Los papeles de Valencia el Mudo, posible identificación de una obra literaria inspirada en la historia del cafetal Angerona

Es bien conocido ese acerto de que la literatura engendra literatura, pero la historia también ha fecundado a la literatura con una incontable cantidad de novelas y cuentos, y aunque lo que escribiré a continuación es pura especulación personal no deja de resultar tremendamente incitante para los lectores cubanos, en especial para aquellos que aman y conocen nuestra ciencia ficción. Hoy se acepta en los estudios de literatura cubana que la primera escuela de ciencia ficción de la isla fue fundada por el escritor Oscar Hurtado, a quien se unieron enseguida los también escritores Miguel Collazo y Ángel Arango. Los tres tienen una obra muy interesante, pero los dos primeros unen a su calidad como creadores sus extrañas personalidades, que aún hoy, muchos años después del fallecimiento de ambos, siguen siendo tema de reflexión no solo para quienes los conocieron, sino para generaciones posteriores que convirtieron sus libros en textos de culto. Siempre he defendido mi criterio de que la noveleta Onoloria, de Collazo, para algunos en realidad un relato largo, es una de las joyas de la literatura nacional, que no ha sido debidamente valorada por la manía absurda que tienen muchos críticos en el mundo, no solo en Cuba, de pensar que la ciencia ficción (Collazo escribió ciencia ficción pero Onoloria no lo es) no es literatura y no pueden encontrarse en ella obras maestras de la escritura.

Pero la rareza de Collazo consistía en una personalidad introvertida, marcada por su infancia transcurrida en el barrio de Belén, la judería habanera si es que algo semejante existió en Cuba, por su origen judío, por el suicidio de su madre y por un alcoholismo que nunca le impidió su desempeño creador. Era, me contó su esposa Xiomara Palacios, un alma atormentada, con varios intentos de suicidios en su haber. Otros escritores que lo frecuentaron también me han contado que podía ser muy huraño incluso con colegas a los que admitía en su círculo íntimo, al extremo de permanecer en silencio durante las visitas a su domicilio con las que él mismo había estado de acuerdo, y pronunciar apenas unos breves monosílabos por toda conversación, por lo que algunos de estos escritores se vieron obligados a sostener con él verdaderos torneos de mudez. Yo pienso que Collazo fue uno de esos seres que no están hechos para la felicidad ni la paz interior, que vivió exiliado dentro de sí mismo y agitado por una sensibilidad muy mórbida y un sentido trágico de la existencia, y buscaba la muerte como una liberación, pero hasta donde sé un hubo en él nada especialmente misterioso. Era un hombre muy bien parecido que atraía a las mujeres, aunque tengo entendido que solo pudo mantener una relación estable con su esposa. Diseñaba, dibujaba, pintaba, pero no sé si era culto, aunque presumo que sí, porque Onoloria no pudo haber sido escrita por alguien que desconociera la Edad Media y el Renacimiento, y seguramente tenía conocimientos esotéricos,  de cábala  debió saber bastante, estoy segura, aunque sobre eso no puedo afirmar nada salvo señalar las claves que encuentro en Onoloria.

Hurtado, en cambio, fue de esos hombres que viven envueltos en su propia leyenda, que sigue agigantándose tras su desaparición física. Yo no lo conocí, pero he oído hablar mucho de él. Sé que frecuentaba asiduamente la UNEAC, donde participaba en torneos de ajedrez con otros escritores y artistas, y era un jugador temible. Muy extrovertido, era un conversador apasionado, y encuentro esta característica suya muy coherente con su signo en el horóscopo chino: Dragón. Esto me lo dijo su esposa, la escritora Évora Tamayo, durante una entrevista que le hice, hace ya décadas, en su hermoso apartamento de El Vedado con una vista al mar que quitaba el aliento. Nació el 8 de agosto de 1919 y falleció el 23 de enero de 1977, el mismo año que mi abuelo paterno don José Manuel, con quien tenía, por cierto, un parecido fantasmal, cosa que cuando descubrí me asustó bastante por las implicaciones que eso tenía y aún tiene para mí.

No era un hombre hermoso como Miguel Collazo, aunque poseía una apariencia imponente. Hace años lo describí así en este mismo blog:

Cuando digo que Hurtado fue una figura bien visible en los jardines de la UNEAC, las salas de ajedrez, los cines, teatros y otros lugares recoletos de la cultura de nuestro país, no me refiero solo a su tremenda corpulencia física, que rebasaba los 6,3 metros de estatura montados sobre unas tal vez 200 y más libras de peso corporal, sino a su físico que podría calificarse de raro (él se decía vampiro extraterrestre), a su enorme cultura y a su capacidad sobrehumana para hablar durante tantas horas sin parar que quién sabe si habría ganado un record Guinnes, pero sobre todo, a un extraño magnetismo que emanaba de su peculiar manera de ser y ejercía una fuerte atracción sobre quienes le trataban.

Oscar, hijo de un humildísimo vendedor de pescado,  tenía, sin duda  más dotes que la mayoría de las personas corrientes: fue tenor y fervoroso amante de la ópera, actuó en el filme Una pelea cubana contra los demonios, donde hizo el papel del sacerdote, y durante su breve estancia en los Estados Unidos, a dónde viajó en busca de oportunidades como muchos cubanos de su época, aprendió rápidamente el inglés, y al parecer lo aprendió tan bien que se enfrascó en una nueva traducción de Romeo y Julieta, la conocida obra de Shakespeare, porque no le satisfacían las traducciones que había leído. Era muy conocedor del teatro, al que asistía con frecuencia, y es probable que haya participado en alguna que otra obra como asesor, no lo sé a ciencia cierta. Vivió una intensa pasión, no sé si correspondida, con una actriz a la que escribió un poema singular. Le interesaba todo lo humano y lo divino y tenía una cultura enciclopédica, nacida de una de esas hambres voraces de conocimiento que le roban la paz al estudioso y lo arrastran por todas las civilizaciones del planeta y por todas las épocas. Yo conozco muy bien esa hambre.

Lo más curioso de Hurtado era, tal vez, que él mismo tenía algunas ideas raras sobre su persona. Decía que su origen era extraterrestre, estaba fascinado por los mundos lejanos y el tema de los vampiros era en él como una especie de pivote de su pensamiento. No he podido conocer toda su obra, pero cuando trabajé como correctora  de las galeras de la antología Los papeles de Valencia el Mudo, hecha por la escritora Daína Chaviano, de inmediato me fascinaron las dos partes de Los papeles… y Rocío del dragón. Los papeles… es la historia de su supuesto abuelo Valencia el Mudo, un ser mítico procedente de un linaje aristocrático, propietario de una plantación azucarera colonial y casado con la mulata Eva Marie Duvalier, venida de Haití, bruja vudú, vampiro y hacedora de zombies, que vampirizó a Valencia y a muchos esclavos de la hacienda. La historia está narrada por el nieto de Valencia, un niño, un alter ego del propio Hurtado. Tomo, también de este mismo blog, la siguiente cita:

[Valencia] desde su juventud era aficionado a las ciencias ocultas y oscuras y había perdido la lengua durante un ritual de misa negra. Hurtado cuenta que él pasó gran parte de su infancia en la plantación de su abuelo y fue criado por la mulata Eva Marie, a quien amaba en secreto con amor de niño. En Los papeles… Hurtado hace referencia a que su abuelo poseía en una torre de aquella propiedad un observatorio desde donde él y su esposa estudiaban atentamente el curso de los astros. Hurtado asegura haberse colado a escondidas en la torre y haber divisado desde su telescopio a dos de los personajes fantásticos más interesantes y terroríficos del folklore campesino cubano y de la literatura fantástica de nuestro país: la cucaracha gigante y la bola de candela.

Antes de continuar debo decir que Los papeles de Valencia el Mudo desmienten la afirmación de quienes pretenden que Hurtado no era un buen escritor. Esto es sencillamente absurdo. No tenía el estilo inimitable de Collazo en Onoloria, pero escribía impecablemente, cosa rara de encontrar en los escritores de ciencia ficción, y le impregnó a su prosa unas atmósferas mágicas que no he encontrado nunca más en la literatura nuestra, salvo en Onoloria, y me parece un tremendo logro haber conseguido esto con una materia literaria tan poco promisoria en ese sentido como una plantación de azúcar, pues la escritura de Hurtado no solo sabe a  cubanía, sino que tiene un aroma universal de antigüedad  siniestra. Era un escritor de cepa, porque nadie que no lo sea puede conseguir esos efectos que él logró. De Rocío del dragón y otros de sus textos y poemas no voy a hablar aquí, porque lo que me interesa ahora mismo es algo muy puntual, un descubrimiento que creo haber hecho mientras investigaba para escribir dos de mis más recientes posts, que tratan sobre el cafetal Angerona, uno de los primeros que existieron en el occidente de la isla y el más importante y rico, al menos, del área del Caribe, pero ha pasado a la historia nacional por ser el nido de una de las leyendas de amor más hermosas de Cuba: la del  comerciante y plantador alemán Cornelius Souchay y la mulata haitiana Úrsula Lambert.

Angerona fue un lugar lleno de misterios, en cuya entrada se erguía una estatua de la diosa Angerona, deidad del silencio y el secreto, y creo que Hurtado se inspiró en la plantación y en aquellos amores para crear la pareja de Valencia y Eva Marie.  Las historias, la real y la de ficción, son prácticamente idénticas: dos plantadores se unen a mulatas haitianas de belleza perturbadora. Las dos tienen apellidos franceses, Lambert y Duvalier. Pero hay dos detalles que me han impresionado de un modo muy particular: creo que Valencia es un personaje  basado en Souchay, y la condición vampírica de Valencia podría, también, estar inspirada en ciertos detalles de la personalidad del  alemán. Esto se me ocurrió cuando descubrí una cita debida a las investigaciones del profesor Du Bouchet, que forma parte de unos trabajos suyos publicados en los boletines del Archivo Nacional. La cita es debida a la pluma del Reverendo Abiel Abbot, un viajero que recorrió Cuba y tomó muchos apuntes que luego publicó en forma de libro. Abbot visitó Angerona y pasó allí algunos días en compañía de Cornelius, aunque no menciona a Úrsula. Reproduzco  a continuación la cita que me interesa destacar:

El señor Souchay tiene preparada su última morada, o tumba, en la entrada norte de su hacienda, y me dijo que dentro de poco será construido el ataúd, de madera incorruptible. Tiene pensado contratar un músico para que se ocupe de seleccionar y enseñar una banda de cuarenta de sus negros para que lo distraigan en el ocaso de su vida y le acompañen hasta su sepultura con fúnebres melodías.

Independientemente de las reflexiones que me provocó esta cita y de cuestionarme si el enamorado alemán y pragmático comerciante era, en realidad, un neurótico o padecía alguna enfermedad del espíritu, —porque solo así me puedo explicar el planeamiento de una tumba por un hombre que demoró varios años en morir—, la frase ataúd de madera incorruptible saltó del párrafo ante mis ojos como si la hubiera iluminado una luz de fuego: ¿Para qué querría Cornelius Sochay un ataúd de madera incorruptible, esos que  describen las leyendas como los preferidos por los vampiros para conservar sus cuerpos con la frescura de la vida? Que se hiciera enterrar en el cementerio de Angerona no me llama especialmente la atención, porque si no llegó a ser una costumbre entre los hacendados de la isla, solía hacerse. También Valencia y Eva Marie fueron sepultados juntos en el cementerio de su plantación. Pero… ¿un ataúd incorruptible?  Este elemento no debió pasar inadvertido a Hurtado, especialista en vampiros.

Pero hay aún otro detalle significativo. En Los papeles… Hurtado  menciona la existencia de una torre en la hacienda de su abuelo donde este tenía un observatorio. No quiero parecer tendenciosa, pero cualquiera que examine las fotos y grabados de época de Angerona podrá ver de .inmediato que en el edificio también existía una torre desde donde era posible vigilar a los esclavos, o sea, un observatorio.

En el extremo inferior derecho de este collage de imágenes puede verse la torre observatorio del cafetal Angerona

Como investigadora no puedo demostrar que Hurtado se inspirara en los dueños de Angerona para escribir Los papeles de Valencia el Mudo, pero como escritora me asiste el derecho a especular con una idea tan tremendamente excitante, que si fuera cierta respaldaría la poderosa fuerza de la imaginación de Hurtado, y al mismo tiempo su sagacidad como observador de la historia. No conozco ninguna obra de escritores cubanos que hayan usado un hecho de la historia colonial para crear un texto de ficción tan hermoso y tan logrado, escrito en una aparente clave de realismo, como Los papeles… Hasta donde sé, solo dos veces se ha tocado el tema de Angerona en el arte cubano: en el texto de Hurtado y en el filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, muy posterior. A nadie más se le ha ocurrido sacar partido artístico de semejante materia. Aunque los hechos que confronto no me permiten demostrar mi teoría, ¿no es verdad que como aventura especulativa resulta muy atractiva y digna de una ionvestigación más profunda?  Pero ya no deben quedar muchas personas que hayan conocido a Hurtado, así que probablemente nunca lo sabremos.

 

 

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El perfume, un clásico que regresa

Es evidente que lo que nos quiere transmitir el autor de El Perfume es algo que sólo está al alcance de muy pocos. Para la mayoría es un libro aburrido y totalmente fuera de sí. Solo llegas a percibir su verdadera esencia cuando realmente comprendes que todo, absolutamente todo, lo que podamos sentir en nuestra vida entra por la nariz. Crear el perfume perfecto, la fórmula común para que toda la humanidad caiga rendida a tus pies. Una verdadera obra maestra de la literatura.

Anónimo.

(Los subrayados son míos)

Elegí esta cita que encontré en un foro sin importancia porque, curiosamente y debido a cierto desorden en su redacción, contiene los dos juicios diametralmente opuestos que ha merecido la novela El perfume, del escritor alemán Patrick Süskind, desde que apareció en librerías en 1985. Hace muchos años, cuando yo comenzaba mi carrera en el periodismo como una simple colaboradora de la página cultural de Granma, publiqué una reseña de esta novela, que acababa de leerme y me había impresionado con mucha fuerza, y de inmediato un célebre periodista de otro órgano de prensa respondió con un comentario mordaz donde calificaba la obra de Süskind de “catedral del aburrimiento”. La Subdirección del periódico me impuso silencio, pero yo nunca he olvidado aquel acto de voluntariosa y arbitraria pedantería, porque resultaba, además, un juicio crítico absolutamente estulto.

Han pasado ya treinta y tres años de aquel incidente y sigo pensando que el libro es una obra maestra del arte no solo literario, sino también de lo que los griegos clásicos llamaron ekphrasis, el arte de pintar con la palabra, y a quienes no estén familiarizados con el término les recuerdo que es la técnica más utilizada por Homero en La Ilíada (en especial en la descripción del escudo de Aquiles), obra que sí se conoce y se estudia en nuestros programas de enseñanza media y superior. Y el tiempo me ha dado la razón: no solo El perfume está considerada como una de las veinte mejores novelas del siglo XX —traducida a más de 40 idiomas, incluido el latín (¡!), con 20 millones de ejemplares vendidos, y además figura en esa lista junto a El guardián en el centeno, de Salinger, y Pedro Páramo, de Juan Rulfo—, sino que ha comenzado a cumplirse para ella el destino reservado a los clásicos de la literatura:  fecundar otros territorios del arte, en este caso el cine y la televisión.

Nunca he estado de acuerdo con ciertas teorías según las cuales el lector debe enfrentarse a la obra de arte como un producto absolutamente independiente de su creador, y cuyas claves hay que buscar en sí misma y no en la personalidad  del artista, sus traumas, sus neurosis, etc., pero en el caso de Süskind —como en el del norteamericano Salinger y el mexicano Rulfo—, los buscadores de claves no cuentan con la complicidad del escritor, porque no es un autor  mediático que disfruta del marketing ni de la civilización del espectáculo, como está hoy tan de moda, sino un creador solitario de esos que eligen el exilio interior como fuente de la gracia para nutrir su arte. Süskind casi no ha dado entrevistas, no se deja fotografiar, no asistió al estreno mundial del filme y se sabe muy poco sobre su vida privada. Dicen que vive como un clandestino. Nació en Baviera en marzo de 1949, hijo de un escritor y una ceramista. Según la Wikipedia realizó estudios de Historia Medieval y Moderna en la Universidad de Múnich y en Aix-en-Provence, Francia, entre 19681974 (¡ah, pero qué sorpresa: un medievalista!), y en la década de 1980 trabajó como un guionista televisivo para Kir Royal y Monaco Franze, entre otros. Era, pues, antes de publicar su opera prima, un hombre familiarizado con el lenguaje cinematográfico.

Yo creo que quien leyó El perfume jamás puede olvidarla, pero para quienes no recuerdan o no la han leído conviene comentar su argumento: Una joven pescadera da a luz en un mercado de pescado del París medieval a un bebé que arroja entre la basura, los excrementos y las aguas fétidas de aquel muladar que Süskind describe con mano maestra. Vale decir que París era, con toda probabilidad, la ciudad más sucia de Europa en aquella época. El bebé Jean Baptiste Grenouille (su apellido es en realidad un mote de burla a su escualidez y significa Ranita) defrauda las expectativas de su madre y no muere, sino que rompe a llorar con tanta fuerza en sus flacos pulmones que atrae la atención de la gente alrededor de la parturienta, y esta es encarcelada y luego decapitada por infanticidio. El primer contacto de Grenouille con el mundo es a través de los hedores de la putrefacción, y su primera experiencia el rechazo materno, el abandono y el frío de la intemperie. Criado como huérfano por manos a veces piadosas y a veces traficantes, Grenouille aprende una triste verdad sobre sí mismo: ha nacido con el inestimable don de una nariz capaz de olfatear  cualquier olor a las mayores distancias, y con memoria propia para registrar cada olor y jamás olvidarlo, pero… él mismo carece de olores corporales: no huele a NADA. Este descubrimiento viene acompañado por la observación del efecto que hacen los perfumes sobre la psiquis de los seres vivos, atrayendo sobre estos el amor, el odio, el deseo y toda clase de reacciones instintivas y sentimientos, pero él no podrá beneficiarse jamás de esa cualidad de los olores, no será amado ni odiado, solo una especie de fantasma que vivirá entre la gente sin que nadie note su presencia. Desde el momento en que descubre que su falta de olores hará del un paria social, concibe el deseo único, telúrico, de crear un perfume que lo haga visible ante los ojos de sus semejantes y le permita manipular sus emociones. Finalmente llega al taller de un perfumista donde comienza a aprender el oficio, y allí lleva a cabo sus primeros experimentos para encontrar esa fragancia con la que sueña, hasta que arriba a la conclusión de que no hay para él otro modo de entrar en la existencia de los humanos que arrebatarles sus propios olores y hacerlos suyos. Su primera víctima es una joven ciega que transita por una estrecha callejuela del París medieval llevando un cesto de ciruelas maduras y fragantes. Grenouille la asesina y mutila ciertas partes de su cuerpo que se lleva consigo para sus experimentos, y este será el primero de una serie de crímenes que cometerá en busca del perfume perfecto. Aprehendido en una ocasión por el asesinato de la hija de un noble, una joven virgen que cumple con todos los requisitos para que el ya experimentado perfumista pueda, por fin, conseguir su fórmula ideal, es llevado al patíbulo, donde, a punto de ser decapitado, se unta unas gotas de la fragancia obtenida de su última víctima y consigue someter no solo a sus verdugos, sino a la nutrida multitud que se ha reunido en la plaza para presenciar su ejecución, que al olfatear en el aire el olor de la doncella cae en éxtasis orgiástico mientras lo adora como a un dios. Grenouille escapa, pero su breve vida acabará en un cementerio donde la fragancia de la joven atrae sobre él a esa horda de mendigos, locos, leprosos y hez social que habitaba en los rincones de París y a la que Víctor Hugo llamó Corte de los Milagros. Es tal el efecto que el aroma virginal ejerce sobre ellos (es el tema de la leyenda de la dama y el unicornio) que son poseídos por un delirio colectivo de adoración y terminan devorando al perfumista en una especie de eucaristía, como si comieran del cuerpo y la sangre de Cristo para purificarse de toda su fealdad y su miseria. En esa apoteosis de amor caníbal termina sus días el que nació en la inmundicia.

