Juntos más allá de la muerte

No han de existir en este mundo muchas necropolis que puedan presumir de albergar el sueño eterno de un escritor célebre y sus personajes, pero el Cementerio de Colón habanero puede ostentar ese blasón. Cirilo Villaverde, consagrado como el primer gran novelista de Cuba y autor de nuestra novela fundacional Cecilia Valdés o la Loma del ángel, yace en un hermoso panteón de mármol adornado con un obelisco, y no muy lejos, en una tumba modestísima, los restos mortales de quien fue, quizá, la musa viviente del escritor tienen su ultimo reposo.

Panteón del escritor Cirilo Villaverde en el cementerio de Colón

La existencia real de Cecilia Valdés ha sido, desde la aparición de la novela en Nueva York, una tesis muy controvertida, pero no salió de la imaginación excitable de algún lector entusiasta o de los esfuerzos de un crítico literario prolijo e interesado en la Historia, sino de un fragmento de una carta escrita por el propio Villaverde a un conocido, donde confiesa que, para crear el personaje, se inspiró en “una mulata muy linda con quien llevó amores Cándido Rubio, mi condiscípulo y amigo, en La Habana”. Si la musa, quien sin duda se paseaba en chancleticas por los adoquines coloniales triturando corazones de todas las razas —como Villaverde la describe—, se llamaba o no Cecilia Valdés, es un enigma difícil de esclarecer después de tanto tiempo, aunque la tumba que en Colón lleva su nombre parece arrojar bastante luz sobre los hechos.

La lápida que corona la pobre sepultura fecha la muerte de su ocupante el 21 de mayo de 1893, lo que concuerda con la época en que se desarrolla la historia de la Cecilia literaria. La novela termina cuando Cecilia, enloquecida por la muerte de Leonardo que involuntariamente ha provocado, sufre las secuelas de su parto y es internada en un asilo para dementes. Es aún una mujer muy joven, no llega a los veinte años. Su destino acaba aquí para el lector, quien queda obsesionado por esta vida que se hunde en el silencio y el olvido. ¿Qué fue de Cecilia Valdés, privada del apoyo de su amante, desconocida por su padre biológico y ya sin su abuela Chepilla ni su amigo incondicional, el sastre José Dolores? La demencia borra la identidad. “No te rías de la locura, es peor que la muerte”, dice un personaje del dramaturgo norteamericano Tenessee Williams.

Pero si la locura no deja huellas del ser en el mundo, la muerte, paradójicamente, sí lo hace. En los libros de inhumaciones de la necrópolis de Colón consta que en esa fecha se dio sepultura a una mujer llamada Cecilia Valdés, natural de La Habana e hija de la Real Casa de Maternidad, tres datos que coinciden con el personaje creado por Villaverde. Un cuarto dato casi disipa ya cualquier duda residual: la fallecida era mestiza. Murió a la temprana edad de 39 años, lo que indica que sobrevivió por más de dos décadas a su final literario. Horroriza pensar que lo haya hecho en aquel asilo de dementes, donde como único Consuelo dice Villaverde que encontró a su madre Charo Alarcón. Una vida infernal sin ninguna semejanza con la existencia colmada de amor y placeres con que Cecilia soñaba. En vez del blanqueamiento que tanto anhelaba se hundió en la negrura más profunda. Su hija recién nacida tendría su mismo fatum: crecería sin su madre loca, quién sabe cómo y, para desgracia mayor, cargando sobre sus hombros el estigma de ser fruto de un incesto.

Pero hay otro lugar en La Habana donde Cirilo y Cecilia forman un dueto eterno, o al menos lo será mientras exista la ciudad. Es la iglesia del Santo Ángel Custodio, en la Loma del Ángel, en cuya plazoleta se alza una escultura en bronce del artista Eric Rebull que recrea la imagen de Cecilia. A pocos metros un busto de Cirilo Villaverde, colocado en 1946 en una hornacina de la fachada del templo, parece contemplarla sumido en meditación silenciosa que acompaña una vaga sonrisa.

Una reflexión sobre este emparejamiento que se mueve entre la ficción y la vida (o la  muerte) real, induce a un escritor a cuestionamientos un tanto metafísicos: ¿Qué lazos forja la escritura con las creaciones de nuestra imaginación? Y se puede ir aún más lejos: ¿acaso existen vasos comunicantes entre lo que escribimos los escritores y la manera en que se moldea la realidad? ¿Influye la materia literaria sobre la marcha de la existencia? ¿Somos, en verdad, demiurgos? Conan Doyle decidió matar a Sherlock Holmes para librarse del personaje, que lo acosaba, y nunca lo logró. La historia de la literatura abunda en casos de escritores que terminaron estableciendo una relación morbosa con alguno de sus personajes o con las historias que crearon para ellos. La sospecha da miedo, y aunque los escépticos digan que es muy lógico que Villaverde y Cecilia estén enterrados en el Cementerio de Colón porque eran habaneros y esa era, entonces, la única necropolis de la ciudad, y en definitiva no existen pruebas fehacientes de que esa muerta sea la musa del escritor, a mí el connubio me sigue impresionando, como todo lo que parece sobrenatural, aunque no lo sea..

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La magia de la música más allá de las fronteras del sonido

Lev Sergueievich toca su theremín

Hace muchos años, en el Onceno Festival de la Juventud y los Estudiantes celebrado en La Habana, vi y escuché por primera vez un sintetizador en acción. Un músico checo (o polaco, después de tantas décadas ya no recuerdo) ofreció una coral donde él era la voz veintiuno en vivo. Todo el resto del coro inmenso era su propia voz replicada por aquel instrumento. Me impresionó de tal manera que durante años guardé el recorte de diario donde se le anunciaba y estuve pensando en aquello. Mucho después, ya casada con mi esposo Benigno Delgado Hernández, guía de turismo, visitamos la casa de uno de sus amigos, quien tenía un sintetizador. Era un músico aficionado, algo que yo jamás me he considerado a mí misma, pero cuando me ofreció manipular el instrumento y comenzó a enseñarme la infinita cantidad de sonidos que encerraba en su interior, me hizo pensar con mucha fuerza en aquellas extraordinarias cajas mágicas de que hablan los cuentos de hadas, donde están encerrados todos los sonidos del universo. Luego pensé el El Aleph, de Borges, pero El Aleph encierra todas las imágenes posibles, mientras que el sintetizador guarda sonidos Había cantos de pájaros, ruidos de tormenta, entrechocar de espadas y cánticos de guerra, entre otras muchas cosas. Yo estaba por entonces escribiendo el guión de mi aventura Los Celtas, y la posibilidad de ser yo misma quien trabajara el sonido de la serie, de acuerdo con mis conocimientos de esa cultura extraordinaria, me provocó tal excitación que Benigno tuvo que sacarme de la casa de nuestros amables huéspedes casi a rastras. Recuerdo, como un dato aleatorio, que aquel matrimonio amigo había comido esa noche una gran cantidad de jamón de pierna y estaban intoxicados, pero yo no sentía piedad: el egoísmo del artista que acaba de hacer un descubrimiento capital me poseía sin dejar espacio para ningún otro sentimiento.

De más está decir que el sintetizador se agregó de inmediato —junto con perros pastores y huskies, un caballo, una cabaña cerca del mar, un telescopio, una colección de música y todo lo necesario para poder pintar —a la larga lista que conformaba y aún conforma el conjunto de mis sueños imposibles. A veces uno llega a resignarse a tantísimas renuncias, hasta que un día navega en internet y descubre…

El Theremín y el Tautronio

Carolina Eyck

El theremín a veces parece un instrumento del futuro de la Tierra o de otro mundo. Su música parece evocada de la nada, notas y tonos burlados y manipulados por movimientos hipnóticos de manos y dedos a través del aire.

Así aparece descrito en internet el único instrumento musical conocido hasta la fecha que se “toca”completamente sin contacto físico directo. Fue inventado alrededor de 1920 por el físico ruso Lev Sergeyevich Termen, conocido más tarde como Leon Theremin, cuyo apellido pasó a nombrar el instrumento de su invención.

Si yo tuviera que describirlo, diría que fue una especie de caja cuadrada en sus inicios, rectangular en sus versiones modernas, de la que sobresalen dos antenas que operan con los principios del electromagnetismo. Es más o menos así, pero recuerden los lectores que siempre fui ponchada en Física.

El theremín recuerda, a quien lo ve tocar, la leyenda del aprendiz de brujo, porque el músico mueve sus manos alrededor del instrumento como si hiciera pases mágicos, y entonces se produce el milagro de una música que no parece de este mundo. ¿El secreto? Los músicos controlan los sonidos moviendo las manos y los dedos alrededor de una antena vertical para subir o bajar el tono, y hacia arriba o hacia abajo sobre una antena en bucle para controlar el volumen. En realidad, las manos del ejecutante controlan y manipulan los campos magnéticos alrededor de las antenas. ¿No parece cosa de brujos?

Lev Sergueievich nació en San Petersburgo, Rusia Zarista, en 1896. A los siete años montaba y desmontaba relojes con una precoz habilidad ingenieril, y a los quince construyó un observatorio astronómico. Al igual que muchos jóvenes de familias pudientes de su país, tomó lecciones de violín, violonchelo y otros instrumentos musicales. Como en el caso de tantos descubrimientos científicos, por ejemplo el elemento radio de los esposos Curié, el theremín es fruto de una sorpresa tangencial. En 1920, Lev inventó un ingenio que permitía usar la nueva tecnología de las ondas de radio para medir algunas propiedades del elemento gaseoso, pero descubrió que su aparato emitía “un extraño gorjeo” que él podía moldear si movía sus manos alrededor del equipo. Como era un músico entrenado, es posible que desde el primer momento reconociera el potencial artístico de su nueva creación. Según declaró en una entrevista, su conversión del aparato en instrumento musical fue muy intencional: “No estaba —dijo— satisfecho con los instrumentos mecánicos que existían, de los cuales había muchos. Todos fueron construidos usando principios elementales y no estaban bien hechos físicamente. Estaba interesado en hacer un tipo de instrumento diferente. Por lo tanto, transformé equipos electrónicos en un instrumento musical que proporcionaría mayores recursos». Si este criterio de Lev Sergueievich era válido o no y qué hubieran dicho de él Bach, Bethoven, Chopin, Lizt y otros grandes compositores y concertistas de la historia musical de Occidente es algo que no sabremos nunca, porque no conocieron el theremín.

Tras semejante triunfo pronto Lev Sergueievich viajó a Estados Unidos, donde fue muy bien recibido y se le concedió un estudio en West 54th Street, en Nueva York. Pronto allí se dieron cita compositores y científicos. A los primeros los fascinaba el instrumento y a los segundos los intrigaba. El propio Einstein llegó a alquilarle a Sergueievich una habitación desocupada en el estudio del inventor para poder estudiar el fenómeno de la música celestial del theremín.

Sergueievich ganó mucho dinero con su instrumento en Estados Unidos , y comenzó a soñar con construirlo en serie para que todo el mundo pudiera tocarlo, pero su sueño no se pudo materializar debido a lo dificultoso que resulta tocar bien un theremín.

La extraña sonoridad del instrumento hizo que fuera usado en programas y películas que requerían efectos especiales. La más conocida de ellas, filmada en 1951, fue El día que paralizaron la Tierra, pero antes ya había sido usado en la banda sonora de Miklós Rózsa para la película Spellbound, de Alfred Hitchcock, ganadora del Oscar en 1945. 

 Después de un corto período el instrumento cayó en el olvido. Sin embargo, a partir del documental Theremin: An Electronic Odyssey, realizado en 1993, el theremín de Lev Sergueievichh está viviendo un gran renacimiento. Músicos de reconocido prestigio lo han adoptado y los conciertos se suceden. La música del theremín, que ciertamente deslumbra por su increíble registro de bajos y agudos y parece música de las esferas, la misma de la que hablaba el filósofo griego Pitágoras, ha sido empleada en filmes clásicos del cine como Star Trek, la usó el celebérrimo grupo Led Zeppelin en su conocida canción Whole Lotta Love, y The

Jimmy Page, de Led Zeppelin, toca el theremín

Rolling Stones la empleó en su álbum psicodélico Her Satanic Majesty Requests, de 1967. La artista islandesa Hekla Magnúsdóttir, quien combina el theremín con su voz en sus álbumes, ha dicho:  «Creo que tiene mucho potencial inexplorado, y también es fascinante visualmente». Violonchelista como Lev Sergueievich, a ella también le parece el theremín un instrumento que produce música de planos ajenos a este mundo. Carolina Eyck es otra maestra de theremín que busca difundir este instrumento único y está ampliando su escaso repertorio con nuevas composiciones como su pieza Ocean, de 2019. Ella ha dicho: «Cuando tocas el theremín, parece algo mágico, como si pudieras lanzar hechizos”. También ha confesado que la banda sonora de Spellbound, que escuchó en su infancia, tuvo tuvo en ella un impacto particular . El actor Keanu Reeves aprendió a tocar el instrumento en Bill & Ted Face the Music, la reciente tercera entrega de la trilogía de Bill & Ted. Se ha utilizado en temas para programas de televisión como la serie de ITV Los asesinatos de Midsomer, o el tema central de la serie de vampiros de los años 60 y 70 Dark Shadows, e incluso en discos icónicos, como Oxygène de 1976, de Jean Michel Jarre. Este instrumento se oye también, especialmente al final, en la película One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco) producida en 1975, que ganó numerosos premios internacionales y fue la segunda película en obtener los cinco principales premios Óscar: Película, director, actor (Nicholson), actriz (Fletcher) y guion adaptado.

¿Es realmente tan difícil de tocar el theremín?

No existe una enseñanza estructurada sobre cómo tocar un theremín, pero se requiere alguna clase de formación musical, aunque no sea imprescindible una escolarización de altos niveles. “Además de una buena percepción espacial, un músico necesita un oído brillante para tocar notas específicas. Necesita combinar movimientos corporales relajados con una concentración mental intensa”.

Los músicos de theremín emplean técnicas de expresión física y emocional, del mismo modo que procede un actor. La consecuencia de esta comunión de singularidades es que hay muy pocos virtuosos de theremín en el mundo, y cada uno tiene su propio estilo. «Cada músico aporta su propia personalidad distintiva al theremín, y estas diferencias pueden ser bastante fundamentales, casi como una firma sonora», dice Charlie Draper, un destacado músico británico de theremín que actúa tanto en solitario como con su colectivo orquestal Retrophonica. Yo diría que, además de instrumento musical, el theremín es un estado del alma.

Liev Sergueievich tuvo un triste final. Se cree que actuó en Estados Unidos como un agente doble del Kremlin. Fue llamado a la Unión Soviética, donde, víctima de las purgas stalinistas, fue enviado a una prisión para científicos, y allí fue obligado a trabajar en la creación de dispositivos electrónicos de espionaje. Su trabajo tuvo gran repercusión en el espionaje soviético en las altas esferas gubernamentales estadounidenses e inglesas. Murió a la edad de 97 años.  Su sobrina nieta, Lydia Kávina, también thereminista, creó la banda sonora del filme El maquinista, en 2004.

La indescriptible sonoridad del theremín ha hecho que se le asocie con situaciones inquietantes y con los géneros de misterio y terror,  pero sus ejecutantes también lo  emplean en la interpretación de música clásica, especialmente en música experimental y en música clásica contemporánea de los siglos XX y XXI; así como en géneros de música popular como el rock, el rock psicodélico y el art rock.

Los avances de la tecnología moderna han hecho sus aportes al theremín. Se ha llegado a producir theremines de manera más o menos artesanal con modos de interactuar muy distintos, como por ejemplo, theremines ópticos que miden la cantidad de luz que llega a un sensor. También la empresa Roland comercializa en algunos de sus módulos un sensor de infrarrojos llamado D-Beam, con el que se puede controlar, no solo el tono, sino alternativamente el parámetro que se elija. Actualmente existen incluso modelos que participan de la tecnología MIDI, lo cual posibilita que tengan, virtualmente, cualquier timbre que se desee utilizando un sampler, pero dicho efecto rara vez produce sonidos audibles, al no estar pensado el diseño original en ese sentido.

Un modelo actual de theremín

Actualmente, un gran número de thereministas buscan seguir el legado de los grandes virtuosos del instrumento, algunos de ellos son Jean Michel Jarre, Lydia Kavina, Barbara Buchholz, Carolina Eyck, Katica Illényi, Ernesto Mendoza, Peter Pringle, Robby Virus, o Pamelia Kurstin.

