman un matrimonio con una vida sexual bajo el signo de un morbo cruel de  ribetes sado-maso: él la desea, ella lo rechaza, él sigue violándola una y otra vez y le propina golpizas, empujones, bofetadas, y ella perpetúa la costumbre de dejarse manosear ante sus ojos por el resto de los violadores. Dentro del grupo hay alianzas y conflictos de intereses que imprimen a la dramaturgia gran tensión, pero en el fondo todos estos hijos sin madres quieren ser amados. Hay una escena muy significativa donde la investigadora los interroga a cada uno por separado y les pregunta: “¿De qué trata la novela El perfume?”, a lo que cada cual da una respuesta diferente que emana de su propia percepción del mundo: para uno trata del abandono, para otro de la belleza, para otro de la suciedad, para otro del amor. Revelaciones individuales de las que, tal vez, no son conscientes.

El personaje de Grenouille está replicado en esta serie en el del joven Moritz, presumiblemente francés como su nombre parece indicar, que ya desde su estancia en el internado mostraba gran afición por los perfumes y era, en cierta forma, el líder intelectual del grupo de amigos. De Vries adulto es un perfumista que reside en Francia pero viaja constantemente a Alemania, y se dedica de manera obsesiva a crear perfumes personalizados y exclusivos para satisfacer a su muy selecta clientela. El adolescente abusado sexualmente por su madre es, en el presente, el dueño de un burdel. La antigua ícono sexual del grupo es la cantante-prostituta de lujo que muere asesinada. Todos ocultan secretos muy oscuros sobre crímenes grupales cometidos en el pasado. En apariencia los une una fuerte amistad, pero ese sentimiento, observado de cerca, resulta un constructo de amor-odio verdaderamente enfermizo y alienante. El mismo sentimiento que obsedía a Grenouille, quien sigue respirando a través de cada personaje de Parfum como un espectro que continúa a través de ellos su existencia parásita.

En el filme, laboratorio del perfumista Guiseppe Baldini, donde Grenouille trabajaba como aprendiz

Laboratorio del perfumista Moritz de Vries en la serie Parfum

Lo que hace de Parfum un producto tan interesante y eficaz no es, como suele suceder actualmente en el cine y sobre todo en los policíacos, la abundancia y extremismo en las escenas de sangre y erotismo. Hay sexo, hay  heridas, crueldad y violencia sumas, pero sin abaratamientos ni abusos temáticos destinados a asustar o satisfacer morbos. Nada es superfluo y nunca se va un paso más allá de lo necesario, la fórmula siempre se mantiene en equilibrio, pudiera decirse que con mucha clase. Hay escenas emocionalmente muy fuertes, como cuando la cámara enfoca el interior del ataúd bruscamente abierto y queda expuesto el cuerpo de la cantante asesinada con todos sus cortes y las costuras de la autopsia, envuelta en su vestido de colorido estampado que recuerda una vegetación de bosque, en franco contraste con el negro de luto de los vivos que la acompañan y que la siguen violentando aún en la muerte. Es en escenas tan bien pensadas como esta donde recae la mayor carga emocional de la historia.

No creo, como afirman ya algunos críticos, que la serie no tenga nada que ver con el libro. Por el contrario, creo que da respuesta analítica y profunda al conflicto de abandono para el que en la novela no hubo mucho espacio, desplazado por la presencia avasalladora del mundo de los perfumes pero, sobre todo, por ideas artísticas de más profundo calado. Grenouille no es un personaje a escala humana, está sobredimensionado, digamos que concebido en un estilo expresionista, es una alegoría del Mal. La intención de Süskind nunca fue que viéramos en él un hombrecillo “raro”, un pequeño asesino con pretensiones:

Quería ser el dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías, pero ahora en el mundo real y para seres reales. Y sabía que estaba en su poder hacerlo. Porque los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume. Porque el perfume era hermano del aliento. Con él se introducía en los hombres y si éstos querían vivir, tenían que respirarlo.

Cada personaje de Parfum es un aspecto humanizado de Grenouille. Son hombres y mujeres mutilados y perdidos para el Bien desde el comienzo de sus vidas, pero todavía no absolutamente malvados. Y Grenouille, tal como había ansiado fue, a través del poder del perfume, su dios, un dios de los Incompletos y de la Incompletud. Y es en esta dirección donde habría que buscar, me parece, el problema artístico de la novela, eso que en la cita que usé como paratexto de este artículo el forista Anónimo llama la verdadera esencia de la obra, que ha pasado por magia de vasos comunicantes a la película y a la serie: la Transgresión, la violación de los límites, qué pasa cuando el individuo da un salto y cae en un territorio que está más allá de la dimensión humana.La exploración de los límites, esa es la verdadera preocupación de Süskind como creador: está explorando un prototipo de la Maldad absoluta, un individuo que no es un poco malo y un poco bueno, como sucede con las personas normales, que no tiene un lado oscuro y otro luminoso, sino que es todo él oscuridad. Estos tipos puros raramente se encuentran en la naturaleza, la biología no los produce casi nunca. Por eso se ha manejado el término ezquizofrenia para intentar entender de qué va esta novela tan extraña que, si la tomamos por una mera historia, se torna incomprensible y, para algunos paladares poco refinados, hasta absurda. Pero Süskind  se cuida de dejar bien claro que no quiso crear el personaje de un loco, como demuestra este párrafo extraído de la propia obra:

No brillaba ninguna chispa de locura en sus ojos ni desfiguraba su rostro ninguna mueca de demencia. No estaba loco. Su estado de ánimo era tan claro y alegre que se preguntó por qué lo quería. Y se dijo que lo quería porque era absolutamente malvado. Y sonrió al pensarlo, muy contento. Parecía muy inocente, como cualquier hombre feliz.

Y aquí hay que volver a revisar el sentido del largo retiro en la cueva. Grenouille no solo parecía muy inocente: LO ERA, tras la revelación de su maldad estaba en el mismo estado que Adán y Eva antes que la Serpiente les revelara la dualidad del Bien y el Mal. No existía para él tal dualidad en su mente, tan solo existía la palabra, el concepto, que Dios creó pero Lucifer nunca entendió, porque su naturaleza estaba más allá de los límites trazados por Dios para los hombres. Los odio —piensa Grenouille—porque son lo que nunca podré ser, y los mato para robarles la esencia que los hace amados, para ser como ellos, y eso me hace sentirme contento, feliz, como un estado de gracia al revés, pero con idénticos efectos euforizantes, siempre producidos por la conquista de cualquier clase de poder. El Orden ha sido subvertido en Grenouille y por eso es una creación luciferina, porque es un transgresor del orden de Dios y de los hombres, pero sin culpa, sin que haya mediado en ello su voluntad, porque no ha sido su elección. Y Süskind, su creador, es un artista que explora el arquetipo de la Transgresión. Por eso Anónimo da muestras de cierta sagacidad cuando afirma que El perfume no es un libro para mayorías. Aunque él no alcance a comprender el fundamento sobre el que ha sido edificada la novela, intuye que hay uno tremendo, pero no está a la vista.

