Juntos más allá de la muerte

No han de existir en este mundo muchas necropolis que puedan presumir de albergar el sueño eterno de un escritor célebre y sus personajes, pero el Cementerio de Colón habanero puede ostentar ese blasón. Cirilo Villaverde, consagrado como el primer gran novelista de Cuba y autor de nuestra novela fundacional Cecilia Valdés o la Loma del ángel, yace en un hermoso panteón de mármol adornado con un obelisco, y no muy lejos, en una tumba modestísima, los restos mortales de quien fue, quizá, la musa viviente del escritor tienen su ultimo reposo.

Panteón del escritor Cirilo Villaverde en el cementerio de Colón

La existencia real de Cecilia Valdés ha sido, desde la aparición de la novela en Nueva York, una tesis muy controvertida, pero no salió de la imaginación excitable de algún lector entusiasta o de los esfuerzos de un crítico literario prolijo e interesado en la Historia, sino de un fragmento de una carta escrita por el propio Villaverde a un conocido, donde confiesa que, para crear el personaje, se inspiró en “una mulata muy linda con quien llevó amores Cándido Rubio, mi condiscípulo y amigo, en La Habana”. Si la musa, quien sin duda se paseaba en chancleticas por los adoquines coloniales triturando corazones de todas las razas —como Villaverde la describe—, se llamaba o no Cecilia Valdés, es un enigma difícil de esclarecer después de tanto tiempo, aunque la tumba que en Colón lleva su nombre parece arrojar bastante luz sobre los hechos.

La lápida que corona la pobre sepultura fecha la muerte de su ocupante el 21 de mayo de 1893, lo que concuerda con la época en que se desarrolla la historia de la Cecilia literaria. La novela termina cuando Cecilia, enloquecida por la muerte de Leonardo que involuntariamente ha provocado, sufre las secuelas de su parto y es internada en un asilo para dementes. Es aún una mujer muy joven, no llega a los veinte años. Su destino acaba aquí para el lector, quien queda obsesionado por esta vida que se hunde en el silencio y el olvido. ¿Qué fue de Cecilia Valdés, privada del apoyo de su amante, desconocida por su padre biológico y ya sin su abuela Chepilla ni su amigo incondicional, el sastre José Dolores? La demencia borra la identidad. “No te rías de la locura, es peor que la muerte”, dice un personaje del dramaturgo norteamericano Tenessee Williams.

Pero si la locura no deja huellas del ser en el mundo, la muerte, paradójicamente, sí lo hace. En los libros de inhumaciones de la necrópolis de Colón consta que en esa fecha se dio sepultura a una mujer llamada Cecilia Valdés, natural de La Habana e hija de la Real Casa de Maternidad, tres datos que coinciden con el personaje creado por Villaverde. Un cuarto dato casi disipa ya cualquier duda residual: la fallecida era mestiza. Murió a la temprana edad de 39 años, lo que indica que sobrevivió por más de dos décadas a su final literario. Horroriza pensar que lo haya hecho en aquel asilo de dementes, donde como único Consuelo dice Villaverde que encontró a su madre Charo Alarcón. Una vida infernal sin ninguna semejanza con la existencia colmada de amor y placeres con que Cecilia soñaba. En vez del blanqueamiento que tanto anhelaba se hundió en la negrura más profunda. Su hija recién nacida tendría su mismo fatum: crecería sin su madre loca, quién sabe cómo y, para desgracia mayor, cargando sobre sus hombros el estigma de ser fruto de un incesto.

Pero hay otro lugar en La Habana donde Cirilo y Cecilia forman un dueto eterno, o al menos lo será mientras exista la ciudad. Es la iglesia del Santo Ángel Custodio, en la Loma del Ángel, en cuya plazoleta se alza una escultura en bronce del artista Eric Rebull que recrea la imagen de Cecilia. A pocos metros un busto de Cirilo Villaverde, colocado en 1946 en una hornacina de la fachada del templo, parece contemplarla sumido en meditación silenciosa que acompaña una vaga sonrisa.

Una reflexión sobre este emparejamiento que se mueve entre la ficción y la vida (o la  muerte) real, induce a un escritor a cuestionamientos un tanto metafísicos: ¿Qué lazos forja la escritura con las creaciones de nuestra imaginación? Y se puede ir aún más lejos: ¿acaso existen vasos comunicantes entre lo que escribimos los escritores y la manera en que se moldea la realidad? ¿Influye la materia literaria sobre la marcha de la existencia? ¿Somos, en verdad, demiurgos? Conan Doyle decidió matar a Sherlock Holmes para librarse del personaje, que lo acosaba, y nunca lo logró. La historia de la literatura abunda en casos de escritores que terminaron estableciendo una relación morbosa con alguno de sus personajes o con las historias que crearon para ellos. La sospecha da miedo, y aunque los escépticos digan que es muy lógico que Villaverde y Cecilia estén enterrados en el Cementerio de Colón porque eran habaneros y esa era, entonces, la única necropolis de la ciudad, y en definitiva no existen pruebas fehacientes de que esa muerta sea la musa del escritor, a mí el connubio me sigue impresionando, como todo lo que parece sobrenatural, aunque no lo sea..

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La magia de la música más allá de las fronteras del sonido

Lev Sergueievich toca su theremín

Hace muchos años, en el Onceno Festival de la Juventud y los Estudiantes celebrado en La Habana, vi y escuché por primera vez un sintetizador en acción. Un músico checo (o polaco, después de tantas décadas ya no recuerdo) ofreció una coral donde él era la voz veintiuno en vivo. Todo el resto del coro inmenso era su propia voz replicada por aquel instrumento. Me impresionó de tal manera que durante años guardé el recorte de diario donde se le anunciaba y estuve pensando en aquello. Mucho después, ya casada con mi esposo Benigno Delgado Hernández, guía de turismo, visitamos la casa de uno de sus amigos, quien tenía un sintetizador. Era un músico aficionado, algo que yo jamás me he considerado a mí misma, pero cuando me ofreció manipular el instrumento y comenzó a enseñarme la infinita cantidad de sonidos que encerraba en su interior, me hizo pensar con mucha fuerza en aquellas extraordinarias cajas mágicas de que hablan los cuentos de hadas, donde están encerrados todos los sonidos del universo. Luego pensé el El Aleph, de Borges, pero El Aleph encierra todas las imágenes posibles, mientras que el sintetizador guarda sonidos Había cantos de pájaros, ruidos de tormenta, entrechocar de espadas y cánticos de guerra, entre otras muchas cosas. Yo estaba por entonces escribiendo el guión de mi aventura Los Celtas, y la posibilidad de ser yo misma quien trabajara el sonido de la serie, de acuerdo con mis conocimientos de esa cultura extraordinaria, me provocó tal excitación que Benigno tuvo que sacarme de la casa de nuestros amables huéspedes casi a rastras. Recuerdo, como un dato aleatorio, que aquel matrimonio amigo había comido esa noche una gran cantidad de jamón de pierna y estaban intoxicados, pero yo no sentía piedad: el egoísmo del artista que acaba de hacer un descubrimiento capital me poseía sin dejar espacio para ningún otro sentimiento.

De más está decir que el sintetizador se agregó de inmediato —junto con perros pastores y huskies, un caballo, una cabaña cerca del mar, un telescopio, una colección de música y todo lo necesario para poder pintar —a la larga lista que conformaba y aún conforma el conjunto de mis sueños imposibles. A veces uno llega a resignarse a tantísimas renuncias, hasta que un día navega en internet y descubre…

El Theremín y el Tautronio

Carolina Eyck

El theremín a veces parece un instrumento del futuro de la Tierra o de otro mundo. Su música parece evocada de la nada, notas y tonos burlados y manipulados por movimientos hipnóticos de manos y dedos a través del aire.

Así aparece descrito en internet el único instrumento musical conocido hasta la fecha que se “toca”completamente sin contacto físico directo. Fue inventado alrededor de 1920 por el físico ruso Lev Sergeyevich Termen, conocido más tarde como Leon Theremin, cuyo apellido pasó a nombrar el instrumento de su invención.

Si yo tuviera que describirlo, diría que fue una especie de caja cuadrada en sus inicios, rectangular en sus versiones modernas, de la que sobresalen dos antenas que operan con los principios del electromagnetismo. Es más o menos así, pero recuerden los lectores que siempre fui ponchada en Física.

El theremín recuerda, a quien lo ve tocar, la leyenda del aprendiz de brujo, porque el músico mueve sus manos alrededor del instrumento como si hiciera pases mágicos, y entonces se produce el milagro de una música que no parece de este mundo. ¿El secreto? Los músicos controlan los sonidos moviendo las manos y los dedos alrededor de una antena vertical para subir o bajar el tono, y hacia arriba o hacia abajo sobre una antena en bucle para controlar el volumen. En realidad, las manos del ejecutante controlan y manipulan los campos magnéticos alrededor de las antenas. ¿No parece cosa de brujos?

Lev Sergueievich nació en San Petersburgo, Rusia Zarista, en 1896. A los siete años montaba y desmontaba relojes con una precoz habilidad ingenieril, y a los quince construyó un observatorio astronómico. Al igual que muchos jóvenes de familias pudientes de su país, tomó lecciones de violín, violonchelo y otros instrumentos musicales. Como en el caso de tantos descubrimientos científicos, por ejemplo el elemento radio de los esposos Curié, el theremín es fruto de una sorpresa tangencial. En 1920, Lev inventó un ingenio que permitía usar la nueva tecnología de las ondas de radio para medir algunas propiedades del elemento gaseoso, pero descubrió que su aparato emitía “un extraño gorjeo” que él podía moldear si movía sus manos alrededor del equipo. Como era un músico entrenado, es posible que desde el primer momento reconociera el potencial artístico de su nueva creación. Según declaró en una entrevista, su conversión del aparato en instrumento musical fue muy intencional: “No estaba —dijo— satisfecho con los instrumentos mecánicos que existían, de los cuales había muchos. Todos fueron construidos usando principios elementales y no estaban bien hechos físicamente. Estaba interesado en hacer un tipo de instrumento diferente. Por lo tanto, transformé equipos electrónicos en un instrumento musical que proporcionaría mayores recursos». Si este criterio de Lev Sergueievich era válido o no y qué hubieran dicho de él Bach, Bethoven, Chopin, Lizt y otros grandes compositores y concertistas de la historia musical de Occidente es algo que no sabremos nunca, porque no conocieron el theremín.

Tras semejante triunfo pronto Lev Sergueievich viajó a Estados Unidos, donde fue muy bien recibido y se le concedió un estudio en West 54th Street, en Nueva York. Pronto allí se dieron cita compositores y científicos. A los primeros los fascinaba el instrumento y a los segundos los intrigaba. El propio Einstein llegó a alquilarle a Sergueievich una habitación desocupada en el estudio del inventor para poder estudiar el fenómeno de la música celestial del theremín.

Sergueievich ganó mucho dinero con su instrumento en Estados Unidos , y comenzó a soñar con construirlo en serie para que todo el mundo pudiera tocarlo, pero su sueño no se pudo materializar debido a lo dificultoso que resulta tocar bien un theremín.

La extraña sonoridad del instrumento hizo que fuera usado en programas y películas que requerían efectos especiales. La más conocida de ellas, filmada en 1951, fue El día que paralizaron la Tierra, pero antes ya había sido usado en la banda sonora de Miklós Rózsa para la película Spellbound, de Alfred Hitchcock, ganadora del Oscar en 1945. 

 Después de un corto período el instrumento cayó en el olvido. Sin embargo, a partir del documental Theremin: An Electronic Odyssey, realizado en 1993, el theremín de Lev Sergueievichh está viviendo un gran renacimiento. Músicos de reconocido prestigio lo han adoptado y los conciertos se suceden. La música del theremín, que ciertamente deslumbra por su increíble registro de bajos y agudos y parece música de las esferas, la misma de la que hablaba el filósofo griego Pitágoras, ha sido empleada en filmes clásicos del cine como Star Trek, la usó el celebérrimo grupo Led Zeppelin en su conocida canción Whole Lotta Love, y The

Jimmy Page, de Led Zeppelin, toca el theremín

Rolling Stones la empleó en su álbum psicodélico Her Satanic Majesty Requests, de 1967. La artista islandesa Hekla Magnúsdóttir, quien combina el theremín con su voz en sus álbumes, ha dicho:  «Creo que tiene mucho potencial inexplorado, y también es fascinante visualmente». Violonchelista como Lev Sergueievich, a ella también le parece el theremín un instrumento que produce música de planos ajenos a este mundo. Carolina Eyck es otra maestra de theremín que busca difundir este instrumento único y está ampliando su escaso repertorio con nuevas composiciones como su pieza Ocean, de 2019. Ella ha dicho: «Cuando tocas el theremín, parece algo mágico, como si pudieras lanzar hechizos”. También ha confesado que la banda sonora de Spellbound, que escuchó en su infancia, tuvo tuvo en ella un impacto particular . El actor Keanu Reeves aprendió a tocar el instrumento en Bill & Ted Face the Music, la reciente tercera entrega de la trilogía de Bill & Ted. Se ha utilizado en temas para programas de televisión como la serie de ITV Los asesinatos de Midsomer, o el tema central de la serie de vampiros de los años 60 y 70 Dark Shadows, e incluso en discos icónicos, como Oxygène de 1976, de Jean Michel Jarre. Este instrumento se oye también, especialmente al final, en la película One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco) producida en 1975, que ganó numerosos premios internacionales y fue la segunda película en obtener los cinco principales premios Óscar: Película, director, actor (Nicholson), actriz (Fletcher) y guion adaptado.

¿Es realmente tan difícil de tocar el theremín?

No existe una enseñanza estructurada sobre cómo tocar un theremín, pero se requiere alguna clase de formación musical, aunque no sea imprescindible una escolarización de altos niveles. “Además de una buena percepción espacial, un músico necesita un oído brillante para tocar notas específicas. Necesita combinar movimientos corporales relajados con una concentración mental intensa”.

Los músicos de theremín emplean técnicas de expresión física y emocional, del mismo modo que procede un actor. La consecuencia de esta comunión de singularidades es que hay muy pocos virtuosos de theremín en el mundo, y cada uno tiene su propio estilo. «Cada músico aporta su propia personalidad distintiva al theremín, y estas diferencias pueden ser bastante fundamentales, casi como una firma sonora», dice Charlie Draper, un destacado músico británico de theremín que actúa tanto en solitario como con su colectivo orquestal Retrophonica. Yo diría que, además de instrumento musical, el theremín es un estado del alma.

Liev Sergueievich tuvo un triste final. Se cree que actuó en Estados Unidos como un agente doble del Kremlin. Fue llamado a la Unión Soviética, donde, víctima de las purgas stalinistas, fue enviado a una prisión para científicos, y allí fue obligado a trabajar en la creación de dispositivos electrónicos de espionaje. Su trabajo tuvo gran repercusión en el espionaje soviético en las altas esferas gubernamentales estadounidenses e inglesas. Murió a la edad de 97 años.  Su sobrina nieta, Lydia Kávina, también thereminista, creó la banda sonora del filme El maquinista, en 2004.

La indescriptible sonoridad del theremín ha hecho que se le asocie con situaciones inquietantes y con los géneros de misterio y terror,  pero sus ejecutantes también lo  emplean en la interpretación de música clásica, especialmente en música experimental y en música clásica contemporánea de los siglos XX y XXI; así como en géneros de música popular como el rock, el rock psicodélico y el art rock.

Los avances de la tecnología moderna han hecho sus aportes al theremín. Se ha llegado a producir theremines de manera más o menos artesanal con modos de interactuar muy distintos, como por ejemplo, theremines ópticos que miden la cantidad de luz que llega a un sensor. También la empresa Roland comercializa en algunos de sus módulos un sensor de infrarrojos llamado D-Beam, con el que se puede controlar, no solo el tono, sino alternativamente el parámetro que se elija. Actualmente existen incluso modelos que participan de la tecnología MIDI, lo cual posibilita que tengan, virtualmente, cualquier timbre que se desee utilizando un sampler, pero dicho efecto rara vez produce sonidos audibles, al no estar pensado el diseño original en ese sentido.

Un modelo actual de theremín

Actualmente, un gran número de thereministas buscan seguir el legado de los grandes virtuosos del instrumento, algunos de ellos son Jean Michel Jarre, Lydia Kavina, Barbara Buchholz, Carolina Eyck, Katica Illényi, Ernesto Mendoza, Peter Pringle, Robby Virus, o Pamelia Kurstin.

Trautonio

El trautoniofue inventado en 1929 por el ingeniero alemán Friederich Trautwein. El músico y compositor alemán Paul Hindemith escribió muchas piezas para él y así  los nazis tuvieron su versión del theremín ruso. El trautonio, del que Goebbels fue un apasionado admirador, parece una gran versión temprana de un sintetizador, pero no tiene un teclado, sino dos tablas que sostienen un cable de resistencia sobre una placa de metal, que puede ser presionada por los músicos y también pasar sus dedos sobre ella. Aunque el trautonio generó gran entusiasmo y la misma expectativa que el theremín de que pudiera llegar a convertirse en un instrumento de masas, durante más de siete décadas solo un joven músico, Oskar Salas, lo tocó en conciertos.

Oskar Salas

También tocaba en programas de radio especialmente concebidos para el instrumento, pero sus actuaciones terminaron cuando fue reclutado para la guerra. Cuando la contienda bélica terminó, Salas creó un estudio en Berlín donde trabajó en bandas sonoras para documentales, cortometrajes y comerciales. Desarrolló una nueva versión del instrumento, el mixturtrautonium, capaz de producir un sonido más rico y polifónico.También lanzó grabaciones de piezas de Paul Hindemith y Harald Genzmer, compuestas específicamente para el trautonio.

Es poco o nada conocido el hecho de que el director de cine de terror estadounidense Alfred Hitchcock quedó fascinado cuando escuchó el sonido del trautonio, al extremo de que lo utilizó en la banda sonora de su famosa película Los pájaros. Los chillidos de los ataques masivos de las aves fueron conseguidos con ese instrumento.

Hitchcock escuchando una partitura de theremín para la banda sonora de Los pájaros

Salas murió en 2002, pero un joven músico de Múnich, Peter Pichler, quien se había enamorado del trautonio «cuando era un estudiante de música y estaba viendo un film independiente con este sonido”, encargó un mixturtrautonium a la única compañía en Alemania que aún produce el instrumento. Pesaba 85 kilos y no había nadie que pudiera enseñarle a tocarlo. Perseveró y ya ha realizado varias presentaciones en Europa.