Trautonio

El trautoniofue inventado en 1929 por el ingeniero alemán Friederich Trautwein. El músico y compositor alemán Paul Hindemith escribió muchas piezas para él y así  los nazis tuvieron su versión del theremín ruso. El trautonio, del que Goebbels fue un apasionado admirador, parece una gran versión temprana de un sintetizador, pero no tiene un teclado, sino dos tablas que sostienen un cable de resistencia sobre una placa de metal, que puede ser presionada por los músicos y también pasar sus dedos sobre ella. Aunque el trautonio generó gran entusiasmo y la misma expectativa que el theremín de que pudiera llegar a convertirse en un instrumento de masas, durante más de siete décadas solo un joven músico, Oskar Salas, lo tocó en conciertos.

Oskar Salas

También tocaba en programas de radio especialmente concebidos para el instrumento, pero sus actuaciones terminaron cuando fue reclutado para la guerra. Cuando la contienda bélica terminó, Salas creó un estudio en Berlín donde trabajó en bandas sonoras para documentales, cortometrajes y comerciales. Desarrolló una nueva versión del instrumento, el mixturtrautonium, capaz de producir un sonido más rico y polifónico.También lanzó grabaciones de piezas de Paul Hindemith y Harald Genzmer, compuestas específicamente para el trautonio.

Es poco o nada conocido el hecho de que el director de cine de terror estadounidense Alfred Hitchcock quedó fascinado cuando escuchó el sonido del trautonio, al extremo de que lo utilizó en la banda sonora de su famosa película Los pájaros. Los chillidos de los ataques masivos de las aves fueron conseguidos con ese instrumento.

Hitchcock escuchando una partitura de theremín para la banda sonora de Los pájaros

Salas murió en 2002, pero un joven músico de Múnich, Peter Pichler, quien se había enamorado del trautonio «cuando era un estudiante de música y estaba viendo un film independiente con este sonido”, encargó un mixturtrautonium a la única compañía en Alemania que aún produce el instrumento. Pesaba 85 kilos y no había nadie que pudiera enseñarle a tocarlo. Perseveró y ya ha realizado varias presentaciones en Europa.

Yo he escuchado las sonoridades de los dos instrumentos, y pienso que el theremín es muchísimo más espiritual, verdadera música de mundos más elevados y trascendidos que el nuestro, aunque pueda llegar a ser auténticamente espeluznante en algunos momentos , mientras el trautonio puede conducir al oyente a los misterios del Inframundo, los recovecos de todos los infiernos inventados por el hombre desde el Orco etrusco al Hades griego, desde el Hell escandinavo hasta las moradas de fuego del Satán cristiano. Pero tan importante como las bellezas y misterios de estos instrumentos en sí mismos, está  su legado, porque en ellos, a pesar de su rareza o quizá por ella misma, se cumple una ley de la cultura y de la historia: nada queda sin continuidad. Ambos son los antepasados del sintetizador que me fascinó aquella lejana tarde de visitaciones, en que llegué a pensar que yo podría crear la banda sonora de una batalla en la Irlanda prehistórica entre los Thuatha de Danaan y los Fomore, entre rugidos de tempestad y alaridos de muerte. Yo, que no sé nada de música y mi única postura ante ese arte es de veneración.

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ENGAÑO: el octavo pasajero (V)

Este es el quinto de una serie de artículos que intentan advertir a las personas sobre el peligro de manipulación ideológica, cultural, religiosa, política y social que representan las noticias falsas y las teorías de la conspiración, fenómenos que han tomado al mundo por asalto desde que Donald Trump obtuvo la Presidencia de los Estados Unidos en 2016. Existen empresas que obtienen los datos que usted revela en sus redes sociales y los usan para personalizar sus estrategias de manipulación. Usted puede ser confundido y su mente manejada por narrativas que, en algunos casos, van dirigidas puntualmente a grupos vulnerables a determinados asaltos psicológicos. Usted debe ser consciente de que estas manipulaciones pueden provenir de aquellos en quienes más confía, incluso de sus líderes religiosos. Todos debemos ser objetivos e informarnos sin pasión antes de dejarnos llevar por la pasión. Si lo desea tome partido pero, primero, sepa por quién y por qué.

QAnon: el octavo pasajero

Un adepto de QAnon agita el logo del grupo en medio de un meeting de Donald Trump

Para mí todo empezó hace años, cuando algunos de mis amigos, interesados en la sanación por métodos de medicina alternativa y tradicional y en ciertos aspectos de la espiritualidad New Age, comenzaron a introducir en sus conversaciones, que hasta ese momento me habían sido muy familiares, conceptos nuevos, raros y desconcertantes unidos a nombres de gurús  de ahora mismo, algo muy común en este mundo de la alteridad en que se mueven de manera habitual aquellas personas que han perdido confianza en la ciencia y se sienten inconformes con las propuestas tradicionales de la cotidianeidad. Algunos de mis amigos seguían a ciertos gurús. Otros, solo manejaban los temas de un modo vago.

Los gurús suelen dividirse en dos categorías: los canalizadores, individuos que dicen estar en comunicación con deidades, seres extraterrestre y/o Maestros desencarnados que quieren ayudar a la evolución de la Humanidad, y son, por tanto, una mezcla de intérpretes y mensajeros de tales entidades; y los Maestros, conspicuos personajes con cierto grado de conocimiento esotérico y etiqueta de “Iniciados”, quienes irrumpen en escena portando la antorcha de “nuevas teorías” olvidadas o “reveladas”, que supuestamente arrojan luz sobre aspectos de la historia humana, la evolución del planeta y las leyes del universo.  Omito nombres porque algunos de estos “Maestros” tienen prestigio internacional, imparten conferencias en centros importantes y gozan, en ocasiones, de tolerancia y hasta de cobertura oficial por parte de los gobiernos.

Algunas de las teorías más espectaculares y excitantes expuestas por tales gurús y Maestros no son nuevas, y unas cuantas fueron expuestas en decenas de cuentos y novelas de ciencia ficción a partir de los años 30, y vistas en series como Expedientes X y Black Mirror.  Todos los aficionados al género las disfrutamos allí en sus formas más exuberantes y elaboradas. Sin embargo, detecté cierto sesgo en esas conversaciones que me llamó la atención por sus planteamientos abiertamente esperpénticos. Por ejemplo, varias veces escuché repetir que en una isla cercana a Jamaica, Hillary Clinton y un grupo de destacadas personalidades de la élite del partido Demócrata norteamericano, unidos a célebres  figuras de Hollywood y de la política internacional, tienen un templo o santuario dedicado a Satanás, en el que sacrifican niños a los cuales, previamente, han sometido a violaciones, y luego de sacrificados, devoran su carne y sus cerebros en medio de rituales tan macabros que ni pueden ser imaginados.

Algún amigo mío habla también de ciertos cuatro pilares del “sistema” que están cayendo: la economía, la religión, la ciencia y la política. El Gobierno Secreto del Mundo o Estado Profundo (que algunos identifican con los Iluminati) los ha sostenido por siglos para cegar a la Humanidad y poder dirigirla a su antojo, pero ya se acerca el momento en que nuestro planeta va a dar un salto cuántico a una zona de la galaxia donde la vibración es mucho más elevada, y quienes no hayan preparado sus cuerpos y sus mentes para este gran salto tendrán que morir. Todo el proceso está dirigido por los habitantes de la constelación de Las Pléyades (los enigmáticos pleyadianos), quienes tienen a su cargo la evolución de los terrícolas para que puedan integrarse en un anillo cósmico de gran espiritualidad, y cuando demos ese gran salto, comenzará en la Tierra una nueva Edad de Oro sin guerras, sin enfermedad. La Realidad perderá todos los afeites con que la ha invisibilizado el Estado Profundo y aparecerá ante nuestros ojos en toda su prístina y avasalladora desnudez, y entonces ¡SABREMOS!… ¿Qué? Hasta ahora nadie me ha proporcionado una idea clara de lo que sabremos..

Estos sesgos discursivos, tan parecidos a una burda emulsión de mala ciencia ficción con antiguas profecías muy distorsionadas provenientes de la Biblia, el pueblo maya y otras culturas desaparecidas, y de cierta literatura delirante cuyo género no podría precisar, pero en la que percibo ecos de un pensamiento mítico muy antiguo (la Edad de Oro es un concepto presente en los albores de civilizaciones tan antiguas y disímiles entre sí como la griega y la maya, por solo citar dos ejemplos), corren en paralelo en La Habana con un incremento de grupos religiosos de confesiones protestantes, entre los cuales no los más numerosos, pero sí los más vehementes son, sin duda, los pentecostales. Pero los protestantes y, aunque menos, también los católicos, hablan obsesivamente de Satanás, un personaje que, salvo en la teoría conspiranoica del templo pedófilo de Hillary Clinton, no aparece ostensiblemente en el imaginario de mis amigos (hasta donde sé, casi todos ateos). Creí percibir también fragmentos de narrativas de ciertas sectas foráneas, algunas ya extintas y otras no tanto, pero todo lo demás ¿de dónde está saliendo? No se trata solo de pensamiento mágico —reacción lógica en sociedades de la Posmodernidad donde han señoreado por décadas discursos muy materialistas con fuerte base tecnocientífica—. Tampoco de las típicas teorías conspiranoicas sobre naufragios extraterrestres ocultos en bases militares como Roswell, inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay algo más. ¿Cómo llega toda esa pseudoinformación a una isla rodeada de agua por todas partes, y tan tardía en su sintonía con el mundo que ya José Martí en el siglo XIX la llamó “la comarca demorada”?

Mis amigos solo tienen respuestas vagas. Es evidente que no conocen o no cuestionan las fuentes de este entramado de realidades alternativas en el que están hundidos hasta las cejas, al punto de que ya no son capaces de pensar en términos de la vida real. Solo he podido sacar en claro dos pistas: que ellos obtienen esos materiales en forma de audios, libros digitales y documentos de Word que otros serviciales (¿?) amigos y conocidos les pasan en flash y tablets, y que uno de mis amigos está convencido de que Hillary Clinton perdió las elecciones del 2016 frente a Donald Trump no por el voto de los colegios electorales, sino porque se descubrió su red internacional de pedófilos, en la que también están involucrados el Dalai Lama y… el Papa Francisco. Cuando le pregunté de dónde obtuvo esa información respondió muy sorprendido: “¡Todo el mundo lo sabe!”. Pero en 2016 la prensa oficial cubana solo se refirió a la imputación hecha a Hillary por el Senado y las más importantes agencias de Seguridad de los Estados Unidos por hacer uso de un servidor de correos privado para tratar asuntos oficiales, entre los cuales había varios temas de alta sensibilidad para la Seguridad Nacional. Ni entonces ni después nuestros medios de comunicación han mencionado la supuesta red de pedófilos satanistas.

La primera pista indica la fuente: la Internet de otros países o conexiones en Cuba de banda ancha capaz de descargar (¿gratis?) videos de larga duración. La segunda pista es más compleja y tiene que ver con una antigua frase latina de uso clave en la Abogacía: cui bono: ¿quién se beneficia? ¿Quién sacaría partido de lanzar al fuego en el mismo saco a Hillary Clinton, el partido Demócrata y la Iglesia Católica, uno de los monoteísmos más poderosos y numerosos de la Tierra? Mis pobres amigos cubanos, ingenuos en su aislamiento, sumidos de lleno en sus océanos de pensamiento mágico —proceloso para quienes carecen de la más mínima noción antropológica sobre la naturaleza del fenómeno—, no tienen idea de ser receptores involuntarios de una conspiración política de alcance internacional que, como ahora sí ya está claro para mucha gente en nuestro planeta, puede, por imposible que parezca, alterar la faz del mundo.

Ya me referí en posts anteriores de este seriado al fenómeno digital 4chan, el tablón de imágenes o imageboard creado en 2003 en la Internet oculta por un adolescente norteamericano que terminó convirtiéndose en gurú tecnológico de prestigio internacional. 4chan demostró ser una tierra muy fértil, una especie de Jardín del Edén donde han florecido frutos tan disímiles como el grupo Anonymous de cyberactivistas, surgido en  2008 casi junto con la plataforma Wikileaks; el rocambolesco movimiento llamado QAnon (por sus tufos sulfurosos alguien se ha referido a él como nacido en las cloacas de Internet), aparecido en 2017, y una de sus últimas plantas exóticas de cuatro hojas: los Boongaloo Boys, un grupo que defiende el derecho de portar armas en público y quiere otra Guerra de Secesión en los Estados Unidos que ponga fin al Estado Federal. Se identifican por vestir camisas hawaianas y ropa de camouflaje. No tienen estructura jerárquica ni ideología definida, hay entre ellos neonazis, supremacistas, partidarios del movimiento Black Lives Mathers, anarquistas y casi cualquier tipo de cosa. Como todo fenómeno nacido de Internet acaba por saltarse las fronteras de sus webs y salir a varias partes del planeta. Por ahora es todo lo que diré sobre él.

Pero QAnon merece más atención.

QAnon tiene su bandera, que de algún modo vago recuerda un poco a la de la Repúblilca Independiente de Texas, tal vez sean los colores…

La aparición de este grupo en 4chan recuerda a muchos analistas un juego de realidad alternativa que, como muchos saben, no es lo mismo que un juego de rol. En líneas generales, los juegos de rol tienen siempre una especie de Maestro de Ceremonias llamado Director de Juego, quien crea una trama y media entre los jugadores-personajes, los cuales, responden, en ocasiones, a estructuras arquetípicas aunque no siempre es así. Cada jugador tiene libertad para crear su personaje, lo diseña, define sus características, su personalidad, su vestuario que en algunos casos suele ser un disfraz verdadero, por ejemplo de mago, druida, guerrero o princesa en los juegos de fantasía heroica; de estadistas, reyes y héroes en los de corte histórico. Los jugadores toman apuntes, emplean dados para decidir acciones, mapas y tableros para simular situaciones, no hay un guión y todo se basa en la improvisación. Hay un consenso totalmente consciente entre los jugadores, quienes se reúnen, por lo general, en casas particulares con la única intención de pasar un rato agradable entre amigos. Todos saben que están participando en el juego de forma voluntaria, y el juego terminará en algún momento, bien porque la narrativa concluye o porque los jugadores tienen que volver a sus casas a ocuparse de sus vidas reales.

Amigos participando en un juego de rol
Dados y otros elementos empleados por los jugadores de rol. En ocasiones se usan disfraces.

Un juego de realidad alternativa es otra cosa. Aunque la imaginación humana es inagotable, este tipo de juegos suele responder casi siempre a la siguiente estructura: una persona recibe por mail, por una llamada telefónica, por una carta o por cualquier otro medio (puede ser hasta un subrayado en su periódico favorito) un mensaje anónimo que lo invita a jugar. Si acepta, recibirá otro mensaje donde se le ordena cumplir una misión. Cada mensaje contiene instrucciones para cumplir metas de la tal misión y, al mismo tiempo, instrucciones para alcanzar el próximo hito en el juego.

Jugador de realidad alternativa busca códigos encriptados y ppistas que le conduzcan a su nueva misión

Vea el lector  la definición que he tomado del sitio https://hipertextual.com/2015/06/juegos-de-realidad-alternativa:

La naturaleza de los juegos de realidad alternativa es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

La premisa más importante de los ARG ha sido acuñada en la frase “Esto no es un juego”, pues los participantes no deben ser capaces de distinguir entre el juego y la realidad. La línea que separa ambos universos debe ser muy fina, casi irreconocible. Las reglas del juego no deben ser específicas, sino que deben ser descubiertas por cada individuo. Asimismo, la historia del juego no se presenta de forma cronológica, el participante debe descubrirla juntando piezas dispersas en distintos medios, por lo que resulta imprescindible que todas las piezas tengan cierta concordancia y conexión.

Otra parte fundamental de los ARG es que se desenvuelven en múltiples espacios. Mientras que cuando juegas un videojuego estás limitado a un mundo imaginario en la consola, o bien la experiencia de un juego de rol se limita a un tablero o a un lugar y tiempo reducido en el caso del LARP; las piezas de los ARG se esconden dentro de la red, en los espacios públicos, en otros individuos; puede cobrar forma en un pasaje de la literatura universal, en las palabras de un extraño, en una llamada telefónica misteriosa y mucho más.