Hay un aspecto de la novela que mencionaré muy brevemente. Se trata del retiro en una cueva que lleva a cabo Grenouille para ocultarse de sus perseguidores, y se convierte para él en una experiencia trascendente, algo así como la iluminación que creían recibir algunos monjes cuando se retiraban en largos ayunos al desierto. Creo que la crítica hecha hasta hoy en torno a El perfume no ha concedido a esta parte de la historia la atención que merece, y han pasado por alto que si algo en esta novela contradice la clasificación de thriller psicológico que se le ha dado es, precisamente, este retiro que en aquella reseña que escribí para Granma comparé con el retiro de Cristo en el desierto. Quienes estén familiarizados con la historias bíblicas sobre Jesús se darán cuenta del paralelismo existente entre los dos hechos: tanto Cristo como Grenouille son visitados por el Diablo, pero a Grenouille no se le presenta como un ser, una sombra o una voz, sino como el descubrimiento de que su verdadero destino es odiar y ser odiado, y la aceptación de ese destino. Cuando leía la novela me impactó profundamente la maldad que encierra tal similitud y y me pareció una idea realmente sacrílega, perversa,  muy inquietante y perturbadora, y sobre esto volveré más adelante.

EL PERFUME, HISTORIA DE UN ASESINO. El filme.

En 2006 la casa productora alemana Constantin Film decidió adaptar la novela para el cine bajo el título  El Perfume: historia de un asesino. Antes ya Süskind había recibido varias propuestas de Hollywood atraído por el extraordinario éxito de la obra literaria, pero las rechazó por el temor de que la industria cinematográfica norteamericana distorsionara y empobreciera la recreación de la Edad Media que él había hecho en su escritura. En realidad no estaba opuesto a llevar su novela al cine, pero tenía en mente a directores de primera línea como Stanley Kubrick y Milos Forman. También estuvieron involucrados en el proyecto Ridley Scott, Tim Burton y Julian Schnabel, pero declinaron porque el material literario les parecía imposible de adaptar al cine, pues en la novela Grenouille no tiene un solo parlamento y técnicamente no existe lo que se llama una historia. Al fin decidió confiar en Tom Tykwer, un joven director alemán casi desconocido. La cinta, coproducida entre Alemania, España y Francia, fue protagonizada por el inglés Ben Whishaw y Dustin Hoffman. Fue difícil encontrar al actor que impersonara a Grenouille y la búsqueda duró casi un año. Tykwer lo vio actuar en el teatro en el papel de Hamlet y de inmediato sintió que había encontrado lo que buscaba, porque Whishaw podía encarnar al mismo tiempo “el ángel inocente y el asesino”.

Más tarde confesó que quería un actor sin renombre, un “nadie”, porque esa era la esencia de Grenouille. Dustin Hoffman fue elegido desde el principio y nunca se pensó en otro candidato para su personaje. La selección del casting fue excelente, pero a Whishaw, quien ya tenía en su haber unos pocos títulos de filmes sin importancia, le ocurrió como al adolescente que protagonizó al joven Tadzio en el filme de Fellini Muerte en Venecia : fulguró como un cometa y no volvió a brillar en el mundo del cine, al menos hasta hoy.

La película tuvo un presupuesto de producción de 63 millones de dólares (50 millones de euros) y se considera una de las producciones fílmicas más caras del cine alemán. Se utilizaron un total de 5.200 extras para la película, y en ocasiones hasta un millar a la vez. Para la escena de la orgía colectiva en la plaza donde sería supliciado Grenouille se emplearon 750 extras al mismo tiempo. Para lograr el realismo necesario se utilizaron 50 actores claves, entre los que estuvieron el grupo de danza y teatro catalán La Fura dels Baus y 100 relativamente experimentados talentos que formaron el núcleo de la multitud. Es uno de los filmes históricos que ofrece una más fiel recreación del París medieval y una de las películas más exquisitas que yo he visto. Sobre la fotografía, la ambientación y el diseño de vestuario menciono algunos datos sumamente interesantes tomados de Wikipedia:

El fotógrafo Frank Griebe dijo que de todas las películas que vieron y que habían recibido alguna filmación en el lugar, ninguna de ellas realmente tenía la tierra y la arena de la ciudad que deseaban para Perfume. “Necesitábamos una ciudad sucia para conseguir la sensación real de los olores de la misma”, dijo Griebe. Tykwer quiso recrear el París del siglo XVIII, visto a través de los ojos de la clase baja como Grenouille y dijo que quiso rodar la película “como si fuésemos arrojados a una máquina del tiempo con una cámara”.

Tykwer describe la película como que tiene “claramente una oscura estética”, debido tanto a la falta de iluminación adecuada en el período de tiempo de la película y a la naturaleza de su historia. El cineasta se inspiró en los pintores que se especializaron en la oscuridad con pocas fuentes de luz como Caravaggio, Joseph Wright de Derby y Rembrandt. La película comienza con una paleta monocromática de colores fríos, y a medida como Grenouille descubre más olores, la paleta se calienta y se abrirá. En las escenas donde Grenouille se va de París por primera vez, los realizadores sutilmente agregaron más colores de gran alcance en los decorados, vestuario, utilería y la iluminación para representar la experiencia de Grenouille de los nuevos olores.

Uno de los principales retos de hacer la película era transmitir los olores y el mundo de los aromas con las experiencias de Grenouille. […] Los realizadores se esforzaron para transmitir el olor visualmente sin el uso de colores o efectos especiales. Griebe dice: “La gente ve el mercado de pescado al máximo, con sangre de pescado crudo, y ellos saben que apesta, ven un campo de lavanda y saben que huele cerca de maravilla. Mostramos a Grenouille teniendo olores de catación con la nariz, y lo hacemos con fotos de su nariz, y eso es todo! “.

Pierre-Yves Gayraud, la diseñadora de vestuario de la película, pasó 15 semanas investigando la moda del siglo XVIII. La producción de más de 1.400 trajes, además de la preparación de los zapatos, sombreros y otros accesorios se terminó en tres meses de talleres en los alrededores de Bucarest. El departamento de vestuario tuvo que hacer la ropa desgastada y sucia. Además, los actores estaban obligados a llevar el vestuario y más o menos vivir con él antes de filmar, con la finalidad de que se viera usada. Al personaje de Grenouille no se le dio ninguna ropa blanca y llevaba en exceso prendas de vestir azuladas en la mayor parte de la película, porque los cineastas querían representarlo como una sombra y un camaleón.​ En lugar de vestir el personaje de Laura con el colorido vestido regional que era la tradición de la época, estaba vestida con tonos menos vivos que los de una doncella de París para resaltar sus aspiraciones sociales, así como su pelo rojo.

He incluido en este trabajo todos estos datos para apoyar mi afirmación de que El perfume historia de un asesino tiene una de las facturas mejor cuidadas en la historia del cine de época de todos los tiempos, y es una película impecable. Preferiría no ser acusada de fundamentalista.

Casi toda la filmación de exteriores se llevó a cabo en España, fundamentalmente en Barcelona, Gerona y Figueras. Para las callejuelas de París se usaron las calles de Barcelona, cuyo Barrio Gótico en el Distrito de Ciutat Vella, centro histórico de la ciudad, se convirtió en el mercado de pescado de París. El Pueblo Español, un museo al aire libre en esa ciudad catalana, fue el set donde se rodó la escena clímax de la orgía multitudinaria. Para crear un ambiente de auténtica suciedad, la nómina de producción incluyó una “unidad de la suciedad” de alrededor de 60 personas, cuyo trabajo consistía en distribuir diariamente la basura de la ciudad en los lugares donde se filmaba. Dos toneladas y media de peces y toneladas de carne fueron dispersados en El Barrio Gótico.

La película fue todo un éxito financiero y recuperó con creces la inversión, especialmente en Europa, habiendo ganado135.039.943 dólares en todo el mundo. ​ Se estrenó en Alemania el 14 de septiembre de 2006 y fue número uno en la taquilla en sus tres primeras semanas. Hizo  9,700,000 dólares en su primer fin de semana y se estima que 1.040.000 personas vieron la película en sus primeros cuatro días de exhibición en Alemania. La película terminó vendiendo más de cinco millones de entradas tickets y recaudó 53.125.663 dólares, la más alta recaudación bruta para una película dramática alemana (Idem)

La adaptación de la novela al cine es totalmente fiel y solo algunos detalles sin importancia fueron cambiados u omitidos para enriquecer la dramaturgia. Los parlamentos creados para que el personaje de Grenouille pudiera expresarse en el filme no alteran la fidelidad del guión a la obra literaria. Quisiera agregar que, en mi opinión, las mejores actuaciones son las masculinas, tanto las de los actores que encarnan a los personajes adolescentes como a los ya adultos.

La crítica cinematográfica no fue generosa con el filme, aunque le reconoció sus valores más evidentes, pero en los materiales que he revisado puedo constatar una especie de malestar que indujo a los críticos, tan gustosos de asignar estrellas doradas a las películas para graficar su nivel de aceptación, a negarle siempre la quinta estrella, e incluso alguno llegó a expresarse en muy malos términos calificándola como “…muy floja, austera y repelente”, y otro fue aún más lejos al hablar de la “historia esquizofrénica” que cuenta, y esto resulta sumamente interesante, como veremos enseguida cuando analice la serie televisiva. Yo no pienso como los críticos. En mi humilde opinión El perfume historia de un asesino es uno de esos fenómenos de inquietante  impecabilidad que aparecen de vez en cuando en la historia del cine.

En Europa la película fue nominada a cinco Premios Saturn en los Saturn Awards como Mejor Acción / Aventura / Thriller Film, Mejor director (Tom Tykwer), Mejor Guion (Andrew Birkin, Bernd Eichinger, Tom Tykwer), Mejor Actriz de Reparto (Rachel Hurd-Wood) y Mejor Música (Tom Tykwer, Johnny Klimek, Reinhold Heil). En los European Film Awards 2007 , Frank Griebe ganó el premio a la mejor fotografía y Uli Hanisch ganó el Premio de Academia de Cine Europeo de Excelencia por su trabajo de diseño de producción. La película también recibió nominaciones en los People´s Choice Awards, en las categorías como Mejor Actor (Ben Whishaw) y Mejor Compositor (Tykwer, Klimek, Heil). En los Premios del Cine de Alemania de 2007 ganó el premio de Plata a la Mejor Película de Cine y los premios a la Mejor Fotografía, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Montaje, Mejor Diseño de Producción y Mejor Sonido. ​ También recibió nominaciones a la Mejor Dirección y Mejor Música de Cine. En el 2007 en los Premios del Cine de Baviera , Tykwer y Hanisch ganaron galardones en las categorías por Mejor Director y Mejor Diseño de Producción.[

PARFUM. La serie.

Cuando vi en los anaqueles de los vendedores de discos uno en cuya carátula se leía El perfume, lo compré sin pensarlo dos veces. Que llevara el sello Netflix no fue lo más importante para mí, sino la posibilidad de encontrarme otra vez frente a frente con la obra maestra de Patrick Süskind. No me detuvo la advertencia de que no se trata de la historia original, sino de una versión actual, y menos aún su clasificación de thriller policiaco. Si yo hubiera sido la directora de esta serie jamás se me habría ocurrido intentar siquiera acercarme a la novela o a la película. Un remake no tendría ningún sentido, puesto que tanto la obra como el filme aplican para la categoría de hortus conclusus, frase latina que significa huerto o jardín cerrado, empleada para referirse a una obra de arte autotélica, suficiente en sí misma y que, por tanto, siempre funcionará, imposible de otro modo, como un hipertexto.

No tengo información —ni imagino— cómo habrán convencido a Suskind para que aceptara esta vez, pues es conocida la aversión de los grandes escritores a permitir que sus obras sean llevadas a la televisión, y teniendo en cuenta el refrán de que a la tercera va la vencida, la serie no parecía tener muchas posibilidades.

Anunciada como “una de las series alemanas más esperadas y macabras”, se trata, en realidad, de una miniserie de seis capítulos. La historia comienza cuando una joven cantante de moralidad cuestionable aparece asesinada en su lujosa residencia, con un modus operandi que recuerda a las víctimas de Grenouille. A pesar de tener muchos amantes, se movía en un círculo muy cerrado de amistades íntimas que conservaba desde sus tiempos de estudiante. La inspectora a cargo del crimen sospecha de estos ex alumnos de internado y empieza a introducirse en sus vidas actuales, en las que va encontrando pistas que, manejadas con técnicas de flashback, van retrotrayendo la historia  a la adolescencia de los personajes, donde encuentra crímenes antiguos que la policía nunca pudo solucionar. También descubre un dato realmente macabro: la novela El perfume era el libro de culto de esta especie de fraternidad secreta de estudiantes, quienes en sus días de internado formaron lo que hoy llamaríamos en Cuba un círculo de interés muy misterioso, en el que se aplicaban a adiestrarse en los olores, influidos tremendamente por esa obra. Además, casi todos sus miembros tenían en común historias de abandono, maltrato infantil y abuso sexual.

Parfum, y este dato es significativo, también ha sido producida por Constantin film y  trasmitida por la cadena alemana ZDF NEO en noviembre de 2018. Dirigida por Philipp Kadelbach, ha tenido la misma aceptación que la novela y la película, y desde su estreno se convirtió en un éxito. Debe entenderse que la historia, que comienza in media res, sigue los patrones clásicos del policiaco, por lo que en el principio, a diferencia de sus fuentes, solo hay sospechosos, más víctimas seriales y una larga, profunda y muy dolorosa indagación que debe conducir al asesino, con resultados absolutamente sorprendentes y desconcertantes.

Nunca me han gustado las etiquetas al uso, pues como repositoras de conceptos suelen fracasar por exceso o por defecto. Drama policial es una clasificación que se me queda escasa para Parfum, cine más que televisión, y muy buen cine psicológico. Es una serie de impecable factura que no hace concesiones ni a la mediocridad, ni al facilismo ni a los clichés del género. Elaborada con gran refinamiento y con un guión muy inteligente, se mantiene todo el tiempo en una atmósfera que dialoga con referentes de la cultura alemana. Por ejemplo, ya en el primer capítulo aparece en una pared de la casa de la víctima un cuadro de gran tamaño, una pietá, como se llama en artes plásticas a las pinturas que representan a la Virgen con el Niño Jesús en brazos o con el cadáver adulto de Jesús, y por extensión, a todos los conjuntos de una madre que sostiene a un hijo en posición yacente. Este cuadro, en particular, recuerda de lejos a las pietás de la pintura medieval alemana. El cuadro, que el espectador nunca logra ver en detalle, aparece varias veces a lo largo de la serie, insistencia que hace sospechar una intención subliminal asociada a alguna clave importante de la historia relacionada con la maternidad. La imagen connota un sustrato temático tan compacto que ha sido usada en carteles promocionales de la serie.

El paisaje está tratado en muchos momentos como en los óleos, incluso ese tinte verdoso que muestran algunas de las escenas del tiempo presente de la historia son propias de ciertos pintores alemanes anteriores al siglo XIX. La trama está llena de códigos: la adolescencia de los protagonistas transcurre en escenarios bucólicos entre arquitectura y ruinas medievales, en diálogo con la historia original de la novela de Süskind. Este tiempo pasado tiene colores vivos, frescos, mientras que la mayoría de las escenas del presente transcurren en interiores de inmuebles modernísimos, costosos, elegantes, pero la luz y la paleta de color es más oscura y los personajes visten de negro. La piscina de una de las mansiones está decorada con estatuas y bustos clásicos y recuerda levemente un baño romano del pintor Alma Tadema o, para ser más exacta, la versión alemana moderna de un antiguo baño romano, y no hay que olvidar que desde Carlomagno los alemanes se han considerado el Sacro Imperio Romano Germánico, es decir, los herederos del espíritu y el poder de la Roma imperial. El corte de pelo del actor August Diehl, quien encarna al elegante perfumista Moritz de Vries, es el mismo que llevaban los nobles en la Roma imperial. Diehl, que ha protagonizado en varios filmes papeles de oficial nazi, en esta serie, además de recordar a un germano romanizado tiene un sorprendente parecido con los actores que han encarnado a Frankenstein en el cine, y este parecido fantasmal que lo envuelve como una aura, unido a su vestimenta negra y elegante y a su palidez extrema refuerzan la entraña siniestra de su personaje. En ese sentido la visualidad de la serie está llena de claves que constituyen un muy sólido entramado de fondo.

El lait motiv de la historia viene dado por la influencia que la novela de Süskind ejerce sobre este grupo de adolescentes, perturbados en las raíces de sus personalidades por profundos conflictos familiares. Uno de ellos era obligado por su madre desde muy temprana edad a realizarle cunnilingus, otro se crió en casas de acogida, la chica del grupo convivía con un padre con el que no podía comunicarse y ante cuya vista casi muere desangrada tras practicarse un aborto a sí misma, por lo que las autoridades la llevaron a una casa de acogida; otro vivía un terrible complejo por sufrir deformidades físicas que lo inhibían psicológicamente para el ejercicio de su sexualidad. Eran un caldo de cultivo abonado para la crueldad y la violencia, tanto física como psicológica, que terminan ejerciendo entre ellos y contra ellos mismos. Hay violaciones, abusos de género que destruyen autoestimas, humillaciones y una promiscuidad sexual por momentos rayana en la perversidad, pues todos estaban enamorados de la víctima, la diosa sexual del grupo, una conquistadora, como la definen los policías a cargo del caso, y poseedora, por supuesto, de un olor corporal que ejercía un poder absoluto sobre los demás. Con los años los traumas se hacen más intensos y el grupo desarrolla formas de interrelación muy perturbadoras. La chica a la que todos violaban se casa con uno de los violadores y conforman un matrimonio con una vida sexual bajo el signo de un morbo cruel de  ribetes sado-maso: él la desea, ella lo rechaza, él sigue violándola una y otra vez y le propina golpizas, empujones, bofetadas, y ella perpetúa la costumbre de dejarse manosear ante sus ojos por el resto de los violadores. Dentro del grupo hay alianzas y conflictos de intereses que imprimen a la dramaturgia gran tensión, pero en el fondo todos estos hijos sin madres quieren ser amados. Hay una escena muy significativa donde la investigadora los interroga a cada uno por separado y les pregunta: “¿De qué trata la novela El perfume?”, a lo que cada cual da una respuesta diferente que emana de su propia percepción del mundo: para uno trata del abandono, para otro de la belleza, para otro de la suciedad, para otro del amor. Revelaciones individuales de las que, tal vez, no son conscientes.

El personaje de Grenouille está replicado en esta serie en el del joven Moritz, presumiblemente francés como su nombre parece indicar, que ya desde su estancia en el internado mostraba gran afición por los perfumes y era, en cierta forma, el líder intelectual del grupo de amigos. De Vries adulto es un perfumista que reside en Francia pero viaja constantemente a Alemania, y se dedica de manera obsesiva a crear perfumes personalizados y exclusivos para satisfacer a su muy selecta clientela. El adolescente abusado sexualmente por su madre es, en el presente, el dueño de un burdel. La antigua ícono sexual del grupo es la cantante-prostituta de lujo que muere asesinada. Todos ocultan secretos muy oscuros sobre crímenes grupales cometidos en el pasado. En apariencia los une una fuerte amistad, pero ese sentimiento, observado de cerca, resulta un constructo de amor-odio verdaderamente enfermizo y alienante. El mismo sentimiento que obsedía a Grenouille, quien sigue respirando a través de cada personaje de Parfum como un espectro que continúa a través de ellos su existencia parásita.

