Juntos más allá de la muerte

No han de existir en este mundo muchas necropolis que puedan presumir de albergar el sueño eterno de un escritor célebre y sus personajes, pero el Cementerio de Colón habanero puede ostentar ese blasón. Cirilo Villaverde, consagrado como el primer gran novelista de Cuba y autor de nuestra novela fundacional Cecilia Valdés o la Loma del ángel, yace en un hermoso panteón de mármol adornado con un obelisco, y no muy lejos, en una tumba modestísima, los restos mortales de quien fue, quizá, la musa viviente del escritor tienen su ultimo reposo.

Panteón del escritor Cirilo Villaverde en el cementerio de Colón

La existencia real de Cecilia Valdés ha sido, desde la aparición de la novela en Nueva York, una tesis muy controvertida, pero no salió de la imaginación excitable de algún lector entusiasta o de los esfuerzos de un crítico literario prolijo e interesado en la Historia, sino de un fragmento de una carta escrita por el propio Villaverde a un conocido, donde confiesa que, para crear el personaje, se inspiró en “una mulata muy linda con quien llevó amores Cándido Rubio, mi condiscípulo y amigo, en La Habana”. Si la musa, quien sin duda se paseaba en chancleticas por los adoquines coloniales triturando corazones de todas las razas —como Villaverde la describe—, se llamaba o no Cecilia Valdés, es un enigma difícil de esclarecer después de tanto tiempo, aunque la tumba que en Colón lleva su nombre parece arrojar bastante luz sobre los hechos.

La lápida que corona la pobre sepultura fecha la muerte de su ocupante el 21 de mayo de 1893, lo que concuerda con la época en que se desarrolla la historia de la Cecilia literaria. La novela termina cuando Cecilia, enloquecida por la muerte de Leonardo que involuntariamente ha provocado, sufre las secuelas de su parto y es internada en un asilo para dementes. Es aún una mujer muy joven, no llega a los veinte años. Su destino acaba aquí para el lector, quien queda obsesionado por esta vida que se hunde en el silencio y el olvido. ¿Qué fue de Cecilia Valdés, privada del apoyo de su amante, desconocida por su padre biológico y ya sin su abuela Chepilla ni su amigo incondicional, el sastre José Dolores? La demencia borra la identidad. “No te rías de la locura, es peor que la muerte”, dice un personaje del dramaturgo norteamericano Tenessee Williams.

Pero si la locura no deja huellas del ser en el mundo, la muerte, paradójicamente, sí lo hace. En los libros de inhumaciones de la necrópolis de Colón consta que en esa fecha se dio sepultura a una mujer llamada Cecilia Valdés, natural de La Habana e hija de la Real Casa de Maternidad, tres datos que coinciden con el personaje creado por Villaverde. Un cuarto dato casi disipa ya cualquier duda residual: la fallecida era mestiza. Murió a la temprana edad de 39 años, lo que indica que sobrevivió por más de dos décadas a su final literario. Horroriza pensar que lo haya hecho en aquel asilo de dementes, donde como único Consuelo dice Villaverde que encontró a su madre Charo Alarcón. Una vida infernal sin ninguna semejanza con la existencia colmada de amor y placeres con que Cecilia soñaba. En vez del blanqueamiento que tanto anhelaba se hundió en la negrura más profunda. Su hija recién nacida tendría su mismo fatum: crecería sin su madre loca, quién sabe cómo y, para desgracia mayor, cargando sobre sus hombros el estigma de ser fruto de un incesto.

Pero hay otro lugar en La Habana donde Cirilo y Cecilia forman un dueto eterno, o al menos lo será mientras exista la ciudad. Es la iglesia del Santo Ángel Custodio, en la Loma del Ángel, en cuya plazoleta se alza una escultura en bronce del artista Eric Rebull que recrea la imagen de Cecilia. A pocos metros un busto de Cirilo Villaverde, colocado en 1946 en una hornacina de la fachada del templo, parece contemplarla sumido en meditación silenciosa que acompaña una vaga sonrisa.

Una reflexión sobre este emparejamiento que se mueve entre la ficción y la vida (o la  muerte) real, induce a un escritor a cuestionamientos un tanto metafísicos: ¿Qué lazos forja la escritura con las creaciones de nuestra imaginación? Y se puede ir aún más lejos: ¿acaso existen vasos comunicantes entre lo que escribimos los escritores y la manera en que se moldea la realidad? ¿Influye la materia literaria sobre la marcha de la existencia? ¿Somos, en verdad, demiurgos? Conan Doyle decidió matar a Sherlock Holmes para librarse del personaje, que lo acosaba, y nunca lo logró. La historia de la literatura abunda en casos de escritores que terminaron estableciendo una relación morbosa con alguno de sus personajes o con las historias que crearon para ellos. La sospecha da miedo, y aunque los escépticos digan que es muy lógico que Villaverde y Cecilia estén enterrados en el Cementerio de Colón porque eran habaneros y esa era, entonces, la única necropolis de la ciudad, y en definitiva no existen pruebas fehacientes de que esa muerta sea la musa del escritor, a mí el connubio me sigue impresionando, como todo lo que parece sobrenatural, aunque no lo sea..

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La magia de la música más allá de las fronteras del sonido

Lev Sergueievich toca su theremín

Hace muchos años, en el Onceno Festival de la Juventud y los Estudiantes celebrado en La Habana, vi y escuché por primera vez un sintetizador en acción. Un músico checo (o polaco, después de tantas décadas ya no recuerdo) ofreció una coral donde él era la voz veintiuno en vivo. Todo el resto del coro inmenso era su propia voz replicada por aquel instrumento. Me impresionó de tal manera que durante años guardé el recorte de diario donde se le anunciaba y estuve pensando en aquello. Mucho después, ya casada con mi esposo Benigno Delgado Hernández, guía de turismo, visitamos la casa de uno de sus amigos, quien tenía un sintetizador. Era un músico aficionado, algo que yo jamás me he considerado a mí misma, pero cuando me ofreció manipular el instrumento y comenzó a enseñarme la infinita cantidad de sonidos que encerraba en su interior, me hizo pensar con mucha fuerza en aquellas extraordinarias cajas mágicas de que hablan los cuentos de hadas, donde están encerrados todos los sonidos del universo. Luego pensé el El Aleph, de Borges, pero El Aleph encierra todas las imágenes posibles, mientras que el sintetizador guarda sonidos Había cantos de pájaros, ruidos de tormenta, entrechocar de espadas y cánticos de guerra, entre otras muchas cosas. Yo estaba por entonces escribiendo el guión de mi aventura Los Celtas, y la posibilidad de ser yo misma quien trabajara el sonido de la serie, de acuerdo con mis conocimientos de esa cultura extraordinaria, me provocó tal excitación que Benigno tuvo que sacarme de la casa de nuestros amables huéspedes casi a rastras. Recuerdo, como un dato aleatorio, que aquel matrimonio amigo había comido esa noche una gran cantidad de jamón de pierna y estaban intoxicados, pero yo no sentía piedad: el egoísmo del artista que acaba de hacer un descubrimiento capital me poseía sin dejar espacio para ningún otro sentimiento.

De más está decir que el sintetizador se agregó de inmediato —junto con perros pastores y huskies, un caballo, una cabaña cerca del mar, un telescopio, una colección de música y todo lo necesario para poder pintar —a la larga lista que conformaba y aún conforma el conjunto de mis sueños imposibles. A veces uno llega a resignarse a tantísimas renuncias, hasta que un día navega en internet y descubre…

El Theremín y el Tautronio

Carolina Eyck

El theremín a veces parece un instrumento del futuro de la Tierra o de otro mundo. Su música parece evocada de la nada, notas y tonos burlados y manipulados por movimientos hipnóticos de manos y dedos a través del aire.

Así aparece descrito en internet el único instrumento musical conocido hasta la fecha que se “toca”completamente sin contacto físico directo. Fue inventado alrededor de 1920 por el físico ruso Lev Sergeyevich Termen, conocido más tarde como Leon Theremin, cuyo apellido pasó a nombrar el instrumento de su invención.

Si yo tuviera que describirlo, diría que fue una especie de caja cuadrada en sus inicios, rectangular en sus versiones modernas, de la que sobresalen dos antenas que operan con los principios del electromagnetismo. Es más o menos así, pero recuerden los lectores que siempre fui ponchada en Física.

El theremín recuerda, a quien lo ve tocar, la leyenda del aprendiz de brujo, porque el músico mueve sus manos alrededor del instrumento como si hiciera pases mágicos, y entonces se produce el milagro de una música que no parece de este mundo. ¿El secreto? Los músicos controlan los sonidos moviendo las manos y los dedos alrededor de una antena vertical para subir o bajar el tono, y hacia arriba o hacia abajo sobre una antena en bucle para controlar el volumen. En realidad, las manos del ejecutante controlan y manipulan los campos magnéticos alrededor de las antenas. ¿No parece cosa de brujos?

Lev Sergueievich nació en San Petersburgo, Rusia Zarista, en 1896. A los siete años montaba y desmontaba relojes con una precoz habilidad ingenieril, y a los quince construyó un observatorio astronómico. Al igual que muchos jóvenes de familias pudientes de su país, tomó lecciones de violín, violonchelo y otros instrumentos musicales. Como en el caso de tantos descubrimientos científicos, por ejemplo el elemento radio de los esposos Curié, el theremín es fruto de una sorpresa tangencial. En 1920, Lev inventó un ingenio que permitía usar la nueva tecnología de las ondas de radio para medir algunas propiedades del elemento gaseoso, pero descubrió que su aparato emitía “un extraño gorjeo” que él podía moldear si movía sus manos alrededor del equipo. Como era un músico entrenado, es posible que desde el primer momento reconociera el potencial artístico de su nueva creación. Según declaró en una entrevista, su conversión del aparato en instrumento musical fue muy intencional: “No estaba —dijo— satisfecho con los instrumentos mecánicos que existían, de los cuales había muchos. Todos fueron construidos usando principios elementales y no estaban bien hechos físicamente. Estaba interesado en hacer un tipo de instrumento diferente. Por lo tanto, transformé equipos electrónicos en un instrumento musical que proporcionaría mayores recursos”. Si este criterio de Lev Sergueievich era válido o no y qué hubieran dicho de él Bach, Bethoven, Chopin, Lizt y otros grandes compositores y concertistas de la historia musical de Occidente es algo que no sabremos nunca, porque no conocieron el theremín.

Tras semejante triunfo pronto Lev Sergueievich viajó a Estados Unidos, donde fue muy bien recibido y se le concedió un estudio en West 54th Street, en Nueva York. Pronto allí se dieron cita compositores y científicos. A los primeros los fascinaba el instrumento y a los segundos los intrigaba. El propio Einstein llegó a alquilarle a Sergueievich una habitación desocupada en el estudio del inventor para poder estudiar el fenómeno de la música celestial del theremín.

Sergueievich ganó mucho dinero con su instrumento en Estados Unidos , y comenzó a soñar con construirlo en serie para que todo el mundo pudiera tocarlo, pero su sueño no se pudo materializar debido a lo dificultoso que resulta tocar bien un theremín.

La extraña sonoridad del instrumento hizo que fuera usado en programas y películas que requerían efectos especiales. La más conocida de ellas, filmada en 1951, fue El día que paralizaron la Tierra, pero antes ya había sido usado en la banda sonora de Miklós Rózsa para la película Spellbound, de Alfred Hitchcock, ganadora del Oscar en 1945. 

 Después de un corto período el instrumento cayó en el olvido. Sin embargo, a partir del documental Theremin: An Electronic Odyssey, realizado en 1993, el theremín de Lev Sergueievichh está viviendo un gran renacimiento. Músicos de reconocido prestigio lo han adoptado y los conciertos se suceden. La música del theremín, que ciertamente deslumbra por su increíble registro de bajos y agudos y parece música de las esferas, la misma de la que hablaba el filósofo griego Pitágoras, ha sido empleada en filmes clásicos del cine como Star Trek, la usó el celebérrimo grupo Led Zeppelin en su conocida canción Whole Lotta Love, y The

Jimmy Page, de Led Zeppelin, toca el theremín

Rolling Stones la empleó en su álbum psicodélico Her Satanic Majesty Requests, de 1967. La artista islandesa Hekla Magnúsdóttir, quien combina el theremín con su voz en sus álbumes, ha dicho:  “Creo que tiene mucho potencial inexplorado, y también es fascinante visualmente”. Violonchelista como Lev Sergueievich, a ella también le parece el theremín un instrumento que produce música de planos ajenos a este mundo. Carolina Eyck es otra maestra de theremín que busca difundir este instrumento único y está ampliando su escaso repertorio con nuevas composiciones como su pieza Ocean, de 2019. Ella ha dicho: “Cuando tocas el theremín, parece algo mágico, como si pudieras lanzar hechizos”. También ha confesado que la banda sonora de Spellbound, que escuchó en su infancia, tuvo tuvo en ella un impacto particular . El actor Keanu Reeves aprendió a tocar el instrumento en Bill & Ted Face the Music, la reciente tercera entrega de la trilogía de Bill & Ted. Se ha utilizado en temas para programas de televisión como la serie de ITV Los asesinatos de Midsomer, o el tema central de la serie de vampiros de los años 60 y 70 Dark Shadows, e incluso en discos icónicos, como Oxygène de 1976, de Jean Michel Jarre. Este instrumento se oye también, especialmente al final, en la película One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco) producida en 1975, que ganó numerosos premios internacionales y fue la segunda película en obtener los cinco principales premios Óscar: Película, director, actor (Nicholson), actriz (Fletcher) y guion adaptado.

¿Es realmente tan difícil de tocar el theremín?

No existe una enseñanza estructurada sobre cómo tocar un theremín, pero se requiere alguna clase de formación musical, aunque no sea imprescindible una escolarización de altos niveles. “Además de una buena percepción espacial, un músico necesita un oído brillante para tocar notas específicas. Necesita combinar movimientos corporales relajados con una concentración mental intensa”.

Los músicos de theremín emplean técnicas de expresión física y emocional, del mismo modo que procede un actor. La consecuencia de esta comunión de singularidades es que hay muy pocos virtuosos de theremín en el mundo, y cada uno tiene su propio estilo. “Cada músico aporta su propia personalidad distintiva al theremín, y estas diferencias pueden ser bastante fundamentales, casi como una firma sonora”, dice Charlie Draper, un destacado músico británico de theremín que actúa tanto en solitario como con su colectivo orquestal Retrophonica. Yo diría que, además de instrumento musical, el theremín es un estado del alma.

Liev Sergueievich tuvo un triste final. Se cree que actuó en Estados Unidos como un agente doble del Kremlin. Fue llamado a la Unión Soviética, donde, víctima de las purgas stalinistas, fue enviado a una prisión para científicos, y allí fue obligado a trabajar en la creación de dispositivos electrónicos de espionaje. Su trabajo tuvo gran repercusión en el espionaje soviético en las altas esferas gubernamentales estadounidenses e inglesas. Murió a la edad de 97 años.  Su sobrina nieta, Lydia Kávina, también thereminista, creó la banda sonora del filme El maquinista, en 2004.

La indescriptible sonoridad del theremín ha hecho que se le asocie con situaciones inquietantes y con los géneros de misterio y terror,  pero sus ejecutantes también lo  emplean en la interpretación de música clásica, especialmente en música experimental y en música clásica contemporánea de los siglos XX y XXI; así como en géneros de música popular como el rock, el rock psicodélico y el art rock.

Los avances de la tecnología moderna han hecho sus aportes al theremín. Se ha llegado a producir theremines de manera más o menos artesanal con modos de interactuar muy distintos, como por ejemplo, theremines ópticos que miden la cantidad de luz que llega a un sensor. También la empresa Roland comercializa en algunos de sus módulos un sensor de infrarrojos llamado D-Beam, con el que se puede controlar, no solo el tono, sino alternativamente el parámetro que se elija. Actualmente existen incluso modelos que participan de la tecnología MIDI, lo cual posibilita que tengan, virtualmente, cualquier timbre que se desee utilizando un sampler, pero dicho efecto rara vez produce sonidos audibles, al no estar pensado el diseño original en ese sentido.

Un modelo actual de theremín

Actualmente, un gran número de thereministas buscan seguir el legado de los grandes virtuosos del instrumento, algunos de ellos son Jean Michel Jarre, Lydia Kavina, Barbara Buchholz, Carolina Eyck, Katica Illényi, Ernesto Mendoza, Peter Pringle, Robby Virus, o Pamelia Kurstin.

Trautonio

El trautoniofue inventado en 1929 por el ingeniero alemán Friederich Trautwein. El músico y compositor alemán Paul Hindemith escribió muchas piezas para él y así  los nazis tuvieron su versión del theremín ruso. El trautonio, del que Goebbels fue un apasionado admirador, parece una gran versión temprana de un sintetizador, pero no tiene un teclado, sino dos tablas que sostienen un cable de resistencia sobre una placa de metal, que puede ser presionada por los músicos y también pasar sus dedos sobre ella. Aunque el trautonio generó gran entusiasmo y la misma expectativa que el theremín de que pudiera llegar a convertirse en un instrumento de masas, durante más de siete décadas solo un joven músico, Oskar Salas, lo tocó en conciertos.

Oskar Salas

También tocaba en programas de radio especialmente concebidos para el instrumento, pero sus actuaciones terminaron cuando fue reclutado para la guerra. Cuando la contienda bélica terminó, Salas creó un estudio en Berlín donde trabajó en bandas sonoras para documentales, cortometrajes y comerciales. Desarrolló una nueva versión del instrumento, el mixturtrautonium, capaz de producir un sonido más rico y polifónico.También lanzó grabaciones de piezas de Paul Hindemith y Harald Genzmer, compuestas específicamente para el trautonio.

Es poco o nada conocido el hecho de que el director de cine de terror estadounidense Alfred Hitchcock quedó fascinado cuando escuchó el sonido del trautonio, al extremo de que lo utilizó en la banda sonora de su famosa película Los pájaros. Los chillidos de los ataques masivos de las aves fueron conseguidos con ese instrumento.

Hitchcock escuchando una partitura de theremín para la banda sonora de Los pájaros

Salas murió en 2002, pero un joven músico de Múnich, Peter Pichler, quien se había enamorado del trautonio “cuando era un estudiante de música y estaba viendo un film independiente con este sonido”, encargó un mixturtrautonium a la única compañía en Alemania que aún produce el instrumento. Pesaba 85 kilos y no había nadie que pudiera enseñarle a tocarlo. Perseveró y ya ha realizado varias presentaciones en Europa.

