Familia Sanguily (III) El hijo pródigo

Ya dijo Martí que nacen entre espinas flores, y Julio Sanguily Echarte, quien merecía haber sido engendrado por su tío sabio y no por su padre traidor, fue, sin embargo, hijo del segundo de los hermanos de esta familia. Debería ser más recordado por esta patria nuestra, en ocasiones demasiado corta de memoria para con hombres que le entregaron su corazón, porque en el momento histórico que le tocó vivir al joven Sanguily tuvo el valor  de enfrentarse, en más de una ocasión, a uno de los hombres más poderosos y sanguinarios que ha conocido esta isla: Gerardo Machado, el asno con garras, como lo apodara tan certeramente el poeta Rubén Martínez Villena.

Este ilustre y casi desconocido hijo de Cuba nació en La Habana en 1879. Con solo 16 años combatió en las filas del Ejército Libertador en la última de nuestras Guerras de Independencia, en la que alcanzó los grados de Coronel. Durante la primera ocupación norteamericana de la isla fue detenido junto con otros jóvenes y llevado a los tribunales por haber izado dos banderas españolas 〈1〉 en las azoteas del Centro de Dependientes del Comercio y el Centro Asturiano , negándose a pagar la fianza de cuatrocientos pesos que les fue impuesta a él y a sus amigos, por lo que guardó prisión  durante breve tiempo. En aquellos momentos en que los estadounidenses mantenían un ejército de ocupación en Cuba y se negaban a reconocer la soberanía de la isla y la capacidad de los cubanos para autogobernarse, la acción de aquellos jóvenes resultó francamente provocadora y contestataria.

Bajo la presidencia del general Mario García Menocal (1913-1921), el joven Sanguily fue nombrado su ayudante de campo, y en 1917 fue designado jefe de la Policía. En 1923 entró a formar parte del Movimiento Nacional de Veteranos y Patriotas, uno de cuyos fines era presionar al gobierno del entonces presidente de Cuba Alfredo Zayas, para que llevara a cabo un programa de enmiendas y reajustes destinados a imponer orden en la vida legal del país.

1933 fue un año terrible para los cubanos bajo la sangrienta dictadura del otrora General del Ejército Libertador Gerardo Machado. Tras la crisis económica de 1929 la situación resultaba insostenible para el pueblo empobrecido. Había huelgas y manifestaciones de obreros y estudiantes en todo el país. El presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, habiendo comprendido ya que la torpe crueldad de Machado, lejos de garantizar la sujeción de la isla al coloso norteño la había sumido en la rebelión y el caos, ordenó a su enviado especial en La Habana, el embajador Summer Wells, contactar a los jefes militares identificados con la oposición, para convencerlos de que se sumaran a la mediación que el gobierno estadounidense llevaba a cabo en la isla con el objetivo de destituir sin revuelta social a Machado, quien se negaba a renunciar. Julio Sanguily Echarte era, en ese momento, jefe del Cuerpo de Aviación del Ejército. Hace tiempo que conspiraba contra Machado.  Wells se entrevistó con los militares disidentes y otras importantes personalidades cubanas, a quienes instó a rebelarse contra el Presidente non grato. El argumento esgrimido por el señor embajador fue asegurar a estos cubanos que solo ellos podían salvar a Cuba de una tercera Intervención. Las dos primeras intervenciones de los Estados Unidos en la isla habían dejado un sabor tan amargo y habían comprometido tan gravemente la soberanía nacional, que por evitar la Tercera el presidente José Miguel Gómez masacró en 1912 a los rebeldes alzados del Partido de los Independientes de Color. En esta ocasión, el linajudo bostoniano Wells agitó ante los patriotas opositores el fantasma que más asustaba al patriotismo de los cubanos: otra Intervención.

El 12 de agosto de ese año estalló la huelga general y el ejército se sublevó. Se exigía la renuncia de Machado. Inició la sublevación el médico  Horacio Ferrer, coronel retirado, antiguo jefe de Sanidad del Ejército y Coronel del Ejército. El Batallón Número Uno de Artillería tomó militarmente el Estado Mayor del Ejército, y  pronto se le unieron  diversos Distritos Militares y la fortaleza de La Cabaña.

Julio Sanguily dio por la radio del Cuerpo de Aviación la noticia de la sublevación militar, y a partir de ese momento se le consideró el líder del movimiento. El pueblo, enardecido, se lanzó a las calles y comenzó a ajusticiar a los machadistas más connotados. Por toda la isla se desataron asesinatos, linchamientos, saqueos de viviendas e incendios de las organizaciones y periódicos que apoyaban a Machado. Cuba vivía momentos parecidos a los de la toma de la Bastilla, que dio inicio a la Revolución francesa. Machado, en su desesperación, pidió apoyo a la fuerza aérea cubana, pero el sustituto de Sanguily como jefe de la aviación le exigió su renuncia y lo amenazó con bombardear el Palacio Presidencial. Machado, intimidado, nombró su sucesor al jefe del Ejército Alberto Herrera Franchi y abandonó el país.

A esta componenda se opusieron decididamente Sanguily y otros militares y patriotas, quienes se enfrentaron a Wells y le anunciaron que Cuba quería un Presidente honrado y no comprometido con los intereses de los Estados Unidos en la isla. Sanguily, incluso, llegó a oponerse a la fuga de Machado, pero sus órdenes fueron violadas en el aeropuerto militar y el tirano escapó.

Sin embargo, el levantamiento había sorprendido a Summer Welles, quien esperaba que el próximo Presidente fuera el hombre dúctil designado por Machado.  El candidato de los cubanos era Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, primer Presidente de la República en Armas durante la Guerra de los Diez Años. Carlos Manuel destituyó de sus cargos a los oficiales machadistas y nombró a Sanguily Mayor General y Jefe del Ejército, cargo en el que este apenas permaneció cuarenta y ocho horas,  pues tuvo que ser hospitalizado e intervenido de urgencia por la perforación de una úlcera que sufría desde tiempo atrás.

Los acontecimientos políticos se aceleraban en Cuba. El 4 de septiembre de ese mismo año se produjo un Golpe de Estado dirigido por el sargento Fulgencio Batista, que llevó al poder a la tristemente célebre Pentarquía encabezada por el médico Ramón Grau San Martín, cuyo primer acto fue destituir al presidente Céspedes y  nombrar a Batista General y Jefe de las Fuerzas Armadas de la República. De inmediato se procedió a la expulsión del ejército de todos los militares que habían participado en la revolución del 33, entre ellos Julio Sanguily Echarte, quien se encontraba aún convaleciete de su operación. Notificado por la Dirección del hospital Calixto García de que debía buscar otro lugar donde hospedarse hasta su recuperación, Sanguily eligió el Hotel Nacional porque allí trabajaba su hijo, el Doctor Julio Sanguily. Pero hubo en su elección un motivo principal de mucho peso: Wells, opuesto a la asonada golpista de Batista, también se encontraba alojado en aquel lugar, por lo que su presencia, al tratarse del embajador de los Estados Unidos, brindaba cierta cobertura de protección contra las posibles represiones del nuevo gobierno.

Los militares despojados de sus cargos no reconocieron a Batista y solo aceptaban como jefe a Sanguily. Convirtieron el hotel en el centro de la resistencia contra Batista y se atrincheraron en él erizando el edificio de ametralladoras. Sanguily, casi imposibilitado de movimiento, no pudo tomar parte en la sedición. Transcurrieron varios días de conversaciones entre los bandos enfrentados, hasta que al fin, bajo la amenaza de la intervención norteamericana, Batista y Grau decidieron proceder a asaltar el hotel.

El 2 de octubre comenzó el ataque, que se prolongó durante diez horas. Abrumados por la superioridad numérica de los sitiadores, los sitiados decidieron rendirse y pidieron a Sanguily que mostrara una bandera blanca, pero él se negó resueltamente. Los vencedores ocuparon el recinto en medio del desorden y la violencia. Sanguily permaneció de pie, sereno, en medio del lobby, y su actitud  hizo que nadie se atreviera a tocarlo. Fue sacado del edificio junto con sus  dos hijos y otros militares y civiles por el teniente Belisario Hernández, antiguo subalterno suyo, quien se impuso a la turba amotinada que pedía en la calle sus cabezas, y  eligió personalmente a los soldados que debían conducir a los detenidos a La Cabaña, donde guardaron prisión por su participación en el levantamiento. Posiblemente aquella valiente actitud de Hernández salvó la vida de Sanguily, porque  otros oficiales fueron ejecutados de inmediato tras la rendición.

Sanguily era lo suficientemente buen militar y lúcido hombre público como para comprender  que con Fulgencio Batista se instalaba en Cuba una tiranía mucho más fuerte y sólida que la de Gerardo Machado, y que el apoyo de los norteamericanos  garantizaba a este una larga permanencia en el poder. El sargento golpista era un hombre al que le había llegado su hora, y se abatía sobre Cuba un largo período de dolor. Tras el fracaso del Hotel Nacional, Sanguily se retiró de la vida pública. Murió en La Habana en 1935.

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〈1〉 Rolando Rodríguez, Cuba: las máscaras y las sombras La primera ocupación, Tomo I. Ed. Ciencias Sociales, 2007

 

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LA FAMILIA SANGUILY EN LA HISTORIA DE CUBA (II) EL SABIO

Manuel Sanguily es una de las figuras más interesantes, por brillante y enigmática, de lapolítica y la intelectualidad cubanas decimonónicas, y pienso que no ha sido suficientemente estudiada en Cuba. Nació en La Habana el 26 de marzo de 1848 y fue el menor de tres hermanos. Dio su primera muestra de rebeldía cuando, recién graduado de bachiller, se negó a la intención de su tutor, quien pretendía hacerlo estudiar la carrera militar en España. Cuando se encontraba cursando el cuarto año de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, él y su hermano mayor, Julio, decidieron incorporarse a las tropas del Ejército Libertador. En 1869 pasó a formar parte de la legendaria caballería camagüeyana. En 1874 fue elegido representante a la Cámara del gobierno independentista, cargo que ocupó hasta enero de 1875, y al que renunció de forma voluntaria para unirse a las tropas del Mayor General Máximo Gómez, que marchaban en la invasión a Las Villas. En ese mismo año fue designado para entrevistarse con el Mayor General Vicente García, con quien debía discutir las demandas de los sediciosos de Lagunas de Varona. En 1876 fue ascendido a Coronel. En 1877 pasó a ser ayudante de su hermano mayor, el General Julio Sanguily. No participó en la Guerra del 95, pues durante esos años tan significativos para la historia de Cuba él permaneció en los Estados Unidos gestionando con las autoridades norteamericanas la liberación de su hermano Julio, encarcelado por los españoles desde el comienzo de la contienda.

Volvió a Cuba a finales de 1898, ya concluida la guerra hispano-cubano-americana. Participó en la Asamblea de Santa Cruz del Sur como representante del Tercer Cuerpo de Ejército de Camagüey. También fue miembro de la comisión encabezada por el Generalísimo Máximo Gómez, que viajó ese mismo año al país del norte para gestionar el licenciamiento del Ejército Libertador. Aunque parezca un hecho producto de la fantasía, Manuel Sanguily, quien no alcanzó tantos lauros en la Guerra de los Diez Años como su hermano traidor, fue quien propuso en la Asamblea del Cerro la eliminación del cargo de General en Jefe del Ejército Libertador, lo que constituía de forma automática la destitución del Mayor General Máximo Gómez, con quien llegó a estar en una posición  casi de enfrentamiento, pues desaprobaba el entendimiento del viejo dominicano con el presidente norteamericano y la intervención de su gobierno en la isla.

Más que por su trayectoria militar, Manuel Sanguily ocupa un lugar cimero en la historia de Cuba por su quehacer político e intelectual. Se le considera un continuador del pensamiento humanista cubano decimonónico. Estudió en el colegio El Salvador, marcado por la influencia progresista del padre Félix Varela. Fue discípulo de José de la Luz y Caballero y también su amanuense, de Enrique Piñeyro y un gran admirador  de Enrique José Varona. Su estancia en esa institución y su estrecho contacto con algunos de los pensadores más sólidos de su época en Cuba dieron a su pensamiento una orientación filosófica y antropológica. Profesor él mismo y director del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y la Universidad de La Habana, fue también ensayista, conferencista y crítico literario. El destacado intelectual Max Enríquez Ureña dijo de él que como crítico le interesaba sobre todo la actitud de los autores ante los muy trascendentes temas de la naturaleza y el destino, lo que no deja de resultar curioso, pues en el terreno del pensamiento Manuel Sanguily se adscribió al positivismo[1] y se le considera un teórico de esta corriente filosófica. Pero naturaleza y destino son dos categorías que se oponen por su propia esencia, lo que constituye, de hecho, una contradicción insalvable cuando se manifiestan como señeras en el pensamiento de un mismo individuo. La naturaleza es un fenómeno de orden material y objetivo, mientras que el destino es una concepción de orden espiritual y subjetivo. Semejante contradicción puede conciliarse en el alma y la sensibilidad de un poeta, como ocurrió con Martí, pero es difícil imaginar cómo podría lograrse en un pensador científico como Manuel Sanguily. Los estudiosos de su obra afirman que su pensamiento transitó por etapas evolutivas y terminó distanciándose de sus primeras ideas filosóficas, tal vez impulsado por una crisis existencial o una cierta angustia, como creo percibir en el siguiente fragmento de una carta suya a Enrique Piñeyro en 1876, escrita desde la manigua:

¿Para qué sirve en el mundo el que como yo quede con ansias, con hambre de saber… en el ocaso de la juventud… en la edad en que se van las ilusiones y se infiltran en el alma… el escepticismo y el cálculo?

En esa fecha habían transcurrido ya ocho años desde el alzamiento de La Demajagua que dio comienzo a la Guerra de los Diez Años, en la que tantas divisiones, desacuerdos, traiciones y vilezas ocurrieron en el Ejército Libertador. Manuel había visto suficientes jugadas de cálculo efectuadas por algunas de las grandes figuras de nuestra independencia. Es una carta en la que no se aprecia ya ningún rastro del idealismo juvenil, sino que cada línea rezuma decepción, la misma decepción de la condición humana que respira en los Versos Libres de Martí.

Manuel Sanguily parece haber sido un hombre de oscilaciones ideológicas, con momentos en que llega a dudar de la victoria de la ciencia sobre el pensamiento mágico, como puede apreciarse en el siguiente fragmento:

Quizás los que esperan de la ciencia la última palabra sean víctimas de una ilusión generosa: Isis[2], señores, está siem­pre presente, y el hombre no puede descorrer nunca por completo el velo de las cosas; así mientras haya un mis­terio en cualquier rincón de lo infinito inexplorable, ha­brá siempre también poesía y religión. (Discursos y conferencias).

Fue también un agnóstico convencido, como expone Pablo Guadarrama González en “Manuel Sanguily y Garrite ante la condición humana” (en La Condición humana en el pensamiento cubano del siglo XX. La Habana: Ed.Ciencias Sociales):

Para Sanguily existía  siempre un insondable reino de lo desconocido. “Hoy mismo, por lo que vemos, —afirmaba— puede afirmarse que la ciencia hu­mana jamás penetra tan adentro de las cosas que no deje de ellas algún lado oscuro e inaveriguado”. […] Según él, este lado desconocido era absolutamente inalcanzable y a lo más que pueden llegar las ciencias es a describir el cómo y no el por qué, pero en ningún caso a encontrar las verdaderas causas de los fenómenos, por eso llegaba a la siguiente conclusión: “Frente al universo que le envuelve y domina, el hombre -solo y desamparado- niega o afirma, bien que al ne­gar sea también afirmar, al menos afirmar lo contrario o lo diverso. Ante la inmensidad y sus misterios se deja el hombre, como dijo Claude Bernard, ‘mecer por el viento de lo desconocido, en las sublimidades de la ignorancia’; Hamlet le advertía a Horacio que en el cielo y en la tierra hay más cosas de las que sueña la filosofía; y un gran filósofo moderno, el insigne Herbert Spencer piensa que ‘el sabio sincero siente con más fuerza que cualquiera otra incomprensibilidad completa del hecho más sencillo considerado en sí mismo: sólo él ve que un conocimiento absoluto es verdaderamente imposible, y sólo él sabe que en el fondo de todas las cosas hay un impenetrable mis­terio […]”. Este misterio era para Sanguily, a diferencia de Spencer, no sólo el punto de partida de la religión sino también de la metafísica y de la poesía. Pensaba que la filosofía, entendida como metafísica, no había muerto ni sería destruida por la ciencia como afirmaba el positivismo, sino que “los grandes problemas de la metafísica siempre serán una realidad […]”. Aunque otor­gó validez a la metafísica lo hizo sólo admitiendo su valor en su terreno propio, sin que por ello pudieran incluirse sus resultados dentro de las posibilidades de la ciencia. La importancia que le atribuía a la filosofía del mismo modo que a la literatura y el arte en la conformación de la espiritualidad se correspondía con su postura humanista.

Manuel también estaba convencido de la existencia de una interconexión entre todos los fenómenos del universo, y que tal conexión jamás es casual, sino causal. Sin embargo, creía que  los movimientos de la Historia no están predeterminados ni son invariables, y su desenvolvimiento depende en mucho de la acción humana y de “factores aleatorios imposibles de predecir de manera lineal y unilateral”, aunque no negaba la existencia y el  obrar de leyes sociales. ¿No nos recuerda a Lenin con aquella famosa reflexión suya expresada en su discurso Qué hacer, sobre que de la mezcla de muchos intereses resulta algo que nadie había querido? Y aún añadía: “La historia toda no es más  que un panorama de variaciones, mudanzas y sorpresas”. No fue probablemente el único pensador latinoamericano de su época en adelantarse casi siglo y medio a la Teoría del Caos, al Efecto Mariposa y a uno de los puntos clave del pensamiento de la Nueva Era: la concepción de un mundo causal, pero sí lo fue en Cuba. Salvo Martí, no andábamos entonces abundantes en humanistas, que es lo que, en definitiva, fue realmente Manuel Sanguily. Me parece un poco arbitrario el intento de juzgar el pensamiento de Sanguily de manera de acercarlo a ciertos postulados y categorías del marxismo. Aunque gran conocedor de la filosofía clásica alemana, a la que se atrevió, incluso, a analizar y criticar, si acaso sus ideas se acercaron en algún punto a las de Marx fue más por intuición y convergencia que por un posicionamiento definido y manifiesto; tan es así que llegó a expresar sus dudas sobre la influencia determinante del medio en los individuos, y tuvo la suficiente lucidez como para darse cuenta de que el medio no crea conjuntos de personalidades homogéneas, sino individualidades. No es casual que se definiera a sí mismo en los siguientes términos:

No soy, pues, más que un observador que contempla a un pueblo en un momento dado, que no tiene otro deseo que ver con claridad; que sin odio ni interés mezquino, examina hechos sociales para comprenderlos y prever en lo posible sus consecuencias, por la investigación de sus orígenes o sus condiciones. (Discursos y conferencias, Tomo I)

En cuanto a su actitud frente a los movimientos históricos de liberación de los pueblos, estaba estrechamente impregnada por la ética, y atribuía especial importancia a la imprescindible presencia de un ideal como motor impulsor y columna vertebral de los acontecimientos. A su juicio:

Entre el privilegio que es la desigualdad, la tiranía que es un crimen, la esclavitud que es una infamia, el despojo que es una crueldad, el vasallaje oprobioso del débil por el fuerte que es un sacrilegio, y el derecho y la libertad y la igualdad que son la vida, la verdad y la ley, la lucha es larga, ha sido terrible y sin descanso, pero el resultado no puede ser dudoso. El pueblo que quiere triunfar de sus tiranos al fin conquista su libertad y su honor. Para eso no es necesario que todos los oprimidos, numéricamente todos, se levanten y protesten. Para  conmover todos la sociedad —ha dicho un ilustre e inconsecuente estadista español— no se necesita más que un punto de apoyo, que es una idea, y una palanca, que es la voluntad enérgica de algunos hombres.