He escrito este trabajo para desplegar una vez más ante mis ojos la alquimia por la cual una obra de arte deviene un clásico. Es un fenómeno que siempre me place observar, porque no es lo mismo buscar respuestas en la frialdad de los libros de estética y teoría del arte que analizar su progresividad en las cálidas entrañas  de la creación, y esta trilogía emanada de la fuerza creadora de Patrick Süskind es una materia muy interesante para esa indagación. Una obra clásica es una obra que está viva y sigue dando vida más allá de sí misma. Vida, no imitaciones.

 

 

 

 

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ALZANDO UN POCO EL VELO DEL MISTERIO EN ANGERONA

¿QUIÉN FUE EN REALIDAD CORNELIUS SOCHAY, EL AMO DEL CAFETAL ANGERONA? y otros secretos

No tengo una obsesión con el cafetal Angerona, pero después de ver la película (que es adictiva) y hurgar en el tema (una vez más) se han acentuado mis dudas sobre Cornelius Sochay. Todos los sitios cubanos consultados en internet repiten que el amo de Angerona era de origen alemán y “nacido en” o “venido de” la ciudad alemana de Bremen; supuestamente de allí se embarcó hacia Cuba. Pero Sochay no es un apellido de fonética alemana, sino francesa, así que para empezar decidí buscar en alguna página importante de genealogías, pero como no hablo alemán es obvio que no puedo ir a una página genealógica en ese idioma y referida a Alemania, así que, de momento, tengo que limitarme a los sitios en español, francés, italiano, catalán y portugués. Elegí Geneanet, pues el modo en que se anuncia sugiere resultados prometedores. Vean ustedes cómo se publicita esta página en la red:

Acceso gratuito a un gran sitio web de historia familiar de Europa

Geneanet es uno de los sitios de historia familiar más grandes del mundo, con un enfoque en la investigación y registros de Francia y el resto de Europa. Si sus antepasados provienen de Europa, debería familiarizarse con Geneanet. Debido a un acuerdo reciente con FamilySearch que concede a los miembros de la Iglesia acceso gratuito a los servicios de primera calidad de Geneanet, ahora es más fácil para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acceder a este sitio web.

Acerca de Geneanet

Geneanet tiene gran valor para aquellos de ascendencia francesa, pero las bases de datos alcanzan más allá de Francia, llegando a otros países europeos. La mayoría de los registros y todos los árboles genealógicos están incluidos con la cuenta de primer nivel. Este es un resumen de lo que puede esperar con Geneanet:

Los miembros de Geneanet han compartido información sobre más de 400 millones de personas en sus árboles genealógicos en línea. Elabore su propio árbol genealógico, póngase en contacto con otros miembros, encuentre a sus antepasados y comparta información sobre sus antepasados con los demás.

Los miembros de Geneanet tienen acceso a cientos de miles de libros digitales, postales, fotos de familia, un sitio wiki, un blog y una comunidad de genealogía.

Geneanet está disponible en francés, inglés, alemán, español, italiano, holandés, portugués, noruego, sueco y finlandés.

Según Geneanet, Sochay  es un apellido que solo se encuentra en Francia, y la mayor cantidad de Sochay se ubican en Foissiat y Neyron, aunque también en Bourgoigne, Lescheroux, Jayat…, bueno, no tiene caso enumerarlos todos aquí. El Sochay más antiguo que encontré fue en Fourgeray, nacido nada menos que en 1500 y muerto en 1550.

No aparece registrado el apellido en ningún lugar de Alemania.

También he visto que algunos sitios cubanos de internet  afirman que el apellido se escribía, en realidad, Sausse, pero con esta otra forma resulta que también solo aparece en Francia, en diversas regiones y departamentos, entre ellos el Languedoc. Es un apellido muy antiguo, lo mismo que Sochay. Si se escribiera Souchay no lo buscaría en ninguna parte porque, como decimos en Cuba, se cae de la mata que ese apellido, con ese diptongo OU, es galo y nada más que galo.

Cornelio pudo ser hijo de un francés Sochay y una fraulein alemana, y nació o fue criado en Bremen. Es una posibilidad. Por cierto, en el sitio en francés http://www.ecolehavane.org/sites/default/files/Angerona-un%20esclavage-d%27%C3%A9xception-ANTA-Matteo.pdf, dedicado al cafetal Angerona, se escribe el apellido en su forma netamente francesa: Souchay, y se dice que era un descendiente de hugonotes, los protestantes franceses que bajo la intolerancia y persecuciones religiosas del reinado de la italiana Catalina de Medici y sus hijos, la dinastía Valois,  tuvieron que huir a la luterana Alemania para salvarse de la masacre y asesinatos que la reina y sus partidarios católicos llevaron a cabo contra los protestantes en una infausta madrugada que ha pasado a la historia como La Noche de San Bartolomé. Esto no quiere decir que el padre hugonote de Cornelio emigrara a Alemania en aquellos años, porque la persecución contra los protestantes se extendió más allá de la regencia de Catalina y el reinado de tres de sus hijos, para continuar cuando se extinguió esta dinastía y heredó el trono francés Enrique IV de Navarra, quien pese a haber sido hugonote él mismo y firmado el Edicto de Nantes en 1598 autorizando la libertad de culto, lo revocó en 1685 y se convirtió al catolicismo enarbolando aquella célebre frase que ha llegado a nuestros días como el monumento por excelencia a la doble moral: “París bien vale una misa.”

Supongamos que Cornelio no nació en Bremen, sino que se embarcó allí para venir a Cuba, o solo que el viaje que lo trajo a nuestra isla comenzó con un embarque en Bremen, ciudad alemana a la que el río Weser cruza de sudeste a noroeste antes de desembocar 70 km más al occidente en el mar del Norte. Bremen se encuentra en el sitio donde el río se ensancha antes de desembocar, haciéndose navegable, lo que ha dado origen a su importante puerto. Este accidente geográfico permitió que Bremen formara parte de la Liga Hanseática, federación comercial y defensiva de ciudades del norte de Alemania fundada en 1358, e integrada por comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico, los Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia, así como regiones que ahora se encuentran en las repúblicas bálticas. Francia nunca fue miembro.

Hay también un lugar llamado Bremen, pero no en Alemania. Es la punta sur del municipio de Morroa, en el departamento de Sucre. Colombia. Tiene una gran riqueza en aguas subterráneas, pero no es un puerto,  y  su economía se distingue por la tejeduría de hamacas con fibra de magüey y la producción de chicha, una bebida derivada de la fermentación del maíz. No parece que  nuestra variedad de Cornelius Angeroniensis haya venido de esa Bremen, aunque Colombia fuera ya en su época un país con cafetales. Pero me sigue sonando raro que un alemán viniera de Bremen a Cuba a crear un cafetal. Si Sochay fuera francés y tuviera alguna relación con los cafetaleros de Haití, entonces sí tendría lógica el rompecabezas. Sobre todo porque entre tantas mujeres que había en Cuba ¿tuvo que juntarse con una haitiana emigrada?