Yo he escuchado las sonoridades de los dos instrumentos, y pienso que el theremín es muchísimo más espiritual, verdadera música de mundos más elevados y trascendidos que el nuestro, aunque pueda llegar a ser auténticamente espeluznante en algunos momentos , mientras el trautonio puede conducir al oyente a los misterios del Inframundo, los recovecos de todos los infiernos inventados por el hombre desde el Orco etrusco al Hades griego, desde el Hell escandinavo hasta las moradas de fuego del Satán cristiano. Pero tan importante como las bellezas y misterios de estos instrumentos en sí mismos, está  su legado, porque en ellos, a pesar de su rareza o quizá por ella misma, se cumple una ley de la cultura y de la historia: nada queda sin continuidad. Ambos son los antepasados del sintetizador que me fascinó aquella lejana tarde de visitaciones, en que llegué a pensar que yo podría crear la banda sonora de una batalla en la Irlanda prehistórica entre los Thuatha de Danaan y los Fomore, entre rugidos de tempestad y alaridos de muerte. Yo, que no sé nada de música y mi única postura ante ese arte es de veneración.

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ENGAÑO: el octavo pasajero (V)

Este es el quinto de una serie de artículos que intentan advertir a las personas sobre el peligro de manipulación ideológica, cultural, religiosa, política y social que representan las noticias falsas y las teorías de la conspiración, fenómenos que han tomado al mundo por asalto desde que Donald Trump obtuvo la Presidencia de los Estados Unidos en 2016. Existen empresas que obtienen los datos que usted revela en sus redes sociales y los usan para personalizar sus estrategias de manipulación. Usted puede ser confundido y su mente manejada por narrativas que, en algunos casos, van dirigidas puntualmente a grupos vulnerables a determinados asaltos psicológicos. Usted debe ser consciente de que estas manipulaciones pueden provenir de aquellos en quienes más confía, incluso de sus líderes religiosos. Todos debemos ser objetivos e informarnos sin pasión antes de dejarnos llevar por la pasión. Si lo desea tome partido pero, primero, sepa por quién y por qué.

QAnon: el octavo pasajero

Un adepto de QAnon agita el logo del grupo en medio de un meeting de Donald Trump

Para mí todo empezó hace años, cuando algunos de mis amigos, interesados en la sanación por métodos de medicina alternativa y tradicional y en ciertos aspectos de la espiritualidad New Age, comenzaron a introducir en sus conversaciones, que hasta ese momento me habían sido muy familiares, conceptos nuevos, raros y desconcertantes unidos a nombres de gurús  de ahora mismo, algo muy común en este mundo de la alteridad en que se mueven de manera habitual aquellas personas que han perdido confianza en la ciencia y se sienten inconformes con las propuestas tradicionales de la cotidianeidad. Algunos de mis amigos seguían a ciertos gurús. Otros, solo manejaban los temas de un modo vago.

Los gurús suelen dividirse en dos categorías: los canalizadores, individuos que dicen estar en comunicación con deidades, seres extraterrestre y/o Maestros desencarnados que quieren ayudar a la evolución de la Humanidad, y son, por tanto, una mezcla de intérpretes y mensajeros de tales entidades; y los Maestros, conspicuos personajes con cierto grado de conocimiento esotérico y etiqueta de “Iniciados”, quienes irrumpen en escena portando la antorcha de “nuevas teorías” olvidadas o “reveladas”, que supuestamente arrojan luz sobre aspectos de la historia humana, la evolución del planeta y las leyes del universo.  Omito nombres porque algunos de estos “Maestros” tienen prestigio internacional, imparten conferencias en centros importantes y gozan, en ocasiones, de tolerancia y hasta de cobertura oficial por parte de los gobiernos.

Algunas de las teorías más espectaculares y excitantes expuestas por tales gurús y Maestros no son nuevas, y unas cuantas fueron expuestas en decenas de cuentos y novelas de ciencia ficción a partir de los años 30, y vistas en series como Expedientes X y Black Mirror.  Todos los aficionados al género las disfrutamos allí en sus formas más exuberantes y elaboradas. Sin embargo, detecté cierto sesgo en esas conversaciones que me llamó la atención por sus planteamientos abiertamente esperpénticos. Por ejemplo, varias veces escuché repetir que en una isla cercana a Jamaica, Hillary Clinton y un grupo de destacadas personalidades de la élite del partido Demócrata norteamericano, unidos a célebres  figuras de Hollywood y de la política internacional, tienen un templo o santuario dedicado a Satanás, en el que sacrifican niños a los cuales, previamente, han sometido a violaciones, y luego de sacrificados, devoran su carne y sus cerebros en medio de rituales tan macabros que ni pueden ser imaginados.

Algún amigo mío habla también de ciertos cuatro pilares del “sistema” que están cayendo: la economía, la religión, la ciencia y la política. El Gobierno Secreto del Mundo o Estado Profundo (que algunos identifican con los Iluminati) los ha sostenido por siglos para cegar a la Humanidad y poder dirigirla a su antojo, pero ya se acerca el momento en que nuestro planeta va a dar un salto cuántico a una zona de la galaxia donde la vibración es mucho más elevada, y quienes no hayan preparado sus cuerpos y sus mentes para este gran salto tendrán que morir. Todo el proceso está dirigido por los habitantes de la constelación de Las Pléyades (los enigmáticos pleyadianos), quienes tienen a su cargo la evolución de los terrícolas para que puedan integrarse en un anillo cósmico de gran espiritualidad, y cuando demos ese gran salto, comenzará en la Tierra una nueva Edad de Oro sin guerras, sin enfermedad. La Realidad perderá todos los afeites con que la ha invisibilizado el Estado Profundo y aparecerá ante nuestros ojos en toda su prístina y avasalladora desnudez, y entonces ¡SABREMOS!… ¿Qué? Hasta ahora nadie me ha proporcionado una idea clara de lo que sabremos..

Estos sesgos discursivos, tan parecidos a una burda emulsión de mala ciencia ficción con antiguas profecías muy distorsionadas provenientes de la Biblia, el pueblo maya y otras culturas desaparecidas, y de cierta literatura delirante cuyo género no podría precisar, pero en la que percibo ecos de un pensamiento mítico muy antiguo (la Edad de Oro es un concepto presente en los albores de civilizaciones tan antiguas y disímiles entre sí como la griega y la maya, por solo citar dos ejemplos), corren en paralelo en La Habana con un incremento de grupos religiosos de confesiones protestantes, entre los cuales no los más numerosos, pero sí los más vehementes son, sin duda, los pentecostales. Pero los protestantes y, aunque menos, también los católicos, hablan obsesivamente de Satanás, un personaje que, salvo en la teoría conspiranoica del templo pedófilo de Hillary Clinton, no aparece ostensiblemente en el imaginario de mis amigos (hasta donde sé, casi todos ateos). Creí percibir también fragmentos de narrativas de ciertas sectas foráneas, algunas ya extintas y otras no tanto, pero todo lo demás ¿de dónde está saliendo? No se trata solo de pensamiento mágico —reacción lógica en sociedades de la Posmodernidad donde han señoreado por décadas discursos muy materialistas con fuerte base tecnocientífica—. Tampoco de las típicas teorías conspiranoicas sobre naufragios extraterrestres ocultos en bases militares como Roswell, inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay algo más. ¿Cómo llega toda esa pseudoinformación a una isla rodeada de agua por todas partes, y tan tardía en su sintonía con el mundo que ya José Martí en el siglo XIX la llamó “la comarca demorada”?

Mis amigos solo tienen respuestas vagas. Es evidente que no conocen o no cuestionan las fuentes de este entramado de realidades alternativas en el que están hundidos hasta las cejas, al punto de que ya no son capaces de pensar en términos de la vida real. Solo he podido sacar en claro dos pistas: que ellos obtienen esos materiales en forma de audios, libros digitales y documentos de Word que otros serviciales (¿?) amigos y conocidos les pasan en flash y tablets, y que uno de mis amigos está convencido de que Hillary Clinton perdió las elecciones del 2016 frente a Donald Trump no por el voto de los colegios electorales, sino porque se descubrió su red internacional de pedófilos, en la que también están involucrados el Dalai Lama y… el Papa Francisco. Cuando le pregunté de dónde obtuvo esa información respondió muy sorprendido: “¡Todo el mundo lo sabe!”. Pero en 2016 la prensa oficial cubana solo se refirió a la imputación hecha a Hillary por el Senado y las más importantes agencias de Seguridad de los Estados Unidos por hacer uso de un servidor de correos privado para tratar asuntos oficiales, entre los cuales había varios temas de alta sensibilidad para la Seguridad Nacional. Ni entonces ni después nuestros medios de comunicación han mencionado la supuesta red de pedófilos satanistas.

La primera pista indica la fuente: la Internet de otros países o conexiones en Cuba de banda ancha capaz de descargar (¿gratis?) videos de larga duración. La segunda pista es más compleja y tiene que ver con una antigua frase latina de uso clave en la Abogacía: cui bono: ¿quién se beneficia? ¿Quién sacaría partido de lanzar al fuego en el mismo saco a Hillary Clinton, el partido Demócrata y la Iglesia Católica, uno de los monoteísmos más poderosos y numerosos de la Tierra? Mis pobres amigos cubanos, ingenuos en su aislamiento, sumidos de lleno en sus océanos de pensamiento mágico —proceloso para quienes carecen de la más mínima noción antropológica sobre la naturaleza del fenómeno—, no tienen idea de ser receptores involuntarios de una conspiración política de alcance internacional que, como ahora sí ya está claro para mucha gente en nuestro planeta, puede, por imposible que parezca, alterar la faz del mundo.

Ya me referí en posts anteriores de este seriado al fenómeno digital 4chan, el tablón de imágenes o imageboard creado en 2003 en la Internet oculta por un adolescente norteamericano que terminó convirtiéndose en gurú tecnológico de prestigio internacional. 4chan demostró ser una tierra muy fértil, una especie de Jardín del Edén donde han florecido frutos tan disímiles como el grupo Anonymous de cyberactivistas, surgido en  2008 casi junto con la plataforma Wikileaks; el rocambolesco movimiento llamado QAnon (por sus tufos sulfurosos alguien se ha referido a él como nacido en las cloacas de Internet), aparecido en 2017, y una de sus últimas plantas exóticas de cuatro hojas: los Boongaloo Boys, un grupo que defiende el derecho de portar armas en público y quiere otra Guerra de Secesión en los Estados Unidos que ponga fin al Estado Federal. Se identifican por vestir camisas hawaianas y ropa de camouflaje. No tienen estructura jerárquica ni ideología definida, hay entre ellos neonazis, supremacistas, partidarios del movimiento Black Lives Mathers, anarquistas y casi cualquier tipo de cosa. Como todo fenómeno nacido de Internet acaba por saltarse las fronteras de sus webs y salir a varias partes del planeta. Por ahora es todo lo que diré sobre él.

Pero QAnon merece más atención.

QAnon tiene su bandera, que de algún modo vago recuerda un poco a la de la Repúblilca Independiente de Texas, tal vez sean los colores…

La aparición de este grupo en 4chan recuerda a muchos analistas un juego de realidad alternativa que, como muchos saben, no es lo mismo que un juego de rol. En líneas generales, los juegos de rol tienen siempre una especie de Maestro de Ceremonias llamado Director de Juego, quien crea una trama y media entre los jugadores-personajes, los cuales, responden, en ocasiones, a estructuras arquetípicas aunque no siempre es así. Cada jugador tiene libertad para crear su personaje, lo diseña, define sus características, su personalidad, su vestuario que en algunos casos suele ser un disfraz verdadero, por ejemplo de mago, druida, guerrero o princesa en los juegos de fantasía heroica; de estadistas, reyes y héroes en los de corte histórico. Los jugadores toman apuntes, emplean dados para decidir acciones, mapas y tableros para simular situaciones, no hay un guión y todo se basa en la improvisación. Hay un consenso totalmente consciente entre los jugadores, quienes se reúnen, por lo general, en casas particulares con la única intención de pasar un rato agradable entre amigos. Todos saben que están participando en el juego de forma voluntaria, y el juego terminará en algún momento, bien porque la narrativa concluye o porque los jugadores tienen que volver a sus casas a ocuparse de sus vidas reales.

Amigos participando en un juego de rol
Dados y otros elementos empleados por los jugadores de rol. En ocasiones se usan disfraces.

Un juego de realidad alternativa es otra cosa. Aunque la imaginación humana es inagotable, este tipo de juegos suele responder casi siempre a la siguiente estructura: una persona recibe por mail, por una llamada telefónica, por una carta o por cualquier otro medio (puede ser hasta un subrayado en su periódico favorito) un mensaje anónimo que lo invita a jugar. Si acepta, recibirá otro mensaje donde se le ordena cumplir una misión. Cada mensaje contiene instrucciones para cumplir metas de la tal misión y, al mismo tiempo, instrucciones para alcanzar el próximo hito en el juego.

Jugador de realidad alternativa busca códigos encriptados y ppistas que le conduzcan a su nueva misión

Vea el lector  la definición que he tomado del sitio https://hipertextual.com/2015/06/juegos-de-realidad-alternativa:

La naturaleza de los juegos de realidad alternativa es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

La premisa más importante de los ARG ha sido acuñada en la frase “Esto no es un juego”, pues los participantes no deben ser capaces de distinguir entre el juego y la realidad. La línea que separa ambos universos debe ser muy fina, casi irreconocible. Las reglas del juego no deben ser específicas, sino que deben ser descubiertas por cada individuo. Asimismo, la historia del juego no se presenta de forma cronológica, el participante debe descubrirla juntando piezas dispersas en distintos medios, por lo que resulta imprescindible que todas las piezas tengan cierta concordancia y conexión.

Otra parte fundamental de los ARG es que se desenvuelven en múltiples espacios. Mientras que cuando juegas un videojuego estás limitado a un mundo imaginario en la consola, o bien la experiencia de un juego de rol se limita a un tablero o a un lugar y tiempo reducido en el caso del LARP; las piezas de los ARG se esconden dentro de la red, en los espacios públicos, en otros individuos; puede cobrar forma en un pasaje de la literatura universal, en las palabras de un extraño, en una llamada telefónica misteriosa y mucho más.

En los ARG, la vida real es un medio; no es necesario crear un alter ego, un avatar. Quienes participan deben ser ellos mismos dentro del juego, unas personas normales que se encuentran con un reto a superar y se verán obligados a buscar pistas en su cotidianidad. Es por esta característica que se convierten en experiencias comunitarias. A pesar de que los ARG son poco difundidos en un principio, la naturaleza del juego es permitir que los individuos se conecten y vayan integrando cada vez más personas a la experiencia, creando una comunidad.

No solo las personas mentalmente inestables, sensibles a la sugestión, solitarias o con personalidades mal estructuradas pueden llegar a confundir el juego con la realidad. Puede ocurrirle a cualquiera, porque estos juegos demandan de sus jugadores un muy elevado sentido del compromiso, de modo que si usted acepta jugar, juega y muy en serio, aunque jamás llegue a saber quién lo está dirigiendo, porque eso es parte (y muy excitante) de esta clase de juego. A mí se me parece al funcionamiento de la mente ezquizofrénica, en la que el enfermo recibe órdenes cuya fuente no siempre puede identificar, pero se siente obligado a cumplir inexorablemente. Puede darse el caso de que un jugador, sentado frente a su tele, crea descubrir un mensaje encriptado en las palabras del conductor de su programa favorito, que le envía a visitar de madrugada un cementerio, robar una tienda o caminar desnudo por su centro de trabajo. Es un encadenado de retos. La situación es tan fascinante como plástica y ha inspirado novelas, filmes, obras de teatro… Las redes sociales son mecanismos ideales para poner en marcha juegos de realidad alternativa, sobre todo si la red en cuestión es un sitio de la internet oculta que se caracteriza por tener el anonimato como su regla fundamental y una libertad de expresión casi total. Literalmente, un paraíso para troles.

En octubre de 2017, apenas un año después de que Donald Trump resultara electo Presidente, apareció en 4chan una cuenta a nombre de “Q Clearance Patriot” (Q patriota con permiso de seguridad). La letra Q, en el puesto 17 del alfabeto occidental, es la clave del más alto nivel de acceso de seguridad en el Departamento de Energía de la Casa Blanca vinculado con programas nucleares. Anon es el diminutivo de Anónimo, la firma que distinguió a 4chan y a otros muchos sitios de la internet sumergida. Q se convirtió en QAnon. ¿Quién era?  Un individuo o varios, un trol, un loco, pronto dejó de importar: en 4chan había desembarcado el Octavo Pasajero, que llegaba al mundo respondiendo algún comentario referente al Pizzagate —tan convenientemente estallado un mes antes de las elecciones presidenciales donde Hillary perdió la Presidencia—, y anunciaba:

La extradición de HRC [Hillary Rodham Clinton] ya está en marcha efectiva ayer con varios países en caso de huida por frontera. Pasaporte aprobado para ser señalado el 30/10 a las 12.01am. Esperar que ocurran disturbios masivos como respuesta y otros huyendo de EE UU. Marines dirigirán la operación mientas Guardia Nacional activada.

El tono del mensaje, calificado por el periodista Jordi Pérez Colomé de conciso, peliculero y críptico, se repitió en el segundo mensaje de QAnon:

¿Dónde está Huma [Abedin, asesora de Clinton]? Seguid a Huma. Esto no tiene nada que ver con Rusia (aún). ¿Por qué Trump se rodea de generales? ¿Qué es la inteligencia militar?.

Todo era un pastiche de gran incoherencia, pero… ¿quién dijo que el pensamiento racional suele imponerse en los asuntos humanos?

Ninguna persona en su sano juicio hubiera podido imaginar lo que sucedería a continuación. QAnon siguió comunicándose con sus cada vez más respetuosos y atentos seguidores, que se multiplicaron como amebas. A través de mensajes como los anteriores —que sus admiradores comenzaron a llamar “gotas” o “migas” que ellos debían amasar pacientemente hasta obtener un mensaje—, fue construyendo lo que podríamos llamar la trama maestra de este movimiento entonces naciente: un Gobierno Secreto o Estado Profundo, formado por una camarilla internacional poseedora de enormes riquezas, satanista, pedófila y caníbal gobierna el planeta. Los altos militares del Pentágono reclutaron a Donald Trump para enfrentarse a este grupo siniestro y maléfico y liberar al mundo de su tiranía, algo que, por supuesto, Trump no puede hacer público aún, pues en él se concilian las inconciliables condiciones de ser el Presidente de la primera potencia mundial y al mismo tiempo un luchador encubierto del Bien. Su misión es desbaratar y exponer toda esta red de miserables seres humanos y darles su justo castigo, además de “hacer grande a América otra vez” (slogan puntero de su campaña presidencial), salvando el Sueño Americano amenazado por la mezcla de razas, eliminando a los indeseables inmigrantes mediante la construcción de un muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera con México, y restaurando la economía hasta que de las cloacas americanas broten torrenteras de oro.