En el filme, laboratorio del perfumista Guiseppe Baldini, donde Grenouille trabajaba como aprendiz

Laboratorio del perfumista Moritz de Vries en la serie Parfum

Lo que hace de Parfum un producto tan interesante y eficaz no es, como suele suceder actualmente en el cine y sobre todo en los policíacos, la abundancia y extremismo en las escenas de sangre y erotismo. Hay sexo, hay  heridas, crueldad y violencia sumas, pero sin abaratamientos ni abusos temáticos destinados a asustar o satisfacer morbos. Nada es superfluo y nunca se va un paso más allá de lo necesario, la fórmula siempre se mantiene en equilibrio, pudiera decirse que con mucha clase. Hay escenas emocionalmente muy fuertes, como cuando la cámara enfoca el interior del ataúd bruscamente abierto y queda expuesto el cuerpo de la cantante asesinada con todos sus cortes y las costuras de la autopsia, envuelta en su vestido de colorido estampado que recuerda una vegetación de bosque, en franco contraste con el negro de luto de los vivos que la acompañan y que la siguen violentando aún en la muerte. Es en escenas tan bien pensadas como esta donde recae la mayor carga emocional de la historia.

No creo, como afirman ya algunos críticos, que la serie no tenga nada que ver con el libro. Por el contrario, creo que da respuesta analítica y profunda al conflicto de abandono para el que en la novela no hubo mucho espacio, desplazado por la presencia avasalladora del mundo de los perfumes pero, sobre todo, por ideas artísticas de más profundo calado. Grenouille no es un personaje a escala humana, está sobredimensionado, digamos que concebido en un estilo expresionista, es una alegoría del Mal. La intención de Süskind nunca fue que viéramos en él un hombrecillo “raro”, un pequeño asesino con pretensiones:

Quería ser el dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías, pero ahora en el mundo real y para seres reales. Y sabía que estaba en su poder hacerlo. Porque los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume. Porque el perfume era hermano del aliento. Con él se introducía en los hombres y si éstos querían vivir, tenían que respirarlo.

Cada personaje de Parfum es un aspecto humanizado de Grenouille. Son hombres y mujeres mutilados y perdidos para el Bien desde el comienzo de sus vidas, pero todavía no absolutamente malvados. Y Grenouille, tal como había ansiado fue, a través del poder del perfume, su dios, un dios de los Incompletos y de la Incompletud. Y es en esta dirección donde habría que buscar, me parece, el problema artístico de la novela, eso que en la cita que usé como paratexto de este artículo el forista Anónimo llama la verdadera esencia de la obra, que ha pasado por magia de vasos comunicantes a la película y a la serie: la Transgresión, la violación de los límites, qué pasa cuando el individuo da un salto y cae en un territorio que está más allá de la dimensión humana.La exploración de los límites, esa es la verdadera preocupación de Süskind como creador: está explorando un prototipo de la Maldad absoluta, un individuo que no es un poco malo y un poco bueno, como sucede con las personas normales, que no tiene un lado oscuro y otro luminoso, sino que es todo él oscuridad. Estos tipos puros raramente se encuentran en la naturaleza, la biología no los produce casi nunca. Por eso se ha manejado el término ezquizofrenia para intentar entender de qué va esta novela tan extraña que, si la tomamos por una mera historia, se torna incomprensible y, para algunos paladares poco refinados, hasta absurda. Pero Süskind  se cuida de dejar bien claro que no quiso crear el personaje de un loco, como demuestra este párrafo extraído de la propia obra:

No brillaba ninguna chispa de locura en sus ojos ni desfiguraba su rostro ninguna mueca de demencia. No estaba loco. Su estado de ánimo era tan claro y alegre que se preguntó por qué lo quería. Y se dijo que lo quería porque era absolutamente malvado. Y sonrió al pensarlo, muy contento. Parecía muy inocente, como cualquier hombre feliz.

Y aquí hay que volver a revisar el sentido del largo retiro en la cueva. Grenouille no solo parecía muy inocente: LO ERA, tras la revelación de su maldad estaba en el mismo estado que Adán y Eva antes que la Serpiente les revelara la dualidad del Bien y el Mal. No existía para él tal dualidad en su mente, tan solo existía la palabra, el concepto, que Dios creó pero Lucifer nunca entendió, porque su naturaleza estaba más allá de los límites trazados por Dios para los hombres. Los odio —piensa Grenouille—porque son lo que nunca podré ser, y los mato para robarles la esencia que los hace amados, para ser como ellos, y eso me hace sentirme contento, feliz, como un estado de gracia al revés, pero con idénticos efectos euforizantes, siempre producidos por la conquista de cualquier clase de poder. El Orden ha sido subvertido en Grenouille y por eso es una creación luciferina, porque es un transgresor del orden de Dios y de los hombres, pero sin culpa, sin que haya mediado en ello su voluntad, porque no ha sido su elección. Y Süskind, su creador, es un artista que explora el arquetipo de la Transgresión. Por eso Anónimo da muestras de cierta sagacidad cuando afirma que El perfume no es un libro para mayorías. Aunque él no alcance a comprender el fundamento sobre el que ha sido edificada la novela, intuye que hay uno tremendo, pero no está a la vista.

He escrito este trabajo para desplegar una vez más ante mis ojos la alquimia por la cual una obra de arte deviene un clásico. Es un fenómeno que siempre me place observar, porque no es lo mismo buscar respuestas en la frialdad de los libros de estética y teoría del arte que analizar su progresividad en las cálidas entrañas  de la creación, y esta trilogía emanada de la fuerza creadora de Patrick Süskind es una materia muy interesante para esa indagación. Una obra clásica es una obra que está viva y sigue dando vida más allá de sí misma. Vida, no imitaciones.

 

 

 

 

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ALZANDO UN POCO EL VELO DEL MISTERIO EN ANGERONA

¿QUIÉN FUE EN REALIDAD CORNELIUS SOCHAY, EL AMO DEL CAFETAL ANGERONA? y otros secretos

No tengo una obsesión con el cafetal Angerona, pero después de ver la película (que es adictiva) y hurgar en el tema (una vez más) se han acentuado mis dudas sobre Cornelius Sochay. Todos los sitios cubanos consultados en internet repiten que el amo de Angerona era de origen alemán y “nacido en” o “venido de” la ciudad alemana de Bremen; supuestamente de allí se embarcó hacia Cuba. Pero Sochay no es un apellido de fonética alemana, sino francesa, así que para empezar decidí buscar en alguna página importante de genealogías, pero como no hablo alemán es obvio que no puedo ir a una página genealógica en ese idioma y referida a Alemania, así que, de momento, tengo que limitarme a los sitios en español, francés, italiano, catalán y portugués. Elegí Geneanet, pues el modo en que se anuncia sugiere resultados prometedores. Vean ustedes cómo se publicita esta página en la red:

Acceso gratuito a un gran sitio web de historia familiar de Europa

Geneanet es uno de los sitios de historia familiar más grandes del mundo, con un enfoque en la investigación y registros de Francia y el resto de Europa. Si sus antepasados provienen de Europa, debería familiarizarse con Geneanet. Debido a un acuerdo reciente con FamilySearch que concede a los miembros de la Iglesia acceso gratuito a los servicios de primera calidad de Geneanet, ahora es más fácil para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acceder a este sitio web.

Acerca de Geneanet

Geneanet tiene gran valor para aquellos de ascendencia francesa, pero las bases de datos alcanzan más allá de Francia, llegando a otros países europeos. La mayoría de los registros y todos los árboles genealógicos están incluidos con la cuenta de primer nivel. Este es un resumen de lo que puede esperar con Geneanet:

Los miembros de Geneanet han compartido información sobre más de 400 millones de personas en sus árboles genealógicos en línea. Elabore su propio árbol genealógico, póngase en contacto con otros miembros, encuentre a sus antepasados y comparta información sobre sus antepasados con los demás.

Los miembros de Geneanet tienen acceso a cientos de miles de libros digitales, postales, fotos de familia, un sitio wiki, un blog y una comunidad de genealogía.

Geneanet está disponible en francés, inglés, alemán, español, italiano, holandés, portugués, noruego, sueco y finlandés.

Según Geneanet, Sochay  es un apellido que solo se encuentra en Francia, y la mayor cantidad de Sochay se ubican en Foissiat y Neyron, aunque también en Bourgoigne, Lescheroux, Jayat…, bueno, no tiene caso enumerarlos todos aquí. El Sochay más antiguo que encontré fue en Fourgeray, nacido nada menos que en 1500 y muerto en 1550.

No aparece registrado el apellido en ningún lugar de Alemania.

También he visto que algunos sitios cubanos de internet  afirman que el apellido se escribía, en realidad, Sausse, pero con esta otra forma resulta que también solo aparece en Francia, en diversas regiones y departamentos, entre ellos el Languedoc. Es un apellido muy antiguo, lo mismo que Sochay. Si se escribiera Souchay no lo buscaría en ninguna parte porque, como decimos en Cuba, se cae de la mata que ese apellido, con ese diptongo OU, es galo y nada más que galo.

Cornelio pudo ser hijo de un francés Sochay y una fraulein alemana, y nació o fue criado en Bremen. Es una posibilidad. Por cierto, en el sitio en francés http://www.ecolehavane.org/sites/default/files/Angerona-un%20esclavage-d%27%C3%A9xception-ANTA-Matteo.pdf, dedicado al cafetal Angerona, se escribe el apellido en su forma netamente francesa: Souchay, y se dice que era un descendiente de hugonotes, los protestantes franceses que bajo la intolerancia y persecuciones religiosas del reinado de la italiana Catalina de Medici y sus hijos, la dinastía Valois,  tuvieron que huir a la luterana Alemania para salvarse de la masacre y asesinatos que la reina y sus partidarios católicos llevaron a cabo contra los protestantes en una infausta madrugada que ha pasado a la historia como La Noche de San Bartolomé. Esto no quiere decir que el padre hugonote de Cornelio emigrara a Alemania en aquellos años, porque la persecución contra los protestantes se extendió más allá de la regencia de Catalina y el reinado de tres de sus hijos, para continuar cuando se extinguió esta dinastía y heredó el trono francés Enrique IV de Navarra, quien pese a haber sido hugonote él mismo y firmado el Edicto de Nantes en 1598 autorizando la libertad de culto, lo revocó en 1685 y se convirtió al catolicismo enarbolando aquella célebre frase que ha llegado a nuestros días como el monumento por excelencia a la doble moral: “París bien vale una misa.”

Supongamos que Cornelio no nació en Bremen, sino que se embarcó allí para venir a Cuba, o solo que el viaje que lo trajo a nuestra isla comenzó con un embarque en Bremen, ciudad alemana a la que el río Weser cruza de sudeste a noroeste antes de desembocar 70 km más al occidente en el mar del Norte. Bremen se encuentra en el sitio donde el río se ensancha antes de desembocar, haciéndose navegable, lo que ha dado origen a su importante puerto. Este accidente geográfico permitió que Bremen formara parte de la Liga Hanseática, federación comercial y defensiva de ciudades del norte de Alemania fundada en 1358, e integrada por comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico, los Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia, así como regiones que ahora se encuentran en las repúblicas bálticas. Francia nunca fue miembro.

Hay también un lugar llamado Bremen, pero no en Alemania. Es la punta sur del municipio de Morroa, en el departamento de Sucre. Colombia. Tiene una gran riqueza en aguas subterráneas, pero no es un puerto,  y  su economía se distingue por la tejeduría de hamacas con fibra de magüey y la producción de chicha, una bebida derivada de la fermentación del maíz. No parece que  nuestra variedad de Cornelius Angeroniensis haya venido de esa Bremen, aunque Colombia fuera ya en su época un país con cafetales. Pero me sigue sonando raro que un alemán viniera de Bremen a Cuba a crear un cafetal. Si Sochay fuera francés y tuviera alguna relación con los cafetaleros de Haití, entonces sí tendría lógica el rompecabezas. Sobre todo porque entre tantas mujeres que había en Cuba ¿tuvo que juntarse con una haitiana emigrada?

Para el mundo, el rostro de la haitiana Úrsula Lambert será ya siempre el de la actriz Lía Chapman

Un dato curioso: encontré tres  Sochay  en los Estados Unidos. Dos de ellos en Salt-Lake-City, estado de Utha. El tercero se llamaba ¡Cornelius Sochay!, y aquí les dejo su obituario, que fue como me enteré de la existencia de este nombre-clon de nuestro Cornelius Angeronienseis

Obituary of Cornelius Sochay

Cornelius (Conn) Peter Sochay, Lansing, walked on to be with the Lord surrounded by family on May 7, 2011, at the age of 77. He was born on July 19, 1933, in Nahma, MI to Elizabeth and Stanley Sochay. He was preceded in death by his parents and his bride of 40 years, Jacqueline. Conn was a born again Christian who served as an usher at both Mount Hope Church and New Covenant Christian Church for many years. He was a tribal elder of the Little Traverse Bay Bands of Odawa Indians. As a member of Northern Michigan University Class of 1956, he was part of the first group of scholarship student athletes in NMU history, known as the “Barracks Boys.” He continued his love for athletics as a respected coach for many years. Conn is a veteran of the U.S. Army. He is survived by his 8 children; Scott (Michele), Steven (Faith), Chris, Lee (Kelly), Suzanne (Ron) Peters, Michael (Christy), Toni (Dave) Berry, Stan (Julie); 14 grandchildren; and special friend, Louise Pfeifer. Visitation will be from 2-4 and 6-8 Monday, May 9, 2011, at Tiffany Funeral Home, 3232 W. Saginaw, Lansing. Funeral services will be at 11:00 A.M. Tuesday, at Mount Hope Church, 202 S. Creyts, Lansing. Friends may sign the online guestbook at http://www.tiffanyfuneralhome.com. In lieu of flowers, donations may be made to New Covenant Christian School or the American Red Cross in his memory.

No traduzco el párrafo porque mi inglés no es bueno, pero en una entrevista a este señor que encontré en internet me quedó claro que su padre era francés y su madre una nativa norteamericana de la tribu chipewa. Cuando se trata de Angerona aparecen los franceses por todas partes.

Pero si realmente nuestro Cornelio Sochay era un alemán, ¿por qué no aparece el apellido en Alemania, teniendo en cuenta que en la época del Sacro Imperio de Carlomagno Francia y Alemania formaban un solo reino que, si no recuerdo mal, luego se dividió entre las tribus de los francos ripuarios y los francos salios, dando lugar a las dos naciones que hoy conocemos? ¿Qué fue de los herederos de Cornelio que vinieron a Cuba y le quitaron Angerona a Úrsula? ¿Y por qué una hacienda cafetalera tan próspera como Angerona se convirtió en un lugar sin dueño que desembocó en ese misterioso y bello conjunto de ruinas que hoy conocemos? Un detalle entre romántico y macabro: Cornelius está enterrado en el cementerio del cafetal. OJO: Buen lugar para hechizos.

Y ¡por fin!, en este otro sitio, http://www.ecolehavane.org/sites/default/files/Cornelio-Schay-et-Ursula%20Lambert-VERWACHT-Paulo.pdf, también en francés, aparecen datos esclarecedores sobre el verdadero origen de Cornelio. Voy a intentar una traducción cuya falibilidad ofrezco de antemano a los críticos de siempre, suplicando antes perdón de rodillas a los lectores  (nunca a los críticos) por mi osadía:

Cornelio Souchay nació en 1784 en Hanau, Alemania, descendiente de hugonotes franceses que habían huido de Francia a Alemania tras la revocación del Edicto de Nantes. El joven se instaló en La Habana en 1807 ⌈tenía 23 años⌋. Disgustado con  la ciudad y rechazado por la sociedad cubana católica de la villa, compró un cafetal en la provincia de Artemisa por el precio de 14 000 pesos, y se instaló en él en 1813. En 1815 [con 31 años] regresó a La Habana por asuntos comerciales y allí conoció a la mestiza franco-haitiana Úrsula Lambert, [de 24 años] quien había llegado a esta capital en 1804 [¡con solo 13 años de edad!] y trabajaba en la boutique de una amiga. Ella nació en Haití en 1791. Ciertos aspectos de su vida son todavía un misterio, como su educación. Cornelio propuso a Úrsula que se instalara con él en su cafetal en 1822, solo dos años después de terminados los trabajos de renovación del sitio.

Fue Úrsula quien bautizó el cafetal con el nombre de la diosa romana del silencio y la fertilidad, Angerona. Cornelio y ella mejoraron considerablemente la vida de sus esclavos. Cornelio murió en 1837, [a los 53 años de edad], y ella en 1862 [a los 71 años]. Es muy probable que una historia sentimental haya nacido entre Cornelio y Úrsula y durara hasta la muerte de él. Angerona debía guardar todos sus secretos.

Su amor nunca ha sido probado, lo que demuestra que la presencia de la diosa del silencio era un mensaje claro para los visitantes. *(Los corchetes son míos)

En el Catálogo colectivo de la red de bibliotecas de los archivos estatales, ubicado en el sitio http://www.mcu.es/ccbae/es/consulta/registro.cmd?control=BAB20060018805,  en el Boletín del Archivo Nacional de Cuba consta una Colección de Documentos Para la Historia del Cafetal Angerona, que contiene las tres siguientes colecciones —debidas a las investigaciones del fallecido y prestigioso profesor e investigador Jorge Du Bouchet López y su hijo Albert, realizadas en 1986: 1- la Historia del Cafetal Angerona: Testamento, Codicilo, Muerte y Entierro de Don Cornelio Souchay; 2- La Otra Cara de Don Cornelio Souchay,  y 3- La Fortuna de Don Cornelio Souchay.

Estos serán para siempre los rostros de Cornelio y Úrsula. los amantes de Angerona: Lía Chapman y Jorge Perugorría

Y esta una escena inolvidable

Me es imposible, por ahora, investigar en los archivos con mayor profundidad, así pues quedo en deuda con mis lectores y dejo el tema abierto, y si alguien posee más información le ruego, por favor, que la comparta conmigo, porque soy Acuario con Géminis ascendente y la curiosidad histórica y periodística me puede, me come y me da hurticaria. Confieso que los misterios de Angerona me roban el sueño.

CÓMO ERA EL CAFETAL ANGERONA

Del blog Cuba en la memoria reblogueo este post escrito por Derubin Jacome, porque contiene una información general valiosísima para quienes se interesen en esa joya invaluable de la historia económica de Cuba que fue el cafetal Angerona:

CAFETAL ANGERONA – ARTEMISA
Publicado por D. Jácome (Director de arte del filme
Roble de olor)

La historia de Artemisa está tan vinculada a la del café, que no se puede concebir el desarrollo de esta región sin afirmar que el café fue quien creó al pueblo de Artemisa y lo enriqueció. Pero no les comentaré sobre Artemisa, sino a la existencia en esta región de un romance muy peculiar que lo ha hecho trascender en el tiempo.

Cuando el alemán Cornelio Sochay zarpó de Bremen en 1807, no imaginó que una mujer negra y con aroma de perfumes franceses, sería quien le motivara a asentarse en nuestra isla y, que junto a ella, protagonizarían una hermosa historia de amor, casi impensable si tenemos en cuenta la estricta moralidad y, sobre todo, el racismo existentes en esa etapa de la Cuba colonial. La haitiana Úrsula Lambert era una rica y elegante mujer que se había exilado a nuestra Isla, como muchos otros, huyendo de la guerra producida por la revolución en Haití.