Para el mundo, el rostro de la haitiana Úrsula Lambert será ya siempre el de la actriz Lía Chapman

Un dato curioso: encontré tres  Sochay  en los Estados Unidos. Dos de ellos en Salt-Lake-City, estado de Utha. El tercero se llamaba ¡Cornelius Sochay!, y aquí les dejo su obituario, que fue como me enteré de la existencia de este nombre-clon de nuestro Cornelius Angeronienseis

Obituary of Cornelius Sochay

Cornelius (Conn) Peter Sochay, Lansing, walked on to be with the Lord surrounded by family on May 7, 2011, at the age of 77. He was born on July 19, 1933, in Nahma, MI to Elizabeth and Stanley Sochay. He was preceded in death by his parents and his bride of 40 years, Jacqueline. Conn was a born again Christian who served as an usher at both Mount Hope Church and New Covenant Christian Church for many years. He was a tribal elder of the Little Traverse Bay Bands of Odawa Indians. As a member of Northern Michigan University Class of 1956, he was part of the first group of scholarship student athletes in NMU history, known as the “Barracks Boys.” He continued his love for athletics as a respected coach for many years. Conn is a veteran of the U.S. Army. He is survived by his 8 children; Scott (Michele), Steven (Faith), Chris, Lee (Kelly), Suzanne (Ron) Peters, Michael (Christy), Toni (Dave) Berry, Stan (Julie); 14 grandchildren; and special friend, Louise Pfeifer. Visitation will be from 2-4 and 6-8 Monday, May 9, 2011, at Tiffany Funeral Home, 3232 W. Saginaw, Lansing. Funeral services will be at 11:00 A.M. Tuesday, at Mount Hope Church, 202 S. Creyts, Lansing. Friends may sign the online guestbook at http://www.tiffanyfuneralhome.com. In lieu of flowers, donations may be made to New Covenant Christian School or the American Red Cross in his memory.

No traduzco el párrafo porque mi inglés no es bueno, pero en una entrevista a este señor que encontré en internet me quedó claro que su padre era francés y su madre una nativa norteamericana de la tribu chipewa. Cuando se trata de Angerona aparecen los franceses por todas partes.

Pero si realmente nuestro Cornelio Sochay era un alemán, ¿por qué no aparece el apellido en Alemania, teniendo en cuenta que en la época del Sacro Imperio de Carlomagno Francia y Alemania formaban un solo reino que, si no recuerdo mal, luego se dividió entre las tribus de los francos ripuarios y los francos salios, dando lugar a las dos naciones que hoy conocemos? ¿Qué fue de los herederos de Cornelio que vinieron a Cuba y le quitaron Angerona a Úrsula? ¿Y por qué una hacienda cafetalera tan próspera como Angerona se convirtió en un lugar sin dueño que desembocó en ese misterioso y bello conjunto de ruinas que hoy conocemos? Un detalle entre romántico y macabro: Cornelius está enterrado en el cementerio del cafetal. OJO: Buen lugar para hechizos.

Y ¡por fin!, en este otro sitio, http://www.ecolehavane.org/sites/default/files/Cornelio-Schay-et-Ursula%20Lambert-VERWACHT-Paulo.pdf, también en francés, aparecen datos esclarecedores sobre el verdadero origen de Cornelio. Voy a intentar una traducción cuya falibilidad ofrezco de antemano a los críticos de siempre, suplicando antes perdón de rodillas a los lectores  (nunca a los críticos) por mi osadía:

Cornelio Souchay nació en 1784 en Hanau, Alemania, descendiente de hugonotes franceses que habían huido de Francia a Alemania tras la revocación del Edicto de Nantes. El joven se instaló en La Habana en 1807 ⌈tenía 23 años⌋. Disgustado con  la ciudad y rechazado por la sociedad cubana católica de la villa, compró un cafetal en la provincia de Artemisa por el precio de 14 000 pesos, y se instaló en él en 1813. En 1815 [con 31 años] regresó a La Habana por asuntos comerciales y allí conoció a la mestiza franco-haitiana Úrsula Lambert, [de 24 años] quien había llegado a esta capital en 1804 [¡con solo 13 años de edad!] y trabajaba en la boutique de una amiga. Ella nació en Haití en 1791. Ciertos aspectos de su vida son todavía un misterio, como su educación. Cornelio propuso a Úrsula que se instalara con él en su cafetal en 1822, solo dos años después de terminados los trabajos de renovación del sitio.

Fue Úrsula quien bautizó el cafetal con el nombre de la diosa romana del silencio y la fertilidad, Angerona. Cornelio y ella mejoraron considerablemente la vida de sus esclavos. Cornelio murió en 1837, [a los 53 años de edad], y ella en 1862 [a los 71 años]. Es muy probable que una historia sentimental haya nacido entre Cornelio y Úrsula y durara hasta la muerte de él. Angerona debía guardar todos sus secretos.

Su amor nunca ha sido probado, lo que demuestra que la presencia de la diosa del silencio era un mensaje claro para los visitantes. *(Los corchetes son míos)

En el Catálogo colectivo de la red de bibliotecas de los archivos estatales, ubicado en el sitio http://www.mcu.es/ccbae/es/consulta/registro.cmd?control=BAB20060018805,  en el Boletín del Archivo Nacional de Cuba consta una Colección de Documentos Para la Historia del Cafetal Angerona, que contiene las tres siguientes colecciones —debidas a las investigaciones del fallecido y prestigioso profesor e investigador Jorge Du Bouchet López y su hijo Albert, realizadas en 1986: 1- la Historia del Cafetal Angerona: Testamento, Codicilo, Muerte y Entierro de Don Cornelio Souchay; 2- La Otra Cara de Don Cornelio Souchay,  y 3- La Fortuna de Don Cornelio Souchay.

Estos serán para siempre los rostros de Cornelio y Úrsula. los amantes de Angerona: Lía Chapman y Jorge Perugorría

Y esta una escena inolvidable

Me es imposible, por ahora, investigar en los archivos con mayor profundidad, así pues quedo en deuda con mis lectores y dejo el tema abierto, y si alguien posee más información le ruego, por favor, que la comparta conmigo, porque soy Acuario con Géminis ascendente y la curiosidad histórica y periodística me puede, me come y me da hurticaria. Confieso que los misterios de Angerona me roban el sueño.

CÓMO ERA EL CAFETAL ANGERONA

Del blog Cuba en la memoria reblogueo este post escrito por Derubin Jacome, porque contiene una información general valiosísima para quienes se interesen en esa joya invaluable de la historia económica de Cuba que fue el cafetal Angerona:

CAFETAL ANGERONA – ARTEMISA
Publicado por D. Jácome (Director de arte del filme
Roble de olor)

La historia de Artemisa está tan vinculada a la del café, que no se puede concebir el desarrollo de esta región sin afirmar que el café fue quien creó al pueblo de Artemisa y lo enriqueció. Pero no les comentaré sobre Artemisa, sino a la existencia en esta región de un romance muy peculiar que lo ha hecho trascender en el tiempo.