En los ARG, la vida real es un medio; no es necesario crear un alter ego, un avatar. Quienes participan deben ser ellos mismos dentro del juego, unas personas normales que se encuentran con un reto a superar y se verán obligados a buscar pistas en su cotidianidad. Es por esta característica que se convierten en experiencias comunitarias. A pesar de que los ARG son poco difundidos en un principio, la naturaleza del juego es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

No solo las personas mentalmente inestables, sensibles a la sugestión, solitarias o con personalidades mal estructuradas pueden llegar a confundir el juego con la realidad. Puede ocurrirle a cualquiera, porque estos juegos demandan de sus jugadores un muy elevado sentido del compromiso, de modo que si usted acepta jugar, juega y muy en serio, aunque jamás llegue a saber quién lo está dirigiendo, porque eso es parte (y muy excitante) de esta clase de juego. A mí se me parece al funcionamiento de la mente ezquizofrénica, en la que el enfermo recibe órdenes cuya fuente no siempre puede identificar, pero se siente obligado a cumplir inexorablemente. Puede darse el caso de que un jugador, sentado frente a su tele, crea descubrir un mensaje encriptado en las palabras del conductor de su programa favorito, que le envía a visitar de madrugada un cementerio, robar una tienda o caminar desnudo por su centro de trabajo. Es un encadenado de retos. La situación es tan fascinante como plástica y ha inspirado novelas, filmes, obras de teatro… Las redes sociales son mecanismos ideales para poner en marcha juegos de realidad alternativa, sobre todo si la red en cuestión es un sitio de la internet oculta que se caracteriza por tener el anonimato como su regla fundamental y una libertad de expresión casi total. Literalmente, un paraíso para troles.

En octubre de 2017, apenas un año después de que Donald Trump resultara electo Presidente, apareció en 4chan una cuenta a nombre de “Q Clearance Patriot” (Q patriota con permiso de seguridad). La letra Q, en el puesto 17 del alfabeto occidental, es la clave del más alto nivel de acceso de seguridad en el Departamento de Energía de la Casa Blanca vinculado con programas nucleares. Anon es el diminutivo de Anónimo, la firma que distinguió a 4chan y a otros muchos sitios de la internet sumergida. Q se convirtió en QAnon. ¿Quién era?  Un individuo o varios, un trol, un loco, pronto dejó de importar: en 4chan había desembarcado el Octavo Pasajero, que llegaba al mundo respondiendo algún comentario referente al Pizzagate —tan convenientemente estallado un mes antes de las elecciones presidenciales donde Hillary perdió la Presidencia—, y anunciaba:

La extradición de HRC [Hillary Rodham Clinton] ya está en marcha efectiva ayer con varios países en caso de huida por frontera. Pasaporte aprobado para ser señalado el 30/10 a las 12.01am. Esperar que ocurran disturbios masivos como respuesta y otros huyendo de EE UU. Marines dirigirán la operación mientas Guardia Nacional activada.

El tono del mensaje, calificado por el periodista Jordi Pérez Colomé de conciso, peliculero y críptico, se repitió en el segundo mensaje de QAnon:

¿Dónde está Huma [Abedin, asesora de Clinton]? Seguid a Huma. Esto no tiene nada que ver con Rusia (aún). ¿Por qué Trump se rodea de generales? ¿Qué es la inteligencia militar?.

Todo era un pastiche de gran incoherencia, pero… ¿quién dijo que el pensamiento racional suele imponerse en los asuntos humanos?

Ninguna persona en su sano juicio hubiera podido imaginar lo que sucedería a continuación. QAnon siguió comunicándose con sus cada vez más respetuosos y atentos seguidores, que se multiplicaron como amebas. A través de mensajes como los anteriores —que sus admiradores comenzaron a llamar “gotas” o “migas” que ellos debían amasar pacientemente hasta obtener un mensaje—, fue construyendo lo que podríamos llamar la trama maestra de este movimiento entonces naciente: un Gobierno Secreto o Estado Profundo, formado por una camarilla internacional poseedora de enormes riquezas, satanista, pedófila y caníbal gobierna el planeta. Los altos militares del Pentágono reclutaron a Donald Trump para enfrentarse a este grupo siniestro y maléfico y liberar al mundo de su tiranía, algo que, por supuesto, Trump no puede hacer público aún, pues en él se concilian las inconciliables condiciones de ser el Presidente de la primera potencia mundial y al mismo tiempo un luchador encubierto del Bien. Su misión es desbaratar y exponer toda esta red de miserables seres humanos y darles su justo castigo, además de “hacer grande a América otra vez” (slogan puntero de su campaña presidencial), salvando el Sueño Americano amenazado por la mezcla de razas, eliminando a los indeseables inmigrantes mediante la construcción de un muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera con México, y restaurando la economía hasta que de las cloacas americanas broten torrenteras de oro.

Pero QAnon fue más lejos: en 2016, la investigación sobre la posible interferencia de Rusia en las elecciones en favor de Trump, conocida como “la trama rusa” [1], llevada a cabo por Robert Muller, Fiscal Especial del Departamento de Justicia, era una tapadera, pues Muller, en realidad, trabajaba encubierto junto con Trump en esta Cruzada justiciera, y los dos contaban con el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El momento inmediato a la culminación de su misión, que QAnon llama El Gran Despertar, llegará cuando el mundo descubra la maldad del Estado Profundo, y la gran batalla que Trump desencadenará entonces para llevar a los culpables a su destino final en la base de Guantánamo, es llamada por los adeptos de QAnon La Tormenta. “Somos la Tormenta”, dicen, y “A donde va uno, vamos todos”. Son sus consignas insignia. Lo de tormenta proviene de un filme de Ridley Scott, Tormenta blanca, tal vez recordado por Trump en una ocasión en que se reunió con militares en la Casa Blanca y comentó a la prensa presente: “¿Saben a qué se parece esto? A la calma antes de la tormenta”, y cuando un periodista le preguntó qué significaban sus extrañas palabras, respondió sibilino: “Ya lo veréis”. Algunos jocosos, a su modo también teóricos de la conspiración, han querido ver en El Gran Despertar un recordatorio de la famosa píldora roja que, tomada por los protagonistas La Matrix, los ayuda a despertar del sueño-vida virtual en que vivían sumidos. La apoteosis de La Bella Durmiente.

Al decir de un analista de QAnon, su semejanza con un juego de realidad alternativa está dada porque sus narrativas “combinan diferentes elementos que dan a la gente sentido y placer: es en parte análisis, en parte juego, en parte fe. Los miembros descifran pistas, se conectan unos con otros y se inspiran para ver una versión de la verdad que es épica, religiosa y sensacionalista. Se sienten atraídos por tener estas revelaciones y por entrar en la lucha por la verdad”.

Para colmo de increíbles, Trump ha dado su aval públicamente a esta teoría de la conspiración llamada QAnon, en cuyo vientre se agitan mil y una pequeñas subtramas tan conspiranoicas como la trama madre. En medio de la pandemia causada por la Covid-19 y las protestas desatadas por el asesinado del afroestadounidense George Floyd, fue interrogado por la prensa sobre QAnon, algunos de cuyos miembros ya comenzaban a aparecer en sus mítines portando distintivos con la letra Q sobre pancartas y ropas. Estas fueron las respuestas presidenciales a la entrevistadora de Democracy Now:

D.T.: Bueno, no sé mucho sobre el movimiento, aparte de que, según entiendo, soy muy de su agrado, lo cual agradezco. Estas son personas que no les gusta ver lo que está pasando en lugares como Portland y lugares como Chicago y Nueva York y otras ciudades y estados. Y he escuchado que estas son personas que aman a nuestra patria y simplemente no les gusta ver lo que está pasando. Entonces, no sé realmente nada al respecto, aparte de que, supuestamente, soy de su agrado.

REPORTERA: En el centro de la teoría radica esta creencia de que usted está secretamente salvando al mundo de un culto satánico de pedófilos y caníbales. ¿Le parece que usted puede respaldar algo así?

D. T.: Bueno, no he escuchado eso, pero, ¿se supone que es algo malo o bueno? Me refiero a que, si puedo contribuir a salvar al mundo de sus problemas, estoy dispuesto a hacerlo.

Los anónimos seguidores de Q ya no tienen que conformarse con envidiar a sus tradicionales héroes modélicos Tarzán, Superman, Dick Tracy, James Bond o Batman: ahora ellos mismos son los héroes y esas conspiraciones falsas se han convertido en los ejes de sus vidas. Sienten que dejaron de formar parte del sumiso y oprimido cuerpo de baile de la sociedad: se han convertido en primas ballerinas.

Las hipótesis sobre la verdadera identidad de QAnon siguen en el candelero y no falta quienes estén convencidos de que se trata del propio Donald Trump. El dedo identificador también señala a un tal Timothy Charles Holmseth, supuestamente periodista laureado, colaborador encubierto del FBI y autoproclamado “cabeza de la Fuerza de Tareas del Pentágono Contra la Pedofilia”, quien ha revolucionado las redes sociales y algunos sitios productores de fake news con una sensacional noticia:  la operación llevada a cabo en Nueva York por las autoridades navales del Gobierno para liberar a miles de niños a quienes la red de pedófilos demócratas mantenía cautivos en unos túneles siniestros que conectan con la residencia de Hillary Clinton. Se me ocurre que el apellido Holmseth podría ser un constructo entre el del celebérrimo detective de ficción Sherlock Holmes y el nombre Seth, dios egipcio serpentiforme de remota antigüedad a quien hoy se le tributa un culto satánico en los Estados Unidos. He buscado en vano en Internet referencias a la carrera periodística de Holmseth, su  órgano de prensa, sus lauros y, por supuesto, sus datos biográficos, pero hasta ahora no he encontrado más que unas páginas donde aparece la foto de un hombre de aspecto desagradable, desaseado y torvo, una cara que uno nunca le pondría a un periodista en un juego de rol. Ni siquiera la prensa seria que cita su información sobre el rescate de los niños ofrece detalles específicos sobre él. Hay afirmaciones de check points acerca de que La Fuerza de Tareas del Pentágono contra la Pedofilia no existe. Siento que, de existir, dicho grupo tendría poco que ver con el Pentágono. Tendría más sentido encontrarla como un Departamento del FBI o la NSA. Y si este tal Holmseth realmente trabaja encubierto en una investigación del FBI sobre pedofilia, ¿cómo es posible que haya publicado información sobre el caso con fotos incluidas, explicando el papel que juega él mismo en esa investigación? ¿Por qué casi nadie se dedica a desmontar informaciones o, cuando menos, a cuestionarlas? Hasta este momento, Holmseth tiene toda la pinta de ser un bulo, y uno burdísimo, además. Sin embargo, su “noticia” del rescate de los niños cautivos ha sido replicada en mucha prensa seria más allá de las fronteras estadounidenses.  De cualquier modo los seguidores de QAnon no quieren saber mucho sobre Holmseth, porque prefieren seguir alimentando la esperanza de que su guía misterioso tenga un único nombre: Donald Trump, el redentor.

Pero el problema no radica exactamente en la identidad de QAnon, sino en el movimiento creado a partir de su aparición en 4chan.


[1] A pesar de que Trump se ha declarado públicamente “exonerado” de la acusación de estar coludido con Rusia en este caso, Las conclusiones del Fiscal Muller nunca lo declararon inocente. Por el contrario, la investigación concluyó haber hallado evidencia de interferencia rusa en esas elecciones, aunque no pruebas de que Trump estuviera coludido con el Gobierno ruso. Trump criticó duramente la investigación de Muller y conmutó la pena impuesta a su colaborador Robert Stone, acusado de entablar algún tipo de negociación con funcionarios rusos y condenado por manipulación de testigos, obstrucción de la justicia y mentir al Congreso. Después, Trump intentó destituir a Muller. (Continuará…)

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Otra planta mágica: el bledo

Si usted es de los que tienen la costumbre de decir “Me importa un bledo tal cosa” para significar que desprecia a la tal cosa y no siente que tenga la menor importancia, vaya pensando en buscarse otra hierba para que sustituya esa posición en su vocabulario, porque cuando decimos que algo nos importa un bledo, lo que estamos diciendo, en realidad, es que se trata de algo muy valioso que nos importa y nos conviene más de lo que podemos imaginar. Se lo demostraré de inmediato.

El humilde bledo, considerado injustamente entre las malas hierbas que hay que escardar de campos de cultivo y jardines, es una planta perenne de la familia de las amarantaceas, y su nombre científico es Amaranthus Reflexus. Las plantas perennes son aquellas que no se marchitan. Crece indistintamente en las plantaciones de maíz, en los bosques y a orillas de las carreteras, por lo que en este último caso nadie repara mucho en él. Tiene variedades que se derivan de su coloración: hay bledo verde, blanco y rojo, y cada uno tiene sus propiedades. En las comunidades rurales se entregan semillas a los agricultores para su siembra y consumo, y para que exporten el excedente. Motivo: el bledo es un superalimento que capaz de prevenir la desnutrición.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) reconoció que contiene el doble de lisina —aminoácido básico esencial para el crecimiento y el metabolismo nitrogenado— que el trigo, el triple del maíz y de similar proporción que la leche. Contiene un excelente balance de aminoácidos, minerales y vitaminas  A, B, C, B1, B2, B3. Es rico en ácido fólico, niacina, calcio (por su alto contenido superior al de la leche previene la osteoporosis y evita calambres musculares). Además contiene fósforo, que es imprescindible para la correcta absorción del calcio y cuyo déficit puede producirnos también cansancio. Además, tiene  alto contenido calórico, carbohidratos, fibras y sales minerales, y más cantidad de hierro que la espinaca. Por todas estas cualidades la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de EE. UU lo clasificó en 1979 como el mejor alimento de origen vegetal para consumo humano. Esto pudiera parecer algo exagerado, porque ese puesto lo tiene la moringa. Pero lo que sí es cierto es que esa misma institución eligió el bledo entre los alimentos que formarían parte de la dieta de los cosmonautas en el espacio.

Sus propiedades beneficiosas para la salud conforman una lista muy larga. El bledo ayuda a combatir la depresión o el bajo estado de ánimo por su contenido en triptófano, precursor de la serotonina, un neurotransmisor que se encuentra disminuido en estados depresivos. También es precursor de la melatonina, que es la hormona inductora del sueño.

El sindrome premenstrual, que afecta a tantos millones de mujeres en el planeta, puede ser aliviado con bledo, por el alto aporte de omega-6 de esta planta, que favorece la mejora de enfermedades inflamatorias de la piel como psoriasis, eczemas, atopías, y por eso es muy útil para tratar los síntomas asociados al síndrome premenstrual como hinchazón, dolor mamario, decaimiento anímico…

Por su alto contenido en fibra, el bledo es útil para controlar la peligrosa diabetes, ya que regula la absorción de azúcares de la dieta. Además sus carbohidratos son de lenta absorción, por lo que se recomienda incluirlo en la dieta habitual para este tipo de pacientes.

También por su alto contenido en fibra proporciona sensación de saciedad prolongada. Al mantener los niveles de azúcar en sangre más estables, también ayuda a proporcionar mayor sensación de saciedad, por lo que resulta un muy valioso auxiliar para combatir la obesidad.

Su alto contenido en fibra regula el tránsito intestinal, por lo que combate el estreñimiento, previene la diverticulosis y atenúa las consecuencias de esta patología ya manifestada.

También posee acción diurética por su contenido en calcio, potasio y fibra, lo que favorece el control de la tensión arterial al disminuir la retención de líquidos. Además por su contenido en omega-3 y esteroles vegetales ayuda a regular los niveles de colesterol (reduce colesterol malo LDL y aumenta el bueno HDL) y triglicéridos en sangre. Además la fibra insoluble favorece la eliminación de colesterol a través de las heces, disminuyendo así la absorción del colesterol ingerido en la dieta y eliminando también sales biliares que intervienen en la digestión y que contienen colesterol endógeno. Todo esto, unido a su alto poder antioxidante, hace que sea un alimento muy recomendable para prevenir enfermedades cardiovasculares.

A los enfermos de insuficiencia renal se les suele restringir el consumo de proteínas. La proteína del bledo es una proteína fácil de digerir y muy equilibrada, por lo que se aprovecha casi en su totalidad en construir proteínas propias del organismo, no en quemarlas para obtener energía, así el riñón no tendría que eliminar apenas residuos procedentes de ellas.

A quienes padecen insuficiencia hepática el bledo aporta nutrientes fáciles de asimilar, por lo que el hígado necesita trabajar menos. Además tiene acción detoxificante por la fibra y el ácido L-aspárgico que depuran el hígado y previenen encefalopatías hepáticas en enfermos con insuficiencia hepática o cirrosis.