No hay referentes sobre los inicios de este romance, que imaginamos intenso y apasionado, pero sí de que seis años después, ya como pareja, en 1813 el alemán comprará, por 14 000 pesos, una finca en las afueras del poblado de San Marcos de Artemisa, la que poco tiempo después convertirán en la más importante plantación del Occidente cubano y la segunda de toda la Isla.

No es difícil imaginar la importancia que tendría Úrsula en la toma de esa decisión, ya que no olvidemos que fueron los emigrados franceses de Haití, los que aportaron a nuestro país la experiencia y conocimientos sobre el cultivo del café, producto primordial en la economía haitiana, que producía más de la mitad de todo el café que se consumía en el mundo. Los inevitables cambios producidos por la revolución en Haití, afectaron su producción, lo que favorecía a Cuba. Y eso lo sabía Úrsula.

Úrsula, consciente de lo inusual de su relación y que solo la discreción haría posible llevar adelante sus planes, la nombra “Angerona”, divinidad protectora de la ciudad de Roma, quien posando su dedo sobre la boca exigía a los hombres no divulgar su nombre secreto. La escultura, esculpida en mármol de Carrara, estaba a la entrada de la finca y aún puede admirarse en el Museo Municipal de Artemisa.

En 1822, una vez terminada las obras en la finca, se trasladan definitivamente a Angerona, donde compartirían intereses económicos, financieros y organizativos de este maravilloso imperio cafetalero.

Úrsula se ocupaba fundamentalmente de la economía de la hacienda, aunque además enseñaría labores de costura y del trabajo doméstico a las esclavas. Fue su iniciativa construir la enfermería y una casa para cuidado de los hijos de las esclavas, donde se les daba atenciones especiales para que crecieran sanos y fuertes.

También instalará una Tienda propia donde vende a los esclavos objetos de guano, barro y telas. Al comienzo de cada año a los esclavos se les entregaba la ropa, hecha a medida, que se almacenaba en un local convertido en ropero, debidamente numeradas e identificadas con el nombre de un esclavo y su pareja.

Más de 25 instalaciones u objetos de obra conformaban el conjunto arquitectónico de la plantación: la casa principal de vivienda y frente a ella otra de mampostería y tejas planas donde se suponía dormía Úrsula “para evitar los comentarios”. La casa principal era una construcción de estilo neoclásico, con una típica fachada de arcos y columnas, con grandes vanos de puertas y ventanas con barandas y rejas que expresan la tradición hispánica.

Contaba además la finca, entre otras, con instalaciones hidráulicas que suministraban por gravedad el agua, con un local con molinos de pilar café y ladrillos, otro de moler maíz, una fábrica de mampostería, una caballeriza, una casa para el mayoral y operarios, una nave para animales, una herrería, un horno para cocer tejas, 18 bóvedas chicas para el uso de las lavanderas, mas las construcciones del poblado de esclavos, que incluían las ya citadas tienda, enfermería, casa para el cuidado de los niños, etc.

El poblado de los esclavos consistía en una plaza central alrededor de la cual se encontraban 27 chozas, de 17 metros cuadrados, donde convivían dos familias, con un lugar común para aseo y sanitarios. En el poblado convivían alrededor de unos 450 esclavos, cifra inusual para una sola plantación El conjunto estaba rodeado por muros de piedra con una sola puerta de hierro como único acceso. Para el control de la dotación se construyó un torreón de vigilancia, que disponía de una campana para anunciar la llamada al trabajo. En verano, por el día, les daban tres horas de descanso y en invierno hora y media.

El sistema de organización laboral que imperaba era muy difirente al utilizado en el resto de la isla. Sin dudas Cornelio se basó en las experiencias de otros hacendados, pero sobre todo, en el célebre manual para caficultores “La plantación cafetalera en Santo Domingo” escrito por un colono francés, Pierre Joseph Laborie, publicado originalmente en inglés, en 1790 y difundido en Cuba hacia 1809. El cafetal de Angerona y sus instalaciones, fueron los mejores de la Isla en su época de esplendor.

En 1828, visita Angerona el reverendo norteamericano Abiel Abbot quien, quien como resultado de su experiencia y según sus cálculos por los almacenes que le fueron mostrados, deja una documentada información que nos permite conocer algunas otras características de la finca, como la existencia de 750 mil matas de cafetos y 450 esclavos, que les permitía una producción de 20,000 barriles. En sus casi 40 caballerías tenía además 45 000 hoyos de plátanos, 200 árboles frutales, 1 000 palmas paridoras, árboles de madera preciosa y otros sembrados menores, entre ellos un pequeño cañaveral.

Cornelio Souchay murió en La Habana en 1837 y según la certificación de defunción asentada en los libros de la Iglesia de Cayajabos, fue enterrado en el cementerio de que disponía el propio cafetal. Úrsula continuó administrando y laborando en la finca, hasta que finalmente la abandona, a la llegada de los familiares de Souchay, casi nueve años después de la muerte de su amado. Se asegura que no aceptó nada como herencia y se estableció definitivamente en La Habana, en el barrio de La Merced, donde muere en 1860. Nunca se casó, ni tuvo descendencia.

Un sobrino de Cornelio, Andrés Souchay, quien junto a su esposa Bertha Hesse, se instalan en Angerona, aunque nunca logra mantener el auge de la plantación, ya que la caña de azúcar comenzaba a desplazar el cultivo del café. Al morir Andrés, su esposa continúa ocupándose de la finca junto a uno de sus hijos. En 1888 la propiedad había sido dividida en cuatro fincas.

En su época de esplendor, Angerona recibió la visita de destacadas personalidades y sirvió de fuente de inspiración para muchos artistas. Entre ellos, Cirilo Villaverde, quien la visitara en 1839 acompañado por el pintor paisajista Alejandro Moreau. Villaverde incluso le dedica varios capítulos a Angerona, en su libro “Excursión a Vuelta Abajo”. También es visitada por José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Ramón Zambrana y su esposa Luisa Pérez de Zambrana, el citado Abiel Abbot, el fotógrafo alemán Cohner, el escritor inglés Charles Augustus Murray, el madrileño José Jacinto Salas y Quiroga y la Condesa de Merlín, quienes no dudaron en dejar plasmados en sus escritos las impresiones causadas por este maravilloso lugar.

Del antiguo cafetal se conservan las ruinas de parte de la casa vivienda, el sistema de aljibes para el almacenamiento de agua, los muros de confinamiento de los esclavos y la torre vigía. Por su importancia, el conjunto fue declarado Patrimonio Nacional por sus valores históricos, culturales y arquitectónicos.

Independiente que las condiciones de vida para los esclavos de este cafetal fueran mejores que en otras plantaciones, por documentos también se conoce la existencia de algunos esclavos que no dudaron en romper con la esclavitud, como los africanos Bako, Bartolo, James y Zacarías, los que aparecen calificados como cimarrones y apreciados por la mitad de su valor.

Estos esclavos prefirieron vivir, aunque fuera en circunstancias más difíciles, en las cercanas montañas de la Sierra del Rosario y abandonar el “paraíso” creado por Úrsula y Souchay, donde estaban rodeados de murallas y controlados desde una torre. Y no hay duda que sus hijos serían criados con mucho cuidado y esmero… crecerían saludables y fuertes…ideales como futura mano de obra de sus mismos dueños.

Y ahora… ¡lo último de lo último! en este post tomado del sitio http://www.granma.cu/ciencia/2018-07-20/viaje-al-pasado-de-angerona-20-07-2018-23-07-28:

VIAJE AL PASADO DE ANGERONA (una aventura arqueológica en el mundo de los muertos)

Autor: Orfilio Peláez | orfilio@granma.cu

20 de julio de 2018 23:07:28

Las ruinas del otrora cafetal Angerona acaban de ser escenario de una segunda campaña de estudios arqueológicos, encaminados a desentrañar muchas de las incógnitas en torno al devenir del emblemático sitio, localizado en la actual provincia de Artemisa y declarado Monumento Nacional en 1981

Miembros de la expedición cubano canadiense en plena faena de excavaciones arqueológicas en las ruinas del cafetal Angerona. (Foto: Cortesía Gabinete Arqueología)

Las ruinas del otrora cafetal Angerona acaban de ser escenario de una segunda campaña de estudios arqueológicos, encaminados a desentrañar muchas de las incógnitas en torno al devenir del emblemático sitio, localizado en la actual provincia de Artemisa y declarado Monumento Nacional en 1981.

Como expresa a Granma, Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, la expedición forma parte de un proyecto de investigación conjunta entre esa dependencia y la Universidad de Saint Mary, en Halifax, Canadá, previsto hasta el 2021.

Más allá de la leyenda referida a la presunta intensa relación de amor que vivieron en el lugar el alemán Cornelio Souchay y una bella mujer negra llamada Úrsula Lambert, y de sus notables valores arquitectónicos, Angerona tiene el atractivo adicional de ser una plaza idónea a la hora de hurgar en los vínculos entre amos y esclavos, formas de vida, ritos religiosos, enterramientos, tipo de dieta, costumbres funerarias y otros aspectos que permiten reconstruir la cotidianidad de una etapa de nuestro pasado colonial.

Para el arqueólogo Aaron Taylor, al frente del proyecto por la parte canadiense, trabajar allí le ha dado la oportunidad de acercarse al conocimiento del significado cultural que tuvo la presencia de esclavos africanos en América, indagar en las conexiones que hubo por entonces entre la provincia de Nueva Escocia y Cuba.

EVIDENCIAS…

Desarrollada entre el 13 y el 25 de junio, las acciones de la segunda expedición científica (la primera tuvo lugar en igual mes del 2017) a los restos del que fue considerado el segundo cafetal más importante de Cuba en el primer tercio del siglo XIX, contemplaron una rigurosa verificación arqueológica de la documentación histórica recopilada sobre el mítico lugar, teniendo en cuenta las
numerosas transformaciones espaciales y de uso que debe haber recibido durante el periodo de auge y declive la hacienda cafetalera, y su posterior transformación en ingenio azucarero en la década de 1840.

Según precisaron Roger Arrazcaeta y Aaron Taylor, mediante la aplicación de avanzadas tecnologías, que incluyeron un equipo de inducción magnética capaz de escanear por debajo de la superficie del suelo, y otros instrumentos de exploración geofísica, se logró identificar la presunta existencia de cimientos enterrados.

Estos pudieran corresponderse con los de la casa señorial original, la cual, y de acuerdo a lo mostrado en un inventario del cafetal del 5 de septiembre de 1837, era un edificio multifuncional de mampostería de 88,75 metros de longitud, donde vivió en realidad el alemán Cornelio Souchay, pues la información disponible sugiere que no lo hizo en la vivienda de estructura neoclásica presente allí, como se pensaba hasta hace un tiempo.

Igualmente, los estudios sobre la arquitectura y sistemas de construcción utilizados en el cafetal permitieron determinar que al parecer la mayoría de los materiales empleados fueron de procedencia local.

Tal es el caso de los mampuestos elaborados en roca caliza de la formación Güines, el mortero de cal preparado con arena de río y minúsculos fragmentos de ladrillo y teja para hacerlo más impermeable.

Llama la atención el uso de una apreciable cantidad de teja maní para techar los inmuebles, posiblemente fabricadas en el tejar de la plantación.

Apuntes de viajeros que conocieron el cafetal en su momento de esplendor y el citado inventario de 1837, dan cuenta de la existencia de la mencionada instalación en la propiedad.

Arrazcaeta indicó que las excavaciones hechas en el barracón de esclavos propiciaron descubrir restos de especies comestibles como cerdo, res y carnero, fragmentos de pipas o cachimbas de fumar tabaco elaboradas en piedra y cerámica, tiestos de platos de losa inglesa y pedazos de cazuela de cerámica burda.

Con altos muros de mampostería, el barracón llegó a albergar 428 esclavos en los tiempos en que Cornelio Souchay radicó en Angerona entre 1813 y 1837. Luego de convertirse en ingenio azucarero, la dotación aumentó hasta 450 esclavos.
Resalta, asimismo, entre los hallazgos una moneda norteamericana de 1864 con un orificio para ser colgada en el cuello como amuleto, práctica muy común entre los esclavos.

Pese a su condición de Monumento Nacional y ser un símbolo de la provincia de Artemisa, el sitio que ocupa en su totalidad un área aproximada de dos kilómetros cuadrados, se encuentra sin la adecuada protección y en un deplorable estado de abandono urgente de revertir, empezando por el peligro de derrumbe que muestran las estructuras constructivas aún en pie. Salvar los tesoros patrimoniales de Angerona bien lo amerita.

¡MUY INTERESANTE!

Y para terminar, unos datos muy interesantes sobre el filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, protagonizado por el actor cubano Jorge Perugorría y la actriz haitiana Lía Chapman, tomados del sitio http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:dRnMo65rnxUJ:www.laprensa-sandiego.org/archieve/:

“Roble de Olor’ fue filmada en las Terrazas de Pinar del Rio, en el Jardin Botánico de La Habana, en cuevas cerca de San Antonio de los Baños, con algunas escenas en La Habana Vieja y en el complejo Morro-La Cabaña, entre otros. […] el material fílmico ha tenido que ser llevado a Francia para editarse en los modernos equipos (Dolby Sound) de la capital francesa así como parte de la producción fílmica ha sido pagada por Via Digital de España, el Programa Ibermedia y Fonsur que avanzan inversiones a países en desarrollo cinematográfico de América Latina y del Tercer Mundo.

La escena del concierto en la cueva

Nunca estuve segura de que se tratara de un hecho real, pues la escena está concebida como una fantasmagoría onírica, yo creía que era una licencia poética de Rigoberto López, pero resulta que aunque nunca llegó a materializarse, la idea existía en el pensamiento de Cornelio, como atestiguan unas notas tomadas por el Reverendo Abbot durante su viaje a Angeronay que reproduzco a continuación:

El señor Souchay tiene preparada su última morada, o tumba, en la entrada norte de su hacienda, y me dijo que dentro de poco será construido el ataúd, de madera incorruptible. Tiene pensado contratar un músico para que se ocupe de seleccionar y enseñar una banda de cuarenta de sus negros para que lo distraigan en el ocaso de su vida y le acompañen hasta su sepultura con fúnebres melodías. (Tomado de La Jiribilla)

¿Tenía Cornelius Souchay un carácter melancólico, depresivo, con obsesiones sobre la muerte?  Su idea de la construcción de una tumba y de una orquesta funeraria delatan signos de una neurosis atendible. Es una verdadera lástima que lo escrito por Abiel Abbot sobre Cuba, así como por otros interesantísimos viajeros, entre ellos Samuel Hazard, no esté en las librerías al alcance del público cubano.

¿Y qué fue de la estatua…?

Algunos lectores de mi blog me han preguntado por la estatua de la diosa Angerona, pues se han dado cuenta de que no aparece en las fotos actuales. La respuesta es que la estatua fue sustraída de su pedestal en 2001, nadie sabe por quién. Tiempo después apareció sepultada bajo tierra en el pueblo de San Antonio de los Baños, dañado sin remedio el valioso mármol de Carrara en que fue esculpida. Hoy se puede admirar lo que queda de ella en el museo de Artemisa.

…………………………………..

Rastreando en internet he encontrado este interesante documento que comparto de buena gana y del que respeto la ortografía original:

RESOLUCIÓN No. 41

ANTIGUO CAFETAL ANGERONA

POR CUANTO: El conjunto de edificaciones del antiguo cafetal Angerona, en el municipio Artemisa, provincia de La Habana, conserva actualmente restos identificables de la casa de vivienda, el barracón de esclavos, los almacenes y secaderos.

POR CUANTO: Este cafetal posee un destacado valor arquitectónico, histórico y ambiental que motivó la inspiración de destacados escritores de nuestro país como Cirilo Villaverde y Alejo Carpentier.

POR CUANTO: La Comisión Nacional de Monumentos en sesión del día 10 de abril de 1981 analizó y valoró los aspectos anteriores a propuesta de la Comisión Provincial de Monumentos de La Habana.

POR TANTO:

En uso de las facultades que le estánconferidas por el inciso 3 del artículo 4 de la Ley No. 2 de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ley de los Monumentos Nacionales y Locales de fecha 4 de agosto de 1977, la Comisión Nacional de Monumentos

RESUELVE

PRIMERO:

Declarar Monumento Nacional los restos del Antiguo Cafetal Angerona, ubicado en el kilómetro cinco y medio de la carretera de Cayajabos en el municipio de Artemisa, provincia de La Habana.

SEGUNDO:

Orientar a la Comisión Provincial de Monumentos de La Habana para que, de acuerdo con los lineamientos de la Comisión Nacional de Monumentos, se realicen los estudios, delimitaciones e investigaciones pertinentes con el fin de que el antiguo cafetal Angerona sea inscripto en el Registro de Monumentos Nacionales y Locales para su debida protección.

TERCERO:

Notificar la presente Resolución al Ministro, Viceministros y Directores de Cultura, al Presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, a la Comisión Provincial de Monumentos y Directores Sectoriales de Cultura del Poder Popular de la provincia de La Habana y a cuantos más organismos deban conocer de la misma.

Dada en la Ciudad de La Habana, a los 31 días del mes de diciembre de mil novecientos ochenta y uno, AÑO DEL XX ANIVERSARIO DE GIRÓN.

Antonio Núñez Jiménez

Marta Arjona Pérez

Presidente

Secretaria Ejecutiva

Comisión Nacional de Monumentos

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EL CAFETAL ANGERONA: ¿AMORES PROHIBIDOS, MIEDO A LA MUERTE O UN CULTO A LA FERTILIDAD?

Collage de vistas del cafetal Angerona

El cafetal Angerona es uno de los iconos de la historia cubana decimonónica, no solo por su hermosa leyenda de amor entre el alemán Cornelius Sochay y la mestiza haitiana Úrsula Lambert. Más allá de la mística romántica posee una gran significación arqueológica y antropológica, pues fue una de las primeras haciendas cafetaleras del occidente cubano y también, en su momento, la más próspera del Caribe.

No creo necesario repetir aquí esa historia que es bien conocida, aunque algunos aspectos del filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, quien la inmortalizó, la hallan desvirtuado un poco. Hay muchos sitios en internet para leer sobre los amores de Angerona. Yo quiero analizar un tema que, hasta donde tengo conocimiento, nadie ha tocado aún: quién es, en realidad, la diosa elegida para adornar con su estatua la entrada del célebre cafetal artemiseño.

Los posts cubanos que he consultado dicen que se trataba de una diosa romana que custodiaba la capital del mayor imperio conocido por el mundo antiguo: Roma. Pero no es verdad. Angerona es una diosa diez siglos más antigua que la fundación de Roma, puesto que se trata de una divinidad etrusca. El panteón de los dioses etruscos es muy complejo, y se le conoce mejor tras el surgimiento de Roma bajo la dinastía etrusca de los reyes Tarquinos, y, aún mejor en  los albores de la República, por lo que sus dioses están transculturados con los dioses traídos por los romanos y otros venidos de Grecia. El panteón etrusco hoy manejado por los etruscólogos y otros especialistas de la historia y la antropología es tardío y está compuesto por doce divinidades, entre las cuales no se encuentra Angerona, lo que indica que es una deidad anterior y más primitiva. Se conserva una representación de esta deidad en el templo de Volupia o Volupta, de filiación etrusca como su nombre indica, que se encontraba cerca de la Porta Romanula, junto al célebre Foro Romano, zona central de la ciudad donde se localizaban las instituciones públicas, el mercado y los más importantes templos religiosos, y donde transcurría la vida política y social de la urbe. Aunque el templo no estaba dedicado a Angerona, albergaba una imagen suya en la que la deidad aparece representada con su boca vendada y sellada, en un claro mensaje que compelía al silencio y, tal vez, a la guarda y protección de secretos. También se ha interpretado esta apariencia como una supresión simbólica de los gritos de angustia, porque tales gritos siempre eran presagios de mala suerte.