Cuando el alemán Cornelio Sochay zarpó de Bremen en 1807, no imaginó que una mujer negra y con aroma de perfumes franceses, sería quien le motivara a asentarse en nuestra isla y, que junto a ella, protagonizarían una hermosa historia de amor, casi impensable si tenemos en cuenta la estricta moralidad y, sobre todo, el racismo existentes en esa etapa de la Cuba colonial. La haitiana Úrsula Lambert era una rica y elegante mujer que se había exilado a nuestra Isla, como muchos otros, huyendo de la guerra producida por la revolución en Haití.

No hay referentes sobre los inicios de este romance, que imaginamos intenso y apasionado, pero sí de que seis años después, ya como pareja, en 1813 el alemán comprará, por 14 000 pesos, una finca en las afueras del poblado de San Marcos de Artemisa, la que poco tiempo después convertirán en la más importante plantación del Occidente cubano y la segunda de toda la Isla.

No es difícil imaginar la importancia que tendría Úrsula en la toma de esa decisión, ya que no olvidemos que fueron los emigrados franceses de Haití, los que aportaron a nuestro país la experiencia y conocimientos sobre el cultivo del café, producto primordial en la economía haitiana, que producía más de la mitad de todo el café que se consumía en el mundo. Los inevitables cambios producidos por la revolución en Haití, afectaron su producción, lo que favorecía a Cuba. Y eso lo sabía Úrsula.

Úrsula, consciente de lo inusual de su relación y que solo la discreción haría posible llevar adelante sus planes, la nombra “Angerona”, divinidad protectora de la ciudad de Roma, quien posando su dedo sobre la boca exigía a los hombres no divulgar su nombre secreto. La escultura, esculpida en mármol de Carrara, estaba a la entrada de la finca y aún puede admirarse en el Museo Municipal de Artemisa.

En 1822, una vez terminada las obras en la finca, se trasladan definitivamente a Angerona, donde compartirían intereses económicos, financieros y organizativos de este maravilloso imperio cafetalero.

Úrsula se ocupaba fundamentalmente de la economía de la hacienda, aunque además enseñaría labores de costura y del trabajo doméstico a las esclavas. Fue su iniciativa construir la enfermería y una casa para cuidado de los hijos de las esclavas, donde se les daba atenciones especiales para que crecieran sanos y fuertes.

También instalará una Tienda propia donde vende a los esclavos objetos de guano, barro y telas. Al comienzo de cada año a los esclavos se les entregaba la ropa, hecha a medida, que se almacenaba en un local convertido en ropero, debidamente numeradas e identificadas con el nombre de un esclavo y su pareja.

Más de 25 instalaciones u objetos de obra conformaban el conjunto arquitectónico de la plantación: la casa principal de vivienda y frente a ella otra de mampostería y tejas planas donde se suponía dormía Úrsula “para evitar los comentarios”. La casa principal era una construcción de estilo neoclásico, con una típica fachada de arcos y columnas, con grandes vanos de puertas y ventanas con barandas y rejas que expresan la tradición hispánica.

Contaba además la finca, entre otras, con instalaciones hidráulicas que suministraban por gravedad el agua, con un local con molinos de pilar café y ladrillos, otro de moler maíz, una fábrica de mampostería, una caballeriza, una casa para el mayoral y operarios, una nave para animales, una herrería, un horno para cocer tejas, 18 bóvedas chicas para el uso de las lavanderas, mas las construcciones del poblado de esclavos, que incluían las ya citadas tienda, enfermería, casa para el cuidado de los niños, etc.

El poblado de los esclavos consistía en una plaza central alrededor de la cual se encontraban 27 chozas, de 17 metros cuadrados, donde convivían dos familias, con un lugar común para aseo y sanitarios. En el poblado convivían alrededor de unos 450 esclavos, cifra inusual para una sola plantación El conjunto estaba rodeado por muros de piedra con una sola puerta de hierro como único acceso. Para el control de la dotación se construyó un torreón de vigilancia, que disponía de una campana para anunciar la llamada al trabajo. En verano, por el día, les daban tres horas de descanso y en invierno hora y media.

El sistema de organización laboral que imperaba era muy difirente al utilizado en el resto de la isla. Sin dudas Cornelio se basó en las experiencias de otros hacendados, pero sobre todo, en el célebre manual para caficultores “La plantación cafetalera en Santo Domingo” escrito por un colono francés, Pierre Joseph Laborie, publicado originalmente en inglés, en 1790 y difundido en Cuba hacia 1809. El cafetal de Angerona y sus instalaciones, fueron los mejores de la Isla en su época de esplendor.

En 1828, visita Angerona el reverendo norteamericano Abiel Abbot quien, quien como resultado de su experiencia y según sus cálculos por los almacenes que le fueron mostrados, deja una documentada información que nos permite conocer algunas otras características de la finca, como la existencia de 750 mil matas de cafetos y 450 esclavos, que les permitía una producción de 20,000 barriles. En sus casi 40 caballerías tenía además 45 000 hoyos de plátanos, 200 árboles frutales, 1 000 palmas paridoras, árboles de madera preciosa y otros sembrados menores, entre ellos un pequeño cañaveral.

Cornelio Souchay murió en La Habana en 1837 y según la certificación de defunción asentada en los libros de la Iglesia de Cayajabos, fue enterrado en el cementerio de que disponía el propio cafetal. Úrsula continuó administrando y laborando en la finca, hasta que finalmente la abandona, a la llegada de los familiares de Souchay, casi nueve años después de la muerte de su amado. Se asegura que no aceptó nada como herencia y se estableció definitivamente en La Habana, en el barrio de La Merced, donde muere en 1860. Nunca se casó, ni tuvo descendencia.

Un sobrino de Cornelio, Andrés Souchay, quien junto a su esposa Bertha Hesse, se instalan en Angerona, aunque nunca logra mantener el auge de la plantación, ya que la caña de azúcar comenzaba a desplazar el cultivo del café. Al morir Andrés, su esposa continúa ocupándose de la finca junto a uno de sus hijos. En 1888 la propiedad había sido dividida en cuatro fincas.

En su época de esplendor, Angerona recibió la visita de destacadas personalidades y sirvió de fuente de inspiración para muchos artistas. Entre ellos, Cirilo Villaverde, quien la visitara en 1839 acompañado por el pintor paisajista Alejandro Moreau. Villaverde incluso le dedica varios capítulos a Angerona, en su libro “Excursión a Vuelta Abajo”. También es visitada por José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Ramón Zambrana y su esposa Luisa Pérez de Zambrana, el citado Abiel Abbot, el fotógrafo alemán Cohner, el escritor inglés Charles Augustus Murray, el madrileño José Jacinto Salas y Quiroga y la Condesa de Merlín, quienes no dudaron en dejar plasmados en sus escritos las impresiones causadas por este maravilloso lugar.