Yo he escuchado las sonoridades de los dos instrumentos, y pienso que el theremín es muchísimo más espiritual, verdadera música de mundos más elevados y trascendidos que el nuestro, aunque pueda llegar a ser auténticamente espeluznante en algunos momentos , mientras el trautonio puede conducir al oyente a los misterios del Inframundo, los recovecos de todos los infiernos inventados por el hombre desde el Orco etrusco al Hades griego, desde el Hell escandinavo hasta las moradas de fuego del Satán cristiano. Pero tan importante como las bellezas y misterios de estos instrumentos en sí mismos, está  su legado, porque en ellos, a pesar de su rareza o quizá por ella misma, se cumple una ley de la cultura y de la historia: nada queda sin continuidad. Ambos son los antepasados del sintetizador que me fascinó aquella lejana tarde de visitaciones, en que llegué a pensar que yo podría crear la banda sonora de una batalla en la Irlanda prehistórica entre los Thuatha de Danaan y los Fomore, entre rugidos de tempestad y alaridos de muerte. Yo, que no sé nada de música y mi única postura ante ese arte es de veneración.

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ENGAÑO: el octavo pasajero (V)

Este es el quinto de una serie de artículos que intentan advertir a las personas sobre el peligro de manipulación ideológica, cultural, religiosa, política y social que representan las noticias falsas y las teorías de la conspiración, fenómenos que han tomado al mundo por asalto desde que Donald Trump obtuvo la Presidencia de los Estados Unidos en 2016. Existen empresas que obtienen los datos que usted revela en sus redes sociales y los usan para personalizar sus estrategias de manipulación. Usted puede ser confundido y su mente manejada por narrativas que, en algunos casos, van dirigidas puntualmente a grupos vulnerables a determinados asaltos psicológicos. Usted debe ser consciente de que estas manipulaciones pueden provenir de aquellos en quienes más confía, incluso de sus líderes religiosos. Todos debemos ser objetivos e informarnos sin pasión antes de dejarnos llevar por la pasión. Si lo desea tome partido pero, primero, sepa por quién y por qué.

QAnon: el octavo pasajero

Un adepto de QAnon agita el logo del grupo en medio de un meeting de Donald Trump

Para mí todo empezó hace años, cuando algunos de mis amigos, interesados en la sanación por métodos de medicina alternativa y tradicional y en ciertos aspectos de la espiritualidad New Age, comenzaron a introducir en sus conversaciones, que hasta ese momento me habían sido muy familiares, conceptos nuevos, raros y desconcertantes unidos a nombres de gurús  de ahora mismo, algo muy común en este mundo de la alteridad en que se mueven de manera habitual aquellas personas que han perdido confianza en la ciencia y se sienten inconformes con las propuestas tradicionales de la cotidianeidad. Algunos de mis amigos seguían a ciertos gurús. Otros, solo manejaban los temas de un modo vago.

Los gurús suelen dividirse en dos categorías: los canalizadores, individuos que dicen estar en comunicación con deidades, seres extraterrestre y/o Maestros desencarnados que quieren ayudar a la evolución de la Humanidad, y son, por tanto, una mezcla de intérpretes y mensajeros de tales entidades; y los Maestros, conspicuos personajes con cierto grado de conocimiento esotérico y etiqueta de “Iniciados”, quienes irrumpen en escena portando la antorcha de “nuevas teorías” olvidadas o “reveladas”, que supuestamente arrojan luz sobre aspectos de la historia humana, la evolución del planeta y las leyes del universo.  Omito nombres porque algunos de estos “Maestros” tienen prestigio internacional, imparten conferencias en centros importantes y gozan, en ocasiones, de tolerancia y hasta de cobertura oficial por parte de los gobiernos.

Algunas de las teorías más espectaculares y excitantes expuestas por tales gurús y Maestros no son nuevas, y unas cuantas fueron expuestas en decenas de cuentos y novelas de ciencia ficción a partir de los años 30, y vistas en series como Expedientes X y Black Mirror.  Todos los aficionados al género las disfrutamos allí en sus formas más exuberantes y elaboradas. Sin embargo, detecté cierto sesgo en esas conversaciones que me llamó la atención por sus planteamientos abiertamente esperpénticos. Por ejemplo, varias veces escuché repetir que en una isla cercana a Jamaica, Hillary Clinton y un grupo de destacadas personalidades de la élite del partido Demócrata norteamericano, unidos a célebres  figuras de Hollywood y de la política internacional, tienen un templo o santuario dedicado a Satanás, en el que sacrifican niños a los cuales, previamente, han sometido a violaciones, y luego de sacrificados, devoran su carne y sus cerebros en medio de rituales tan macabros que ni pueden ser imaginados.

Algún amigo mío habla también de ciertos cuatro pilares del “sistema” que están cayendo: la economía, la religión, la ciencia y la política. El Gobierno Secreto del Mundo o Estado Profundo (que algunos identifican con los Iluminati) los ha sostenido por siglos para cegar a la Humanidad y poder dirigirla a su antojo, pero ya se acerca el momento en que nuestro planeta va a dar un salto cuántico a una zona de la galaxia donde la vibración es mucho más elevada, y quienes no hayan preparado sus cuerpos y sus mentes para este gran salto tendrán que morir. Todo el proceso está dirigido por los habitantes de la constelación de Las Pléyades (los enigmáticos pleyadianos), quienes tienen a su cargo la evolución de los terrícolas para que puedan integrarse en un anillo cósmico de gran espiritualidad, y cuando demos ese gran salto, comenzará en la Tierra una nueva Edad de Oro sin guerras, sin enfermedad. La Realidad perderá todos los afeites con que la ha invisibilizado el Estado Profundo y aparecerá ante nuestros ojos en toda su prístina y avasalladora desnudez, y entonces ¡SABREMOS!… ¿Qué? Hasta ahora nadie me ha proporcionado una idea clara de lo que sabremos..

Estos sesgos discursivos, tan parecidos a una burda emulsión de mala ciencia ficción con antiguas profecías muy distorsionadas provenientes de la Biblia, el pueblo maya y otras culturas desaparecidas, y de cierta literatura delirante cuyo género no podría precisar, pero en la que percibo ecos de un pensamiento mítico muy antiguo (la Edad de Oro es un concepto presente en los albores de civilizaciones tan antiguas y disímiles entre sí como la griega y la maya, por solo citar dos ejemplos), corren en paralelo en La Habana con un incremento de grupos religiosos de confesiones protestantes, entre los cuales no los más numerosos, pero sí los más vehementes son, sin duda, los pentecostales. Pero los protestantes y, aunque menos, también los católicos, hablan obsesivamente de Satanás, un personaje que, salvo en la teoría conspiranoica del templo pedófilo de Hillary Clinton, no aparece ostensiblemente en el imaginario de mis amigos (hasta donde sé, casi todos ateos). Creí percibir también fragmentos de narrativas de ciertas sectas foráneas, algunas ya extintas y otras no tanto, pero todo lo demás ¿de dónde está saliendo? No se trata solo de pensamiento mágico —reacción lógica en sociedades de la Posmodernidad donde han señoreado por décadas discursos muy materialistas con fuerte base tecnocientífica—. Tampoco de las típicas teorías conspiranoicas sobre naufragios extraterrestres ocultos en bases militares como Roswell, inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay algo más. ¿Cómo llega toda esa pseudoinformación a una isla rodeada de agua por todas partes, y tan tardía en su sintonía con el mundo que ya José Martí en el siglo XIX la llamó “la comarca demorada”?

Mis amigos solo tienen respuestas vagas. Es evidente que no conocen o no cuestionan las fuentes de este entramado de realidades alternativas en el que están hundidos hasta las cejas, al punto de que ya no son capaces de pensar en términos de la vida real. Solo he podido sacar en claro dos pistas: que ellos obtienen esos materiales en forma de audios, libros digitales y documentos de Word que otros serviciales (¿?) amigos y conocidos les pasan en flash y tablets, y que uno de mis amigos está convencido de que Hillary Clinton perdió las elecciones del 2016 frente a Donald Trump no por el voto de los colegios electorales, sino porque se descubrió su red internacional de pedófilos, en la que también están involucrados el Dalai Lama y… el Papa Francisco. Cuando le pregunté de dónde obtuvo esa información respondió muy sorprendido: “¡Todo el mundo lo sabe!”. Pero en 2016 la prensa oficial cubana solo se refirió a la imputación hecha a Hillary por el Senado y las más importantes agencias de Seguridad de los Estados Unidos por hacer uso de un servidor de correos privado para tratar asuntos oficiales, entre los cuales había varios temas de alta sensibilidad para la Seguridad Nacional. Ni entonces ni después nuestros medios de comunicación han mencionado la supuesta red de pedófilos satanistas.

La primera pista indica la fuente: la Internet de otros países o conexiones en Cuba de banda ancha capaz de descargar (¿gratis?) videos de larga duración. La segunda pista es más compleja y tiene que ver con una antigua frase latina de uso clave en la Abogacía: cui bono: ¿quién se beneficia? ¿Quién sacaría partido de lanzar al fuego en el mismo saco a Hillary Clinton, el partido Demócrata y la Iglesia Católica, uno de los monoteísmos más poderosos y numerosos de la Tierra? Mis pobres amigos cubanos, ingenuos en su aislamiento, sumidos de lleno en sus océanos de pensamiento mágico —proceloso para quienes carecen de la más mínima noción antropológica sobre la naturaleza del fenómeno—, no tienen idea de ser receptores involuntarios de una conspiración política de alcance internacional que, como ahora sí ya está claro para mucha gente en nuestro planeta, puede, por imposible que parezca, alterar la faz del mundo.

Ya me referí en posts anteriores de este seriado al fenómeno digital 4chan, el tablón de imágenes o imageboard creado en 2003 en la Internet oculta por un adolescente norteamericano que terminó convirtiéndose en gurú tecnológico de prestigio internacional. 4chan demostró ser una tierra muy fértil, una especie de Jardín del Edén donde han florecido frutos tan disímiles como el grupo Anonymous de cyberactivistas, surgido en  2008 casi junto con la plataforma Wikileaks; el rocambolesco movimiento llamado QAnon (por sus tufos sulfurosos alguien se ha referido a él como nacido en las cloacas de Internet), aparecido en 2017, y una de sus últimas plantas exóticas de cuatro hojas: los Boongaloo Boys, un grupo que defiende el derecho de portar armas en público y quiere otra Guerra de Secesión en los Estados Unidos que ponga fin al Estado Federal. Se identifican por vestir camisas hawaianas y ropa de camouflaje. No tienen estructura jerárquica ni ideología definida, hay entre ellos neonazis, supremacistas, partidarios del movimiento Black Lives Mathers, anarquistas y casi cualquier tipo de cosa. Como todo fenómeno nacido de Internet acaba por saltarse las fronteras de sus webs y salir a varias partes del planeta. Por ahora es todo lo que diré sobre él.

Pero QAnon merece más atención.

QAnon tiene su bandera, que de algún modo vago recuerda un poco a la de la Repúblilca Independiente de Texas, tal vez sean los colores…

La aparición de este grupo en 4chan recuerda a muchos analistas un juego de realidad alternativa que, como muchos saben, no es lo mismo que un juego de rol. En líneas generales, los juegos de rol tienen siempre una especie de Maestro de Ceremonias llamado Director de Juego, quien crea una trama y media entre los jugadores-personajes, los cuales, responden, en ocasiones, a estructuras arquetípicas aunque no siempre es así. Cada jugador tiene libertad para crear su personaje, lo diseña, define sus características, su personalidad, su vestuario que en algunos casos suele ser un disfraz verdadero, por ejemplo de mago, druida, guerrero o princesa en los juegos de fantasía heroica; de estadistas, reyes y héroes en los de corte histórico. Los jugadores toman apuntes, emplean dados para decidir acciones, mapas y tableros para simular situaciones, no hay un guión y todo se basa en la improvisación. Hay un consenso totalmente consciente entre los jugadores, quienes se reúnen, por lo general, en casas particulares con la única intención de pasar un rato agradable entre amigos. Todos saben que están participando en el juego de forma voluntaria, y el juego terminará en algún momento, bien porque la narrativa concluye o porque los jugadores tienen que volver a sus casas a ocuparse de sus vidas reales.

Amigos participando en un juego de rol
Dados y otros elementos empleados por los jugadores de rol. En ocasiones se usan disfraces.

Un juego de realidad alternativa es otra cosa. Aunque la imaginación humana es inagotable, este tipo de juegos suele responder casi siempre a la siguiente estructura: una persona recibe por mail, por una llamada telefónica, por una carta o por cualquier otro medio (puede ser hasta un subrayado en su periódico favorito) un mensaje anónimo que lo invita a jugar. Si acepta, recibirá otro mensaje donde se le ordena cumplir una misión. Cada mensaje contiene instrucciones para cumplir metas de la tal misión y, al mismo tiempo, instrucciones para alcanzar el próximo hito en el juego.

Jugador de realidad alternativa busca códigos encriptados y ppistas que le conduzcan a su nueva misión

Vea el lector  la definición que he tomado del sitio https://hipertextual.com/2015/06/juegos-de-realidad-alternativa:

La naturaleza de los juegos de realidad alternativa es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

La premisa más importante de los ARG ha sido acuñada en la frase “Esto no es un juego”, pues los participantes no deben ser capaces de distinguir entre el juego y la realidad. La línea que separa ambos universos debe ser muy fina, casi irreconocible. Las reglas del juego no deben ser específicas, sino que deben ser descubiertas por cada individuo. Asimismo, la historia del juego no se presenta de forma cronológica, el participante debe descubrirla juntando piezas dispersas en distintos medios, por lo que resulta imprescindible que todas las piezas tengan cierta concordancia y conexión.

Otra parte fundamental de los ARG es que se desenvuelven en múltiples espacios. Mientras que cuando juegas un videojuego estás limitado a un mundo imaginario en la consola, o bien la experiencia de un juego de rol se limita a un tablero o a un lugar y tiempo reducido en el caso del LARP; las piezas de los ARG se esconden dentro de la red, en los espacios públicos, en otros individuos; puede cobrar forma en un pasaje de la literatura universal, en las palabras de un extraño, en una llamada telefónica misteriosa y mucho más.

En los ARG, la vida real es un medio; no es necesario crear un alter ego, un avatar. Quienes participan deben ser ellos mismos dentro del juego, unas personas normales que se encuentran con un reto a superar y se verán obligados a buscar pistas en su cotidianidad. Es por esta característica que se convierten en experiencias comunitarias. A pesar de que los ARG son poco difundidos en un principio, la naturaleza del juego es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

No solo las personas mentalmente inestables, sensibles a la sugestión, solitarias o con personalidades mal estructuradas pueden llegar a confundir el juego con la realidad. Puede ocurrirle a cualquiera, porque estos juegos demandan de sus jugadores un muy elevado sentido del compromiso, de modo que si usted acepta jugar, juega y muy en serio, aunque jamás llegue a saber quién lo está dirigiendo, porque eso es parte (y muy excitante) de esta clase de juego. A mí se me parece al funcionamiento de la mente ezquizofrénica, en la que el enfermo recibe órdenes cuya fuente no siempre puede identificar, pero se siente obligado a cumplir inexorablemente. Puede darse el caso de que un jugador, sentado frente a su tele, crea descubrir un mensaje encriptado en las palabras del conductor de su programa favorito, que le envía a visitar de madrugada un cementerio, robar una tienda o caminar desnudo por su centro de trabajo. Es un encadenado de retos. La situación es tan fascinante como plástica y ha inspirado novelas, filmes, obras de teatro… Las redes sociales son mecanismos ideales para poner en marcha juegos de realidad alternativa, sobre todo si la red en cuestión es un sitio de la internet oculta que se caracteriza por tener el anonimato como su regla fundamental y una libertad de expresión casi total. Literalmente, un paraíso para troles.

En octubre de 2017, apenas un año después de que Donald Trump resultara electo Presidente, apareció en 4chan una cuenta a nombre de “Q Clearance Patriot” (Q patriota con permiso de seguridad). La letra Q, en el puesto 17 del alfabeto occidental, es la clave del más alto nivel de acceso de seguridad en el Departamento de Energía de la Casa Blanca vinculado con programas nucleares. Anon es el diminutivo de Anónimo, la firma que distinguió a 4chan y a otros muchos sitios de la internet sumergida. Q se convirtió en QAnon. ¿Quién era?  Un individuo o varios, un trol, un loco, pronto dejó de importar: en 4chan había desembarcado el Octavo Pasajero, que llegaba al mundo respondiendo algún comentario referente al Pizzagate —tan convenientemente estallado un mes antes de las elecciones presidenciales donde Hillary perdió la Presidencia—, y anunciaba:

La extradición de HRC [Hillary Rodham Clinton] ya está en marcha efectiva ayer con varios países en caso de huida por frontera. Pasaporte aprobado para ser señalado el 30/10 a las 12.01am. Esperar que ocurran disturbios masivos como respuesta y otros huyendo de EE UU. Marines dirigirán la operación mientas Guardia Nacional activada.

El tono del mensaje, calificado por el periodista Jordi Pérez Colomé de conciso, peliculero y críptico, se repitió en el segundo mensaje de QAnon:

¿Dónde está Huma [Abedin, asesora de Clinton]? Seguid a Huma. Esto no tiene nada que ver con Rusia (aún). ¿Por qué Trump se rodea de generales? ¿Qué es la inteligencia militar?.

Todo era un pastiche de gran incoherencia, pero… ¿quién dijo que el pensamiento racional suele imponerse en los asuntos humanos?

Ninguna persona en su sano juicio hubiera podido imaginar lo que sucedería a continuación. QAnon siguió comunicándose con sus cada vez más respetuosos y atentos seguidores, que se multiplicaron como amebas. A través de mensajes como los anteriores —que sus admiradores comenzaron a llamar “gotas” o “migas” que ellos debían amasar pacientemente hasta obtener un mensaje—, fue construyendo lo que podríamos llamar la trama maestra de este movimiento entonces naciente: un Gobierno Secreto o Estado Profundo, formado por una camarilla internacional poseedora de enormes riquezas, satanista, pedófila y caníbal gobierna el planeta. Los altos militares del Pentágono reclutaron a Donald Trump para enfrentarse a este grupo siniestro y maléfico y liberar al mundo de su tiranía, algo que, por supuesto, Trump no puede hacer público aún, pues en él se concilian las inconciliables condiciones de ser el Presidente de la primera potencia mundial y al mismo tiempo un luchador encubierto del Bien. Su misión es desbaratar y exponer toda esta red de miserables seres humanos y darles su justo castigo, además de “hacer grande a América otra vez” (slogan puntero de su campaña presidencial), salvando el Sueño Americano amenazado por la mezcla de razas, eliminando a los indeseables inmigrantes mediante la construcción de un muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera con México, y restaurando la economía hasta que de las cloacas americanas broten torrenteras de oro.