Esto se comprende mejor cuando se sabe que Angerona era, como aceptan los estudiosos modernos, la diosa del miedo y la angustia, una deidad que no solo producía esos estados de ánimo, sino también los conjuraba, aliviando la inquietud e incertidumbre de los hombres. Lo curioso es que Volupia, la dueña del templo, era una diosa del placer y la satisfacción obtenidos a través de los sentidos. Entiéndase bien que no solo me refiero a los placeres del sexo, sino también a los de la comida, los perfumes, las danzas eróticas, la música placentera y la sensualidad en todas sus manifestaciones sensoriales. ¿Por qué tenía Volupia como inquilina a alguien como Angerona? Es casi imposible pensar con la cabeza de un etrusco-romano de aquella época, pero algunas hipótesis de estudiosos sugieren la posibilidad de que la presencia de Angerona en la casa de Volupia quería decir que la satisfacción de los sentidos acalla cualquier sentimiento negativo asociado con el miedo, la angustia y el dolor. Personalmente creo que esta suposición no es muy atendible, ya que en los templos tanto griegos como romanos y aún los católicos suelen estar presentes todas las divinidades del panteón o varias de ellas con funciones diferentes. Pongo un ejemplo para que se comprenda mejor: en una iglesia católica podemos encontrar imágenes de Dios, Jesucristo y su Madre la Virgen junto con las de santos muy humanos como Francisco de Asís, y los ángeles, y de su interrelación no se desprende ningún mensaje específico. Para mí, que Volupia y Angerona compartieran el mismo templo no necesariamente debe verse como un significado especial. Resulta interesante acotar que portugués el término volupia puede ser traducido como placer, voluptuosidad, etc.

Hay otra interpretación, según la cual Angerona era la deidad que protegía el nombre secreto de Roma. Los romanos, como tantos pueblos antiguos, creían en el poder de las palabras y de los nombres, y les atribuían gran fuerza mágica, pero en el caso de los nombres propios, también gran vulnerabilidad, y si el nombre secreto de la ciudad fuera descubierto por algún enemigo y utilizado en conjuros mágicos, las defensas de la urbe y su poder se debilitarían y caería bajo el ataque de los invasores. Según esta idea, Volupia y Angerona advertirían a los mortales sobre la conveniencia de divertirse sin abandonar el estado de alerta y, sobre todo, sin permitir que los placeres anularan la conciencia ciudadana del deber de proteger el nombre secreto de Roma.

Angerona era una diosa lo suficientemente importante como para tener su propia festividad anual, la Angeronalia, fechada el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, en cuya celebración se le ofrendaban sacrificios en el templo de Volupia. Algunos eruditos modernos creen que ella es la diosa del solsticio de invierno, que ayuda al sol a pasar por este período oscuro y difícil. En esta interpretación, su silencio indica la concentración o la meditación, y su voz interior evoca un poderoso hechizo para ayudar al sol a recuperar su fuerza.

Pero no he hecho todas estas reflexiones sobre la diosa Angerona, sus orígenes y posibles funciones solo por amor a la mitología, sino, y esta es mi principal inquietud, porque me pregunto qué habrá motivado a Úrsula y Cornelius a erigirle una estatua como divinidad tutelar de su cafetal. Pero no tiene sentido dar vueltas a esta interrogante sin hablar antes un poco de la personalidad de Úrsula Lambert. Hay un libro titulado Úrsula, la singular haitiana del cafetal Angerona, de Berta Martínez Páez (Editorial Boloña 2015),

donde el lector puede encontrar mucha información, pero yo discrepo de su autora en ciertos aspectos. El primero es la afirmación de Páez de que Úrsula fue hija liberta de padres esclavos. Yo pienso que esta mujer nació en una hacienda de Haití, hija de un francés y una esclava negra o también mestiza. Yo tampoco podría asegurar si el procreador francés fue un  noble o solo un plantador o comerciante enriquecido, pero en cualquier caso Úrsula recibió la educación propia de una dama de abolengo. Ella vino a Cuba huyendo de la Revolución de Haití, lo que deja claro que se encontraba  (o ella creía que podría encontrarse) entre las posibles víctimas de los esclavos rebelados, y no era uno de ellos ni alguien a quien hubieran perdonado la vida, lo que definitivamente la ubica como un miembro de la clase dominante, aunque no fuera más que una bastarda. También se dice que era rica, aunque la construcción del cafetal fue costeada por Cornelius y no por ella. En Roble de olor, cuando los amantes se encuentran por primera vez Úrsula es propietaria de una pequeña tienda de tejidos.  Lo que sí es cierto es que cuando se conocieron ella se mantenía con su trabajo. Si poseyó riquezas, probablemente no pudo sacarlas de Haití.

Páez también piensa que Úrsula era iletrada y que no fue el amor la causa principal de que Cornelius la llevara a Angerona, y cito textualmente:

 Ursula pudo haberlo impresionado al principio por su belleza, pero no fue la causa principal…El 1ro. de mayo de 1822 decidió llevarla para el cafetal a ocupar responsabilidades en las tareas de control de algunas áreas y adiestramiento de esclavas: por todo esto y otras ocupaciones cobraba un salario… Más que por pasión e intimidad hubo afecto sincero, admiración, respeto, incondicionalidad, a lo que se sumaron los  negocios, y quizás algo más sagrado entre ambos. Tal vez algún día podremos saber todo eso […] Ursula se ocupaba de adiestrar a jóvenes esclavas como sirvientas, cocineras, lavanderas, costureras, se ocupaba de los niños de las esclavas (el área para los criollitos), se ocupaba de la enfermería, etc. y aunque no sabía leer ni escribir, llegó a tener su propia tienda dentro del cafetal. Allí se abastecían muchos de los esclavos de Angerona.

Cuando Cornelius Sochay se instaló con Úrsula en Angerona ambos llevaban seis años de unión sentimental, luego ella fue anterior a la existencia del cafetal y no apareció allí como una trabajadora más, en calidad de administradora o ama de llaves. Para desempeñar las múltiples funciones que le atribuye Páez era preciso que Úrsula tuviera dominio de la dinámica de una hacienda cafetalera o de una plantación, pues por ciencia infusa no se maneja una dotación que en su momento de mayor esplendor llegó a contar 450 esclavos. Además, a la muerte de Cornelius, ocurrida en La Habana, Úrsula continuó como única propietaria y administradora de Angerona durante largos años, hasta que la familia de Sochay se apareció en Artemisa para reclamarle la propiedad. Me cuesta creer que esta mujer extraordinaria hubiera podido, en un medio adverso como era la sociedad esclavista cubana, arreglárselas ella sola al frente, durante casi una década, de la hacienda cafetalera más rica y suntuosa de Las Antillas. Me cuesta creer que fuera iletrada. Y si me fuera a guiar por la ropa que dejó en la hacienda tras su partida y por la herencia que legó a su mejor amiga, diría que fue una dama de suma elegancia y buen gusto, lo que se aviene más con mi hipótesis de que recibió una educación superior, que en su época implicaba no solo no ser iletrado, sino el conocimiento de más de una lengua. Úrsula debió hablar al menos francés y español, y tal vez llegó a tener rudimentos de alemán.

Si el reverendo Abiel Abbot, quien visitó Angerona y escribió sobre la hacienda, no menciona a Úrsula a pesar de que ella desempeñaba allí un rol tan protagónico, como bien señala Páez, a mí no me sorprende demasiado. He leído algunas crónicas de viajeros ingleses y norteamericanos y aún de la sueca Fredrika Bremer, y siempre me ha llamado la atención la cantidad de matices que escaparon a sus miradas, o ciertas apreciaciones que hicieron basadas en interpretaciones erróneas de lo que vieron durante sus estancias.

En cuanto a que el gran escritor cubano Cirilo Villaverde, creador de la novela inmortal Cecilia Valdés, escribiera en su no menos célebre Excursión a Vueltabajo que Angerona era un templo griego, se debió, desde luego, a la suntuosidad de la hacienda y su decoración interior, capaz de deslumbrar a un afrancesado patricio cubano como él lo fue, pero también a cierta orientación de sus referencias culturales personales, que lo llevaron a tomar a Angerona por una escultura de estilo griego. El estilo lo es o, para ser más exacta,  del período helenístico, pero la diosa no, como ya expliqué. Los alemanes han sido siempre por tradición fanáticos de la cultura griega y helenistas febriles, pero parece que fue Úrsula y no Cornelius quien eligió el nombre del cafetal. Entonces: ¿Por qué Angerona? ¿Se ocultaba allí algún secreto?

Creo que una pareja interracial y no casada de un europeo con una mujer negra no era algo especialmente escandalizante en el mundo de la plantación decimonónica, pues los plantadores franceses que vinieron de Haití mantenían concubinato con sus esclavas, lo mismo que los españoles, los holandeses y los ingleses, pero… en el barracón. Lo novedoso y osado de la relación entre Úrsula y Cornelius es que él compartía su vida con ella y le dio rango de señora y dueña, aunque tal vez nunca intentaran, como en el filme de López, imponer a la sociedad de su tiempo el reconocimiento y aceptación oficial de sus amores. ¿Existió en la realidad el banquete ofrecido en el filme por Sochay a personajes importantes de La Habana y Artemisa, culminado con un concierto de músicos esclavos en el interior de una cueva, o solo se trató de una licencia poética del cineasta? No lo sé, pero de cualquier manera sus amores no eran algo para proclamar como si hubieran sido un matrimonio entre blancos acaudalados refrendado por la moral colonial. ¿Habrá sido ese amor el secreto que se suponía custodiara Angerona, diosa del silencio?

Otra hipótesis: para nadie es un secreto que la Revolución de Haití ha sido una de las más sangrientas de la Historia humana. Los libros más serios escritos en torno a este acontecimiento están plagados de descripciones de asesinatos, mutilaciones, violaciones y torturas de la peor especie, a los que los esclavos sometieron a sus amos y a los esclavos  fieles a estos. La masacre fue indetenible y continuó cuando el general negro Henry Christophe se hizo proclamar emperador; algunos aspectos de aquel episodio los describe el gran escritor cubano Alejo Carpentier en su novela El reino de este mundo; y la sangre siguió corriendo cuando la isla se escindió en dos territorios, Haití y Santo Domingo, esta última una república de mulatos invadida por los haitianos en una guerra en la que los dominicanos perdieron a casi la mitad de su población. Se comprende que quienes huyeron de estas catástrofes llevaran consigo recuerdos de horrores y angustias sin nombre. ¿Era Úrsula una de aquellos prófugos aterrados que, lógicamente, también debió temer la rebelión de los esclavos de Angerona, una de las mayores dotaciones de que se tiene noticia en la historia económica de Cuba? ¿Eligió a aquella diosa para conjurar sus espantos del pasado y los que pudieran estar por venir?

Y aún una tercera hipótesis, a la que me siento tentada de conceder mi mayor apoyo: he encontrado en algún sitio de internet la siguiente descripción de representaciones de Angerona:

En las imágenes hechas en su honor, al igual que en los monumentos y estatuas, es representada con los labios sobre los labios para indicar silencio y sosiego. Además, sobre su cabeza llevaba la “medida de Serapis”, lo cual consistía en un pequeño busto que se utilizaba en la antigüedad romana para medir y pesar los granos, semillas y otros derivados herbáceos. Asimismo, en una de sus manos sostiene la maza de Hércules (Heracles en la mitología griega, héroe a hijo de Zeus), la cual era uno de los atributos más representativos del semidiós para cumplir con sus misiones. Por otro lado, a sus espaldas se pueden divisar unos pétasos, los cuales son una especie de sobreros redondos con borde ancho y llano que los griegos utilizaban para protegerse del sol.

Esta estatua de la diosa se encuentra en el parque del palacio de Schombrunn, Viena, Austria, pero no es igual a la que había en el cafetal cubano. En esta versión no pueden apreciarse los detalles que aparecen en la descripción, porque no es una obra original, sino una reinterpretación de su autor.

No entiendo bien a qué se refiere este párrafo cuando menciona un pequeño busto en la cabeza de Angerona que servía para medir y pesar granos y semillas. Es posible que se trate de una palabra mal traducida, pero las espigas, semillas y hierbas aluden de modo incuestionable a una diosa estacional, es decir, a una deidad de la cosecha, una de las funciones de la Triple Diosa del Paleolítico y el Neolítico en su aspecto de la Madre. Una divinidad de las mieses. ¿Y no era Angerona un lugar de cosecha? ¡Y bien fértil, por cierto! Pienso que cualquiera sea el motivo principal por el que Angerona fue elegida por Úrsula y Cornelio como divinidad tutelar de su hacienda, también estuvo presente la intención de promover la fertilidad de su cafetal y el éxito de su empresa. Pero… había otras diosas en la mitología grecorromana que tipificaban mejor la agricultura, la fertilidad y los frutos de la tierra, como Ceres, por ejemplo, la más emblemática diosa de este tipo de función estacional entre las deidades de Occidente. Y muchísimo más conocida que Angerona. ¿Entonces…? El enigma sigue en pie.

No he escrito este trabajo para imponer mi criterio ni para refutar el de otros mejor informados que yo, pero cuestionar es uno de mis grandes vicios. Es posible que esta indagación en torno a Angerona no interese a mucha gente, pero estoy segura de que será bienvenida por aquellas personas, aunque sean pocas, a las que les gusta reflexionar, un don concedido a la raza humana y poco usado por esta.

 

 

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Breve historia del café y de cómo llegó a cuba

¿Quién inventó el café y cómo llegó a Cuba?

Ahhhh, gran pregunta, me gustaría saber qué cubano bebedor de café no se la ha hecho alguna vez.

Los estudiosos de esta bebida  de fama y consumo internacionales se dividen en dos bandos: unos afirman que es exclusivo de Etiopía, donde se le conocía como kahwe o kahwa. Se considera bebida ritual en las religiones afrocubanas y ofrenda  tradicional en las ceremonias tanto  a los egguns (difuntos) como a los santos  u orishas.

Pero otros estudiosos afirman que el café apareció sobre el planeta en la Península Arábiga, hoy dividida entre los reinos de Arabia Saudita, Omán, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y la República de Yemen. No se conoce la fecha exacta en que comenzó  a cultivarse la planta, y existen varias leyendas en torno a sus orígenes.  Una de las más populares cuenta que un pastor de cabras árabe, llamado Fausto Kaédi, notó que sus

Coffea Arabiga, la variedad de café de mayor calidad reconocida en el mercado mundial

cabras se ponían juguetonas y alegres después de haber comido las ramas y los frutos de la planta, llamados también cerezas. El buen hombre se lo contó al prior de un monasterio cercano, quien probó las frutas y notó que ejercían sobre él igual efecto. Después se las dio a probar a algunos de sus monjes y observó que estos se mantenían despiertos, y aunque la leyenda no lo menciona, supuestamente también un poco eufóricos, como es de suponer. Tanto el nombre del legendario cabrero como la referencia a un monasterio ubicarían la fecha del descubrimiento como posterior a la introducción del cristianismo en Arabia. Generalmente se acepta que ocurrió en el siglo XVI.

Sin embargo, existe otra leyenda, en mi opinión más cercana a la realidad, según la cual el responsable de la existencia de esta delicia que el mundo entero aclama hoy fue el gobernador de Yemen, Ozdemir Pashá, quien lo habría inventado en su palacio yemenita, llevándolo luego a Estambul envasado en unos recipientes, lo cual habría ocurrido en 1555, durante el reinado del sultán Suleimán el Magnífico. No tengo nada en contra de un pastor árabe de religión cristiana y el abad de un monasterio y sus monjes creativos como descubridores del café pero, al parecer, está históricamente comprobado que el café pasó de Yemen a Turquía directamente por el puerto de Mokha, ciudad yemenita costera del mar Rojo, y ya en el siglo XV Yemen era un importante exportador de café —y aquí un dato curioso que nos devuelve a la primera hipótesis del origen del grano— procedente de la región de Kaffa, Abisinia, nombre antiguo de Etiopía. Moca es también el nombre de un tipo de grano de café procedente de esta ciudad y que recuerda al cacao.

El caso es que en la corte turca de Suleimán se creó un método de preparar café diferente del modo árabe: los granos se tostaban sobre el fuego, se molían hasta obtener una textura muy fina y después se mezclaban con agua y se cocinaban lentamente sobre las cenizas de un fuego de carbón. El café pronto se convirtió en una parte vital de la cocina del palacio y fue muy popular en la corte. Se creó el cargo de Fabricante en Jefe del Café o kahvecibaşı, y se sumó a la nómina de los funcionarios judiciales. El deber del Hacedor en Jefe de Café era preparar esa bebida para el sultán, y se le elegía por su lealtad y discreción, pues al ser el café  un acompañante de la vida social era, también, un facilitador de confesiones y revelaciones, así que un kahvecibaşı tenía que ser como los tres monos sabios: ciego, sordo y sobre todo mudo. Los anales de la historia otomana registran un no despreciable número de kahvecibaşı que alcanzaron a ser nombrados para el segundo cargo del imperio: gran Gran Visir del sultán, o lo que es lo mismo, el poder detrás del trono.

El café pronto se extendió desde el palacio imperial hasta las grandes mansiones de los aristócratas, y de ahí a los humildes hogares de la plebe. Los habitantes de Estambul se convirtieron rápidamente en adictos a esa bebida. Compraban los granos de café verde y luego los tostaban en su casa en sartenes, después los molían en morteros y lo colaban en las cafeteras conocidas como cesve.

El pueblo se familiarizó con el café mediante el establecimiento de las casas públicas de venta de café. La primera de ellas, llamada Kiva Han, abrió sus puertas en el barrio de Tahtakale, en Estambul, y pronto surgieron otras por toda la ciudad. Cafeterías y cultura del café se convirtieron en una parte integral de la vida social de la ciudad que es tan bella que se la llama La Ciudad. En ellas, además de beber el café se podían realizar actividades tan espirituales y refinadas como leer libros, jugar ajedrez y discutir de literatura y poesía, exactamente como en nuestros actuales cafés literarios.

Familia fuma y juega juego de mesa en un café turco tradicional

El modo árabe de preparar el café no es muy popular en Occidente. Los árabes hierven los granos de café junto con canela, clavos de olor, semillas de cardamomo y azúcar, y el resultado es una bebida fuertemente especiada y con gran aroma, pero no es aroma puro de café, como se comprenderá. El café turco sí ha traspasado las fronteras del imperio otomano —enorme en su época de mayor esplendor— para darse a conocer en todo el planeta.  Este café se caracteriza por su color negro y por ser, probablemente, el de mayor cuerpo entre todos los preparados de café del mundo. Así lo describe Wikipedia:

El café turco o café a la turca, confirmado por la Unesco como Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad, es un modo de preparar y servir el café propio de los turcos. Se prepara generalmente con el tipo de café llamado café arábigo molido, al punto de tener consistencia de harina. La bebida es muy concentrada y se sirve en tazas pequeñas sin asa, con o sin azúcar. Esta bebida es común en el Oriente Medio y en los países balcánicos. Es una bebida tradicional en restaurantes turcos, armenios y balcánicos en todo el mundo.

