Misteriosos trampantojos

SchwetzingenSchlossgartenLa primera vez que escuché la palabra trampantojo, fue, creo, en el título de un óleo de la pintora irlandesa Leonora Carrington, o tal vez de su contemporánea, amiga y colega surrealista la española Remedios Varo. El término se me quedó grabado, y desde entonces ha ejercido sobre mí un efecto extraño, como de oscura fascinación, un misterio, algo que se escapa entre la niebla…

 Pero ¿qué significa esta palabra? Según Wikipedia, Trampantojo:

[…] (en francés –trompe-l’œil, «engaña el ojo») es una técnica pictórica que intenta engañar la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado), la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos y de fingimiento, consiguiendo una “realidad intensificada” o “substitución de la realidad”.[] También se utiliza el término “ilusionismo”, que no debe aquí ser confundido con la técnica del mismo nombre que se emplea en la magia […] Los trampantojos suelen ser pinturas murales de acentuado realismo diseñadas con una perspectiva tal que, contempladas desde un determinado punto de vista, hacen creer al espectador que el fondo se proyecta más allá del muro o del techo, o que las figuras sobresalen de él. Pueden ser interiores (que representan muebles, ventanas, puertas o otras escenas más complejas) o exteriores (aprovechando la gran superficie de una pared medianera, o los espacios de muro entre vanos reales). También son abundantes los trampantojos de menor tamaño, algunos pintados o taraceados en muebles o simulándolos (trampantojos llamados “de gabinete”, “de alacena” o “de armero”), especialmente en los tableros de mesa (aparentando todo tipo de objetos, como naipes dispuestos para una partida, láminas de esquinas recurvadas sujetas a un fingido tablero con puntas o alfileres -con lo que se incluyen en el género “cuadro dentro del cuadro[].[] Las naturalezas muertas o bodegones (en holandés betriegerje -pequeño engaño-) [ ]fueron en los siglos XVII y XVIII un género en el que los pintores recurrieron particularmente a la utilización del trampantojo. Obras esenciales del Renacimiento recurren a este efecto, como la de Andrea Mantegna, las grisallas flamencas, los cenacoli florentinos o la pala di San Zaccaria de Giovanni Bellini. Lo mismo ocurre con muchas obras del Barroco; Las Meninas de Velázquez se exhibió durante muchos años en el Museo del Prado de forma que se hacía al espectador “entrar” en el cuadro, con ayuda de un espejo y de la iluminación real de la sala a través de un ventanal dispuesto de manera idéntica a los del Alcázar representados en el lado derecho del cuadro. []En la pintura contemporánea, los surrealistas (especialmente Dalí y Magritte, []y los hiperrealistas utilizan el trampantojo con frecuencia.

También el arquitectura se ha empleado el trampantojo, y son famosos los «engaños» practicados en el Teatro Olímpico de Andrea Palladio, la Scala Regia de Gianlorenzo Bernini (en el Vaticano), la Galería Spada de Francesco Borromini (en el Palazzo Spada) o la escalera Potemkin en Odessa. En cada caso el propósito fue contrarrestar ciertas impresiones o modificar la percepción del espacio mediante la falsificación de efectos arquitectónicos tales como variar la altura de las columnas o la longitud de los escalones para conseguir, en el caso de las escaleras, que parezcan mucho más largas.

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Fresco de Andrea Pozzo en la Iglesia Jesuíta de Viena. La falsa cúpula es un trampantojo

Nosotros los habaneros tenemos un trampantojo de gran trascendencia histórica y estética, aunque, como suele ocurrir cuando algo ha estado demasiado tiempo ante nuestra vista, acabamos por no verlo, si es que alguna vez nos percatamos de su presencia. Se trata del área de conciertos de la sala de la basílica menor del Convento de San Francisco de Asís. En la zona donde se ubican los músicos, los restauradores del inmueble –provenientes en su mayoría de la Escuela Taller “Gaspar Melchor de Jovellanos, de la Oficina del Historiador de la Ciudad- utilizaron esta técnica pictórica para crear la ilusión de profundidad y la existencia de una cúpula que hoy acoge en su seno un gran óleo de San Cristóbal, patrono de la ciudad. g-basilica-menor-de-san-francisco-de-asis-4-2783También el cine se ha beneficiado por décadas de la técnica del trampantojo, que utilizó con profusión en la creación de decorados, en especial paisajes, hasta que la aparición de los efectos especiales digitales relegaron al trampantojo al baúl de los recuerdos. En el cine –explica Wikipedia- se empleaban técnicas especiales para sacar provecho del trampantojos. Por ejemplo, se pintaba

el “gran” exterior (ciudades, cielo, etc.) en una tabla de madera de pocos metros que se situaba relativamente cerca de la cámara pero ocupando solo una parte del encuadre, mientras que la escena real tenía lugar más lejos y ocupando el resto del encuadre de la cámara; así, haciendo coincidir el borde del trampantojo pintado con la escena real, el efecto es que todo se desarrolla en un gran escenario, cuyo coste de construcción hubiera sido prohibitivo. Incluso se podía llegar a tener todo el decorado como trampantojo, ocupando todo el encuadre, y solo a través de un hueco en él tenía lugar la escena real. Podríamos decir que en el cine, para conseguir este efecto de ilusión óptica, se juega con elementos como la escala (de los distintos elementos que conforman la perspectiva) así como la distancia de la cámara al objeto filmado, y la profundidad de campo.

También se benefició el teatro de este recurso que construye realidad a partir de una ilusión, pues por siglos fueron pintados con técnica de trampantojo los telones de fondo de las puestas en escena, representando paisajes de tierra y de mar, y hasta del inframundo o la bóveda celeste, los cuales, mediante un inteligente manejo de las luces en escena creaban la sensación de que el escenario se prolongaba hasta el infinito.

Los ingleses de la época de la reina Victoria, tan aficionados a matar el tiempo con trucos de salón, parecen haber sido especialmente aficioados al trampantojo. ¿Qué otra cosa, si no, es Alicia en el país del espejo, segundo libro que el profesor de matemáticas Lewis Carroll escribió para Alicia, la más pequeña de las hijas de la familia Liddell…?

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 El trampantojo está hoy más vivo que nunca en el arte moderno, en el arte de las calles, donde se ha convertido en una herramienta que con frecuencia representa las obsesiones más oscuras del hombre actual, las mismas que viven empozadas en su ánimo desde los tiempos más remotos de la especie:

La tierra que se abre bajo nuestros pies y nos precipitamos en sus entrañas de fuego...

La tierra que se abre bajo nuestros pies y nos succiona hacia sus entrañas de fuego…

...o esta otra imagen, donde una calle cualquiera se abre y el Inframunco comienza a vomitar sus habitantes, como en un círculo del Inferno de Dante

…o esta otra imagen, donde una calle cualquiera se abre y el Inframundo comienza a vomitar sus habitantes, como en un círculo del Inferno de Dante

Es tan sencillo que usted mismo puede usar un espejo para crear la ilusión de que su pequeña sala es el doble de amplia o de iluminada que en la vida real. Hasta en el mundo del erotismo se emplea el trampantojo para replicar el número de participantes en una ceremonia. Incluso acabamos de ver en Internet una página que promueve camisetas decoradas con esa técnica. ¿El nombre de la página? Trampantojos. El trampantojo es, pues, una herramienta mágica que puede parir mundos, y como tal, resulta inagotable e insondable, como todo territorio del país de Fantasia.

 

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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