EL GATO TUERTO HABANERO TIENE PASADO… Y LINAJE

 

bastet2Los gatos siempre han sido considerados por el hombre como animales enigmáticos, llenos de misterio, incomprensibles, herméticos e impredecibles. Ello explica que se les haya

Representación de la diosa en  su forma de gato

Representación de la diosa en su forma de gato

elegido para encarnar a algunas deidades como es el caso de la diosa egipcia Bastet, o fueran reverenciados ellos mismos como representantes de ciertos dioses. En Egipto se les adoraba y se les hallaba en los templos, bien alimentados, cubiertos de joyas y convertidos, ellos o sus esculturas, en objetos de culto.

Luego, en la Edad Media, la suerte abandonó a los gatos y comenzaron a disfrutar de una mala fama terrible, porque se les tomó por “familiares” de las mujeres acusadas de brujería. Para los inquisidores, en el cuerpo de los gatos, en especial si eran negros, podían alojarse pequeños demonios que oficiaban como secuaces de la bruja, amplificando con su energía oscura el poder de los filtros y hechizos que sus dueñas elaboraban, supuestamente, para causar daño a las personas honestas por orden de Satanás, rey de sus almas corrompidas e impuras. Los gatos medievales, junto con otros animales como cerdos, cabras y asnos, fueron sometidos a juicios por brujería y torturados y quemados lo mismo que los  humanos reos de tal abominación.

Brujas medievales trabajando con su caldero y acompañadas por su espíritu "familiar"

Brujas medievales trabajando con su caldero y acompañadas por su espíritu “familiar”

 Pero en todas las épocas, lo mismo que ha habido empedernidos amantes de los perros, los ha habido de los felinos domésticos, y sería difícil definir cuál de estos dos bandos humanos, los perreros y los gateros, ha demostrado mayor fervor en la devoción por sus mascotas. Ha habido grandes personalidades de la ciencia, la política y la cultura que han amado a sus gatitos con auténtica pasión. La escritora francesa Colette no solo tuvo muchos y los quiso como a sus hijos, sino que les dedicó varios de sus libros y vivió rodeada de ellos hasta el fin de su vida.

 Sin embargo, ni la divinidad endosada, ni la malignidad inventada, ni el amor profundo y abnegado que los gatos despiertan en los seres humanos a pesar de su proverbial frialdad e indiferencia afectivas, bastarían para explicar por qué también se han convertido en iconos de los placeres nocturnos combinados con la música, el espectáculo y el erotismo, es decir, en fetiches de ese fenómeno imponderable llamado cabaret. Se cree, sin embargo, que el fenómeno guarda relación con la afición de la diosa Bastet por el canto y el baile. Los egipcios solían festejar en su honor con grandes festivales donde los asistentes se entregaban a tremendas borracheras.

 Es posible que hayan existido numerosos bares, clubes y cabarets en cuyos nombres aparezca la palabra gato, pero los más famosos que han pasado a la Historia vieron la luz en el París y la Barcelona decimonónicos: Le Chat Noir y Els Quatre Gatz. En La Habana tenemos un descendiente, y con no menos ilustre brillo.