Es excelente para quienes padecen celiaquia, esa molesta enfermedad, pues no contiene gluten, lo que lo hace muy apropiado en dietas sin gluten.

Para vegetarianos y veganos supone un alimento de un valor nutricional elevadísimo, ya que aporta proteínas equiparables a las de procedencia animal, hierro con muy buena absorción al combinarse con el aporte de vitamina C y calcio en cantidades superiores a las de la leche. Es muy recomendable su consumo, más aún si se combina con legumbres o cereales. Para embarazadas y madres lactantes sera beneficioso consumir bledo, porque esta planta es ideal para esta etapa de la vida de la mujer, ya que su alto de contenido en proteína de alta calidad, calcio, ácido fólico y otras vitaminas y minerales, suplementa el aumento de las necesidades que se dan en estas etapas. Su aporte de omega-3 favorece el desarrollo intelectual del bebé. Su contenido en hierro combinado con la vitamina C previene la anemia y la fibra ayuda en el estreñimiento. Además ayuda al control de los niveles de azúcar en sangre y de la tensión arterial, por lo que previene la diabetes gestacional y la hipertensión muy comunes en el embarazo.

Por si fuera poco, sus hojas son utilizadas en medicina natural para tratar dolores abdominales y cólicos, y como desinfectante para curar llagas y heridas, y se considera que es un potente proveedor de oxígeno para el cerebro, y tres tazas diarias de su infusión mejoran mucho la memoria.

No ha quedado claro si fueron los españoles o los portugueses quienes descubrieron el bledo en el Nuevo Mundo, pero debieron haber sido los primeros, porque sus cronistas escribieron que los aztecas comían sus hojas y elaboraban un tipo de pan con sus semillas y, además, la empleaban con fines medicinales. Hasta hoy el bledo se sigue usando en la cocina naturista mexicana, tan rica en tradiciones, como un polvo para confitar manjares dulces.

Sin embargo, los españoles hicieron un descubrimiento terrible: los sacerdotes aztecas también utilizaban el bledo en rituales que incluían sacrificios humanos. Por ello la planta fue prohibida y perseguida por la Inquisición, así que el bledo es una planta con leyenda negra.

Aunque muchas personas están convencidas de que la fitoterapia no tiene contraindicaciones, eso es un gran error. El bledo, por ejemplo, no debe ser consumido por quienes padezcan colon irritable, porque debido a su elevado contenido en fibra puede producir diarrea.

La literatura antigua, de la que tantos solemos desconfiar llevados por la ilusión del progreso científico y tecnológico, debería ser repasada con atención. Me pregunto por qué en la Biblia, y lo mismo en tantas esculturas, pinturas y relieves de basílicas, catedrales y templos, muchos ángeles portan ramos de amaranto, y es una de las plantas que crecen en el Paraíso. Cuánta sabiduría hay, a veces, en las cosas humildes que despreciamos.

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Tres artículos exquisitos sobre tres de mis creadores preferidos

NOTA: Ninguno es mío, me los enviaron por Facebook, pero los reblogueo para los lectores como un regalo tipo manjar, por el Nuevo Año que, aunque las profecías más respetables dicen que será peor, por eso mismo hay que empezarlo con algo sublime.

La paciencia de escribir una palabra tras otra, Akira Kurosawa

Para concluir esta entrevista, ¿querría mandar un mensaje a la joven generación de directores japoneses y aspirantes a directores, que son en realidad bastante numerosos? ¿Hay algún consejo que quisiera darles?

¿Sabe usted cómo escribía Balzac?

Es muy interesante, iba escribiendo e inmediatamente lo enviaba a la imprenta. Cada página se imprimía en una hoja así de grande. Cuando le llegaban las páginas impresas de vuelta, hacía correcciones al margen hasta tal punto que del original quedaba poco. Entonces mandaba las correcciones al impresor. Era una buena forma de trabajar, aunque debía de ser duro para el impresor. Era capaz de producir tanto gracias a ese método. Aquel podía ser un ingrediente, pero el aspecto esencial era tener la paciencia de escribir una palabra tras otra hasta alcanzar la expresión adecuada. Mucha gente carece de esta paciencia. Sólo necesitas papel y bolígrafo para escribir un guión. Cuando quedaba con Naruse en una posada para escribir, solía visitarlo en su habitación. Tenía papel y bolígrafo sobre la mesa. Mientras hablábamos, él escribía algo de vez en cuando… aquellas líneas podrían transformarse en uno de sus maravillosos guiones. Es una bonita historia, pero si le pedía ver lo que estaba escribiendo, él tan solo reía entre dientes. Alguna vez escribió algo así como que estos y otros personajes estarían en una habitación haciendo algo…

Solamente «algo» ¿nada concreto? [Risas]

Para Naruse bastaba con aquella descripción, pues él sería el director, no necesitaba ser más concreto… pero aquel «algo» fue divertido… La tediosa tarea de escribir ha de convertirse en una segunda naturaleza para ti. Si te sientas y escribes tranquilamente durante todo el día, tendrás al menos dos o tres páginas, aunque haya sido una batalla. Si lo mantienes, podrás llegar a tener dos centenares de páginas en poco tiempo. Creo que los jóvenes de hoy no conocen este truco. Ellos empiezan y pretenden terminar inmediatamente. Cuando vas a escalar una montaña, lo primero que te dicen es que no mires la cima, sino que mantengas los ojos clavados en el suelo mientras asciendes. Vas subiendo pacientemente paso a paso, y si miras a la cima, acabarás frustrado. Creo que escribir es lo mismo. Necesitas acostumbrarte a la tarea de escribir. Se necesita un esfuerzo para aprender a verlo no como algo penoso, sino como una rutina. Pero la mayoría tiende a rendirse a mitad de camino. Les suelo decir a mis ayudantes de dirección que si se dan por vencidos una vez, acabarán así siempre y se rendirán ante las primeras dificultades. Les digo que escriban —no importa qué— hasta que tengan algún tipo de final. Digo: «no se te ocurra abandonar, aunque se haga duro a mitad del camino», pero cuando las cosas se ponen difíciles, ellos se rinden. Además, los jóvenes de hoy no leen, no creo que ninguno de ellos haya leído la literatura rusa en profundidad. Es importante que en algún momento hagan una serie de lecturas. A menos que tengas una buena reserva dentro, no podrás crear nada. Por eso digo a menudo que la creación proviene de la memoria. La memoria es la fuente de la creación, no puedes crear algo a partir de la nada. Tanto si es de lecturas o de tus propias experiencias, no podrás a menos que tengas algo en tu interior. En este sentido, es importante hacer lecturas variadas. Las novelas actuales están bien, pero creo que también hay que leer a los clásicos. Si se estableciera una escuela de cine, sería importante hacer hincapié en las lecturas.

Akira Kurosawa
Conversación con Nagisa Oshima
Agosto de 1993
Editorial: Confluencias
Traducción: Alfonso Fornieles Ten
y José Jesús Fornieles Alférez

Una historia de amor que nació de la poesía: la escritora Elizabeth Barrett y su marido Robert Browning

Hay muchas historias de amor que han generado poesías. Pero pocas han nacido realmente de la poesía. Y por eso resulta tan excepcional el caso de la escritora Elizabeth Barrett Browning, porque fueron sus poemas los que le permitieron hallar el amor. Y los que le permitieron escapar de una vida de encierros y tristezas.

Había nacido en 1806 en el seno de una familia inglesa adinerada. Su padre, Edward Moulton-Barrett, era propietario de plantación, y su madre, Mary Graham-Clarke tenía entre sus ascendentes al mismísimo Eduardo III de Inglaterra. Desde niña mostró ante sus tutores su extraordinaria habilidad con las letras. De hecho, sus biógrafos afirman que con ocho años ya leía las traducciones de Homero y que con diez estudiaba griego y empezaba a escribir sus primeros versos.

Sin embargo, la que podría haber sido una juventud idílica y sin dificultades se truncó por culpa de una enfermedad que los médicos no supieron diagnosticar y que siempre acompañó a Elizabeth. Sufría dolores intensos de cabeza y columna, llegando a perder la movilidad en ocasiones, y eso le llevaba a tomar opiáceos, láudano y morfina, con todos los problemas de dependencia que eso le ocasionaba

Aún así, siguió escribiendo y publicando sus textos. Además, quizá por su propia situación, que le llevó a identificarse con las capas menos privilegiadas de la sociedad, utilizó la escritura en pro de los derechos de determinados colectivos. Como si pensara que, ya que no había justicia en su cuerpo, al menos pudiera haberla en algún sitio. Y eso le convirtió, primero, inspirada por Mary Wollstonecraft, en una defensora de los derechos de la mujer; y luego, también, de los de los afroamericanos, lo cual no deja de ser llamativo si se tiene en cuenta que su padre, precisamente, trabajaba con esclavos. De hecho, cuando en 1833 se adoptaron nuevas leyes que permitieron la abolición de la esclavitud en Inglaterra, la familia quedó en una situación mucho menos boyante.

Esto, junto a sus problemas de salud, llevó a los suyos a cambiar varias veces de residencia hasta que en 1841se ubicaron en la calle Wimpole de Londres. Allí, por su enfermedad, Elizabeth quedó encerrada en su habitación, escribiendo, desconectada del mundo. Más aún, porque su madre había fallecido en 1828 y, en 1840, dos de sus hermanos. Como escribió tiempo después al recordar esos años: “He vivido sólo hacia adentro o con tristeza (…). Antes de esta reclusión de mi enfermedad, estuve recluida también y pocas habrá en el mundo entre las mujeres más jóvenes que no hayan visto más, oído más, sabido más de la sociedad, que yo, que difícilmente puedo ya ser considerada joven”.

Pero entonces sucedió lo inesperado. La poesía permitió que esa solitaria que solo había soñado con el amor encontrara a alguien que lo hiciera real: su compatriota Robert Browning, un poeta y dramaturgo seis años más joven que se interesó por ella tras leer sus dos volúmenes de Poemas (1844). Y es que, sorprendido por la profundidad y belleza de los versos y de todo lo que transmitían, quiso conocerla. Le envió una carta y ambos iniciaron un intercambio epistolar que duró dos años y que se llevó de espaldas a la familia de Elizabeth. Hasta que, pasado ese tiempo, decidieron casarse en secreto en Marylebone, conscientes de que el padre de Elizabeth no aceptaría su enlace.

Así lo hicieron. Y luego, abandonaron Inglaterra (a la par que el padre la desheredaba por contravenir su voluntad) y fueron a vivir a Florencia, en donde el estado de Elizabeth mejoró y continuó con su carrera como escritora. De hecho, publicó obras muy exitosas, como Las ventanas de la casa Guidi, Aurora Leigh –que ella misma consideró como la más madura- o sus Sonetos de la portuguesa (o “de portugués”), en donde relató su propia historia de amor con Robert (aunque la disfrazara ubicándola en un contexto “portugués”). Y es que su matrimonio, como señalan todos sus biógrafos, fue feliz, más aún, tras el nacimiento de su hijo Robert Barret Browning en 1848. Aunque también demasiado corto. Porque su salud, pasados unos años, volvió a resquebrajarse y, finalmente, el 29 de junio de 1861, falleció. Tras haber vivido de  la poesía y el arte y dejando un conjunto de poemas inéditos que su marido decidió publicar. Él, por cierto, viviría veintiocho años más. Escribiendo y consiguiendo alcanzar el éxito con su propia literatura. No volvería ya a casarse.

Robert Graves. La poesía, los tormentosos amores y las musas del autor de ‘Yo Claudio’

Orson Welles dijo de él que era su escritor favorito. Y aunque él se consideró siempre un poeta, hoy día se le conoce principalmente por sus novelas históricas, sobre todo, por Yo, Claudio. Sin embargo, Robert Graves (1895-1985) cuenta con una interesante bibliografía que suma, además de novelas, varios ensayos sobre historia y poesía, cuentos y, sobre todo, poemas. Por otra parte, su turbulenta vida sentimental, que está conectada con su poesía, daría para varias adaptaciones cinematográficas.

Lo cierto es que Robert Graves nunca tuvo en gran valor su obra más famosa, Yo, Claudio. A ella se acercó con precisión de artesano para recrear los convulsos años de la Roma gobernada por la dinastía Julio-Claudia, y luchó para que tuviera una calidad digna de su nombre, pero igual consideró siempre aquel trabajo como un modo de pagar sus facturas y resarcirse del escaso éxito de sus libros de poesía, su verdadera gran pasión. Como él mismo dijo en alguna ocasión, si se dedicaba a criar perros era, simplemente, porque deseaba tener un gato. Esto es, si hacia prosa era para poder escribir poesía.

Había escrito Yo, Claudio, al igual que su continuación, Claudio, el dios, y su esposa Mesalina, en Mallorca, adonde había llegado en 1929 tras publicarAdiós a todo eso, un libro de memorias escrito con menos de 34 años que le permitió alcanzar cierta fama por el modo en que había retratado sus experiencias como combatiente durante la Primera Guerra Mundial (recordemos, y quizá de allí algo de su éxito, que ese fue el año de Sin novedad en el frente). De donde, además, se llevó en 1916 la experiencia de haber nacido por segunda vez, pues la metralla de una granada alemana le atravesó el pulmón de tal modo que se le dio por muerto. Sus padres, de hecho, llegaron a recibir la noticia de su fallecimiento para, un tiempo después, descubrir sorprendidos que el hijo por quien habían iniciado el duelo se ponía en contacto con ellos. De sus experiencias, además, surgió un primer libro de poemas en donde cantó sus ardores patrióticos y guerreros que años después trató de hacer desaparecer al considerar inútiles ese tipo de luchas.

Cuando llegó a España lo hizo con el principal deseo de escribir poesía y en compañía de la escritora Laura Riding, por quien había abandonado a su esposa Nancy Nicholson y a sus hijos en Inglaterra. De hecho, la historia de Robert con su esposa y su amante ejemplifica bien la relación que el escritor estableció entre la poesía, el amor y sus “musas”, que siempre contempló como la fuerza motriz de sus versos. Y todo pese a que, al principio, Laura y él se habían acercado sin otro objetivo que el de escribir obras juntos, hasta que, tras surgir el romance entre los dos y vivir un asunto tan turbio como un posible intento de suicido, decidieron abandonar Inglaterra y hacer de España su hogar.  

Laura, sin embargo, se apartó de él algunos años después. Después de que los dos abandonaran el país, por la guerra civil, en 1936, Robert se casó con una nueva mujer, Beryl, con quien se instalaría, en 1946, de nuevo en España, en la misma casa de Deià que había abandonado. A la par que publicaba su novela histórica Rey Jesús y terminaba de escribir otra de sus grandes obras, La diosa blanca (1948), en donde disertaría sobre la creación de los mitos poéticos, buscando sus orígenes históricos y místicos y reflexionando, además, sobre lo que el mundo contemporáneo había arrebatado al sentido original de la poesía.

Luego llegaron Los mitos griegos (1955), Dioses y héroes de la antigua Grecia (1960) y Los mitos hebreos (1963), además de traducciones de textos clásicos, que hicieron de él uno de los principales divulgadores contemporáneos del mundo antiguo. Claro, que eso no le apartó de su “gato”, la poesía, pues siguió cultivándola con intensidad mientras hacía de su reducto en Mallorca un lugar bohemio y representativo del creciente movimiento “hippie”. Más, aún, porque Graves se fue relacionando con una serie de jóvenes “musas” a quienes consideró siempre imprescindibles para inspirar sus poemas de amor, como Margot Callas, Juli Simmons o Aemilia Laracuen. Por la última, de hecho, estuvo a punto de sacrificarlo todo y marcharse a otro país, pero solo se llevó el rechazo de ella, que lo vio siempre como un hombre interesante pero demasiado mayor.

Aquel plan de vida, sin embargo, era demasiado elevado para un hombre que vivía para la poesía y todas sus manifestaciones. Por eso trató durante años de llevar sus libros a la gran pantalla –en el camino, hizo una buena amistad, platónica, con Ava Gardner-, si bien, no fue hasta 1976 cuando, con la adaptación de la BBC de su Yo, Claudio, pudo cumplir este deseo.

Graves, tras ello, alcanzó una fama tan inesperada como masiva y vio cómo sus libros comenzaban a reeditarse una y otra vez. No tuvo, sin embargo, demasiado tiempo para disfrutarlo, pues pronto enfermó y se vio en la obligación de quedar bajo los cuidados de su esposa Beryl, que había estado a su lado, pese a todo, aquellos años. Moriría el 7 de diciembre de 1985. En su tumba, ubicada en la población de Deià, Mallorca, quedó como epitafio una sola palabra: “Poeta”.