Del antiguo cafetal se conservan las ruinas de parte de la casa vivienda, el sistema de aljibes para el almacenamiento de agua, los muros de confinamiento de los esclavos y la torre vigía. Por su importancia, el conjunto fue declarado Patrimonio Nacional por sus valores históricos, culturales y arquitectónicos.

Independiente que las condiciones de vida para los esclavos de este cafetal fueran mejores que en otras plantaciones, por documentos también se conoce la existencia de algunos esclavos que no dudaron en romper con la esclavitud, como los africanos Bako, Bartolo, James y Zacarías, los que aparecen calificados como cimarrones y apreciados por la mitad de su valor.

Estos esclavos prefirieron vivir, aunque fuera en circunstancias más difíciles, en las cercanas montañas de la Sierra del Rosario y abandonar el “paraíso” creado por Úrsula y Souchay, donde estaban rodeados de murallas y controlados desde una torre. Y no hay duda que sus hijos serían criados con mucho cuidado y esmero… crecerían saludables y fuertes…ideales como futura mano de obra de sus mismos dueños.

Y ahora… ¡lo último de lo último! en este post tomado del sitio http://www.granma.cu/ciencia/2018-07-20/viaje-al-pasado-de-angerona-20-07-2018-23-07-28:

VIAJE AL PASADO DE ANGERONA (una aventura arqueológica en el mundo de los muertos)

Autor: Orfilio Peláez | orfilio@granma.cu

20 de julio de 2018 23:07:28

Las ruinas del otrora cafetal Angerona acaban de ser escenario de una segunda campaña de estudios arqueológicos, encaminados a desentrañar muchas de las incógnitas en torno al devenir del emblemático sitio, localizado en la actual provincia de Artemisa y declarado Monumento Nacional en 1981

Miembros de la expedición cubano canadiense en plena faena de excavaciones arqueológicas en las ruinas del cafetal Angerona. (Foto: Cortesía Gabinete Arqueología)

Las ruinas del otrora cafetal Angerona acaban de ser escenario de una segunda campaña de estudios arqueológicos, encaminados a desentrañar muchas de las incógnitas en torno al devenir del emblemático sitio, localizado en la actual provincia de Artemisa y declarado Monumento Nacional en 1981.

Como expresa a Granma, Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, la expedición forma parte de un proyecto de investigación conjunta entre esa dependencia y la Universidad de Saint Mary, en Halifax, Canadá, previsto hasta el 2021.

Más allá de la leyenda referida a la presunta intensa relación de amor que vivieron en el lugar el alemán Cornelio Souchay y una bella mujer negra llamada Úrsula Lambert, y de sus notables valores arquitectónicos, Angerona tiene el atractivo adicional de ser una plaza idónea a la hora de hurgar en los vínculos entre amos y esclavos, formas de vida, ritos religiosos, enterramientos, tipo de dieta, costumbres funerarias y otros aspectos que permiten reconstruir la cotidianidad de una etapa de nuestro pasado colonial.

Para el arqueólogo Aaron Taylor, al frente del proyecto por la parte canadiense, trabajar allí le ha dado la oportunidad de acercarse al conocimiento del significado cultural que tuvo la presencia de esclavos africanos en América, indagar en las conexiones que hubo por entonces entre la provincia de Nueva Escocia y Cuba.

EVIDENCIAS…

Desarrollada entre el 13 y el 25 de junio, las acciones de la segunda expedición científica (la primera tuvo lugar en igual mes del 2017) a los restos del que fue considerado el segundo cafetal más importante de Cuba en el primer tercio del siglo XIX, contemplaron una rigurosa verificación arqueológica de la documentación histórica recopilada sobre el mítico lugar, teniendo en cuenta las
numerosas transformaciones espaciales y de uso que debe haber recibido durante el periodo de auge y declive la hacienda cafetalera, y su posterior transformación en ingenio azucarero en la década de 1840.

Según precisaron Roger Arrazcaeta y Aaron Taylor, mediante la aplicación de avanzadas tecnologías, que incluyeron un equipo de inducción magnética capaz de escanear por debajo de la superficie del suelo, y otros instrumentos de exploración geofísica, se logró identificar la presunta existencia de cimientos enterrados.

Estos pudieran corresponderse con los de la casa señorial original, la cual, y de acuerdo a lo mostrado en un inventario del cafetal del 5 de septiembre de 1837, era un edificio multifuncional de mampostería de 88,75 metros de longitud, donde vivió en realidad el alemán Cornelio Souchay, pues la información disponible sugiere que no lo hizo en la vivienda de estructura neoclásica presente allí, como se pensaba hasta hace un tiempo.

Igualmente, los estudios sobre la arquitectura y sistemas de construcción utilizados en el cafetal permitieron determinar que al parecer la mayoría de los materiales empleados fueron de procedencia local.

Tal es el caso de los mampuestos elaborados en roca caliza de la formación Güines, el mortero de cal preparado con arena de río y minúsculos fragmentos de ladrillo y teja para hacerlo más impermeable.

Llama la atención el uso de una apreciable cantidad de teja maní para techar los inmuebles, posiblemente fabricadas en el tejar de la plantación.

Apuntes de viajeros que conocieron el cafetal en su momento de esplendor y el citado inventario de 1837, dan cuenta de la existencia de la mencionada instalación en la propiedad.

Arrazcaeta indicó que las excavaciones hechas en el barracón de esclavos propiciaron descubrir restos de especies comestibles como cerdo, res y carnero, fragmentos de pipas o cachimbas de fumar tabaco elaboradas en piedra y cerámica, tiestos de platos de losa inglesa y pedazos de cazuela de cerámica burda.

Con altos muros de mampostería, el barracón llegó a albergar 428 esclavos en los tiempos en que Cornelio Souchay radicó en Angerona entre 1813 y 1837. Luego de convertirse en ingenio azucarero, la dotación aumentó hasta 450 esclavos.
Resalta, asimismo, entre los hallazgos una moneda norteamericana de 1864 con un orificio para ser colgada en el cuello como amuleto, práctica muy común entre los esclavos.

Pese a su condición de Monumento Nacional y ser un símbolo de la provincia de Artemisa, el sitio que ocupa en su totalidad un área aproximada de dos kilómetros cuadrados, se encuentra sin la adecuada protección y en un deplorable estado de abandono urgente de revertir, empezando por el peligro de derrumbe que muestran las estructuras constructivas aún en pie. Salvar los tesoros patrimoniales de Angerona bien lo amerita.

¡MUY INTERESANTE!