Pero QAnon fue más lejos: en 2016, la investigación sobre la posible interferencia de Rusia en las elecciones en favor de Trump, conocida como “la trama rusa” [1], llevada a cabo por Robert Muller, Fiscal Especial del Departamento de Justicia, era una tapadera, pues Muller, en realidad, trabajaba encubierto junto con Trump en esta Cruzada justiciera, y los dos contaban con el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El momento inmediato a la culminación de su misión, que QAnon llama El Gran Despertar, llegará cuando el mundo descubra la maldad del Estado Profundo, y la gran batalla que Trump desencadenará entonces para llevar a los culpables a su destino final en la base de Guantánamo, es llamada por los adeptos de QAnon La Tormenta. “Somos la Tormenta”, dicen, y “A donde va uno, vamos todos”. Son sus consignas insignia. Lo de tormenta proviene de un filme de Ridley Scott, Tormenta blanca, tal vez recordado por Trump en una ocasión en que se reunió con militares en la Casa Blanca y comentó a la prensa presente: “¿Saben a qué se parece esto? A la calma antes de la tormenta”, y cuando un periodista le preguntó qué significaban sus extrañas palabras, respondió sibilino: “Ya lo veréis”. Algunos jocosos, a su modo también teóricos de la conspiración, han querido ver en El Gran Despertar un recordatorio de la famosa píldora roja que, tomada por los protagonistas La Matrix, los ayuda a despertar del sueño-vida virtual en que vivían sumidos. La apoteosis de La Bella Durmiente.

Al decir de un analista de QAnon, su semejanza con un juego de realidad alternativa está dada porque sus narrativas “combinan diferentes elementos que dan a la gente sentido y placer: es en parte análisis, en parte juego, en parte fe. Los miembros descifran pistas, se conectan unos con otros y se inspiran para ver una versión de la verdad que es épica, religiosa y sensacionalista. Se sienten atraídos por tener estas revelaciones y por entrar en la lucha por la verdad”.

Para colmo de increíbles, Trump ha dado su aval públicamente a esta teoría de la conspiración llamada QAnon, en cuyo vientre se agitan mil y una pequeñas subtramas tan conspiranoicas como la trama madre. En medio de la pandemia causada por la Covid-19 y las protestas desatadas por el asesinado del afroestadounidense George Floyd, fue interrogado por la prensa sobre QAnon, algunos de cuyos miembros ya comenzaban a aparecer en sus mítines portando distintivos con la letra Q sobre pancartas y ropas. Estas fueron las respuestas presidenciales a la entrevistadora de Democracy Now:

D.T.: Bueno, no sé mucho sobre el movimiento, aparte de que, según entiendo, soy muy de su agrado, lo cual agradezco. Estas son personas que no les gusta ver lo que está pasando en lugares como Portland y lugares como Chicago y Nueva York y otras ciudades y estados. Y he escuchado que estas son personas que aman a nuestra patria y simplemente no les gusta ver lo que está pasando. Entonces, no sé realmente nada al respecto, aparte de que, supuestamente, soy de su agrado.

REPORTERA: En el centro de la teoría radica esta creencia de que usted está secretamente salvando al mundo de un culto satánico de pedófilos y caníbales. ¿Le parece que usted puede respaldar algo así?

D. T.: Bueno, no he escuchado eso, pero, ¿se supone que es algo malo o bueno? Me refiero a que, si puedo contribuir a salvar al mundo de sus problemas, estoy dispuesto a hacerlo.

Los anónimos seguidores de Q ya no tienen que conformarse con envidiar a sus tradicionales héroes modélicos Tarzán, Superman, Dick Tracy, James Bond o Batman: ahora ellos mismos son los héroes y esas conspiraciones falsas se han convertido en los ejes de sus vidas. Sienten que dejaron de formar parte del sumiso y oprimido cuerpo de baile de la sociedad: se han convertido en primas ballerinas.

Las hipótesis sobre la verdadera identidad de QAnon siguen en el candelero y no falta quienes estén convencidos de que se trata del propio Donald Trump. El dedo identificador también señala a un tal Timothy Charles Holmseth, supuestamente periodista laureado, colaborador encubierto del FBI y autoproclamado “cabeza de la Fuerza de Tareas del Pentágono Contra la Pedofilia”, quien ha revolucionado las redes sociales y algunos sitios productores de fake news con una sensacional noticia:  la operación llevada a cabo en Nueva York por las autoridades navales del Gobierno para liberar a miles de niños a quienes la red de pedófilos demócratas mantenía cautivos en unos túneles siniestros que conectan con la residencia de Hillary Clinton. Se me ocurre que el apellido Holmseth podría ser un constructo entre el del celebérrimo detective de ficción Sherlock Holmes y el nombre Seth, dios egipcio serpentiforme de remota antigüedad a quien hoy se le tributa un culto satánico en los Estados Unidos. He buscado en vano en Internet referencias a la carrera periodística de Holmseth, su  órgano de prensa, sus lauros y, por supuesto, sus datos biográficos, pero hasta ahora no he encontrado más que unas páginas donde aparece la foto de un hombre de aspecto desagradable, desaseado y torvo, una cara que uno nunca le pondría a un periodista en un juego de rol. Ni siquiera la prensa seria que cita su información sobre el rescate de los niños ofrece detalles específicos sobre él. Hay afirmaciones de check points acerca de que La Fuerza de Tareas del Pentágono contra la Pedofilia no existe. Siento que, de existir, dicho grupo tendría poco que ver con el Pentágono. Tendría más sentido encontrarla como un Departamento del FBI o la NSA. Y si este tal Holmseth realmente trabaja encubierto en una investigación del FBI sobre pedofilia, ¿cómo es posible que haya publicado información sobre el caso con fotos incluidas, explicando el papel que juega él mismo en esa investigación? ¿Por qué casi nadie se dedica a desmontar informaciones o, cuando menos, a cuestionarlas? Hasta este momento, Holmseth tiene toda la pinta de ser un bulo, y uno burdísimo, además. Sin embargo, su “noticia” del rescate de los niños cautivos ha sido replicada en mucha prensa seria más allá de las fronteras estadounidenses.  De cualquier modo los seguidores de QAnon no quieren saber mucho sobre Holmseth, porque prefieren seguir alimentando la esperanza de que su guía misterioso tenga un único nombre: Donald Trump, el redentor.

Pero el problema no radica exactamente en la identidad de QAnon, sino en el movimiento creado a partir de su aparición en 4chan.


[1] A pesar de que Trump se ha declarado públicamente “exonerado” de la acusación de estar coludido con Rusia en este caso, Las conclusiones del Fiscal Muller nunca lo declararon inocente. Por el contrario, la investigación concluyó haber hallado evidencia de interferencia rusa en esas elecciones, aunque no pruebas de que Trump estuviera coludido con el Gobierno ruso. Trump criticó duramente la investigación de Muller y conmutó la pena impuesta a su colaborador Robert Stone, acusado de entablar algún tipo de negociación con funcionarios rusos y condenado por manipulación de testigos, obstrucción de la justicia y mentir al Congreso. Después, Trump intentó destituir a Muller. (Continuará…)

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En el centenario del nacimiento de Ramiro Guerra, padre de la danza moderna cubana

Como periodista  no tengo especialización para escribir sobre ballet y danza, pero mis estudios de Pintura y Escultura en la Academia San Alejandro y mi formación autodidacta en terrenos de la Antropología me ayudaron siempre en la apreciación y disfrute del arte del movimiento. Y en el centenario del natalicio de ese gran coreógrafo, teórico y padre de la danza moderna cubana que fue Ramiro Guerra (La Habana, 29 de junio 1922-1ro. de mayo 2019), siento que debo hacer algunas reflexiones, pero antes de proceder a ello es necesario recordar brevemente la trayectoria del Maestro, pues de lo contrario podrían no ser bien comprendidas.

Ramiro Guerra se graduó de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero como les ha ocurrido a tantos y tantos artistas, se había equivocado de camino y muy pronto halló la ruta que debían recorrer sus pasos.

Para nadie es un secreto que la Sociedad Pro Ate Musical, fundada en la primera mitad del siglo pasado, fue una de las grandes instituciones promotoras de la alta cultura en Cuba, y ayudó, además, a que esta se abriera para todos los que quisieran acercarse. Ramiro Guerra, impulsado por su pasión por la Danza, llegó a esta institución en los años 40 y se matriculó en la Escuela de Ballet de la Sociedad, donde fue alumno del maestro Nikolai Yavorsky, quien también tuvo entre sus discípulos a Alicia Alonso. Más tarde pasó a la academia de la bailarina y profesora rusa Nina Verchinina, primera figura de los Ballets Russes del Coronel de Basil. Su maestra lo encaminaría a esa compañía, con la que realizó una gira por Brasil. Su próxima escala fue Nueva York, donde tomó clases de forma gratuita en la Academia de la gran bailarina y coreógrafa norteamericana Martha Graham, una de las principales figuras de la danza moderna.  Se inició, además, en los principios de las escuelas de danza mexicanas. Estudió a Fernando Ortiz, Stanislavski, Brecht, Chejov y Grotowski, montó coreografías para obras del poeta español Federico García Lorca. De regreso a Cuba se vinculó a la compañía de ballet Alicia Alonso. En 1952 montó para esa compañía la pieza Toque, con música de Argeliers León, y también Habana 1830, su primera obra con música del maestro Ernesto Lecuona.

Conviene recordar aquí que por esas fechas y ya desde la década de los 20 venía cobrando fuerza entre la juventud intelectual cubana el movimiento afronegrista. Poetas como José Zacarías Tallet con su poema La rumba, el español Alfonso Camín, Nicolás Guillén, escritores como Alejo Carpentier, historiadores como Emilio Roig de Leuschenring, pensadores como Jorge Mañach, compositores sinfónicos como Argeliers León, Ernesto Lecuona y Alejandro García Caturla daban a conocer sus obras inspiradas en las culturas africanas y caribeñas y los ritmos afrocubanos. Entre ellos hubo varios miembros del Grupo Minorista, cuya influencia continuaba sintiéndose en el pensamiento cubano a pesar de haberse autodeclarado extinto en 1929. Ramiro Guerra no fue, pues, un hombre que llegaba del extranjero a un páramo yermo de cultura, sino un cubano con formación universal que se insertó en un ambiente intelectual de vanguardia en el que, sin duda, encontró su lugar y fue bien acogido. No resultó un extraño en modo alguno. No debe de haber sorprendido a nadie que fundara el Grupo Nacional de Danza Moderna, en el cual dio a conocer Rítmicas, con música de Amadeo Roldán y pieza que, en 1962, contó con la escenografía de Eduardo Arrocha sobre el célebre óleo La Jungla, de Wifredo Lam. Luego del triunfo de la Revolución fundó el Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional de Cuba, el Conjunto Folklórico nacional y el Conjunto Nacional de Danza Moderna (hoy Danza Contemporánea de Cuba), del cual fue director hasta 1971, y que contaba con 30 bailarines: diez blancos, diez negros y diez mulatos. El primer estreno con el Conjunto fue en febrero de 1961, en la sala Covarrubias del Teatro Nacional. El programa incluyó dos nuevas obras: Mulato, con música de Amadeo Roldán, y Mambí, con música de Juan Blanco y texto de José Martí. Suite yoruba, considerada su obra cumbre, también con música de Amadeo Roldán, mereció en 1995  del crítico y poeta Calvert Casey este juicio de valor: «…por los mitos afrocubanos que expresa, por la sencilla belleza de sus danzas y la fascinación de los elementos de escenografía y vestuario, la Suite yoruba impresiona vivamente la imaginación y queda como su creación más atractiva».

Suite yoruba. Quienes quieran ver la obra, encontrarán el video en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=Y5nJ33eCyQI).

En toda la década de los 60 siguieron a esta obra Impromptu galante, El milagro de Anaquillé, Auto sacramental, Orfeo antillano, Medea y los negreros, Ceremonial de la danza, y La rebambaramba, con música de Amadeo Roldán y libreto sobre el original de Alejo Carpentier. Todas son reconocidas hoy como piezas clásicas de la danza moderna cubana.

Como ocurrió con los más grandes entre los cineastas cubanos, Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinoza, formados ambos en la ilustre Cinecitta, meca del cine europeo de su época y fundadores ambos del ICAIC, Ramiro Guerra tenía influencias universales producto de su formación en diversas compañías y escuelas de ballet de otros países, que quiso fusionar con las raíces de la cubanía tal como él las sentía. Su pensamiento estético queda resumido en estas breves palabras suyas:

Una de las características que considero que nos une a todos es la de buscar las renovaciones, pero siempre absorber todo lo foráneo, todo lo que está ocurriendo en el mundo y después transformarlo a nuestra manera de sentir como cubanos.

Se ha escrito que “El Maestro navegó en aguas turbulentas” y no fue comprendido, que tuvo conflictos, que encontró rechazo y resistencia. Sobre eso no sé mucho, porque como ya advertí, en ballet y danza no soy más que una creadora que disfruta la obra de otros creadores. Pero ya vivía la cultura cubana bajo los cielos grises del Quinquenio terrible, para otros decenio, por lo que no resulta difícil comprender en qué aguas turbulentas, qué digo, en qué marejadas se vio envuelto Ramiro Guerra con sus ideas nuevas, sus influencias “extranjerizantes” y sus afanes de renovación y fundación, al extremo de que su obra Decálogo del Apocalipsis, de 1971, no fue estrenada y, rodeada de turbios rumores, se convirtió en una de esas leyendas que han llegado a nosotros a través del tiempo, y podría graficar la tragedia que tantos intelectuales vivieron durante aquellos años en que la cultura cubana estuvo dominada por funcionarios  más bien legos en arte, pero doctorados con laureles en Dogmatismo. Son etapas que suelen repetirse en procesos sociales que derrumban una estructura social para construir otra mejor, pero esa construcción es un proceso muy difícil y muy largo, y no está exenta, como toda obra humana, de errores, injusticias, incomprensiones y sufrimientos.

A finales de los años 70, cuando ya no formaba parte del Conjunto que fundara, trabajó como coreógrafo y asesor en el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba, para el que creó, entre otras piezas, Tríptico oriental y Trinitarias. Para el Teatro Nacional de Pantomima montó El reino de este mundo, sobre la novela homónima de Alejo Carpentier, la gran novela negra del escritor. Montó Chacona para el Ballet Nacional de Cuba, y en 1989 creó  De la memoria fragmentada para Danza Contemporánea de Cuba, obra que resume toda la labor coreográfica que él creara para esa compañía.

Además de su obra cumbre, Suite Yoruba, en su trabajo coreográfico destacan las piezas Impromptu galante, Auto sacramental, La rebambaramba, Orfeo antillano, Medea y los negreros y Ceremonial de la danza. Pero Guerra no fue solo un gran y renovador coreógrafo. También fue un muy importante teórico y  ensayista que dio a la literatura cubana e internacional sobre danza concepciones y observaciones antropológicas que deberían ser conocidas no solo por los especialistas y artistas de este terreno artístico, sino por todos aquellos interesados en la cultura de la Humanidad. Entre sus obras más destacadas se cuentan Apreciación de la danzaCalibán danzanteCoordenadas danzariasUna metodología para la enseñanza de la danza modernaTeatralización del Folklore y otros ensayos, Eros baila y El síndrome del placer.

Por fortuna para nuestro proceso social, fuimos capaces de superar aquellos años oscurecidos por tantas falsas concepciones sobre el arte, que esterilizaron a muchos creadores y a otros los alejaron del panorama cultural nacional por largo tiempo, con el empobrecimiento consiguiente e inevitable que ello comporta cuando se trata de los fértiles paisajes del intelecto, el arte y la creación. Ramiro Guerra fue reconocido en su patria en todo su inmenso valor, en su condición de fundador y creador inmortal, y Cuba le rinde el tributo que siempre mereció, su memoria es respetada y su obra, consagrada y admirada siempre, sigue formando parte del repertorio de nuestros conjuntos danzarios, prestigiándolos y enriqueciendo con sus aportes la forja de nuestra nación.

Maestro, gracias por revertir con su arte la tristísima, penosa condición de aquella idea: «Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea». No sé dónde está usted, pero si puede escucharme, yo también quiero rendirle mi humilde homenaje, y no se me ocurre otra forma mejor que recitar para usted, y una vez más para mí misma, algunos versos del poema Yugo y estrella, de José Martí, el cubano más grande de todos los tiempos, guía espiritual de esta isla y de todos los hombres de buena voluntad que existen sobre la Tierra:

[…] Esta, que alumbra y mata, es una estrella.
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz, se queda solo.

[…] El que la estrella sin temor se ciñe,
Como que crea, crece!

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Fina García Marruz más allá de la Sombra

La destacada intelectual cubana Fina García-Marruz, durante la ceremonia donde le fuera concedida la Orden José Martí, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, en La Habana, el 29 de abril de 2013. AIN FOTO/Oriol de la Cruz ATENCIO/sdl

Fina García Marruz ha muerto, y sería pecado  de lesa indiferencia dejar pasar su cruce al otro lado del espejo sin algo que decir. Pero después del excelente texto publicado por Cubadebate, decir algo se me antoja una tarea para mí tan ardua como si se me invitara a escalar una montaña.

Muchas veces la vi mientras frecuenté la vida pública, siempre al lado de su esposo, su novio de adolescencia, su amor. Yo la percibía como un velo sutil que flotaba en el viento con finísima trama, para no interferir ni por un instante el brillo de las luces que siempre rodeaban a Cintio. Ella y yo nunca hablamos, y a pesar de las tres ocasiones en que él me invitó a visitarlos, no lo hice. Yo sabía que podía comunicarme fluidamente con Cintio, pero con ella me parecía imposible. Como varias de las más grandes y auténticas poetas cubanas, fue una mujer hecha de recogimiento y silencio, me recordaba a Dulce María Loynaz, siempre huidiza, penumbrosa, lejana. A mi propia Maestra, Beatriz Maggi… Mujeres como esas semejan una fragancia tenue que queda cual estela cuando ellas pasan, pero se disipa al más mínimo roce. Acercárseles requiere una osadía del espíritu que, lo confieso, me falta. Tengo, además -impresión instintiva, supongo-, la tendencia a presentir secretos en esos espacios inmateriales defendidos con el distanciamiento del mundo por coraza, como torres sagradas que guardan doncellas y levan sus puentes para impedir la entrada del dragón. Y para cierta clase de almas la sospecha de un secreto cierra el paso con más eficacia que una muralla.

Siempre ha llamado mi atención el hecho de que las poetas más relevantes de Cuba fueran mujeres de tan profunda y contenida femineidad y por voluntad propia alejadas del mundo, todas menos La Avellaneda, quien escogió para su paso por la vida los grandes escenarios del triunfo y los laureles. A Dulce la impuso en la sociedad letrada de Hispanoamérica la indetenible determinación de su esposo Pablo Álvarez de Cañas. Juana Borrero dejó una obra escasa y, tal vez, sin su enigmático vínculo con Julián del Casal, no gozaría hoy del reconocimiento que, medio velado de olvido, disfruta en Cuba. Pero Fina, tan distante y hermética, fue una criatura mágica que logró en ámbitos privados y públicos todo lo que se puede ambicionar por el único hecho de existir, y cuando digo existir entiéndase que hablo de su total consagración a la esencia visceral de la poesía. Qué diferentes todas ellas de las generaciones nuevas de mujeres que escriben versos y, malos o buenos, venden sus imágenes en las redes sociales a todo bombo y platillo, publican sus fotos sin cesar, anuncian sus premios ellas mismas, sus viajes, sus logros, se hacen entrevistar por sus amigos y utilizan sus escritos como una herramienta más de venta de sus nombres en el mercado donde el opus nigrum del arte se trasmuta en materia vil, pero pocas veces en el oro espiritual del alquimista.