Para preparar café turco se necesita un recipiente para hervir, pequeño y estrecho, llamado cezve o ibrik, típica jarra de cobre y latón con un largo mango de madera. También se necesitan una cucharita y un aparato para calentar. Los ingredientes son café molido finamente (la tradición es utilizar un molinillo de latón, para conseguir un polvo semejante al azúcar glasé). Después que se hierve en el cezve, hay que quitarlo del fuego y añadir una cucharadita de café por persona más uno. El café se hierve dos veces seguidas, quitando el cezve del fuego entre una ebullición y otra, y se elimina la espuma que se forma al mezclar bien antes de servir el café. Se añade una cucharada de agua fría para acelerar el depósito de polvo de café en el fondo, se vierte después en la taza sin filtrarlo y se bebe en pequeñas tazas bajas cuando el polvo se ha asentado por completo. Algunas tazas modernas tienen asas, pero las tradicionales no las tienen. Estas últimas se sostienen con la punta de los dedos, o se las coloca en un envase de metal con un asa, llamado zarf en lengua turca.

El café turco, como el árabe, también puede ser aromatizado empleando cardamomo y canela. Para probar el café de este estilo es suficiente con añadirle las especias molidas muy finas. El café turco no solo se puede endulzar con azúcar sino también con miel. Se puede preparar al modo tradicional o en una máquina llamada moka, poniendo en ella aproximadamente 3 ml de agua y 3 onzas de leche (si es café turco con leche), luego añadir de 2 a 3 cucharadas de café turco y agregar azúcar al gusto. Hay que dejar que la mezcla haga espuma antes que hierva, y después se aleja del calor para eliminar la espuma. Se repite la operación para volver a crear espuma, se sirve en las tazas y se espera unos 30 a 45 segundos para que se asiente antes de ser bebido. Se recomienda dejar de beber al llegar a los sedimentos en el fondo. Es tradición que estos sedimentos sirven para predecir el futuro. La bebida se sirve en tazas (fincan en lengua turca) tan pequeñas como las del esspresso italiano o el sake japonés.

Tradicionalmente, el café turco se sirve junto con un vaso de agua para beber y muchas veces acompañado de alguna pequeña porción de dulce, como una delicia turca o lokum.

Servicio de té turco tradicional. Falta el vaso de agua.

Los libaneses, grandes bebedores de café, gustan acompañarlo con un pastel de dátil, dulce confeccionado a partir de una pasta de hojaldre mezclada con miel y nueces como el baklava, “dedos de novia”, los macul, mazapanes y otros más.

Para dar una idea completa del café turco o café a la turca deberíamos hablar también del café moca, tan popular que incluso se vende embotellado, y quienes lo hemos probado en todas sus formas lo incluiríamos sin dudar en ese fenómeno llamado delicias turcas que también ha ganado carta de nacionalidad en Occidente. Y otra vez Wikipedia, ahora sobre el moca:

Moca convencional

Un café moca es una variante del café con leche. Como éste, suele llevar un tercio de expreso y dos tercios de leche vaporizada, pero se añade una parte de chocolate, normalmente en forma de jarabe de chocolate, si bien algunas máquinas usan chocolate en polvo instantáneo. Los mocas contienen chocolate negro o con leche.

Como el capuchino, el moca tiene la famosa espuma de leche encima, aunque a veces se sirve con crema de leche en su lugar. Suele espolvorearse con canela o cacao. También pueden añadirse malvaviscos encima para decorar y dar sabor.

Una variante es el café moca blanco, hecho con chocolate blanco en lugar de negro o con leche. Hay también variantes en las que se mezclan los dos jarabes, mezcla que se conoce con distintos nombres, incluyendo «moca blanco y negro», «moca moreno» y «cebra». En algunos lugares de Europa el «café moca» puede ser esta bebida o simplemente el café elaborado con granos moca.

Pero ¿cómo pasó el café de Arabia y Turquía a Europa? A través de Italia, concretamente de las poderosas ciudades marítimas de Génova y Venecia, que mantenían importantes relaciones comerciales con el imperio otomano. Un dato curioso es que en estas ciudades tan cosmopolitas al principio la Iglesia católica condenó el café como una bebida procedente de Satán y que incitaba a la comisión de todo tipo de pecados. Lo mismo ocurriría siglos después en Suecia y en la propia Turquía, donde los opositores del sultán se reunían en los cafés para conspirar. Los Jóvenes Turcos, liderados por Kemal Attaturk, también lo hicieron. Puede decirse que el café derrocó al imperio otomano.

¿Y cómo llegó el café al Nuevo Mundo? Pues en 1689, y no fue por ningún territorio de la Corona española, tan históricamente ligada a la cultura árabe después de ocho siglos de ocupación musulmana y la existencia de Al-Ándaluz, sede cultural más importante de Occidente en su época, sino por las Trece Colonias, hijas de Inglaterra, el país más bebedor de té del hemisferio occidental. Los ingleses, colonialistas de pura cepa, imponían altos gravámenes a las importaciones de té de sus trece colonias norteamericanas, hasta que los colonos se revelaron y lanzaron los cargamentos de té al mar. Sucedió en la ciudad de Boston, y la conspiración para llevar a cabo el motín fue preparada nada menos que en la primera cafetería abierta en esa ciudad, que respondía al raro nombre de El Dragón Verde. En todas las mitologías están presentes los dragones, los hay rojos, negros, plateados, dorados, pero ¿verdes…? ¿Por qué será que suena a alquimia…?

Por esa época los holandeses ya cultivaban café en sus colonias, y entre los obsequios que una embajada de ese país ofreció al rey Luis XIV de Francia se encontraban algunas plantas de café que el rey ordenó sembrar en los invernaderos reales, con intención de enviarlas más tarde a su colonia de Martinica. Se dice que en 1714, el capitán de infantería Gabriel Mathieu de Clieu ocultó un esqueje de una de aquellas plantas y lo llevó a la colonia de Saint Domingue, nombre que en aquel tiempo recibía la isla caribeña que más tarde se dividiría en las enemigas Haití y Santo Domingo.

Y así llegamos a la parte de la historia donde el café aparece en  nuestra isla de Cuba, la mayor de las Antillas. Traídas las semillas o las plántulas desde  República Dominicana en 1748  por el comerciante José Antonio Gelabert, de qreferencia habanero pero cuyo apellido permite suponer que se trataba, en realidad de un catalán, los primeros cultivos se iniciaron en la zona del Wajay y Artemisa, extendiéndose luego por la región central de la isla. Curiosamente los primeros usos que se le dieron al café en Cuba parecen haber sido medicinales. Se sabe que los médicos y boticarios lo recomendaban, junto con el tabaco, el ron y algunos caldos de vinos añejados en las cavas de las mansiones coloniales, como panacea contra todos los males del cuerpo y el espíritu, aunque es probable que en esa época ya en nuestro país algunos hacendados sembraran cafeto para su uso propio.

Cuando en 1762 fue tomada La Habana por las tropas inglesas, se abrieron en la capital las primeras casas del café. El primer establecimiento para la venta de café acabado de colar fue el Café de la Taberna en la Plaza Vieja en la esquina de la Calle Merced. En los años 1880-1900 se abrieron más casas de café en Matanzas, Camagüey, Cienfuegos y Caibarién.

Los cafetaleros franceses arribaron a las montañas de Oriente huyendo de la revolución negra de Haití, donde tantas cabezas francesas rodaron y no precisamente en la guillotina, sino bajo los machetes de las huestes de esclavos rebeldes. Estos  hacendados galos encontraron el clima de esas montañas ideal para el cultivo del café, y pronto las cubrieron de grandes, medianos y modestos cafetales. Algunos de ellos se habían unido sentimentalmente a mulatas esclavas y libertas. Entre estos hacendados transgresores se encontraba el ciudadano alemán Cornelio Sochay, propietario de la célebre hacienda Angerona, casado con úrsula Lambert, mulata haitiana de gran refinamiento que vino a Cuba huyendo de la revolución esclava en su isla natal. Esta pareja tuvo una historia de amores  hermosa y difícil, que terminó con la muerte de él y la prisión de ella, y fue inmortalizada en el filme Roble de olor, del cineasta cubano Sergio Giral. Algo semejante ocurrió en otro cafetal, La Isabellica, que tuvo mejor suerte.

Algunas imágenes de Angerona, una de las primeras haciendas cafetaleras del occidente cubano y la mejor de su época (foto tomada de https://images.visitarcuba.org)

Una imagen tomada en las ruinas de Angerona. Capta una atmósfera, aunque luminosa, lúgubre (tomado de https://www.facebook.com/CubaEnLaMemoria)

Pero no solo la Sierra Maestra y el macizo montañoso Sagua-Baracoa ofrecían indicadores de altura, temperatura y humedad propicios para la siembra de este grano. También eran propicios el Escambray y las Sierras del Rosario y de los Órganos.

Es a partir de este momento que el archipiélago se inserta en el mercado cafetalero internacional. El mantenimiento de la esclavitud proveía de la mano de trabajo necesaria para el desarrollo de la Isla como una potencia en materia de este grano. En 1827, el país ya disponía de más de dos mil cafetales. Décadas más tarde Cuba se había convertido en uno de los mayores exportadores de café a nivel mundial. Nuestros cafetales eran tan hermosos que algunas de sus ruinas han sido declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Cubita no es mi marca preferida, pero es emblemático. ¿O no?

En la isla la especie más cultivada es la Arábiga, con cerca de doce variedades, las cuales se comercializan en el mercado nacional y extranjero bajo las marcas Turquino, Cristal Mountain, Serrano, Cubita y Caracolillo. También se cultivan otras variedades como la Typica, Bourbon, Caturra amarillo y rojo, Catuai amarillo y rojo, San Ramón y otras. Sus características organolépticas son la excelente fragancia, el aroma muy fino y delicado, el buen cuerpo balanceado, buena acidez con algunas notas cítricas, limpieza y sabor delicado y dulce. Dentro de nuestras marcas se reconoce la Turquino como la mejor. Los granos de esa variedad se desarrollan a menos altitud y posee inferior acidez y bastante cuerpo. Diferenciada por tener gran suavidad, buen aroma y sobre todo, menor concentración de cafeína, la variedad arábiga es la que domina  el café de Cuba, con granos de elaboración selecta y fama mundial.A Japón se destina una variedad que se cosecha en la serranía del Escambray y a la cual expertos del país nipón pusieron la marca de Crystal Mountain; sobresale por su aroma, acidez y cuerpo. Según especialistas puede competir  con el  archifamoso Blue Mountain de Jamaica, y está  tasado entre los de mejor cotización en el área. En Europa un cuarto de kilogramo de este rubro se vendía años atrás a unos 20 dólares.

Pero la industria cafetalera cubana ha desarrollado también otras marcas, como la Cohíba Atmosphere y el Montecristo Deleggend, asociadas al maridaje tabaco-ron-café, creadas con la autorización de la firma Habanos S.A., distribuidora mundial de los famosos puros cubanos. El Cohíba Atmosphere y el Montecristo Deleggend son cafés gourmets, y se elaboran con los granos de dos exóticos lugares de las montañas del centro de la Isla, donde el cultivo está matizado con un ambiente único en el que se conjugan suelo y clima. La marca Turquino también posee una variedad gourmet.

Y después de escribir todo esto me surge una pregunta: ¿Cómo es que existe un Irish Cofee, el tan célebre y gustado café irlandés? ¿Qué diablos tiene que ver Irlanda con  esta bebida, o me van a decir que la descubrieron por su cuenta en algún monasterio, como ocurrió con el aqua vitae, nombre primitivo del wiski, destilado por vez primera por un grupo de monjes de la verde Erin en los alambiques de sus bodegas, en una tarde, quizá, de desesperación por su falta de contacto con el mundo y por el frío intenso con que les empapaba el oleaje marino?

Nada de eso. El Irish Cofee es una bebida de muy reciente creación que data de la década de los cuarenta del siglo XX. Sucedió durante un invierno muy cruento, en el aeropuerto irlandés de Shanonn, cuando un vuelo de la aerolínea Pan American se retrasaba demasiado. El pasajero Joe Sheridan tuvo la idea de añadir whisky de su país al café que servían en la cafetería para contrarrestar el frío de los pasajeros, quienes le preguntaron entusiasmados por la procedencia de aquella bebida mágicamente restauradora. En un rapto de patriótica inspiración respondió que se trataba de café irlandés.

Yo probé el Irish Cofee por primera vez en el café El Escorial de la Plazas Vieja, en La Habana, mi ciudad natal, cuando todavía El Escorial era un lugar exquisito lleno de glamour, cualidad que hoy ya ha perdido y sé muy bien por qué, pero no lo voy a decir porque, total, ya no tiene remedio. La buena noticia es que no hay que ir al pasado de El Escorial para beber café irlandés con la memoria: se puede preparar en casa mediante esta sencilla receta:

  • 40 ml de whisky irlandés.
  • 80 ml de café caliente.
  • 30 ml de crema.
  • Una cucharadita de azúcar morena.

A partir de aquí hay que seguir estos pasos:

1-Se sirve primero la cucharadita de azúcar en una copa de balón o cervecera, pese a que los recipientes pueden cambiar según los países.

2-Seguidamente se añade el whisky y se mezclan los dos ingredientes. En algunos lugares del mundo la mezcla se flamea.

3-Se añade el café. En caso de que se sirva primero esta bebida conviene no mezclarlos.

4-Se añade la nata.

5-Se puede decorar la mezcla con café en polvo o nuez moscada. Personalmente recomiendo la segunda, es más exótica y el sabor del café en polvo es amargo y desagradable, o al menos a mí me lo parece.

Los españoles tienen su propia forma de servir el café irlandés: por separado el wiski. En cualquier otro lugar del mundo el café se sirve mezclado con el whisky y el azúcar, y es la nata la que se sirve separada, por encima de esta mezcla. En Cuba se sirve todo junto en la copa y así me gusta más.

Todos los cafés del mundo, preparados de mil formas, son deliciosos. Pero yo prefiero el café cubano, que no es el mejor, porque no soy chovinista, pero está entre los mejores del planeta y para mí, que soy cubana, su cuerpo, su aroma y su ligero amargor son la materialización del  Paraíso sobre la Tierra.

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BREVE HISTORIA DEL CAFÉ

¿Quién inventó el café?
Ahhhh, gran pregunta, me gustaría saber qué bebedor de café no se la ha hecho alguna vez.
Los estudiosos de esta bebida de fama y consumo internacionales se dividen en dos bandos: unos afirman que es exclusivo de Etiopía, donde se le conocía como kahwe o kahwa. Se considera bebida ritual en las religiones afrocubanas y ofrenda tradicional en las ceremonias tanto a los egguns (difuntos) como a los santos u orishas.
Pero los árabes afirman que el café apareció sobre el planeta en la Península Arábiga, hoy dividida entre los reinos de Arabia Saudita, Omán, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y la República de Yemen. No se conoce la fecha exacta en que comenzó a cultivarse la planta, y existen varias leyendas en torno a sus orígenes. Una de las más populares cuenta que un pastor de rebaños árabe, llamado Fausto Kaédi, notó que sus cabras se ponían juguetonas y alegres después de haber comido las ramas y los frutos de la planta, llamados también cerezas. El buen hombre se lo contó al prior de un monasterio cercano, quien probó las frutas y notó que ejercían sobre él igual efecto. Después se las dio a probar a algunos de sus monjes y observó que estos se mantenían despiertos, y aunque la leyenda no lo menciona, supuestamente también un poco eufóricos, como es de suponer. Tanto el nombre del legendario pastor como la referencia a un monasterio ubicarían la fecha del descubrimiento como posterior a la introducción del cristianismo en Arabia. Generalmente se acepta que ocurrió en el siglo XVI.
Sin embargo, existe otra leyenda, en mi opinión más cercana a la realidad, según la cual el responsable de la existencia de esta delicia que el mundo entero aclama hoy fue el gobernador de Yemen, Ozdemir Pashá, quien lo habría inventado en su palacio yemenita, llevándolo luego a Estambul envasado en unos recipientes, lo cual habría ocurrido en 1555, durante el reinado del sultán Suleiman el Magnífico. No tengo nada en contra de un pastor árabe de religión cristiana y el abad de un monasterio y sus monjes creativos como descubridores del café pero, al parecer, está históricamente comprobado que el café pasó de Arabia a Turquía por el puerto de Mokha, ciudad yemenita costera del mar Rojo. Ya en el siglo XV Yemen era una importante exportadora de café —y aquí un dato curioso que nos devuelve a la primera hipótesis del origen del grano— procedente en gran medida de la región de Kaffa, Abisinia, nombre antiguo de Etiopía. Moca es también el nombre de un tipo de grano de café procedente de esta ciudad y que recuerda al cacao.
El caso es que en la corte de Suleimán se creó un método de preparar café diferente del modo árabe: los granos se tostaban sobre el fuego, se molían hasta obtener una textura muy fina y después se mezclaban con agua y se cocinaban lentamente sobre las cenizas de un fuego de carbón. El café pronto se convirtió en una parte vital de la cocina del palacio y fue muy popular en la corte. Se creó el cargo de Fabricante en Jefe del Café o kahvecibaşı, y se sumó a la nómina de los funcionarios judiciales. El deber del Hacedor en Jefe de Café era preparar el café del sultán, y se le elegía por su lealtad y discreción. Los anales de la historia otomana registran un número de kahvecibaşı que alcanzaron a ser nombrados para el segundo cargo del imperio: gran Gran Visir del sultán.

El café pronto se extendió desde el palacio hasta grandes mansiones, y desde grandes mansiones a los hogares de los ciudadanos. Los habitantes de Estambul se convirtieron rápidamente en enamorados de la bebida. Se compraron los granos de café verde y luego los tostaban en su casa en sartenes. Los granos fueron molidos en morteros y elaboradas en las cafeteras conocidas como “cezve”.