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EL PRIMER INQUILINO DE LA NECRÓPOLIS DE COLÓN

Puerta norte y principal del cementerio de Colón

Si siempre resulta interesante preguntarse quién fue la primera persona que habitó una ciudad, cualquier ciudad, lo es mucho más preguntarse quién habrá sido el primer inquilino de una necrópolis. La primera pregunta es casi imposible de responder, pero la segunda no lo es tanto, y en el caso del cementerio habanero de Colón, reputado en todo el mundo como un arca de valiosos tesoros artísticos y arquitectónicos, la respuesta es simple: el primer muerto sepultado ahí fue nada menos que el arquitecto que comenzó su construcción, el español Calixto de Loira. Pero esto no es todo. Hay un misterio, o mejor hablemos de una leyenda, según la cual los restos de este insigne artista yacen en la parte superior de la puerta principal de la necrópolis, magnífica obra de arte por la que se accede al camposanto habanero. Pensar en esto siempre que pasamos frente a esta imponente arcada o cuando tenemos que visitar el lugar es un poco impresionante, pero… ¿Es verdad? También se habla de cierta maldición que, como la que mató a tantos miembros de la expedición arqueológica que descubrió la tumba de Tutankamen, habría liquidado con siniestro fin a dos de los primeros arquitectos que comenzaron a levantar esta ciudad de los muertos nuestra que lleva el nombre del Gran Almirante.

Calixto de Loira nació en El Ferrol en 1840, como hijo natural de José Felipe Loira y Cardoso, quien nunca reveló el nombre de la madre. Temiendo por la estabilidad de su matrimonio oficial, el hombre entregó al bebé a un hospicio y, más tarde, a una familia que se encargó de su cuidado, pero cuando el niño contaba cinco años la esposa de José Felipe, enterada de la existencia del bastardo, lo hizo trasladar a su hogar, donde lo crió como a su propio hijo. La familia vivió en el poblado de San Antonio de los Baños y cuando Calixto cumplió doce años viajó a España, donde el joven permaneció hasta obtener su título de Arquitectura. De inmediato regresó a La Habana, y resultó ganador en el certamen de proyectos convocado por las autoridades de  la capital para decidir la construcción de su segunda necrópolis, pues como es sabido Colón no fue nuestra primera urbe funeraria, sino la segunda, que el obispo Espada tuvo que mandar construir para terminar con la insana costumbre de los enterramientos bajo el suelo de las iglesias.

De Loira dio a su proyecto un título que resultó bastante premonitorio: “La pálida muerte entra por igual en las cabañas que en los palacios de los reyes”, porque él mismo enfermó de tuberculosis y murió a los treinta y dos años, en plena flor de su exitosa vida y de su talento. Además de su proyecto para la necrópolis, también participó en otros planes de la ciudad. Fue designado segundo jefe de la ejecución del Acueducto de La Habana, miembro del equipo de planimetría topográfica de la capital cubana, finalizada precisamente el año de su muerte, y arquitecto del Pabellón de Mendigos de la Casa de Beneficencia. Falleció el 28 de septiembre de 1873, y el 29 fue sepultado, pero… ¿dónde?

Durante la lectura de un artículo firmado por Arlet Castillo, nos enteramos de que Luis Martín, jefe del Área de Museología del recinto urbano, le contó –presumo que durante una entrevista periodística-  que “El lugar de enterramiento del arquitecto fue puesto en dudas debido a que, cuando falleció, apenas se había comenzado la construcción del nuevo cementerio”. Creo que hubo, además, otra razón para el nacimiento de tal leyenda, y es que el pedestal del grupo escultórico realizado por el escultor cubano José Vilalta de Saavedra, que representa las Tres Virtudes Teologales Fe, Esperanza y Caridad, y se yergue sobre el pórtico principal del camposanto, tiene la forma de una tumba. La ubicación de los restos del primer arquitecto de Colón se convirtió en una de las tantas, muchísimas historias fantasiosas que, como suele suceder, envuelven tanto a las más grandes como a las más pequeñas ciudades funerarias del planeta.  La muerte está repleta de misterio.

Grupo escultórico de las Tres Virtudes Teologales que corona el pórtico principal de la necrópolis de Colón. La leyenda en su base significa: «Yo soy la puerta de la paz».

Pero Calixto jamás estuvo enterrado en el pórtico principal. Cuando murió se encontraba supervisando los trabajos de la galería de Tobías y fue sepultado en ella, ganando así el honor de ser el primer cadáver enterrado en la necrópolis habanera, que es hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad. De dicha galería no queda nada, pues sufrió gran deterioro y fue derruida por completo en 1953. Desde esa fecha los restos de Calixto de Loira fueron trasladados al panteón del Colegio de Arquitectos de La Habana y es allí donde descansan hasta el día de hoy.

¿Y la maldición…?

Esta segunda parte de la leyenda comenzó a tejerse cuando el arquitecto Félix Azúa, nombrado sucesor de Calixto de Loira y Director Facultativo de las obras, falleció al año siguiente, en 1874. Como su antecesor, la muerte lo sorprendió mientras trabajaba en la construcción de la galería de Tobías, y se le dio sepultura en ella. La galería de Tobías tenía noventa y cinco metros de largo y estaba ubicada en el Cuartel NE 17 Cruz de Segunda Orden. Ya no albergaría en su seno ninguna otra víctima de la supuesta maldición, pues el arquitecto Ranieri, continuador de las obras luego de la muerte de Azúa, logró vivir hasta 1922, año en que falleció en la capital cubana.

¿Y quién era, se preguntará algún lector, ese José Vilalta Saavedra? Vilalta nació en La Habana en 1862, era mulato y fue uno de los primeros escultores cubanos. Para suerte suya su talento fue reconocido desde muy temprano en su vida y, gracias a generosos mecenas que lo patrocinaron, pudo realizar sus estudios de Arquitectura en España y luego en Italia. Entre sus obras se encuentran la estatua de José Martí que está en el Parque Central, y la del gran ingeniero Francisco de Albear, constructor del Acueducto de La Habana. Él esculpió las efigies de las Tres Virtudes Teologales que figuran en el pórtico de Colón, y también los relieves religiosos que decoran los muros de la necrópolis. Suyo fue el proyecto para el monumento a los Ocho Estudiantes de Medicina, que finalmente realizó otro escultor cubano. Vilalta fue el escultor del monumento a Amelia Goiri, La Milagrosa, sobre el que no es necesario hablar aquí, porque es uno de los lugares más conocidos y visitados del cementerio. Murió en Roma en 1912, a los cincuenta años de edad.

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AZUL DE PRUSIA: CIELO E INFIERNO EN UN COLOR

Frankenstein no es solo el título de una de las más famosas novelas góticas escritas en el siglo XIX; es también el nombre de un castillo en Alemania, y la palabra significa en este idioma roca de los francos.

Ubicado a cinco kilómetros de la ciudad alemana de Darmstad, su propietario, Lord Konrad II Reiz von Breuberg, comenzó a construirlo en 1250, y en 1673 nació en él un alquimista célebre nombrado Johann Conrad Dippel, al parecer el más ilustre de sus habitantes,  quien, entre otras investigaciones que llevó a cabo, hizo experimentos con cadáveres humanos. Sin duda este hombre real inspiró a la joven escritora inglesa Mary Shelley el personaje de su doctor Viktor Frankenstein, y también el argumento de su novela, idea que ya quizá ella tuviera en mente desde que visitara el castillo mucho antes de aquella noche tormentosa en Villa Deodati, a orillas del lago Leman, en que el poeta inglés lord Byron retara a sus cuatro compañeros de vacaciones para ver quién de ellos escribía durante la madrugada la mejor historia de fantasmas. Todos empuñaron la pluma, pero mientras Byron no concluyó nada y William Polidori concibió El vampiro, fue Mary quien a la mañana siguiente leyó a sus amigos el texto que terminó por convertirse en el mayor clásico de la literatura arquetípica de horror.

Pero el castillo no solo fue cuna de un alquimista célebre y el lugar inspirador de la celebérrima novela homónima, sino que, además, en sus estancias penumbrosas fue creado el color que hoy conocemos como Azul Prusia o Azul de Prusia, que salva y que mata. A principios del siglo XVIII Dippel estaba enfrascado, como tantos alquimistas antes y después de él, en la búsqueda y creación de un “elixir de la vida”, y había elegido la potasa como uno de sus componentes. Al mismo tiempo, y muy cerca del laboratorio en que trabajaba Dippel, un creador de colores suizo llamado Johann Diesbach, estaba enfrascado en sus propias investigaciones, y como necesitaba potasa decidió tomar un poco de la que Dippel estaba utilizando. Aunque el suizo trabajaba en la fabricación de un pigmento rojo obtenido a base de la cochinilla latinoamericana, al entrar al día siguiente en el laboratorio él y Dippel encontraron, para su sorpresa, que el precipitado obtenido de la mezcla era de  un raro azul. Los dos hombres llegaron a la conclusión de que la potasa de Dippel al estar mezclada con sangre contenía hierro, lo que provocó una reacción química que, como tantos descubrimientos en el mundo de la ciencia, no habría ocurrido hasta quizá mucho más tarde de no mediar aquel incidente.

Por supuesto, no era la primera vez que se podía obtener el color azul, que desde tiempos remotos era fabricado en Egipto mediante la trituración de una piedra, la azurita, molida hasta convertirla en polvo fino. En la Edad Media la obtención del azul, como la de todos los colores, debía hacerse mediante un proceso artesanal que implicaba la trituración de gemas semipreciosas como la turquesa y el lapislázuli, piedra entonces muy rara que solo podía hallarse en los confines lejanos del territorio que es hoy Afganistán. Para ser llevado a Venecia, ciudad entonces a la cabeza de los colores en Europa y donde se encontraban los más florecientes artistas del Renacimiento italiano, debía ser transportado a través de unos 5.600 kilómetros en una compleja ruta sembrada de temibles cadenas montañosas y dilatadas regiones desérticas, hasta las costas del mar Mediterráneo. Ese color, fue llamado ultramarino por provenir de tan lejanas tierras, era tan valioso que una onza del mismo costaba su equivalente en oro. Literalmente, lo que hoy conocemos como azul marino valía entonces su peso en oro. Por eso el descubrimiento de Dippel y Diesbach significó un avance importantísimo, pues permitía la fabricación industrial de la maravillosa sustancia.

Ambos alquimistas continuaron trabajando en su hallazgo y llegaron a producir un pigmento mucho menos costoso que el ultramarino, más estable que el azul obtenido  del cobre y más versátil que el índigo. Pronto su pigmento comenzó a ser utilizado en la fabricación de toda clase de objetos, entre los que destacan la porcelana y el papel, y no tardó en convertirse en el color distintivo de las casacas del ejército prusiano, lo que le valió dejar de llamarse ultramarino para ser conocido como Azul de Prusia. Sus descubridores se enriquecieron.

La fórmula del azul de Prusia no fue revelada hasta 1724, cuando se dio a conocer que la composición del color podía fabricarse a partir de una solución mixta de alumbre y vitriolo verde, a la que debía añadirse una solución de un álcali previamente calcinado con sangre de buey o con cualquier otra materia de origen animal. El resultado es un precipitado verdoso que se vuelve azul al hervirlo con alcohol de sal.

El nuevo azul no tardó en ser empleado en muchas otras esferas de la vida, entre ellas el arte. Los pintores lo recibieron con entusiasmo y muchas grandes obras pictóricas han sido creadas en monocromías de este pigmento, que como ningún otro es capaz de transmitir la sensación de soledad, abandono y disolución del yo.

Entre sus aplicaciones químicas se encuentra su capacidad para transferir electrones de manera eficiente,  lo que lo ha convertido en una sustancia ideal para su uso en electrodos de baterías de iones de sodio, que se utilizan en aplicaciones de centros de datos y telecomunicaciones.

También en medicina ha sido hallado de gran utilidad el azul Prusia, y hoy figura en la lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud como antídoto específico para intoxicaciones provocadas por la ingestión o contacto con metales pesados. Se emplea para tratar personas cuyo organismo ha sido contaminado con cesio radiactivo o talio altamente venenoso, por lo que resulta un auxilio invaluable en casos de fuga de materia radiactiva como la ocurrida  durante el accidente de la central nuclear de Chernobil. Los afectados ingieren cápsulas de azul de Prusia, que atrapa los metales peligrosos, evita su absorción por el cuerpo  y disminuye el plazo de salida del mismo del material radiactivo. La tintura también es empleada en la detección de envenenamiento por plomo. Tiene otras aplicaciones para fines diagnósticos, como por ejemplo en la detección de la presencia de hierro en muestras de biopsia, en especial en tejidos como la médula ósea y el bazo.

Pero la maldad humana puede convertir el más glorioso de los descubrimientos en algo tenebroso con increíble poder de destrucción, y los nazis se encargaron de hallar el lado satánico del azul de Prusia. Los científicos nazis, comprometidos con una ideología maligna mucho más que con la ciencia, descubrieron que la mezcla de azul de Prusia con ácido sulfúrico diluido produce un gas incoloro soluble en agua y ácido. Llamaron a la mezcla ácido prúsico, pero su nombre científico es cianuro de hidrógeno o simplemente cianuro, uno de los venenos más mortíferos conocidos, y que ya se obtenía en la antigüedad extrayéndolo de semillas de flores y frutos como el cerezo y los melocotones.

El cianuro no tardó en ser utilizado por  los nazis como arma de exterminio masivo en sus campos de prisioneros o campos de concentración, nombre por el que son más conocidos, entre los cuales destacan por el extraordinario inventario de crueldades y las todavía mal conocidas cifras de muertes los de de Auschwitz y Treblinka, en los que se llegó a exterminar a más de ochenta mil individuos en medio año. A su llegada a estos campos se les anunciaba a los prisioneros que debían pasar a realizar su aseo personal en duchas colectivas, se les entregaba una pastilla de jabón, una toalla y el uniforme del campo, y cuando los desgraciados, ya desnudos, abrían la ducha, en lugar de recibir un benéfico chorro de agua que lavara sus cuerpos de las inmundicias acumuladas durante los largos y espantosos viajes en vagones de tren herméticamente cerrados, brotaban chorros de un gas con suave olor a almendras amargas. Palpitaciones, dolor de cabeza y somnolencia seguidos de coma, convulsiones y muerte por asfixia fueron los síntomas a cuyo macabro compás se marcharon de la vida millones de seres humanos indefensos, cuyo único pecado era pertenecer a algún grupo o nacionalidad raciales discriminados como inferiores por sus asesinos, o profesar ideologías contrarias al nazismo. Este nuevo gas ha pasado a la Historia como Ziklon-B, nombre cuyos ecos justicieros resonaron en los salones del tribunal internacional de Nuremberg mientras se juzgaba en ellos a los más importantes jerarcas asesinos.

No es de pretender que cada vez que alguien piense en el azul de Prusia para alguna elaboración con fines benéficos o lo utilice o admire en la creación de una obra de arte, recuerde el lado oscuro de tan hermoso color, pero su ejemplo sirve y servirá siempre para hacernos reflexionar sobre la verdad incuestionable de que nada de lo que produce la naturaleza es bueno o malo en sí mismo, sino que es el ser humano, con sus intenciones, quien determina los resultados de todo procedimiento, de todo proceso, de todo hallazgo y, como ya dejara escrito el gran sabio alemán Goethe en su obra Fausto, de todo el Conocimiento, porque al final, el hombre es la única criatura que lleva en su alma el cielo y el infierno.

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MIEL O AZÚCAR: ¿QUÉ ES MEJOR?

Hubo un tiempo, que ahora por la pandemia parece ya muy lejano, en que cuando visitaba el café El Escorial en la Plaza Vieja del Centro Histórico de La Habana, el servicio ofrecía como endulzantes azúcar blanca, morena y miel. Recuerdo que yo miraba los tres potes ante mí sobre la mesa y dudaba, porque las tres son suculentas. Para todos aquellos que, como yo, han pasado por la misma circunstancia muchas veces y aún no han tomado una decisión definitiva, les propongo una reflexión a partir de ciertos datos.

Ha sido científicamente demostrado que la miel y el azúcar, en cuanto a contenido de carbohidratos y calorías, no tienen diferencias significativas, por lo que, si la intención al elegir la miel para hacer dietas adelgazantes se hace pensando en que este producto nos engordará menos… no estamos siendo realistas.