No voy a repetir aquí su curriculum extraordinario, sus premios nacionales e internacionales, sus medallas y honores. No voy a repetir que se la considera una de las poetas más importantes de Hispanoamérica, porque ya todo eso se ha dicho de manera suficiente. Yo la admiraba mucho, su manera de ser, su extraordinaria delicadeza, su exquisitez. Fina, que mejor nombre podía tener, aunque también fue una joven de belleza romántica y conmovedora que se incrustó como raíz perenne en otros corazones sensibles de su tiempo, pero ella fue una Reina de Corazones que jugó una sola partida de amor hasta su fin. Su nieto el pintor, escritor y editor José Adrián Vitier, me contó que después de la muerte de Cintio ella continuaba su diálogo con él como si estuviera vivo, y así lo confesó ella misma en cierta ocasión. Es una anécdota de intimidad, lo sé, pero tan plena de sublimidad que no puedo renunciar a ofrecerla.

Fina tuvo la suerte de pertenecer al grupo Orígenes, último momento colectivo de alta cultura en esta isla asfixiada por sus palmas. Los nombres de sus miembros no han podido ser igualados y no tienen relevo en el panorama literario nacional a pesar de las décadas transcurridas, en parte, tal vez, porque fueron, en mi humilde opinión, la última generación culta de las letras cubanas. Recuerdo que una tarde fui a la Biblioteca Nacional en busca de un libro titulado Los cultos de la sangre en la Grecia clásica, y si no era ese el título literal, era el tema. Entregué mi ficha a la bibliotecaria y me senté a esperar. No tengo mucha paciencia, así que cuando estimé muy larga la demora me acerqué al mostrador y reclamé mi pedido. La bibliotecaria revisó unos documentos y me informó con expresión muy circunspecta que ese libro lo habían sacado Cintio y Fina como préstamo especial para un estudio que estaban realizando y lo tendrían por tiempo indefinido. De la cultura de Lezama, ecuménica, insaciable y enfocada en los más extraños temas, no necesito decir nada porque es bien conocida. El Doctor Agustín Pi, quien fuera mi compañero de trabajo en el periódico Granma, era tan culto que para todo se le llamaba y se le pedía su juicio, y su dictamen era estrictamente respetado. De Eliseo…, qué decir de Eliseo, parecía el Judío Errante que hubiera visitado todas las bibliotecas del planeta, y era un apasionado de la cultura celta. Me tienta la idea de decir que Fina fue la Musa de ese grupo de formación humanista, una musa púdica, mas aun así, telúrica.

Grupo Orígenes

La poesía y la vertiente ensayística de Fina y Cintio siempre me han interesado, pero son sus estudios sobre José Martí los que me acercan a ellos con ese sentimiento tremendo de la sangre compartida, en este caso la sangre del espíritu. Encontré, en Cubadebate creo, un texto de Fina sobre Martí, un texto deslumbrante y que resume como nadie lo había hecho antes ni lo ha hecho después -salvo, quizá, el cineasta Fernando Pérez con su filme El ojo del canario-, lo que Martí significa para cada cubano, cómo es sentido dentro del alma nacional, cómo lo vivimos cada uno de nosotros en el día a día de nuestro interior, y quiero reproducir un fragmento aquí:

… Acaso por esto, siempre nos parece que los demás nos lo desconocen o fragmentan, porque cada cubano ve en él, un poco, su propio secreto. Y así lo vemos como el hermano mayor perdido, el que tenía más rasgos del padre, y al que todos quisiéramos parecernos porque contiene nuestra imagen intacta a la luz de una fe perdida. Pensamos que si estuviera entre nosotros todo sería distinto, lo cual es a la vez lo más sencillo y lo más misterioso que se pueda decir de alguien. Desconfiados por hábito o malicia, creemos en él a ciegas; enemigos de la rigidez de todo orden, aun del provechoso y útil, nos volvemos a este austero en quien la libertad no fue una cosa distinta del sacrificio; burlones y débiles, buscamos, como a invisible juez, la gravedad de este hombre, poderoso y delicado. Él es el conjurador popular de todos nuestros males, el último reducto de nuestra confianza, y olvidadizos por naturaleza, rendimos homenaje diario, profundo o mediocre, a aquel hombrecillo de cuerpo enjuto, de frente luminosa y ojos de una penetrante dulzura, que tiene esta irresistible fuerza: la de conmover.

Para alguien que conoció a Fina tan poco como yo, sería un imperdonable acto de vanidad la demasía de palabras. Pero me queda una última reflexión: Hay un tema que toda la vida ha colonizado una parte importante de mis pensamientos: la máscara humana, la que todos llevamos sabiéndolo, o ajenos a que ocultamos tras ella no solo nuestros rasgos, sino nuestros sentimientos y pensamientos más verdaderos y más secretos, ya sea por maldad o por pudor. Hoy encontré un soneto de Fina que nunca había leído, y me ha revelado un aspecto de su humanidad que no le sospechaba: la percepción psicológica que hiere como un puñal y ofrece para sanar un bálsamo de Virtud; la Virtus que fue tan cara a la concepción del héroe grecolatino;  la Virtud en cuya utilidad Martí creía con toda la pasión y la eticidad que rigieron cada acto de su existencia:

Ama la superficie casta y triste…

                                                                              «Sé el que eres»
                                                                                            Píndaro

Ama la superficie casta y triste.
Lo profundo es lo que se manifiesta.
La playa lila, el traje aquel, la fiesta
pobre y dichosa de lo que ahora existe

Sé el que eres, que es ser el que tú eras,
al ayer, no al mañana, el tiempo insiste,
sé sabiendo que cuando nada seas
de ti se ha de quedar lo que quisiste.

No mira Dios al que tú sabes que eres
-la luz es ilusión, también locura-
sino la imagen tuya que prefieres,

que lo que amas torna valedera,
y puesto que es así, sólo procura
que tu máscara sea verdadera.

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PARA EUSEBIO LEAL IN MEMORIAM

Hasta el sol tiene manchas. Los desagradecidos ven las manchas, y los agradecidos, la luz.

José Martí

Ya he contado en varias ocasiones cómo mi abuelo paterno don José Manuel Picart tomó a su cargo mi formación en Historia de Cuba y el mundo, Literatura, Filosofía y Poesía. Cada día salíamos los dos vestidos de milicianos, yo con cinco o seis años, boina caída sobre un ojo  y armada con mi pistolita de agua, y él, anciano gotoso, medio ciego y ya casi inválido, a recorrer La Habana Vieja. Castillos, fortalezas, palacios y todo un pueblo de fantasmas en el que se mezclaban indios, esclavos, libertos, bellas damas, aristócratas, comerciantes, hacendados, soldados españoles, piratas y marinos de la Flota de Indias con otro pueblo de mármol ardiente de sol: estatuas mutiladas de dioses griegos, aljibes con brocales de piedra y fuentes con delfines, guardavecinos herrumbrosos, vitrales rotos. Conocíamos a todos los guardianes de estas ruinas de La Habana colonial, que nos dejaban pasar de buen grado, pues mi abuelo siempre se presentaba como el periodista Picart, de El País, algo que en realidad había sido en su juventud, y aún imponía respeto en los habaneros de entonces, poseedores todavía de un sentido de las jerarquías hoy ya desvanecido.

Llevándome amorosamente de su mano, mi abuelo me contaba historias bellísimas en las que mezclaba elementos de realidad con otros de su riquísima imaginación. Y por la noche nos sentábamos en el pequeño balcón de su apartamentico de Luyanó a mirar las estrellas y a recordar lo que habíamos visto en la mañana. Él no sabía que me estaba convirtiendo en testigo de la magna obra de un hombre que años más tarde iba a aparecer como un arcángel salvador en aquel panorama derruido, para devolver a la Villa de San Cristóbal su antiguo esplendor. Abuelo apenas alcanzó a conocer algo de la obra del entonces muy joven Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad. Murió, eso sí, agradeciéndole.

En mi febril mente de niña se grabaron como en una placa fotográfica todos los rincones, todas las imágenes y hasta las sombras enroscadas en los patios desolados del pasado. Aún hoy vuelvo a ver todo aquello en mi memoria, como si las imágenes estuvieran suspendidas en un tiempo inmóvil. Por eso, para honrar a mi abuelo, me prometí a mí misma que yo seguiría a Leal paso a paso en todo lo que hiciera, porque Leal iba a hacer realidad el sueño eterno de don José Manuel: resucitar con magia los tiempos idos de nuestra ciudad, que tanto amábamos.

Lo que yo no podía imaginar, cuando tomé esa decisión –muy joven entonces- , era que  estudiar la carrera de Periodismo me iba a permitir acercarme a Leal, cosa que hice en más de una oportunidad. Recuerdo, en especial, una conferencia que él dictó en el anfiteatro de la Universidad de La Habana. Había cubanos en el auditorio, pero también muchos académicos españoles, porque se trataba de un aniversario de la capital, y mucha prensa extranjera. Leal hizo un discurso de esos que no se olvidan, y terminó con esta frase memorable: “El pueblo de Cuba avanza por un puente roto hacia el futuro”. El público, que le había escuchado electrizado, quedó un instante en silencio, y de repente la bancada de los académicos hispanos se puso en pie como un solo hombre y prorrumpió en un aplauso de fragores como solo la pasión celtíbera es capaz de producir. En la fila de asientos delante de mí un académico decía a otro presa de orgullo y entusiasmo arrebolado: “¡¡¡Es un orador, un orador!!!”, mientras reía como un niño que acaba de descubrir entre dos nubes un trozo de maravilla. A mí me embargaba una emoción que me dejó “estaqueada en medio del patio”, como dice Horacio en Rayuela. Apenas si podía respirar.

Como miembro del colectivo de la web de Radio Metropolitana y especialista en La Habana Colonial y Republicana, yo dedicaba mucho tiempo a andar La Habana, pero en realidad apenas salía del perímetro del Casco Histórico, absorta siempre descubriendo nuevas remodelaciones, nuevos trabajos y nuevas magias del hombre que se había convertido para mí en un símbolo, pero también en algo más humano: concebí por Leal esa admiración desmesurada que se parece tanto al amor, y mientras con un ojo admiraba las maravillas arquitectónicas, con el otro espiaba cada rincón para ver si le veía aparecer con su extraño andar apresurado y su zafari gris tan parecido al hábito de un monje, que a cualquier otro hombre lo hubiera convertido en invisible bajo el sol a plomo de nuestras calles cercanas al mar, pero a él lo volvía una presencia notoria. Con la ayuda de Magda Ressik lo entrevisté siempre que pude, me inventaba motivos, iba a lugares donde sabía que él acostumbraba estar, porque yo tenía un sueño muy grande: yo quería trabajar para él y ser aunque solo fuera una ínfima parte de su gran obra. Pero jamás me atreví a pedírselo. Cada vez que nos encontrábamos se me ponía rígida la boca y no me salía más que un timidísimo saludo. Eusebio me observaba, al principio con una cierta curiosidad distante, tal vez porque notaba algo extraño en mi conducta, y después, cuando fue pasando el tiempo, su expresión se volvió más comprensiva. Ya no tenía que preguntarse por qué lo perseguía aquella periodista tan tensa y nerviosa. Solo estuve segura cuando muchos años después mi hija, víctima del mismo sentimiento, que yo le había inculcado, se encontró con él durante una actividad en La Casa de Asia y se le presentó como hija mía. Eusebio, me cuenta ella, le dedicó una vaga sonrisa y murmuró para sí: “Ah, las hijas de las mujeres que me amaron…”. Sí, me había descubierto.

Fue uno de los habaneros, de los cubanos más ilustres, finos, cultos, con ese aire de mundo que confiere una elegancia especial aún a quien vistiera harapos. Tenía un sentido del glamour que se hizo manifiesto en todas las ideas que puso en práctica para animar el Casco Histórico: todas sus obras en La Calle del Obispo, la Tienda de los Muñecos, El Bazar Oriental, la tienda de flores, la perfumería Habana 1791, las ventas de artesanías exquisitas… Todo revelaba en él gusto, refinamiento, clase, distinción, espiritualidad y una inteligencia deslumbrante, el habanero arquetípico del pasado esplendor de la urbe. Siempre correcto, respetuoso, mesurado y caballero, aunque de vez en cuando hacía gala de unos asomos de cólera que me asustaban un poco, pero jamás descompuesto ni alterado. Siendo católico tuvo el buen tino de abrir espacios de religiosidad para cristianos, católicos, ortodoxos, musulmanes… Su sentido ecuménico y de respeto por la diversidad infinita de la cultura fueron, junto con su pasión sin límites por La Habana y su sentido de patria, los mejores legados que nos dejó, su mejor herencia. Los monumentos que creó, los negocios que concibió, los hostales, restaurantes, casas de café, librerías, bibliotecas, todo podría desaparecer sin que por eso se borraran en el alma de La Habana la influencia y el pensamiento de Eusebio Leal. Yo creo firmemente que en su terreno fue un Grande y un hacedor de Patria como Varela, Luz y Caballero, Martí, Céspedes.

A los muertos venerados se les suele desear que descansen en paz. Yo siento no poder desear a Eusebio un descanso apacible e inmóvil. Yo quiero que su fantasma, o lo que sea aquello en que nos convertimos cuando cruzamos del otro lado de la vida, continúe en esta ciudad su eterna andadura de Quijote que combate por la memoria histórica. Tuvo sus molinos de viento, sus detractores, sus enemigos, pero es, probablemente, la única figura de la cultura nacional ante quien el pueblo acudía en masa para escuchar su palabra sin necesidad de convocatorias oficiales, y su muerte física fue una de las más lloradas en esta isla. Nuestro amor habanero hacia Eusebio Leal fue siempre espontáneo, porque siempre reconocimos en él al hombre sincero de donde crece la palma, al patriota, al Maestro espiritual.  Que siga viviendo y su corazón latiendo en cada una de sus obras, en cada adoquín de la Calle de Madera, en cada rayo de sol sobre el Palacio de los Capitanes Generales. Que no nos deje nunca el que, a su modo, fue también Homagno generoso.

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REFLEXIONES SOBRE EL CONCIERTO DE PABLO EN LA HABANA, EL PLURAL DE COBARDÍA Y EL VALOR DE LA IDENTIDAD CULTURAL DE UNA NACIÓN

Siempre he tenido la impresión (en muchos casos convicción) de que eso que se ha dado en llamar “plural de modestia” debería, en honor a la verdad, llamarse plural de cobardía. Y en estos días ciertos sucesos ocurridos en torno al concierto de Pablo me han reafirmado en mi creencia.

Tengo en mi cuenta de Facebook escritores, artistas de la plástica, editores, poetas, amigos de los muchos años y personas a quienes no conozco pero son brillantes. Lo pienso mucho para aceptar peticiones de amistad, así que no sé “de qué callada manera” se me adentró en mi lista de amigos una señora que dice ser poeta y publica sus malos versos acompañándolos de un perfil falso donde aparece como una preciosa joven, que no es, y los adorna con fotos, costumbre que ningún poeta verdadero adopta, porque la buena poesía no necesita de la imagen para fortalecerse. No imagino a Martí poniendo una foto de Carolina Otero en traje de gitana, con mantón de flecos, castañuelas y peineta de plata para ilustrar La bailarina española. Pero bueno, parece… que para muchos está de moda la cursilería intelectual.

El caso es que esa señora, días antes del concierto de Pablo y cuando las redes estaban exaltadas por las 300 entradas vendidas a un público que llevaba muchas horas esperando, en un teatro de 2 500 localidades como es el Carlos Marx, y se alzaba unánime el clamor para que el concierto fuera celebrado en la Plaza de la Revolución o en algún espacio abierto con entrada libre,  publicó en su muro una diatriba donde exigía que Pablo no cantara en ningún sitio de Cuba, porque su presencia en la isla en estos momentos  era “una provocación”, y que al enemigo no había que concederle “ni un tantico así”. Todos saben que esta es una expresión del Ché.

No me pude contener y le respondí. Pablo es uno de los más representativos artistas cubanos, y si el Gobierno de Cuba no ha encontrado motivos para impedir su entrada al país, es porque no existen esos motivos. Pablo es un artista amado por el pueblo de Cuba, y no digo que todos tengan que gustar de su música, pero la abrumadora mayoría de los cubanos sí gustamos de ella, no solo porque para muchos de nosotros los fundadores de La Nueva Trova y sus canciones son parte inseparable de nuestras vidas, sino porque los cubanos sabemos reconocer dónde hay un gran músico y Pablo es uno muy, muy grande. Pablo es amado por los cubanos porque les habla en un idioma sencillo, entrañable, sobre sentimientos, sobre ética, sobre la pasión del amor, y le agradecemos que jamás haya prostituido su música ni sus letras rebajándolas a utilizar, para vender en el mercado, expresiones chocantes ni falsamente eróticas. Pablo siempre elegante, siempre fino, siempre profundamente sensible, humano. Le recordé a la señora que aunque su propia “poesía” es realmente mala, nadie en Facebook se opone a que la publique, tiene muchos seguidores y a lo mejor hasta alguna editorial le ha publicado un libro. No lo sé, porque hasta aquel día yo  no la conocía. Y como la señora, sin ninguna gallardía, quiso acreditar sus opiniones retrógradas y extremistas preguntándome si yo no había visto en las redes los montones de cubanos (fantasmas) que se oponían a que Pablo cantara, actitud que se llama usar el número como recurso para ganar discusiones cuando no hay mejores argumentos, le pedí que no se erigiera en vox populi, expresión latina que significa voz del pueblo o popular. La expresión latina completa es Vox populi vox Dei (Voz del pueblo es voz de Dios). Le dije que yo había publicado una entrevista a Cintio Vitier sobre el músico hispano-cubano Julián Orbón, uno de los más grandes compositores sinfónicos de Hispanoamérica y creador de la idea de unir música y letra para crear La Guantanamera, nuestro segundo himno nacional, entrevista a la que titulé La música inocente”, y fue Cintio quien me enseñó que por extremistas y miedosos como ella, Carpentier omitió de su libro La música en Cuba el capítulo que debió escribir sobre Orbón, quien compuso en nuestro país la mayor parte de su obra, con lo que nuestra cultura perdió para siempre la oportunidad de ostentar esa joya artística de valor inestimable que es la obra de Orbón.

