¿Cuán seria es la amenaza del cambio climático para las costas de Cuba?

El 18 de enero fuertes olas en el malecón de La Habana provocan inundaciones en sus alrededores.

El 18 de enero fuertes olas en el malecón de La Habana provocan inundaciones en sus alrededores.

Puede que la pesadilla recurrente donde La Habana desaparece tragada por el mar, que me persigue desde mis primeros años, se deba a la historia que me contaba mi madre cuando yo era niña sobre la tragedia de Santa Cruz del Sur, un pueblo cubano del Camagüey que desapareció devorado por las aguas durante el ciclón de 1932. Hoy, cuando el planeta está amenazado de muerte por los efectos del cambio climático, muchos cubanos nos preguntamos qué destino aguarda a nuestra isla y cuánto tiempo nos queda antes que ocurra lo que, al parecer, ya es inevitable. Otros, la mayoría, se ríen y rechazan dedicar ni siquiera un minuto a pensar en semejante cosa, porque primero están cuestiones más vitales del ahora mismo como el sexo, la comida, la cerveza, la playa, la pelota… No sé cómo explicar ese sentimiento nacional de invulnerabilidad que caracteriza al cubano junto con su apego ontológico al choteo y a hacer burla de todo cuanto huela a seriedad o tragedia. Pero existe, qué duda cabe, y es letal.

¿Cuál es la verdadera situación de Cuba, una isla rodeada de agua, cuando los Polos se deshielan recalentados por los elevados niveles de gases que perturban la atmósfera terrestre? ¿Desapareceremos como tantas tierras bajas? ¿Seguiremos a la deriva salvados por una mano mágica que mantendrá la isla a flote mientras el resto de las tierras se va a dormir el sueño eterno en las profundidades marinas?

Una revisión en Internet a las páginas de las instituciones oficiales cubanas vinculadas con el cambio climático nos entera enseguida de que aunque el tema no ha sido aún estudiado en profundidad, ya se ha comenzado un programa preventivo de evacuaciones de poblados ubicados en zonas costeras potencialmente en peligro de ser invadidas por el mar.

Lo primero que todos los cubanos necesitamos conocer muy bien es que las líneas costeras del norte y el sur de Cuba son muy irregulares y presentan relieves variados muy diferentes entre sí. Hay bahías, terrazas, penínsulas, ciénagas, playas y otros muchos accidentes geográficos. En estas líneas costeras hay extensas zonas de tierras bajas como la que se extiende en la costa norte desde el cabo San Antonio hasta Punta Gobernadora, con 528 km de largo, formada principalmente por litorales bajos generalmente cenagosos, o sea, pantanos. Luego, desde Punta Gobernadora hasta Punta Hicacos, en Matanzas, en litorales más bien altos que se extienden poco más de 400 km predominan las terrazas de seboruco. De punta Hicacos a punta Maternillos, en la provincia de Camagüey, vuelve a sucederse una costa baja y pantanosa de 944 km de largo. Entre punta Maternillos y punta Quemado en la zona de Maisí, provincia de Guantánamo, se extiende una costa abrupta en las que reaparecen el seboruco y los farallones a lo largo de 1 329 km.

En la línea de la costa sur que va desde punta Quemado en Maisí, a cabo Cruz en la provincia de Granma, a lo largo de 680 km —que constituyen el flanco meridional de los grupos orográficos de Sagua-Baracoa y de la Sierra Maestra— se originan las más importantes terrazas marinas emergidas de Cuba, bordeadas a veces por el seboruco costero o por extensísimas playas de cantos rodados. Entre cabo Cruz y punta María Aguilar, en la provincia de Sancti Spíritus, hay una costa baja y pantanosa, bastante deshabitada, de 741 km de largo. De María Aguilar a punta Potrero, en la bahía de Cochinos, provincia de Matanzas, hay un tramo de costa de 252 km de largo, formada principalmente por el seboruco erizado de diente de perro y ahuecado por numerosas casimbas. Entre Punta Potrero y cabo Francés, en la provincia de Pinar del Río, en otro tramo de 732 km de largo, la línea de costa es muy baja y cenagosa. Entre cabo Francés y el cabo San Antonio tiene lugar el tramo final de 131 km de largo, que forma el litoral de la península de Guanahacabibes, orlado por altos acantilados y acogedoras playas, y vastos tramos de seboruco.