Para comenzar, es fundamental que sepamos si la miel que vamos a consumir es natural, pues en el mercado no todas lo son. La miel en su estado natural no ha sido sometida a ningún procedimiento industrial, por lo que conserva propiedades excelentes y muy beneficiosas para la salud, gracias a la presencia en su composición de minerales, elementos fitoquímicos, enzimas, vitaminas, hierro, aminoácidos y antioxidantes. Sin embargo, la miel industrial ha pasado por diferentes procesos térmicos, lo que la hace más pobre en su composición y menos rica en beneficios para el organismo.

Pero aún si tenemos la fortuna de conseguir miel natural tal y como brota del panal en manos del apicultor, debemos saber que la miel es una solución acuosa concentrada de azúcares,compuesta por un 18% de agua y un 82% de azúcares, por lo que produce un aumento de la glucosa en sangre parecido a los efectos del azúcar. El azúcar contiene un porcentaje de 50% fructosa y 50% glucosa, mientras que la miel es 40% fructosa y 30 % glucosa. Comparada con el azúcar, la miel endulza más, pero solo aporta algo menos de azúcares que el azúcar de mesa, pues la miel contiene un 82% de azúcares, mientras que el azúcar contiene 99,9%.

Como puede apreciarse, la ventaja de la miel sobre el azúcar en cuanto a un menor contenido de azúcares es insignificante. Es por esta razón que los expertos dietistas y nutricionistas han llegado a la convicción de que tanto el azúcar como la miel pueden aumentar las probabilidades de padecer obesidad, sobrepeso, hipertensión e incrementar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como la enfermedad coronaria, tan peligrosa para la vida.

¿Y qué cantidad de miel deberíamos consumir a diario en una dieta que mejore nuestra salud y nos evite ciertas enfermedades? Hay que tener en cuenta queuna cucharada sopera de miel aporta 14 gramos de azúcares simples, y que el consumo de dichos azúcares no debe sobrepasar los 25 gramos/día (para un adulto sano con peso normal, con aproximadamente una dieta 2000kcal/día). Otros factores que pueden variar la cantidad de miel recomendada al día es el ejercicio físico que se haga, el metabolismo de cada persona y si se sufre alguna enfermedad o dolencia que la miel pueda ayudar a tratar.

Algunos nutricionistas recomiendan limitar la ingesta a dos o tres cucharadas soperas diarias y no incluir en la dieta ningún otro tipo de endulzantes, mientras que la Organización Mundial de la Salud, recomienda para una persona sana, sin problemas de peso y que no basa su dieta en un consumo excesivo de azúcares, tomar como máximo una cuchara pequeña de miel al día. Esto es aproximadamente entre 10 a 12 gramos de miel. Otro de los factores que también pueden variar la cantidad de miel diaria recomendada es el ejercicio físico que se haga, el metabolismo de cada persona y si sufre alguna enfermedad o dolencia que la miel pueda ayudar a tratar. También la OMS recomienda disminuir o eliminar de la dieta cotidiana otros alimentos que contengan azúcares, tales como jugos azucarados, postres, helados, etc. Estudios realizados por expertos nutricioinistas rusos aseguran que es mejor consumir la miel en el desayuno, para que el cuerpo tenga tiempo de gastar durante el día todos los azúcares y carbohidratos que contiene. También recomiendan combinar la miel con productos lácteos para neutralizar los carbohidratos de asimilación rápida y no interrumpir la producción de insulina. De esta manera se puede evitar la subida repentina de glucosa en la sangre.

 En cuanto al azúcar, la American Heart Association recomienda limitar su consumo a aproximadamente seis cucharaditas por día para las mujeres y aproximadamente nueve cucharaditas diarias para los hombres. Pero resulta desconcertante saber que mientras una cucharada de miel aporta 23 kcal, la misma cantidad de azúcar aporta 16 kcal. ¿Entonces…? Quizá nos ayude a tomar la decisión final conocer que para que nuestro cerebro pueda funcionar correctamente necesita un aporte equilibrado de glucosa. Si los niveles de esta sustancia en sangre son muy altos, pueden aparecer trastornos como la ansiedad, la depresión o la hiperactividad.

La miel goza fama de poseer muchos beneficios, entre ellos ser muy eficaz en el tratamiento de las alergias, pero los expertos en nutrición aseguran que esto último tampoco ha sido científicamente comprobado. Como suele suceder, las personas que acuden a la medicina natural para sanarse estarán en desacuerdo con una negación tan rotunda y muchas aportarán sus propios testimonios sobre los poderes salutíferos de la Apis Melifera, Como suele ocurrir en la confrontación entre la ciencia y los saberes populares, siempre quedará la brecha de la duda.

Si la miel es eficaz en el tratamiento de las alergias es algo que ahora mismo está en una discusión muy viva en los medios científicos, porque muchos especialistas le niegan este don, pero existe un tratamiento eficacísimo en la medicina natural y tradicional que consiste en hacer que el paciente sea picado por una abeja. Yo nunca lo he visto hacer, pero he hablado con especialistas en estas disciplinas que me han contado de curaciones no solo de alergias, sino de asmas muy rebeldes y peligrosas y hasta de artritis y otras dolencias que la medicina alopática trató por años sin resultados favorables. No puedo ofrecer testimonios personales al respecto. Pero OJO: Ningún producto de la colmena puede ser usado por individuos que padezcan una reconocida alergia al polen.

Muchas personas desconocen que el azúcar, tan sabrosa, es adictiva en cualquiera de sus formas, pero como no activa las hormonas que inducen la sensación de saciedad, mientras más azúcares consumamos más querremos consumir. Es por eso que si comemos un dulce, se produce un pico de glucosa en nuestro organismo que desaparece con rapidez, por lo que al poco rato sentiremos el deseo de comernos otro, y así sucesivamente.

Otros datos que la mayoría de las personas ignoran es que quienes padecen diabetes tienen estrictamente contraindicado el consumo de miel, y que NUNCA se debe dar miel a los niños menores de dos años,  porque durante el proceso de elaboración de la miel que se comercializa, ésta es calentada a más de 60 grados para evitar su fermentación por levaduras durante su almacenamiento. Pero estas temperaturas no eliminan las esporas de Clostridium botulinum, que se encuentran de modo natural en la tierra  y en productos agrícolas. Cuando estas esporas germinan producenneurotoxina bacteriana, conocida como toxina botulínica, que puede aparecer en el sistema digestivo del bebé dando lugar a la enfermedad conocida como botulismo, la cual provoca  dificultad respiratoria, falta de apetito, debilidad prolongada y una disfunción en el sistema nervioso, todos síntomas que comprometen seriamente la salud del pequeño y hasta su vida si no son diagnosticados y tratados a tiempo.

Después de todo lo anterior, me parece interesante agregar la opinión de especialistas de la prestigiosa Clínica Mayo. Podemos ver una lista de los beneficios que esta Institución de salud reconoce al uso de la miel de abejas en varias patologías importantes:

  • Enfermedad cardiovascular. Los antioxidantes de la miel podrían estar asociados con una reducción en el riesgo de enfermedad cardíaca.
  • Tos. Ciertos estudios sugieren que tanto la miel de eucalipto como la de cítricos y la de labiatae pueden actuar como inhibidores de la tos confiables en algunas personas con infecciones de las vías respiratorias superiores y con tos nocturna aguda.
  • Enfermedad gastrointestinal. La evidencia sugiere que la miel podría ayudar a prevenir trastornos del tubo gastrointestinal, como la diarrea relacionada con la gastroenteritis. La miel también podría ser eficaz como parte de una terapia de rehidratación oral.
  • Enfermedad neurológica. Las investigaciones sugieren que la miel podría tener beneficios antidepresivos, anticonvulsivos y contra la ansiedad. En algunos estudios, se ha comprobado que la miel ayuda a prevenir los trastornos de la memoria.
  • Cuidado de la herida. Se ha demostrado que el uso tópico de la miel de tipo médico fomenta la curación de las heridas, sobre todo en el caso de las quemaduras.

Como en todo tema, los beneficios de la miel sobre el azúcar y la conveniencia de usarla como agente salutífero cuenta con defensores y detractores, o no específicamente con detractores, ya que salvo en el caso de bebés, diabéticos y alérgicos a los productos de la colmena, como expliqué antes, no existen recomendaciones específicas para evitar su uso. Más que de detractores es mejor hablar de advertencias sobre cómo usarla para beneficiarnos de sus dones sin correr riesgos innecesarios.

Lo que sí es totalmente cierto es que el azúcar blanca carece de elementos nutrientes porque el proceso industrial de blanqueamiento la despoja de ellos, y que el azúcar morena los conserva más porque no se la somete a los mencionados procesos, mientras que en, comparación, la miel ofrece muchos nutrientes que son benéficos para el organismo y tiene ciertas propiedades curativas, digámoslo de este modo para mostrarnos prudentes y no excesivamente entusiastas, así que, como dice uno de nuestros mejores presentadores y conductores de televisión, luego de leer con atención toda la información que ponemos a su disposición, saque el lector sus propias conclusiones sobre qué le parece mejor para lograr o mantener una buena calidad de vida.

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DOS INTRIGANTES PERSONAJES DE LA HISTORIA CUBANA SUMERGIDA

A veces sentimos la tentación de creer que lo sabemos todo sobre la historia de Cuba, pero el tema es tan profundo como un hondísimo abismo y tan inagotable como el Tiempo mismo. Sobre todo cuando se trata de los personajes que tienen un lugar en ella pero han sido olvidados, porque sus roles no fueron protagónicos ni sus vidas tuvieron relevancia política, histórica o cultural. Y sin embargo…

Resulta que ¿quién no conoce a Isabel la Católica? Muchos responderán que fue la reina de España que expulsó a los moros de ese país y proveyó a Cristobal Colón de una flota para buscar una nueva Ruta de la Seda, aventura que terminó en el descubrimiento del Nuevo Mundo. Bien, respuesta correcta, pero no del todo, pues hay otra Isabel la Católica de quien, pese a haber nacido y vivido en nuestra isla, no sabemos nada.

A mediados del siglo XIX vivió en lo que hoy es La Habana Vieja una mujer que obtuvo cierta fama como cartomántica, arte divinatoria que llegó a Cuba con los primeros gitanos, quienes presumiblemente ya formaban parte de las tripulaciones de La Niña, La Pinta y la Santa María, afirmación que se apoya en el hecho de que el pueblo gitano, preterido y siempre discriminado, era acusado de numerosos delitos, y las tripulaciones de Colón estaban en su mayoría integradas por delincuentes liberados de las cárceles del puerto andaluz de Palos de Moguer, de donde salió a navegar el Gran Almirante.

Echar las cartas fue, desde luego, una actividad que impresionaba grandemente la imaginación tan viva de los criollos, y tuvo muchos practicantes en toda la islam, pero en La Habana Isabel la Católica fue caso aparte, pues demostró habilidades muy certeras en la adivinación del futuro. Ella vestía como es usual entre las gitanas españolas: cabello largo peinado en una larga trenza, varias sayas superpuestas todas de vivos colores, corpiño sobre una camisa ancha y pañuelo a la cabeza, y su herramienta de trabajo era la baraja española con sus bastos, copas, oro y espadas.

Esta imagen es un óleo ruso de época, pero puede dar una idea, más o menos, de cómo se vería en su tiempo Isabel la Católica

Los antropólogos Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola en su Catauro de seres míticos y legendarios de Cuba salvaron para la posteridad una anécdota de las muchas que seguramente protagonizó nuestro duplicado de la gran reina peninsular. Cuentan estos autores que no lejos del local donde Isabel la Católica ejercía su modesta profesión vivía una mulata célebre por su hermosura, llamada Ángela Valenzuela, quien  era, a la par, muy supersticiosa, y habiendo escuchado sobre los poderes de la ya célebre cartomántica quiso consultarla, para lo cual pidió permiso a su marido Julián de las Agallas, pero el hombre le prohibió terminantemente visitar a la bruja.

Pero cuándo se ha visto que una mulata de rumbo obedeciera a un marido celoso y controlador. No en La Habana ni en ninguna época, eso es seguro, y Ángela, aprovechando una ausencia de Julián, se escapó y fue a llamar a la puerta de Isabel, quien la recibió. Echadas las cartas sobre la mesa, la adivinadora señaló con su pulgar de una sucia un as de espadas y le aseguró a la consultante que la esperaba un maravilloso futuro con un hombre blanco, por supuesto rico y apuesto, y que sería ese amante quien la haría feliz para siempre.

Solo que había un detalle que no era tan conocido por los admiradores de Isabel, y es que ella era una especie de discreta Celestina que armaba citas eróticas en su humilde vivienda, siempre entre caballeros de sólida economía y bellas -y puede que no tan incautas- jóvenes pobres. Cuando la hermosa Ángela apareció, ya tenía Isabel a mano un galán, nada menos que el hijo del conde de Casa Bayona, solicitante de la ayuda de la adivinadora para tener una cita fogosa con alguna bella. Crear condiciones para esta nueva pareja fue cosa de muy poco tiempo, y pronto Ángela se encontró en los brazos del flamante aristócrata habanero.

Claro que en el barrio del Manglar semejantes sucesos jamás quedaban en la sombra, y vecinos chismosos acabaron por enterar a Julián de las Agallas de la infidelidad de Ángela y su relación con Isabel. Julián no dijo nada a su mujer, pero fingiendo una salida que le mantendría fuera de su casa toda la noche, se ocultó y esperó el regreso de la infiel, y cuando Ángela, satisfecha y sonriente regresó, la mató a puñaladas. Pese a que aquel crimen pasional fue muy comentado en toda la capital, y es posible que Julián haya pagado con ña cárcel su asesinato, aunque de eso no sabemos, Isabel la Católica no sufrió pena alguna y continuó diciendo el porvenir mañoso de sus naipes durante veinte años y prestando su concurso a la concupiscencia ajena sin que nadie la molestara.

Otro personaje interesante de la historia sumergida cubana y mucho más cercana en el tiempo es Leocadia la médium, cuyo nombre completo era Leocadia Pérez Herrera, quien profesaba la religión católica, era muy amante de las flores y de la música clásica, siendo el violín su instrumento preferido. Estas características, sumadas a su mediumnidad, me hacen pensar, no sé por qué, que Leocadia debió ser una mujer negra o mulata, pero nada sé de cierto al respecto.

Esta es Olga, la cartomántica del Parque de la Fraternidad, pero su apariencia es la misma o muy parecida a la que siempre tuvieron las religiosas, santeras y mediums de raza negra en Cuba. Puede que Leocadia vistiera un traje de guingam a cuadros con muchos vuelos en la falda y semejante al de la muñeca Yemayá que aparece en la foto, pero no tengo referencia confiable al respecto.

Tampoco hay datos registrados sobre su infancia ni en qué momento de su vida comenzó a sentir que la rondaban los espíritus con su eterna pretensión de que les ayudara a comunicarse con el mundo de los vivos. Lo cierto es que el espíritu que más la frecuentaba a la hora de responder las preguntas de quienes acudían a ella era el del Hermano José, y tampoco de él se tiene información, aunque es muy posible que se declarara un antiguo esclavo, como tantos José y Francisca que aparecen con inusitada frecuencia en las sesiones espiritistas de Cuba. Un seguidor de Leocadia pintó un retrato del Hermano José, a quien nunca antes había visto, y lo obsequió a la médium, quien lo colgó en la sala de su casa, y quienes sí habían conocido al retratado se asombraron del extraordinario parecido de la pintura con el ya difunto José.

Sobre este retrato misterioso ha quedado la leyenda de que, aunque en varias ocasiones le fueron tomadas fotos, nunca apareció en los revelados, en los que solo se veían manchas. José era capaz de aconsejar a médicos, científicos, estudiantes, maestros y toda clase de personas que acudieran solicitando su colaboración espiritual. Dicen que era un negro congo, pero nada está comprobado.