Y aquí es donde entra ese falso plural de modestia, ese nosotros creemos, nosotros queremos, nosotros exigimos, etc., cuando no se trata más que de unos cuantos individuos (probablemente solo uno) quienes usan ese plural para crear impresión de número avasallador, porque no se atreven a hablar en su único y propio nombre, en especial cuando lo que están diciendo va en contra de la opinión de un país. Ese es el plural de cobardía. La modestia es una virtud que desgraciadamente la señora en cuestión no posee, como ninguno de los que aplican esos métodos sucios para ganar discusiones, como el de acusarme de “ser una confundida o que se deja confundir”. No lo soy. Los diez mil espectadores que acudieron al concierto de Pablo al aire libre son una respuesta definitiva para esta señora extremista u oportunista, pues cualquiera de las dos pueden ser sus motivaciones. Yo no necesito demostrarle nada. No siempre nobleza obliga.

Nadie con verdadera DIGNIDAD, virtud que José Martí siempre quiso que los cubanos cultiváramos, debería usar un plural de cobardía para acreditar sus ideas. Nadie debe esconderse detrás de otros, reales o fantasmáticos, para expresar su sentir. Se tiene un criterio o no se tiene, se piensa con la propia cabeza, no con la del  “número”. Lo que yo digo no tiene valor por ser lo que dicen otros, sino por ser aquello en lo que creo y soy capaz de defender con argumentos sinceros, inteligentes y válidos. Y con todo mi coraje.

Esa señora que no conoce a  Orbón y me temo que también ignora la existencia de Orígenes  -¿me pregunto si sabrá un poco de latín…?-, no tuvo el valor de dejar mi respuesta a la vista de sus seguidores en Facebook, y corrió veloz como una centella a borrar de su muro mis palabras, anunciándome de inmediato y muy oronda: “La he bloqueado y bien bloqueada”, algo que me divirtió mucho. A esta señora que propone al público natural de Pablo que execre al artista en aras de no sé qué deducciones deformes y argumentos distorsionados y tontos, yo le recuerdo que arengar a un pueblo para que olvide sus raíces más recónditas y todo aquello que forma parte de su identidad cultural, puede que no sea un delito oficialmente castigado por la Ley, pero es una traición al sentimiento de nación. Mi consejo para esta señora que dice formar parte de algo que no conoce, la cultura, es que lea el comentario del periodista Pedro de la Hoz publicado en Granma, y también lea una entrevista que acabo de encontrar en internet a una de nuestras más célebres cantantes y compositoras, Míriam Ramos, y se fije muy especialmente en el párrafo final:

Actualmente existen muchas posibilidades de estudiar y dar a la cultura la importancia que tiene, un artista inculto es una paradoja insostenible; usted no puede hacer cultura siendo inculto, […] si no crece como ser humano, no crece como artista.

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El regreso del Gótico

NOTA: Todas las imágenes empleadas para ilustrar este trabajo las he tomado de Internet.

Esta escultura que representa a un fantasma inglés de la época victoriana es obra del artista Michael Locascio, y apenas subida a Internet se volvió viral.

Estoy segura de que a muchos de nosotros, hastiados de tanto anime y manga del malo, reguetón y otras tendencias de las últimas décadas, les hará sentirse muy felices la noticia de que el Gótico regresa. Nunca muerto, es un estilo artístico que ha tenido sus etapas de olvido y renacimiento desde que apareció en la cultura occidental, allá en la Francia del siglo  XII. Esto es lo que reconocen los libros de historia del arte y de la arquitectura. Pero el Gótico es una actitud, una sensibilidad que siempre ha existido en el ser humano, digamos que un modo de estar en el mundo tan antiguo como la memoria que guarda nuestra especie de los dragones y otros seres “míticos”, y cuya imbatible presencia nos hace sospechar que no son meras criaturas del mundo de los terrores nocturnos y las pesadillas, sino vestigios de una ancestralidad que los primeros bípedos humanoides alcanzaron a vislumbrar.

Hay varias definiciones del Gótico, y una de ellas, como expliqué antes, es un estilo arquitectónico posterior al Románico, que floreció en Francia primero en la arquitectura religiosa y luego en los castillos y palacios. Su mejor ejemplo es la catedral de Notre Dame de París, Nuestra Señora de París, consagrada a la Virgen María, pero el país galo, tanto al norte del Loira habitado por los francos como al sur, en las tierras que antes de ser francesas fueron los estados libres del Languedoc y la Provenza, súbditos de las coronas de Cataluña y Aragón, está lleno de estas maravillosas construcciones cuyas torres, ricas en ornamentaciones, terminan no en domos, como el Románico, sino en agujas esbeltísimas que parecen querer conectar el mundo celeste, habitáculo de los seres divinos, con el mundo terrenal y pedestre de los hombres que no quieren vivir sin espiritualidad. Incluso se conoce como gótica a la tipografía empleada en el siglo XII, en la que están escritos y copiados los deslumbradores manuscritos y códices miniados.

Catedral gótica de Mallorca
Interior de una catedral gótica
Caligrafóa gótica

Pero existen otras definiciones del Gótico. Una de ellas refiere a la lengua hablada por las tribus ostrogodas y visigodas que fueron parte de la avalancha “bárbara” o germánica que tomó el control de Europa a la caída del imperio romano, y reinaron durante los llamados Siglos Oscuros que dieron nacimiento a la Edad Media, asentados fundamentalmente en España, Italia y una parte de Francia. Los godos también desarrollaron su propio arte. Habían sido paganos, como todas las tribus germanas, pero se convirtieron al cristianismo, o más bien  a una de sus variantes heréticas, el arrianismo. El arte que crearon fue esencialmente religioso, y su tema fundamental es la lucha entre la Luz y las Tinieblas o, dicho de un modo más genérico, entre el Bien y el Mal. La pintura gótica es de gran belleza, con su utilización de la lámina de oro, que la hace tan luminosa.

La Anunciación
Madonna de Cimabue
Muestra de la vitralería emplomada de Notre Dame de París

Pero es en la escultura donde más se halla caracterizado este estilo. Incluso quienes no poseen una cultura ni medianamente de plataforma han oído alguna vez hablar de las famosas gárgolas de Notre Dame de París, esos monstruos de apariencia infernal que brotan de los muros y torres de la catedral, y vigilan París avanzando en el espacio sus garras espeluznantes cual si quisieran intimidar a cualquier posible enemigo de la ciudad.

Grupo escultórico del interior de Notre Dame de París

Son esculturas imponentes y hermosas, que fascinan con su horror y su misterio y emparentan con los monstruos que han poblado por siempre el imaginario de la especie humana, de ahí el efecto profundamente turbador que  provocan en quien las contempla. La mejor definición de MONSTRUOS que he encontrado para ofrecer a los lectores (y también la más breve) es una de las varias que da Jean Chevalier en su obra magna, el Diccionario de los símbolos:

Según Dihel, los monstruos simbolizan una función psíquica, la imaginación exaltada y errónea, fuentes de los desórdenes y las desgracias; es una deformación enfermiza, un funcionamiento malsano de la fuerza vital; aunque los monstruos representan una amenaza exterior, revelan también un peligro interior: son como las formas asquerosas de un deseo pervertido. Proceden de una cierta angustia de la cual son imágenes. Pues la angustia es un estado convulsivo, compuesto de dos actitudes diametralmente opuestas: “la exaltación deseosa y la inhibición temerosa.” Generalmente surgen de la región subterránea, de las cavidades, de los antros sombríos… Otras tantas imágenes de lo subconsciente.

Me he detenido en los monstruos porque ellos son uno de los elementos más importantes del subgénero gótico en todas sus manifestaciones del arte y la cultura. El esquema original, llamémosle la plantilla gótica decimonónica, se compone siempre de un castillo siniestro, una doncella, un ser monstruoso que la tiene prisionera y un héroe que acude en su rescate. Como se ve, exactamente el mitema favorito de buena parte de los mitos y leyendas pertenecientes al complejo cultural céltico allí donde pudo manifestarse, incluida la Grecia antigua. No por gusto el gótico nace  a la literatura en plena época victoriana, momento de la historia de Inglaterra famoso por la férrea moral que la reina Victoria y su consorte Alberto impusieron a la sociedad inglesa, aunque también haya sido, y quizá por esa misma atmósfera represiva de la carnalidad, la época que mayor número de prostitutas aportó a Inglaterra.

Sin embargo, el velado contenido erótico que respira a través de todo el Gótico no es el único trasfondo que se puede hallar en este movimiento. Hay otro aún más profundo: el esotérico. Se dice, y a ese tema dedica largas páginas Víctor Hugo en Nuestra Señora de París, que los albañiles constructores de las catedrales góticas cifraron en su planta, ornamentación y esculturas un saber muy antiguo relacionado con la alquimia medieval.

Constructores de catedrales en la Edad Media
Cantero medieval talla una figura en un bloque de piedra

Esta tesis se debe a una de las personalidades más enigmáticas de la historia de la cultura: Fulcanelli, autor de obras tan famosas como El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales. Pero no es su identidad lo que más debe importarnos, sino sus teorías:

Fulcanelli sostenía que las catedrales góticas (como las de Notre Dame de París y Chartres) y los grandes castillos medievales habían sido construidos, desde la organización del plano y la configuración de los volúmenes y espacios hasta la elección de los materiales, siguiendo el orden secreto instituido por los grandes maestros alquimistas. Ambos libros revelaban que su autor se basaba en un gran conocimiento de la historia del arte, y, con un evidente rigor formal en la exposición, sentaban la teoría de que los monumentales templos cristianos contenían los símbolos correspondientes al código alquímico secreto, que sólo los iniciados podían descifrar.

Tomado de «Biografia de Fulcanelli», artículo de Tomás Fernández y Elena Tamaro,  La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/fulcanelli.htm

Pero no solo en las artes plásticas tiene el Gótico territorios fértiles. También su sangre corre por las venas de la literatura y el cine. El Gótico literario, estrechamente unido al movimiento romántico, nació en la Inglaterra victoriana, de pasado celta, y ha dado obras clásicas como Frankenstein, de la escritora inglesa Mary Shelley, El vampiro, del angloitaliano William Polidori, El castillo de Otranto, del inglés Horace Walpole, y la más célebre y conocida de todos, Drácula, del irlandés Bram Stoker, de la que se cuenta que le fue inspirada a su autor durante uno de sus acostumbrados paseos nocturnos por el londinense cementerio de Highgate, nido de fantasmas, vampiros y todo tipo de leyendas terroríficas, cuando vio de lejos que un encapuchado practicaba algún extraño ritual en el mausoleo de un General napoleónico sobre el cadáver del muerto. En Francia se me ocurre que el género no arraigó tanto como en Inglaterra, pero un poco más que en España, país de tradicional raigambre literaria realista. Las novelas Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, y El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux son los mejores exponentes galos de este subgénero literario. Todas estas novelas han sido adaptadas al cine en más de una versión, entre las que destacan El fantasma… de 2014, del inglés Loyd-Weber y el Drácula de 1992, del italonorteamericano Francis Ford Coppola. En los Estados Unidos el autor más significativo es, sin duda, Edgar Allan Poe, quien escribió relatos tan espectaculares como  La caída de la casa Usher, Ligeia, Morella y Berenice, de estirpe netamente gótica.

Mary Shelley

El género ha tenido sus cultivadores en Latinoamérica, entre quienes se pueden contar algunas piezas de Borges, poco de Cortázar, mucho de Sábato (El túnel y Sobre héroes y tumbas), algo de las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, y la gran escritora chilena María Luisa Bombal.

María Luisa Bombal

Pero el peso del género lo han llevado siempre los ingleses, y no es cierto, como se ha afirmado en ocasiones, que solo dentro del complejo cultural de las naciones celtas puede ser comprendida esta literatura, como lo demuestra el hecho irrefutable de que todos los títulos mencionados, y muchos más son, todavía en el siglo 21, clásicos de la literatura universal. Hoy los mayores exponentes del género  son, quizá, la inglesa Anne Radclife, con sus novelas sobre vampiros, y Tolkien, a quien se clasifica como el clásico de la fantasía heroica, pero cuyas novelas, en especial El señor de los anillos, manejan elementos del gótico provenientes del complejo cultural celta precristiano.. En el siglo XX, en la misteriosa ciudad norteamericana de Providence, Rhode Island, verdadero semillero de leyendas terroríficas, escribió el extraordinario Howard Phillip Lovecraft (1890-1937), y aunque sus obras clasifican dentro de otro subgéro, el horror sobrenatural, sus monstruos pertenecen por completo al imaginario gótico, como muchos de los tópicos literarios que maneja.

H.P. Lovecraft

En Cuba, hasta donde conozco, hay dos autores que se han movido en algún momento de su trayectoria dentro del Gótico, uno es Alberto Garrandés, con su noveleta Isabeau, y el otro soy yo misma con mi novela Malevolgia y  algunos relatos. Dos jóvenes artistas de la plástica, Duchi Man Valderá y Yailín Pérez Zamora, desarrollaron todo un imaginario que me dejó constelada cuando me lo mostraron, en el que destacaba la figura del aristocrático vampiro Monsieur, creado por Duchi, y los gemelos vampiros de Yailín. Ambas llegaron a escribir relatos cortos sobre sus personajes, pero Duchi emigró sin haber publicado en Cuba nada al respecto, y no tengo noticias de Yailín, pero no conozco que haya publicado algo de sus creaciones en la isla. Debo destacar que los autores góticos, incluidos los cubanos, tienen en común la singularidad de poseer culturas humanísticas o, como la de Borges, portentosa, descomunal. Por cierto, acoto que su abuela era inglesa y Borges se manejaba en este idioma tan bien como en su español nativo.

Tanto ingleses como irlandeses, escoceses y norteamericanos pertenecen, por entero los primeros y segundos, y bastante los últimos por su numerosa inmigración irlandesa y escocesa, a la cultura celta, y Garrandés es un autor que cuenta en sus lecturas mayormente escritores de lengua inglesa, en la que él mismo se mueve con fluidez, y cuyas influencias nunca ha negado, por lo que me permito llegar a la conclusión, rebatible, por supuesto, de que el sustrato folklórico del Gótico literario debe buscarse, y será encontrado, en el imaginario celta anterior y posterior al cristianismo y hasta el siglo XV aproximadamente.

No voy a extenderme aquí en la influencia que el arte y la literatura góticos han ejercido en la sociedad de los dos últimos siglos, influencia que no solo se limita al arte, sino que tiene ecos sociológicos, como son la aparición, entre las tribus urbanas, de los góticos, dark y hemo, con su música tenebrosa, sus vestiduras y maquillajes negros y su culto por todo lo celta, el vampirismo, el suicidio y la muerte.

Pero si he escrito este largo preámbulo ha sido con el fin de mencionar a dos artistas de depuradísima técnica escultórica, ambos residentes en los Estados Unidos, cuyas obras me han causado una impresión profunda y me han hecho volver una vez más sobre la idea de que el Gótico nunca muere, sino que reaparece una y otra vez, y me pregunto si existe un algoritmo que muestre algún mecanismo, algo así como un fatum, en estas reapariciones.

El primero es Michael Locascio, un artista con sede en Nueva Jersey que estudió escultura clásica en la Catedral de St. John the Divine y en la Fundación Newington Cropsey. Posee su propia tienda de arte, en la que vende sus creaciones inspiradas en imaginarios de lo macabro, lo místico y lo inusual.  Para definirse a sí mismo declaró para su biografía:

Trabajando con modelos vivos, esqueletos y disecciones anuales de cadáveres, me formé en anatomía y el proceso de monumentos de bronce allí mientras estudiaba en la Universidad de Nueva York. Desde entonces, he trabajado como artista plástico además de construir una carrera prolífica esculpiendo figuras de acción, juguetes y estatuas coleccionables”.

Resulta muy significativo que algunas de sus creaciones reproduzcan el ambiente de la Inglaterra victoriana con sus castillos repletos de fantasmas, y que también se haya inspirado en Cthulu y sus huestes, esos aterradores seres de otros mundos que nacieron de la imaginación de Lovecraft y mantuvieron al escritor toda su vida sumergido en un estado de terror que le hizo vivir encerrado en un sótano hasta su muerte, en la creencia de que tales seres habían colonizado la Tierra antes que caminara sobre ella el primer hombre, y dormían en las profundidades de abismos y océanos, pero volverían algún día no lejano a reclamar lo que era suyo. Debo, en justicia, decir que descubrí a Locascio por una información con imagen que envió a Facebook Duchi Man, siempre a la caza de artistas fascinados con lo macabro y la muerte.

Tengo menos información de Simon Lee, apodado o también llamado Spiderazo, a quien  descubrí en internet mientras buscaba imágenes de las obras de Locascio. Aunque de ascendencia asiática, supongo que china por su apellido, vive y trabaja en Los Ángeles, California. Me doy cuenta de que está influido por Lovecraft, o al menos eso me parece, pero también por cierto manga de monstruos.  Pero con alguna sorpresa también veo entre sus esculturas guerreros vikingos, legionarios romanos, reinterpretaciones de leyendas cristianas con sustrato del paganismo céltico, como la batalla de San Jorge contra el dragón, estructura arquetípica que constituye uno de los pilares fundamentales del gótico, incluido el gótico moderno, donde castillos y abadías y otros detalles decimonónicos no solo escenográficos, sino también estructurales, han sido sustituidos por otros característicos la modernidad.

Como la frustrada estudiante de escultura que soy, y también dedicada estudiante del esoterismo occidental, declaro que la visión de las creaciones de estos escultores me han proporcionado un gran goce estético e intelectual, además de que me han provocado un raptus de sana envidia, porque ellos trabajan la misma línea que yo hubiera querido seguir si me hubiera dedicado al arte de la estatuaria.

Quiero terminar este artículo recomendando a mis lectores, si son amantes del Gótico para que disfruten, y si no lo son para que lo conozcan en sus versiones victoriana y actual, que vean dos series magníficas desde todo punto de vista: reconstrucción de época, atmósferas, actuaciones, manejo del horror, en fin, de tan indiscutible calidad que al menos yo las tengo incluidas a ambas dentro de mi lista de mejores series. Son ellas Penny dreadful season  (Historias de un penique)y American horror stories (Historias de horror americanas).

Penny Dreadful

La primera es una muestra clásica del Gótico victoriano, y la segunda lo es del Gótico moderno. Al mismo tiempo son dos excelentes, magistrales historias de terror de impecable factura, y si ustedes no gritan ni una vez cuando las estén viendo, entonces… yo no sé de qué hablo.

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Esclavitud y cimarronaje en los primeros siglos de San Cristobal de La Habana

Todos los habitantes de Cuba hemos oído hablar, aunque solo haya sido en la escuela, sobre los esclavos cimarrones y sus palenques. Sin embargo, es creencia generalizada que el cimarronaje fue un fenómeno localizado principalmente en las provincias orientales debido a las características de su topografía. Pero también hubo cimarrones en La Habana, y ellos no se fueron a los palenques de las montañas, sino a los que construyeron en esta misma provincia capitalina. ¿Sorprendente? Pero cierto.