Aclaro que soy periodista y no climatóloga, meteoróloga, geóloga marina ni semejantes, pero tras atentas consultas a bibliografía especializada, entiendo que más o menos este es el panorama de las costas cubanas, bastante inquietante como se puede ver, debido a las grandes extensiones de zonas bajas que posee nuestro país. La costa más comprometida, como ya lo han demostrado los desastres provocados por varios fenómenos atmosféricos a través del tiempo, es la sur, en la que se encuentran numerosos tramos bajos y cenagosos con extensos manglares, entre los que cabe mencionar los situados al sur de Pinar del Río, La Habana, Matanzas (Ciénaga de Zapata), Ciego de Ávila y Camagüey, aunque también en la franja costera septentrional se localizan numerosos manglares, como los ubicados al norte de Pinar del Río, Villa Clara y Ciego de Ávila, y también los asociados a los grupos insulares que rodean a Cuba.

El mundo está amenazado por el cambio climático y los expertos internacionales en dicha materia aseguran que solo quedan unos veinte años de gracia para nuestro planeta antes que los efectos del mismo sean irreversibles y letales. Para 2050 los pronósticos son abrumadores. El nivel del mar en las costas de Cuba se ha elevado 6,77 centímetros entre 1966 y 2015. La Agencia de Medio Ambiente de la Isla ha advertido que el ascenso del nivel del mar es uno de los mayores peligros provocados por el cambio climático, pues según previsiones de los últimos años se espera para el año 2050 un aumento de 27 centímetros del nivel del mar en nuestras costas, y la pérdida del 2,31% de superficie terrestre en el litoral. A este paso, reflejan los datos oficiales que el nivel medio del mar subirá en 0,27 metros para el 2050 y 0,85 para el 2100. Por ahora, en este archipiélago hay localidades costeras que pierden tres metros de tierra firme por año, y de las 414 playas cubanas registradas, 122 asentamientos costeros son afectables por cambios climáticos y 21 desaparecerán totalmente entre 2050 y 2100.

Los modelos proyectan que los niveles del mar se elevarán otros 9 a 88 cm para el año 2.100, lo cual ocurrirá debido a la expansión térmica del agua oceánica en proceso de calentamiento y una afluencia de agua dulce de los glaciales y hielos en proceso de fusión. La velocidad, magnitud y orientación del cambio en el nivel del mar ha de variar según el lugar y la región, en respuesta a las características de la línea de costa, los cambios en las corrientes oceánicas, las diferencias en las pautas de mareas y la densidad del agua del mar, así como los movimientos verticales de la propia Tierra. Se prevé que el nivel del mar siga aumentando durante cientos de años después de que las temperaturas atmosféricas se estabilicen.

Además los datos muestran la desaparición de ecosistemas costeros, la pérdida de humedales y manglares, un creciente deterioro del litoral por inundaciones y la intrusión de la cuña salina en deltas. Uno de los impactos más destructivos es la llegada de ciclones y huracanes a las costas. En Estados Unidos llegaron en 2008 por primera vez en la historia seis ciclones tropicales de forma consecutiva, y también por primera vez, tres huracanes de gran intensidad llegaron a Cuba, según los datos de la Organización Meteorológica Mundial.

Los cálculos arrojan que el mar aumenta el nivel en el mundo de uno a dos milímetros anuales. A simple vista parece poco, pero no es así. Cuba no escapa a este fenómeno. Según datos de la estación mareográfica de Siboney en Ciudad de La Habana, en los últimos 40 años el nivel del mar en el litoral capitalino ha ascendido 2,14 milímetros por año. Tan solo este dato basta para calcular que, de seguir esta tendencia, en unos cien años el nivel del mar al borde de la capital habría ascendido uno o dos metros.