Sobre este concepto de la idea-palanca, analizando el papel que las ideas de Félix Varela, Luz y Caballero y otras destacadas figuras de la intelectualidad nacional de la época tuvieron sobre la conciencia de los cubanos y el estallido de nuestras Guerras de Independencia, escribió:

[..] la verdad es que si no siempre una doctrina es­grime el acero, casi siempre una espada ensangrentada hasta el puño no es otra cosa en la historia humana que el buril inconsciente y tremendo que esculpe en la carne del mundo un ideal distinto concebido en la serenidad apa­cible del pensamiento.

[…] Todo hecho, todo suceso, revelan un estado de espíritu, un estado de la opinión, es decir, de la conciencia, y todo estado de la opinión y de la conciencia dependen de las condiciones sociales, y las condiciones sociales son siempre y en todas partes un resultado, obedecen a causas que las determinan y que son mediatas o próximas; pero que una vez originadas actúan en el sentido de su dirección y de su fuerza.

Estas reflexiones me hacen recordar una cita de Víctor Hugo que durante años tuve colgada frente a mi cama: “No hay fuerza más poderosa que una idea a la que le ha llegado su momento”.

Tienta preguntarse si como hombre decimonónico, criollo en una colonia del catolicismo hispano y hombre de formación científica, profesó Manuel Sanguily alguna creencia religiosa. No puedo responder a la pregunta puntual de si tuvo una fe militante, pero al menos reconocía la existencia y obrar de alguna fuerza superior a la voluntad humana y capaz de disponer los acontecimientos en órdenes inescrutables e inaccesibles al conocimiento humano, como deja en claro al escribir en plena Guerra de los Diez Años:

Los su­cesos que realizan los hombres también se desenvuelven conforme a una pauta; porque la Providencia lo ha some­tido todo a sus sabios decretos, desde el invisible grano de arena hasta la apartada nebulosa” (Frente a la dominación española, Tomo II, 1949)

El autor del ensayo que he tomado como referencia principal para escribir este artículo, distingue  etapas en el pensamiento del humanista cubano:

Para él, en una primera etapa de su evolución intelectual, Dios era el principio motriz general, la voluntad suprema ordenadora de todo lo existente y, por lo tanto, tam­bién del orden social; pero en 1893, cuando era ya inminente el advenimiento de una nueva guerra por la independencia, —vía que siempre consideró necesaria para la liberación nacio­nal—, se percató de que sus anteriores criterios eran un arma de doble filo y podían servir a los españoles para justificar su dominio sobre la colonia como un designio divino. Por eso, tal vez rectificando su criterio anterior,  precisó: “Ni Dios, ni nadie, ángel o demonio, interviene, ni ha intervenido nunca en las luchas de los pueblos, ni en el curso de la evolución de cada uno de ellos” (Discursos y conferencias). Mantuvo su fe religiosa, pero prefería eliminar este campo de acción a la voluntad divina y dejar que la sociedad se moviese por sus propios mecanismos, como era normalmente considerado por el deísmo, concepción que finalmente prevaleció en él. […] Reconsidera su concepción sobre el desarrollo social y lo concibe entonces  movido por sus propios resortes sin necesidad de la interven­ción divina, ampliando el margen de la actividad humana al darles mayor oportunidad a los hombres de decidir su propio destino. De ahí que afirmase: “toda sociedad cambia, lo mismo de ideas y sentimientos que de aspecto y organización a virtud de leyes que determina sus variaciones y destino en cada época de su vida.

Pero que la conciliación de sus contradicciones no fue para Sanguily un trabajo ni fácil ni completamente logrado se muestra bajo una claridad diurna en este otro fragmento de un texto suyo:

Yo creo en las fatalidades de la historia, en el determi­nismo de los sucesos, como creo en su desviación y encauzamiento en sentido diferente al que resultaría del azar o de abandonarse a las combinaciones naturales; pero vencer el determinismo, torcer, desviar el curso de los sucesos, abrir un cauce para que las aguas que vienen despeñadas desde el diluvio tomen una dirección prevista y calculada, es todo el contenido de la historia humana, el móvil, la causa de la lucha de clases, las razas, los partidos, del diario afán de los propagandistas y políticos, del martirio de las minorías mesiánicas, reformadoras y revoluciona­rias (Frente a la dominación española).

Sin embargo, apunta Guadarrama González:

 En ocasiones [Manuel] consideraba que el movimiento social se hacía incomprensible, indescifrable y por tanto es inútil su interpretación científica. Por esa vía le abría las puertas a la religión, como se aprecia en 1894: “Blancos y negros estamos, hemos estado y estaremos per­petuamente sometidos a fuerzas superiores, misteriosas e incontrastables quizás y hemos andado desde las pro­fundidades de los tiempos y andaremos en lo venidero empujados o arrastrados hacia fines desconocidos. No sa­bemos de dónde venimos; no sabemos tampoco a donde vamos” (Op. Cit).

En un análisis absolutamente personal creo que Manuel Sanguily, independientemente de que haya tenido un pensamiento que transitó por varias etapas de evolución, nunca pudo llegar a una conciliación entre las dos ideas que se lo disputaron a lo largo de su vida como si su mente fuera un campo de batalla: la idea de una ciencia que con su claridad y exactitud  meridianas puede, en virtud de su método investigativo, descubrir los mecanismos de los fenómenos y ofrecer al investigador panoramas minuciosamente medidos y pesados , y la idea de que por encima de la voluntad de los hombres y de las leyes que rigen el universo existe una fuerza mayor, a la que llamó providencia y conciencia divina intrínsecamente sabia, que dispone el orden de los sucesos de un modo inaccesible para la mente humana, por lo que habrá siempre una zona de sombra que será, en definitiva, donde opera el motor que mueve todo, un concepto casi aristotélico, cuya naturaleza es irremediablemente inalcanzable, incomprensible e inmodificable para el hombre, quien será su eterno juguete. Como a tantos otros científicos y filósofos religiosos —de cuyas historias está llena la Historia de la ciencia— este dualismo de concepciones debió provocar al gran cubano una profunda angustia existencial.

Además de su brillante inteligencia, su cultura humanística y una capacidad realmente superior para la comprensión del mundo, otra gran virtud que se debe señalar en Manuel Sanguily es que, al parecer, no estaba impregnado por los criterios racistas que marcaban a muchos de los hacendados cubanos que se lanzaron a la manigua en nuestras guerras de independencia —entre los cuales, según afirma Carlos Manuel de Céspedes en su Diario Perdido, se encontraba el propio Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía y su presunto asesino indirecto— y, en general, a toda nuestra sociedad colonial. En la Asamblea de Guáimaro, cuando aún nadie había hecho en público justicia y honor a la participación de los negros en las gestas redentoras, Manuel se subió a una silla e improvisó un discurso de reconocimiento que, según ha trascendido, arrancó lágrimas a muchos de los curtidos veteranos que se encontraban presentes.

Manuel Sanguily era un pacifista, pero sobre las guerras y la necesidad de ellas coincidía con el pensamiento martiano. Como escribe Guadarrama González:

Respecto a las guerras mantuvo el criterio que debían evitarse pues prefería ante todo  la paz, pero cuando era necesaria una guerra justa, la propiciaba. En 1895 planteaba: “Yo he sido siempre un soñador de la paz…..”. Sin embargo, consecuentemente había combatido en los campos de batalla durante casi una década y contribuyó a promover la nueva guerra por la independencia con la justificación siguiente: “Estamos destruyendo para edificar; combatimos por la vida, no por la muerte”. (Discursos  y conferencias).

¿Y qué quería Sanguily para Cuba, cómo concebía la patria poscolonial?  De nuevo según Guadarrama:

El ideal sociopolítico de Sanguily se articulaba con el liberalismo decimonónico que tomaba distancia crítica tanto del socialismo y el anarquismo como del conservadurismo que trataba de mantener anquilosado el desarrollo socioeconómico y especialmente ideológico de los países latinoamericanos. Su máxima aspiración era lograr para Cuba un desarrollo capitalista industrial y agrario, en el que pequeños y medianos empresarios impulsaran la economía sobre la base de un presunto “mercado libre”, de manera que cualquier tipo de monopolio o latifundio lo consideraba un poderoso obstáculo para la realización de su proyecto de desarrollo. Eso explica su radical postura tanto anticolonial como antiimperialista.

[…] Abogó,  en correspondencia con su libera­lismo, por formas de gobierno democráticas y  por  la separación de la Iglesia y el Estado, a pesar de que era creyente, defendió la libertad de enseñanza y el sufragio universal, medidas todas ellas indiscutiblemente muy progresistas para Cuba en aquellos momentos en que iniciaba su vida republicana. Su aspiración era que el Es­tado contribuyera a viabilizar las aspiraciones de los indivi­duos y no que se convirtiera en su obstáculo.

[…] Sanguily aspiró a una Cuba independiente y próspera en la que prevalecieran “esos principios fecundos de orden y pro­greso” tan propugnados por el positivismo y que le auguraban las con­diciones indispensables para que el capitalismo en su anhelada perspectiva premonopolista  se desarrollaran plenamente, luego de haberse li­quidado el dominio español.

[…] Siempre aspiró a que Cuba  se integrase plenamente como país independiente al concierto de los países americanos. “Definió el americanismo, no como una tendencia racial, sino como un ideal de vida y de gobierno, cuyo término es la federación, cuya base es la autonomía, cuya forma es la república y cuya esencia es la democracia.

A diferencia de su hermano Julio, quien fue seducido por el modelo de vida norteamericano, Manuel mantuvo siempre una postura antiimperialista sin fisuras, porque, al igual que Martí, comprendió enseguida, con esa lucidez suya que ya no debe sorprendernos, la voracidad de los gobiernos y empresarios norteamericanos, y adivinó el megaproyecto del pulpo norteño de convertir a la América Latina y el Caribe en su traspatio político, económico y social. Según el historiador Jorge Ibarra, esta postura hace clasificar a Manuel Sanguily como uno de los precursores del pensamiento antiimperialista en América. Vivió en Estados Unidos, donde colaboró activamente con la labor independentista junto a   José Martí, recaudando fondos en varios países. Martí supo oportunamente aquilatar sus méritos y  en varias ocasiones se refirió a él muy elogiosamente al considerarle “un cubano de admirable mente”, “siempre de cara al enemigo y al debate, y con la palabra, como la cabellera, de oro”. Renée Méndez Capote, quien le conoció en su infancia cuando era visita común en la casa de su padre, lo recuerda como un hombre bello y de gallarda presencia, y también hace referencia a sus cabellos rubios, que aureolaban su rostro como el aura dorada de un santo.

Representó al país en el plano político e intelectual  en múltiples congresos internacionales. Por sus méritos profesionales fue elegido  miembro del Tribunal Permanente Internacional de Arbitraje de La Haya, de la Academia de la Historia  de Cuba y  Decano honorario de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de La Habana. Fue profesor de Retórica y Poética del Instituto de La Habana y director de las Escuelas Militares, así como inspector y Brigadier General de las Fuerza Armadas.

Sus reflexiones acerca de que el medio social no determina la homogeneidad de intereses y actitudes entre los hombres nunca fueron mejor ilustradas que por la inmensa diferencia de estatura moral entre él y su hermano Julio, quien fue hombre de acción, traidor gárrulo, bribón y absolutamente inmoral, mientras Manuel, hombre de pensamiento, mantuvo siempre una virtud acrisolada que le valió el afecto sincero de José Martí.

Sanguily fue también un orador consumado y elegante y un periodista lúcido y hábil pluma brillante. Fundó en 1892 y de acuerdo con Martí, la revista Hojas Literarias, también Patria y Libertad, La Discusión. Fue colaborador de El Triunfo, Heraldo de Cuba, Las Habana Literaria, El País, Revista de Cuba y Revista Cubana. Desde las páginas del periódico La Discusión abogó fervientemente por la retirada de las tropas militares estadounidenses, la formación de un gobierno cubano y la independencia total del país. Combatió a los autonomistas y los anexionistas y hasta el final de su vida fue un independentista convencido que nunca reclamó para sí ni honores ni beneficios. Fue un soldado de conciencia.

Se opuso a la Enmienda Platt aunque con posterioridad la aprobó, y al Tratado de Reciprocidad Comercial impuesto a Cuba por los vencedores. Fue electo senador por Matanzas y en 1902 fue elegido como primer Presidente del Senado.Junto con el Mayor General del Ejército Libertador Mario García Menocal, Manuel Sanguily fue mediador entre los partidos Moderado y Liberal durante la Guerrita de Agosto de 1906, en la que los liberales se alzaron contra la reelección del Presidente Estrada Palma, y que tuvo por consecuencia la Segunda Intervención norteamericana en la isla. En 1910 fue nombrado Secretario de Estado y en 1912 estuvo entre las figuras políticas cubanas que se opusieron a una Tercera Intervención, con la que los Estados Unidos amenazaban al entonces presidente de Cuba José Miguel Gómez si no ponía fin al levantamiento de los miembros del Partido de los Independientes de Color. En 1913 fue designado por el presidente Menocal para ocupar la Secretaría de Gobernación, pero renunció en 1917 cuando este quiso reelegirse. Murió en La Habana en 1925.

Hasta donde sé, una sola cosa le reprocharía yo a Manuel Sanguily Garrite, y es una historia muy fea en verdad. Cuando ya depuesto de su cargo de Presidente de la República en Armas y acorralado por la tropa española que rodeaba el miserable rancho donde tenía su último refugio, Carlos Manuel de Céspedes se quitó la vida de un pistoletazo para no sufrir la afrenta de caer vivo en manos del enemigo, sus captores encontraron entre sus pertenencias lo que hoy se conoce como el Diario Perdido, en cuya primera página había dejado Céspedes escrita su última voluntad: que el tomito le fuera entregado a su esposa Ana de Quesada, quien se encontraba entonces en el exilio. La viuda supo que el Diario se encontraba en manos de Manuel Sanguily y le escribió reclamándoselo. Lo que sigue es una cita de mi artículo La historia de Cuba habrá que rescribirla algún día[3]:

[…] En una respuesta que revela soberbia y desdén y es totalmente indigna de un caballero y de un patriota, Sanguily replicó a la viuda que el cuadernillo constituía legítimo botín de guerra de los españoles que habían capturado a Céspedes y tomado su cadáver, y que le fue comprado a ellos por su hermano Julio Sanguily por una fuerte suma de dinero, en vista de lo cual él no tenía ninguna obligación de entregárselo a ella.

Los cubanos debemos a un extraño azar que el Diario Perdido haya llegado a las manos de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, quien lo publicó, devolviendo así a la Historia de Cuba un documento fundamental que le pertenece. A Manuel Sanguily no se lo debemos. Los grandes hombres no están a salvo de la mezquindad de espíritu.

 

 

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1  Corriente filosófica del siglo XIX que postula que el conocimiento auténtico es el conocimiento científico y tal conocimiento solo puede surgir de la afirmación de las hipótesis a través del método científico o inductivo-deductivo, basado en la experimentación y la comprobación de los fenómenos. Según esta corriente filosófica el mismo método es aplicable para todas las ciencias, en especial las físico-naturales.
2  Isis, una de las diosas principales del panteón religioso egipcio prehistórico y faraónico. Esposa de Osiris, cuando su esposo fue descuartizado por su hermano Seth, ella reunió los fragmentos de su cuerpo y sobre el cadáver redivivo engendró a Horus. Los tres conforman la Trinidad sagrada en el país del Nilo. Estudiosos de las religiones y antropólogos consideran que Isis es la matriz de las vírgenes posteriores, y también de la Virgen María. En varias catedrales europeas, como en la francesa de Chartres, hay vírgenes negras cargando un bebé. El dúo es identificado con Isis y Horus. Aunque hubo muchas diosas que la precedieron en otras culturas como la caldea y la asiria, ella es la diosa femenina arquetípica.
3Publicado en mi blog Hija del Aire https://www.ginapicart.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La familia Sanguily en Cuba (I) El traidor

La familia Sanguily ocupa un lugar singular en la historia de Cuba: fueron miembros suyos un alcalde en Australia, dos de los más destacados oficiales del Ejército Libertador, el peor traidor que ha tenido la historia de la nación y el líder militar de la resistencia contra el presidente Gerardo Machado.

Hijos de un matrimonio de origen francés, el mayor de los tres hermanos, Guillermo, abandonó la isla antes del comienzo de la Guerra de los Diez Años. No tengo más datos sobre su andadura en este mundo hasta que ocupó el cargo de alcalde de la importante ciudad australiana de Sidney. En su tiempo ese destino fue, sin duda, uno de los más rocambolescos que haya tenido un nativo de esta isla.

Julio fue el segundo hijo de la familia. Nació en La Habana el 9 de noviembre de 1845. La historiografía cubana siempre había destacado sus valores incuestionables como militar, pero en la actualidad se le considera una de las personalidades más polémicas y negativas de la historia nacional, y el historiador Rolando Rodríguez no vacila en calificarlo como el mayor traidor de nuestras gestas libertadoras.

En 1868, Julio, con 23 años de edad, y Manuel con 20, viajaron desde Cuba a Jamaica y de ahí a Cuba en la segunda expedición del Galvanic. Desembarcaron  en Camagüey, donde se unieron a los insurgentes cubanos contra el poder de España. Julio inició su carrera militar bajo el mando del general Manuel de Quesada. Más tarde, cuando este ya era General en Jefe del Ejército Libertador, fue jefe de su escolta y su ayudante personal. Escaló velozmente los peldaños militares: el 20 de julio de 1869,  ostentando los grados de Comandante, Julio participó en el ataque a Puerto Príncipe bajo las órdenes del Mayor General Ignacio Agramonte. En 1870 fue ascendido a Coronel; en 1872 a Mayor General  y en el 1873 a segundo jefe de la División de Camagüey. Ese mismo año, tras la caída de Agramonte, quedó al frente de la División hasta que entregó la jefatura a Gómez. También fue  nombrado segundo jefe del Tercer Cuerpo de Las Villas y, al mismo tiempo, segundo jefe del Departamento Occidental. Cuando se firmó el Pacto del Zanjón viajó a España.

A Julio Sanguily se le considera protagonista de uno de los episodios más hermosos de nuestras guerras de independencia, conocido como El Rescate de Sanguily, y así, al menos, aparece en todos los libros de historia, aunque en justicia el verdadero protagonista fue el Mayor General Ignacio Agramonte, quien con una vertiginosa carga al machete lo rescató de la tropa española que lo había apresado, apenas un día después de su captura.

Julio mostró siempre enorme valor y resistencia físicos. Sufrió varias heridas de guerra, entre ellas un disparo de fusil en un pie (algunas fuentes afirman que fue un machetazo) que lo dejó lisiado, y a partir de aquel día sus ayudantes tuvieron que izarlo a su caballo y desmontarlo, lo que no le impidió seguir luchando. En 1876 fue enviado junto a su hermano Manuel a los Estados Unidos, donde debía recuperarse de otras heridas y conseguir pertrechos y armas para enviar a los mambises en la isla. Adquirió, como otros cubanos exiliados, la ciudadanía norteamericana, a la vez que mantenía vínculos con los clubes independentistas y participaba en las conspiraciones que los emigrados llevaban a cabo en ese país, entre las que se cuenta la fallida Paz de Manganeso, que tuvo lugar en 1890. Se le acusa de haber sido un agente doble de España y los Estados Unidos. Se cree que fue responsable por la muerte en combate de Manuel García, quien se hiciera famoso por practicar el bandolerismo en los campos de Cuba, pero terminó apoyando  la causa de la libertad y ofreciendo a Martí una fuerte suma de dinero para la compra de armas y la preparación de expediciones, contribución que el Maestro le rechazó, invitándole en cambio a unirse a los combates que estaban teniendo lugar en la isla, donde apenas llegar Manuel García perdió la vida en una emboscada. También se considera a Julio Sanguily culpable directo por la captura de la expedición de Fernandina preparada por Martí, y por el fracaso del levantamiento en el occidente de la isla. Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que la negativa de Martí de entregar dinero a Maceo para el financiamiento de su expedición de Costa Rica fue causada por intrigas y actos deshonestos de Julio Sanguily. El Apóstol llegó a sentir tal desconfianza de este hombre que le ocultó los últimos preparativos de la guerra y la llegada a Cuba de los principales jefes de la contienda.

