Vedado: verde que te quiero verde

Los árboles no solo embellecen el paisaje, sino que son reguladores del clima y constituyen elementos distintivos en el embrión inicial de la urbanización de ese territorio modelo por sus valores urbanísticos…

Maya Quiroga

4/5/2021

Desde la urbanización del barrio El Carmelo, fundado hacia 1859 y reconocido como primer núcleo urbano a partir del cual se organizó la trama de lo que hoy genéricamente llamamos El Vedado, se reglamentaron elementos característicos de la barriada que eran de obligatorio cumplimiento: la presencia del color verde a través de jardines de cinco metros y del arbolado urbano en las aceras.

Se trata del “resultado de una intención de planificación gestada con las ideas de la Ilustración y los propósitos higienistas nacidos en Europa frente a la caótica situación de las ciudades industriales”, advierte la arquitecta María Victoria Zardoya en las Regulaciones Urbanísticas de El Vedado (Ediciones Unión, colección Arquitectura y Ciudad, La Habana, 2006).

En ese mismo texto señala el desaparecido historiador de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler, que el profuso arbolado en los parterres públicos es una variante ecológica de los antiguos soportales de las calzadas y genera un túnel verde para guarecerse del inclemente sol o del chaparrón veraniego hasta alcanzar el portal esquinero.

Durante su visita a Cuba, en 1983, como parte de la IV Reunión Interregional de las Comisiones Nacionales de la UNESCO, Amadou Mathar M’Bow, en aquella época director general de esa organización, calificó a El Vedado como la unidad urbanística arquitectónica más extensa y valiosa existente en el mundo en tanto representación del Neo-clásico.

El intelectual Alfredo Guevara, quien acompañó al profesor universitario y matemático en un recorrido por la ciudad, recogió en la crónica titulada El Vedado, “desde la emoción adelanto, aquel momento en que el catedrático reflexionó acerca de la posibilidad de incluir a la barriada en la lista de sitios Patrimonio de la Humanidad”.

En marzo de 1999 El Vedado fue declarado por la Comisión Nacional de Monumentos como Zona de protección, y sus principales arterias (Paseo, G, Línea, 23 y Malecón) quedaron diferenciadas con la categoría de áreas de alto Valor Histórico-Cultural.

Es bien conocido por especialistas en la materia que la urbanización de la otrora finca alejada del centro colonial sentó las bases para la de otros territorios de La Habana como La Víbora, Santos Suárez y Lawton o del Reparto Vista Alegre, en Santiago de Cuba.

En el artículo El alegre tintineo de los tranvías, la intelectual Graziella Pogolotti, una de las grandes defensoras de la historia local, se refiere a las consecuencias del paso inexorable del tiempo por El Vedado:

“A pesar de tantas cicatrices, sus rasgos esenciales, la marca de su diseño original, persiste en el trazado de sus calles y avenidas, en la altura media de sus construcciones, en sus portales, en el césped y el arbolado, en diálogo permanente con el mar. Las raíces socavan las aceras, el caminante disfruta la brisa y la sombra acogedora”.

Con cierta amargura dice el fallecido arquitectoMario Coyula en el texto Más acá del río y bajo los árboles a la sombra de un Vedado que ya no es más: “Ese verde urbano actuaba como estructurador, regulador del clima y embellecedor; pero en el posterior conflicto con el tendido eléctrico aéreo los árboles han llevado la peor parte; y aproximadamente la mitad se ha perdido”.

Lo cierto es que muchos vedadenses guardamos en nuestra memoria afectiva la belleza de las formas caprichosas que exhibía durante todo el año el Paseo arbolado en la calle G o Avenida de los Presidentes.

También rememoramos la presencia de especies como los laureles y las casuarinas o los jazmines olorosos de muchos jardines vecinales. Con la llegada de la primavera los árboles de las arterias principales florecían y le daban a cada calle un color distintivo: la vía de 17 se identificaba con los tonos amarillos, la atmósfera de Línea se teñía de naranja, de rojo o de tonalidades blanco-rosadas, aportadas por los framboyanes o los suchelis.

Así lo resumió la poetisa Dulce María Loynaz en su libro de memorias Fe de vida: “¡Cómo olvidar aquel trasunto de mármoles y jardines, de árboles umbrosos y verjas de hierro calado en filigranas! Y luego aquel olor a albahaca y a romero que era su olor. Y nunca más he vuelto a percibir”.

LAS REGULACIONES URBANÍSTICAS

Dentro de La estrategia y el plan general de la Ciudad está contemplado lograr que los elementos del sistema verde y los espacios públicos funcionen como piezas articuladoras de la estructura urbana, en aras de elevar su significado en la imagen, funcionamiento y mejora de la calidad ambiental de la ciudad, así como potenciar su uso para el intercambio cultural, social y comunitario.