No solo Cuba perderá asentamientos humanos enteros y zonas agrícolas de máxima importancia, sino enclaves capitales para la economía nacional como son las bahías y puertos, entre los que se encuentran los de La Habana, Santiago de Cuba, Nipe, Cabañas, Mariel, Guantánamo, Cienfuegos y Nuevitas. Muchas de nuestras playas desaparecerán, entre ellas probablemente Varadero, y cayerías enteras, con lo que las afectaciones a la industria turística resultarán incalculables. Otros datos alarmantísimos anuncian que en general el nivel medio del mar mundial se ha elevado de 10 a 20 cm en los últimos 100 años. El ritmo del aumento ha sido de 1-2 mm por año, es decir como unas 10 veces más rápidamente que el ritmo observado en los últimos 3.000 años.

El 18 de enero fuertes olas en el malecón de La Habana provocan inundaciones en sus alrededores.

El mar desenfrenado infunde al hombre un horror arquetípico

Dice el refrán que cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo. Kiribati es un archipiélago de 33 atolones situado en el Pacífico Sur, que cuenta con una población de más de 110.000 personas cuya principal actividad económica se concentra en el sector servicios y en la pesca. El presidente de Kiribati ha pedido a la comunidad internacional que le ayude a reubicar a sus ciudadanos ante la amenaza de desaparición de esta nación del Pacífico Sur debido al aumento del nivel del mar. Ha señalado que comunidades enteras ya han sido desplazadas y muchas cosechas se han perdido por la subida de las aguas. Explicó que en poco tiempo las islas que forman el archipiélago estarán sumergidas, y ya no se tratará de una cuestión de crecimiento económico, sino de supervivencia humana. Además, reiteró la necesidad de reubicar a la población de Kiribati a mediano plazo, pues muchas familias ya tienen las casas sumergidas y serán engullidas por el mar antes del final del siglo XXI, y todos los habitantes tendrán que desplazarse a otros países. Hasta el momento Nueva Zelanda ha sido la única nación del mundo que ha respondido afirmativamente a la petición.

Cuba sufre doble amenaza: la que se encarna en los huracanes, principal fenómeno atmosférico que azota a nuestro país, y que en muchas ocasiones traen consigo penetraciones del mar e inundaciones de envergadura; y la que representa el cambio climático para su condición insular y sus abundantes tierras bajas. No quiero elaborar una lista especulativa sobre las posibles zonas que desaparecerían bajo el mar en un futuro no muy lejano, pero hay una en especial, que me causa gran dolor: playa Baracoa, al norte de La Habana. Tengo una foto de ese lugar como fondo de mi escritorio. Allí pasé unas vacaciones inolvidables hace ya varios años. Una noche mi esposo, mi hijita y yo salimos a conocer el pueblo, y vimos áreas enteras del mismo todavía sumergidas bajo las aguas que un reciente ciclón arrojó contra el poblado. Nunca he podido desterrar de mi mente las casuchas sepultadas por masas lodosas que rielaban bajo una luna indiferente a la desgracia de aquellas gentes humildes, quienes estoicamente intentaban rescatar sus viviendas pobrísimas de aquel monstruo que la naturaleza les había enviado.

3595-fotografia-gA continuación reproduzco una cita tomada de una página cubana especializada en cambio climático y sus posibles afectaciones a la isla:

El apilamiento por arrastre del viento, conocido como “wind set up”, se produce por la acción de vientos tormentosos que empujan grandes masas de agua hacia la costa. A este fenómeno lo favorecen las zonas bajas, con suaves pendientes de fondo. En la superficie, la velocidad del movimiento es mayor. El oleaje producido es relativamente débil con respecto al viento que lo genera y no es capaz de hacer retornar la masa acuosa acumulada en la orilla En el territorio nacional existen condiciones muy favorables para este fenómeno en el Golfo de Batabanó, el Golfo de Ana María y el Golfo de Guacanayabo, sobre todo cuando se presentan vientos de región sur, Los “sures” anteceden a los frentes fríos. Al girar los vientos hacia el norte, mientras pasa el frente frío, el peligro de inundación por predominio del “wind set up” se traslada a las playas de la costa norte, en particular a las que reciben su azote con mayor fuerza que son las situadas en la región noroccidental.