Pero QAnon fue más lejos: en 2016, la investigación sobre la posible interferencia de Rusia en las elecciones en favor de Trump, conocida como “la trama rusa” [1], llevada a cabo por Robert Muller, Fiscal Especial del Departamento de Justicia, era una tapadera, pues Muller, en realidad, trabajaba encubierto junto con Trump en esta Cruzada justiciera, y los dos contaban con el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El momento inmediato a la culminación de su misión, que QAnon llama El Gran Despertar, llegará cuando el mundo descubra la maldad del Estado Profundo, y la gran batalla que Trump desencadenará entonces para llevar a los culpables a su destino final en la base de Guantánamo, es llamada por los adeptos de QAnon La Tormenta. “Somos la Tormenta”, dicen, y “A donde va uno, vamos todos”. Son sus consignas insignia. Lo de tormenta proviene de un filme de Ridley Scott, Tormenta blanca, tal vez recordado por Trump en una ocasión en que se reunió con militares en la Casa Blanca y comentó a la prensa presente: “¿Saben a qué se parece esto? A la calma antes de la tormenta”, y cuando un periodista le preguntó qué significaban sus extrañas palabras, respondió sibilino: “Ya lo veréis”. Algunos jocosos, a su modo también teóricos de la conspiración, han querido ver en El Gran Despertar un recordatorio de la famosa píldora roja que, tomada por los protagonistas La Matrix, los ayuda a despertar del sueño-vida virtual en que vivían sumidos. La apoteosis de La Bella Durmiente.

Al decir de un analista de QAnon, su semejanza con un juego de realidad alternativa está dada porque sus narrativas “combinan diferentes elementos que dan a la gente sentido y placer: es en parte análisis, en parte juego, en parte fe. Los miembros descifran pistas, se conectan unos con otros y se inspiran para ver una versión de la verdad que es épica, religiosa y sensacionalista. Se sienten atraídos por tener estas revelaciones y por entrar en la lucha por la verdad”.

Para colmo de increíbles, Trump ha dado su aval públicamente a esta teoría de la conspiración llamada QAnon, en cuyo vientre se agitan mil y una pequeñas subtramas tan conspiranoicas como la trama madre. En medio de la pandemia causada por la Covid-19 y las protestas desatadas por el asesinado del afroestadounidense George Floyd, fue interrogado por la prensa sobre QAnon, algunos de cuyos miembros ya comenzaban a aparecer en sus mítines portando distintivos con la letra Q sobre pancartas y ropas. Estas fueron las respuestas presidenciales a la entrevistadora de Democracy Now:

D.T.: Bueno, no sé mucho sobre el movimiento, aparte de que, según entiendo, soy muy de su agrado, lo cual agradezco. Estas son personas que no les gusta ver lo que está pasando en lugares como Portland y lugares como Chicago y Nueva York y otras ciudades y estados. Y he escuchado que estas son personas que aman a nuestra patria y simplemente no les gusta ver lo que está pasando. Entonces, no sé realmente nada al respecto, aparte de que, supuestamente, soy de su agrado.

REPORTERA: En el centro de la teoría radica esta creencia de que usted está secretamente salvando al mundo de un culto satánico de pedófilos y caníbales. ¿Le parece que usted puede respaldar algo así?

D. T.: Bueno, no he escuchado eso, pero, ¿se supone que es algo malo o bueno? Me refiero a que, si puedo contribuir a salvar al mundo de sus problemas, estoy dispuesto a hacerlo.

Los anónimos seguidores de Q ya no tienen que conformarse con envidiar a sus tradicionales héroes modélicos Tarzán, Superman, Dick Tracy, James Bond o Batman: ahora ellos mismos son los héroes y esas conspiraciones falsas se han convertido en los ejes de sus vidas. Sienten que dejaron de formar parte del sumiso y oprimido cuerpo de baile de la sociedad: se han convertido en primas ballerinas.

Las hipótesis sobre la verdadera identidad de QAnon siguen en el candelero y no falta quienes estén convencidos de que se trata del propio Donald Trump. El dedo identificador también señala a un tal Timothy Charles Holmseth, supuestamente periodista laureado, colaborador encubierto del FBI y autoproclamado “cabeza de la Fuerza de Tareas del Pentágono Contra la Pedofilia”, quien ha revolucionado las redes sociales y algunos sitios productores de fake news con una sensacional noticia:  la operación llevada a cabo en Nueva York por las autoridades navales del Gobierno para liberar a miles de niños a quienes la red de pedófilos demócratas mantenía cautivos en unos túneles siniestros que conectan con la residencia de Hillary Clinton. Se me ocurre que el apellido Holmseth podría ser un constructo entre el del celebérrimo detective de ficción Sherlock Holmes y el nombre Seth, dios egipcio serpentiforme de remota antigüedad a quien hoy se le tributa un culto satánico en los Estados Unidos. He buscado en vano en Internet referencias a la carrera periodística de Holmseth, su  órgano de prensa, sus lauros y, por supuesto, sus datos biográficos, pero hasta ahora no he encontrado más que unas páginas donde aparece la foto de un hombre de aspecto desagradable, desaseado y torvo, una cara que uno nunca le pondría a un periodista en un juego de rol. Ni siquiera la prensa seria que cita su información sobre el rescate de los niños ofrece detalles específicos sobre él. Hay afirmaciones de check points acerca de que La Fuerza de Tareas del Pentágono contra la Pedofilia no existe. Siento que, de existir, dicho grupo tendría poco que ver con el Pentágono. Tendría más sentido encontrarla como un Departamento del FBI o la NSA. Y si este tal Holmseth realmente trabaja encubierto en una investigación del FBI sobre pedofilia, ¿cómo es posible que haya publicado información sobre el caso con fotos incluidas, explicando el papel que juega él mismo en esa investigación? ¿Por qué casi nadie se dedica a desmontar informaciones o, cuando menos, a cuestionarlas? Hasta este momento, Holmseth tiene toda la pinta de ser un bulo, y uno burdísimo, además. Sin embargo, su “noticia” del rescate de los niños cautivos ha sido replicada en mucha prensa seria más allá de las fronteras estadounidenses.  De cualquier modo los seguidores de QAnon no quieren saber mucho sobre Holmseth, porque prefieren seguir alimentando la esperanza de que su guía misterioso tenga un único nombre: Donald Trump, el redentor.

Pero el problema no radica exactamente en la identidad de QAnon, sino en el movimiento creado a partir de su aparición en 4chan.


[1] A pesar de que Trump se ha declarado públicamente “exonerado” de la acusación de estar coludido con Rusia en este caso, Las conclusiones del Fiscal Muller nunca lo declararon inocente. Por el contrario, la investigación concluyó haber hallado evidencia de interferencia rusa en esas elecciones, aunque no pruebas de que Trump estuviera coludido con el Gobierno ruso. Trump criticó duramente la investigación de Muller y conmutó la pena impuesta a su colaborador Robert Stone, acusado de entablar algún tipo de negociación con funcionarios rusos y condenado por manipulación de testigos, obstrucción de la justicia y mentir al Congreso. Después, Trump intentó destituir a Muller. (Continuará…)

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LA VIDA SECRETA DE CRISTÓBAL COLÓN

Hernando Colón, el bastardo genial

Si piensas que lo sabes todo sobre la vida de uno de los hombres más grandes de la Humanidad, Cristóbal Colón, el Gran Almirante que descubrió el Nuevo Mundo (el mérito de otros candidatos nunca ha sido definitivamente demostrado), estás en un error, porque hay mucho más en esa existencia deslumbrante -que terminó en la oscuridad de un monasterio, aunque no precisamente en la pobreza como asegura su leyenda- que sus viajes, sus fracasos y sus desavenencias con sus mecenas y protectores.

 Sus biógrafos se han entregado con pasión a la tarea de establecer su lugar de nacimiento: ¿era portugués, era genovés, era gallego, era judío…? y nada aún se sabe a ciencia cierta. De sus amores tampoco hay mucha información, y es poco conocida la existencia de un hijo bastardo, Hernando, con una personalidad tan telúrica y sorprendente como la de su padre. ¿Fue su único vástago concebido en tal condición? No fue su único hijo, se sabe que tuvo dos, Fernando y Diego, concebidos en legitimidad, pero ningún miembro de su prole tuvo la estatura  intelectual de Hernando Colón, cuyas hazañas y empeños hacen que muchos le consideren en ciertos aspectos más grande aún que su progenitor. Este “hijo del pecado” tuvo una relación muy estrecha con Colón, y le acompañó en el ultimo de sus viajes al Nuevo Mundo.

 Pero Hernando no fue únicamente un navegante o un aventurero. Fue mucho más que eso: fue un hombre de letras típico producto del Renacimiento, un humanista, un polímata que consagró sus esfuerzos a la realización de un proyecto sumamente ambicioso para su tiempo: la creación de una biblioteca universal que abarcara todos los libros, folletos, partituras de música, pasquines y grabados que existieran en el mundo. De todas las culturas, en todos los idiomas. Además, fue uno de los cartógrafos más importantes de su época, ocupó cargos públicos y escribió una biografía de su padre que durante mucho tiempo fue la única referencia conocida sobre la vida del Gran Almirante. Comenzó a trabajar en una tarea que resulta ardua para cualquier momento de la Historia: la creación de un Diccionario; además hizo una enciclopedia geográfica de España, reunió la colección de grabados y partituras de música más grande de su época y comenzó el que se cree puede haber sido el primer jardín botánico del mundo (lo cual es discutible, pues Moctezuma, el emperador azteca asesinado por Hernán Cortés, había tenido con anterioridad un jardín con especies raras y un zoológico con animales  variados y extraños, ubicado en los terrenos que hoy ocupa el bosque de Chapultepec, en el Distrito Federal de México). Y todo esto en pleno siglo XVI, lo que significa que  Hernando no contó jamás con la inmensa cantidad de medios y recursos que conocemos hoy para llevar a cabo el más simple de sus proyectos.

 Como bibliotecario fue prolijo hasta la obsesión. Anotaba con inmenso cuidado en cada uno de sus libros la fecha y lugar donde los había adquirido, y también el precio que había pagado por el ejemplar en cuestión. Quería construir una biblioteca universal que, de haberlo logrado, tal vez habría sido una réplica o una continuación de la legendaria biblioteca de Alejandría. Pero su proyecto más asombroso y descomunal fue la escritura de su Libro de los epítomes, en el que se propuso condensar, catalogar y clasificar todo el conocimiento acumulado por la Humanidad con fines de consulta rápida, pues contenía un resumen de cada libro a manera de los actuales tarjeteros y bancos de datos digitales usados en las bibliotecas, lo que facilitaba la tarea de ubicar cada título con prontitud, por lo que Hernando Colón puede aspirar con todo derecho al título de precursor de Google.

Libro de los epítomes

Los pocos biógrafos de don Hernando piensan que, como todo hijo de un gran hombre o una gran mujer, aspiraba a igualar de algún modo las hazañas de su padre. Como bastardo no le correspondía recibir ni títulos ni herencias de la familia paterna, que Colón legó a Diego, el mayorazgo, en su testamento y, en su defecto, a todos sus descendientes varones en una larga línea de continuidad en la que Hernando no figuraba, así que el bastardo genial tenía que hacerse a sí mismo, y esculpirse en tamaño colosal si quería emular la grandeza de Colón y ser digno de su gloria. Consciente de que legaba al mundo la única imagen del Descubridor de la que se dispondría por mucho tiempo, trabajó en su biografía con cuidado sumo. Se cree que en su mayor parte el resultado de su trabajo es confiable, pero hoy sabemos que omitió información, lo que se explica por el hecho de que su cercanía con el Gran Almirante le permitió conocer muchos de sus secretos y de algunos hechos suyos que pueden calificarse de censurables y hasta terribles. ¿Convenía revelarlos a quien quería legar al mundo una imagen esplendente de su padre? Evidentemente no, y es comprensible. Calló, por ejemplo, con total discreción el hecho de que en los últimos años de la vida de Colón este padeció trastornos de su equilibrio mental y emocional cercanos a la demencia. Tampoco menciona la megalómana insistencia de Colón en considerarse a sí mismo como enviado por Dios para llevar a cabo su gran misión, aunque este pensamiento no era inusual en un hombre de su época, ni mencionó que al final Colón reconoció que su afirmación largamente sostenida de haber llegado a las Indias Occidentales era falsa. También resulta notoriamente sospechosa la omisión de las cartas personales de Colón. Hernando escribió la biografía de su padre treinta años después de su muerte, en un momento en que algunos de sus detractores estaban afirmando que le habían precedido en el descubrimiento del nuevo continente, así que en cierto modo, la escritura del hijo fue un acto en legítima defensa de la memoria del padre, quien, como es sabido, murió humillado y olvidado, víctima del rechazo y el desprecio de muchos de sus contemporáneos, con sus títulos honoríficos arrebatados y su reputación arrastrada en el lodo. La verdad total, pues, no parece haber sido una opción a considerar por Hernando en momentos como aquellos.

Un dato curioso es que Colón no fue un erudito, sino más bien un marino de basta y rudimentaria educación que solo poseyó durante toda su vida cuatro libros, su único legado para Hernando, y entre ellos se encontraban los Viajes de Marco Polo, un viajero que sin duda lo inspiró mucho en sus afanes de encontrar una nueva ruta hacia los países fabulosos que Polo tan bien describió.

Como su padre, y como todo humano que se empeña en la consecución de metas grandes y difíciles, Hernando tuvo momentos de fracaso y frustración, como cuando perdió en un viaje marítimo de Italia a España gran parte de su preciada biblioteca. Pero siguió adelante y se propuso reemplazar cada ejemplar perdido. Poseía una tenacidad genética y la perseverancia indispensable para quienes se consagran a un propósito que les supera.

A su muerte, su descomunal biblioteca fue a parar a manos de su sobrino, hijo de su hermano Diego, pero el sujeto no estaba interesado en tal tesoro. No se conocen los avatares sufridos por los libros a partir de aquel momento, solo que fueron a parar a un convento donde los encontró, por ese fenómeno que Lezama llamó el azar concurrente, nada menos que fray Bartolomé de Las Casas, quien los utilizó para escribir su Historia de las Indias. Luego la Inquisición, recelosa ante un conglomerado tal de conocimientos de toda índole y que escapaba a su control, los encerró en la catedral de Sevilla, donde cayeron en un oscuro olvido que ha durado siglos. Hoy pueden ser consultados allí con un permiso especial que solo se concede en casos muy puntuales.

Como su antecesora, la celebérrima biblioteca de Alejandría, la biblioteca de Hernando Colón sufrió el destino reservado a muchas de las grandes hazañas del saber humano: no llegar jamás al destinatario para el que fueron concebidas: la Humanidad.

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Aubrey Breadsley, victoriano renegado

En mi infancia fui una gran lectora de cuentos de hadas. Mi madre me regaló una colección de casi cuarenta tomos con cubierta de pasta, cada uno dedicado a un país, y con unas ilustraciones a color en blanco y negro que despertaron en mí el deseo vehemente de dibujar. Eran de tal preciosismo aquellas imágenes, tan evocadoras de un pasado glorioso y lleno de belleza y esplendor, que cuando pasaron muchos años y vi por primera vez las ilustraciones y dibujos de la artista plástica cubana Duchi Man Valderá, de ascendencia china, los recuerdos me invadieron en tropel: “Yo he visto esto antes”. Y Duchi me mostró algunos dibujos del ilustrador y cartelista inglés Auber Bearsdley. La impresión me dejó en silencio por unos instantes. Claro que las ilustraciones de mis libros infantiles no eran suyas, sino de alguien influido por su estilo, pero ¡cuánta belleza dejaron en mí para siempre!

Aubrey Beardsley es la representación humana de una paradoja repleta de burla. Nacido en Brighton, Inglaterra, en 1872, se convirtió en una de las cabezas más visibles de la notable cosecha de artistas erotómanos y pornógrafos que ha dado la sociedad más pudibunda de los tiempos modernos: el victorianismo, que lleva ese nombre porque abarca el largo período del gobierno de la reina Victoria y Alfredo, su rey consorte de origen alemán, quienes impusieron a los ingleses un modo de vida austero basado en la represión de los instintos más básicos del ser humano. Entiéndase que estamos hablando del sexo.

Pero como suele suceder con todas las imposiciones que pretenden violentar la naturaleza humana, la sociedad victoriana vio florecer en su seno el más grande número de prostitutas que Inglaterra hubiera conocido hasta el momento, la más terrible promiscuidad en los barrios bajos, la pederastía y, en el arte, al grupo más irreverente de escritores, poetas, pintores, dramaturgos y músicos que imaginarse pueda, a cuya cabeza se encontraban Oscar Wilde y Aubrey Beardsley, críticos despiadados, sarcásticos y grotescos de la falsa moralidad de su época. Es bien conocido el juicio por homosexualidad que tuvo que sufrir el elegante Wilde, dandy carismático y príncipe de salones y tertulias londinenses, y que lo envió por dos años a realizar trabajos forzados en la cárcel, de donde salió quebrado en cuerpo y alma y con su chispeante ingenio definitivamente apagado, pero la vida de Beardsley, al menos en Cuba, se conoce solo por un círculo de culto formado por sus admiradores.

Beardsley fue un genio precoz. Educado por su madre, maestra de música, a los seis años ya tocaba el piano como un intérprete adulto y bien dotado. A los doce, debido a dificultades financieras de su familia, él y su hermana Mabel fueron a vivir con una abuela a una mansión ubicada en las cercanías de una iglesia. En el templo se ofrecían veladas musicales, y el pequeño Aubrey llegó a dar conciertos junto con su hermana. Fue probablemente allí donde vio por primera vez las vidrieras pintadas por los prerrafaelitas, muchas de ellas con temas medievales, que atraían con gran fuerza a este grupo de artistas de la plástica rompedores del academicismo de la Royal Socieity que dominaba la pintura inglesa de aquel tiempo. También se dice que Alfred Gurnet, conocido de la familia y coleccionista, fue quien le descubrió el arte del Renacimiento y los dibujos prerrafaelitas. Ambas posibilidades no se excluyen.

El joven Aubrey comenzó a trabajar en una firma de arquitectos, pero a los dieciocho años conoció al pintor Edward Burne-Jones, el más espiritual y místico de los prerrafaelitas. Se dice que Aubrey abordó por sorpresa al pintor, cuya figura magra y ascética, semejante a los personajes de El Greco, era muy acorde con su temperamento solitario y ensimismado, y le mostró una carpeta con sus dibujos. Burne-Jones tuvo una reacción alejada de su habitual timidez y retraimiento, y habló con espontaneidad al adolescente: “Rara vez, más bien nunca aconsejo a nadie que se dedique al arte como profesión, pero en tu caso es lo único que puedo hacer”. Aubrey, gran admirador de la obra de Burne-Jones, abandonó la arquitectura e ingresó de inmediato en la Academia Westminster de Arte.