La mayor parte del público en general se familiarizó con el café mediante el establecimiento de los cafés; el primer café (llamado Kiva Han) abrió sus puertas en el barrio de Tahtakale y otros rápidamente surgido por toda la ciudad. Cafeterías y cultura del café pronto se convirtió en una parte integral de la cultura social de Estambul; gente vino aquí durante todo el día para leer libros y textos hermosos, juego de ajedrez y backgammon, y discutir la poesía y la literatura.
El modo árabe de preparar el café no es muy popular en Occidente. Los árabes hierven los granos de café junto con canela, clavos de olor, semillas de cardamomo y azúcar, y el resultado es una bebida fuertemente especiada y con gran aroma, pero no es aroma puro de café, como se comprenderá. El café turco sí ha traspasado las fronteras del imperio otomano —enorme en su época de mayor esplendor— para darse a conocer en todo el planeta. Este café se caracteriza por su color negro y por ser, probablemente, el de mayor cuerpo entre todos los preparados de café del mundo. Así lo describe Wikipedia:
El café turco o café a la turca, confirmado por la Unesco como Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad, es un modo de preparar y servir el café propio de los turcos. Se prepara generalmente con el tipo de café llamado café arábigo molido, al punto de tener consistencia de harina. La bebida es muy concentrada y se sirve en tazas pequeñas sin asa, con o sin azúcar. Esta bebida es común en el Oriente Medio y en los países balcánicos. Es una bebida tradicional en restaurantes turcos, armenios y balcánicos en todo el mundo.
Para preparar café turco se necesita un recipiente para hervir, pequeño y estrecho, llamado cezve o ibrik, típica jarra de cobre y latón con un largo mango de madera. También se necesita una cucharita y un aparato para calentar. Los ingredientes son café molido finamente (la tradición es utilizar un molinillo de latón, para conseguir un polvo semejante al azúcar glasé). Después que se hierve en el cezve, hay que quitarlo del fuego y añadir una cucharadita de café por persona más uno. El café se hierve dos veces seguidas, quitando el cezve del fuego entre una ebullición y otra, y se elimina la espuma que se forma al mezclar bien antes de servir el café. Se añade una cucharada de agua fría para acelerar el depósito de polvo de café en el fondo, se vierte después en la taza sin filtrarlo y se bebe en pequeñas tazas bajas cuando el polvo se ha asentado por completo.
Algunas tazas modernas tienen asas, pero las tradicionales no las tienen. Estas últimas se sostenían con la punta de los dedos, o se las colocaba en un envase de metal con un asa, llamado zarf en lengua turca.
El café turco, como el árabe, también puede ser aromatizado empleando también cardamomo y canela. Para probar el café de este estilo es suficiente con añadir al café las especias molidas muy finas. El café turco no solo se puede endulzar con azúcar. Se puede preparar al modo tradicional o en una máquina para preparar café turco, llamada moka, poniendo aproximadamente 3 ml de agua y 3 onzas de leche en la máquina de café (si es café turco con leche), luego añadir de 2 a 3 cucharadas de café turco y agregar azúcar al gusto. Hay que dejar que la mezcla haga espuma antes que hierva, y después se aleja del calor para eliminar la espuma. Se repite la operación para volver a crear espuma, se sirve en las tazas y se espera unos 30 a 45 segundos para que se asiente antes de ser bebido. Se recomienda dejar de beber al llegar a los sedimentos en el fondo. Es tradición que estos sedimentos sirven para predecir el futuro. Se sirve el café en tazas (fincan en turco) tan pequeñas como las del espresso italiano o sake japonés. Algunas tazas modernas tienen asas, pero las tradicionales no las tenían. En este caso, el café era bebido cogiendo la taza con la extremidad de los dedos, o más a menudo colocándola en un envase de metal con un asa, llamado zarf en idioma turco.
Tradicionalmente, el café turco se sirve junto con un vaso de agua para beber y muchas veces acompañado de alguna pequeña porción de dulce, como una delicia turca o lokum.
Los libaneses, grandes bebedores de café, gustan acompañarlo con un pastel de dátil, dulce confeccionado a partir de una pasta de hojaldre mezclada con miel y nueces como el baklava, “dedos de novia”, los macul, mazapanes y otros más.
Para dar una idea completa del café turco o café a la turca deberíamos hablar también del café moca, tan popular que incluso se vende embotellado, y qienes lo hemos probado en todas sus formas lo incluiríamos sin dudar entre ese fenómeno llamado delicias turcas que también ha ganado carta de nacionalidad en Occidente. Y otra vez Wikipedia, ahora sobre el moca:
Un café moca es una variante del café con leche. Como éste, suele llevar un tercio de expreso y dos tercios de leche vaporizada, pero se añade una parte de chocolate, normalmente en forma de jarabe de chocolate, si bien algunas máquinas usan chocolate en polvo instantáneo. Los mocas contienen chocolate negro o con leche.
Como el capuchino, el moca tiene la famosa espuma de leche encima, aunque a veces se sirve con crema de leche en su lugar. Suele espolvorearse con canela o cacao. También pueden añadirse malvaviscos encima para decorar y dar sabor.
Una variante es el café moca blanco, hecho con chocolate blanco en lugar de negro o con leche. Hay también variantes en las que se mezclan los dos jarabes, mezcla que se conoce con distintos nombres, incluyendo «moca blanco y negro», «moca moreno» y «cebra». En algunos lugares de Europa el «café moca» puede ser esta bebida o simplemente el café elaborado con granos moca.
Pero ¿cómo pasó el café de Arabia y Turquía a Europa? A través de Italia, concretamente de las poderosas ciudades marítimas de Génova y Venecia, que mantenían importantes relaciones comerciales con el imperio otomano. Un dato curioso es que en estas ciudades tan cosmopolitas al principio la Iglesia católica condenó el café como una bebida procedente de Satán y que incitaba a la comisión de todo tipo de pecados.
¿Y cómo llegó el café al Nuevo Mundo? Pues en 1689, y no fue por ningún territorio de la Corona española, tan históricamente ligada a la cultura árabe después de ocho siglos de ocupación musulmana y la existencia de Al-Ándaluz, sede cultural más importante de Occidente en su época, sino por las Trece Colonias, hijas de Inglaterra, el país más bebedor de té del hemisferio occidental. Los ingleses, colonialistas de pura cepa, imponían altos gravámenes a las importaciones de té de sus trece colonias norteamericanas, hasta que los colonos se revelaron y lanzaron los cargamentos de té al mar. Sucedió en la ciudad de Boston, y la conspiración para llevar a cabo el motín fue preparada nada menos que en la primera cafetería abierta en esa ciudad, que respondía al raro nombre de El Dragón Verde.
Por esa época los holandeses ya también cultivaban café en sus colonias, y entre los obsequios que una embajada de ese país ofreció al rey Luis XIV de Francia se encontraban algunas plantas de café que el rey ordenó sembrar en los invernaderos reales, con intención de enviarlas más tarde a su colonia de Martinica. Se dice que en 1714, el capitán de infantería Gabriel Mathieu de Clieu ocultó un esqueje de una de aquellas plantas y lo llevó a la colonia de Saint Domingue, nombre que en aquel tiempo recibía la isla caribeña que más tarde se dividiría en Haití y Santo Domingo.
Y así llegamos a la parte de la historia donde el café aparece en nuestra isla de Cuba, la mayor de las Antillas. Traídas las semillas o las plántulas desde República Dominicana en 1748 por el comerciante José Antonio Gelabert, de quien se habla como habanero pero cuyo apellido permite suponer que se trataba, en realidad de un catalán, los primeros cultivos se iniciaron en la zona del Wajay y Artemisa, extendiéndose luego por la región central de la isla. Curiosamente los primeros usos que se le dieron al café en Cuba parecen haber sido medicinales. Se sabe que los médicos y boticarios lo recomendaban, junto con el tabaco, el ron y algunos caldos de vinos añejados en las cavas de las mansiones coloniales, como panacea contra todos los males del cuerpo y el espíritu.
Cuando en 1762 fue tomada La Habana por las tropas inglesas, se abrieron las casas del café. Es probable que en esa época ya en nuestro país algunos hacendados sembraban cafeto para su uso propio. El primer establecimiento para la venta de café acabado de colar fue en el Café de la Taberna en la Plaza Vieja en la esquina de la Calle Merced. En los años 1880-1900 se abrieron más casas de café en Matanzas, Camagüey, Cienfuegos y Caibarién.
Los cafetaleros franceses arribaron a las montañas de Oriente huyendo de la revolución negra de Haití, donde tantas cabezas francesas rodaron y no precisamente en la guillotina, sino bajo los machetes de las huestes de los esclavos rebeldes. Estos hacendados franceses encontraron el clima de esas montañas ideal para el cultivo del café, y pronto las cubrieron de grandes, medianos y modestos cafetales. Algunos de ellos se habían unido sentimentalmente a mulatas esclavas y libertas. Entre estos hacendados transgresores se encontraba el ciudadano alemán propietario de la célebre hacienda Angerona, casado con una mulata libre, dama martiniqueña de gran refinamiento. Esta pareja tuvo una historia de amores hermosa y difícil, que terminó con la muerte de él y la prisión de ella, y fue inmortalizada en el filme Roble de olor, del cineasta cubano Sergio Giral. Algo semejante ocurrió en otro cafetal, La Isabellica, que tuvo mejor suerte.
Pero no solo la Sierra Maestra y el macizo montañoso Sagua-Baracoa ofrecían indicadores de altura, temperatura y humedad propicios para la siembra de este grano. También eran propicios el Escambray y las Sierras del Rosario y de los Órganos.
Es a partir de este momento que el archipiélago se inserta en el mercado cafetalero internacional. El mantenimiento de la esclavitud proveía de la mano de trabajo necesaria para el desarrollo de la Isla como una potencia en materia de este grano. En 1827, el país ya disponía de más de dos mil cafetales. Décadas más tarde Cuba se había convertido en uno de los mayores exportadores de café a nivel mundial. Nuestros cafetales eran tan hermosos que algunas de sus ruinas han sido declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
En la isla la especie más cultivada es la Arábiga, con cerca de doce variedades, las cuales se comercializan en el mercado interno y el exterior bajo las marcas Turquino, Cristal Mountain, Serrano, Cubita y Caracolillo. También se cultivan otras variedades como la Typica, Bourbon, Caturra amarillo y rojo, Catuai amarillo y rojo, San Ramón y Sus características organolépticas son la excelente fragancia, el aroma muy fino y delicado, el buen cuerpo balanceado, buena acidez con algunas notas cítricas, limpieza y sabor delicado y dulce. Dentro de nuestras marcas se reconoce la Turquino como la mejor. Los granos de esa variedad se desarrollan a menos altitud y posee inferior acidez y bastante cuerpo. Diferenciada por tener gran suavidad, buen aroma y sobre todo, menor concentración de cafeína, la variedad arábiga es la que domina el el café de Cuba, con granos de elaboración selecta y fama mundial.
A Japón se destina una variedad que se cosecha en la serranía del Escambray y a la cual expertos del país nipón pusieron la marca de Crystal Mountain; sobresale por su aroma, acidez y cuerpo. Según especialistas puede competir con el archifamoso Blue Mountain de Jamaica, y está tasado entre los de mejor cotización en el área. En Europa un cuarto de kilogramo de este rubro se vendía años atrás a unos 20 dólares.
Pero la industria cafetalera cubana ha desarrollado también otras marcas, como la Cohíba Atmosphere y el Montecristo Deleggend, asociadas al maridaje tabaco-ron-café, creadas con la autorización de la firma Habanos S.A., distribuidora mundial de los famosos puros cubanos. El Cohíba Atmosphere y el Montecristo Deleggend son cafés gourmets, y se elaboran con los granos de dos exóticos lugares de las montañas del centro de la Isla, donde el cultivo está matizado con un ambiente único en el que se conjugan suelo y clima. La marca Turquino también posee una variedad gourmet.
Y después de escribir todo esto me surge una pregunta: ¿cómo es que existe un Irish Cofee, el tan célebre y gustado café irlandés? ¿Qué diablos tiene que ver Irlanda con esta bebida, o me van a decir que la descubrieron por su cuenta en algún monasterio, como ocurrió con el aqua vitae, nombre primitivo del wiski, destilado por vez primera por un grupo de monjes de la verde Erin en los alambiques de su monasterio, en una tarde, quizá, de desesperación por su falta de contacto con el mundo y por el frío intenso con que les empapaba el oleaje marino?
Nada de eso. El Irish Cofee es una bebida de muy reciente creación que data de década de los cuarenta del siglo XX. Sucedió durante un invierno especialmente duro, en el aeropuerto irlandés de Shanonn. Un vuelo de la aerolínea Pan American se retrasaba demasiado. El pasajero Joe Sheridan tuvo la idea de añadir whisky de su país al café que servían en la cafetería para contrarrestar el frío de los pasajeros. Cuando le preguntaron por la procedencia de aquella bebida, en un rapto de patriótica inspiración respondió que se trataba de café irlandés.
Yo probé el Irish Cofee por primera vez en el café El Escorial de la Plazas Vieja, en La Habana, mi ciudad natal, cuando todavía El Escorial era un lugar exquisito lleno de glamour, que hoy ya ha perdido y sé muy bien por qué, pero no lo voy a decir porque, total, ya no tiene remedio. Pero la buena noticia es que no hay que ir al pasado de El Escorial para beber café irlandés con la memoria: se puede preparar en casa mediante esta sencilla receta:
• 40 ml de whisky irlandés.
• 80 ml de café caliente.
• 30 ml de crema.
• Una cucharadita de azúcar morena.
A partir de aquí hay que seguir estos pasos:
1-Se sirve primero la cucharadita de azúcar en una copa de balón o cervecera, pese a que los recipientes pueden cambiar según los países.
2-Seguidamente se añade el whisky y se mezclan los dos ingredientes. En algunos lugares del mundo la mezcla se flamea.
3-Se añade el café. En caso de que se sirva primero esta bebida conviene no mezclarlos.
4-Se añade la nata. Los puristas recomiendan que no sea inyectada con aerosol sino líquida.
5-Se puede decorar la mezcla con café en polvo o nuez moscada. Personalmente recomiendo la nuez moscada, es más exótica y el sabor del café en polvo es amargo y desagradable, o al menos a mí me lo parece.
Los españoles tienen su propia forma de servir el café irlandés: por separado el wiski. En cualquier otro lugar del mundo el café se sirve mezclado con el whisky y el azúcar, y es la nata la que se sirve separada, por encima de esta mezcla. En Cuba se sirve todo junto en la copa y así me gusta más.
Todos los cafés del mundo, preparados de mil formas, son deliciosos. Pero yo prefiero el café cubano, que no es el mejor, porque no soy chovinista, pero está entre los mejores del planeta y para mí, que soy cubana, su cuerpo, su aroma y su ligero amargor son la materialización del Paraíso sobre la Tierra.

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INfeliz 2019

Quienes son habituales de este blog saben que más o menos siempre acostumbro felicitar al mundo cada vez que estamos en Navidades y esperando un nuevo año. Lamentablemente en esta ocasión no encuentro ningún motivo para desear felicidades a nadie, porque el estado del planeta no puede ser peor desde todos los puntos de vista: cambio climático en acción indetenible, un loco en la Presidencia de la primera potencia mundial (parece que no lo van a ser por mucho tiempo más), jinetes de ISIS sobre los cuatro corceles del Apocalipsis, nuevas plagas  amenazando la supervivencia de la especie, más pobreza para muchos y más riqueza para el uno por ciento y el Gobierno secreto del mundo, un político incapaz en la Presidencia del país más grande de Latinoamérica y quinta o sexta economía mundial, y Cuba…, Cuba entrando como dama en baile en un nuevo y anchuroso período especial anunciado por las trompetas fragorosas de la falta de pan y la ausencia de turrones en nuestras mesas de Noche Buena. Ay Jericó…

Lo único que se me ocurre desear a cada persona que quiero, y en general a cada miembro de la especie humana, es que la luz de la inteligencia, la prudencia, la solidaridad con los que sufren, la generosidad, la nobleza de intención y la justeza de propósitos sean dones que traiga el nuevo año y hagan para cada cual más llevadera esta existencia de nuestra raza humana, que parece estar llegando ya a su fin. He visto documentales donde se anuncia que los científicos terrícolas han comenzado una búsqueda ansiosa de asteroides y planetas habitables donde podamos refugiarnos los que logremos sobrevivir a este caos que hemos desatado dentro y fuera de nosotros mismos. Vivimos la ilusión de escapar, pero siempre recuerdo a Bradbury y su advertencia de que, aunque conquistemos los vastos parajes  de Marte, surcados por las barcas de oro de los marcianos refinados y su música celeste y exquisita, donde quiera que vayamos llevaremos con nosotros los nailons vacíos de papas fritas, las pisoteadas botellas plásticas y nuestra tristísima condición depredadora, y seremos  las huestes de Midas, trocando en amargura todo cuanto caiga en nuestras hábiles, crueles e inútiles manos, que solo saben construir máquinas para romper la vida y los más hermosos sueños.

Canto mi propio Requiem por la especie humana, por nuestro planeta magnífico y bello que asesinamos, por todos los que sufren, por los que necesitan piedad, por los que tienen hambre, por los que están enfermos, por los muertos que padecen olvido y desamor. Maldigo a los asesinos, los codiciosos, los torturadores que disfrutan causar sufrimiento a sus semejantes, los egoístas, los mentirosos, los malos hijos que dan la espalda a sus padres en la ancianidad, a los malos gobernantes que no quieren a sus pueblos y solo aman el Poder. Maldigo a los que abusan de la infancia y no respetan su pureza ni se detienen ante la fragilidad de la vejez, a los manipuladores, a los abusadores, los acosadores, los miserables, los estafadores, los  que no tienen capacidad de amar, los que no dan y toman siempre a manos llenas lo que no les estaba destinado, los que alimentan sus corazones con oscuridad y levantan falsos dioses para extraviar el discernimiento y explotar el candor de los inocentes. Maldigo a los que aherrojan la libertad de pensamiento y culpabilizan cualquier deseo que no baile con la música que tocan. Maldigo la indiferencia, la frialdad, la insensibilidad y la maldad.

No tengo religión, aunque fui educada en el seno del catolicismo, pero digo que ninguna de las religiones que conoce hoy la Tierra predica conductas tan nobles como las que Cristo predicó, y no hay código más seguro para vivir sin daño a uno mismo ni a los demás que los Mandamientos que dejó a quienes quisieran creer en el Reino. Maldigo a todo aquel que usa dioses y religiones para intimidar a otros en procura de un botín que no le pertenece. A quienes amenazan con la magia y la hechicería para sembrar el miedo en quienes no quieren dejarse doblegar. Maldigo a los que emplean el fuego para barrer a los que consideran sus enemigos. A los que asesinan, violan y destruyen todo lo que encuentran a su paso.

Deseo a los pueblos que luchan por sobrevivir cercados por el odio, que puedan mantenerse unidos y soberanos hasta que llueva fuego del cielo o sangre la luna sobre nuestras cabezas. Lunas de sangre, sé que las esperan como profetas del Reino. Mi corazón está con ellos, que entenderán mis palabras veladas por la impotencia. Deseo que, de alguna manera, los pueblos odiadores sean borrados del mapa terrestre antes del Gran Final, no más para que podamos esperar la muerte en paz, pues están de más sobre este mundo que habitamos y nunca se convertirán a la tolerancia ni la buena voluntad.

Y para los seres que amo tengo un solo deseo: que nos envuelva a todos el mismo dulce sueño de amor y de confianza los unos en los otros, y aunque estemos físicamente lejos podamos disfrutar sabiendo que nos queremos y ayudándonos aunque sea con la voluntad de los sentimientos. A ti, la niña suave y luminosa que no quiere ser nombrada, te deseo con todas las fuerzas que me quedan y aún con las que ya no tengo, que tu vida resurja de la ceniza en que ahora está, y puedas alcanzar algo de paz y de satisfacciones hasta que debas partir; que se vaya el dolor de tu cuerpo y encuentres amor puro, sincera y plenamente cuando yo me haya ido; que no estés sola ni desprotegida ni olvidada, que no seas despojada ni vulnerada ni mancillada. De entre mis pocos deseos es el más intenso y el mayor verte feliz. Que así sea.

 

 

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Publica el ICAIC un libro inusual y muy necesario

Ediciones ICAIC, que va perfilándose como una de las casas editoriales más inteligentes y selectivas que hoy publican en Cuba, ha dado ya a la imprenta varios títulos del antropólogo argentino Adolfo Colombres. El último de ellos, Poética de lo sagrado, una introducción a la antropología simbólica, (publicación conjunta con el Instituto Superior de Arte, ISA) es un tesoro que me he llevado de la librería Fayad Jamís como quien encuentra un diamante que es, además, raro. La Antropología resulta una ciencia por desgracia muy poco conocida entre los cubanos y ni siquiera existe como carrera en nuestras universidades, pero la antropología simbólica…, me atrevo a compararla con esas damas veladas del pasado conocidas como las tapadas, de las que nunca nadie vio el rostro en esta Isla, donde los símbolos fueron desterrados desde hace mucho en favor de una ideología encapsulada bajo la adelgazada forma de consignas.