El apilamiento por rompiente del oleaje, conocido como “wave set up”, ocurre cuando la ola rompe y se vuelca sobre la costa. Bajo la influencia de olas bien desarrolladas, generadas por vientos de gran intensidad, el flujo superficial hacia la costa tiene mayor velocidad que el flujo inverso del fondo y parte de la masa acuosa no logra regresar al mar, acumulándose en la orilla. Este fenómeno se favorece con el fondo marino de pendiente abrupta. Es la forma típica de las inundaciones en el Malecón Habanero al paso de los sistemas frontales. De aumentar el nivel del mar en el orden de los centímetros, el “wave set up” se intensificaría, al acercarse a la costa la rompiente de olas más altas, que en la actualidad se destruyen a mayor distancia de la costa.
Marea de tormenta” o “surgencia” (Storm surges) es la onda solitaria que acompaña en su trayectoria a los ciclones tropicales. En ella intervienen la acción unificada de las bajas presiones, los intensos vientos y la circulación convergente que caracteriza a estos eventos. Al actuar la presión atmosférica sobre la superficie líquida se produce el efecto de “barómetro invertido”, esto es, la disminución de la presión central con respecto a la periferia en un hectopascál en correspondencia con el aumento del nivel del mar en un centímetro. A esto se suma el oleaje y el arrastre de los vientos intensos y convergentes. En mar abierto, donde la profundidad es significativa, el efecto es prácticamente imperceptible. Los conflictos se presentan al acercarse el ciclón a la costa, por la influencia de la fricción de fondo.

La “surgencia” se comporta como una onda larga, deformándose por el “efecto de shoaling”. Como la longitud de la onda es directamente proporcional a su velocidad de traslación; para cumplimentar la ley de conservación de energía, la disminución de la velocidad y de la longitud de onda por la fricción del fondo, se compensan con un gran aumento de su altura. La velocidad de las partículas en la superficie es mucho mayor que en las corrientes de retorno del fondo, por lo que la altura de la marea de tormenta crece varios metros, produciendo grandes penetraciones del mar en áreas poco profundas. A este tipo de zona corresponden el Golfo de Batabanó, el Golfo de Ana María y el de Guacanayabo, en la costa sur

santa cruzEn Cuba, el ejemplo más catastrófico conocido es el caso de las penetraciones del mar en Santa Cruz del Sur, en 1932. Se estima que el nivel de las aguas sobrepasó los seis metros de altura. Otro ejemplo, mucho más reciente, es la inundación de la Bahía de Cárdenas al paso del huracán “Kate”, el 19 de noviembre de 1985. Se registró un aumento en el nivel del mar en el orden de los centímetros. Hagamos el ejercicio mental de imaginar lo que podría significar en áreas del Malecón habanero un aumento de unos diez metros del nivel del mar. Los siguientes fragmentos del testimonio de varios sobrevivientes de la tragedia de Santa Cruz del Sur pueden dar una idea a los cubanos de hoy de lo que podría sobrevenir en un futuro no muy lejano en algunas zonas bajas de la isla:

“Todos dormían con tranquilidad esa noche. La tarde había concluido de una forma rara y un sol intenso rojizo se apreció en el oeste. La marea subía lentamente. Un mensaje recibido por el telegrafista indicaba que no eran necesarias preocupaciones. Pero unas horas más tarde de que el sol se disipara en el horizonte, el destino del poblado de Santa Cruz del Sur comenzó a cambiar.

[…] “Comenté con mi cuñado que no me agradaba el tiempo. Escuchaba un sonido muy extraño que procedía del mar. Yo percibía una ardentía. Él no prestó mucha atención a mis presentimientos y me dijo que el problema mío era de los nervios y que por ese motivo había venido para no dejarme sólo. Entonces comprendí lo de la inesperada presencia de Sángara en mi casa. Días antes había expresado un presentimiento a mi familia. Me atormentaba la idea de que el pueblo había sido destruido por una ola gigante. Pensaba, como pregonan muchos por aquí, que el mal año entra nadando. Era un presentimiento que no me dejaba ni siquiera dormir. […] Pero lo que experimentaba ahora no eran presentimientos era la realidad”.