Acosado por la tuberculosis desde la edad de siete años, Beardsley tuvo siempre una salud muy endeble y un físico en correspondencia. Como su amigo Oscar Wilde, era de muy elevada estatura, con una delgadez extrema delgado. Wilde dijo de él que tenía una cara como un hacha de plata y pelo de color verde hierba. Sus manos, de dedos largos y ahusados, se movían con elegancia y eran veloces como alas. Muy en el estilo de los artistas victorianos en rebeldía, era un dandy que vestía de manera impecable. Aunque le atraían mucho las mujeres, sus biógrafos hoy creen que se trataba, más bien, de una inclinación estética y espiritual más que carnal. Lo mismo dicen los historiadores y biógrafos cubanos de nuestro poeta modernista Julián del Casal, un alma también extrema e hipersensible. Beardsley fue una personalidad a contracorriente que no tuvo paz con la época que le tocó vivir, con su hipocresía y su falsedad social. Declaraba: “Lo peor es la dolorosa ortodoxia de aquellos individuos que reclaman a Shakespearecomo su poeta favorito, a Beethoven como su compositor favorito y a Rafael como su pintor favorito […] Yo, si no soy grotesco, no soy nada”.

Inglaterra, sin dejar de reconocer a Beardsley como a uno de sus más importantes artistas de la plástica, nunca le ha tributado homenajes abiertos, tal vez por el rechazo que genera en la flema inglesa y su sentido de la corrección social la tendencia del artista hacia la sexualidad grosera, la impudicia, la pornografía que reina en buena parte de su obra, en la que abundan escenas eróticas, de lesbianismo y homosexualidad y situaciones descarnadas relacionadas con el sexo, pero que siempre denuncian alguna farsa social. No obstante, si Beardsley fue uno de esos artistas que se crearon una imagen pública escandalosa y vivieron de acuerdo con su propia creación, exagerando siempre y haciendo lo que fuera necesario para atraer la atención y desafiar al mundo, fue muy sincero en su arte. En una ocasión confesó las motivaciones internas que lo impulsaban a dibujar de aquella manera en apariencia tan impúdica y descarnada: “Yo pinto a los demás tal y como los veo. Cuando voy al teatro, por ejemplo, las cosas se moldean ante mis ojos y las retrato así: la gente en el escenario, las luces, las caras extrañas y el atuendo de la audiencia. Todos me parecen raros. Las cosas siempre me han impresionado así”. Sin duda se trataba, en su caso, de una predisposición natural, más bien biológica, tal vez relacionada con alguna alteración neurológica muy solapada.

Sin embargo, lo que lanzó a Beardsley a la fama fue su primer trabajo: la encomienda que recibió en 1893 de ilustrar una edición de lujo de la obra de sir Thomas Mallory La muerte de Arturo, basada en un episodio de la saga del rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, epítomes del folklore mítico de la nación inglesa. Beardsley realizó en dos años unas 360 ilustraciones, con influencia visible de Burne-Jones y del estilo Art And Carft, el emporio de artes aplicadas creado por el prerrafaelita William Morris, de quien ya he hablado en este blog. He visto imágenes de algunas partes de esta edición, y en verdad es un trabajo que no puede ser ponderado más que diciendo que parece la obra de un espíritu medieval. Extraordinariamente bello libro, por el cual le pagaron doscientas cincuenta libras, suma que le permitió desde entonces vivir únicamente de su arte.

Ese mismo año Beardsley trabajó en las ilustraciones de la obra Salomé, de su amigo Oscar Wilde En abril de ese año, Joseph Pennell, famoso grabador estadounidense, introdujo al nuevo ilustrador en el primer número de la revista The Studio. Beardsley también   comenzó a colaborar en Yellow Book, una revista de arte y ensayo, con ilustraciones a menudo eróticas cuyo tema principal era la vida mundana. Wilde fué detenido en abril de 1895 acusado de sodomía por su relación con lord Alfred Douglas, y condenado a dos años de trabajos forzados. En el momento de su detención se le ocupó un ejemplar de la revista. Aunque Beardsley no tenía nada que ver en la precaria situación de Wilde, como era el director artístico de la puesta en escena de Salomé, fue despedido de su puesto en Yellow Book. A partir de ese momento comenzó a desarrollar un estilo muy elaborado, con una mejor percepción del espacio y menos bicromía, en el que destacaba la utilización del puntillismo. Con estas nuevas ilustraciones, Beardlsey se distanció del Art Nouveau.

En 1896 Beardsley ilustró de modo magistral Lysistrata, una comedia erótica del dramaturgo griego Aristofánes (447–385). A partir de esa fecha comenzó a dibujar carteles, aunque su entrega artística mayor fue siempre para la ilustración. Sus carteles poseen un estilo muy personal y reconocible, basado en los efectos de luz, la desnudez de las figuras, anacronismos notorios y risibles, y personajes raros y graciosos.

En 1891 Aubrey visitó junto a su hermana Mabel la famosa galería de arte Peacock Room, en la mansión londinense del millonario Frederick Leyland, un templo personal erigido a la obsesión por Japón que se había apoderado de los europeos en la época, y de la que también fue víctima y cultor nuestro Casal. La mansión, abierta al público, exhibía muchos dibujos japoneses que fascinaron a Beardsley. “Me encontré con un método de dibujo y composición completamente nuevo, algo sugerente y cercano a Japón … Los sujetos son bastante locos y un poco indecentes”, le escribió a un amigo.

Las características más importantes del estilo de Breadsley como ilustrador son sus dibujos en tinta, que abarcan una amplia zona temática que va desde el erotismo y la historia hasta los clásicos de la literatura universal. Estas imágenes tienen amplias zonas negras en contraste con otras blancas igualmente extensas, y zonas de detalle fino con otras totalmente planas y vacías; sus figuras se tuercen en incurvaciones de gran sensualidad que, si bien son propias del arte japonés, también encontramos en los cuadros de Burne-jones, influido por el arte pictórico de los renacentistas italianos Sandro Boticcelli y Andrea Mantegna, en cuya admiración inició a Breadsley. Se trata de esa torsión manierista tan propia de ciertos artistas religiosos posteriores al Renacimiento, que adquiere en el arte japonés otras connotaciones. Pero si bien a Beardsley lo ganó el estilo nipón, no pudo traicionar su propio espíritu provocador y perverso y siguió haciendo de las suyas. Un ejemplo de ello es su ilustración conocida como El examen de The Herald, en la que puede verse a un juez que analiza muy de cerca los descomunales genitales erectos de un joven ateniense. En verdad, no podía renunciar a la obscenidad como arma de combate. Era un rebelde irredento con un fondo temible de amargura y pesimismo. Su atracción por lo macabro está presente en las ilustraciones que realizó para las obras de Edgar Allan Poe.

Un crítico de arte describió así su trabajo:

Beardsley está influido por el simbolismo y el esteticismo, la contrapartida británica al decadentismo y el simbolismo. Su estilo de gran sensibilidad imaginativa y hedonismo así como su temática, en ocasiones macabra, le sitúan dentro del movimiento artístico europeo del fin-de-siècle. Sus obras tienen cierta atmósfera «fatalista».

“Culto, divertido, famoso, ingenioso, snob”, su personalidad desafiante, pero en extremo carismática, le permitió frecuentar y contar en su círculo íntimo a grandes personalidades del Londres cultural de la época y de otros países, a quienes tuvo por amigos, como el retratista William Rothenstein, el ensayista y caricaturista Max Beerbohm, el crítico de arte y dealer Robert Ross y el amigo y ex amante de este último, Oscar Wilde. En sus últimos tiempos se hizo también íntimo del poeta W.B. Yeats, el pintor Charles Conder y el escritor franco ruso Marc-André Raffalovich.

Durante el renacimiento del Art Nouveau, estilo artístico del cual Breadsley fue una de sus figuras más representativas -junto con el cartelista Mucha-, su trabajo fue revalorizado y sirvió de inspiración para importantes artistas como Kandinsky y Picasso. Sus obras han servido como referencia para proyectos como los dibujos animados de Heinz Edelmann que formaban parte de la película Yellow Submarine de The Beatles. Fue un adelantado a su época en cuestión de juicios estéticos, y uno de los primeros artistas en comprender el valor de la publicidad. Reconoció la importancia del cartel y fue el primero en decir de los posters: “El arte ha llegado a las ciudades”. También se le considera un pionero de la estética queer.

Siempre tuvo el presentimiento de que su existencia no sería larga. “Viviré tan poco como  (el poeta) Keats”, solía asegurar. Durante los dos últimos años de su vida, que pasó en Menton, su salud estaba tan debilitada que se encontraba prácticamente inválido, pero nunca dejó de trabajar. Su estilo se volvió aún más recargado y amanerado, casi rococó. Se convirtió al catolicismo y renegó de su obra anterior, rogando que fuera destruida. Tal como había profetizado, murió a los veinticinco años, la misma edad de Keats, en La Riviera francesa. Como lord Byron, fue el augur de su propia muerte.

Recomiendo a quienes se sientan motivados por este artículo, que busquen la edición cubana de la novela Genji Monogatari, de la escritora japonesa Murasaki Chikibu (siglo XII), ilustrada por la artista cubana Duchi Man Valderá, para que puedan reconocer en esas ilustraciones -y en otras que prestigian ediciones de la casa editorial Gente Nueva-, para que puedan reconocer en el amor por el detalle y la delectación en la decoración la influencia de Beardsley. Es algo hermoso de ver cómo la huella de los grandes creadores atraviesa el tiempo y el espacio y germina en jóvenes artistas de latitudes y culturas lejanas.

'Isolde' de Beardsley
Lysistrata Haranguing.

Salomé.

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EN MEMORIA DE ALBERTO MESA COMENDEIRO

NOTA: Hace ya muchos años yo premié este cuento de mi amigo Alberto en un concurso Calendario, creo. Alberto escribió bastante, lo suficiente como para ser considerado un escritor de ciencia ficción. La falta de apoyo, los malos amigos que le cerraron caminos y la indiferencia de las editoriales solo cariñosas con nombres muy conocidos, impidieron que su obra fuera publicada y tuviera el reconocimiento que merece. Sus ideas fueron atrevidas y muy originales, jamás tomó de prestado de otros escritores, famosos o del patio. Él tenía su ética personal, y vivir de acuerdo con ella le costó un altísimo precio: su propia vida.

Quiero dedicar este cuento que vuelvo a publicar, a su novia de los años, la gallega fidelísima que tanto lo ama todavía, Esther Vázquez Otero. Ella es su viuda y mi amiga.

Una edición mejor que la que ofrezco, hecha muy de prisa,y mucho más fiel a su estilo narrativo, puede ser leída en http://bibliotecadelnostromominatura.blogspot.com/2015/08/fantasmas-inocentes-por-alberto-mesa.html.

FANTASMAS INOCENTES

No pierdo la esperanza de que algún día la obra de Alberto llegue a las editoriales, ni renuncio a mi sueño de que se me permita ser su editora. Sí digo, aunque esto jamás suceda, que sin Alberto la historia de la ciencia ficción cubana nunca estará completa. Una historia más de injusticias literarias, envidias y crueldades.

De todos los oficios que hay en el mundo, por qué el de matar tiene que ser el peor? Ser un asesino no es tan terrible como todos piensan. No es más que un trabajo como otro cualquiera. A fin de cuentas, si todos tienen que morir tarde o temprano… Matar también es el único oficio que no necesitamos aprender, porque lo llevamos en los genes desde mucho antes de ser civilizados. Matar es un placer, un gozo primordial, y el único arte que ha sobrevivido a todas las culturas. Un arte que encierra la mayor de nuestras contradicciones: no queremos morir pero nos encanta matar! Es algo que todos saben. Algo que yo sé. Y no me importa. Cuando ya estábamos cerrando la selección de trabajos a publicar para este número de Korad, recibimos la triste noticia del fallecimiento de Alberto Mesa Comendeiro, amigo, escritor y fundador de varios talleres de ciencia ficción y fantasía, quien murió de una trombosis a la edad precoz de 43 años. Ni a nadie. Es mi oficio; yo mismo lo elegí y no soy menos humano por eso. O tal vez sí lo soy. No sé. Sirva a manera de homenaje la publicación de su cuento más conocido en nuestras páginas. Tampoco sé si estoy orgulloso de serlo (hubo un tiempo en que sí, y tanto…) o es sólo la necesidad imperiosa de justificarme, de justificar lo que hago.

Miro el arma en mi mano y en el brillo de la luna reflejándose en su pulida superficie metálica me parece ver también todo mi pasado. No es posible dejarse atrás a sí mismo. Pesan demasiado los años y la sangre. La de los otros o la propia, qué más da. No tiene sentido huir, tampoco esconderme. Para mí no existe lugar seguro. Ningún refugio puede cobijarme, ni puedo huir de mí mismo. Pero estoy cansado. Qué paradoja. No puedo permitirme estar cansado. No debería. El dolor no miente. Pero esta vida no es como la imaginé una vez. Lo peor es que no puedo permitirme tener sentimientos. Me lo advirtieron, pero aún así a veces lo olvido. Matar es mi negocio. Nada personal. Cobro por ello. Para alguien como yo, eso es fácil… debería ser fácil. No importa lo refinado de los métodos, matar sería siempre lo mismo. Me equivoqué. Nadie está nunca suficientemente preparado para el cambio, o quizás es que en estos tiempos todo está cambiando demasiado rápido. Y no hablo de las nuevas tecnologías. Esas sólo simplifican el asunto. Hablo del objetivo en sí, de mis víctimas. Mi oficio es asesinar. El peor de los oficios. Asesinar gente… que no existe. No se supone que descanse mientras quede alguien que eliminar. Y siempre hay alguien que eliminar. Entonces, por qué estoy cansado? No soy viejo. Mi cuerpo es aún robusto y elástico, lleno de energías. Será tal vez que me preocupa ver tanta muerte y no poder ver la mía. Estaré muerto y no me habré dado cuenta? No. Estoy vivo. Era fácil. Ya no. Sí, aunque mi cuerpo aún sea joven, mi mente se ha vuelto vieja. Tengo que admitirlo. No he podido adaptarme del todo a estos nuevos tiempos. Siempre pensé que con mi entrenamiento en el ejército ya estaba preparado para todo. Que nada podría ser peor que el campo de batalla. Y para un asesino profesional el mundo entero es campo de batalla. Me parecía que todo estaba claro. En las últimas décadas los progresos de la genética y la biología molecular han modificado radicalmente nuestra concepción de la vida. Y nuestro poder para actuar sobre ella. Desde hace años la genética es una de las disciplinas científicas que más interés despierta en el público, la que mayor atención recibe por parte de los medios de comunicación. De entre todos sus avances, los más relevantes han sido la secuenciación del genoma humano y la clonación, pasos increíbles hacia el develamiento del origen de la vida que también han hecho posibles grandes progresos en la medicina,

en la biotecnología, y en otras industrias como la alimentaria. Pero toda moneda tiene dos caras. Y cuando va a parar a manos equivocadas, éstas siempre se las arreglan para sacarle brillo a la más oscura de las dos. En todo nuevo e importante avance científico acaban tarde o temprano metiendo sus narices los militares. Y ellos sólo tienen un propósito: hacer más eficiente la guerra. Así surgieron los soldados clónicos. No parecía mala idea. Que su hijo pueda estudiar o trabajar tranquilo en casa mientras una copia suya se sacrifica por el país. Tuve varios bajo mi mando. No eran superhombres sin miedo a la muerte. Sufrían cuando eran heridos. Morían. Y el saber que había otras cien copias de ellos mismos dispuestas a ocupar su lugar no les ayudaba a soportar el dolor… Después de que los militares convierten la magia científica en hechizos de muerte vienen siempre las megacorporaciones, con sus legiones de bien pagados especialistas expertos en descubrir los más oscuros deseos de los hombres y hacerlos realidad. Siempre que pueden pagarlos, claro. Y mientras más raros son los sueños, más caro sale volverlos realidad. Todos los millonarios tienen sus sitios privados y secretos a los que no permiten que nadie se acerque. Ni siquiera yo. Nunca me he engañado creyendo que me consideran uno de ellos. Yo soy sólo alguien que hace su trabajo sucio. Si no estuviera, otro podría hacerlo. No es a mí a quien necesitan, sino sólo a mi habilidad. Matar es fácil, cualquiera puede hacerlo alguna que otra vez. Matar muchas veces es un arte, y yo soy un artista habilísimo. Es esa habilidad lo único que me hace valioso para ellos. Es por esa habilidad que me pagan sumas fabulosas, aunque para ellos sean sólo migajas. Los sueños prohibidos siempre están relacionados de alguna forma con el sexo. Y con la muerte. Eros y Tanathos. Amor y muerte. Amar hasta morir, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo… La ciencia y la tecnología han hecho posibles nuestros sueños… y nuestras aberraciones. El sexo virtual pasó de moda. A la mayoría de los clientes les molestaban los trajes de datos interactivos y muchos hasta desarrollaban algún tipo de alergia tras el uso continuado. Hasta el software de las consolas simestim mejor diseñadas podía ser penetrado y saboteado por algún hacker avispado. No hay nada como la carne. Y hoy por hoy la carne y la novedad son los SUEC de la Genetics Dreams. Super Estrellas Clonadas. O sería mejor decir prostíbulos superexclusivos. Si no lo ha probado aún, no se lo pierda. Sus más locos sueños vueltos realidad. Sus más sucias fantasías al alcance de la mano. Ahora puede usted acostarse con la mujer de sus sueños: gran actriz, cantante, supermodelo, Naomi Campbell o Madonna, Mena Suvari o Cher. La diva de su preferencia, en su cama, dócil a todos sus caprichos… y además, completamente virgen.