Las regulaciones urbanísticas constituyen la expresión más completa de los planes de ordenamiento en las ciudades. En la Sección I del Capítulo V del Decreto 272 del mencionado documento legal se establecen cuáles son las contravenciones contra el ornato público, la higiene comunal y los monumentos nacionales y locales para el municipio Plaza de la Revolución.

En el caso específico de El Vedado se prohíbe la tala, poda o siembra de árboles ubicados en jardines, parterres, parques u otros espacios públicos sin la autorización correspondiente. En todos los acápites es obligatorio para los infractores de la ley resarcir los daños ocasionados.

LLAMADOS DE ALERTA

En los últimos meses muchos habaneros han expresado su preocupación a varias instituciones estatales por la tala o poda excesiva de los árboles citadinos, en especial dentro del municipio Plaza de la Revolución.

Según un reporte del semanario Tribuna de La Habana, durante una reunión del Consejo de Defensa Provincial su vicepresidente, Reinaldo García Zapata, llamó la atención sobre la necesidad de ser más rigurosos a la hora de efectuar los trabajos de podas, una acción que debe ser evaluada por el grupo de trabajo creado a tales efectos, señaló.

Desde su página de Facebook la destacada crítica Soledad Cruz Guerra alertaba sobre la relación entre el maltrato a la naturaleza y problemas ambientales como el cambio climático, entre los que se incluyen la deforestación y la sequía.

MIRADAS INTERDISCIPLINARIAS

Muchos son los profesionales que han realizado propuestas sistemáticas para la intervención del arbolado urbano, así lo señala en su muro de Facebook el arquitecto Universo García Lorenzo, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Los jóvenes arquitectos Larisa Castillo Rodríguez y José Carlos Pastrana Falcón son los autores de la investigación del 2015 que lleva por título Diagnóstico del arbolado viario de El Vedado: composición, distribución y conflictos con el espacio construido.

En ese trabajo los investigadores hacen un bosquejo de la situación de los árboles de El Vedado a partir de un levantamiento detallado de las especies y de los espacios donde están emplazados, su estado fitosanitario y el diagnóstico de lo que eso puede representar para el medio construido.

Del artículo se conoció que los árboles que presentaban mayor presencia en aceras y paseos de El Vedado son el ocuje, el ficus, la uva caleta, los framboyanes rojos y amarillos, el roble, el palo de María y la casuarina.

El Listado feliz para el arbolado viario en Cuba, elaborado en 2019 por la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre y la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, recomienda las especies ideales para las ciudades.

En el caso de aceras con redes aéreas del tendido eléctrico son: vomitel colorado, uva caleta, moruro rojo, júcaro, siguaraya, sabina de costa, uvilla, guairaje, jubabán, palo vencedor, plumería, falso copal y brasilete. Mientras que para las áreas sin redes aéreas son recomendados el ocuje, el roble blanco, la baría, el almácigo, la yarúa y el ateje.

Recientemente, la profesora e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), MSc. Danay Díaz, dio a conocer un trabajo investigativo sobre la Neomovilidad como parte del Programa de Movilidad Urbana Sostenible de La Habana.

En la investigación presentada por Flacso se contempla el impacto negativo de la tala de árboles en la movilidad suave (caminata, monta de bicicletas, patines, patinete eléctrico y para el traslado de las personas en sillas de ruedas) a través de los barrios de la ciudad.

Por último, en la página de Facebook del Proyecto Urbanismo Sostenible (Participativo, con Empoderamiento de Mujeres como alternativa viable ante los efectos del cambio climático) se muestran fotos de las posturas de árboles sembradas en la Unidad Empresarial de Base Agroforestal El Chico, del municipio capitalino de Boyeros, que a manera de experimento serán plantadas en el Consejo Popular Vedado Malecón.

Los resultados de esas acciones de reforestación —asegura la página— se tomarán como referencia nacional para lo que se debe hacer en materia de Manejo del Arbolado Urbano en Cuba.

Por lo pronto, lo más promisorio y urgente, de cara al porvenir, es promover la educación ciudadana tanto de personas naturales como jurídicas sobre la importancia de los espacios verdes en las ciudades y sus beneficios para la salud física y espiritual de los seres humanos.

Para ello resulta vital una mayor difusión sobre temas de carácter medio ambiental en los medios masivos de comunicación y en los planes de estudios de todos los niveles de enseñanza.

La gestión del arbolado urbano no puede realizarse de espaldas a los ciudadanos —advierten en su estudio Castillo Rodríguez y Pastrana Falcón— porque, tal como demuestran numerosas experiencias globales, la participación ciudadana en la planificación y gestión redunda en un gran consenso social y en una significativa reducción de daños en el arbolado por actos vandálicos.

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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