 Le Chat Noir de París

Poster publicitario del cabaret creado por Steinlein

Poster publicitario del cabaret creado por Steinlein

Le Chat Noir, inaugurado por Rodolphe Salis, excéntrico showman, el 18 de noviembre de 1881 en el bulevar Rouchechouart del barrio de Montmartre,  tuvo una breve vida y fue clausurado en 1897. Concurrían a este cabaret muchos artistas de fama, y entre sus espectáculos variados se hizo célebre su teatro de sombras, algo que hoy conocemos con el nombre de sombras chinescas. Este divertimento de Le Chat Noir utilizaba técnicas avanzadas para su época y se le ha llegado a considerar un precursor del cine. Los dramaturgos y escritores que asistían habitualmente al cabaret escribían las obras y el acompañamiento musical para aquel teatro poco convencional, y el público aplaudía fuera de sí. También eran muy solicitadas las presentaciones de cantautores muy gustados en la época. El local se identificaba por un cartel que ha pasado a la fama: un gato negro sobre fondo dorado, y una leyenda en letras rojas donde se alude a la presencia de “poetas y compositores”. Salis tuvo la osadía de elegir para su cabaret un territorio peligroso como era entonces Montmartre, barrio de apaches y otras especies de la canalla parisina, pero donde residían, también, algunos artistas, entre ellos el compositor y pianista Eric Satie y el periodista Emile Goudeau, quien se asoció desde el principio al proyecto del atrevido empresario. Alguien describió así la inauguración del nuevo centro nocturno:

 Se escucha una conmoción en la distancia y el sonido del canto de ebriedad. Las llamas iluminan el cielo. Una procesión con antorchas se dirige a su destino. La encabeza un guardia suizo corpulento y vestido de gala, con un espléndido sombrero de plumas y una alabarda. Le siguen un grupo de hombres jóvenes que celebran con el vino y la canción. Usted está presenciando el nacimiento del más famoso cabaret de París.

 Salis decoró su madriguera “ostentosamente con una mezcolanza de muebles antiguos y fuertes, lámparas y pinturas, para dar un ambiente de Luis XIII”. Si en sus inicios fue refugio de escritores y poetas y otras gentes de letras, no tardó en atraer a músicos y  pintores, y el cogollito de artistas que allí se daban cita hizo de Le Chat Noir el primer cabaret que obtuvo autorización oficial para introducir un piano, logro que permitió un desenfadado acomodo de cantos y bailes en su local.

 Salis tenía gustos extravagantes. Una noche el cabaret recibió a sus clientes con la noticia de la muerte de su dueño, y de inmediato se desató una procesión funeraria por las calles del barrio, presidida por el propio “fallecido”. Sin duda, el alma del cabaret era la más libre fantasía, el exceso elevado a numen tutelar, la sorpresa más allá de la sorpresa, todo lo inaudito era bienvenido. Curiosamente, Salis nunca pagó en dinero a los artistas que intervenían en sus espectáculos, sino en especie, con una total libertad para consumir cerveza y ajenjo. Fue acusado de hacer dinero a costa del trabajo ajeno, pero nadie prestó demasiada atención a las críticas y el club se fue haciendo cada día más exitoso. Considerado un centro tan literario como artístico y musical, dominaba desde la colina más alta de la ciudad un mundo nocturno caracterizado por su esplendor, alegría y refinamiento.

 Contrariamente a las leyes del mercado, que advierten contra la extensión de marca y otras estrategias que puedan chocar con los hábitos ya adquiridos por el público, Senlis mudó dos veces su cabaret, impelido por el aumento de su ferviente clientela, pero ello no perjudicó el auge de Le Chat Noir, que llegó a convertirse

 …en sede de los escritores revolucionarios, poetas, artistas y músicos. El poeta Paul Verlaine escribió poesía con un tintero sobre la mesa y el célebre compositor Erik Satie fue el pianista de la casa por un tiempo. La lista de las mentes creativas y brillantes que se reunieron allí es sorprendente: el caricaturista André Gill, el compositor Claude Debussy, la famosa bailarina de Can-Can Jane Avril, inmortalizada en las pinturas de Toulouse- Lautrec, el escritor Alphonse Allais, Paul Signac , quien desarrolló el estilo del puntillismo de la pintura con Georges Seurat, Yvette Guilbert, actriz y cantante de cabaret y el dramaturgo August Strindberg, por nombrar sólo algunos.