En febrero de 1895 Julio fue hecho prisionero por los voluntarios españoles, quienes le pedían pena de muerte, pero con la intervención del gobierno de los Estados Unidos, país del que era ciudadano, y otras gestiones para liberarlo entre las que no fueron las menos intensas las llevadas a cabo por su hermano Manuel, consiguió ser indultado. Dos días después regresó a Nueva York, donde se presentó ante la delegación cubana para ser alistado. El delegado Tomás Estrada Palma, después de consultar con el Consejo de Gobierno de Cuba, le denegó tal petición. Cuando Julio Sanguily aún reclamaba su envío a Cuba, Estados Unidos declaró la guerra a España (20 de febrero de 1898). Sanguily se enroló en la expedición del vapor Florida, que bajo el mando del General de División José Lacret Morlot desembarcó por Banes el 26 de mayo de 1898. Le fue reconocido el grado de Mayor General y terminó la guerra con categoría de jefe excedente. En la etapa republicana se retiró de la política y no ocupó cargos públicos. Murió en La Habana en 1906. 

Esta figura de Julio Sanguily resulta bastante incomprensible en cuanto a su verdadera condición humana. Queda fuera de todo cuestionamiento que era un hombre de extraordinario valor personal y un militar muy eficiente, ambas virtudes bien demostradas por su extensa  hoja de servicios en el Ejército Libertador. Recientes y muy rigurosas investigaciones llevadas a cabo sobre su persona por prestigiosos historiadores cubanos revelan que también fue un espía doble pagado por los gobiernos de España y Estados Unidos. Martí, quien en mi opinión tanto se equivocó con la índole real de Estrada Palma, supo ver dentro de Julio Sanguily, quien encaja perfectamente en aquella desgarradora reflexión ecuménica del Apóstol: “Conozco al hombre y lo he encontrado malo”. ¿Era un patriota falso? ¿Fue traidor desde el principio a la causa de nuestra independencia? ¿Era un anexionista enmascarado? ¿Tuvo alguna motivación ideológica o simplemente fue un inmoral? ¿Qué razones pudieron hacer de este hombre con tanto potencial para trabajar por la libertad de Cuba un vil sujeto envuelto en tanta miseria humana?

El historiador Rolando Rodríguez, en el primer tomo de su libro Cuba, la primera ocupación las máscaras y las sombras (ed. Ciencias Sociales, 2007) coloca a Sanguily en una especie de podio de ganadores, entre Estrada Palma y Gonzalo de Quesada, a quienes otorga los tres primeros lugares entre los villanos de la historia de Cuba. Sin embargo, su juicio permite adivinar el largo proceso de degradación de un hombre que alguna vez fue virtuoso:

Otro asunto que debe quedar claro […] es el carácter “traidor” de Julio Sanguily, cuya fea hoja de servicios comenzó a empañarse, según Vicente García[1], cuando en la manigua comenzó a traficar con productos para su uso con los enclaves del enemigo. Más tarde, ya en la paz, le aceptó una “botella” al general García de Polavieja en los ferrocarriles. Para entonces, como aseguró el general español, Julio Sanguily protegía bandidos y les aceptaba dinero resultado de los delitos cometidos. Fue acusado indirectamente por Martí de haberle estafado dinero a los tabaqueros con la historia de un alzamiento que llevaría adelante en Cuba, y al respecto Martí pidió que no lo dejaran ir de nuevo a Cayo Hueso porque demeritaba la idea independentista. Sanguily casi seguramente fue el delator del 24 de febrero de 1895 ante el mando español. La verdad es que para esa fecha había sido designado jefe militar mambí de Occidente, y en la mañana de aquel día glorioso no estaba en el campo de batalla, sino en su mansión de El Cerro, donde fue arrestado por los españoles casi con seguridad para prestarle una coartada. Algunos de los que le acompañaron en la aventura sabían desde antes que no tomaría las armas pues tenía empeñados el revólver y el machete. Luego, cuando estaba en Estados Unidos, le estafó a Estrada Palma varias mesadas con la historia de su sostenimiento, y en 1897, al mismo tiempo, entró en contacto con Dupuy de Lôme, el ministro español en Washington, y le propuso por unos 300 pesos mensuales venir a Cuba para convencer a Máximo Gómez de que aceptara la autonomía. El presidente del Consejo de Ministros de España. Antonio Cánovas del Castillo, aceptó se le pagara ese salario, pero no que viniera a la isla. Por último, ya en Cuba, a donde viajó con las tropas estadounidenses, se puso durante la ocupación al servicio del gobernador Leonard Wood en labores “especiales”, es decir, de espionaje, por unos cuantos cientos de pesos al mes. Falta añadir por qué hizo todo aquello. La razón estriba en que Julio Sanguily se había aficionado al alcohol, las francachelas con mujeres y, sobre todo, a la baraja. Se sabía que no salía de las mesas de juego. Para estas afirmaciones se cuenta con el diario de Vicente García, cartas de García de Polavieja, de Dupuy de Lôme, y vouchers de pago firmados por Wood y Sanguily. Sobre su estafa a los tabaqueros de Cayo Hueso hay cartas sobradas de Martí en sus Obras completas, y en cuanto al 24 de febrero hay testimonios de su postura ante el alzamiento y documentos que muestran le habían llegado confidencias en ese sentido al capitán Emilio Calleja. Dada su postura, habían sido proporcionadas por este sujeto. Sin duda, Julio Sanguily fue el gran traidor de la independencia cubana. [2]

 


[1] Vicente García, Mayor General del Ejército Libertador. Fue de los primeros en incorporarse a la lucha armada por la independencia de Cuba. Por la bravura demostrada en los más de cien combates en que participó, los españoles lo apodaron el León de las Tunas. Organizó un efectivo servicio de inteligencia y creó los códigos y claves para las comunicaciones en su región. Fue jefe del Departamento Oriental con mando en Camagüey. Llegó a ser Presidente de la República en Armas. En 1886, cuando tenía 53 años, el espía español Ramón Dávila lo envenenó en Venezuela poniéndole vidrio molido en un plato de quimbombó.
2 Aunque la condición de traidor de Julio Sanguily ha sido estudiada por otros historiadores, cito a Rodríguez porque de todos los textos a los que he tenido acceso sobre este tema, me parece el suyo el que mejor lo resume,  por lo que sirve en forma adecuada a mi objetivo periodístico.  

 

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Voynich, el manuscrito más enigmático de la Tierra

Puede que usted haya escuchado alguna vez una conversación sobre manuscritos misteriosos. Algunos son textos apócrifos, o al menos acusados de serlo, como los célebres Evangelios Apócrifos que fueron eliminados de la versión oficial de la Biblia por ser imposible acreditar sus fuentes. Sin embargo, es posible que nunca haya escuchado mencionar el manuscrito Voynich, hasta hoy considerado como el más misterioso de todos los textos conocidos por la humanidad. No es un caso como los textos escritos en el aún no descifrado alfabeto cretense Lineal-B, pues el misterio de lo que sea que digan esos textos radica hasta la fecha en la imposibilidad de leerlos porque no se comprende su escritura. Cuando por fin sea descifrada, a lo mejor resulta que los textos cretenses dicen cosas de lo más corrientes, como las tablillas babilónicas que resultaron ser registros de almacenes de provisiones de un palacio real.

Pero el Voynich es otra cosa. Fue escrito hace ya más de 700 años en un idioma desconocido al que los especialistas en criptología han llamado voynichés.

Esto no es raro, pues los sabios de épocas pretéritas en ocasiones creaban sus propios alfabetos personales para cifrar conocimientos que consideraban peligrosos si caían en manos equivocadas, o descubrimientos que no deseaban compartir. El ejemplo más conocido es el del  genio italiano del Renacimiento Leonardo da Vinci, quien escribía al revés y era necesario emplear un espejo para poder leer sus anotaciones, llevadas con obsesiva constancia y prolijidad. El manuscrito parece ser una especie de compendio de sapiencia, pues abarca disciplinas tales como la astrología, la botánica, la farmacopea, la cosmología, la biología…

Tratados con esas características se escribieron muchos desde la Antigüedad, baste recordar los de los romanos Plinio el Viejo y Plinio el Joven. Se copiaban tratados más antiguos en los monasterios, o los hacían monjes cronistas que pretendían recopilar y preservar informaciones provenientes de culturas precristianas, como hicieron los monjes en Irlanda con los libros celtas anteriores a la llegada de San Patricio. ¿Qué hace entonces tan especial al manuscrito Voynich? Pues que habla de flora y fauna que no pertenece a este planeta, y contiene ilustraciones de instrumentos que nunca pudieron haber existido en el siglo XIII. Algunos de ellos pudieran ser microscopios y lentes de aumento rudimentarios, acompañados por ilustraciones que recuerdan estructuras de células y bacterias. Es muy cierto que Leonardo da Vinci se anticipó a muchos inventos, entre ellos al de las aeronaves, pero su idea de volar, dibujada en detalle en bocetos que aún hoy se conservan, era la de unas alas que podían ajustarse al cuerpo humano, algo que por fantasioso que nos pueda parecer hoy (y no lo es en absoluto pues existe un deporte realizable en idéntica forma), estaba dentro de un orden de ideas que pertenecía por entero a este mundo; no se conserva entre sus dibujos y anotaciones ni un solo ejemplo de un boceto de nave espacial, seguramente porque en su época la concepción de viajar  por un cosmos cuya estructura no se concebía más que como cielo alojador de deidades, hacía imposible concebir una nave capaz de tales travesías. Las máquinas voladoras que construyó tenían como fin viajar sobre la geografía terrestre y nada más. Leonardo operó con los conocimientos de su tiempo y trató de desarrollar las tecnologías que ya eran conocidas. No podía ir más allá. Pero hablar de células y bacterias en el siglo XIII es toda una anticipación del intelecto difícilmente explicable, porque el microscopio, instrumento que permitió el descubrimiento de ambas, no fue inventado hasta 1590 por el holandés Zacharias Hanssen. Se trata nada menos que de una anticipación de tres siglos. El microscopio fue el primer instrumento que permitió la observación de estructuras invisibles al ojo humano.

Debido a que ninguno de los muchos expertos en criptografía que se han ocupado del manuscrito Voynich ha podido descifrarlo, se le llama el Santo Grial de la criptografía. Si uno recuerda que los Manuscritos del Mar Muerto ya han sido descifrados, y que los más sofisticados códigos empleados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial fueron descifrados por los Aliados merced a la creación de máquinas que rompieron todos los estándares de aquellos años, uno se pregunta qué pasa con el Voynich. La teoría de que se trata de una falsificación realizada en la Edad Media sin más propósito que el de engañar a algún mecenas financiador de alquimistas calenturientos siempre dispuestos a prometer la conversión del plomo en grandes montones de oro, carece de sentido no porque ello no haya sucedido más de una vez, sino por las anticipaciones que contiene el Voynich. En ningún laboratorio de alquimistas medievales, ni en el mejor surtido, existían instrumentos capaces de permitir ver una célula.

Hay una circunstancia que pudiera conducir a alguna pista sobre el origen del extraño texto: en muchas de sus páginas se repiten los mismos signos, por lo que todo el manuscrito cumple la constante conocida como Ley de Zipf, según la cual en todas las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional a su frecuencia de aparición. La explicación de esta ley se basa en la economía lingüística: las palabras más breves de un idioma son las más utilizadas por sus hablantes porque requieren menos energía, por ello es el uso de una lengua el que acaba por imponer esta ley. Es prácticamente imposible que el autor del manuscrito Voynich conociera la ley de Zipf, enunciada muchos siglos después, y por tanto que la aplicase a una lengua inventada por él. Esto hace pensar que el Voynich está redactado en un lenguaje real, ya que en lenguajes artificiales creados a propósito, como los élficos de Tolkien o el Klingon de Star Trek la Ley de Zipf no se cumple.

Sobre los orígenes y el nombre con que se conoce a este extraño manuscrito, reproduzco un fragmento del blog de Word Press Tejiendo el mundo:

El manuscrito debe su nombre a Wilfrid M. Voynich, quien encontró el libro en 1912 en una biblioteca jesuita del colegio de Mondragón, cerca de Roma, donde parece ser había sido donado por Athanasius Kircher (criptólogo alemán) a finales del siglo XVII, quien a su vez lo habría conseguido de Johannes Marcus Marci, rector de la universidad de Praga en aquella época y que a su vez lo habría conseguido de Georgius Barchius, alquimista que trabajó en la corte de Rodolfo II, el que ha su vez lo habría conseguido de Jacobus Horcicky de Tepenecz, también alquimista, quien se habría apoderado del manuscrito tras la muerte de Rodolfo II, a quien pertenecía el libro hasta el 1622. Es posible que el libro llegara hasta la biblioteca del Sacro Emperador Romano de manos de Johannes Kepler, quien entre los años 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo. Kepler, gran aficionado a la alquimia, matemáticas, astrología y astronomía, era un gran admirador del trabajo de Roger Bacon y atesoraba muchos de sus manuscritos originales. Es por este motivo que el manuscrito Voynich se atribuye por muchos al tal Roger Bacon, quien supuestamente lo habría escrito casi cuatro siglos antes. Roger Bacon fue un monje franciscano y alquimista del que se dice habría creado un código para camuflar sus investigaciones sobre la piedra filosofal y el elixir de la vida.

Otra teoría pone en el tablero a dos nuevos personajes que también residieron en la corte de Rodolfo II (personalmente es la que más me convence). Estos personajes son Francis Bacon, escritor y aficionado a todos los temas ocultos y su buen amigo, Cornelius Drebbel, quien fuera jefe alquimista en la corte de Rodolfo II en la época en la que supuestamente aparece por allí el manuscrito. Curiosamente, Drebbel era un gran aficionado a los microscopios y telescopios y él mismo los fabricaba y vendía. Francis Bacon escribió un libro titulado “La nueva Atlántida” en 1626, donde los paisajes, lugares y costumbres descritas coinciden más que sorprendentemente con las ilustraciones del Voynich. Es más que probable que el manuscrito fuese escrito por Drebbel a modo de apoyo para el libro de Francis Bacon. Como una biblia de la nueva Atlántida que envolvería la obra de Bacon como algo real, no ficticio, y que impulsaría su éxito.

La costumbre de dotar a los textos apócrifos de unos linajes originales tan ilustres y enrevesados ha existido siempre, favorecida por el colapso que sobrevino cuando el imperio romano cayó en manos de los bárbaros y todo el acervo cultural grecolatino se hundió en una noche oscura para volver a la luz siglos después, mutiladísimo, gracias a los monasterios, devenidos reservorios de los saberes antiguos. El hecho de que el manuscrito Voynich ostente esa genealogía conspira contra su credibilidad y habla en favor de la teoría de una falsificación semejante a la de los poemas de Ossian, escritos en 1791 por el escocés James Macpherson, y presentados al mundo literario como una antigualla  traducida del celtogaélico antiguo, pero no eran más que un refrito de algunos poemas antiguos a los que había mezclado algo de su imaginación, lo que no impide que sean bellos.

Volviendo al manuscrito Voynich, tiene alrededor de 240 páginas de pergamino. La escritura fue elaborada con pluma de ave, de acuerdo con la época. En las imágenes se emplearon tintas de colores. Los expertos aseguran que el texto es posterior a las imágenes, cuyos bordes toca en numerosas ocasiones, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas posteriormente. Se cree que el texto no está completo y le faltan unas 28 páginas.

Hay una serie de ilustraciones donde aparecen mujeres desnudas sumergidas en alguna especie de baño colectivo, que llama poderosamente mi atención. Aunque se ha sugerido que pudiera tratarse del ritual cátaro de suicidio colectivo llamado Endura, hay una de estas imágenes que me causa un efecto aterrador, porque el líquido que pasa a través de los vasos comunicantes que nutren de agua la tina donde se encuentran las mujeres, a mí me hacee el efecto no de que baja hacia la tina, sino que sube de ella. Teniendo en cuenta que el líquido es de color rojo, parece como si a las mujeres las hubieran introducido en esa tina para extraerles la sangre de sus cuerpos. Sin querer me ha venido a la mente el serial Los 100, las escenas de Mount Weather (perdón por mi mal inglés) donde se aplicaba el procedimiento denominado cosecha, consistente en hacer prisioneros a los que luego se les extraía la sangre para  renovar el fluido vital de los habitantes de la base militar, trasfundiéndoles con genes adecuados para soportar la radiación del exterior. Esto no es más que una especulación personal, y quienes observen la ilustración podrán sacar sus propias conclusiones. Hay otras que también ofrezco a continuación:

En la actualidad el manuscrito Voynich se encuentra en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, Estados Unidos, donde solo en muy contadas ocasiones puede ser consultado por estudiosos debidamente acreditados, que continúan desconcertándose ante sus páginas y preguntándose si están ante un milagro del futuro o una broma colosal.

NOTA

Me permito rebloguear un extraordinario artículo, muy completo, sobre este tema que he encontrado en un sitio muy interesante:http://www.elorigendelhombre.com/manuscrito%20voynich.html. Todas las ilustraciones que usé en mi popio artículo provienen de este que voy a reproducir, y las que lo ilustran también. Yo podría limitarme a sugerir a los lectores abrir el link, pero copiarlo todo aquí es como si yo tuviera un poco del manuscrito Voynich, lo que me hace mucha ilusión porque es algo de una belleza tal que ¿quién no querría poseerlo? Pasen y lean.

¿Es un código? ¿Es un sistema de cifrado? ¿ Una tomadura de pelo? ¿Un engaño? ¿Por qué se escribió sino iba a ser leído jamás por nadie? ¿ Qué secretos encierra este enigmático códice? ¿ Tiene un significado real?

El manuscrito de Voynich  es una de las reliquias medievales más misteriosas que existen. Es un libro ilustrado de hace unos 600 años y  su originalidad radica en que  no se puede leer. Es el único libro en el mundo, que a pesar de nuestra moderna tecnología, no podemos descifrarlo: un arcano de la edad media.

Es el jeroglífico más estudiado del siglo XX y XXI. En la actualidad el libro tiene unas 246 páginas de pergamino manuscritas de 15 x 27 centímetros, y 5 cm de grosor. Fue escrito con pluma de ave para escribirlo  y tinta de colores para las ilustraciones.

Si se observa el texto al microscopio, se ve que esta enorme cantidad de páginas , se ejecutó sin ninguna corrección, sin el mínimo error; al tirón. La ejecución del manuscrito es una hazaña casi inhumana.

Las palabras, rozan  con frecuencia  las figuras, lo que nos indica que posiblemente el texto es posterior  a las ilustraciones. El texto   fue  escrito de izquierda a derecha, dejando  un margen desigual en el lado derecho.

Tiene un total de 37.919 palabras, contiene 8114 palabras diferentes y alrededor de 170.000 letras o glifos . Todo el manuscrito está escrito con tan sólo unas 25 letras diferentes. Las numerosas   ilustraciones   permiten adivinar su posible organización en diversas secciones: farmacia, botánica,  biología, astrología, cosmología y texto.

Todavía hoy , nadie ha logrado determinar  lo qué es, algunos sospechan que puede ser   un texto cifrado por algún científico del siglo XV, y otros advierten que puede ser  un conjunto de textos y dibujos sin sentido alguno. Hasta hay personas que especulan con la posibilidad de que se trate de un trabajo extraterrestre de los annunakis. Por supuesto, nada de esto ha podido ser demostrado aún.