Nuca se ha podido establecer la cifra que alcanzó la población negra en La Habana en los primeros siglos de la conquista y colonización española de la isla. Solo se sabe que desde muy temprano ya había negros y negras libres junto con una gran cantidad de esclavos. En 1600 el cabildo calculaba que había en la villa unos 1500 esclavos negros, pero se cuidó de añadir que la cifra podía ser mayor.

Once años más tarde esa misma institución hablaba de unos 5 000 esclavos negros solo en la capital, entre ellos muchos cimarrones o negros “huidos”, como eran llamados los que desaparecían sin más y escapaban del control de sus amos.

En sus palenques, palabra de origen catalán que significa muro o vallado que se construye alrededor de una plaza o fortaleza, los cimarrones trataban de reconstruir el modo de vida que habían conocido en África. Sus armas eran las mismas que usaban en las haciendas para desollar reses, armas blancas llamadas de punta, además de arco y flechas, en cuyo uso eran diestrísimos. Para alimentarse no solo asaltaban y saqueaban las pequeñas haciendas en las afueras de la villa, sino que asaltaban en los caminos y bosques a aquellos esclavos que regresaban con bastimentos a las haciendas de sus amos. Las autoridades españolas y en general toda la población blanca de La Habana de entonces los consideraba sujetos altamente peligrosos. Algunos palenques tuvieron mujeres como jefas. No me consta si fue así en La Habana

El valor de un esclavo, ya fuera hombre, mujer o niño, oscilaba en el mercado, pero siempre era lo suficientemente alto como para que los amos no quisieran perder a “sus negros”, por lo que las autoridades crearon un cargo especial, y quienes lo desempeñaban tenían como único deber recapturar a los esclavos fugitivos, a quienes se conducía a una especie de corrales en medio de la ciudad donde se les depositaba atados y bajo fuerte custodia hasta que fueran reclamados y recogidos por sus dueños. Uno de los ciudadanos que desempeñó este cargo, aunque no lo hizo en fechas tan tempranas, fue el padre de ese personaje siniestramente célebre que fue el conde Barreto, el mismo cuyo cadáver desapareció de forma misteriosa durante el temporal que ha pasado a la historia con su nombre, y quien heredó el oficio de su progenitor. Estos funcionarios tenían a su cargo una plantilla de rancheadores y jaurías de perros entrenados en la caza de esclavos fugitivos, pero como ya dije, el objetivo no era matar a los esclavos, sino devolverlos a sus dueños en las mejores condiciones posibles. Prueba de que no se los dañaba físicamente siempre que tal cosa pudiera evitarse, es que cuando eran vendidos, se inscribían en el registro de ventas como huidos o cimarrones, sin que este detalle afectara para nada su valor en el mercado. Muchos esclavos perseguidos, ante la posibilidad de ser regresados a su penosa condición, preferían suicidarse o, si se resistían podían ser despedazados por los perros, pero esa es ya otra historia.

En el siglo XVI las dos regiones que figuran en las actas del Cabildo como principales proveedoras de esclavos  eran la Alta Guinea y el sur del reino del Congo. Ello no significa que los esclavos que llegaban entonces a Cuba pertenecieran a dos etnias, sino que en esos lugares había factorías donde los barcos negreros compraban esclavos traídos de cualquier parte del interior del continente por los tratantes árabes, nunca por los europeos, quienes evadían internarse tierra adentro por los peligros que acechaban. Sin embargo, los esclavos congos y angolas eran los preferidos por los portugueses, que dominaban la mayor parte de las factorías costeras.

Las haciendas habaneras eran no solo agrícolas, sino también cañeras y ganaderas, y algunos propietarios lo eran de varias, por lo que tenían diseminados a sus esclavos, de manera que en ninguna había un número elevado delos mismos, sino dotaciones escasas.

Pero era en la ciudad donde mayores ocupaciones –y al mismo tiempo mayores libertades- había para el esclavo, y por tanto la cifra de ellos era mayor que en las haciendas. Los dueños de esclavos podían arrendarlos para los trabajos en las fortificaciones o para el desempeño de otros servicios, como eran la venta de alimentos y vinos en las calles, la prostitución y el alojamiento de viajeros, personal de la Flota de Indias y soldados españoles destacados en la ciudad, los cuales, en aquellos primeros tiempos de la villa no contaban aún con cuarteles donde vivir. Este régimen de arrendamiento de la mano de obra esclava daba a los hombres y mujeres negros sometidos a esta condición una gran libertad de movimientos, y esta era tal que los jesuitas se quejaban de la falta de control de sus amos sobre sus esclavos, lo cual entorpecía la labor misionera de los sacerdotes. El arrendamiento permitía también al esclavo ahorrar dinero para emanciparse, y además, el no estar directamente bajo la vigilancia de amos y capataces, les permitía visitar casas de juego y lupanares sin restricciones. El hecho de que el Cabildo habanero haya dictado medidas para impedir que los esclavos tuvieren casa propia en la ciudad demuestra que algunos poseían sus  viviendas además de la casa del amo, supieralo este o no. Quienes las tenían no solo cumplían las obligaciones laborales que sus amos les imponían, sino que, además podían ejercer por su cuenta como caseros y desempeñar otras actividades que les aportaban grandes sumas de dinero. Existen documentos acerca de un soldado español que al morir legó sus pocas pertenencias a una mujer negra y su esposo, en agradecimiento por haberle hospedado mientras vivió en la villa, alimentado y lavado su ropa, aunque en este caso se trataba de una familia de negros libertos. Había también un número de esclavos denominados de la Corona o del Rey, comprados por el monarca específicamente para ser empleados en las obras de fortificación.

Los negros libres, entre los que había algunos venidos de Sevilla ya con esa condición y eran llamados curros, no estaban especialmente protegidos por las mismas leyes dictadas para la población blanca, pero podían competir con esta en muchos renglones, en especial el de los oficios, en los que muchos de ellos prosperaron al extremo de comprar varias casas y terrenos, y también esclavos que les sirvieran. Como prueba de esto constan en archivo muchos testamentos, tanto de hombres como de mujeres negros, de condición libre, quienes al morir legaban sus bienes a sus descendientes enumerando en detalle cuanto poseían. Algunos de ellos también se convirtieron en propietarios de haciendas, aunque sufrían continuamente el hostigamiento de los rancheadores, quienes les robaban y saqueaban sus tierras con el pretexto de buscar cimarrones y palenques.

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El Quijote está basado en hechos y personajes reales: ¿Y qué…?

Según una información suministrada por la agencia española de noticias EFE, El libro más famoso de la literatura española, Don quijote de La Mancha, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra, no sería una obra totalmente de ficción, ya que su autor no inventó sus personajes, el célebre y flaco hidalgo Alonso Quijano, su fiel escudero Sancho Panza y otros más, sino que los habría tomado de la vida real a través de una fuente, que habría sido un vecino suyo de nombre Alonso Manuel de Ludeña, con quien habría tenido cercana convivencia en el pueblo de Esquivias, Toledo, cuando Cervantes residió allí.

El descubrimiento se debe al investigador Javier Escudero, quien encontró los documentos probatorios mientras trabajaba en su ensayo  Las otras vidas de don Quijote. Incluso las escenas donde Alonso Quijano lucha contra los molinos de viento, y otras, ocurrieron en la realidad.

Escudero también descubrió, al investigar entre miles de documentos y actas judiciales de la época, que no solo los personajes del Quijote fueron seres de carne y hueso, sino que también lo fueron otros personajes y aventuras de otras novelas de Miguel de Cervantes, como La ilustre fregona , La gitanilla, Rinconete y Cortadillo o El retablo de las maravillas. El que Cervantes usara como fuente a un hidalgo de origen manchego explicaría sus vívidas descripciones de La Mancha, donde el autor del Quijote nunca vivió.  Según escudero, la relación de Cervantes con Alonso Manuel de Ludeña habría venido a través de otro hidalgo, Lope Vivar Salazar, a quien Ludeña arrendó tierras en Esquivias. Lope Vivar tenía un hijo, quien fue el heredero de Cervantes, ya que el gran escritor murió sin dejar descendencia.

El breve texto de EFE contiene otros datos de interés, pero no imprescindibles para el punto sobre el que, en realidad, gira el descubrimiento de Escudero, que no es otro que la posibilidad de que Cervantes se haya inspirado, o más bien copiado hechos y personajes de la vida real, lo que restaría valor a su obra, por no tratarse ya entonces de un monumento literario nacido completamente de la imaginación creadora de su autor.

Ya estamos acostumbrados a crear dioses en todos los terrenos de la existencia: en la política, la medicina, lo militar, la educación, la ciencia, la tecnología. Hombres de talla sobrehumana, impolutos como mirlos blancos, a los que no puede achacárseles ni la más mínima mancha o error en su trabajo de existir, así que estas conciencias prolijamente escrupulosas que se atreven a sostener ese criterio y se alzan como jueces prestos a demeritar ahora a Cervantes, no me asombran. Más bien me causan risa, porque la literatura del mundo está llena de escritores que aparecen en los panteones literarios de todos los tiempos con miles de obras inspiradas en personajes y hechos tomados de la realidad. Es como si pretendiéramos decir que Dostoievski es menos escritor o peor escritor por haber escrito Hombres del subsuelo, sobre un asilo de dementes, o que Carlos Fuentes es un plagiario porque para escribir su novela Gringo Viejo se inspiró en la figura del autor de El diccionario del Diablo, el escritor norteamericano Ambroce Bierce, quien no solo tuvo una vida digna de ser novelada, sino una de las muertes más misteriosas de la historia de la literatura, pues, decepcionado de su país y de su existencia personal, cruzó a México, donde se unió al ejército de Pancho Villa como observador, a pesar de que, según él mismo vaticinó en su carta de despedida a un pariente, moriría fusilado por los mismos mexicanos a quienes iba a ayudar. Bierce desapareció misteriosamente en Chihuahua, y posteriores investigaciones realizadas entre los vecinos del lugar han descubierto que hay una leyenda sobre su final, según la cual fue, en efecto, fusilado contra un muro por los propios mexicanos acusado de espionaje. ¿Hubiera tenido Carlos Fuentes que renunciar a semejante historia solo porque es real? Entonces tampoco debe reconocerse mérito alguno a Leonardo Padura por haber escrito El hombre que amaba a los perros, sobre la muy poco conocida residencia en Cuba de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, ni al ruso Boris Polevoi por su majestuosa novela Un hombre de verdad, sobre las hazañas del aviador Alexei Maresiev durante la Segunda Guerra Mundial. Y ni siquiera debería existir El fantasma de la ópera, la archiconocida novela del francés Gastón Leroux sobre un genio deforme que habitaba los sótanos de la Opera de París y componía las más excelsas partituras. O Drácula, la icónica novela de vampiros del irlandés Bram Stoker, porque Vlad Tepes existió y fue un príncipe rumano, un voivoda cuya andadura sobre la tierra está más que documentada por sus compatriotas y en los archivos del imperio turco, al que combatió hasta su muerte. En resumen: nada menos que más del sesenta por ciento de la literatura publicada en nuestro planeta debería ser deslegitimada por haber tomado la vida real como materia literaria.

Ni Cervantes ni ninguno de los escritores que han hecho eso son menos escritores por no haberse sacado sus creaciones enteramente de su imaginación. El verdadero mérito de estos autores crece incluso más, porque construir un imaginario colorido y magnífico sobre cimientos de realidad, cuando la vida suele ser casi siempre tan árida y tan dura, aunque también tan infinitamente rica en su complejidad, solo es hazaña que alguien verdaderamente dotado para la escritura puede llevar a cabo con éxito total. Muchos escritores que son malos escritores también lo han intentado, y no queda, ni quedará de ellos ni de sus obras memoria alguna en ningún lugar.

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¿Cuál es el vino más antiguo del mundo?*

La enología es la ciencia que trata de los vinos; no solo su calidad, sino las variedades de uvas que se utilizan en su elaboración, las zonas donde se producen las mejores cepas, las condiciones climáticas ideales para su siembra y cosecha, los materiales mejores para su envase, las maneras de elaboración, los tiempos, temperaturas, humedad, etc., aconsejables para su almacenamiento… Pero, si se tiene en cuenta que el vino es una de las bebidas que han acompañado al hombre desde los comienzos de su andadura por la tierra, no se necesita ser un enólogo para hacerse, alguna vez, ciertas preguntas referentes a él, por ejemplo: ¿Cuál es el vino más antiguo en nuestro planeta? Solo se necesita ser un poco curioso para intrigarse por un asunto que es, en verdad, polémico.

Resulta que la respuesta, que a primera vista podría parecer fácil, no lo es en absoluto, pues civilizaciones y pueblos que hoy ya no existen cultivaron la vid y produjeron vinos. En la Biblia, en el Viejo Testamento, se cuenta que el mítico patriarca Noé, el mismo que construyó la célebre Arca de la Alianza y subió a ella una pareja de cada especie animal para repoblar el planeta después de El Diluvio, gustaba del vino. Al menos este es un testimonio que, a pesar de pertenecer a tiempos remotísimos anteriores a la Historia, al menos ha quedado plasmado en letra impresa, pero hay indicios de que tribus del Neolítico también bebieron vino, aunque… nadie quedó para contarlo, sino que ha sido la arqueología la que ha llegado a esas conclusiones. De todos modos, conviene distinguir entre las pruebas de elaboración de vinos más antiguas, y la antigüedad del vino que más ininterrumpidamente ha sido elaborado en este mundo hasta nuestros días.

Por supuesto que los países productores de los vinos más buscados en el mercado, y las casas vitícolas con marcas más famosas y caras, se adjudican casi siempre algún antepasado que elaboró el vino más antiguo conocido, pero apenas pueden remontar sus producciones a fechas anteriores a 1400 d.C. Así que la palma, por ahora y mientras no se demuestre lo contrario, la tiene el Commandaria, una marca de vino elaborada en Chipre, isla que, según la mitología griega, fue cuna de la bella diosa Afrodita. Sin embargo, los griegos tenían por dios del vino a su biznieto Dionisos, nacido del muslo de Zeus en otra isla, Icaria. La Ilíada y la Odisea hablan de vinos en la Guerra de Troya y en el relato de las aventuras de Ulises, rey de Ítaca, y proporcionan un dato muy interesante: los griegos, como ofrenda a sus muertos, vertían sobre los restos de las cremaciones y sobre las sepulturas ánforas de vino. Pero no todo era tan funerario, pues también era usaban vino en abundancia en sus festivales, en especial las fiestas llamadas Dionisíacas, donde lo mezclaban con una seta, Amanita Muscaria, que provocaba en los participantes un estado paroxístico en que los cuerpos aumentaban su vigor al extremo de dar saltos en el aire a alturas inverosímiles, y los festejantes podían pasar días sin dormir y cometer hasta actos de canibalismo.

El rey inglés Ricardo Plantagenet, más conocido como Ricardo Corazón de León, monarca con aura de héroe que peleó en las Cruzadas y ha pasado a la Historia por sus hazañas bélicas y su personalidad romántica y valerosa, así como por su amistad con Robin Hood, contrajo matrimonio en la ciudad chipriota de Limasol con la princesa Berenguela de Navarra. En ese momento Ricardo había sometido a Chipre y era dueño y señor de la hermosa isla, así que, como es de suponer, el banquete ofrecido en sus reales nupcias fue espléndido, pero la memoria que se ha conservado de él es debida, únicamente, al vino Commandaria, cultivado en tierra chipriota, y que Ricardo, quien provenía de una casa real francesa y, por tanto, era bien entendido en vinos, aclamó como el más delicioso que había probado, y lo llamó vino de reyes y rey de los vinos. Este banquete tuvo lugar 12 de mayo de 1191, pero el Commandaria existía desde mucho antes. Se cree que se elaboraba en la zona desde hacía 1900 años, más o menos  unos 800 o hasta 900 años antes de Cristo.

El Commandaria es un vino dulce para acompañar postres, de un oscuro color ambarino, y se elabora con uvas nativas de las variedades xynisteri (blanca) y mavro (tinta), además de miel, hierbas, vainilla, especies y frutos secos como ciruelas. Las uvas son secadas al sol, siguiendo siempre el mismo método de fabricación que se le conoce desde la Antigüedad. Las uvas, muy maduradas, se exponen a la luz solar para aumentar la densidad del azúcar antes que el vino envejezca en barricas de roble durante al menos tres años. El griego Hesíodo, conocido como El Padre de la Historia, lo menciona en sus obras, y el dramaturgo griego Eurípides, considerado uno de los tres creadores del teatro griego, lo llamó el maná chipriota.

Este vino toma su nombre de los caballeros templarios, quienes, al establecerse en la isla a finales del siglo XII, construyeron una fortaleza a la que llamaron La Gran Comendería o Comandería. Este vino fue tan célebre durante la Edad Media que, cuando el rey Felipe Augusto organizó en 1224 el primer concurso de vinos de que se tiene noticia, en el que intervinieron más de setenta vinos de toda Europa y el Mediterráneo, el Commandaria  arrasó con el primer lugar, y fue coronado como Apóstol de los vinos. Más de un siglo después del concurso de Felipe II, en 1363 una prestigiosa organización de taberneros londinenses organizó un banquete al que invitó a cinco monarcas de Europa: Valdemar IV de Dinamarca, Pedro I de Chipre, David II de Escocia, Juan II de Francia y Eduardo III de Inglaterra, y el vino que estos taberneros eligieron para acompañar el banquete fue el Commandaria. Se dice que el sultán Selim II invadió Chipre solo para asegurarse grandes reservas del delicioso maná chipriota. No en balde Selim, hijo de Suleimán y la sultana Hurrem, era conocido con el apodo de El borracho.

Se cuenta que tanto los viñedos de la región del Marne, en Francia, donde se produce el champagne, como la isla portuguesa de Madeira, iniciaron sus viñedos con cepas de las mismas uvas de Commandaria traídas de Chipre. Yo doy fe de que aunque soy aficionada al vino no soy una experta ni he probado muchos, pero de los que sí he tenido la oportunidad de paladear, mis predilectos son los vinos dulces de esa maravillosa Madeira, isla de ensueño a la que jamás he podido volver. Una copa de estos vinos acompañando el delicioso bolo di mel o pastel de miel, postre típico de la isla, es una de las experiencias más tremendas que he tenido. Todavía siento aquel placer en mi boca.

Alemania disputa al Commandaria el título de vino más antiguo de Europa, pues en la región de Renania-Palatinado, durante excavaciones llevadas a cabo en una tumba romana fue desenterrada una misteriosa botella de vidrio sellada, a la que los arqueólogos llamaron Botella Speyer, y que a todas luces contiene vino. Pero el hallazgo fue fechado entre los años 325 y 350 d.C., por lo que no es más antigua que el Commandaria, pero sí es la botella de vino sin abrir más antigua del mundo. Se encuentra expuesta en la sección Museo del Vino, en el Museo Histórico del Palatinado de Speyer. Contiene litro y medio de vino, tiene hombros amarillos y asas en forma de delfín. El caldo es una masa sólida con líquido lechoso y se encuentra en buen estado de conservación, gracias a un sello de cera y a una gruesa capa de aceite de oliva que lo protege del paso del tiempo.