Leocadia, como tantos religiosos y espíritas de su época, nunca cobró un céntimo a nadie por sus consultas, a pesar de que atendía no solo a pobres, sino a gente muy adinerada y representantes de todas las clases sociales. Hay testimonios de que a su salita acudía el gran cantante cubano Bola de Nieve, así que es muy posible que también lo haya hecho nuestra gran diva Rita Montaner. Dicen que Leocadia, en la hora de su muerte, pidió que la sepultaran con el retrato de José, deseo que sus fieles cumplieron. Sus funerales fueron celebrados con magnificencia popular y enorme tristeza de las muchas personas a quienes había ayudado en vida. Fue enterrada en el cementerio de Colón en junio de 1962, en el Cuartel C18 campo Común, pero su historia no terminó bajo tierra. Sus fieles la convirtieron en  objeto de un culto que se mantiene hasta hoy. Su tumba es cuidada escrupulosamente por quienes la conocieron y sus descendientes, e incluso cubanos residentes fuera de la isla acuden a venerar el lugar cada 19 de marzo, día que corresponde a san José en el santoral católico. Nunca faltan las flores sobre su sepultura y en ocasiones hasta se realizan en su memoria toques de violín de gran belleza y distinción.

La historia de Leocadia deja una enorme nostalgia por los tiempos en que, sugestión o verdad, las prácticas espirituales eran llevadas a cabo por personas sinceras y de profunda fe religiosa, que no perseguían intereses materiales, sino eran guiados por el deseo o el mandato de ayudar al prójimo con su don, y  ni en sueños hubieran osado prostituir su religiosidad lucrando con reales o verdaderos. Yo tuve tiempo, muy temprano en mi vida, de conocer a algunos de estos hombres y mujeres y visitarlos con mi abuela en sus viviendas, y siempre los vi rodeados de humildad y, en ocasiones, de una miseria limpia y pulcrísima. Son tiempos idos que honran aquel antiquísimo refrán romano que reza: “Todo tiempo pasado fue mejor”.

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LOS NIÑOS SE DESPIDEN O A LOS TREINTA SEGUNDOS DEL FIN

Uno de los hechos que contribuyó a que me iniciara en la literatura como escritora de ciencia ficción fue mi amistad con el anciano ornitólogo habanero Florentino García de la Montaña, a quien le fascinaban tanto como a mí los grandes misterios de la humanidad. En una de aquellas visitas hablábamos del origen de la especie humana y Tino, como cariñosamente le llamábamos los entonces muy jóvenes que lo frecuentábamos, afirmó que aunque la ciencia predicara que los humanos caminamos sobre la Tierra hace solo un millón de años, las cuentas estaban mal, ya que en realidad no tenemos menos de tres millones de años desde que surgieron los primeros homínidos inteligentes, y para apoyar su afirmación nos explicó que hay pruebas de que Tiahuanaco, la célebre ciudad incaica construida en una elevada cima de los Andes peruanos, había sido en realidad un puerto de mar con una civilización muy desarrollada en tiempos en que el eje de la Tierra era vertical, antes que el impacto de un asteroide contra nuestro planeta lo desviara tal y como lo conocemos hoy. También nos aseguró que tres millones de años es el plazo dado por la Naturaleza a las especies para su aparición, desarrollo, auge y extinción, por lo que nosotros, el hombre, ya habíamos entrado en nuestro tiempo final. Aquella conversación tuvo lugar en el invierno de 1974.

Existen muchas hipótesis sobre si realmente la Tierra chocó con un asteroide que desvió su eje hasta los veintitrés grados de inclinación, y si este hecho fue el responsable de una terrible edad glaciar que exterminó a muchas especies de animales y plantas, entre ellas los dinosaurios, y cambió la morfología del planeta. Este es un tema enorme que no se puede tratar en el brevísimo espacio de tres cuartillas, pero lo que me trae hoy a recordar a Tino son estudios que permiten afirmar que el hombre tiene seis millones de años de edad, y quizá más.

Afirmaciones acerca de nuestra data siempre han abundado en los medios científicos y pseudocientíficos, y por citar solo un ejemplo, ¿quién no ha oído alguna vez hablar sobre La Atlántida, el célebre continente sumergido cuya primera noticia escrita la debemos al filósofo griego Platón, y que se habría hundido en el mar como consecuencia de una espantosa catástrofe natural cuando los egipcios aún andaban desnudos y recolectaban frutos para comer;  y de un continente que la precedió, la misteriosa Lemuria, tierras ambas enormes y con grandes y poderosas civilizaciones devoradas por el mar. Van y vienen hipótesis, pero de cierto…

Sin embargo, el hallazgo reciente de lo que se conoce como las huellas de Trachilos ha puesto una vez más el tema sobe la mesa y esta vez la evidencia presenta el inquietante carácter de una certeza.

Trachilos, una pequeña isla griega en el Mar de Libia, al sur de Creta, forma un grupo de islas conocidas como Kufonisia. La isla griega de Creta, donde floreció una de las más hermosas, apasionantes, poderosas e intrigantes civilizaciones del pasado remoto, ha pasado a la memoria colectiva de todos los tiempos gracias a su increíblemente bella colección de pinturas murales, entre las cuales El príncipe de los lirios figura en todos los libros y aulas de historia del arte hoy día, y de allí procede uno de los más célebres e impresionantes mitos del mundo antiguo: el Minotauro en su Laberinto, que cuenta cómo la reina Pasifae, esposa del soberbio rey Minos, tuvo amores con Zeus, dios del Olimpo, quien para seducirla tomó la forma de un toro. Pasifae dio a luz un ser monstruoso con cuerpo de hombre y cabeza táurica, tan depredador y feroz que Minos tuvo que encargar al arquitecto Dédalo la construcción de un gigantesco laberinto donde el monstruo fue encerrado, y todos los años Minos exigía cómo tributo a las naciones vasallas de su reino que enviaran cien doncellas y cien jóvenes  para que sirvieran de alimento al espantoso engendro. Con su fascinante palacio real, obra de arquitectura avanzadísima, y sus maravillosos frisos de pinturas al fresco, la imagen de la remota Creta se yergue ante nuestros ojos deslumbradora como una joya ensoñada. Doy estos datos para que el lector tenga una idea de cuán cerca está Trachilos de la extinta civilización cretense, tan misteriosa que aún hoy trae a los investigadores ansiosos por las muchas preguntas e incógnitas que todavía continúan sin respuesta. Sin embargo, en la larga lista de islas despobladas de Grecia figura Trachilos.

En 2002 el paleontólogo polaco Gerard Gierlinski descubrió  entre rocas un extraño conjunto de huellas que ponen en entredicho la hipótesis, aceptada hasta hoy, de que Africa es la cuna de la humanidad, porque hasta la fecha las “nuevas” huellas son las más antiguas que se han encontrado y tienen seis millones de años de edad. Pertenecen a homínidos, y lo que permite tal afirmación es la cercanía del dedo gordo del pie a los demás dedos, algo que no ocurre en los primates más avanzados antecesores del hombre. La nueva hipótesis ha resultado polémica y, como toda idea nueva, no carece de oponentes, quienes se basan en el hecho de que en Europa se han encontrado muy pocos restos fósiles de homínidos en comparación con las halladas en Asia y Africa. Pero las huellas de Trachilos sugieren la posibilidad de que nuestros ancestros más remotos hayan estado vagando por el sur de Europa al mismo tiempo que por Africa, o quizá mucho antes.

Investigadores alemanes que sucedieron al polaco en el estudio de las huellas de Trachilos sostienen que estas podrían pertenecer al espécimen que los científicos han llamado Graecopithecus, un homínido que vivió en la región de los Balcanes puede que hasta entre 7,18 y 7,25 millones de años atrás, y cuyos únicos restos identificados hasta la fecha consisten en una mandíbula y un solo diente, hallados en Grecia, a 250 km de Creta. El hallazgo altera de modo significativo la línea de tiempo de la evolución humana, porque implica la posibilidad de que nuestros orígenes africanos hayan sido precedidos por orígenes europeos, o sea, que hayamos aparecido primero en ciertos puntos de Europa antes de hacer acto de presencia en el continente africano.

Los defensores de la nueva hipótesis se defienden de los ataques de una gran parte de la comunidad científica alegando que sus investigaciones y hallazgos “no cuestionan la historia africana de la evolución humana en los últimos cinco millones de años, sino lo que sucedió antes de ese momento”.

Pero si para los científicos el asunto se resume a quién fue primero, si el huevo o la gallina, como dice la conocida adivinanza infantil, para la humanidad, o al menos para los jóvenes estudiantes de Literatura que aquella lejanísima tarde de 1974 visitábamos a Tino en su apacible chalet de El Cotorro, la cuestión toma tintes dramáticos a la sombra de la pandemia actual que azota a la humanidad, y de las temibles manifestaciones del cambio climático que están teniendo lugar en todo el planeta, tan alarmantes como el hecho, por increíble que nos pueda parecer, de que ya ciertos países preparan su industria turística para explotar los Polos porque, presumen, serán tierras perfectamente habitables luego de su deshielo próximo a ocurrir. En la comunidad científica se alzan voces que profetizan con acento siniestro que ya hemos entrado en la sexta extinción, presumiendo que nuestra especie ha sobrevivido a otras cinco extinciones anteriores, tal como asombrosamente aseguran las antiguas mitologías del continente americano. La voz pausada de Tino resuena aún en mi memoria y me estremece, porque seis millones de años son el doble de lo que la Naturaleza permite a las especies, y las huellas de Trachilos sugieren que aún podríamos haber triplicado ese plazo. Entonces, ¿será cierto, como afirma la ciencia más autorizada, que el reloj biológico de la Historia nos acerca ya a los menos treinta segundos de nuestra hora cero?

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¿GRANDES CIUDADES EN LA EDAD DE PIEDRA?

Si alguien nos dice que hubo grandes ciudades en la Edad de Piedra, probablemente nos neguemos a creerle, porque la imagen que tenemos de esa época es la de un hombre primitivo armado con una masa y vestido con pieles, que arrastra del cabello a una mujer en una insoportable muestra de rudeza. También estamos convencidos de que ese hombre y sus semejantes vivían en cuevas y eran cazadores y recolectores. Si embargo…No es culpa nuestra si estamos equivocados, sino de lo que siempre se ha enseñado en las escuelas desde la educación primaria.

Hubo grandes y poderosas ciudades en la Edad de Piedra, que no fue un tiempo homogéneo, sino tuvo varios períodos, y los más desarrollados de ellos fueron el calcolítico y el neolítico. Asia se privilegia por poseer las ciudades más antiguas del mundo: Jericó en Palestina, Mohenjo Daro en Paquistán y Catalouyuk en Turquía, país  donde también se encuentra el templo más antiguo del planeta. Pero Catalhouyuk  ha sido objeto de estudios multidisciplinarios internacionales durante un cuarto de siglo, y los resultados son sorprendentes, desde su arquitectura hasta los fenómenos sociales ocurridos en ella y que permiten una comprensión avanzada de los conflictos que debió enfrentar el ser humano de aquellos tiempos, generados por su paso de ser grupos nómadas que vivían y se desplazaban en entera libertad a una comunidad sedentaria agrícola urbana con apiñamiento de población durante un período muy prolongado de tiempo.

Con una edad de fundación que los arqueólogos han datado en unos once mil años, Catalhouyuk llegó a tener en su momento de auge hasta diez mil habitantes, lo que para una ciudad del Neolítico era una cifra más que considerable, en realidad asombrosa. No tenía calles, las casas se construían sin espacio entre ellas y los habitantes accedían a sus hogares sin puerta por la azotea, desde donde una escala los llevaba al interior de la vivienda. Durante mucho tiempo se pensó que los fragmentos de tejido hallados en la ciudad habían sido confeccionados con lana o lino, pero lo fueron con una fibra llamada liber, que se cosecha de la corteza del tronco de algunos árboles, entre ellos el roble, como fue el caso de esta urbe. La alimentación de sus habitantes estaba basada en ciertos cereales, legumbres y proteína animal que provenía de cabras y ovejas y otras especies no domesticadas. Solo en el último período de la ciudad hubo ganado vacuno.

Maqueta construcciones en la ciudad

Catalhouyuk, una de las primeras comunidades agrícolas del mundo, es un fenómeno muy interesante, porque sus restos arqueológicos permiten conjeturar no solo el estado de la salud de sus pobladores, quienes padecieron muchas infecciones en los huesos y caries dentales, a pesar de que enlucían los interiores sus casas con arcilla y cal, eficaz desinfectante, pero que pudo hacer poco por ellos debido a la ausencia de sistemas de drenaje albañales, de los cuales se han encontrado muchas muestras de excrementos humanas y animales en el interior de las casas. También Catalhouyuk  permite ver con bastante claridad las consecuencias del estrés generado por la convivencia de un alto número de individuos en un espacio cerrado y relativamente pequeño durante un largo período de tiempo. Esta convivencia reviste ciertos aspectos misteriosos, como por ejemplo el hecho de que los restos óseos hallados en los interiores de las casas demuestran que los numerosos ocupantes de cada vivienda no tenían consanguinidad, y aún los bioarqueólogos no han podido descubrir sobre la base de qué vínculos se agrupaban en núcleos de moradores. La mayoría de los muertos fueron enterrados en agujeros abiertos en el piso de las casas y luego cubiertos con cal.

El equipo internacional de investigadores, compuesto por miembros de las universidades de Noruega de Ciencia y Tecnología, Berna, Standford, Libre de Berlín, Estatal de Ohio y otros centros prestigiosos llevó a cabo un estudio del asentamiento que duró un cuarto de siglo. Durante ese tiempo analizaron muchas muestras de restos humanos, y encontraron en ellos alarmantes e inequívocas señales de violencia desmedida. La mayoría de esos restos pertenecen a mujeres, un número menor de hombres y algunos niños. Los restos masculinos presentan fracturas posteriores y superiores de cráneo producidas por un objeto romo, presumiblemente una piedra, mientras que los restos femeninos muestran desconcertantes heridas en la espalda. Sin embargo, al parecer estos traumatismos, cicatrizados y sellados, no fueron la causa de la muerte de estas personas, lo que ha hecho suponer a algunos investigadores que se trataba de algún método cruel de intimidación y castigo. Otros científicos han llegado a la conclusión de que muchas de estas personas que no presentan heridas frontales, fueron atacadas por la espalda por ladrones que pretendían robarles alimentos o pertenencias. Pero cualquiera que fuera el motivo de semejantes agresiones, lo cierto es que en los registros fósiles de la arqueología no se han encontrado huellas de una violencia y una ferocidad masiva semejantes a las de esta urbe.

La ciudad fue ocupada durante mil ciento cincuenta años de manera ininterrumpida, y luego sus habitantes la abandonaron, como ha sucedido con otras muchas ciudades de la antigüedad sin que todavía se haya podido establecer los motivos exactos de la desaparición de poblaciones enteras. De nuevo el estudio de los restos óseos encontrados en el asentamiento llamó la atención de los investigadores sobre el hecho de que los huesos de las piernas de los habitantes del último período de la urbe son más largos y desarrollados que los de sus antepasados, lo que sugiere la posibilidad de que el cambio climático haya alterado las posibilidades de suministros de la ciudad, obligando a sus pobladores a desplazarse cada vez más lejos para conseguir productos tan necesarios como la leña. Finalmente, Catalhouyuk fue definitivamente abandonada alrededor de 5950 a.C.

Las imágenes de las excavaciones que han tenido lugar en esta ciudad, ubicada en lo que es hoy territorio turco, permiten apreciar el impecable sentido de la geometría que muestran las construcciones y su belleza elemental. Y la certeza de que las heridas violentas de sus pobladores fueron causadas entre ellos mismos y no por invasores ajenos, nos hace reflexionar sobre los peligros -vueltos a comprobar una vez más durante los dos años de la pandemia de COVID que atraviesa la Humanidad de hoy- que entraña la convivencia humana en condiciones de aislamiento. El estrés no es, como pensamos, una condición causada por la modernidad, sino algo intrínseco a la condición humana y a la de todos los seres vivos, y una de sus consecuencias, la violencia, es tan antigua como la vida misma sobre el planeta.

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En el bicentenario del nacimiento de Gustave Flaubert

Este año se cumple el bicentenario del nacimiento de uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos, Gustave Flaubert, autor de la celebérrima Madame Bovary, La educación sentimental, Salambó, Bouvard y Pecuchet y otras obras.

Nacido el 12 de diciembre de 1821 en Ruan, la misma localidad que dio como tierra natal a su inmortal personaje Emma Bovary, Flaubert fue hijo de un cirujano y una descendiente de la más rancia aristocracia normanda.