En definitiva, el manuscrito está  causando gran frustración en el campo científico,   no se ha logrado una traducción de lo podría ser   una enciclopedia científica muy avanzada.

¿Quién era Wylfrid Voynich?

Wilfrid M. Voynich , fue un coleccionista de manuscritos medievales, en 1912 encontró un insólito libro en el Colegio Jesuita de Mondragone, cerca de Roma

Por su apellido debió de ser polaco o de origen polaco. Nació el 31 de octubre de 1865 en Kaunas, Lituania. Hijo de un militar polaco. Realizó sus estudios en las universidades de Varsovia y San Petersburgo y se licenció como químico en la Universidad de Moscú y ejerció como farmacéutico.

En 1887 fue desterrado a la gélida Siberia. En 1890 Voynich consiguió escapar de Rusia y después de un largo recorrido a pie, carro y bicicleta, llegó a Hamburgo. Con el poco dinero que disponía, compró un pasaje en un viejo barco de transporte y se presentó en Londres.

¿Siguiendo la pista del Manuscrito Voynich ?

El primer propietario del manuscrito fue un nieto del emperador Carlos I, Rodolfo II de Bohemia (1552-1612)  que lo compró por 600 ducados de oro.

Tras la muerte de Rodolfo II, el alquimista oficial de la corte de Rodolfo, Jacobus Horcicky de Tepenecz  se apoderó del manuscrito y más tarde se lo pasó a un alquimista de Praga, Georgius Barschius (1622-1665).

Tras la muerte Georgius Barschius , en  1665 el manuscrito pasó a Johannes Marcus Marci   rector de la Universidad Carolina de Praga

Marcus Marci se lo entregó a su amigo jesuita Athanasius Kircher, uno de los eruditos más famosos del siglo XVII, para que lo tradujera. Marcus fue un médico y profesor de la Universidad de Praga, viajó a Roma donde conoció a Kircher, un jesuita de reconocido prestigio científico en aquella  época.  La fama de  Kircher venía por su diccionario copto y descifrado los jeroglíficos egipcios .

En 1650, Athanasius Kircher,  sin lograr la traducción depositó el manuscrito en la casa de los jesuitas de Mondragone, cerca de Roma

En 1651, el libro es expuesto en el Museo Kircherianum

En 1680, muere Kircher y en los sucesivos catálogos del museo no aparece el manuscrito

En 1773, la Compañía de Jesús es suprimida, por primera vez, y muchos de sus bienes confiscados

El padre Pignatelli, logra custodiar y salvar muchos de los fondos de la Sociedad y los protege durante la invasión napoleónica

En 1814, con el fin de la ocupación napoleónica, se restaura la Orden y en 1824 se recuperan sus bienes.

En 1870 las tropas de Víctor Manuel II de Italia conquistaron Roma , anexionando los Estados Pontificios a Italia. El nuevo estado confiscó la mayoría   de las propiedades de la Iglesia, incluida la biblioteca del Collegio donde estaba el manuscrito. Después de este hecho histórico,   muchos de los libros de la biblioteca de la universidad pasaron a las bibliotecas personales  de las diversas órdenes, donde quedaron  a salvo de la confiscación.

En 1912,   Wilfred Voynich compró 30  manuscritos a los jesuitas de Mondragone  que  tuvieron que venderlos  para conseguir recursos económicos y paliar su precaria situación . Entre los manuscritos adquiridos por Voynich se encontraba el que nos ocupa. Voynich intentó descifrar el manuscrito durante el resto de su vida, pero murió sin aproximarse ligeramente a la solución.

Voynich creyó que el manuscrito fue escrito por Roger Bacon ( monje franciscano) , que lo escribió de forma cifrada para que proteger sus descubrimientos científicos del siglo XIII. Ante la imposibilidad de traducirlo, Voynich,  hizo copias     fotográficas  y las distribuyó entre especialistas de Roger Bacon.

En 1919,  una copia llega a manos de William Romaine Newbold, profesor de la universidad de Pennsylvania, especialista en lingüística y códigos cifrados.   Newbold  cree reconocer células y galaxias  en las ilustraciones  . En 1921 comienza a dar conferencias, asegurando  que Bacon fue el descubridor del microscopio y del telescopio; y que  Bacon descubrió que la nebulosa   Andrómeda es una galaxia como  la Vía Láctea, que conocía las leyes de la formación de embriones y la estructura celular completa. Newbold manifiesta  haber encontrado un texto oculto taquigráfico que cree entender gracias a una clave de 16 letras  . Su obsesión por el manuscrito te trastorna tanto que le lleva a la demencia y muere completamente loco en 1926.

En 1931 , John Manly afirma que la versión de Newbold es absurda y no tiene sentido.

En 1931 muere Voynich y el manuscrito pasa a su viuda Ethel Boole Voynich

En 1944,   el gobierno de USA encarga la traducción a los más famosos criptógrafos militares de la segunda guerra mundial. Friedman, que había descifrado el código púrpura de la Marina Imperial Japonesa no consigue resultados y dice que está escrito en un lenguaje lógico y sintético, nada más pudo decir este afamado criptógrafo del enigmático manuscrito.

En 1961, la viuda de Voynich lo vendió por 24.500 $ a un anticuario neoyorquino, Hans Peter Kraus.

En 1969, sin lograr venderlo por 160.000 $, Kraus lo donó a la Universidad de Yale, donde permanece hasta hoy, depositado con el Nº MS 408.

Alrededor de 1990 , se inicia el Proyecto E.V.M.T. (European Voynich Manuscript Transcription) liderado por  Gabriel Landini René Zandbergen, su objetivo es conseguir la transcripción de las letras o glifos del manuscrito a signos latinos.

¿Dónde se encuentra en la actualidad el Manuscrito Voynich?

Se encuentra en un lugar seguro de la Beinecke Rare Book and Manuscript Library”; es decir en la biblioteca Beinecke de Libros Raros de la Universidad de Yale , en New Haven, pequeña ciudad portuaria del estado de Connecticut en USA. Esta biblioteca alberga un valiosa colección de joyas bibliográficas, pero ninguna tan famosa como el Manuscrito Voynich.

¿Quién escribió el Manuscrito Voynich?

Aunque el  autor del libro es anónimo ,  son  numerosas las propuestas; algunos sostienen que lo escribió    el  monje franciscano, alquimista,    Roger Bacon “doctor milagro” (1214-1294),  en el siglo XIII.  Bacon, experto en reflexión y refracción de la luz, trabajó con lentes de aumentos y muchas figuras recuerdan cosas y objetos que sólo pueden verse bajo la lente de un microscopio. Son estas las imágenes de un mundo oculto en el siglo XIII. El problema es que el manuscrito está datado en 1420.

Edith Sherwood,  académica experta en   Leonardo da Vinci,  propone que el trabajo tiene como base  el italiano medieval o  toscano  y que las palabras son anagramas. Ella postula que el  contenido del manuscrito es un atlas de biología escrito por Leonardo da Vinci.

El botánico Arthur Tucker, publicó 2014 un artículo, sosteniendo que el manuscrito fue escrito en  mesoamericano. Las razones para esta conclusión están basadas   en la similitud de la  plantas que aparecen en las ilustraciones   con las  americanas y porque   el estilo de dichas ilustraciones coinciden  con el estilo de las  ilustraciones mexicanas  del siglo XVI.

Algunos investigadores  atribuyen la autoría a John Dee, el matemático, astrólogo y mago personal de la reina Isabel I de Inglaterra.

Voynich descubrió de manera accidental, oculto en la primera página del libro, el nombre de Jacobo de Tepenezche ( Jacobus Horcicky Tepenezche , alias Sinapius) de Los expertos opinan que posiblemente el libro estuvo en sus manos, pero seguramente no fue el autor.

Se ha sospechado muchas veces que el autor podría ser el propio Voynich . Pero  , el reciente descubrimiento de la carta de   Barschius a Kircher ha terminado  completamente con esta posibilidad.

Por la fecha de datación del manuscrito, 1404 a 1438, se pueden descartar como posibles autores del manuscrito a Jacobo Tepenezche y a Roger Bacon. Leonardo da Vinci , nación 50 años después. Eduard Kelly vivió 150 años después

¿Fue su autor un genio de la medicina que intentó ocultar sus descubrimientos a sus competidores o la inquisición?

¿Dónde se escribió el Manuscrito Voynich?

Ho hay pistas fiable sobre el lugar donde se escribió el manuscrito . Si nos basamos en lagunas a ilustraciones, en las que aparece una ciudad amurallada rematadas con almenas de cola de golodrina. En esa época, principios del siglo XV, solamente en el norte de Italia, había ciudades amuralladas con almedas en cola de golondrina. Debemos pensar en una ciudad del Renacimiento, posiblemente de la región del norte de Italia, como Milán o Venecia.

Arthur Tucker de la Universidad Estatal de Delaware, publicó en 2014 que el origen puede ser mesoamericano. Se basa en la similitud de algunas plantas de las ilustraciones con plantas americanas del siglo XV. También afirma que el estilo de los dibujos , es el típico de las ilustraciones botánicas del siglo XVI en México.

¿ Cuándo se escribió el Manuscrito Voynich?

Es lo único que podemos decir del manuscrito; hace poco investigadores de la Universidad de Arizona determinaron que fue escrito en el siglo XV . Mediante la prueba de datación del carbono 14, un equipo dirigido por Greg Hodgins, en el departamento de Física de la Universidad de Arizona , ha determinado que el papel del manuscrito es del siglo XV, alrededor de 1420. Según Hodgins, podemos decir con un 95 % de seguridad, que el manuscrito fue creado entre 1404 y 1438.

Todavía no ha sido posible datar la tinta utilizada. La técnica del carbono 14 es de difícil aplicación en este caso. Las tintas solían ser derivados de minerales del suelo, de base inorgánica sin contenido en carbono útil para la datación. Los  colores utilizados en los grabados se hicieron con  la paleta típica de  la época del Renacimiento, es decir, materiales disponibles  en aquel periodo.

Las últimas investigaciones han identificado que las tintas tienen diversas procedencias y los componentes varían de una muestra a otra. Algunas , la verde, es de origen ferrogálica. El azul es azurita molida; los rojos y marrones son minerales de hierro . El ocre rojo está hecho con hematita . La conclusión es clara, los materiales utilizados en el manuscrito, son completamente adecuados para los siglos XV . Nada indica que sea una manipulación de los siglos XIX y XX . Analizando las tintas y el papel, se concluye que el Manuscrito Voynich es auténtico.

¿ La traducción del manuscrito del Manuscrito Voynich ?

Este manuscrito nunca ha podido ser descifrado o traducido. Ha pasado por las manos de los más famosos criptógrafos aliados , incluyendo los más importantes especialistas  useños y británicos en descifrados de mensajes encriptados durante la Segunda Guerra Mundial . Los mismos expertos que descifraron en el Cuartel General del Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos el Código Purpura Japones . El código Voynich, fue la única clave que no pudieron descifrar.

Hay muchas gente trabajando en el tema. En la actualidad , un grupo de la Universidad de Arizona, lo está analizando con ayuda de avanzados métodos de interpretación lingüística en potentes supercomputadores, sin resultado .

Algunos datos

Según dicen los criptógrafos, algunas frases tienen estructuras semejantes a las utilizadas en latín, pero otras no tienen nada en común con  ningún idioma conocido. El texto se compone de  palabras y  frases, singulares  sin semejanzas  con  cualquier otro escrito hecho   por los seres humanos. Entre las características más extrañas del texto  que imposibilitan su traducción es   el uso reiterado de una misma palabra y el intercambio de letras en una secuencia.

La sucesión de fracasos ha convertido el manuscrito de Voynich  en el mito  de la criptografía histórica. Pero también , ante la desesperación alcanzada, algunos sostienen  que el libro  es simplemente una secuencia de símbolos al azar sin sentido alguno; es decir un engaño.

Sin embargo, un grupo numerosos de científicos aseguran que el texto está redactado en un lenguaje concreto.   Está   escrito según un patrón o  estructura   típica de los lenguajes naturales.  Efectivamente, el texto cumple   con  la ley de Zip y con la ley de la relación inversa entre la frecuencia y la longitud de la palabra.

La ley de Zip establece que en todas las lenguas humanas la palabra más frecuente   aparece  en el texto el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera más frecuente, el cuádruple que la cuarta, etc. Los lenguajes artificiales no cumplen esta regla.

Lo más sorprendente es que  el autor del manuscrito Voynich pudiera conocer la  ley Zipf, descubierta varios siglos después. No sería aplicable a una lengua inventada por un autor del siglo XV.  Al cumplir con la ley de Zipf, podemos pensar en un  texto  redactado en un lenguaje concreto, basado  en alguna lengua natural.

Hay palabras que aparecen igualmente distribuidas en todo el texto, mientras que otras sólo están en algunas secciones o páginas

En 1950 un equipo de criptógrafos de la  Agencia de Seguridad Nacional de USA  dirigido por William F. Friedman,   descartaron los cifrados de sustitución simple y sospecharon de un cifrados polialfabéticos . Podría ser un  cifrado de Vigenère,   reforzado mediante  símbolos y  reordenación de letras y falsas de palabras, etc.

Algunos autores piensan  que se eliminaron las vocales antes del cifrado

En  2003, el polaco Zbigniew Banasik sostuvo   que el manuscrito está escrito en manchú, y tradujo de manera  incompleta   la primera página del manuscrito Voynich

Últimas Noticias

Recientemente se ha publicado que un profesor de la Universidad de Bedfordshire, en Gran Bretaña,   ha descifrado 10 palabras del manuscrito  Voynich. Entre los términos recogidos se encuentran “cilantro” y “Taurus”. El profesor Stephen Bax  , especialista en manuscritos medievales,  afirma  haber comenzado a desvelar  el misterio.

Entre las palabras identificadas  está el término para “taurus”, junto a un dibujo de siete estrellas que pueden  ser las Pléyades; la palabra “kantairon”, junto a una imagen de una conocida hierba medieval ,”centáurea”. También ha identificado  las palabras  “cilantro”, “eléboro” y “enebro”, también con sus dibujos correspondientes. Probablemente, es un tratado sobre la naturaleza, escrito en un  lenguaje asiático o de Oriente Próximo.

Alfabeto Frogguy y el Alfabeto Europeo de Voynich (EVA)

El Alfabeto europeo de Voynich ( EVA) fue creado en 1998   por René Zandbergen y Gabriel Landini  ,   para facilitar la interpretación lingüística del manuscrito Voynich.  Los autores diferencian entre  dos versiones : EVA básico , con las letras más comunes en el texto. En este caso, los signo aparecen al menos 10 veces en el texto; EVA extendido , para signos puntuales  y poco comunes y signos semejantes a numerales.

Jacques Guy desarrolló en 1991 un alfabeto, denominado Frogguy, para la transcripción del Manuscrito Voynich.

Herbario: Posiblemente la mayor parte del texto trata de botánica y plantas medicinales. En los dibujos se ven las plantas con sus hojas, flores y raices. Las páginas tiene  una o dos plantas y  párrafos de texto. Las   plantas están dibujadas como partes de varias especies, combinando raices,  hojas y  flores  de especies diferentes.

Es la  primera sección del libro, pero no se ha  tenido mucho éxito en el proceso de identificación de las plantas  . Sólo se han podido   encontrar ligera analogía con un par de plantas, el pensamiento silvestre y el helecho culantrillo . Es evidente que las plantas dibujadas no representan claramente plantas naturales. Los detalles de las plantas son enormes y desproporcionados; algo misterioso quiso el autor transmitir a los lectores . Bien parece un tratado de ciencia de biología o botánica de otro planeta. En general, no podemos afirmar categóricamente que las plantas, planetas y animales que aparecen en el manuscrito son conocidos por nosotros, que no existen o que todavía no los hemos descubierto.

 Biológica: en esta sección aparecen  figuras  de mujeres, algunas coronadas,  desnudas bañándose en lugares   públicos o diversas bañeras   conectadas en forma de   red de tuberías. Los dibujos de mujeres denudas, algunas obviamente embarazadas, retozando en balsas de aguas cristalinas, son especialmente enigmáticas.

Cosmológica: tiene  diagramas circulares dibujados en páginas sencillas y   desplegables. Un diagrama llegar a tener hasta seis páginas de largo, representando seis islas con castillos, caminos incluso un volcán.

Astronómica: una parte muy importante del libro son las cartas astrales. Aparecen estrella, soles y  lunas y estrellas . En 12 diagramas se representan los  símbolos   zodiacales: el arquero de  Sagitario , los  peces de  Piscis, el  toro de Tauro. Las páginas de Acuario y Capricornio han desaparecido. En todos los casos los símbolos aparecen rodeados de imágenes de mujeres, muchas de ellas desnudas y sosteniendo una estrella. Algunas de los diagramas aparecen en páginas desplegables. Los dibujos presentan paralelismos asombrosos con las formas naturales.

Se representa   un objeto circular   con ocho brazos curvados con  estrellas amarillas y azules en su interior. Parecería  el dibujo de una galaxia, pero   sólo se podría  observar con un telescopio ; sin embargo  sólo con los mayores telescopios actuales  se apreciaría una galaxia con este  aspecto. Incluso la Galaxia de Andrómeda no se puede ver de frente como  así se aprecia en el manuscrito.

Otros  han interpretado estos  dibujos como células vistas a través del microscopio; pero esto    implicaría un origen moderno del manuscrito y no  medieval.

Farmacéutica: con ilustraciones de  plantas  con raíces y hojas . Las ilustraciones inducen a pensar que se trata de una farmacopea de la medicina medieval  de carácter secreto, describiendo procesos de síntesis de venenos y otras aplicaciones alquimistas.

Recetas: en esta sección, se presentan párrafos cortos, comienzan todos con el dibujo de una estrella en el margen izquierdo. Es la última sección del manuscrito y parecen ser recetas con referencias al apartado de farmacopea

La Extraña página 166v del manuscrito Voynich

Esta página desconcierta todavía más a los científicos que tratan de encontrar la traducción del manuscrito. Excepto la línea 3, el texto está escrito en un “idioma peculiar”; intermedio entre el   idioma típico del manuscrito y otro de origen latino. La escritura es irregular y difícil de leer.

¿Qué significa el Manuscrito Voynich?

Ritual Cátaro.

Levitov asoció las ilustraciones de mujeres en tuberías al rito cátaro del suicidio asistido. El rito de Endura, asociado con la fe cátara, explicaría que las plantas no representan ninguna especie botánica; realmente son símbolos secretos de la fe. Las mujeres en las tinajas y en la red de tuberías representan el suicidio ritual. La sangre que sale de las venas se derrama en un bañera con agua caliente. Pero si esto fuera cierto, este libro se situaría en los siglos XII o XIII, es decir mucho más antiguo que la datación real, del siglo XV .

Esteganografía

El manuscrito Voynich contendría información oculta y detalles discretos. Es decir la información se transmitiría , por ejemplo, mediante el número de letras o palabras de cada línea, por la tercera letra de cada palabra, etc.. Según esta técnica de esteganografía, el texto se podría leer mediante una rejilla .

Engaño.

Muchos han llegado a sospechar que el manuscrito es en realidad un engaño. Son las extrañas características de sus ilustraciones ( sin analogía con la realidad conocida) y las duplicaciones frecuentes de palabras, lo que hace de su un contenido algo sospechoso de fraude y engaño.

Alineanígenas Ancestrales

Los partidarios de los alienígenas ancestrales, sostienen que los criptógrafos aliados especializados en descifrados de claves alemanas y japonesas en la Segunda Guerra Mundial , fueron obligados a decir que no sabían qué idioma era. El Manuscrito Voynich estaría escrito en una lengua extraterrestre por los annunaki y este, es uno de los tomos de una enciclopedia sobre plantas , animales y escenas completamente desconocidas en la Tierra. Sería un manual de botánica y ciencia de un planeta desconocido.