Los servicios de clonación cubren todos los gustos. El ADN lo venden las mismas superestrellas y a buen precio. Sus asesores de imagen lo consideran buena publicidad. También ha surgido toda una casta especializada de ladrones de genotipos a los que les basta con un cabello, una gota de saliva o de sudor de las pocas recalcitrantes. Al principio las feministas protestaron contra la objetización de la figura femenina… luego empezaron a aparecer los primeros clones de placer masculinos y ya nadie les prestó atención. En realidad, creo que nunca nadie les prestó mucha atención a esa pandilla de frígidas histéricas. La Genetics Dream ha creado todo un sistema, muy organizado. Usando las más modernas técnicas de programación hipnótica, cada clon se le implantan bloqueos mentales, tanto para asegurar su docilidad y obediencia como para impedirles cualquier reacción violenta. Aunque estoy seguro de que algunos clientes preferirían que les opusiesen cierta resistencia, lo mejor para el negocio es no correr ni el más mínimo riesgo. Por eso es que los clones son también de usar y tirar. Otra clase de condicionamiento mental garantiza que una vez que el correspondiente cliente haya acabado de dar rienda suelta a sus fantasías, su víctima? objeto? juguete? deje de respirar. No es un problema para la compañía; con el ADN de los originales pueden obtener todas las copias que necesiten, y rápido. Gracias a las últimas técnicas de embriogenia acelerada, no cuesta mucho tener listo un clon… y en cuestión de horas. De eso modo es posible incluso que varios clientes pueden usar un mismo modelo al mismo tiempo. Según las estadísticas, esos pedidos en serie se disparan cuando alguna nueva superestrella se pone de moda. Pero este negocio, como todos, tiene sus imprevistos. El instinto de conservación es una fuerza tan poderosa que a veces ni siquiera la ciencia moderna logra vencerlo. A veces los bloqueos fallan, y algún clon se niega a complacer a su cliente y responde a la violencia con más violencia. Generalmente es posible detenerlos a tiempo. Pero en ocasiones, en muy raras ocasiones, logran escapar, a veces incluso matando al cliente. Y es ahí donde intervengo yo. Mi trabajo es seguirlas, encontrarlas… y neutralizarlas. Para siempre. Antes de que sea tarde y se haga público. Cualquier fallo en el sistema SUEC podría causar un escándalo, pésima publicidad para la imagen de la Genetics Dreams. Y ni hablar de la verdadera superestrella. Y si el clon, en venganza, tratara de matar a la original para sustituirla? Y si es la estrella la que diera muerte a su réplica en legítima autodefensa? Cómo saber quién es quién? O una posibilidad siempre temida pero hasta ahora nunca verificada, que las dos establezcan una alianza. Imagínense, las Supermellizas Cher, o el Trío Madonna. Qué pesadilla. Para impedir esto y cosas peores fue que me contrataron. Yo tenía una reputación en el ejército. Tras el éxito de la operación Lluvia negra mi nombre estaba en todos los periódicos y ciberredes. Por suerte, no mi rostro. Me buscaron. Yo era el candidato ideal para el trabajo de cazador de clones defectuosos. Pensaron que podían confiar en mí, y no se equivocaban. Para un militar la obediencia es como una segunda piel. Está acostumbrado a cumplir órdenes sin preguntar… a que ni siquiera le pase por la mente cuestionarse el por qué de esas órdenes, ni a sus jefes, ni mucho menos traicionarlos. Dejaron un mensaje en mi ciberconsola. Mi clave de identificación es privada; así supe que era gente con recursos. Acudí solo a la cita, como me sugirieron amablemente. Fueron breves y precisos. Yo tenía que matarlas antes de que tuvieran tiempo de ver a nadie, de hablar con nadie, de saludar siquiera a nadie. No sería un crimen. Yo no soy un criminal. Matar a alguien que no existe, a una copia, a un fantasma, no es un crimen. Ni aunque sea un fantasma inocente? El hombre que se entrevistó conmigo era gris y olvidable. Mi nombre no importa, ni el de los que van a contratarte. Te conocemos bien, me dijo, y sentí el peso de un poder inmenso respaldando cada una de sus palabras. Sabía que yo era capaz de matarlo sólo con mis manos en menos de un segundo, pero no parecía ni mínimamente preocupado Sabemos que eres un experto. Te pagaremos bien. Y me explicó lo que se esperaba de mí. Fue la primera vez que escuché el eufemismo neutralizar Las fugitivas están dispuestas a todo, y eso las vuelve tremendamente peligrosas. La mayoría de nuestros agentes de seguridad tendrían grandes dificultades en neutralizarlas, y podrían hasta morir en el intento. No podemos correr ese riesgo. Comprendes? Comprendí. Bien. Una cosa más. Trabajarás solo. Si te asocias con alguien, y sabremos si lo haces, te lo aseguro, serás inmediatamente neutralizado. No eres el único que trabaja para nosotros. Pero no conocerás a ninguno de tus colegas. Y, por supuesto, aunque siendo legalmente estricto lo que haces no es un crimen, si alguna vez caes en manos de las autoridades, negaremos todo vínculo contigo. Está claro? Reí… prudentemente, para mis adentros. Sus amenazas no me asustaban. Para alguien acostumbrado a tratar con la muerte, su fantasma ya no infunde miedo. Algo más continuó siempre con el mismo tono de voz tranquilo. A la vez un favor… y un consejo. No te comprometas sentimentalmente con ninguna de tus presas. Digamos que… empañaría tu visión de las cosas. Entiendes? Dije que sí, que entendía, y yo mismo me lo creí. Pero mentía. Aunque no fue hasta ahora que lo supe. No podía darme el lujo de saberlo. Ellos conocían muchas cosas de mí. Llevaban años estudiando mi expediente. Era lógico suponer que estarían vigilándome. En cualquier caso, yo no les temía, y el dinero nunca viene mal. Pagaban bien, muy bien, y no les importaban mis métodos, sólo mis resultados. Siempre pude hacer las cosas a mi manera. Comencé a trabajar enseguida. Casi nada sabía de mis presas. Casi nada preguntaba. Con su cara y la zona de la que habían huido solía bastar. Era rápido y discreto. No violaba la ley, porque en realidad ellas no existían legalmente, ni estaban registradas en ninguna parte. Pero si alguien me hubiera visto matar a cualquiera de ellas, podría haber intervenido, o llamado a la policía, y hay tantas balas perdidas en este mundo… Nunca llevé una cuenta de mis víctimas. Pero fueron muchas. Para alguien acostumbrado a detectar y eliminar soldados enemigos bien camuflados en la selva, seguir a aquellas mujeres superllamativas en la selva urbana y luego neutralizarlas resultaba casi demasiado fácil.

Casi. Cuando uno lleva mucho tiempo en un campamento militar, entrenando duro, se vuelve más resistente a todo… excepto a las mujeres. Ellas están en nuestros pensamientos aun cuando creemos que las hemos olvidado. Es por eso que, no importa lo fuertes que seamos, siempre seremos débiles ante ellas. Tonto de mí al pensar que yo era diferente. Cuando la vi por primera vez, supe que yo también era tan débil como los demás. Llegó bastante lejos. La rastreé hasta este pueblito, la encontré y la seguí durante horas, de bar en bar, y la esperé a la salida de uno, en la solitaria oscuridad. La vi en cuanto salió a la calle. Ella también me vio y se encogió, como esperando lo inevitable. Entonces fue cuando, en contra de mi costumbre, hice algo puramente emocional, y no impulsado por un cuidadoso razonamiento. Estábamos solos, pero no le disparé. La dejé escapar. Se perdió entre las sombras de la avenida. Casi inconscientemente mi mano derecha aferraba el mango de la pistola. Luego me dije que me sería fácil justificar el error. Era tarde en la noche. La ciudad dormía. No estaba en horario de trabajo… Pero los asesinos no tienen horario de trabajo. Me quedé largo tiempo, inmóvil, conteniendo el aliento como si todavía pudiera escuchar el sonido de sus pisadas de bestezuela acosada alejándose sobre el asfalto en desesperada carrera por salvar su única posesión: la vida. Pero el silencio era tan impenetrable como las sombras que se la habían tragado. Sabía que sólo tenía una oportunidad entre diez de que se salvase. Había otros como yo. Y yo no creía en los milagros. Pero esta vez quise creer. Yo la conocía de siempre. Todos la conocían. Era una más de las tantas diosas de las pantallas. O mejor dicho, su fantasma. Un fantasma inocente. Uno siempre cree que esas mujeres no son reales. Falso. Ahora sé que, aunque parezcan divinas, perfectas, inalcanzables, ellas son tan humanas como nosotros. Incluso más, a veces. Fue una noche inolvidable. Las horas pasaban, pero yo continuaba allí, de pie, mirando la lejanía, sin sentir sueño ni agotamiento, con la esperanza de verla regresar a pronunciar al menos una palabra de gratitud, de ver de nuevo sus ojos negros. Aún sabiendo que al otro día tendría que volver a mi trabajo, a la rutina de siempre. Que al otro día tendría que olvidar. No me importaba que me mataran. Más difícil me parecía conseguir olvidar. Y no lo conseguí. Cuando desperté al día siguiente en el hotel, seguía pensando en ella. Lo peor era saber que había otros como yo que acabarían el trabajo que yo había dejado a medias. Que quizás ya lo habrían acabado. Ella sería entonces sólo un cadáver como tantos otros pudriéndose en la morgue. La morgue?

No estaba lejos de mi hotel. Tuve una idea loca. Por qué no? Para salir de dudas de una vez. Porque lo peor era la incertidumbre. Se dice fácil. Pero hacía falta valor, mucho valor para enfrentar… lo que fuera. Encontré ese valor, en alguna parte. No importa dónde. Sólo tenía que caminar dos cuadras por la calle principal, luego doblar por el parque y descender hacia el malecón. Allí, bajo del puente y junto al mar, estaba el hospital, y en sus sótanos, la morgue. Era ya mediodía, pero el sol no me parecía luminoso, sino oscuro. Caminé lentamente hasta el océano, tratando de no pensar en lo peor. Pero qué era lo peor? Cada vez que me preguntaba y si no la mataron? se me erizaba el alma. Ellos, por supuesto, lo harían sin dudar un segundo. O tal vez ellos también descubrieran de pronto escrúpulos antes insospechados. El malecón estaba completamente vacío. El viento soplaba, frío, pero no demasiado. Envuelto en una espesa niebla, el mar rugía sordo y casi invisible, como si estuviese descontento con el hecho de que, como de costumbre en el trópico, el frío no fuera lo bastante intenso ni siquiera en invierno. Después de pasar bajo el puente todo pareció más claro a la luz que se derramaba por las ventanas del hospital. Era un hospital grande, que abarcaba toda la manzana. Y una cerca de hierro con columnas de piedra a intervalos lo separaba del resto del pueblo. Entré en el patio, todavía más iluminado. Dos mujeres con batas blancas llevaban una camilla tapada con una sábana. Otro cadáver camino a la morgue. Mirando a aquella pareja de enfermeras, pensé de pronto en que hay gente que trabaja día tras día con cadáveres, sin que nada parezca perturbarlas. Para ellas, convivir con la muerte es algo cotidiano. También lo es para un asesino como yo… y sin embargo, aún no he cruzado el umbral y ya estoy temblando. Como si de algún modo me sintiera responsable de todas esas muertes. Como si las hubiera matado a todas. Estupideces. A qué temer? Los muertos, muertos están. Y acaso se puede matar a un fantasma, aunque sea inocente? Seguí a las mujeres. En efecto, iban hacia la morgue Pancho, viejo verde! gritó una. Abre, que aquí tienes a otra huésped! Una de tus superestrellas favoritas! Como todas… Por qué gritan? Está abierto para todo el mundo, y para ustedes en particular. La voz de un viejo respondió desde algún lugar impreciso del sótano. En la puerta del sótano se encendió una luz amarillenta, y entonces salió un tipo delgado como una caña de bambú, ataviado con un delantal de hule, una grasienta chaqueta de mezclilla, y una gorra enorme ladeada sobre su cabeza extrañamente pequeña. Estoy buscando un cadáver que probablemente trajeron ayer le dije, mirándolo fijamente a los ojos para tratar de intimidarlo. Un clon de la famosa bailarina española Yadira López. Yo no sé nada. El viejo se quitó la gorra y después de sacudirla se la puso otra vez. Las que yo tengo aquí son todas iguales. Si fue para acá que la mandaron, allá atrás debe estar, congelada. Ven conmigo y mira tú mismo… Y entramos juntos, tras las mujeres con su camilla. En lo profundo del sótano el viejo de nuevo encendió una lámpara mortecina que apenas si lograba disipar la penumbra de una habitación fría y de dimensiones difíciles de adivinar, en la que flotaba un olor intenso, pero que tardé un par de segundos en reconocer. El olor de la muerte y la corrupción, el aroma de lo efímero del sueño humano de grandeza e inmortalidad. Sobre un estrado había varios cadáveres tendidos en fila. Todos de mujeres hermosas y jóvenes, algunas incluso niñas, tantas y tan juntas que en la escasa iluminación resultaba difícil distinguirlas entre sí. Esa que busca, es pariente suya? preguntó el viejo, sonriendo con malicia. De dónde saca esa idea? repliqué, disimulando mi ira. Ninguna de ellas tiene parientes y usted lo sabe bien. Sólo soy… un cliente. Ah, bueno, eso ya es otra cosa. El tono irónico de sus palabras me convenció de que sabía lo que yo era. Ningún cliente se molestaría en ir a comprobar si el clon utilizado había sido eliminado. Sería como ir al basurero a buscar el condón usado el día anterior. El viejo quizás ya se había topado con otros casos como el mío. Quizás hasta fuese uno de mis secretos colegas, ya retirado. Búsquela. Si la trajeron, estará por ahí. El viejo abarcó todo el sótano con un ambiguo ademán. Necesitará más luz… Encendió otra lámpara y otra más. La estancia resultó ser inmensa. Cómo la voy a encontrar aquí? Me encogí, mitad desconcertado, mitad por puro frío. La temperatura era bastante más baja que en el malecón. Algún pingüino había trabado el regulador del aire acondicionado. Pero si la idea era que el frío impidiera la descomposición, no estaba funcionando. A cada segundo el olor a muerte se me antojaba más fuerte. Las tienen numeradas? pregunté, tratando de ocultar mi desazón. Numeradas? El viejo se echó a reír aparatosamente. No me alcanzaría el tiempo para numerarlas a todas! Mira cuántas hay! Qué te parece el espectáculo? Él daba la impresión de estar muy a su gusto, pero a mí me pareció horrendo. Por primera vez en mi vida sentí náuseas ante la presencia de la muerte. De repente se me antojó que, ocultas entre los cadáveres, había fugitivas vivas y confabuladas contra mí con el viejo. Que en cualquier momento saltarían sobre mí para vengar a todas las que yo había neutralizado. Que me iban a matar de algún modo lento, cruel y terrible. Casi instintivamente retrocedí un paso hacia la puerta. Qué le pasa, joven? Tiene miedo? El tono de la voz del viejo era cada vez más extraño. Sentí vergüenza y desanduve lo andado. Tengo motivos para tenerlo? pregunté, tratando de que mi voz no temblara. Acaso usted también lo tiene? A veces creo que me olvidé hasta de cómo asustarme sonrió él otra vez, maliciosamente. En este trabajo uno no puede permitirse tener miedo. Pero no se preocupe, es una reacción natural temer a los muertos. Hasta en los… cazadores, como usted. Yo no soy ningún cazador dije con firmeza, desafiándolo. Sólo soy un cliente. Nadie conoce a los cazadores, son asesinos profesionales, que trabajan en las sombras. Si yo fuera de veras un cazador y usted lo supiera, no cree que tendría que matarlo? Lo dejé masticar la idea. No le gustó. Quiero ver las que trajeron ayer. Las más frescas, digamos… No los clasificamos en frescas o pasadas. Los cadáveres no son frutas. Sírvase usted mismo. Molesto, hizo un gesto señalando el montón. A mí no me pagan por eso.

Me quedé congelado, sin saber cómo ni por dónde empezar. Entonces tuve una idea: Se trata de Yadira López, la gran bailarina española, una mujer hermosa, de ojos y cabello negros. No la conoce? Todos la conocen. Ella, la verdadera, baila como los dioses. Así que si ha llegado algún clon suyo en las últimas horas, dígamelo sin rodeos. Ese es su trabajo, así que hágalo, y no pregunte más. Soy sólo un cliente… pero no uno cualquiera. Tengo muchas influencias… De acuerdo. El viejo se encogió de hombros. Empecemos por… esta misma y haló por los pies al primer cadáver de la hilera. Cabello y ojos negros, así que podemos dejar tranquilas a las rubias. No será ésta? Mire bien, a ver… Precisamente mirar bien era lo más difícil para mí en aquel momento. Pero lo hice. No, no es ella. Entonces vamos a buscar por aquel extremo propuso el viejo, frotándose las manos como si las tuviera heladas. No los conté, pero revisamos no menos de veinte cadáveres antes de que por fin la reconociera… Es ésta? Disculpe, pero es que como son tantas de su tipo. Y mire, aquí hay otra, y otra. Cuál de todas es la que busca? Qué ironía. Aquella noche parecía haber habido una explosión de pedidos de Yadira, la bailarina española. Había sido una noche especial, y no sólo para mí. La mejor de las noches para algunos ricos afortunados. La última para algunos fantasmas inocentes. Era imposible saber cuál de todas ellas había sido la mía. Quizás ninguna. Ojalá. No se puede tener un fantasma. Qué estúpido había sido. Ahora finalmente lo comprendía. Ahora que por primera vez veía juntas a tantas como ella. Ahora ya sabía que de veras no existían más que… como fantasmas. Me sentí mal. Tuve que recostar la espalda a la pared para no caer al suelo. El viejo me miró casi compasivo, y otra vez sentí vergüenza. Pero entonces me quitó los ojos de encima y se puso a cargar los distintos cadáveres de la bailarina como si fueran troncos, para devolverlos a sus respectivos sitios en la fila. Lo miré jadear y afanarse durante largos segundos, agradecido de que no me pidiese que lo ayudara. Para qué lo pensé. Justo en ese momento me gritó: Oiga, joven, no se quede ahí parado, venga y ayúdeme, vamos a cargarlos entre los dos! No quiero recordar los detalles. Hice de tripas corazón y me obligué a coger a uno de los cadáveres… quizás el de mi amada fantasma, quién sabe, por los pies yertos. Entre los dos la devolvimos a su sitio. Muchas gracias por todo. Ahora debo marcharme le dije al viejo, y me dispuse a salir del sótano. Gracias a usted por la distracción respondió el viejo. Mi trabajo son los difuntos… o las difuntas. Y ya ve que no son muy conversadoras que digamos. Si hablaran, figúrese: yo también podría hacerme famoso, divulgando las intimidades de tantas superestrellas… No le respondí. Intimidades de superestrellas?

De superestrellas falsas. De superestrellas desechables. Cuando salí del sótano, las rodillas me temblaban. Atravesé el patio, pero tuve que detenerme junto a la cerca. Sentía nauseas. La vista se me nubló, y de repente sentí unas ganas de llorar incontenibles, como no recordaba haberlas tenido desde niño. Casi lloré. Casi. Pero entonces, escuchar el sonido lejano de los automóviles en la carretera me hizo recordar quién y qué era. Me limpié los ojos, respiré profundo y me erguí. Los asesinos no lloran. Llorar es recordar con dolor, y los asesinos no sienten dolor. Y si alguna vez lo sienten, lo olvidan pronto… Caminé. Las rodillas ya no me temblaban, pero todavía sentía náuseas. Permanecí parado algún tiempo en la acera, apoyando los codos en el muro del malecón. Mirando al agua. Luego seguí adelante.