Los romanos usaban botellas de yeso para guardar sus vinos, pues el vidrio que se producía en Roma era frágil, así que la botella Speyer es un ejemplar bastante raro para su época. Pero aún más curioso que el empleo del vidrio resulta la indecisión de los científicos sobre si abrir o no la botella. Unos creen que al contacto con el aire el contenido podría desaparecer, mientras los más temen que al destapar el frasco se liberen gases tóxicos. Algunos especialistas, sin embargo, opinan que la botella Speyer no encierra peligro alguno, aunque lo más probable es que “su sabor no traiga alegría al paladar”, un eufemismo para no decir que sabría bien mal.

Un tercer país, Georgia, antigua república de la Unión Soviética, también se adjudica ser la cuna del vino más antiguo del planeta. Toda la historia parte de una leyenda: en el año 326 una mujer llamada Nina, a quien se tenía por santa, llegó desde Capadocia, en Turquía, con la intención de predicar el cristianismo. Ella traía una cruz hecha con ramas de vid, y por alguna razón terminó enterrándola en una tierra fértil georgiana. El hecho quedó recogido en canciones, historias y leyendas de aquellas tierras.

En 2014 la Agencia Nacional del Vino, de Georgia, y equipos de arqueología de las universidades de Toronto, Canadá, y Pensilvania, Estados Unidos, comenzaron a excavar dos asentamientos del período neolítico ubicados a 500 kilómetros al sur de Tiflis, capital del país, y entre los hallazgos realizados se encontraron seis vasijas en perfecto estado con trazas de ácido tartárico, una sustancia química que se encuentra en las uvas. Al ser datadas arrojaron 8000 años de antigüedad. Stephen Batiuk, investigador del Departamento de Civilizaciones del Cercano y Medio Oriente de la Universidad de Toronto, declaró que “cada contenedor tiene capacidad para nueve litros y corresponde a la finalización de la Edad de Piedra, época en que la humanidad dominó la agricultura y posiblemente ya sabían producir el vino a mediana escala”. Estudios realizados con radiocarbono sobre muestras del vino georgiano revelaron que los restos de vino provenían de uvas de color amarillo pálido, lo que hace pensar a los expertos que se trataba de un vino blanco con residuos de sales minerales Los expertos piensan que las variedades de uvas utilizadas en la elaboración de este vino georgiano eran muy similares a las variedades de uvas que crecen en Europa Occidental, como Nebbiolo, Pinot Noir y Syrah. El hecho de que las vasijas hayan sido halladas en tumbas podría indicar que ese vino fue una bebida ritual empleada en prácticas médicas, nacimientos y muertes. Ellos afirman creer que se trata del ejemplo más antiguo de domesticación de una vid euroasiática.

Este descubrimiento coloca a Georgia entre los países productores de vino más antiguos de la historia de la humanidad, pero… después de Chipre, porque los tiempos datados así lo demuestran. Les seguiría un vino hallado en las montañas Zagros de Irán, donde en 1996 se descubrieron otras vasijas con restos que datan de 7000 años. Sin embargo, el Commandaria chipriota es el vino más antiguo que se viene fabricando en el planeta sin interrupción.

Y los egipcios de los tiempos faraónicos, que se sabe se emborrachaban con cierta moderación, ¿qué bebían, no era vino? Pues no, era hidromiel, una bebida hecha a base de la fermentación de la miel, que en nada tiene que ver con uvas, por lo que, técnicamente, los egipcios no bebían vino.

*Todas las fotos fueron tomadas de Internet

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Cuando la gran literatura, la sensibilidad y el pensamiento profundo se unen, nace un dragón invisible.

Cuando recibí los ejemplares de la antología El dragón invisible, lanzada en la reciente Feria Internacional del Libro de La Habana -que me corresponden por figurar en su índice-, esperaba sorpresas gratas, porque conozco bien el mundo de los auténticos bibliotecarios y libreros, los de raza pura que aman la profesión de conservar y proteger el Conocimiento, y sé que son tan fértiles en imaginaciones como los mejores creadores. La vida que pasan en recintos silenciosos donde las ideas respiran más fuerte que los seres vivos los predispone a la introspección y, tal vez, a la meditación. Me ha parecido observar, que hasta desarrollan una personalidad un poco hermética, un poco misteriosa y casi siempre exquisita. Muchos de ellos escriben, algunos han sido grandes en el mundo infinito de la palabra, y se han llamado Jorge Luis Borges, argentino universal para todos los tiempos, o Esther Díaz Llanillo, la gran dama cubana del género fantástico. Muchos hay, pues por fortuna no solo las velas o las lámparas iluminan una biblioteca.

¿Quién se extrañaría de que el territorio donde aguarda el destino a todos los libros que en el mundo han sido, son y serán, se convierta en el tema central de una antología de relatos? La biblioteca encierra enigmas, misterios oscuros, sorpresas que hacen latir enloquecido el corazón de un visitante mientras deambula por sus estantes, como la tarde que encontré, en las bóvedas de la biblioteca de la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana, un único ejemplar de poesía celta precristiana traducida al español, el único que he visto en mi vida, y pude leer, por fin los cantos mágicos, los cantos fúnebres, los cantos de amor y de guerra de una raza cuya cultura se apagó dejando tras de sí, como un último fulgor de estrella muerta, una estela de manuscritos iluminados que, copiados con esmero por los monjes cristianos, han conservado para nosotros los tesoros de una de las civilizaciones más bellas y majestuosas de la historia del mundo. O la mañana en que encontré en la Biblioteca Nacional los dos tomos gigantes de Historia de las sectas y las sociedades secretas, con el ex libris de don Fernando Ortiz…

Pero si alguien se extrañara de que un salón repleto de libros cubiertos por polvo viejo, ya sea biblioteca o librería, pueda convertirse en objeto de inspiración, sepa ese alguien que no solo los escritores escriben sobre las bibliotecas. El cine vuelve a esa temática una y otra vez, y para que así conste ante quienes dudan, digo que hay muchos filmes y series donde la biblioteca, la librería y sus ocupantes son materia de creación. Baste mencionar los mejores que hemos visto en Cuba: El club de los poetas muertos, basada en la novela homónima de Nancy Kleibaum; Las horas, basada en la novela homónima de Virginia Wolf; Notting Hill; La ladrona de libros, basada en la novela homónima de Marcus Kuzak;  La librería, basada en la novela homónina de Penélope Fitzgerald;  Matilda, basada en la novela homónima de Roald DahlComo se ve, la literatura no solo engendra literatura, sino también cine, y resulta imposible enumerar todas las pinturas en las que, a través de la historia del arte, aparecen bibliotecas, librerías, bibliotecarios y lectores ensimismados.

El dragón invisible no solo puede preciarse de ser una antología rara, e incluso, quizá, la primera, al menos en nuestra república de las letras, sino que es, además, una excelente recopilación de cuentos que encierra en sus páginas varias joyas literarias, empezando por el prólogo del escritor cubano Víctor Hugo Pérez Gallo, de quien volveré a hablar al final de esta reflexión. Del primer cuento, el celebérrimo relato borgiano La biblioteca de Babel, qué podría yo decir cuando ya se ha escrito tanto, salvo que sentó para siempre en la literatura hispanoamericana el tema de la biblioteca arquetípica, y mucho me he preguntado desde que leí ese texto por primera vez si  no lo habrán inspirado a Borges sus lecturas de Platón, el gran filósofo griego para quien la idea existirá siempre antes que su realización, pero que ya existe por el solo hecho de haber sido imaginada.

El dragón… no solo contiene una rica variedad de miradas, argumentos y estilos, sino que también permite apreciar la calidad y perfección del oficio con que escriben autores de mi generación como Alberto Guerra, Emerio Medina y Reinaldo Montero, y la sorprendente cultura humanística de algunos de los autores jóvenes presentes en la selección. Debo confesar que no acostumbro leer antologías en orden y en esta ocasión tampoco lo hice, por lo que el primer cuento con que di fue Páginas escritas y encontradas, del cubano Reinaldo Montero. Este relato, narrado en primera persona, ofrece al lector nada menos que una especulación sobre el contenido de las páginas perdidas del Diario de Campaña de José Martí. Se sabe que Martí las escribió inmediatamente después de su fatídica reunión con Gómez y Maceo en La Mejorana. Se sabe que los dos grandes Generales no compartían la idea de Martí, que fue también la del Camagüey liderado por Ignacio Agramonte, de construir en plena guerra un Gobierno civil al que se subordinara el estamento militar, y que Maceo se opuso ferozmente al deseo de Martí de viajar a la tierra natal de Agramonte para ponerse al frente de los restos de su caballería gloriosa destrozada en la Guerra de los Diez Años. Si bien Gómez y Martí eran los únicos guerreros partidarios en ese momento de la audaz empresa de la Invasión a Occidente, es probable que la idea de un Gobierno civil que los controlara les hiciera recordar con amargura el heroico, pero torpísimo desempeño de la Cámara de Representantes, que comenzó por cuestionar a Céspedes y terminó destituyéndolo apenas al comienzo de una guerra donde los cubanos eran poco menos que víctimas sacrificiales frente al poderoso ejército español. No querían que se repitiera aquella catástrofe que condujo a la derrota cubana diecisiete años antes, y su intención era buena, pero hirieron profundamente a Martí al pretender negarle su derecho a combatir como un soldado más por la independencia de Cuba, y relegarlo definitivamente a la tarea de recaudar dinero en el exilio y preparar discursos y expediciones. Nadie sabe qué pasó aquel día, porque el Diario, entregado a Gómez horas después de la muerte del Apóstol, fue mutilado y perdió esas páginas que desde entonces se han convertido en uno de los misterios más desesperantes de la historia de Cuba. Montero reconstruye lo que pudieron contener de amargura, desesperación y desgarramiento, tema sobre el que ya han hablado historiadores e investigadores cubanos y que yo analicé hace años en mi ensayo sobre los Versos Libres de Martí. Por conocer en profundidad la sensibilidad de Martí, sé que Montero captó con exactitud que da miedo lo que aquel hombre, vejado en lo más puro y grande de su amor patrio, tiene que haber sufrido y escrito en esas páginas, como si hubiera trazado cada letra con su sangre. Y aunque Montero no logra reproducir en la forma el estilo martiano a lo largo de todo el relato, hay momentos verdaderamente estremecedores en que el lector familiarizado con Martí siente que está escuchando la voz del muerto dolerse de su miseria. Pero no son estos los únicos valores de este cuento. Mientras lo leía percibí la tremenda vigencia que tienen esos lamentos, esa voz que creyó clamar en el desierto, que se pensaba a sí mismo como alguien que no encajaba en ninguna parte, un eterno expulsado a la soledad y la incomprensión de sus semejantes. El tiempo histórico agiganta la estatura de los héroes y Cuba pronto advirtió la grandeza de Martí, pero… ¿no se repite sin cesar en la historia humana el ostracismo de los puros que se adelantan a su época? La soledad del Homagno es una maldición de la que nadie escapa, como él mismo dijo en un verso: “Todo el que lleva luz/ se queda solo”. Este relato es un logro de impersonalización de una sensibilidad ajena por parte de su autor, y una muestra de que la fusión entre política y literatura no está condenada irremisiblemente al panfleto, sino que también puede cuajar en una obra de arte mayor.

El segundo cuento que leí fue Biblioteca, del también cubano Alberto Guerra Naranjo. Quienes estamos familiarizados con su escritura sabemos que es un creador de una sensibilidad muy honda, con una garra tremenda para clavar en los sentimientos más recónditos de sus personajes. Su prosa es elegante, siempre majestuosa y serena, pero al mismo tiempo Guerra se caracteriza por extraer del fruto más amargo el sarcasmo y la ironía más sutiles. Su cuento trata sobre la visita de un escritor, él, a la biblioteca del Centro Alejo Carpentier cuando esta se encontraba en La Habana Vieja (no sé si sigue estando allí), y quienes pasamos al menos una vez por la experiencia de una visita semejante recordamos muy bien lo difícil que podía ser (y siempre fue) tratar con Lilia Esteva, viuda de Carpentier, a quien nada parecía conmover y cuyo sentido de lo práctico y lo utilitario denotaba siempre en su porte la hechura de las orgullosas damas de la burguesía advenediza habanera. Yo misma confronté una experiencia semejante, que nunca he olvidado por lo desagradable y humillante que aquel encuentro fue para mí. El autor-personaje de Biblioteca, un hombre negro, es observado por la bibliotecaria todo el tiempo de su permanencia en el recinto como un posible ladrón de libros, para terminar asistiendo, al fin, al espectáculo de que el amigo de la bibliotecaria, un escritor blanco, es descubierto por el conserje llevando entre su ropa tres volúmenes robados de los sacrosantos anaqueles de la institución. Así expuesto, el argumento puede parecer simple, diáfano, una paradoja sin mayor trascendencia, pero el texto está matizado con elementos que solo un escritor con un enorme poder de observación y un espesor de pensamiento que impone, sería capaz de manejar. Cuando el negro, que  por solo serlo es mirado como un ladrón potencial, palidece ante el ladrón blanco descubierto, y a su vez palidece la bibliotecaria porque nunca ha visto frente a ella “un negro pálido”…; cuando el autor-personaje ya se marcha arrastrando su humilde bicicleta, y ve que desde el balcón del inmueble el espectro de Carpentier le dice adiós con un ejemplar de El siglo de las luces bajo el brazo y una sonrisa cómplice en los labios… De detalles como estos está salpicado el cuento de Alberto Guerra, quien demuestra en este texto, una vez más, su recia musculatura de escritor.

La mala suerte, de Emerio Medina, es un monumento al buen, al clásico arte de narrar que no puede dejarse una vez comenzada su lectura, y una pieza en verdad virtuosa que ilustra sobre esa facultad que tienen las palabras de mostrar sin obviedad discursos paralelos. Leyéndolo, recordé aquel concepto de Ezequiel Vieta, gran escritor hoy olvidado en nuestra literatura, aquel es-no es tan magistralmente manejado en su novela Pailock el prestidigitador, y que encierra la naturaleza proteica de todas las cosas, la facultad  de ser algo y su opuesto al mismo tiempo, y una tercera, su proyección: la posibilidad infinita. Mientras leía ese cuento de Emerio, confirmé una vez más que cuando el hombre no puede lamentarse abiertamente de sus desgarraduras, el canto en que las convierte, aún si es melodioso, puede tener una fuerza telúrica, porque aquella latencia que se mueve por debajo de la tierra es siempre más aterradora que lo que se deja ver a plena luz. No por gusto el Infierno, en todas las culturas de la Humanidad, es oscuro y subterráneo. Es un relato sembrado de claves. Parafraseando a Jesucristo digo: el que pueda descifrarlas, que oiga, y el que pueda entenderlas, que vea…

Víctor Hugo Pérez Gallo es un joven autor de la lejana Moa, la de la tierra roja. Aunque hace tiempo que somos amigos no he tenido acceso a sus últimas obras. Su novela Con el mar por el fondo sigue mirándome de lejos, burlándose de mis estériles esfuerzos por alcanzarla, así que Breve compendio de la existencia del Libro de los Pazyrik o libro de los Mineros, me provocó un estremecido y sincerísimo respiro de alivio. No solo porque es un apócrifo muy bien logrado, sino porque ese género, subgénero o como quieran clasificarlo los teóricos, no se encuentra casi nunca en la literatura cubana, siendo quienes lo han cultivado, como José Manuel Poveda y Luis Rogelio Nogueras, dos de nuestros pocos escritores “raros” en el sentido que dio al término su creador, el poeta nicaragüense Rubén Darío, fundador del modernismo. Pero Víctor, quien se inscribe por pleno derecho en la nómina de los raros cubanos, no lo es solamente porque crea apócrifos, sino, además, y yo diría que por encima de toda otra consideración, porque es un escritor culto, algo que los narradores y poetas de las últimas promociones han olvidado o desprecian por completo, confundiendo, tal vez, la grosura de un bagaje teórico apabullante y un afán de realismo más que manoseado con el don de la escritura. Ya Jorge Mañach, tenido como el único filósofo cubano, en su ensayo La crisis de la alta cultura en Cuba, leído en 1925 en la Sociedad Económica de Amigos del País, y que tantas loas mereció de su entonces Presidente don Fernando Ortíz, advertía: […] va desapareciendo entre nosotros el tipo del intelectual culto, enciclopédico, del hombre versado con alguna intensidad en múltiples ramas del saber”.  En verdad, la orfandad cultural de la literatura cubana duele. Los miembros del grupo Orígenes fueron la última comunidad de cultura humanística en la historia de la cultura cubana. Luego escritores aislados como Lezama, Carpentier, Eliseo Diego, Dulce María Loynaz… Luego, intentos cada vez más aislados y más o menos afortunados, y luego hay que esperar hasta que en los años 90 aparezcan en la colección inaugural del Premio Pinos Nuevos los primeros textos de nuevos raros nuestros. Como si la realidad fuera un abismo comparable al que en la novela La historia interminable, del italiano Michael Ende, se va tragando todo el territorio del país de Fantasia, borrándolo del mapa de los imaginarios. El texto de Víctor  exhibe una riquísima muestra de referencias culturales que, tengo que decirlo, alegró mi espíritu porque me hace ver que, aunque algunos de nuestros poquísimos y más exquisitos raros se hayan extraviado en derroteros insustanciales y falsos, no todo está perdido y la débil antorcha que nosotros encendimos continuará siendo llevada, y no solo por Víctor, sino también por otros escritores aún más jóvenes que, aunque ya tienen obra, aún no han publicado en Cuba. De muchas de estas referencias pude identificar la fuente, pero de otras, lo confieso… tendré que esperar a que Víctor regrese de su fabulosa estancia en el país del Languedoc cátaro para que me las devele, porque como se dice en buen cubano, me dejó botada.

Hay otros apócrifos en El dragón invisible,  pero carecen del olor a  manuscrito miniado que tiene el texto de Víctor, aunque me parecieron de una ingeniosidad muy simpática y muy bien concebida.

La antología posee, en general, un nivel homogéneo de calidad, a pesar de algunos textos aún inmaduros que sus autores no logran desarrollar con coherencia por escaso dominio del oficio, y otros, muy pocos que, triste es decirlo, nos hacen asistir a la involución más que penosa de sus autores. En alguno se echa a ver demasiado el desenfreno verborreico en gran contraste con la falta de un pensamiento sólido que, como nervio fuerte, sustente las historias. Pero el saldo del éxito de cualquier empeño se mide por sus frutos, y este Dragón, aunque sea invisible, los tiene, y suculentos.