Qué podemos creer sobre el Manuscrito Voynich

¿Cuándo se escribió?

No hay duda que fue escrito en el siglo XV; y las pruebas del carbono 14, indican que muy probablemente fue alrededor de 1420.

¿Dónde se escribió?

Muy probablemente se escribió en el norte de Italia o Alemania

¿Quién lo escribió?

Muy probablemente el manuscrito es creación de un sólo autor intelectual. Algunos especialistas sostienen que pudo haberse escrito por dos manos diferentes a partir de un borrador único.

¿ Por qué fue escrito?

Posiblemente el autor de manuscrito, pretendió realizar un libro para demostrar un profundo conocimiento en plantas y medicamentos naturales. Posiblemente, una forma de presentación comercial de capacidades técnicas ante posibles clientes. Es un documento con información avanzada y encriptada para evitar su divulgación, fuera del ámbito de las sociedades secretas de aquel tiempo

Todas los análisis lingüísticos aplicados al texto indican con seguridad que tiene un significado con sentido real.

 

 

 

 

 

 

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Catalina Lasa, el presidente Menocal y los diamantes de la Primera Dama

La Historia es una, por supuesto, y registra los grande eventos de la Humanidad, pero en el gran río de la Historia hay pequeñas corrientes que pertenecen a motivos desdeñados por los historiadores de lo grande, motivos mínimos, intrascendentes si se quiere, pero que interesan a mucha gente en todas partes. Tengo un ejemplo de ello en este mismo blog, donde uno de los posts estrella es la investigación de 30 cuartillas que dediqué hace años a Catalina Lasa del Río, titulada Historia de un gran amor, una mansión y una tumba. Junto con la historia de los amores de José Martí y Carmen Zayas Bazán, los vitrales coloniales, la historia de la cocina cubana y la danza del vientre son los temas que más lectores atraen a mi humilde casita de Word Press.

Me tocó en suerte que durante uno de sus viajes fuera de Cuba mi esposo, el historiador Oscar Ferrer Carbonell, último descendiente de la familia Carbonell en Cuba, pudiera conocer en persona a una descendiente de Catalina Lasa, quien tuvo la extraordinaria gentileza de revelarle muchos detalles interesantes, entre ellos la verdadera historia de la creación de la rosa Catalina Lasa, que se parece poco, lamentablemente, a su leyenda, y que en su momento publiqué en este blog.

Acabo de recibir en esta ocasión un comentario de la señora Georgina Menocal, biznieta de Mariana Seva y el General Menocal, tercer Presidente de Cuba (sucedió a José Miguel Gómezen el cargo). Georgina encontró en mi artículo sobre los Baró-Lasa un punto que ella me asegura no se ajusta a la verdad. En atención a su solicitud me apresuro a publicar aquí su mensaje aunque no le he pedido autorización para ello, pero infiero que es su deseo:

Estimada Sra. Picart, soy bisnieta de Mariana Seva y el General Menocal. Me acaba de caer entre manos su publicación sobre Catalina Lasa. Al visitar Cuba me enteré por primera vez de la anécdota de que Catalina Lasa y Juan de Pedro y Baró le regalaron unos aretes de brillantes a mi bisabuela en agradecimiento por su actuación durante “el escándalo”. Lo consulté con mi padre, Mario García Menocal y de Almagro y con mi tío Pedro. Esta anécdota es totalmente falsa. Mi Padre, primer nieto del General, me aclaró que si hubo tratamiento favoreciendo a Catalina fue porque Chema Lasa, hermano de Catalina, era íntimo amigo del General y que casi todos los días Chema visitaba a mi bisabuelo en su finca El Chico, cerca de Guajay. Ojalá que usted pueda ser la primera en desmentir esto.
Por cierto, estamos emparentados con Juan de Pedro por el lado Abreu.
Creo que con tanta cercanía, se explica el tratamiento de mis bisabuelos a Catalina y Juan.

Nunca he pretendido pasar por historiadora. Soy una periodista que investiga, con cierto grado de especialización en La Habana colonial y republicana, aunque no son esos los únicos temas en que me ocupo, y me interesa muchísimo la Historia, la de Cuba también, por supuesto. Investigar en Cuba es difícil, porque nuestra población, como no es un secreto para nadie, se ha estado exiliando fuera de la isla por más de medio siglo, y ya queda muy poca memoria histórica que vaya más lejos, incluso, del período especial. El cubano tiene una curiosa capacidad para el olvido, lo hace rápido y bien. No hay ancianos venerables a quienes recurrir en busca de información, en muchos casos no hay documentos, y el acceso a colecciones privadas es casi imposible. El mismo Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, ha contado las vicisitudes que hubo de pasar para obtener el Diario de Céspedes, que estaba en manos privadas.

La familia Lasa del Río era numerosa. Catalina tuvo hermanas y hermanos. Como en todas partes la aristocracia y la alta burguesía se casan dentro de su propio círculo, siguiendo las prácticas antropológicas de los antiguos clanes endogámicos. Prácticamente todas las familias de esas clases sociales estaban emparentadas en Cuba. Estoy segura de que Georgina Menocal está en lo cierto sobre la relación entre Menocal y Chema Lasa. También estoy casi segura de que es muy poco probable que Juan Pedro Baró y Menocal, quienes estudiaron en los Estados Unidos y me parece recordar que en el mismo centro docente (este dato tendría que repasarlo), no hayan tenido una relación personal, ya sea de amistad o de negocios.

El apoyo del matrimonio presidencial Menocal-Seva fue decisivo para la reinserción de los Baró-Lasa en la alta sociedad cubana, que los había repudiado por la anulación (que no divorcio) del matrimonio de Catalina con Pedrito Estévez Abreu, hijo de la poderosa patricia villaclareña Marta Abreu y de Luis Estévez, vicepresidente de la República bajo el mandato de Estrada Palma. Lo que se ha dado en llamar “el escándalo” no se debió a que Catalina se casara después con Baró, sino a que su relación amorosa con él había comenzado antes de que terminara su matrimonio con Pedrito, padre de sus tres hijos, por lo que se trató de un adulterio, hecho público en venganza por la familia Abreu y severamente anatematizado por las costumbres de la época. Así que Menocal y su esposa, Mariana Seva, al cambiar las leyes sobre el divorcio en Cuba e invitar a los Baró-Lasa a un almuerzo en el Palacio Presidencial, dieron a esta pareja un espaldarazo que ni cien pendientes de diamantes hubieran podido compensar, pues ese apoyo fue lo que permitió a los Baró-Lasa regresar a Cuba y volver a ocupar su puesto en la clase social a la que pertenecían, lo que, por supuesto, favorecía los negocios de Baró y la vida social de los esposos. ¿Quién iba a negarse a socializar con una pareja que almuerza en privado con el Presidente de la República? María Luisa, condesa de Revilla de Camargo y algunos pocos, pero el resto de la alta sociedad entendió el mensaje.

Hay muchas versiones de qué regalaban los Baró-Lasa y no solo a Mariana Seva. En la famosa —y suntuosa— fiesta que ofreció Baró para inaugurar el palacete que había hecho construir para Catalina en la calle Paseo, si dice que para atraer a los invitados colocó en los asientos de la mesa del banquete:

1-pinturas de Menocal
2-joyas de Lalique
3-otros presentes

El detalle no está claro para los historiadores. ¿Existieron esos presentes? Yo no lo sé, aunque supongo que sí. ¿Existieron los pendientes obsequiados por Baró a Mariana Seva? Yo no lo sé, aunque no es una práctica rara en sociedad obsequiar algo valioso (casi siempre joyas) a la esposa de un amigo que ha prestado una ayuda inestimable a la mujer que un hombre ama. No hay que olvidar que en una sociedad machista, colonial, caribeña y tercermundista como la cubana, los dardos de la censura social se hincaban más en la adúltera que en su amante varón, quienes quiera que ellos fuesen.

El apoyo incondicional ofrecido por Menocal a los Baró-Lasa ¿se debió a la amistad de Menocal con Chema Lasa o a la que tenía —o no tenía— con Baró? ¿O a ambas relaciones? Como yo no tengo hasta hoy manera de saberlo, le doy el crédito a la señora Georgina Menocal, mucho mejor informada, y le agradezco la gentileza que ha tenido al proporcionarme datos de familia. Me siento honrada de complacer su solicitud.

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Los más gloriosos inventos de la humanidad: el perro y la pomada china

Cuando uno envejece y ya no puede andar paseando mucho por  ahí, a veces se adquiere la costumbre de reunirse con otras personas a quienes también la edad ha restringido su esfera de movimientos, y así, día a día, se va creando un pequeño círculo de intercambio, como una especie de miniclub de ancianos que se juntan por las tardes para  conversar sobre los temas más disímiles y, en ocasiones, hasta asombrosos.

Esta tarde en mi miniclub se discutió con fervor sobre cuáles han sido los inventos más importantes de la humanidad, y por mayoría se llegó a la conclusión que ya está dicha en el título de este comentario: la domesticación del perro y la invención de la pomada china, esa de la cajita rojita de metal por la que suspiramos con desesperación cuando tenemos catarro, nos ha picado algún infame bicho o simplemente nos duele la cabeza.

Cuántas personas en todo el mundo la usan, y cuán pocas conocen la historia de este medicamento y sus muchas virtudes. Es, prácticamente, una panacea universal, si es que existe alguna, y la mejor prueba de ello es que desde que apareció en el mundo es usada por gente de todos los países y todas las culturas. Hasta un musulmán se avendrá a aplicársela sobre su piel en caso de necesidad sin miedo alguno de arder “en el mármol del infierno”. Es, quizá, más universal que la aspirina.

El verdadero nombre de la pomada china es Bálsamo de Tigre, y se debe a que cuando su fórmula fue creada en 1870 por su inventor, Au Chu Kin, herbolario de la corte imperial china, la base oleaginosa que utilizó fue la grasa de tigre. Curiosamente, el bálsamo no fue creado en China, sino en Rangoon, Birmania, país al que Au había emigrado. Allí abrió una pequeña herboristería y comenzó a comercializar su producto, que de inmediato inició una vertiginosa carrera ascendente en la farmacopea de la medicina tradicional asiática. Cuando murió, el negocio pasó a manos de sus hijos, quienes comenzaron a producir el bálsamo de manera industrial.

Existen distintas variedades de la pomada, pero las más conocidas son la roja y la blanca. Mientras que el Bálsamo de Tigre Rojo produce un efecto de calentamiento, el Blanco es refrigerante. Hay una versión en cuya tapa aparecen las figuras del consabido tigre y la de un dragón alado. Es preciso explicar que en el pensamiento chino tradicional —y en su medicina— los animales se agrupan en las dos grandes polaridades que conforman el universo y todas sus formas de manifestación: el yin y el yang. El tigre rojo es yang, por eso es caliente. Mientras que la pomada blanca es yin y por eso es refrigerante. Un especialista en medicina tradicional china me explicó que la unión del tigre y el dragón indica un equilibrio entre las dos polaridades, lo que significa que el bálsamo que lleva ese símbolo trabaja restableciendo el equilibrio de las energías en la zona dañada. Este mismo especialista la empleaba aplicándola únicamente en los puntos de acupuntura relacionados con la dolencia que se proponía aliviar o curar. Doy fe de que su método es muy efectivo, porque a mí, hace ya casi treinta años, me alivió de ese modo una contractura muscular severa del cuello y el hombro con un tratamiento que solo duró diez minutos, masajeando los puntos mencionados.

También existe un envase en cuya tapa aparece la figura de un dragón solitario. De lo que me fue explicado anteriormente se deduce que esta variane es yin y, por tanto, saca calor y calma dolores e inflamaciones.Parece ser que la fórmula original del bálsamo fue esta:

Mentol 10% 8%
Alcanfor 11% 24.9%
Aceite esencial de menta 6% 16%
Aceite esencial de cajeput 7% 13%
Aceite esencial de clavo 5% 1.5%
Aceite esencial de canela de China 5%

Y digo “parece” porque existen otras fórmulas ligeramente diferentes, como, por ejemplo, una que incorpora el aceite esencial de melaleuca. Es sabiduría popular que la pomada china  o bálsamo de tigre —aunque también hay una que trae en su tapa la imagen de una pagoda y se llama Templo del Cielo— es muy eficaz para el alivio de muchas clases de dolores: de cabeza, jaquecas migrañosas, articulaciones, músculos contracturados, inflamaciones y picadas de insectos. También es una bendición en los estados catarrales, ya sea aplicándola en el pecho y los pulmones o en las aletas de la nariz. Descongestiona, mueve las secreciones, alivia el dolor de una garganta inflamada, calma la tos…, en fin, pobre de los acatarrados que no la tengan en su mesita de noche, su mesa de trabajo o su bolso de viaje. Otra de sus potencialidades es la de actuar como repelente de insectos, ya que su fuerte olor les desagrada y los aleja. Ayuda en las malas digestiones, espasmos y otras dolencias digestivas, aplicándolo dentro y alrededor del ombligo. También se dice que tiene un uso erótico, pues aplicada durante el coito sobre el miembro viril puede evitar la eyaculación precoz y demorar el orgasmo masculino, lo que favorece a la pareja en muchos casos.

Se recomienda que el bálsamo, rojo, blanco o en cualquiera de sus otras variedades, nunca se aplique directamente sobre las mucosas, es decir, su uso es solo tópico. Sin embargo, durante mis interminables noches de trabajo en la redacción del periódico Granma vi a muchos periodistas, abatidos por gripes tremebundas, intentar llegar al final de la jornada laboral pidiendo al cocinero que les preparara un té de hierbas y disolviéndole dentro un poquito de pomada que sacaban de la caja con la uña del dedo meñique. Es verdad que algunos de los aceites esenciales que integran la fórmula pueden ser tóxicos, pero nunca vi morir a nadie en el empeño.

Muchas personas de buen corazón prefieren creer que en la elaboración de la pomada original jamás se usó la grasa del tigre y que el creador la bautizó con el nombre de este animal en honor a uno de sus hijos, cuyo nombre significaba “tigre noble”. Puede ser cierto o solo leyenda dulcificadora de la realidad. Lamento decepcionar diciendo que en la farmacopea tradicional china no solo se usaba del tigre la grasa. También se aprovechaban casi todas las partes del animal. Sus colmillos se molían o se llevaban como amuletos, sus testículos eran convertidos en píldoras contra la impotencia, y así una larga lista de aplicaciones que no considero necesario desplegar aquí para no herir la sensibilidad de los ecologistas. No hay que extrañarse de lo que la imaginación humana puede inventar: ¿no se llegó a creer a finales del siglo XIX que las momias egipcias molidas eran una medicina contra todas las enfermedades? ¿Cuántos cientos de momias fueron molidas y cocinadas para obtener el célebre polvo de momia, también conocido como mumia, que los médicos árabes usaban para curar la peste? Aunque en realidad la palabra árabe mumia se refiere al bitumen amalgamado por los óleos, aceites y bálsamos empleados en el proceso de momificación y en la preservación de los vendajes con que se amortajaban los cuerpos. De nada hay que asombrarse ni dudar.

El desarrollo de la industria también ha alcanzado a la humilde cajita de la pomada china tal como la conocimos los de mi generación, y hoy existe también en forma de lociones, bandas adhesivas y otros formatos, y en varios tamaños. Se ha especializado en su uso para las diferentes dolencias y partes del cuerpo. He probado la lumbar y es bastante efectiva. Puede adquirirse en casi todos los barrios chinos del mundo, o sorprendernos donde menos la lógica podría indicar que fuera hallada. De donde nunca desaparece es de nuestros recuerdos: noches infantiles con fiebre y toses que alguna abuelita calmaba con frotaciones suaves, el cuarto de los abuelos artríticos, el rincón de la sala donde la abuela sufría sus jaquecas cotidianas, el botiquín del hogar.

¡Ah, la pomada china!: ¿cómo concebir la vida sin ella? Del perro hablaremos en otra ocasión.

 

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Ha muerto el milagro Stephen Hawking

El físico teórico, astrofísico y cosmólogo inglés Sthepen Hawking, recientemente fallecido, es uno de mis héroes personales, y en muchos momentos difíciles de mi vida su ejemplo me ha inspirado y me ha dado fuerzas para seguir adelante. Se han develado monumentos en su honor para dejar testimonio a la posteridad de sus grandes aportes al conocimiento, pero yo quisiera ver un día una estatua suya en su silla de ruedas, con su cuerpo deforme clavado como una flor muerta, con su rostro vuelto hacia la derecha y eternamente sonriente, y que ese monumento no conmemorara su genialidad, sino su coraje, su resistencia  y determinación ante la inmensa adversidad que significó para él su enfermedad, que no obstante ser mortal, logró mantener a raya y vivir una larga y fructífera vida. Pese a estar encerrado dentro de su propio cuerpo sin habla, sin movimiento, Hawking  no dejó pasar un día sin mantener activo su cerebro, y legó a la Humanidad algunas de las más importantes teorías científicas del mundo moderno.

Sus trabajos más importantes consistieron en aportar, junto con Roger Penrose, teoremas respecto a las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general y la predicción teórica de que los agujeros negros emitirían radiación, ​ lo que se conoce hoy en día como radiación de Hawking. La idea de la radiación de Hawking ha producido a lo largo de los últimos 40 años un interesante debate sobre la naturaleza y el destino de la información en las inmediaciones de un agujero negro. Es verdad que sus teorías han sido utilizadas muchas veces con intenciones sensacionalistas, pero no por ello dejan de calificar como estudios rigurosos y de enorme valor, aunque muchas de sus conclusiones, que también son consideradas predicciones para el futuro de la Humanidad, aún no pueden ser demostradas, y probablemente no lo serán en un futuro inmediato, porque ese es el destino de los grandes anticipados a su época: hablan para el futuro.

Deja una nutrida obra científica compuesta por numerosos libros y casi incontables artículos divulgativos. Algunos de los tópicos emblemáticos de la ciencia ficción de nuestro tiempo, como los agujeros negros, los viajes interestelares, la inteligencia artificial y otros muchos fueron estudiados por él y se enriquecieron con sus teorías  e investigaciones. Combinó la relatividad general, la mecánica cuántica y la termodinámica para idear una teoría completa sobre los objetos astrofísicos más apasionantes: los agujeros negros. Además de sus obras de carácter científico también publicó libros divulgativos que alcanzaron enormes éxitos de ventas. En ellos analiza sobre sus propias teorías y la cosmología en general. Títulos como Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros, de 1988, estuvo en la lista de bestsellers del The Sunday Times británico durante 237 semanas. En Brevísima historia del tiempo, de 2005, escrito en colaboración con Leonard  Mlodinow, trató de explicar de la manera más sencilla posible la Historia del Universo, motivo por el cual se ganó los sobrenombres de “el historiador del tiempo”​ o “el historiador del universo”. Otro de sus grandes éxitos de venta es El universo en una cáscara de nuez , de 2001.