ALBERTO MESA COMENDEIRO (Ciudad Habana, 1972), Licenciado en Historia. Ganador del Premio Guaicán Un cuento suyo, Almacén de Cataratas, fue incluido en la antología Reino Eterno (Ed. Letras Cubanas 2000) y otro relato, Huépedes del basurero, fue elegido para una antología del Taller Espiral, Secretos del futuro (Ediciones Sed de Beleza, 2005). Su cuento Fantasmas inocentes tomó parte de la antología Crónicas del Mañana, preparada por Yoss.

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SE DETUVO EL COLUMPIO DEL REY SPENCER

Me he demorado un poco más de lo que manda el periodismo en escribir sobre Marta Rojas porque ha sido una muerte que me ha entristecido, en medio de tanta muerte como nos rodea en estos tiempos y tanta pérdida de personas que significaron algo muy importante en nuestras vidas.

Y no voy a escribir sobre la brillante trayectoria intelectual de Marta, porque de eso ya se han encargado durante muchos años muchas plumas más valiosas  e informadas. Yo la recuerdo de una manera más cercana, más personal, aunque nunca fuimos amigas íntimas, pero sí compañeras de trabajo en el periodismo y en la literatura.

Conocí a Marta en 1985, cuando comencé a trabajar en el periódico Granma. Ella era, lo fue desde los tiempos del Moncada, una figura rutilante en un lugar donde había mentes muy destacadas del periodismo cubano, y yo, que no recuerdo si en ese entonces ya estudiaba Periodismo en la Universidad o braceaba todavía en mi viejo sueño de ser filóloga, ya había descubierto en aquella época que quería dedicarme a la profesión, aunque, curiosamente, en mi infancia y mi adolescencia la había aborrecido. Comencé en una humilde plaza de correctora en el turno de la madrugada. Una noche, muy tarde ya, tuve que subir a la Dirección con la página que me había tocado. Yo había dado a luz poco antes luego de un embarazo muy difícil, y estaba descuidando mi apariencia personal por atender urgencias más imperiosas de mi bebé. Marta estaba en la Subdirección con Félix Pita Astudillo, otro grande del periodismo cubano, y miraban algo en la televisión. Yo entré tímidamente. Era la primera vez que estaba cerca de ellos y la presencia de Marta, tan seria y elegantísima, me imponía. Saludé y dije lo que necesitaba. Marta me miró, me estudió de un golpe, y entonces hizo un comentario a Félix sobre la buena apariencia que tenía la juventud en el programa que veían. Fue elegante y sutil, pero yo capté su intención y todavía le agradezco, porque a veces uno necesita verse con ojos ajenos para comprender que algo anda mal. Ese fue nuestro primer encuentro.

La segunda vez que coincidimos, pocos días después, ella me dio mi primera gran lección de periodismo en el terreno. Rolando Pérez Betancourt, entonces jefe de la página de Culturales, había tenido la benevolencia de publicar en las páginas centrales de la edición dominical un trabajo mío titulado El arte rupestre de Tassili-in-Assier. Era mi primera vez y yo misma lo estaba corrigiendo. Cuando llegué con la página a la Subdirección Marta estaba de guardia. Mi trabajo era muy largo y yo no quería cortarle nada, porque los novatos somos así de tercos, y me atreví a decirle que todo era imprescindible en aquellas páginas. Marta me miró fijo y me dijo: “Todo es cortable, el lápiz rojo es el mejor aliado del periodista”, y allí  mismo me cortó unos párrafos. A la mañana siguiente, cuando vi mi trabajo publicado me di cuenta de que no parecía faltarle nada, lo que significaba que le habían sobrado cosas. Yo diría que la humildad es el mejor aliado del periodista.

Poco después, cuando ya mi carrera de escritora había despegado, coincidimos en un encuentro literario en Matanzas. Estábamos en un motel. Mirta Yáñez, Marilín Bobes, María Elena Llana, Agustín de Rojas, Amir Valle, son algunos de los nombres que recuerdo. Se anunció un encuentro para la noche en la Casa de la Cultura. Yo no suelo maquillarme, pero por esos días andaba en trabajos de seducción que hoy ni recuerdo, y quise pintarme los labios, pero… yo no tenía maquillaje. Marilín Bobes me prestó su creyón. Marta estaba delante. Ya habíamos conversado bastante esos días y yo me sentía más cómoda con ella. Al día siguiente Marta me obsequió un creyón nuevo y me dijo que era un regalo de ella y de Marilín.

Después nuestros encuentros se hicieron habituales en actividades de la UNEAC, donde Marta irradiaba con aquellas novelas históricas que hicieron época. En un viaje de regreso a La Habana yo me encontraba pasando por una situación muy difícil, y Marta me dio otro de sus consejos, pero con una naturalidad que me hizo entender de golpe que había otro modo de encarar los problemas y lidiar con ellos que el trágico. Marta era una mujer muy valiente, y aquella tarde ella me trasmitió eso. Ella me apoyó.

Cierta vez le hicieron una entrevista sobre su relación con Alejo Carpentier, y Marta se mostró tan humilde y sencilla, tan sorprendida, tantos años después, de que Alejo la hubiera llamado “colega”, que me hizo pensar en la arrogancia ridícula de tantos escritores que conozco, y de algunos periodistas también. Hay personas que poseen la facultad de enseñar con el ejemplo, y Marta era una de ellas.

Pero no siempre era seria y adusta. Marta era una persona muy alegre que reía muchísimo y con ganas cuando llegaba el momento. En Matanzas conversábamos sobre la hipertensión arterial, que ambas padecíamos, pero mientras yo estaba asustada, Marta se rió y me dijo: “Ponte un tratamiento, mírame a mí, yo me tomo la mitad de una pastillita todas las mañanas y después puedo hasta tomarme una cervecita”. Se estaba tomando una ¡en el desayuno!

Marta ya no estará más, no escribirá más, no enseñará más a nadie. Hacía mucho que no nos veíamos. Todos tenemos que hacer ese último viaje, pero hay viajes que entristecen más que otros. Digo adiós con pena. Te digo adiós, Marta.

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CINTIO

El 25 de septiembre de este año se cumple un siglo del nacimiento de uno de los más prestigiosos intelectuales de la República y de la literatura cubana. Cintio Vitier, más conocido en Cuba por haber sido el último sobreviviente de la celebérrima revista cultural Orígenes y del grupo del mismo nombre, fundada la primera y nucleado el segundo por el gran poeta y novelista José Lezama Lima, nació en Cayo Hueso, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 1921. Era hijo del ensayista y pedagogo Medardo Vitier. Cursó sus primeros estudios en Matanzas, y en 1935 se trasladó a la capital de la isla, donde cursó el bachillerato en el Instituto de La Habana y estudió Derecho Civil en la Universidad, donde se graduó en 1947. Cintio nunca ejerció como abogado, pero ya desde su estancia en el Instituto, donde conoció al también poeta Eliseo Diego, descubrió su vocación literaria. Cintio fue un miembro destacado del Grupo Orígenes, y muy cercano a Lezama. Desde 1942 a 1943 editó los cuadernos Clavileño y en ese mismo año se casó con la poetisa y ensayista Fina García Marruz, su novia desde los tiempos del bachillerato. Fue profesor de francés en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, y también ejerció la docencia en el Lyceum de La Habana. Publicó un volumen polémico, pero esencial para la historia de la literatura nacional, titulado Lo cubano en la poesía, donde recogió las conferencias que dictara en ese plantel. En 1959, a diferencia de otros miembros de Orígenes que marcharon a la emigración, tomó partido por la Revolución, a pesar de lo cual jamás renunció a su catolicismo, fe que había animado al Grupo como una de sus bases filosóficas. Dirigió la Nueva Revista Cubana, de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, fue profesor de Literatura Cubana e Hispanoamericana y director del Departamento de Estudios Hispánicos, fundado por Federico de Onis, en la Universidad Central de Las Villas. Laboró como investigador en el Departamento de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí. En enero de 1968 se hizo cargo, con Fina García Marruz, de la Sala Martí y del Anuario Martiano. Años después, desde el Centro de Estudios Martianos, comenzó a dirigir la edición crítica de las Obras completas de Martí. Además de su reconocida obra poética, escribió su novela De Peña Pobre (1978), Los papeles de Jacinto Finalé (1984) y Rajando la leña está (1986). En 1988 recibió el Premio Nacional de Literatura y la Orden Félix Varela, por su contribución a la cultura cubana. En 1996 se le confirió la Orden José Martí, máxima condecoración en el país. Fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En el 2002 su obra fue reconocida con el Premio Latinoamericano Juan Rulfo. En mi opinion, su obra más valiosa, no solo por su extraordinaria calidad literaria, sino por su visceral trascendencia social, es Ese sol del mundo moral, una historia de la eticidad cubana, donde analiza los mejores momentos del pensamiento nacional.

Hasta aquí el recuento obligatorio de la vida profesional de un hombre tan relevante en su tiempo y en todos los tiempos de la literatura cubana como fue Cintio Vitier, pero ahora hablaré de mi experiencia en los dos encuentros personales que tuvimos.

Yo conocí a Cintio en el Movimiento Cubano por la Paz, que yo cubría como parte de mi trabajo en la emisora Radio Metropolitana. No recuerdo la fecha exacta, pero debió ser entre 1997 y el año 2000. Tampoco recuerdo si la conferencia que él impartía era una actividad aislada o si formaba parte de un ciclo suyo o de otros conferencistas. Él habló largamente sobre su libro Ese sol del mundo moral, que casualmente yo acababa de leer. Me había emocionado el libro, me había conmovido mucho, porque es la obra donde yo, nieta de oficiales mambises, he encontrado más vivo el ethos de los cubanos, la forja de Cuba como nación a partir de las ideas de sus más grandes hombres. Cuando Cintio terminó ocurrió lo que es, lamentablemente, habitual entre nosotros: los asistentes se levantaron y casi todos se fueron retirando sin hacer preguntas, como si allí no hubiera pasado nada. Como escritora con obra publicada, muchas conferencias propias y ajenas y presentaciones en Ferias del Libro, estoy acostumbrada a que esto suceda y siempre observo la estampida con tristeza, pero en aquella ocasion yo solo había publicado dos libros, y tener a Cintio para mí sola me pareció estupendo. Me acerqué a la mesa. Él ya estaba recogiendo su portafolios. No recuerdo cómo lo abordé, pero me miró, escuchó lo que yo le decía, y no sé cómo, de pronto estábamos sentados otra vez, conversando. Cuando le dije que yo era la autora de El druida y que me interesaba por la cultura celta, tuvo una ancha sonrisa de asombro y, de inmediato, me invitó a visitarlos a él y a Fina en su casa, y me pidió que les llevara un ejemplar de mi librito. Jamás me atreví a aceptar la invitación, porque Cintio me había parecido afable, pero yo le tenía un poco de miedo a Fina, la había visto en otros eventos literarios y me imponía esa especie de velo invisible en que ella se envolvía y la aislaba del asalto del mundo. Nunca fui. Para mi eterna desesperación.

Tiempo después, cuando yo colaboraba con la revista Clave, fui a entrevistar a Cintio sobre Julián Orbón, el gran compositor y músico de Orígenes. Cintio me había citado en su despacho del Centro de Estudios Martianos, y me recibió con la misma naturalidad de nuestro primer encuentro. Yo llegué cojeando, pues me había torcido un tobillo, y tras interesarse por mi incidente, nos sentamos y comenzamos a hablar. Cintio me preguntó si había traído un cuestionario, pero yo jamás uso cuestionarios con mis entrevistados. Se lo dije y él lo aceptó sin comentarios. Hablamos durante dos horas, es decir, habló él de Orbón. Habían sido amigos íntimos, quizá el amigo más íntimo y cercano de Cintio después de Eliseo Diego. Cintio respondió a todas mis muchas preguntas sin temor, con firmeza, y en sus respuestas se podía adivinar, todavía después de tantos años, el dolor de haber perdido a un amigo entrañable y la ilimitada admiración que sentía por aquel cubano-español que ha sido tan poco comprendido en su tierra de adopción, donde vivió y compuso la mayor parte de su música, reconocida en todo el mundo. Señalo particularmente este afecto tan profundo porque fue un rasgo que caracterizó, entre otros muchos, a la generación de Orígenes: un concepto muy elevado de la Amistad. Todos sus miembros fueron amigos de veras, de los que apenas pueden pasar separados unas horas al día, y más que individualidades, que lo fueron absolutamente en cuanto a la creación artística, semejaban una especie de monstruo de muchas cabezas con un solo cuerpo, pues siempre estaban juntos, reuniéndose, almorzando, cenando y hasta viajando, compartiendo los fines de semana, el arte, los hijos. Tal vez no haya sido la única vez en la historia del arte cubano que haya surgido un grupo tan unido como aquel, pero, aparte de mi propio grupo de amigos en la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA), yo no he conocido otro igual. Años antes, cuando trabajé en el periódico Granma, conocí allí a Agustín Pí, otro miembro origenista, y siempre que hablábamos del Grupo, Pí se expresaba en los mismos términos de nostalgia, calor humano y cariño entrañable que lo hizo Cintio aquella tarde en el Centro de Estudios Martianos. Es un fenómeno poco frecuente entre artistas, quienes por lo regular son dados a la competitividad, la envidia y otras pasiones propias del gremio. Cintio Vitier y Agustín Pí no conocían esos sentimientos.

Años después mi hija se relacionó por motivos de trabajo con el pintor y editor José Adrián Vitier, nieto de Cintio y Fina, cuando este dirigía la revista cultural La isla infinita, una exquisita publicación que luego desapareció, y para la que Cintio asesoraba a José Adrián con sus consejos y experiencia . Visité varias veces el apartamento donde ya Cintio y Fina no vivían. Ya estaban en la finca a tiempo completo. Un día le hablé a José Adrián de mi deseo de concretar aquella invitación que me hiciera Cintio tantos años atrás, e hicimos planes para la visita, pero la vida  a veces deshace las mejores intenciones de los seres humanos, y nunca llegué a aquella finca mágica que guardaba a dos sensibilidades poéticas de las mejores que ha producido Cuba. Poco después supe que Cintio murió el primero de Octubre de 2009. Para mí, ya era definitivamente demasiado tarde.

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CARLOS DE LA TORRE, EJEMPLO CUBANO DE ENTREGA TOTAL AL CONOCIMIENTO

Uno de los científicos cubanos más prominentes e influyentes del siglo XIX y la primera mitad del XX fue el naturalista Carlos de la Torre y la Huerta. Nació en Matanzas, el 15 de mayo de 1858. Cursó sus primeras letras en el colegio La Empresa, de Matanzas, clausurado por las autoridades españolas, y sustituido más tarde por el colegio Los Normales, fundado por su padre, don Bernabé de la Torre. A los diez años ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, pero este plantel también fue clausurado debido al estallido de la Guerra de los Diez Años, por lo que debió que continuar sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, donde en 1874 obtuvo el título de bachiller en Artes. En ese mismo año ingresó en el curso preparatorio de Medicina de la Real y Literaria Universidad de La Habana, concluido con notas de sobresaliente.

En 1880 obtuvo la plaza de ayudante preparador de Física y Química y conservador del Museo de Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, y matriculó en la Universidad de La Habana, donde en 1881 recibió el título de Licenciado en Ciencias y el premio extraordinario con matrícula de honor para realizar el doctorado en la Universidad Central de Madrid, donde recibió el título de doctor en Ciencias Naturales, en 1883. Ese mismo año obtuvo la plaza de profesor de Historia Natural, Fisiología e Higiene, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Puerto Rico. Dos años después fue nombrado profesor de Anatomía Comparada en la Universidad de La Habana.

En 1890 la Sociedad Económica de Amigos del País le encargó la realización de una expedición a Puerto Rico, Santo Domingo y la región oriental de Cuba. Como resultado de esta en 1891 ofreció una conferencia magistral en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana sobre “Cráneos deformados y objetos arqueológicos descubiertos en las cavernas de Maisí”. En esta última zona estudió, además, la enfermedad de los cocoteros que asolaba el territorio, y descubrió sus causas.

Durante 1892 recorrió la parte central de la Isla. Sus observaciones le permitieron efectuar importantes consideraciones para determinar la edad geológica de Cuba. La Paleontología le debe hallazgos de gran valor, como el de los restos fósiles de un perezoso gigante, el Megalocnus rodens, descubiertos en los baños de Ciego Montero, provincia de Cienfuegos. Este descubrimiento del gran científico permitió demostrar la naturaleza continental de la Isla en el período Pleistoceno. Su descubrimiento de la presencia del molusco prehistórico Ammonites en los baños de la Bija, en Cruces, Cienfuegos, demostró la existencia en Cuba del período Jurásico, de más de 150 millones de años . Su amistad con el sabio cubano don Felipe Poey lo inclinó a la malacología, ciencia que constituyó desde entonces el eje de sus trabajos investigativos.

Alcanzó los grados de doctor en Farmacia (1921) y de doctor en Medicina (1922). Publicó numerosos libros de texto y se ha considerado entre los fundadores de la ciencia pedagógica cubana. Fue un eminente investigador y profesor universitario. Su extensa obra comprende trabajos de geología, paleontología, arqueología e historia. Sus investigaciones en el campo de la malacología lo llevaron a descubrir el fabuloso mundo de las Polymitas, de las que describió una gran variedad de subespecies. Este descubrimiento de una especie endémica de Cuba lo lanzó al escenario internacional y lo convirtió en un referente obligado para los especialistas. Como resultado de su trabajo reunió la más completa colección de moluscos terrestres del mundo, que se dividió a partes iguales entre las universidades de Harvard y La Habana, por petición del propio De la Torre.

Muchos naturalistas del prestigioso Instituto Smithsonian fueron invitados por Carlos de la Torre a visitar y estudiar en Cuba y en las islas cercanas del Caribe, y los naturalistas extranjeros que visitaban Cuba tenían como punto de partida en su itinerario la casa de Carlos de la Huerta. Cuando la expedición Tomás Barrera llegó a Cuba, De la Torre tomó parte del grupo de naturalistas americanos que navegaron las aguas alrededor de la isla para coleccionar especímenes. De la Torre fue un líder de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana. Aún a pesar de su avanzada edad continuó sus exploraciones y sus trabajos de investigación, y trabajó en su obra sobre Polidontes cubanos y sobre los Helix, publicó monografías acerca de los moluscos, y trabajó con empeño en la preparación de sus archivos y la organización de sus colecciones de polymitas, una de las cuales dedicó al Museo de Washington.

Carlos de la Torre no fue solo un estudioso de torre de marfil. Colaboró con Fermín Valdéz Domínguez en la organización de la Guerra del 95, y en medio de ella cumplió una delicada misión: aprovechó la cobertura de uno de sus viajes de estudio a los Estados Unidos para entregar a Tomás Estrada Palma en el exilio un mensaje secreto de la ilustre patricia villaclareña Marta Abreu. Regresó a Cuba durante la Primera ocupación militar de Estados Unidos y resultó electo concejal, teniente alcalde y alcalde de La Habana, en cuya función tuvo a su cargo los actos por la proclamación de la República, el 20 de mayo de 1902. Participó junto al general Máximo Gómez en la fundación del Partido Nacional Cubano y se desempeñó como representante a la Cámara y presidente de ese cuerpo, en 1904. Con posterioridad, su enfrentamiento con el dictador Gerardo Machado lo condujo a exiliarse en los Estados Unidos. Tras la caída de la tiranía regresó a Cuba y en 1934 ocupó el cargo de Presidente del Consejo de Estado, al que renunció poco después para reincorporarse su cátedra universitaria.