Y para terminar, unos datos muy interesantes sobre el filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, protagonizado por el actor cubano Jorge Perugorría y la actriz haitiana Lía Chapman, tomados del sitio http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:dRnMo65rnxUJ:www.laprensa-sandiego.org/archieve/:

“Roble de Olor’ fue filmada en las Terrazas de Pinar del Rio, en el Jardin Botánico de La Habana, en cuevas cerca de San Antonio de los Baños, con algunas escenas en La Habana Vieja y en el complejo Morro-La Cabaña, entre otros. […] el material fílmico ha tenido que ser llevado a Francia para editarse en los modernos equipos (Dolby Sound) de la capital francesa así como parte de la producción fílmica ha sido pagada por Via Digital de España, el Programa Ibermedia y Fonsur que avanzan inversiones a países en desarrollo cinematográfico de América Latina y del Tercer Mundo.

La escena del concierto en la cueva

Nunca estuve segura de que se tratara de un hecho real, pues la escena está concebida como una fantasmagoría onírica, yo creía que era una licencia poética de Rigoberto López, pero resulta que aunque nunca llegó a materializarse, la idea existía en el pensamiento de Cornelio, como atestiguan unas notas tomadas por el Reverendo Abbot durante su viaje a Angeronay que reproduzco a continuación:

El señor Souchay tiene preparada su última morada, o tumba, en la entrada norte de su hacienda, y me dijo que dentro de poco será construido el ataúd, de madera incorruptible. Tiene pensado contratar un músico para que se ocupe de seleccionar y enseñar una banda de cuarenta de sus negros para que lo distraigan en el ocaso de su vida y le acompañen hasta su sepultura con fúnebres melodías. (Tomado de La Jiribilla)

¿Tenía Cornelius Souchay un carácter melancólico, depresivo, con obsesiones sobre la muerte?  Su idea de la construcción de una tumba y de una orquesta funeraria delatan signos de una neurosis atendible. Es una verdadera lástima que lo escrito por Abiel Abbot sobre Cuba, así como por otros interesantísimos viajeros, entre ellos Samuel Hazard, no esté en las librerías al alcance del público cubano.

¿Y qué fue de la estatua…?

Algunos lectores de mi blog me han preguntado por la estatua de la diosa Angerona, pues se han dado cuenta de que no aparece en las fotos actuales. La respuesta es que la estatua fue sustraída de su pedestal en 2001, nadie sabe por quién. Tiempo después apareció sepultada bajo tierra en el pueblo de San Antonio de los Baños, dañado sin remedio el valioso mármol de Carrara en que fue esculpida. Hoy se puede admirar lo que queda de ella en el museo de Artemisa.

…………………………………..

Rastreando en internet he encontrado este interesante documento que comparto de buena gana y del que respeto la ortografía original:

RESOLUCIÓN No. 41

ANTIGUO CAFETAL ANGERONA

POR CUANTO: El conjunto de edificaciones del antiguo cafetal Angerona, en el municipio Artemisa, provincia de La Habana, conserva actualmente restos identificables de la casa de vivienda, el barracón de esclavos, los almacenes y secaderos.

POR CUANTO: Este cafetal posee un destacado valor arquitectónico, histórico y ambiental que motivó la inspiración de destacados escritores de nuestro país como Cirilo Villaverde y Alejo Carpentier.

POR CUANTO: La Comisión Nacional de Monumentos en sesión del día 10 de abril de 1981 analizó y valoró los aspectos anteriores a propuesta de la Comisión Provincial de Monumentos de La Habana.

POR TANTO:

En uso de las facultades que le estánconferidas por el inciso 3 del artículo 4 de la Ley No. 2 de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ley de los Monumentos Nacionales y Locales de fecha 4 de agosto de 1977, la Comisión Nacional de Monumentos

RESUELVE

PRIMERO:

Declarar Monumento Nacional los restos del Antiguo Cafetal Angerona, ubicado en el kilómetro cinco y medio de la carretera de Cayajabos en el municipio de Artemisa, provincia de La Habana.

SEGUNDO:

Orientar a la Comisión Provincial de Monumentos de La Habana para que, de acuerdo con los lineamientos de la Comisión Nacional de Monumentos, se realicen los estudios, delimitaciones e investigaciones pertinentes con el fin de que el antiguo cafetal Angerona sea inscripto en el Registro de Monumentos Nacionales y Locales para su debida protección.

TERCERO:

Notificar la presente Resolución al Ministro, Viceministros y Directores de Cultura, al Presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, a la Comisión Provincial de Monumentos y Directores Sectoriales de Cultura del Poder Popular de la provincia de La Habana y a cuantos más organismos deban conocer de la misma.

Dada en la Ciudad de La Habana, a los 31 días del mes de diciembre de mil novecientos ochenta y uno, AÑO DEL XX ANIVERSARIO DE GIRÓN.

Antonio Núñez Jiménez

Marta Arjona Pérez

Presidente

Secretaria Ejecutiva

Comisión Nacional de Monumentos

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EL CAFETAL ANGERONA: ¿AMORES PROHIBIDOS, MIEDO A LA MUERTE O UN CULTO A LA FERTILIDAD?

Collage de vistas del cafetal Angerona

El cafetal Angerona es uno de los iconos de la historia cubana decimonónica, no solo por su hermosa leyenda de amor entre el alemán Cornelius Sochay y la mestiza haitiana Úrsula Lambert. Más allá de la mística romántica posee una gran significación arqueológica y antropológica, pues fue una de las primeras haciendas cafetaleras del occidente cubano y también, en su momento, la más próspera del Caribe.

No creo necesario repetir aquí esa historia que es bien conocida, aunque algunos aspectos del filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, quien la inmortalizó, la hallan desvirtuado un poco. Hay muchos sitios en internet para leer sobre los amores de Angerona. Yo quiero analizar un tema que, hasta donde tengo conocimiento, nadie ha tocado aún: quién es, en realidad, la diosa elegida para adornar con su estatua la entrada del célebre cafetal artemiseño.

Los posts cubanos que he consultado dicen que se trataba de una diosa romana que custodiaba la capital del mayor imperio conocido por el mundo antiguo: Roma. Pero no es verdad. Angerona es una diosa diez siglos más antigua que la fundación de Roma, puesto que se trata de una divinidad etrusca. El panteón de los dioses etruscos es muy complejo, y se le conoce mejor tras el surgimiento de Roma bajo la dinastía etrusca de los reyes Tarquinos, y, aún mejor en  los albores de la República, por lo que sus dioses están transculturados con los dioses traídos por los romanos y otros venidos de Grecia. El panteón etrusco hoy manejado por los etruscólogos y otros especialistas de la historia y la antropología es tardío y está compuesto por doce divinidades, entre las cuales no se encuentra Angerona, lo que indica que es una deidad anterior y más primitiva. Se conserva una representación de esta deidad en el templo de Volupia o Volupta, de filiación etrusca como su nombre indica, que se encontraba cerca de la Porta Romanula, junto al célebre Foro Romano, zona central de la ciudad donde se localizaban las instituciones públicas, el mercado y los más importantes templos religiosos, y donde transcurría la vida política y social de la urbe. Aunque el templo no estaba dedicado a Angerona, albergaba una imagen suya en la que la deidad aparece representada con su boca vendada y sellada, en un claro mensaje que compelía al silencio y, tal vez, a la guarda y protección de secretos. También se ha interpretado esta apariencia como una supresión simbólica de los gritos de angustia, porque tales gritos siempre eran presagios de mala suerte.