Mucho se ha especulado sobre por qué Hawking, quien se compara en estatura científica con Albert Einstein, considerado el más grande físico de todos los tiempos, nunca recibió el  Premio Nobel, lo que constituye una auténtica piedra de escándalo no solo en el mundo de la ciencia, sino en todo el planeta. El hecho ha suscitado casi tantas especulaciones como cuando ese galardón le fue negado al escritor argentino Jorge Luis Borges, aunque en mi opinión la comparación resulta desacertada. Cito un párrafo que he encontrado en un artículo muy serio en Internet, que perfila en pocas palabras una posible explicación a la exclusión de Hawking de los laureles del Nobel:

Probablemente [la exclusión] tenga que ver con la naturaleza de las predicciones que se desprenden su trabajo, con la dificultad de que sean comprobadas experimentalmente con nuestra tecnología actual. Basta apenas con percatarse cuánto tiempo tomó que algunas de las predicciones de Einstein fuesen comprobadas experimentalmente. En la ciencia, la capacidad experimental no necesariamente avanza a la velocidad de las mentes brillantes que nos regalan teorías nuevas sobre el universo. Las grandes ideas deben esperar décadas antes de ser comprobadas (o refutadas) por evidencia experimental. Ese es el caso de la llamada radiación de Hawking, un tipo de radiación que, de acuerdo con el físico, es emitida muy cerca de la frontera de un agujero negro (el llamado horizonte de sucesos), cuando la extrema curvatura del espacio-tiempo debida a la gravedad del agujero negro produce efectos cuánticos observables como la producción de pares materia-antimateria. Éstas son partículas virtuales que son empujadas a la realidad por el agujero negro y que son emitidas hacia el espacio para ser potencialmente observadas.

Creo que este es exactamente el problema. Por ejemplo, para averiguar si las ideas de Hawking acerca de si la información acumulada en el fondo de los agujeros negros podría perderse en caso de una colisión entre dos o más de estos fenómenos del universo, no hay otro modo que asistir a la colisión en cuestión y sobrevivir a ella para juzgar sus efectos.

Hawking era miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas (Lucasian Chair of Mathematics) de la Universidad de Cambridge desde 1979 hasta su jubilación en 2009.7

Entre las numerosas distinciones que le fueron concedidas, recibió doce doctorados honoris causa y fue galardonado con la Orden del Imperio Británico (grado CBE) en 1982, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989, la Medalla Copley en 2006, la Medalla de la Libertad en 20098​ y el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en 2015.

Stephen Hawking nació el 8 de enero de 1942 en la ciudad universitaria de Oxford. Su padre, investigador biológico, había llevado allí a la familia para ponerla a salvo de los bombardeos alemanes sobre Londres, a donde regresaron tras el nacimiento del niño, que fue e primero de tres hermanos.  Durante sus estudios primarios y secundarios no se destacó por ser un estudiante brillante. Llegado a la Universidad, su primera intención fue estudiar Matemáticas, pero por razones administrativas tuvo que contentarse con una beca en Ciencias Naturales por el University College. Para sorpresa del mundo, que le ha conocido ya paralizado por la enfermedad, durante su estancia en ese centro docente Sthepen formó parte entusiasta del equipo de remo. Sin embargo, uno de sus profesores de entonces, más perspicaz que los restantes miembros del claustro, fue capaz de percibir la diferencia entre Sthepen y sus compañeros más aventajados. Sus conclusiones sobre el potencial de su alumno las expresó en las siguientes palabras: “Solo le bastaba saber que se podía hacer algo y él era capaz de hacerlo sin mirar cómo otros lo hacían… Por supuesto, su mente era completamente diferente de las de sus coetáneos”.

Hawking nació el 8 de enero de 1942 en la ciudad universitaria de Oxford, a donde su padre, investigador biológico, había llevado a la familia para ponerla a salvo de los bombardeos alemanes sobre Londres, ciudad a la que volverían ya nacido el niño, el mayor de tres hermanos.  Durante sus estudios primarios y secundarios no fue un estudiante destacado. Al llegar a la Universidad, en un primer momento, Hawking quiso estudiar matemáticas, pero por razones administrativas terminó conformándose con una beca en Ciencias Naturales.  Una vez en el University College, se especializó en física.12​ Aunque para el mundo, que lo conoció ya enfermo, resulte una sorpresa, lo cierto es que mientras permaneció en ese centro docente fue un miembro entusiasta del equipo de remo. Su tutor de física, Robert Berman, dijo posteriormente en The New York Times Magazine: “Solo le bastaba saber que se podía hacer algo y él era capaz de hacerlo sin mirar cómo otros lo hacían… Por supuesto, su mente era completamente diferente de las de sus coetáneos”.

Su enfermedad, una variante de la esclerosis lateral amiotrófica, se le desencadenó a los 21 años y fue evolucionando a lo largo de su vida hasta dejarlo totalmente paralizado, pese a lo cual se casó dos veces, tuvo tres hijos y llevó hasta las últimas consecuencias una brillantísima carrera científica que solo la muerte fue capaz de segar.

A finales de la década de 1960, él y su colega de Cambridge, Roger Penrose, aplicaron un nuevo y complejo modelo matemático creado a partir de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein.17​ Esto llevó a Hawking, en 1970, a probar el primero de sus varios teoremas de singularidad, que proveen una serie de condiciones suficientes para la existencia de una singularidad espaciotemporal en el espacio-tiempo. Este trabajo mostró que, lejos de ser curiosidades matemáticas que solo aparecen en casos especiales, las singularidades son una característica bastante genérica de la relatividad general.

Hawking ha trabajado en las leyes básicas que gobiernan el universo. Junto con Roger Penrose mostró que la teoría general de la relatividad de Einstein implica que el espacio y el tiempo han de tener un principio en el big bang y un final dentro de agujeros negros. Semejantes resultados señalan la necesidad de unificar la Relatividad General con la teoría cuántica, el otro gran desarrollo científico de la primera mitad del siglo XX. Una consecuencia de tal unificación que él descubrió era que los agujeros negros no eran totalmente negros, sino que podían emitir radiación y eventualmente evaporarse y desaparecer. Otra conjetura es que el universo no tiene bordes o límites en el tiempo imaginario. Esto implicaría que el modo en que el universo empezó queda completamente determinado por las leyes de la ciencia.

Tratándose de un genio comparable a Einstein, quien creía en la existencia de Dios, muchas personas se han preguntado cuáles serían las ideas religiosas de Hawking, si es que tenía algunas. En su libro Breve Historia del Tiempo, el astrofísico señalaba que “si llegamos a descubrir una teoría completa sobre el origen del universo, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios”. Es de suponer que pese a cualquier declaración que haya podido hacer al respecto a lo largo de su vida, Hawking seguramente no creía en Dios en el sentido de un Ser Superior creador y gobernador de destinos. Esta idea no suele encontrarse con mucha frecuencia entre las mentes científicas más brillantes, aunque haya excepciones.

Entre sus ideas más audaces está la top-down cosmology, según la cual el universo no tenía un único estado inicial y, por tanto, los físicos no deben pretender formular una teoría que explique la configuración actual del universo sobre la base de un estado inicial en concreto, lo que echaría eventualmente por tierra la mismísima teoría del Big Ban en la forma en que se la conoce hoy. Ya en 2010, el científico aseguró en su libro El gran diseño, que la física moderna descarta a Dios como creador del universo, tal como en el pasado lo hizo el darwinismo, que echó por tierra las ideas de Dios como creador de los seres vivos. Según extractos de su libro The Grand Design, Hawking dice que una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, que Dios no creó el Universo y que el big bang fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física.

Hawking esbozó varias predicciones para el futuro de nuestro planeta. Entre ellas se encuentra la certeza de que la Tierra terminará convertida en una bola de fuego, idea que aparece en muchas de las grandes culturas de la Humanidad, entre ellas la maya y la azteca; también entre los druidas celtas  de Irlanda y Bretaña, y en otros sacerdocios y mitologías importantes del planeta. Creía que la destrucción de la Humanidad no sobrevendría por una catástrofe natural venida de dentro o de fuera del planeta, sino del rápido avance de las tecnologías, y que la Humanidad se autoextinguiría antes de uso 100 años, por lo que la única solución sería colonizar otros planetas. Los sobrevivientes terminarían volviendo a condiciones de vida muy primitivas, subsistiendo de la caza y la pesca en un planeta prácticamente desolado.

Este trabajo es, apenas, un mero esbozo de homenaje póstumo a título humildemente personal, por lo que deseché mucha información  de carácter científico que hubiera estado muy bien en un artículo de divulgación, pero no cabe en la despedida de una insignificante periodista antillana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La vida a bordo de un navío colonial español

Siempre he escuchado hablar de las atroces condiciones en que los negros africanos erantraídos a América en las naves de la trata. Hacinados en las bodegas, encadenados, hundidos en sus propios excrementos, a menudo sujetos por los grilletes a un compañero de travesía muerto y agusanado…, en fin, arrojados en masa, cargamentos enteros, a las profundidades del océano cuando se avistaba cerca en el mar algún buque de la flota inglesa. Pero pocas personas conocen que las condiciones en que viajaba la marinería de los barcos españoles eran también espantosas. Cuba puede contar una historia al respecto, ya que en el Museo del Castillo de la Real Fuerza existe un modelo a escala del barco llamado Santísima Trinidad, uno de los más grandes, imponentes y majestuosos de la armada española. Era tan barco este barco construido en  Cuba que recibió el sobrenombre de El Escorial de los mares, en recordatorio del palacio suntuosísimo que el rey Felipe de España construyó en Madrid con maderas preciosas cubanas.

La maqueta del Santísima Trinidad fue ejecutada por un equipo de modelistas cubanos dirigido por Juan Carlos Zuloaga Izquierdo, con el apoyo de la ONG Amigos del Santísima Trinidad  y el Museo Naval de Madrid. El Santísima Trinidad resultó el más grande y artillado galeón de su tiempo botado en el Real Astillero de La Habana en 1769.

Revisando una entrevista que realicé a Zuloaga hace ya tiempo, encontré en ella muchos datos sobre cómo se desarrollaba a bordo de los barcos españoles de la colonia la vida de sus tripulantes no esclavos, y encontré datos muy interesantes que vale la pena compartir con los amantes de la historia, por lo que reproduzco el texto completo a continuación:

No se dispone de mucha información sobre el Santísima Trinidad. La hay de otros navíos de línea de las armadas francesa, española e inglesa, pero el Santísima Trinidad, a pesar de haber sido el buque más grande de la era de la madera, de la era de vela, no tiene registrada mucha información que pueda considerarse exacta. Más bien lo que han hecho quienes han escrito sobre este barco es recoger información  en los cuatro puntos cardinales. Por ejemplo, si hoy se sabe que en la batalla de Trafalgar estaba pintado de rojo, como este modelo en el que yo estoy trabajando, es porque los ingleses grababan todas las batallas en que intervenía su armada, y es por estos grabados de época ingleses que hoy podemos saber que el navío apareció en la batalla pintado de rojo con cintas negras, lo que no era el modo usual en que se pintaban los navíos de la armada española, sino en amarillo con cintas negras. Aún en nuestros días no ha podido hallarse ninguna referencia que explique por qué el barco tenía estos colores y no los reglamentarios de su país. Por eso se puede encontrar variación en los modelos que se hagan por ahí. El Santísima Trinidad llegó hasta 1805, fecha en que ya habían sido hechas otras modificaciones reglamentarias en cuanto a colores, por lo que se debe tener mucho cuidado de no caer en anacronismos al representarlo.

También la tecnología naval se fue desarrollando, pero ya este barco no puso beneficiarse de ello. Un ejemplo triste de este retraso es el de las bombas de achique. Se sabe que el Santísima… tenía bombas de achique de un solo émbolo., que achicaban unas ciento veinte toneladas de agua por hora, y que manejaban 150 hombres cuando había mar gruesa o temporales. Estas bombas eran insuficientes y fuera de moda, los navíos de línea de la época llevaban ya bombas de cadena como las que tenían los ingleses, que achicaban mucha mayor cantidad de agua con menos esfuerzo. Esa fue una de las razones por las cuales el Santísima no pudo ser salvado en Trafalgar, porque sus bombas de achique no dieron abasto para sacar toda el agua que le fue entrando por los boquetes hechos por los impactos de cañón recibidos durante la batalla, más el temporal. Si hubiera tenido bombas de cadena, quizás hubiera habido tiempo de que los ingleses llegaran más allá de Gibraltar y lo mantuvieran a flote. La información es tan confusa sobre este barco, que actualmente se dice que existen dos planos del mismo, uno en Estados Unidos y otro en España. Es posible que los españoles se llevaran el plano al retirarse de Cuba, pero también podrían tener los americanos el plano verdadero. ¿Cómo saberlo? Incluso he escuchado de una fuente muy relevante que en cierto apartado del Archivo Nacional existe un plano del Santísima…

En los navíos de línea, pero no solo en ellos, sino en general en todas las armadas de época, la comida que se consumía estaba muy relacionada con los alimentos que se consumían en Europa, y lo mismo sucedía con los navíos norteamericanos. Solo había una diferencia entre, por ejemplo, españoles e ingleses, y es que estos últimos se dieron cuenta en algún momento de que el escorbuto que sufrían los marineros durante las travesía largas se relacionaba con la falta de ingesta de frutos y verduras frescos. Entonces  estibaban en sus bodegas toda la cantidad de cítricos que pudieran conseguir, extrayéndoles el zumo que embazaban en botellas utilizando la misma técnica de las conservas.

En aquella época no existía el frigorífico, por lo que era necesario embarcar los animales vivos, de modo que un navío de guerra no era solo una plataforma de guerra, sino también una especie de granja repleta de gallinas, cerdos, bueyes y cabras, estas últimas con la misión de proveer de leche a la tripulación, pues las vacas se llevaban a bordo en muy poca cantidad, siendo preferidos los bueyes, siempre destinados a la mesa de los oficiales. Estos animales vivos representaban una muy seria amenaza para la salud de la tripulación, pues los barcos de entonces tenían muy mala ventilación y peores condiciones para la vida a bordo. De hecho, para los 1048 hombres que llevaba el Santísima… en la batalla de Trafalgar, ese tipo de barco solo disponía de diez baños, una parte de ellos en los jardines que estaban ubicados en la sección destinada a la oficialidad. El resto de la tripulación, o sea, casi todos los hombres, tenían que hacer sus necesidades naturales en baldes y arrojar al mar su contenido, lo que provocaba infestación de la comida almacenada en las bodegas.

 El agua que se llevaba en las bodegas, envasada en los pipotes más grandes puesto que es el elemento que más consumen los humanos, se estibaba en la parte más baja de la sentina, que a su vez es la parte más baja del barco, es por donde corre el agua, es como un drenaje, una cloaca semejante a las de las calles. El hedor de la sentina era de tal magnitud que contaminaba el agua envasada en barriles. En esas condiciones el agua potable solo duraba unos 25  días. De ahí hasta el final de la travesía la tripulación tenía que beber cerveza y ron. El vino pertenecía a los oficiales. A los marinos rasos solo les quedaba la opción de recoger el agua de lluvia para calmar la sed.

Los animales vivos no eran para el consumo de la marinería que iba a bordo de un navío de este tipo, sino que estaban destinados a la mesa siempre suculenta de los oficiales. La tripulación comía carne salada de cerdo y res, y también pescado salado. Para comer, los tripulantes se organizaban en ranchos. Los ranchos estaban conformados por un pequeño grupo de marineros, quienes podían agruparse por diversas razones, entre ellas el proceder de la misma tierra o población. Nunca estos ranchos pasaban la cifra de diez hombres, y el vínculo que se establecía entre ellos era como el de una hermandad. Cada rancho llevaba el nombre de su leader. Probablemente en todos los navíos existía un menú diferente para cada día. Los lunes, por ejemplo, podía tocar comer cerdo salado. A cada rancho correspondía un trozo de carne al que se le colocaba una chapa con el nombre del jefe del mismo. El jefe iba con el trozo de carne de su rancho a la cocina, donde lo entregaba a los cocineros para que fuera cocido —con chapilla y todo— en las enormes calderas —de cobre—, y una vez listo para comer era devuelto al jefe, que lo cortaba en porciones y lo servía a sus hombres, siempre de espaldas, en escudillas de madera. El motivo por el que se volvía de espaldas a su gente era para que todos estuvieran seguros de que no servía mayor porción a alguno por preferencias ni privilegios, puesto que no podía verlos en el momento en que les entregaba su ración. Mientras el barco se encontraba en puerto la tripulación podía comer pan, pues se abastecía en tierra, pero al hacerse a la mar lo que llevaban como provisión era una especie de bizcocho, unas galletas grandes hechas con una mezcla de agua y harina, sin levadura, que duraba años en un saco, y para consumirla había que tener los dientes duros. Los marinos acostumbraban remojarla en cerveza o vino para ablandarla y poder comerla. Consumían cuatro litros y medio de cerveza por persona a diario; guisantes secos, tasajo de cerdo, harina de avena, manteca en el caso de la mantequilla, que casi siempre llegaba a bordo, aún en tierra, ya rancia y luego era muy difícil de digerir.  Levaban queso, tan duro que los marinos confeccionaban botones para sus camisas con él; tasajo de buey, vino, zumo de frutas embotellado a partir de comienzos del siglo XIX.  Frutos secos, y frutas y verduras frescas solo se podían conseguir cuando el barco arribaba a un puerto, pero eran rápidamente consumidos. Curiosamente también llevaban pastillas de sopa deshidratada. Unas pastillas grandes fabricadas  para licuarlas en agua. Sopas de guisantes y verduras. Pescado seco, mayormente bacalao, pero también pescaban, lanzando anzuelos por la parte de la portería baja. Carne, huevo, leche y gansos se reservaban a los oficiales. Llevaban col escabechada; malta condensada (que no sé en qué consiste). A veces, aprovechando el vapor que escapaba por las chimeneas de las cocinas, asaban una pieza de carne, quizás una pierna de puerco, a lo que llamaban  carne a la broqueta asada, aunque generalmente esta comida solo era consumida por los oficiales. No podían prender fuego en un barco, ello comportaba castigos durísimos. No se permitía fuego ni para fumar, solo se podía mascar tabaco y escupirlo después en una latica, nunca en el piso. Después de 1805 ya los ingleses tenían cocinas muy sofisticadas, pero hasta entonces la armada española solo disponía de cocinas rústicas de ladrillo desmontables, así era la del Santísima Trinidad. Solo se cocinaba en los barcos cuando había buen tiempo. Cuando el clima no permitía cocinar, se le brindaba a la tripulación comida fría, es decir, carne salada, queso, las galletas. La razón era que durante las tempestades y malos estados de la mar, el barco se bamboleaba y las cocinas podían desprenderse, rodar por la nave y formar incendios que se pagaban muy caro. De hecho, un incendio en un barco era más peligroso que una batalla. Dejaba más destrucción y más víctimas, pues al alcanzar el pañol de proa el fuego se cebaba en el arsenal, y la pólvora podía hacer estallar la embarcación en pedazos. Era muy difícil conservar a bordo los alimentos en buen estado. La galleta, por ejemplo, a los pocos días de zarpar comenzaba a llenarse de gusanos. Los marineros solucionaban este inconveniente colocando sobre los sacos escudillas o bandejas con peces podridos. Los gusanos salían del saco a la superficie para devorar el pescado. Los marinos repetían la operación varias veces, hasta que ya no salía ningún gusano, lo que no siempre era garantía de que no los hubiera. Estos gusanos eran la maldición del lugar conocido como pañol del pan, que era donde se almacenaban los sacos de grano y galletas.  Otra maldición eran las ratas, que devoraban en breve tiempo todo lo que fuera comestible a bordo.  El queso y la carne salada se estibaban en barriles para llevar en la bodega del barco. No se sabe si usaban especias para cocinar ni si las transportaban, pero parece que cocinaban al trozo, aunque sí usaban sal. Las cazuelas o calderos de las cocinas eran enormes recipientes de bronce que se ponían a hervir al fuego hasta que el alimento se cocinaba a granel. Todo hervido a modo de ajiaco. A pesar de esta mala calidad de la alimentación a bordo y de que según algunas investigaciones, solo se comía una vez al día,  muchos hombres se enrolaban en las tripulaciones para garantizar el alimento, pues al parecer había mucha hambre en Europa en aquellos tiempos. Las cocinas eran de ladrillos y también había un horno de pan. El Santísima Trinidad tenía ambas piezas. El queso probablemente era de cabra, grande, redondo, y no de muy alta calidad; no resistía las largas travesías y se pudría, hedía dentro de las bodegas y se ponía tan duro que los marinos tallaban con él los botones para sus camisas. El menú de un día podía ser carne salada, avena y queso. El personal destinado a las cocinas solía ser el pobre marino mutilado en escaramuzas y batallas, que quedaba cojo, manco, y los grumetes muy jóvenes, los pinches. Incluso había un lugar en el barco donde se preparaban los alimentos. El jefe del rancho iba a la zona donde se encontraba el almacén de alimentos, donde había un carnicero que se encargaba de cortar la carne, y otra persona, o dos,  que sacaban de barriles y cubos grandes lo que iba a consumir cada rancho y lo pesaba en una pesa, lo vertían en cubos y el jefe del rancho se lo llevaba. Las leyes de a bordo eran sumamente severas, tal como se necesitaba para mantener el orden en un conglomerado de hombres semisalvajes  sin instrucción, violentos, a veces desesperados, y estaban previstas sanciones severísimas para quien robara comida: “hacer una camisa a cuadros” era la más utilizada, y consistía en atar al culpable a un poste y propinarle latigazos cruzados en forma de una cuadrícula sobre la piel. Otro castigo  muy duro era colocar al ladrón encadenado en un cepo, donde podía permanecer tres días sin comer ni beber, y a veces expuesto al sol. O se le ataba a un mástil.