Fue un experto en arqueología indocubana y profesor de Geología, Paleontología y Antropología en la Universidad de La Habana (1900), decano de la Facultad de Letras y Ciencias (1920) y rector del alto centro docente (1921). Fue miembro técnico del Instituto Finlay y director del Departamento de Biología (1935). En 1936 fue curador de moluscos del Museo Nacional de Estados Unidos. Durante su larga carrera donó un gran número de especímenes al Museo Nacional de los Estados Unidos. Sustituyó a don Felipe Poey como Rector de la Universidad de La Habana. Fue el formador de una escuela cubana de naturalistas, y sus discípulos marcaron impronta en el quehacer científico nacional. Se destacó por la utilización de medios de enseñanza como imágenes proyectadas, láminas, dibujos y ejemplares naturales. La importancia de su labor pedagógica fue y sigue siendo reconocida a nivel internacional. Fue un convencido defensor del darwinismo hasta el final de su vida

Carlos de la Torre fue miembro de prestigiosas instituciones científicas nacionales como la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey y la Sociedad Geográfica de Cuba.  También participó en las labores de importantes sociedades científicas extranjeras, como la Sociedad Zoológica de Francia, la Academia de Ciencias de Filadelfia, la Sociedad Española de Historia Natural, el Museo de Historia Americana de Nueva York, la Sociedad Malacológica de Londres, la Academia Leopoldina de Naturalistas de Halle, Alemania, la Academia Chilena de Ciencias Naturales, la Sociedad de Historia Natural de México y la Unión Malacológica Americana. Sus trabajos, de gran prestigio internacional, le valieron numerosas distinciones y condecoraciones en todo el mundo. Se le considera el padre de la malacología cubana.

Realizó su último viaje de estudios con 91 años de edad y ya enfermo de muerte. Falleció en La Habana en 1950.

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CHAPINES, COTURNOS Y PLATAFORMAS: ZAPATICOS CON LINAJE*

Si ahora mismo se hiciera un concurso para que los lectores pudieran opinar sobre el origen del calzado de plataforma y cuándo comenzó a usarse en Cuba, seguramente habría muchas respuestas, pero me temo que pocas acertarían, porque no es una moda, sino el retorno de una moda antiquísima que comenzó por ser una herramienta de trabajo.

Resulta que cuando se investiga este tema, se tropieza de inmediato con una cuestión: el origen del calzado de plataforma ¿está en la Grecia que vio nacer el teatro o en la España del siglo XV? Porque si fue en Grecia, entonces conoceremos la actual plataforma con el nombre de coturno. Pero si fue en España, entonces estaríamos hablando del chapín. Se trata de dos calzados tan semejantes que prácticamente nada los diferencia. Esto podría significar que es un tipo de calzado que cada cierto tiempo regresa, como dicen que hace el tiempo pasado.

El chapín, tal como se le conoce y como lo llevaron las mujeres en la Cuba colonial, según autorizan a creer muchas fuentes, entre ellas la mención a su uso en la icónica novela Cecilia Valdés, es un “calzado con suela gruesa de corcho o madera, sin talón y con el empeine de piel fina, terciopelo o tela bordados, en el que se introduce el pie calzado para protegerlo del barro o la suciedad de la calle”. Como revela a las claras esta descripción, era un calzado preferido por las damas para cuidar su apariencia y preservarla de la mugre que reinaba en las calles de entonces. El entonces a que se refiere esta cita nos remite a la España de los siglos XV y XVI, cuando las mujeres de la nobleza, y también los hombres, adoptaron el chapín como calzado ideal. El vocablo es una voz onomatopéyica, es decir, reproduce fielmente un sonido, el chap chap que hacían al caminar quienes llevaban este calzado. También hubo chapines con la parte superior de cuero, y resulta muy interesante el dato de que el emporio de artesanos fabricantes de chapines en la Península se hallaba en Jerez de la Frontera y Valencia. Como es de suponer, fue España quien trajo al Nuevo Mundo el uso del chapín. En estas tierras el vocablo fue de inmediato empleado para referirse a los españoles adinerados, a quienes los criollos llamaban gachupines, pero terminó por identificar a los habitantes de Guatemala. ¿Por qué? Pues porque en tiempos de la Colonia los comerciantes españoles de Guatemala controlaban la entrada de mercancías españolas al continente, y por sus puertos entraba la producción de chapines importada por los ricos gachupines españoles. Un trabalenguas, sí, pero un dato histórico que casi nadie maneja hoy día.

La moda de los chapines, como todas las modas, tuvo sus excesos, y cuenta el gran dramaturgo español Lope de Vega una anécdota simpatiquísima en su obra La prudente venganza: “Casose un hidalgo amigo mío, de buen gusto, y la noche primera se debía celebrar el himeneo, vio a su mujer apearse de tan altos chapines y quedar tan baja que le pareció que le habían engañado en la mitad del precio justo”. ¿Qué tan alto podía ser un chapín? Pues cronistas de Indias hablan de hasta 22 centímetros, y dicen que las indias y las españolas eran más o menos de la misma estatura, pero por ir las ibéricas calzadas con chapín las indias parecían enanas a su lado.

Pero los chapines no son un invento de los españoles. Para nada. Hay quien los sitúa en el Antiguo Egipto, donde los habrían llevado las damas de altísima alcurnia, quizá hasta la bella Nefertiti, esposa del gran faraón monoteísta Amenofis IV, pero yo prefiero ceñirme al origen comprobado en Grecia, donde este calzado se llamó coturno, y era parte del vestuario de los actores que representaban tragedias en los anfiteatros al aire libre, donde nació el arte dramático griego. Los actores usaban el coturno para aumentar su estatura en escena y ganar visibilidad. Un actor griego de entonces, montado sobre coturnos, envuelto en pesado manto y cubierto el rostro con las impresionantes máscaras de la tragedia, parecía enorme a los ojos del público y era un espectáculo majestuoso. Se cree que el inventor de los coturnos fue el gran trágico Esquilo. Curiosamente, la característica más enigmática del coturno era que no existía diferencia entre pie izquierdo y pie derecho, los dos pies eran exactamente iguales. Melpómene, la musa del teatro, era representada sobre coturnos altísimos.

El coturno también se llevó en la Roma imperial. Lo usaron las elegantes damas de la nobleza, tan en extremo preocupadas por su apariencia exterior, pero también las prostitutas de toda laya. Un dato interesantísimo: Las vendedoras de placer hacían grabar en la suela de sus coturnos la palabra “Sígueme”, una invitación para identificarse y atraer a sus clientes hacia sus casas o prostíbulos. Al caminar sobre la arena del circo o sobre cualquier calle enarenada o lodosa, la palabra quedaba impresa en el suelo con cada paso que daban, dejando tras la dama una estela que facilitaba su seguimiento a quien estuviera interesado en sus servicios. Otras damas no tan baratas ni impúdicas grababan estrellas en las suelas de sus coturnos, también para dejar su huella impresa, como un astro que recorriera los cielos.

En la Edad Media las princesas y damas de muy elevada alcurnia usaban coturnos para evitar embarrarse con el fango de las calles, en el que flotaban frutas podridas, vísceras de animales y desechos de toda clase. Numerosas pinturas de aquellos tiempos dan fe del uso de este calzado en los personajes de corte.

Pero fue en el Renacimiento italiano, concretamente en la república de Venecia, donde las célebres señoras de placer -quienes fueron el rostro más conocido de esa ciudad-, descubrieron el valor erótico del coturno como fetiche. Ellas también lo usaron, y los artesanos venecianos aprendieron a embellecer un calzado hasta entonces rústico recamándolo de perlas, piedras preciosas, esmaltes, encajes y todo lo que pudiera resultar del agrado de aquellas mujeres extremadamente bellas, elegantes y refinadas que cobraban, por una sola noche en su compañía, fortunas y hasta reinos, vivían en palacios lujosos a orillas del Adriático y dominaban la política de la República a través de sus amantes. Eran tan peligrosas estas mujeres montadas sobre sus preciosos coturnos, que Savonarola, el clérigo con miles de seguidores que amenazaba a Venecia y a Florencia con el fuego de Dios por ser las “madres del pecado”, llegó a incitar a la plebe para que saqueara sus moradas y las azotara en la vía pública.

Así, más o menos, eran los delicados coturnos de las venecianas
¿Plataforma o coturno de hoy?

Entonces, las mujeres de hoy que calzan orgullosas sus plataformas, algunos de cuyos modelos son auténticos coturnos por su altura, pueden estar seguras de jugarse una carta de éxito acreditada por milenios en el mundo de la moda. Claro que no todos los tobillos pueden permitirse “jugar en esa novena”, como diríamos utilizando un término del argot pelotero, pues hay una característica fisonómica muy común a hombres, mujeres y niños, pero mayoritaria en el género femenino, llamada hiperlaxitud articular, que consiste en una debilidad natural de las articulaciones provocada por la falta de colágeno, y que nos permite hacer esos juegos tan aplaudidos en la escuela como doblarnos los dedos hacia atrás hasta tocarnos con ellos las muñecas o virarnos al revés los párpados y, en algunas muchachas, da esos brazos largos que se arquean contra natura en bellos movimientos como volutas y las hacen parecer cisnes. Quienes padezcan esta condición deberían evitar las plataformas demasiado elevadas, pues… aunque sean zapaticos con linaje los tobillos no siempre las resistirán.

Cuando los lectores de este artículo visiten el Museo de Arte Cubano, sugiero que se fijen con detenimiento en los cuadros de nuestra época colonial, y verán muchos pies de damas, tanto españolas como criollas, calzados con chapines. Sí, el pasado siempre está volviendo. Hasta en los zapatos.

*Todas las imágenes han sido tomadas de Internet

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COVID, VUNERABLES Y LA TRAGEDIA DE LAS COLAS EN LAS FARMACIAS CUBANAS

Recién he leído en un diario nacional la queja de la señora Marta Yabor Balbe, conocida y respetada conductora de la programación televisual, sobre las penas y azares que su anciana madre tiene que enfrentar cada vez que llega el pedido de los medicamentos a su farmacia, que para más datos, es también la mía, pues somos vecinas del reparto La Asunción, ubicado en la intercexión de las calzadas de Luyanó y Porvenir.

Quisiera sumarme al sentir de Marta, puesto que yo misma me he convertido en un ente de la tercera edad y sufro las mismas dificultades a la hora de comprar con mi tarjetón y el de mi hija discapacitada los medicamentos que nos corresponden cada mes por tener la desgracia de padecer las patologías crónicas que soportamos.

En un fenómeno que observamos con la mayor preocupación: la inmensa cola que desde días antes, y hasta de madrugada, se forma en las farmacias para “coger” un turno bajito que permita acceder a los medicamentos, tan escasos, antes que se acaben. En nuestra farmacia los vecinos, imposibilitados de dormir por las feroces discusiones que se forman en medio de la calle, tienen que llamar a la policía varias veces y esta, viene o no, pero no consigue más que hacer callar a los contendientes por un rato.

Las colas cubanas no tienen disciplina, nadie guarda el distanciamiento social tan necesario en medio de una pandemia que cada unos cuantos días crea una nueva cepa, siempre más contagiosa y letal que la anterior. La gente pareciera como que en esas horas que comparten forzosamente desarrollan un amor profundo los unos por los otros y se pegan, se abrazan, transmitiéndose generosamente el virus de una boca a otra, de una nariz a otra, pues los nasobucos son, para muchos, apenas un mero ornamento que se colocan correctamente solo cuando ven desembocar por una esquina el carro patrulla de la policía.

Es inhumano que ancianos y discapacitados tengan que permanecer en estas colas, de pie, al sol, empujados, vituperados, expuestos al contagio y, en muchas ocasiones, abusados hasta por los mismos dependientes. El pueblo sabe que vivimos en pandemia, que sobre Cuba pesa el yugo asfixiador de más de doscientas sanciones económicas y un bloqueo impuesto por los Estados Unidos desde hace más de medio siglo. El pueblo sabe que no hay suficientes medicamentos y que los enfermos del COVID consumen una gran parte de la exigua producción nacional. Pero es que los medicamentos de tarjetón no son de tarjetón por gusto. Pongo dos ejemplos, aunque hay muchísimos. El Clopidogrel, un antiagregante plaquetario, es la línea que separa la vida de la muerte para los enfermos cardiópatas que llevan implantado en sus pechos un estent, dispositivo que mantiene abiertas las arterias obstruidas para asegurar el flujo de sangre al corazón. Cuando uno de estos pacientes abandona el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular es debidamente advertido por su cardiólogo de que dejar de tomar el Clopidogrel lo conducirá en muy pocos días a la trombosis de su estent y, en dependencia de en qué arteria esté ubicado el dispositivo, a una muerte rápida y muy dolorosa que no le dará tiempo para llegar al hospital más cercano.El paciente tendrá tantos días de vida como tabletas de Clopidogrel logre agenciarse. Toda una sentencia letal que pende sobre su cuello como una espada de Damocles que tiene, dolorosamente, muchas probabilidades de cercenarle la cabeza, aún cuando el plazo de su estancia sobre la Tierra no haya llegado a su fin natural .

El otro ejemplo es la Metformina, medicamento imprescindible para diabéticos. La diabetes es una enfermedad que hasta cierto punto y hasta cierto momento de su desarrollo puede controlarse con una dieta adecuada, pero ¿existen en este momento en Cuba las condiciones requeridas para una dieta como esa? La respuesta es NO. Y no me parece necesario entrar en detalles sobre la gravedad de una diabetes descompensada.

No puedo dejar de mencionar la crítica situación en que se encuentran los pacientes psiquiátricos, grupo poblacional especialmente afectado por el estilo desastroso de vida que la pandemia nos ha impuesto, muchos de ellos en crisis y sin posibilidad de un ingreso hospitalario, ya que la inmensa mayoría de nuestros hospitales han sido derivados para la atención de los pacientes de COVID. Estos pacientes psiquiátricos están en sus casas, muchos de ellos no son crónicos y podrían volver a la normalidad, pero sin la medicación que les ha sido indicada evolucionan rápidamente hacia la cronicidad ante la desesperación de sus familias, impotentes para ayudarlos y para controlarlos. Quien esté inmerso en una situación como esta sabe que no miento cuando digo que es uno de los peores sufrimientos a que se enfrenta el alma humana: ver enloquecer a un ser querido y no poder hacer nada.

¿Qué pasará con todos los enfermos de NO COVID que ahora no pueden acceder a sus medicamentos, incluso cuando la farmacia anuncia que “en este pedido no han entrado” pero luego aparecen en el mercado negro a precios salidos de la más delirante novela de ciencia ficción?

Ciertamente, existen grupos de apoyo creados por los Gobiernos municipales, los CDR y hasta por los mismos vecinos, pero no siempre cumplen su cometido, que sería, en teoría, garantizar la medicación a los ciudadanos más vulnerables. A veces estos grupos no dan abasto, porque la población cubana está muy envejecida, y otras, porque la persona comisionada para hacer esta función es ella misma una persona muy enferma. En nuestra cuadra es nada menos que una diabética, que no puede dormir en la cola ni marcar antes de las seis de la mañana, como le ocurre a la anciana madre de Marta Yabor, entre otras razones porque hace meses no logra acceder a su medicación de Metformina.

La situación es extremadamente grave, pues si es terrible morir de COVID, no lo es menos morir innecesariamente de otra enfermedad por falta de un medicamento. Se impone con extrema urgencia diseñar, por parte de los organismos y autoridades involucrados, un modelo de abastecimiento de medicamentos para los vulnerables que proteja sus vidas y garantice su acceso a la medicación. Al mismo tiempo, es preciso, es necesario y es vital tomar medidas para que los medicamentos no “escapen” de las farmacias en cuanto el camión del pedido los descarga, para ir a parar a los siempre bien provistos y abusivos almacenes del mercado negro. Y es preciso que todo esto se haga igual en todos los municipios, que las medidas sean las mismas en todas partes, pues no se entiende por qué en algunos municipios hay mejor organización en la distribución de medicamentos, y en otros la misma es un desastre.

Todos somos ciudadanos, pero los fuertes tienen muchos recursos para valerse y encuentran siempre el modo de sobrevivir, mientras que los ancianos, los discapacitados y los niños dependen de la protección y amparo de la sociedad a la que pertenecen y, en muchos casos, dedicaron sus vidas. Ningún país debe olvidar esta verdad. Si la sociedad no nos protege, ¿quién lo hará?

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Adios, Arturiqui

La imagen de la derecha es la que se parece más a la época en que éramos inseparables

Conocí a Arturo Cuenca cuando ingresé en la Academia San Alejandro en 1971. Éramos de la misma edad, pero él había entrado un año antes. Ya se le conocía como irreverente, muy original y muy dotado. Teníamos 17 años. Yo no tenía condiciones para la pintura y no era un secreto para nadie, pero me gustaba leer, y así fue como trabé amistad con él y su eterno acompañante, Reinaldo el Mono. Dos o tres años más tarde, después de aquella fatídica “reunión del pelo” como se la recuerda, ocurrida en el teatro del conservatorio Caturla, y de la que no digo más porque quienes saben de qué hablo no necesitan aclaraciones, Arturo y yo dejamos San Alejandro. No habrían pasado ni tres meses cuando se apareció en la casita de mis abuelos con un recorte de periódico en el bolsillo de su gastada camisita blanca: era una convocatoria para matricular en la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA), continuadora de la primera de su tipo en la isla, un curso emergente de seis meses impartido años antes en el edificio FOCSA. Arturo y yo éramos muy amigos, y me embullé. Fuimos juntos. Yo arrastré conmigo a mi novio de entonces, Eugenio Rivero, El Pive, entonces estudiante de Ingeniería en la CUJAE. Ellos no se conocían, pero pronto se hicieron muy amigos.