Esto se comprende mejor cuando se sabe que Angerona era, como aceptan los estudiosos modernos, la diosa del miedo y la angustia, una deidad que no solo producía esos estados de ánimo, sino también los conjuraba, aliviando la inquietud e incertidumbre de los hombres. Lo curioso es que Volupia, la dueña del templo, era una diosa del placer y la satisfacción obtenidos a través de los sentidos. Entiéndase bien que no solo me refiero a los placeres del sexo, sino también a los de la comida, los perfumes, las danzas eróticas, la música placentera y la sensualidad en todas sus manifestaciones sensoriales. ¿Por qué tenía Volupia como inquilina a alguien como Angerona? Es casi imposible pensar con la cabeza de un etrusco-romano de aquella época, pero algunas hipótesis de estudiosos sugieren la posibilidad de que la presencia de Angerona en la casa de Volupia quería decir que la satisfacción de los sentidos acalla cualquier sentimiento negativo asociado con el miedo, la angustia y el dolor. Personalmente creo que esta suposición no es muy atendible, ya que en los templos tanto griegos como romanos y aún los católicos suelen estar presentes todas las divinidades del panteón o varias de ellas con funciones diferentes. Pongo un ejemplo para que se comprenda mejor: en una iglesia católica podemos encontrar imágenes de Dios, Jesucristo y su Madre la Virgen junto con las de santos muy humanos como Francisco de Asís, y los ángeles, y de su interrelación no se desprende ningún mensaje específico. Para mí, que Volupia y Angerona compartieran el mismo templo no necesariamente debe verse como un significado especial. Resulta interesante acotar que portugués el término volupia puede ser traducido como placer, voluptuosidad, etc.

Hay otra interpretación, según la cual Angerona era la deidad que protegía el nombre secreto de Roma. Los romanos, como tantos pueblos antiguos, creían en el poder de las palabras y de los nombres, y les atribuían gran fuerza mágica, pero en el caso de los nombres propios, también gran vulnerabilidad, y si el nombre secreto de la ciudad fuera descubierto por algún enemigo y utilizado en conjuros mágicos, las defensas de la urbe y su poder se debilitarían y caería bajo el ataque de los invasores. Según esta idea, Volupia y Angerona advertirían a los mortales sobre la conveniencia de divertirse sin abandonar el estado de alerta y, sobre todo, sin permitir que los placeres anularan la conciencia ciudadana del deber de proteger el nombre secreto de Roma.

Angerona era una diosa lo suficientemente importante como para tener su propia festividad anual, la Angeronalia, fechada el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, en cuya celebración se le ofrendaban sacrificios en el templo de Volupia. Algunos eruditos modernos creen que ella es la diosa del solsticio de invierno, que ayuda al sol a pasar por este período oscuro y difícil. En esta interpretación, su silencio indica la concentración o la meditación, y su voz interior evoca un poderoso hechizo para ayudar al sol a recuperar su fuerza.

Pero no he hecho todas estas reflexiones sobre la diosa Angerona, sus orígenes y posibles funciones solo por amor a la mitología, sino, y esta es mi principal inquietud, porque me pregunto qué habrá motivado a Úrsula y Cornelius a erigirle una estatua como divinidad tutelar de su cafetal. Pero no tiene sentido dar vueltas a esta interrogante sin hablar antes un poco de la personalidad de Úrsula Lambert. Hay un libro titulado Úrsula, la singular haitiana del cafetal Angerona, de Berta Martínez Páez (Editorial Boloña 2015),

donde el lector puede encontrar mucha información, pero yo discrepo de su autora en ciertos aspectos. El primero es la afirmación de Páez de que Úrsula fue hija liberta de padres esclavos. Yo pienso que esta mujer nació en una hacienda de Haití, hija de un francés y una esclava negra o también mestiza. Yo tampoco podría asegurar si el procreador francés fue un  noble o solo un plantador o comerciante enriquecido, pero en cualquier caso Úrsula recibió la educación propia de una dama de abolengo. Ella vino a Cuba huyendo de la Revolución de Haití, lo que deja claro que se encontraba  (o ella creía que podría encontrarse) entre las posibles víctimas de los esclavos rebelados, y no era uno de ellos ni alguien a quien hubieran perdonado la vida, lo que definitivamente la ubica como un miembro de la clase dominante, aunque no fuera más que una bastarda. También se dice que era rica, aunque la construcción del cafetal fue costeada por Cornelius y no por ella. En Roble de olor, cuando los amantes se encuentran por primera vez Úrsula es propietaria de una pequeña tienda de tejidos.  Lo que sí es cierto es que cuando se conocieron ella se mantenía con su trabajo. Si poseyó riquezas, probablemente no pudo sacarlas de Haití.

Páez también piensa que Úrsula era iletrada y que no fue el amor la causa principal de que Cornelius la llevara a Angerona, y cito textualmente:

 Ursula pudo haberlo impresionado al principio por su belleza, pero no fue la causa principal…El 1ro. de mayo de 1822 decidió llevarla para el cafetal a ocupar responsabilidades en las tareas de control de algunas áreas y adiestramiento de esclavas: por todo esto y otras ocupaciones cobraba un salario… Más que por pasión e intimidad hubo afecto sincero, admiración, respeto, incondicionalidad, a lo que se sumaron los  negocios, y quizás algo más sagrado entre ambos. Tal vez algún día podremos saber todo eso […] Ursula se ocupaba de adiestrar a jóvenes esclavas como sirvientas, cocineras, lavanderas, costureras, se ocupaba de los niños de las esclavas (el área para los criollitos), se ocupaba de la enfermería, etc. y aunque no sabía leer ni escribir, llegó a tener su propia tienda dentro del cafetal. Allí se abastecían muchos de los esclavos de Angerona.

Cuando Cornelius Sochay se instaló con Úrsula en Angerona ambos llevaban seis años de unión sentimental, luego ella fue anterior a la existencia del cafetal y no apareció allí como una trabajadora más, en calidad de administradora o ama de llaves. Para desempeñar las múltiples funciones que le atribuye Páez era preciso que Úrsula tuviera dominio de la dinámica de una hacienda cafetalera o de una plantación, pues por ciencia infusa no se maneja una dotación que en su momento de mayor esplendor llegó a contar 450 esclavos. Además, a la muerte de Cornelius, ocurrida en La Habana, Úrsula continuó como única propietaria y administradora de Angerona durante largos años, hasta que la familia de Sochay se apareció en Artemisa para reclamarle la propiedad. Me cuesta creer que esta mujer extraordinaria hubiera podido, en un medio adverso como era la sociedad esclavista cubana, arreglárselas ella sola al frente, durante casi una década, de la hacienda cafetalera más rica y suntuosa de Las Antillas. Me cuesta creer que fuera iletrada. Y si me fuera a guiar por la ropa que dejó en la hacienda tras su partida y por la herencia que legó a su mejor amiga, diría que fue una dama de suma elegancia y buen gusto, lo que se aviene más con mi hipótesis de que recibió una educación superior, que en su época implicaba no solo no ser iletrado, sino el conocimiento de más de una lengua. Úrsula debió hablar al menos francés y español, y tal vez llegó a tener rudimentos de alemán.