[…] “El día ocho, por la mañana, el mar llegó hasta la puerta de entrada. La casa estaba pegada a la costa.

“Por la tarde tuvimos que quitarnos los zapatos y andar en short. Esa noche no pudimos dormir. Ya mi cuñado se notaba preocupado y se lamentaba de no encontrarse en su casa con los suyos. Pero ya tenía que permanecer aquí porque todo se comenzaba a inundar. Quedamos atrapados entre el agua de mar y el río Najasa que lo teníamos detrás. Cuando amaneció el agua del mar nos daba a la cintura. Teníamos las puertas y las ventanas completamente abiertas.

[…] “Al momento vino una ola inmensa que estremeció la casa. Le siguió otra mayor cargada de escombros, fango, sargazo y mangles. La ola parecía un león gigante…
“El huracán arrastraba todo tipo de objeto: las casas, los árboles, las empalizadas, las personas… El día 10 levamos el ancla y llevé la lancha hasta la costa.

[…] “Para caminar por la orilla de la playa tuvimos que apartar los cadáveres y los escombros. En una empalizada escuché los quejidos de personas vivas. Eran mujeres, niños… […] No pudimos hacer nada por aquella pobre gente. […] el jefe de sanidad ordenó quemar todas las palizadas con la gente dentro. “Para evitar una epidemia”. Así justificaba aquella barbarie.

“[…] el chofer del carro de bomberos, detuvo el vehículo frente a una ranchería. Venía a auxiliar a algunas familias. Cuando se bajó del camión fue alcanzado por una pancha de zinc que le cortó la cabeza. El cuerpo brincaba y el agua se tornó roja. Una joven, de unos 15 años de edad, trató de atravesar la calle, otra plancha de zinc la trozó por la cintura. Un gran escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Nos aproximábamos al almacén de Avalo. La edificación había perdido el techo. Dentro del local se encontraban varias familias, entre ellas los hijos de Manuel Cañete, con Rita de Quesada y también los Díaz. Una de las muchachitas, que era entretenida, se incorporó y caminó tres pasos. La hermana la agarró por un brazo para que regresara. Una vigueta elevada por los vientos se les echó encima y les golpeó la cabeza. Al instante quedaron muertas las dos jovencitas.

[…] “En el muelle había quedado una casilla del ferrocarril. Como a las 5:00 a.m. de la mañana la gente se refugió en la casilla. Como 42 personas se reunieron allí, entre ellas las familias de Salvador Furiach, Eliécer Betancourt y otras más. Una ola gigantesca entró a la casilla pero Eliécer había dado la orden de que se abriera la otra puerta para no hacerle resistencia al mar y el agua pudiera entrar y salir libremente. En el Way había 40 casillas más que no pudieron resistir la furia del viento y del mar. Escuchaba los gritos aterradores de las mujeres, los niños y los hombres hasta que fueron apagados por el agua. Vimos pasar encima de un piano a una mujer completamente desnuda y aterrada.

“[…] A las mismas personas que había conocido las vi morir con gran desesperación en sus rostros. Mi suerte fue distinta. Sólo la casilla en que yo me encontraba, en espera del tren de auxilio, no fue arrastrada por las fuerzas del mar y el viento.

[…] “Aquellas personas con las que había compartido mis sueños y alegrías se habían transformado en pocas horas en seres andantes en la desesperación, con las manos sobre la cabeza, los ojos inyectados en sangre, la voz apagada, con los cuerpos semidesnudos y la piel blancuzca. Parecíamos cadáveres vivientes que nos movíamos como sonámbulos de un lugar a otro sin rumbo determinado buscando a los familiares y ahogados en llantos.