En esa escuela los tres matriculamos la especialidad de Literatura, y esos cuatro años fueron los más felices de mi vida. Arturo era uno de los personajes más relevantes de la escuela. No muy alto, magro, cetrino y siempre muy nervioso, poseía una de esas inteligencias deslumbrantes por su lucidez, su lógica y al mismo tiempo, su profunda intuición. Para muchos estaba loco, pero en realidad era un ser humano de esos que aparece uno cada cierto tiempo. Su sensibilidad para el arte y la vida era especialísima y muy intensa. Era de una familia muy pobre. Por aquel tiempo vivía en un raro lugar cerca de la plaza de Cuatro Caminos, en una especie de palomar alto, con apenas un catre, y no creo que tuviera más de dos mudas de ropa, muy gastado todo, pero Arturo estaba por encima de cualquier respingo social, como casi todos los que conformamos aquel inolvidable grupo de amigos. Éramos muy felices con nuestros estudios, y teníamos grandes planes. La escuela no era rígida, y Arturo consiguió un local, un garaje, creo, pues era un conjunto de casas, y allí siguió pintando. Pive se le unió. Los de Literatura teníamos otro garaje en el albergue de las muchachas donde nos reuníamos. Conseguimos un samovar muy abollado, y como en nuestro grupo había gente de música, de teatro y de danza, hacíamos unas tertulias tremendas que a veces nos veían amanecer sin haber pegado un ojo. Los estudiantes de guitarra de la escuela, que formaban una camerata dirigida por el profesor Jorge Maletá, eran músicos excelentes y algunos de ellos luego han sido intérpretes de reconocido prestigio internacional. Leíamos, escribíamos poemas, cantábamos y filosofábamos muchísimo. Teníamos permiso para ir a bibliotecas siempre que amaneciéramos en el matutino. Nunca conocí una escuela de arte como aquella.Nuestros profesores, egresados de la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana, tenían conceptos pedagógicos muy avanzados, y nos aplicaban los planes de estudio de La Sorbona de París. Teníamos nuestro propio taller literario

Arturo era uno de los alumnos más destacados de Literatura. Él y Marcos Soneira eran los campeones robando libros de las bibliotecas, deporte que todos practicabamos con más o menos éxito. Nos llevábamos los libros en los enormes bolsillos de nuestros más enormes abrigos de la beca, que, decían, eran los mismos que usaban las tripulaciones de los submarinos soviéticos. Aquellos abrigos eran geniales, grandes como casas, y Arturo, Eduardo Santiesteban, Marcos, Cira Andrés y yo, todos flaquísimos, parecíamos astas de bandera dentro de ellos.

Arturo era simpatiquísimo. Mi mamá lo adoraba. Él solía visitarla aunque yo no estuviera presente, y los dos se enzarzaban en interminables intercambios de confesiones amorosas, pues Arturo era novio de Cira Andrés y los dos vivían un romance apasionado y tormentoso como he visto pocos. Mi mamá era la confidente de Arturo, una especie de consejera del corazón. Creo que hasta preferían deshaogar sus penas mutuas sin mi presencia.

Recuerdo que los varones nos contaban que de noche, en el albergue, de repente Arturo, profundamente dormido, lanzaba chillidos y alaridos que asustaban a todos, y a veces caminaba con los ojos abiertos. Luego volvía a su litera, se dormía y al despertar por la mañana no recordaba nada.

Todos nosotros éramos diferentes de la mayoría de la gente de nuestra edad, y muchos habíamos sufrido el bulling en algún momento de nuestras vidas. Arturo sufría por eso, lo que no le impedía divertirse como loco. Los fines de semana usábamos los pases para ir en masa al pueblo de San Antonio de Río Blanco, donde vivía uno de nuestros compañeros de música. Aquel era nuestro paraíso. Dormíamos a veces treinta sobre una gran estera que nuestro anfitrión usaba para sus prácticas de yoga. Comprábamos toneladas de cangrejitos de guayaba en la bodega del pueblo, fumábamos populares como dementes y devorábamos los sabrosos almuerzos que María, la madre de nuestro anfitrión, tenía la generosidad de preparar para aquella banda de locos escuálidos con hambre vieja de becados. Otros amigos que vivían en el pueblo tenían una casa de campaña con capacidad para doce personas, y nos íbamos, todo aquel gigantesco grupo, a Playa Amarilla. Montábamos la casa, pezcábamos, recogíamos siguas, hacíamos fogatas, cantábamos, tocábamos guitarra, bailábamos y nadábamos, y al final, caíamos rendidos sobre sacos de dormir repletos de cangrejos que nos mordían.

Arturo fue uno de los mejores amigos que he tenido. Era de una osadía que rayaba en la temeridad. No tenía miedo, hablaba lo que le venía a la boca, pero todo con una lógica que dejaba tiesos a sus oponentes. Alguna gente pensaba que él era así porque estaba loco, pero yo siempre creí que era uno de los más cuerdos de entre nosotros, aunque demasiado original, creativo y rompedor de cánones como para encajar, lo que de cierta forma nos pasaba a casi todos nosotros, por eso fuimos tan felices en aquella escuela, porque tantas individualidades diferentes pero muy definidas a pesar de la extrema juventud, encontraron allí su República de las Letras, donde todos nos admirábamos y respetábamos y cada cuál tenía su lugar reconocido por todos. De todos nosotros Arturo fue siempre el menos convencional, el más atrevido.

Cuando supe de su muerte, que estuvo seis días pudriéndose solo en su apartamento hasta que el hedor propagó la noticia, he vivido uno de los momentos más tristes de estos últimos años de mi vida, porque aunque he perdido amigos muy queridos por el COVID, la muerte de Arturo viene a significar para mí el fin de una era. Para muchos su muerte cierra una etapa renovadora de la pintura en Cuba, pero para mí es mucho más que eso. Arturo era mi símbolo de la más loca, pura y maravillosa juventud. Ahora sí que empiezo a sentirme de verdad la vieja que soy. Hasta ahora no había sido muy consciente, aún me sentía joven por dentro, pero ahora…

Me pregunto dónde estarán aquellos cuadros grandísimos donde pintaba a Cira, su gran amor, y todos los poemas que escribimos en aquella época y que nos leíamos con cierto temblor, porque aunque teníamos muchos sueños no alcanzábamos entonces a imaginar qué futuro tendría cada cual cuando la escuela llegara a su fin.

Yo no pude hacer el servicio social. Creo que fui la única alumna que no lo hizo. No volví a ver a ninguno de mis amigos, pero seguí de cerca las vidas de algunos y supe todo lo que Arturo había hecho. No me sorprendí cuando llegó la noticia de que había dejado la isla.

La mente humana es algo bien raro. Cuando me llamaron por teléfono para anunciarme su muerte, antes que pensarlo descompuesto fue otra la imagen que vino a mi memoria: un grupo de nosotros en la cola de la guagua que iba para San Antonio de Río Blanco, y Arturo se aparece con un overol hecho por él, precioso, de un azul increíble, pero… sin portañuela. Comenzaron las bromas, el bonche, y él se reía divertido, y decía: “¡Prueben, prueben, para que vean qué cómodo es hacer pipí sentado!”.

Estas notas son dispersas, y sé que no logran retratarlo. Solo quiero despedir a uno de mis mejores amigos, de mis mejores y más hermosos recuerdos, al símbolo de mi primera juventud y de mi tiempo más feliz. Que encuentres tu camino en otros mundos, como supiste encontrarlo aquí, Arturiqui.

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La antigua leyenda celta oculta detrás de Outlander

Somos los que hacen la música
Y los que sueñan los sueños,
Vagando por solitarios acantilados,
Sentados junto a desolados arroyos;
Perdedores del mundo y del mundo desertores
Sobre quienes brilla la pálida luna;
Aún así parece que siempre seremos
los motores, los agitadores del mundo.

A. O’Shaughnessy (1844-81)

Aunque ese refrán que reza la curiosidad mató al gato, suele ser cierto cuando se refiere a los peligros de querer saber demasiado sobre algo que no nos compete y puede resultar potencialmente peligroso, no es menos cierto que la curiosidad ha sido una de las fuerzas impulsoras del conocimiento y progreso del género humano. El amor al estudio es una de las formas más maravillosas de la curiosidad, y me ha llevado a darme cuenta accidentalmente que las escenas más criticadas de la serie Outlander, pertenecientes al primer capítulo de la primera temporada, no son una invención caprichosa de la escritora de la saga homónima, la mexicana Diana Gabaldón. Me refiero a la danza de las mujeres druidas en medio de un círculo de piedras, y casi enseguida, al momento en que Claire Beauchamp, la protagonista, regresa sola al mismo lugar, y al tocar con sus manos el monolito es transportada al pasado por una extraña fuerza que mana de la piedra.

Para comenzar, diré que las mujeres del pueblo, quienes de madrugada y siempre en un determinado solsticio anual, danzan en el círculo de piedras portando lámparas de sal, no son druidesas, como han creído muchos espectadores amantes de la Nueva Era y la cultura celta, ni el toque de la piedra teletransportadora es una solución facilista y simplona de la autora. Ambas cosas forman parte de una de las leyendas más conocidas e importantes del mundo occidental, el llamado Ciclo Artúrico, que narra la vida y aventuras del rey Arturo, sus caballeros de la Tabla Redonda, su infiel reina Ginebra y el poderoso mago Merlín, personajes que han inspirado mucha literatura, entre ella toda la obra de Tolkien, y han sido motivo recurrente de muchas obras de arte imperecederas. Diana Gabaldón tomó elementos de una leyenda de ese ciclo: la isla de Avalon, un lugar cuya existencia real aún debaten los estudiosos.

Una visión imaginada de la isla de Avalon
Otra visión de Avalon envuelta en las nieblas del lago

Avalon es una de las tantas islas oraculares habitadas por hadas que abundan en los antiguos mitos y leyendas celtas precristianos, y es la morada de Cerrydwen, forma galesa de la Diosa Triple, la Diosa Blanca de la Vida en la Muerte y la Muerte en la Vida, dueña del Caldero de la Sabiduría, al que siempre alimentaba con pociones mágicas y del que bebieron el bardo Taliesin y el mismo Merlín. Era, pues, un caldero mágico (lo del caldero de bruja es una concepción medieval) donde vivían el conocimiento y el don de la poesía. Esta deidad fue adorada por los pueblos protoceltas que habitaban Europa antes de la llegada de los invasores indoeuropeos con sus panteones de dioses masculinos. Los celtas llamaban a esta isla Ynisvitrin, o Inis Gutrin, la Isla de Cristal. También es la Isla Radiante y la Entrada a Annwm, el Otro Mundo. Avalon viene de la vieja palabra bretona aval, que significa manzana, Avalon es, pues, la Isla de las Manzanas, y desde tiempos remotos los bretones y galeses siempre han creído que se encuentra en el muy real territorio de Glastonbury Tor, donde la diosa mora en Caer Sidi, el Castillo de Cristal o Castillo en Espiral, donde los muertos que son elegidos renacen como héroes divinos. Es una tierra mítica que se encuentra en la frontera de dos mundos, una isla arquetípica que representa una forma de paso iniciática: el gozne. Allí el tiempo contiene todos los tiempos y el espacio es todos los espacios. Un físico diría que la isla se encuentra en la cuarta dimensión.

 El primer escritor que mencionó Avalon fue el sajón Geoffrey de Monmouth en 1139. Narró la historia del rey Arturo, sucedida unos 600 años antes de su época (lo mismo que Homero cuando escribió sobre la Guerra de Troya), y tachado de mentiroso desde que dio a conocer su obra, siempre afirmó haberse basado en cierta documentación muy remota que hasta hoy no ha podido ser hallada, lo que no debe restarle crédito si se recuerda la enorme cantidad de monasterios, abadías, conventos y palacios que han sido devorados por incendios y donde se han perdido valiosas bibliotecas de manuscritos y pergaminos antiguos. En su Historia Regum Brittaniae, donde cuenta la vida del gran rey, menciona la isla dos veces y la llama Insula Avalonis. Es un hábito entre los académicos negar sistemáticamente la existencia real de tierras míticas, pero a veces no se tienen en cuenta las modificaciones y cambios que han sufrido las geografías del mundo, cuyo caso más conocido es el desierto del Sáhara, que alguna vez fue un vergel, según han demostrado investigaciones multidisciplinarias, y hoy es el lugar más árido del planeta. Otro ejemplo es Tiahuanaco, en el Perú, hoy uno de los lugares más elevados de la Tierra y antaño un puerto de mar. En un paraje de Somerset, en el suroeste de Inglaterra, se encuentra la colina de Glastonbury, o Glastonbury Tor. Se dice que en esas llanuras en aquellos tiempos es muy posible que el terreno fuera una ciénaga o lago, y la hoy colina fuera entonces una isla rodeada de agua.

En la cima del Tor y las colinas cercanas se levantaban alrededor de 30 menhires que constituían un observatorio lunar construido por hombres del neolítico, se cree que con el objetivo de predecir eclipses. Estas rocas se alineaban con el sol en una de las cuatro grandes fiestas estacionales de la cultura celta, el festival de Beltane o fiesta del fuego, celebrado el primero de mayo, y en Lammas, el primero de agosto. Ya en 1880 la mayoría de las rocas habían sido removidas pero aún se conserva en pie una de ellas en la parte occidental del eje este-oeste del Tor. Los lugareños consideran este megalito una piedra de poder, la llaman La Roca Viva y aseguran que quien la toca al amanecer o a media noche siente su energía en forma de una corriente eléctrica que brota de ella. Esta colina, posiblemente antaño una isla lacustre, es sagrada desde tiempos inmemoriales, aunque deba su fama actual a la leyenda del rey Arturo. Además de los restos del círculo de piedras en su cima, también hay en ella un manantial sagrado y un laberinto druídico que servía a los antiguos sacerdotes del roble como camino procesional. Las investigaciones arqueológicas realizadas en el lugar confirman que se trata de un complejo matriarcal construido alrededor del año 2000 ane.

La partida de los caballeros, una escena del ciclo artúrico pintada por Edward Burne-Jones

La relación de Arturo con la isla de Avalon, tierra de hadas, comienza antes de su nacimiento. Cuenta la leyenda que allí fue forjada Excalibur, la espada divina que custodiaba La Dama del Lago, una figura mitológica de la cultura celta presente en otras culturas también, como en la griega, donde toma la forma de una ninfa del agua. Solo quien lograra la posesión de esa arma podría ser rey de Bretaña. Ayudado por Merlín, Arturo lo consigue, pero Arturo, aunque se creía único heredero de su padre el rey Uther Pendragón, no lo era, pues antes de engendrar a Arturo este monarca ya tenía una hija de su primer matrimonio, a la que repudió para casarse con Igrayne, reina de Cornualles, de quien nacería Arturo. Esta hija rechazada en cuyo nombre, Morgana o Morgan Le Faye, se encuentran reminiscencias del nombre Morrigan, antigua diosa de la muerte en la Irlanda precristiana, tenía una naturaleza feérica y moraba en Avalon junto con otras mujeres como ella, entre las que se encontraban las nueve doncellas del caldero de Annwn, presumiblemente sacerdotisas de la Diosa, quienes poseían poderes de transformación y sanación. Ha sido la implantación del cristianismo en Irlanda en el siglo V la que ha conferido a Morgana una naturaleza malvada, convirtiéndola en una hechicera negra y asesina de Arturo.

Morgan Le Faye, de Sandys Frederik,
Morgana, encarnada por la actrizs francesa Eve Green en la serie Camelot

Y aquí se entrelaza la segunda parte de la relación de Arturo con Avalon. Arturo se casa con la doncella Ginebra y la convierte en su reina, pero ella se enamora de Sir Lancelot del Lago, nacido, según el mito, en la propia Avalon, y es infiel al rey, quien les perdona la vida a ambos. Arturo, criado entre la magia druídica y el cristianismo, sueña con unificar todas las Bretaña y lucha contra sus enemigos los pictos de Escocia y los sajones. Engañado por Morgana, quien quiere vengarse de haber sido preterida en su derecho a la realeza, se convierte en el amante de su hermana, con quien tiene un hijo. En el último combate de Arturo, este hijo, equipado por su madre con armas mágicas, se enfrenta a Arturo y lo hiere de muerte o lo mata, según la versión del ciclo que prefiramos. Entonces Ginebra, refugiada en un convento cristiano donde como monja expiaba su pecado de infidelidad, abandona su retiro, recupera el cuerpo de Arturo y lo transporta en una barca a Avalon para que allí sea sanado o enterrado, y esto último fue lo que al parecer sucedió, porque en 1190 los monjes benedictinos, quienes habían construido  una abadía en la cima de la colina sagrada con los restos de lo que fue el círculo de menhires, y una antigua iglesia dedicada a San Miguel, anunciaron haber encontrado la tumba de Arturo con una inscripción que decía «Hic Iacet Sepultus Inculytus Rex Arturius In Insula Avalonia». Esta abadía fue cerrada en 1539 por orden del rey inglés Enrique VII, y sus piedras utilizadas por los habitantes cercanos al lugar para construir casas y muros. Hace unos años la noticia de que los arqueólogos habían hallado en los terrenos de la abadía una sepultura que podría ser la tumba de Arturo conmovió a la opinión pública, pero el hallazgo aún no ha podido ser validado por los científicos.

Tumba de Arturo en la abadía de Glastombury
Interior de la tumba
El último suelo de Arturo, del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones

Las diosas celtas, en todas sus manifestaciones de Diosa Triple, siempre dieron su protección a los filids y bardos, quienes, además de poetas, fueron los primeros historiadores del mundo celta, y gracias a sus cantos y poemas, que San Patricio mandó copiar a sus monjes en los monasterios cristianos que sustituyeron los cultos paganos de los druidas, se han conservado hasta hoy muchas leyendas, tradiciones, canciones y documentos que salvan para la memoria histórica una de las culturas más originales y bellas de la humanidad. Como todos los lugares habitados por la magia del pasado, la danza de las hadas en el círculo de piedras de Glastombury y el menhir que es una puerta entre los mundos, pueden no ser más que la fantasía que adorna un lugar turístico incluido en una ruta de viajes. Para ellos alguien escribió:

Quien se acerca a esta tierra sin abrirse a las posibilidades del ser, como diría Rilke, solo ve la Abadía de Glastonbury y escucha sus campanas. Solo serán monjes las figuras que recorren los senderos y será el tiempo presente con sus murmullos de guerra y desconcierto. Nunca verá el lago y mucho menos la barca mágica que podría llevarlo a las orillas de la isla. El suave sonido de las hadas pasará desapercibido y el círculo de piedras no reflejará la luz de luna. Al acercarse al manantial sagrado verá solo agua, nunca las visiones de Morgana. Nunca escuchará a la Dama del Lago, la gran Sacerdotisa, conjurar a la Diosa. Avalon es un mundo que pervive y vibra en una dimensión distinta, sobrepuesta a la tercera dimensión en que Glastonbury es una sólida colina. Las nieblas que la cubren solo pueden ser dispersadas por un corazón tocado por el amor de la Tierra y de la Madre. Por una mente dispuesta a percibir las múltiples posibilidades del Misterio. Por unos ojos abiertos por el poder de la imaginación.

Diana Gabaldón sí que vió, y gracias a ese milagro debemos nosotros las escenas inolvidables que dan comienzo a Outlander, una de las series más hermosas de las últimas décadas.

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