La tripulación de un navío de la época como el Santísima Trinidad era muy escasa. El marqués de la Ensenada, que fue quien envió a Jorge Juan Santacilia a Inglaterra para que copiara todo el sistema de construcción de barcos de la marina inglesa, llegó a plantear a Godoy, encargado de la armada, que los españoles podrían llegar a tener los mejores barcos, pero jamás tendrían la tripulación ideal para poder poblarlos. En aquellos días España tenía una muy baja densidad de población y se necesitaban 9 mil hombres para poblar los barcos, por lo que las patrullas de leva reclutaban lo mismo agricultores que pícaros, presos, etc. Esa es la razón por la cual la armada española no tenía la misma efectividad que la francesa o la inglesa, porque su marinería no era experta.

El Santísima Trinidad naufragó en 1805, tras la Batalla de Trafalgar frente a las costas gaditanas. Su tripulación desapareció con él.

 

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Dos miradas al pasado de la Humanidad

Una de las lecturas más apasionante que hice en mi infancia fue el mágico Dioses, tumbas y sabios, la novela de la arqueología, voluminoso libro[i] escrito por el alemán C. W. Ceram y publicado en 1949, donde se narran las historias de los más importantes descubrimientos hechos por la arqueología en diferentes partes del mundo. Ya no tengo a mano mi ejemplar, pero recuerdo que hablaba de los maravillosos palacios de Creta y Micenas hallados por sir Arthur Evans, del verdadero emplazamiento de la Troya homérica, encontrado por el alemán Heinrich Shliemann… y del descubrimiento en 1922 de la tumba del faraón Tut Ank Amón por el arqueólogo inglés Howard Carter, en su época un auténtico suceso que revolucionó a arqueólogos, historiadores, prensa de todas partes y a los apasionados por las historias del pasado y las antigüedades, en especial de la civilización que floreció a orillas del valle de  Nilo, en el Alto y el Bajo Egipto, uno de los más poderosos imperios que ha conocido la humanidad. Como un círculo que se cierra, he recibido en estos días un regalo magnífico: un disco con dos miniseries: Tut (2015) y Tutankamún (2016). La primera cuenta la historia de Tut en una convincente (aunque infiel) reconstrucción de época, y la segunda, la historia del descubrimiento de la tumba por Carter. Ha sido una noche de cine tan mágica como en su momento lo fue para mí la lectura del libro.

Es innegable que la enorme trascendencia del hallazgo no se debió únicamente al inmenso valor de los tesoros encontrados en la tumba, sino al halo romántico que rodea la figura casi

Nefertiti, esposa de Akenatón y madre de Tutankamón y Ankesesnamón

mítica del joven rey, hijo de una de las más pintorescas parejas de la Historia: la reina Nefertiti, célebre por su belleza, y el faraón hereje  Akenatón, primer monarca egipcio que se atrevió a desafiar el omnipotente sacerdocio del dios Amón y a suplantar a esta deidad por un culto monoteísta al Sol, osadía que le costó la vida. Su hijo Tut le sucedió en el trono con solo  9 años de edad, contrajo matrimonio con su hermana Ankesnamón, como era costumbre en las dinastías egipcias, y murió misteriosamente a los 19 años. Su nombre y sus hazañas, si las tuvo, fueron cuidadosamente borrados de las pinturas y relieves de los templos y de los papiros reales, como solían hacer los egipcios cuando querían que el nombre de alguien no trascendiera a la eternidad. Muchos elementos han ido conformando la leyenda del faraón niño, el mismo a quien la gran poeta y escritora cubana Dulce María Loynaz, tras visitar Egipto, dedicara una de sus obras más conmovedoras, Carta de amor a Tutankamón. El joven rey sigue conquistando almas a más de 3 000 años de su muerte, la mía entre ellas, porque yo también lo amo.

No estoy segura de que la historia contada en Tut se ajuste a la verdad. Creo que hay bastante fabulación en el guión, aunque hechos fundamentales como la existencia y poderío del visir Ay y el general Horenheb, jefe de los ejércitos reales, la guerra contra el país de Mitani y contra los hititas, los dos bebés muertos dados a luz por Ankesnamón y algunos otros detalles sí pertenecen a la Historia, como el hecho de que el joven rey era lisiado de un pie. Sin embargo, en la serie el faraón es mostrado como un joven de gran belleza física, cuando en realidad parece que padeció múltiples malformaciones como el paladar hendido y una ligera escoliosis, producto de su genética comprometida por la relación incestuosa de sus padres, ya que su madre Nefertiti era hermana de su padre Akenatón. No creo que las hazañas guerreras de Tut expuestas en la miniserie hayan sido reales, al menos no conozco que existan pruebas de ellas, aunque no habrían sido imposibles dado el inmenso poderío militar de Egipto. Pero es un guión muy bien estructurado, con historias paralelas bien conducidas, una dramaturgia en verdad impecable, y bastante suspense.

La causa de la muerte de Tut ha sido muy debatida desde que Carter descubrió su momia y ha generado muchísimas especulaciones. Existen varias hipótesis al respecto:

  • Cuando la momia fue despojada de su máscara funeraria y los vendajes que la cubrían, un agujero detectado en su cráneo llevó a Carter y Carnarvon a pensar que Tut había sido víctima de alguna intriga política que condujo a su asesinato, lo que explicaría el entierro apresurado en medio de la noche con un pequeño cortejo de sacerdotes, la humildad de la tumba, no más grande que un garaje promedio moderno, y el deficiente proceso de momificación, que ha merecido el calificativo de “chapucero”.
  • Malaria. Una epidemia de este mal azotaba Egipto en la fecha de la muerte del rey. También pudo padecerla de forma crónica, pues el clima húmedo de Egipto hace de estas fiebres una endemia. Ello lo habría conducido lentamente a la muerte.
  • Genética. Su madre Nefertiti era la hermana mayor de Akenatón. En la XVII dinastía había habido matrimonios entre hermanos al parecer tres generaciones antes del nacimiento de Tut. Estudios realizados con escáneres de alta tecnología sobre la momia del joven rey muestran que tenía el labio superior hendido o leporino, caderas anchas como las de una mujer, hombros estrechos y un pie varo. Exámenes de su ADN sugieren que también por causa genética pudo padecer la enfermedad de Köhler, una especie de osteoporosis del hueso escafoides, pero que reviste una necrosis por falta de irrigación sanguínea que puede resultar letal. Otra derivación de esta mala genética sería una epilepsia particularmente agresiva, que también padeció su padre. Tut pudo morir durante un ataque.
  • Escáneres realizados con tecnología digital entre los años 2005 y 2012 han revelado que el rey pudo sufrir algún tipo de traumatismo masivo causado por un choque mientras iba en un carro a gran velocidad; o que un carro lo atropellara mientras estaba arrodillado; o que lo acometiera un hipopótamo cuando se encontraba de caza en los pantanos. La falta del esternón y la fractura de la pelvis y las costillas por la parte donde se alinean con la columna vertebral hablan de destrozos enormes en el cuerpo del joven faraón, aunque no se debe descartar la posibilidad que los embalsamadores retiraran del cadáver  algunos huesos fracturados o aplastados. Sin embargo, la presencia del pie varo, que le habría impedido andar sin la ayuda de un bastón, también le habría incapacitado para montar carros de guerra o de caza, en los que la habitual tripulación de tres hombres (auriga, noble y arquero) iba siempre de pie.
  • Fractura de rodilla. Los escáneres también detectaron esta fractura, bastante compleja para un joven con deficiencias inmunológicas crónicas o un organismo debilitado por enfermedades hereditarias. Un hueso astillado en ausencia de antibióticos pudo conducir a una infección masiva y fatal.

En la serie, en la que Tut aparece como un joven ligeramente lisiado pero también como un gran combatiente, se toma la hipótesis de una muerte causada por una gangrena o sepsis generalizada, provocada por la fractura en combate de un hueso de la pierna. La posibilidad de que hubiera sido asesinado  no fue explotada en el guión, aunque se dan elementos que sugieren que Tut tenía en mente una nueva —segunda— reforma religiosa para regresar al culto de Atón creado por su padre, lo que iba contra los intereses y la existencia misma del poderoso sacerdocio de Amón, y le habría acarreado una suerte semejante a la de su predecesor, con la única diferencia de que su vida habría sido más breve.

Todas las especulaciones sobre su muerte son posibles, pero ¿cuál es la verdadera? Todavía no hay una respuesta concluyente.

Otros detalles de su momia resultan muy intrigantes: le falta el corazón, el pene fue enfardelado erecto y el color de su piel es muy oscuro. En  un principio se pensó que las abundantes resinas vegetales empleadas para cubrir el cuerpo durante el proceso de momificación pudieron combustionar dentro del ataúd, pero se ha desechado esta idea porque los dos ataúdes de madera que encierran el de oro en que descansa la momia están intactos, la carne del cuerpo no está reducida a cenizas y las prendas de ropa y las joyas que vestía el faraón muerto no muestran señales de combustión. Algunos especialistas han aventurado la posibilidad de que la falta del músculo cardíaco, el miembro en erección y el color oscuro de la piel fueran hechos ex profeso por los embalsamadores siguiendo órdenes de Palacio para dar al faraón muerto atributos que lo asemejaran al dios Osiris tal como describen a este las leyendas, según las cuales esta divinidad tenía piel negra o verdosa.

El rol del faraón Tut le fue confiado al joven actor y cantante canadiense Avan Jogia. Este acuariano de padre hindú y madre con ancestros irlandeses, galeses y franceces (un indoeuropeo legítimo) comenzó su carrera a edad temprana y de inmediato despuntó como una estrella. Además de su gran belleza corporal que evoca las antiguas imágenes del dios Krishna entre los Veddas, es un actor de gran talento, muy convincente en las escenas de combates y capaz de dar vida a un carácter de gran fortaleza que se corresponde totalmente con la imagen de este rey que inspiró a Carter a excavar durante más de diez años en el Valle de los Reyes en busca de su tumba, aún cuando todos los  arqueólogos que le habían precedido mantenían la firme convicción de que el lugar estaba agotado como yacimiento arqueológico y no sería posible realizar allí ningún nuevo descubrimiento de importancia.

El personaje del visir Ay estuvo a cargo de Ben Kingsley, importante actor británico a quien se recuerda por su espectacular desempeño en el rol principal del filme Gandhi, y yo personalmente le rindo tributo por su papel de un general iraní refugiado en Estados Unidos en el filme norteamericano La casa de arena y niebla, del director Vadim Perelman. En Tut Kinsley encarnó al visir Ay con su acostumbrado dominio de la expresión corporal y el infinito registro de expresiones de su semblante.

Nonzo Anozie, actor inglés de origen nigeriano es el general Horengeb. En Cuba le hemos visto desempeñar un papel secundario en la serie Juego de Tronos y en el filme Mazeda. El guión no le permite gran lucimiento en esta serie. Por el contrario, Alexander Siddig (El Tahir El Fadil El Siddig El Abderahman El Mohammed Ahmed El Abdel Karim El Mahdi), actor y director británico de origen sudanés que encarna en la serie al Sumo Sacerdote de Amón, impacta en su papel que, aunque  secundario, momentos de gloria, como aquel en que dirige al pueblo, desde las gradas del templo de Amón, una imprecación contra el faraón, con una estatura escénica que recuerda técnicas de los actores de los teatros japoneses Kabuki y No. Siddig también intervino en Juego de tronos, en el papel de Doran Martell, gobernante de Dorne y hermano del carismático príncipe guerrero Oberyn. Actor políglota, los papeles de Siddig a menudo le exigen hablar idiomas, y además adoptar muchos acentos diferentes: un inglés ‘RP’ sumamente distinguido y académico para Star Trek: Espacio Profundo 9, un acento cockney en Reinado de Fuego, y un marcado acento arábigo-argelino para Spooks, entre otros. También ha actuado en árabe cuando el papel lo ha requerido, como en Syriana y 24.

Aunque en principio Tut fue concebida como una miniserie  de 6 capítulos, la productora ya tiene en mente una segunda temporada que se centraría en el breve reinado de  3 años del visir Ay, quien tomó la corona de los Dos Reinos a la muerte de Tut. Sería emocionante poder asistir a la continuación de la historia de Ankesnamón, quien vivió momentos tan difíciles tras su viudez que se conserva una carta enviada por ella al rey de los hititas Suppiluliuma I, y que comienza así:

Mi esposo ha muerto. No tengo ningún hijo varón, pero dicen que tú tienes muchos hijos. Si me das a uno de tus hijos, se convertirá en mi esposo. Jamás escogeré a uno de mi súbditos como esposo […] Tengo miedo.

 Hoy sabemos que su solicitud fue atendida y el príncipe hitita partió rumbo a Luxor, pero los espías de Ay le envenenaron en el camino y murió de disentería. Nada se sabe sobre el final de esta reina. Probablemente Ay la asesinó.

Relieve de Tutankamón y Ankesnamón en una escena íntima.

Tutankamún, miniserie inglesa filmada en 2016 y dirigida por Peter Weber, cuenta en tres capítulos la odisea del joven arqueólogo Howard Carter para lograr excavar en el Valle de los Reyes, lo que solo consigue con el patrocinio del aristócrata inglés Lor Carnarvon, un amateur apasionado de la egiptología, quien le financia hasta el descubrimiento de la tumba del joven faraón durante diez años interrumpidos por la Primera Guerra Mundial, por la falta de fondos y por las intromisiones del Museo de Antigüedades de El Cairo.

Carter es interpretado por el actor y modelo inglés Max Irons, quien también encarnó al protagónico rey Eduardo en la magistral serie inglesa La reina blanca, mientras lord Carnarvon es interpretado por el actor neozelandés de origen irlandés Sam Neill, a quien hemos visto en Cuba en numerosos filmes.

En esta miniserie sí se ha respetado estrictamente la historia del descubrimiento de la tumba. También podremos asistir a los orígenes de la leyenda sobre una supuesta maldición que estaba escrita en la tumba de Tut y que haría morir en el plazo de un año a todos aquellos que hubieran entrado en el interior de la cámara real. La leyenda nació con la trágica muerte de lord Carnarvon, causada por la picada infectada de un insecto, que le impidió asistir a los momentos cumbre del descubrimiento[ii]. Es cierto que la inscripción existe, pero se trata de  una imprecación común en las tumbas de nobles y personajes de la realeza egipcia, que tenía por objetivo alejar a los ladrones de tumbas, quienes ya se dedicaban a su lucrativo oficio —organizados en clanes familiares— en tiempos de las pirámides. No es menos cierto que varios de los hombres que participaron en la apertura de la tumba, fundamentalmente ingleses, murieron en el plazo señalado, uno de ellos por un suicidio inexplicable. Pero investigaciones posteriores han dejado en claro que algunas de estas muertes extrañas pudieron deberse a infecciones por hongos que estaban en aquella tumba oscura y húmeda, cerrada por más de 3 000 años.

Howard Carter limpia la cera y las resinas que cubrían la momia del faraón. (Foto de época)

La trama de los amores entre Carter y la joven Lady Carnarvon es algo cuya autenticidad histórica jamás se llegará a conocer. Los descendientes de esta familia de la nobleza británica la han desmentido en cuanto la serie ha salido a la luz pública, pero si esa relación existió o no, es un detalle que poco aporta al magno acontecimiento del hallazgo, que se debe al tesón de Carter y Carnarvon, quienes se enfrentaron a todos los obstáculos y penalidades, incluida la rebelión árabe ante la presencia británica en Egipto después de la guerra.

Yo disfruté de una experiencia estética y cultural muy gratificante al poder ver las dos miniseries en una misma noche, y me gustaría que los espectadores cubanos pudieran sentir el mismo placer y tener la oportunidad de conocer más sobre uno de los acontecimientos más importantes del mundo moderno. Un detalle curioso: Catalina Lasa del Rio y Juan Pedro Baró, una de las parejas de amantes más celebres de Cuba, visitaron la tumba, y la patricia villaclareña Marta Abreu, que tanto hizo por la independencia de Cuba, usaba un broche muy antiguo con la cabeza de la reina Nefertiti, madre de Tut.

Pienso que el ICRT podría trasmitir ambas miniseries como una programación conectada en dos partes en un horario estelar, tal vez, de fin de semana. Además, la conexión invita a reflexionar sobre un tema filosófico como es el regreso del pasado, el tiempo cíclico y el eterno retorno de lo mismo, tesis sostenida por el célebre antropólogo Mircea Elíade, uno de los especialistas más esclarecidos en la historia de esta ciencia multidisciplinaria.

 

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[i] Dioses, tumbas y sabios es un libro de divulgación histórica, obra del escritor alemán C. W. Ceram. Se publicó por vez primera en 1949. Tuvo la virtud de acercar al gran público los secretos de la arqueología. Desde su publicación fue un éxito de ventas, traducido a numerosas lenguas, y reimpreso en la actualidad. Dioses tumbas y sabios se divide en cuatro tomos, dedicados al mundo griego, al Antiguo Egipto, a Mesopotamia y a las civilizaciones precolombinas, respectivamente. Cierra la obra un quinto libro, titulado: Sobre los libros de historia de la arqueología que todavía no pueden escribirse. En la obra se proporcionan apuntes biográficos sobre personalidades de la arqueología, como Heinrich Schliemann, Jean-François Champollion, Paul Emile Botta y Howard Carter.

[ii] A la muerte de Lord Carnarvon siguieron varias más. Su hermano Audrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro, para entrar en la cámara real, murió en El CAyro poco después, sin ninguna explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamon, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón, y su padre se suicidó al enterarse de la noticia (a pesar de no estar relacionado con la tumba más que a través de su hija). Y un profesor canadiense que estudió la tumba con Carter murió de un ataque cerebral al volver a El CAyro. En las décadas de 1960 y 1970 las piezas del Museo Egipcio de El CAyro se trasladaron a varias exposiciones temporales organizadas en museos europeos. Los directores del museo de entonces murieron poco después de aprobar los traslados, y los periódicos ingleses también extendieron la maldición sobre algunos accidentes menores que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres.La última víctima atribuida a la maldición fue Ian McShane: durante la filmación de la película en los años ochenta sobre la maldición, su coche se salió de la carretera y se rompió gravemente una de las piernas.

 

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El Diario perdido de Céspedes y algunas verdades que ¿no deben decirse?