 Será difícil, para quienes no tengan noticia sobre cómo se vivía en el París de aquellos años,Archivo_Erik_Satie_-_BNF1 hacerse una idea siquiera aproximada de lo que pudieron ser aquellas fantásticas noches de Le Chat Noir, entre aquella concurrencia compuesta por escritores, poetas, pintores, músicos y periodistas célebres, todos achispados por el hada verde que habita en el fondo de las botellas de ajenjo, dando rienda suelta al espíritu dionisíaco del arte mientras aplaudían a las señoritas bailarinas de Can-Can, calzadas con botitas de fieltro rojo y haciendo revolotear sus enaguas por encima de las rodillas, con el maestro Satie al piano tocando aquellas cancioncitas picarezcas que solía componer y, a veces, improvisar para la ocasión (Je te veux, Tendrement, Poudre d’or, La Diva de l’Empire, Le Picadilly  como La Transatlantique, Légende Californienne),  tan alejadas del espíritu de sus Gymnopedies que revolucionaron el concepto de la música, mientras gritaba con voz chillona, para hacerse oír en medio de tanta algazara, aquellas frases suyas plenas de cínico humor que aún hoy enloquecen a sus fans. Y todo envuelto en nubes del humo aromático de los cigarros y perfumes especiados bastante provocativos que brotaban de los escotes bajos…

Una noche en Le Chat Noir

Una noche en Le Chat Noir

El cabaret se cerró en 1897, y Salis murió en el mismo año. Su final coincidió con el de una era extraordinaria, los últimos años del siglo XIX en Europa, mecidos entre los aires del Art Nouveau y la Belle Epoque. Le Chat Noir dejó una huella imborrable en la memoria, y se vio que también muy viva, cuando los artistas de todas partes que acudieron en 1900 a la Exposición de París, entre quienes se encontraba Pablo Picasso, llegaron a la Ciudad Luz preguntando por el famoso centro nocturno y, decepcionados, no pudieron encontrarlo. Una placa conmemorativa es todo lo que el viajero podrá hallar en el sitio de su primera ubicación: el número 84 del boulevard de Rochechouart. Fue allí donde la magia del gato negro lanzó en la noche sus primeros destellos.

 Els Quatre Gatz o la fuerza de la nostalgia

 En 1899 ya existía en el fabuloso Barrio Gótico de Barcelona una taberna local conocida con el nombre de Els Quatre Gatz, donde solían reunirse  el poeta Rubén Darío, los compositores Isaac Albéniz y Eric Granados, el arquitecto Antoni Gaudí, el pintor Utrillo y otros intelectuales de renombre. Una noche apareció por allí un adolescente de 17 años, llamado Pablo Picasso. Es posible que, escaso de dineros, concibiera la idea feliz de cambiar un dibujo suyo por un almuerzo en el local. Debió ocurrir algo en ese trueque, o a raíz del mismo, porque apenas un año después Els Quatre Gatz exponía en su sede una muestra de obras del joven pintor, grabador e ilustrador que revolucionaría el concepto del arte. Aquella fue la primera expo individual del futuro Picasso. Allí, entre las mesas de aquella taberna catalana, nacieron las vanguardias que continuaban el espíritu de renovación de los movimientos rupturistas nacidos en París décadas antes.

Salón de Els Quatre Gatz, en el más puro estilo catalán de interiores

Salón de Els Quatre Gatz, en el más puro estilo catalán de interiores

Pere Romeu, una figura de la bohemia barcelonesa que pudiera equipararse a Salis, inauguró esta taberna en Barcelona siete años después que el francés creara su Chat Noir. Hay quien piensa que Romeu, impresionado por el tiempo que él mismo trabajó en el cabaret parisino como animador y camarero, sintió el impulso de crear en su ciudad un sitio semejante donde bullera la vida intelectual y artística con igual ímpetu que entre los franceses. Pero Romeu, a diferencia de Salis, no era un hombre de negocios, sino un soñador que  “…solía sentarse al lado de sus clientes y presidir largas tertulias para discutir sobre temas tan diversos como la forma en que puede arreglarse el mundo o dirigir el futuro”. Además de espectáculos, ofrecía a su clientela una cena al mítico coste de dos pesetas. Rubén Darío calificó a Els Quatre Gatz de “algo más que un remedo del Chat Noir”.