Cursó sus primeros estudios en el Colegio Real De Ruán, y como tantos escritores que alcanzaron la fama, fue un mal estudiante que comenzó a escribir a los once años. Se cuenta que desde pequeño estuvo aquejado por la epilepsia, lo que lo volvió tímido, pero a pesar de eso era alegre y entusiasta, y parecía carecer de ambiciones. Desde su adolescencia se puso de manifiesto que era muy individualista y poseía un temperamento dado a la contemplación y la ensoñación, debido a lo cual no le gustaban las ciudades y era un fervoroso amante del campo. Muy pronto se mudó a la localidad de Croisset, a una casona rural a orillas del Sena, y allí comenzó a crear La educación sentimental. Nunca se casó, pero sostuvo una correspondencia amorosa con la poeta Louise Colet durante diez largos años, que se conservó después de su muerte y fue publicada. Constituye una de las más hermosas colecciones de cartas de grandes figuras del arte de todos los tiempos.

Flaubert fue amigo de George Sand, la escritora audaz que tenía amantes célebres como los genios de la música Chopín y Lizt y se movía por los salones de la aristocracia vestida de hombre. También frecuentó a Émile Zola, Alphonse Daudet, Iván Turguénev, Edmond Rostand y Jules Goncourt  y fue muy cercano a Victor Hugo, con quien realizó viajes por los Pirineos y Córcega. Luego visitó Grecia, Egipto, Jerusalém y Constantinopla, países cuyas historias y culturas impresionaron fuertemente su sensibilidad. A su regreso de este largo periplo oriental comenzó a escribir Madame Bovary, que terminó cincuenta y seis meses después. La publicación de esta novela chocó con la censura, y la editorial fue demandada ante los tribunales bajo la acusación de inmoralidad, pero Flaubert fue finalmente absuelto. En el verano de 1858 el autor, quien ya tenía en mente el proyecto de su novela histórica Salambó, viajó a Cartago para conocer de cerca e investigar los escenarios de la que resulta una de las novelas históricas mejor documentadas, de acuerdo con las posibilidades de conocimiento del siglo XIX, de cuantas se hayan escrito en la época. Flaubert llevó a cabo una reconstrucción  de ambientes, ceremoniales religiosos y cortesanos, hábitos, costumbres, armas, vestuario y escenografía que aún hoy nos resulta verdaderamente impresionante. Sobre todo si se tiene en cuenta que Cartago no es, entre todas las culturas de la Antigüedad, la más conocida ni goza de la veneración que inspiran la Grecia clásica, Egipto, Roma, Bizancio, el imperio otomano y otras.

La guerra franco-prusiana, precursora de las dos conflagraciones mundiales que sacudirían el planeta en la primera mitad del siglo siguiente, fue para Flaubert una experiencia tenebrosa. Su casa fue ocupada y, como le ocurrió más tarde a Virginia Wolf durante la Segunda Guerra Mundial, jamás se repuso del terror de aquellos días oscuros. También como la gran escritora inglesa, Flaubert fue presa de una melancolía que ya nunca lo abandonó y que a ella la llevó al suicidio. A partir de entonces trabajó en un proyecto sobre la vacuidad y fragilidad del conocimiento humano y “la omnipresencia de la mediocridad”. Esta, que él creyó sería su obra maestra, era su novela Bouvard y Pecuchet, la historia de dos rentistas que llevan una larga amistad, y entre cuyas rutinas diarias se encuentra el hábito de ir juntos de pesca a orillas del Sena, costumbre a la que los dos ancianos se resisten a renunciar incluso en los peores momentos de la guerra, y para lograr sus deseos convencen a un oficial francés que cuida la orilla del río para que los deje pasar a una zona peligrosamente cercana al enemigo. Ya instalados sobre el césped con sus avíos de pesca, y mientras sostienen una conversación intrascendente, son apresados por soldados prusianos que les llevan ante un oficial arrogante, quien les acusa de ser espías de los franceses. Bouvard y Pecuchet son fusilados contra un paredón, y las últimas palabras que intercambian son: “Adios, señor Bouvard” y “Adios, señor Pecuchet.”, y así, sin la gran conmoción trágica de la muerte ni temblorosos ante su final causado por la crueldad de la guerra, pero con un laconismo tristísimo y desgarrador, abandonan el mundo de los vivos los dos amigos sencillos, simples, inocentes y cándidos. El oficial prusiano ordena que la pesca que habían conseguido aquellas almas en su última excursión le sea servida como desayuno.

Una descripción del carácter de Flaubert, ofrecida en el sitio que le dedica Wikipedia y basada en testimonios de quienes le conocieron, asegura que su carácter

… ofrecía varias peculiaridades. Era tímido e incluso extremadamente sensible y arrogante, pasaba del silencio absoluto a una vergonzosa y ruidosa verborrea; oscilaba entre una desesperación poco menos que nihilista y una vitalidad y joie de vivre casi rabelesiana. Tenía una gran tendencia a la soledad y el retraimiento social. Las mismas incoherencias marcaban su físico; tenía una fisonomía robusta pero padeció epilepsia desde la infancia; asimismo era un neurótico obsesionado con la escritura, pretexto de sus depresiones y de sus entusiasmos, cuando comentaba algunas de las páginas más felices de los clásicos. Su odio antiburgués comenzó en su infancia y se convirtió en una especie de monomanía, especialmente visible en su última obra, el Bouvard y Pécuchet. Despreciaba la vulgaridad, la mediocridad, el adocenamiento, el materialismo del burgués, y además sus hábitos, su falta de inteligencia y su desprecio a la belleza.

Flaubert, debido tal vez a sus enfermedades nerviosas unidas a sus crisis de epilepsia, que con el paso de los años se habían hecho más frecuentes y más fuertes, vivió deprimido y desolado hasta su muerte y envejeció rápido y mal, llegando a presentar a los cincuenta y ocho años la apariencia de un anciano. Murió a esa edad de una hemorragia cerebral en su casa de Croisset.

No voy a pretender que he leído toda la obra de Flaubert. De hecho solo Madame Bovary, Salambó y Bouvard y Pecuchet, pero estas tres obras han tenido y continúan teniendo una tremenda influencia en mi carrera como escritora. La inmortal escena de Madame Bovary en la que Emma y Rodolfo tienen un encuentro amoroso en medio de una feria de ganado, con aquel diálogo intenso en el que constantemente se filtran como cuñas los reclamos de los vendedores y otras voces provenientes de la calle, además de ser un monumento a la estética del realismo en la literatura es, para mí, una lección que nunca acaba sobre el poder de los diálogos para conseguir las más profundas caracterizaciones psicológicas y de ambiente, tanto en la literatura como en el cine. Salambó, una de mis primeras lecturas de novela histórica, que leí a los nueve años inmediatamente después de Ivanhoe, me marcó para siempre y me creó el gusto imperioso y excitante por las atmósferas y las escenografías exóticas, que poco después se implantaría en mí de modo definitivo con mi descubrimiento del teatro de Shakespeare, y se convertiría en la constante en casi toda mi escritura. Bovard y Pecuchet es una novela a la que he encontrado diferentes significados a lo largo de mi vida, pero siempre me dejó un asombro infinito ante el estoicismo que muestran algunos seres humanos enfrentados a la tragedia de la muerte, o su incapacidad para comprenderla y reaccionar ante ella con toda la fuerza, la intensidad y desesperación que debería traer consigo la espantosa gravedad del cese de la vida.  Hoy no quiero volver a leerla, porque a mi edad me resultaría una experiencia demasiado terrible.

Todo escritor tiene su panteón personal de maestros que, por lo general, son otros escritores muertos, porque es raro el caso de que en estos panteones figure algún contemporáneo vivo del escritor en cuestión. En mi panteón hay autores cuya muerte siempre me ha causado desesperación: Shakespeare, Marguerite Youcenar, Robert Graves, Lawrence Durrell y Gustave Flaubert.

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CUIDADO CON LA PUREZA, TAMBIÉN PUEDE SER OSCURA. QUIEN TENGA OJOS, QUE VEA, QUIEN TENGA OÍDOS, QUE OIGA

Se habla mucho de pureza de intención en estos tiempos, y en La Habana el tema se discute en ciertos círculos. Vale la pena reflexionar sobre la pureza y sus símbolos más emblemáticos: entre las flores la rosa blanca, y entre los humanos, los niños. Sin embargo, nuestro mundo es dual, es binario, y la especie humana también lo es, en nuestra estructura básica tenemos dos caras, y aquellos de nosotros que resultan productos más elaborados de la evolución tenemos varias.

Una cara de la rosa blanca sería la luminosa que inspiró a José Martí y como símbolo de altísima espiritualidad lo guió siempre en su vida. La rosa blanca es también el símbolo floral de la Virgen María, precisamente porque representa la pureza de intención y, sobre todo, el amor santo, desinteresado, abnegado y hecho al sacrificio. Pero como las rosas son parte del mundo, las blancas también florecen en la más ominosa oscuridad.

Los niños también son puros, limpios, y su amor es suave y sincero, nunca lo dan tras una máscara, como hacemos de forma compulsiva los adultos, que no somos otra cosa que esos mismos niños que han crecido. La pureza de intención y sus símbolos emblemáticos son, pues, de lo más ambiguos y, como todos los símbolos que se ha inventado la Humanidad, se convierten en instrumento de quien los manipula de acuerdo con la naturaleza de su intención, sea cual sea.

He estado pensando en esto desde que descubrí un grupo de pintores e ilustradores, estos últimos de libros para niños como Alicia en el País de las Maravillas, título también emblemático y uno de los libros más ambiguos que he leído, con muchos niveles de lectura, de los cuales solo el primero y más elemental está dirigido a los niños. Un libro con muchísimas máscaras. Lo que ofrezco a continuación es una breve selección de imágenes, que no necesitan de comentario para ser comprendidas en su significado más profundo por quienes quieran ejercer el criterio y analizar en profundidad lo engañoso que resulta el mundo en que nos movemos ahora mismo.

Nicoletta Ceccoli nació en la República de San Marino, uno de los países más pequeños del mundo, fronterizo con Italia, y se formó en el Instituto de Arte de su país natal. Es ilustradora de libros infantiles y ha recibido numerosos premios y reconocimientos internacionales en Europa y Estados Unidos. Ha declarado que desde niña tiene una fuerte obsesión con las muñecas, que ella califica de amor-obsesión, y su arte se mueve en imaginarios surrealistas que aparentemente son el mundo de la infancia.

Esta imagen está inspirada en la leyenda medieval de La dama y el Unicornio. Tanto el unicornio blanco como la doncella son emblemas medievales de pureza. Cuenta la leyenda que unos cazadores quisieron cazar al mágico animal, quien no se acercaba jamás a los humanos, y para seducirlo le llevaron a una doncella virgen. El unicornio, rendido ante el perfume de pureza de la virginidad, se acercó a la doncella y se adormeció, confiado, en su regazo. Los cazadores le lanzaron una red y lo atraparon .En esta imagen el unicornio (ahora se ha convertido en un toro) sale de la entrepierna de la niña y ya no es blanco, ya no es puro. La doncella lo oculta bajo su falda o el animal es parte de su cuerpo. De cazado el unicornio se transforma en cazador, y la doncella, de ser utilizada por los cazadores se transforma en un ser que emplea al unicornio para destruir a quienes la han manipulado.

Marion Pecks, nacida en Filipinas y residente en California, es una artista de la plástica. Su obra ha sido descrita como “perturbadora, macabra o simplemente dulce”, lo que dependerá de quien la mire, digo yo.  La música de Brian Enno y de la religiosa Hildegard von Bingen y (otra vez) Alicia en el País de las Maravillas, son algunas de sus fuentes de inspiración.

Ah, los inocentes payasos. ¿No recuerda esta imagen al serial Taken (Abducidos) y a aquel camión con su musiquita de heladería…?
El inocente e inofensivo conejito deberá elegir entre devorar la bellota o la pequeña babosa. La torva expresión de sus ojos y sus dientes manchados dejan adivinar cuál será finalmente su alimento.
Quienes fuimos de niños buenos lectores sabemos que este pajarito muerto ilustra un célebre cuento infantil, que inspiró a Disney uno de sus más tristes y lacrimosos cartoons o Muñes, como se les conoce entre nosotros.Ya hemos crecido, y aunque nos sigue conmoviendo el pajarito muerto con sus patitas desoladamente rígidas, ahora nos espanta la presencia del ciempiés en la escena.
Ilustración de Stephen Mackey. La inocente y pura niña victoriana baila la suiza… con alas de vampiro, de pie sobre un círculo mágico que tiene dibujado el pentagrama de la magia negra, y en compañía de un gato negro, el eterno espíritu familiar de las brujas. ¿Qué querrá decir el pintor colocando un corazón rojo, semejante al que aparece en las representaciones baratas de Jesucristo, sobre el pecho de esta criatura tan híbrida de la Pureza y el Mal?
Daiyou Uonome parece reflexionar sobre la impotencia de la imaginación más pura ante la crueldad de lo Real.
¡Es una criatura! ¿O no…?
No pude identificar al autor de esta máscara, pero en cuanto la vi recordé todo el espanto que me embargó mientras leía por primera vez la escena final de la novela Jardín, de la cubana Dulce María Loynaz, cuando la niña que ha guiado a Bárbara a través del jardín -tan cambiado que es ya irreconocible- levanta su lámpara y deja que la luz bañe su rostro que se derrite como la cera. La inocencia, que se asocia a la infancia y a la pureza de intención, no puede, cuando es falsa, mantener su máscara por demasiado tiempo, y cuando esta se deshace, ¿qué descubrirás debajo?

Tanto Specks como Ceccoli, el inglés Stephen Mackey, el japonés Daiyou Uonome y la ucraniana Elena Sai pertenecen a una nueva generación de artistas nacidos en la década del 70 o un poco antes, quienes, en mi opinión, tienen influencia, son herederos o pertenecen al linaje de dos de las más importantes pintoras del movimiento surrealista, la española Remedios Varo y la inglesa Leonora Carrington, aunque la influencia de la estética posmoderna resulte en estos artistas de hoy en representaciones muy permeadas por la cultura dark, el manga, el mundo digital, los comics underground y la industria de los juguetes, pero la potencia expresiva y mágica de los imaginarios es muy fuerte y conserva toda su mística terrible, ya que, apenas enmascarados como universos de infancia, ocultan (proponen) tras sus pretensiones de tierna inocencia puertas secretas a lo más remoto y oscuro del inconsciente, donde yacen negados, retenidos o simplemente agazapados, los más filosos fermentos de la maldad y el animus depredador de nuestra especie.

Me parece muy interesante señalar cuán significativa deviene la coincidencia de que todos estos artistas tengan como referente inspirador un mismo libro, Alicia en el País de las Maravillas, que todos los padres y madres bien intencionados del mundo  procuran poner con urgencia amorosa en el librero de sus hijos, porque quieren promover en estas tiernas criaturas la imaginación, la poesía de los símbolos, la belleza y, en fin, la pureza de intención que creen que este libro encierra, bien porque lo leyeron ellos mismos en su infancia y recuerdan con nostalgia al Señor Conejo, al simpático Huevo, etc. o porque lo dicen las editoriales dedicadas a la literatura infantil, las revistas para padres y la historia de la cultura. Y también me parece muy interesante, en el caso de Specks, que la música sacra de Hildegard von Bingen, monja benedictina nacida en los inicios del siglo XI, en plena Edad Media cristiana y quien llegó a ser Superiora de su Orden aureolada de una santidad exenta de cuestionamientos, le sugiera a esta artista emociones para sus imaginarios que no calificaré, porque dejo esa tarea para quienes lean este post. Solo me limito a insistir en la tesis del mundo dual y la naturaleza dual que existe en cada uno de nosotros. El ser humano es como un matraz alquímico donde se cuece una materia  informe, que puede transformarse en oro o en algo muchísimo menos noble. Ya lo dice la sabiduría árabe: Todos llevamos dentro el cielo y el infierno, somos ángel o demonio en dependencia de nuestras circunstancias, y mudamos de personaje según convenga para nuestra sobrevivencia, afán también conocido como instinto de conservación, que nos lleva a elegir, salvo en casos específicos, aquello que más conviene a nuestro bienestar personal.

En otras palabras, y para ofrecer un ejemplo desagradable pero muy ilustrativo de la dualidad humana: el libro para niños más célebre y sublime del planeta  fue escrito por un pedófilo, o al menos, hasta hoy se sigue acusando de pedofilia a Lewis Carroll, y de haberse inspirado en su insana pasión por la niña Alicia Liddell, a quien tomó como protagonista de su obra y a quien la dedicó, además de fotografiarla obsesivamente en una serie de imágenes inquietantes que hoy le hubieran valido la cárcel.

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