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La necrópolis de Colón,  tercera en importancia del planeta y gran aporte habanero a la cultura universal*

Puerta principal del cementerio de Colón, llamada la puerta de Calixto de Loira

Es difícil asegurar cuáles son los cementerios más bellos o más importantes del mundo, porque son dos conceptos o categorías bien diferentes. Por ejemplo, la Ciudad de los Muertos en Egipto está entre los más importantes, pero no entre los más bellos. Si nos atenemos a valores arquitectónicos y artísticos, puede que la necrópolis habanera de Colón se cuente de pleno derecho entre los tres primeros del planeta, donde estaría precedido por el cementerio de Highgate, en Londres, con su  oscura población de fantasmas y vampiros, el Pere Lachaise en París con su interminable catálogo de muertos ilustres, y  el cementerio monumental de Staglieno, Italia, y puede que comparta ese tercer lugar con el cementerio argentino de La Recoleta. Y aunque leyendas y misterios tienen todas las ciudades de los muertos, sin duda es Highgate quien se lleva el primer lugar en este terreno. Sin embargo, el cementerio habanero también tiene un repertprio interesantísimo, pues hasta en la muerte se distinguen los seres humanos, ya sea por lo singulares que algunos fueron en vida, por el poderío y riqueza de otros, por sus altos valores morales o por una tremenda historia de amor.

Pero si se observa con mucho cuidado la riqueza artística de Colón, se puede constatar que el nivel de belleza, majestuosidad y detalle de sus esculturas posiblemente sea mayor que el de cualquier otra necrópolis del planeta. Además, este patrimonio es de una riquísima variedad. En las cincuenta y siete hectáreas que ocupa todo ha sido perfecto, llevado a un nivel de realismo que no deja a nadie indiferente. Hay allí dos necrópolis: la de los muertos y la de las obras de arte, ejecutadas en materiales preciosos como el mármol de Carrara, el granito negro y gris, el bronce y también la humilde pizarra. Es, además, un muestrario de estilos arquitectónicos y estatuarios, pues muestra un repertorio tan ecléctico como el que caracteriza al resto de la isla, donde se mezclan el gótico, el neorrománico, el neoclásico, las formas clásicas de los templos griegos y romanos, la arquitectura bizantina y las formas severas y herméticas de los castillos medievales.

Entre sus tumbas más célebres se encuentran el Monumento a Los Bomberos, la  capilla de Catalina Lasa, la pirámide de la familia Falla-Bonet y otras no menos fabulosas por sus valores arquitectónicos y su belleza, como salidas de un sueño, pero en algunas su valor radica más en su esencia simbólica, como la llamada Tumba del Perro, que guarda el cuerpo de la benefactora de animales estadounidense Jeannet Ridder y su mascota Rinti, quien murió de tristeza luego de un tiempo en que a diario visitaba la sepultura de su dueña, sobre la que el fiel can expiró. La tumba del Dominó deslumbra por su historia esperpéntica, pues yace en su interior una cubana obsesionada con el juego del dominó, como tantísimos de nuestros compatriotas suelen serlo, al extremo de que una tarde en que jugaba una partida con sus amigos, partida que ya estaba finalizando, Juana, ese era su nombre, comprendió que ya no tendría oportunidad alguna para colocar la ficha de doble tres que aún le quedaba en su mano, y mostrando toda la vehemencia del temperamento criollo sufrió un infarto que la hizo caer de bruces sobre el tablero del juego, ante la consternación de sus compañeros; pero lo más sorprendente de aquella muerte es que al llegar el cuerpo a la morgue los patólogos descubrieron que la finada aún apretaba en su mano la ficha fatal que la había traicionado.

Dos de las tumbas que ostentan historias más dolorosas son el mausoleo de los Bomberos, treinta héroes del cuerpo habanero de luchadores contra el fuego que murieron atrapados en una ferretería, cuyo dueño ocultaba allí materiales muy inflamables que vendía de contrabando. Dos cosas hacen particularmente terrible la historia de aquellas muertes. La primera es que el incendio fue provocado por la codicia del dueño para cobrar el seguro, y la segunda es que no advirtió a los bomberos sobre esos productos, de manera que la ferretería se convirtió en una tenebrosa trampa ígnea donde perdieron sus vidas aquellos hombres valerosos y esforzados, para salvar la propiedad de un cobarde que no lo merecía y para colmo fue absuelto por la justicia.

Grupo escultórico que corona el Monumento a los Bomberos, en la necrópolis de Cristóbal Colón. El ángel justiciero, ojos vendados, sostiene el cuerpo de un bombero muerto. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Otra de las historias más tristes es la de La Milagrosa, una elegía al amor truncado por la muerte. Modesto y Margarita se casaron tras muchas dificultades, y ella murió de parto al alumbrar una niña también sin vida. Modesto enterró a su amada con la criatura entre las piernas, según era costumbre en la época, pero al proceder a la exhumación se descubrió que Margarita sostenía entre sus brazos el cuerpo sin vida de su hija, lo que se consideró un milagro, mucho más la comprobarse que el cadáver de Margarita no tenía señales de lucha ni de muerte por asfixia, como suele ocurrir a quienes son enterrados vivos. Modesto encargó la escultura que adorna la tumba y representa a Margarita con su niña en un brazo, mientras con el otro sostiene una  enorme cruz, y tras hacer grabar al pie de sus retratos unas sentidas palabras dirigidas a quienes visitaran el lugar, acudía cada viernes a tocar su violín junto a la mujer que tan poco tiempo pudo amar. Al retirarse lo hacía de espaldas, muy despacio y tocando una por una las anillas de bronce de la tapa. Así quedó establecido un ritual que al paso de los años ha convertido la tumba de Margarita en un centro de peregrinación al que acuden personas de todas partes para solicitarle a La Milagrosa peticiones de toda clase, y bien puesto debe estar el nombre, pues la tumba siempre está llena de ofrendas que van desde ramos  de flores hasta tarjas de mármol donde quedó grabada la gratitud  de quienes vieron cumplidos sus deseos, escuchadas sus súplicas, aliviados sus dolores. Todo tipo de ofrendas se encuentran allí.

Pero hay muchos detalles valiosísimos  o muy curiosos en el cementerio de Colón que son menos conocidos. Por ejemplo. Pocos admiradores de la necrópolis saben que algunos de los mausoleos y capillas más significativos son réplicas en miniatura de las viviendas de sus poderosos dueños, y que estas construcciones incluso estaban dotadas de agua, teléfono y electricidad, para que los parientes del finado pudieran pasar tiempo en su compañía sin carecer de las mínimas comodidades requeridas en esta clase de visitas.

Entre las esculturas del cementerio, una se distingue de modo particular. Se trata del Monumento al Hombre Común, erigido en las fosas corrientes donde reposan aquellos que no tienen una tumba o una escultura propia que los inmortalice. Paradójicamente, Alberto Yarini, uno de los más célebres habaneros de su tiempo (y parece que de todos los tiempos de la ciudad), joven de la alta burguesía habanera, de familia rica y poderosa y proxeneta que casi fue dueño del barrio de Colón, epicentro de la prostitución en La Habana -que como puerto de mar siempre se destacó en esas lides-, por poco se queda perdido en los dominios de la muerte, pues la memoria de su sepultura, en la que yace gran parte de su familia de abolengo, se borró con el paso del tiempo. Cuentan que un día una joven desconocida se propuso encontrarla y tras intensa búsqueda logró localizarla. Así narra Cubadebate el suceso:

Hace ya algunos años, en ocasión del estreno de la cinta cubana Los dioses rotos, una joven desconocida se dio a la tarea de localizar la tumba de Alberto Yarini. La encontró y se horrorizó ante lo desolado del lugar.

Halló por pura casualidad un pequeño pedazo de madera. Extrajo entonces de su bolso un frasquito de pintura de uñas y con el diminuto pincel escribió sobre la tabla, con letras rojas irregulares, una sola palabra: Yarini. Acomodó sobre la losa lo que pretendió ser una tarja y puso una flor a su lado.

La flor, por supuesto, hace rato que desapareció para siempre, pero apareció otra. Bastó la intención para salvar otra vez a Yarini del olvido. A partir de ahí la tumba fue restaurada, por idea y esfuerzo de algunos, y decenas de personas la visitan a diario para dar muestra de su devoción por un ser que empieza a verse como milagroso y recabar su ayuda.

Créalo o no lo crea, lector, pero esta historia muestra una faceta de la idiosincrasia del cubano: el culto vehemente a la virilidad sexual, a la falocracia.

Tumba de Alberto Yarini

También el aura mítica tiene sus representantes en la necrópolis habanera. Se dice, aunque aún no exista una prueba definitiva, que yace allí la mujer más famosa de Cuba, Cecilia Valdés, la bellísima mulata que inspiró su novela homónima a Cirilo Villaverde, y  como si el personaje y su autor hubieran sido una pareja real, a pocos metros duerme el escritor en la eternidad que su gran obra le ha ganado.

Se dice que después de la Milagrosa, la tumba más visitada del cementerio es la de Locadia y el Hermano José, sobre quienes se ha logrado saber muy poco y hoy solo los conocemos por la leyenda que quedó de ellos. Espiritista y médium muy reconocida y respetada en su época, Leocadia, al parecer, no era practicante de cultos afrocubanos, sino que se entendía con el mundo de los espíritus a través de un negro esclavo, muerto en tiempos de la colonia, llamado José.

Leocadia

Leocadia nació en Güines en 1893, pero desarrolló la mayor parte de su vida en Arroyo Naranjo, donde tenía su templo a una cuadra del célebre Café Colón, en los alrededores de La Víbora. Según cuenta su leyenda, su clientela era muy desigual, pues atendía a gente pobre junto con importantes personalidades de la ciudad, entre quienes se menciona a poderosos senadores, al gran músico cubano Ignacio Jacinto Villa Fernández (Bola de Nieve), y hasta el propio presidente Fulgencio Batista. Dice también la leyenda de Leocadia que sus poderes espirituales y de videncia (¿o los del Hermano José?), eran tan grandes que, aunque desde el amanecer los devotos formaban largas filas ante su casa para ser recibidos por ella, la médium salía a su puerta y solo llamaba a determinadas personas de toda condición social, pues el hermano José le indicaba quiénes realmente necesitaban su ayuda y quiénes no, y a estos Leocadia los despedía amablemente con alguna palabra tranquilizadora. Se dice que uno de los milagros del Hermano José fue aparecerse a un pintor ciego para que pintara su retrato. Leocadia fue sepultada con la imagen y, cuenta la leyenda popular que a medida que el ataúd iba descendiendo la imagen de José se iba difuminando, hasta que desapareció con la última paletada de tierra arrojada sobre la sepultura. Cada 19 de marzo sus fieles devotos les ofrecen un toque de violín.como muestra de respeto y veneración.

Tumba de Leocadia y el Hermano José

El cementerio contiene una catacumba conocida con el nombre de Galería de Tobías, una de sus construcciones más antiguas y en la que, por ironía del destino, fue enterrado Calixto de Loira, el primer arquitecto del cementerio y constructor de su famosa arcada. Él construyó la galería y él la estrenó. Tiene 95 metros de largo con 526 nichos distribuidos en tres hileras. Es de mampostería, construida con ladrillos y su cubierta en un arco con seis pozos de ventilación y luz. Es el único ejemplo existente en el sitio. También posee numerosas bóvedas, de las cuales la más antigua data de 1879.

Galería de Tobías

Otro tipo de sepultura son las capillas funerarias, espacios construidos sobre el nivel del terreno y delimitados por paredes. Poseen altar y su peculiaridad la impone la verticalidad de la arquitectura sobre el terreno. En su interior pueden encontrarse bóvedas y osarios. Hay construcciones mixtas de capilla y bóveda. La primera fecha referente a esta tipología es de 1882, la cual pertenece a la familia Baldonado.

Capilla de la familia Franchi-Alfaro, inspirada en el Mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo

También existen criptas, esos impresionantes espacios subterráneos bajo una construcción, creados con el fin tanto de inhumar como de colocar los restos óseo y cenizas, ya sean nichos, bóvedas u osarios. Su interior casi siempre presenta paredes revestidas con algún tipo de roca, en ocasiones decoradas y donde puedan insertarse o no los sitios mortuorios. Casi siempre en el exterior se puede encontrar un conjunto escultórico encima de un basamento sobre el nivel del suelo, y un acceso al interior con una escalera. Existe el conjunto mixto de cripta con panteón.

Seguramente la sepultura en tierra fue la primera forma de entierro en el cementerio. Son sepulcros simples, algunos con un muro perimetral y reja alrededor, de hierro. Algunas también tienen una escultura en su centro.

Los monumentos son otras de las más importantes y valiosas construcciones de Colón. Se trata de  mausoleos con la representación de una simbología, dedicados a la muerte de una o más personas unidas por un acontecimiento relevante y no por el vínculo familiar. Uno de sus ejemplos más hermosos es el monumento conmemorativo a Los Estudiantes de Medicina, fusilados el 27 de noviembre de 1871, erigido en 1889. Otro de los grandes monumentos es “A los Emigrados” del año 1915, y la llamada Tumba de los Bomberos, ya mencionada en este trabajo. Los monumentos suelen estar construidos en su totalidad de un mismo material, generalmente mármol, pero pueden adornarse también con esculturas o conjuntos escultóricos de bronce.

Los nichos son edificaciones con espacios adecuados para dar cabida a la sepultura de un cadáver. Miden aproximadamente 0.70 metros de alto, por 0.70 metros de ancho y 2.50 metros de profundidad, y presentan una lápida de granito grabada con la leyenda correspondiente. Los nichos están construidos en hormigón y sellados herméticamente. No son tan hermosos como los de La Recoleta, pero son majestuosos como cualquier morada funeraria.

Hay tumbas en forma de pirámides egipcias, casi siempre edificadas por familias poderosas de la sociedad habanera, que pueden ser truncas, del tipo mastaba como la de la familia Falla-Bonet, que soporta una  magnífica escultura en su cima, y otras de estructura completa. Casi todas las que pueden verse datan de una época en que la civilización egipcia salta a la celebridad mundial tras el descubrimiento de la tumba del Faraón Tut Ank Amón en el Valle de los Muertos.

Por supuesto, no faltan los mausoleos de estilo art deco, entre los cuales el más célebre e importante por su enorme valor artístico es el de Catalina Lasa del Río, en cuya ejecución tuvo un papel principal el gran vidriero y joyero francés René Lalique, de quien el matrimonio Baró-Lasa fuera mecenas. Los querubines que lucen las grandes puertas de la tumba fueron hechos por Lalique con una fórmula secreta que él llamó cristal Claro de Luna. El interior de esta sepultura, varias veces saqueada, es de lo más misterioso. La pareja había visitado Egipto poco después del gran descubrimiento del arqueólogo Howard Carter, y Catalina se había entusiasmado mucho con lo que vio allí del tesoro del faraón y de la tumba misma. Cuando ella murió fue embalsamada en París por orden de su esposo. En un costado del interior de la tumba hay una especie de estantería muy deteriorada donde seguramente hubo frascos de algún tipo. Yo he fantaseado a veces con la posibilidad de que fueran ushabtis, pequeñas figuras que se depositaban en las sepulturas egipcias, y los llamados vasos canopos, en que los sacerdotes momificadores guardaban las entrañas de los faraones muertos. ¿Estuvieron en la tumba alguna vez las entrañas de Catalina Lasa?

Querubines de la entrada

Se pueden apreciar estilos mucho más modernos, de líneas muy simples y en ocasiones de un marcado vanguardismo influido por el estilo Bauhaus.

La herrería es siempre de bronce o hierro fundido, pero con la misma belleza y detallismo que la herrería que caracteriza a La Habana colonial, y en muchas ocasiones aún más preciosista. Los motivos vegetales están presentes en todos los elementos de la composición, sea en rejas, cornisas, columnas, frisos, dinteles, guirnaldas, pilastras, vitrales y arcos de todos los estilos y formas. Hay rosetones románicos y góticos de espectacular belleza. Las puertas de entrada a muchos mausoleos y monumentos están adornadas con una estatuaria en relieve de gran belleza y estilización que representa, en su mayoría, ángeles y vírgenes. También hay copas y ánforas, algunas cubiertas por mantos o tenues velos, símbolos pertenecientes a la iconografía religiosa cristiana.

Una muestra de herrería

La población de ángeles y vírgenes une a su delicada belleza una enorme fuerza expresiva, que sumerge al visitante en una contemplación reverenciosa y profunda.

Pero si bien el simbolismo de estas formas escultóricas es claro y se ubica dentro de la iconografía cristiana, hay una excepción que es, a su vez, uno de los más inexplicables misterios de Colón. Se trata de la escultura de un ángel andrógino que, además de la presencia de signos sexuados en su anatomía, cosa impensable en la estatuaria cristiana, sostiene en sus manos símbolos ajenos al catolicismo y que sugieren su pertenencia a algún terreno de lo oculto y lo esotérico. Nunca pude identificar al habitante de esa sepultura, no sé a quién pertenece, y la historiadora que me reveló la existencia de la estatua no tenía detalles sobre quién o quiénes pudieron haberla encargado, ejecutado y colocado en su ubicación actual. Pero la posibilidad de que en la católica, apostólica y romana capital de Cuba hayan existido extraños cultos casi o totalmente desconocidos para la historia, ya asomó cuando los arqueólogos de la Oficina del Historiador hallaron  hace décadas, en una mansión colonial que remodelaban en La Habana vieja, un friso muy extraño, en el que junto a figuras negras, aparentemente de esclavos, participaban en una extraña danza figuras de mujeres blancas. En mi humilde opinión, nuestro ángel andrógino tiene cierta semejanza, o para ser exacta, bastante en común con la imagen de Baphomet, representación del Conocimiento secreto del universo encerrado en la manzana del Árbol de la Vida, la misma que Dios no quería que comieran Adán y Eva para que no perdieran su inocencia.

Sin duda que la necrópolis de Colón, con su arquitectura magnífica y casi infinita y su estatuaria ejecutada por artistas de fama internacional, y también cubanos, es un pozo de conocimientos, de valores supremos del arte, un verdadero templo a la Belleza y testimonio de la pasión del temperamento cubano, que a pesar de caracterizarse por su eterna risa, también, y sobre todo, se pone de manifiesto en el dolor de la ausencia. Declarada Patrimonio Nacional en 1987, nuestra ciudad de los muertos es uno de los grandes aportes de la isla de Cuba a la cultura mundial.

* Muchos datos y todas las imágenes empleadas por mí en este post fueron tomados de fuentes diversas de Internet, entre las cuales se cuentan “El cementerio de Colón, un museo a cielo abierto, (tomado de http://blog.caribbeannewsdigital.com/2017/08/30/cementerio-colon-museo-cielo-abierto/ ), Onlinetours, Cubadebate, el trabajo de diploma de la Universidad Central de Las Villas Evolución de la arquitectura funeraria en el cementerio Cristóbal Colón de la Ciudad de La Habana desde su fundación hasta la década de 1950, de la arquitecta Isabel Pérez Morales, y otros sitios web.

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