 Romeu fue apoyado por sus amigos los pintores Utrillo y Rusiñol en aquel proyecto de abrir una taberna donde, además de comida, se ofreciera alimento para el espíritu sazonada con música al piano. La generosidad que caracterizaba al idealista Romeu lo indujo a ofrecer comidas gratis a quienes no podían pagar, con la consiguiente merma de los ingresos del local hasta que, agobiado por las deudas, cerró sus puertas en 1903.

 La taberna catalana ha vuelto a resurgir en estos años en su antigua ubicación, pero ahora es más espaciosa. Antes del salón comedor se encuentra la cafetería-bar; era allí donde se hallaba la taberna original, y muchos clientes, cuando llegan, piden que les sirvan un café en la misma mesa donde Picasso se sentaba a dibujar. En esta área se conserva la decoración del local original, al estilo de una antigua casa catalana con muebles de nogal, mostrador de cerámica catalana, vigas sencillas con aplicaciones de hierro forjado y vidrieras de colores en las ventanas. La nueva administración no se ha limitado a conservar el entorno, sino también el espíritu creador del lugar, de modo que anima concursos literarios y de pintura y espectáculos de títeres para niños. En el aniversario 115 de la fundación del establecimiento, los actuales propietarios ofrecieron una cena conmemorativa con menú similar al del día de la inauguración en 1897, al precio simbólico de dos pesetas, como en tiempos del buen Romeu.

 Un gato negro en La Habana, pero… tuerto

 De no ser por la imagen del gato tuerto que anuncia la entrada al cabaret habanero en medio de El Vedado, el paseante podría seguir de largo sin que llamara su atención el inmueble que alberga el famoso club nocturno, emblema de la noche citadina aunque no sea tan despampanante como Tropicana, sino íntimo y con glamour, pero sin excesos.

El gato negro de La Habana, con su guiño picarezco que incita a probar la magia de la noche cubana

El gato negro de La Habana, con su guiño picarezco que incita a probar la magia de la noche cubana

Propiedad de un asturiano infatigable, El Gato Tuerto era, antes de 1959, uno de los dos bares que permanecían abiertos en La Habana durante 24 horas. Sus frecuentadores podían participar en un singular concurso de copas caracterizado por una simpática particularidad: cada participante debía llevar su propia copa y concursar valiéndose de ella. El dueño acompañaba a la concurrencia con largos solos de trompeta que, con el tiempo, comenzaron a atraer al club a músicos populares, y más tarde a toda clase de artistas.

 Fue la llegada del impresor y animador cultural Félix Ayón, amigo de toda la bohemia artística de la isla, el suceso que hizo de El Gato Tuerto lo que llegó a ser: un lugar de encuentro para toda la intelectualidad habanera y un sitio selecto, elegante y dinámico   donde la cultura reinaba sobre todas las cosas . De él ha escrito Rosa Ileana Boudet:

No es extraño que exista una Félix Ayón Collection y tampoco sería raro que en ella estuviera una obra temprana o desconocida de Lam. Felito Ayón tenía muchísimas obras (Lam, Portocarrero, Consuegra) algo más que una colección y hasta varios Carlos Enríquez colgados en su cocina. Quizás el último de los bohemios, fue uno de los más generosos, recordables y simpáticos personajes de la vida cubana, al que Pablo Milanés dedica “Queridos muertos” y Emiliano Salvador uno de sus discos. felitoHoy que se habla de una colección Félix Ayón, (dónde si no en PD) creo recordar que la casa estaba en la calle Ermita o cerca, en la zona aledaña a la Plaza de la Revolución, se entraba por la ocina y muchas veces se permanecía allí con los olores y los condimentos de una gran sopa. Felito, gran anfitrión, invitaba y recibía en los malos tiempos, con la misma gracia que en su mejor época y en la sala de su casa, en los setenta, oí a Juan Formell mientras se pasaban de mano en mano caricaturas de Guerrero y Felito servía su manjar de «frijoles dormidos». En sus tertulias se oyó — según me contaron– muchísimo filín y en su mullido sofá durmieron más de una vez maridos agraviados, noctámbulos y amigos con algunos tragos de más. Felito era un cultivador de la amistad. Inventor de La Bodeguita del Medio y amigo de Nicolás Guillén, en su imprenta — cercana al restaurante– se editó Elegía a Jesús Menéndez (1951) en papel de bagazo como tres años antes su Elegía a Jacques Roumain. Después, también inventó el Gato Tuerto, más conocido ahora como el gato minusválido

La casona fue remozada y reinaugurada el 31 de agosto de 1960. Ya para entonces se celebraban allí las famosas “descargas” que dieron lugar a ese género musical tan sentimental conocido como  feeling. Esa noche, Felito Ayón declaró a la prensa: “Las intenciones de este club son las de crear una tertulia de amor y dicha”. Su gestión convirtió a El Gato Tuerto en un café-concert donde se vendían al público discos, libros, obras de arte, se organizaban lecturas de poesía y otras iniciativas que promovían el lugar, al tiempo que lo convertían en un emporio de difusión cultural y artística muy interesante y útil para la sociedad. Hasta se llegó a crear un sello discográfico con el nombre de El Gato Tuerto, bajo el cual se puso a la venta el primer disco de poemas de Nicolás Guillén.

 “En la planta baja de la casona —escribe Fermín Romero— primaría un ambiente oscuro, con sus paredes cubiertas de espejos,  una larga barra y una pequeña plataforma para  trovadores, pianistas, cantantes y artistas”. El coctel insignia del club llevaba el pintoresco nombre de El Orgasmo del Gato, elaborado a base de whisky, cremas y cacao. En el piso alto estaría el restaurante, con sus paredes decoradas con obras de grandes artistas cubanos de la plástica, como Amelia Peláez, Acosta León, Mariano Rodríguez y otros. El arquitecto Mario Romañach creó el logo del local a partir de círculos que al entrelazarse conforman la cara de un gato con un ojo tapado al estilo pirata.

 Felix Ayón fue muy sagaz al combinar la ubicación del nuevo club en una zona moderna de El Vedado (que él llamaba “vanguardista” en contraste con la zona más antigua) con la presentación de un grupo de artistas que estaba entonces de moda en la capital: Elena Burke, Omara Portuondo, Moraima Secada, Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Frank Emilio, Las Capellas, Frank Domínguez, Gina León y otros intérpretes  reconocidos del momento.

 El Gato Tuerto dio también acogida al más importante de los géneros musicales modernos dedicados al amor: el bolero. En el año 2001 el club promovió un concurso con una duración de cinco días, donde se cantó lo que ha sido calificado como el bolero más largo del mundo. Duró setenta y seis horas, sin interrupción, y participaron en él cuatrocientos noventa y ocho cantantes. Durante esta hazaña vocalista descomunal sin precedentes se cantaron dos mil ciento setenta y cinco canciones, y todo ello implantó un record Guinnes.

 En sus buenos tiempos El Gato Tuerto, frecuentado por  intelectuales de la talla de Virgilio Piñera, Guillermo Cabrera Infante, Pablo Armando Fernández, Tomás Gutiérrez Alea y otros muchos nombres de lo más granado en el mundo de la inteligentzia cubana de

Estas momias pertenecen a gatos sagrados del antiguo Egipto. Pueden verse las pequeñas tabletas que llevan colgadas al cuello