Si el reverendo Abiel Abbot, quien visitó Angerona y escribió sobre la hacienda, no menciona a Úrsula a pesar de que ella desempeñaba allí un rol tan protagónico, como bien señala Páez, a mí no me sorprende demasiado. He leído algunas crónicas de viajeros ingleses y norteamericanos y aún de la sueca Fredrika Bremer, y siempre me ha llamado la atención la cantidad de matices que escaparon a sus miradas, o ciertas apreciaciones que hicieron basadas en interpretaciones erróneas de lo que vieron durante sus estancias.

En cuanto a que el gran escritor cubano Cirilo Villaverde, creador de la novela inmortal Cecilia Valdés, escribiera en su no menos célebre Excursión a Vueltabajo que Angerona era un templo griego, se debió, desde luego, a la suntuosidad de la hacienda y su decoración interior, capaz de deslumbrar a un afrancesado patricio cubano como él lo fue, pero también a cierta orientación de sus referencias culturales personales, que lo llevaron a tomar a Angerona por una escultura de estilo griego. El estilo lo es o, para ser más exacta,  del período helenístico, pero la diosa no, como ya expliqué. Los alemanes han sido siempre por tradición fanáticos de la cultura griega y helenistas febriles, pero parece que fue Úrsula y no Cornelius quien eligió el nombre del cafetal. Entonces: ¿Por qué Angerona? ¿Se ocultaba allí algún secreto?

Creo que una pareja interracial y no casada de un europeo con una mujer negra no era algo especialmente escandalizante en el mundo de la plantación decimonónica, pues los plantadores franceses que vinieron de Haití mantenían concubinato con sus esclavas, lo mismo que los españoles, los holandeses y los ingleses, pero… en el barracón. Lo novedoso y osado de la relación entre Úrsula y Cornelius es que él compartía su vida con ella y le dio rango de señora y dueña, aunque tal vez nunca intentaran, como en el filme de López, imponer a la sociedad de su tiempo el reconocimiento y aceptación oficial de sus amores. ¿Existió en la realidad el banquete ofrecido en el filme por Sochay a personajes importantes de La Habana y Artemisa, culminado con un concierto de músicos esclavos en el interior de una cueva, o solo se trató de una licencia poética del cineasta? No lo sé, pero de cualquier manera sus amores no eran algo para proclamar como si hubieran sido un matrimonio entre blancos acaudalados refrendado por la moral colonial. ¿Habrá sido ese amor el secreto que se suponía custodiara Angerona, diosa del silencio?

Otra hipótesis: para nadie es un secreto que la Revolución de Haití ha sido una de las más sangrientas de la Historia humana. Los libros más serios escritos en torno a este acontecimiento están plagados de descripciones de asesinatos, mutilaciones, violaciones y torturas de la peor especie, a los que los esclavos sometieron a sus amos y a los esclavos  fieles a estos. La masacre fue indetenible y continuó cuando el general negro Henry Christophe se hizo proclamar emperador; algunos aspectos de aquel episodio los describe el gran escritor cubano Alejo Carpentier en su novela El reino de este mundo; y la sangre siguió corriendo cuando la isla se escindió en dos territorios, Haití y Santo Domingo, esta última una república de mulatos invadida por los haitianos en una guerra en la que los dominicanos perdieron a casi la mitad de su población. Se comprende que quienes huyeron de estas catástrofes llevaran consigo recuerdos de horrores y angustias sin nombre. ¿Era Úrsula una de aquellos prófugos aterrados que, lógicamente, también debió temer la rebelión de los esclavos de Angerona, una de las mayores dotaciones de que se tiene noticia en la historia económica de Cuba? ¿Eligió a aquella diosa para conjurar sus espantos del pasado y los que pudieran estar por venir?

Y aún una tercera hipótesis, a la que me siento tentada de conceder mi mayor apoyo: he encontrado en algún sitio de internet la siguiente descripción de representaciones de Angerona:

En las imágenes hechas en su honor, al igual que en los monumentos y estatuas, es representada con los labios sobre los labios para indicar silencio y sosiego. Además, sobre su cabeza llevaba la “medida de Serapis”, lo cual consistía en un pequeño busto que se utilizaba en la antigüedad romana para medir y pesar los granos, semillas y otros derivados herbáceos. Asimismo, en una de sus manos sostiene la maza de Hércules (Heracles en la mitología griega, héroe a hijo de Zeus), la cual era uno de los atributos más representativos del semidiós para cumplir con sus misiones. Por otro lado, a sus espaldas se pueden divisar unos pétasos, los cuales son una especie de sobreros redondos con borde ancho y llano que los griegos utilizaban para protegerse del sol.

Esta estatua de la diosa se encuentra en el parque del palacio de Schombrunn, Viena, Austria, pero no es igual a la que había en el cafetal cubano. En esta versión no pueden apreciarse los detalles que aparecen en la descripción, porque no es una obra original, sino una reinterpretación de su autor.

No entiendo bien a qué se refiere este párrafo cuando menciona un pequeño busto en la cabeza de Angerona que servía para medir y pesar granos y semillas. Es posible que se trate de una palabra mal traducida, pero las espigas, semillas y hierbas aluden de modo incuestionable a una diosa estacional, es decir, a una deidad de la cosecha, una de las funciones de la Triple Diosa del Paleolítico y el Neolítico en su aspecto de la Madre. Una divinidad de las mieses. ¿Y no era Angerona un lugar de cosecha? ¡Y bien fértil, por cierto! Pienso que cualquiera sea el motivo principal por el que Angerona fue elegida por Úrsula y Cornelio como divinidad tutelar de su hacienda, también estuvo presente la intención de promover la fertilidad de su cafetal y el éxito de su empresa. Pero… había otras diosas en la mitología grecorromana que tipificaban mejor la agricultura, la fertilidad y los frutos de la tierra, como Ceres, por ejemplo, la más emblemática diosa de este tipo de función estacional entre las deidades de Occidente. Y muchísimo más conocida que Angerona. ¿Entonces…? El enigma sigue en pie.

No he escrito este trabajo para imponer mi criterio ni para refutar el de otros mejor informados que yo, pero cuestionar es uno de mis grandes vicios. Es posible que esta indagación en torno a Angerona no interese a mucha gente, pero estoy segura de que será bienvenida por aquellas personas, aunque sean pocas, a las que les gusta reflexionar, un don concedido a la raza humana y poco usado por esta.

 

 

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