Aquellos que por senderos oblicuos del conocimiento nos hemos iniciado en esta disciplina, que se mueve en la frontera entre los pensamientos científico y mágico, hemos pasado décadas persiguiendo títulos de especialistas franceses, ingleses, italianos, norteamericanos, perdidos en los libreros de viejo, robados a un amigo o a una biblioteca olvidada, o comprados al precio de grandes sacrificios en las ferias del libro de La Habana. Jung, Mircea Elíade, Gastón Bachelard, Gilbert Durand, Umberto Eco, Juan Eduardo Cirlot y tantos otros… ¿Qué no habremos hecho por comprender un poco la majestuosa, oscura y sinuosa belleza de los símbolos, ese universo que pertenece al mundo de las imágenes y habla el idioma sibilino del hemisferio derecho del cerebro, donde convive con las emociones, el sentimiento de la música, la poesía, el lado en sombras de la psiquis y la búsqueda de lo sagrado, que contrariamente a lo que piensan quienes piensan poco y mal, no es necesariamente una búsqueda de Dios.

Por eso, para quienes amamos la antropología simbólica los libros de Colombres, publicados en Cuba, son como una ventana que se abre en una habitación oscura y sofocante hacia una visión del Afuera. Sus textos son parte de un todo que no hemos podido asir, y los leemos como con una vieja sed, pues el tormento del conocimiento insatisfecho debería contar en el extenso catálogo de agonías que Dante ideó para su Inferno. Todo tarda tanto en llegar a nosotros que ya Martí llamó a La Habana la comarca demorada.

Resulta muy interesante, y altamente reivindicador, leer en el prólogo del autor a este libro que él mismo está consciente de lo que digo. Él mismo se muestra sorprendido de que esta obra se haya publicado en Cuba, temeroso de que no fuera apropiada para una isla asediada donde las expansiones de conciencia y los placeres del espíritu se han debido replegar para dejar espacio a otras urgentes batallas de las ideas. Pero asume que  “[…] el mundo ha cambiado y la Revolución cubana ya superó esa etapa en la que debió abocarse a lo más necesario, aspirando hoy a ser un puntal de todo pensamiento que destaque los valores de la especie humana creados en su ya largo proceso evolutivo […]”.

En el siguiente párrafo de su prólogo Colombres se refiere a la necesidad de ganarle la batalla “al vertiginoso ascenso de la insignificancia”,  fenómeno que él identifica con el vacío y que caracteriza como una mutación antropológica, que me hace recordar, en alguna de sus manifestaciones, esa extraordinaria metáfora empleada por el actor Luis Alberto García en un escrito reciente: la estulticia con guadaña, frase que es toda ella un producto del más puro imaginario simbólico, pues reúne en una imagen la personificación del grado extremo de la estupidez con el principal atributo de La Parca: la hoz segadora de vidas. Pero el arma más eficaz para combatir esa insignificancia, esa intrascendencia, ese limbo de tontería consumista y percepción superficial en que se sume una gran parte de los pueblos, producto, tal vez, de la cultura globalizada, resulta que no son las ideologías políticas ni los credos religiosos, fracasados en tal empeño, sino el arte, la cultura, el conocimiento universal bajo todos los ropajes del espíritu. Colombres llega a hablar de “una verdadera guerra de imaginarios”, y está muy en lo cierto, solo que, si como él mismo reconoce, “Cuba es el país que levanta más alto el estandarte del proyecto humano”, entonces me pregunto: ¿Por qué se ha reducido el imaginario del cubano al tamaño de un grano de maíz? No acepto que se deba a la interminable precariedad de la subsistencia cotidiana, aunque la falta de recursos materiales y las leyes draconianas de derechos de autor han empobrecido considerablemente las posibilidades de expansión del mundo editorial de la isla; pero cuando uno recuerda que el pueblo ruso acudía a las funciones del ballet Bolshoi bajo los bombardeos, y que en París ocupada por los nazis se celebraban funciones teatrales en las mismas laberínticas catacumbas de la ciudad donde conspiraba la Resistencia perseguida por la GESTAPO, hay que concluir forzosamente que la tremenda —y no sé si reversible— mutilación del imaginario simbólico del cubano, relegado prácticamente al aspecto más utilitario de las religiones sincréticas, ha de deberse a otras razones cuyo análisis desborda el marco de esta reseña ni sería yo la persona más indicada para intentar esclarecerlas, aunque haya dedicado mucho tiempo de mi vida a pensar en ello.

Dice Colombres en su prólogo:

En el primer cuarto del siglo XX, Ernst Cassirer definió al hombre como un animal simbólico, pero aún cuesta aceptar en Nuestra América la plena autonomía de esta forma visceral y comprometida de conocimiento por imágenes, muy distinta de la analítica o racional, basada en la frialdad de los conceptos. O sea, no se termina de comprender que ambas no se oponen ni superponen, pues las lecturas que cada una hace de la realidad son igualmente válidas y necesarias, por lo que, de hecho, se complementan. […] Su maniqueísmo contribuyó así a desencantar el mundo, combatiendo o negando de plano todas las manifestaciones de la magia (incluidas las generadas por el arte), a las que consideraba intrascendentes juegos de los débiles, que no pueden aceptar “la realidad”, e incluso como a deleznables supersticiones propias de gente primitiva. […] Cuba, en momentos no lejanos de su historia, se dejó arrastrar (tal vez para no volver a las opresiones de su pasado) por los fetiches de este dogmatismo […]. Lo maravilloso se oculta en los claroscuros de la vida, y es tarea de quienes cultivan la sensibilidad por intermedio del arte detectar sus refugios, para enriquecerse con su miel y ayudar a otros a conocerlos. Se estará socializando así la belleza del mundo, esos bienes que ningún mercado puede ofrecernos. Y no se trata de un tema menor, pues la salvación del planeta depende hoy de ello, por el simple hecho de que nadie defiende con uñas y dientes lo que no valora y ni siquiera conoce.

Cuando yo escribí mi monografía de hermenéutica simbólica La poética del signo como voluntad y representación, sobre la noveleta Isabeau, del escritor habanero Alberto Garrandés,  a quien la crítica ubica entre los escritores raros cubanos porque sus obras se desmarcan del canon literario nacional (léase temas locales manidos y remanidos), tuve que auxiliarme de extranjeros solidarios, quienes me hicieron llegar artículos y libros de los más importantes autores de antropología simbólica, de hermenéutica, de semiótica, y algunos textos breves tuve que conseguirlos en revistas o en internet y traducirlos con mis magros conocimientos de las lenguas romance. Nada encontré en las librerías cubanas que me ayudara para semejante estudio. La crítica literaria que se hace en la isla en estas zonas tan específicas de la literatura se lleva a cabo en la más absoluta indigencia bibliográfica. El mismo panorama desértico tuve que enfrentar cuando escribí algunos de mis cuentos y mis novelas Malevolgia y La casa del alibi, ancladas en imaginarios eminentemente simbólicos, y que terminaron convertidas en libros de culto, de cenáculos de iniciados, porque los referentes culturales que harían posible su comprensión son totalmente desconocidos para el lector cubano e, incluso, para algunos de nuestros más destacados teóricos y críticos literarios que se desorientan con facilidad desconcertante, aunque, como en el caso de Malevolgia, el escenario en que transcurre la trama sea algo tan común, tan simple como una feria de atracciones, y La casa del alibi trate sobre la emigración de dos intelectuales cubanas a Miami. No es justo. Duele y hunde al escritor, aunque no quiera admitirlo, en una miserable soledad. Sobre todo después que se murió el entrañable e irrepetible Rufo Caballero.

Y como es tan injusto y tan duro para quienes intentamos asomarnos a ámbitos del ser y del conocimiento que están por encima de lo inmediato —aunque lo inmediato más llano pueda ser en ciertos momentos lo más necesario por asequible a las mayorías—, yo celebro como una fiesta del intelecto que los libros de Adolfo Colombres estén siendo editados en Cuba y podamos comprarlos en nuestras librerías en la humilde moneda nacional, para que nos ayuden a nosotros, los que tuvimos la suerte de llegar primero a estas disciplinas científicas que parecen mal avenidas con la concepción materialista del mundo —pero en realidad la complementan y a infinitan—, podamos trabajar con aún mayor rigor y compartir el fruto de nuestro trabajo con todos y para el bien de todos, como quiso Martí, cuyo pensamiento siempre se movió entre los astros y las estrellas, como decían los romanos antiguos, y por eso aún ejerce su magisterio sobre los hombres. Gracias, también, a la editorial del ICAIC por hacer honor a su tradicional posición en la vanguardia del pensamiento intelectual cubano dándonos estos libros que, esperamos, sean la avanzada de un nuevo amanecer para nuestra cultura.

Y ansío además, con toda la sinceridad de que soy capaz, que esta iniciativa del ICAIC marque pauta para que al fin sea comprendida la necesidad de crear facultades de Antropología en nuestras universidades, y se abran espacios para disciplinas como la semiótica, la semiología, la hermenéutica y todas aquellas relacionadas con el imaginario de la especie humana; que sean impartidas en nuestra enseñanza superior con textos actualizados que permitan la formación de especialistas altamente calificados, entre los que yo hubiera dado cualquier cosa por estar cuando era una estudiante de  Filología. Deseo profundamente que quienes piensan y sienten como yo no vean truncados sus sueños de acceder al universo de la cultura a través del umbral de la dimensión ensoñada. La riqueza cultural y espiritual de la Humanidad es tan valiosa como las riquezas materiales que, paradójicamente, pueden secar el alma de una nación. Pueden faltar los bienes para la complacencia de la materia, pero si nos siguen faltando los bienes del espíritu, nos quedaremos para siempre en los zapatos del aldeano vanidoso que ha confundido con su aldea el mundo.

 

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Un tema singular entre los diccionarios cubanos

Un Diccionario de frases populares en la literatura cubana no puede resultar menos que una obra singular, sorprendente y curiosísima, pero a esta clase de libros ya nos tienen acostumbrados los autores Moralinda del Valle (Cienfuegos, 1948) y Fernando Carr (La Habana, 1942-2018), pareja en la vida y en el dificilísimo y sumamente especializado trabajo de la edición  de textos, quienes ya tienen publicados, entre otros títulos, el Diccionario de términos de escritura dudosa, el Diccionario de cualidades, defectos y otros males del cubano y el Diccionario de la fauna hispanoamericana en frases y refranes.

En esta ocasión se trata de un extenso catálogo de frases del habla popular cubana que han sido reflejadas en la literatura de la isla. Pero este libro es más que un diccionario. Es un compendio extraordinario de arqueología lingüística que puede servir como libro de consulta para especialistas de múltiples disciplinas que van desde el idioma mismo hasta la sociología, la antropología, la historia y la psicología.

Para el lector común este diccionario tiene su encanto propio, pues no dejará de reconocer en cada frase consignada algo ya escuchado en conversaciones propias o ajenas o dicho por él mismo, y podrá atesorar, también, frases que aunque ya no formen parte del habla de ahora mismo, están cargadas de reminiscencias del pasado y nos permiten formarnos una idea de cómo fuimos en otros tiempos, cómo pensábamos y a través de qué valores sociales y morales nos comunicábamos.

El habla popular es, por definición, vulgar y en ocasiones arcaica, así que el lector no debe sentir demasiado pudor al emprender esta lectura, ya que encontrará en sus páginas, junto a frases en extremo ingeniosas y simpáticas, otras bastante crudas, pero no se trata aquí de aplicar moralinas a la hora de enjuiciar una labor como la realizada por Del Valle y Carr. La abundante y enjundiosa bibliografía consultada por los autores denota que nos encontramos ante un texto altamente profesional que merece todo el respeto y gratitud de quien posea este libro.

Cada pueblo tiene su propio perfil psicológico, y el habla popular es un espejo más que fiel de eso. Curiosamente, la psicología del cubano hasta hoy puede conocerse mejor en abundantes obras sobre su cocina criolla que sobre su lenguaje, aunque existen obras magistrales como el Catauro de cubanismos de don Fernando Ortíz. Hay que agradecer a la editorial Letras Cubanas esta nueva oferta que amplía las posibilidades de conocimiento de la nacionalidad que hemos construido.

Fernando Carr, Licenciado en Ciencia Políticas, se desempeñó como editor durante casi medio siglo. Entre sus obras publicadas se encuentran Disquisiciones sobre temas editoriales y del idioma, Cosas jocosas en poesía y prosa de la vida de José Zacarías Tallet (de quien Carr fuera discípulo y asistente personal), los cuatro Libros de Gazapos y otras. Fue coordinador de la Colección Premio Nacional de Ciencia Sociales y entre otros reconocimientos recibió el Premio Nacional de Edición 2009.

No quiero terminar esta reseña sin apuntar que en nuestros días, en que la labor editorial anda tan escasa de buenos profesionales y con demasiada frecuencia caen en nuestras manos libros horrorosamente editados, Del Valle y Carr son un ejemplo de expertos altamente capacitados, rigurosos e inteligentes, justamente el tipo de editor que estamos necesitando con tanta urgencia, si queremos impedir que continúen saliendo de nuestras editoriales textos con errores garrafales que van desde la simple pifia gramatical hasta los disparates conceptuales más increíbles y las barbaridades históricas más espeluznantes. El libro cubano siempre estuvo a la altura  del mejor trabajo editorial de Occidente, incluso nuestra literatura infantojuvenil ha tenido editores tan exquisitos como Esteban Llorach, por solo citar un ejemplo. Necesitamos volver a ganar esa calidad, y no carecemos de ejemplos inspiradores. Necesitamos editores cultos, conocedores profundos del idioma, entrenados en disciplinas como la historia y la antropología, y con ganas de trabajar mucho y bien. Editores modélicos como los autores de este diccionario. Ojalá seamos capaces de volver a formar personal tan calificado dentro de las nuevas generaciones de trabajadores del libro.

 

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¿Desde cuándo existe el divorcio en Cuba?

He escuchado y leído, repetido hasta la saciedad, el soberano disparate de que el primer divorcio que tuvo lugar en Cuba fue protagonizado por la dama de la alta burguesía criolla Catalina Lasa del Río, célebre en la época por su belleza, y su primer esposo Pedrito Estévez Abreu, hijo de Marta Abreu, la gran patricia villaclareña, y de Luis Estévez Romero, quien fuera Vicepresidente durante el gobierno de Estrada Palma.

NO ES VERDAD. Esta pareja NO se divorció. Catalina y su amante, el rico hacendado Juan de Pedro Baró, fueron al Vaticano y solicitaron del Papa la anulación del matrimonio de ella, lo que les fue concedido, y después se casaron en París, donde tenían su residencia oficial antes de que él comenzara a construir en 1924  la bellísima mansión de estilo ecléctico ubicada en 17 y Paseo, hoy Casa de la Amistad. En 1918, cuando el entonces Presidente de Cuba Mario García Menocal, amigo y condiscípulo de Baró, legalizó el divorcio Catalina y Baró regresaron a la isla, amparados ya por el manto de la legalidad y con derecho a ser reconocidos por la alta sociedad habanera como un matrimonio repetable y libre de todo cuestionamiento. Baró se había divorciado de su primera esposa Rosa Varona, con quien tuvo dos hijos, mucho antes de conocer a Catalina. Este divorcio lo solicitó y obtuvo doña Rosa en los Estados Unidos por la causal de Infidelidades reiteradas. El acta consta en el Archivo Nacional y yo reproduje fragmentos de la misma en mi artículo Historia de un gran amor, una mansión y una tumba, publicado en este blog.

¿Quiénes fueron entonces los protagonistas  del primer divorcio en Cuba?

Hace muchos años me encontraba revisando uno de los tarjeteros de la sala de referencias de la Biblioteca Nacional José Martí, cuando encontré una tarjeta que me remitió a algún texto donde quedaba definitivamente aclarado que los primeros divorciados cubanos fueron… y aquí conspiran contra mí los más de 30 años transcurridos desde aquella tarde. Ya no conservo el dato, y tampoco puedo recordar con exactitud si el demandante de aquel divorcio era de profesión dentista o veterinario. Es una investigación que deberé retomar algún día a fin de ofrecer esa información a los lectores. Pero al menos quienes estén interesados en el tema y puedan visitar la Biblioteca ya saben que pueden encontrar esos datos allí.

Sin embargo, es probable que tampoco esta pareja cuyos nombres he olvidado hayan sido los primeros en beneficiarse de la aprobación de la ley de divorcio en nuestro país, por una razón muy simple: la ley emitida por el presidente Menocal tampoco fue la primera que tuvo la Perla de las Antillas. Según afirma el historiador cubano Rolando Rodríguez en el primer tomo de su libro Cuba: las máscaras y las sombras, la primera ocupación:

[…] en medio de la Guerra de Independencia el Consejo de Gobierno cubano, como demostración de la profunda ruptura con aquellas leyes de una España oficial con olor a sacristía de la cual provenían, estatuyó como válido el divorcio, y llegó a autorizar el concertado por mutuo disenso. También autorizó el matrimonio civil, y un hecho curioso, dados los cánones morales de la época y resultado de la corta expectativa de vida, fue que el matrimonio se autorizara para los varones mayores de 14 años y las hembras de 12. También se establecía que los adúlteros no podían volver a contraer nupcias.

Si se piensa que durante nuestras Guerras de Independencia hubo dos Cubas, la que siguió su vida urbana y la que pasó a llevar una existencia de guerra en la manigua, teniendo solo a mano una hamaca para dormir, las armas y algunos enseres muy rudimentarios para elaborar los alimentos, no es de extrañar que no se hayan conservado registros que permitan conocer si esta precoz ley de divorcio mambisa se aplicó y quiénes se beneficiaron de ella, ni quiénes fueron los jóvenes contrayentes que a edades totalmente núbiles formaron sus parejas en los campos de la isla.

Creo que además de la corta expectativa de vida, propia por demás de aquellos tiempos en que no existían los antibióticos, las mujeres morían como moscas de fiebre puerperal y la tisis barría con tan gran número de seres humanos, los mambises tuvieron otra razón no menos poderosa para emitir una ley que autorizaba los matrimonios de niños: las guerras contra España arrebataron a Cuba el veinte por ciento de su población, y en la manigua se moría con suma facilidad de heridas de combate, de fiebre amarilla, paludismo, disentería, hambre… La preocupación por la reproducción de la población resultaba una  lógica por parte de los legisladores del Ejército Libertador.

Y debió existir aún otra razón, esta vez de orden puramente moral: en la vida de un pueblo en guerra los valores sociales sufren gran deterioro y muchas barreras psicológicas desaparecen. Tantos hombres y mujeres conviviendo juntos en los campos donde se combatía eran proclives a tener relaciones sexuales libres. Los mambises, aunque odiaran el clericalismo español eran, en su inmensa mayoría, católicos, como lo demuestra su gran veneración por la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, a la que llamaban  la Virgen Mambisa, y eran también hombres del siglo XIX, por lo que no habrían deseado la promiscuidad sexual dentro de la manigua. No hay que olvidar que los propietarios de esclavos siempre se preocuparon de que en sus dotaciones se formaran matrimonios donde oficiaban , por lo común, sacerdotes itinerantes una o dos veces al año. Si el dueño de esclavos era suficientemente poderoso y rica su hacienda, contaba entonces con un capellán permanente que celebraba las bodas con regularidad en la capilla de la hacienda o el cafetal.

¿Se podrá algún día hacer una investigación sobre los amores en las filas del Ejército Libertador y sus seguidores? Por el momento se puede afirmar que la mentalidad legal de aquellos redentores de Cuba era muy avanzada para su época. Excepto para los pobres adúlteros. Sin duda el amor y la fidelidad eran prendas muy valoradas entre los libertadores cubanos, aunque muchos de ellos mantuvieran una pobre observancia de estas convicciones, como es el caso, por solo citar un ejemplo, de Carlos Manuel de Céspedes, que ya casado con Ana de Quesada, quien se encontraba en el exilio con los hijos de ambos, tuvo amores con la jovencísima campesina Cambula, probablemente la última mujer de su vida, pues ocurrió en San Lorenzo, donde los españoles lo asesinaron.

 

 

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