Estas momias pertenecen a gatos sagrados del antiguo Egipto. Pueden verse las pequeñas tabletas que llevan colgadas al cuello con símbolos y jeroglíficos, y desde luego, los manuscritos que sostienen bajo el brazo, perdón, quise decir la pata, y también momificados, de lo que pudieron haber sido poemas, letras de canciones, capítulos de novelas y hasta un guión de cine, quién sabe…

los sesenta, con sus tertulias animadas por el irremplazable Ayón y su aura de capilla cultural, se desempeñó como digno sucesor —en versión caribeña y tercermundista— de sus antecesores parisino y barcelonés. Hoy, a pesar de las iniciativas comerciales para promocionar el local, con su ubicación muy provechosa para el turismo, aquella primitiva aura chic, ilustrada, casi de fraternidad secreta de artistas, se ha esfumado sin remedio y queda en su lugar un remedo artificioso del pasado que no vuelve, por parodiar un poco el título de aquel filme tremendamente melodramático de los cuarenta, creo. Pero, a pesar de ello, la simple existencia de El Gato Tuerto en esa calle de El Vedado que desciende silenciosa hacia el mar, con la imagen icónica de su gato iluminada en la noche, inscribe a El Gato Tuerto de La Habana, junto con el Au chat noir de Bruselas, el café Le Chat Noir de Corfú, Grecia, el café El Gato Negro de Buenos Aires y otros, en la larga lista de establecimientos nocturnos internacionales dedicados al placer y el goce de la noche. Nuestro Gato no tendrá ya su antiguo swing, pero posee al menos —quién lo duda— un ilustre pedigree.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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3 respuestas a EL GATO TUERTO HABANERO TIENE PASADO… Y LINAJE

  1. DR.MARRERO dijo:

    SEÑORÌSIMA..BUEN DOMINGO,UD. COMO SIEMPRE !!!!GREAT!!!!CONOZCO EL GATO CATALÀN,INVADIDO HOY POR LA CULTURA ANDALUZA,SOBRE TODO EL TABLAO…CONOCÌ DE JOVEN UN NIGHT CLUB,(IENDO PARA VARADERO,DONDE RESIDÌA) A SU MANO IZQUIERDA,ANTES DE LLEGAR A GUANABO,POR LA VÌA BLANCA:EL GATO VERDE,NO SÈ SI AÙN EXISTE,TENÌA DOS PISOS,UNA BUENA BARRA ,UN PIANO BAR,AIRE ACONDICIONADO,MUY OSCURO Y AMENO,CON UN GRAN PARQUEO Y SIEMPRE CUANDO LO VISITABA,CANTABA RUBÈN CARRASCO,NO MUY CONOCIDO EN LA FARÀNDULA CRIOLLA,HE TRATADO DE BUSCAR SU HISTORIA EN LOS ESPACIOS CIBENÈTICOS,PERO ,AL PARECER,LO OLVIDARON…ANTES DE ESCRIBIRLE,ESTE COMENTARIO DEBO ACLARARLE, QUE NO SOY HOMÒFOBO,PERO FÌJESE Y MÀS EN EL CASO DE LOS GAYS,COMO AMAN A LOS GATOS,LOS ATIENDEN COMO LOS MACHOS ATIENDEN A SUS PERROS,ME IMPRESIONA VEN AL GATO MAS TIENO,MAS FRPAGIL,MENOS VULGAR,MAS FINO,MENOS PERRO..SI NO LE MOLESTASE,PUDIERA UD.,AVERIGUARME SOBRE ESTE GATO VERDE DE GUANABO,EXCÙSEME LA MOLESTIA,CREO A AMBOS,NOS INTERESARÀ……….GRAN DOMINGO,SEÑORÌSIMA…AME INTENSAMENTE A SU HIJA……..MIS RESPETOS…YO

  2. mambiverdad dijo:

    Reblogueó esto en mambiverdady comentado:
    con su historia y su linaje es látima que no tenga un presente más relacionado con la auténtica cultura, aunque el guinnes puede ser un buen punto de partida…

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