[…] “Se observaban personas vivas encima de los árboles y techados, cuerpos decapitados por planchas de zinc y tejas de barro que se desprendían de las viviendas como hojas de papel y, cadáveres enredados en las palizadas o arrastrados por la furia del viento, el mar y las lluvias. Muchas familias quedaron atrapadas y ahogadas dentro de sus viviendas. El mar en su retirada se llevó con él decenas de personas vivas y cadáveres, algunos seres humanos desaparecieron y otros fueron encontrados putrefactos enredados en los mangles de las cayerías más cercanas.

santacruz2

[…] “Ese día dejó para siempre una página de lagrimas en nuestra historia. Encontraba a mi paso mujeres, hombres, niños y ancianos semidesnudos y temblorosos. El pueblo amaneció borrado del mapa el día 10 de noviembre. Los cadáveres flotaban junto a todo lo que era de madera. Durante muchos días ardieron en fogatas gigantescas los cuerpos putrefactos de seres humanos y animales. Más tres mil personas, el 70 por ciento de los habitantes, quedaron sepultadas en mi pueblo.

[…] Durante el resto de sus días, América de la Cruz del Risco Muñoz recordará aquel espantoso suceso que a veces no le deja conciliar el sueño. “Aparecían en mis pesadillas personas aún vivas dentro de los escombros y varios hombres con latas de gasolina o de petróleo dándole candela a las piras. Escuchaba los lamentos de aquellos cuerpos inertes debajo de las palizadas. Veía una columna de humo negro que cubría todo el pueblo. Por las madrugadas a veces me despertaba sobrecogida con imágenes dantescas: una madre con el cuerpo de su hija muerta entre sus manos y apretada al pecho como cuidando su sueño definitivo”.

Siempre que mi madre me contaba esta tragedia espantosa de Santa Cruz del Sur ella decía que al pueblo y sus 3 000 habitantes se lo tragó un ras de mar, pues eso fue lo que entonces se afirmó, pero en realidad se trató de un proceso ciclónico gradual que fue intensificándose a medida que el huracán se acercaba. Entre las 4 y 5 de la madrugada del día 9, el agua del mar comenzó a entrar en el pueblo y a subir su nivel como sube la marea, paulatinamente. Alrededor de la 9 de la mañana las aguas alcanzaban más de 3 m de altura. Ya a las 11 de la mañana aproximadamente, incluyendo el oleaje provocado por el viento huracanado, el nivel del mar ascendió hasta 30 pies de altura, o sea, a casi 9 m de altura. Según la crónica del meteorólogo Evidio Linares las aguas del mar penetraron en tierra hasta casi 20 km. en algunas localidades. Las más afectadas fueron: Santa Cruz del Sur, Guayabal, Camagüey, Júcaro, Morón, Nuevitas, Ciego de Ávila, Florida, Puerto Tarafa, Pastelillo, Camajuaní, Caibarién y Jatibonico.

No cabe duda de que la naturaleza se ensañó con Santa Cruz del Sur, pero también hubo otros responsables: malos partes del tiempo, predicciones de meteorólogos que en esa ocasión se mostraron incapaces, y sobre todo una pésima actuación de las autoridades, las cuales no solo no protegieron al pueblo sino que no desplegaron labores de rescate y salvamento y solo se hicieron presentes en el lugar cuando las aguas habían bajado y apenas quedaban sobrevivientes. De haber ocurrido semejante tragedia después de 1959, muy otro hubiera sido el destino de los habitantes de Santa Cruz del Sur, pues el mundo entero reconoce hoy la competencia y autoridad de Cuba en labores de rescatismo en todo tipo de eventos. A pesar de que las dramáticas profecías de la ciencia no están ahora mismo a punto de suceder, ya se toman medidas preventivas para proteger a la población, como la evacuación paulatina de asentamientos costeros. A las personas corresponde el cumplimiento estricto de las medidas implementadas por la Defensa Civil y mantener la ecuanimidad y la disciplina por muy desesperada que se presente una situación.

De cualquier modo yo, que tengo mi casita en la barriada habanera de Luyanó y cuando subo al segundo piso de mi edificio puedo ver claramente las aguas de la bahía, me pregunto si entre ellas y mi casa habrá 5 km de distancia, y si estoy a salvo. La verdad es que mi casa no tiene nueve metros de altura…

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Acerca de Gina Picart

Fui alumna y discípula de Beatriz Maggi en la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana. Soy escritora, periodista, investigadora, crítica literaria y otras cosas, y ella me mostró el camino.
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