En esta Feria Internacional del Libro de La Habana dedicada a Eusebio Leal, Historiador de la ciudad capital de Cuba, y a la República Popular China, uno de los libros estrella es la nueva  edición de El Diario perdido de Céspedes, como su nombre indica, último tomo de los Diarios personales que El Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, llevara durante su vida. El Presidente Viejo, como lo llamaban los cubanos, escribió esas páginas en su destierro en el rancho de San Lorenzo, en medio de un paisaje intricado y una gran soledad, luego de que la Cámara de Representantes del Gobierno de la República en Armas lo depusiera de su cargo  acusado de ser, entre otras cosas, un nepotista y un tirano.

Yo tuve la oportunidad de leer este libro en alguna de sus primeras ediciones durante mi breve estancia en el pueblo pinareño de San Diego de los Baños, donde lo encontré en un pequeño armario de puertas de cristal destinado, al parecer, a libros considerados muy especiales por los bibliotecarios del lugar. Es uno de los libros más desgarradores que han llegado a mis  manos, y lo digo con mucho dolor, porque suponiendo que Céspedes fuera el mal político que la Cámara se enorgulleció de deponer, los sufrimientos que este grupo le infligió fueron tan grandes que caracteres menos recios que el suyo se habría quebrado. Hoy muchos historiadores, psicólogos y sociólogos no vacilarían en calificar de acoso moral el trato dado por la cúpula del mambisado al hombre que desencadenó la Guerra de los Diez Años, el primero en liberar a sus esclavos y el primer Presidente de Cuba.

Sin ánimo de polemizar, quisiera subrayar que me ha sorprendido encontrar en alguna reseña periodística del libro elogios marcados a Céspedes porque siempre se negó a  abandonar Cuba a pesar de todos los atropellos y humillaciones a que fue sometido, porque tal afirmación no se ajusta a la realidad. Luego de que su esposa Ana de Quesada, ya embarazada, fuera detenida por los españoles tras una vergonzosa delación, Céspedes la envió al exilio en los Estados Unidos, y soportó el hecho de que sus hijos gemelos nacieran lejos de él con la esperanza de reunirse con su familia algún día, ya fuera en Cuba libre o en otras tierras.  Este Diario lo demuestra. En más de una ocasión Ana de Quesada ofreció  a su esposo enviar una embarcación clandestina que lo recogería en las costas cubanas para llevarlo junto  a ella y sus hijos, pero Céspedes se negaba porque no quería abandonar la isla de manera ilegal. Había solicitado un salvoconducto a la Cámara y esperaba por ese documento para emigrar. Consideraba indigno  huir de su patria no ya de los españoles, sino de los propios cubanos, y así lo escribió en su Diario.

Nunca recibió el salvoconducto, la Junta le daba largas y no se lo concedió. No querían un Presidente en el exilio aunque estuviera depuesto, pues en tales casos siempre existe la posibilidad de que se forme un Gobierno paralelo, ya que todo político, más allá de si es o no adecuado para su cargo, tiene siempre sus propios seguidores.

Céspedes estaba en total desacuerdo con su destitución y mucho más con los cargos que se le imputaban, en especial el de tirano, y la impresión que produce la lectura del Diario es que consideraba a Salvador Cisneros Betancourt,  marqués de Santa Lucía, su sucesor en la Presidencia, su enemigo personal, aunque no el único. Lo despreciaba con un desprecio hidalgo, a pesar del título de nobleza y la condición de su oponente, desde el punto de vista social superior a la suya. Dice textualmente que el marqués es un hombre vulgar que se acuesta con sus esclavas y para divertir a sus amigos imita el habla de los negros bozales. Pero esto no pasaría de ser una enemistad entre dos hombres si no fuera porque Céspedes consideraba al marqués causante directo del estado casi miserable en que transcurría su existencia cotidiana desde que fue depuesto, y  llega a afirmar  en las últimas páginas del Diario que un esclavo del  marqués fue quien guió a la tropa española hasta el ranchito donde Céspedes se ocultaba desde hacía  meses, con el fin de que lo liquidaran. Antes de alegar que Céspedes pudo creer tales cosas impulsado por el profundo dolor que le causaban sus sufrimientos morales, debemos recordar que ninguno de los historiadores que han escrito sobre la vida de Céspedes estuvo presente en sus últimos momentos, lo que convierte a Céspedes en el único testigo presencial de su propio fin que está dispuesto a hablar del suceso.  ¿Alguien más entre los involucrados lo habría hecho? ¿Quedarían para la historia las confesiones de semejante traición por quien supuestamente la hubiera cometido o por alguno de sus cómplices?  Si tales confesiones existen, estarán a buen recaudo, como las páginas escritas por Martí en su Diario de campaña poco antes de morir y luego desaparecidas, donde narraba, tal vez, algún suceso  muy ominoso ocurrido en La Mejorana durante la reunión que tuvo allí con Maceo y Gómez, la última de su vida. Hay hechos que avergüenzan hasta a quienes los cometen, y los ejecutores ocultan las pruebas o las destruyen para escapar al juicio de la historia.

Resulta muy interesante, en realidad apasionante que Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, fuera tenido por Céspedes como un individuo repudiable e indigno de su condición patricia, mientras Martí vio en él  a un prócer anciano y venerable que conmovió profundamente su sensibilidad patriótica. Todo ser humano tiene detractores  y aprobadores, y tanto los primeros como los segundos esgrimen sus razones para el odio o el amor. Quienes hayan estudiado con un mínimo de atención las vidas de Martí y Céspedes repararán con seguridad en varias circunstancias que las entrelazan, unas veces para diferenciarlas y otras para asemejarlas de modo escalofriante. La primera es el origen: Martí era de extracción sumamente  humilde, hijo de una numerosa familia cuyo padre valenciano debía mantener con trabajos duros que perdía de continuo debido a su carácter irascible y rígido, y el propio Martí tuvo que trabajar desde muy joven para ayudar a los suyos, además de haber sufrido una durísima estancia en las canteras del Presidio Político en plena adolescencia. Muy  joven conoció el hambre y el exilio, y padecía además, una salud precarísima que a lo largo de sus 42 años no le permitió prácticamente un día de bienestar físico. Su educación y su cultura las recibió de sus maestros y de sí mismo. Céspedes era todo lo contrario: patricio de alta cuna, hijo de una de las familias más ricas y respetables de Bayamo, se crió entre sábanas de seda mimado por los suyos; estudió abogacía en Barcelona, donde también se doctoró, y viajó por varios países. Recibió desde su nacimiento la refinada educación que acompaña a los dones de un linaje, y físicamente era un varón de complexión fuerte, avezado jinete y esgrimista.  En circunstancias naturales es probable que hubiera disfrutado una larga vida.

Un segundo aspecto a analizar es la diferencia entre el pensamiento político de ambos hombres. Céspedes, quien dio inicio en su ingenio La Demajagua a la Guerra de los Diez Años, consideraba que un gobierno colegiado no era lo más conveniente para una Cuba en guerra, dados los muchos conflictos y contradicciones que suponían no solo las enemistades personales (de las que él mismo fue víctima), sino la variedad de intereses económicos que existía entre los hacendados cubanos alzados contra España, por no hablar de las ambiciones políticas individuales que tanto daño hicieron a la independencia de la isla  y fueron, en algunos casos, la causa de la desaparición de los mejores hombres de nuestra historia nacional. Era partidario de un Gobierno  dirigido por un solo hombre, y tenía una plataforma de lucha, por no llamarla política, muy bien definida y sólida. En la lectura de este Diario se percibe que no confiaba más que en su propia honestidad, en su propia integridad y en su propio amor por Cuba. ¿Tenía un ego demasiado fuerte?  Es probable, pero ¿quién puede poner en duda que la Guerra de los Diez Años haya durado tanto precisamente por la poca capacidad de sus líderes para ponerse de acuerdo en los asuntos más esenciales? Céspedes estaba plenamente consciente de los peligros que entrañaba la fragmentación de mandos para la marcha orgánica de la guerra. De sus intenciones para la gobernación de Cuba tras el supuesto triunfo del Ejército Libertador yo no sé nada. Pero si sé, en cambio, por haberlo escuchado hace años de labios del propio Leal, que la intención de Martí cuando vino a Cuba en momentos en que su salud le hubiera concedido apenas un año más de vida, era ponerse, dado su grado de Mayor General —que lo igualaba (creía él) a Gómez y Maceo—, al frente de las tropas camagüeyanas que habían estado bajo el mando de Ignacio Agramonte, formar gobierno civil en Camagüey y traer de inmediato la Invasión a Occidente. Algunos  historiadores piensan que fue precisamente eso lo que disgustó a Maceo, partidario de un Gobierno militar sin intervención civil, y tal vez también a Gómez, pues los dos líderes no consideraban a Martí apto como guerrero, sino solo como un hombre de letras, y además, por razones tácticas preferirían que no hubiera tres ejércitos en la isla. ¿Influyó en el desastre de La Mejorana el hecho de que hasta los soldados de filas y los campesinos llamaran a Martí Presidente aún cuando él jamás dio indicio alguno de pretender serlo tras la independencia de Cuba? Martí había fundado en Tampa el Partido Revolucionario, del que se consideró Delegado y no Presidente, y si hubiera sabido que Estrada Palma lo disolvería tras el final de la última Guerra me atrevo a asegurar que Estrada Palma hubiera muerto anciano en los Estados Unidos como maestro de escuela y la historia de Cuba habría sido otra. Yo no sé qué planes tenía Céspedes para Cuba Libre, pero  Martí soñaba con una democracia y no fundó el Partido con el único fin de ayudar a Gómez y Maceo a ganar la Guerra. Una democracia significa elecciones y es, por tanto, algo bien diferente del gobierno de un solo hombre, por muy prócer, bien intencionado y Padre de la Patria que este sea. El pensamiento político de Céspedes y Martí se diferenciaba tanto como sus cuerpos físicos,  y solo confluía en la decisión de sacar de Cuba a España y hacer de la isla una tierra libre.

¿Vio Céspedes en Cisneros Betancourt —dos veces Presidente de la República en Armas—  un monstruo que solo existía en su imaginación de hombre torturado, o se equivocó Martí con la venerabilidad del marqués como también se equivocó con la idoneidad de Estrada Palma para sustituirlo al frente del Partido Revolucionario Cubano? La historia, y no solo la de Cuba, está llena de esos temibles  “¿Y si…?” que habrían conducido su marcha por otros derroteros. Pero una cosa es cierta: el cargo presidencial de Céspedes y el poder que le otorgaba, tanto como la posibilidad de que Martí llegara a ocupar la Presidencia de Cuba tras el final de la última guerra no eran circunstancias gratas a algunos altos jefes del mambisado, entre ellos Cisneros Betancourt y Antonio Maceo.

Algo más compartieron Céspedes y Martí: las circunstancias a través de las cuales entraron en la Muerte. Céspedes, abandonado por su escolta en aquel ranchito de fin de mundo, se defendió de sus captores con un revólver, única arma que conservaba en su poder, y cuando ya no le quedaban balas se arrojó por un barranco para que no lo apresaran vivo[i]. Su cuerpo, junto a un lote de gallinas, puercos y sacos de carbón, fue enviado por los españoles en una goleta al muelle de la Capitanía del Puerto de Santiago de Cuba, donde lo colocaron bajo una ceiba. El cadáver fue llevado después al antiguo hospital civil La Caridad, y expuesto al público, que pudo ver las heridas sufridas en su despeñamiento por el barranco. Luego fue trasladado a la Casa de la Intendencia y nuevamente expuesto, y esa misma tarde conducido en un carretón al cementerio de Santa Ifigenia, donde se le arrojó a una fosa común.  Cinco años más tarde se exhumaron sus restos y se les trasladó a un lugar secreto de la misma necrópolis, donde se les dio sepultura sin identificación alguna. En 1898 se reveló el lugar de su enterramiento y  fue colocada una tarja allí. Durante la República tuvo otros enterramientos y se construyó un mausoleo para honrar su memoria. Hoy reposa en Santa Ifigenia cerca de Martí, Mariana Grajales y Fidel.

Martí —y sobre este tema se ha escrito y especulado mucho— no tuvo un Estado Mayor propio, como hubiera correspondido a su grado de Mayor General, presumiblemente por la premura de su nombramiento y su breve estancia en tierra cubana. Estaba adjunto al Estado Mayor de Gómez y solo disponía de un ayudante al que él no le aceptaba que le lavara su ropa en el río, tarea que asumía él mismo. Mientras el atuendo mambí se componía de prendas blancas, él se vistió para su primera batalla con su único traje negro y colocó en sus bolsillos los pocos objetos de valor que poseía: un retrato  familiar, unas monedas… Montó el hermoso caballo blanco que le regalara José Maceo y se lanzó hacia la tropa española ofreciendo el pecho sin protección en un espacio de tierra cuya topografía conforma un triángulo, simbolismo que a él, masón de alto grado, jamás le habría pasado inadvertido. Por supuesto, lo alcanzaron las balas y cayó con tres heridas, dos de ellas mortales. Martí no debió de morir, la canción es muy cierta, pero de haber seguido vivo ¿qué destino le aguardaba a la sombra de Gómez y Maceo?  ¿Acaso un año más de vida agonizando con sus muchas enfermedades, arrastrando su cuerpo cada día más débil por la manigua…? Martí creía en la honra tanto como creía en la virtud, y convencido —después de La Mejorana— de que no podría hacer mucho más por Cuba de lo que ya había hecho, prefirió salvar su honra y al mismo tiempo dar a los cubanos un símbolo abstracto destinado a convertirse en lo que su pobre humanidad ya no podría ser: antorcha, flama, Luz.Autoinmolación mística, sacrificio ritual. Céspedes y Martí, dos formas de suicidio, pero suicidio al fin, por no hablar del esperpéntico destino ambos cadáveres tras ser capturados por los españoles: el cuerpo sin vida de Martí fue transportado por la serranía a lomos de una mula. Su captor, el militar Giménez de Sandoval, masón como su víctima, envió a Gómez, también masón, una nota donde le hacía creer que el “hermano Martí” aún vivía, aunque estaba herido. El primer entierro de Martí tuvo lugar al día siguiente de su muerte, luego de la identificación del cadáver mediante los documentos que llevaba encima. Vestido solo con pantalones y descalzo lo arrojaron sin ataúd a una fosa común, en el cementerio de Remanganagua, Contramaestre. Poco después las autoridades españolas ordenaron exhumarlo para demostrar su identidad ante la incredulidad general; un médico le practicó la autopsia y procedió a su embalsamamiento. Los restos fueron colocados esta vez en un ataúd humilde y mostrados  nuevamente al público. Con posterioridad fue trasladado en tren a Santiago de Cuba y enterrado en Santa Ifigenia, donde a partir de ese momento sufriría otros tres traslados de sepultura, llegando a tener en total cinco entierros, aventajando en uno a Céspedes.

Y un último y similar suceso selló el destino de los dos gigantes: Gómez hizo desaparecer — guardó o destruyó— las tres páginas que faltan en el Diario de Campaña de José Martí. Julio Sanguily (sospechoso para algunos investigadores de haber sido un agente doble de España y Estados Unidos) compró  (¿) a los españoles ese último tomo del Diario de Céspedes, ocupado por estos entre las pertenencias del Presidente Viejo encontradas en San Lorenzo y —aunque Céspedes escribió en la última página su voluntad expresa de que fuera entregado a su esposa Ana si él moría— se lo quedó y a su muerte pasó a su hermano Manuel, quien no se dejó conmover por las súplicas de la viuda y siguió reteniendo el libro mientras alegaba que era botín de guerra de su hermano fallecido y por lo tanto propiedad suya[ii]. ¿Prudencia, borramiento de culpas, blanqueamiento de sepulcros…? A mí, personalmente, no me interesan para nada las motivaciones (bien o mal intencionadas)  de estos ocultamientos que me parecen crímenes contra la historia de Cuba y contra el pueblo cubano, como es siempre crimen todo intento de ocultar o distorsionar la verdad, cualquiera que esta sea. ¿O es que solo anhelamos conocer las debilidades y pequeñeces de los más Grandes mientras escondemos las de otros  “mirlos blancos” que fueron más tentados por las más bajas pasiones humanas?

En algo sí coincido con el autor de la reseña que ha motivado este comentario: Céspedes, —como Martí— fue un  hombre  con debilidades y grandezas, y su Diario habla por él a la posteridad que le juzga.  ¿Y quién dice que un hombre no puede ser un héroe, que los héroes no sean hombres? Solo que los hombres héroes —para los antiguos mitad humanos y mitad divinos— tienen menos debilidades y más grandezas que los demás hombres, entre los cuales incluyo a Salvador Cisneros Betancourt, aunque haya entregado su fortuna a la causa de la independencia, aunque su esposa y sus hijas hayan peregrinado junto a los mambises en la manigua compartiendo sus peligros y sus miserias, y aunque al final del camino haya una foto que lo muestra rindiendo homenaje ante la tumba de Céspedes.  No cuestiono sus muchos méritos patrióticos, pero hay fotos que salvan para la historia y otras que no la cambian. La imagen en cuestión  es de estas últimas, y hay deseos de salvamento que no se entienden. A fin de cuentas, como biznieta del capitán Picart, ayudante de campo del General Calixto García, me asiste el derecho de recordar esta verdad de Perogruyo: la alta oficialidad mambisa siempre estuvo dividida por muy fuertes discrepancias políticas y militares, por intereses económicos y por ambiciones personales,  lo que no le impidió hacer nuestras Guerras de Independencia y hacernos libres. Debilidades y grandezas. ¿No eran hombres…? Entonces, que acaben los silencios y brille la Verdad en todo su esplendor.

Esta fue la mayor lección que me dejó la lectura del  Diario Perdido de Céspedes en San Diego de los Baños.

[i] Las aseveraciones de un supuesto rematador cubano que acompañaba a la tropa del batallón de San Quintín que asaltó el rancho, hoy son tenidas por muchos historiadores como bravuconadas sin fundamento, lo mismo que las del supuesto rematador de Martí, cuyas heridas post mortem muestran que murió alcanzado por tres disparos lejanos, dos de ellos mortales, sin presencia de un tiro de gracia.

[ii] Al parecer, la Sra. Sarah Cuervo, viuda del hijo de Manuel Sanguily y heredera de su archivo, entregó o vendió el “Diario”, en algún momento al historiador José de la Luz León, fallecido en La Habana el 5 de junio de 1981, después de haberlo poseído secretamente durante un número indeterminado de años (¡cosas de los coleccionistas!). Su viuda, la Sra. Alice Dana, encontró entre los papeles del historiador difunto un sobre cerrado en el que estaba escrito: “Estos papeles son de mi Patria”. Cumpliendo esta voluntad, ella entregó el sobre al Historiador de la Ciudad, Lic. Eusebio Leal Spengler. (Cita textual de un fragmento del artículo escrito por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y publicado en el sitio digital de la revista Palabra Nueva.

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[1] Las aseveraciones de un supuesto rematador cubano que acompañaba a la tropa del batallón de San Quintín que asaltó el rancho, hoy son tenidas por muchos historiadores como bravuconadas sin fundamento, lo mismo que las del supuesto rematador de Martí, cuyas heridas post mortem muestran que murió alcanzado por tres disparos lejanos, dos de ellos mortales, sin presencia de un tiro de gracia.

[2] Al parecer, la Sra. Sarah Cuervo, viuda del hijo de Manuel Sanguily y heredera de su archivo, entregó o vendió el “Diario”, en algún momento al historiador José de la Luz León, fallecido en La Habana el 5 de junio de 1981, después de haberlo poseído secretamente durante un número indeterminado de años (¡cosas de los coleccionistas!). Su viuda, la Sra. Alice Dana, encontró entre los papeles del historiador difunto un sobre cerrado en el que estaba escrito: “Estos papeles son de mi Patria”. Cumpliendo esta voluntad, ella entregó el sobre al Historiador de la Ciudad, Lic. Eusebio Leal Spengler. (Cita textual de un fragmento del artículo escrito por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y publicado en el sitio digital de la revista Palabra Nueva.

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